La voz nos habla de amor o de desprecio, de afecto o de frialdad


Ciudad del Vaticano, 21 de abril de 2013 (Zenit.org) Francisco papa | 1785 hitos

 

Al finalizar la Santa Misa celebrada hoy en la Basílica Vaticana, con motivo del Domingo del Buen Pastor y de la ordenación de diez presbíteros para la Diócesis de Roma, el santo padre Francisco se asomó a la ventana del estudio del Palacio Apostólico Vaticano para recitar el Regina Cæli con los fieles y peregrinos reunidos en la plaza de San Pedro.

 

Ofrecemos las palabras del santo padre antes de la oración mariana.

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Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

El Cuarto Domingo de Pascua se caracteriza por el evangelio del Buen Pastor –en el capítulo décimo de san Juan–, que se lee todos los años.

El pasaje de hoy narra estas palabras de Jesús: “Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna y no perecerán jamás, y nadie las arrebatará de mi mano. El Padre, que me las ha dado, es más grande que todos, y nadie puede arrebatar nada de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno”. (10, 27-30). En estos cuatro versículos está todo el mensaje de Jesús, y es el núcleo central de su Evangelio: nos llama a participar de su relación con el Padre, y esta es la vida eterna.

Jesús quiere establecer una relación con sus amigos que sea el reflejo de la que Él mismo tiene con el Padre: una relación de recíproca pertenencia y de confianza mutua, en íntima comunión. Para expresar esta profunda armonía, esta relación de amistad, Jesús utiliza la imagen del pastor con sus ovejas: él las llama, y estas reconocen su voz, responden a su llamada y le siguen. ¡Es hermosa esta parábola!

El misterio de la voz es fascinante: pensemos que desde el vientre de nuestra madre aprendemos a reconocer su voz, y la del papá; por el tono de una voz percibimos el amor o el desprecio, el afecto o la fraldad. ¡La voz de Jesús es única! Si aprendemos a distinguir, Él nos guía en el camino de la vida, una vía que va más allá del abismo de la muerte.

Pero Jesús, en un momento dado, dice, refiriéndose a sus ovejas: “El Padre, que me las ha dado…” (Jn. 10, 29). Esto es muy importante, es un profundo misterio, que no es fácil de entender: si me siento atraído por Jesús, si su voz enciende mi corazón, es gracias a Dios Padre, que ha puesto en mí el deseo de amor, de verdad, de vida, y de belleza… ¡y Jesús es todo esto en plenitud!

Esto nos ayuda a comprender el misterio de la vocación, sobre todo de la llamada a una consagración especial. A veces Jesús nos llama, nos invita a seguirlo, pero a lo mejor resulta que no nos damos cuenta de que es Él, así como le sucedió al joven Samuel.

Hay muchos jóvenes hoy aquí en la plaza. Son ustedes muchos, ¿verdad? Se ve, ¡eso sí! Son tantos los jóvenes hoy en la plaza… Déjenme preguntarles esto: ¿Han escuchado a veces la voz del Señor, que a través de un deseo, una inquietud, los invitaba a seguirlos más de cerca? ¿Lo han escuchado? ¡No escucho…! ¡Bien!

¿Han tenido algún deseo de ser apóstoles de Jesús? La juventud hay que “meterla en juego” en pos de nobles ideales. ¿Piensan en esto? ¿Están de acuerdo? Pregúntale a Jesús lo que quiere de ti ¡y sé valiente! ¡Pregúntale!

Detrás y delante de toda vocación al sacerdocio o a la vida consagrada, siempre está la fuerte e intensa oración de alguien: de una abuela, un abuelo, de una madre, un padre, de una comunidad…

Por eso Jesús dijo: “Rueguen, pues, al Dueño de la mies -es decir, Dios Padre–, que envíe obreros a su mies” (Mt. 9,38). Las vocaciones nacen en la oración y de la oración; y solo en la oración pueden perseverar y dar fruto.

Me gustaría insistir hoy, que es el “Día Mundial de Oración por las Vocaciones”. A que oremos especialmente por los nuevos sacerdotes de la diócesis de Roma, que he tenido la alegría de ordenar esta mañana. Eran diez jóvenes que dijeron sí a Jesús y han sido ordenados sacerdotes esta mañana.

E invoquemos la intercesión de María, que es la Mujer del “sí”. Ella ha aprendido a reconocer la voz de Jesús, desde que lo llevaba en el vientre. Que María, nuestra Madre, ¡nos ayude a conocer cada vez mejor la voz de Jesús y a seguirla, para caminar  en el camino de la vida!

Muchas gracias por el saludo… Pero también saluden a Jesús.

Griten: ¡Jesús, Jesús…!, ¡Fuerte!

Traducido del original italiano por José Antonio Varela V.

(21 de abril de 2013) © Innovative Media Inc.
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Francisco habla del amor y del perdón


Autor: Zenit | Fuente: Zenit
Francisco habla del amor y del perdón
Durante su primer rezo del Ángelus en la plaza de San Pedro, el papa Francisco convocó a una cantidad de fieles que, según cifras oficiales, habrían superado las 150.000 personas
Ciudad del Vaticano, 17 de marzo de 2013 (Zenit.org)

Durante su primer rezo del Ángelus en la plaza de San Pedro, el papa Francisco convocó a una cantidad de fieles que, según cifras oficiales, habrían superado las 150.000 personas. Es así que vienen a verlo y escucharlo de todos los países, movimientos apostólicos, seminaristas y familias religiosas, sin exceptuar a los turistas y curiosos que no dejan de sorprenderse ante tanta alegría, de un día a otro, “como si hubiera resucitado un muerto”, decía alguno. Una “primavera cristiana”, le llaman otros…

Asomado desde la habitual ventana pontificia, el santo padre saludó con el ¡Buenos días! afectuoso que ya se le conoce, y que sería el mismo que usaba al salir de su casa en Buenos Aires al encontrarse con el portero, el vendedor de diarios o su peluquero.

No ocultó su felicidad de que esta vez el encuentro con los fieles fuera en domingo, en el día del Señor. Según el papa, este día es importante para los cristianos, para “encontrarnos, saludarnos, hablarnos como ahora aquí, en la plaza”.

En una nueva alusión al poder de los medios de comunicación, destacó que estos, presentes por centenares hoy en la plaza, le daban a esta “el tamaño del mundo”.

Perdonar siempre

En el quinto domingo de Cuaresma, su reflexión estuvo centrada en el evangelio que presenta el episodio de la mujer adúltera (cf. Jn. 8,1-11). De este pasaje, recordó que Jesús la salva de la condena a muerte, por lo que invitó a conmoverse con la actitud de Jesús, de quien “no escuchamos palabras de desprecio, no escuchamos palabras de condena, sino solo palabras de amor, de misericordia, que invitan a la conversión”.

A sus “hermanos y hermanas”, les hizo ver que el rostro de Dios es la de un padre misericordioso, que siempre tiene paciencia. Les preguntó a quienes lo oían casi absortos: “¿Han pensado en la paciencia de Dios, la paciencia que Él tiene con cada uno de nosotros?”, dando paso a una respuesta de catequista también él: “Esa es su misericordia (..) Siempre tiene paciencia, paciencia con nosotros, nos comprende, nos espera, no se cansa de perdonarnos si sabemos volver a él con el corazón contrito”.

Tomando una cita de un libro del cardenal Kasper que ha leído hace poco, enseñó que “un poco de misericordia vuelve al mundo menos frío y más justo”.

Una anciana pecadora

Para hacer vida las palabras del profeta Isaías, quien dice que “así nuestros pecados fueran como rojo escarlata, el amor de Dios los volverá blancos como la nieve”, Francisco contó cómo, en 1992 cuando estaba confesando, tuvo un diálogo con una “abuelita” en Buenos Aires, quien le dio una lección mayor que la de un profesor universitario…

En aquella ocasión, una anciana le pidió confesarse y él, apurado como estaba por otra cita, le aseguró que a su edad no tendría pecados… “Todos tenemos pecados”, fue la respuesta de la octogenaria, (y) “si el Señor no perdona todo, el mundo no existiría”.

Gran lección para el entonces neo-obispo, que trajo al recuerdo para decirles a cada creyente que “Dios nunca se cansa de perdonar, ¡nunca!”

Sin embargo hay un problema –acotó–, y “es que no queremos, nos cansamos de pedir perdón”. Por lo cual, animó a los que lo escuchaban, pecadores todos, que “¡no nos cansemos nunca! Él es un Padre amoroso que siempre perdona, que tiene un corazón de misericordia para todos nosotros”. Y así cada uno también debe ser “misericordioso con todos”, advirtió.

Antes de rezar el Ángelus y bendecir a los fieles, pidió la intercesión de la Virgen, “que tuvo entre los brazos la Misericordia de Dios hecha hombre”.

Obispo de Roma

En una nueva manifestación de cercanía con la sede episcopal primada, la de Pedro, quizo renovar su “abrazo a los fieles de Roma (que) extiendo a todos ustedes que han venido de varias partes de Italia y del mundo, así como a aquellos que se unen a nosotros a través de los medios de comunicación”.

Les explicó también que con la elección del nombre del santo patrono de Italia, san Francisco de Asís, “esto refuerza mi conexión espiritual con esta tierra, de donde –como ustedes saben–, es el origen de mi familia”.

Al final del encuentro recordó a todos: “¡el Señor no se cansa de perdonar! Somos nosotros los que nos cansamos de pedir perdón”, mientras se alejaba dejando atrás corazones inflamados, gritos ahogados y nuevos propósitos que brotan como en una “primavera cristiana”.

No se puede negar que emocionó también escuchar a una señora romana, quien, llorando de veras, decía ante los micrófonos de una radio: “Nos ha pedido rezar por él, necesita oraciones, rezaré siempre por él”.

(17 de marzo de 2013) © Innovative Media Inc.

No ceder nunca al pesimismo y transmitir la sabiduría a los jóvenes


Autor: Zenit | Fuente: Zenit
No ceder nunca al pesimismo y transmitir la sabiduría a los jóvenes
El papa Francisco exhorta a los cardenales al saludarles en la sala Clementina
Ciudad del Vaticano, 15 de marzo de 2013 (Zenit.org) H. Sergio Mora

El papa Francisco recibió esta mañana a los 114 cardenales electores en la sala Clementina, situada en el Palacio Apostólico, en el Vaticano en un encuentro relativamente informal.

Les saludó uno a uno, intercambiando algunas palabras que se veía no eran una formalidad, sino conociéndoles y abriendo las puertas para la colaboración de ellos.

Al inicio del encuentro el papa dirigió algunas palabras a los presentes: “El período dedicado al cónclave –dijo- fue cargado de significado, no solamente para el Colegio de Cardenales, sino también para todos los fieles. En estos días hemos sentido de manera sensible el afecto y la solidaridad de la Iglesia universal, así como el cariño de tantas personas que, incluso no compartiendo nuestra fe, miran con respeto y admiración a la Iglesia y a la Santa Sede”.

“Desde cada rincón de la tierra –prosiguió el papa Bergoglio- se levanta con fervor y de manera coral la oración del pueblo cristiano por el nuevo papa, y mi primer encuentro con la multitud que llenaba la plaza de San Pedro estuvo cargada de emoción”.

El papa Francesco recordó la “sugestiva imagen del pueblo orante y lleno de gozo aún impresa en mi mente” y quiso manifestar “mi sincero reconocimiento a los obispos, sacerdotes, y personas consagradas, a los jóvenes, las familias y los ancianos por su cercanía espiritual, tan tocante y ferviente”.

El santo padre agradeció a los cardenales por su trabajo durante la sede vacante a los cardenales Angelo Sodano y Tarcisio Bertone, “por su premurosa obra en esta delicada fase de transición”, y al cardenal Giovanni Battista Re, “que fue nuestro jefe en el cónclave: ¡Mil gracias!”.

Se recordó de los purpurados enfermos y entre ellos al cardenal argentino Jorge María Mejía,bibliotecario emérito de la Santa Sede,que sufrió recién un infarto y está internado.

Reiteró su afecto con “un pensamiento lleno de gran afecto y profundo agradecimiento a mi antecesor Benedicto XVI, que en estos años de pontificado ha enriquecido y dado vigor a la Iglesia con su magisterio, su bondad, su guía, su fe, su humildad y su mansedumbre que quedarán como patrimonio espiritual para todos. El ministerio pietrino vivido con total dedicación, tuvo en él un intérprete sabio y humilde, con la mirada siempre fija en Cristo, Cristo resucitado, presente y vivo en la eucaristía. Le acompañarán siempre nuestra fervorosa oración, nuestro incesante recuerdo, nuestro perenne y afectuoso reconocimiento. Sentimos que Benedicto XVI encendió en el profundo de nuestros corazones un fuego: este seguirá a arder, porque será alimentado por su oración, que sostenerá a la Iglesia en su camino espiritual y misionero”.

Añadió que este encuentro “quiere ser casi una prolongación de la intensa comunión eclesial vivida en este período.

Animados por un profundo sentimiento de responsabilidad y sostenidos por un gran amor por Cristo y por la Iglesia, hemos rezado juntos, compartiendo fraternamente nuestros sentimientos, nuestras experiencias y reflexiones. En este clima de gran cordialidad” que “ha facilitado la docilidad de la acción del Espíritu Santo” “que es quien hace la unidad entre las diferencias, no en la igualdad sino en la armonía”. El “Paraclito que nos da a cada uno de nosotros carismas diversos, nos une en esta comunidad de Iglesia que adora al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo”.

Y añadió: “Estimulados también por la celebración de Año de la Fe, todos juntos, pastores y fieles, nos esforzaremos en responder fielmente a la misión de siempre: llevar a Jesucristo al hombre y conducir el hombre hacia Jesucristo”.

Y citó las enseñanzas de Benedicto XVI: “Es Cristo quien guía a la Iglesia por medio de su Espíritu”.

Y exhortó: “No cedamos nunca al pesimismo, a la amargura que el diablo nos ofrece cada día: no cedamos al pesimismo y al desánimo. Tenemos la firme certeza que el Espíritu Santo da a la Iglesia, con su soplo fuerte, el coraje de perseverar y buscar nuevos métodos de evangelización”.

Porque “la verdad cristiana es atrayente y persuasiva, porque responde a la necesidad profunda de la existencia humana” y el anuncio de Cristo “es válido hoy como lo fue al inicio del cristianismo”.

“¡Queridos hermanos, Fuerza! La mitad de nosotros estamos en la vejez: la vejez y me gusta decirlo es la dede de la sabiduría de la vida”.

“Los viejos tienen la sabiduría de haber caminado en la vida, como el viejo Simeón, la anciana Ana en el Templo. Es justo esta sabiduría la que les hizo reconocer a Jesús. Donemos esta sabiduría a los jóvenes: como el buen vino, que con los años se hace mejor, donemos a los jóvenes la sabiduría de la vida. Me viene a la mente aquellos que un poeta alemán decía de la vejez: “Es ist ruhig, das Alter, und fromm”: es el tiempo de la tranquilidad y de la oración. Y también de dar a los jóvenes esta sabiduría”.

En fin, concluyó con esta oración: “A la potente intercesión de María, nuestra Madre, Madre de la Iglesia, confío mi ministerio y vuestro ministerio. Bajo la mirada materna, que cada uno de nosotros pueda caminar alegre y dócil a la voz de su Hijo divino, reforzando la unidad, perseverando concordemente en la oración y testimoniando la genuina fe en la presencia continua del Señor. Con estos sentimientos –¡son verdaderos!– con estos sentimientos, os imparto de corazón la bendición apostólica, que extiendo a vuestros colaboradores y a las personas confiadas a vuestro cuidado pastoral”.

(15 de marzo de 2013) © Innovative Media Inc.

Lema y escudo del Papa Francisco


Escudo

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”Lo miró con misericordia y lo eligió”

 

Ciudad del Vaticano, 14 de marzo de 2013 (Zenit.orgRedacción | 497 hitos

 

Miserando atque eligendo es el lema del papa Francisco, extraído del pasaje evangélico de la llamada de Jesús al publicano [pecador público] Mateo, recaudador de impuestos, para que dejara todo y le siguiera.

 

“Jesús vio a un hombre, llamado Mateo, sentado ante la mesa de cobro de los impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Lo vio más con la mirada interna de su amor que con los ojos corporales. Jesús vio al publicano, y lo vio con misericordia y eligiéndolo, (miserando atque eligendo), y le dijo “Sígueme”, que quiere decir: “Imítame”. Le dijo “Sígueme”, más que con sus pasos, con su modo de obrar. Porque, quien dice que está siempre en Cristo debe andar de continuo como él anduvo”. (San Beda el Venerable, presbítero; Homilía 21)

El lema episcopal de Jorge Mario Bergoglio es la frase latina del Evangelio de Mateo “Miserando atque eligendo”, que describe la postura de Jesús hacia el publicano (considerado un público pecador) que “lo miró con misericordia y lo eligió”.

Benedicto XVI: La creación permite conocer la omnipotencia de Dios


En la audiencia de este miércoles en la que participaron varios miles de fieles y peregrinos de numerosos países Benedicto XVI continuó con su catequesis, y para ello continuó con la explicación de El Credo, retomando desde la frase “El Creador del cielo y de la tierra” o sea Dios el origen de todas las cosas que en la belleza de la creación muestra la omnipotencia de Padre amoroso.

 

Por lo tanto, la creación se convierte en un lugar para conocer la omnipotencia de Dios y su bondad, y en una llamada a la fe de los creyentes para que proclamamos a Dios como Creador.

“En la Sagrada Escritura la inteligencia humana puede encontrar, a la luz de la fe, la clave interpretativa para entender el mundo” dijo el papa, en particular “en el primer capítulo del Génesis, con la presentación solemne de la creatividad divina” porque “todo lo que Dios creó es bueno y hermoso, lleno de sabiduría y de amor, la acción creadora de Dios aporta orden, insufla armonía, da belleza.

El Papa se preguntó a este punto, si tiene sentido en la época de la ciencia y de la técnica, hablar aún de creación. Y explicó que la Biblia no pretende ser un manual de ciencias naturales; sino que, en cambio, pretende hacer comprender “la verdad auténtica y profunda de las cosas”. Porque la verdad fundamental que los relatos del Génesis nos revelan es que el mundo “no es un conjunto de fuerzas en lucha entre sí, sino que tiene su origen y su estabilidad en el logos, en la razón eterna de Dios”.

“Hay un designio sobre el mundo – dijo Benedicto XVI– que nace de esta razón, del Espíritu Creador”. Y creer en esto “ilumina todo aspecto de la existencia y da el valor de afrontar, con confianza y con esperanza, la aventura de la vida”.

Y que desde el momento que “el ser humano está hecho a imagen y semejanza de Dios” indicó el papa “toda vida humana está bajo Su protección especial. Esta es la razón más profunda de la inviolabilidad de la dignidad humana frente a cualquier tentación de evaluar a la persona según criterios utilitarios o de poder” dijo.

Benedicto XVI recuerda que la serpiente no niega la existencia de Dios, sino que levanta la sospecha de que la alianza con Dios sea como una cadena que priva de la libertad y de las cosas más bellas de la vida.

Por ello la tentación es la “de construir un mundo propio sin aceptar los límites de ser una criatura, los límites del bien y del mal, de la moralidad; la dependencia del amor del Dios Creador es vista como una carga de la que hay que librarse. Pero cuando se distorsiona la relación con Dios”

Un mundo en el que el otro se convierte en un rival, en una amenaza como demuestra Adán, que después de haber sucumbido a la tentación acusa inmediatamente a Eva. Después del pecado el mundo ya no es el jardín para vivir en armonía, sino un lugar para explotar y en el que la envidia y el odio hacia los demás entran en el corazón”.

El “pecado original” ¿Cuál es el significado de esta realidad, difícil de entender?, planteó el papa.

Y parte de la premisa de que nadie está aislado en sí mismo partiendo del hecho que hemos recibido la vida de los demás y todos los días. El ser humano es relación de amor con el Tú de Dios y el tú del otro. El pecado es alterar o destruir la relación con Dios y querer tomar el lugar de Dios.

Y como el hombre no puede salir de esta situación sólo, no puede redimirse a sí mismo y que sólo el Creador puede restaurar las relaciones correctas. Y esto se cumple en Jesucristo, que recorre, exactamente, el camino contrario de Adán. Así la Cruz de Cristo se convierte en el nuevo Árbol de la Vida”.

“Vivir de fe –concluyó Benedicto XVI- significa reconocer la grandeza de Dios y aceptar nuestra pequeñez, nuestra condición de criaturas, dejando que Dios la colme con su amor. El mal, con su carga de dolor y de sufrimiento es un misterio que ilumina la luz de la fe que nos da la certeza de ser liberados de él”.

texto completo

”La inteligencia humana puede encontrar, a la luz de la fe, la clave interpretativa para comprender el mundo”

Palabras de Benedicto XVI en la Audiencia General de hoy

Ciudad del Vaticano, 06 de febrero de 2013 (Zenit.org). Benedicto XVI | 530 hitos

 

Ofrecemos a los lectores el texto completo de la catequesis de Benedicto XVI en la Audiencia General, en la que se ha referido, como en ocasiones precedentes a las palabras del Credo, con motivo del Año de la Fe.

 

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Creo en Dios: el Creador del cielo y de la tierra, el Creador del ser humano

Pasaje bíblico: Gen 1,1-2.27.31 a

Queridos hermanos y hermanas:

El Credo, que inicia calificando a Dios como “Padre Todopoderoso”, como meditamos la semana pasada, añade luego que Él es “el Creador del cielo y de la tierra”, y así retoma la afirmación con la que empieza la Biblia. En el primer versículo de la Sagrada Escritura, se lee, en efecto: “Al inicio Dios creó el cielo y la tierra” (Génesis 1,1): es Dios el origen de todas las cosas y en la belleza de la creación se despliega su omnipotencia de Padre amoroso.

Dios se manifiesta como Padre en la creación, como el origen de la vida, y al crear muestra su omnipotencia. Las imágenes utilizadas por la Sagrada Escritura a este respecto son muy sugestivas (cf. Is 40,12, 45,18, 48,13, Salmos 104,2.5, 135,7, Pr 8, 27-29).

Él, como Padre bueno y poderoso, cuida todo lo que ha creado con un amor y una fidelidad que nunca falta (cf. Sal 57,11, 108,5, 36,6), repiten los Salmos. De este modo, la creación se convierte en un lugar donde conocer y reconocer la omnipotencia de Dios y su bondad, y se convierte en una llamada a la fe de nosotros los creyentes para que proclamemos a Dios como Creador.

“Por la fe –escribe el autor de la Carta a los Hebreos–, comprendemos que la Palabra de Dios formó el mundo, de manera que lo visible proviene de lo invisible ” (11,3). La fe implica pues saber reconocer lo invisible, reconociendo su huella en el mundo visible.

El creyente puede leer el gran libro de la naturaleza y comprender su lenguaje; el universo nos habla de Dios, pero es necesaria su Palabra de revelación, que suscita la fe, para que el hombre pueda alcanzar la plena conciencia de la realidad de Dios en cuanto Creador y Padre.

En el libro de la Sagrada Escritura la inteligencia humana puede encontrar, a la luz de la fe, la clave interpretativa para comprender el mundo. En particular, tiene un lugar especial el primer capítulo del Génesis, con la presentación solemne de la obra creadora divina, que se despliega a lo largo de siete días: en seis días Dios lleva a término la creación y el séptimo día, el sábado, deja toda actividad y descansa.

Día de libertad para todos, día de la comunión con Dios y así, con esta imagen, el Libro del Génesis nos indica que el primer anhelo de Dios era el de encontrar un amor que respondiera a su amor. Y el segundo, el de crear un mundo material donde colocar este amor, a estas criaturas que libremente le respondan.

Esta estructura hace que el texto esté marcado por algunas repeticiones significativas. Durante seis veces, por ejemplo, se repite la frase: “Y Dios vio que era bueno” (vv. 4.10.12.18.21.25) y, finalmente, la séptima vez, después de la creación del hombre: “Dios miró todo lo que había hecho, y vio que era muy bueno “(v. 31). Todo lo que Dios crea es bello y bueno, impregnado de sabiduría y de amor; la acción creadora de Dios pone orden, infunde armonía, dona belleza.

En el relato del Génesis emerge luego que el Señor crea en su palabra: durante diez veces se lee en el texto, el término “dijo Dios” (vv. 3.6.9.11.14.20.24.26.28.29), es la palabra, el logos de Dios el origen de la realidad del mundo, al decir “Dios dijo” subraya el poder eficaz de la Palabra divina. Así canta el Salmista: “La palabra del Señor hizo el cielo, y el aliento de su boca, los ejércitos celestiales… porque Él lo dijo, y el mundo existió, Él dio una orden y todo subsiste”. La vida surge y el mundo existe porque todo obedece a la Palabra divina.

Pero nuestra pregunta hoy es ¿tiene sentido, en la era de la ciencia y de la técnica, seguir hablando de la creación? ¿Cómo debemos comprender la narración del Génesis? La Biblia no quiere ser un manual de ciencias naturales; lo que quiere es hacer comprender la verdad auténtica y profunda de las cosas. La verdad fundamental, que las narraciones del Génesis nos desvelan es que el mundo no es un conjunto de fuerzas en lucha entre sí, sino que tiene su origen y su estabilidad en el Logos, en la razón eterna de Dios, que continúa sosteniendo el universo.

Hay un diseño sobre el mundo que nace de esta Razón, del Espíritu creador. Creer que en la base de todo está esto, ilumina cada aspecto de la existencia y da la valentía necesaria para afrontar con confianza y con esperanza la aventura de la vida.

Por lo tanto la Escritura nos dice que el origen de la existencia del mundo y de la nuestra no es lo irracional y la necesidad, sino la razón, el amor y la libertad. Ésta es la alternativa: o prioridad de lo irracional y de la necesidad, o prioridad de la razón, de la libertad, del amor. Nosotros creemos en esta posición.

Pero me gustaría decir unas palabras sobre lo que es el la cúspide de todo lo creado: el hombre y la mujer, el ser humano, el único “capaz de conocer y amar a su Creador” (Constitución Pastoral Gaudium et Spes, 12). El salmista mirando los cielos se pregunta: “Al ver el cielo, obra de tus manos, la luna y la estrellas que has creado: ¿qué es el hombre para que pienses en él, el ser humano para que lo cuides?”(8,4 a 5). El ser humano, creado con amor por Dios, es algo muy pequeño ante la inmensidad del universo; a veces, mirando fascinados los espacios enormes del firmamento, también nosotros percibimos nuestro ser limitados.

El ser humano está habitado por esta paradoja: nuestra pequeñez y caducidad conviven con la grandeza de lo que el amor eterno de Dios ha querido para nosotros.

Los relatos de la creación en el Libro del Génesis también nos introducen en este misterioso ámbito, ayudándonos a conocer el plan de Dios para el hombre. En primer lugar afirmando que Dios formó al hombre del polvo de la tierra (cf. Gn 2:7). Esto significa que no somos Dios, no nos hemos hecho solos, somos tierra; pero también significa que somos buena tierra, a través de la obra del Creador bueno.

A esto se suma otra realidad fundamental: todos los seres humanos son polvo, más allá de las distinciones que hace la cultura y la historia, más allá de cualquier diferencia social; somos una única humanidad plasmada con la sola tierra de Dios.

Hay también un segundo elemento: el ser humano se origina porque Dios sopla el aliento de vida en el cuerpo moldeado por la tierra (cf. Gn 2:7). El ser humano está hecho a imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1:26-27). “Todos, entonces, llevamos en nosotros el aliento vital de Dios y cada vida humana – nos dice la Biblia – está bajo la particular protección de Dios. Ésta es la razón más profunda de la inviolabilidad de la dignidad humana, contra toda tentación de evaluar la persona según criterios utilitarios y de poder”. Ser a imagen y semejanza de Dios indica que el hombre no está encerrado en sí mismo, sino que tiene una referencia esencial en Dios

En los primeros capítulos del Libro del Génesis encontramos dos imágenes significativas: el jardín con el árbol del conocimiento del bien y del mal y la serpiente (cf. 2:15-17; 3,1-5). El jardín nos dice que la realidad en la que Dios ha puesto al ser humano no es un bosque salvaje, sino un lugar que protege, nutre y sustenta; y el hombre debe reconocer el mundo no como propiedad para ser saqueada y explotada, sino como don del Creador, signo de su voluntad salvadora, un don que ha de cultivar y cuidar, hacer crecer y desarrollar con respeto, en armonía, siguiendo los ritmos y la lógica, de acuerdo con el plan de Dios (cf. Gn 2,8-15).

La serpiente es una figura que viene de los cultos orientales de la fecundidad, que tanto fascinaban a Israel y que eran una constante tentación para abandonar la misteriosa alianza con Dios. A la luz de esto, la Sagrada Escritura presenta la tentación a la que vienen sometidos Adán y Eva como el núcleo de la tentación y el pecado.

¿Qué dice la serpiente? No niega a Dios, pero insinúa una falsa pregunta: “¿Así que Dios les ordenó que no comieran de ningún árbol del jardín?».(Génesis 3:1). De esta manera, la serpiente suscita la sospecha de que la alianza con Dios es como una cadena que ata, que priva de la libertad y de las cosas más bellas y preciosas de la vida.

La tentación invita a construirse el propio mundo en el que vivir, no acepta las limitaciones del ser criatura, los límites del bien y del mal, de la moral. La dependencia del amor del Dios Creador es vista como una carga de la que se debe liberar.

Éste es siempre el núcleo de la tentación. Pero cuando se distorsiona la relación con Dios, poniéndose en su lugar, todas las demás relaciones se alteran. Entonces, el otro se convierte en un rival, en una amenaza: Adán, después de haber sucumbido a la tentación, acusa de inmediato a Eva (cf. Gn 3:12), y los dos se ocultan de la vista de aquel Dios con quien hablaban con amistad (ver 3.8 – 10); el mundo ya no es el jardín para vivir en armonía, sino un lugar para ser explotado y lleno de insidias ocultas (cf. 3:14-19), la envidia y el odio hacia el otro entran en el corazón del hombre: ejemplar es Caín que mata a su propio hermano Abel (cf. 4,3-9).

Al ir contra su Creador en realidad el hombre va en contra de sí mismo, reniega su origen y por lo tanto su verdad; y el mal entra en el mundo, con su triste cadena de dolor y de muerte. Y si todo lo que había creado Dios era bueno, muy bueno, después de esta libre decisión del hombre, de mentir contra la verdad, el mal entra en el mundo.

De los relatos de la creación, me gustaría destacar una última enseñanza: el pecado engendra el pecado y todos los pecados de la historia están interrelacionados. Este aspecto nos lleva a hablar de lo que ha sido llamado el “pecado original”.

¿Cuál es el significado de esta realidad, difícil de entender? Quisiera sólo dar algún elemento. En primer lugar, debemos tener en cuenta que ningún hombre está encerrado en sí mismo, nadie puede vivir de sí mismo y para sí mismo; nosotros recibimos la vida del otro y no sólo en el nacimiento, sino todos los días.

El ser humano es relación: Yo soy yo mismo solo en el tú y a través del tú, en la relación de amor con el Tú de Dios y el tú de los otros. Pues bien, el pecado perturba o destruye la relación con Dios, su presencia destruye la relación con Dios, la relación fundamental, toma el lugar de Dios.

El Catecismo de la Iglesia Católica afirma que con el primer pecado el hombre “hizo elección de sí mismo contra Dios, contra las exigencias de su estado de criatura y, por tanto, contra su propio bien” (n. 398). Perturbada la relación fundamental, son puestos en peligro o destruidos también los otros polos de la relación, el pecado arruina las relaciones, así lo destruye todo, porque nosotros somos relación.

Ahora bien, si la estructura relacional de la humanidad viene malograda desde el principio, todo hombre entra en un mundo marcado por esta alteración de las relaciones, entra en un mundo perturbado por el pecado, que le marca personalmente; el pecado inicial daña y hiere la naturaleza humana (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 404-406).

Y el hombre, por sí solo, no puede salir de esta situación; sólo el Creador puede restaurar las justas relaciones. Sólo si Aquel, del que nos hemos desviado, viene hacia nosotros y nos tiende la mano con amor, las justas relaciones pueden reanudarse. Esto se realiza en Jesucristo, que cumple exactamente el recorrido inverso al de Adán, como describe el himno del segundo capítulo de la Epístola de San Pablo a los Filipenses (2:5-11): mientras que Adán no reconoce su ser criatura y quiere ponerse en el lugar de Dios; Jesús, el Hijo de Dios, está en una perfecta relación filial con el Padre, se rebaja, se convierte en el siervo, recorre el camino del amor humillándose hasta la muerte en la cruz, para reordenar las relaciones con Dios. La Cruz de Cristo se convierte así en el nuevo Árbol de la vida.

Queridos hermanos y hermanas, vivir la fe quiere decir reconocer la grandeza de Dios y aceptar nuestra pequeñez, nuestra condición de criaturas dejando que el Señor la colme con su amor y así crezca nuestra verdadera grandeza. El mal, con su carga de dolor y de sufrimiento, es un misterio que queda iluminado por la luz de la fe, que nos da la certeza de poder ser liberados de él, la certeza de que es bueno ser hombre».

Palabras a los peregrinos de idioma español

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular al grupo y a la Delegación de la Guardia Civil, con el Arzobispo castrense, el Señor Ministro del Interior y el Director General de ese Cuerpo, que ruega a la Virgen del Pilar la fuerza espiritual necesaria para su importante servicio a la sociedad española. Y saludo igualmente a los peregrinos venidos de España, Chile, México y otros países latinoamericanos. Que la fe en Dios, Padre y Creador, sea para todos fuente de serenidad y esperanza. Muchas gracias.

(06 de febrero de 2013) © Innovative Media Inc.

Juan Pablo II, canonización inminente


Juan Pablo II, canonización inminente

El momento esperado por los millones de fieles de todo el mundo que ya en 2005 coreaban la santidad del papa Juan Pablo II es inminente. Será proclamado santo en 2014, o aun durante este año.
Lo afirmó el cardenal Giovanni Battista Re, un de los mas estrechos colaboradores del papa Wojtyla, su sustituto de Asuntos Generales en la Secretaría de Estado durante su pontificado.

El prefecto emérito de la Congregación de los Obispos dio esta noticia en el marco de la presentación “El papa y el poeta”, escrito por el vaticanista Mimmo Muolo, evento que se presenta esta noche en el Auditorium de la Conciliación de Roma.

“Si no es este año será el próximo”, indicó el purpurado, explicando que, “como ha realizado más de un milagro, seguramente hay al menos uno válido para su canonización”.

Falta solamente el reconocimiento de uno de estos milagros por los médicos de la Congregación de la Causa de los Santos, para que el pontífice polaco sea elevado a los altares.

“Los tiempos pueden ser muy breves”, aseguró el cardenal, que precisó haber tenido las informaciones hace algunos meses, cuando “en mérito a las curaciones científicamente inexplicables”, atribuibles a la intercesión del papa, la Congregación vaticana estaba estudiando unos tres o cuatro “para evaluar el más sólido y poder conformarse mejor a los criterios de juicio·.

“Las curaciones –dijo– son evaluadas por una junta de siete médicos, miembros de un organismo científico interno, más bien severo, que tienen la tarea de examinar cada detalles. Son tan rígidos y meticulosos que por ejemplo, prefieren no pronunciarse si una enfermedad fue curada con terapias que en casos similares se mostraron efectivas”.

“Los siete médicos de la junta tienen que estar de acuerdo en que se trata de un hecho inexplicable desde el punto de vista humano y científico”. Es justamente el equipo médico quien decide si se trata de un milagro o menos, afirmó Re.

Una vez obtenido el placet, debe decidir la Comisión de los cardenales y obispos, que juzga ”solamente si el milagro fue obtenido por la intercesión” del candidato a la gloria de los altares. Después se necesita la aprobación definitiva del papa, y entonces “se puede proceder enseguida definiendo la fecha y el período más adecuado” dijo.

Traducido y adaptado de la edición italiana de ZENIT por H. Sergio Mora

 

El acto de fe es una verdadera conversión, un cambio de mentalidad


CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 5 diciembre 2012 (ZENIT.org).- Cada semana, durante la Audiencia General de los miércoles, el papa Benedicto XVI viene desarrollando unas profundas catequesis por el Año de la Fe. En esta oportunidad, dirigió sus ideas sobre el modo en que Dios ha revelado al hombre “su benévolo designio”(cf. http://www.zenit.org/article-43787?l=spanish).
Partiendo de la carta de san Pablo a los cristianos de Éfeso (cf. 1, 3-14) leída en varios idiomas en el Aula Pablo VI, el santo padre recordó cómo en ese pasaje, el apóstol eleva una oración de bendición a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que es a la vez un “himno de alabanza (al) plan de Dios con respecto al hombre, que se define en términos llenos de alegría, de asombro y de gratitud, como un “benévolo designio” (v. 9), de misericordia y de amor”.

San Pablo nos ayuda a entender –continúa–, “cómo toda la creación y, en particular, el hombre y la mujer no son el resultado de la casualidad, sino que responden a un proyecto de bondad de la razón eterna de Dios” y que ambas creaturas, “han sido elegidos por Dios incluso antes de la creación del mundo, en el Hijo, Jesucristo”.

Dios habló primero

Esta iniciativa divina, “precede a toda respuesta humana: es un don gratuito de su amor que nos envuelve y nos transforma” –dijo–, a la vez que se preguntaba: “¿Cuál es el objetivo final de este plan misterioso? ¿Cuál es el centro de la voluntad de Dios?”. Y citando nuevamente a san Pablo, el papa recordó que el plan de Dios es “hacer que todo tenga a Cristo por cabeza” (Ef. 1,10).

Para el Apóstol, continuó, “Cristo se presenta como el centro de todo el camino del mundo, la columna vertebral de todo, que atrae a sí mismo la totalidad de la realidad misma, para superar la dispersión y el límite, y conducir todo a la plenitud querida por Dios (cf. Ef. 1, 23)”.

Pero este “designio benevolente” no ha permanecido en el silencio de Dios, “sino que se ha auto-comunicado a nosotros, hasta ser uno de nosotros, (hasta) encarnarse”.

Y dado que con la sola inteligencia y sus capacidades, el hombre no habría podido alcanzar esta revelación, recordó el Catequista universal que “fue Dios quien ha abierto su cielo y se ha abajado para conducir al hombre hacia el abismo de su amor”.

Citó al respecto una famosa página del comentario a la Carta a los Efesios de san Juan Crisóstomo, en la que “invita a disfrutar de toda la belleza del “benévolo designio” de Dios revelado en Cristo”, interrogando así al hombre: “¿Qué te falta? Te has convertido en inmortal, te has hecho libre, te has convertido en hijo, te has convertido en justo, eres un hermano, te has convertido en un coheredero, con Cristo reinas, con Cristo eres glorificado. Todo se nos ha dado, y –como está escrito– ¿cómo no nos dará con él graciosamente todas las cosas?” (Rm. 8,32). Tus primeros frutos (cf. 1 Co. 15, 20.23) son adorados por los ángeles […]: ¿qué te falta? (PG 62.11)”.

La respuesta del hombre

Este don de Dios, esta “comunión en Cristo por obra del Espíritu Santo, ofrecida por Dios a todos los hombres con la luz de la Revelación”, continuó Benedicto XVI, “es el cumplimiento de los más profundos anhelos, de aquel deseo del infinito y de plenitud que habita en las profundidades del ser humano”.

Sin embargo, la respuesta del hombre a la revelación de Dios es fundamental, es lo que el papa denomina “el acto de fe”. Pero esta respuesta no es un “acto de imposición”, sino que “es un dejarse, un abandonarse en el océano de la bondad de Dios”.

El “acto de fe” es por lo tanto, “una verdadera conversión, la fe es un cambio de mentalidad, porque el Dios que se ha revelado en Cristo y ha dado a conocer su plan de amor (..) se convierte en el sentido que sostiene la vida, la roca sobre la que se puede encontrar la estabilidad”.

En este tiempo de Adviento, el santo padre invita una vez más a todos los cristianos, “a renovar la certeza de que Dios está presente: Él ha venido al mundo, convirtiéndose en un hombre como nosotros, para traer la plenitud de su designio de amor”.

Y recordó que Dios mismo quiere entrar de nuevo en el mundo, “a través de nuestra fe, nuestra esperanza, nuestro amor (y) hacer resplandecer su luz en la noche”.

Con los peregrinos de lengua española

A los peregrinos venidos de distintos países de habla española, el papa Benedicto XVI les dirigió las siguientes palabras en su propio idioma:

“Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, México y otros países latinoamericanos. Invito a todos a ser signo de la acción de Dios en el mundo por medio de la fe, la esperanza, la caridad. El Señor quiere siempre hacer resplandecer nuevamente su luz en la noche”. (javv)