Madres e hijas: Un compromiso de amor


Sheila Morataya-Fleishman
¡Qué hermoso es saberse elegida por la gracia divina para preservar la raza humana! Amiga mía, tú y yo estamos hechas con potencias que naturalmente tienden a acoger, cuidar, custodiar, velar, formar y estar atentas al desarrollo de una nueva vida humana.

Cuando Dios nos concede el gozo de ser madres de una niña, el reto, la misión, la formación, el estado de perfección a plasmar en “ellas” será especialmente mayor, con más atención, concentración y olvido de una misma pues estaremos educando alma y corazón, inteligencia y voluntad para abrirse en su momento a la vida misma, pues como conciencia femenina, esa o esas niñas habrán sido educadas para ser visionarias y seguir sosteniendo y trasmitiendo el concepto de familia, como lo fue en su momento nuestra Santísima Madre cuando dijo “sí, quiero ser la mamá de Jesús”.

Se nos pregunta a través de María, si queremos ser madres, si estamos en disposición de ceder nuestra libertad personal en pos de la instalación del reino de Dios en el mundo. ¡Qué privilegio extraordinario nos ha dado nuestro Padre! El don singular que Dios hizo a la Madre del Señor no sólo testimonia lo que podríamos llamar el respeto de Dios por la mujer: también manifiesta la consideración profunda que hay en los designios divinos por su papel insustituible en la historia de la humanidad. Antes que Jesús naciera se nos pregunta, a través de esta mujer llamada María, ¿cuánto quieres influir en la construcción de mi Reino? ¿Hasta dónde deseas ayudarme? ¿Quieres llevar la cultura de la fe, las tradiciones y valores a los hombres? ¿Quieres ser la sal de la tierra y la luz para las inteligencias?

Nuestra Potencia Biológica

Dentro de la ciencia es extensamente conocido que los aspectos bioquímicos femeninos son increíblemente sofisticados, solemos vivir más, tenemos un sistema inmunológico fuerte, nuestro metabolismo quema pocas calorías; y todo esto nos dice que Dios creó y formó a la mujer, sabía que sería la escogida para portar la vida. Llevamos la maternidad inscrita en nuestro cuerpo, somos la vasija, el ánfora que acoge a cada ser humano que nace y después de dar a luz permanecemos ahí para llevar a su desarrollo pleno a cada criatura. El hecho de estas características biológicas me dice mí que Dios nos concede la gracia de de ayudarle a extender su reino. No es necesario darle demasiadas vueltas: Dios nos ha hecho para ser madres.

Nuestra Potencia Psicológica

Como mujeres nuestra configuración psicológica también es muy especial pues llevamos a la sociedad, a la familia, a la empresa cualidades como agudeza de ingenio, intuición, ternura sin precedentes cuando se trata de consolar, capacidad para sembrar la fe, tradiciones y valores como nadie. La mujer católica según Enrique de Ossó es como el maravilloso conducto por el que el fuego del amor divino se comunicará al mundo. Nosotras somos las que sembramos en el fondo de las conciencias infantiles el amor auténtico a través de nuestra propia entrega. Es importante entonces que si eres madre de una niña, desde su más tierna edad siembres en ella valores como la empatía, la ternura, el espíritu de servicio, y la prudencia. Valores que le servirán para ir configurando una personalidad densa y firme que la destacará entre la masa. Es importante que hagas una revisión profunda de la forma en que tu misma estás viviendo estos valores, ya que con apenas cuatro años una niña ya está en la capacidad de mirar o no con compasión a los demás; de brindar ternura a un recién nacido; salir al paso para ayudarte a sacar las compras y ofrecer algo de tomar a sus amiguitos cuando llegan a visitarla.

Nuestra Potencia Espiritual

Como mujeres también tenemos la tarea de espiritualizar la sociedad. En nuestra época caracterizada por la velocidad y el vértigo hay muy pocas respuestas para el silencio interior. Por esto mismo es importante a que, como diría Santa Teresa de Jesús, nos “determinemos determinadamente” a ser mujeres que tengan una vida interior profunda para llegar a conquistar un corazón recio cuya característica fundamental será la generosidad al amar. Santa Teresa de Jesús, impecable conocedora de la psicología femenina decía que era de “corazón recio” y así quería a sus hijas “nada mujeres” dando a entender que no le gustaban las quejas y los comentarios que se achacan a menudo al mundo femenino.

Cuando somos mujeres orantes, comprometidas apasionadamente a tener ese “nudo” espiritual con Jesucristo nos convertimos en mujeres fuertes, con una fortaleza que va más allá de lo natural porque se apoya en la gracia y el poder de Dios. Esto nos capacitará para educar mejor a nuestras hijas, especialmente en el espíritu de sacrificio, espíritu del cual la sociedad moderna lucha por apartarnos mostrándonos que ser sacrificadas es estar alineadas o ausentes de personalidad. Cuando es todo lo contrario, si les enseñamos a nuestras hijas a sufrir con calma y abandono serán mujeres emocionalmente más fuertes y capaces. Es importante que les enseñemos con prontitud y convencimiento, que el sufrimiento es parte del proceso de la vida, es uno de los protagonistas de nuestro guión biográfico y que ofrecido a Dios por su reino nos ayuda a alcanzar la propia Santidad personal.


Si Dios te da hijas…

Si Dios te confía formar y preparar hijas para preservar nuestra raza humana, anímate, amiga, a darles una educación que las lleve a tener el valor de ir contra la corriente. Fomenta en las mujeres del mundo el querer amar con un Amor grande y radical; que sean valientes y fuertes a la hora del dolor; que imiten a las más grandes santas; que sean sencillas y celosas de su intimidad; que tengan un corazón abierto y generoso.

Pidámosle a Santa María, la Madre por Excelencia, que nos ayude a enseñarle a nuestras hijas a dárselo todo a Dios, y que nos lo enseñe a ti y a mí.

Es cuestión de cuestionarse


Sheila Morataya-Fleishman
Puede sonar raro, pero si queremos cumplir mejor nuestro papel como mujeres y si queremos educar mejor a nuestra familia, al mundo entero, todo es cuestión de “cuestionarse”. Te explicaré de qué se trata.

Quiero comenzar por lo más difícil: los árabes suelen decir que “El único dolor que destruye más que el hierro es la injusticia que procede de nuestros familiares”: nadie puede hacernos tanto daño como aquellos que deberían amarnos. Por eso cuando fundamos una familia debemos ir conscientes que como mujeres seremos las ejecutoras que harán que las paredes de concreto se vuelvan acogedoras y con el perfume propio que emana de un ambiente que está impregnado por un corazón intensamente femenino.

¡Qué hermoso es tener una familia y poder llevar todas nuestras cualidades de mujer a cada uno de sus miembros! El llamado que como mujeres tenemos a formar y ennoblecer cada corazón que se encuentre dentro de nuestra propia familia no tiene punto de comparación con ningún otro trabajo, pues la tarea de educar corazones es la mayor, la más urgente, la más retadora y la que al final te da más gratificaciones. Educar corazones revela abiertamente el tipo de mujer que tu misma eres, lo que guardas en el fondo, la pasión y el compromiso que llevas por la humanidad y el Reino de Dios en la tierra. Pero si no tienes cuidado y no te cuestionas a ti misma sobre lo que estás dando, puedes -incluso sin pensarlo- hacerle daño a los tuyos.

Y comienza la “cuestión”

Y tú, ¿quién eres?; y para ti, ¿cuál es el sentido que se esconde al ser compañera y madre? , y tú, ¿cuánto te preocupas por perfeccionar cada día más tus cualidades femeninas? Características propias de la personalidad femenina como la delicadeza, la ternura, la generosidad, el ingenio y la intuición así como la valentía, fortaleza , alegría y optimismo serán extremadamente fundamentales a la hora de hacer una cultura de relaciones humanas en nuestro hogar. Podemos saber que están ahí, que existen y que son necesarias para potenciar la humanidad de cada otro ser humano. Pero, en tu caso personal, ¿cuánto has observado, interiorizado y aplicado estas cualidades en tu propia personalidad para poder marcar una diferencia notable en el tipo de ser humano que heredarás a la sociedad de hoy? Pues así como buscamos calidad a la hora de elegir una buena cartera o un perfume, así deberíamos perseguir esa calidad en nosotras a la hora de modelar la personalidad individual y única que existe en cada uno de nuestros hijos.

Se hace necesaria la auto-exigencia

Nuestros tiempos son tiempos hermosos y controversiales a la vez. Por un lado los grandes descubrimientos de la ciencia para combatir graves enfermedades, la creación de líneas telefónicas y el surgimiento de la computadora para que los humanos estemos “comunicados”; por el otro, la importancia que se le ha dado al excesivo bienestar económico que hace que el hombre y la mujer se des-humanizen pues empezamos a concentrarnos en querer “tener” y se nos va por la cuneta el aprender a “ser”; en nuestro siglo hemos sido testigos del derrumbe de las tradiciones y valores y la revolución femenina que llevo a muchas mujeres a masculinizarse completamente hasta llegar al punto de hacernos creer que la maternidad , don femenino por excelencia nos esclavizaba e impedía nuestra realización personal. Ahora, cuando vemos nacer un Nuevo siglo vemos como nuestro mundo hace a la mujer un llamado urgente: “volver a las raíces”, volver a “re-pensar a la mujer” y su razón de ser en el mundo, ayudarla a re-descubrir su verdadero sentido. Esto requiere de nosotras, de ti y de mí detenerse, recogerse y tratar de escuchar a nuestra amiga y guía interior: nuestra alma. ¿Qué estoy dando cómo mujer?; ¿Qué valores son los que me mueven?, ¿qué tan competente soy como esposa y madre?; ¿qué características de mi personalidad hacen que mi hijo-a quiera ser como yo?;¿qué “manías” de mi carácter me están impidiendo hacer crecer al otro dentro de mi propio hogar?,¿De dónde me alimento o me nutro para crear ambiente de acogida y armonía en mi núcleo familiar?, ¿qué tan intensa es mi vida espiritual?, ¿Qué tan consciente soy de que el mundo de hoy necesita de mi protagonismo como mujer, esposa, madre y profesional o religiosa desde ese sitio que en la vida me corresponde?, ¿no lo pienso?, ¿no siento que sea parte de mi propia responsabilidad?

Psicología vs. Espíritu

Delicadeza, ternura, generosidad, intuición y amor no pueden darse en toda su plenitud apoyadas en nuestra propia fuerza humana. Es muy sencillo.

Cuando se hace todo desde la dimensión psíquíca-emocional llegará un momento en que simple y sencillamente te cansarás da dar, porque lo humano es débil, resiste poco cuando no se le hace ver más allá. Si Dios no está como centro de tu vida, si no haces de tu vida interior -de tu vida espiritual- la torre desde donde observes todo, entonces vendrán las excusas para no dar más, los conflictos de valores, las quejas, exigencias y la pérdida del dominio interior. Puede estar en riesgo de que toda tu fuerza proviene tal vez de los consejos que te dan tus amigas, de los libros de “superación” que lees o de las propias conclusiones que sacas como mujer autónoma. Vencerá el propio egoísmo que al final te llevará a no poder comprender el verdadero sentido de tu vida. ¿Qué pasa? No hay densidad, no hay pozo, no hay raíz verdadera. Estás “hueca” por dentro apoyada sólo en la psicología pura que te impide tu propia auto-trascendencia.

Delicadeza, ternura, generosidad, intuición y amor apoyados en una vida interior comprometida a sacar de dentro lo que se necesita para ser mejor cada día, te hará ser una mujer de la clase “fuerte”. Te faltarán fuerzas, como a mí a veces me hacen falta fuerzas para no pensar tanto en mí o para poner como centro de mi vida a Dios. Sin duda una de las mejores formas de fortalecernos es por medio de los sacramentos. Misa diaria si puedes, confesión frecuente -aunque no estés en pecado mortal- son grandes ayudas que nos impulsan aún más, pues estarás siendo trasmisora de armonía, amor y valores desde tu dimensión espiritual.

Seguro habrás visto muchos libros de superación, de curación y de miles de cosas para ayudarte a superar los problemas cotidianos, pero siempre terminan dejándote un poco vacía porque en el fondo no son soluciones completas. Ningún libro de espiritualidad te dará la paz que te brinda el hacer un ratito de oración, ningún libro de “sanación” puede aliviar a tu alma como asistir al confesionario y recibir en el sacramento de la penitencia una nueva reserva de energías. ¿Y la comunión? Imagínate el increíble impulso que te da el recibir el cuerpo y la sangre de Cristo ¡Eso nunca te lo va a dar ningún libro de superación personal, te lo aseguro!

Cuando amamos, educamos y luchamos desde esta dimensión es verdad que nos cansaremos y que abran ocasiones en que talvez nos rendiremos, pero pronto nos levantaremos y seguiremos caminando porque en nuestro interior yacen las “reservas espirituales” que le ayudan a la dimensión emocional a recuperarse pronto para seguir amando, creando, educando, construyendo castillos interiores. Y es este uno de tus más grandes privilegios al educar a los tuyos. Enseñar a ser delicados, tiernos, y generosos desde muy pequeños sabiendo que nuestros hijos son almas orientadas hacia un sentido de ser “eterno”.

Difícil pero nunca imposible

Ser esposa, compañera y madre en nuestros días es una actitud que tú desde tu propia libertad puedes adoptar ante todo lo que te ofrece el mundo. El mundo de hoy nos ofrece, a ti y a mí tantas cosas apetecibles y atractivas. Entre ellas una carrera profesional, los lujos, las modas, los “spa” para nunca envejecer y el pensamiento delicadamente venenoso de lograr la felicidad a través de lo fácil y de aquello que requiere el menor esfuerzo. Por eso hoy se hace necesario poner de moda entre nosotras aquel lema per aspera ad astra (por lo dificultoso hasta las estrellas). Es difícil bajar de peso cuando no hay control del apetito pero cuando se hace ¡qué bonito se siente!; es difícil terminar una carrera universitaria siendo madre y profesional, pero cuando lo logramos, ¡qué sensación más plena!; es difícil encontrar un tiempo para estar a solas con El Amor de los Amores, pero cuando se logra, ¡como crece el alma, como se extiende y cuanto amor empieza a brotar de las mismas entrañas!

Sí, es difícil ser mujer, esposa, compañera y madre en nuestros días tan llenos de modernidad y brillo, se hace difícil mejorar y madurar para educar a los propios hijos. Pero si lo hacemos conscientes de que nuestros actos “hoy” están íntimamente ligados a la felicidad de los nuestros “mañana”, no será difícil tomar esas decisiones que nos llevarán a impregnar nuestro hogar de todas esas cualidades femeninas de las que hemos venido hablando y están tan urgidos nuestros hogares: la delicadeza, la ternura, la alegría, la vida auténtica.


Una gran vuelta

Hemos dado una gran vuelta, y tal vez te he dicho muchas cosas distintas en este artículo, pero el corazón está en empezar a cuestionarte, a hacerte preguntas y especialmente a responderlas. Y ahí está la cuestión. Te invito a que hagas de Santa María de Nazareth una de tus amigas más íntimas. Deja que ponga el verdadero acento femenino, y te ayude a contestar tus cuestionamientos. Nadie sabrá hacerlo mejor que ella.

Y a ti… ¿Qué te sostiene?


Sheila Morataya-Fleishman

Hay tanto que escribir sobre las cosas que a las mujeres nos gustan. En lo personal me gusta mucho salir de compras. Puedo pasarme horas de horas comprando los zapatos de última moda, los trajes de dos piezas y las carteras Lauren o Coach. También mi resistencia se viene abajo cuando entro al departamento de joyería. Las perlas ¡ay, como me gustan las perlas! Tengo que controlarme muchísimo para no comprarme la tienda entera…

Hace algunos días fuimos a caminar a un lugar divino, un lugar del que se dice, mucha gente acude para hacer meditación u oración. Mis amigas y yo hablábamos de la liposucción. De los mejores cirujanos que hay en cada país para disminuir el estómago, los brazos, y todas esas partes delatoras de nuestro cuerpo. Otra decía que ya había ido al primer chequeo para hacerse los ojos. Pues la mejor edad para empezar a operarse es al llegar a los cuarenta. -¡No puede ser que ya vaya a cumplir cuarenta años!- expresaba una de ellas con espanto. Pero hermana, -decía otra- hoy no hay que preocuparse por envejecer con tanta crema y cirugía que puedes hacerte…. yo ya le dije a mi marido que vaya reservando los fondos para la primera que me voy hacer yo…

Entre esos miedos también están los kilos de más. -Realmente yo no he nacido para hacer dietas- mencionaba Julia. Eso de los sacrificios con las comidas no es para mí. Es mucho más práctico y fácil pagar una masajista….. ¿Porqué no hacer ejercicios? -decía yo- ¡No! saltaba Dalia, -¡imagínate tanto sacrificio! Además, es un esclavizarse a hacerlo diariamente y yo para esas disciplinas no sirvo.

Y así, se nos fueron las horas. Hablando de los miedos y la vanidad femenina. Mujeres ¿Y esas somos las que hemos nacido para ser la savia de la sociedad, el alimento espiritual? Esas que hablamos de vanidades y superficialidades ¿Somos el fermento del mundo? ¿Esas somos la sal de la tierra?

Las mujeres seguimos los pasos de la moda. Pero hoy en día no es fácil ser católica, porque no es lo que está de moda. Lo que esta de moda es practicar la meditación trascendental, hacer yoga, “curarte con cristales”, “sanar tu auto-estima” y asistir a innumerables cursos de superación personal.

Si hoy el Dalai Lama dice en las noticias “El amor es la llave de la felicidad” millones dicen “ohhh, el Dalai Lama, ese hombre tan perseguido, tan bueno, tan iluminado, él dice que el amor es la llave de la felicidad”. ¡Ah! Pero si el Papa dice “El amor es la llave de la felicidad” parece como si su mensaje pasara desapercibido.

Hay mucha sed y hambre de verdad, y las mujeres somos evidentemente seres con una dirección natural, innata, muy propia de nuestro sexo hacia la espiritualidad. Nosotras intuimos con más precisión que hay un mundo que va más allá de nuestros ojos. Y tampoco es raro que seamos las mujeres las que tomemos con mayor frecuencia (especialmente en este tiempo) los caminos equivocados en busca de la verdad, por medio de la espiritualidad. Tenemos hambre de seguridad, de confianza, de valor, y tenemos una gran desesperación por encontrar eso que llene nuestro vacío.

Además el mundo donde vivimos está sacudido por diferentes crisis, entre ellas, una de las más peligrosas es la pérdida del sentido de la vida. Muchas de nuestras contemporáneas han perdido el verdadero sentido de la vida y lo buscan en sucedáneos, como el desenfrenado consumismo, la droga, el alcohol o el abuso de la sexualidad y el erotismo. Buscan la felicidad, pero el resultado es siempre una profunda tristeza, un vacío del corazón y muchas veces la desesperación. ¿Cómo vivir la propia vida para no perderla? ¿Sobre qué fundamento edificar el propio proyecto de existencia?

Yo creo que a veces nos complicamos la vida innecesariamente, y por otro lado no tenemos la fuerza necesaria para seguir lo que verdaderamente nos hace crecer. Estamos muy mal acostumbradas a un mundo en el que se quiere todo fácil, rápido, sin dolor, sin esfuerzo. Y la fe que nos enseñaron nuestros padres, con la que crecimos puede serlo todo, excepto fácil, rápida o sin esfuerzo.

Ser católica no está de moda. Tampoco está de moda el decir que debemos cuidar nuestro corazón y nuestro cuerpo preservando nuestra intimidad en lugar de lanzarnos con una micro falda y una blusa con escotes que quitan la respiración para embriagarnos en una discoteca. No es fácil darse cuenta de que los hijos son un don de Dios y que no debemos obstruir Su Voluntad utilizando anticonceptivos. No está de moda el sacrificarse por amor a los demás. Vivimos una época de un feroz individualismo. Todo es yo, yo, yo y al final, ese “yo” se queda solo.

Ser católica, amiga mía no es fácil. Pero estoy convencida de que en nuestra fe, en la que nos enseñaron nuestros padres, está la verdad. Nuestros problemas no van a desaparecer por el hecho de ir a misa, o por confesarnos o por comulgar. Los problemas seguirán ahí, pero el corazón de nuestra fe está en la resurrección de Jesucristo, el hijo de Dios que se hizo hombre, al que crucificaron por nuestra culpa pero que resucitó. Él nos enseñó que todas nuestras penas, nuestras ansiedades y nuestros dolores tienen un significado, más que un “por qué” tienen un “para qué”. Para los católicos los problemas, el dolor y la enfermedad son una oportunidad de seguir a Jesucristo en su cruz. Lo que a veces olvidamos es que la cruz tiene su significado de sacrificio pero siempre ante la perspectiva de la Resurrección. Ser católico no es fácil. Comulgar, confesarse o ir a misa no desaparecerán nuestros problemas, pero nos darán la fortaleza interior para poder afrontar esos problemas con una actitud diferente. No son los problemas los que desaparecen, es la Gracia de Dios la que los hace distintos.

Estos sacramentos tienen un valor incalculable en nuestras vidas. Confesarse con frecuencia nos fortalece para luchar contra nuestra debilidad, ir a misa cada domingo es participar de la vida de la Iglesia, de nuestra comunidad (de nuestra común unidad), comulgar es nada menos que comer el pan vivo, estar en la unión más íntima con Jesús mismo. No, estos sacramentos no desaparecen los problemas. Los sacramentos nos dan la fuerza de Dios para que aún en nuestra imposibilidad seamos capaces de lograr grandes cosas, a pesar de las dificultades.

Jesucristo no necesita estar de moda. Él es el mismo ayer, hoy y siempre. Jesús se nos presenta como la respuesta de Dios a nuestra búsqueda, a nuestras angustias. Él dice: “Yo soy el pan de la vida, capaz de saciar toda hambre; Yo soy la luz del mundo, capaz de orientar el camino de todo hombre; Yo soy la resurrección y la vida, capaz de abrir la esperanza del hombre a la eternidad.”(2)

Ciertamente no es fácil seguir a Cristo, en estos días en que la palabra “oración” ha sido substituida por la expresión “meditación trascendental”. Hoy tenemos el mayor peligro de alejarnos de la verdad y convertirnos en mujeres arrancadas por lo superficial, lo egoísta, lo vanidoso, lo falaz, lo falso. Pero las mujeres, a la luz de nuestra fe católica, podemos dar paso a la verdadera naturaleza femenina que es robusta, profunda, inspiradora y sólida. Una naturaleza que es “madre”. ¿No es acaso la Santísima Virgen la más santa? Más que ella, solo Dios. Y era mujer, como tú y como yo.

Amiga mía, no busques la verdad en los libros de astrología, ni en que te lean las cartas, tampoco la busques en la “meditación trascendental”, olvídate de tu aromaterapia, tu “cuarzo de la buena suerte” puedes ir tirándolo a la basura. Este es un tiempo de decisión. Esta es la ocasión para aceptar a Cristo. No como una fanática que se la pase el día entero en la Iglesia, sino como una mujer que verdaderamente necesita acercarse a Jesucristo para aceptar su amistad y su amor, aceptar la verdad de su palabra y creer en sus promesas; reconocer que su enseñanza nos conducirá a la felicidad y finalmente a la vida eterna.(1)

Vamos reconociéndolo, las mujeres de hoy no queremos comprometernos, todo lo queremos fácil. Estamos en la época de la “fast food” y la vida sin sacrificio. Pero también estamos en la época del vacío, del hastío, de la depresión, del abuso sexual, de la violencia, del alcoholismo, de la desunión familiar, de la ansiedad, de la drogadicción, de las relaciones superficiales, de la manipulación. Ese es el precio de nuestra vida “light”, y lo estamos pagando ya mismo.

Pero, ante todo, este es un tiempo de decisión. La decisión de atreverse a no tener miedo a seguir rescatando esos valores de mujer y conocer de verdad lo que puede hacer en nuestro corazón, la comunicación diaria con Jesucristo. La mujer que desarrolla su interioridad y tiene esa comunión amorosa con su creador está mejor preparada para salir al encuentro del amor siendo hija, hermana, amiga, religiosa, esposa, madre, profesional, servidora.

Somos seres de encuentro y como mujeres somos las que debemos tomar la iniciativa. Pero esa iniciativa nunca podrá tomarse o verse con la enorme y trascendental importancia que tiene mientras sigamos siendo superficiales, materialista y egoístas. Estos son los obstáculos que debemos de vencer para poder poner la esencia de lo verdaderamente femenino en el mundo y de esta forma cristianizarlo con profundidad y no a medias. Por eso se requiere mujeres que estén dispuestas a vivir el compromiso.

Ser una católica de pies a cabeza, implica dificultad y sacrificio. ¿Acaso no te sacrificas en tus gustos o decisiones por lo que le gusta a tu pareja? Ese sacrificio significa un cambio, un convertir el “yo” en “tu”.

Cuando hay vida interior hay un cambio en la conducta. Se crece humanamente y se vuelve frondosa la vocación específica de mujer. ¡Hay que acercarse a Jesucristo con la oración! Porque con la práctica diaria de la oración se trabaja directamente sobre el corazón, y se van cayendo las costras del egoísmo y la malicia y pasa a plantarse firmemente la madurez y serenidad de la generosidad y el significado de ser un lazo, un eslabón, un clavo en la cruz. Sujetar, acompañar, solidarizarse con Cristo que pasa, estar atenta. Labor de mujer, misión femenina.

Cuando hay vida interior dispuesta a la revelación de las propias miserias, se puede ver lo que hace el materialismo y la excesiva preocupación por los años y el cuerpo al alma. Se visualiza claramente que todo eso no deja crecer y no permite despojarse del estar pensando solo en una misma. Por eso la oración es el trabajo más exquisito, fino y delicado que el Espíritu Santo descubre al alma de una mujer cuando está entra desnuda con su propia verdad y con la docilidad de ser transformada. La mujer con esa actitud entonces, sale a la calle liberada, fuerte y segura para la batalla y puede ser una influencia poderosísima en todos los ambientes y con las otras mujeres a las que desde esa dimensión ve como hermanas.

La mujer con vida interior es un sistema totalmente abierto, es la que descubre lo inmenso de su propia inteligencia y puede entonces poner el motor de la voluntad en marcha. Se convierte así en esa Mujer Ejemplar que no es fácil de hallar (2). En la que se puede confiar y reposar porque desde el lugar que en la vida le corresponde coloca a Cristo siempre, siempre en la cumbre. De todas sus actividades humanas (3).

¿Querrá todo esto decir que renunciaré a los placeres del mundo, a la moda, a las fiestas, a la aspiración profesional? ¿No será esto enajenación, idealismo? No. No te pierdas. No es renunciar a la moda, ni a las aspiraciones profesionales. No es enajenación ni es idealismo. Es el descubrimiento de tu propia inteligencia, de tu nombre y de tu fuerza. Es encontrar lo denso del valor de lo femenino, vivirse intensamente gozosa de ser una mujer. Es vivir con valentía un tiempo de decisión en el que yo te pregunto: Y a ti, ¿qué te sostiene?

1. Juan Pablo II

2. Proverbios 31,10

3. José María Escriva de Balaguer.

Culto a la figura, sexualidad femenina y moda


Sheila Morataya-Fleishman

Dicen las revistas de moda que dentro de sus páginas se puede encontrar todo lo que se necesita para lograr la figura ideal que cada mujer quiere tener. Los artículos y anuncios nos hablan de cremas que queman la grasa, pastillas para acelerar el metabolismo y, hasta la famosa dieta de repollo. Claro, las revistas promueven el culto a la figura. ¿En qué te hace pensar esto? Yo pienso en mujeres delgadas, mujeres jóvenes, mujeres sin una gota de grasa en sus cuerpos y vestidas a la última moda. Se me vienen también a la cabeza cinturas de avispa a fuerza de mucha ensalada, manos que no envejecen y, mujeres que sacrifican todo por la belleza volviéndose anoréxicas, bulímicas y compulsivas. A la cabeza de esta lista están las modelos y los modelos, pues ellos también padecen y son quizá los dioses de este culto. “De hecho yo fui modelo”.

El culto a la figura inunda rabiosamente todos los medios de comunicación, la prensa, la radio y la televisión. Nadie se ha salvado. El culto a la figura ha llegado a nuestras madres jóvenes y no tan jóvenes y a nuestras hijas de 8 años y un poco más. Créame, le estoy diciendo la verdad. En nuestro tiempo no es la muñeca Barbie el modelo, hoy es la muñeca Bratz que, con la misma delgadez de la Barbie pero con labios carnosos y sensuales, ojos que hechizan a cualquiera y vestimenta que seduce, le dicen a nuestras niñitas: mira, así somos las mujeres hoy, 5 libras de más y olvídate, pues no pasarás la prueba.

Necesidad de despertar y actuar.

¿Hasta cuándo seguiremos durmiendo y apoyando todo esto, nosotras mujeres que hacemos y defendemos la cultura? ¿Le parece amigo lector que son estos modelos la noción de feminidad que queremos transmitir a las niñas? ¿Cómo evitar caer en estas trampas que inclusive muchas de nosotras como mujeres nos hemos creído? ¿Quién se animará a reinventar las muñecas? Supongamos que es cada una de nosotras la que trabaja para proveer a nuestras hijas y nuestras mujercitas una nueva mirada hacia lo que realmente significa ser mujer y estar a la moda.

¿Mujer o género?

La mujer es más que un género. ¿Y qué es el género? Es el vocablo utilizado que no contiene en sí mismo el significado de ser mujer. Este vocablo se queda corto para expresar lo que la mujer es en toda su profundidad. Por su constitución ontológica, la persona es una unidad substancial de cuerpo y espíritu. La naturaleza humana existe de dos modos distintos como varón y como mujer, de aquí que ambos posean la misma dignidad. La mujer es un ser sexuado. Cuando hablamos de sexualidad hablamos de la totalidad de la persona como hombre o mujer. Es por esto que la mujer debe defender esa dignidad propia que radica en ella, siendo muy celosa y cuidadosa a la hora de vestirse.

Cuando la persona nace, nace desnuda y de inmediato se la cubre, pues se quiere proteger su intimidad. Profundizar en torno a esto con nuestras hijas es muy necesario, pues ayudará a la joven a comprender el porqué es importante vestirse y ser cuidadosa en cuanto a la moda que se lleva, pues si la mujer quiere que se la ame por el significado profundo de ser persona-mujer y por su dignidad, será necesaria la educación de una misma como mujer y madre en cuanto a la forma que se mira y se lleva la moda, pues ésta puede ayudar o ser obstáculo para alcanzar el fin que cada una tiene como mujer.

Dicen que en la moda, hoy, todo se vale. Sin embargo, yo no estoy de acuerdo con esto. No se vale caer en el permisivismo y en el acomodamiento de porque esta de moda y porque todo el mundo lo lleva hay que hacerlo. No se vale que permitamos que a nuestras hijas y niñas no se les inculque el celo por lo moral y por la belleza de su dignidad femenina debido a la falta de formación en una misma. ¡Piénsalo!