Santoral del 03 de Mayo


Autor: . | Fuente: ACI Prensa
Felipe y Santiago el Menor, Santos
Apòstoles, Mayo 3
Felipe y Santiago el Menor, Santos
Felipe y Santiago el Menor, Santos

Apóstoles

San Felipe era originario de Betsaida de Galilea. San Juan habla de él varias veces en el Evangelio. Narra que el Señor Jesús llamó a Felipe al día siguiente de las vocaciones de San Pedro y San Andrés. De los Evangelios se deduce que el Santo respondió al llamado del Señor .Escritores de la Iglesia primitiva y Eusebio, historiador de la Iglesia, afirman que San Felipe predicó el Evangelio en Frigia y murió en Hierápolis. Papías, obispo de este lugar, supo por las hijas del apóstol, que a Felipe se le atribuía el milagro de la resurrección de un muerto.

A Santiago se le llama “el Menor” para diferenciarlo del otro apóstol, Santiago el Mayor (que fue martirizado poco después de la muerte de Cristo).

El evangelio dice que era de Caná de Galilea, que su padre se llamaba Alfeo y que era familiar de Nuestro Señor. Es llamado “el hermano de Jesús”, no porque fuera hijo de la Virgen María, la cual no tuvo sino un solo Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, sino porque en la Biblia se le llaman “hermanos” a los que provienen de un mismo abuelo: a los primos, tíos y sobrinos (y probablemente Santiago era “primo” de Jesús, hijo de alguna hermana de la Sma. Virgen). En la S. Biblia se lee que Abraham llamaba “hermano” a Lot, pero Lot era sobrino de Abraham. Y se le lee también que Jacob llamaba “hermano” a Laban, pero Laban era tío de Jacob. Así que el decir que alguno era “hermano” de Jesús no significa que María tuvo más hijos, sino que estos llamados “hermanos”, eran simplemente familiares: primos, etc.

San Pablo afirma que una de las apariciones de Jesús Resucitado fue a Santiago. Y el libro de Los Hechos de los Apóstoles narra cómo en la Iglesia de Jerusalén era sumamente estimado este apóstol. (Lo llamaban “el obispo de Jerusalén”). San Pablo cuenta que él, la primera vez que subió a Jerusalén después de su conversión, fue a visitar a San Pedro y no vio a ninguno de los otros apóstoles, sino solamente a Santiago. Cuando San Pedro fue liberado por un ángel de la prisión, corrió hacia la casa donde se hospedaban los discípulos y les dejó el encargo de “comunicar a Santiago y a los demás”, que había sido liberado y que se iba a otra ciudad (Hech. 12,17). Y el Libro Santo refiere que la última vez que San Pablo fue a Jerusalén, se dirigió antes que todo “a visitar a Santiago, y allí en casa de él se reunieron todos los jefes de la Iglesia de Jerusalén” (Hech. 21,15). San Pablo en la carta que escribió a los Gálatas afirma: “Santiago es, junto con Juan y Pedro, una de las columnas principales de la Iglesia”. (Por todo esto se deduce que era muy venerado entre los cristianos).

Cuando los apóstoles se reunieron en Jerusalén para el primer Concilio o reunión de todos los jefes de la Iglesia, fue este apóstol Santiago el que redactó la carta que dirigieron a todos los cristianos (Hechos 15).

Hegesipo, historiador del siglo II dice: “Santiago era llamado ‘El Santo’. La gente estaba segura de que nunca había cometido un pecado grave. Jamás comía carne, ni tomaba licores. Pasaba tanto tiempo arrodillado rezando en el templo, que al fin se le hicieron callos en las rodillas. Rezaba muchas horas adorando a Dios y pidiendo perdón al Señor por los pecados del pueblo. La gente lo llamaba: ‘El que intercede por el pueblo’”. Muchísimos judíos creyeron en Jesús, movidos por las palabras y el buen ejemplo de Santiago. Por eso el Sumo Sacerdote Anás II y los jefes de los judíos, un día de gran fiesta y de mucha concurrencia le dijeron: “Te rogamos que ya que el pueblo siente por ti grande admiración, te presentes ante la multitud y les digas que Jesús no es el Mesías o Redentor”. Y Santiago se presentó ante el gentío y les dijo: “Jesús es el enviado de Dios para salvación de los que quieran salvarse. Y lo veremos un día sobre las nubes, sentado a la derecha de Dios”. Al oír esto, los jefes de los sacerdotes se llenaron de ira y decían: “Si este hombre sigue hablando, todos los judíos se van a hacer seguidores de Jesús”. Y lo llevaron a la parte más alta del templo y desde allá lo echaron hacia el precipicio. Santiago no murió de golpe sino que rezaba de rodillas diciendo: “Padre Dios, te ruego que los perdones porque no saben lo que hacen”.

El historiador judío, Flavio Josefo, dice que a Jerusalén le llegaron grandes castigos de Dios, por haber asesinado a Santiago que era considerado el hombre más santo de su tiempo.

Este apóstol redactó uno de los escritos más agradables y provechosos de la S. Biblia. La que se llama “Carta de Santiago”. Es un mensaje hermoso y sumamente práctico. Ojalá ninguno de nosotros deje de leerla. Se encuentra al final de la Biblia. Allí dice frases tan importantes como estas: “Si alguien se imagina ser persona religiosa y no domina su lengua, se equivoca y su religión es vana”. “Oh ricos: si no comparten con el pobre sus riquezas, prepárense a grandes castigos del cielo”. “Si alguno está triste, que rece. Si alguno se enferma, que llamen a los presbíteros y lo unjan con aceite santo, y esa oración le aprovechará mucho al enfermo” (de aquí sacó la Iglesia la costumbre de hacer la Unción de los enfermos). La frase más famosa de la Carta de Santiago es esta: “La fe sin obras, está muerta”.

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Autor: P. Felipe Santos | Fuente: Catholic.net
Santa Cruz
Fiesta, Mayo 3
Santa Cruz
Santa Cruz

Fiesta
Mayo 3

Etimológicamente significa “lo mismo”. Viene de la lengua latina.

Hoy se celebra en Granada y en el mundo el día de la Cruz. Una preciosa fiesta popular que arranca desde el día en que se encontró la Santa Cruz en el año 326.

Casi todas las fiestas tienen un origen religioso. Hay algunos que en la actualidad las quieren convertir simplemente en culturales, abandonado su trasfondo religioso.

Eusebio de Cesarea fue un gran historiador de aquellos tiempos. Cuenta en sus libros que el General Constantino no era creyente pero le tenía mucho respeto a los cristianos por su paz y el bien que hacían en todos sitios.

Antes de una dura batalla contra Majencio –jefe de Roma -, tuvo un sueño en el que pudo contemplar una cruz luminosa y una voz que le decía:”Con este signo vencerás”

Y sin tener la menor duda de su triunfo, puso en todos los estandartes y banderas la cruz. Y arengando a las tropas les decía:”Confío en Cristo en quien cree mi madre Elena”.

Al ganar la batalla, llegó bien pronto a ser emperador. Decretó el cese de perseguir a los cristianos y la libertad religiosa.

Hay, además, otros escritores célebres como san Ambrosio y Juan Crisóstomo afirman que Elena se fue a Jerusalén en busca de la Cruz del Señor.

Los arqueólogos se emplearon a fondo en esta labor. Al cabo del tiempo, encontraron tres cruces. ¿Cuál era la de Jesús? La respuesta se la dio una mujer que estaba muy enferma. Al tocarla, quedó curada.

Elena y el obispo de Jerusalén juntamente con muchos creyentes, la llevaron en procesión por las calles de la ciudad.

A raíz de estos acontecimientos se implantó esta fiesta por todo el orbe cristiano.

Ultimamente, al hacer la reforma del calendario litúrgico, ha desaparecido como fiesta. Pero el pueblo, siempre sencillo, la sigue celebrando.

Por ejemplo es Granada es fiesta. De esta forma, mantiene viva la tradición.

Fiesta de la Santa Cruz en México

¡Felicidades a quienes celebran hoy esta fiesta!

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Autor: P. Felipe Santos | Fuente: Catholic.net
Ventura de Spello, Santo
Confesor, Mayo 3
Ventura de Spello, Santo
Ventura de Spello, Santo

Confesor
Mayo 3

Etimológicamente significa “augurio”. Viene de la lengua latina.

Cuando se vuelven a abrir las heridas del pasado, ¿te atreverías a perdonar incluso a aquellos que ya no están en esta tierra?

¿Amas sólo a aquellos que te aman? Esto lo puede hacer cualquiera sin necesidad del Evangelio. Rezar por aquellos que te hacen daño no es cualquier cosa.

Fue un confesor del siglo XIV. Es un nombre bastante raro en el calendario, y procede de la Edad Media.

Significa “suerte” y se ponía para desearla al recién nacido. Es más frecuente el nombre compuesto de Buenaventura, que lo llevó el famoso teólogo franciscano de Bagnoreggio.
El más célebre con este nombre vivió en la región italiana de la Umbría. Murió mártir hacia el 1250.

Es posible que por devoción a este santo, el de hoy, en la lejana Spello, recibiese su nombre.
Spello se levanta sobre el monte Subasio, entre Asís y Foligno.

Era ya antigua: once siglos a sus espaldas. Aquí nació Ventura. Descendía de una familia llamada Spellicci. Todavía sigue su genealogía viva en la realidad. El no fue franciscano, en contra de lo que se puede pensar.

Estando en Roma, recibió el hábito de los “Crucíferos”, una Orden que suprimiría más tarde el Papa Alejandro VI.

El estudió en Roma, concretamente, en el monasterio de la Fontana de Trevi.

Todo el mundo lo conocía porque llevaba una gran cruz colgada al pecho.

Mas nunca explicó que aquella cruz era el símbolo del martirio y del sacrificio.

Como era hombre de oración y de trabajo para los demás, fundó en su ciudad un albergue para peregrinos. Murió el año 1300.

¡Felicidades a quien lleve este nombre!

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Autor: Xavier Villalta
Estanislao Soltys (Kazimierczyk), Santo
Sacerdote, 3 de mayo
Estanislao Soltys (Kazimierczyk), Santo
Estanislao Soltys (Kazimierczyk), Santo

Sacerdote

Martirologio Romano: En Kazimierz, Polonia, san Estanislao Soltys , presbítero y canónigo regular, que, impulsado por su caridad pastoral, fue ministro diligente de la palabra de Dios, maestro de la vida espiritual y confesor muy solicitado. ( 1489)

Fecha de canonización: 17 de octubre de 2010, durante el pontificado de S.S. Benedicto XVILouis Soltys nació el 27 de septiembre de 1433 en Kazimiers (Polonia) en el seno de una familia de profundas raíces cristianas, sus padres fueron Maciej y Jadwiga Soltys, quienes le proveyeron de una buena educación en la fe.

Luego de sus estudios superiores recibió sendos doctorados en teología y filosofía de Universidad de Jagiello, (Cracovia, Polonia).

Ingresó a la Orden de los Canónigos Regulares Lateranenses en 1456, dedicando su vida a la Eucaristía y al cuidado de los enfermos y los pobres, tomando el nombre Estanislao Kazimierczyk.

Como sacerdote fue reconocido como un gran predicador y confesor. Prior y maestro de novicios en su monasterio. Profesor de filosofía y teología. Amigo de San Juan de Kanty.

Tal como le sucede a muchos santos, la gente que lo conocía lo consideraba un santo en vida, mientras el Padre Estanislao veía su propia vida como una lucha constante por alcanzar la santidad.

Ingresó a la casa del Padre el 3 de mayo de 1489 en su población natal, Kazimiers.

Juan Pablo II confirmó su culto el 18 de abril de 1993.

El 19 de diciembre de 2009 S.S. Benedicto XVI autorizó la promulgación del decreto que reconoce un milagro atribuido a la intercesión del Beato Estanislao, la canonización se realizará el 17 de octubre de 2010.

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Autor: Xavier Villalta
Alejandro I, Santo
VI Papa y màrtir, Mayo 3
Alejandro I, Santo
Alejandro I, Santo

VI Papa

Las fechas exactas de su pontificado son objeto de polémica entre los historiadores ya que mientras Duchesne lo sitúa entre el 106 y el 115, Lightfoot lo sitúa entre el 109 y el 116.

Existe muy poca evidencia histórica de este pontífice. El historiador de la Iglesia Eusebio de Cesarea, lo cita para decir que su pontificado duró diez años, e Ireneo de Lyon lo incluye como uno de los doce primeros papas en su obra Adversus haereses publicada en el 180 d.C.

La tradición dice que instituyó el uso del agua bendita, a la que había que añadir sal, para purificar las casas cristianas, e introdujo en la eucaristía el pan ácimo y el vino mezclado con agua.

También se dice que sufrió martirio al ser decapitado junto a San Evencio y San Teódulo, aunque esta tradición, que data del siglo V, es objeto de polémica desde que, en el siglo XIX, fueron descubiertos en la vía Nomentana, a las afueras de Roma, los restos de tres personas decapitadas y aunque en un principio se atribuyeron a Alejandro I y a sus dos compañeros de martirio y se trasladaron a la iglesia de Santa Sabina, el cuerpo que en un principio se atribuyó a este Papa parece correponder a otro santo llamado también Alejandro.

Considerado santo por la Iglesia Católica, su festividad se celebra el 3 de mayo.

Hacia el 115, al final del pontificado de Alejandro I, como obispo de Roma, Ignacio de Antioquía escribe a los romanos ensalzando la dignidad de la Iglesia de Roma.

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Autor: . | Fuente: Franciscanos.org
Eduardo José Rosaz, Beato
Obispo, Mayo 3
Eduardo José Rosaz, Beato
Eduardo José Rosaz, Beato

Eduardo Rosaz, obispo de Susa, miembro de la Orden Franciscana Seglar desde antes de su ordenación sacerdotal, fundador de la Congregación de las «Franciscanas Misioneras de Susa», se distinguió por su entrega al apostolado y por su celo pastoral; dedicó gran atención al clero, llevó vida de pobreza y demostró un exquisito amor a los pobres.

Edoardo Giuseppe Rosaz nació en Susa (Turín, Italia) el 15 de febrero de 1830. Recibió una educación cristiana sólida y genuina. A causa de su frágil salud, sus padres le pusieron un maestro en casa. Cuando tenía diez años, su familia se trasladó a Turín y entonces fue enviado al colegio Gianotti de Saluzzo. Tres años después murió su padre y, al año siguiente, un hermano. A los quince años volvió con su familia a Susa, donde se rodeó de amigos, escogiéndolos entre los jóvenes mejores de la ciudad. Durante las vacaciones instruía a los niños en las verdades religiosas. En 1847 ingresó en el seminario. En 1853 se inscribió en la Tercera Orden de San Francisco, cuyo ideal y espíritu promovió desde ese momento y al que permaneció siempre fiel.

Recibió la ordenación sacerdotal el 10 de junio de 1854. Sin preocuparse de trabajos y molestias, buscaba siempre con alegría el bien espiritual y material de los fieles, y colaboraba con celo y desinterés en el cuidado pastoral, cultivando diversas formas de apostolado: se dedicó con entusiasmo a la predicación, a la catequesis, al ministerio de la reconciliación y a las obras sociales. Alimentaba su vida espiritual con la oración, la meditación, la misa, la adoración eucarística, y fomentaba esto mismo en las religiosas por él fundadas, las Franciscanas Misioneras de Susa. En 1874 fue nombrado rector del seminario de Susa, en cuyo cargo tuvo como principio educativo: «firmeza dulce y dulzura firme», «prevención mejor que castigo».

El 26 de diciembre de 1877 fue nombrado obispo de Susa; recibió la consagración episcopal el 24 de febrero de 1878 en la catedral. En su nuevo cargo se distinguió por su celo, prudencia pastoral, abnegación y dinamismo misionero: dedicó gran atención al clero, para el que fue un buen pastor; potenció el seminario diocesano y visitó varias veces la diócesis, incluso las parroquias más aisladas. Era amigo íntimo de Don Bosco, a quien vio por última vez en Turín en 1888.

Murió la mañana del 3 de mayo de 1903. Fue beatificado por Juan Pablo II el 14 de julio de 1991 en Susa.

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Autor: . | Fuente: ar.geocities.com/misa_tridentina01
Emilia Bicchieri, Beata
Dominica, Mayo 3
Emilia Bicchieri, Beata
Emilia Bicchieri, Beata

La Beata Emilia Bicchieri nació en Vercelli en 1238.

Habiendo perdido a su madre a muy temprana edad, se puso bajo la especial protección de la Madre de Dios.

No accedió a los planes de su padre que la quería casar, y lo convenció para que le construyera un convento, el primero de la orden regular de terciarias dominicas, del que se convirtió en abadesa a la edad de veinte años.

Habiendo sido elegida priora contra su voluntad, gobernó con tacto y habilidad, tuvo la sabiduría de no ordenar a nadie lo que ella misma no haría.

Llamaba la atención por la frecuencia con que comulgaba (algo no común en esos días). Se le atribuyen muchos éxtasis, visiones y milagros.

Murió el día de su cumpleaños, el 3 de mayo, a la edad de setenta y cinco años.

Su culto fue aprobado en 1769. Sus reliquias son celosamente custodiadas en la Catedral de Berzelli

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Autor: . | Fuente: ar.geocities.com/misa_tridentina01
Juvenal de Narni, Santo
Obispo, Mqyo 3
Juvenal de Narni, Santo
Juvenal de Narni, Santo

San Gregorio Magno en el Diálogo (IV, 12) y en la Homiliae in Evangelium, recuerda a un Obispo de Narni, de nombre Juvenal (Giovenale), calificándolo de mártir. Pero el Lanzoni obseva que este pontífice da el título de mártir aún a los obispos que no murieron por la fe. El Mismo Gregorio recuerda el sepulcro de san Juvenal en Narni. El Martirologio de Floro y de Adone lo mencionan con esta indicación: “Natale sancti Juvenalis episcopi et confessoris”.

También existe una vida de san Juvenal, escrita después del SigloVII, de escaso valor histórico, según la cual, era de origen africano y, ordenado por el Papa Dámaso, fue el primer Obispo de Narni. Siempre según esta vida, fue sepultado en la puerta superior de la ciudad, bajo la via Flaminia, el 7 de agosto de 376.

Se cree que ejerció la medicina antes de ser consagrado obispo de Narni y que salvó a esta población de la invasión de los sármatas haciendo bajar fuego del cielo sobre ellos.

Los hagiógrafos no le dan el título de mártir, sino el de confesor.

El sepulcro de san Juvenal sobre el que fue construido un oratorio atribuido a su sucesor Massimo, fue muy venerado en la antigüedad y aún se conserva en la Catedral de Narni. La inscripción no es antigua. El autor de la Vida del Papa Vigilio (537-555), en el “Liber Pontificalis” habla de un monasterio que Belisario fundó cerca de Orte, dedicándolo a San Juvenal.

En el siglo IX, el cuerpo de san Juvenal fue trasportado a Lucca, junto con los de los santos Casio y Fausta y pero enseguida fue restituida a Narni.

Fossano, diócesis perteneciente a la provincia de Cuneo, venera a san Juvenal como su protector, pretendiendo que sus reliquias se conservan allí, pero pueden ser las de otro santo del mismo nombre.

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Autor: Xavier Villalta
María Leonia Paradis, Beata
Fundadora, 3 de mayo
María Leonia Paradis, Beata
María Leonia Paradis, Beata

Fundadora de las Hermanitas de la Sagrada Familia

Beata María Leonia Paradis, del germánico, probable variante de Leonila: “la que lucha como un león”.

Nacida en Acadie Canadá el 12 de mayo de 1840.

Sus padres fueron piadosos cristianos de escasos recursos. En su juventud ingresó con las religiosas Marianitas de la Cruz.

Realizó trabajos al servicio del prójimo, en Nueva York e Indiana y en el colegio canadiense de Memramcook.

Contagiaba a otros por su gran amor a Dios, al ofrecer y realizar las labores más sencillas y los sacrificios implícitos en éstas.

Con frecuencia solicitaba: “Señor, muéstrame tus caminos”, la respuesta del Creador no se hizo esperar: unida a otras jóvenes funda la Congregación de la Hermanitas de la Sagrada Familia, cuyo compromiso es realizar trabajo doméstico en escuelas y seminarios.

Uno de los principios rectores de las Hermanitas es encontrar la paz y la alegría en la entrega generosa al servicio del prójimo.

María Leonia falleció en Sherbrooke (Quebec, Canadá) el 3 de mayo de 1912.

Fue beatificada por Juan Pablo II el 11 de Septiembre de 1984 en Montreal, Canadá.

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Autor: . | Fuente: santiebeati.it
Tomás Acerbis de Olera, Beato
Laico capuchino, 3 de mayo
Tomás Acerbis de Olera, Beato
Tomás Acerbis de Olera, Beato

Mendicante Capuchino

Martirologio Romano: En Innsbruck, Austria, Beato Tomás Acerbis de Olera, laico profeso de la Orden de los Frailes Menores Capuchinos ( 1631)

Fecha de beatificación: 21 de septiembre de 2013, durante el pontificado de S.S. FranciscoFray Tomás de Olera fue un campeón de la defensa de la fe y la promoción de la piedad popular en Tirol y Véneto en la primera mitad del siglo XVII.

Se llamaba Tomás Acerbis y nació en el pequeño pueblo de Olera, situado en el Val Seriana (Bérgamo) en 1563, fue pastor hasta los 17 años, cooperando así con sus padres para su subsistencia dada la pobreza en la que su familia vivía, nunca pudo estudiar -en la región no había escuelas- por lo que era analfabeto.

El 12 de septiembre de 1580, ya con 17 años, ingresó a la Orden Franciscana Capuchina en el convento de Verona, donde aprendió a leer y escribir, probando ser un joven novicio lleno de todas las virtudes.

Hizo su profesión el 5 de julio de 1584 recibiendo la tarea mendigar en Verona (hasta 1605) y luego en Vicenza (hasta 1612) y en Rovereto (entre 1613 y 1617). En sus recorridos fuera del convento logró reconciliaciones y el perdón entre las personas, visitó y consoló a los enfermos, escuchaba y dio animo a los pobres, denunciando el mal y logró muchas conversiones.

Su obra de apostolado se alimentada de la oración nocturna, la penitencia que infligía a su cuerpo, el ayuno y la austeridad; fue inspirador -especialmente entre las damas- de muchas vocaciones religiosas. Entre 1612 y 1613 promovió la construcción del monasterio capuchino en Vicenza, cerca de Porta Nuova; el mismo esfuerzo lo dedicó luego a la construcción del monasterio de las clarisas en Rovereto, construido en 1624.

En 1618 se encuentra en Padua como portero del convento, desde hace ya un año antes era amigo y guía espiritual de Ippolito Guarinoni Hall, un hombre de ciencias y médico de la corte de Innsbruck; en 1619 por presión del archiduque del Tirol, Leopoldo V de Habsburgo, fue destinado a Innsbruck como mendicante.

Pero allí no sólo fue un mendicante, fue el guía espiritual de “Virgen de Hall”, un centro educativo para las nobles niñas tirolesas. Mediante cartas, y entrevistas en palacio, dirigió espiritualmente a las archiduquesas María Cristina y Leonor de Habsburgo, hermanas de Leopoldo V, así como a Claudia de Medici esposa del archiduque.

Cuidó la vida espiritual de Fernando II, emperador de Austria, siendo su consejero durante la Guerra de los Treinta Años (1618-48); fue amigo y consejero de los duques de Baviera Maximiliano I e Isabel, con su corte en Mónaco, donde en 1620 fue capaz de convertir al catolicismo al ex luterano duque de Weimar; entre 1620 y 1621 en la corte imperial de Viena logró la conversión desde el luteranismo de la viuda del conde de Lerchenverg, George Fleicher, Eva Maria Rettinger que llegó a ser la abadesa del monasterio benedictino en Salzburgo.

Estrictamente fue un simple hermano lego, no fue sacerdote, pero era capaz de hablar bien acerca de Dios, suscitando en quien lo escuchara asombro y sorpresa, educando la fe de las personas -sean gobernantes, humildes o nobles- e impregnándolo todo con amor.

La obediencia y humildad le hizo ser el “hermano mendicante” durante casi 50 años y ser consejero del arzobispo Paris Lodron, príncipe de Salzburgo. Llevó a cabo trabajo social a favor de los mineros de Taufers y en los valles del Inn y del Adigio; luchó contra las ideologías luteranas que se expandían rápidamente.

En sus escritos reconoce ya la Inmaculada Concepción y la Asunción de Nuestra Señora a los cielos; peregrinó en tres ocasiones (1623, 1625, 1629) a la Santa Casa de Loreto, fue el promotor de la construcción de la primera iglesia en la tierra de lengua alemana dedicada a la Inmaculada Concepción, su levantamiento se inició en 1620, obra que con diversas ayudas y la superación de dificultades de todo tipo, se completó en 1654, es considerado un monumento nacional en Austria.

Fray Tomás de Olera murió piadosa y devotamente el 3 de mayo de 1631 y fue enterrado en la cripta de la Capilla de Nuestra Señora, en la iglesia de los Capuchinos en Innsbruck. En los siglos siguientes, la Iglesia ha dado testimonio de la fama de santidad y del brillante trabajo realizado por el humilde fraile de Bérgamo, que fue capaz de hablar de Dios -sin problemas- a los pobres y a los poderosos de su tiempo.

El Papa Juan XXIII lo definió como “verdadero y santo maestro espiritual”, Pablo VI lo recordó cómo “valioso instrumento de la renovación espiritual… que brilla en la historia de esa época gloriosa junto con los más ardientes defensores de la Reforma Católica”.

Siglos después de su retorno a la casa del Padre, el 28 de febrero de 1967, en Bérgamo, se comenzó el proceso de información, la introducción del decreto de la causa de beatificación se llevó a cabo el 4 de diciembre de 1980, el decreto sobre las virtudes y el título de Venerable se firmó el 23 de octubre de 1987, y el 10 de mayo de 2012 se promulgó el decreto, firmado por S.S. Benedicto XVI, que reconoce un milagro gracias a la intercesión del Venerable Tomás de Olera, lo cual permitirá su próxima beatificación que se realizará, Dios mediante, el 21 de septiembre de 2013.

El milagro en cuestión ocurrió el 30 de enero de 1906 (hace 106 años) en la localidad italiana de Vicenza, donde Bartolomé Valerio, de 31 años, se encontraba en estado crítico debido a una gravísima enfermedad respiratoria que iba a acabar con su vida. La familia, lejos de perder la esperanza, situó debajo de la almohada del enfermo una estampa de Tomás de Olera, pidieron su intercesión y se produjo la inexplicable e inmediata curación.

responsable de la traducción: Xavier Villalta

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Fiesta de la Santa Cuz


Autor: P. Felipe Santos | Fuente: Catholic.net
Santa Cruz
Fiesta, Mayo 3
Santa Cruz
Santa Cruz

Fiesta
Mayo 3

Etimológicamente significa “lo mismo”. Viene de la lengua latina.

Hoy se celebra en Granada y en el mundo el día de la Cruz. Una preciosa fiesta popular que arranca desde el día en que se encontró la Santa Cruz en el año 326.

Casi todas las fiestas tienen un origen religioso. Hay algunos que en la actualidad las quieren convertir simplemente en culturales, abandonado su trasfondo religioso.

Eusebio de Cesarea fue un gran historiador de aquellos tiempos. Cuenta en sus libros que el General Constantino no era creyente pero le tenía mucho respeto a los cristianos por su paz y el bien que hacían en todos sitios.

Antes de una dura batalla contra Majencio –jefe de Roma -, tuvo un sueño en el que pudo contemplar una cruz luminosa y una voz que le decía:”Con este signo vencerás”

Y sin tener la menor duda de su triunfo, puso en todos los estandartes y banderas la cruz. Y arengando a las tropas les decía:”Confío en Cristo en quien cree mi madre Elena”.

Al ganar la batalla, llegó bien pronto a ser emperador. Decretó el cese de perseguir a los cristianos y la libertad religiosa.

Hay, además, otros escritores célebres como san Ambrosio y Juan Crisóstomo afirman que Elena se fue a Jerusalén en busca de la Cruz del Señor.

Los arqueólogos se emplearon a fondo en esta labor. Al cabo del tiempo, encontraron tres cruces. ¿Cuál era la de Jesús? La respuesta se la dio una mujer que estaba muy enferma. Al tocarla, quedó curada.

Elena y el obispo de Jerusalén juntamente con muchos creyentes, la llevaron en procesión por las calles de la ciudad.

A raíz de estos acontecimientos se implantó esta fiesta por todo el orbe cristiano.

Ultimamente, al hacer la reforma del calendario litúrgico, ha desaparecido como fiesta. Pero el pueblo, siempre sencillo, la sigue celebrando.

Por ejemplo es Granada es fiesta. De esta forma, mantiene viva la tradición.

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Hallazgo de la Santa Cruz

La galanura de mayo ofrece a la vida, sobre los altares de la primavera, un cáliz opulento de rosas. Pienso en el buen Dios que, cada amanecer, pone un lujo de diamantes en el rocío, canciones en los pájaros, oro maduro en los trigales y una tierna esperanza en el corazón del hombre. Suspira San Juan de la Cruz, escoltado por los ángeles que habitan el aire inocente del alba: “¡Oh bosques y espesuras, plantadas por la mano del Amado!”. Y le responden, en un salterio de colores y de perfumes, todas las criaturas humildes que resucitan con la primavera —las golondrinas, las aguas de las fuentes, los almendros—para que el alma enamorada se acerque más a su Dios.

Todo vuelve a vivir ahora. Porque no sabemos dónde —si en la brisa o en la estrella, a las orillas del mar, entre las palmas del huerto o en la pequeña casa de nuestro corazón— unas campanas celestes repican sus alleluias de júbilo a Jesucristo resucitado, que se alza de su sepulcro, como Dux invencible de la vida. Miradle cuando se aparece de hortelano a la Magdalena, de peregrino a los peregrinos de Emaús, que arrastran, en la sobretarde, las sombras de su propia melancolía, entre un cansado andar de dudas y de incertidumbres. Y, en el Cenáculo, al fin, como Maestro, en medio de los apóstoles. Al abrir, de saludo, sus brazos, para que se certifiquen de que no es un fantasma, una claridad sangrienta anuda las cinco rosas de sus llagas sobre la carne real, pero celeste. Y, así, la cruz nos queda en el mundo redentora, palpitante, viva.

Para la augusta fiesta de este día escribió San Pablo a los gálatas: “Nosotros sólo podemos gozarnos en la cruz de Nuestro Señor Jesucristo, en el cual reside nuestra resurrección y nuestra vida, y por el que hemos alcanzado la libertad y la salud”. Y entonces, como un eco risueño de este “introito” que canta la santa misa, todas las flores de la primavera se suben impacientes a los altares de mayo para ungir de su gozo la gloria de la cruz. Os diré los motivos.

En los días cruciales de la disolución del Imperio romano. Parece increíble que aquella orgullosa república, extendida por todo el orbe conocido, con la geografía de sus calzadas y el ímpetu de sus legiones, hubiera de desmoronarse ante la pequeña comunidad de creyentes sembrada por Pedro entre la tiniebla de las catacumbas. Y así fue, contra todos los pronósticos racionales y los paganos augurios de los Césares.

La nueva religión de la cruz, purificada en las controversias de los retóricos y de los sofistas, ha crecido en multitud de milagros, cuando los emperadores la creían aniquilada con la arbitrariedad de sus edictos de persecución. El testimonio de la sangre siembra poderosos crecimientos. Y el misterio vital, paradójico, de la cruz hace que la carne destruida y caliente de los mártires no sufra los rigores de la corrupción, sino que palpite, con una elocuente y divina presencia, en los discursos del Foro, en los juegos sensuales de las Termas, en la solemnidad del Senado, hasta subir a la cúpula del Capitolio para imperar desde allí.

Ahora son los mejores. Y tanto influyen en la conciencia del pueblo que el Imperio no les puede ignorar. El edicto de Galerio plantea el difícil tema de los cristianos en su punto más realista. Por el futuro de la república, incierto ya y vacilante, se impone una tregua política, que, en la realidad, nada resuelve. Sólo la libertad de la Iglesia de Cristo pondrá paz en los corazones y grandeza en el regimiento de los ciudadanos destinos.

Pues el hombre vocado a tan augusta empresa es Constantino. Eusebio de Cesarea nos describe en su Historia el perfil de este príncipe pagano. “Era, en su juventud florida, de talla eminente, la fisonomía noble y hermosa, fina y fuerte su musculatura. Pero aún subyugaba más por la ternura de su corazón ancho y por la luz de sus ojos que irradiaban realeza y poder”. De otras fuentes sabemos que amaba la soledad meditabunda y que su alma no se saciaba en las filosofías groseras del politeísmo, sino que trascendía a la busca de la única Divinidad, a quien, aun sin conocerla, gustaba de invocar con el nombre de “Padre del cielo”.

Imperaba en las Galias, compartiendo el poder con Majencio y Licinio. Los reinos divididos dan en la disolución y en la ruina. Y la guerra estalla entre los tres, como siempre, por piques de rivalidad y de soberbia. Constantino es multitudinario en el fervor de su pueblo y entre sus fieles legiones. Semejante aureola recome a Majencio, que pretexta vengar con sangre el supuesto asesinato de Máximo Hércules, por intrigas de Constantino. Pero el gran viento de las victorias empuja a los cien mil soldados desde las Galias hasta Turín, por Brescia y Verona, y a todo lo largo de la vía Flaminia. Constantino tenía videncias de su propio triunfo, porque no combatía solamente con sus ejércitos, sino con el poder divino de aquel anagrama que, a la luz sangrienta del otoño, resplandecía en los estandartes y sobre el pecho de sus leales, recordando otra batalla más cruel y decisiva: la de Cristo en la cruz. Y con su nombre iba seguro a la victoria.

Fue así el milagro, según lo refiere Eusebio, recogido de los mismos labios del emperador. Que a los comienzos de esta injusta guerra embargaba su espíritu el pensamiento de la muerte, como acontece a los que llevan oficio de armas. Y repasó en su memoria el fin dramático de todos los emperadores que habían perseguido a los cristianos. Sólo su padre, Constancio, encontró una muerte piadosa, tranquila, serena. ¿Acaso porque quiso bien, en amistad y protecciones, a los creyentes de la cruz? Pide entonces un signo al Señor de los Ejércitos. Y se le dio, en un estupendo milagro. Sobre un cielo deslumbrante de mediodía vio arder una cruz de sangre, con esta divisa: IN HOC SIGNO VINCES. Era el lábaro de su victoria. Y más aún. En el sueño impaciente de aquella noche Cristo se le muestra, ordenándole que sus combatientes, sus armas, sus banderas, lleven su propio nombre sacro e invencible. Y mientras aquel 28 de octubre del 312 se alza al cielo, desde las siete colinas, el incienso inútil ofrecido por Majencio a los dioses paganos, la última batalla del Puente Milvio, sobre el Tíber, proclama a Constantino emperador triunfante en la señal de la cruz.

El famoso Edicto de Milán es el ofrecimiento de su victoria a la cruz. Los cristianos se ven libres, con todos los derechos jurídicos de los ciudadanos de Roma. En su brevedad, una sola idea se repite, con clara intención, para que no haya espacio a interpretaciones o dudas: la perfecta igualdad de ciudadanía para los creyentes, a los que ningún prefecto podrá, en adelante, torturar con los garfios y las cárceles ante la pública profesión de su fe.

Y, a los pocos años, el hallazgo de la cruz, como radiante trofeo de aquella gesta castrense. Era muy lógico que Constantino y los de su casa anhelaran, muy ardidamente, poseer aquella cruz, aparecida en los cielos. Y es su madre Elena la que se pone en piadosa romería hacia Oriente. Todo esto es pura historia. La podemos seguir con Eusebio, por todo el itinerario, entre las aclamaciones entusiastas que la hacen, a su paso, las provincias del Imperio. Visita la cueva de Belén para seguir, con fidelidad, el recuerdo de la vida de Cristo. Sobre el desnudo pesebre, que profanan unos altares en honor de Adonais, edifica un templo majestuoso, “de una hermosura singular, digno de eterna memoria”. Se detiene largamente en el lago, porque aquel mar de Tiberíades, que tiene geografía y curvas de corazón, palpita como el corazón de todo el Evangelio, como el mismo Corazón de Cristo. Y después a las agonías del monte de los Olivos. Y al Calvario.

En este punto nos despedimos de Eusebio de Cesarea, que nos guió minuciosamente, con sus infolios, en la peregrinación de la emperatriz. Los rigores de la crítica histórica hinchan el silencio de este escritor para tejer las insidias de la duda en la maravilla celeste del HALLAZGO. Pero este dato no entenebrece su perfecta historicidad. Lo consignan escritores eminentes: Rufino, Sozomeno, el Crisóstomo, San Ambrosio, y el Breviario Romano lo tiene recibido, en las Lecciones históricas, para la fiesta de este día. Además, Eusebio de Cesarea no ignora el suceso, aunque no lo consigne expresamente, pues reproduce una carta de Constantino a Macario, obispo de Jerusalén, en la que se habla “del memorial de la Pasión escondido, bajo la tierra, durante muy largos años”.

Con las fuentes mencionadas podemos componer la historia así. A los comienzos del siglo IV el más inconcebible abandono cubría los Santos Lugares, a tal punto que la colina del Gólgota y el Santo Sepulcro permanecían ocultos bajo ingentes montañas de escombros. El concilio de Nicea dictó algunas disposiciones para devolver su rango y su prestigio a aquellas tierras sembradas por la palabra y la sangre del Redentor, mientras el mismo Constantino ordenaba excavaciones que hicieran posible recuperar el Santo Sepulcro.

Y allí Elena, alentando con su poder y sus oraciones el penoso trabajo. Se descubre una profunda cámara con los maderos, en desorden, de las tres cruces izadas sobre el Calvario aquel mediodía del Viernes. ¿Cuál de las tres, la verdadera cruz de Jesucristo? Y entonces el milagro, para un seguro contraste. Porque el santo obispo de Jerusalén, a instancias de Elena, las impone a una mujer desvalida, siendo la última la que le devuelve la salud. Aún la tradición añade que, al ser portada la Vera Cruz, procesionalmente, en la tarde de aquel día, un cortejo fúnebre topó con el piadoso y entusiasta desfile, y, deseando el obispo Macario más y más certificarse sobre el auténtico madero, mandó detenerle, como Jesucristo en Naím, cuando los sollozos de la madre viuda le arrancaron del corazón el devolverle la vida a su único hijo muerto. Se probaron, con el que llevaban a enterrar, las tres cruces, y sólo la que ya veneraban como verdadera le resucitó. Era el 14 de septiembre del año 320.

La emperatriz Elena, en nombre de su hijo, edificó allí el “Martyrium” sobre el sepulcro, dejando la cruz, enjoyada en riquísimo ostensorio, para culto y consuelo de los fieles. Una parte fue enviada a Constantino, junto con los cinco clavos, dedicando a tan insignes reliquias la basílica romana de la Santa Cruz de Jerusalén para que toda la cristiandad la venerara y fortaleciera también la “Roca” de Pedro. Dictó, además, Constantino un decreto, por el que nadie sería en adelante castigado al suplicio de la cruz, divinizada ya con la muerte del Hijo de Dios.

Las cristiandades de Oriente celebraron este hallazgo de la cruz con la pompa hierática de su rica liturgia, en el “Martyrium” de Constantino, consagrado el 14 de septiembre del 326. Precedían a la fiesta cuatro días de oraciones y rigurosos ayunos de todas aquellas multitudes que afluían de Persia, Egipto y Mesopotamia. Allí encontró su camino de santidad una mujer egipciaca pecadora que, como la Magdalena, se llamaba María.

Muy pronto la fiesta del hallazgo se incorporó a las liturgias de toda la cristiandad cuando fueron llegando a las Iglesias occidentales las preciosas reliquias del “Lignum Crucis”, como regalo inestimable para promover entre los fieles el recuerdo vivo de nuestra redención.

Tres siglos después —3 de mayo del 630— acontecía en Jerusalén otro suceso feliz. El emperador Heraclio, depuesta la majestad de sus mantos y de su corona, con ceniza en la cabeza y sayal penitente, portaba sobre sus hombros, desde Tiberíades a Jerusalén, la misma Vera Cruz que halló Elena. En un saqueo de la Ciudad Santa fue sustraída por los infieles persas. Y ahora era devuelta al patriarca Zacarías con estos ritos impresionantes de fervor y humildad.

Las liturgias titularon este acontecimiento con el nombre de “Exaltación de la Santa Cruz”. Y, aunque las Iglesias occidentales acogieron con entusiasmo semejante recuperación definitiva del Santo Madero, sólo muy tardíamente fue conmemorada su fiesta, según se ve en el sacramentario de Adriano. El tiempo confundió la historia de ambas solemnidades. Y todo el Occidente cristiano, dando mayor acogimiento y simpatía al hallazgo de la cruz, lo celebró siempre en este día 3 de mayo, dejando para el 14 de septiembre la memoria de la “Exaltación”.

Escribía De Broglie en el pasado siglo: “A la nueva de que Jerusalén se alzaba de sus ruinas, coronada por la verdadera cruz de Cristo, escapóse un grito de alegría de toda la familia cristiana. Dios acababa de consagrar, con un postrer milagro, el triunfo ya maravilloso de su Iglesia. ¡Qué espectáculo este resurgimiento, desde las entrañas de la tierra, de los instrumentos del Suplicio divino, convertidos en una señal de dominación y de victoria. Se creía hallarse presente a la resurrección universal y ver al Hijo del Hombre, entronizado en la nube, venir para coronar a sus fieles servidores”.

Pero la cruz de Cristo resume, en su íntima teología, todos los misterios estremecidos que hilan el dogma de la religión cristiana. Dos proyecciones hacia el infinito: la una, fragante de luz; la otra, sombría de sacrificio y de sangre.

Como signo de libertad para todo el linaje humano, resplandece victoriosa, presidiendo el desfile apresurado de las edades, de las civilizaciones y de la culturas, con una viva presencia impresionante, en todos los corazones que creen, que esperan y que aman. El navío de Pedro puede marear seguro, hasta que pase este mundo y su figura, todos los mares amargos y difíciles, porque lleva, en la vela latina, el signo inmortal de la cruz.

Ella es cima de heroísmos sobre los pechos de los cruzados, engarzada a un laurel perenne de sangre y luz en la pluma de Santo Tomás, que escribe constelaciones de sabiduría; sacrificio en el puño de las espadas que se emplean en los combates de la justicia; amor en los ojos arrobados de Santa Teresa; señorío en la cúpula de todas las coronas; eterno descanso sobre la tierra humilde de las tumbas. ¡La cruz no es sólo bandera de esperanza, sino evidencia gozosa de inmortalidades, porque nos libertó, con su poder divino, de todas las servidumbres del demonio, de las agusanadas ligaduras de la muerte y de la muerte eterna de nuestro pecado! Pero tiene otra cara, también, de suplicio y de escándalo, de agonías desamparadas y de victimación. Aquel día del paraíso, cuando un crepúsculo de melancolía ensombreció toda su plural hermosura, el árbol de la vida, mancillado por el ansia de nuestros padres, quedó allí, como argumento justo de nuestro destierro en el valle de lágrimas que es el mundo, Y había tan infinita fealdad en aquel pecado de origen que sólo Dios podía saldar adecuadamente la deuda. Pues la respuesta al árbol del paraíso está en el árbol de la cruz. Arbol joven, vitalísimo, pero desnudamente sangriento, porque ha servido de altar al sacrificio hasta la muerte del Hijo de Dios, Jesucristo.

El sencillo esquema de su mensaje, del misterio amoroso de su Encarnación, cuando se hace Hombre, inscrito en las miserias de nuestra mortalidad, podía enunciarse así: “Para hacernos conformes con su imagen”. Para que echemos toda nuestra vida incierta y angustiada en el molde caliente de su propia vida. “Aprended de Mí”, nos enseña. Y nos invita: “Si alguno quiere venir conmigo, que tome su cruz y que me siga”. Luego esta cruz, que ahora conmemoramos, debe presidir nuestras vidas y nuestro destino.

La ascesis cristiana aprieta cinturas de ceniza y ayuno a nuestra carne, coronas de espino a nuestro corazón, soledades de agonía al alma. Y, sin embargo, la nuestra es religión iluminada de afirmaciones y optimismo, de infinita belleza porque se nutre del amor. Porque Cristo y su cruz, después de todas las humillaciones y fracasos, entre las burlas y los retos de aquélla chusma que a sus pies bramaba, se alzó —cruz de luz— a las eternas victorias del cielo. Tenia un nombre —Cristo y su cruz—, dado por el Padre, que era superior, en poder y señorío, a todos los más altos y orgullosos nombres. Y ante ese Nombre doblan su adoración los cielos, y sus humildes súplicas la tierra, y su rabia impotente los abismos.

Por eso la primavera ofrece a esta “Cruz de mayo” esclarecida y deslumbrante de vida, un cáliz opulento de rosas. ¡Que también la rosa de nuestro corazón, encendida y caliente, se enrosque, como el de la Magdalena, a las glorias y las victorias de la cruz!

FERMÍN YZURDIAGA LORCA

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El Signo universal de la Santa Cruz


Autor: P. Fernando Pascual LC | Fuente: Catholic.net
El signo universal de la Cruz
Pascua. La Santa Cruz. La Cruz se ha convertido en un símbolo imprescindible. Porque Cristo murió en una Cruz para ofrecer a todos la salvación.

El signo universal de la Cruz
La Cruz es un signo clave para todos los cristianos y para tantos hombres y mujeres de buena voluntad. Es más que un signo, porque encierra un mensaje universal, perenne, necesario para los corazones.

“La señal de la Cruz es de alguna forma el compendio de nuestra fe, porque nos dice cuánto nos ha amado Dios; nos dice que, en el mundo, hay un amor más fuerte que la muerte, más fuerte que nuestras debilidades y pecados” (Benedicto XVI, Lourdes, 14 de septiembre de 2008).

Por eso la Cruz se ha convertido en un símbolo imprescindible. Porque Cristo murió en una Cruz para ofrecer a todos, sin discriminaciones, su Amor, su misericordia, su perdón.

La Cruz nos dice que el amor es más fuerte que el mal, que es posible la salvación. Ese fue uno de los mensajes de las apariciones de Lourdes: la invitación de la Virgen María “a todos los hombres de buena voluntad, a todos los que sufren en su corazón o en su cuerpo, a levantar los ojos hacia la Cruz de Jesús para encontrar en ella la fuente de la vida, la fuente de la salvación” (Benedicto XVI, Lourdes, 14 de septiembre de 2008).

En medio del debate suscitado por algunos que desean quitar cualquier cruz en los lugares públicos (escuelas, tribunales, parlamentos, despachos del gobierno), los creyentes necesitamos descubrir el verdadero significado de ese signo.

Tal vez Dios permite esa fobia, ese deseo de eliminar un signo universal, para sacudir nuestra rutina y para avivar nuestro corazón al contemplar a Jesús, el Inocente, clavado en un madero. Podremos, entonces, gritar y testimoniar, con nuestra vida y con nuestra esperanza, un mensaje que es para todos, que no debemos esconder en las sacristías ni en los hogares.

Vale la pena recordar, desde el dolor que produce ver a seres humanos insensibles ante el mensaje universal de la Cruz, estas palabras del Papa Benedicto XVI en su visita a Lourdes:

“Volvamos nuestras miradas hacia Cristo. Él nos hará libres para amar como Él nos ama y para construir un mundo reconciliado. Porque, con esta Cruz, Jesús cargó el peso de todos los sufrimientos e injusticias de nuestra humanidad. Él ha cargado las humillaciones y discriminaciones, las torturas sufridas en numerosas regiones del mundo por muchos hermanos y hermanas nuestros por amor a Cristo”.