Santoral del 13 de Enero


Autor: P. Ángel Amo. | Fuente: Catholic.net
Hilario de Poitiers, Santo
Obispo y Doctor de la Iglesia, Enero 13
Hilario de Poitiers, Santo
Hilario de Poitiers, Santo

Obispo y doctor de la Iglesia

Martirologio Romano: San Hilario, obispo y doctor de la Iglesia, que fue elevado a la sede de Poitiers, en Aquitania (hoy Francia), en tiempo del emperador Constancio, quien había abrazado la herejía arriana, y luchó denodadamente en favor de la fe nicena acerca de la Trinidad y de la divinidad de Cristo, siendo desterrado, por esta razón, durante cuatro años a Frigia. Compuso unos comentarios muy célebres sobre los Salmos y sobre el evangelio de san Mateo (367).

Etimología; Hilario = Aquel que esta sonriente, es de origen latino.

Nació a principios de siglo IV en Poitiers. Fue llamado “el Atanasio de Occidente”, de quien era contemporáneo. Ambos tuvieron que combatir contra el mismo adversario, el arrianismo. Participaron en las polémicas teológicas con discursos y sobre todo con escritos. Hilario fue desterrado a Frigia por el emperador Constancio, que se había alineado con las decisiones del sínodo arriano de Béziers del año 356.

El contacto con el Oriente fue providencial para el obispo de Poitiers. Durante los cinco años de permanencia en Frigia aprendió el griego y descubrió a Orígenes, como también la gran producción teológica de los Padres orientales, obteniendo una documentación importantísima para el libro que le mereció el título de doctor de la Iglesia: De Trinitate, cuyo título original es De Fide adversus Arrianos. En efecto, era el tratado más importante y profundo que había aparecido hasta entonces sobre el dogma principal de la fe cristiana. A pesar de estar desterrado, no permaneció inactivo. Con el opúsculo Contra Maxertiam atacó violentamente al mismo Constancio, acusándole de cesaropapismo y de inmiscuirse en las disputas teológicas y asuntos internos de la disciplina eclesiástica. De regreso a Poitiers, el valiente obispo continuó su obra pastoral, ayudado eficazmente por el joven Martín, el futuro santo obispo de Tours.

Hilario nació en el seno del paganismo. Su afán por buscar la verdad, le llevó a estudiar las diferentes corrientes filosóficas de la época, recibiendo un influjo especial del pensamiento neoplatónico. La búsqueda de la respuesta sobre el fin del hombre le llevó a la lectura de la Biblia, en donde finalmente encontró lo que buscaba; entonces se convirtió al cristianismo.

Era un noble terrateniente, y cuando se convirtió estaba casado y tenía una hija, Abre, a quien amaba tiernamente. Poco después del bautismo, el pueblo lo aclamó como obispo de su ciudad natal.

Fueron seis años de intenso estudio y predicación, antes de partir para el destierro que, como hemos recordado, perfeccionó su formación cultural y teológica. Junto a la voz retumbante del polemista y del defensor de la ortodoxia teológica, hay en él también otra voz, la del padre y pastor. Humano en la lucha, y humanísimo en la victoria. Defendió a los obispos que reconocían su propio error, y hasta apoyó el derecho a conservar su cargo.
Murió en Poitiers el año 367.

******************************************************************************

Autor: . | Fuente: EWTN
Remigio de Reims, Santo
Obispo, Enero 13
Remigio de Reims, Santo
Remigio de Reims, Santo

Obispo

Martirologio Romano: En la ciudad de Reims, en la Galia Bélgica (hoy Francia), muerte de san Remigio, obispo, que después de iniciar al rey Clodoveo en la fuente bautismal y en los sacramentos de la fe, convirtió a Cristo a todo el pueblo franco y, después de más de sesenta años en el episcopado, falleció célebre por su vida y su santidad (c. 530).

Etimología: Remigio = aquel que rema, es de origen latino.

San Remigio fue el gran apóstol de los franceses. Se hizo célebre por su sabiduría, su admirable santidad y sus muchos milagros. Duró de obispo 70 años y llegó a ser famoso en toda la Iglesia.
Recién ordenado sacerdote ya era considerado como uno de los mejores oradores de su época, y cuando tenía sólo 22 años, fue elegido obispo.

El rey de los franceses, Clodoveo, era pagano y no aceptaba convertirse al cristianismo. Su esposa santa Clotilde rezaba mucho por él y le recomendaba la conversión. Y sucedió que los germanos o alemanes atacaron con fuerte ejército a los francos y Clodoveo salió con sus soldados a defender la patria. Al despedir a su esposo que se iba a la guerra, Clotilde le dijo: “Si quiere obtener la victoria, invoque al Dios de los cristianos. Si tiene confianza en Él, nadie será capaz de derrotarlo”.

Clodoveo prometió convertirse si conseguía la victoria. En plena batalla, cuando el triunfo le parecía imposible, recordando las palabras de su esposa gritó hacia el cielo: “Oh Cristo, a quien mi esposa invoca como hijo de Dios. Te pido que me ayudes. Creo en Ti. Si me salvas de mis enemigos recibiré el bautismo y entraré a tu religión”. Enseguida los franceses atacaron a los alemanes con extraordinario valor y obtuvieron una gran victoria.

Santa Clotilde mandó entonces llamar a San Remigio, que tenía fama de santo y de sabio, y le pidió que se dedicara a enseñar a Clodoveo la doctrina cristiana. El rey al volver victorioso, saludó a su esposa con estas palabras: “Clodoveo venció a los alemanes, y tú venciste a Clodoveo”. Pero ella le respondió: “Esas dos victorias son obra de uno solo: Nuestro Señor Jesucristo”. Desde entones el terrible pagano empezó a estudiar la religión para hacerse bautizar.

Tenía temor de que el pueblo se revolucionara por quererles quitar la religión de sus antiguos dioses, pero el ejército y la multitud, al saber que su rey tan estimado se iba a hacer cristiano, le gritaron al unísono: “Desde hoy nos separamos de los dioses mortales, y nos declaramos seguidores del Dios inmortal del cual nos habla Remigio”.

Nuestro santo y sus sacerdotes se dedicaron con todo empeño a enseñar la religión a Clodoveo y a todos los que se iban a hacer bautizar junto con él. La Reina Clotilde, para impresionar la imaginación de aquel pueblo bárbaro, mandó que adornaran con palmas y flores las calles que llevaban desde el palacio del rey hasta el templo donde iba a ser el bautismo. Y que todo el trayecto y también el templo se iluminara con gran cantidad de antorchas y que fueran quemando incienso que llenara el aire de agradables aromas.

Los que iban a ser bautizados se dirigieron hacia la Casa de Dios cantando las letanías de los santos y llevando cada uno su cruz. San Remigio conducía de la mano al rey, seguido por la reina y todo el pueblo. Antes de echarle el agua del bautismo el santo obispo le dijo: “Orgulloso guerrero: tienes que quemar lo que has adorado, y adorar lo que has quemado”. Con esto quería decirle que en adelante debía abandonar sus antiguas malas costumbres paganas y observar la santa religión de Cristo Jesús.

En seguida San Remigio, ayudado por otros tres obispos y por muchos otros sacerdotes, bautizó a dos hermanas del rey y a tres mil de sus soldados con sus mujeres y niños. Ese fue un día grande en el que la nación francesa empezó a pertenecer a nuestra santa religión.

El resto de su vida la empleó Remigio en instruir al pueblo y en ayudar a los necesitados, y combatir a los herejes que enseñaban doctrinas equivocadas. Dios le concedió el don de hacer curaciones y anunciar lo que iba a suceder en lo futuro. Murió en el 530.

Cuando ya era un anciano de más de noventa años, algunos se burlaron de él diciéndole que era demasiado viejo, y les respondió: “En vez de reírse porque he llegado a esta edad, más bien lo que deberían hacer sería darle gracias a Nuestro Señor, porque en todo este tiempo no he dado mal ejemplo a nadie”. Ojalá pudiéramos repetir también nosotros semejante afirmación tan consoladora.

Los franceses han tenido siempre una gran admiración y veneración por San Remigio y nosotros damos gracias a Dios porque nunca dejará de enviar a su Iglesia apóstoles que conviertan a los pecadores.

**********************************************************************************

Autor: P. Felipe Santos | Fuente: .
Hildemar, Beato
Mártir, Enero 13
Hildemar, Beato
Hildemar, Beato

Etimológicamente significa “guerrero”. Viene de la lengua alemana.

Hay nombres que no son propios de nuestra cultura y, sin embargo, en otras abundan mucho.

El joven Hildemar había seguido a Guillermo el Conquistador en todas sus aventuras guerreras por varios lugares de Europa.

En recompensa por su fidelidad y amistad, una vez que conquistó Inglaterra, le dio el cargo de capellán de la corte. Le duró nada más que el tiempo en que estuvo Guillermo en el poder, pues apenas murió, lo perdió.

Entonces, tras llorar la muerte de su amigo, volvió a Tournai (Bélgica), de donde era originario.

Fue en este tiempo cuando se replanteó de nuevo su vida para darle un nuevo giro. En efecto, con dos buenos amigos muy devotos, emprendió una nueva aventura distinta a las otras que había llevado con Guillermo.

Ellos tres se fueron a un bosque en Arrouaise (Somme) con la sana intención de vivir entregados a la oración y a la penitencia como ermitaños.

Ninguno de los tres sabía que este bosque era propiedad de Berenger, un jefe de bandidos y ladrones que asaltaban y robaban cuanto podían.
Durante el tiempo que creyó conveniente, hizo la vista gorda ante los nuevos visitantes, pero las sospechas le venían a la mente con no muy buenos fines.

Por curiosidad envió un día a uno de sus ladrones con toda la mayor educación que se puede uno imaginar.

Les rogó que le dejasen entrar en su grupo para hacer oración y penitencia. Era pura falsedad.

Efectivamente, lo admitieron como novicio entre ellos para que aprendiera las reglas de comportarse y saber el arte de hacer oración y llevar una vida según manda el Evangelio.

Hildemar lo recibió con los brazos abiertos. Al cabo de 24 horas, el susodicho y falso novicio los apuñaló mientras que oraban humildemente al Señor.
Esto ocurrió el 13 de enero del 1087.

¡Felicidades a quienes lleven este nombre!

“La mayor victoria: el vencerse a sí mismo” (Calderón de la barca).

Comentarios al P. Felipe Santos: fsantossdb@hotmail.com

**********************************************************************************

Autor: . | Fuente: ar.geocities.com/misa_tridentina01
Verónica de Binasco, Beata
Virgen Agustina, Enero 13
VeronicaBinasco
Verónica de Binasco, Beata

Virgen

Martirologio Romano: En Milán, de Lombardía (hoy Italia), beata Verónica de Binasco Negroni, virgen, que entró en el monasterio de santa Marta, donde se seguía la Regla de san Agustín, alcanzando una profunda contemplación (1497).

Verónica nació en Binasco, cerca de Milán, en 1445, era hija de humildes campesinos. A los veintidós años entró al convento agustino de Santa María en Milán, y en él pasó treinta años de vida religiosa en el humilde oficio de Hermana mendicante.

Murió el 13 de enero de 1497, y a los diez años de la muerte, León X le concedió el culto privado. Mientras vivió en familia sólo aprendió el duro trabajo campesino; no fue a la escuela, así que cuando entró en eI convento tuvo que luchar bastante para aprender a leer y escribir, pero los resultados fueron escasos. Sin embargo, aprendió la más importante lección de vida ascética, cuando la Virgen le reveló en una visión cuál era el camino a seguir para aprender la ciencia divina que lleva a Dios:

1) La pureza del corazón.
2) La paciencia para con el prójimo, que no nos hace escandalizar de las culpas, sino que nos lleva a orar por los que las cometen.
3) La meditación diaria sobre la Pasión de Jesús.

Para que se le grabaran en la memoria estas sencillas pero preciosas nociones, la Virgen se las tradujo no en letras del alfabeto, sino con poético simbolismo de colores: el blanco de la pureza y del amor de Dios, el negro de la paciencia y el rojo de la Pasión.

Así, esta humilde monja analfabeta aprendió la sabiduría directamente de la fuente divina. Sin haber abierto ningún libro de teología, y mucho menos un tratado de psicología. Sor Verónica maravillaba a cuantos se le acercaban por la audacia de su doctrina. También tenía una clara intuición de las aflicciones de los demás. Sor Verónica, estaba en contacto permanente con la gente por el oficio que tenía de pedir limosna de puerta en puerta, pero ella daba más de lo que recibía dando a cuantos se le acercaban el pan que alimenta el alma.

Por invitación de la Virgen, viajó a Roma a llevarle un mensaje al Papa, Alejandro Vl. El Papa (un gran devoto de la Virgen) la recibió amablemente y la escuchó con atención porque comprendió que se encontraba ante un alma privilegiada.

La beata Verónica gozó del don de la profecía
y lo usó para preanunciar el día y la hora de su muerte. La profecía se cumplió puntualmente, y sor Verónica expiró serenamente, el 13 de enero de 1497.

El Papa León X confirmó su culto en 1517.

******************************************************************************

Autor: . | Fuente: ar.geocities.com/misa_tridentina01
Godofredo de Cappenberg, Santo
Conde y Religioso, Enero 13
Godofredo de Cappenberg, Santo
Godofredo de Cappenberg, Santo

Conde y Religioso

Martirologio Romano: En el monasterio de Ilbenstad, en Alemania, san Godofredo, que, siendo conde de Cappenberg, deseó una vida más perfecta, para lo cual convirtió su castillo en monasterio y, habiendo tomado el hábito canonical, se entregó a servir a pobres y enfermos (1127).

Etimología: Godofredo = que vive en paz, es de origen germánico.

Godofredo, quien murió a los treinta años de edad, pertenece a la categoría de los santos jóvenes que pasaron su vida en la tierra, preparándose para el cielo.

Godofredo era conde de Krappenberg y señor de un gran distrito en la diócesis de Münster de Westfalia. Su esposa provenía de una familia tan distinguida como la suya.

Bajo la influencia de San Norberto, fundador de los canónigos Premonstratenses, Godofredo decidió convertir su castillo de Cappenberg en monasterio de esa orden, y en seguida persuadió a su mujer y a su hermano para que renunciasen como él al mundo y se hiciesen religiosos bajo la dirección de San Norberto. El suegro de Godofredo le opuso una resistencia muy violenta y aún le amenazó de muerte, pero el beato no dejó por ello de regalar todas sus posesiones a los premonstratenses.

Cerca de Cappenberg construyó un convento en el que su esposa y dos de sus hermanas tomaron el velo. Fundó además varios hospitales y otras instituciones de caridad.

Siendo novicio premonstratense, se empleaba en las ocupaciones más humildes y lavaba los pies a los enfermos y peregrinos albergados en el hospital. Aunque había recibido ya las órdenes menores, no vivió el tiempo suficiente para ser ordenado sacerdote.

El 13 de enero de 1127 entregó gozosamente su alma a Dios, declarando que no quería vivir un momento más, ni por todo el oro del mundo. Los premonstratenses celebran su fiesta el 16 de enero.

*****************************************************************************

Autor: . | Fuente: ar.geocities.com/misa_tridentina01
Agricio de Tréveris, Santo
Obispo, Enero 13
Agricio de Tréveris, Santo
Agricio de Tréveris, Santo

Obispo

Martirologio Romano: En Tréveris, ciudad de la Galia Bélgica (hoy Alemania), san Agricio, obispo, que convirtió en iglesia el palacio que le regaló santa Elena (c. 330).

La vida de San Agrecio (o Agricio) ha adquirido particular interés en estos últimos años, debido a las discusiones sobre la autenticidad de la “Santa Túnica de Tréveris”. Según la vida del santo (se trata de un documento ciertamente no anterior al siglo XI y considerado por los críticos como obra de pura imaginación), Aprecio fue primero, Patriarca de Antioquía; después, el Papa San Silvestre, a instancias de la Emperatriz Elena, madre de Constantino, le nombró obispo de Tréveris.

Esa región de Alemania, que había sido evangelizada casi dos siglos antes, volvió a caer prácticamente en el paganismo. San Aprecio se dedicó a construir allí iglesias y a establecer relaciones más estrechas con el centro de la cristiandad. Santa Elena le animó en esta tarea y le envió una parte de las preciosas reliquias descubiertas por ella en Tierra Santa.

Así llegaron a Tréveris uno de los clavos de la cruz, el cuchillo de la Última Cena, los cuerpos de los santos Lázaro y Marta, y lo que pasaba por ser la túnica inconsútil del Señor. Pero el carácter poco fidedigno de la biografía de San Agrecio, que narra esto, no es un argumento en favor de la autenticidad de los hechos. Por otra parte, la placa de marfil de origen bizantino, que algunos interpretan como una representación de los santos Silvestre y Agrecio transportando en un carro las reliquias a Tréveris, se refiere probablemente a otra translación de reliquias a Constantinopla, bajo el emperador León I (457-474).

Se afirma también que San Silvestre concedió a Tréveris, en la persona de San Agrecio, la primacía sobre todos los obispos de la Galia y Germania. Dejando aparte estas ficciones, los únicos datos ciertos que poseemos sobre San Agrecio son que asistió como obispo de Tréveris al Concilio de Arlés, en 314, y que fue sucedido por San Maximino.

*********************************************************************

Autor: Xavier Villalta
Kentigerno (Mungo), Santo
Obispo y Abad, Enero 13
Kentigerno (Mungo), Santo
Kentigerno (Mungo), Santo

Obispo y Abad

Martirologio Romano: En Glasgow, ciudad de Escocia, san Kentigerno, obispo y abad, que estableció en aquel lugar su sede, y de él se cuenta que reunió una gran comunidad de monjes, para imitar la vida de la primitiva Iglesia (603/612).

Kentigerno, más conocido por el apodo de Mungo (“querido amigo”) tuvo un mal comienzo en su vida, a principios del siglo VI. Cuando se descubrió que la princesa picta Tanew o Tannoch iba a dar a luz a un hijo sin estar casada, su enfurecido padre la arrojó junto a su hijo (quien todavía no había nacido) desde la cúspide de su fortaleza de Caprain Law. Tanto la madre como el hijo escaparon milagrosamente de esta experiencia terrible y huyeron hacia el este, acogiéndose a sagrado en la capilla de San Ninian de Glasgow.

Con el paso de los años, el hijo de Tanew fue ordenado, y con el tiempo fue ordenado obispo de esta ciudad. Su madre, tras sus comienzos infortunados, pudo reponerse y se hizo una pía mujer. Años después fue canonizada. St Enoch, en el corazón de Glasgow es una corrupción de su nombre, St Tannoch.

Kentigerno es una figura de la que tenemos muy poca información, tal como sucede con Sam Ninian, y se le recuerda principalmente por sus cuatro milagros representados en el escudo de Glasgow, de la cual es patrón. Fue obligado a huir a Gales, donde se refugió con San David en Menevia, y más tarde fundó el monasterio de San Asaph’s.

Cuando el rey Rhydderch venció a los paganos en la batalla de Arderydd en el año 573, Mungo volvió a Strathclyde, preparando su sede en Hoddam en el condado de Dumfries (Dumfriesshire) antes de volver a Glasgow, donde dejó su gran catedral que permanece todavía hoy.

San Kentigerno murió en el año 612.

********************************************************************************

Autor: . | Fuente: Martirologio Romano
Otros Santos y Beatos
Completando el santoral de este día, Enero 13
Otros Santos y Beatos
Otros Santos y Beatos

San Pedro, presbítero y mártir

En la ciudad de Capitolias, en Batanea (hoy Israel), san Pedro, presbítero y mártir, que acusado ante Walid, príncipe de los sarracenos, de predicar en público la fe en Cristo, consumó su martirio clavado en una cruz, después de que se le amputasen lengua, manos y pies (713).

Santos Gumersindo, presbítero, y Servideo, monje, mártires

En Córdoba, ciudad de la región hispánica de Andalucía, santos mártires Gumersindo, presbítero, y Servideo, monje, los cuales, reconociéndose como cristianos ante los príncipes y jueces musulmanes, perdieron su vida por la fe en Cristo (852).

Santa Juta o Iveta, reclusa

Cerca de Huy, en la región de Lieja, en Bélgica, santa Juta o Iveta, la cual, habiendo quedado viuda, se dedicó a curar leprosos y, más tarde, se recluyó en una celda cerca de ellos (1228).

Santos Domingo Pham Trong (An) Kham, Lucas (Cai) Thin, su hijo, y José Pham Trong (Cai) Tá, mártires

En la ciudad de Nam Dinh, en Tonquín (hoy Vietnam del Norte), santos mártires Domingo Pham Trong (An) Kham, Lucas (Cai) Thin, su hijo, y José Pham Trong (Cai) Tá, todos los cuales, en tiempo del emperador Tu Duc, prefirieron los tormentos y la muerte antes que pisotear la cruz (1859).

Beato Emilio Szramek, presbítero y mártirB. EMILIO SZRAMEK

En el campo de concentración de Dachau, cercano a Munich, de Baviera, en Alemania, beato Emilio Szramek, presbítero y mártir, que siendo oriundo de Polonia, durante la guerra fue enviado a este lugar por defender la fe en Cristo, y allí falleció después de haber sido atormentado de diversas maneras (1942).

Santos Hermilio y Estratonico, mártiresSANTOS HERMILIO Y ESTRATONICO

En Singidón, en Mesia (hoy Rumanía), santos mártires Hermilio y Estratonico, que, después de crueles tormentos, fueron precipitados en el río Ister (hoy Danubio), en tiempo del emperador Licinio (c. 310).

********************************************************************************

Autor: . | Fuente: ReligiosasMartiresEnLaGuerra.blogspot.com
Victoria de Jesús (Francisca) Valverde González, Sierva de Dios
Religiosa y Mártir, 13 de enero
Victoria de Jesús (Francisca) Valverde González, Sierva de Dios
Victoria de Jesús (Francisca) Valverde González, Sierva de Dios

Virgen y Mártir

Martirologio Romano: En Casillas de Martos, Jaén, España, Sierva de Dios Victoria de Jesús, en el siglo Francisca Valverde González, religiosa del Pío Instituto Calasanzio de la Divina Pastora ( 1937)Francisca Inés Valverde González nació el 20 de abril de 1888 en Vicálvaro, Madrid (España).

Era una mujer de vida sencilla, muy delicada de salud, cuya preocupación constante era servir a con diligencia y caridad a quien de su ayuda necesitase. De ella se dice que nunca tuvo enemigos dada su suavidad de trato, su dulzura y caridad con todos; su vida era sencilla y sin ruidos.

Ya como religiosa del Pío Instituto Calasanzio de la Divina Pastora llega a Martos (Jaén) en 1917 con el fin de realizar una fundación. En 1922 es nombrada Superiora de la casa, siendo trasladada poco después a Sanlúcar para regresar a Martos como Superiora en 1931.

Iniciada la Guerra, las Religiosas abandonan el colegio y se esconden en casas de amigos en el mismo Martos. La preocupación de la M. Victoria son sus Hermanas y no piensa abandonar Martos hasta que la última de las Religiosas Calasancias lo haga.

Obligada, junto con las últimas Hermanas que quedaban en el convento, a abandonarlo fueron testigos de como los milicianos invadieron la casa entera y profanando los objetos religiosos que encontraban a su paso: arrojaron un hermoso crucifijo que hicieron pedazos y sacaron otras imágenes para destruirlas, por ejemplo a la de la Divina Pastora después de romperla en varias partes la tiraron a un pilón que había en la fuente de la Plaza Fuente Nueva (que era la del convento) y a la imagen del Niño Jesús la ataron por el cuello y la llevaron arrastrando por varias calles hasta que se hizo pedazos. Previamente las hermanas habían ya consumido las formas sacramentales que había en la capilla evitando así el sacrilegio.

Así permanecerá hasta el 12 de enero de 1937, a altas horas de la noche, es capturada por los milicianos republicanos. Interrogada por el paradero de sus Hermanas, responde: “Mis hijas no han hecho nada, soy yo la responsable de todas y la que debo sufrir lo que a ellas les quieran hacer”.

Pasa esa noche en oración junto a las Superioras de los monasterios de Trinitarias (Beata Francisca de la Encarnación) y Clarisas (Isabel de San Rafael). En la madrugada del 13 de enero son conducidas junto a cincuenta detenidos a las cercanías de Las Casillas. Fusilado aquel grupo, mandan a las Religiosas que entren en el cementerio. Temiendo intenten forzarlas para abusar de ellas, Madre Victoria se aferra a la verja de la puerta del cementerio. Allí comienzan a dispararla, entregando su vida a su amado Jesús.

Uno de sus verdugos quiso quitarle el anillo de profesión perpetua que tenía puesto y no pudiendo hacerlo porque el cadáver tenía las manos hinchadas por lo que para llevar a cabo aquel robo le cortaron el dedo. El anillo luego fue recuperado y es una de las reliquias guardadas por el Instituto.

S.S. Benedicto XVI firmó el 28 de junio de 2012 el decreto con el cual se reconoce el martirio de la Sierva de Dios Victoria de Jesús, lo cual permitirá su próxima beatificación que se realizará, Dios mediante, el 27 de octubre de 2013.

 

 

A tí te daré las llaves del Reino de los Cielos


Autor: Buenaventura Acero | Fuente: Catholic.net
A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos
Mateo 16, 13-19. Solemnidad de San Pedro y San Pablo. Ellos encontraron la fuerza para llevar a término su misión en la tierra.
A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos

Del santo Evangelio según san Mateo 16, 13-19

Llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?» Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas». Díceles él: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo». Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos». 

Oración introductoria

Cristo, san Pedro y san Pablo, y muchos otros, dieron su vida porque creían en el amor, en la locura de tu amor que te llevó al extremo de morir en la cruz. Dame la gracia de comprender, en esta oración, que debo buscar vivir, transmitir y ser testigo de ese amor.

Petición

Dios mío, que este tiempo de oración sea una expresión de mi amor.

Meditación del Papa

Pedro responde: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo”. Acto seguido, Jesús pronuncia la declaración solemne que define, de una vez por todas, el papel de Pedro en la Iglesia: “Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia (…). A ti te daré las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos”. Las tres metáforas que utiliza Jesús son en sí muy claras: Pedro será el cimiento de roca sobre el que se apoyará el edificio de la Iglesia; tendrá las llaves del reino de los cielos para abrir y cerrar a quien le parezca oportuno; por último, podrá atar o desatar, es decir, podrá decidir o prohibir lo que considere necesario para la vida de la Iglesia, que es y sigue siendo de Cristo. Siempre es la Iglesia de Cristo y no de Pedro. Así queda descrito con imágenes muy plásticas lo que la reflexión sucesiva calificará con el término: “primado de jurisdicción”.Benedicto XVI, 7 de junio de 2006.

Reflexión

Cristo pregunta a sus apóstoles: ¿quién dice la gente que soy yo? Pone esta pregunta sólo después de haber llevado a término su misión de enseñar lo que el Padre le ha dicho. Podría decirse que el caso ya está expuesto y ahora llega el momento de pronunciar el juicio. Sin embargo, la gente que ha visto y oído todas las pruebas necesarias para reconocerlo como Mesías, no termina por comprender sus signos. Es como si un velo cubriera sus ojos y les impidiese dar una respuesta segura y convincente: “Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.”

Para Pedro, al igual que para Pablo tiempo después, Cristo fue un auténtico enigma difícil de descifrar. Por ejemplo, ¿qué pensaría Pedro al ver a su maestro caminando sobre las aguas? O ¿cuáles sentimientos fluirían es su corazón cuando escucha de Cristo “sobre ti edificaré mi Iglesia” y más tarde le dice “apártate de mí Satanás.”

Este misterio sobre Cristo lo comprenderíamos mejor con los ojos de la fe que nos da el Padre. Mientras la fe no sea le oxígeno de nuestra vida, no seremos capaces de reconocer a Cristo como el Mesías. Por esto Cristo le dice a Pedro “dichoso Tú, Pedro, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre sino mi Padre que está en el cielo.”

El don de la fe se lo dona el Padre a Pedro no por mérito de Pedro ni por sus cualidades personales -era pescador- sino por su propia bondad Dios. Es el don más precioso, el de reconocer a Dios como Mesías, como la auténtica luz que guiará nuestros pasos hacia la felicidad eterna. Y gracias a la fe Pedro y Pablo encontraron la fuerza para llevar a término su misión en la tierra.

Propósito

Haré una oración especial por el Papa, pidiendo a Dios lo ilumine y lo fortalezca en su misión.

Diálogo con Cristo

Señor, siendo fiel a la Iglesia, estoy seguro que te soy fiel. Estar en comunión con el Papa es estar en comunión contigo. Por eso hoy te quiero confirmar mi amor y mi deseo de caminar siempre al paso de la Iglesia, sin poner límites a mi servicio ni a mi amor.

Entrevista a San Pedro y San Pablo


Autor: P Mariano de Blas LC | Fuente: Catholic.net
Entrevista a San Pedro y San Pablo
¿Qué nos platicarían estos grandes apostoles? ¡Cuántas cosas nos enseñarían!Sus palabras son actuales, solo tenemos que leerlas en las Sagradas Escrituras.
Entrevista a San Pedro y San Pablo

Entrevista a San Pedro en el cielo

Vamos a hacer una entrevista a aquel pescador de Galilea llamado Simón Pedro:

Pregunta: ¿Qué sentiste al negar a Cristo?

Respuesta: Fue el día más triste de mi vida; no se lo deseo a nadie. Yo era muy duro para llorar, pero ese día lloré a mares; no lo suficiente, porque toda la vida lloré esa falta. Sin embargo, por haber negado al Señor un día, lo amé muchísimo más que si nunca lo hubiera hecho. Esas negaciones fueron un hierro candente que me traspasó el corazón.

Pregunta: ¿Prefieres el nombre de Pedro al de Simón?

Respuesta: Sí, porque el nombre de Simón me lo pusieron mis padres; el de Pedro, Cristo. Además, es un nombre que encierra un gran significado. Por un lado me hace feliz que Él me haya hecho piedra de su Iglesia; por otro lado, me produce gran confusión, porque yo no era roca, sino polvo vil. Cristo ya no me llama Simón, Él prefiere llamarme roca; y en el cielo todos me llaman Pedro.
Mi antiguo nombre ya se me olvidó. Cuando pienso en mi nuevo nombre, cuando me llaman Pedro, inmediatamente pienso en la Iglesia. Me llaman así con un sentido muy particular los demás vicarios de Cristo que me han seguido, y yo siento ganas de llamarles con el mismo nombre, porque todos somos piedra de la misma cantera, todos sostenemos a la Iglesia.

Pregunta: ¿Por qué dijiste al Señor aquellas palabras: «Señor, a quién iremos, si Tú tienes palabras de vida eterna»?

Respuesta: Me salieron del corazón. La situación era apurada, y había que hacer algo por el Maestro; veía a mis compañeros indecisos, y sentí la obligación de salvar la situación y confiar; por eso dije en plural: «¿A quien iremos Señor? Tú tienes palabras de vida eterna». Yo mismo no comprendía en ese tiempo muchas cosas del Maestro. Ni pienses que entendía la Eucaristía, pero dejé hablar al corazón, y el corazón me habló con la verdad.
Yo amaba apasionadamente al Maestro y aproveché aquel momento supremo para decir bien claro y bien fuerte: «Yo me quedo contigo». Y, de lo que entonces dije, nunca me arrepentí.

Pregunta: ¿Qué sentiste cuando Cristo Resucitado se te apareció?

Respuesta: Es difícil, muy difícil de expresar, pero lo intentaré. Por un segundo creí ver un fantasma, luego sentí tal alegría que quise abrazarlo con todas mis fuerzas. «¡Es Él!» pensé, pero luego sentí cómo se me helaba la sangre, y quedé petrificado sin atreverme a mover. Él fue quien me abrazó con tal ternura, con tal fuerza… Y oí muy claras sus palabras: «Para mí sigues siendo el mismo Pedro de siempre».

Pregunta: ¿Qué consejo nos das a los que seguimos en este mundo?

Respuesta: Puedo decirles que mi actual sucesor, Benedicto XVI, es de los mejores. Háganle caso y les irá mejor.

Pedro es el típico hombre, humilde de nacimiento, que se hizo grande al contacto con Cristo. El típico hombre, pecador como todos, pero que, arrepentido de su pecado, logró una santidad excelsa.

Entrevista en el cielo a San Pablo

Quisiéramos hoy hacerle algunas preguntas al fariseo Pablo de Tarso.

Pregunta: ¿Qué sentiste en el camino hacia Damasco, caído en el suelo, tirado en el polvo?

Respuesta: Yacía por tierra, convertido en polvo, todo mi pasado. Mis antiguas certezas, la intocable ley mosaica, mi alma de fariseo rabioso, toda mi vida anterior estaba enterrada en el polvo.

Fue cuestión de segundos. Del polvo emergía poco a poco un hombre nuevo. Los métodos fueron violentos, tajantes, «es duro dar coces contra el aguijón», pero sólo así podía aprender la dura lección.

En el camino hacia Damasco me encontré con el Maestro un día que nunca olvidaré.

Aquella voz y aquel Cristo de Damasco se me clavaron como espada en el corazón. Cristo entró a saco en mi castillo rompiendo puertas, ventanas; una experiencia terrible; pero considero aquel día como el más grande de mi vida.

Pregunta: ¿Sigues diciendo que todo lo que se sufre en este mundo es juego de niños, comparado con el cielo?

Respuesta: Lo dije y lo digo. Durante mi vida terrena contemplé el cielo por un rato; ahora estaré en él eternamente. El precio que pagué fue muy pequeño. El cielo no tiene precio. ¡Qué pena da ver a tantos hombres y mujeres aferrados a las cosas de la tierra, olvidándose de la eternidad!

Vale la pena sufrir sin fin y sin pausa para conquistar el cielo. El Cristo de Damasco será mío para siempre; llegando aquí lo primero que le he dicho al Señor ha sido: «Gracias Señor, por tirarme del caballo»; pues Él me pidió disculpas por la manera demasiado fuerte de hacerlo.

Pregunta: ¿Qué querías decir con aquellas palabras: “¿Quién me arrancará del amor a Cristo?”

Respuesta: Lo que las palabras significan: que estaba seguro de que nada ni nadie jamás me separaría de Él, y así fue. Y, si en la tierra pude decir con certeza estas palabras, en el cielo las puedo decir con mayor certeza todavía.
El cielo consiste en: “Cristo es mío, yo soy de Cristo por toda la eternidad” ¿Sabes lo que se siente, cuando Él me dice: «Pablo, amigo mío?».

Pregunta: Un día dijiste aquellas palabras: “Sé en quién he creído y estoy tranquilo”. Explícanos el sentido.

Respuesta: Cuando llegué a conocerlo, no pude menos de seguirlo, de quererlo, de pasarme a sus filas; porque nadie como Él de justo, de santo, de verdadero.
Supe desde el principio que no encontraría otro como Él, que nadie me amaría tanto como aquél que se entregó a la muerte y a la cruz por mí.

Pregunta: ¿Un consejo desde el cielo para los de la tierra?

Respuesta: Uno sólo, y se los doy con toda la fuerza: “Déjense atrapar por el mismo Señor que a mi me derribó en Damasco”.

Si todos los enemigos del cristianismo fueran sinceros como Pablo de Tarso, un día u otro, la caída de un caballo, una experiencia fuerte o una caricia de Dios les haría exclamar como él: «Señor, ¿qué quieres que haga?».

Pedro es la piedra donde se edifica la Iglesia


Autor: Padre Nicolás Schwizer | Fuente: Catholic.net
Pedro es la piedra donde se edifica la Iglesia
Cátedra de San Pedro. Cristo es la cabeza de la Iglesia, pero los Papas son sus vicarios, sus representantes visibles en la tierra.
 
Pedro es la piedra donde se edifica la Iglesia

Celebramos hoy, con la Iglesia universal, la fiesta de la Cátedra de San Pedro. La palabra cátedra es de origen griego y significa sede. Es el sitio ocupado por un maestro autorizado para la enseñanza.

Así, cuando se habla de una decisión “ex cátedra” del Papa, se trata de una decisión en la que el Sumo Pontífice habla como maestro universal de la Iglesia.
San Pedro, en el Evangelio de hoy, recibe una gran tarea: Jesús lo elige primer papa de la Iglesia. Y le explica su misión por medio de dos símbolos: la piedra y las llaves:

1. La piedra

Pedro es LA PIEDRA, sobre la cual se edificará la Iglesia, la comunidad del pueblo de Dios. La Iglesia es como una construcción, que se edifica a partir de los cimientos. Y el cimiento, una vez colocado, debe quedar ahí para que el edificio no se venga abajo.
Pedro y sus sucesores, los Papas, son el fundamento visible de la construcción. Porque el fundamento invisible es el mismo Señor Jesucristo. Y ese doble cimiento es la garantía de la victoriosidad de la Iglesia a través de los siglos.

2. Las llaves

La otra imagen con la cual Jesús le explica a Pedro su tarea, es la de LAS LLAVES. Simboliza la autoridad sobre la casa, la potestad de disponer, de dejar entrar y de echar de la casa.

Así Pedro es nombrado mayordomo en el Reino de Dios. Sus decisiones realizadas en la tierra, quedan ratificadas en el cielo. Pedro, y con él sus sucesores, son intermediarios indispensables para el acceso normal al Reino de los Cielos. Cristo es la cabeza de la Iglesia, pero los Papas son sus vicarios, sus representantes visibles en la tierra.

La primera lectura de hoy, I Pedro 5,1-4, nos habla de otro aspecto de la tarea de San Pedro: él es el pastor del rebaño de Dios. Y allí se nos insinúa un tercer símbolo:

3. El cayado

Se trata del CAYADO DEL PASTOR. El bastón que es guía y sostén del pastor durante sus interminables recorridos. Como bastón de mando o báculo del Papa es signo de poder y autoridad. Cristo, al volver al Padre, no pensó dejar al frente de los suyos un “líder” o un “director”, sino un pastor, tal como él lo había sido. Por eso pasó a Pedro su cayado pastoral, para que lo lleve hasta su muerte y lo legue, a su vez, a sus sucesores. Y es así como nació el papado.

Y no se le encargó a Pedro esta tarea en premio a su santidad, ni porque fuera mejor que los demás apóstoles. El papel de Pedro se debe únicamente a la voluntad amorosa de Cristo. Y lo mismo sus sucesores que continúan esa misión de pastoreo encomendada por Jesús.

Ésta es la razón por la que las ovejas de hoy nos sentimos ligadas al Pedro actual.

San Pedro, el Primer Papa


Simón Pedro, a quien el evangelio señala de forma inequívoca como príncipe de los apóstoles, fue verdaderamente el primer obispo de Roma. El hecho, si no el título, es incontestable. Aunque no existan pruebas directas escritas, la tradición se ha mostrado siempre unánime y firme en tal sentido, sin desviarse jamás. Lo que para la historia tiene tanto peso como un documento contemporáneo de los acontecimientos. Lo único que se posee es una alusión del mismo Pedro en la primera de sus epístolas (5, 13), al mencionar a la «Iglesia que está en Babilonia», símbolo evidente de Roma y sus costumbres, para sus lectores de entonces. Treinta años después, Clemente Romano, al escribir a los corintios, evocará los tiempos en que «Pedro y Pablo estaban entre nosotros». Ignacio de Antioquía en el año 108, “Dionisio de Corinto en el 170, Ireneo de Lyon en el 180 y Tertuliano en el 200 afirman, por su parte, que Pedro era el jefe de la comunidad romana. También hacia el año 200 el presbítero Gayo hablará de las tumbas -de los «trofeos» o restos- de los apóstoles en la ciudad del Tíber, situando la de Pablo en el camino de Ostia y la de Pedro en la colina del Vaticano.

No cabe, pues, duda que Pedro viviera en Roma. ¿Como primer papa? Desde luego como vicario de Cristo y cabeza de los demás apóstoles y de la Iglesia naciente, aunque lejos todavía del estereotipo que sugiere hoy la figura de un pontífice. La palabra papa deriva del griego papas = padre, y aparece por vez primera en una sepultura de la catacumba de san Calixto hacia el año 296 referida al papa Marcelino; el uso de la palabra quedó restringido como título sólo aplicable al obispo de Roma en 384 y su empleo comenzó a generalizarse en el transcurso de los siglos siguientes. ¿Se tuvo conciencia de que Pedro era el obispo de Roma? Sí, en lo que hace a la cuestión de fondo: su primacía indiscutible. Y no, en la acepción actual de la palabra; porque Pedro no se comportaría en Roma como un prelado de hoy imbuido de sus poderes y de su dignidad. Sería más bien un predicador itinerante que un buen día llegó a la capital del imperio y tomó contacto con la población judía. ¿En qué año? A partir del 43, según unos, o después del 49, en opinión de otros. Nada se puede establecer con seguridad, ni la fecha de su llegada ni su forma de vida.
Sólo cabe el recurso a la imaginación.
¿Se alojó en la casa de algunos compatriotas, que se estrecharían para prestarle hospitalidad? ¿De qué vivió? Seguramente, del trabajo de sus manos. Quizá ganara su sustento como patrón de barco, en Ostia. Levantar una red, largar la vela, manejar el timón… Al fin y al cabo ése fue su oficio hasta que le llamó Jesús. Pedro no tenía miedo al mar: las tempestades del lago Genesareth no eran más livianas que las embestidas del Tirreno. Pero al acabar la jornada y el trabajo, se reuniría con sus anfitriones, con los vecinos, con sus nuevos compañeros, y sería divertido oírle chapurrear el latín, farfullar un poco de griego o expresarse en su arameo original con el típico acento de su tierra galilea. Incidiría siempre en la misma historia: un tal Jesús, cierto hombre llamado Cristo que había predicado unas cosas muy sencillas y muy verdaderas; un judío íntegro crucificado por testimonios falsos; un muerto que resucita al tercer día para aparecerse por todos lados más vivo que nunca…
Al llegar a este momento de su relato, quizá la gente se sonreiría, o se encogería de hombros un tanto desconcertada… Pero hasta los más escépticos acabarían por prestarle atención. Les atraería la sinceridad de Pedro. Y, conmovidos, terminarían por aceptar la fe, por comprometerse. Se formaría así un primer núcleo que pronto tomaría cuerpo y empezaría a crecer. Así surgiría la comunidad cristiana de Roma.
De tarde en tarde desembarcaría en el puerto de Ostia. Algún miembro de la misma fe procedente de Corinto o de Efeso: buscaba a Pedro para exponerle los problemas existentes en sus respectivas iglesias, para pedirle consejo y orientación. Y regresaría a Oriente con las decisiones del que hacía de cabeza en la Iglesia universal.
En el año 48, o en el 49, fue Pedro a Jerusalén. Allí se encontró con Pablo y Bernabé, llegados de Antioquía; con Santiago y Juan, que habían permanecido en el país, y con algunos otros. Era una reunión importante: nada menos que el primer «Concilio», en el que se iba a abordar el problema de la admisión de los no-judíos. Los gentiles, para hacerse cristianos, no tendrían que pasar obligatoriamente por la circuncisión y las costumbres rituales del judaísmo. Las discusiones fueron tensas en algún momento.
Pablo se enfrentó a Pedro con vehemencia a causa de la ambigua posición de éste respecto a determinados puntos en litigio. Pero todo quedó resuelto y acordado, y Pedro volvió a Roma, donde prosiguió la misión de dar testimonio, fortalecer a los suyos en la fe, esclarecer toda suerte de dudas concernientes a la doctrina y… ganarse la vida. Hasta que un día, entre el año 64 y el 67, Nerón, buscando víctimas propiciatorias sobre las que echar las culpas por el incendio de la urbe, decidió sacrificar a los cristianos. Pedro caería en esta primera embestida de las persecuciones.
Fue el primer obispo de Roma y cabeza indiscutible de toda la Iglesia. E hizo su trabajo con generosidad: dar testimonio, fortalecer, unir, servir de guía. Que el título de papa resulte anacrónico en su caso, no tiene relevancia. Pedro fue el jefe de la comunidad cristiana de Roma y el polo de referencia, la «piedra», de todas las demás comunidades.