Confío en Ti, porque nos preparas una morada en casa del Padre


Autor: P. Mariano de Blas LC | Fuente: Catholic.net
Confío en Ti, porque nos preparas una morada en casa del Padre
Un lugar en el cielo, ha ido a prepararnos un lugar, mi lugar, tu lugar por toda la eternidad.
Confío en Ti, porque nos preparas una morada en casa del Padre

Confío en Ti, porque has entregado tu vida por nosotros.

Si una persona ha dado la vida por mí, es porque me quiere muchísimo. Y puedo confiar en ella totalmente. Puedo confiar totalmente en Jesús: dejar en sus manos mi vida y mi muerte, mis problemas y dificultades, mis retos y mis metas, mis alegrías.
Puedo caminar seguro en medio de la tormenta. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque Tú vas conmigo.
Nadie nos pide que caminemos solos por la vida. Jesús quiere acompañarnos siempre, lo ha prometido, y Jesús cumple.

Un Dios que da la vida por sus creaturas, cuanto las ha de querer. De mis múltiples certezas ésta es la primera, la mejor, la que llena de alegría y esperanza mi vida entera. Si Dios conmigo, ¿quién contra mí? Dios ha dado su vida por mí: esta certeza nada ni nadie la podrá borrar.
Mi confianza infinita como respuesta al amor infinito. Es la única respuesta. Respuesta de absoluta y total seguridad, de rechazo de todo temor y tristeza. Dios está conmigo, Él me consuela, Él me sanará, Él es mi Padre, Él es mi amor y mi todo.

Confío en Ti, porque eres la vid que me permite llevar fruto

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. Algo que es diferente y algo que es lo mismo. Una vid sin sarmientos no da fruto y unos sarmientos sin vid tampoco. Tú necesitas de nosotros los sarmientos y nosotros, sobre todo, necesitamos de Ti como la vid.

Unidos a Ti producimos abundante fruto. Separados nos secamos y acabamos en el fuego. Tú eres la vid eterna, que nunca se seca, ni se muere, pero nosotros somos los sarmientos que, para tener vida, debemos necesariamente estar unidos a Ti. La poda se requiere, aunque duela, para dar más fruto. Podar soberbias, egoísmos, sensualidades, pues son ramas parásitas.

Dar fruto es la consigna. El máximo posible. No se toleran la mediocridad ni las medias tintas. Quisieras que todos los cristianos y, sobre todo, sacerdotes sacáramos siempre A y obtuviéramos el cien por cien en el apostolado. Quieres que todos seamos santos y no te cansas de invitarnos a serlo.

La savia de tu gracia alimenta mi alma y la enriquece para fructificar. Sin Mí no podéis hacer nada. Pero conmigo lo podéis todo. Tened fe en Dios…Todo lo que orando pidiereis…
El que confía en Mí es el hombre más feliz del mundo, porque yo me encargo de sus cosas.
Tú lo prometiste.

Confío en Ti, porque eres la luz que ilumina nuestro peregrinar hacia el Padre

No vamos caminando en tinieblas, ignorando a dónde poner el pie. Hay luz, Tú eres nuestra luz y caminamos con seguridad, sabiendo a dónde nos llevas. Pero los que no te aceptan son guías de ciegos que caminan en la oscuridad y no saben a dónde van y van cayendo en los hoyos del camino.
No te quieren, Señor y eso equivale a odiarse a sí mismos. ¡Quién les hiciera entender y aceptar que están en el error, que sí hay camino, sí hay luz, pero tiene un solo nombre, Jesús.

Vamos en peregrinación hacia el Padre celestial y Tú nos guías para presentarnos a Él. Hemos sido salvados por ti, llevamos el carácter de cristianos, de hijos en el Hijo, por tanto Él nos aceptará con mucho gusto, Pues Tú le dirás: Estos son mis hermanos muy amados a quienes enseñé a rezar el padre nuestro y a amarte, Padre amantísimo.

Confío en Ti porque has ido a prepararnos una morada en la casa del Padre.

Con qué contenida emoción les dijiste a los apóstoles: En la casa de mi Padre hay muchas moradas. Y voy a preparos un lugar. Un lugar en el cielo. El lugar donde ahora están y estarán con El toda la eternidad.

Pero no solo ha ido a preparar un lugar en el cielo a sus queridos apóstoles, pues son pocos para las muchas moradas, sino que ha ido a prepararnos un lugar, mi lugar, tu lugar por toda la eternidad.

Esto lo deberíamos pensar con emoción incontenible cada día, sobre todo en los momentos de dificultad. Y el cielo consiste, según definición del mismo Jesús, en esto: en que te conozcan a ti único Dios verdadero y al que enviaste, Jesucristo.

Cuando Jesús, en compañía de María me muestre mi lugar, comprenderé sus palabras: Alegraos más bien de que vuestros nombres están escritos en el cielo.

Comprenderé el valor de la cruz y de la sangre, comprenderé, en una palabra, cuánto me amaba y me ama Jesús.

Comprenderé también las palabras de Pablo: Todo lo que se sufre en este mundo es nada en comparación del cielo. Pensamos demasiado poco en el cielo y demasiado poco en el infierno, ni el uno nos emociona mucho ni el otro nos atemoriza.

Vivimos inmersos en lo de aquí, en el hoy vivido materialmente y no levantamos la mirada ni el corazón hacia el cielo. Y, sin embargo lo que vamos a vivir aquí es un puntito comparado con la eternidad.

Meditaciones anteriores:
1. Confío en Ti 
2. Confio en Ti porque tu Padre te ha enviado 
3. Confío en Ti, porque eres rico en misericordia

Confío en Ti, porque eres rico en misericordia


Autor: P. Mariano de Blas LC | Fuente: Catholic.net
Confío en Ti, porque eres rico en misericordia
Seguir a Jesús es triunfar, es gozar de su paz, no sólo de su cruz. Su yugo es suave y su carga ligera.
Confío en Ti, porque eres rico en misericordia

Confío en Ti porque eres el amigo que da la vida por sus amigos

Nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos…Nadie me ama como Tú. Nadie me ama más que Tú.

Amor demostrado con grandes hechos, real, indudable. Me diste tu sangre y tu vida, me diste el cielo, me diste a tu Madre. ¿Qué más podías haberme dado? Amor infinito. Amor eterno. Amor personal. Demasiado hermoso para ser verdad, o demasiado hermoso y cierto.

Si Dios nos ama tanto ¿por qué preocuparnos? Preocupación y amor no van juntos, porque si me ama confío y si lo amo confío. Eres el amigo, el mejor, siempre fiel, el que busca siempre nuestro bien. Yo he sido muy infiel: Contigo, con la Iglesia, con las almas.
La Santísima Virgen también fue siempre fiel: Virgo fidelis. De tal palo tal astilla y de tal astilla tal palo. Hazme a mí, tu hermano y su hijo, fiel a Ti, fiel a Ella, fiel a mi vocación.
He meditado tal vez muchas veces en que has dado la vida por todos los hombres, pero he meditado poco en que has dado la vida por mí. Pablo sí lo meditó muchas veces y se le clavó en el alma esta verdad: Me amó y se entregó a la muerte por mí.
Si lo creo no puedo menos de amarte con locura. Si no lo creo, de poco me servirá. Creerlo o no creerlo. ¿Verdad o mentira? Los santos han creído, los mediocres han dudado. Yo seré un santo o un eterno mediocre según crea en el amor de Cristo o no lo crea.

Confío en ti, porque Tú solo tienes palabras de vida eterna.

Palabras dichas por Pedro en un contexto doloroso, de deserción general. ¿También vosotros queréis marcharos?
Porque es dura la doctrina de Jesús. La excusa de los malos discípulos. Porque nos cuesta aceptarla, por falta de amor y generosidad. Porque muchos lo abandonan. ¡Qué tristeza para Jesús! ¡Qué desgracia para ellos!
¿Qué le respondemos? Marcharse de la Iglesia, de los sacramentos e irse a otras religiones más fáciles donde no se aceptan todas las enseñanzas de Jesús es lo que algunos hacen. Tristes equivocados, aunque ellos se consideran ganadores. En realidad ganan algo, sí, pero pierden lo fundamental.

Tú solo tienes palabras de vida eterna. Es decir algo muy profundo: Tú nos llevas a la vida eterna, al cielo. Los demás nos enseñan cosas pasajeras, de este mundo, que morirán con nosotros. Tú tienes doctrina segura, doctrina eterna, doctrina divina.

Tú tienes una eternidad para darnos, una felicidad completa y para siempre. Tú tienes paz: La paz os dejo, mi paz os doy. Tú tienes luz para alumbrarnos: Yo soy la luz del mundo. Tú tienes pan para alimentarnos: Yo soy el pan de la vida. Tú tienes vida para vivificarnos: Yo soy la vida.
Tú lo tienes todo. Tienes todas las cosas porque eres dueño de todas las cosas.

Entonces, yo me quedo definitivamente contigo. ¿A dónde iré, si no? Al vacío, a la muerte, a la desesperación. ¿Dónde encontraré la paz, la alegría de vivir, la fuerza para caminar, lejos de Ti?

Con fío en Ti porque eres el buen Pastor que me llama por mi nombre

Buen Pastor hace indicar que no todos los pastores son buenos. Los malos pastores, descuidan a las ovejas, no cuidan a las enfermas, las descarriadas que se pierdan, maltratan a las que están fuertes. Huyen del lobo y dejan que éste destruya el rebaño.

Yo soy el Buen Pastor. El mejor. Un buen pastor es el que:

  • El que las conoce por su nombre
  • El que las lleva a buenos pastos
  • El que las cuida
  • El que las defiende del lobo, del demonio
  • El que da la vida por ellas
  • Por tanto, el que las ama de verdad.Pastor que con tus silbos amorosos me despertaste del profundo sueño.
    Tú que hiciste cayado de ese leño en que tiendes tus brazos poderosos,
    vuelve mis ojos a tu fe piadosos,
    pues te confieso por mi amor y dueño y la palabra de seguir te empeño tus dulces silbos y tus pies hermosos.

    Oye, Pastor, pues por amores mueres, no te espante el rigor de mis pecados, pues tan amigo de rendidos eres.

    Espera, pues, y escucha mis cuidados.
    Pero, ¿cómo te digo que me esperes,
    si estás para esperar los pies clavados?

    Pastor crucificado por defender a sus ovejas. Dio permiso. Doy la vida, no me la quitan. Pastor que alimenta con su cuerpo y sangre a sus ovejas.

    Salmo 23

    El Señor es mi pastor, nada me falta

    ¡Qué seguridad, qué alegría!, qué gusto tenerlo como pastor de nuestras almas. Venid a Mí…

    Nada me falta: Tengo su palabra, su Eucaristía, su perdón en la confesión, su Madre. Tengo el pan de cada día: No os preocupéis qué comeréis.

    En verdes praderas me hace recostar.

    Mi yugo es suave y mi carga ligera.

    Él nos quiere decir que seguirle es fácil, somos nosotros los que hacemos pesada la cruz con nuestras reticencias y egoísmos.

    Venid a Mí todos…La vida con Cristo es muy hermosa, aunque tengamos que cargar la cruz. La vida sin Cristo es muy triste aunque nos la pinten de colores. La vida sin Él no me gusta, no me interesa, no la quiero.

    Me conduce a hacia fuentes tranquila y repara mis fuerzas
    La Eucaristía es una fuente de aguas vivas y un alimento que repara nuestras fuerzas. “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna”.

    Venid a Mí, todos los que andáis fatigados y abrumados por la carga y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y hallaréis descanso para vuestras almas. Pues mi yugo les suave y mi carga ligera.

    Me guía por el sedero justo por el honor de su nombre, puesto que Él es el Camino. Sendero estrecho y con piedras pero que lleva a la verdadera vida y en última instancia, al cielo. El camino que lleva a la felicidad eterna, aunque sea difícil, es bendito.
    Por contraste, los caminos de los hombres se presentan atractivos, llenos de flores, amplios, pero llevan a la perdición. Díganlo, si no, todos los hijos pródigos que los han recorrido.

    Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque Tú vas conmigo. Tu vara y tu cayado ame dan seguridad.
    Tú vas conmigo todos los días de mi vida, aunque no te vea, aunque no te sienta, aunque te hagas el dormido, pero la fe me asegura de manera firmísima que Tú nunca me dejarás solo.
    No temas, Yo estoy contigo. Esta frase la dijo Dios a tantos siervos suyos e incluso a la Santísima Virgen: El Señor está contigo. Ella, a su vez, siempre está con sus hijos, como Jesús. Y lo dice: ¿No estoy yo aquí que soy tu madre?
    Preparas una mesa ante en mí enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume y mi copa rebosa.
    Si es verdad que Dios prueba a sus hijos como el oro en el crisol, también es verdad que les hace gustar de su amor y su bondad más que a los demás. Los santos son los que más han sufrido y los que han sido más felices en la tierra.

    Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida. Y habitaré en la casa del Señor por años sin término .(para siempre)
    Seguir a Jesús es triunfar, es gozar de su paz, no sólo de su cruz. Su yugo es suave y su carga ligera. Así opina nuestro Señor. Somos nosotros los que nos hacemos pesada la carga con nuestro desamor y nuestro egoísmo.

    Confío en Ti, porque eres rico en misericordia.

    Tus parábolas lo dicen, en particular las de la dracma perdida, la oveja perdida y la del Hijo pródigo. Tu comportamiento con los pecadores lo grita: ¿Qué es sino pura misericordia el Yo tampoco te condenodicho a la adúltera, el Hoy ha llegado la salvación a esa casa que le dijiste a Zaqueo, el Dame de beber a la Samaritana, el Hoy estarás conmigo en el Paraíso con que te dirigiste al ladrón?

    Tu venida al mundo, el tomar nuestra naturaleza es una gran misericordia. Tu naturaleza de hombre grita tu bondad, tu amor y tu misericordia de manera permanente y muy sincera. Pero tu naturaleza flagelada, coronada de espinas, crucificada es el culmen de tu misericordia, porque fue el amor y ninguna otra la motivación que te llevó a este grado de heroísmo por nosotros.

    En nuestros tiempos ejerces más que nunca tu misericordia. Lo sabemos porque Tú lo has dicho y prometido por medio de Santa Faustina y porque lo palpamos todos los días. Tiempo de misericordia, como si en otros tiempos no lo hubieras sido. ¡Qué triste para Ti y qué arriesgado para nosotros el despreciar el tribunal de la misericordia y tener que presentarnos ante el tribunal de la justicia. Porque también eres justicia infinita.

    Tener misericordia es perdonar, perdonar todo, perdonar siempre. Perdonar incluso en el último instante. Perdonaste a Pedro con infinita ternura, preguntándole simplemente si te amaba. ¿Cómo no amarte, Señor? Perdonaste a María Magdalena, y la convertiste en santa. Ella fue la mensajera de tu resurrección para los apóstoles. María, ¿nos podrías decir si Jesús es misericordioso? Perdonaste al buen ladrón con las palabras de un amigo entrañable. Te invitaste a comer en casa de un pecador, Zaqueo, para decirle palabras sublimes: Hoy ha llegado la salvación a esta casa.

    Por eso, confío en Ti con todas mis fuerzas.

    Mañana martes 12 de febrero terminamos con nuestras meditaciónes de “Confianza en Dios”. Con esta confianza en el amor de Dios, empecemos el miércoles la Cuaresma. 

    Meditaciones anteriores:
    1. Confío en Ti 
    2. Confio en Ti porque tu Padre te ha enviado 

     

P. Mariano de Blas LC

Confío en Ti porque tu Padre te ha enviado


Autor: P. Mariano de Blas LC | Fuente: Catholic.net
Confio en Ti porque tu Padre te ha enviado
He venido para que tengan vida, calidad de vida en ese mundo y la vida eterna feliz en el otro.
Confio en Ti porque tu Padre te ha enviado

El Padre no envió a su Hijo al mundo para condenarlo… No envió a Jesús al mundo para condenarte, para condenarme, sino para salvarlo, para salvarte, para salvarme.
Dios no condena a nadie. Se condena uno, después de despreciar todos los esfuerzos de Dios para salvarlo. Dios quiere que todos se salven, que tú te salves… Ésta es una decisión firmísima. Pero no puede obligar a nadie.

Para ello te ofrece: el sacramento del bautismo, la confesión, la Eucaristía, la gracia, el Espíritu Santo, la Iglesia, su Palabra, la Santísima Virgen. Todos esos elementos juntos son más suficientes para que un día estés en el cielo.

He venido para que tengan vida, calidad de vida en ese mundo y la vida eterna feliz en el otro.

He sido enviado como el Buen Pastor…Un buen pastor es la alegría y la seguridad del rebaño. Jesús, buen Pastor es la alegría y la seguridad de todos nosotros, sus ovejas.

No he venido a ser servido sino a servir y a dar la vida. Vino a eso y a eso se dedicó. Un Dios servidor de los hombres es algo increíble, maravilloso. ¿Qué más queremos? ¿Qué más necesitamos?: Un Dios a nuestro servicio, un Dios que da la vida por mí. Ciertamente que nadie me ama como Él. He venido… Lo sabía demasiado bien. Era la misión, su misión. Pasó haciendo el bien y sigue pasando haciendo el bien.

No he venido a hacer mi voluntad, sino la de mi Padre. La voluntad de Jesús coincidía con la voluntad del Padre y esa voluntad era: Hijo mío, predilecto, sálvalos, rescátalos, tráelos aquí con nosotros al cielo. La voluntad de mi Padre es que nada de lo que me ha dado perezca, sino que lo resucite en el último día.

He venido como Luz del mundo para que todo el que me siga no ande en tinieblas. La luz se necesita y se agradece sobre todo cuando hay oscuridad. El mundo como tal está en tinieblas, pero Cristo es la luz del mundo. Todo el que quiera vivir en la luz, que se acerque a Jesucristo.

He venido como Pan de vida. Así como la luz se agradece, se agradece también el pan y la comida, cuando aprieta el hambre. Los hombres estamos muertos de hambre, pero hay un Pan que sacia el hambre, el Pan de la Vida.

He venido como camino, verdad y vida. Los caminos nos llevan a los destinos deseados, Jesús es camino que lleva al cielo, el lugar más deseado de mundo. La mentira y el error nos conducen a serios problemas. Pero Jesús es la Verdad que ahuyenta los errores. Los hombres muertos o moribundos pueden resucitar o llevar calidad de vida con Jesús Vida.

He venido como resurrección. Las cosas humanas todas se mueren, se deterioran, se acaban, incluidos los hombres. Pero Jesús resucita todas las cosas, principalmente a los hombres. La muerte será por un rato, la resurrección, eterna.
He venido a buscarte, a perdonarte, a entregarte la llave del cielo. He venido para darte una vida mejor aquí y para llevarte al cielo. He bajado para que tú subas.

Confío en Ti, porque eres fiel a tus promesas.

Siempre cumples. Tú no eres de los que dicen: claro que sí…pero siempre no. En contraste con lo que yo prometo. ¿Qué porcentaje de mis promesas a Dios y a los hombres he cumplido?

  • Prometiste: Yo estaré con vosotros…y lo has cumplido hasta hoy y sé que lo cumplirás hasta el fin. La fe me asegura tu presencia aunque te hagas el dormido o parezca que estoy solo. Tú cumples las promesas.
  • Prometiste el ciento por uno y la vida eterna… Todos los que han dejado padres, madres, hijos, hermanos o hermanas, campos… han recibido y siguen recibiendo el ciento por uno y están esperando lo de la vida eterna, ¿Quién da más que Jesús?
    Prometiste el Espíritu Santo y lo enviaste. Cumpliste de forma ruidosa y luminosa (viento huracanado y lenguas de fuego) a los apóstoles la promesa del Consolador y comprendieron por qué les habías dicho: Os conviene que yo me vaya.
  • Prometiste que vendrás de nuevo, y lo cumplirás. Vendrás. Creo que vendrás a jugar a vivos y muertos. Espero ese día estar a tu derecha y escuchar que me dices: Ven, bendito de mi Padre, a tomar posesión del Reino de los cielos.
  • Prometiste dar el cielo al buen ladrón y se lo diste. Estamos seguros de que está contigo en el Paraíso. Prometiste resucitarnos en el último día y sabemos que lo cumplirás. Esta promesa anima nuestra esperanza. Resucitaremos como Tú y con un cuerpo semejante al tuyo. Y, a partir de entonces, no moriremos jamás.
  • Prometiste resucitar el tercer día y resucitaste. A pesar de que tus apóstoles no querían tu muerte, tuvieron que aceptarla, y aunque no creían en la resurrección, no tuvieron más remedio que aceptarla. Lo habías prometido.
  • Prometiste darnos a María como Madre y lo cumpliste. ¡Qué promesa y qué cumplimiento! No sólo cuidó de san Juan y de los apóstoles, sino de todos y cada uno de los hombres. Ha cuidado de mí. Yo sé que es mi Madre, me ayuda, me anima, me guía como la mejor de las madres.
  • Preguntas o comentarios al autor
P. Mariano de Blas LCSeguiremos con esta reflexión el lunes 11 de febrero 2013 

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Confío en ti


Autor: P. Mariano de Blas LC | Fuente: Catholic.net
Confío en Ti
La fe no constata, se fía de un ser omnipotente e infinitamente misericordioso y elige confiar a pesar de todas las evidencias.
Confío en Ti

Confío en Ti, porque eres completamente de fiar. Eres la misericordia sin orillas ni fronteras. Misericordia que ha perdonado, perdona y seguirá perdonando.

Cuanto necesito de esa misericordia y bondad, yo que soy tan pecador. Espero en Ti porque eres la misericordia infinita. Si yo supiera, si yo creyera que tu bondad y misericordia no tienen medida, me sentiría para siempre seguro y tranquilo. Si eres la misericordia infinita, haz que sea también infinita mi confianza.

Todo lo perdonas, aun los más horrendos pecados, si hay un poco de arrepentimiento y humildad. No cabe desesperanza en el corazón de los más grandes pecadores. El perdón de Dios siempre es mayor.

Espero en Ti porque eres fiel a tus promesas. Tú cumples siempre. El hombre casi nunca. Por eso tengo la certeza de tus promesas. Un día las disfrutaré de seguro. Mientras alimento mi esperanza.

La confianza tan necesaria…Las penas son grandes a veces y la esperanza no alcanza. Él nos ha dicho: Confiad totalmente en Mí. Nuestra mente nos dice: No saldrás del hoyo. Así piensan los que se suicidan.
Jesús dice: No os preocupéis… Nuestro refrigerador vacío, la tarjeta vencida, los pagos de la casa sin hacer, la falta de trabajo, no tienes remedio…
La mente y los ojos ven, constatan y deciden en consecuencia. No hay remedio. La fe no constata, se fía de un ser omnipotente e infinitamente misericordioso y elige confiar a pesar de todas las evidencias.

Realmente para Dios el resolver mis problemas es de risa. No le cuesta nada, nada. Y pensar que sólo depende de que yo haga un acto de fe y confianza. Jesús en Ti confío.
Todo lo obtendréis… Reto a cada uno de mis lectores a que tengan esta clase de fe que mueve montañas. La fe mueve montañas, sí, pero solo las que uno se atreve a mover.
Les decía que para los que no tienen trabajo, y sí muchas deudas empiecen a dar algo de lo que todavía tienen, que pidan por los más necesitados que ellos. Y se llevarán la gran sorpresa, Pero esto sólo lo harán los que tienen confianza en Dios.

Problemas de un esposo, hijo o hija que está tercamente alejado de Dios…Oren con confianza inquebrantable de que Dios les concederá la gracia pedida. Pero deben superar la gran prueba: el no ver resultados durante un tiempo o incluso el ver que la situación empeora. Confiar significa continuar orando con la misma seguridad. Y el milagro llegará. Ha llegado ya para muchos y muchas que han orado con esa confianza.

En el evangelio no hay ni un caso de enfermedad o necesidad que no haya sido atendido cuando Cristo encontró una fe como ésa. La siro fenicia, el Centurión y su siervo, la hemorroísa, el leproso…

Problemas duros: Mi hijo está en la cárcel, estoy en quiebra económica, mi matrimonio anda naufragando…alguien de mi familia se fue a otra religión, o anda muy alejado de Dios… Esas personas tienen un reto magnífico, valiente:La confianza mayor que el problema.

La misma confianza que tienes en Dios, tenla en María Santísima. “Si vosotros que sois malos dais buenas cosas a vuestros hijos.. cuanto más vuestro padre celestial…”
¿Crees que Ella no puede, crees que Ella no quiere? El amor que Ella te tiene es como para darte todas las cosas del mundo, con más razón la pequeña cosa que le pides. Problema de confianza, siempre es problema de confianza.

¿Cómo se adquiere la confianza?
Pidiéndosela a Dios y a María Santísima y ejercitándola en pequeños y repetidos actos de confianza. Confío en que me ayudarás a tener hoy qué comer, cómo pagar mis deudas, como conseguir trabajo, cómo lograr que mi hijo o hija regrese al buen camino…

Hay, además, una fórmula secreta para obtener cosas que uno necesita: y consiste en dar. Parece contradictoria pues, si no tengo, qué voy a dar. Siempre el más pobre puede dar algo de lo que tiene. Al dar algo parece empobrecerse de momento, pero hay una ley que se cumple siempre: el que da, recibe. Claro, al que no está acostumbrado a ese modo de proceder o no lo ha experimentado, le cuesta creerlo. Pero yo le reto a que haga la prueba.

Muchos y muchas de ustedes han dado un ejemplo de esto: comprometerse con una ofrenda de amor mensual sin saber si van tener. Pueden estar seguros que se cumplirá lo del profeta Elías con la viuda de Sarepta: No faltará la harina ni el aceite en tu casa hasta que Dios mande la lluvia del cielo…Y así sucedió. Los que han hecho anteriormente la experiencia, lo saben.

Dejo en tus manos, Señor, mi vida entera: Mi pasado, mi presente y mi futuro. También el día de mi muerte. Yo no sé cuándo será ni cómo pero no importa. Me importa que lo sepan las dos personas que más me aman en este mundo, Tú y tu Madre santísima que es también mía. Por eso no tengo miedo a la muerte.

Seguiremos con esta reflexión mañana martes 6 de febrero 2013 

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Te amo, Dios Mio


Autor: P. Mariano de Blas LC | Fuente: Catholic.net
Te amo, Dios mío
Dios no se hace viejo, no se arruga, no pierde fuerza. Dios nos ama hoy como ayer y como nos amará mañana
Te amo, Dios mío

Te amo sobre todas las cosas porque eres infinitamente amable.

Es el Amor con mayúscula. Dios es Amor. La Belleza misma la Santidad -el tres veces santo- el todopoderoso, creador de los cielos y la tierra.

Cuando uno ve a una persona buena, santa, poderosa, amorosa, muy bella se entusiasma con ella, se enamora de ella. El que conoce a Dios no puede menos de enloquecer de amor por Él.

“Tarde te amé, Oh belleza tan antigua y tan nueva, tarde te amé”. San Agustín. Esta frase de San Agustín dice muchas cosas: Primera que Dios es de una belleza inmarcesible. A veces uno se enamora de un ostro de una persona que no quisiera que envejeciese, que mantuviese siempre la misma frescura, la misma juventud, idéntica sonrisa. Pero, por desgracia, las personas avanzan en edad, salen canas, arrugas, obesidad, arrugas en la frente y en el alma. Algunos podría n decir: Esta no es la persona de la que yo me enamoré. Ha cambiado demasiado.
Segundo, que uno es un pobre desgraciado cuando se enamora de todo menos de Dios. Por eso dice dos veces la palabra triste tarde, demasiado tarde. Y realmente es cierto. Los minutos, los años en que uno no ama a Dios son perdidos miserablemente. Si no he amado a Dios ¿qué he estado haciendo? Lo mínimo es perder tiempo y vida.
Cuantos de nosotros deberíamos decir como el santo: Tarde te amé, oh belleza tan antigua y tan nueva, tarde te amé. Y, tal vez, algunos tengan que decir: Nunca te amé, nunca te conocí. !Qué triste es esto!.

Y porque a ti sólo debo amarte con todo mi corazón, con toda mi alma y con todas mis fuerzas. Por ser mi Creador, mi Redentor, y por haberme destinado al cielo.

Te amo porque me has amado Tú primero.

Esto es fantástico -El nos amó primero a
cada uno. Desde siempre, desde toda la eternidad.
No me consultaste par darme la vida…
Porque me amaste, me creaste, me diste la existencia.
Pero no me creaste para la desdicha, para la mediocridad, sino para ser santo, feliz, para hacer algo grande en este mundo.
La aventura más grande es amar a Dios con todo el corazón…
Y al prójimo por amor a El.
No amar a Dios es la desgracia mayor.
Pero amar es darse, es cumplir la voluntad del amado, su voluntad.
“Él nos amó primero”, nos recuerda San Juan. Te amé con un amor eterno.

Te amo porque me has redimido del pecado.

Librar al amado de su peor enfermedad, más aun de su muerte, de su verdadero mal, de su eterna condenación.
Gran amor representa.
Y cuál ha sido el precio. Dios envió al mundo a su Hijo no para condenar al mundo, sino para salvarlo, no para condenarte sino para salvarte. Debes saberlo.
La respuesta debiera ser como al de santa Teresa. “Tengo una vida y entera se la doy; pero si mil vidas tuviera, las mil se las daba”.
El bautismo, la confesión son sacramentos de amor, porque son los sacramentos del reencuentro con el hijo pródigo.
“Daos cuenta de que no habéis sido rescatados con oro o plata, sino al precio de la sangre de Cristo”.
Por eso decía San Pablo: “Líbreme Dios de gloriarme en nada, si no es en la cruz de Nuestro Señor Jesucristo”
Cuando uno se santigua se recuerda a sí mismo y recuerda a los demás que es seguidor de un gran jefe, de Jesucristo y pertenece a la religión del crucificado, la religión del amor. Cada vez que uno se santigua equivale a repetir las palabras de San Pablo: “Líbreme Dios de gloriarme en nada…”
Esconderse cuando se santigua significa que se avergüenza de ser cristiano. Soy cristiano y a mucha honra.
Librarnos del pecado es librarnos del infierno merecido por ese pecado. Mucho te ha de querer quien de tanta desgracia te ha librado. Y mucho más te ha de que querer quien, además de libarte del eterno dolor, te ha regalado la eterna felicidad.
¿Quién es esa persona, dónde vive, cómo se llama? Me muero por verlo, tengo que ser su amigo, quiero amarlo por siempre… y sabemos que es Jesús.

Te amo porque me has abierto las puertas de tu Reino

Lo más grande que podía regalarnos. Dios no tiene una cosa más grande que darnos que el cielo, su cielo, donde Él vive y es infinitamente feliz.
Las puertas de ese cielo estaban cerradas. Cristo nos las ha abierto. La felicidad de Dios la participaremos.
Los que nos han precedido en el camino nos dicen: “Es verdad…vengan”.
San Pablo, que vio el cielo: “Todo lo que su sufre en este mundo es nada…”
No tienes razón cuando piensas y dices: Me piden demasiado. La verdad, hermano, es que nos piden demasiado poco.
“Alegraos más bien de que vuestros nombres estén escritos en el cielo.” Si esta no es tu máxima alegría, no sabes qué es el cielo.
Te invito en este momento a que te sientas muy alegre de que tienes tu nombre escrito en la lista del cielo. Alégrate, sí, más que de todas las demás cosas.
¿Cuántas veces te ha regalado Jesucristo el cielo? Con cada pecado mortal lo has perdido. Con cada absolución te lo han devuelto. ¿Cuántas veces has perdido el cielo, pobre hombre, pobre mujer? ¿Cuántas veces te han vuelto a dar el cielo, hombre afortunado, mujer afortunada?

Te amo porque me has hecho hijo de Dios

Decía Jesús. “Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos”. No fue un santo, ni siquiera la Virgen María quienes nos indicaron que rezáramos así, sino su propio Hijo, Jesús. Mi Padre me ha pedido que les enseñe a orar así: “Padre nuestro que estás en el cielo…” Jesús podría haberle dicho con toda razón: Padre, soy tu hijo único, ¿cómo que ahora voy a ser hermano de todos los hombres? Además, no sé si te has fijado cómo se portan muchos de ellos. ¿Vas a caso a repartirles la herencia del cielo?
No, Jesús le dijo: Bendito seas, Padre mío, porque quieres además de tu hijo divino, hacer hijos tuyos también a cada uno de los hombres. Yo soy, me declaro hermano de cada uno de ellos. Esto lo dijo Jesús, está en el Evangelio, a través de María Magdalena: “Ve a decirles a mis hermanos: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios”.
De la herencia también habló: “En la casa de mi padre hay muchas moradas, Voy a prepararos un lugar”. Con qué profunda emoción les dijo Jesus esta noticia a los apóstoles y a cada uno de nosotros. Voy a prepararos un lugar.
Debemos atrevernos a rezar el Padrenuestro como Jesús quería que lo rezáramos: Decidlo, sentidlo, amadlo, tened una total confianza.
Desconocer el amor de ese Padre es la desgracia mayor del mundo.
Debemos enseñar a los hombres que Dios es su Padre. Porque no lo saben, no lo creen, no se lo imaginan.
Evangelizar no es sólo explicar las hermosas realidades de la religión sino hacérselas creer, sentir, experimentar.

Te amo porque me has enriquecido con el Espíritu Santo

Paráclito: consolador, santificador, es decir que nos guía hacia la santidad y hacia la vida eterna.
Bueno, ¿y dónde está el Espíritu Santo?
Responde San Pablo: ¿No sabéis que sois templos de Dios y que el Espíritu Santo habita en vosotros?
También Jesús lo afirmaba: Si alguno me ama, mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos en él nuestra morada. Las tres divinas personas.
El alma que vive en gracia es un templo de la Santísima Trinidad, de las tres divinas personas.
Se le llama, por esta razón, el divino huésped del alma.
Es el Don por excelencia; es el amor infinito de Dios que vive en nosotros y para nosotros. Para realizar el plan de amor de Dios en nosotros: hacernos, hombres y mujeres fieles, cristianos felices, santos y llevarnos al cielo para toda la eternidad.

Te amo, porque me has entregado a tu Madre al pie de la cruz.

¡Qué amor tan delicado, tan sincero, tan fino! María es su joya, su criatura predilecta, su Madre bendita…Pues no quiso quedársela para sí.
Es madre nuestra con todo derecho porque nos la han dado.
Podemos y debemos, por tanto, llamarla madre nuestra.
Corredentora: Jesús ha querido que, de manera semejante a Él, sufriera terriblemente y colaborara así a la redención, a nuestra redención, a la mía.
Aquí no me malentiendan los hermanos evangélicos. Pues, si San Pablo completaba en su cuerpo lo que falta a la Pasión de Cristo, quiere decir que todos colaboramos al menos con alguna partecita. Pero María más que nadie.
Jesús nos la dio: El regalo en sí mismo es extraordinario, único.
Pero nos la dio con un grandísimo amor.
Y María ha aceptado ser madre de cada uno de nosotros con una obediencia perfecta y con un cariño inmenso que no podemos ni medir.
Bendito el momento en que Jesús decidió darme a su Madre como Madre Mía.
Después de la alegría de ser hijo de Dios, la más entrañable felicidad es tener como madre a María.

Te amo por el don de la fe católica

Si estimáramos la fe como los santos…”Ésta es la victoria que vence al mundo, nuestra fe”, está dicho.
El justo, el santo, vive de la fe, es decir, de lo que le ha dicho Dios a través de su Revelación.
La fe debe ser viva y operante, no mortecina ni somnolienta.
Por ejemplo, si al comulgar tú crees profundamente en que en ese pan consagrado está realmente Jesucristo, el día no puede de ninguna manera ser triste o malo. Has recibido a Dios.
Tener fe es ver todas las cosas con los ojos con los que ve Dios.
Si no tuviéramos fe, seriamos muy desgraciados… En realidad los que no tienen fe, ¿qué sentido encontrarán al dolor, a la muerte, al después de la muerte? Si no se tiene fe ¿qué sentido tiene la misma vida, el vivir, el amar, el cumplir con las reglas de la moral? Sin fe todo se tambalea.
La mejor forma de agradecer la fe a Dios consiste en transmitirla, en comunicarla a otros. En reanimar la fe de los que la tienen medio dormida o medio muerta. Hay muchos hermanos nuestros que pierden la fe, la están perdiendo, por falta de alguien que les ayude a vivirla con pasión.
Esta es la victoria que vence al mundo, nuestra fe. Ojalá ayudemos a algunos a recuperarla, a volver a la casa del padre de la que nunca debieran haber salido.

Te amo porque te has quedado conmigo en el sagrario.

Jesús ha cumplido su promesa: Yo estaré con vosotros todos los días hasta la consumación de los siglos. ¿Cómo? En la Eucaristía.
Yo animo a todos esos hermanos y hermanas nuestras que tienen gran devoción a la Eucaristía, que comulgan con devoción, hacen adoración al Santísimo, lo visitan en el tabernáculo, hacen procesiones con el Santísimo. Nos recordaba Nuestro querido Benedicto XVI que la primera procesión con el Santísimo fue la de María cuando fue a visitar a su Prima santa Isabel llevando en sus purísimas entrañas a Jesús. Con eso quedan las procesiones santificadas.
No cuesta nada visitarlo, ir a pedirle favores. Necesitamos ir al Sagrario más que al súper: Porque en el súper conseguimos alimentos para el cuerpo, pero en el Sagrario alimento para el alma: “Venid a Mí todos los que andáis fatigados y abrumados por la carga y Yo os aliviare”. ¿Creen que Jesus dijo esto por decirlo nada más?
No tengo tiempo de visitarlo, porque tengo que hacer tanto por Él. Soy un apóstol tan celoso y tan ocupado que no tengo tiempo para rezar, para ir a la Iglesia. Pues soy un mal apóstol, porque me preocupo más de la viña del Señor que del Señor de la viña. Les pongo un ejemplo para que me entiendan. Hay maridos, sobre todo jóvenes, que están abrumados de trabajo y no tienen tiempo de estar con su esposa y sus hijos, porque están ganando dinero para ellos. Cuantas veces he escuchado a esas esposas: Ojalá mi esposo ganara menos y estuviera más tiempo con nosotros.
Pues tengan la seguridad de que Jesús nos dice a muchos de nosotros: Ojalá tuvieras más tiempo para estar conmigo.

Te amo porque me has enviado como a los apóstoles, a extender tu Reino entre los hombres.

Nadie más nos ha enviado, sólo Cristo. “Id y predicad el Evangelio a toda criatura. No me habéis elegido vosotros a Mí sino yo a vosotros”
Cada uno ha sido enviado a predicar la Buena Nueva: los padres a los hijos, los amigos a los amigos. A todos a los conocidos y desconocidos.

Te amo porque eres mi Dios y mi Señor.

Mi Dios y mi todo, decían los santos en un suspiro de amor.
En resumen: Te amo con todo mi corazón.
Porque lo mereces totalmente, lo esperas.
Porque es lo que más me importa y lo que más necesito.
San Pablo decía: Para mí el vivir es Cristo y el morir una ganancia.
Cristo es mi Dios, mi gran amigo, mi Padre, mi grande y mi único amor y la gran razón de mi existencia.
“Señor mío y Dios mío” exclamó Santo Tomás en un momento de gracia. Es una frase que tenemos que decir y sentir con mucha frecuencia.
“No volveré a servir a un señor que se me pueda morir”. Palabras de San Francisco de Borja ante el cadáver de su hermosa reina. Servimos a ese Dios y Señor que vive para siempre, que con el paso de los siglos no ha perdido nada de su belleza, de su amor, de su poder y misericordia. Dios ha sido, es y será siempre infinitamente amable y adorable para suerte nuestra.

Dios no se hace viejo, no se arruga, no pierde fuerza. Dios nos ama hoy como ayer y como nos amará mañana. Aprovechemos esta maravillosa gracia y amemos, amemos a la persona más digna de nuestro amor.

Creo en ti Señor (parte 2)


Autor: P. Mariano de Blas LC | Fuente: Catholic.net
Creo en ti, Señor (2)
Dios se complace en prestar su omnipotencia en los que confían en Él. Tú puedes ser uno de ellos.
Creo en ti, Señor (2)

Ayer martes, meditamos los primeros puntos de esta reflexión, Creo en ti, Señor (1). Continuemos hoy con los siguientes…

8. Jesucristo, creo que eres la piedra angular de la Iglesia
Los constructores te despreciaron y el edificio no se mantuvo en pie. De hecho el templo de Jerusalén no existe, queda sólo un muro de lamentaciones. Pero el templo de tu Iglesia sigue en pie, porque te ha elegido a ti como piedra angular.
Todas las vidas que se construyen sobre Ti, resisten el paso del tiempo. Las demás se destruyen. Hoy los hombres te han vuelto a arrancar del edificio de este mundo y el mundo se tambalea, hasta que se derrumbe del todo. Oh Jesús necesario e imprescindible, pero rechazado por los hombres insensatos y pésimos constructores, ten compasión de ellos.
Cuantas veces han hecho el experimento de prescindir de Ti y se han ido por el precipicio. ¿Necesitan más experiencias? Millones de hombres han jugado a ser ateos, a vivir sin Dios. Siempre les ha ido muy mal. Y siempre les irá mal. “Nos has hecho, Señor, para Ti y nuestro corazón estará inquieto hasta descansar en Ti”. Lo interesante de esta frase es que la dijo un antiguo y terco ateo.
Eres la piedra angular en la vida de cada hombre. Felices los que edifican sobre Ti y pobres, miserables los que te arrojan fuera de sus vidas: se convierten en eternamente miserables. Yo no quiero ser uno de esos miserables.
Hombres y mujeres locos que, sin saber o sabiéndolo, van por el camino de su perdición, cambien a tiempo su ruta, antes de que sea demasiado tarde. Muchos que, como Uds. erraron el camino, tuvieron tiempo y sensatez para cambiar de ruta. Fueron ateos como tantos, pero ahora son cristianos como pocos. Jesús es la roca que puede y que quiere llevarnos a la salvación eterna. Hagámosle caso. Él perdona, Él comprende, Él espera.

9. Jesucristo, creo que te has quedado realmente con nosotros en la Eucaristía
Este acto de fe llena mi vida de fuerza, seguridad y alegría. Porque Tú, que eres el fuerte, estás con nosotros. Tú que eres el amor, estás aquí. Tú que eres nuestro Hermano mayor, quieres estar con nosotros.
Tú que eres el Pan de Vida saciarás nuestra hambre. Tú que eres el agua viva, saciarás para siempre nuestra sed. La Eucaristía es el cumplimiento formal de una promesa: “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”. La Eucaristía es una promesa cumplida.
Se ha quedado para todos los hombres, y como yo soy uno de esos hombres, se ha quedado para mí. Si Él es mi Dos y se ha quedado para mí, yo su creatura debiera estar con Él frecuentemente. Mis misas y comuniones, visitas. adoraciones manifiestan mi gratitud y mi amor y la fe de que ahí está para mí. Yo tengo la llave del sagrario y te saco y te introduzco en él y te reparto a los fieles que vienen a buscarte.
Yo soy el pregonero de tu presencia amorosa, debo hablar, debo gritar que estás ahí; debo probar con mi fe y mi respeto que alguien muy importante está presente. Tengo que decirles: “Venid a Él todos los que andáis fatigados y agobiados por la carga y Él os aliviara”. Tengo que gritar a los hambrientos y sedientos: Venid a Él, y se saciará vuestra hambre y vuestra sed.
Hombres que pasáis por el camino de la vida con el fardo de penas y trabajos a cuestas, deteneos un momento ante la fuente de aguas vivas.

10. Jesucristo, creo que eres el Señor de la vida y de la historia
El hombre se cree dueño de la vida y actúa como si lo fuera. Te está robando tu trabajo. Y se cree dueño de la historia. ¡Qué equivocado está! Una furia infernal lo está ensoberbeciendo y va derecho a la ruina.
Yo creo, en cambio, y con toda la fuerza de mi fe, que el único dueño de la Vida eres Tú, mi Dios. Y que el único señor de la historia eres Tú, mi Señor. Por ello te adoro y te alabo por todos los ladrones de tu honra.
Señor de la vida, vivifícame. Resucita todo lo que está muerto en mí y cura todas las partes enfermas de mi cuerpo y de mi alma, pues viniste para qua tuviéramos vida y vida en abundancia.
¿Vivir? Se puede decir que todos vivimos, pero hay vidas que se parecen mucho a la muerte. Vivir o semi-morir, vivir o semi-vivir. Yo quiero vivir, ayuda mi vida.
Y conviérteme en resucitador de muertos, sobre todo de almas muertas. Abundan, sufren, tienen boleto para el infierno. No permitas que tanto amor y tanto dolor tuyos y de tu madre no logren resucitar esos muertos.
Señor de la historia. Los hombres van haciendo historia de muerte y de perversión, pero Tú eres el protagonista de esa historia que, respetando libertades, la diriges siempre hacia donde Tú deseas.
Historia de guerras, de abortos, de eutanasia, de divorcio, de narcotráfico, y violencia ¡Qué triste historia están haciendo los hombres! Construyen la civilización de la muerte, y Tú quieres construir la civilización de la vida, de la justicia y del amor.

Nosotros estamos contigo, queremos colaborar en la civilización del amor que es la civilización cristiana.

11. Jesucristo, creo que eres el camino, la verdad y la vida.
Camino:

Una senda que lleva al cielo. Tiene piedras y es estrecha pero Tú nos acompañas, y tu compañía transforma lo duro y amargo en suave y dulce. Es la diferencia de seguir un camino en solitario o en tu compañía. El cielo es cielo porque estás Tú y el infierno es infierno porque Tú no estás.
Caminar sin tu compañía vuelve dura la vida. Muchos se hacen dura la existencia porque no quieren saber de Ti. Yo quiero caminar contigo porque Tú quieres acompañarme y porque Tú solo tienes palabras de vida eterna.
Verdad: 
Creo en Ti, Dios mío, porque eres la verdad misma. En un mundo de mentira, Tú eres el refugio y la brújula. En la dictadura del relativismo que equivale a viajar por un mar inestable, Tú eres la roca que resiste el embravecido oleaje.
Necesito creer en algo, en Alguien que dé sentido y seguridad a mi existencia. Tú eres mi roca y rompeolas. Tú eres la verdad de mi vida, eres luz que ilumina mi senda, mi camino seguro.
Vida:
Yo soy la vida, la vida del cuerpo y la vida del alma. Por lo tanto, Él ha dado y sigue dando la existencia a todos los seres, a mí también. Tú eres mi vida y yo soy parte de tu ida.
Salí de Ti, en Ti existo y hacia Ti voy, Dios de mi vida. Mi Dios y mi todo: Mi Dios y mi vida. Sin Ti no existí y sin Ti no existiría ahora y sin Ti no existiré mañana.
Vida de las almas, mantén siempre viva mi alma y ayúdame con tu gracia a resucitar las almas muertas de mis hermanos. La confesión es un sacramento de resurrección; debo ejercerlo con frecuencia y con amor. Decir a un alma: Tus pecados no existen ya y que sea cierto. Camino, Verdad y Vida de las almas, bendito seas hoy y por siempre.

12. Jesucristo, creo que me has llamado a tu Iglesia para luchar incansablemente por la instauración de tu Reino entre los hombres.
He sido llamado, invitado. Pertenezco a tu maravilloso ejército de los hombres más felices del mundo y de los más humildes, de los que se esfuerzan por entrar por la puerta estrecha y de aceptar como santo y seña las bienaventuranzas: Pobres de espíritu, mansos, puros de corazón…
Cuentas realmente conmigo, a pesar de mis limitaciones y miserias, quieres verme luchar y obtener victorias, pescar almas en el mar del mundo, como en el caso de los apóstoles. También a mí me has dicho: No temas, haré de ti un pescador de hombres.
Quiero sentir, como Pedro, la nada de mis esfuerzos en el mar de las almas: “Toda la vida, días y noches tirando las redes y nada…” Y sobre todo sentir la seguridad y confianza en tu poder divino que llena las redes hasta reventar. Quiero echar mis pobres redes en tu nombre y en el nombre de tu Madre bendita. Y sé que se llenarán de almas.
Las echo a través de mis retiros, programas de radio y de mis materiales impresos que son una manera muy particular y moderna de tirar las redes. Tú quieres que hable, que escriba, que edite libros y CDS, quieres que dé conferencias y que siga tirando las redes en tu nombre. Me da tanta alegría y confianza el que te complaces en llenar mis viejas redes y que compartes conmigo la felicidad de la pesca.

13. Jesucristo, creo que contigo todo lo puedo.
Porque creo en tus promesas. Si Tú has dicho: “Todo lo que orando pidiereis, lo obtendréis”, es porque dices la verdad. Los que se atreven a creer son los hombres y mujeres que logran todo en el mundo. Quiero ser uno le ellos.
En realidad nos has dado la clave para obtener todo, la fe, pero no la usamos sino medianamente. En nuestra oración, en nuestro trato contigo, no nos fiamos plenamente de Ti. Por eso no somos más ricos, más santos, más apóstoles. Hombres y mujeres de poca fe. Ese reproche nos cae como un saco de piedras en la cabeza.
Tan cierto es que nada puedo sin Ti como que contigo lo puedo todo. Estar seguro de esta verdad es honrarte, pues te agrada mucho que confiemos en Ti y es al mismo tiempo disponer de la omnipotencia de Dios.

Dios se complace en prestar su omnipotencia en los que confían en Él. Tú puedes ser uno de ellos.
Somos más peritos en usar la inteligencia que en utilizar la fe. La inteligencia ve, mide, pesa, cuenta y saca las conclusiones de su estudio. La fe no mide, no cuenta, simplemente se agarra de la mano de Dios omnipotente y realiza los milagros.

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Creo en ti Señor


Autor: P. Mariano de Blas LC | Fuente: Catholic.net
Creo en ti, Señor
Crecer en la fe es crecer en el amor. Por eso, porque creo en Ti con toda mi mente, te amo con todo mi corazón.
Creo en ti, Señor

Creo en Ti, Señor.
Creo que existes, que vives, que eres amor. Creo que eres la misericordia infinita y que la manifiestas a raudales en tantos acontecimientos de nuestra vida.
Creo que eres el camino seguro que lleva al cielo, y que no hay otro. No hay otro cielo ni otro camino que lleve al mismo.
Creo que eres la verdad de la vida y de las cosas. Eres también la vida de todos los seres, eres mi vida… Vida plena, vida eterna…

Creo que has formado los cielos y la tierra, con todo su ornato. Si en Ti no creyera, todo sería destrucción, desorden, caos.
Creo en Ti, Señor.
Crecer en la fe es crecer en el amor. Por eso, porque creo en Ti con toda mi mente, te amo con todo mi corazón. Creer es fiarse, es tomar la mano del amado y, sin soltarla, caminar juntos siempre, durante las horas de desierto y las horas de primavera.
Te gusta, Señor, que tengamos fe en Ti: “Tu fe te ha salvado”, y te apena mucho nuestra falta de fe: “Hombres de apoca fe, ¿porqué habéis dudado?”
Quiero ser un hombre o una mujer que se fía de Ti totalmente, que camina por la vida no con la seguridad de sus pies o de su mente sino con la seguridad de su Dios.

1. Jesucristo, creo que eres el Hijo eterno del Padre
Creo en la Santísima Trinidad. La celebramos en su fiesta. Eres un Dios único pero en tres personas que son amor. Y creo que las tres personas habitan en mi alma por la gracia.
Tú eres el Hijo del Padre desde toda la eternidad, el hijo en el cual tiene el Padre todas sus complacencias. El Hijo enviado al mundo no para juzgarlo, sino para salvarlo.
Eres tan parecido al Padre. Nosotros debemos ser tan parecidos a Ti. No fuiste enviado por el Padre para condenarme, sino para salvarme. A mí y a cada uno de los hombres.
Pagaste un precio tremendo. Pagaste todo Tú para comprarme a mí. Hasta sin sangre en las venas te quedaste, sin vestidos, sin vida. Para salvarme a mí. Pues, ¿quién soy yo? Te quedaste infinitamente pobre, Tú que eras infinitamente rico.
Soy el precio de tu sangre, de tu muerte, de tus infinitas humillaciones. ¿Qué clase de amor es éste? ¿Puede un mendigo sentirse más feliz que yo? ¿Puede un encarcelado, prisionero de por vida experimentar más alegría que yo? ¿Puede un condenado al infierno sentirse más afortunado que yo? Pues soy un pobre hambriento convertido en rico, un encarcelado a quien han dado el indulto, un condenado al infierno liberado del eterno dolor.

2. Jesucristo, creo que eres el salvador de los hombres
Lo que implicó la salvación: Belén, Nazaret -ocultamiento perfecto-. La pasión y la Cruz -amor sin límites-
Belén, Nazaret, Jerusalén son ciudades que me recordarán eternamente el amor de mi Dios. En Belén nació por amor a mí en la máxima pobreza. Una cueva, un pesebre de amor. En Nazaret vivió por amor a mí en el ocultamiento perfecto. En Jerusalén sufrió la pasión y la muerte de un esclavo y de un “maldito” por amor a mí.
En esas ciudades me amó hasta el extremo mi Creador, mi Redentor. Siempre que te mire, veré el rostro y los ojos de mi Salvador, unos ojos que me miran con amor, con compasión y con inmensa esperanza. Siempre que piense en Ti, sentiré renacer la esperanza, porque eres Luz, Resurrección, Buen Pastor, Camino, Vedad y Vida.
Contigo siempre hay remedio, hay salida. Por tanto camino por la vida con la frente alta, el corazón alegre y paso seguro. Voy con Jesús, con el que prometió: “Yo estaré con vosotros todos los días, también hoy.”

3. Jesucristo, creo que te encarnaste en el seno de la Virgen María por obra del Espíritu Santo.
Se puede decir que actuaste como si no fueras Dios durante treinta y tres años. Humillación total. Por amor.
Somos hermanitos de carne y hueso con la diferencia de que Tú eres Dios. Pero, para que no sintiéramos complejo frente a Ti, quisiste divinizarnos, convertirnos en pequeños dioses en el cielo.
Como todos los niños, como yo, estuviste encerrado en el seno de tu madre, creciendo día a día hasta que estuviste maduro para nacer. Lo mismo que yo, lo mismo que todos los niños.
Recién nacido eras como todos los bebés. La cosa más débil del mundo, Tú el Dios de los ejércitos. Quisiste sentir lo que siente un niño creciendo en el seño de su madre. Y a María le hiciste sentir tu presencia y tus movimientos.
Oh divino bebé, maravilloso niño que sobreviste al aborto. Hoy millones de niños no tienen la suerte que tuviste tú de nacer. Ten compasión de todos ellos y de sus mamás porque no saben lo que hacen.

4. Jesucristo, creo que padeciste y morirse en la cruz para redimirnos de nuestros pecados.
Y tengo que decir como san Pablo: Líbreme Dios de gloriarme en nada si no es en la cruz de nuestro Señor Jesucristo. Me amaste y te entregaste por mí en la cruz.
Amor escrito con sangre. Para que no me quedaran dudas de que me amas. “Si fuera necesario para salvarte, volvería a sufrir de buena gana por ti solo todo lo que sufrí por el mundo entero”…Palabras dichas por Ti a una santa. Cuanto amor, cuánto dolor. Cuánto dolor, cuanto amor. Por mí.
Pordiosero miserable, condenado al infierno, todo esto y más he sido. Pero de todo esto me ha librado Jesús. A costa de tormentos, salivazos, flagelos, espinas y humillaciones he sido arrancado del infierno que era mi lugar merecido.
La eternidad no será suficiente para agradecer, para amar, para bendecir y adorar a la persona que mizo tanto bien. Con Pablo digo y diré: “Líbreme Dios de gloriarme en nada si no es en la cruz de mi Salvador.”
¿Será tan difícil amar entrañablemente a un ser que tanto amor me ha demostrado? ¿Podré negar yo, criatura miserable, algo a mi Dios Omnipotente, sobre todo en el amor?

5. Jesucristo, creo que resucitaste al tercer día.
Recuperaste tu divinidad. Te enterraron como hombre y resucitaste como Hombre-Dios glorificado. Y ya la muerte no podrá dominarte jamás. Vives eternamente en el cielo para interceder por nosotros ante el Padre.
Con san Pablo afirmamos: Cristo ha resucitado. Ahí se apoya nuestra fe y nuestra religión triunfadora. La religión de un Dios-Hombre que se dejó vencer y humillar hasta un grado inaudito para resucitar y vencer tan solo tres días después a todos sus enemigos de un solo golpe.
El fundador de nuestra religión es un gran triunfador. Seguimos a un Caudillo que nos lleva a la victoria segura. “Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella”. Un optimismo radical debe prevalecer en muestra vida en medio de las tormentas del mundo moderno.
De los fundadores de religiones -que son numerosos- sólo uno vive resucitado, habiendo vencido a la muerte. Los demás son un puñado más de polvo que hay dentro de la Tierra.
Al resucitar con tu cuerpo humano nos has confirmado que nosotros, de manera semejante y a su tiempo, resucitaremos contigo para vivir eternamente contigo felices en el cielo. Así como creo en tu resurrección, creo también en la mía.

6. Jesucristo, creo que estás sentado a la derecha del Padre.
Es decir, tu Humanidad ha sido glorificada y está junto a Dios. Eres un Dios Hombre para siempre con una humanidad glorificada y, como eres hombre, nos has elevado hasta el trono de Dios, buscando hacernos semejantes a Ti.
Todo lo ha puesto Dios bajo tus pies. Eres el rey del universo no sólo como Dios sino también como hombre. Pero al mismo tiempo has elevado a la naturaleza humana hasta el trono de Dios, la has divinizado.
Tu amor va mucho más allá de lo que pidiéramos imaginar o anhelar. La frase “seréis como dioses” se realizará. San Juan lo confirma: “Seremos semejantes a Él porque lo verismos al cual es.” ¿Qué mas podías hacer por nosotros, por mí?
Por eso, el no corresponder a tanto amor, el dar la espalda a semejante bondad representa una ingratitud tan grande como el universo. Aún desconozco la altura, la anchura y la profundidad de semejante amor. Si yo conociera, si yo creyera en semejante amor…

7. Jesucristo, creo que vendrás a juzgar a los vivos y a los muertos.
En su día vendrás con gloria y majestad, rodeado de los ángeles. Tan distinta de la otra vez. Para juzgar a todos los hombres. Te temo como juez, confío en ti como Redentor. Entre temer o confiar, elijo confiar.
Pero el saberlo…me hace vivir de manera responsable. No puedo vivir a lo loco…No te temo a Ti, porque no me has dado nunca motivos para temerte, sino temo a mis pecados que hablarán en mi contra y me condenarán en el juicio. ¡Piedad, Juez mío, piedad!
¿Puedo pedirte que María Santísima esté en ese juicio para que interceda por mí, ante Ti, su Hijo divino? Ten compasión de tu Madre cuando Ella te pida con lágrimas que perdones, que tengas piedad, cuando Ella te suplique que tengas misericordia de mí.
Ten misericordia de mi Madre, cuando Ella interceda por mí, su hijo pecador ante el Hijo Divino y misericordioso. ¡Piedad, divino Juez, por amor a tu madre!

Continuamos mañana miércoles con la segunda parte, por hoy meditemos estos siete puntos, con el corazón..