Llamado a los Párrocos


Publicado en web el 8 de agosto, 2013

A los Párrocos:
Hay que salir a la calle, ser visionarios y generosos

Éstas son las recomendaciones que hizo el Arzobispo de Guadalajara a los homenajeados señores Curas, recordando así las exigencias y el estilo del Papa Francisco.

Mónica Livier Alcalá Gómez

IMG 7472El viernes 2 de agosto, dos días antes de la Fiesta de San Juan Bautista María Vianney, el Santo Cura de Ars, se reunieron en el Seminario Diocesano Menor los Párrocos, Cuasipárrocos, Capellanes y Encargados de Templos para festejar a su Santo Patrono, y también para escuchar el mensaje que el Cardenal José Francisco Robles Ortega les tenía preparado, como cada año, según una tradición que ya es muy propia en nuestra Arquidiócesis.
El festejo comenzó con las palabras del señor Cura Guillermo Ricardo Chávez Aguayo, Párroco de San Juan Diego y Decano del Decanato de Zapopan, quien recordó a los Sacerdotes que su finalidad vocacional es “identificarse cada vez más con Cristo y tener sus mismos sentimientos”, tal como lo ha recomendado el Papa Francisco, pues tienen de ejemplo a un Santo, el Cura de Ars, que se configuró de tal manera con el Salvador, que logró la conversión de un pueblo “indiferente” y logró la santidad.
Asimismo, afirmó que lo que se considera valioso se cuida; por lo tanto, su ministerio es algo que debe cuidarse y pulirse: “Tal vez hemos vivido experiencias en nuestra vida que nos han hecho descuidados y malhumorados; tal vez hemos almacenado los dones que Dios nos ha dado, pero ahora yo los invito a que dejemos que nuestra vida se identifique cada vez más con el Señor”.
Igualmente, advirtió que la Nueva Evangelización apremia, por lo que es necesario caminar juntos para lograrla y cambiar así el entorno pastoral, que tantos retos conlleva.

Ir a los más alejados

IMG 7469Por su parte, el Cardenal Francisco Robles, después de escuchar la “Glosa” del Objetivo del VI Plan Diocesano de Pastoral, asentó que el desempeño de cada Párroco para la vida diocesana “es una importante labor, sobre todo por la población tan variada a la que está dirigida, y con tan abundantes problemas”.
Exhortó luego a cada Sacerdote a tomar en cuenta la Glosa recién escuchada y a realizar un ejercicio informativo de este objetivo diocesano en cada una de sus comunidades y en cada Grupo comprometido con la Parroquia. A este respecto, también les recomendó no ir siempre a los mismos Grupos, dejando fuera de esta planeación a los que no participan: “Desde este primer paso de nuestro Plan debemos pensar cómo sensibilizar y comprometer a los bautizados, se acerquen o no a los Sacramentos y a la Pastoral; tenemos que llegar a todos”.
Recalcó que el territorio parroquial tiene una finalidad, no sólo en lo que atañe a su delimitación geográfica, sino que tiene como objetivo el que los Sacerdotes asuman el compromiso de atender a todos los fieles de su jurisdicción: “Todos, subrayó el Arzobispo, deben tener garantizada la atención pastoral”.
Lamentó que muchos Párrocos y Vicarios han venido conformándose con los que ya tienen, sin pensar en los que no se acercan: “Laboramos siempre con y para los mismos Grupos, con las mismas personas de siempre… Mas, la Misión Continental, la Nueva Evangelización, mira preferentemente a estos sectores que hemos hasta hoy descuidado y no tocamos… el Papa fue muy claro en su señalamiento: ¡Debemos salir a la calle!”
Además, indicó que muchas veces se corre el riesgo de preocuparse más por la Institución que por las personas: “La Iglesia no tiene que ser autorreferencial”.
Finalmente, reconoció la labor que cada día llevan a cabo los Párrocos, pero quiso motivarlos a que sean más visionarios y generosos, tal como lo exige la Sociedad actual, involucrando y tomando en cuenta también a los Vicarios que les han sido asignados.

Algunas normativas

Respondiendo a algunos cuestionamientos de los asistentes, el Cardenal Robles Ortega dio algunas normativas que es necesario tomar en cuenta:

Los cohetes
Dado que las quejas van en aumento, y pensando en los enfermos, ancianos o en posibles accidentes, exhortó a los Sacerdotes a tomar conciencia de que deben disminuir el uso de pólvora en la celebración de Fiestas Patronales u otros momentos festivos; de ser posible, deben ir eliminando estos recursos, sobre todo en las Parroquias urbanas.

Mujeres acólitas
También recordó que acólitos y acólitas bien formados son semillero no sólo de vocaciones, sino de buenas familias cristianas: “Una niña acólita puede después ser una mujer que ha crecido con un grande amor a la Eucaristía e inculcará esto a su familia”. Por lo tanto, dado que no se encuentra fundamento para no asumir esta condición, abrió la posibilidad de que en la Arquidiócesis de Guadalajara se preste el servicio al Altar por parte de las niñas, aunque recomendó que, tanto niñas como niños, requieren de una buena y consciente formación.

Celebraciones Sacramentales
En cuanto a las Celebraciones especiales fuera de los Templos, nuestro Pastor Diocesano fue tajante y les recordó que el espacio para la administración de los Sacramentos debe ser siempre un lugar sagrado, por lo que permanece la norma de que la Celebración de cualquier Sacramento sea llevada a efecto dentro de los Templos y no en otros lugares como casinos o jardines de eventos.

Objetivo del VI Plan Diocesano de Pastoral
La Nueva Evangelización, al Servicio del Reino

Aprovechando la afluencia de Sacerdotes en el Festejo por el Día del Párroco, organizado por la Comisión Diocesana de Formación Permanente, la Vicaría de Pastoral presentó la Glosa del Sexto Plan Diocesano, con la finalidad de que vaya tomando forma en las comunidades.

Mónica Livier Alcalá Gómez

El señor Cura Héctor López Alvarado, Párroco de María Madre del Redentor y Vicario Episcopal de Nuestra Señora del Rosario, Toluquilla, dividió la exposición de la Glosa en tres partes, tal como se divide el propio Objetivo:

¿Qué se quiere lograr?
¿Mediante qué lo lograremos?
¿Para qué?

IMG 7517El Qué, es, ante todo, impulsar la Nueva Evangelización: “Nos indica que somos herederos y continuadores de los esfuerzos pastorales realizados desde la primera Evangelización de estas tierras… por ello, impulsar significa darle un nuevo vigor, nuevo entusiasmo y nuevos métodos a una acción eclesial que ya está en movimiento”.
Además, la Nueva Evangelización habla de un nuevo modo de expresar y difundir el Mensaje Evangélico, “que permita hacerlo comprensible para el hombre de hoy y de sus diferentes culturas. Se trata no sólo de injertar la Fe en las culturas, sino también de devolver la vida a un mundo descristianizado…”
Ante este reto, la Glosa presenta diferentes escenarios donde la Nueva Evangelización más urge:
Escenario de la familia.
Los adolescentes y los jóvenes.
El escenario cultural.
El escenario social de la migración a la ciudad y la globalización.
El escenario económico.
El escenario político.
De la investigación científica y tecnológica.
De la Comunicación.
El escenario de la Religión.
De la inseguridad y la violencia.

El Kerigma

Para contestar la pregunta de ¿”Mediante qué se logrará el objetivo?”, debe recordarse “el alegre anuncio del Mensaje Evangélico, la Buena Noticia de las intervenciones salvíficas de Dios en la Historia”.
Los elementos del Kerigma implican el acto de anunciar la Proclamación de un Mensaje o contenido y el Acontecimiento de Salvación vivido por quien encuentra a Jesús; es decir, la conversión.
La Formación Integral Permanente es el medio; esto es, hay que implementar “un proceso continuo, permanente y participativo que logre desarrollar, armónica y coherentemente, todas y cada una de las dimensiones del ser humano…” Es decir, que considere estas dimensiones:
Espiritual.
Humana.
Cultural.
Social.
Comunitaria.
Intelectual.
Pastoral.
Misionera.
Ante esto, es indispensable, sin duda, la conversión personal y pastoral. “La conversión personal es el primer fruto del encuentro con Jesús. Impacta toda la vida y dispone al converso a asimilar y vivir el Evangelio”.
“La conversión pastoral implica escuchar con atención y discernir lo que el Espíritu Santo está diciendo a la Iglesia a través de los signos de los tiempos”. Presupone “recomenzar” desde Cristo, iniciar una verdadera revisión y renovación eclesial, “que implicará reformas espirituales, pastorales y también institucionales”.

¿Para qué?

Todo esto demanda fortalecer las comunidades eclesiales: “Es necesario darles nuevo vigor, infundirles nueva vitalidad, garantizarles mayor eficacia”.
El hablar de “comunidades eclesiales” hace referencia no sólo a la Parroquia, sino también a las comunidades presentes en los Movimientos, en la Vida Consagrada y el Seminario.
La finalidad es que “nuestro pueblo, en Cristo tenga vida”; es decir, impulsados por la conversión personal y pastoral, no sólo hay que aceptar la Buena Noticia y ponerla en práctica de manera individual, sino que, conforme a los signos de los tiempos, debe transmitirse, mediante la palabra y el testimonio, “la vida en Cristo”. El destinatario de esta vida nueva, “fruto de la Formación Integral, del Anuncio del Kerigma y de la Nueva Evangelización” es el pueblo.

Objetivo Esencial del VI Plan Diocesano

Impulsar la Nueva Evangelización mediante el Anuncio del Kerigma a todos, y la Formación Integral Permanente para fortalecer nuestras comunidades eclesiales y que nuestro pueblo, en Cristo, tenga vida.

El instrumento de trabajo para conocer, entender y asumir el Objetivo Diocesano, se encauza en tres momentos que pueden distribuirse en tres Jornadas a nivel parroquial.

Primer momento: Impulsar la Nueva Evangelización. El “Qué”.
Segundo momento: Mediante el Anuncio del Kerigma a todos y la Formación Integral Permanente. El “Cómo”.
Tercer momento. Para fortalecer nuestras comunidades eclesiales y que nuestro pueblo, en Cristo tenga vida. “Para qué”.

A fin de adquirir el texto completo de la Glosa del Objetivo Diocesano, los interesados pueden comunicarse a la Vicaría de Pastoral:
Calle Jarauta No. 520-A, Sector Libertad, entre las Calles Industria y Federación.
Guadalajara, Jal.
Tel. 36 18 60 84.
info@vicariapastoralgdl.org

Fuente:Semanario.com.mx

Nueva evangelización y sacramento de la penitencia


Autor: P.Fernando Pascual LC | Fuente: Catholic.net
Nueva evangelización y sacramento de la penitencia
El grito de Cristo sigue vivo hoy como hace 2000 años: Convertíos y creed en el Evangelio.
Nueva evangelización y sacramento de la penitencia

El grito de Cristo sigue vivo hoy como hace 2000 años: Convertíos y creed en el Evangelio(Mc 1,15).

La escucha de esa invitación se concreta de modo particular en un sacramento que tiene un papel clave para la vida cristiana: el sacramento de la penitencia.

Lo explicaba el Papa Benedicto XVI en un discurso pronunciado el 9 de marzo de 2012. Tras preguntarse en qué sentido la confesión sacramental es el camino para la nueva evangelización, respondía:

“En primer lugar, porque la nueva evangelización toma su linfa vital de la santidad de los hijos de la Iglesia, del camino diario de conversión personal y comunitaria para conformarse de modo cada vez más profundo a Cristo. Y existe una estrecha trabazón entre santidad y sacramento de la reconciliación, testimoniada por todos los santos de la historia”.

En la confesión, continuaba el Papa, “el pecador arrepentido, por la acción gratuita de la misericordia divina, es justificado, perdonado y santificado, abandona el hombre viejo para revestirse del hombre nuevo”.

Desde la renovación que produce la gracia es posible vivir y transmitir el Evangelio. Lo había dicho ya el beato Juan Pablo II, en la Carta apostólica “Novo millennio ineunte” (n. 37), al recordar cómo el sacramento de la penitencia permite redescubrir el rostro misericordioso de Cristo. Lo repite su sucesor, Benedicto XVI, que no duda en gritar, en el discurso antes citado: “Por lo tanto, ¡la nueva evangelización inicia también desde el confesionario!”

Son palabras que muestran la urgencia de una pastoral más viva, más convencida, más creyente, de un sacramento que permite el encuentro entre la necesidad del hombre herido por el pecado y la gracia salvadora de un Dios que busca a cada uno de sus hijos. Son palabras que abren un horizonte magnífico a la nueva evangelización, que será posible sólo desde corazones convertidos y curados gracias a ese milagro de la misericordia que se produce en cada confesión bien hecha.

La comunicación es necesaria para la nueva evangelización


ROMA, lunes 26 noviembre 2012 (ZENIT.org).- Hoy se celebra la festividad litúrgica del fundador de la Familia Paulina, el beato Santiago Alberione. Ver también el santo de hoy en el espacio en que se glosa su figura en este mismo servicio. Con este motivo el padre José Antonio Pérez SSP, postulador general de la Familia Paulina, explica en este artículo lo que supuso este beato de origen italiano para la evangelización mediante las nuevas tecnologías.
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Por el padre José Antonio Pérez SSP

El pasado mes de octubre se celebró la XIII Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos, con el lema: “La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana”. Desde hace años la terminología “nueva evangelización” resulta ya familiar para los creyentes, especialmente desde que el beato Juan Pablo II empezó a usarlo repetidas veces. De hecho, la convocatoria del Sínodo con este tema no es sino uno de los frutos concretos de la necesidad que el pueblo de Dios sentía desde hace tiempo, un intento de responder a los retos actuales planteados por el agnosticismo y la indiferencia religiosa.

“¿Por qué la media europea de católicos practicantes ha pasado de más del 70% en la primera mitad del siglo XX a menos del 10% en los albores del nuevo milenio? ¿Por qué tenemos más funerales de bautismos? ¿Por qué Europa corre el riesgo de convertirse en un continente postcristiano?”, se preguntaba hace unos meses Robert Cheaib, en la edición italiana de ZENIT (ver:http://www.zenit.org/article-32734?l=italian).

Sin duda hay que tener en cuenta la complejidad de los elementos que han llevado a la situación actual; pero esta realidad exige a los cristianos una autocrítica seria que, sin embargo, no debería desembocar en el pesimismo, sino en un impulso para elevar la fe a una eficaz toma de conciencia del mandato de la evangelización que todo cristiano ha recibido.

Una fe que se transforma en evangelización

Nace, pues, espontánea la necesidad de una “nueva evangelización”, que no puede ser solo una palabra bonita, una moda, y ni siquiera una ola de entusiasmo que pasa sin dejar huella, sino que debe ir al fondo de lo que habría que hacer, cambiar y recuperar para un anuncio eficaz del Evangelio hoy.

“El mundo necesita una nueva, larga y profunda evangelización”. Esta frase, que parecería haber sido pronunciada por uno de los participantes en el reciente Sínodo, fue escrita por el beato Santiago Alberione en 1926. Y él mismo afirmaba en 1950: “El apostolado es la flor de un verdadero amor a Dios y a las almas… Supone un corazón ardiente, que no puede contener y comprimir el fuego interior: por eso, se extiende y se manifiesta en todas las formas acordes con la Iglesia…”.

Ciertamente, nos encontramos ante una empresa colosal, que afecta a todos, pero “no es tarea de aficionados, sino de verdaderos apóstoles”.

“Hoy el gran mundo, los jóvenes, la clase dirigente –constataba el padre Alberione–, reciben diariamente otras doctrinas, escuchar otras teorías en la radio, asisten a toda clase de exhibiciones de cine, ven la televisión… generalmente amoral o inmoral. El sacerdote predica a un pequeño rebaño, con iglesias casi vacías en muchas regiones… Nos dejan los templos cuando nos los dejan, y se llevan las almas”. Y en 1960 afirmaba: “La prensa, el cine, la radio, la televisión son hoy las más urgentes, las más rápidas y eficaces obras del apostolado católico. Puede que los tiempos nos reserven otros medios mejores. Pero en la actualidad parece que el corazón del apóstol no podría desear nada mejor para dar a Dios a las almas y las almas a Dios”.

El desafío de la comunicación

El reciente Sínodo ha reconocido una vez más que el uso de los medios de comunicación social juega un papel fundamental para llegar a todos con el mensaje de la salvación e insiste en la necesidad de una formación adecuada: “En este campo, especialmente en el mundo de las comunicaciones electrónicas, es necesario que los cristianos convencidos sean formados, preparados y capacitados para transmitir fielmente el contenido de la fe y la moral cristiana. Deben tener la capacidad de hacer un buen uso de las lenguas y las herramientas actuales que están disponibles para la comunicación en la aldea global… La educación para el uso racional y constructivo de los medios de comunicación social, es una herramienta importante para la nueva evangelización” (cfr. Prop. No. 18).

La apertura a los signos de los tiempos hizo del beato Alberione un verdadero profeta en diversos campos de la vida de la Iglesia (el papel de la mujer y de los laicos en la Iglesia, la crisis de fe y práctica religiosa, la crisis de vocaciones, la necesidad de llevar la palabra de Dios al centro de la vida cristiana…). Pero especialmente lo abrió a los medios más rápidos y eficaces para la evangelización. Convencido de la necesidad de “salvar a los hombres de hoy con los medios de hoy”, adoptó la comunicación de todos los tiempos con la convergencia de las diversas formas de apostolado de su Familia religiosa.

Pablo VI lo reconoció abiertamente cuando, en presencia del Fundador, afirmó en 1969: “Ahí lo tenéis: humilde, silencioso, incansable, siempre vigilante, siempre recogido en sus pensamientos, que corren de la oración a la acción, siempre pendiente de escudriñar los signos de los tiempos, es decir, las formas más geniales para llegar a las almas. Nuestro padre Alberione ha dado a la Iglesia nuevos instrumentos para expresarse, nuevos medios para dar fuerza y amplitud a su apostolado, nuevas capacidades y nueva toma de conciencia de la validez y las posibilidades de su misión en el mundo moderno y con los medios modernos”.

No simples subsidios, sino verdadera evangelización

En la línea de pensamiento del Magisterio, es más actual que nunca la intuición del Fundador de la Familia Paulina cuando habla de la “predicación escrita junto a la predicación oral”, que se traduce en el uso de la comunicación no como simple “medio”, sino como “una nueva forma de evangelización”. Como ha dicho Benedicto XVI, “no cambia solo el modo de comunicar, sino la comunicación misma”; y por tanto invita no solo “a expresar el mensaje evangélico en el lenguaje de hoy”, sino también a “pensar la relación entre la fe, la vida de la Iglesia y los cambios” actuales.

No se trata de usar la comunicación solo como un “lenguaje” sino de “pensar” en un modo nuevo de expresar la fe. Es la gran intuición del beato Santiago Alberione: la “preocupación pastoral” de la comunicación, entendida no solo como una de varias formas de llevar a cabo la labor pastoral, sino como una “nueva evangelización” integral, de la que el mundo tiene hoy más urgencia que nunca: “El mundo necesita una nueva, larga y profunda evangelización”. No solo nueva, sino también larga y profunda.

 

Ubicumque et semper: Donde Sea y Siempre


Autor: Benedicto XVI | Fuente: vatican.va
UBICUMQUE ET SEMPER
«En todas partes y siempre» Carta apostólica en forma «MOTU PROPRIO» del Sumo Pontífice Benedicto XVI con la cual se instituye el Consejo Pontificio para la promoción de la Nueva Evangelización
 
UBICUMQUE ET SEMPER
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CARTA APOSTÓLICA EN FORMA DE «MOTU PROPRIO»

UBICUMQUE ET SEMPER

DEL SUMO PONTÍFICE BENEDICTO XVI
CON LA CUAL SE INSTITUYE EL CONSEJO PONTIFICIO
PARA LA PROMOCIÓN DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN

La Iglesia tiene el deber de anunciar siempre y en todas partes el Evangelio de Jesucristo. Él, el primer y supremo evangelizador, en el día de su ascensión al Padre, ordenó a los Apóstoles: «Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado» (Mt 28, 19-20). Fiel a este mandamiento, la Iglesia, pueblo adquirido por Dios para que proclame sus obras admirables (cf. 1 P 2, 9), desde el día de Pentecostés, en el que recibió como don el Espíritu Santo (cf. Hch 2, 1-4), nunca se ha cansado de dar a conocer a todo el mundo la belleza del Evangelio, anunciando a Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, el mismo «ayer, hoy y siempre» (Hb 13, 8), que con su muerte y resurrección realizó la salvación, cumpliendo la antigua promesa. Por tanto, para la Iglesia la misión evangelizadora, continuación de la obra que quiso Jesús nuestro Señor, es necesaria e insustituible, expresión de su misma naturaleza.

Esta misión ha asumido en la historia formas y modalidades siempre nuevas según los lugares, las situaciones y los momentos históricos. En nuestro tiempo, uno de sus rasgos singulares ha sido afrontar el fenómeno del alejamiento de la fe, que se ha ido manifestando progresivamente en sociedades y culturas que desde hace siglos estaban impregnadas del Evangelio. Las transformaciones sociales a las que hemos asistido en las últimas décadas tienen causas complejas, que hunden sus raíces en tiempos lejanos, y han modificado profundamente la percepción de nuestro mundo. Pensemos en los gigantescos avances de la ciencia y de la técnica, en la ampliación de las posibilidades de vida y de los espacios de libertad individual, en los profundos cambios en campo económico, en el proceso de mezcla de etnias y culturas causado por fenómenos migratorios de masas, y en la creciente interdependencia entre los pueblos. Todo esto ha tenido consecuencias también para la dimensión religiosa de la vida del hombre.

Y si, por un lado, la humanidad ha conocido beneficios innegables de esas transformaciones y la Iglesia ha recibido ulteriores estímulos para dar razón de su esperanza (cf. 1 P 3, 15), por otro, se ha verificado una pérdida preocupante del sentido de lo sagrado, que incluso ha llegado a poner en tela de juicio los fundamentos que parecían indiscutibles, como la fe en un Dios creador y providente, la revelación de Jesucristo único salvador y la comprensión común de las experiencias fundamentales del hombre como nacer, morir, vivir en una familia, y la referencia a una ley moral natural.

Aunque algunos hayan acogido todo ello como una liberación, muy pronto nos hemos dado cuenta del desierto interior que nace donde el hombre, al querer ser el único artífice de su naturaleza y de su destino, se ve privado de lo que constituye el fundamento de todas las cosas.

Ya el concilio ecuménico Vaticano II incluyó entre sus temas centrales la cuestión de la relación entre la Iglesia y el mundo contemporáneo. Siguiendo las enseñanzas conciliares, mis predecesores reflexionaron ulteriormente sobre la necesidad de encontrar formas adecuadas para que nuestros contemporáneos sigan escuchando la Palabra viva y eterna del Señor.

El siervo de Dios Pablo VI observaba con clarividencia que el compromiso de la evangelización «se está volviendo cada vez más necesario, a causa de las situaciones de descristianización frecuentes en nuestros días, para gran número de personas que recibieron el bautismo, pero viven al margen de toda vida cristiana; para las gentes sencillas que tienen una cierta fe, pero conocen poco los fundamentos de la misma; para los intelectuales que sienten necesidad de conocer a Jesucristo bajo una luz distinta de la enseñanza que recibieron en su infancia, y para otros muchos» (Evangelii nuntiandi, 52). Y, con el pensamiento dirigido a los que se han alejado de la fe, añadía que la acción evangelizadora de la Iglesia «debe buscar constantemente los medios y el lenguaje adecuados para proponerles o volverles a proponer la revelación de Dios y la fe en Jesucristo» (ib., n. 56).

El venerable siervo de Dios Juan Pablo II puso esta ardua tarea como uno de los ejes su vasto magisterio, sintetizando en el concepto de «nueva evangelización», que él profundizó sistemáticamente en numerosas intervenciones, la tarea que espera a la Iglesia hoy, especialmente en las regiones de antigua cristianización. Una tarea que, aunque concierne directamente a su modo de relacionarse con el exterior, presupone, primero de todo, una constante renovación en su seno, un continuo pasar, por decirlo así, de evangelizada a evangelizadora.

Baste recordar lo que se afirmaba en la exhortación postsinodal Christifideles laici: «Enteros países y naciones, en los que en un tiempo la religión y la vida cristiana fueron florecientes y capaces de dar origen a comunidades de fe viva y operativa, están ahora sometidos a dura prueba e incluso alguna que otra vez son radicalmente transformados por el continuo difundirse del indiferentismo, del laicismo y del ateísmo.

Se trata, en concreto, de países y naciones del llamado primer mundo, en el que el bienestar económico y el consumismo —si bien entremezclado con espantosas situaciones de pobreza y miseria— inspiran y sostienen una existencia vivida “como si Dios no existiera”.

Ahora bien, el indiferentismo religioso y la total irrelevancia práctica de Dios para resolver los problemas, incluso graves, de la vida, no son menos preocupantes y desoladores que el ateísmo declarado. Y también la fe cristiana —aunque sobrevive en algunas manifestaciones tradicionales y rituales— tiende a ser erradicada de los momentos más significativos de la existencia humana, como son los momentos del nacer, del sufrir y del morir. (…)

En cambio, en otras regiones o naciones todavía se conservan muy vivas las tradiciones de piedad y de religiosidad popular cristiana; pero este patrimonio moral y espiritual corre hoy el riesgo de ser desperdigado bajo el impacto de múltiples procesos, entre los que destacan la secularización y la difusión de las sectas. Sólo una nueva evangelización puede asegurar el crecimiento de una fe límpida y profunda, capaz de hacer de estas tradiciones una fuerza de auténtica libertad. Ciertamente urge en todas partes rehacer el entramado cristiano de la sociedad humana. Pero la condición es que se rehaga la trabazón cristiana de las mismas comunidades eclesiales que viven en estos países o naciones» (n. 34).

Por tanto, haciéndome cargo de la preocupación de mis venerados predecesores, considero oportuno dar respuestas adecuadas para que toda la Iglesia, dejándose regenerar por la fuerza del Espíritu Santo, se presente al mundo contemporáneo con un impulso misionero capaz de promover una nueva evangelización. Esta se refiere sobre todo a las Iglesias de antigua fundación, que viven realidades bastante diferenciadas, a las que corresponden necesidades distintas, que esperan impulsos de evangelización diferentes: en algunos territorios, en efecto, aunque avanza el fenómeno de la secularización, la práctica cristiana manifiesta todavía una buena vitalidad y un profundo arraigo en el alma de poblaciones enteras; en otras regiones, en cambio, se nota un distanciamiento más claro de la sociedad en su conjunto respecto de la fe, con un entramado eclesial más débil, aunque no privado de elementos de vivacidad, que el Espíritu Santo no deja de suscitar; también existen, lamentablemente, zonas casi completamente descristianizadas, en las cuales la luz de la fe está confiada al testimonio de pequeñas comunidades: estas tierras, que necesitarían un renovado primer anuncio del Evangelio, parecen particularmente refractarias a muchos aspectos del mensaje cristiano.

La diversidad de las situaciones exige un atento discernimiento; hablar de «nueva evangelización» no significa tener que elaborar una única fórmula igual para todas las circunstancias. Y, sin embargo, no es difícil percatarse de que lo que necesitan todas las Iglesias que viven en territorios tradicionalmente cristianos es un renovado impulso misionero, expresión de una nueva y generosa apertura al don de la gracia. De hecho, no podemos olvidar que la primera tarea será siempre ser dóciles a la obra gratuita del Espíritu del Resucitado, que acompaña a cuantos son portadores del Evangelio y abre el corazón de quienes escuchan. Para proclamar de modo fecundo la Palabra del Evangelio se requiere ante todo hacer una experiencia profunda de Dios.

Como afirmé en mi primer encíclica Deus caritas est: «No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva» (n. 1). De forma análoga, en la raíz de toda evangelización no hay un proyecto humano de expansión, sino el deseo de compartir el don inestimable que Dios ha querido darnos, haciéndonos partícipes de su propia vida.

Por tanto, a la luz de estas reflexiones, después de haber examinado con esmero cada aspecto y haber solicitado el parecer de personas expertas, establezco y decreto lo siguiente:

Art. 1

§ 1. Se constituye el Consejo pontificio para la promoción de la nueva evangelización, como dicasterio de la Curia romana, de acuerdo con la constitución apostólica Pastor bonus.

§ 2. El Consejo persigue su finalidad tanto estimulando la reflexión sobre los temas de la nueva evangelización, como descubriendo y promoviendo las formas y los instrumentos adecuados para realizarla.

Art. 2

La actividad del Consejo, que se lleva a cabo en colaboración con los demás dicasterios y organismos de la Curia romana, respetando las relativas competencias, está al servicio de las Iglesias particulares, especialmente en los territorios de tradición cristiana donde se manifiesta con mayor evidencia el fenómeno de la secularización.

Art. 3

Entre las tareas específicas del Consejo se señalan:

1. profundizar el significado teológico y pastoral de la nueva evangelización;

2. promover y favorecer, en estrecha colaboración con las Conferencias episcopales interesadas, que podrán tener un organismo ad hoc, el estudio, la difusión y la puesta en práctica del Magisterio pontificio relativo a las temáticas relacionadas con la nueva evangelización;

3. dar a conocer y sostener iniciativas relacionadas con la nueva evangelización organizadas en las diversas Iglesias particulares y promover la realización de otras nuevas, involucrando también activamente las fuerzas presentes en los institutos de vida consagrada y en las sociedades de vida apostólica, así como en las agregaciones de fieles y en las nuevas comunidades;

4. estudiar y favorecer el uso de las formas modernas de comunicación, como instrumentos para la nueva evangelización;

5. promover el uso del Catecismo de la Iglesia católica, como formulación esencial y completa del contenido de la fe para los hombres de nuestro tiempo.

Art. 4

§ 1. Dirige el Consejo un arzobispo presidente, con la ayuda de un secretario, un subsecretario y un número conveniente de oficiales, según las normas establecidas por la constitución apostólica Pastor bonus y el Reglamento general de la Curia romana.

§ 2. El Consejo tiene miembros propios y puede disponer de consultores propios.

Ordeno que todo lo que se ha deliberado con el presente Motu proprio tenga valor pleno y estable, a pesar de cualquier disposición contraria, aunque sea digna de particular mención, y establezco que se promulgue mediante la publicación en el periódico «L´Osservatore Romano» y que entre en vigor el día de la promulgación.

Castelgandolfo, 21 de septiembre de 2010, fiesta de San Mateo, Apóstol y Evangelista, año sexto de mi pontificado.

BENEDICTUS PP. XVI

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Autor: Juan Rafael Pacheco | Fuente: Catholic.net
Donde sea y siempre
La Iglesia tiene el deber de anunciar siempre y en todas partes el Evangelio de Jesucristo.
 
Donde sea y siempre

Hace ya más de tres años me sentí inclinado a comprar un libro sobre Jesús de Nazaret, de la autoría de Benedicto XVI, en su primera edición.

Claro, el tema me motivaba, pero más aún el autor. Joseph Ratzinger aún era el Papa nuevo, el que había venido a ocupar el cargo dejado vacío por el paso al Padre de Juan Pablo II, el Papa. Pretendía leer sobre Jesús de Nazaret, pero al mismo tiempo y sobre todo, conocer un poco el pensamiento del nuevo Papa, el teólogo que se dejaba sentir en todos los documentos papales de las últimas décadas.

Abordé el libro con una cierta curiosidad temerosa de no entenderlo. No soy teólogo ni nada que se le parezca. Empecé a recorrer sus páginas y me fui dejando llevar por una prosa fluida, hermosa, sencilla, clara, asequible al lector normal y corriente, que me fue dejando conocer a un Jesús a partir de su comunión con el Padre. Y es así como tranquilamente, en paz, en armonía, Benedicto XVI me fue presentando “al Jesús de los Evangelios como el Jesús real, como el -Jesús histórico-… una figura históricamente sensata y convincente”.

Y pude igualmente identificarme con el Papa –dejaba ya de ser nuevo para mi—en su “búsqueda personal del rostro del Señor”.

De allá para acá, ha llovido bastante. La Iglesia ha sido objeto de ataques inmisericordes por parte de los mega gigantescos intereses multinacionales, escudados en situaciones de por sí sumamente dolorosas, pero infladas a una proporción que llena de espanto. Y Benedicto XVI ha dado la talla. Mejor dicho, el Espíritu Santo ha guiado al Santo Padre por valles tenebrosos, sin temer mal alguno, porque su vara y su cayado le sosiegan.

En Octubre de 2010, Benedicto XVI nos hizo un hermoso y muy necesitado regalo. Nace una nueva institución pontificia, con un nombre que no deja lugar a dudas sobre sus funciones: El Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva Evangelización.

Y así, de inmediato, vuelve sobre el tapete Juan Pablo II y repiquetea su voz firme y vibrante del 1992, cuando en Santo Domingo insistió sobre la necesidad de una Nueva Evangelización, “nueva en su ardor, nueva en sus métodos, nueva en su expresión”, bendito sea el Señor, proclamando a María como la “estrella de la Nueva Evangelización”, loado sea el Señor.

En efecto, el Vaticano ha dado a conocer un nuevo documento papal, cuyo nombre en latín es el de Motu Proprio “Ubicumque et Semper”, siguiendo la tradición de la Iglesia de nombrar sus documentos por sus primeras palabras.“Donde sea y siempre”: “La Iglesia tiene el deber de anunciar siempre y en todas partes el Evangelio de Jesucristo…” inicia el Santo Padre, continuando a seguidas con una hermosa reflexión sobre la necesidad de evangelizar y las particularidades de la evangelización actual.

Traducido al español, es el título de este artículo,

La finalidad del nuevo Consejo Pontificio incluye estimular “la reflexión sobre los temas de la nueva evangelización” e identificar y promover “las formas y los instrumentos adecuados para realizarla… especialmente en esos territorios de tradición cristiana donde con mayor evidencia se manifiesta el fenómeno de la secularización.”

Igualmente, “estudiar y favorecer la utilización de las modernas formas de comunicación, como instrumentos para la nueva evangelización” quedando encargado de “promover el uso del Catecismo de la Iglesia Católica, como formulación esencial y completa del contenido de la fe para los hombres de nuestro tiempo”.

¡Manos a la obra! ¡Donde sea y siempre, ay de mí si no evangelizara!

Bendiciones y paz.