El Valor de una Madre


A todas las mamis del mundo… Gracias!

no necesitas un día en especial para agradecer a tu mamá todo lo que ha hecho por ti, cada día agradécele, porque ella cada día se levanta para hacerte tu desayuno, te prepara tu comida y tu cena, cada día te espera, cada día te ama… cada día ella pide a Dios por ti, no sólo el 10 de mayo… Emoticón heart Valoremos a nuestras mamis SIEMPRE….

 

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el valor de una madre

Mamá: vales mucho en casa


Publicado en web el 3 de enero, 2013

Licenciada Lupita:

Tengo una duda que me quita el sueño. Estoy comprometida y me caso el próximo año. Pero hace unos días tuve una conversación con mi novio que creo que puede cambiar mi decisión. Hablamos sobre los hijos. Él quiere tener por lo menos cuatro y me pide que me dedique a ellos, que no trabaje. Yo hice una carrera profesional y no quiero quedarme metida en mi casa, además no considero tener paciencia como para más de dos niños. Cuando mi novio me pidió esto me hizo sentir fatal, como una mujer dejada, sin aspiraciones y metida en su casa. Yo no quiero casarme con esas condiciones. Te escribo porque te veo a ti que eres una profesionista, también tienes familia y eres una buena católica. ¿Qué me aconsejas?

María Fernanda

Querida Mary Fer:

mom-and-baby1Me parece que eres una joven talentosa y con un gran potencial. Quieres ser feliz y estás proyectando tu futuro de la forma más exitosa que, de acuerdo a tus criterios modernos, existe. Nuestros días se caracterizan por un secularismo acuciante; importa todo lo material: Tener dinero, competir académica y laboralmente, cuidar el físico, obtener placer (y es mejor si se consigue sin ningún esfuerzo)… la vida se desliza de modo individualista y superficial.
Aquellos grandes ideales por los que los jóvenes daban la vida han desaparecido. Se aspiraba a lograr soluciones científicas para diversos tipos de enfermedades, a erradicar la pobreza, a gobernar para servir, a dar la vida por la patria si era necesario, a consagrar la vida a los hijos, a entregarla a Dios a través de la donación total en la vida religiosa, a tener hijos y educarlos para convertirlos en ciudadanos responsables y en buenos siervos de Dios. Era un mundo integrado por personas más conscientes de su esencia como creaturas y seres religiosos.
Al perder nuestra relación con Dios, hemos perdido la altura de miras. Apreciamos lo poco y nos quedamos ahí, cómodamente instalados. A través de los medios de comunicación se nos ha convencido de que los valores trascendentales (altruistas), no pueden vivirse y por tanto hay que desdeñarlos. Ya no reconocemos los dones de Dios como lo que son y los etiquetamos negativamente, uno de ellos, el don de la maternidad.
Amiga joven, la verdadera felicidad y el éxito más cierto no se encuentran en la búsqueda del bien y la comodidad propias, sino en la salida de nosotras mismas para darnos plenamente a los demás. Esto no significa, como han insistido tanto los autores modernos, que una mujer deba “recluirse” como una empleada más dentro de casa para hacer los quehaceres y aguantar malos tratos. Esta idea tiene más que ver con la claridad de una misión bellísima que tenemos como mujeres, ser apoyo y estímulo para nuestros hombres, verdaderas compañeras de vida y desarrollar nuestro máximo potencial creativo como madres.
Me indicas en tu carta que quieres lograrlo todo, ser de Dios, ser esposa feliz, mamá paciente y trabajar en tu especialidad. Todo es posible, pero todo en su momento. Las mujeres que elegimos casarnos debemos tener muy claro que lo hacemos para “hacer familia”. Si ese no es tu propósito no te cases, cometerás un grave error. Si das un sí a un hombre para compartir el resto de tu vida a su lado, has de tener esto en mente: “Realizaré todas mis aspiraciones al formar una familia con él, si es voluntad y don grandísimo de Dios que la tengamos”. Todo lo demás es secundario.

Lupita Venegas Leiva/Psicóloga www.valoraradio.org Twitter: @lupitavenegasdc Face: Lupita Venegas Oficial

Si no existieran las mamás


Si no existieran las Mamás…

Publicado en web el 10 de Mayo, 2012

Querida Lupita:
En estos días de mayo me da una depresión muy especial porque yo no tuve una madre. Bueno, claro que sí, una mujer me parió, pero me dejó al cuidado de una hermana de ella, que luego me entregó en una casa-hogar. Ahí viví muchos momentos amargos. Después me superé y ahora soy Contadora. No sabes las ganas que tengo de haber tenido una madre que me cuidara y guiara. No supe lo que era el amor; fui llenando mis vacíos de cariño con relaciones a veces lésbicas, y otras muy enfermas. Hubo un momento en que Dios se apiadó de mí y, a través de un Grupo de Oración, me sentí perdonada y fui descubriendo un nuevo mundo. Hoy sirvo a Dios y ayudo en todo lo que puedo, pero en estos días no quiero saber de nada. ¿Cómo puedo superar este pasado que me atormenta?
Leticia H.

Querida Leticia:
En tus letras encuentro un resentimiento muy marcado con la vida, un rencor fuerte hacia tu mamá y hacia aquellos que vieron por ti durante tu niñez.
Pero puedo advertir también que, afortunadamente, sabes agradecer y actúas en consecuencia: hoy haces el bien, y la oración es tu fortaleza.
Tu sentimiento es perfectamente normal. Aprenderás a sobrellevarlo, de modo que, aunque lo sientas y te des la oportunidad de vivirlo, llegará pronto el momento en que lo sueltes, para seguir adelante creciendo tan alto como Dios quiere. Tal vez sigas experimentando todo esto cada mayo. Un curso para “sanar tu niño interior” es excelente  recomendación para ti.
Tú sabes cuánta falta hace una madre. Si ellas no existieran, no habría vida en el mundo. Una madre enseña virtudes, viviéndolas; nos transmite el maravilloso mundo en el que contactamos con Dios; nos empuja a servir, a ceder, a comprender y compartir. Nuestra mamá modela para nosotros el espíritu de lucha, y está ahí cuando nos sentimos devastados o desconcertados. Una madre es un faro de luz que nos llena de certezas.
María es ejemplo de Madre. Sin su SÍ, no habríamos conocido a Dios mismo. Sin Ella, no conoceríamos el amor.
¿Qué pasaría si las madres no dieran, como María, ese SÍ? Los hijos crecerían sin amor propio, se entregarían a los vicios con facilidad, encontrarían en el sexo una salida a su desazón, en el materialismo y consumismo una llave de escape, en la cultura de la muerte una solución…
Nos llenaríamos de delincuentes; no habría paz en los corazones; el sinsentido estaría en la mente de cada joven; nadie soñaría con casarse y formar una familia; a nadie le interesaría desarrollar un proyecto de vida. Se agotaría la fuente del amor y del perdón. Son las madres las que desarrollan un corazón cristiano con facilidad.
Es una pena que a algunas madres modernas, víctimas de la ausencia de Dios en todos los espacios, ya no les seduce el oro divino, sino el oropel efímero: prefieren ganar un sueldo a ganarse el Cielo; modelar su cuerpo a modelar su alma; tener tiempo para sí mismas, a tener tiempo para sus hijos…
Pero no podemos juzgar a ninguna de ellas, porque es muy probable que una mujer que no pudo decir SÍ a su maternidad, fue porque, a su vez, Ella no tuvo quién le enseñara a amar.
Comprensión, consideración y misericordia para todas las madres que no han sabido llevar adelante su papel como maestras de amor.
Fortaleza, perseverancia y fe para aquellas que conocemos nuestra trascendente labor y queremos llevarla a cabo, aunque implique sacrificio, renuncia y dolor; precio que pagamos con amor y nos reporta, finalmente, gozo y plenitud.

Lupita Venegas

María y la fe de una mamá


Autor: Susana Ratero | Fuente: Catholic.net
María y la fe de una mamá
Cuando hagas oración por alguien, no esperes que esa persona ponga de sí “algo” para alcanzar el milagro.
María y la fe de una mamá

Hoy te encuentro, mujer cananea, en un pasaje del Evangelio… (San Marcos 7, 24-30) Y me quedo pensando en ti, en tu dolor de madre, en tu búsqueda de caminos para tu hija.

Pasan las horas y siento que sigues estando allí, en mi corazón, tratando de hacerme entender, tratando de explicarme algo… Pero no te entiendo.

Y como mi corazón sabe que cuando no entiende debe buscar a su Maestra del alma, entonces te busco, Madre querida, te busco entre las letras de ese pasaje bíblico que leo y releo una y otra vez.

De pronto mi alma comienza a sentir tu perfume y me voy acercando al lugar de los hechos…

Allí te encuentro, Madrecita, mezclada entre la gente que hablaba de Jesús… me haces señas de que tome tu mano. ¡Qué alivio para el alma tomar tu Mano, Señora Mía!!! ¡¡¡Como se abren caminos santos cuando nos dejamos llevar por ti!!!

Así, aferrada a ti, te sigo hasta muy cerquita de una mujer de triste mirada… Esa mirada que tiene una mama cuando un hijo no esta bien, sea cual sea el problema. Es la cananea. Pasa por aquí, quizás va a buscar agua o comida… Ve la gente que habla y se acerca. Su dolor le pesa en el alma.

– Presta atención, hija, – me susurras dulcemente, Madrecita…

Alguien habla de Jesús, de sus palabras, de sus enseñanzas, de sus milagros… Los ojos de la cananea parecen llenarse de luz.

No alcanzo a divisar a quien habla, ni a escuchar lo que dice, pero, en cambio, puedo ver el rostro de la cananea.

– Mira cómo cambia la mirada de ella, Madre- te digo como buscando tu respuesta

 ¿Sabes que es ese brillo que va creciendo en sus ojos? Es la luz de la esperanza. Una esperanza profunda y una fe incipiente que, como lluvia serena en tierra árida, va haciendo florecer su alma. Dime, qué piensas de esto.

– Pues… que me alegro por ella.

 Esta bien hija, que te alegres por ella, pero si te explico esto, es también para que comprendas algo. Te alegras por esa mama, pero nada me has dicho de quien estaba hablando de Jesús.

– No te entiendo, Madre

 Hija ¿Cómo iba a conocer a mi Hijo esa sencilla mujer si esa persona no hubiese hablado de Él? Lee con atención nuevamente el pasaje del Evangelio, “habiendo oído hablar de Él, vino a postrarse a sus pies…” habiendo oído, hija mía, habiendo oído…

Te quedas en silencio, Madre, y abres un espacio para que pueda volver, con mi corazón, a muchos momentos en los que mi hermano tenía necesidad de escuchar acerca de tu Hijo, acerca de ti… y yo les devolví silencio, porque estaba apurada, porque tenía cosas que hacer.

Trato de imaginar, por un momento, como fue aquel “habiendo oído”. Cuáles fueron los gestos y el tono de voz de quien habló, cuáles fueron sus palabras y la fuerza profunda de su propia convicción. Cómo la fe que inundaba su corazón se desbordó hacia otros corazones, llegando hasta uno tan sediento como el de la cananea.

¡Bendito sea quien haya estado hablando de tal manera! los Evangelios no recogen su nombre pero sí recogen su fruto, el fruto de una siembra que alcanzó el milagro.
¡Dame, Madre, una fe que desborde mi alma y así, llegue al corazón de mi hermano!

De pronto, veo que la cananea va corriendo a la casa donde Jesús quería permanecer oculto… Tu mirada, Madre, y la de ella se encuentran. Es un dialogo profundo, de Mamá a mamá…

Entonces, con esa fuerza y ese amor que siente el corazón de una madre, la mujer cananea suplica por su hija. Jesús le pone un obstáculo, pero este no es suficiente para derribar su fe….

Ella implora desde y hasta el fondo de su alma… Todo su ser es una súplica, pero una súplica llena de confianza.

Entonces, María, entonces mi corazón ve el milagro, un milagro que antes no había notado… un milagro que sucede un instante antes de que Jesús pronuncie las esperadas palabras…

El milagro de la fe de una mamá…

Aprieto tu mano, María Santísima y te digo vacilante:

– Madre, estoy viendo algo que antes no había visto…

 ¿Qué ves ahora, hija?

– Pues… que Jesús no le dice a esa mujer que cura a su hija por lo que su hija es, por lo que ha hecho, por los méritos que ha alcanzado, ni nada de eso. Jesús hace el milagro por la fe de la madre.

– Así es, hija, es la fe de la madre la que ha llegado al Corazón de Jesús y ha alcanzado el milagro la fe de la madre. Debes aprender a orar como ella.

– Enséñame, Madre, enséñame

 La oración de la cananea tiene dos partes. La súplica inicial, la súplica que nace por el dolor de su hija, ese pedido de auxilio que nace en su corazón doliente. Pero su oración no termina allí. Jesús le pone una especie de pared delante.

– Así es Madre, si yo hubiese estado en su lugar quizás esa pared hubiera detenido el camino de mi oración…

 No si hubieses venido caminando conmigo. Pero sigamos. Jesús le pone una pared que ella ve y acepta… y así, postrada a los pies del Maestro su fe da un salto tal que le hace decir a Jesús “¡Anda! Por lo que has dicho, el demonio ha salido de tu hija”. Ese salto de su fe es esa oración que persevera confiada a pesar de que las apariencias exteriores la muestren como “inútil” “para qué insistir”… por tanto, hija, te digo que no condiciones tu oración a actitudes de otras personas…

-¿Cómo es esto Madre?

– Cuando hagas oración por alguien, no esperes que esa persona ponga de sí “algo” para alcanzar el milagro. Tú continúa con tu oración, que los milagros se alcanzan por la fe de quien los pide más que por los méritos del destinatario. Suplica para ti esa fe, una fe que salta paredes, una fe que no se deja vencer por las dificultades, una fe como la de la cananea…

Y vienen a mis recuerdos otras personas que han vivido lo mismo… desde Jairo (Mt 9,18; Mc 5,36; Lc 8,50) o ese pobre hombre que pedía por su hijo (Mt 17,15 Mc 9,24) hasta Santa Mónica, suplicando tanto por su Agustín… y alcanzando milagros insospechados, pues ella solo pedía su conversión y terminó su hijo siendo no solo santo sino Doctor de la Iglesia…

Las oraciones de una mamá.

La fe de una mamá.

Te abrazo en silencio, Madre y te suplico abraces a todas las mamás del mundo y les alcances la gracia de una fe como la de la cananea, esa fe que salta paredes y se torna en milagro.

NOTA de la autora: “Estos relatos sobre María Santísima han nacido en mi corazón por el amor que siento por Ella, basados en lo que he leído. Pero no debe pensarse que estos relatos sean consecuencia de revelaciones o visiones o nada que se le parezca. El mismo relato habla de “Cerrar los ojos y verla” o expresiones parecidas que aluden exclusivamente a mi imaginación, sin intervención sobrenatural alguna.

Quieres ser una Buena Mamá??


De Rosario Prieto

Si quieres ser buena mamá, se una mamá feliz

Este título es verdaderamente impactante y revelador… He de confesar que no es de mi autoría… lo leí en una de aquellas interminables visitas a la dentista de mi hija de seis años…  en la espera, rodeada de chicos y chicas aburridos esperando su turno, con revistas del año del caldo y con todo el tiempo del mundo…  ya que por las prisas para llegar olvidé mi libro, mi computadora, el ipod y hasta el celular;  me senté por fin y respiré profundamente… no de tan buen humor, sé que más de una me comprenderá…  ya descansando del estrés  para llegar a tiempo…  ya saben…  el tráfico del colegio a casa, comer rápidamente, cambiarse,  lavarse los dientes  y muy bien lavados eh… no sólo una, sino dos veces porque la visita lo ameritaba… le iban a revisar los dientes a la pequeña…

Mientras tomaba aire, en esa peculiar sala de espera, me imaginé la carita de mi muñeca, la inocente casi ni habló de tan ajetreada que la traía y todo para que fuera la primera cita de la tarde y no tuviéramos que esperar…  Recordarla me dio una ternura que ganas no me faltaron de ir a abrazarla… Me remordía la conciencia, reflexionando que mal momento le hice pasar al grado de alzar la voz para que se apurara, hasta le dije “Si no te apuras no te dará tiempo de comer”, “Si no te alistas no vamos a llegar”, “Si no te lavas bien los dientes la dentista te va a regañar”…  Me la traje amenaza, tras amenaza, perseguida y apurada… Y así, pensando en ella, en lo alegre y vivaz, en lo tierna y hermosa que es y en lo obediente y prudente que fue… ante mi estrés (Cabe aclarar que no soy histérica o neurótica, aunque tengo mi carácter y simplemente fue el momento de la prisa) me sentí culpable y concluí que puedo esforzarme para ser una mejor mamá.

Después de todo esto y agradeciendo el espacio para mi catarsis, no me quedó más que observar el lugar por enésima vez… y cuál fue mi sorpresa que vi un cuadro amarillo, medio mal pintado para mi gusto, pero con un letrero que se grabó en mi mente y se tatuó en mi corazón: ¿Quieres ser una buena mamá? Sé una mamá feliz.

Sé una mamá feliz

Suena tan sencillo, es tan cortita la fórmula.  Pero más de una estará de acuerdo conmigo… ¿Feliz? ¿Qué es ser una mamá feliz? En estos tiempos que todo es exigencia, competencia, materialismo, individualismo, hedonismo…

Podríamos empezar por decir que ser una mamá feliz es ser una mamá capaz de sonreír, de valorarse y valorar a las personas que tiene a su lado, empezando por su esposo, por sus hijos; ser una mamá feliz es ser una mamá que sabe priorizar y que no se deja guiar por el qué dirán, ni por la moda del momento, que sabe disfrutar a su familia y pasar tiempo juntos, es ser una mamá capaz de encarnar el sacrificio en su vida y no enfocarlo como lo peor que puede suceder sino como parte de su tarea en la vida, aunque ello implicara renunciar a ciertas aspiraciones profesionales y económicas, ser una mamá feliz es aceptar a cada quien como es con sus defectos y virtudes sin la terrible comparación, ser una mamá feliz es ser una mamá orgullosa de serlo y de dedicarse a ello, estando segura de estar cumpliendo con su llamado a dar vida en plenitud cada día.

Ser una mamá feliz es ser una mamá que reconoce en los hijos la dignidad que tienen.  Y les trata de acuerdo a esa dignidad, siendo capaz de poner límites con amor cuando es necesario y siendo capaz de corregir, ser una mamá feliz es ser una mamá sin miedo que se abandona en los brazos de Dios y que sabe rezar por sus hijos.

Ser una mamá feliz es ser una mamá capaz de Amar.

Ser una mamá feliz es haber descubierto en su ser la misión trascendente para la cual fue creada y asumirla con el alma para cada día traducirla en la esperanza que sus hijos necesitan para llenar su corazón sabiendo que se puede y se debe vivir en el mundo de un modo específico para alcanzar la eternidad.

Es vivir en el día a día tomando conciencia  de la maravilla de ser mamá.

¿Tratarla peor para que sea mejor?

A veces con las obligaciones de cada día y el estrés de vivir de prisa no nos detenemos a pensar en cómo estamos tratando a nuestros hijos. ¿Estamos siendo nosotras un ejemplo de amor, de paciencia,  de tolerancia, de caridad, de generosidad, en una palabra de virtud…? O al contrario, de cualquier cosa gritamos, refunfuñamos, nos desesperamos porque se nos hace tarde, o porque algún hijo derramó el agua sobre la alfombra o porque se le olvidó el suéter, o porque la tarea no sale…

Pensemos realmente como podemos educar o mal educar con nuestra actitud, con nuestro lenguaje  verbal (aquellas palabras y tonos de voz) y el no verbal (aquellas miradas que nos dicen tanto… aquellos gestos…) ante cualquier suceso de la vida.

Tú como mujer eres esencialmente bella y formadora de virtudes, así que debes comportarte a la altura y asumir esta difícil pero hermosa tarea.

Las mujeres, como madres estamos llamadas a dar vida en todo momento, también en el ámbito de la educación, de la afectividad, en el modo de tratar a nuestros hijos… que hermoso que cada situación, cada incidente lo aprovechemos para formar y no para gritar… Necesitamos ser dueñas de nosotras mismas, de nuestros pensamientos  de nuestras emociones y no dejarnos llevar: ni por el cansancio, ni por la falta de virtud.

Que…¡Qué fácil es decirlo! (bueno, en este caso ¡escribirlo!) Si, así es, pero lo tarea de la vida es ésta: ser consciente de nosotros mismos para con nuestra inteligencia conocer el bien y con nuestra libertad elegir lo mejor ordenando nuestra voluntad hacia ese bien que descubrimos. Entonces, de acuerdo estamos, en que vivir de acuerdo a nuestra dignidad no es fácil, pero es nuestra misión particular y personal. Si te esfuerzas, te garantizo que tan solo con ese extraordinario ejemplo tus hijos aprenderán lo más importante en la vida y se esforzarán también por cada día ser mejores.

Los hijos no traen instructivo

¡Qué enorme responsabilidad!

Ver a tu hijo o hija por primera vez, tan chiquitín, tan frágil, tan dependiente… que pareciera que se va a romper…

Pero no, no se rompe, al contrario se va fortaleciendo en el cuerpo y en el alma con los cuidados de mamá y los cuidados de papá; y todo el amor que le dan.

A veces no sabemos ni como, pero los hijos van creciendo… eso es porque tal vez no somos los más doctos, nadie nos enseña a ser padres y aunque hoy más que nunca es preciso informarse y formarse, lo que nunca falla es el amor.

Maternidad

Palabra que evoca dulzura, ternura, bondad, respeto, entrega, espera, milagro… Es un estado que debe permanecer a lo largo de la vida de toda madre, no solo los nueve meses en los que la nueva persona inicia su vida desde la concepción hasta que está completamente formado y preparado para vivir fuera del vientre de mamá.

La maternidad una vez entendida por la mujer se extiende y amplía al modo de ser mujer, es decir, a llevar vida a cada rincón de la tierra. Mujer no dejes de ser mujer y busca dentro de tu alma el secreto de la maternidad que te desvelará el secreto de la vida, el sentido de la existencia misma y te llevará a decidir entregar tu vida a favor de la humanidad, desde tu casa, tu lugar de trabajo, tu comunidad, la sociedad, el mundo entero.


Nuestras hijas y nuestros hijos merecen una mamá feliz

Si, así de simple; solo piénsalo. No es que por voluntad nos fijemos esa meta y punto. Es realmente descubrir la esencia de ser mujer. La vida solo se vive una vez y la historia de cada uno de nosotros inicia en el corazón y en el seno de una mujer.

Afortunados  quienes tenemos la seguridad de una madre que nos ama, que nos amó desde el principio y nos amará por toda la eternidad.


Hijos sin instructivo, Mamás con un gran ejemplo: María ejemplo de amor

Retomando aquello de que los hijos no traen instructivo, quisiera terminar este artículo dando gracias a Dios por la Madre que nos ha dado a todos, tenemos en ella el ejemplo de lo que la mujer está llamada a ser. Conozcamos Su Vida, la entrega amorosa a su Hijo Amado y pidamos parecernos cada día más a ella en virtud y en la búsqueda constante por hacer vida aquellas palabras: Hágase en mí según Tu Voluntad.

Mi Testimonio


Les cuento mi experiencia…

Desde chica mi madre siempre me enseño el tipico tienes que ir a misa los domingos…. pero yo queria saber algo mas, porque no entendia el porque… hibamos todos juntos a misa como familia, despues al crecer cada quien se hiba por su lado, el porque no lo se…. pero lo que si se es que yo si hiba a misa… pero nada mas, yo sentia que algo faltaba que no solo se trataba de eso. Pero como no me acercaba a buscar mas alla, y nadie me mostraba el camino seguramente porque nunca pregunte jaja… el caso es que conoci a un joven que con el tiempo fue mi novio, por dejarme creer de sus palabras me aleje completamente de la iglesia, dure 10 años si asistir a misa y nada, me case con el solo al civil, tuve mis dos hijos, me divorcie (gracias a Dios) yo en ese tiempo no sabia que era pecado casarse asi nada mas, ahora lo se y me da gusto el haberme separado de este señor….. aparte por muchas cosas desagradables que vivi a su lado… pero esa es otra historia….

llego el dia en que mis hijos crecieron y tenian que entrar al catecismo yo no los queria llevar, para que? mis hijos no necesitan de eso… decia yo… imaginense en el error en el que vivia….!!!!!

Pero por que mi madre no me estuviera diciendo siempre lo mismo los lleve a la doctrina, ahi me entere que los domingos hay una misa especial para los niños a las 8de la mañana… y que todos los niños de la doctrina tenian que asistir a esa misa… yo lo veia como una obligacion, como algo que no debia ser, pero ni modo hay que cumplir con eso…!!!! (No puedo creer que antes pensara asi)

El caso es que en una de esas misas yo estaba tan mal, me sentia tan sola, tan triste, tan desamparada, con el autoestima por los suelos…. mal, en realidad muy mal…

Y recuerdo que frente a la cruz, al entrar a la iglesia me puse a platicar con Jesus a contarle todo lo que tenia, no se que paso pero me perdi en el tiempo, el caso es que cuando recupere la nocion del tiempo ya estaba terminando el canto de comunion, solo recuerdo haber escuchado la ultima parte de la cancion “nadie te ama como yo”

Yo pense, orale que bonita cancion, mañana la voy a buscar en internet para leer la letra porque me la perdi, no supe que decia la cancion, asi que decidi buscarla al dia siguiente cuando llegara a la oficina….

cuando el dia llego, yo ya me acordaba que queria buscar la letra de aquella cancion…. asi que abri mi correo electronico como todos los dias, y lo primero que vi en mi bandeja de entrada fue un mensaje que venia de “remitente desconocido” yo dije orale que raro… !!! vi el asunto y ahi decia: “Nadie te ama como yo”, en ese momento me invadio una gran alegria, brotaron lagrimas de mis ojos, sin saber ni siquiera que habia pasado, o como llego ese correo a mi bandeja de entrada, solo al ver esas palabras me alegre… lo abri y comienzo a leer, a que no saben que era… Era la letra de la cancion que yo habia escuchado un dia antes en misa.!!! wow que alegria….

y ya paso el dia normal se hicieron las dos de la tarde y lleve a mis hijos a la escuela, en eso me habla uno de los maestros que ahora es mi super amigo Gamaliel…. me dice: “Sabes que? quiero hacerte un regalo, (me entrego un cd) espero que te guste, lo grabe especialmente para ti, escuchalo todo completo solo son 5 canciones pero especialmente concentrate en la uno, la tres y la 4” yo le dije gracias maestro…!!! y para despedirse me dio un abrazo muy fuerte, yo lo agradeci tanto a Dios en silencio, porque en verdad me hacia mucha falta un abrazo, recuerdo que le pedi que bajara y me abrazara muy fuerte porque necesitaba sentirme querida, apoyada, que queria sentirlo para saber si era real…

llegando a la oficina otra vez lo primero que hice fue poner el cd que el maestro me habia regalado… Saben que encontre ahi??? la uno era “si conocieras el don de Dios” de la hermana Glenda…

la tres era “nadie te ama como yo”

la cuatro era”un relato cantado de el hijo prodigo, con una meditacion muy bonita”

Coincidencia??? nooo eso fue una DIOSIDENCIA estoy segura. Jesus me escucho y dio respuesta al momento que un dia antes tuve frente a El… en el templo.

despues de esta tuve otras 3 experiencias directamente con Jesus, que hay quienes no lo creen y hay quienes saben que estoy diciendo la verdad, pero bueno eso despues se los cuento.

YO CREO EN JESUS.

Ahora Gama es un gran amigo mio, lo quiero mucho, El me ayudo con ese pequeño regalo, con ese abrazo a volver al camino, como lo supo??? seguramente Jesus le dijo…. sino como, antes de esto yo no tenia contacto con el para nada… ni siquiera era maestro de alguno de mis hijos….

Dios es Grande y se vale de su creacion para manifestarse, solo que estamos tan ciegos que no podemos “ver” ni darnos cuenta de todas las maneras que el utiliza para llamar nuestra atencion y volvamos a El.

Por eso cuando platico con Jesus o cuando escucho la cancion “Nadie te ama como yo” siempre sonrio y le digo.. oye, esa es nuestra cancion!!!!

Gracias a todos ustedes por existir…!!!!

10/Marzo/2009