Cristo Rey


Jesús Marti Ballester
4 julio 2012

Con la solemnidad de Cristo Rey del Universo concluye el año litúrgico, para recordarnos que Él es el centro de nuestra vida, el Alfa y Omega.

 

“Rey, cuyo Reino no está armado de palillos, pues no tiene fin”

Santa Teresa

(Reza la Oración a Cristo Rey)

¡Oh Cristo, Tú eres mi Rey!

Dame un corazón caballeroso para contigo.

Magnánimo en mi vida: escogiendo todo cuanto sube hacia arriba, no lo que se arrastra hacia abajo.

Magnánimo en mi trabajo: viendo en él no una carga que se me impone, sino la misión que Tú me confías.

Magnánimo en el sufrimiento: verdadero soldado tuyo ante mi cruz, verdadero Cireneo para las cruces de los demás.

Magnánimo con el mundo: perdonando sus pequeñeces, pero no cediendo en nada a sus máximas.

Magnánimo con los hombres: leal con todos, más sacrificado por los humildes y por los pequeños, celoso por arrastrar hacia Ti a todos los que me aman.

Magnánimo con mis superiores: viendo en su autoridad la belleza de tu Rostro, que me fascina.

Magnánimo conmigo mismo: jamás replegado sobre mí, siempre apoyado en Ti.

Magnánimo contigo: Oh Cristo Rey: orgulloso de vivir para servirte, dichoso de morir, para perderme en Ti.

Cristo, Rey del Universo

Descendiente del Rey David humanamente. Constituído Rey del universo por Dios, su Padre. Rey, pero sin palacios fastuosos, sin cortesanos ni servidumbre, sin guerras ni victorias, sin tributos ni privilegios. Rey que ha vendido a servir y no a ser servido; no a robarle imágen a los hombres, sino a derramar su sangre para introducirles en su Reino, de Verdad y de Vida, de Santidad y Gracia, de Justicia, de Amor y de Paz.

1. Con la solemnidad de Jesucristo Rey culmina cada año la Iglesia el curso litúrgico seguido en torno a Jesús, para significar que él es el centro y la vida, “el alfa y la omega, el principio y el fin” (Ap 21,6), el revelador del Padre, por ser la imagen visible de Dios invisible, el primogénito de entre los muertos, la Cabeza del Cuerpo, que es la Iglesia, el primero en todo, el receptáculo de toda la plenitud y el reconciliador y pacificador de todo, por la sangre de su cruz Colosenses 1,12. Pero conviene aclarar que es Rey no como los de este mundo, ni de este mundo (Jn 18,36), por tanto no viene a competir con ningún rey o primer mandatario de la tierra. El Nuevo Testamento asume la tradición davídica, pero con un sentido paradójico: Jesús es hijo de David, pero reina radicalmente desde el no-poder, se identifica con el pobre, con el siervo sufriente, con el niño, como símbolo de quien no tiene poder.

2. En el año 1925, como fruto del Año Santo, el Papa Pío XI, como remedio de la secularización ya avanzando, instituyó esta fiesta para conseguir que los hombres y las instituciones se entregaran a Jesucristo Rey, sujetos por un nuevo título a su autoridad, pues su potestad abraza la entera persona humana, mente, voluntad, y corazón, el cual, apreciando menos los apetitos naturales, debe amar a Dios sobre todas las cosas y estar unido a El sólo. Jesucristo debe reinar en el cuerpo y en los miembros como instrumentos, como dice San Pablo, de justicia para Dios, servidores de la interna santificación del alma. Si estas cosas se proponen a la consideración de los fieles, éstos se inclinarán más fácilmente a la perfección, como escribió en Papa en la Encíclica “Quas primas”. Para desde el reinado de Jesús en los corazones llegar a reinar en las sociedades y en la historia.

3. Cuando el Señor rechazó a Saúl como rey de Israel, mandó a Samuel a buscar a David para ungirle rey en Belén (1 Sam 16,1): “Tomó Samuel el cuerno del aceite y ungió a David. El Espíritu del Señor se apoderó de él” (1 Sam 16,13). Por segunda vez, “Todos los ancianos de Israel fueron a Hebrón a ver al rey, y el rey David hizo con ellos un pacto en Hebrón en presencia del Señor, ellos ungieron a David como rey de Israel” 2 Samuel 5,3. Jesús, que por genealogía humana es rey como descendiente del rey David, como lo atestigua San Mateo 1,1), fue ungido = Cristo en griego, y Mesías, en hebreo y arameo, por el Espíritu Santo, no por Samuel, como su padre David. Sobre Jesús, el Hijo de David, descendió en el Bautismo el Espíritu Santo (Lc 3,21), como lo testificó Pedro en casa de Cornelio (He 10,34). David, el Ungido del Señor, convertido en Pastor-Rey de pueblos el que era pastor de ovejas, es el tipo de Jesucristo Hijo de David, que hereda su reino, y por eso es profetizado Pastor-Rey por Ezequiel (Ez 34,23). Los enfermos le gritaban: “Jesús, hijo de David, ten compasión de mí” (Mc 10,47). Las multitudes le aclamaban: “¡Hosanna al Hijo de David!” (Mt 21,9). Y San Pablo le exhortará a Timoteo, en su testamento: “Acuérdate de Jesucristo resucitado de entre los muertos, del linaje de David” (2 Tim 2,8).

4. El mismo Jesús se proclamó Pastor Rey, pues los reyes se consideraban Pastores y guías del pueblo: “Yo soy el Buen Pastor que da la vida por sus ovejas” (Jn 10,11). El pueblo comprendía perfectamente que en el pastor que caminaba delante de su rebaño, tenía la seguridad de ser apacentado, dirigido, defendido, conducido y protegido por una sabiduría y un poder superiores. En una palabra, veían a Dios su Creador y su Señor, conductor y guía de su pueblo, con su providencia a su servicio y su amor fiel e incondicional que lo dirigía con poder.

5. Por eso, la proclamación de Jesús como Rey “nos llena de alegría sabiendo que vamos a la casa del Señor”, que es su reino, donde celebraremos su nombre y su victoria Salmo 121.

6. Al degenerar la imagen del rey por el contagio de Israel con otros pueblos gobernados por reyes casi siempre tiranos, y en el mismo Israel por la mala conducta de algunos de sus reyes, era necesaria una larga evolución en su teología para pasar de una visión terrena y humana de mesianismo triunfalista, a la visión del Reino de Dios, que culminará en la cruz, en el más rotundo y clamoroso fracaso. Y lo mismo ha ocurrido en otros países más occidentales y habremos de atenernos al mandato de Jesús: “Los reyes de las naciones las tiranizan. Pero entre vosotros no ha de ser así, sino que el mayor entre vosotros sea vuestro servidor” (Lc 22,25). Así lo ha hecho El, que ha querido caminar entre valles de tinieblas por donde caminamos nosotros, los hombres, y ha subido el camino del Calvario. Extenuado, le quedan pocos momentos de vida, ya no es un peligro para sus adversarios. Le piden que baje de la cruz, como el diablo en el desierto le pidió que se tirara del pináculo del Templo (Mt 4,5). Jesús no accede. Acepta el plan del Padre: el mesianismo doliente y crucificado; a los insultos responde con el silencio (Mt 27,14). Le provocan furiosos los ladrones (Mt 27,4). Pero hay un ladrón que increpa a su compañero, “lo nuestro es justo, pero éste no ha hecho ningún mal”… Su compasión y sentido de la justicia le hacen lanzar un grito de confianza: “Acuérdate de mí cuando llegues a tu reino”. Jesús, reuniendo sus fuerzas en medio de los tormentos, le responde y le garantiza: “Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso” Lucas 23,35. Jesús, que ha afirmado solemnemente ante Pilato: “Tú lo dices: Yo soy Rey” (Jn 18,37), promete recibir en su reino hoy mismo, al ladrón que viéndole en la cruz, le confiesa rey.

7. Las amenazas y los sarcasmos no han obtenido su respuesta. La oración emocionada de aquel ladrón ajusticiado, sí, y qué respuesta. Yo quiero penetrar en el corazón de cada uno de los dos: del ladrón, reconciliado, aceptando su muerte, pacificado, lleno de esperanza, transfigurado su rostro, antes alterado. Había observado a Jesús, y le había convencido y convertido su paciencia, su bondad, su amor. Y quiero entrar en el Corazón de Jesús que en medio de los tormentos, ve a su lado recién brotada una espiga de la cosecha. Ha comenzado a manifestarse la eficacia de la Sangre derramada. Jesús ya ha comenzado a reinar: Es rey en el corazón de un ladrón bueno, que se dejó seducir por el gesto de Cristo, por sus palabras de amor, de verdad y de perdón. He ahí dos crucificados en la paz de Dios. Son amigos. Los dos van a morir en el amor. Los dos van a ser recibidos por los brazos del Padre. El buen ladrón ha descubierto el mundo de la gracia. En medio de la justicia y de la injusticia, la de Jesús y la suya, ha sabido reconocer en la muerte de Jesús el camino de la vida y ha pasado de la muerte a la vida, del pecado a la santidad.

8. Pasó en el rodaje de la película “JESÚS DE NAZARET” que dirigió hace algunos años Franco Zeffirelli. Yo guardo un recorte de prensa con unas declaraciones de Robert Powell, que interpretó en esa película a Jesús. Tenía 31 años y no era católico. Su vida cambió radicalmente tras el rodaje de la película. Y reveló que durante el rodaje ocurrieron cosas emocionantes, y conversiones, ente ellas la del que representaba a Judas, que era ateo. Todos los actores sufrieron una crisis religiosa que a muchos les transformó. Jesús Rey no deja indiferentes. El amor engendra vida: “Donde no hay amor, ponga amor y cosechará amor” (San Juan de la Cruz).

9. Dejémonos nosotros invadir por el amor de Jesús para pasar también de nuestra muerte a la vida, por la Eucaristía. Porque El no sólo es el rey del cosmos, pues “todo fue creado por El y para él”, sino que es rey porque nos ha redimido, y porque es la “cabeza del cuerpo, de la Iglesia”. Y como “primogénito de todos los muertos en el que reside toda la plenitud”, quiere “reconciliar consigo todos los seres por la sangre de su cruz”; y reinar dentro de nosotros. “El reino de Dios está dentro de vosotros”. No ha temido que los hombres le robemos imagen, sino que nos ha constituido, por el Bautismo, reyes y sacerdotes para su Padre, para que le ayudemos a instaurar en el mundo su Reino, de la verdad y de la vida, de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz.

10. El reino de la verdad. En el mundo no hay verdad, el relativismo la manipula. Por eso dice Jesús que su Reino no es de este mundo. Porque en el mundo todo es falso. Los reyes de este mundo, los que tienen el poder, son hombres sujetos a pasiones y mueren: A veces el que menos manda es el rey. Los validos, los cortesanos que les auparon, usurpan el poder. Y por tanto no es verdad que el rey sea el rey.

11. El Reino de la vida. Más pronto o más tarde llega la muerte: ¿Cuántos reyes célebres podríamos ahora recordar? Carlos V, Felipe II… El reino de este mundo es el reino de la muerte. El reino de Cristo es el Reino de la Vida y si murió, fue por amor, pero venció la muerte. Es el primogénito de los muertos, el primer resucitado.

12. El Reino de santidad y de gracia. La santidad es el triunfo de las virtudes. La santidad es la vida de Dios, espíritu de Dios, intenciones en el actuar según las intenciones de Dios.

13. El Reino de la justicia. Reino donde se trabaja, donde se mira al hermano como hermano, sin diferencia de clases, donde el que tiene da al que no tiene, donde el que sabe enseña al que no sabe.

14. El Reino del amor. El cimiento del Reino es el amor porque Dios, que es Amor, ha querido, por amor, que participáramos del clima de su Reino en el Amor. Y su Legislador propone como máximo mandamiento, el mandamiento del amor: a Dios y a los hermanos. En el reino del amor no cabe el odio, pero tampoco la mala voluntad, ni la envidia ni el egoísmo. Jesús Rey de Amor, excluye de su reino los partidos y las banderías, las murmuraciones y calumnias, las palabras que ataquen de alguna manera la caridad fraterna. Pero no sólo es negativo el mandato del amor. Cristo Rey quiere positivamente que en su Reino viva la bondad de unos con otros, la comprensión e indulgencia, la tolerancia y la afabilidad sincera y sencilla, sin reticencias; la cordial servicialidad que ve en los hermanos a Dios, que acepta como hecho a el lo que se ha hecho con sus pequeños.

15. El Reino de la Paz. Es natural. ¿A dónde, si no, llegaremos por el camino de la santidad y de la gracia y de la justicia y del amor, sino a la paz, entera y total, a la tranquilidad del orden, al mar en calma de la paz conseguida a costa de superar las embravecidas olas del egoísmo y desamor, del odio y del pecado?

16. “In Pace”, rezaban los epitafios de los primeros mártires cristianos en las catacumbas. “En la Paz”. El mundo con todo su dinero, placer y poder, no puede dar la paz de Dios.

17. “Hemos sido trasladados al Reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados” Colosenses 1,12. Hoy ya no es suficiente hablar de Cristo, dice Juan Pablo II. El gran desafío del testimonio de católicos, ortodoxos y protestantes hoy es «ayudar a la gente a verle». Esta fue la consigna que dio el pontífice a mil quinientos fieles greco-católicos de Ucrania. Tras recordar los años del régimencomunista, el Papa reconoció que «hoy en vuestra tierra se puede hablar libremente de Dios. Pero para el hombre contemporáneo, inmerso en el estruendo y en la confusión de la vida cotidiana, las palabras ya no son suficientes: no sólo quiere oír hablar de Cristo», sino «en cierto sentido verle». «Dad al pueblo la posibilidad de ver a su Salvador, no esperéis a que alguien cree las condiciones favorables al compromiso y trabajo pastoral, suscitadlas vosotros mismos con creatividad y generosidad». Pero sobre todo, «¡testimoniad con la vida y con las obras la presencia del Resucitado entre vosotros! Es el mensaje más elocuente y eficaz que podéis dar a vuestros conciudadanos».

18. Cristo Rey de Amor, has querido comprarnos con tu agonía y con tu sangre, con tu amor. No has temido que los hombres te hagan sombra, sino que les acompañas para que alcancen su plenitud en tu Reino: “Que eres Dios, y no hombre, y no te gusta destruir”

(Os 11,9). Y “el hombre viviente es tu gloria” (San Ireneo). Déjanos que te digamos que te queremos amar; que no queremos separarnos de Tí, que queremos seguir siempre siendo ovejas de tu rebaño. Con tu gracia y ayuda, lucharemos para dar a conocer al mundo cuánto nos amas. Nos asaltan los enemigos, ¿cuáles? Mundo, demonio y carne. El egoísmo nos quiere dominar. La sensualidad y la vida de sentidos nos quieren acaparar… Por eso nos agarraremos con fuerza y perseverancia a tus sacramentos, a la oración, a la atención a tu presencia y al sacrificio, para que reines en nuestra vida y en nuestro entorno, con la ayuda indispensable de la intercesión segura de la Virgen Madre del Rey. Amen.

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San José obrero


Autor: . | Fuente: Archidiócesis de Madrid
José Obrero, Santo
Fiesta, Mayo 1
José Obrero, Santo
José Obrero, Santo

Obrero
Mayo 1

Se cristianizó una fiesta que había sido hasta el momento la ocasión anual del trabajador para manifestar sus reivindicaciones, su descontento y hasta sus anhelos. Fácilmente en las grandes ciudades se observaba un paro general y con no menos frecuencia se podían observar las consecuencias sociales que llevan consigo la envidia, el odio y las bajas pasiones repetidamente soliviantadas por los agitadores de turno. En nuestro occidente se aprovechaba también ese momento para lanzar reiteradas calumnias contra la Iglesia que era presentada como fuerza aliada con el capitalismo y consecuentemente como el enemigo de los trabajadores.

Fue después de la época de la industrialización cuando toma cuerpo la fiesta del trabajo. Las grandes masas obreras han salido perjudicadas con el cambio y aparecen extensas masas de proletarios. También hay otros elementos que ayudan a echar leña al fuego del odio: la propaganda socialista-comunista de la lucha de clases.

Era entonces una fiesta basada en el odio de clases con el ingrediente del odio a la religión. Calumnia dicha por los que, en su injusticia, quizá tengan vergüenza de que en otro tiempo fuera la Iglesia la que se ocupó de prestar asistencia a sus antepasados en la cama del hospital en que murieron; o quizá lanzaron esas afirmaciones aquellos que un tanto frágiles de memoria olvidaron que los cuidados de la enseñanza primera los recibieron de unas monjas que no les cobraban a sus padres ni la comida que recibían por caridad; o posiblemente repetían lo que oían a otros sin enterarse de que son la Iglesia aquellas y aquellos que, sin esperar ningún tipo de aplauso humano, queman sus vidas ayudando en todos los campos que pueden a los que aún son más desafortunados en el ancho mundo, como Calcuta, territorios africanos pandemiados de sida, o tierras americanas plenas de abandono y de miseria; allí estuvieron y están, dando del amor que disfrutan, ayudando con lo que tienen y con lo que otros les dan, consolando lo que pueden y siendo testigos del que enseñó que el amor al hombre era la única regla a observar. Y son bien conscientes de que han sido siempre y son hoy los débiles los que están en el punto próximo de mira de la Iglesia. Quizá sean inconscientes, pero el resultado obvio es que su mala propaganda daña a quien hace el bien, aunque con defectos, y, desde luego, deseando mejorar.

El día 1 de Mayo del año 1955, el Papa Pío XII, instituyó la fiesta de San José Obrero. Una fiesta bien distinta que ha de celebrarse desde el punto de partida del amor a Dios y de ahí pasar a la vigilancia por la responsabilidad de todos y de cada uno al amplísimo y complejo mundo de la relación con el prójimo basada en el amor: desde el trabajador al empresario y del trabajo al capital, pasando por poner de relieve y bien manifiesta la dignidad del trabajo -don de Dios- y del trabajador -imagen de Dios-, los derechos a una vivienda digna, a formar familia, al salario justo para alimentarla y a la asistencia social para atenderla, al ocio y a practicar la religión que su conciencia le dicte; además, se recuerda la responsabilidad de los sindicatos para logro de mejoras sociales de los distintos grupos, habida cuenta de las exigencias del bien de toda la colectividad y se aviva también la responsabilidad política del gobernante. Todo esto incluye ¡y mucho más! la doctrina social de la Iglesia porque se toca al hombre al que ella debe anunciar el Evangelio y llevarle la Salvación; así mantuvo siempre su voz la Iglesia y quien tenga voluntad y ojos limpios lo puede leer sin tapujos ni retoques en Rerum novarum, Mater et magistra, Populorum progressio, Laborem exercens, Solicitudo rei socialis, entre otros documentos. Dar doctrina, enseñar donde está la justicia y señalar los límites de la moral; recordar la prioridad del hombre sobre el trabajo, el derecho a un puesto en el tajo común, animar a la revisión de comportamientos abusivos y atentatorios contra la dignidad humana… es su cometido para bien de toda la humanidad; y son principios aplicables al campo y a la industria, al comercio y a la universidad, a la labor manual y a la alta investigación científica, es decir, a todo el variadísimo campo donde se desarrolle la actividad humana.

Nada más natural que fuera el titular de la nueva fiesta cristiana José, esposo de María y padre en funciones de Jesús, el trabajador que no lo tuvo nada fácil a pesar de la nobilísima misión recibida de Dios para la Salvación definitiva y completa de todo hombre; es uno más del pueblo, el trabajador nato que entendió de carencias, supo de estrecheces en su familia y las llevó con dignidad, sufrió emigración forzada, conoció el cansancio del cuerpo por su esfuerzo, sacó adelante su responsabilidad familiar; es decir, vivió como vive cualquier trabajador y probablemente tuvo dificultades laborales mayores que muchos de ellos; se le conoce en su tiempo como José «el artesano» y a Jesús se le da el nombre descriptivo de «el hijo del artesano». Y, por si fuera poco, los designios de Dios cubrían todo su compromiso.

Fiesta sugiere honra a Dios, descanso y regocijo. Pues, ánimo. Honremos a Dios santificando el trabajo diario con el que nos ganamos el pan, descansemos hoy de la labor y disfrutemos la alegría que conlleva compartir lo nuestro con los demás.

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Autor: Jesús Martí Ballester
Fiesta de San José Obrero
Creación y trabajo: Dios creador y el hombre colaborando con él por amor. Meditación sobre el trabajo
Inmenso Dios creando como un torbellino inmóvil y amoroso, afanándose en su obra para su gloria en el hombre. Y cuando pasó revista a todo, montes y espesuras, estrellas, mares, calandrias y elefantes, aves del paraíso y águilas reales, altísimas montañas, palomas raudas, palmeras y cipreses, colibríes y elefantes… el hombre y la mujer…, dijo:

¡Bien, Todo está bien!

¡Me ha quedado todo estupendo!…

Es obra de mi amor.

Y vio Dios que lo había hecho bien.

Maravillas de amor del trigo verde.

Maravillas de amor de los ríos caudalosos.

De los hondos mares bravíos.

De las altas montañas escarpadas.

Del ondular de las colchas de sangre de amapolas.

De los rosarios rosados del maíz.

Del néctar de los melones deliciosos.

De los crujientes cacahuetes.

De los prados de verduras

De los racimos de los plátanos.

Y vio Dios que lo había hecho bien. 

Riquezas de amor del oro pálido.

De los diáfanos diamantes.

De los zafiros y de los topacios.

De las aguas marinas románticas.

De los rojos corales.

De las amatistas y rubíes de sangre.

De la plata rutilante.

Y vio Dios que lo había hecho bien. 

El regalo de amor de la vida animal.

De los ágiles caballos.

De las gacelas tímidas.

De los jilgueros y de los gorriones cantarines.

De los locuaces periquitos.

De los toros solemnes y orgullosos.

De las ballenas como casas.

De los leones regios.

De los pavos reales de ensueño.

De las altísimas jirafas.

De los canarios melodiosos.

Y vio Dios que lo había hecho bien. 

Y el lujo de los jardines.

Las rosaledas lujuriantes, jaspeadas.

Los jazmines embriagadores.

Las madreselvas de embrujo.

Los claveles rojos, naranja, blancos, amarillos.

Los tulipanes de nácar.

Y vio Dios que lo había hecho bien. 

Maravillas de amor.

Y el hombre ¡ay! insatisfecho.

Porque los hizo: hombre y mujer.

Y Adán no encontraba la respuesta a su amor

en las otras bellezas de criaturas.

Al tener ante él a la mujer, maravilla de ser,

dice Adán: Ahora encuentro eco a mi amor.

Y el paraíso sin dolor.

La chispa primera de la inteligencia.

El latido de la primera emoción, del primer amor.

Y vio Dios que lo había hecho bien.

Misterio de amor.

Y la Redención.

Hijos en el Hijo.

Vida de Dios. Como si a las hormigas

las eleváramos a la vida humana,

inteligente y voluntaria.

Como si les pudiéramos decir:

¡Hormigas, qué alegría,

sois hombres, siendo a la vez hormigas!

Hombres – dioses.

Y vio Dios que lo había hecho bien. 

Al animal con suplemento

de inteligencia: hombre.

Al hombre con la gracia = dios.

Divinizado.

Pero comprado con Sangre divina.

La Sangre del Cordero.

Y ese hombre, ya liberado en general,

tiene que ser liberado en concreto.

Tú, yo, él, todos.

La Iglesia.

La humanidad.

La humanidad en el crisol.

Y vio Dios que lo había hecho bien.

Y le dijo a Adán: Prolonga tú ahora mi obra creadora, toma mis fuerzas y sigue creando, yo estaré contigo y descansaré. Trabaja conmigo, que es tu oficio. Trabajar para Adán era hermoso, era «coser y cantar», siempre con el corazón henchido de alegría, porque crear deleita. El sudor vino después; la amargura y el cansancio y la fatiga fueron posteriores al pecado. «Con el sudor de tu frente», la tierra se te resistirá, y las ideas se te irán escurridizas, y se bloqueará el ordenador, y los cardos y las espinas, son, pueden ser, expiación y penitencia. “Existe, dice Juan Pablo II en la “Laborem exercens”, una dimensión esencial del trabajo humano, en la que la espiritualidad fundada sobre el evangelio, penetra profundamente. Todo trabajo —tanto manual como intelectual— está unido inevitablemente a la fatiga.

El libro del Génesis lo expresa de manera verdaderamente penetrante, contraponiendo a aquella originaria bendición del trabajo, contenida en el misterio mismo de la creación, y unida a la elevación del hombre como imagen de Dios, la maldición, que el pecado ha llevado consigo: «Por ti será maldita la tierra. Con trabajo comerás de ella todo el tiempo de tu vida» (Gén 3,17). Este dolor unido al trabajo señala el camino de la vida humana sobre la tierra y constituye el anuncio de la muerte: «Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra; pues de ella has sido hecho…» (Gén 3,19).

LA ESPIRITUALIDAD DEL TRABAJO HUMANO

Casi como un eco de estas palabras, se expresa el autor de uno de los libros sapienciales: «Entonces miré todo cuanto habían hecho mis manos y todos los afanes que al hacerlo tuve…» (Ecl 2,11). No existe un hombre en la tierra que no pueda hacer suyas estas palabras. El Evangelio pronuncia, en cierto modo, su última palabra, en el misterio pascual de Jesucristo. Y aquí también es necesario buscar la respuesta a estos problemas tan importantes para la espiritualidad del trabajo humano. En el misterio pascual está contenida la cruz de Cristo, su obediencia hasta la muerte, que el Apóstol contrapone a aquella desobediencia, que ha pesado desde el comienzo a lo largo de la historia del hombre en la tierra (Rm 5,19). Está contenida en él también la elevación de Cristo, el cual mediante la muerte de cruz vuelve a sus discípulos con la fuerza del Espíritu Santo en la resurrección. El sudor y la fatiga, que el trabajo necesariamente lleva en la condición actual de la humanidad, ofrecen al cristiano y a cada hombre, que ha sido llamado a seguir a Cristo, la posibilidad de participar en el amor en la obra que Cristo ha venido a realizar (Jn 17,4).

Esta obra de salvación se ha realizado a través del sufrimiento y de la muerte de cruz. Soportando la fatiga del trabajo en unión con Cristo crucificado por nosotros, el hombre colabora en cierto modo con el Hijo de Dios en la redención de la humanidad. Se muestra verdadero discípulo de Jesús llevando a su vez la cruz de cada día en la actividad que ha sido llamado a realizar. Cristo, sufriendo la muerte por todos nosotros, pecadores, nos enseña con su ejemplo a llevar la cruz que la carne y el mundo echan sobre los hombros que buscan la paz y la justicia»; pero, al mismo tiempo, «constituido Señor por su resurrección, Cristo, al que le ha sido dada toda potestad en la tierra, obra ya por la virtud de su Espíritu en el corazón del hombre purificando y robusteciendo también, con ese deseo, aquellos generosos propósitos con los que la familia humana intenta hacer más llevadera su propia vida y someter la tierra a este fin».

En el trabajo cristiano descubre una pequeña parte de la cruz de Cristo y la acepta con el mismo espíritu de redención, con el cual Cristo ha aceptado su cruz por nosotros. En el trabajo, merced a la luz que penetra dentro de nosotros por la resurrección de Cristo, encontramos siempre un tenue resplandor de la vida nueva, del nuevo bien, casi como un anuncio de los «nuevos cielos y otra tierra nueva», los cuales precisamente mediante la fatiga del trabajo, son participados por el hombre y por el mundo. A través del cansancio y jamás sin él. Esto confirma, por una parte, lo indispensable de la cruz en la espiritualidad del trabajo humano; pero, por otra parte, se descubre en esta cruz y fatiga un bien nuevo que comienza con el mismo trabajo: con el trabajo entendido en profundidad y bajo todos sus aspectos, y jamás sin él.

LA TIERRA NUEVA

¿No es ya este nuevo bien —fruto del trabajo humano— una pequeña parte de la «tierra nueva», en la que mora la justicia? ¿En qué relación está ese nuevo bien con la resurrección de Cristo, si es verdad que la múltiple fatiga del trabajo del hombre es una pequeña parte de la cruz de Cristo? También a esta pregunta intenta responder el Concilio, tomando las mismas fuentes de la Palabra revelada: «Se nos advierte que de nada le sirve al hombre ganar todo el mundo, si se pierde a sí mismo (Lc 9,25). (Vaticano II, Gaudium et Spes, 38). No obstante, la espera de una tierra nueva no debe amortiguar, sino más bien avivar, la preocupación de perfeccionar esta tierra, donde crece el cuerpo de la nueva familia humana, el cual puede de alguna manera anticipar un vislumbre del siglo nuevo. Por ello, aunque hay que distinguir cuidadosamente progreso temporal y crecimiento del reino de Cristo, sin embargo, el primero, en cuanto puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa en gran medida al reino de Dios». El cristiano que está en actitud de escucha de la palabra del Dios vivo, uniendo el trabajo a la oración, sepa el puesto que ocupa su trabajo no sólo en el progreso terreno, sino también en el desarrollo del Reino de Dios, al que todos somos llamados con la fuerza del Espíritu Santo y con la palabra del Evangelio”.Y así, trabajando, es como el hombre se convierte en dominador de la materia y concreador del mundo, que le estará sometido en la medida de su trabajo; y pondrá a su servicio todas las criaturas, inferiores a él. Y así se dignifica y crece.

TRABAJO BALUARTE

«El que no quiera trabajar que no coma», dice san Pablo; quien ha de comer tiene que trabajar. El deber de trabajar arranca de la misma naturaleza. «Mira, perezoso, mira la hormiga…», y mira la abeja, y aprende de ellas a trabajar, a ejercitar tus cualidades desarrollando y haciendo crecer y perfeccionando la misma creación. Que por eso naciste desnudo y con dos manos para que cubras tu desnudez con el trabajo de tus manos y te procures la comida con tu inventiva eficaz.

El trabajo será también tu baluarte, será tu defensa, contra el mundo porque te humilla, cuando la materia o el pensamiento se resisten a ser dominados y sientes que no avanzas. Te defenderá del demonio, que no ataca al hombre trabajador y ocupado en su tarea con laboriosidad. Absorbido y tenaz. Te defenderá del ataque de la carne, porque el trabajo sojuzga y amortigua las pasiones, y con él expías tu pecado y los pecados del mundo con Cristo trabajador, creando gracia con El y siendo redentor uniendo tu esfuerzo al suyo, de carpintero y de predicador entregado a la multitud y comido vorazmente por ella. Así es cómo el trabajo cristiano, se convierte en fuente de gracia y manantial de santidad. Pero si el hombre debe continuar creando con Dios, su trabajo debe ser entregado a la Iglesia y a la comunidad humana, llamada toda al Reino. El que trabaja, cumple un deber social. Ahora bien, si el trabajo es un deber, si el hombre debe trabajar, el hombre tiene el derecho ineludible de poder trabajar, de tener la posibilidad de ejercer el deber que le viene impuesto por la propia naturaleza, por el mismo Dios Creador, Trabajador, Redentor y Santificador. El derecho social al trabajo es consecuencia del deber del trabajo. Pío XII en la “Sponsa Christi” recuerda incluso a las monjas de clausura el deber de trabajar con eficacia.

Pero la realidad es que, así como hay en el mundo una injusticia social en el reparto de la riqueza, la hay también en el reparto del trabajo. Mientras haya parados, no puede haber hombres pluriempleados; por dos razones: primera, porque sus varios empleos quitan, roban, puestos de trabajo a los que de él carecen; segunda, porque los que tienen varios empleos difícilmente los cumplirán bien y a tope. El “enchufismo” no es sinónimo de perfección, sino todo lo contrario. Se habla de estructuras injustas en órdenes diversos; pero la estructura injusta, y había que revisarla si es injusta, se da también en la distribución del trabajo. Que un sacerdote, y son muchos, no tengan nada que hacer, en todo el día, salvo celebrar la misa, cuando hay también muchos que no pueden abarcar todas las misiones que se les encomiendan, puede ser consecuencia de unas estructuras, o de una interpretación de las mismas, que en todo caso, deberán ser, en justicia, revisadas. La sociedad no puede desperdiciar energías, pero la Iglesia tiene que aprovechar todas las piedras vivas, para edificar el Cuerpo de Cristo.

 

San Isidro Labrador


Autor: Jesús Martí Ballester | Fuente: Catholic.net
Isidro Labrador, Santo
Campesino, Mayo 15

Isidro Labrador, Santo
Campesino
Cuarenta años antes de que ocurriera, había escrito Cicerón: “De una tienda o de un taller nada noble puede salir”. Unos años después, en el año primero de la era cristiana, salió de un taller de carpintero el Hijo de Dios. Las mismas manos que crearon el sol y las estrellas y dibujaron las montañas y los mares bravíos, manejaban la sierra, el formón, la garlopa, el martillo y los clavos y trabajaban la madera. Desde entonces, ni la azada ni el arado ni la faena de regar y de escardar tendrían que avergonzarse ante la pluma ni ante el manejo de los medios modernos de comunicación, ni ante las coronas de los reyes. El patrón de aquella villa recién conquistada a los musulmanes, Madrid, hoy capital de España, no es un rey, ni un cardenal, ni un rey poderoso, ni un poeta ni un sabio, ni un jurista, ni un político famoso. El patrón es un obrero humilde, vestido de paño burdo, con gregüescos sucios de barro, con capa parda de capilla, con abarcas y escarpines y con callos en las manos. Es un labrador, San Isidro. Como el Padre de Jesús, cuyas palabras nos transmite San Juan en el evangelio 15,1: “Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador”.

SE POSTRARON LOS REYES

Ante su se-pulcro se postraron los reyes, los arquitectos le construyeron templos y los poetas le dedicaron sus versos. Lope de Vega, Calderón de la Barca, Burguillos, Espinel, Guillén de Castro, honraron a este trabajador madrileño. El historiador Gregorio de Argaiz le dedicó un gran libro: “La soledad y el campo, laureados por San Isidro”. Fue su misión, laurear el campo, frío, duro, ingrato, calcinado por los soles del verano y estremecido por los hielos de los inviernos. El campo quedó iluminado y fecundado por su paciencia, su inocencia y su trabajo. No hizo nada extraordinario, pero fue un héroe.

Fue un héroe que cumplió el “Ora et labora” benedictino. La oración era el descanso de las rudas faenas; y las faenas eran una oración. Labrando la tierra sudaba y su alma se iluminaba; los golpes de la azada, el chirriar de la carreta y la lluvia del trigo en la era, iban acompañados por el murmullo de la plegaria de alabanza y gratitud mientras rumiaba las palabras escuchadas en la iglesia. Acariciando la cruz, aprendió a empuñar la mancera. He ahí el misterio de su vida sencilla y alegre, como el canto de la alondra, revolando sobre los mansos bueyes y el vuelo de los mirlos audaces.

TAN POBRE

Alegre y, sin embargo, tan pobre. Isidro no cultivaba su prado, ni su viña; cultivaba el campo de Juan de Vargas, ante quien cada noche se descubría para preguntarle: “Señor amo, ¿adónde hay que ir mañana?” Juan de Vargas le señalaba el plan de cada jornada: sembrar, barbechar, podar las vides, limpiar los sembrados, vendimiar, recoger la cosecha. Y al día siguiente, al alba, Isidro uncía los bueyes y marchaba hacia las colinas onduladas de Carabanchel, hacia las llanuras de Getafe, por las orillas del Manzanares o las umbrías del Jarama. Cuando pasaba cerca de la Almudena o frente a la ermita de Atocha, el corazón le latía con fuerza, su rostro se iluminaba y musitaba palabras de amor. Y las horas del tajo, sin impaciencias ni agobios, pero sin debilidades, esperando el fruto de la cosecha “Tened paciencia, hermanos, como el labrador que aguanta paciente el fruto valioso de la tierra, mientras recibe la lluvia temprana y tardía” Santiago 5, 7. Así, todo el trabajo duro y constante, ennoblecido con las claridades de la fe, con la frente bañada por el oro del cielo, con el alma envuelta en las caricias de la madre tierra.

NO SABÍA LEER

El Cielo y la tierra eran los libros de aquel trabajador animoso que no sabía leer. La tierra, con sus brisas puras, el murmullo de sus aguas claras, el gorjeo de los pájaros, el ventalle de sus alamedas y el arrullo de sus fuentes; la tierra, fertilizada por el sudor del labrador, y bendecida por Dios, se renueva año tras año en las hojas verdes de sus árboles, en la belleza silvestre de sus flores, en los estallidos de sus primaveras, en los crepúsculos de sus tardes otoñales, con el aroma de los prados recién segados. Isidro se quedaba quieto, silencioso, extático, con los ojos llenos de lágrimas, porque en aquellas bellezas divisaba el rostro Amado. Seguro que no sabia expresar lo que sentía, pero su llanto era la exclamación del contemplativo en la acción, con la jaculatoria del poeta místico Ramón Llull: “¡Oh bondad! ¡Oh amable y adorable y munificentísima bondad!”. O del mínimo y dulce Francisco de Asís, el Poverello: “Dios mío y mi todo”. “Loado seas mi Señor por todas las criaturas, por el sol, la luna y la tierra y el agua, que es casta, humilde y pura”. O también con el sublime poeta castellano como él: “¡Oh montes y espesuras – plantados por las manos del Amado – oh prado de verduras, de flores esmaltado – decid si por vosotros ha pasado!!!. “El que permanece en mí y yo en él ese da fruto abundante” Juan 15,5. Así, el día se le hacía corto y el trabajo ligero. Bajaban las sombras de las colinas. Colgaba el arado en el ubio, se envolvía en su capote y entraba en la villa, siguiendo la marcha cachazuda de la pareja de bueyes.

UNA SANTA

Empezaba la vida de familia. A la puerta le esperaba su mujer con su sonrisa y su amor y su paz. María Toribia era también una santa, Santa María de la Cabeza. Un niño salía a ayudar a su padre a desuncir y conducir los bueyes al abrevadero. Era su hijo, que lo era doblemente, porque después de nacer, Isidro le libró de la muerte con la oración. Luego arregla los trastos, cuelga la aguijada, ata los animales, los llama por su nombre, los acaricia y les echa el pienso en el pesebre, pues, según la copla castellana: “Como amigo y jornalero, – pace el animal el yero, – primero que su señor; – que en casa del labrador, – quien sirve, come primero”. Hasta que llega María restregándose las manos con el delantal: “Pero ¿qué haces, Isidro, no tienes hambre? -le dice cariñosamente-. Ya en la mesa, la olla de verdura con tropiezos de vaca. Pobre cena pero sabrosa, condimentada con la conformidad y animada con la alegría, la paz y el amor. Y eso todos los días; dias incoloros pero ricos a los ojos de Dios. Sin saber cómo, Isidro se ha ido convirtiendo en santo. “Será como un árbol plantado al borde de la acequia: da fruto en su sazón y no se marchitan sus hojas; y cuanto emprende tiene buen fin” Salmo 1,1. “Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante” Juan 15,6

Ya su aguijada tiene la virtud de abrir manantiales en la roca, porque: “Mucho puede hacer la oración intensa del justo…Elías volvió a orar, y el cielo derramó lluvia y la tierra produjo sus frutos” Santiago 5, 17. “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis y se realizará” Juan 15, 7. Ya puede Isidro rezar con tranquilidad entre los árboles aunque le observe su amo, porque los ángeles empuñan el arado. ¡Oh arado, oh esteva, oh aguijada de San Isidro, sois inmortales como la tizona del Cid, el báculo pastoral de San Isidoro y la corona del rey San Fernando!, exclama el poeta. Con la pluma de Santa Teresa habéis subido a los altares. Así es como la villa y corte, centro de España, tiene por patrón a un labrador inculto, sin discursos, ni escritos, ni hechos memorables, sólo con una vida escondida y vulgar de un aldeano, hombre de aquella pequeña villa que se llamaba Madrid, recién reconconquistada al Islam. En 1083 Alfonso VI había entrado por la cuesta de la Vega. El contraste es instructivo y proclama el estilo de Dios cuando nos regala sus santos. “Escondiste estos secretos a los sabios, y los revelaste a las gentes sencillas”. San Isidro labrador era un simple; reconocerlo es admirar los planes de Dios.

EL DIÁCONO DE SAN ANDRÉS

Lo que sabemos de su vida se debe al diácono de San Andrés, que conoció a su paisano y sólo ocupa media docena de páginas. ¿Quién es capaz de extender más la descripción de un labriego sencillísimo que cruza por esta vida sin ninguna aventura externa y sin más complicación que la personalísima de ser santo a los ojos de Dios? Fue un hombre sencillo, su villa era pequeña. Madrid era rica en aguas y en bosques, con su docena de pequeñas parroquias, sus estrechas calles y en cuesta, su alcázar junto al río, su morería y sus murallas. Un puñado de familias cristianas, entre ellas, la de los Vargas, que era la más rica, alrededor de la parroquia de San Andrés, a cuyo servicio estaba Isidro. San Isidro nos ofrece todo un programa de vida sencilla, de honrada laboriosidad, de piedad infantil aunque madura, de caridad fraterna, ejemplo para esta sociedad compleja, y llena de mundo, de vida callejera, de codicia y de egoísmo, que lamenta hoy el zarpazo del terrorismo atroz y espera el nacimiento del nuevo Infante heredero. Ambos acontecimientos, tan dispares, laten en el corazón celeste de San Isidro, en su calidad de Patrón de Madrid que lo es, en cierto modo, de España.

Fiesta Virgen de Fátima


13 de mayo

UNA SEÑORA MAS BRILLANTE QUE EL SOL

BEATOS FRANCISCO Y JACINTA, LOS PASTORCITOS DE FÁTIMA

SI LA IGLESIA ACEPTÓ EL MENSAJE DE FÁTIMA ES PORQUE ÉSTE CONTIENE LA MISMA VERDAD Y EL MISMO LLAMAMIENTO QUE EL DEL EVANGELIO. Juan Pablo II

1. “¿Quién es ésta que se asoma como el alba, hermosa como la luna y límpida como el sol, terrible como escuadrón a banderas desplegadas? Cantares 6,10.

“Arrepentíos, que ya llega el reinado de Dios” Mateo 3,2.

“Velad y orad para no caer en la tentación. El espíritu está pronto, pero la carne es débil” Mateo” Mateo 26,41.

2. El 13 de mayo de 1981, festividad de la Virgen de Fátima, el Papa sufrió un atentado en Roma. Desde entonces la imagen de la Virgen de Fátima tiene en su corona la bala que fue extraída del vientre de Juan Pablo II. El 13 de junio de 1994 el Papa, reunido en Roma con los Cardenales de todo el mundo, dijo: «A mí se me ha dado comprender, de modo especial, el mensaje de la Virgen de Fátima; la primera vez el 13 de mayo de 1981 en el momento del atentado a la vida del Papa, y después de nuevo hacia final de la década de los ochenta con ocasión del hundimiento del comunismo en los países del bloque soviético. Pienso que se trata de una experiencia bastante transparente para todos».

3. Hemos contemplado estos últimos años el desmantelamiento imprevisto del marxismo en los paises del Este europeo, sojuzgados por él durante 73 años. Se ha cumplido hasta el último ápice la profecía de la Señora de Fátima: Rusia se convertirá. Por fin mi Corazón Inmaculado triunfará. Hay que entender la conversión de Rusia, en su carácter de atea y beligerante contra Dios y la religión, no en una conversión individual de cada persona, que esa no se da ni en Roma.

4. El caso es que aparte de la apertura de los templos y catedrales, hay datos significativos como el de la felicitación de Vladimir Putin, recién elegido Presidente de Rusia, al archimandrita Ioann Krestyankin, quien el pasado 11 de abril de 2000, se encontró con la sorpresa de recibir una expresiva carta del presidente, en su noventa cumpleaños. El archimandrita Ioann, monje en el Monasterio de las Cuevas Pskov, cercano a la frontera con Estonia, atrae la devoción de muchos ortodoxos que lo consideran un monje que ha recibido el don del discernimiento espiritual. «Su vida -dice el presidente Putin en su carta- es un ejemplo de una gran y auténtica actividad y un sincero servicio a la Iglesia Ortodoxa Rusa, de un esfuerzo por reforzar la fe y el espíritu de nuestro pueblo». «Todos los rusos ortodoxos-añade- le conocen y le aman. Seguramente gracias a maestros como usted, Rusia está retornando a sus raíces espirituales y morales». El ha sobrevivido a la represión comunista contra la Iglesia y a los rigores de la vida ascética, como subraya Putin. Es la primera vez en su vida que los medios de comunicación rusos se ocupan de él. El mensaje de felicitación de Putin es un hecho extraordinario, pues desde el zar Alejandro III y Nicolás II, que felicitaron al santo Ioann de Kronshtadt, que murió en 1908, ningún «starets» había recibido una felicitación oficial. El monasterio del archimandrita Joann, ha sido el centro espiritual de la vida ortodoxa no oficial en la URSS. Hasta su anexión a la Unión Soviética, en 1940, pertenecía al territorio de Estonia, y permaneció abierto durante el período comunista. El archimandrita Ioann dio su bendición a todos aquellos que preferían la tortura, la privación y los campos de trabajos forzados, a la sumisión a las autoridades ateas.

5. En el año 1917 se implantó en Rusia la dictadura del comunismo materialista y ateo de carácter estatal. Lenín y Troski pensaban y ambicionaban dominar el mundo formando un supremo estado totalitario y ateo. Caida Rusia en sus garras, su plan se dirigía a conquistar España y Portugal para, dede allí, dominar toda Europa. El año anterior, 1916, Dios comenzó también a trazar su estrategia. Y así como para la Encarnación envió a un ángel, para anunciar este plan envió a Aljustrel, en Fátima, al Angel de Portugal, para preparar a los instrumentos de sus planes, que eran tres humildes pastorcitos, Jacinta, Francisco y Lucía, de 7, 8, y 10 años. Cuando nació Jesús, ¿a qué reyes famosos suscitó el Señor, para que le adorasen? Es el mismo Evangelio quien nos responde: «Había en la región unos pastores…» (Lc. 2, 8).

6. Fátima, 1917. Cristo quiere enviar a su Madre para dar un mensaje al mundo. ¿Quién lo recibirá? El plan de Dios sobre los hombres no ha variado: «Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a los sabios y discretos y las revelaste a los pequeñuelos» (Mt. 11,25). Lucía, la mayor, diez años, es la última de los seis hijos de Antonio y Maria Rosa dos Santos. Francisco, primo de Lucía, nueve años, es hijo de Pedro Marto y Olimpia de Jesús. Jacinta, siete años, hermana de Francisco, son los más pequeños de once hermanos. No son santos de leyenda: en su nacimiento ni hubo voces ni señales misteriosas, ni amor a la soledad, ni seriedad impropia de la niñez. Niños sanos y robustos, crecidos en el campo, eran poco inclinados a visiones enfermizas.Tímidos y alegres, como hijos del pueblo humilde. Ninguno de los tres sabía leer ni escribir. Tienen sus virtudes… Carecen de malicia, son puros y sencillos de corazón. Con la franqueza y la confianza de la niñez: «¿De qué país es usted?», le preguntarán a la visión celeste. Obedientes y amantes de sus padres: sólo una fuerza sobrenatural podrá atraer a Lucía hacia el prado de las apariciones, contra la prohibición de su madre. Tienen sus defectos. Como todos los niños, son naturalmente inclinados al egoísmo y a la comodidad. Ninguno de ellos ha nacido santo. Francisco revela siempre un carácter varonil, muy fuerte, en ocasiones violento. Jacinta, la pequeña de la casa, está acostumbrada a los mimos y pequeños caprichos de niña consentida.

7. RELATO DE LAS APARICIONES, DIRIGIDO POR SOR LUCÍA AL OBISPO DE LEIRÍA

—Hay muchos libros sobre Fátima, le preguntan a Lucía los dos Cardenales que la entrevistaron. ¿Cuál recomienda como el más auténtico? ¿Sus propias memorias?—Sí, hay muchos libros. Yo no los tengo todos: Mis memorias continúan siendo el libro más correcto, a pesar de contener algunos errores de fechas y lugares, porque originalmente, no tenía la intención de que las memorias fueran publicadas. Voy a seguir pues el relato de Lucía, que después de muertos los dos videntes más niños, Lucía, carmelita ya en Coimbra, presentó a petición del Obispo de Leiría, Don Alberto Cosme do Ameral, una Relación que nos importa recordar en esta importante efeméride. Estas memorias de Sor Lucía son el relato más correcto y auténtico de las apariciones de Fátima:

8. UN ÁNGEL PRECURSOR PREPARA A LOS TRES PASTORCITOS.

Primera aparición: «Soy el Angel de la Paz».

En el verano de 1916, en la semicueva del Cabeço.«Soy el Angel de la Paz», les saludó, y después rezó con ellos: «Dios mio, creo, adoro, espero y te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan, no te aman».

9. Me parece, dice Lucía, que el ánge1 se nos apareció por primera vez, en la primavera de 1916, en nuestra Loca de Cabezo. Subimos la pendiente en busca de abrigo, y después de merendar y rezar allí, comenzamos viendo sobre los árboles que se extendían en dirección al oriente, una luz más b1anca que 1a nieve, en forma de un joven transparente más brillante que un cristal herido por los rayos del sol. Estábamos sorprendidos y medio absortos. No decíamos ni una sola palabra. Al llegar junto a nosotros, dijo:—¡No temáis! Soy el Angel de la paz. Orad conmigo.Y arrodillándose en tierra inclinó la frente hasta el suelo. Llevados por un movimiento sobrenatural, le imitamos y repetimos las palabras que le oímos pronunciar: —Dios mío, yo creo, adoro, espero y te amo. Te pido perdón por los que no creen, no adoran no esperan y no te aman. Después de repetir esto por tres veces, se levantó y dijo:—¡Orad así! Los Corazones de Jesús y de María están atentos a la voz de vuestras súplicas. Y desapareció. La atmósfera de lo sobrenatural que nos envolvía, era tan intensa que casi no nos dábamos cuenta de la propia existencia, permaneciendo en la posición en que el ángel nos había dejado, repitiendo siempre la misma oración. La presencia de Dios se sentía tan inmensa e íntima que no nos atrevíamos a hablar. El día siguiente todavía sentíamos el espíritu envuelto en esa atmósfera que sólo muy lentamente fue desapareciendo.

10. Segunda aparición: «Soy el Angel de Portugal.

La segunda aparición fue en medio del verano, en esos días de tanto calor cuando íbamos con nuestros rebaños a media mañana a casa para volver a llevarlos a media tarde. Pasamos las horas de la siesta a la sombra de los árboles que rodeaban el pozo, en la quinta llamada Arneiro, que pertenecía a mis padres, y de repente vimos al mismo Angel junto a nosotros. — ¿Qué hacéis? ¡ Orad! ¡ Orad mucho! Los Corazones de Jesús y de María tienen sobre vosotros designios de misericordia. Ofreced constantemente al Altísimo oraciones y sacrificios.—¿Cómo nos hemos de sacrificar?—En todo lo que podáis, ofreced un sacrificio como reparación por los pecados con que El es ofendido, y por la conversión de los pecadores. Atraed así sobre vuestra patria la paz. Yo soy el Angel de la Paz, el Angel de Portugal. Sobre todo aceptad y soportad con sumisión el sufrimiento que el Señor os envíe. Estas palabras del Angel se grabaron en nuestro espíritu como una luz que nos hacía comprender quién era Dios; cómo nos ama y quiere ser amado; el valor del sacrificio y cómo le agrada; cómo por atención a él, convertía a los pecadores. Por eso, desde ese momento, comenzamos a ofrecer al Señor, todo lo que nos mortificaba, mas sin pensar en buscar otras mortificaciones y penitencias, sino las de pasarnos horas seguidas postrados en tierra, repitiendo la oración que el Angel nos había enseñado.

11. Tercera aparición: El Angel de la Eucaristía.

Fue en octubre, cuando ya no íbamos a pasar las horas de siesta a casa. Dice Lucía: Como ya dije en el escrito sobre Jacinta, pasamos de la Preira, pequeño olivar de mis padres, a la Lapa, dando vuelta a la vertiente del monte por el lado de Aljustrel y Casa Velha. Rezamos allí nuestro rosario y la oración que la primera Aparición nos había enseñado. Estando allí, se nos apareció por tercera vez, llevando en su mano un cáliz y sobre él una Hostia, de la cual caían dentro del cáliz, algunas gotas de Sangre. Dejando el cáliz y la Hostia suspendidos en el aire, se postró en tierra y repitió tres veces la oración:—Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, te adoro profundamente y te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y divinidad de Jesucristo, presente en todos los sagrarios de la tierra, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que es ofendido. Y por los méritos infinitos de su Sacrado Corazón y del Corazón Inmaculado de María, te pido la conversión de los pobres pecadores. Después, levantándose, tomó de nuevo en la mano el cáliz y la Hostia, y me dio la Hostia a mí y lo que contenía el cáliz lo dio a beber a Jacinta y a Francisco, diciendo al mismo tiempo: —Tomad y bebed el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, horriblemente ultrajado por los hombres ingratos. Reparad sus crímenes y consolad a vuestro Dios. De nuevo se postró en tierra y repitió con nosotros tres veces más la misma oración “Santísima Trinidad” y desapareció.

12. La fuerza de la presencia de Dios era tan intensa que nos absorbía y nos aniquilaba casi del todo. Parecía privarnos hasta del uso de los sentidos corporales durante mucho tiempo. En los días siguientes actuábamos bajo ese poder sobrenatural. Por dentro sentíamos una gran paz y alegría que dejaban al alma completamente sumergida en Dios. Pero era grande el agotamiento físico que nos sobrevino.

13. No sé por qué las apariciones de Nuestra Señora producían en nosotros efectos muy diferentes. La misma alegría íntima, la misma paz y felicidad, pero en vez de este abatimiento físico, nos invdía una cierta agilidad expansiva; en vez de ese aniquilamiento en la divina presencia, exultábamos de alegría; en vez de la dificultad en el hablar, un cierto entusiasmo comunicativo.

14. Yo sentía la necesidad de guardar silencio, sobre todo de algunas cosas. En los interrogatorios sentía la inspiraciór íntima que me sugería las respuestas que sin faltar a la verdad, descubriesen lo que por entonces debía ocultar. En este sentido me queda sólo una duda: “Si no debía haberlo dicho todo en el interrogatorio canónico”. Pero no siento escrúpulo por haber callado, porque entonces no tenía aún conocimiento de la importancia de ese interrogatorio. Lo tomé, pues, por uno de tantos a los que estaba habituada. Sólo extrañé la orden de jurar. Mas como era el confesor quien me lo mandaba y yo juraba la verdad, lo hice sin dificultad. No podía sospechar en aquel momento, lo que el demonio iba a sacar de allí para atormentarme más tarde con un sin fin de escrúpulos. Pero ¡gracias a Dios!, ya todo pasó. Hay todavía otra razón que me confirma en el pensamiento de que hice bien en callar. En el transcurso de aquel interrogatorio canónico, uno de los interrogadores, el Sr. Dr. Marqués de los Santos opinó que podía ampliar la lista de sus preguntas, y comenzó a profundizar un poco. Antes de contestar, con una simple mirada pregunté al confesor. El me sacó del apuro respondiendo por mí. Recordó al interlocutor que se pasaba de los derechos que se le habían concedido. Dios me iba inspirando que aún no había llegado el momento por El designado.

15. Día 13 de mayo de 1917. Primera aparición de la Virgen.

Era una señora más brillante que el sol.

En Cova de Iría, a tres kilómetros de Fátima, el 13 de mayo de 1917. La Señora parecía tener entre 15 y 18 años; llevaba un vestido blanco hasta los pies, cerrado el cuello con un cordón de oro; un manto blanco la cubría desde la cabeza; las manos juntas y un rosario entre ellas…«Ni triste, ni alegre, sino seria». La Señora busca víctimas. Una vez prometido el cielo a los tres pequeños, les dijo: «¿Queréis ofreceros a Dios para soportar todo el sufrimiento que a El plazca enviaros como un acto de reparación, por todos los pecados con los que El es ofendido y para pedir por la conversión de los pecadores?». —Sí, queremos.

Cuenta Lucía: Estando jugando con Jacinta y Francisco, en lo alto de la pendiente de Cova de Iría, haciendo una pared alrededor de una mata, vimos de repente algo como un relámpago.—Es mejor que nos vayamos a casa —dije a mis primos—, está relampagueando; puede haber tormenta.—Pues, si. Y comenzamos a bajar la cuesta, llevando las ovejas hacia la carretera. Al llegar a la mitad de la pendiente, muy cerca de una encina grande, vimos otro relámpago, y habiendo dado algunos pasos adelante, vimos sobre una encina una Señora, vestida toda de blanco, más brillante que el sol, esparciendo luz más clara e intensa que un vaso de cristal lleno de agua cristalina, atravesado por los rayos del sol más ardiente. Nos paramos sorprendidos por la Aparición. Estuvimos tan cerca que nos quedamos dentro de la luz que la rodeaba o que Ella esparcía. Tal vez a metro y medio de distancia, más o menos. Entonces Nuestra Señora nos dijo:—1No tengáis miedo! No os quiero hacer ningún mal.—¿De dónde es Vd? —le pregunté.—Soy del Cielo. —¿Y qué es lo Vd. quiere?—Vengo a pediros que vengáis aquí seis meses seguidos, el día 13, a esta misma hora. Después os diré quién soy y qué quiero. Después volveré aquí otra vez.—Y ¿yo también iré al Cielo?—Sí, irás. —Y ¿Jacinta? -También.—Y ¿Francisco? También; pero tiene que rezar muchos rosarios. Entonces me acordé de preguntar por dos muchachas que habían muerto hacía poco. Eran mis amigas y venían a mi casa a aprender a tejer con mi hermana mayor.—¿María de las Nieves ya está en el Cielo?—Sí, está. Me parece que debía tener unos dieciséis años.—Y ¿Amelia?—Estará en el Purgatorio hasta el fin del mundo. ¿Queréis ofreceros a Dios para soportar todos los sufrimientos que El quiera enviaros, en reparación de los pecados con que El es ofendido y de súplica por la conversión de los pecadores?—Sí, queremos. -Tendréis que sufrir mucho, pero la gracia de Dios os dará fuerza. Al decir estas últimas palabras abrió por primera vez las manos comunicándoles una luz tan intensa como reflejo que de ellas despedía, que penetraba en el pecho y en lo más íntimo del alma, haciéndonos vernos a nosotros mismos en Dios, más claramente que nos vemos en el mejor de los espejos. Entonces por impulso íntimo, caímos de rodillas y repetíamos íntimamente: “Oh Santísima Trinidad, yo te adoro, Dios mío; yo te amo en el Santísimo Sacramento. Pasados los primeros momentos, Nuestra Señora añadió: —Rezad el Rosario todos los días para alcanzar la paz en el mundo y el fin de la guerra. En seguida comenzó a elevarse serenamente, subiendo en dirección de levante, hasta desaparecer en la inmensidad del espacio. La luz que la circundaba parecía que abría el camino a través de los astros. Los relámpagos no eran propiamente relámpagos, sino el reflejo de una luz que se aproximaba. Al ver esta luz decíamos a veces que veíamos venir a Nuestra Señora; pero a Nuestra Señora propiamente sólo la distinguíamos en esa luz cuando estaba ya sobre la encina.

16. 13 de junio de 1917. Día de San Antonio.

Segunda aparición.

Lucía encontró en su casa —visitada por el dolor y la miseria— incomprensión y dureza. Los dos primos en la suya, que vivían con desahogo, despreocupación y escepticismo. Aquí se me ocurre una importante consideración. La Señora quiere que Lucía propague la devoción al Inmaculado Corazón de María, y la destina a un convento de clausura, y no a una activa de predicación y de contactos con masas de fieles. ¿No está ocurriendo como con la Patrona de las Misiones, Santa Teresa del Niño Jesús, recluida en un convento de clausura? ¿No nos está interpelando a los que hemos convertido el ministerio apostólico en activistas, en gestores y en ejecutivos?

Dice Lucía: Después de rezar el Rosario con Jacinta y Francisco y con unas cincuenta personas que estaban presentes, vimos de nuevo el reflejo de que se aproximaba y en seguida a Nuestra Señora sobre la encina, igual que en mayo.—Usted ¿qué quiere?— le pregunté.—Quiero que vengáis aquí el día 13 del mes que viene; que recéis el Rosario todos los días y que aprendáis a leer. Después os diré lo que quiero.—Quería pedirle que nos llevase al Cielo.—Sí, a Jacinta y Francisco los llevaré en breve. Pero tú te quedarás aquí más tiempo. Jesús quiere servirse de ti para darme a conocer y amar. El quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón.—¿Me quedo aquí solita?—No, hija ¿sufres mucho? No te desanimes. Yo nunca te dejaré. Mi Inmaculado Corazón será tu refugio y el camino que te conducirá hasta Dios. La Virgen abrió las manos y nos comunicó, por segunda vez, el reflejo de esa luz inmensa. En ella nos veíamos como sumergidos en Dios. Delante de la palma de la mano derecha de Nuestra Señora había un corazón coronado de espinas que parecían estar clavadas en él. Comprendimos que era el Inmaculado Corazón de María, ultrajado por los pecados de la humanidad, que pedía reparación.

17. Tercera aparición

Día 13 de julio de 1917.

El 13 de julio, había presentes unas cuatro mil personas. La Señora declara que tiene el mundo en sus manos. Hasta 25 años más tarde no se conoció el contenido fundamental de esta aparición, La visión del infierno que fué acompañada con estas palabras: «Veis el infierno donde van a parar las almas de los infelices pecadores. Para salvarlos Dios desea establecer en el mundo la devoción del Inmaculado Corazón. Si así se hace, se salvarán muchas almas y habrá paz. La guerra va hacia su fin. Terminará el 1918. Pero si el mundo continúa ofendiendo a Dios, otra guerra peor comenzará en el pontificado de Pío XI». La segunda guerra mundial comenzará en 1939. «Para prevenir esto vengo a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la comunión de reparación de los cinco primeros sábados. Si se escuchan mis ruegos, Rusia se convertirá y habrá paz. Si no es así, ella esparcirá sus errrores a través del mundo, provocando guerras y persecuciones de la Iglesia».Un secreto aún desconocido. Después añadió: «Al final triunfará mi Inmaculado Corazón. El Santo Padre consagrará Rusia a mí y se le concedederá al mundo un cierto período de paz». En ese mes Francisco y Jacinta tuvieron sendas visiones sobre el Papa. Francisco le vió llorando y a la multitud tirándole piedras e insultándole. Jacinta, rezando con mucha gente ante una imagen del Corazón de María.

18. Dice Lucía: Momentos después de haber llegado a Cova de Iría, junto a la encina, entre numerosa multitud del pueblo, estando rezando el rosario, vimos una vez más el rayo de luz y enseguida a Nuestra Señora sobre la encina.—¿Qué es lo que quiere de mí?, pregunté.

—Quiero que vengáis aquí el día 13 del mes que viene; ¡continuad rezando el Rosario todos los días en honor de Nuestra Señora del Rosario, para obtener la paz de mundo y de la guerra, porque sólo Ella lo puede conseguir.—Quisiera pedirle que nos diga quién es; que haga un milagro para que todos crean que Vd. se nos aparece.—Continuad viniendo aquí todos los meses. En octubre diré quién soy y lo que quiero y haré un milagro que todos verán para creer. Nuestra Señora dijo que era preciso rezar el rosario para alcanzar las gracias durante el año y continuó:—Sacrificaos por los pecadores y decid muchas veces, en especial cuando hiciereis algún sacrificio: “Oh Jesús, es por tu amor, por la conversión de los pecadores y en reparación de los pecados cometidos contra el Inmaculado Corazón de Maria”. Al decir estas últimas palabras, abrió las manos como en los meses pasados. El reflejo parecía penetrar en la tierra, y vimos como un mar de fuego: sumergidos en este fuego a los demonios y a las almas, como si fuesen brasas transparentes y negras o bronceadas, con forma humana, que fluctuaban en el incendio, llevadas por las llamas que salían de las mismas juntamente con nubes de humo, cayendo hacia todos los lados, semejante al caer de pavesas en los grandes incendios, sin peso ni equilibrio, entre gritos y gemidos de dolor y desesperación, que horrorizaban y hacían estremecer de pavor. A la vista de esto di aquel “ay”, que dicen haberme oído. Los demonios se distinguían por sus formas horribles y asquerosas de animales espantosos y desconocidos, pero transparentes como negros carbones en brasa. Asustados y como para pedir socorro, levantamos la vista hacia Nuestra Señora que nos dijo entre bondad y tristeza:—Habéis visto el infierno, adonde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlas, Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón. Si hacéis lo que os digo se salvarán muchas almas y habrá paz. La guerra va a terminar. Pero si no dejan de ofender a Dios, en el pontificado de Pío XI comenzará otra peor. Cuando viereis una noche iluminada por una luz desconocida, sabed que es la señal que Dios os da de que va a castigar al mundo por sus crímenes por medio de la guerra, del hambre y de persecuciones de la Iglesia y del Santo Padre.—Para impedirlo, vendré a pedir la consagración de Rusia a mi Inmaculado Corazón y la comunión reparadora de los primeros sábados. Si se atienden mis peticiones, Rusia se convertirá y habrá paz. Si no, esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones de la Iglesia. Los buenos serán martirizados; el Santo Padre tendrá que sufrir mucho; varias naciones serán aniquiladas. El Santo Padre me consagrará Rusia, que se convertirá y será concedido al mundo algún tiempo de paz. En Portugal se conservará siempre la fe, etc… Esto no lo digáis a nadie. A Francisco sí, se lo podéis decir.—Cuando recéis el Rosario decid después de cada misterio:¡Oh Jesús mío, perdónanos, líbranos del fuego del infierno, lleva todas las almas al Cielo, principalmente las más necesitadas! Seguía un instante de silencio, y pregunté:—Usted ¿no quiere nada más?—No. Hoy no quiero nada más.Y como siempre, comenzó a elevarse hacia el oriente, hasta desaparecer en la inmensa distancia del firmamento.

19. Cuarta aparición

13 de agosto de 1917.

Ocurrida el 19 de agosto hacia las cuatro de la tarde, en Valinhos, por haber sido secuestrados los niños el día 13, por el Administrador de Ourem. Fué una visita de consuelo. Les inculcó la oración por los pecadores: «Muchas almas van al infierno porque no tienen a nadie que se sacrifique y ruegue por ellas». Hemos de destacar que Juan, que ha muerto el 7 abril de este año a los 94 años, no creía en las apariciones.

Habla Lucía: Llevando las ovejas en compañía de Francisco y de su hermano Juan a Valinhos, y sintiendo que algo sobrenatural se aproximaba y nos envolvía, sospechando que Nuestra Señora se nos iba a aparecer y teniendo pena de que Jacinta se quedase sin verla, pedi a su hermano Juan que fuera a llamarla. Como no quería ir, le ofrecí veinte centavos, y allá se fue corriendo. Entonces, sigue Lucía, vi con Francisco, el reflejo de la luz, y habiendo llegado Jacinta, un instante después vimos a Nuestra Señora sobre una encina. ¿Qué es lo que quiere Vd.?—Quiero que sigáis yendo a Cova de Iría el día 13; que continuéis rezando el rosario todos los días. El último día haré un gran milagro para que todos crean. Y tomando un aspecto más serio dijo:—Rezad, rezad mucho, y haced sacrificios por los pecadores, pues van muchas almas al infierno por no tener quien se sacrifique y pida por ellas.Y como de costumbre comenzó a elevarse al cielo.

20. Quinta aparición

13 de septiembre de 1917.

Asistieron treinta mil personas. Fué visita de dirección espiritual. Les recomendó amorosamente: «Dios está contento con vuestros sacrificios, pero no desea que durmáis con la soga, llevadla sólo durante el día».

21. Dice Lucía: Al aproximarse la hora fuí allí con Jacinta y Francisco, entre numerosas personas que apenas nos dejaban andar. Las entradas estaban abarrotadas de gente. Todos nos querían ver y hablar. Allí no había respetos humanos. Numerosas personas y hasta señoras y caballeros, consiguiendo romper por entre la multitud que alrededor nuestro se apiñaba, venían a postrarse de rodillas delante de nosotros, pidiendo que presentásemos a Nuestra Señora sus necesidades. Allí aparecían todas las miserias de la pobre humanidad, y algunos gritaban hasta de lo alto de los árboles y de las paredes adonde subían para vernos pasar. Diciendo a unos que sí y dando la mano a otros para ayudarles a levantarse del polvo de la tierra, así íbamos andando, gracias a algunos caballeros que nos iban abriendo camino por entre la multitud. Cuando ahora leo en el Evangelio esas escenas tan encantadoras del paso del Señor por Palestina, recuerdo éstas, que tan niña todavía, el Señor me hizo presenciar en esos pobres caminos y carreteras de Aljustrel a Fátima y a Cova de Iría. Y doy gracias a Dios, ofreciéndole la fe de nuestro buen pueblo portugués. Y pienso: Si esta gente se humilla así delante de tres pobres niños, sólo porque a ellos se les ha concedido misericordiosamente la gracia de hablar con la Madre de Dios, ¿qué no harían si viesen delante de sí al propio Jesucristo? Llegamos por fin a Cova de Iría, junto a la encina y comenzamos a rezar el rosario con el pueblo. Poco después vimos el reflejo luz y en seguida a Nuestra Señora sobre la encina: Continuad rezando el rosario para alcanzar el fin de la guerra. En octubre vendrá también Nuestro Señor, Nuestra Señora de los Dolores y del Carmen y San José con el Niño Jesús para bendecir al mundo. Dios está contento con vuestros sacrificios pero no quiere que durmáis con la cuerda. Llevadla sólo durante el día. En octubre haré el milagro para que todos crean. Y comenzando a elevarse desapareció como de costumbre.

22. Sexta aparición

Día 13 de octubre de 1917.

«SOY NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO». Ante 70.000 personas de toda clase, edad y condición, venidas desde todos los puntos de Portugal, les dice su nombre: «Soy Nuestra Señora del Rosario. Que continúen rezando el rosario todos los días. La guerra va a terminar…». En 1914. Y especifica la quintaesencia de su misión: «Es necesario que corrijan sus vidas y pidan perdón por sus pecados». Y con suma tristeza: «Que no ofendan más a Dios, demasiado ofendido».El cielo bendice a la tierra. Al desaparecer la Señora, en el propio resplandor que provenía de sus manos abiertas, aparecieron tres cuadros, símbolos de los misterios gozosos, dolorosos y gloriosos. El primero fué visto por los tres; los otros dos solamente por Lucía. La Sagrada Familia. San José y el Niño bendijeron al mundo, tres veces. La Virgen de los Dolores con su Hijo al lado. Cristo también bendecía. Nuestra Señora del Carmen, coronada Reina del cielo y del mundo, con su Hijo Niño sobre las rodillas. La señal celestial. El milagro: la danza de 10 minutos del sol. Se le vió girar rápidamente como una gigantesca rueda de fuego. Se detuvo un momento, y giró de nuevo con una velocidad vertiginosa, irradiando haces de llamas rojo sangre. Finalmente, la esfera ígnea, pareció temblar, estremecerse y después arrojarse precipitadamente en ingente zigzag hacia la multitud. La impresión: Al principio se oyó un tremendo grito de terror: «¡Señor, sálvanos! Cuando el sol se normalizó, resonó otra exclamación de asombro y alegría: ¡Milagro!.. He aquí a María, enfrentada con el poder de las tinieblas, en una lucha cuyos triunfos y derrotas están condicionadas a nuestra conversión y arrepentimiento.

23. Dice Lucía: Salimos de casa bastante temprano, contando con las demoras del camino. Había masas de gente. Caía una lluvia torrencial. Mi madre, temiendo que fuese aquel el último día de mi vida, con el corazón partido por la incertidumbre de lo que iba a suceder, quiso acompañarme. Por el camino se repetían las escenas del mes pasado, más numerosas y conmovedoras. Ni el lodo en los caminos impedía a esa gente arrodillarse en la actitud más humilde y suplicante. Llegados a Cova de Iría, junto a la encina, llevada por un movimiento interior, pedí a la gente que cerrase los paraguas para rezar el rosario. Poco después vimos el reflejo de la luz y en seguida a Nuestra Señora sobre la encina.—¿Qué es lo que usted quiere?—Quiero decirte que hagan aquí una capilla en honor mío; que soy la Señora del Rosario; que continúen siempre rezando el rosario todos los días. La guerra va a acabar, y los militares volverán en breve a sus casas. Es necesario que se enmienden; que pidan perdón de sus pecados; —y tomando un aspecto más triste—, No ofendan más a Dios Nuestro Señor que está ya muy ofendido. Y abriendo las manos, las hizo reflejarse en el sol. Y mientras se elevaba, continuaba el reflejo de su propia luz proyectándose en el sol. He aquí, señor Obispo, el motivo por el cual exclamé que mirasen al sol. Mi fin no era llamar la atención del pueblo, pues ni siquiera me daba cuenta de su presencia. Sólo lo hice, llevada por un movimiento interior que me impulsaba a ello. Desaparecida Nuestra Señora en la inmensa distancia del firmamento, vimos al lado del sol a San José con el Niño, y a Nuestra Señora, vestida de blanco, con un manto azul. San José con el Niño parecían bendecir el mundo con unos gestos que hacían con la mano en forma de cruz. Poco después, desvanecida esta Aparición, vimos al Señor y a Nuestra Señora que me daba la idea de que era Nuestra Señora de los Dolores. Nuestro Señor parecía bendecir al mundo, de la misma forma que San José. Se desvaneció esta Aparición y me parecía ver todavía a Nuestra Señora en forma semejante a Nuestra Señora del Carmen.

24. He aquí, Excmo. y Rvmo. señor Obispo, la Historia de las Apariciones de Nuestra Señora en Cova de Iría en 1917. Siempre que por algún motivo tenía que hablar de ellas, procuraba hacerlo con las mínimas palabras con la intención de guardar para mí sola lo más íntimo que tanto me costaba manifestar. Mas como es de Dios y no mío, y El ahora, por medio de V. E. Rvdma. me lo reclama, ahí va. No pocas personas se han mostrado bastante admiradas por la memoria que Dios se dignó darme. Por una bondad infinita, la tengo bastante privilegiada, en todos los sentidos. Pero en estas cosas sobrenaturales, no es de admirar, porque se graban en el espíritu de tal forma que casi es imposible olvidarlas. Por lo menos el sentido de las cosas que indican, nunca se olvida, a no ser que Dios quiera también que se olvide.

25. LA ACTITUD DE LOS NIÑOS CANONIZADOS

Cada día se levantan temprano, porque hay que sacar las ovejas a los prados, entre las encinas. Las vigilan y juegan, juegan mucho…, y rezan, pero muy deprisa: «Dios te salve Maria — Santa María. Dios te salve Maria — Santa María». Así todos los días, hasta el 13 de mayo de 1917. Ante la Señora demuestran amor y confianza, porque les ha dicho que viene del cielo. Nada malo puede hacerles.«¿Iremos nosotros al cielo?». Nunca vacilan en presentarle las peticiones que les han recomendado. Son generosos. La Señora les ha pedido que se ofrezcan víctimas por la salvación del mundo, y ellos aceptan y se mortifican voluntariamente para consolar al Señor ofendido. Y sobre todo rezan mucho. Lo dan todo. La obsesión de Francisco es la ingratitud de los pecadores a Cristo. Un día la sed le atormenta. No ha probado el agua en toda la jornada. Lucía le presenta un vaso: « No quiero beber!, quiero sufrir por la conversión de los pecadores y para consolar a Jesús afligido». Jacinta se ha ofrecido ya como víctima por los pecados del mundo. Le duele horriblemente la cabeza: «¡No puedo más!, decid a aquellas ranas, a aquellas cigarras, a aquellos grillos, que se callen un poco». «¿No quieres sufrir esto por los pecadores?», le pregunta Francisco. «Sí… quiero…, dejadles cantar”. No les bastan las persecuciones, la sed y las privaciones. Cada día inventan una nueva mortificación: frotarse con ortigas, ceñirse una soga a raíz de la carne… Darán hasta la vida, si es preciso.«Os freiremos vivos», les amenazan. «Ofreceremos este sacrificio por la conversión de los pecadores», responde Francisco. «No salgáis a la calle, quieren mataros». «¿Y qué? —responde Jacinta— quiero tanto a Jesús y a la Virgen…, así iremos más pronto con ellos». Y sin embargo, siguen siendo tres niños. La gracia no destruye la naturaleza. Nunca abandonarán del todo sus juegos, aunque ya rezan los rosarios con las avemarías completas.Y Jacinta, la pequeña mártir, llora cuando sabe que va a morir. No por temor, sino porque: «quisiera.., ver a mamá».—Ya no se pertenecen. Están transformados en Cristo. Las apariciones han terminado. Pero ellos han de continuar su vida de víctimas. Sin el consuelo de ver a la Señora.Tres pobres niños realizando una labor de titanes. Francisco y Jacinta saben que morirán pronto. Se lo ha dicho la Señora. Pero Francisco antes deberá rezar mucho. Y él tiene prisa en marcharse: «Vamos a jugar —le dicen— después rezaremos el rosario». «¿Después? —replica Francisco— ahora y después, ¿no os acordáis de que la Virgen me dijo que antes de ir al cielo tengo que rezar muchos rosarios?».

26. La llamada de Dios. Francisco ya ha rezado todos los rosarios. En su lecho de muerte entrega a Lucía la soga que nunca le abandonó. Sólo tiene un deseo: recibir la Primera Comunión. Y con el Señor en el alma muere exclamando: « ¡Qué hermosa luz !». Era el 4 de abril de 1919. Jacinta alcanza el martirio que tanto ansiaba. Su pecho es una pura llaga. La sed la atormenta, ella no quiere calmarla. Ella, la niña mimosa de antes, sabe que morirá completamente sola. Y acepta. Lejos de su tierra y de sus padres, en la sala de un hospital de Lisboa, muere el 20 de febrero de 1920. ¿Y Lucia? La Virgen la guarda como testimonio viviente de su mensaje.Y muerta para el mundo, es religiosa en un monasterio de clausura de Carmelitas Descalzas en Coimbra. En 1917 había muchos poderosos. El Señor buscó la debilidad. En 1917 habla muchos sabios. El Señor quiso la sencilla ignorancia de unos niños.

27. En 1917 —como ahora— se desprecia a los pequeños e insignificantes. Pero María los considera dignos de recibir su mensaje. Una vez más se cumplen las palabras de Cristo (Mt. 11, 25), y las de San Pablo: «La sabiduría de este mundo es necedad ante Dios» (1 Cor. 3, 19). Estando todo el mundo en guerra (la primera guerra mundial 1914-1918), y Lenín preparando la revolución comunista (1917), con los hombres marcados por una vida y unas costumbres paganas, la Virgen Nuestra Señora interviene en los acontecimientos del mundo por medio de tres pastorcitos: Lucía, Francisco y Jacinta. Francisco y Jacinta serán inscritos en el libro de los Beatos por el Santo Padre Juan Pablo II, el día de hoy.

28. La revista mensual católica portuguesa «Christus» editada en Lisboa por el grupo editorial «Semanario» publicó en el numero 11, de marzo, la primera entrevista que ha concedido en su vida la hermana Lucía, única superviviente de los tres videntes de Fátima. El padre Luis Miguel Cruz, director de «Christus», profesor universitario y periodista, ha obtenido esta primicia mundial. Hicieron esta entrevista a la hermana Lucía en el convento del Carmelo de Coimbra los cardenales Antony Padiyara, de Ernaculam (India), y Ricardo Vidal, de Cebú (Filipinas). El padre Luis Miguel Cruz, director de «Christus», ha autorizado, expresamente, a ABC, la publicación íntegra de la entrevista, que se publicará también en el libro titulado «Lucía, la última vidente de Fátima” (ABC.DOMINGO 1-3-98). El Cardenal indio y el filipino preguntan a Lucía:—¿La consagración de Rusia, hecha de acuerdo con la petición de Nuestra Señora el día 13 de junio de 1929 fue concretada por el Papa Juan Pablo II el día 25 de marzó de 1984?—Sí. La consagración había sido hecha parcialmente. El Papa Pío XII la hizo el día 31 de octubre de 1942, pero faltaba la unión con todos los obispos del mundo. El Papa Pablo VI me preguntó si con esto se cumplía la petición de Nuestra Señora. Yo le dije que no y le expliqué que cada obispo tenía que estar presente en su propia diócesis y no reunidos todos juntos en un sólo lugar, porque la consagración era una llamada a la unión del pueblo de Dios. En 1982, el actual Papa hizo la consagración en Fátima.—¿Y la hermana estaba presente?—Sí, pero a esta consagración también faltó la unión con todos los obispos. Después, en 1984, el Papa Juan Pablo II invitó a todos los obipos para que se unieran con él y participaran en la consagración que se realizó el 25 de marzo. El Papa ordenó que se unieran los obispos al Santo Padre durante el acto de la consagración a la imagen de Nuestra Señora de Fátima, en el Santuario de Fátima. La mayoría de los obispos estaban unidos al Papa en ese acto. El pueblo de todo el mundo, cada diócesis, estaba unida a los obispos y, los obispos, al Papa. Esta consagración fue la gran unión del pueblo de Dios. Esto fue lo que contribuyó a que la consagración fuese aceptada por Nuestra Señora y evitó una guerra atómica». Lucía afirma que no puede revelar el tercer secreto de Fátima sin permiso del Papa. Entonces, ni yo sabía lo que era Rusia. Nosotros pensábamos que era una mujer muy mala. La conversión de Rusia ¿no es interpretada como la conversión del pueblo al catolicismo?—Nuestra Señora nunca dijo eso. El hecho es que en Rusia el poder comunista y ateo impedía al pueblo practicar su fe. Las personas tienen ahora la posibilidad de escoger individualmente si se quedan como están o si se convierten. Ahora son libres para escoger, y de hecho están sucediendo muchas conversiones y, aquel hombre en Rusia, sin saberlo, fue un instrumento de Dios para la conversión.—¿Gorbachov?—Sí. Cuando visitó al Santo Padre, en Roma, se arrodilló a sus pies pidiendo perdón por todos los delitos que había cometido en su vida.-¿Y la paz mundial? ¿Eso significa qué ahora no habrá más guerras en el mundo? -Nuestra Señora nunca habló de ninguna guerra civil o política, sino de las dos guerras mundiales, y la última fue la mayor en la historia del mundo, porque hasta entonces el hombre no poseía armas tan sofisticadas para matar. Se trataba de una guerra contra Dios, una guerra del demonio, del ateismo, de los apóstatas y contra los judíos, que también siguen siendo el pueblo escogido de Dios. Al margen de estas dos guerras, en el mensaje de Fátima, Nuestra Seeeñora menciona sólo guerras de herejía, ateismos.y apostasías. —¿Dios y Nuestra Señora, todavía quieren que la Iglesia revele el tercer secreto de Fátima? El tercer secreto no es para ser revelado. Es sólo para el Papa y la jerarquía inmediata de la Iglesia. Y para quien él decida confiarlo. — ¿Puede decirnos el tercer secreto? -No lo pienso decir. Sólo el Santo Padre puede autorizar a que se hable sobre eso.-¿El tercer secreto tiene que ver con el Concilio Vaticano 11?—No puedo contestar.—¿Hay alguna referencia al tercer secreto en las Sagradas Escrituras?—Nuestra Señora no mencionó ningún texto de las Sagradas Escrituras.—¿El tercer secreto de Fátima no estará en el Apocalipsis, capítulos 8 y 12?—Nuestra Señora no dijo que estuviera en el Apocalipsis.—¿El Santo Padre puede revelar el tercer secreto?—El Papa puede revelarlo si quiere, pero yo le aconsejo que no lo revele. Si él decide hacerlo, le aconsejo que tenga mucha prudencia.—¿La hermana Lucía continúa teniendo apariciones de Nuestra Señora?—Qué curiosos… No puedo decirlo.—Hoy en día las personas sólo hablan del cielo o del infierno. Algunos sacerdotes predican que el infierno sólo existe en la imaginación y que el diablo es una cosa inventada para los adultos…—El infierno es una realidad. Es un fuego sobrenatural y no físico, y no puede ser comparado al fuego que arde, de madera o de carbón, ni a esos fuegos que acostumbran a encender por ahí en los bosques. Continúen predicando sobre el infierno porque Nuestro Señor mismo habló del infierno y está en las Sagradas Escrituras. Dios no condena a nadie al infierno. Dios dio a los hombres la libertad de escoger, y Dios respeta esa libertad humana -¿Qué estudios tiene?—Sólo tengo estudios elementales. No hice estudios superiores. —Cuando trabajamos para la Virgen dejamos de estar adormecidos y despertamos reparando que el mal está creciendo… Esto es natural. Dios está ayudando a todos los que estaban adormecidos. Dios y la Virgen nos ayudarán. Para mí es una satisfacción muy grande esperar la paz. Los apostolados marianos están fortalecidos y preparados para la lucha. El Reino de Dios es un ejército que lucha y los que luchan son los que vencen. El propío Cristo tuvo que luchar una gran batalla y ésta no es una batalla más pequeña.—¿Sin Dios el hombre es pobre?.—¡Todo lo que puedo decir es que Dios es grande! ¡Dios es muy grande! Y la Virgen Santísima, su mensajera, manifiesta su poder de varias formas. Nosotros somos muy pequeños, pero Dios ha de ayudarnos. Ojalá Nuestra Señora continúe ayudándonos y guiando nuestras acciones, porque sin Ella somos muy pobres. Dios es misericordioso. Nosotros cumplimos su misión. La misión que él nos confió.—¿La paz en el mensaje de Fátima es una paz mundial e instantánea?—La referencia a la paz debe ser entendida como paz o alivio de los errores, una paz que en un momento dado estaba obstruida por los errores del comunismo ateo. Estaba escrito que «Rusia esparcirá sus errores por el mundo provocando guerras, persiguiendo a la Iglesia…, muchos serán mártires o martirizados, algunas naciones serán aniqulladas»-. Pero por fin, después de todo esto, «el Santo Padre ha de consagrarme a Rusia», dijo la Virgen. ¡Pero no dijo cómo! De qué forma. La paz a la que la Virgen se refería en la profecía se refiere a las guerras y persecuciones que los errores del comunismo ateo estaban causando en todo el mundo. La paz no es una milagrosa paz mundial, sino una paz sólo en relación a las guerra de los errores promovidos por Rusia en el mundo entero. El ateísmo es todavía el mayor instrumento utilizado por el demonio en nuestros días, porque es un grave pecado contra Dios, que niega su propia existencia dando paso a la práctica de toda una variedad de actos diabólicos como el aborto. El ateísmo es lo que más condena. Y la mayor herejía que existe, parte del comunismo ateo. Podía haber un comunismo que no fuese ateo…Las guerras que existen ahora prácticamente no son de ateísmo, sino civiles. Las personas luchan por el poder. Las guerras que hoy existen en el mundo son civiles y no mundiales. Es algo que existe normalmente. A pesar de que todavía existe el ateísmo, creo que ya no es aquel que quería destruir la fe, la Iglesia de Dios y todo lo sobrenatural… Todo lo referente al materialismo parte del ateísmo, del marxismo.. Por ejemplo, la Virgen dice que las guerras que se producen podrían ser evitadas a través de la oración y del sacrificio. Esta es la razón por la que Nuestra Señora pidió la Comunión reparadora mediante la consagración a Ella. Las personas esperan que las cosas sucedan en un espacio de tiempo personal e inmediato. Fátima todavía está en su tercer día. El triunfo es un proceso contínuo. Nos encontramos en el período pos-consagración. El primer día fue el período de las apariciones; el segundo, el periodo pos-apariciones, pre-consagración. La semana de Fátima aún no ha terminado. Y yo no podré llegar a ver la semana entera. Fátima no ha hecho más que comenzar, ¡cómo va a terminar todo tan pronto!—¿El rosario es el arma espiritual más importante? -Sí. En estos días, cuando el demonio está tan activo, debemos rezar el rosario.—Con la consagración del mundo en 1984, hecha por el Papa Juan Pablo II, ¿se evitó una guerra nuclear en 1985?—Estuvimos casi a punto de una guerra nuclear debido a la la confrontación entre los Estados Unidos y Rusia. El mundo entero estuvo suspenso, pero, de un momento a otro, cuando en el Santo Padre hizo la consagración, los proyectos de guerra se transformaron en proyectos de paz. ¡Esto no es normal! ¡Las armas que estaban siendo fabricadas dejaron de serlo y los proyectos de extinción se transformaron en proyectos de libertad!- La consagración de 1984 evitó una guerra atómica (nuclear) que hubiera ocurrido en 1985. Pero se debe trabajar para Dios porque ahora que este peligro ya no existe, el demonio se está levantando, despertando de su sueño y está trabajando contra Dios y todas sus obras.—El materialismo ¿está invadiendo el mundo entero? -—Desde el principio de este mundo ambicioso existe la idea de que este bienestar es más y mejor que los otros y de que se lucha para ser mejor que los otros…; hermano contra hermano, pero eso ha sido desde el principio del mundo, este es un mal de la humanidad. Como terminó el comunismo ahora sigue el materialismo. Antes las personas no podían comprar nada. El materialismo es muy malo…Las personas deberían desear más las cosas de Dios, más que las cosas materiales. Esta lucha siempre existió. Hasta el punto de que el comunismo es lo que se separó del materialismo para convertirse en lo que puede destruir a la humanidad y al mundo, apoyado en la ciencia. Con la ciencia moderna tomaron el camino de la destrucción, conduciendo a la humanidad a las guerras atómicas. Por esto Dios ordenó al Santo Padre que hiciese la consagración, y por eso se cumplieron las palabras de la Virgen.—¿Cuál es el mensaje de la hermana para este mundo confuso de hoy?—Quien no está con el Papa no está con Dios; y quien quiera estar con Dios tiene que estar con el Papa.—¿Cuál es el consejo que nos da?—Recen, recen, continuamente. Es mi consejo para todo el mundo.

JESÚS MARTÍ BALLESTER

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San Ignacio de Loyola, vasco universal


De mundano a santo

Fue procesado por sus graves desórdenes; se le vio, en Pamplona, arremeter calle abajo contra una multitud que no le guardó las debidas consideraciones, “y si no hubiera quien le detuviera, o matara a algunos de ellos, o le mataran”.

Era, dicen los mismos compañeros de su vida cristiana, hombre metido en todas las vanidades del mundo, soldado ducho en travesuras juveniles y mozo polido, amigo de galas y buen vividor.

No obstante, se hacía querer de todos, “porque era recio y valiente, muy animoso para emprender cosas grandes, de noble ánimo y liberal, y tan ingenioso y prudente en las cosas del mundo, que en lo que se ponía y aplicaba se mostraba siempre para mucho”. 
La gran pasión de Íñigo a los veinte años era la guerra. Guerreando estaba en Pamplona en 1521 como ayudante del duque de Nájera, cuando los franceses sitiaron la ciudad. Tratábase ya en el castillo de rendirse, cuando Loyola se interpuso defendiendo la resistencia hasta la muerte.

Resistió, efectivamente, como un héroe, hasta que una bala de cañón le dejó destrozada una pierna y herida la otra. Obligado a capitular, el herido fue colocado en una litera y conducido a Loyola. Allí empezó la cura de los cirujanos.

Quisieron atarle, como se acostumbraba en semejantes operaciones, pero él no lo consintió; sereno e inmóvil, aguantó la espantosa carnicería. Sólo un momento se le vio apretar fuertemente los puños. Pronto advirtió que debajo de la rodilla le quedaba un hueso saliente, y no estuvo dispuesto a sufrirlo.

Le advirtieron que su desaparición le produciría dolores atroces, pero no estaba dispuesto a hacer el ridículo en los torneos y en las fiestas cortesanas. Y por segunda vez ofreció su pierna a la sierra con valor estoico, y la oyó rechinar en su cuerpo sin inmutarse; “todo -dice Rivadeneira-, poder traer una bota muy justa y muy polida, como entonces se usaba”.

El Renacimiento

Cuando entre los años 1491-1556, la corrupción del Renacimiento invadía hasta la misma cátedra de Pedro, cuando el fermento de la Reforma protestante hervía en las Universidades alemanas, Dios llamó al hombre destinado a oponer un dique a esa doble inundación.

Es un gentilhombre español, nacido en el seno de una noble familia guipuzcoana. Engastada en una soberbia iglesia barroca, se levanta todavía la casa solariega de su linaje, como una fortaleza medieval.

Iñigo, el hijo de Beltrán Yáñez de Oñaz y Loyola, no piensa todavía en conquistas evangélicas. Con su temperamento vehemente, audaz y ambicioso, aspira al brillo de los honores y a la gloria de las armas.

Desde su adolescencia tiene un protector poderoso, el noble caballero de Arévalo Juan Velázquez de Cuéllar, contador mayor de Castilla. Con él vive unas veces en Arévalo y otras en la corte, entre compañeros que serán grandes políticos o famosos conquistadores. Es un paje apuesto, generoso y batallador, con los vicios y virtudes del guerrero español de su tiempo.

Cuentan que la mujer del contador le decía: “Iñigo, no asesarás hasta que te quiebren una pierna.” Soldado desgarrado y sin letras, le llamará el Padre Granada.

El poder de los libros

Para entretener el ocio de la convalecencia, pidió que le trajesen libros de caballerías, el Amadís, o algún otro de los que hacían las delicias de la juventud, pero en casa del señor de Loyola no se encontraban estas obras profanas, y, por darle algo, le ofrecieron un “Flos Sanctorum” y la “Vida de Cristo”, del Cartujano.

Estas lecturas empezaron a despertar en su alma sentimientos de noble emulación. Inclinado a las más quiméricas empresas, veía abrirse ante sus ojos un mundo de heroísmos más vasto que el que se vivía en Europa. ¿Por qué no había de hacer él lo que hicieron los santos? ¿Por qué no había de vestir de saco, comer hierbas y sufrir los tormentos de los mártires?.

Entusiasmado con su lectura, se le oía exclamar: “Santo Domingo hizo esto, pues yo lo tengo de hacer; San Francisco hizo esto, pues yo lo tengo de hacer.” Pero apenas cerraba el libro, caía sobre él el tumulto de los pensamientos mundanos, y se pasaba largas vigilias soñando hazañas, fantasías y vanidades. Estaba enamorado.

La señora de sus pensamientos era mujer de alta alcurnia, cuyo nombre nunca quiso descubrir, aunque hay quien dice que era la viuda del Rey don Fernando el Católico, Germana de Foix.

“Tan poseído en ella tenía el seso, que se estaba embebido en pensar en ella dos, tres y cuatro horas sin sentirlo, imaginando lo que habría de hacer en su servicio; los medios que tomaría para poder ir a la tierra donde ella estaba; los motes, las palabras que le diría; los hechos de armas que haría por ella; y estaba con esto tan envanecido, que no miraba cuán imposible era poderlo alcanzar: porque la señora no era de vulgar nobleza, ni condesa, ni duquesa, mas era su estado más alto que ninguno destos.”

Solicitado por ideas tan diversas, empezó a examinarlas y compararlas entre sí, notando que las del mundo, aunque le deleitaban, dejaban su corazón triste y vacío, mientras que las de Dios le llenaban de consuelo y alegría.

Poco a poco la gracia iba trabajando su espíritu, hasta que vino al fin la resolución irrevocable, una resolución como sabía tomarlas aquella voluntad indomable.

La conversión

Una noche, se levantó del lecho, se postró de rodillas ante una imagen de la Virgen, y prometió renunciar a sus antiguas vanidades. El caballero mundano quedaba convertido en soldado de Dios. Fue una conversión radical, integral, definitiva.

Él nunca había tenido la menor duda sobre su fe católica; sentía particular devoción al príncipe de los Apóstoles, y hasta le cantó en trabajosos versos al mismo tiempo que a las damas; pero desde este momento su vida entera quedó consagrada al servicio de Dios. Su primer pensamiento fue peregrinar a Jerusalén; luego se le ocurrió entrar en la Cartuja de Miraflores.

Las horas que antes gastaba pensando en su dama, las dedica ahora a orar, contemplando la noche estrellada y repitiendo aquella exclamación favorita: “¡Cuán baja me parece la tierra cuando miro al cielo!” .

Sigue leyendo las Vidas de Cristo y de los santos, y para no olvidar los buenos pensamientos que se le ocurren, anota en un libro los hechos, las ideas, los afectos piadosos que agitan su corazón y su mente durante la lectura.

El don de la pureza

Escribe en su Autobiografía: “Y ya se le iban olvidando los pensamientos pasados con estos santos deseos que tenía, los cuales se le confirmaron con una visitación, de esta manera.

Estando una noche despierto, vio claramente una imagen de nuestra Señora con el Santo Niño Jesús, con cuya vista por espacio notable recibió consolación muy excesiva, y quedó con tanto asco de toda la vida pasada, y especialmente de cosas de carne, que le parecía habérsele quitado del ánima todas las especies que antes tenía en ella pintadas.

Así, desde aquella hora hasta el agosto de 53, que esto se escribe, nunca más tuvo ni un mínimo consenso en cosas de carne; y por este efecto se puede .juzgar haber sido la cosa de Dios, aunque él no osaba determinarlo, ni decía más que afirmar lo susodicho.

Mas así su hermano, como todos los demás de casa, fueron conociendo por lo exterior la mudanza que se había hecho en su ánima interiormente”. Comenta el Padre Victoriano Larrañaga: “Esta gracia extraordinaria tuvo lugar estando en su cama enfermo. Así lo indica la circunstancia de la hora: “Estando una noche despierto.” Y lo confirma el hecho, poco después registrado, de cuando comenzó a levantarse un poco por casa.

Una transformación radical y perpetua en materia de pureza, unida a una “consolación muy excesiva”, fue el sello sobrenatural que quiso poner el cielo a la conversión de San Ignacio: desde ese momento pasaba a ser la casa-torre de Loyola “la santa casa” que venerarán los siglos.

Los efectos producidos interiormente en su alma se inician visibles aun a los ojos de sus familiares, y el tiempo que con ellos conversaba “todo lo gustaba en cosas de Dios, con lo cual hacia provecho a sus ánimas”. Es entonces también cuando empieza a dedicar parte de las ´horas del día a la oración a tomar los apuntes de las vidas de Cristo y de los Santos.

El peregrino

Después de muchos meses de forzado encierro, empieza su mística aventura. Se arrodilla primero ante la Virgen de Aránzazu, va luego a Navarrete para despedirse del duque de Nájera, su antiguo protector; allí se separa de sus criados, solo, montado en una mula.

Cuando se dirige en peregrinación a Montserrat, una alegría íntima llena su alma; medita penitencias, peregrinaciones y hazañas por Cristo; y para reparar su vida de pecado, se disciplina cada día hasta derramar sangre. En Montserrat se confiesa durante tres días; escribe luego su confesión, regala su mula al monasterio y cuelga la espada y la daga ante el altar de la Virgen.

El soldado vanidoso y ambicioso ha muerto para siempre y ha nacido el general de la Compañía de Dios. Aquí empieza la parte más dramática de su vida. Su antiguo ardor bélico se dirige ahora contra sí mismo y contra los enemigos de la fe. Faltó poco para que en el camino de la montaña no apuñalase a un moro que atacaba la perpetua virginidad de María. Extremoso en todo, quiso practicar todo lo que había leído de los héroes del cristianismo.

El 24 de marzo de 1522 halló un pobre andrajoso, le dio sus vestidos de caballero, y se vistió un traje que consistía en un saco de cáñamo, un pedazo de cuerda para ceñirlo y una alpargata de esparto para el pie derecho, que era el de la herida.

Con estas galas y en la mano el bordón rematado en una calabaza, pasó una noche al pie del altar de la Virgen, según la costumbre de velar las armas de los caballeros medievales. Cojeando penosamente, llega a Manresa. Allí vive en un hospital, y se pasa las horas muertas rezando en una gruta.

Mal formado todavía en la vida del espíritu, se imagina que toda la santidad está en la mortificación; pasa siete horas en oración de rodillas, come lo que le dan de limosna, se disciplina tres veces al día, y él, antes tan ufano en cuidar su persona, se deja ahora crecer las uñas y el cabello.

Se ríen de él, pero él lo sufre con paciencia. Nadie sabe su nombre. Por las finas facciones de su rostro, las gentes empiezan a sospechar en su vida algún misterio. El sólo se llama el Peregrino.

En tiempos de turbación

Después de cuatro meses de una serenidad imperturbable, entra su alma en los más terribles combates de la vida interior. Va a empezar su noviciado. El enemigo le decía: “¿Quién resiste una vida semejante durante treinta años?”. Pero esta prueba se le desvanece con esta sencilla respuesta: “¿Quién me asegura que voy a vivir una sola hora?”.

No tardó en advertir en medio de la oración olas terribles de tedio y amargura, que empezaron a hacerle dudar sobre el camino que había emprendido. Siguieron después los escrúpulos sobre su confesión, acompañados de tales congojas, que hasta tuvo la tentación de arrojarse por un barranco. Se le veía llorando en su habitación y pidiendo a gritos el socorro de la divina misericordia.

En aquel terrible trance, resolvió no comer ni beber hasta recobrar la calma. Después de una semana, le echaron de menos unas mujeres piadosas que escuchaban sus consejos, y tras muchas pesquisas le encontraron en una ermita de la Virgen, tan extenuado, que no podía andar ni tenerse en pie, y fue preciso que el confesor le negase la absolución, para hacerle tomar alimento.

La consolación

Después se sintió repentinamente inundado de paz y alegría. Llegaron los días de los regalos y las consolaciones. Escribirá en sus Ejercicios: “En tiempo de turbación, no hacer mudanza”. Según él mismo lo declara, “Dios trataba a su siervo de la misma manera que un maestro trata a un niño de la escuela a quien instruye”.

“Aunque no existieran los libros santos –añadía- estaría dispuesto a dar la vida por las verdades que en ellos se enseñan, sólo por lo que en la contemplación se me ha comunicado.”

Un día, contemplando las cosas divinas en las cercanías de Manresa, se sentó en el camino, que pasa a la ribera del río Cardoner, y estuvo mirando el agua. “Allí -dice el Padre Laínez- aprendió en una hora más de lo que hubieran podido enseñarle todos los sabios del mundo.” Recuerda aquellos versos del Doctor Místico:

“Este saber no sabiendo
es de tan alto poder
Que los sabios arguyendo
jamás le pueden vencer
que no llega su saber
a no entender entendiendo,
toda ciencia trascendiendo”.

Tenía visiones, coloquios con los bienaventurados y raptos de ocho días. Se había convertido en un maestro de la vida espiritual, y un grupo de mujeres, que los maliciosos llamaban las “Iñigas”, practicaban los Ejercicios espirituales bajo su dirección.

El libro de los ejercicios

Así nació un librito breve y compendioso, escrito en un lenguaje sencillo e inteligible. Así nació el Libro de los Ejercicios. Sumergido en la meditación de las verdades eternas o zarandeado por las tempestades interiores, Ignacio no cesaba de estudiar y analizar los diversos estados de su espíritu.

“El Peregrino -decía más tarde a uno de sus compañeros -observaba en su alma ya éstos, ya aquellos afectos y se aprovechó de ello, y por ahí vino a pensar que podrían bien aprovechar a otros, y por eso escribió los Ejercicios”.

Al principio, lo único que le importaba era conocer la voluntad divina y cumplirla perfectamente; después coordinó sus experiencias, y al salir de la gruta completamente transformado, se encontró con un método espiritual que podría obrar en los otros una transformación análoga a la suya.

La sustancia de esa obra, que resume el trabajo íntimo realizado en su alma, data de estos días de Manresa. Más tarde, los experimentos que hizo con los otros le permitieron perfeccionar su sistema, que siguió enriqueciendo con nuevas aportaciones durante sus estudios teológicos y en el período italiano de su vida.

Eficacia maravillosa

La experiencia de los siglos ha confirmado su eficacia maravillosa para transformar y educar a las almas. Las causas de esta influencia, aparte del poder de la gracia, hay que buscarlas en la combinación y ordenación lógica de los diversos ejercicios, en el método, en la sabia disposición de las materias, fruto de un estudio profundo del alma humana.

Escuela incomparable de hombres, de cristianos y de apóstoles, los Ejercicios no son para leídos, sino para practicados. Entonces es cuando tienen su eficacia, cuando producen corazones como los de San Francisco Javier, San Francisco de Regis, San Francisco de Sales, San Carlos Borromeo o San Pedro Canisio y un largo etcétera.

Críticos de todas las ideas han reconocido en ellos un edificio de armonioso, una verdadera obra de arte, de unidad perfecta, un género enteramente nuevo y peculiar. Todo resumido en la invitación de Cristo: “Toma tu cruz y sígueme”, cuya esencia es el “abneget”, la renuncia.

Sin embargo, lejos de abatir las fuerzas naturales, las intensifican, purificándolas de lo inferior y bestial, dirigiéndolas hacia un ideal más alto, y potenciándolas con la ayuda de la gracia. Si dan la paz al alma, no es por el aniquilamiento de la voluntad personal; ya que su efecto es siempre un robustecimiento de la personalidad, orientada y polarizada en Dios.

Son la obra maestra de una pedagogía. Se ha reprochado la excesiva importancia que se da en ellos al razonamiento, se ha dicho que la meticulosidad de las reglas es contraria a la operación del Espíritu. Pero es que San Ignacio ve en el razonamiento la base sólida de toda convicción.

Para él no puede existir renovación sin convicción profunda. Por lo demás, su método, con todas las apariencias de regularidad mecánica, es siempre respetuoso con los movimientos del Espíritu, “que mueve a su ánima devota”. Hay que tener también presente que él sólo establece el método de la oración ordinaria.

Aunque conocía las alturas de la contemplación, no se ocupa en lanzar el alma hacia ellas. Para él la perfección de la vida espiritual no consiste propiamente en la unión con Dios por medio de la oración. Solía decir que, de cien personas de oración, las noventa vivían engañadas.

Consideraba que se daba más gloria a Dios con la imitación perfecta de Cristo en la vida apostólica, y a esta imitación dirige los Ejercicios, haciéndola consistir en la renuncia al bienestar del cuerpo y en la mortificación total del amor propio y del amor del mundo.

Contemplativo en la acción

El período místico de Manresa sólo fue un episodio en la vida militante de San Ignacio. Hombre de acción, se lanzó en busca de su destino. No ha llegado a verlo todavía con claridad. Durante algún tiempo se cree llamado a predicar la fe entre los infieles.

Visita los Santos Lugares y decide permanecer en Oriente enseñando a los mahometanos, pero el provincial de San Francisco en Jerusalén le obliga a venir a Europa, temiendo que su celo provocase algún conflicto.

En 1524 reaparece en Barcelona estudiando latín con los niños de la escuela. Comprendiendo su necesidad de instrucción religiosa y humanística, se entregó ardorosamente a conseguirla, a pesar de que el demonio le acometía con toda clase de pensamientos devotos y dulzuras interiores cuando cogía la Gramática.

Siendo tan mayor entre niños el maestro le trataba con consideración, hasta que un día le rogó con ahínco que le tratase como al menor muchacho de sus discípulos, y que cuando le viese flojo y descuidado, le castigase y azotase como a los demás. Con el mismo entusiasmo empieza en Alcalá el estudio de la Filosofía y de la Teología.

Estudiante y buscador de almas

Pero a la vez que estudiante, era un fogoso apóstol. Un grupito de gentes piadosas escuchaban sus consejos e imitaban su vida. Algunos de sus compañeros y devotos caminaban descalzos como él y vestían el mismo sayal pardo y grosero, que les valió el apodo de ensayalados. En los círculos eclesiásticos y universitarios se discutía al extraño penitente, que producía repentinos cambios de vida.

Unos le veneraban como a santo, otros empezaban a sospechar si sería uno de aquellos alumbrados fanáticos que, entre supuestas revelaciones, sembraban los más absurdos errores. No tardó en estallar la persecución: Ignacio tuvo que teñir su sayo, disolver su grupo, calzar sus pies y resignarse a vestir como los demás.

A todo obedeció puntualmente; pero habiéndose reproducido las sospechas, se le abrió un proceso canónico y se le encerró en la cárcel, donde permaneció dos meses. Él rehusaba defenderse pero hablaba a los inquisidores con la libertad propia de su carácter.

– “¿Qué mal habéis hallado en mí, después de tanto inquirir?” preguntaba al Vicario de Alcalá.
– “Nada -contestó el interpelado-; si algo se hallara en vos, os castigaran y aún os quemaran”.
 
Respondió Iñigo:

– “Así os quemarán a vos si errárades”.
–“ Es así” -replicó secamente el Vicario.

Reconocida su inocencia, Ignacio pasó de Alcalá a Salamanca. Allí también fue acusado, procesado y encarcelado veintidós días en un aposento viejo, destartalado, sucio y maloliente, con una cadena de doce palmos a los pies, y sin poder dormir “por la gran multitud de bestias varias”. “¡No sabía, dijo, que fuera tan peligroso predicar a Cristo a los cristianos” .

Absuelto una vez más por las autoridades eclesiásticas, dejó aquella Universidad y se dirigió a la de París, montado en un asno, que llevaba sus libros y cartapacios. Llegó el 2 de febrero de 1528, y pasó aún siete años escuchando a los doctores de la Sorbona.

Vivía de la limosna que le mandaban los mercaderes españoles de Flandes. A los tres años obtuvo el grado de maestro en filosofía. Durante las vacaciones viajaba hasta Brujas, Amberes y Londres para recoger limosnas. La mirada de aquel colegial viejo, cojo y desarrapado seducía de una manera irresistible.

En Barcelona, en Alcalá, en Salamanca había encontrado discípulos que sufrían el enojo de sus familias por seguirle e imitarle. Lo mismo sucedía en París. El primero que se le juntó fue su compañero de celda en el colegio de Santa Bárbara, el saboyano Pedro Fabro.

Después ganó el alma ardorosa del joven profesor navarro Francisco Javier. Siguieron Diego Laínez y el toledano Salmerón, el portugués Rodrígues de Acevedo y el joven Alfonso de Bobadilla, palentino.

Montmartre

El 15 de agosto de 1534, seguido por estos seis, en la colina de Montmartre, en una capilla, dedicada a San Dionisio, perteneciente a las monjas benedictinas, oyeron la misa celebrada por Pedro Fabro, que era el único sacerdote. A la comunión, Fabro se volvió a sus compañeros con la sagrada Hostia en la mano.

Arrodillados los seis en torno del altar, fueron pronunciando uno a uno sus votos. Después, bajaron y se sentaron alrededor de una fuente y celebraron un frugal banquete con pan y agua. La alegría era tan grande y el fervor tal, que se les pasaron las horas sin sentir alabando a Dios, manifestando los afectos de sus corazones.

Al año siguiente, Ignacio se dirigió por última vez a su tierra para restablecer su quebrantada salud. Aún no saben qué es lo que Dios quiere ellos. Por de pronto, deciden ir en peregrinación a Tierra Santa. Los iñiguistas de la Sorbona dan a su sociedad el nombre de Compañía de Jesús, y su jefe empieza a llamarse Ignacio.

Alentado por una visión famosa ocurrida en la Iglesia de la Storta en la que Cristo le dijo “En Roma os seré propicio”, Ignacio viaja a Roma con dos de sus compañeros, dispuesto a dar el paso decisivo.

Aún sigue en la incertidumbre más completa, pero su alegría sólo puede compararse con la que sentirá Francisco Javier al entrar en la capital del Japón. “No sé lo que me espera en Roma –decía-, ni si quiere Dios que muramos en cruz o descoyuntados; sólo sé que Jesucristo nos será propicio.”

Persecuciones y aprobación

En Roma, frialdades, indiferencias y persecuciones. En los pulpitos se desautorizaba a aquella compañía de “sacerdotes reformados”. La causa de Ignacio parecía perdida, cuando vino en su ayuda la influencia de algunos hombres poderosos, ganados por la práctica de los Ejercicios. Príncipes, cardenales y embajadores empezaban a sentirse transformados por la magia de aquel libro prodigioso.

El mismo Papa Paulo III se sintió impresionado por la grandeza moral del fundado y en sus conversaciones con el pontífice, empezó a esbozar el plan de una Orden nueva, que abarcase la actividad apostólica en todas sus formas, la enseñanza literaria y teológica en todos sus grados, las obras de caridad en todos los aspectos, las misiones entre fieles e infieles, considerando el mundo entero campo de su acción. Tal era el gran ideal en que había cuajado definitivamente la ambición desaforada del hidalgo español.

El 27 de septiembre de 1540 aparecía la bula por la cual el Papa Paulo III aprobaba la nueva fundación, y el comienzo de la Compañía de Jesús.

Una serie de acontecimientos, independientes de la voluntad de Ignacio, le habían llevado a crear una vasta y poderosa organización de enseñanza, de predicación y de dirección espiritual, que será la barrera más fuerte de la verdad frente al protestantismo, y colaborará de una manera decisiva en la obra del Concilio de Trento.

Innumerables obras en la Iglesia, y multitud de Santos en los altares, para la Mayor Gloria de Dios, Ad Majorem Dei Gloriam.

En el Gesu de Roma

Los quince años últimos de su vida los dedica Ignacio en el Gesú de Roma, a perfilar, acrecentar y completar la gran obra de su vida.

Escribe las Constituciones, forma a los novicios en el Colegio Romano, envía sus teólogos al Concilio de Trento, esparce sus discípulos por todas las partes del mundo, escribe cartas, legisla, ordena, vigila. Quiere que el alma de su milicia espiritual sea la obediencia, una obediencia consciente, voluntaria y alegre; una obediencia ciega.

El religioso debe ser como un cadáver, o como el bastón en la mano del anciano. Escribiendo a San Francisco Javier, le ordenaba volver a las Indias: “Os lo ordeno en nombre de Jesucristo. Y a fin de que vos podáis exponer los motivos de vuestra partida a aquellos que quieren reteneros, os diré las razones que me han decidido.”

Su mandato era a la vez firme y suave, razonado y autoritario. Medía el límite de su autoridad, como antes había medido el límite de su obligación a obedecer.

Durante el proceso de Salamanca, preguntado por los jueces cómo se atrevía a enseñar, falto de estudios teológicos, contestó: “O es verdad, o no es verdad lo que enseño. Si no es verdad, condénenme; si es verdad, déjenlo estar.”

Y cuando le leyeron la sentencia, por la cual le declaraban inocente y ortodoxo, mandándole al mismo tiempo que no se metiese en honduras y distinciones sutiles, declaró que obedecería en aquello que estaba dentro de la jurisdicción de los jueces; pero que no era justo, puesto que no se encontraba delito en su conducta ni error en su doctrina, impedirle servir a las almas, privándole del derecho de hablar de las cosas de Dios con libertad.

Era natural que el odio se cebase en un hombre que se presentaba como el aguafiestas del Renacimiento, como el censor de la moral fácil de los falsos reformadores, como el campeón de la disciplina cuando el mundo se indisciplinaba.

Su retrato

La pasión ha hecho de aquel gran hombre un enigma o una paradoja. Ya los pintores empiezan por desconcertarnos: el Ignacio de Valdés Leal parece un San Juan de la Cruz, místico y poeta, puesto en éxtasis ante la belleza del Crucificado; el de Sánchez Coello conserva todavía algo de esa mirada suave y lejana, contemplativa, pero insinuando una sonrisa enigmática.

Dice Ribadeneira que tenía una estatura mediana, o mejor, era pequeño y bajo de cuerpo; el rostro autorizado, la frente ancha y sin arrugas, hundidos los ojos, encogidos y arrugados los párpados por las muchas lágrimas que derramaba; las orejas medianas, la nariz alta y el color vivo y templado y con la calva de muy venerable aspecto, el rostro alegremente grave y gravemente alegre.

Su serenidad alegraba y con su gravedad componía a los que le miraban. Al trazar el retrato de su alma, se le ha representado como un luchador y un contemplativo, como un fino político y como un hombre que encauza exclusivamente su vida hacia el orden social; como un corazón vehemente y como un temperamento frío y calculador; como una inteligencia de ideas amplias y vigorosas.

No era un sentimental, sino más bien cerebral. El castellano de sus Ejercicios peca de seco y premioso; él aprendió el castellano en Arévalo, pues su lengua materna era el vascuence.

Toda la vida de Ignacio está en el lema que señaló a la Compañía: “Ad maiorem Dei gloriam”. Este pensamiento sublime da unidad a todas sus acciones.

Podrá sentir vacilaciones en ciertos momentos de su vida; pero hay una cosa que la ordena y armoniza por entero desde que deja el servicio del emperador y recoge y encauza la corriente de sus energías, su ingenio, su fantasía, su memoria, su prudencia y tenacidad, su temple de hierro y su ojo infalible para tomar la medida exacta de las personas y las cosas, que hacen de él, sin dejar de ser un enamorado de Cristo, el tipo perfecto del hombre de acción.

Su fuerza superior, alma de su alma, es el deseo de la gloria de Dios, que le llena y le consume. San Ignacio, dice Papini, es el más católico de los santos.

Don de lágrimas

Su don de lágrimas es tan excepcional que pocas veces habrá sido igualado en la hagiografía católica ni por los mayores santos contemplativos de la Iglesia.

En los primeros cuarenta días, dedicados a la elección de la pobreza de las casas e iglesias de la Compañía llegan hasta 175 las veces que nos habla de sus lágrimas; es decir, que por término medio venía a derramar lágrimas cuatro veces por día.

Llamaba la atención ante todo su misma abundancia, como él anota: “Viniendo en mucha grande devoción y muchas lágrimas intensísimas”; “cubriéndome tanto de lagrimas”: “con grande efusión de lágrimas por el rostro”; “un cubrirme de lagrimas y de amor”.

Su Diario, es un caso asombroso de llevar la contabilidad de las lágrimas, el día que no llora más que tres veces, se siente desconsolado. Temió quedarse ciego de tanto llorar, y no podía sin mucho dolor en los ojos salir al sol y al aire. Es amoroso, no sentimental. Vive la mística del servicio y su virtud preferida es la obediencia.

En su mesa sólo tenía el Nuevo Testamento y el Gersoncito “la perdiz de los libros espirituales”, el Kempis. Ignacio de Loyola (Loyola, Guipúzcoa, 1491- Roma, 1556) fundó la Compañía de Jesús en el año 1540 y fue elegido primer superior general.

En el año 1535, un año después de haber emitido sus primeros votos, llegó a Valencia donde residió a lo largo de varios meses y en 1542 fue nombrado prior de la cartuja de Porta Coeli en Valencia. Continuó vinculado con la ciudad de Valencia, donde decidió levantar un colegio jesuítico en 1544.

Años más tarde, mantuvo correspondencia periódica con los jesuitas de Valencia y, especialmente, con Santo Tomás de Villanueva, arzobispo de Valencia entre 1544 y 1555, “con quien le unía una estrecha amistad”. Murió el 31 de julio de 1556 y fue canonizado por Gregorio XV el 1622.

Jesús Martí Ballester
jmarti@ciberia.es

Fiesta de Cristo Rey del Universo


21-Nov-2010

Año C

Sobre la cruz de Cristo había un letrero que decía: JESÚS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS
Lc. 23:35-43
 
 
1.- Sobre la cruz de Cristo había un letrero que decía: JESÚS NAZARENO, REY DE LOS JUDÍOS
 
2- Los judíos lo rechazaron, y pidieron a Pilatos que lo retirara.
 
3.- Pilatos no quiso y les contestó: LO ESCRITO, QUEDA ESCRITO.
 
4.- Tampoco lo judíos de hoy aceptan a Jesucristo.
 
5.- Yo he tenido en mis manos un prospecto de propaganda de los judíos en Israel donde pone una lista de los hombres grandes del pueblo judío. En esa lista están Moisés, Gedeón, los Macabeos hasta Ben Gurión que fue el realizador del Estado de Israel. En esa lista no está Jesús de Nazaret.
 
6.- Esto es inconcebible pues Jesús de Nazaret era judío y ha sido el hombre que más ha influido en la historia de la humanidad y el hombre más amado de la historia.
 
7.- Valores aceptados hoy en el mundo entero como derechos humanos son de origen cristiano.
 
8.- Y Cristo, el más amado de la historia. Los hombres grandes, después de su muerte son admirados, pero no amados. Hoy nadie ama a Cervantes o Miguel Ángel, aunque se les admire.
 
9. Cristo hace dos mil años que murió y hoy miles y miles de hombres y mujeres lo aman hasta la muerte. Unos dan la vida por Él de golpe, como los mártires. Otros se la dan gota a gota consagrándole su vida, y viviendo para Él.
 
10.- Al buen ladrón que lo aceptó le prometió la salvación. El que acepta a Jesucristo siempre es acogido por Él. Es el amigo que nunca falla. Pero nuestra amistad con Él debe ser coherente. 
 
 
P Jorge Loring
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“Rey, cuyo Reino no está armado de palillos, pues no tiene fin”
Santa Teresa

(Reza la Oración a Cristo Rey)

¡Oh Cristo, Tú eres mi Rey!

Dame un corazón caballeroso para contigo.

Magnánimo en mi vida: escogiendo todo cuanto sube hacia arriba, no lo que se arrastra hacia abajo.

Magnánimo en mi trabajo: viendo en él no una carga que se me impone, sino la misión que Tú me confías.

Magnánimo en el sufrimiento: verdadero soldado tuyo ante mi cruz, verdadero Cireneo para las cruces de los demás.

Magnánimo con el mundo: perdonando sus pequeñeces, pero no cediendo en nada a sus máximas.

Magnánimo con los hombres: leal con todos, más sacrificado por los humildes y por los pequeños, celoso por arrastrar hacia Ti a todos los que me aman.

Magnánimo con mis superiores: viendo en su autoridad la belleza de tu Rostro, que me fascina.

Magnánimo conmigo mismo: jamás replegado sobre mí, siempre apoyado en Ti.

Magnánimo contigo: Oh Cristo Rey: orgulloso de vivir para servirte, dichoso de morir, para perderme en Ti.

Descendiente del Rey David humanamente. Constituído Rey del universo por Dios, su Padre. Rey, pero sin palacios fastuosos, sin cortesanos ni servidumbre, sin guerras ni victorias, sin tributos ni privilegios. Rey que ha vendido a servir y no a ser servido; no a robarle imágen a los hombres, sino a derramar su sangre para introducirles en su Reino, de Verdad y de Vida, de Santidad y Gracia, de Justicia, de Amor y de Paz.

1. Con la solemnidad de Jesucristo Rey culmina cada año la Iglesia el curso litúrgico seguido en torno a Jesús, para significar que él es el centro y la vida, “el alfa y la omega, el principio y el fin” (Ap 21,6), el revelador del Padre, por ser la imagen visible de Dios invisible, el primogénito de entre los muertos, la Cabeza del Cuerpo, que es la Iglesia, el primero en todo, el receptáculo de toda la plenitud y el reconciliador y pacificador de todo, por la sangre de su cruz Colosenses 1,12. Pero conviene aclarar que es Rey no como los de este mundo, ni de este mundo (Jn 18,36), por tanto no viene a competir con ningún rey o primer mandatario de la tierra. El Nuevo Testamento asume la tradición davídica, pero con un sentido paradójico: Jesús es hijo de David, pero reina radicalmente desde el no-poder, se identifica con el pobre, con el siervo sufriente, con el niño, como símbolo de quien no tiene poder.

2. En el año 1925, como fruto del Año Santo, el Papa Pío XI, como remedio de la secularización ya avanzando, instituyó esta fiesta para conseguir que los hombres y las instituciones se entregaran a Jesucristo Rey, sujetos por un nuevo título a su autoridad, pues su potestad abraza la entera persona humana, mente, voluntad, y corazón, el cual, apreciando menos los apetitos naturales, debe amar a Dios sobre todas las cosas y estar unido a El sólo. Jesucristo debe reinar en el cuerpo y en los miembros como instrumentos, como dice San Pablo, de justicia paraDios, servidores de la interna santificación del alma. Si estas cosas se proponen a la consideración de los fieles, éstos se inclinarán más fácilmente a la perfección, como escribió en Papa en la Encíclica “Quas primas”. Para desde el reinado de Jesús en los corazones llegar a reinar en las sociedades y en la historia. 

3. Cuando el Señor rechazó a Saúl como rey de Israel, mandó a Samuel a buscar a David para ungirle rey en Belén (1 Sam 16,1): “Tomó Samuel el cuerno del aceite y ungió a David. El Espíritu del Señor se apoderó de él” (1 Sam 16,13). Por segunda vez, “Todos los ancianos de Israel fueron a Hebrón a ver al rey, y el rey David hizo con ellos un pacto en Hebrón en presencia del Señor, ellos ungieron a David como rey de Israel” 2 Samuel 5,3. Jesús, que por genealogía humana es rey como descendiente del rey David, como lo atestigua San Mateo 1,1), fue ungido = Cristo en griego, y Mesías, en hebreo y arameo, por el Espíritu Santo, no por Samuel, como su padre David. Sobre Jesús, el Hijo de David, descendió en el Bautismo el Espíritu Santo (Lc 3,21), como lo testificó Pedro en casa de Cornelio (He 10,34). David, el Ungido del Señor, convertido en Pastor-Rey de pueblos el que era pastor de ovejas, es el tipo de Jesucristo Hijo de David, que hereda su reino, y por eso es profetizado Pastor-Rey por Ezequiel (Ez 34,23). Los enfermos le gritaban: “Jesús, hijo de David, ten compasión de mí” (Mc 10,47). Las multitudes le aclamaban: “¡Hosanna al Hijo de David!” (Mt 21,9). Y San Pablo le exhortará a Timoteo, en su testamento: “Acuérdate de Jesucristo resucitado de entre los muertos, del linaje de David” (2 Tim 2,8).

4. El mismo Jesús se proclamó Pastor Rey, pues los reyes se consideraban Pastores y guías del pueblo: “Yo soy el Buen Pastor que da la vida por sus ovejas” (Jn 10,11). El pueblo comprendía perfectamente que en el pastor que caminaba delante de su rebaño, tenía la seguridad de ser apacentado, dirigido, defendido, conducido y protegido por una sabiduría y un poder superiores. En una palabra, veían a Dios su Creador y su Señor, conductor y guía de su pueblo, con su providencia a su servicio y su amor fiel e incondicional que lo dirigía con poder.

5. Por eso, la proclamación de Jesús como Rey “nos llena de alegría sabiendo que vamos a la casa del Señor”, que es su reino, donde celebraremos su nombre y su victoria Salmo 121.

6. Al degenerar la imagen del rey por el contagio de Israel con otros pueblos gobernados por reyes casi siempre tiranos, y en el mismo Israel por la mala conducta de algunos de sus reyes, era necesaria una larga evolución en su teología para pasar de una visión terrena y humana de mesianismo triunfalista, a la visión del Reino de Dios, que culminará en la cruz, en el más rotundo y clamoroso fracaso. Y lo mismo ha ocurrido en otros países más occidentales y habremos de atenernos al mandato de Jesús: “Los reyes de las naciones las tiranizan. Pero entre vosotros no ha de ser así, sino que el mayor entre vosotros sea vuestro servidor” (Lc 22,25). Así lo ha hecho El, que ha querido caminar entre valles de tinieblas por donde caminamos nosotros, los hombres, y ha subido el camino del Calvario. Extenuado, le quedan pocos momentos de vida, ya no es un peligro para sus adversarios. Le piden que baje de la cruz, como el diablo en el desierto le pidió que se tirara del pináculo del Templo (Mt 4,5). Jesús no accede. Acepta el plan del Padre: el mesianismo doliente y crucificado; a los insultos responde con el silencio (Mt 27,14). Le provocan furiosos los ladrones (Mt 27,4). Pero hay un ladrón que increpa a su compañero, “lo nuestro es justo, pero éste no ha hecho ningún mal”… Su compasión y sentido de la justicia le hacen lanzar un grito de confianza: “Acuérdate de mí cuando llegues a tu reino”. Jesús, reuniendo sus fuerzas en medio de los tormentos, le responde y le garantiza: “Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso” Lucas 23,35. Jesús, que ha afirmado solemnemente ante Pilato: “Tú lo dices: Yo soy Rey” (Jn 18,37), promete recibir en su reino hoy mismo, al ladrón que viéndole en la cruz, le confiesa rey.

7. Las amenazas y los sarcasmos no han obtenido su respuesta. La oración emocionada de aquel ladrón ajusticiado, sí, y qué respuesta. Yo quiero penetrar en el corazón de cada uno de los dos: del ladrón, reconciliado, aceptando su muerte, pacificado, lleno de esperanza, transfigurado su rostro, antes alterado. Había observado a Jesús, y le había convencido y convertido su paciencia, su bondad, su amor. Y quiero entrar en el Corazón de Jesús que en medio de los tormentos, ve a su lado recién brotada una espiga de la cosecha. Ha comenzado a manifestarse la eficacia de la Sangre derramada. Jesús ya ha comenzado a reinar: Es rey en el corazón de un ladrón bueno, que se dejó seducir por el gesto de Cristo, por sus palabras de amor, de verdad y de perdón. He ahí dos crucificados en la paz de Dios. Son amigos. Los dos van a morir en el amor. Los dos van a ser recibidos por los brazos del Padre. El buen ladrón ha descubierto el mundo de la gracia. En medio de la justicia y de la injusticia, la de Jesús y la suya, ha sabido reconocer en la muerte de Jesús el camino de la vida y ha pasado de la muerte a la vida, del pecado a la santidad. 

8. Pasó en el rodaje de la película “JESÚS DE NAZARET” que dirigió hace algunos años Franco Zeffirelli. Yo guardo un recorte de prensa con unas declaraciones de Robert Powell, que interpretó en esa película a Jesús. Tenía 31 años y no era católico. Su vida cambió radicalmente tras el rodaje de la película. Y reveló que durante el rodaje ocurrieron cosas emocionantes, y conversiones, ente ellas la del que representaba a Judas, que era ateo. Todos los actores sufrieron una crisis religiosa que a muchos les transformó. Jesús Rey no deja indiferentes. El amor engendra vida: “Donde no hay amor, ponga amor y cosechará amor” (San Juan de la Cruz).

9. Dejémonos nosotros invadir por el amor de Jesús para pasar también de nuestra muerte a la vida, por la Eucaristía. Porque El no sólo es el rey del cosmos, pues “todo fue creado por El y para él”, sino que es rey porque nos ha redimido, y porque es la “cabeza del cuerpo, de la Iglesia”. Y como “primogénito de todos los muertos en el que reside toda la plenitud”, quiere “reconciliar consigo todos los seres por la sangre de su cruz”; y reinar dentro de nosotros. “El reino de Dios está dentro de vosotros”. No ha temido que los hombres le robemos imagen, sino que nos ha constituido, por el Bautismo, reyes y sacerdotes para su Padre, para que le ayudemos a instaurar en el mundo su Reino, de la verdad y de la vida, de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz. 

10. El reino de la verdad. En el mundo no hay verdad, el relativismo la manipula. Por eso dice Jesús que su Reino no es de este mundo. Porque en el mundo todo es falso. Los reyes de este mundo, los que tienen el poder, son hombres sujetos a pasiones y mueren: A veces el que menos manda es el rey. Los validos, los cortesanos que les auparon, usurpan el poder. Y por tanto no es verdad que el rey sea el rey. 

11. El Reino de la vida. Más pronto o más tarde llega la muerte: ¿Cuántos reyes célebres podríamos ahora recordar? Carlos V, Felipe II… El reino de este mundo es el reino de la muerte. El reino de Cristo es el Reino de la Vida y si murió, fue por amor, pero venció la muerte. Es el primogénito de los muertos, el primer resucitado. 

12. El Reino de santidad y de gracia. La santidad es el triunfo de las virtudes. La santidad es la vida de Dios, espíritu de Dios, intenciones en el actuar según las intenciones de Dios.

13. El Reino de la justicia. Reino donde se trabaja, donde se mira al hermano como hermano, sin diferencia de clases, donde el que tiene da al que no tiene, donde el que sabe enseña al que no sabe.

14. El Reino del amor. El cimiento del Reino es el amor porque Dios, que es Amor, ha querido, por amor, que participáramos del clima de su Reino en el Amor. Y su Legislador propone como máximo mandamiento, el mandamiento del amor: a Dios y a los hermanos. En el reino del amor no cabe el odio, pero tampoco la mala voluntad, ni la envidia ni el egoísmo. Jesús Rey de Amor, excluye de su reino los partidos y las banderías, las murmuraciones y calumnias, las palabras que ataquen de alguna manera la caridad fraterna. Pero no sólo es negativo el mandato del amor. Cristo Rey quiere positivamente que en su Reino viva la bondad de unos con otros, la comprensión e indulgencia, la tolerancia y la afabilidad sincera y sencilla, sin reticencias; la cordial servicialidad que ve en los hermanos a Dios, que acepta como hecho a el lo que se ha hecho con sus pequeños.

15. El Reino de la Paz. Es natural. ¿A dónde, si no, llegaremos por el camino de la santidad y de la gracia y de la justicia y del amor, sino a la paz, entera y total, a la tranquilidad del orden, al mar en calma de la paz conseguida a costa de superar las embravecidas olas del egoísmo y desamor, del odio y del pecado?

16. “In Pace”, rezaban los epitafios de los primeros mártires cristianos en las catacumbas. “En la Paz”. El mundo con todo su dinero, placer y poder, no puede dar la paz de Dios.

17. “Hemos sido trasladados al Reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados” Colosenses 1,12. Hoy ya no es suficiente hablar de Cristo, dice Juan Pablo II. El gran desafío del testimonio de católicos, ortodoxos y protestantes hoy es «ayudar a la gente a verle». Esta fue la consigna que dio el pontífice a mil quinientos fieles greco-católicos de Ucrania. Tras recordar los años del régimencomunista, el Papa reconoció que «hoy en vuestra tierra se puede hablar libremente de Dios. Pero para el hombre contemporáneo, inmerso en el estruendo y en la confusión de la vida cotidiana, las palabras ya no son suficientes: no sólo quiere oír hablar de Cristo», sino «en cierto sentido verle». «Dad al pueblo la posibilidad de ver a su Salvador, no esperéis a que alguien cree las condiciones favorables al compromiso y trabajo pastoral, suscitadlas vosotros mismos con creatividad y generosidad». Pero sobre todo, «¡testimoniad con la vida y con las obras la presencia del Resucitado entre vosotros! Es el mensaje más elocuente y eficaz que podéis dar a vuestros conciudadanos».

18. Cristo Rey de Amor, has querido comprarnos con tu agonía y con tu sangre, con tu amor. No has temido que los hombres te hagan sombra, sino que les acompañas para que alcancen su plenitud en tu Reino: “Que eres Dios, y no hombre, y no te gusta destruir” 

(Os 11,9). Y “el hombre viviente es tu gloria” (San Ireneo). Déjanos que te digamos que te queremos amar; que no queremos separarnos de Tí, que queremos seguir siempre siendo ovejas de tu rebaño. Con tu gracia y ayuda, lucharemos para dar a conocer al mundo cuánto nos amas. Nos asaltan los enemigos, ¿cuáles? Mundo, demonio y carne. El egoísmo nos quiere dominar. La sensualidad y la vida de sentidos nos quieren acaparar… Por eso nos agarraremos con fuerza y perseverancia a tus sacramentos, a la oración, a la atención a tu presencia y al sacrificio, para que reines en nuestra vida y en nuestro entorno, con la ayuda indispensable de la intercesión segura de la Virgen Madre del Rey. Amen.

Jesus MArti Ballester