Distinguir no es discriminar


Publicado en web el 4 de julio, 2013

Distinguir no es discriminar
La Sociedad ha renunciado a la reflexión

Y es por esto que se hace urgente volver a pensar, reflexionar, cuestionar hasta qué punto pueden cambiarse y modificarse estructuras, para no llegar a construir una Sociedad sin espíritu.

Mónica Livier Alcalá Gómez

pituEl pasado 18 de abril, el Diputado perredista Enrique Velázquez presentó ante el Congreso de Jalisco una Iniciativa de Ley que, según dijo, pretende regular un estado de vida en el que se encuentran “muchas” personas, promoviendo la “Ley de Sociedades de Convivencia” para garantizar, aseveró, los derechos de personas del mismo o de distinto sexo que formen un hogar común: “El planteamiento es crear un estado civil para las personas que viven juntas, que no sería un matrimonio, pero sí una unión de convivencia que establezca ante la Ley los derechos y obligaciones derivados de la misma”.
Reiteró que su propuesta de legislar la Libre Convivencia es una iniciativa distinta a la de los “matrimonios” entre personas del mismo sexo: “No estamos pensando en matrimonio, nosotros creemos que esta iniciativa está completa y cubre el tema de igualdad, pues da la posibilidad, a distintas parejas, de elegir entre distintas figuras, no necesariamente el matrimonio. Ahorita, en este momento, el planteamiento fundamental es la Ley de Libre Convivencia, y creemos que tiene muchas ventajas para apoyar a distintos tipos de familias que existen en Jalisco”.
Hasta aquí vista, la Iniciativa pudiera parecer generosa, excepto que en el discurso mediático y en la redacción del documento mismo no está planteada la Iniciativa tal como la “vende” el Diputado del Partido de la Revolución Democrática.
A este respeto, platicó con Semanario el Doctor Rodrigo Soto Morales, Abogado, Filósofo y Catedrático en Derecho por la Universidad Panamericana.

El tema de la igualdad

La batalla jurídica está perdida: “El discurso de la igualdad es necesario, pero si se discute sólo en el ámbito jurídico, pierde su identidad, pues lo que el Derecho ha hecho desde hace siglos, es tratar de eliminar la conflictividad que existe en una comunidad política.
“En este caso, con esta Iniciativa y con las nuevas Leyes que se desea aprobar, es al contrario, pues el Derecho entra en conflicto, afirmó el Doctor Rodrigo Soto, y añadió: “El Derecho establece relaciones del hombre con la Naturaleza. Pero eso es un segundo momento; el primer momento, es la reflexión”.
En el sentido estricto, desde el Derecho, podríamos comprobar que no somos iguales: “Simplemente, usted y yo no nos parecemos; yo tengo barba; nuestro tono de voz es distinto, etc. Basta asomarse por la ventana y ver que la realidad es un conjunto complejo de diferentes seres que perduran. Por eso, el discurso de la igualdad sí es necesario, pues lo que sí es igual no es algo natural solamente, sino algo más profundo, que es lo que llamamos dignidad, que es algo que se manifiesta sólo con la relación con los demás”.

Afirmó el Académico que los homosexuales tienen un legítimo reclamo de igual dignidad, e incluso la Iglesia defiende este derecho: “Son hijos de Dios y merecen ir al Cielo”.
La verdadera pregunta ante todo esto, advirtió el entrevistado, es ver si el Estado tiene que atender los reclamos preferenciales de ciertos grupos, sin ningún tipo de mediación racional y de forma inmediata: “En este sentido, lejos de eliminar el conflicto, lo está generando. Está comprobado en la Historia de la Humanidad que ha habido Leyes inicuas e injustas. Sólo racionalizando logramos entender cuando una Ley no es justa”.

Aunque el Diputado perredista Enrique Velázquez habla (mediáticamente) de proteger a las “distintas familias”, en la “Exposición de motivos” enfatiza claramente el “derecho a la preferencia sexual” y, de hecho, solamente incluye un “consorcio de dos”, por lo que no arropa las otras situaciones familiares que supuestamente la Iniciativa contempla.

El caso de una Ley de Libre Convivencia

Si el objetivo de esta Iniciativa es presentar que unas personas con una determinada preferencia sexual puedan desplegar esta preferencia de una manera más pública y, en el fondo, sin ningún remordimiento de conciencia social, sería entonces una Ley con dedicatoria particular para una minoría; y una característica de las Leyes es que tienen que ser pensadas en la generalidad. De inicio, pues, sería una Ley con un punto de partida no justo, pues atendería a intereses de grupo, aseveró categórico el Doctor Soto.
Las minorías tienen derechos, siempre cuando sean derechos que compartan con las mayorías. Cuando se habla de derechos de minorías es cuando se descuidan los derechos básicos que las mayorías tienen y ellos no. “En este punto es cuando la cosa se pone compleja, pues cuando dicen: ‘Nosotros tenemos derecho al matrimonio’, yo les digo que el Matrimonio no es un título, es un don. Estamos hablando de una institución social que ya goza de naturaleza propia, probada a lo largo de milenios, y que sólo se constituye aportando dos distintas naturalezas, masculina y femenina, y así se ha ido sedimentando a lo largo de los siglos. Tiene un peso específico social y político propio -el Estado no hizo al Matrimonio-. Es este peso que el Derecho ha recogido y arropado con Leyes”
Entonces, cuando se reclama este “derecho”, so pretexto de igual dignidad, “ya hay un choque de autonomías: la propia de la dignidad de la persona, y la de la institución que tiene un corte natural”.

Los límites del Derecho

“El Derecho sirve al fenómeno político y social; por ello, el problema no es jurídico. Como hemos visto en regímenes totalitarios, sirve a quien tiene el poder. ¿La Corte puede equivocarse? Por supuesto. Las interpretaciones de la Corte varían en función del poder en turno. Allí se puede ver cómo el Derecho tiene límites. Sin embargo, existe un basamento humano natural; es decir, el Derecho Natural. El fenómeno de ser personas establece los límites para no caer en injusticias”.

Alteración del lenguaje

(12052011)Breve historia de abuelos y nietosLo hacemos bien manejando el lenguaje, continuó el Doctor Rodrigo: “Cuando tú no puedes alterar el ser de las cosas, lo que debes alterar es cómo referirte a ellas. Porque entonces, al cambiar el significado de las cosas, alteras los conceptos y, por lo tanto, generas nuevas ideas al respecto”.
Ahora, si las Leyes de Convivencia no tocan el Matrimonio y sus atributos como piedra angular para la familia, sería una figura que ayudaría a proteger otras situaciones de convivencia que no se reducen tampoco única y exclusivamente a la situación homosexual.
“Entonces -aclaró el Jurisperito- “sería interesante pensar, por ejemplo, en una fraternidad sacerdotal, en una comunidad religiosa, en un monasterio, donde se pueda administrar un patrimonio y heredarse a otros Superiores y acceder a todos estos beneficios que ellos defienden. Y lo mismo puede decirse de un grupo de hermanos huérfanos que se apoyan entre ellos; en este sentido, sí podrían constituir una Sociedad de Convivencia Temporal”.
Sin embargo, para garantizar esto, no es necesario instituir un nuevo estado civil: “No es necesario crear tal; basta con crear Leyes Administrativas que protejan estas realidades; sólo que la Iniciativa perredista está muy limitada, pues habla de un consorcio de dos, por lo que claramente se refiere solamente a la pareja homosexual y no arropa las otras situaciones de que hablábamos”.

•“Si la Iniciativa prospera tal como está, se tratará de un acto de agresión de esas minorías al intentar imponer a las mayorías su propia conciencia”.

•“La Política está por encima del Derecho, entendida no como Partidos Políticos, sino como la Ciencia de buscar y obtener el Bien Común”.

•“Yo sí quisiera ver esta Ley como un dique que proteja al Matrimonio, pero que no dé pie ni al ‘matrimonio’ homosexual ni a las adopciones por parte de ellos”.

•“Yo creo que muchos homosexuales de buena fe, sin saberlo, son parte de una campaña de mercadotecnia de grandes transnacionales, muy estudiada, que ha de redituar en ventas millonarias”.

•“El poder ahora es ideológico, a través de los Medios de Comunicación, que a su vez están al servicio de empresas que, finalmente, lo que quieren es vender”.

•“Entre menos leamos y menos pensemos, seremos mucho más susceptibles a los argumentos sentimentalistas”.

Toda una estrategia gradual

MP900430788Es verdad que en el lobby gay existe la estrategia de la gradualidad, aunque no tanto jurídica, sino ante todo ideológica. ¿A qué se refiere la gradualidad? Al hecho de comenzar promoviendo realidades, derechos, para después dar paso a otros beneficios: “Los mejores aliados de esto han sido la Televisión y la industria del entretenimiento, porque es por donde se sensibilizan las mentes de los ciudadanos.
“Cuando insistes, en tu exposición de motivos, en el enfoque sexual, aquí mismo se está hablando ya de lo que pretendes. No es, entonces, una Ley que busque proteger la convivencia de personas en diversas situaciones familiares, sino que trae dedicatoria para una minoría muy específica. Eso la hace una propuesta incompleta, por defecto”.
La Iniciativa se presentó en abril; se encuentra en estudio de Comisiones Legislativas y probablemente se resuelva en agosto. “Yo propondría que se estudiara con más calma, pues no veo la urgencia. Yo esperaría una ampliación de la Ley a otros fenómenos y un cambio en la exposición de motivos que sea más clara, que se remita menos a los estatutos internacionales y menos al fenómeno de la convivencia homosexual; que legitime y proteja de forma administrativa otras manifestaciones de convivencia humana, sin que sea un estado civil”.

Desaparecen los límites

“La pregunta es, si entonces cualquier límite que pone el Derecho debe de ser transgredido por un interés de grupo, incluso de mayoría, so pretexto de igualdad”. Haciéndolo así, desaparecen los límites en lo absoluto, aseveró el Abogado entrevistado.
“Si juntamos una mayoría que tenga preferencia por las relaciones incestuosas, porque es una preferencia legítima, porque hemos crecido juntos bajo un mismo techo familiar y ahora con la ciencia biomédica podemos evitar problemas degenerativos, entonces, ¿por qué no dar entrada a estas relaciones? Y si yo tengo la capacidad económica de mantener una familia poligámica, ¿por qué no? Démosle entrada, porque si no, me estarás limitando en mi preferencia”.

Lo importante es volver a pensar

El Jurisconsulto y Catedrático de la Universidad Panamericana recomendó que todos debemos hacer este ejercicio: “Cuando nos propongan algo afirmativamente, tendremos qué pensarlo y confrontarlo con la realidad, y la realidad de las instituciones sociales sólo se demuestra con su historia a lo largo de los años”.
A cambio, lo que hacen muchos loobys es inhibir esa capacidad de reflexión con el sentimiento: “Cuando la discusión va en el sentido de que es el amor lo que los mueve, que es el cariño que hay entre ellos, entonces se pierde el razonamiento. Sobre todo porque en estos tiempos se da mucho énfasis en que cada quien puede y debe hacer lo que quiera, lograr sus sueños, para ser feliz. La reflexión iría en este sentido: ¿Realmente en la vida puedo y debo hacer todo lo que yo quiero? Porque, en todo caso, si no hago lo que quiero, sería infeliz. Darle la vuelta a la pregunta, sería: ¿Puedo ser feliz aun cuando no haga todo lo que quiero? Yo creo que sí. Un papá puede renunciar a su tiempo de ver futbol para atender a su hijo; y esa renuncia, ¿le imposibilita para la felicidad? No, porque hace lo que debe hacer; entonces, obtendrá una felicidad más duradera que lo que el impulso inicial le proponía. El cumplimiento del propio deber también ofrece felicidad, y más duradera.
“Sólo el diálogo y la lectura, la reflexión pausada y reposada, nos ayudarán a escapar de esta vorágine que implica la ‘revolución multimedia’ que nos conduce a un pensamiento ligero que se caracteriza por lo efímero, lo cambiante; en suma, lo inestable”.

Un caso de conveniencia política

“Claro que quien ganará más reflectores por esto será el propio PRD, tiene un claro botín político al proponer esta Iniciativa. Los demás partidos que ya tienen una tendencia clara como Movimiento Ciudadano o hasta el Partido Acción Nacional no tiene tanto interés, pero el PRD no tiene nada, por lo que esto le da una sonoridad que de otra forma no tendría.
“Ya quisiera yo que este Partido gastara ese tiempo en otras iniciativas más coyunturales. Mi propuesta para ellos es que sean más creativos, no ir por los tópicos de moda, sino a los temas concretos de las reales necesidades de Jalisco”.

HABLAR CLARO

Finalmente, el Dr. Soto Morales quiso concluir con un llamado a los cristianos ante este tema que a todos interesa:
“Primero: el cristiano no puede renunciar a la Verdad, pues si lo hace, renuncia al Bien. Por eso, al enemigo lo llamamos el Padre de la Mentira. Por lo tanto, la primera invitación es a pensar, porque el cristiano no puede renunciar a pensar. Implica contemplar la realidad; y en este mundo multimedia, la primera facultad que estamos perdiendo es ésta, y el cristiano no sólo piensa con la cabeza, sino también con el corazón.
“Segundo: no hay que juzgar a las personas, lo cual no quiere decir que hay que complacer a todos. Dijo Aristóteles: ‘Soy amigo de Platón, pero soy más amigo de la verdad’. No podemos pactar con la mentira; tenemos la obligación de decir las cosas como son; por eso, el Papa nos está hablando continuamente de la Verdad, nos está poniendo a San Francisco como modelo; la persona está por encima de las cosas. Además, nos invita a ser humildes, pues la gran mentira en la que solemos caer es la soberbia.
“Tercero: es necesario convencerse de que la mejor empresa que puede hacer un hombre en su vida es formar y conservar su familia, porque para el cristiano la familia es una Iglesia Doméstica; debemos ser familias que no renuncien a la verdad, que no renuncien a la oración y que no pacten con la mentira. Además, es en el hogar donde se habla con claridad de estos temas, pues la familia cristiana está en medio de un mundo hostil al que no puede volverle la espalda; al contrario, tiene que ser como un pequeño bastión, pequeña célula purificadora.
“Cuarto: se requiere hablar con la gente acerca del tema; hay que leer, estudiar, no sólo juzgar. No hay que segregar a los diferentes ni faltarles a la caridad, pero también hay que hablar claro y ser reflexivos. Es menester ejercer nuestro derecho a hablar. Cuando so pretexto de no discriminar, alguien quiere imponerse sobre la conciencia de los demás, hay que levantar la voz y protestar.
“Finalmente: los cristianos en la Política y en los Medios. Las cosas están como están porque hemos renunciado a participar en estos rubros, por lo que no debemos asombrarnos de que todo esto se nos haya venido encima ahora. Que haya apertura, sí; tolerancia, sí; no discriminación, también de acuerdo, pero sin que renunciemos a la defensa de la verdad”.

Rodrigo Soto Morales

Rodrigo SotoEs Abogado y Doctor en Filosofía. Desde hace más de 15 años combina el ejercicio práctico de la profesión con tareas académicas y de investigación.
Sus materias de enfoque son Litigio Civil y Mercantil, Medios Alternativos de Solución de Controversias (Arbitraje, Mediación y Negociación), y más recientemente, Derecho Aeronáutico y de las Comunicaciones. Académicamente se ha enfocado en la Filosofía del Derecho y la Filosofía Política. Ha sido Coordinador General de la Licenciatura en Derecho, de la Universidad Panamericana.

 

Más reflexiones del Doctor Soto:
http://rsotomorales.net

Por el bien de la célula de la Sociedad y de la Iglesia
Preservando el bienestar integral de la familia

En todo momento y bajo cualquier circunstancia, como ciudadanos responsables, tenemos que defender y conservar el valor y la fuerza que la familia tiene en la Sociedad.

Dulce Natalia Romero Cruz

IMG 0929En entrevista con el Presbítero Daniel Guadalupe Jiménez Cortez, Licenciado en Derecho Canónico y Vicario Judicial Adjunto del Tribunal Eclesiástico de nuestra Arquidiócesis, aseguró que para hablar de una “sociedad de libre convivencia”, primero se debe saber cuál es el hacer y quehacer de la familia, institución que se ve atacada ante ciertas propuestas de Ley que disfrazan el bienestar de la Sociedad.
“La familia es una institución por naturaleza; es la comunidad cuyos lazos son de carácter natural y no meramente convencional. Es una relación natural, cuyos vínculos van a llevar a la realización de la persona.
“Rescatar el valor de la familia como la célula madre, célula de la Sociedad y de la Iglesia, es rescatar no algo que puede manipularse, sino algo que es estable. Cuando queremos equipararla o compararla con sociedades de convivencia, le estamos quitando crédito a la célula de la cual todos hemos nacido, y en la cual vamos a realizarnos”.

Algo para siempre

El Padre Jiménez Cortez explicó que la familia “es una institución natural, no una realidad meramente convencional. Por natural no debe entenderse que sea algo espontáneo, en el sentido meramente naturalista, sino aquello que es conveniente a la dignidad de la persona humana. Mas, cuando se habla de libre convivencia, no hablamos de algo natural, sino de algo provocado, y no se menciona la dignidad de la persona humana.
“Así pues, cuando se propone una Ley de este tenor, lo que se está promoviendo es algo meramente político. ¿Por qué? Porque se está introduciendo el positivismo, dando a entender que la Ley se puede manipular e imponer. Y se está imponiendo ante una institución natural, como lo es la familia”.
Aseguró también que “cuando se habla de libre convivencia, esto no tiene razón de ser porque ese término de ‘libre’ no se refiere a la estabilidad, sino más bien a algo convencional. La familia, siempre y en todas las legislaciones del mundo, ha tenido su valor, y por eso se ha dicho que el estado civil es la condición jurídica que tiene el individuo en relación a la familia, ya sea padre, hermano, hijo, suegro, etc.; siempre en relación a la familia, porque es lo digno para la persona humana. En todas las Constituciones así es; en la Teoría General del Derecho, el estado civil se define como la condición jurídica de la persona en relación a la familia”.

“Que no nos confundan, que por el solo hecho de que sientan una tendencia o una determinada preferencia ya tienen que reconocerse legalmente, no es verdad, porque olvidan que una preferencia es espontánea, por lo cual es también temporal, y la Ley debe ser sólida, pues, de otra manera, se está poniendo en riesgo la estabilidad de la Sociedad”.

Un gran daño

Dejó en claro el Sacerdote Especialista que “cuando se está proponiendo una Ley para elevar una sociedad de convivencia a estado civil, en primer lugar ya no va en relación a la familia, porque no hace referencia en el sentido de que ¿con quién, para qué, por qué?, sino que, simplemente, se vuelve un contrato. No es importante, porque la realidad familia y persona, en su dignidad, ya están por la Ley amparados y se les garantizan sus derechos y deberes”.
Luego hizo un atento llamado a la ciudadanía: “Tenemos que levantar la voz y decir que no es digno que se le dé una facultad legal a esta convivencia, porque si quieren hacer una asociación o un trato, no es necesario que lo equiparen a la familia; basta que hagan un contrato. Es importante entender que se están tratando conceptos ambiguos. No porque una minoría tenga interés en una libre convivencia quiere decir que eso sea lo correcto. Si bien es cierto que se está dando este fenómeno, sí es importante atenderlo y entenderlo, mas no solamente legislarlo”.
Concluyó, el Vicario Judicial, asegurando que para refutar este tipo de propuestas se debe seguir trabajando desde el orden civil y eclesiástico, para que cada persona conozca sus derechos y sus deberes, para que procure que se garanticen, “porque si no los conocen, les van a proponer Leyes nuevas que en verdad ya existen, y van a dejarse deslumbrar, pero sin mejorar la relación entre los que formamos la Sociedad”.
También señaló que la Iglesia trató ampliamente el tema en la pasada Asamblea Diocesana, donde se concluyó que falta formar a la familia; que no basta con informarla, sino que tiene que recibir formación constante y consciente, con elementos suficientes para que valore su ser, su quehacer y su trascendencia como Iglesia Doméstica que es.

¿La Ley discrimina?

El Artículo 4º de la Constitución Mexicana menciona: “El varón y la mujer son iguales ante la Ley. Ésta protegerá la organización y el desarrollo de la familia.
…Toda persona tiene derecho a decidir de manera libre, responsable e informada sobre el número y el esparcimiento de sus hijos… Toda persona tiene derecho a la alimentación nutritiva, suficiente y de calidad; el Estado lo garantizará.
Toda persona tiene derecho a la protección de la salud. La Ley definirá las bases y modalidades para el acceso a los servicios de salud y establecerá la concurrencia de la Federación y las Entidades Federativas en materia de salubridad general, conforme a lo que dispone la Fracción 16ª del Artículo 73 de la Constitución Mexicana”.
“La Ley no discrimina porque estipula que hay varón y hay mujer. Nunca habla de discriminar por preferencias, y si realmente no queremos discriminación, tendríamos que pensar en las personas a las que no se les aplica adecuadamente la Ley. ¿Cuántas personas hay con derecho a la salud, a la alimentación y a la educación y no se les garantiza?”, cuestionó el Vicario Judicial de la Arquidiócesis.

fuente: semanario.com.mx

Testimonio de Lisa Moeller


Testimonio de Lisa Moeller – Se Acostó Siendo Homosexual y Despertó con una Paz que no Había Experimentado Antes

 

 

Testimonio de Lisa Moeller - Se Acosté Siendo Homosexual y Despertó con una Paz que no Había Experimentado AntesEra octubre del año 2009, y fue entonces cuando, con 35 años, Lisa Moeller hizo “crack”. Al llegar la noche, tras regresar del trabajo, no hacía más que sollozar con una tristeza que le venía desde muy adentro y cuya causa desconocía. No era, eso lo sabía bien, haber puesto fin unas semanas atrás a cuatro años de turbulenta relación con otra mujer. Era más bien la sensación de que ningún nuevo horizonte le atraía. De que esa seguridad que hasta entonces le hacía sentirse contenta con su vida se estaba derrumbando. Sospechaba que había algo terriblemente equivocado en su vida, pero no encontraba cómo determinarlo.

La inocencia arrebatada

Durante toda su vida adulta había vivido como una lesbiana militante, en respuesta a la que interpretaba como su identidad sexual natural. Había tenido ocho relaciones con sendas mujeres. Y una vida de riesgo: fumadora compulsiva, varios años adicta a las drogas y alguna pequeña estancia en el calabozo.

Pero aquel otoño Lisa echó la vista un poco más atrás, a cuando vestía y calzaba como una niña, tenía el pelo largo y le encantaba adornarlo con todo tipo de lazos. Aquello terminó un día, y recordaba bien cómo: los repetidos abusos sexuales a los que la sometió, cuando tenía 10 años, un vecino de su casa.

El trauma inimaginable que vivió Lisa la cambió para siempre. Fue poco después cuando quiso dejar de parecer una niña: se cortó el pelo y empezó a abominar de los vestidos que antes le encantaban. Y luego entró con mal pie en la adolescencia: sus esfuerzos por parecer masculina la fueron dejando sola. Empezó a beber, a practicar el sexo sin freno y a cometer sus primeras gamberradas contra la propiedad ajena.

Pero su soledad la consumía. ”Sentía que nunca sería aceptada”, confiesa a Peter Baklinski paraLife Site News: “Si parecía que me lo pasaba bien, es porque nadie conocía mi yo real. Si lo descubriesen, me odiarían. De hecho, yo me odiaba a mí misma. ¿Qué tipo de friki era? ¿Había nacido así o había hecho algo para merecerlo?”.

Dios en apariencia ausente

Se convenció entonces de algo que la hundió: ”Nadie me amaría nunca. Ni siquiera Dios. Estaba sola y no había conocido el amor en forma alguna que no tuviese un efecto horrible. Tendría que llevar este secreto el resto de mi vida y la vergüenza me acusaría a mí misma día y noche. Tendría que ser una farsante para sobrevivir. Aún peor, tendría que estar con un hombre”.

Sin nadie con quien salir ni con quien hablar, se intentó suicidar tomándose un bote de pastillas. Afortunadamente alguien la encontró, la llevó al hospital, le hicieron un lavado de estómago y sobrevivió: “Nunca me había sentido tan feliz viva que en ese momento”, reconoce que sintió tras ver de cerca el rostro de la muerte. Iba a tener “otra oportunidad”, y la aprovecharía.

Lisa se convirtió en una persona dura y áspera con los demás, crítica y autosuficiente: ”Indiferente a las opiniones mordaces de quienes me rodeaban”. “Si me rozaban el tobillo, me tiraba a la garganta“, sintetiza: “Mejor poner a alguien en su sitio que correr el riesgo de que me intimidasen”.

“El mundo había golpeado duramente mi autoestima, mi salud y mis emociones. Y me venganza sería ser lo que quería ser, por poco ético, inmoral o heterodoxo que pareciese. Dios lo entendería. Él vería que tenía que protegerme a mí misma o caer. Dedicaría los años siguientes a intentar convencerme de ello”.

Rol dominante

Ya como adulta, Lisa adoptó una identidad masculina: ”Todas mis novias tenían que ser increíblemente femeninas en su ropa, sus gestos y su identidad. Por eso nunca me cité con lesbianas, sino con mujeres bisexuales o curiosas, que se sentían más cómodas con mi imagen masculinizante”.

En todas sus relaciones, Lisa adoptó el papel de hombre dominante: pagaba las facturas en tiendas y restaurantes, era ella quien abría la puerta, hacía regalos caros y se encargaba de las reparaciones en la casa: “Si en la casa se oía un ruido de noche, todos se ponían detrás de mí. Si había una factura sin pagar, todos me miraban. Si faltaba la luz, si había un agujero en el tejado, si el coche se averiaba, todos se volvían hacia mí. Esto era muy incómodo y a veces espantoso“.

A cambio, Lisa era “extremadamente controladora” de sus parejas: no podían vestir ropa masculina, ni acarrear grandes pesos, ni salir solas de noche, ni tener amigos que no fuesen gays. Pero no lo hacía de forma abusiva, así que sus novias se sentían a gusto e incluso hablaban bien de ella: ”Eso alimentaba mi frágil ego”, afirma.

Del Orgullo a la transformación

Sin embargo, algo no iba bien en su interior: ”Un confuso sentimiento de que me faltaba algo“, describe.

Llegó entonces aquel otoño de 2009, con sus lluvias fuera de casa y sus lágrimas dentro. Empezó a comprender que “había en mi corazón un hueco del tamaño de un Dios, y era lo bastante lista para comprender que sólo Él podría llenarlo“. Le rezaba pidiendo ayuda, pero sin muchas esperanzas: “Nunca pensé que pudiesen mezclarse mi estilo de vida con la Verdad de Dios”.

Pasaron unos meses. Llegó el verano de 2010 y Lisa se trasladó a Spokane, en el estado de Washington, para participar en una marcha del Orgullo Gay y recoger firmas sobre una ley estatal que interesaba al lobby rosa. Y entonces sucedió lo inesperado.

“Fue de noche, en mi hotel”, recuerda: “Me acosté siendo completamente homosexual. Mis gestos, mis vestidos, mi lenguaje corporal, etc. eran todos muy masculinos. Odiaba a los hombres, asqueada con todos por los abusos que había sufrido de aquel vecino siendo niña. Cuando me desperté, había una presencia en la habitación que no puedo describir con palabras. Era una paz que no había experimentado nunca antes“.

Lo más llamativo para ella fue que a partir de entonces sus sentimientos homosexuales desaparecieron. Las mujeres dejaron de atraerle, y un día se sorprendió a sí misma mirando con interés a un hombre que estaba corriendo por el parque. Confiesa que sintió pánico, porque no sabía qué le estaba pasando.

Hasta que un día entendió que la respuesta de Dios a sus oraciones había llegado en una forma distinta a la imaginada. Comprendió que aquellas lágrimas que le brotaban desde hacía meses y aquel vacío que sentía en su corazón eran parte de su sanación de los abusos que había sufrido en su infancia, y que había enterrado bajo la apariencia de masculinidad.

Compartir la carga con Jesucristo

En un acto de fe, Lisa dejó en manos de Dios la restauración de su identidad y cortó con todo su mundo anterior: ”Pasé dos años que han sido sin duda los más solitarios y duros de mi vida, perocrecí en completa dependencia de Dios“, explica.

Comprendió en oración que la forma exquisita con la que trataba a sus parejas no era una compensación a sus inseguridades, sino la expresión de la forma en la que ella querría haber sido tratada siempre: “Ellas querían ser tratadas como princesas, querían ser protegidas, que se les prestase total atención, que se les hablase con delicadeza”: Y Lisa comprendió también por qué exigía esa “feminidad a toda prueba” a sus novias: “Encarnaba la niña pequeña que fui antes de que abusaran de mí. Las trataba como creía que yo debería haber sido tratada cuando era una niña pequeña, en vez de las experiencias violentas y destructivas que sufrí”.

Y eso es lo que desea ahora también: “Quiero que me apoyen, que me cuiden, que me protejan, que me hablen con dulzura y me traten con cortesía. Ahora mi identidad está intacta y a salvo en manos de Jesús. Así es como Él me creó para que sintiera“.

Lisa está escribiendo un libro con su experiencia, que publicará el año que viene. Lo titulará: You weren´t meant to carry that [No tenías que haber cargado con ese peso, en traducción libre], porque ése es su mensaje: “A veces cargamos con pesos con los que no podemos. Cosas que están fuera de nuestro control, dudas y preocupaciones que en sentido estricto no nos pertenecen. Dios quiere que hagas un inventario de tu alma a ver qué encuentras. Y si estás cargando con pesos que Le pertenecen, quiere que se los devuelvas. Quiere aligerar tu carga”, suguere Lisa evocando el Evangelio de San Mateo (11, 28).

Y concluye: “Finalmente he encontrado la paz y se lo debo todo a Jesucristo. No mucha gente miraría a una lesbiana drogadicta y pensaría: ´Un día servirá al Señor´. Suena ridículo… perosucedió“.

ReligionenLibertad.com

El valor de la sexualidad y su integridad en la persona


Los mandamientos, Sexto Mandamiento, continuación….

Autor: Aurelio Fernandez

La sexualidad es fuente de la vida y, si la vida representa el valor supremo de la existencia, en lógica conclusión, la facultad generadora de la vida humana es digna del mismo elogio y alabanza.

Además la sexualidad esta íntimamente unida al amor entre la mujer y el hombre. Por estas razones, la sexualidad, entendida como origen de vida y plasmación del amor humano, ha merecido un gran respeto a lo largo de la historia de la teología moral y ha disfrutado de tanta excelencia.

Pero esta esplendidez de la sexualidad humana representa además un instinto primario en el ser del hombre y de la mujer, del cual pueden originarse verdaderos desórdenes morales.

Más aún, la sexualidad mal practicada es causa de no pocos vicios que llegan a provocar diversas enfermedades e incluso da lugar a frecuentes crímenes pasionales. Si las páginas mas bellas de la literatura universal se han escrito para exaltar la historia del amor entre el hombre y la mujer, también consta que la literatura mas sórdida es la que narra las pasiones y los vicios que ocasiona la sexualidad cuando se vive desordenadamente y se practica separada del amor.

«No cometerás adulterio»

Con estas palabras enuncian el Éxodo y el Deuteronomio el sexto mandamiento del Decálogo (Ex 20,14; Dt 5,17). Y Jesús recoge estas mismas palabras, pero enriquece el contenido de este precepto con este breve, pero decisivo comentario: «Habéis oído que se dijo: “No cometerás adulterio”. Pues yo os digo: Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón» (Mt 5,27-28). De este modo, el Señor indica todos los aspectos del sexto mandamiento no sólo en relación al cuerpo, sino que alarga su significado incluyendo en la sexualidad la relación con el interior del hombre y de la mujer.

En efecto, la sexualidad, al constituir una dimensión esencial del ser humano, abarca no sólo el cuerpo, sino también el espíritu. Por ello, no se reduce al ámbito de la pasión adúltera entre varón y hembra, sino que, dado que se es hombre y mujer desde la propia estructura del ser de cada uno, la relación sexual integra la intimidad de la persona. En este sentido, la sexualidad humana hace referencia al amor mutuo entre el hombre y la mujer, por lo que demanda el respeto debido al otro sexo. Como enseña el Catecismo de la Iglesia Católica:

“La sexualidad abraza todos los aspectos de la persona humana, en la unidad de su cuerpo y de su alma. Concierne particularmente a la afectividad, a la capacidad de amar y de procrear y, de manera mas general, a la actitud para establecer vínculos de comunión con otro” (CEC 2332).

La creación del hombre y de la mujer

La primera descripción de la Biblia habla del varón solo, antes de la creación de la mujer(1). Pero allí mismo, Dios deja consignado este principio: «No es bueno que el hombre este sólo» (Gn 2, 18) .Por ello, de inmediato, se relata la decisión divina de crear a la mujer: «Voy a hacerle una ayuda adecuada para el (…). El Señor formo a la mujer y la presentó al hombre» (Ex 2, 18-22).

Es digno de admirar el asombro gozoso del hombre cuando vio a la mujer y descubre que es semejante a el: «Esta si es hueso de mis huesos y carne de mi carne» (Ex 2,23). Y Dios sentencio este encuentro con estas palabras que describen la naturaleza del matrimonio: «Por eso, dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne» (Ex 1 2,24). Pues bien, de esta primera pareja proceden todas las generaciones humanas. Juan Pablo II, en comentario a esta página de la revelación en la que se manifiesta la alegría del hombre (Adán) al ver a la mujer (Eva), comenta:

“De esta forma, el hombre (varón) manifiesta por vez primera gozo y hasta exaltación para lo que anteriormente no tenía motivo, a causa de la falta de un ser semejante a el. La alegría por otro ser humano, por el segundo “yo”, domina en las palabras del hombre (varón) pronunciadas a la vista de la mujer. Todo esto ayuda a fijar el significado pleno de la unidad originaria. Aquí son pocas las palabras, pero cada una es de gran peso»(2).

En efecto, en ambas narraciones -tan sobrias, recogidas en los dos primeros capítulos del Génesis- se describe con lenguaje arcaico el origen del hombre y de la mujer y se les presenta en pareja; mas aún, el relato los contempla unidos en matrimonio. Como también escribe, Juan Pablo II, «varón y mujer han sido creados para el matrimonio» de forma tal que llega a definir al ser humano como «un ser esponsalicio»(3). Y el Papa añade:

“Cuando el Génesis habla de “ayuda”, no se refiere solamente al ámbito del obrar, sino también al del ser. Femineidad y masculinidad son entre si complementarios no solo desde el punto de vista físico y psíquico, sino ontológico. Sólo gracias a la dualidad de lo “masculino” y de lo “femenino”, lo “humano” se realiza plenamente (…). La ‘unidad’ relacional que permite a cada uno sentir la relación interpersonal y recíproca como un don enriquecedor y responsabilizante»(4).

Con la definición del hombre «como ser esponsalicio», el Papa quiere interpretar que la revelación muestra que la vocación original del hombre y de la mujer es el matrimonio, de forma que los que no se casan lo deciden por razones bien diversas. Y algunos merecen el elogio de Jesucristo porque renuncian al matrimonio por motivos tan nobles, como es el amor al reino de Dios (Mt 19, 12):

«Si Cristo ha revelado al hombre y a la mujer por encima de la vocación al matrimonio, otra vocación -la renuncia al matrimonio por el Reino de los cielos-, con esta vocación ha puesto de relieve la misma verdad sobre la persona humana. Si un varón o una mujer son capaces de darse en don por el Reino de los cielos, esto prueba a su vez (y quizás aun más) que existe la libertad del don en el cuerpo humano. Quiere decir que este cuerpo posee un pleno significado “esponsalicio”»(5).

Amplitud y sentido de la sexualidad humana

Como hemos dicho, la sexualidad abarca la totalidad de la persona: se es hombre o mujer desde la realidad más profunda del propio ser. En efecto, un estudio integro de la sexualidad humana no se queda en la genitalidad, ni tiene por fin único el placer, sino que abarca, al menos, estos siete amplios campos:

– cromosómico: ser hombre y mujer depende de la combinación de pares de cromosomas que se integran en su constitución embrionaria;

– morfológico: los cuerpos masculino y femenino difieren en los respectivos miembros, no solo los genitales, sino también en otras marcadas diferencias somáticas;

– racional: el ser humano vive la sexualidad no sólo a nivel instintivo, sino también racional, tanta es la carga racional de la condición sexuada del ser humano, que incluso ha hecho ciencia de la sexualidad;

– voluntaria: por ello, el hombre y la mujer son responsables de su práctica sexual y de sus consecuencias;

– afectivo-sentimental: la sexualidad humana no es puramente biológica, sino que hace relación muy directa al amor;

– plancentera: el ejercicio de la sexualidad es fuente de uno de los mayores placeres del hombre y de la mujer, y no solo de placer sensitivo, sino también efectivo y emocional;

– procreadora: una de las finalidades más marcada de la sexualidad es la procreación de nuevas vidas.

Estos siete elementos se integran en unidad en la sexualidad humana, de forma que no cabe disociarlos sin violentar su significación mas profunda. Por ello, separar uno de esos elementos de los restantes es vulnerarla y adulterarla. Por ejemplo, renunciar a la racionalidad y a la emoción afectiva, es caer en la irracionalidad del instinto; pero eliminar al placer es mutilar su sentido y vivirlo de una forma inhumana. Asimismo, excluir la procreación es violarla y negar en su raíz el fruto natural que acompaña su ejercicio.

El hombre y la mujer viven esas diversas dimensiones de la sexualidad entre sí, cada uno en su especificidad, pero de modo complementario: masculinidad y femineidad hacen relación uno a la otra, de forma que la sexualidad perfecta se vive en pareja, en el ámbito del matrimonio, del cual se origina la familia.

Así se expresa el Catecismo de la Iglesia Católica:

«Corresponde a cada uno, hombre y mujer, reconocer y aceptar su identidad sexual. La diferencia y la complementariedad físicas, morales y espirituales, están orientadas a los bienes del matrimonio y al desarrollo de la vida familiar. La armonía de la pareja humana y de la sociedad depende en parte de la manera en que son vividas entre los sexos la complementariedad, la necesidad y el apoyo mutuo» (CEC 2333).

La virtud de la castidad

«La castidad es una virtud moral» (CEC 2345). Por ello, es una virtud humana y cristiana. Como «virtud humana» no se reduce al dominio de la sexualidad, de forma que el instinto esté sometido a la razón y a la voluntad, sino que además significa su integración en la unidad de la persona, entendida como ser corporal y espiritual. Como virtud cristiana incluye esa integración en la unidad de la persona, pero subraya la dimensión del amor, como un don divino, que vocaciona al hombre y a la mujer para la entrega amorosa en el matrimonio.

De ahí que cabe afirmar que la castidad es propia de todo hombre y mujer, si bien se vive de modo distinto entre las personas célibes y los casados. El soltero/ a viven la castidad en cuanto el dominio de la sexualidad integrada en la unidad de la persona se orienta al amor entre el hombre y la mujer que se sellará en el futuro matrimonio. Y en caso de que decida no casarse por el «reino de Dios», el célibe/a entregan su amor indiviso a Dios por las exigencias de ese Reino. Por su parte, la castidad en el matrimonio se concreta en la conyugalidad vivida como unión amorosa esponsalicia. En resumen, la castidad tanto de los solteros como de los casados hace relación al amor.

Esta doctrina ha sido profesada siempre por la Iglesia. De acuerdo con las situaciones más comunes de su tiempo, San Ambrosio escribe:

“Existen tres formas de la virtud de la castidad: una de los esposos, otra de las viudas, la tercera de la virginidad. No alabamos a una con exclusión de las otras. En esto la disciplina de la Iglesia es rica”6.

Esta misma enseñanza es recogida por el Magisterio actual El Catecismo de la Iglesia Católica con texto de la Declaración «Persona humana» enseña:

«Todos los fieles en Cristo son llamados a una vida casta según su estado de vida particular. En el momento de su Bautismo, el cristiano se compromete a dirigir su afectividad en la castidad. La castidad califica a las personas según los diferentes estados de vida: a unas, en la virginidad o en el celibato consagrado, manera eminente de dedicarse mas fácilmente a Dios solo con corazón indiviso; a otras, de la manera que determina para ellas la ley moral, según sean casadas o celibatarias» (PH 11).

Y un autor moderno, relaciona la castidad con el amor, que se vive de modo distinto en los diversos estados y situaciones:

«La castidad -no simple continencia, sino afirmación decidida de una voluntad enamorada- es una virtud que mantiene la juventud del amor en cualquier estado de vida. Existe una castidad de los que sienten que se despierta en ellos el desarrollo de la pubertad, una castidad de los que se preparan para casarse, una castidad de los que Dios llama al celibato, una castidad de los que han sido escogidos por Dios para vivir en el matrimonio»(7).

Educación de la pureza

Dado que la sexualidad es un instinto primario, exige, como señala el Catecismo de la Iglesia Católica, una fuerte ascesis «para controlar las pasiones», también demanda «un aprendizaje del dominio de sí», de forma que la persona esté dispuesta a «resistir a las tentaciones poniendo los medios adecuados para ello».

Por eso, el Catecismo añade que la virtud de la castidad forma parte de la virtud cardinal de la templanza». Y advierte que «el dominio de sí es una obra que dura toda la vida. Nunca se la considera adquirida de una vez para siempre. Supone un esfuerzo reiterado en todas las edades de la vida (cf Tt 2,1-6). El esfuerzo requerido puede ser más intenso en ciertas épocas, como cuando se forma la personalidad, durante la infancia y la adolescencia» (CEC 2338-2342).

Para vivir la castidad es preciso educar la pureza, lo que supone, además del dominio de la sexualidad, el cuidado de la integridad personal y el cultivo del amor a aquella persona que es o que en el futuro será su esposo o esposa. A su vez, exige la práctica de otras virtudes que están íntimamente relacionadas con la pureza, como es la templanza y la fortaleza. Asimismo, exige fomentar las disposiciones del pudor y de la modestia porque el instinto sexual tiene una gran fuerza compulsiva. Finalmente, se requiere la ayuda de los medios sobrenaturales, los cuales son la oraci6n, la devoci6n a la Virgen y la recepción de los sacramentos.

No obstante, el empeño por la conquista de la castidad no es fácil y supone el esfuerzo de toda la vida. Así lo enseña también el Catecismo de la Iglesia Católica:

«La castidad tiene unas leyes de crecimiento; este pasa por grados marcados por la imperfección y, muy a menudo, por el pecado” (CEC 2343).

Las ofensas a la castidad

Los pecados contra la castidad son de diversa índole. Todos ellos son pecados por cuanto constituyen una falta de fidelidad al amor, y por ello lesionan la virtud de la castidad. Los pecados más comunes son los que en la moral cristiana se integran en las diversas especies de lujuria. El papa Pablo VI publicó un importante documento sobre algunos aspectos de la ética sexual8. En este documento se condenan tres pecados contra la castidad que se consideran graves, los cuales, a su vez, son especialmente frecuentes y además su moralidad es negada por algunos. Estas circunstancias son las que mueven a la Iglesia a ocuparse de ellos:

«La Iglesia no puede permanecer indiferente ante semejante confusión de los espíritus y relajación de las costumbres. Se trata, en efecto, de una cuestión de máxima importancia para la vida personal de los cristianos y para la vida social de nuestro tiempo» (PH2).

La Declaración magisterial «no se propone tratar de todos los abusos de la facultad sexual ni de todo 1o que implica la práctica de la castidad», sino que, «a la vista urgente de errores graves sobre conducta aberrante, ampliamente difundidos» (n.6), se detiene a estudiar los tres casos siguientes más comunes: las relaciones prematrimoniales, la homosexualidad y la masturbación.

a) Las relaciones prematrimoniales

La moral cristiana mantiene como principio permanente que la relación sexual lícita es la que tiene lugar en el ámbito del matrimonio. La razón es obvia: es el matrimonio el estado que garantiza el sentido pleno de la sexualidad entre el hombre y la mujer, dado que la donación plena de la persona que entraña la vida conyugal solo está protegida en el matrimonio, puesto que supone el compromiso de entrega mutua, estable y exclusiva entre un hombre y una mujer.

Y es un hecho constatado que, cuando aún no se ha sellado la entrega mutua con un compromiso irrevocable, cualquier relación no definitiva es frágil y está expuesta al capricho de uno o de los dos. El documento hace esta advertencia:

«Porque por firme que sea el propósito de quienes se comprometen en estas relaciones prematuras, es indudable que tales relaciones no garantizan que la sinceridad y la fidelidad de la relación interpersonal entre un hombre y una mujer quedan aseguradas, y sobre todo protegidas, contra los vaivenes y las veleidades de las pasiones” (PH7).

En efecto, la experiencia diaria demuestra que la ruptura del noviazgo es un hecho frecuente. Y tales casos conllevan casi siempre efectos muy perniciosos, pues, además de las malas consecuencias físicas y psíquicas que se siguen para ambos, se corre el riesgo de que de esa relación se siga un embarazo.

El Catecismo de la Iglesia Católica subraya la obligación de la castidad entre los novios y destaca las ventajas de retrasar la entrega mutua hasta el matrimonio:

«Los novios están llamados a vivir la castidad en la continencia. En esta prueba han de ver un descubrimiento del mutuo respeto, un aprendizaje de la fidelidad y de la esperanza de recibirse el uno el otro de Dios. Reservarán para el tiempo del matrimonio las manifestaciones de ternura específica del amor conyugal. Deben ayudarse mutuamente a crecer en la castidad» (CEC 2350).

En efecto, la unidad y la indisolubilidad del matrimonio es lo que justifica que la esposa dé al marido toda su realidad como mujer y, a su vez, el marido entregue a su esposa su especificidad como hombre. Es en el matrimonio y sólo en el matrimonio donde se justifica que hombre y mujer se entreguen amorosa y mutuamente lo que tienen como específico en su ser de varón y mujer.


b) La homosexualidad

El pecado de la homosexualidad o de lesbianismo es un hecho contra natura, pues violenta el sentido mismo de la sexualidad humana. La razón de este pecado contra la naturaleza es que tanto la estructura del cuerpo humano, como de la psicología del hombre y de la mujer es de alteridad entre lo masculino y lo femenino, pues ambos se complementan en el cuerpo y en la afectividad.

En el Antiguo Testamento la homosexualidad es denominada «abominación» (Lev 18, 22) y es castigada con la muerte. (Lev 20,13; Dt 22,5). San Pablo sostiene que este pecado ha sido una de las causas de la corrupción del pueblo romano, hasta afirmar que tal promiscuidad sexual significó una «torpeza», pues hombres entre sí y mujeres con mujeres desahogaron «pasiones vergonzosas», y así “actuaron «contra la naturaleza” (Rom 1,26-28).

Pero la homosexualidad es un fenómeno complejo que, además de la moral, toca zonas relacionadas con la medicina y la psicología. El documento alude a este tema en los siguientes términos:

«Se hace una distinción, que no parece infundada entre los homosexuales, cuya tendencia, proviniendo de una educación falsa, de falta de normal evolución sexual, de hábito contraído, de malos ejemplos y de otras causas análogas, es transitoria o, al menos, no incurable, y aquellos otros homosexuales que son irremediablemente tales por una especie de instinto innato o de constitución patológica que se tienen por incurable».

La Declaración contempla este segundo caso y, dado que se trata de una tendencia no culpable, ¿no cabe emitir un juicio ético favorable, puesto que se trata de algo involuntario? La respuesta de la Declaración es negativa:

«Indudablemente, esas personas homosexuales deben ser acogidas, en la acción pastoral, con comprensión y deben ser sostenidas en la esperanza de superar sus dificultades personales y su inadaptación social. Pero no se puede emplear ningún método pastoral que reconozca una justificación moral a estos actos por considerarlos conformes a la condición de esas personas. Según el orden moral objetivo, las relaciones homosexuales son actos privados de su regla esencial e indispensable» (PH8).

Consecuentemente, apoyado en razones bíblicas, el Magisterio reprueba el ejercicio de la homosexualidad y la considera como intrínsecamente inmoral:

«En la Sagrada Escritura están condenados como graves depravaciones e incluso presentados como la triste consecuencia de una repulsa de Dios. Este juicio de la Escritura no permite concluir que todos los que padecen de esta anomalía son del todo responsables, personalmente, de sus manifestaciones, pero atestigua que los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados y que no pueden recibir aprobación en ningún caso» (PH 8)9.

c) La masturbación

Se define como “la excitación voluntaria de los órganos genitales con el fin de obtener el placer venéreo» (CEC 2351).

El instinto sexual busca la satisfacción placentera que acompaña a la excitación de los órganos sexuales. La razón del pecado consiste en que la masturbación no atiende ni a la integridad de la sexualidad en la unidad de la persona, ni hace, referencia alguna al otro, sino que se consuma en el placer individual sin relación al amor. Los documentos del magisterio insisten directa o indirectamente en estos argumentos. La Declaración «Persona humana» declara que la masturbación es acto intrínsecamente grave y escribe que este juicio negativo ha sido constante en la doctrina magisterial:

“Tanto el Magisterio de la Iglesia, de acuerdo con una tradición constante, como el sentido moral de los fieles, han afirmado sin ninguna duda que la masturbación es un acto intrínseca y gravemente desordenado”

Y la Declaración añade el fundamento de esta gravedad:

“El uso deliberado de la facultad sexual fuera de las relaciones conyugales normales contradice a su finalidad, sea cual fuere el motivo que lo determine”. Al mismo tiempo, declara que el placer solitario desnaturaliza la relación amorosa debida entre el hombre y la mujer, pues se busca el placer al margen de «la relación sexual requerida por el orden moral; aquella relación que realiza el sentido íntegro de la mutua entrega y de la procreación humana en el contexto de un amor verdadero» (PH 9).

No obstante, también en algunas personas, especialmente entre los jóvenes, pueden coincidir algunas circunstancias que deben tenerse en cuenta al momento de emitir un juicio moral. Así lo destaca la Declaración:

«La psicología moderna ofrece diversos datos válidos y útiles en el tema de la masturbación para formular un juicio equitativo sobre la responsabilidad moral y para orientar la acción pastoral. Ayuda a ver como la inmadurez de la adolescencia, que a veces puede prolongarse mas allá de esta edad, el desequilibrio psíquico o el hábito contraído pueden influir sobre la conducta, atenuando el carácter deliberado del acto, y hacer que no haya siempre falta subjetivamente grave. Sin embargo, no se puede presumir como regla general la ausencia de responsabilidad grave. Esto sería desconocer la capacidad moral de las personas» (PH 9).

El Catecismo de la Iglesia Católica repite esta misma enseñanza y se expresa casi en los mismos términos:

«Para emitir un juicio justo acerca de la responsabilidad moral de los sujetos y para orientar la acción pastoral, ha de tenerse en cuenta la inmadurez afectiva, la fuerza de los hábitos contraídos, el estado de angustia u otros factores psíquicos o sociales que pueden atenuar o tal vez reducir al mínimo la culpabilidad moral (CEC 2352).

Otros pecados contra la castidad

Además de estos tres pecados estudiados a lo largo de la tradición teológica y denunciados por Pablo VI, existen otros actos que lesionan gravemente la virtud de la castidad. Cabe añadir los siguientes:

a) La fornicación

La fornicación es la unión sexual entre el hombre y la mujer fuera del matrimonio. La moral católica señala que el pecado deriva de dos principios éticos fundamentales: 1º. La fornicación niega la relación esencial de la sexualidad humana, puesto que, por su propia naturaleza, está orientada a la intimidad del matrimonio y con un fin procreador. 2º. La fornicación es también un escándalo para la vida social y es contraria a la dignidad de las personas, pues se prostituyen ya que no están casados; además, si se engendra una nueva vida, se enturbia el origen de los hijos nacidos de una relación no esponsalicia.

b) La pornografía

Pornografía es exhibir la intimidad sexual con el fin de excitarla en el individuo yen la colectividad. La pornografía indica una profunda degeneración del valor sexual de la persona humana reduciéndola a puro placer. Además, provoca el ejercicio trivial del sexo, incita a embarcarse en un mundo de bajos fondos humanos y provoca un tráfico injusto que negocia con valores que no deben ser prostituidos. Prueba de los males que se siguen es que el fomento de la pornografía es perseguido y castigado por las autoridades civiles. El Catecismo de la Iglesia Católica califica la pornografía con esta penosa descripción y los condena severamente:

«La pornografía consiste en dar a conocer actos sexuales, reales o simulados, puesto que queda fuera de la intimidad de los protagonistas, exhibiéndolos ante terceras personas de manera deliberada. Ofende la castidad porque desnaturaliza la finalidad del acto sexual. Atenta gravemente a la dignidad de quienes se dedican a ella (actores, comerciantes, público), pues cada uno viene a ser para otro objeto de un placer rudimentario y de un mundo ficticio. Es una falta grave. Las autoridades civiles deben impedir la producción y la distribución de material pornográfico» (CEC 2354).

Lo contrario a la pornografía es el pudor, que defiende y protege la intimidad de la persona y la distancia de la caída en la trivialización del sexo. Un autor pagano, Cicerón escribe: «Quien ha faltado una vez al pudor, termina forzosamente siendo un desvergonzado». Es preciso constatar como no pocos hombres de ciencia, especialmente los psicólogos y pedagogos, denuncian que las aberraciones sexuales se inician en la falta de pudor. El Catecismo de la Iglesia Católica trata con cierta extensión el tema y apunta estos principios:

“La pureza exige el pudor. Este es parte integrante de la templanza. El pudor preserva la intimidad de la persona. Designa el rechazo a mostrar lo que debe permanecer velado. Está ordenado a la castidad, cuya delicadeza proclama. Ordena las miradas y los gestos en conformidad con la dignidad de las personas y con la relación que existe entre ellas” (CEC 2521)10.

Cuando se habla de la sexualidad humana, hablamos del ser hombre y del ser mujer, del matrimonio y de la familia, de la afectividad y del amor, de la procreación y de los hijos. Todo ello evoca una dignidad que desdice de la vulgaridad con que la sexualidad es tratada en amplios sectores de la cultura de nuestro tiempo. De forma que, cuando no se respeta la totalidad de los elementos que integran la vida sexual del hombre y de la mujer, cabría concluir que no sólo se trata de un error puntual, sino que amplios sectores de la sociedad se encuentra en estado de error.


NOTAS:

1 En el capítulo I del Génesis se narra la creación simultánea del hombre y de la mujer (Gn 1,27-28). Se trata, coma es sabido, de das narraciones distintas, si bien son complementarias.
2 JUAN PABLO II, Audiencia general 7-XI.1979, “Ecclesia” 1959 (1979) 1479.
3 JUAN PABLO II, El hombre-persona se entrega con la libertad del amor (16-I-1980), “Ecclesia” 1967 (1980) 87.
4 JUAN PABLO 11, Carta a las mujeres con ocasión de la IV Conferencia de Pekín, 7-8 (29-VI-1995) “Ecclesia”. 1967 (1980) 87
5 JUAN PABLO II, El hombre-persona se entrega con la libertad del amor (16-1-1980), “Ecclesia” 1967 (1980) 87.
6 San AMBROSIO, Sobre las viudas; IV, 23. PL 16,241.
7 J. ESCRIVA DE BALAGUER, Es Cristo que pasa. Ed. Rialp. Madrid 1973. n.25.
8 CONGREGACION PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Persona humana. Declaración acerca de algunas cuestiones de ética sexual. Vaticano 29-XII-1975.
9 Posteriormente, una Carta a los obispos de la Congregación para la Doctrina de la Fe subraya nuevamente la condena bíblica, pues, a pesar de la diversidad de cultura, «existe una evidente coherencia dentro de las Escrituras mismas sobre el comportamiento homosexual». CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Carta Pastoral a todos los obispos sobre la atención pastoral a los homosexuales, 5 (1-X-1986), “Ecclesia” 2293 (1986) 1581. A pesar de la defensa jurídica de los homosexuales, la misma doctrina se repite en otro Documento de la Congregación de la Doctrina para la Fe, Algunas consideraciones a la respuesta sobre la no discriminación de las personas homosexuales, “Ecclesia” 2594-95 (1992) 1288-1290.
10 Otras reflexiones se contienen en los nn. 2522-2527.