La “interrupción del embarazo”


Publicado en web el 2 de mayo, 2013

Lupita:

Estoy confundida. Me junté con el hombre que quiero vivir para siempre, pero él me pidió que nos mudáramos sin casarnos primero. Y, aunque supuse que me cuidé, ahora estoy embarazada. Yo quiero formalizar, sólo que me dice que éste no es el momento para tener un hijo y prefiere que yo interrumpa el embarazo. No sé qué hacer porque no quiero perderlo a él, pero nunca pensé que reaccionaría así. Si interrumpo el embarazo seguimos, pero si no, él se va. Yo le pido a Dios que me ayude, y no sé qué debo hacer.

Dulce.

Querida Dulce:

Para articulo LupitaQuiero que sepas que ese Dios al que le pides ayuda, te ama locamente. Él es el dador de la vida y planea desde la eternidad a cada alma…también la del bebé cuyo corazón ya late en tu vientre. Y ese mismo Dios ha hablado claro para todos nosotros, diciéndonos cuál es el orden moral que nos conviene vivir para ser felices en este mundo y encaminarnos a la eternidad.
Me doy cuenta de que desconoces a ese Dios. Te diriges a Él para que te conceda algo que quieres, sin saber si te conviene. Estás relacionándote con el Rey del Universo como si fuera un “genio de lámpara mágica”. No te diriges a Él como tu Señor, ese Ser Superior al que quieres obedecer porque sabes que es omnisciente y omnipotente, que todo lo sabe y todo lo puede.
Te has obsesionado por un hombre que no te ama. No quiere ofrecerte matrimonio, no quiere compromiso ni contigo ni con su hijo. No conoce a Dios tampoco, ni tiene santo temor de ofenderlo. Quiere estar a gusto en la vida. Es curioso que, precisamente quienes quieren esto, son los que más sufren a la postre, por sus decisiones individualistas.
La interrupción del embarazo no es otra cosa que el asesinato de un hijo. Esto tiene consecuencias emocionales en la mujer, que están muy estudiadas y se denominan: síndrome post-aborto. El uso de anticonceptivos tiene también serias secuelas en la salud femenina… En fin.
Has ido tejiendo tu vida a tu modo, al modo “moderno”. Es un vivir para nosotros mismos sin reflexionar. Te juntaste, olvidando que Dios elevó el Matrimonio natural al nivel de un Sacramento; usaste anticonceptivos considerando que los niños son un “peligro” del que hay que “cuidarse”, cuando son la máxima bendición con la que Dios corona a las familias; quedaste embarazada porque, además, todos esos métodos anticonceptivos tienen fallas, y entonces piensas que el aborto es la única salida.
¡Conoce a ese Dios al que invocas!
Él te ama, te comprende y te invita a vivir bajo su mirada a partir de hoy. Defiende la vida de TU HIJO, pues él ya está en el lugar que debe sentirse más seguro: tu vientre. El aborto es un asesinato cruel: pueden desbaratar a tu hijo por partes, mutilándolo en forma mecánica o con aspiradora. No importa cómo, él se defenderá porque quiere vivir. ¿No vas a conocerlo?, ¿no lo alimentarás, no lo protegerás, lo arroparás y lo llenarás de besos entre lágrimas de felicidad?
Deja ya de vivir ignorando tu Fe, que debe ser faro que ilumina tus decisiones. Salva a tu pequeño, y déjame conocerlo cuando nazca. Será una bendición para ti y para el mundo.

Lupita Venegas Leiva/Psicóloga www.valoraradio.org Twitter: @lupitavenegasdc Face: Lupita Venegas Oficial

Los 10 pensamientos del Papa Francisco


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Aborto y defensa de la vida

«Es preciso poner la cara para defender la vida desde la concepción hasta la muerte natural». «Debemos escuchar, acompañar y comprender desde nuestro lugar a fin de salvar las dos vidas: respetar al ser humano más pequeño e indefenso, adoptar medidas que pueden preservar su vida, permitir su nacimiento y luego ser creativos en la búsqueda de caminos que lo lleven a su pleno desarrollo».

«Sin estas tres actitudes, ternura, esperanza, paciencia, no se puede respetar la vida y el crecimiento del niño por nacer. La ternura nos compromete, la esperanza nos lanza hacia el futuro, la paciencia acompaña nuestra espera en el cansino pasar de los días. (…) Cuando estas actitudes no están, entonces el niño pasa a ser un ‘objeto’ alejado de su padre y de su madre y muchas veces ‘algo’ que molesta, alguien intruso en la vida de los adultos, de quienes pretenden vivir tranquilos, replegados sobre sí mismos en un egoísmo paralizante».

La familia y el papel de los ancianos

«Cuando un pueblo se olvida de cuidar a sus ancianos, empezó a ser un pueblo en decadencia, es un pueblo triste. Cuando en una familia se olvidan de acariciar al anciano, ya anida la tristeza en su corazón».

«Lo que sembrás vos con tu ejemplo es lo que vas a cosechar de tus hijos. Cuidá a los viejos, cuidá la vida de los viejos porque eso es ser familia. Y no entrés en la moda de que a los viejos se los guarda y se los desprecia. Cuidá a los chicos. Enseñáles a crecer bien para que sean retoños llenos de vida, que den flor y fruto en la vida».

Bodas homosexuales

«Está en juego la identidad y la suprevivencia de la familia: papá, mamá e hijos. Está en juego la vida de tantos niños que serán discriminados de antemano privándoles de la maduración humana que Dios quiso se diera con un padre y una madre. Está en juego un rechazo frontal a la ley de Dios, grabada además en nuestros corazones».

(Carta durante la presentación en Argentina del proyecto de matrimonio homosexual, convertido en ley en julio de 2010): «Aquí está la envidia del demonio, que pretende destruir la imagen de Dios: hombre y mujer que reciben el mandato de crecer, multiplicarse y dominar la Tierra. No seamos ingenuos: no se trata de una simple lucha política; es la pretensión destructiva al plan de Dios. No se trata de un mero proyecto legislativo, sino de una ‘movida’ del padre de la mentira que pretende confundir y engañar a los hijos de Dios».

Papel de los padres

«Es necesario que salgan ustedes para dialogar, para abrirse a sus hijos, para jugar con ellos, para que los chicos no se sientan abandonados por sus padres. Eso cansa, es verdad, pero es la cruz que ustedes como padres católicos deben cargar; es, sin embargo, una cruz fecunda».

Derecho a la educación

«El hijo del gaucho, el migrante del interior que llegaba a la ciudad, y hasta el extranjero que desembarcaba en esta tierra (argentina) encontraron en la educación básica los elementos que les permitieron trascender la particularidad de su origen para buscar un lugar en la construcción común de un proyecto. También hoy, desde la pluralidad enriquecedora de propuestas educadoras, debemos volver a apostar: a la educación, todo».

Papel de los laicos en la Iglesia

«Hay un problema, lo dije otras veces: la tentación de la clericalización. Los curas tendemos a clericalizar a los laicos. No nos damos cuenta pero es como contagiar lo nuestro. Y los laicos -no todos pero muchos- nos piden de rodillas que los clericalicemos porque es más cómodo ser monaguillo que protagonista de un camino laical. No tenemos que entrar en esa trampa, es una complicidad pecadora. Ni clericalizar ni pedir ser clericalizado. El laico es laico y tiene que vivir como laico con la fuerza del bautismo, lo cual lo habilita para ser fermento del amor de Dios en la misma sociedad, para crear y sembrar esperanza, para proclamar la fe, no desde un púlpito sino desde su vida cotidiana. Y llevando su cruz cotidiana como la llevamos todos. Y la cruz del laico, no la del cura. La del cura que la lleve el cura que bastante hombro le dio Dios para eso».

Trabajo y justicia social

«La dignidad la tenemos por el trabajo, porque nos ganamos el pan, y eso nos hace mantener la frente alta. Pero cuando el trabajo no es lo primero sino que lo primero es la ganancia, la acumulación de dinero, ahí empieza una catarata descendente de degradación moral. Y termina esta catarata en la explotación de quien trabaja. Esta frase no es mía, la dijo ayer el Papa (por Benedicto XVI) en una audiencia (…) Justicia por estos hombres y mujeres sometidos a la trata de personas en cualquiera de los rubros: talleres clandestinos, prostitución, chicos sometidos en trabajos de granjas y los cartoneros que no han podido todavía unificarse, como algunos de ustedes lo han podido hacer gracias a Dios».

Afán de dinero

«El poder y el dinero son como la ginebra en ayunas: marean. La altura marea. Por eso cuanto más grande seas, cuanto más poder, más dinero, más prestigio tengas, más humilde tenés que ser. Los que se creen dueños de la vida no pueden convivir en la sociedad. El único dueño de la vida es Dios».

El pecado de la vanidad

«Como ejemplo de lo que es realmente la vanidad con frecuencia digo: mirad a un pavo real, si lo miras de frente es muy bonito. Pero si da algún paso y lo ves por detrás, te das cuenta de la realidad. Quien cede a esa vanidad en el fondo esconde una miseria muy grande».

Apostolado cristiano

«Buscamos el contacto con las familias que no acuden a las parroquias. En lugar de ser sólo una Iglesia que recibe, tratamos de ser una Iglesia que sale a la calle y va hacia los hombres y mujeres que no vienen, que no la conocen, que se han ido y que son indiferentes. Para ello organizamos misiones en las plazas donde se reúne mucha gente, rezamos, celebramos la misa, proponemos el bautismo que administramos después de una pequeña preparación. Es el estilo de las parroquias y de la misma diócesis».

Publicado originalmente por:
ABC.es

¿Son realmente católicas las “católicas por el derecho a decidir”?


PURA POSE Y PAMPLINAS

Publicado en web el 30 de Agosto, 2012

 

El problema de utilizar seudónimos
¿Son realmente católicas las católicas por el derecho a decidir?

 

Pbro. Modesto Lule Zavala

Misioneros Servidores de la Palabra

 

logo red cddalHace algún tiempo comenzó a aparecer en Internet una serie de videos titulados “Catolicadas”; y algunos, por ver en los dibujos animados a una monjita y a un cura, pensaron que eran de la Iglesia Católica. Y esto los ha confundido, ya que dichos videos critican los Dogmas religiosos y a la Iglesia en general. Todo esto es promovido por la Organización “Católicas por el Derecho a Decidir”. Así pues, algunos de quienes han visto estos videos me preguntan si realmente puede considerarse católicas a quienes pertenecen a ese membrete.

Yo les digo que no, y les pongo varios ejemplos: No por ponerse una playera de la Selección de México se es mexicano. No por colocarse una gorra de policía se es policía, y no por decirse católicas, quienes así lo proclaman, lo son verdaderamente. El nombre que utilizan es un seudónimo para llamar la atención y confundir a las personas. Y para que no quede duda, vamos decir cómo y cuándo nace este grupo de señoras feministas que están en contra de la Iglesia.

 

Bien definidas

 

2012-03-31-1pri7“Católicas por el Derecho a Decidir”, conocidas en su denominación norteamericana como (Catholics for a Free Choice), es una organización anti-vida que tiene varias finalidades: por un lado, ir en contra de la Iglesia Católica y sus enseñanzas; y por otro, la promoción constante del aborto, la anticoncepción, la esterilización, el lesbianismo, la homosexualidad, el feminismo radical y las doctrinas de la New Age (Nueva Era). Este organismo surgió en Estados Unidos en 1970.

Entre sus dirigentes están una ex religiosa, Frances Kissling, quien trabajó como Directora de una de las primeras Clínicas de Aborto Legal en Nueva York y es fundadora de la Federación Nacional del Aborto en la Unión Americana. Esta monjita, después que se salió del instituto religioso, se casó, pero al poco tiempo se separó de su pareja por ser de esas mujeres feministas radicales que en todo quieren que se imponga su ley. Pero, para empeorar un poco más el asunto, también estuvo al frente del organismo el ex Sacerdote Jesuita Joseph O’Rourke, expulsado de la Compañía de Jesús en 1974 por andar propagando estas ideas contrarias a la Doctrina Católica.

Fue así como los Obispos estadunidenses concluyeron afirmando que “Católicas por el Derecho a Decidir” contradice deliberadamente las enseñanzas esenciales de la fe católica, por lo que no pueden ser reconocidas como una organización perteneciente a esta fe, ni apoyárseles como tal. Y ahora no solamente lo dicen aquellos Prelados, sino los de México y de toda Latinoamérica, a donde se ha extendido esta agrupación, gracias a que recibe grandes cantidades de dinero.

 

No deciden derecho

 

¿Ahora ve usted de dónde sale tanta conveniencia? “Católicas por el Derecho a Decidir” tiene entradas por millones de dólares, y las cinco Fundaciones principales que sostienen a esta organización para sus actividades anti-vida y anti-católicas son: Ford, Sunnen, JD MacArthur, Gund, Fundación Pedagógica de América y, por si fuera poco, esa revista para adultos y que expone a la mujer como un objeto sexual: “Playboy”. Todo esto, y más, es lo que mueve y apoya a este grupo de mujeres, y ahora también a algunos hombres que defienden el derecho al aborto, la anticoncepción, la esterilización, el lesbianismo, la homosexualidad, el feminismo radical, las doctrinas de la New Age (Nueva Era). Andan buscando ser sacerdotisas para que, según ellas, ya no se discrimine a la mujeres.

Y, para que comprobar que solamente quieren engañar, a continuación transcribo algo de lo que publican en su Página de Internet: “Católicas por el Derecho a Decidir/ México, es una organización sin fines de lucro, integrada por personas católicas, que defiende los derechos humanos de mujeres y jóvenes, en especial sus derechos sexuales y reproductivos, incluyendo el acceso al aborto seguro y legal, desde una perspectiva ética, católica y feminista”.

Así pues, no se confundan. No basta con decir que somos parte de algo; hay que demostrarlo con los hechos, y ahí es donde no todos trabajamos parejo. No podemos decir que somos católicos y buscar hacer lo que a nosotros nos agrade. Todos saben que quien comete un aborto, ayudó a uno, lo promueve o está a favor de un aborto, está excomulgado. La palabra excomulgado quiere decir, simplemente, que no comulga con la Iglesia y que está fuera de ella. Eso es todo.

Y aunque alguien se diga que es católico, si se está a favor de todo lo que promueven estas mujeres o este grupo, simplemente se está excomulgado; es decir, fuera de la Iglesia Católica. No por ponerse el título de católico asegura a nadie llegar al Reino de los Cielos. En fin, no hay que dejarse confundir; hay que arriesgarse a conocer más de la fe católica y, sobre todo, a vivirla de tal manera que sirva de ejemplo e incite a otros a vivirla también.

teologomsp@gmail.com

Twitter: @modestolule

¿Un argumento invencible a favor del aborto?


¿Un argumento invencible a favor del aborto?

Publicado en web el 16 de Febrero, 2012

Lic. Lupita:

Explícame por qué una mujer debe abortar en un sitio inseguro, cuando ya el mundo está abierto a los abortos bien planeados en las Clínicas de Salud. La Organización Mundial de la Salud publicó el dato de que hay muchas muertes de mujeres por abortar en clínicas clandestinas. Yo trabajo con mujeres de escasos recursos y veo cómo los maridos las obligan a tener relaciones, y luego ellas tienen qué ver cómo le hacen para ya no tener más hijos porque los métodos que les dan en el Seguro Social les fallan. Yo pienso que hay razones por las que sí deberían permitir el aborto, al menos en ciertos casos.

Ernestina
Hermana mía, Tina:
El hecho de que trabajes con mujeres de escasos recursos me hace pensar que eres una persona de buen corazón. Tú quieres ayudar sinceramente a mujeres en situaciones difíciles, y esto es encomiable. Te felicito.
Desafortunadamente, estás enfrentando la realidad del dolor con una filosofía feminista que, lejos de apoyar a la mujer, la está hundiendo. Tu visión es superficial. El Padre Eduardo Pavanetti decía: “La superficialidad es la característica del niño, y tiene su origen en una especie de pereza intelectual y en el sentimentalismo”.
Las mujeres van al “Seguro” y les dan anticonceptivos porque consideran que esto es “ayudarlas”. ¿Para qué quieres que la mujer aborte? ¿Para que los machos sigan ‘usándola’ a su antojo?
En el fondo, el problema no es que la mujer quede embarazada, sino el hecho de que ella no es considerada como una persona con alta dignidad, sino sólo como un objeto de placer. La verdadera ayuda consistiría en educarla, mostrarle su alto valor, tanto a ella como a los hombres de este planeta. Educar para la virtud, y no mutilar mujeres y hombres como si fuesen vacas.
Cicerón afirmaba: “Nada hay mas dulce para la inteligencia, que la luz de la verdad”. Aunque la OMS afirme que hay muchísimas muertes por aborto clandestino, nosotros no podemos seguir adelante haciendo el daño atroz de asesinar niños inocentes y perjudicar para siempre la vida emocional de la mujer. El aborto ES UN ASESINATO. ¡Es mentira que sea un derecho!
Los embarazos no deseados nunca se solucionarán matando inocentes. Éstos deben prevenirse con educación y dignidad humana. El proceso para revertir esta cultura de muerte es educar para la vida, rechazando con fuerte convicción la mentalidad anticonceptiva, fuente provocadora de tantos males sociales actuales: infidelidades, infecciones de transmisión sexual, egoísmo e individualismo, prostitución, abusos, trata de blancas, maltrato a la mujer, muerte de inocentes, además de las muertes de las propias madres al intentar deshacerse de sus hijos, etc.
El dato que mencionas, externado por la OMS, fue el antecedente que le permitió al Presidente Obama informar a la nación estadunidense sobre la obligación, de los empleadores, de incluir abortivos en los Planes de Salud que ofrecen a sus empleados, como parte de una “atención preventiva”. Informó, incluso, a las organizaciones religiosas, que debían implementar esta estrategia anti-vida, aun cuando fuera en contra de sus principios. Pero la valiente respuesta de la Sociedad (de mayoría cristiana) condenó enérgica y generalizadamente tal medida.
Gracias a fuertes convicciones, pudieron llegar hasta el Presidente, quien es de notar que verdaderamente escuchó al pueblo que sirve, al declarar que los grupos religiosos tienen preocupaciones genuinas sobre los controles de natalidad, y arremetió contra otros grupos que tienen un deseo cínico de hacer del tema un juego político (Washington, CNN).
Mi querida Tina: hay mucho más en el fondo del tema del aborto. Es seguro que no estamos ayudando a la mujer cuando le decimos que puede abortar. Si en verdad amas a la mujer, ámala en la Verdad.

Lic. Lupita Venegas

Quitar la vida o no darla


El quinto mandamiento, no mataras… Continuación

Ricardo Sada Fernandez

Y ya que la vida es de Dios (y no de los padres o del Estado), se han de respetar las leyes divinas sobre su transmisión. Por eso, dentro de este precepto se incluye la anticoncepción. Se entiende por ella cualquier modificación introducida en el acto sexual, con objeto de impedir la fecundación. Los procedimientos van desde la esterilización, de la que ya hablamos, hasta la utilización de productos farmacológicos, como las píldoras, pasando por la interrupción del acto sexual (onanismo), o el empleo de dispositivos mecánicos, tanto por parte del hombre (preservativos), como de la mujer (por ejemplo, el dispositivo intrauterino).

La doctrina de la Iglesia ha sido siempre muy clara en este punto. Encuentra su fundamento no sólo en la naturaleza propia de las cosas (como los ojos son para ver, el acto sexual es para procrear), sino también en la Sagrada Escritura. Veamos el caso de Onán, que nos narra el libro del Génesis. Este personaje de triste memoria que ha dado su nombre al pecado de onanismo, usaba de su mujer evitando la descendencia. Pues bien, “era malo a los ojos de Yahvé lo que hacía Onán, y lo mató también a él” (Gen. 38, 10). Dios lo mató, porque lo que hacía era un crimen a sus ojos. Ahora ya no actúa enviando castigos sobre la vida perecedera, pero la advertencia de Dios sigue resonando y mira, sobre todo, a la vida eterna.

Por pertenecer a las enseñanzas, siempre en el mismo sentido que la Iglesia ha hecho en esta materia, apoyada en las verdades de fe, esta doctrina no ha variado ni puede variar en la Iglesia. Ella enseña que es Dios, y no una autoridad humana, quien de modo expreso, rotundo y absoluto condena cualquier método anticonceptivo. Ya en el siglo XVI, el Magisterio declaró: “es gravísimo el pecado de los que unidos en matrimonio, o impiden la concepción o promueven el aborto” (Catecismo Romano). El Papa Pío XI a su vez, enseñó que “cualquier uso del matrimonio, en el que maliciosamente quede el acto destituido de su propia natural virtud procreativa, va contra la ley de Dios y contra la ley natural, y los que tal cometen se hacen culpables de un grave delito” (Enc. Casti Connubii). Y el texto clave de la Encíclica Humanae Vitae afirma que es intrínsecamente deshonesta “toda acción que, o en previsión del acto conyugal o en su realización, o en el desarrollo de sus consecuencias naturales, se proponga, como fin o como medio, hacer imposible la procreación” (n. 14).

Sin embargo, con su Sabiduría infinita, Dios dispuso que no de todo acto conyugal se siguiera una nueva vida. La decisión de hacer uso del matrimonio sólo en los periodos infecundos de la mujer no contraría la función propia de las cosas -no atenta al orden natural- y es, por tanto, el único medio lícito para evitar la procreación dentro del matrimonio. Es un reto para los investigadores (no para la Iglesia), descubrir el método con el que los esposos puedan saber cuándo empieza y cuándo termina un periodo infecundo. Según el testimonio de muchos matrimonios, esto ya se logra con el sistema del doctor Billings y otros métodos, también naturales, y las fallas habría que atribuirlas no al método, sino a quienes lo emplean sin el cuidado y la paciencia que requiere.

Pero es importante evitar las generalizaciones. La Iglesia enseña que “para espaciar los nacimientos” es necesario que haya “serios motivos, derivados de las condiciones físicas o psicológicas de los cónyuges o de las circunstancias externas”. “Entonces, es lícito tener en cuenta los ritmos naturales inherentes a las funciones generadoras para usar el matrimonio sólo en los periodos infecundos y así regular la natalidad sin violar los principios morales” (Humanae Vitae, n. 16). En documentos análogos la Iglesia utiliza expresiones del tenor siguiente: “causas de fuerza mayor”, “motivos morales suficientes y seguros”, “inconvenientes notables”, “razones graves personales o derivadas de circunstancias externas”, etcétera.

En resumen, la decisión de recurrir al acto conyugal sólo en periodos infecundos es lícita si existen serios motivos. Pero, ¿cuál es la causa por la que la continencia periódica sea lícita sólo con razones graves? Quizá nos ayude a comprenderla al pensar que Dios, en su Providencia, tiene dispuesto desde toda la eternidad el número de hijos que cada matrimonio debe tener. Si Él es infinito, y nada escapa a sus planes, mucho menos algo de tanta importancia como el número de almas que están destinadas a un fin imperecedero, es decir, que “serán” por toda la eternidad. Es por ello que Santo Tomás de Aquino hablando del incumplimiento de este deber llega a afirmar que “después del pecado de homicidio, que destruye la naturaleza humana ya formada, tal género de pecado parece seguirle, por impedir la generación de ella” (Contra Gentiles, III, 122).

Los esposos habrán de responder ante Dios de cómo han facilitado la obra creadora y habrán de dar cuenta del empeño que han puesto u omitido para que se cumplan los designios divinos. Lo “natural” es que los matrimonios reciban con generosidad los hijos que Dios les envíe, y que si se presentan circunstancias graves que aconsejen los medios naturales de evitar un nuevo hijo, esas circunstancias se reciban como algo extraordinario y con el ánimo de poner los medios para que desaparezcan los obstáculos. De lo contrario habría falta de rectitud, de intención, es decir, el ánimo de no aceptar la Voluntad de Dios.

Y nunca habrá que olvidar lo que enseña el Concilio Vaticano II: “Entre los cónyuges que cumplen la misión que Dios les ha confiado, son dignos de mención muy especial los que, de común acuerdo bien ponderado, aceptan con magnanimidad una prole más numerosa para educarla dignamente” (Gaudium et spes, 50). Dios asiste ciertamente, de modo muy especial, a las familias numerosas, que ven siempre compensado su esfuerzo con una alegría honda y duradera.

Aborto


Aurelio Fernández

Ello exige que se proteja y defienda también la concebida y aún no nacida. En consecuencia, la moral cristiana defiende siempre la protección del feto antes de nacer. Lo contrario, es el “aborto”.

El término aborto deriva de «ab-ortus», o sea, etimológicamente, significa «privar de nacimiento». Pero el verbo latina «aborior» significa también «matar». Par consiguiente, abortar significa matar a un ser de la especie humana. Consecuentemente, por exigencias de rigor intelectual, se ha de rechazar otra terminología falsa, cargada de eufemismo, tal como «interrupción voluntaria del embarazo», pues «interrumpir» significa que algo, después de interrumpirse, puede ser nuevamente reanudado. Lo contrario del aborto, que «suprime» una vida sin posibilidad alguna de «reanudarla».

El fenómeno del aborto es bien conocido y practicado en todas las épocas des de la antigüiedad. Pero, en nuestro tiempo tiene dos características nuevas: Primera: la cantidad enorme de abortos provocados. Segunda: que la práctica del aborto este legitimada por las instancias jurídicas de los Estados. Ambas circunstancias gravan la práctica del aborto hasta el punto de que no pocos hombres de nuestro tiempo juzgan la práctica del aborto y su legalización como uno de los errores y de los horrores mas graves de nuestro tiempo.

Esta condena no puede considerarse ni exagerada ni extemporánea, dado que desde el inicio de la ética y de la ciencia médica ha sido condenada. Por ejemplo, en el primer Código Ético de la Medicina, el Juramento Hipocrático (siglo V antes de Cristo), lo condena en los siguientes términos: «Jamás daré a nadie medicamento mortal, por mucho que me lo soliciten; ni administraré abortivo a mujer alguna».

Como es lógico, a esta condena se suma la entera tradición de la Iglesia desde su inicio y también el magisterio de todos los tiempos. En efecto, los escritos de los Padres abundan en testimonios de condena. Se contiene ya en el primer documenta conocido: La Didajé sentencia: «No matarás a tu hijo en el seno de la madre»(1) 8. Y Tertuliano escribe: «Es un homicidio anticipado el impedir el nacimiento; poco importa que se suprima la vida ya nacida o que se la haga desaparecer al nacer. Es un hombre el que está en camino de serlo» (2) 9.

Con la misma contundencia, se repiten los testimonios del magisterio a lo largo de la historia. Baste con citar este de Juan Pablo II, que destaca por el tono magisterial con que se expresa:

«Con la autoridad que Cristo confirió a Pedro y a sus Sucesores, en comunión con todos los Obispos -que en varias ocasiones han condenado el aborto y que en la consulta citada anteriormente sobre esta doctrina han concordado unánimemente-, declaro que el aborto directo, es decir, querido como fin o como medio, es siempre un desorden moral grave, en cuanto eliminación deliberada de un ser humano inocente. Esta doctrina se fundamenta en la ley natural y en la Palabra de Dios escrita; es transmitida por la Tradición de la Iglesia y enseñada por el Magisterio ordinario y universal» (EV 62).

El aborto es un hecho tan grave, que está prohibido y castigado como un delito en los diversos Códigos Civiles de los Estados. La «ley del aborto» en si misma injusta- sólo lo despenaliza en algunos supuestos igualmente injustos. Como es lógico, a partir de que todo aborto mata la vida de un ser humano, la Iglesia lo condena y lo agrava con una censura, la «excommunion latae senrenciae»; es decir, que se cae en excomunión por el hecho mismo de procurar el aborto, si se ha producido (cf CIC, 1398). El rigor de esta pena se aclara por los obispos de España con estas palabras:

“La excomunión significa que un cató1ico queda privado de recibir los sacramentos mientras no le sea levantada la pena: no se puede confesar válidamente, no puede acercarse a comulgar, no se puede casar por la Iglesia, etc. El excomulgado queda también privado de desempeñar cargos en la organización de la Iglesia”(3) 10.

La condena del aborto es ya una demanda científica, dado que los avances de la medicina muestran que, desde la concepción, el cigoto tiene su propio código genético, de forma que constituye un individuo distinto de su madre. Esto indica que el aborto elimina un ser de la especie humana. Del tema nos ocupamos más ampliamente en el Capítulo IX.

Es preciso dejar claro que el aborto no es sólo una cuestión religiosa, sino también un problema de civilización y de cultura, tal como señala Julián Marías:

“Creo que es un grave error plantear esta cuestión (el aborto) desde una perspectiva religiosa: se esta difundiendo la actitud que considera que para los cristianos (o acaso «para los católicos») el aborto es reprobable con lo cual se supone que para los que no lo son puede ser aceptable y lícito. Pero la ilicitud del aborto nada tiene que ver con la fe religiosa, ni aun con la mera creencia en Dios; se funda en meras razones antropológicas, y en esta perspectiva hay que plantear la cuestión. Los cristianos pueden tener un par de razones más para rechazar el aborto; pueden pensar que, además de un crimen, es un pecado. En el mundo en que vivimos hay que dejar esto -por importante que sea- en segundo lugar, y atenerse por lo pronto a lo que es válido para todos, sea cualquiera su religión o irreligión. Y pienso que la aceptación social del aborto es lo más grave moralmente que ha ocurrido, sin excepción, en el siglo XX”(4) 11.

La doctrina cristiana parte de este elemental supuesto: Es incuestionable que la vida humana es un don que por si misma tiene un valor inestimable. Por ello se ha de juzgar que también s estimable cuando va acompañada de ciertas limitaciones, como son, por ejemplo, la vida del enfermo, del minusválido, el anciano, o la de un adulto desesperanzado que vive en situación calamitosa… Estas y otras circunstancias -si bien en ocasiones son en si dolorosas- permiten concluir que los adjetivos «nacido-no nacido», «sano-enfermo», «normal-subnormal», «joven-anciano» no hacen mas que calificar la vida, pero en ningún caso se puede renegar de ella. Esta consideración es aún más de ponderar cuando se cree en la vida eterna. En efecto, toda existencia humana, aún la del mayor discapacitado, desde que ha tocado la existencia, está destinada a vivir eternamente feliz en una vida posmortal en la presencia y en la felicidad eterna y amorosa de Dios.

Una evidencia se manifiesta en este mandamiento: la apuesta por la vida. En efecto, la moral cristiana defiende, sin fisura ni excepción alguna, la grandeza de la vida humana. La dignidad del hombre y de la mujer se inicia desde el momento de la concepción: allí donde surge la vida humana, como fruto del amor esponsalicio, se da una íntima cooperación entre Dios y el hombre. Por ello, la vida concebida, aún antes de nacer, merece siempre y en cualquier circunstancia el mayor respeto por parte de todos y este bien debe ser reconocido y garantizado por un sistema jurídico justo.

NOTAS:

(1) Didajé, v, 2.
(2)TERTULIANO, Apologeticum IX. 8. PL I, 320.
(3)CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA. Comité Episcopal para la defensa de la vida, El aborto.100 cuestiones y respuestas sobre la defensa de la vida, 83 Madrid 1991.
(4) J.. MARÍAS. Problemas del Cristianismo. BAC. Madrid 1979,61-62. Las noticias confirman cada día con más insistencia que crece entre los juristas y políticos la idea de frenar la escalada del aborto legislado.

SIGLAS:

CEC: Catecismo Iglesia Católica
HV: Humanae Vitae
DV: Instrucción Donum vitae
EV: Evangelium Vitae