Catequesis sobre los sacramentos: Eucaristía


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PAPA FRANCISCO

AUDIENCIA GENERAL

Plaza de San Pedro
Miércoles 12 de febrero de 2014

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Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En la última catequesis destaqué cómo la Eucaristía nos introduce en la comunión real con Jesús y su misterio. Ahora podemos plantearnos algunas preguntas respecto a la relación entre la Eucaristía que celebramos y nuestra vida, como Iglesia y como cristianos. ¿Cómo vivimos la Eucaristía? Cuando vamos a misa el domingo, ¿cómo la vivimos? ¿Es sólo un momento de fiesta, es una tradición consolidada, es una ocasión para encontrarnos o para sentirnos bien, o es algo más?

Hay indicadores muy concretos para comprender cómo vivimos todo esto, cómo vivimos la Eucaristía; indicadores que nos dicen si vivimos bien la Eucaristía o no la vivimos tan bien. El primer indicio es nuestro modo de mirar y considerar a los demás. En la Eucaristía Cristo vive siempre de nuevo el don de sí realizado en la Cruz. Toda su vida es un acto de total entrega de sí por amor; por ello, a Él le gustaba estar con los discípulos y con las personas que tenía ocasión de conocer. Esto significaba para Él compartir sus deseos, sus problemas, lo que agitaba su alma y su vida. Ahora, nosotros, cuando participamos en la santa misa, nos encontramos con hombres y mujeres de todo tipo: jóvenes, ancianos, niños; pobres y acomodados; originarios del lugar y extranjeros; acompañados por familiares y solos… ¿Pero la Eucaristía que celebro, me lleva a sentirles a todos, verdaderamente, como hermanos y hermanas? ¿Hace crecer en mí la capacidad de alegrarme con quien se alegra y de llorar con quien llora? ¿Me impulsa a ir hacia los pobres, los enfermos, los marginados? ¿Me ayuda a reconocer en ellos el rostro de Jesús? Todos nosotros vamos a misa porque amamos a Jesús y queremos compartir, en la Eucaristía, su pasión y su resurrección. ¿Pero amamos, como quiere Jesús, a aquellos hermanos y hermanas más necesitados? Por ejemplo, en Roma en estos días hemos visto muchos malestares sociales o por la lluvia, que causó numerosos daños en barrios enteros, o por la falta de trabajo, consecuencia de la crisis económica en todo el mundo. Me pregunto, y cada uno de nosotros se pregunte: Yo, que voy a misa, ¿cómo vivo esto? ¿Me preocupo por ayudar, acercarme, rezar por quienes tienen este problema? ¿O bien, soy un poco indiferente? ¿O tal vez me preocupo de murmurar: Has visto cómo está vestida aquella, o cómo está vestido aquél? A veces se hace esto después de la misa, y no se debe hacer. Debemos preocuparnos de nuestros hermanos y de nuestras hermanas que pasan necesidad por una enfermedad, por un problema. Hoy, nos hará bien pensar en estos hermanos y hermanas nuestros que tienen estos problemas aquí en Roma: problemas por la tragedia provocada por la lluvia y problemas sociales y del trabajo. Pidamos a Jesús, a quien recibimos en la Eucaristía, que nos ayude a ayudarles.

Un segundo indicio, muy importante, es la gracia de sentirse perdonados y dispuestos a perdonar. A veces alguien pregunta: «¿Por qué se debe ir a la iglesia, si quien participa habitualmente en la santa misa es pecador como los demás?». ¡Cuántas veces lo hemos escuchado! En realidad, quien celebra la Eucaristía no lo hace porque se considera o quiere aparentar ser mejor que los demás, sino precisamente porque se reconoce siempre necesitado de ser acogido y regenerado por la misericordia de Dios, hecha carne en Jesucristo. Si cada uno de nosotros no se siente necesitado de la misericordia de Dios, no se siente pecador, es mejor que no vaya a misa. Nosotros vamos a misa porque somos pecadores y queremos recibir el perdón de Dios, participar en la redención de Jesús, en su perdón. El «yo confieso» que decimos al inicio no es un «pro forma», es un auténtico acto de penitencia. Yo soy pecador y lo confieso, así empieza la misa. No debemos olvidar nunca que la Última Cena de Jesús tuvo lugar «en la noche en que iba a ser entregado» (1 Cor 11, 23). En ese pan y en ese vino que ofrecemos y en torno a los cuales nos reunimos se renueva cada vez el don del cuerpo y de la sangre de Cristo para la remisión de nuestros pecados. Debemos ir a misa humildemente, como pecadores, y el Señor nos reconcilia.

Un último indicio precioso nos ofrece la relación entre la celebración eucarística y la vida de nuestras comunidades cristianas. Es necesario tener siempre presente que la Eucaristía no es algo que hacemos nosotros; no es una conmemoración nuestra de lo que Jesús dijo e hizo. No. Es precisamente una acción de Cristo. Es Cristo quien actúa allí, que está en el altar. Es un don de Cristo, quien se hace presente y nos reúne en torno a sí, para nutrirnos con su Palabra y su vida. Esto significa que la misión y la identidad misma de la Iglesia brotan de allí, de la Eucaristía, y allí siempre toman forma. Una celebración puede resultar incluso impecable desde el punto de vista exterior, bellísima, pero si no nos conduce al encuentro con Jesucristo, corre el riesgo de no traer ningún sustento a nuestro corazón y a nuestra vida. A través de la Eucaristía, en cambio, Cristo quiere entrar en nuestra existencia e impregnarla con su gracia, de tal modo que en cada comunidad cristiana exista esta coherencia entre liturgia y vida.

El corazón se llena de confianza y esperanza pensando en las palabras de Jesús citadas en el Evangelio: «El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día» (Jn 6, 54). Vivamos la Eucaristía con espíritu de fe, de oración, de perdón, de penitencia, de alegría comunitaria, de atención hacia los necesitados y hacia las necesidades de tantos hermanos y hermanas, con la certeza de que el Señor cumplirá lo que nos ha prometido: la vida eterna. Que así sea.


Saludos

Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los miembros de la Hermandad matriz de Nuestra Señora del Rocío, acompañados por el Obispo de Huelva, así como a los demás grupos provenientes de España, México, Argentina y otros países latinoamericanos. Invito a todos a vivir la Eucaristía con espíritu de fe y de oración, sabiendo que quien come el Cuerpo de Cristo y bebe su Sangre tendrá la vida eterna. Muchas gracias.

(A los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados)

Un pensamiento especial dirijo a los jóvenes, a los enfermos y a los recién casados. El viernes próximo celebraremos la fiesta de los santos Cirilo y Metodio, evangelizadores de los pueblos eslavos y patronos de Europa. Que su testimonio os ayude a vosotros, queridos jóvenes, a llegar a ser en cada ambiente discípulos misioneros; os aliento a vosotros, queridos enfermos, a ofrecer vuestros sufrimientos por la conversión de los pecadores; que sea ejemplo para vosotros, queridos recién casados, a hacer del Evangelio la norma fundamental de vuestra vida familiar.


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Catequesis sobre los sacramentos: Eucaristía


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PAPA FRANCISCO

AUDIENCIA GENERAL

Plaza de San Pedro
Miércoles 5 de febrero de 2014

Vídeo

 

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy os hablaré de la Eucaristía. La Eucaristía se sitúa en el corazón de la «iniciación cristiana», juntamente con el Bautismo y la Confirmación, y constituye la fuente de la vida misma de la Iglesia. De este sacramento del amor, en efecto, brota todo auténtico camino de fe, de comunión y de testimonio.

Lo que vemos cuando nos reunimos para celebrar la Eucaristía, la misa, nos hace ya intuir lo que estamos por vivir. En el centro del espacio destinado a la celebración se encuentra el altar, que es una mesa, cubierta por un mantel, y esto nos hace pensar en un banquete. Sobre la mesa hay una cruz, que indica que sobre ese altar se ofrece el sacrificio de Cristo: es Él el alimento espiritual que allí se recibe, bajo los signos del pan y del vino. Junto a la mesa está el ambón, es decir, el lugar desde el que se proclama la Palabra de Dios: y esto indica que allí se reúnen para escuchar al Señor que habla mediante las Sagradas Escrituras, y, por lo tanto, el alimento que se recibe es también su Palabra.

Palabra y pan en la misa se convierten en una sola cosa, como en la Última Cena, cuando todas las palabras de Jesús, todos los signos que realizó, se condensaron en el gesto de partir el pan y ofrecer el cáliz, anticipo del sacrificio de la cruz, y en aquellas palabras: «Tomad, comed, éste es mi cuerpo… Tomad, bebed, ésta es mi sangre».

El gesto de Jesús realizado en la Última Cena es la gran acción de gracias al Padre por su amor, por su misericordia. «Acción de gracias» en griego se dice «eucaristía». Y por ello el sacramento se llama Eucaristía: es la suprema acción de gracias al Padre, que nos ha amado tanto que nos dio a su Hijo por amor. He aquí por qué el término Eucaristía resume todo ese gesto, que es gesto de Dios y del hombre juntamente, gesto de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre.

Por lo tanto, la celebración eucarística es mucho más que un simple banquete: es precisamente el memorial de la Pascua de Jesús, el misterio central de la salvación. «Memorial» no significa sólo un recuerdo, un simple recuerdo, sino que quiere decir que cada vez que celebramos este sacramento participamos en el misterio de la pasión, muerte y resurrección de Cristo. La Eucaristía constituye la cumbre de la acción de salvación de Dios: el Señor Jesús, haciéndose pan partido por nosotros, vuelca, en efecto, sobre nosotros toda su misericordia y su amor, de tal modo que renueva nuestro corazón, nuestra existencia y nuestro modo de relacionarnos con Él y con los hermanos. Es por ello que comúnmente, cuando nos acercamos a este sacramento, decimos «recibir la Comunión», «comulgar»: esto significa que en el poder del Espíritu Santo, la participación en la mesa eucarística nos conforma de modo único y profundo a Cristo, haciéndonos pregustar ya ahora la plena comunión con el Padre que caracterizará el banquete celestial, donde con todos los santos tendremos la alegría de contemplar a Dios cara a cara.

Queridos amigos, no agradeceremos nunca bastante al Señor por el don que nos ha hecho con la Eucaristía. Es un don tan grande y, por ello, es tan importante ir a misa el domingo. Ir a misa no sólo para rezar, sino para recibir la Comunión, este pan que es el cuerpo de Jesucristo que nos salva, nos perdona, nos une al Padre. ¡Es hermoso hacer esto! Y todos los domingos vamos a misa, porque es precisamente el día de la resurrección del Señor. Por ello el domingo es tan importante para nosotros. Y con la Eucaristía sentimos precisamente esta pertenencia a la Iglesia, al Pueblo de Dios, al Cuerpo de Dios, a Jesucristo. No acabaremos nunca de entender todo su valor y riqueza. Pidámosle, entonces, que este sacramento siga manteniendo viva su presencia en la Iglesia y que plasme nuestras comunidades en la caridad y en la comunión, según el corazón del Padre. Y esto se hace durante toda la vida, pero se comienza a hacerlo el día de la primera Comunión. Es importante que los niños se preparen bien para la primera Comunión y que cada niño la reciba, porque es el primer paso de esta pertenencia fuerte a Jesucristo, después del Bautismo y la Confirmación.

 


Saludos

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, Argentina y otros países latinoamericanos. Pidamos que la celebración de la Eucaristía mantenga siempre viva a la Iglesia, y haga que nuestras comunidades se distingan por la caridad y la comunión. Muchas gracias.

 


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Fuente: vatican.va

Sobre los Milagros Eucarísticos


Publicado en web el 8 de agosto, 2013

Querida Lupita:
Me emocioné mucho con el Acontecimiento Eucarístico que ocurrió recientemente aquí en Guadalajara. No sé por qué lo quitaron, pues muchas personas vuelven a hacerse devotas cuando pasan estas cosas sobrenaturales. Por otro lado, me di cuenta de que los Medios de Comunicación le dieron mucha cobertura, pero como para hacer ver que los católicos somos fanáticos y que creemos en cosas absurdas. ¿Cómo puedo explicar a mis conocidos que este fenómeno es algo científicamente comprobable?
Rebeca.

Muy estimada Rebe:
Capilla CuquíoLa Iglesia siempre ha actuado con prudencia frente a los acontecimientos que pueden ser considerados milagrosos, o como tú les llamas, sobrenaturales. Fue por ello que nuestro Arzobispo tomó la sabia decisión de nombrar un Comisión de Especialistas y pedir un plazo para que se estudie rigurosamente este hecho.
Pero, entretanto, tenemos nosotros la oportunidad de reflexionar profundamente en este Sacramento portentoso que es la Eucaristía. Jesús se hace presente realmente en el pan y el vino. Todo Él, su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad están ahí después de la Consagración (durante la Santa Misa), pues Cristo mismo lo dijo: “Yo soy el pan vivo bajado del Cielo. Si alguno come de este pan, vivirá para siempre, y el pan que Yo les daré es mi carne. “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna, y Yo lo resucitaré el último día”. Son palabras duras de entender; los Evangelios mismos así lo señalan, y las personas que las escucharon directamente, aun habiendo sido testigos de los milagros de Jesús, se preguntaban: “¿Quién puede oírlas?”
Los católicos sabemos estas verdades y creemos en ellas porque son revelaciones del mismo Jesucristo. Los Apóstoles predicaron esta Doctrina desde el nacimiento de la Iglesia, y no fue sino hasta el Siglo XI cuando por primera vez se puso en duda la Presencia Real de Jesús Eucaristía, cuando Berengario enseñaba que Cristo sólo había hablado en sentido figurado. Como respuesta a esta herejía, se promovieron tres Concilios, permaneciendo indiscutida la Doctrina de la Presencia Real. Después, en el Siglo XVI, Lutero y el protestantismo insistieron en negar aquella afirmación hecha por el mismo Dios hecho hombre.
El Padre Jorge Loring nos explica que los Milagros Eucarísticos comprobados son pruebas visibles y patentes de la Presencia Real de Jesucristo en las especies sacramentales (pan y vino) para confirmar nuestra Fe en la Eucaristía y aumentar nuestra devoción al Santísimo Sacramento.
Decía San Agustín: “Si quieres que Dios sea tu casa en el Cielo, sé tú su casa en el suelo”.
Hay que entender, pues, esta maravilla del Amor de Dios que se queda entre nosotros. San Juan de la Cruz afirmaba que, a través de la Eucaristía, Cristo nos transforma y nuestra vida se hace más divina que humana. Al comer el Cuerpo de Cristo, Dios nos transforma en Él. Cuando tomo un alimento lo transformo en mí; cuando comulgo, Dios me transforma en Él.
Si comulgamos no es porque seamos estupendas personas, sino que lo hacemos para serlo; no comulgamos porque amamos mucho, sino para amar de verdad.
Las exigencias cristianas no pueden vivirse sin este alimento espiritual. Si queremos mejorar nuestra relación matrimonial y familiar, alimentemos nuestra alma.
Independientemente de que tengamos los Milagros Eucarísticos, que hay muchos científicamente comprobados (el más importante de ellos es el llamado De Lanciano, donde el pan se convirtió en carne, tejido de un corazón humano vivo, y el vino en sangre verdadera, siempre fresca, tipo AB positivo), el milagro que debemos pedir es el de nuestra propia transformación. Una manifestación divina no tiene sentido si no es capaz de llevarnos a dejar nuestra vida de pecado para iniciar, cuanto antes, un camino de conversión.

Lupita Venegas

Fuente: Semanario.com.mx

El milagro diario


Publicado en web el 1 de agosto, 2013

La Iglesia ofrece verdades bien sustentadas

El Milagro Eucarístico ocurre todos los días, y a él no sólo estamos invitados como testigos, sino también como partícipes del Cuerpo y la Sangre de Cristo mediante las especies consagradas, afirman Autoridades Eclesiásticas.

Sonia Gabriela Ceja Ramírez

La doctrina jurídica de la Iglesia Católica manifiesta que cuando haya un hecho extraordinario, fuera de lo común, se tomen las debidas precauciones para conocer si éste puede explicarse con causas naturales o si es necesario investigar más a fondo, a fin de conocer si excede lo natural y se constata como un verdadero hecho milagroso”, afirmó Monseñor Ramiro Valdés Sánchez, Vicario General de la Arquidiócesis de Guadalajara, quien ha sido instruido por el Cardenal José Francisco Robles Ortega, Arzobispo Metropolitano y máxima Autoridad de esta Iglesia local, para que encabece la correspondiente investigación sobre un supuesto milagro Eucarístico.

Qué dice Santo Tomás

Los teólogos medievales profundizaron el tema de los Milagros Eucarísticos (muy frecuentes en aquellos tiempos), de los que han dado diversas interpretaciones. Una de las más fundadas y razonables podría ser la del “Doctor eucarístico” por excelencia, es decir, Santo Tomás de Aquino (Cf. Summa Teologica III, q. 6, a. 8).
Él dice que el Cuerpo y la Sangre que aparecen luego del milagro se deben a la transformación de las especies eucarísticas, es decir, de los accidentes, y no tocan la verdadera sustancia del Cuerpo y de la Sangre de Jesús. Es decir, la especie del pan y del vino vienen transformadas milagrosamente en especie de carne y sangre; sin embargo, el verdadero Cuerpo y la verdadera Sangre no son aquello que aparece, sino aquello que, aun antes del milagro, estaban escondidos bajo la especie del pan y del vino.
Si la carne y la sangre que aparecen fuesen verdaderamente la Carne y la Sangre de Jesús tendríamos que decir que Jesús Resucitado, que reina impasible a la derecha del Padre, pierde una parte de su Carne o de su sangre. Ésta sería una afirmación inadmisible.
(FUENTE: “Los Milagros Eucarísticos”, Padre Roberto Coggi, O.P.).

Una presencia milenaria

Mons“El Evangelio nos dice que el Señor Jesús prometió darnos su Cuerpo y su Sangre como alimento en el Pan consagrado y en el Vino bendecido. Lo dice claramente el Evangelio y también la Carta de San Pablo a los Corintios, en una narración de la Cena del Señor en la que promete dar, hasta el final de los tiempos, su Cuerpo como alimento y su Sangre como bebida.
“Sabemos, por la Fe, que en el Pan consagrado y el Vino bendecido está el Señor Jesús con su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad. Sin embargo, algunas veces, como ya ha acontecido a lo largo de la Historia, hay hechos portentosos a los que se les ha llamado Milagros Eucarísticos”, señaló el Vicario General.

Lo ocurrido en Guadalajara

“El miércoles 24 de julio, un Sacerdote, el señor Cura José Dolores Castellanos Gudiño, Párroco de la comunidad de María Madre de la Iglesia, señaló haber recibido un mensaje en el que se le ordenaba que abriese el Sagrario (un Sagrario de su devoción personal), en el que encontraría algo extraordinario.
“Él lo abrió, y en un pequeño relicario donde tenía una Hostia Consagrada, vio que en su color, ordinariamente blanco, aparecía una porción en blanco, como tejido humano; otra porción en un color semejante al carmesí, como el color de la carne; y otra porción con un color rojo encendido, como la sangre.
“Según lo dicho por este Padre, la voz que le habló le indicó que publicase este hallazgo y que repicase las campanas a las 3 de la tarde para que la gente concurriera; y que a las 7 de la tarde, en la Misa que habría de celebrar, se lo comunicara a la Asamblea.
“Entonces la gente, al conocer esta noticia, acudió multitudinariamente con curiosidad, y quizá algunos también con devoción, pero más bien atraída por lo extraordinario del acontecimiento”, narró Monseñor Valdés.

¿Qué se hace en estos casos?

“Hasta el momento, la Autoridad Eclesiástica de la Arquidiócesis tapatía, cuyo máximo representante es el Arzobispo, tiene que investigar este fenómeno; es decir, si en realidad se trata de una Hostia sangrante.
“Primero, debe recabar el testimonio de tres personas que estuvieron en el acto; obviamente, en este caso, el Párroco, en primer lugar; quienes deben manifestarlo por escrito.
“Después, se ha de integrar un Equipo Técnico de Peritos: Médicos, Químicos, Biólogos, personas especializadas en técnicas científicas modernas, quienes deben de investigar a qué se debe el colorido de la Hostia, y si es que esto tiene una explicación racional o si es inexplicable.
“Mientras esto ocurre, añadió el Canónigo Ramiro Valdés, la Iglesia de Guadalajara, a través de su Arzobispo Cardenal, ha indicado que no se exponga a la mirada del pueblo esa Hostia y que se reserve en un lugar seguro, en un sagrario”.
Informó, asimismo, que los estudios correspondientes se harán en Guadalajara, dado que nuestra ciudad cuenta con científicos especializados que pueden dar respuestas acertadas y convincentes.

“El Evangelio nos dice que el Señor Jesús prometió darnos su Cuerpo y su Sangre como alimento en el Pan consagrado y en el Vino bendecido.”

La Santa Sede no ha sido notificada

2013-07-24 16.00El Vicario General aclaró que, si bien no está permitido que los Sacerdotes tengan un Sagrario “personal”, sí puede otorgarse el permiso de que el Sagrario esté en un Oratorio o Capilla particular, que puede pertenecer, por ejemplo, a una comunidad religiosa. El Sacerdote también podrá tenerlo, si lo requiere, para Grupos de Retiros Espirituales o alguna otra actividad grupal que requiera distribuir la Sagrada Comunión; pero para eso se necesita previa autorización.
Ante el cuestionamiento de si debe darse conocimiento a la Santa Sede de lo ocurrido en la Parroquia María Madre de la Iglesia, nuestro entrevistado apuntó: “De momento, no. Hasta que se haga la investigación, entonces el Arzobispo sabrá qué reportar. De momento, la Arquidiócesis de Guadalajara tiene la competencia para hacer las investigaciones pertinentes”.
Si bien existen registros de Milagros Eucarísticos ocurridos desde el Siglo II de la Historia de la Iglesia, no son hechos que sucedan de manera frecuente. “Hace como 700 años, en Orvieto, Italia, sucedió algo semejante.

No se sabe cuándo volverá a ser expuesta

Monseñor Valdés Sánchez, también Párroco de El Sagrario Metropolitano, reconoció que estos sucesos son algo muy inusual en la Iglesia, y que él tiene más experiencia sobre milagros referentes a Procesos de Beatificación y Canonización de los Santos.
“En esos casos, se constituye un Tribunal integrado por un Delegado Episcopal, un Promotor de Justicia, un Notario y un grupo de testigos para tomarles sus declaraciones. Una vez hecho eso, se consulta a Médicos peritos para que hagan sus observaciones y proporcionen un dictamen.
“En las Causas de Canonización y de Beatificación sí deben remitirse, los milagros ocurridos, a la Congregación de Causas de los Santos, en Roma, para que allá también hagan las investigaciones necesarias y los certifiquen.
“Igualmente, en lo que respecta a Beatificaciones y Canonizaciones, el Código de Derecho Canónico señala que se deben dejar pasar cinco años después de que la persona fallece, para iniciar el Proceso, pero en el caso como el de esta Hostia que supuestamente sangra, no hay un lapso determinado, sino que las investigaciones tomarán el tiempo que sea necesario”.
El alto dignatario de la Arquidiócesis dejó en claro que, por el momento, la Hostia no se volverá a exponer al público: “Se ha dado la orden de que se guarde, con el debido respeto, mientras se investiga, y así se ha hecho”.

Reavivemos nuestro amor a Jesús Eucaristía

“Si quieren ustedes ver un prodigio y un milagro todos los días, acudan al templo más cercano, porque ahí el Señor se hace presente”, afirmó Monseñor José Leopoldo González González, Obispo Auxiliar de Guadalajara.
Respecto al supuesto Milagro Eucarístico que está siendo analizado y que tuvo lugar en la Parroquia María Madre de la Iglesia, en la Colonia Jardines de la Paz, el Prelado enfatizó que la Iglesia es prudente, escrupulosa y cautelosa, y pretende estudiar muy bien este hecho que, sin duda, nos recuerda que Dios está acompañándonos de modo sacramental, y será una ocasión también para que reavivemos este don de la Fe, particularmente en este Año de la Fe que concluirá el 24 de noviembre.
Monseñor Leopoldo González advirtió: “En Guadalajara tuvimos la fortuna de que en 2004 se celebrara el 48° Congreso Eucarístico Internacional; fueron días de reflexión en torno al Misterio de la Eucaristía, en torno al Misterio de Cristo real, presente y vivo en las especies Eucarísticas.
“También tuvimos la oportunidad de adorar al Señor en distintos templos y luego a través de la Solemne Procesión que, como recordarán, se llevó a cabo del Templo Expiatorio hacia la Catedral. Con estos actos, el Pueblo de Dios mostró su agradecimiento por la Institución de la Eucaristía, del Sacerdocio; y junto con la Eucaristía se nos hizo un llamado a la Caridad. Con todo esto, nos dimos cuenta de que el pueblo católico de México es un pueblo Eucarístico.
A partir de este Congreso se abrieron en nuestros templos varias Capillas para la Adoración Eucarística; actualmente, son numerosas las Parroquias que tienen Adoración Perpetua en nuestra Diócesis. Hay una enorme cantidad de personas que están acompañando al Señor día y noche, pues todos tenemos la certeza y la seguridad de la presencia viva del Señor en las especies Eucarísticas. Tenemos que reconocer que todos los días se realiza el mayor milagro en cada Altar.
“El sacrificio de Jesucristo se actualiza en el Misterio de la Eucaristía, en cada Misa. Y Cristo vivo nos acompaña en nuestro caminar a través de su palabra y a través de los Sacramentos. Por eso tenemos que sorprendernos del Milagro Eucarístico, de la presencia viva, todos los días, en cada lugar en que el Sacerdote, a nombre de Cristo, consagra las especies Eucarísticas; ahí está la presencia viva de Cristo Jesús”, concluyó el Prelado.

La Eucaristía, un milagro cotidiano al alcance de todos

“Los Milagros Eucarísticos son intervenciones prodigiosas de Dios, que tienen como fin confirmar la Fe en la presencia real del Cuerpo y la Sangre del Señor en la Eucaristía”.

Sonia Gabriela Ceja Ramírez

custodia“La Doctrina Católica nos habla de la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Con las palabras de la Consagración: ‘Éste es mi Cuerpo, ésta es mi Sangre’, la sustancia del pan se convierte en el Cuerpo de Cristo, y la sustancia del vino en su Sangre.
“Esta maravillosa transformación toma el nombre de Transubstanciación, la cual no puede ser experimentada en absoluto por los sentidos; sólo la Fe nos asegura esta maravillosa transformación”, afirma el Documento difundido por Ediciones San Clemente, ‘Los Milagros Eucarísticos en el Mundo’.
En la presentación que hace el Padre Roberto Coggi, Religioso Dominico de la Orden de Predicadores, explica que “el fin de estos milagros es el demostrar que no debemos buscar la apariencia externa (pan y vino), sino la sustancia, la verdadera realidad, que es la Carne y la Sangre.
“Bajo las apariencias de la Carne y la Sangre de Jesús, añade, está verdadera y sustancialmente contenido como lo era antes del milagro. Por eso mismo, nosotros podemos adorar a Jesús realmente presente bajo las especies de la Carne y de la Sangre”.

1) Para reflexionar detenidamente

• Nuestra Fe no está fundada sobre los Milagros Eucarísticos, sino sobre el Anuncio del Señor Jesucristo, contenido en la Fe, gracias a la acción del Espíritu Santo.
• No existe una obligación, para el cristiano, de creer en los Milagros Eucarísticos. Éstos no comprometen obligatoriamente la Fe de los fieles, así sean reconocidos oficialmente por la Iglesia.
Cada fiel conserva la libertad de opinión: Ningún cristiano está obligado a creer en alguna de las revelaciones privadas.
• Sin embargo, el creyente no debe excluir que Dios puede intervenir en un modo extraordinario en cualquier momento, lugar, acontecimiento o persona. Lo difícil es discernir si en este hecho singular se ha verificado la intervención auténtica extraordinaria de Dios.
• La prudencia de la Iglesia frente a fenómenos extraordinarios (como los Milagros Eucarísticos) está plenamente justificada.
Se puede caer en riesgos como: atribuir excesiva importancia al aspecto milagroso, extraordinario, teniendo como consecuencia la desvalorización de lo cotidiano en la vida del creyente y de la Iglesia.

2) Aspectos positivos

Los Milagros Eucarísticos pueden constituir un útil y fructuoso apoyo en nuestra vida de Fe. Por ejemplo, ellos pueden:
• Ayudar a trascender lo visible, lo sensible. Justamente porque es reconocido como un hecho extraordinario, el Milagro Eucarístico va a la razón humana e interpela al hombre haciéndolo “ir más allá” de lo sensible, de lo visible, de lo humano; es decir, lo hace aceptar que hay alguna cosa que es incomprensible, inexplicable humanamente con la sola razón, científicamente no demostrable.
• Los Milagros Eucarísticos pueden ayudar a conocer y a vivir la Fe, que tiene su centro en Cristo, y en Cristo-Eucaristía. Son realmente útiles porque están íntimamente orientados a Cristo y no son autónomos; pueden fortalecer la Fe personal de los creyentes y también de los no creyentes. Son, entonces, una ayuda para la Fe porque nos conducen a la Eucaristía instituida por Cristo y celebrada en la Iglesia. Ellos deben servir a la Fe. No deben ni pueden añadir nada al único y definitivo don de Cristo-Eucaristía, pero pueden convertirse en un humilde llamado de atención.
• Los Milagros Eucarísticos pueden invitar a conocer, a apreciar y a amar la Eucaristía. Como dice el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, aprobado y publicado en junio de 2005 por el Papa Benedicto XVI: “Es fuente y culmen de toda la vida cristiana. En ella alcanzan su cumbre la acción santificante de Dios sobre nosotros y nuestro culto a Él. La Eucaristía contiene todo el bien espiritual de la Iglesia: el mismo Cristo, nuestra Pascua. Expresa y produce la comunión en la vida divina y la unidad del Pueblo de Dios. Mediante la Celebración Eucarística nos unimos a la Liturgia del Cielo y anticipamos la vida eterna” (No. 274).
• No podemos, jamás, olvidar ni omitir que la Eucaristía es el verdadero y grande Milagro cotidiano inagotable.
Es un Sacramento: los Sacramentos son signos sensibles y eficaces de la Gracia, instituidos por Cristo y confiados a la Iglesia, a través de los cuales se nos otorga la vida divina (…) Son eficaces, porque es Cristo quien actúa en ellos y quien da la Gracia que significan, independientemente de la santidad personal del Ministro. (COMPENDIO del CIC, Números 224-229).
(FUENTE: Monseñor Raffaello Martinelli, Oficial de la Congregación para la Doctrina de la Fe).

Milagros en América Latina
Muestras que fortalecen la Fe

Han sido pocos los casos extraordinarios de Milagros Eucarísticos comprobados en el mundo, y tan sólo en América se encuentran dos; uno de ellos en el Estado de Guerrero, en México.

Dulce Natalia Romero Cruz

Milagro en tixtlaEl 25 de mayo de 2013, Monseñor Alejo Zavala Castro, Obispo de la Diócesis de Chilpancingo-Chilapa, Guerrero, declaró oficialmente que, después de los estudios y análisis científicos realizados a la Hostia Sangrante de la Parroquia de San Martín de Tours, en la Ciudad de Tix-tla, encabezados por un grupo de científicos de diversas partes del mundo, quedó plenamente comprobado y demostrado que la sangre que contiene la Hostia (oblea de trigo) Consagrada, es real y auténtica.
Tal se dio a conocer después de siete años de investigación, ante miles de personas, creyentes y no creyentes, congregadas en el Auditorio “Sentimientos de la Nación”, cuando se inauguró el “Simposio Internacional DIMI, Hacia un Diálogo Entre la Ciencia y la Fe”.
Fueron los Científicos Ricardo Castañón Gómez, de Bolivia, Presidente e Investigador del “Grupo Internacional para la Paz”; Eduardo Sánchez Loza, de México, Director de la División Científica de Medicina Legal y Forense del Corporativo Médico Legal; y Carlos Parellada, de Guatemala, Médico Cirujano Consultante del Hospital Centro Médico de Guatemala, quienes dieron su veredicto.
Aseguraron que la sustancia rojiza que contiene la Hostia de Tixtla corresponde a sangre con presencia de hemoglobina y ADN humano que pertenece al grupo sanguíneo AB, peculiaridad que coincide con la de la Sábana Santa que se encuentra en Turín.

Aquel momento

tixtla guerreroEl 22 de septiembre de 1996, el Padre Leopoldo Roque, Párroco de San Martín de Tours, invitó al Padre Raymundo Reyna Esteban a dirigir un Retiro Espiritual. Durante la Misa, a la hora de la Comunión, una de las Religiosas de la Comunidad “Misioneros de Jesús y de María” se dirigió hacia el Padre con el copón que contenía las Hostias Consagradas y se arrodilló entregándole el copón al ver cómo, por encima de todas, había una Hostia Consagrada, sangrante.
La Hostia Sangrante con líquido rojizo fue conservada y protegida con singular cuidado durante tres años, hasta que el Obispo Zavala Castro invitó al Doctor Ricardo Castañón Gómez a que se hiciera cargo de la investigación científica, la cual comenzó el 27 de octubre de 2009 y concluyó el 25 de febrero de 2013.
La ejecución de estos estudios incluyó una metodología llamada “A ciegas”, porque los Técnicos de Laboratorio no sabían que la materia, objeto del análisis, provenía de una Hostia Consagrada.
En la Historia se habían presentado diez casos similares, pero nunca en México, donde esta Hostia, después de siete años, permanece incorrupta.

Buenos Aires, Argentina

A las 7 de la tarde del 18 de agosto de 1996, el Padre Alejandro Pezet celebraba Misa en la Parroquia de Santa María, de Buenos Aires. Cuando estaba terminando la distribución de la Sagrada Comunión, una mujer se acercó para decirle que había encontrado una Hostia separada en un candelabro en la parte posterior del Templo. Al ir al lugar indicado, el Padre Alejandro vio la Hostia, y puesto que él era incapaz de consumirla, la colocó en un recipiente con agua y la guardó en el Sagrario de la Capilla del Santísimo Sacramento.
El lunes, 26 de agosto, al abrir el Sagrario, contempló con asombro que la Hostia se había convertido en una sustancia sanguinolenta. Inmediatamente informó al Cardenal Jorge Mario Bergoglio, en aquel entonces Arzobispo de Buenos Aires (ahora Papa Francisco), quien dio instrucciones para que la Hostia fuera fotografiada de manera profesional. Las imágenes fueron tomadas el 6 de septiembre, y en ellas se muestra claramente que la Hostia, que se había convertido en un trozo de carne ensangrentada, había aumentado considerablemente de tamaño.

Análisis Clínicos

ARGENTINA MARZO 2010-32Por varios años, la Hostia se mantuvo en el tabernáculo, y todo lo referente al tema se mantuvo en estricto secreto. Dado que la Hostia no sufría descomposición visible, el Cardenal Bergoglio decidió hacerla analizar científicamente.
Una muestra del tejido fue enviada a un Laboratorio en Buenos Aires, el cual reportó el hallazgo de células humanas rojas y blancas de sangre y de tejido de un corazón humano. Además, se informó que la muestra de tejido parecía estar aún con vida, ya que las células se movían o latían como lo harían en un corazón humano vivo.
En 1999, el Doctor Ricardo Castañón Gómez fue solicitado para la realización de algunas pruebas adicionales; tomó una muestra del fragmento ensangrentado y lo envió a Nueva York. El Laboratorio de la ciudad norteamericana informó que la muestra recibida era de tejido muscular de corazón humano vivo.
Cinco años más tarde, en 2004, el Doctor Gómez se puso en contacto con el Doctor Frederick Zugibe y le pidió evaluar la muestra, una vez más sin decirle el origen, y el Cardiólogo determinó que la sustancia analizada era de carne y sangre que contenían el ADN humano.
Los estudios, una vez más, mostraron que era una parte del ventrículo izquierdo del músculo del corazón, de una persona de aproximadamente 30 años, sangre grupo AB, y que había muerto bajo estrés severo.

Fuente:semanario.com.mx

Milagro eucarístico


Las HOSTIAS SANGRANTES ya no están expuesta, se están analizando.
Esto sucedió en el Templo María Madre de la Iglesia en Guadalajara, Julio 24 / 2013.

Aquí porque se va a analizar.
“Esto que hemos escuchado, de un milagro eucarístico (de la hostia sangrante) se está analizando, porque la Iglesia es prudente, la Iglesia en estos casos es escrupulosa, es cautelosa y hay que estudiar muy bien este hecho. Sin duda que nos recuerda que Dios está acompañándonos en su amor sacramental, será una ocasión también, para que nosotros reavivemos ese donde la fe en este año, precisamente de la Fe. Si quieren ver un prodigio y un milagro todos los días, acudan al templo más cercano porque ahí el Señor se hace presente en las especies eucarísticas”, explicó el obispo auxiliar, Leopoldo González.

Agregó que “tenemos que sorprendernos del milagro eucarístico de la presencia viva del Señor en casa misa todos los días en cada pueblo, en cada lugar, donde el sacerdote en nombre de Cristo, consagra las especies eucarísticas, ahí está la presencia viva.

Tenemos que reconocer que el milagro mayor se realiza todos los días en cada altar. El sacrificio de Jesucristo se actualiza en el misterio de la misa, de la eucaristía, porque entonces el Señor nos dijo que no se nos dará más signo que el signo de Jonás, y así como Jonás estuvo en el vientre de la ballena, tres días, así será el hijo del hombre que estará en el vientre de la tierra pero que va a resucitar al tercer día. Cristo vivo nos acompaña en nuestro caminar a través de su palabra y a través de los sacramentos”

El obispo auxiliar, Leopoldo González, recordó que en 2004 Guadalajara tuvo la oportunidad de ser sede del Congreso Eucarístico Internacional, lo que causó “días de reflexión en torno al misterio de la eucaristía, en torno al misterio de Jesucristo presente, vivo, de las especies eucarísticas”.

Bajo este recordatorio, la autoridad eclesiástica agregó que esa experiencia sirvió para darse cuenta de que: “El pueblo católico de México es un pueblo eucarístico y tenemos que reconocer que a partir de este congreso se abrieron varias capillas eucarísticas, parroquias donde se tiene la adoración perpetua al Santísimo Sacramento. Sería interesante hacer un estudio de cuántas parroquias y cuántas personas están acompañando al Señor día y noche”.

 

 

BOLETIN DE PRENSA En torno a una Hostia consagrada


Fuente: http://informacionconcriterio.blogspot.mx

LCC Jairo Cesar Olivo

cristo vivo y presente en la eucaristia
Nos hemos enterado, por diversos medios, que el señor Cura D. J. Dolores Castellanos Gudiño, Párroco en la comunidad de María, Madre de la Iglesia, en esta ciudad de Guadalajara, y dicho por él mismo, ha tenido una manifestación en la que una Hostia consagrada -que para los católicos es el Cuerpo de Cristo-, quedó teñida de una sustancia que, aparentemente, es sangre.
La Iglesia, en estos casos, pide que se juzgue con mucha prudencia y mesura, tal acontecimiento, con la finalidad de dar certeza a lo sucedido. La Iglesia actuará con mucho escrúpulo para llegar a confirmar que, en realidad, se pueda hablar de un milagro Eucarístico.
No es imposible que se manifieste Jesús de esta forma, pero debemos considerar que no se trata de algo ordinario y sencillo de discernir. Son pocos, a lo largo de la Historia y Geografía de la Iglesia, los prodigios en los que se ha comprobado la presencia del Señor de este modo.
Lo que procede en este caso es, en primer lugar, es que se retire del culto público la Hostia consagrada, en la que, efectivamente, para los creyentes católicos, está Jesús Sacramentado, y se deposite en el lugar destinado para ello, que es el Sagrario. Por lo que ya no será posible verLa como cientos de personas lo pudieron hacer el día de ayer miércoles.
El Cardenal J. Francisco Robles Ortega, Arzobispo de Guadalajara, ha pedido a Mons. Ramiro Valdés, Vicario General en esta Arquidiócesis, que haga la investigación que llegue a conclusiones ciertas, para que nadie quede desilusionado, confundido, engañado o algo semejante.
Independientemente de la objetividad de este acontecimiento, tenemos que ver en él la Providencia de Dios, en primer lugar para fortalecer nuestra fe y devoción, para los que somos católicos, en Jesús Eucaristía, que se hace presente en cada Misa, y valorar este prodigio cotidiano. Y, en segundo lugar, para que, delante de esta presencia sacramental del Señor, nos comprometamos a ser mejores cristianos con una caridad ejemplar.
Conforme se vayan haciendo la investigación correspondiente, encomendada a peritos, se darán a conocer las conclusiones.
Ofna. de Prensa y Comunicación Social.
Arzobispado de Guadalajara.
Nota: esto aconteció en Guadalajara el 24 de Julio del 2013
como es de esperarse la autoridad Eclesial no dará su opinión hasta que se hagan las pruebas
necesarias para corroborar y confirmar el suceso.

La Eucaristía: Misterio de la fe


Autor: Guillermo Juan Morado | Fuente: Catholic.net
La Eucaristía: Misterio de la fe
“¡Éste es el Sacramento de nuestra fe!”, el Misterio que nos inunda de sentimientos de gran asombro y gratitud.
La Eucaristía: Misterio de la fe

En la celebración de la Santa Misa, justo después de la consagración, el sacerdote dice: “Mysterium fidei” (“Éste es el sacramento de nuestra fe”), a lo que el pueblo responde: “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ¡ven Señor Jesús!”.

El Papa Juan Pablo II evoca estas palabras, en el primer capítulo de la encíclica “Ecclesia de Eucharistia”, para recordar algunos aspectos fundamentales del Sacramento. La Eucaristía es memorial del sacrificio pascual del Señor; presencia viva y sustancial de Cristo en medio de nosotros; verdadero banquete de comunión; anticipación del Paraíso, que impulsa a transformar la propia vida, el mundo y la historia.

El Sacramento eucarístico es algo más que un encuentro fraterno. Es el mismo sacrificio de la Cruz que se perpetúa por los siglos. En la Cruz el Señor se ofreció a sí mismo al Padre en favor de todos los hombres. Este sacrificio, esta autodonación plena en la que resplandece el amor más grande, se hace presente en la Eucaristía.

La Santa Misa es “memorial” actualizador del único Sacrificio de la Cruz. La celebración de la Eucaristía nos hace contemporáneos del Calvario, para que Cristo una a su propia ofrenda sacrificial la ofrenda de nuestras vidas. La Iglesia contempla asombrada este “Misterio de la fe”, “Misterio grande”, “Misterio de Misericordia”, que constituye el don mayor que el Señor nos ha dado: el don de sí mismo, de su cuerpo entregado y de su sangre derramada. ¡Sacrifico de la Pascua de Cristo, el Cordero Inmolado, que muriendo destruyó la muerte y resucitando restauró la vida!

El sacramento del sacrificio de Cristo implica una presencia muy especial: la presencia real y sustancial del Señor bajo las especies del pan y del vino. Por la consagración, el pan deja de ser pan y se convierte en Cuerpo de Cristo y el vino deja de ser vino y se convierte en la Sangre de Cristo. Esta conversión es llamada muy propiamente por la Iglesia “transustanciación”. El Papa recoge las palabras de Santo Tomás de Aquino, para afirmar desde la fe: “Te adoro con devoción, Dios escondido”.

El sacrificio eucarístico se orienta a la comunión, a la íntima unión de los fieles con Cristo mediante la recepción de su Cuerpo y su Sangre. Por eso la Eucaristía es, inseparablemente, memorial de la Cruz y sagrado banquete de comunión, en el que Cristo mismo se ofrece como alimento y nos comunica su Espíritu.

La celebración eucarística tiene una proyección escatológica; es anticipación de la meta a la que tendemos, una pregustación de la gloria: “La Eucaristía es verdaderamente – escribe el Santo Padre – un resquicio del cielo que se abre sobre la tierra. Es un rayo de gloria de la Jerusalén celestial, que penetra en las nubes de nuestra historia y proyecta luz sobre nuestro camino” (Ecclesia de Eucharistia, 19). Por eso, la Santa Misa se celebra siempre en comunión con la Bienaventurada siempre Virgen María, con los ángeles y los arcángeles, y con todos los santos, pues en la Eucaristía se une la liturgia de la tierra a la liturgia del cielo.

Del anuncio de la muerte y de la resurrección de Cristo, en la espera de su retorno glorioso; es decir, de la Eucaristía, recibimos la fuerza para transformar nuestras vidas y para transformar el mundo y la historia, a fin de que sean conformes al designio de Dios.

“¡Éste es el Sacramento de nuestra fe!”, el Misterio que nos inunda de sentimientos de gran asombro y gratitud. “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección, ¡ven Señor Jesús!”.

Consulta la Encíclica Ecclesia de Eucharistia , S.S. Juan Pablo II