El Valor de una Madre


A todas las mamis del mundo… Gracias!

no necesitas un día en especial para agradecer a tu mamá todo lo que ha hecho por ti, cada día agradécele, porque ella cada día se levanta para hacerte tu desayuno, te prepara tu comida y tu cena, cada día te espera, cada día te ama… cada día ella pide a Dios por ti, no sólo el 10 de mayo… Emoticón heart Valoremos a nuestras mamis SIEMPRE….

 

Da click en la foto para ver el video…

el valor de una madre

Con Cariño de Jesús Para Mi Flor


Con Cariño de Jesús Para Mi Princesa

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Mi Flor

Eres mi flor. Te atendí con ternura desde que eras una pequeña semilla. Te regué y te abone. Estuve a tu lado todos los días de tu vida, cuidándote, proveyendo para tus necesidades y sosteniéndote cuando las cosas se ponían difíciles, cuando el suelo yacía reseco, cuando el sol te abrazaba y cuando los transeúntes pisoteaban tus delicados pétalos y hojas.

Me encanta el color de tus pétalos y la forma en que resplandecen cuando se posa sobre ellos el rocío de mi amor. Me alegra el corazón verte abrirlos para absorber el sol de mi amor y la calidez de mi Espíritu. No dejes de embeberte del agua de mi palabra para que tus hojas conserven su verdor y se mantengan lozanas. Sigue abriéndote a la luz y al calor que irradia mi sol y no dejes de bañarte en mis rayos para que tus colores y fragancia alegren a los demás.

Me lleno de felicidad cuando despides ese dulce  perfume que embriaga de alegría a quienes te rodean, que les levanta la moral y les eleva el espíritu. Tienes mucho que entregar mi pequeña flor.

Aurora Production AG, Suiza, 2010

María y la fe de una mamá


Autor: Susana Ratero | Fuente: Catholic.net
María y la fe de una mamá
Cuando hagas oración por alguien, no esperes que esa persona ponga de sí “algo” para alcanzar el milagro.
María y la fe de una mamá

Hoy te encuentro, mujer cananea, en un pasaje del Evangelio… (San Marcos 7, 24-30) Y me quedo pensando en ti, en tu dolor de madre, en tu búsqueda de caminos para tu hija.

Pasan las horas y siento que sigues estando allí, en mi corazón, tratando de hacerme entender, tratando de explicarme algo… Pero no te entiendo.

Y como mi corazón sabe que cuando no entiende debe buscar a su Maestra del alma, entonces te busco, Madre querida, te busco entre las letras de ese pasaje bíblico que leo y releo una y otra vez.

De pronto mi alma comienza a sentir tu perfume y me voy acercando al lugar de los hechos…

Allí te encuentro, Madrecita, mezclada entre la gente que hablaba de Jesús… me haces señas de que tome tu mano. ¡Qué alivio para el alma tomar tu Mano, Señora Mía!!! ¡¡¡Como se abren caminos santos cuando nos dejamos llevar por ti!!!

Así, aferrada a ti, te sigo hasta muy cerquita de una mujer de triste mirada… Esa mirada que tiene una mama cuando un hijo no esta bien, sea cual sea el problema. Es la cananea. Pasa por aquí, quizás va a buscar agua o comida… Ve la gente que habla y se acerca. Su dolor le pesa en el alma.

– Presta atención, hija, – me susurras dulcemente, Madrecita…

Alguien habla de Jesús, de sus palabras, de sus enseñanzas, de sus milagros… Los ojos de la cananea parecen llenarse de luz.

No alcanzo a divisar a quien habla, ni a escuchar lo que dice, pero, en cambio, puedo ver el rostro de la cananea.

– Mira cómo cambia la mirada de ella, Madre- te digo como buscando tu respuesta

 ¿Sabes que es ese brillo que va creciendo en sus ojos? Es la luz de la esperanza. Una esperanza profunda y una fe incipiente que, como lluvia serena en tierra árida, va haciendo florecer su alma. Dime, qué piensas de esto.

– Pues… que me alegro por ella.

 Esta bien hija, que te alegres por ella, pero si te explico esto, es también para que comprendas algo. Te alegras por esa mama, pero nada me has dicho de quien estaba hablando de Jesús.

– No te entiendo, Madre

 Hija ¿Cómo iba a conocer a mi Hijo esa sencilla mujer si esa persona no hubiese hablado de Él? Lee con atención nuevamente el pasaje del Evangelio, “habiendo oído hablar de Él, vino a postrarse a sus pies…” habiendo oído, hija mía, habiendo oído…

Te quedas en silencio, Madre, y abres un espacio para que pueda volver, con mi corazón, a muchos momentos en los que mi hermano tenía necesidad de escuchar acerca de tu Hijo, acerca de ti… y yo les devolví silencio, porque estaba apurada, porque tenía cosas que hacer.

Trato de imaginar, por un momento, como fue aquel “habiendo oído”. Cuáles fueron los gestos y el tono de voz de quien habló, cuáles fueron sus palabras y la fuerza profunda de su propia convicción. Cómo la fe que inundaba su corazón se desbordó hacia otros corazones, llegando hasta uno tan sediento como el de la cananea.

¡Bendito sea quien haya estado hablando de tal manera! los Evangelios no recogen su nombre pero sí recogen su fruto, el fruto de una siembra que alcanzó el milagro.
¡Dame, Madre, una fe que desborde mi alma y así, llegue al corazón de mi hermano!

De pronto, veo que la cananea va corriendo a la casa donde Jesús quería permanecer oculto… Tu mirada, Madre, y la de ella se encuentran. Es un dialogo profundo, de Mamá a mamá…

Entonces, con esa fuerza y ese amor que siente el corazón de una madre, la mujer cananea suplica por su hija. Jesús le pone un obstáculo, pero este no es suficiente para derribar su fe….

Ella implora desde y hasta el fondo de su alma… Todo su ser es una súplica, pero una súplica llena de confianza.

Entonces, María, entonces mi corazón ve el milagro, un milagro que antes no había notado… un milagro que sucede un instante antes de que Jesús pronuncie las esperadas palabras…

El milagro de la fe de una mamá…

Aprieto tu mano, María Santísima y te digo vacilante:

– Madre, estoy viendo algo que antes no había visto…

 ¿Qué ves ahora, hija?

– Pues… que Jesús no le dice a esa mujer que cura a su hija por lo que su hija es, por lo que ha hecho, por los méritos que ha alcanzado, ni nada de eso. Jesús hace el milagro por la fe de la madre.

– Así es, hija, es la fe de la madre la que ha llegado al Corazón de Jesús y ha alcanzado el milagro la fe de la madre. Debes aprender a orar como ella.

– Enséñame, Madre, enséñame

 La oración de la cananea tiene dos partes. La súplica inicial, la súplica que nace por el dolor de su hija, ese pedido de auxilio que nace en su corazón doliente. Pero su oración no termina allí. Jesús le pone una especie de pared delante.

– Así es Madre, si yo hubiese estado en su lugar quizás esa pared hubiera detenido el camino de mi oración…

 No si hubieses venido caminando conmigo. Pero sigamos. Jesús le pone una pared que ella ve y acepta… y así, postrada a los pies del Maestro su fe da un salto tal que le hace decir a Jesús “¡Anda! Por lo que has dicho, el demonio ha salido de tu hija”. Ese salto de su fe es esa oración que persevera confiada a pesar de que las apariencias exteriores la muestren como “inútil” “para qué insistir”… por tanto, hija, te digo que no condiciones tu oración a actitudes de otras personas…

-¿Cómo es esto Madre?

– Cuando hagas oración por alguien, no esperes que esa persona ponga de sí “algo” para alcanzar el milagro. Tú continúa con tu oración, que los milagros se alcanzan por la fe de quien los pide más que por los méritos del destinatario. Suplica para ti esa fe, una fe que salta paredes, una fe que no se deja vencer por las dificultades, una fe como la de la cananea…

Y vienen a mis recuerdos otras personas que han vivido lo mismo… desde Jairo (Mt 9,18; Mc 5,36; Lc 8,50) o ese pobre hombre que pedía por su hijo (Mt 17,15 Mc 9,24) hasta Santa Mónica, suplicando tanto por su Agustín… y alcanzando milagros insospechados, pues ella solo pedía su conversión y terminó su hijo siendo no solo santo sino Doctor de la Iglesia…

Las oraciones de una mamá.

La fe de una mamá.

Te abrazo en silencio, Madre y te suplico abraces a todas las mamás del mundo y les alcances la gracia de una fe como la de la cananea, esa fe que salta paredes y se torna en milagro.

NOTA de la autora: “Estos relatos sobre María Santísima han nacido en mi corazón por el amor que siento por Ella, basados en lo que he leído. Pero no debe pensarse que estos relatos sean consecuencia de revelaciones o visiones o nada que se le parezca. El mismo relato habla de “Cerrar los ojos y verla” o expresiones parecidas que aluden exclusivamente a mi imaginación, sin intervención sobrenatural alguna.

¿Te ha tocado un matrimonio difícil?


“La vida de misionera es una vida dura con un claro impulso evangelizador y una profunda creencia en la fuerza de acción presidida por la compasión”
Madre Teresa de Calcuta.

¿Te has encontrado alguna vez frente a uno de esos casos en donde aconsejar a las amigas se vuelve extraordinariamente difícil por lo complejo de la situación que algunas veces te exponen? Y cuando aconsejas a tus amigas, ¿lo harás tomando en cuenta tu compromiso como Hija de Dios, tu llamado a crear unión, o más importante, está el amor de Dios presente en medio de tus consejos?

Tal vez te extrañará que te haga estas preguntas, pero a veces cuando aconsejamos a una amiga se nos pasa por alto que tenemos una fe que nos empuja y no pide en cada pasaje de las escrituras perseguir todo lo que es bueno, y que nos invita siempre a ser sabias, misericordiosas y compasivas. También tenemos esos valores de mujer que nos piden profundizar en la forma en que estamos amando, creer en la bondad de las personas y ayudarlas a construir una vida persiguiendo su plenitud humana. Por todo lo anterior es que cuando mi amiga Dudas me visita para pedir me ayuda y consejo procuro tomar todo esto en cuenta. Aconsejar así te lleva a dar respuestas y aliento de una forma diferente.

 

A veces las ilusiones nos sorprenden

Estoy segura de que si eres una mujer casada sabes de primera mano lo difícil que es llevar un matrimonio. Especialmente se te hace extenuante en los primeros años pues es un “aprender” a acoplar tus deseos, metas y opiniones con las de tu esposo. Para algunas mujeres los primeros años de casada son los más hermosos e inolvidables, para otras una verdadera batalla, un reto, la prueba de fuego de sus convicciones y valores. Para muchas, representa la forma en que Dios les llama a descubrir todo el potencial que reside en sus corazones para amar sin condiciones. Mi amiga Dudas es de las últimas. Desde recién casada se encontró con que todo aquello con lo cual soñaba e ilusionaba una vez casada no era. Cuando vino a platicar conmigo se le veía angustiada, confundida, e inmensamente triste. –No sé que hacer- me decía no se cómo manejar esta situación…me siento tan desorientada.

Toma siempre en cuenta tu fe

La vida, decía Viktor Frankl es una tarea. Es un descubrir y encontrar un sentido detrás de todo aquello que nos pasa y realizarlo. Por supuesto, tenemos ese maravilloso regalo de la libertad para llevar a cabo esa tarea o dejarla a un lado. Le di a mi amiga Dudas los siguientes consejos: – Haz una instrospección cuidadosa en torno a tu fe y la forma en que la vives. ¿Es una fe viva? ¿es tu vida interior lo suficientemente sólida como para iluminarte y llenarte de fortaleza cada día?

 

– Piensa que tu problema matrimonial puede ser tu misión, tu único y personal llamado. La tarea para ayudar a ese compañero de tu vida con el especial talento para dar amor que como mujer tienes a crear significado, pues hay un momento en que te decides por medio de la fe que te sostiene a amar sin condiciones, a olvidarte de ti, a donarte. Esto, en esta época tan moderna y confusa en la que vivimos puede parecerte ridículo y hasta loco. Pero para quien tiene la experiencia de vivir “un matrimonio diferente” representa un verdadero sendero hacia el conocimiento de sí misma, pues te lleva a preguntarte ¿porqué quiero luchar por este matrimonio? ,¿qué significado tiene para mí el hacerlo o no hacerlo? , ¿me siento llamada a responderle a la vida y a mi propia fe?

 

La llamada dentro de la llamada

“Muchos matrimonios ya no conversan, no por falta de tiempo, sino por haberle cerrado al otro la puerta del corazón”. Jutta Burggraf

El camino matrimonial es una de las vocaciones a la vida más retadora, apasionante, educadora, fascinante. Pero dentro de la especial vocación a la llamada matrimonial, hay una llamada más para ti como mujer , en palabras de Juan Pablo II es la feminidad realizando lo “humano”, tanto como la masculinidad pero con una modulación directa y complementaria. Tener conciencia de esto ayuda a la hora de trabajar sobre un matrimonio difícil.

Por otro lado Edith Stein, la gran filósofa alemana convertida al catolicismo habla de que compartir la vida de otro ser humano y participar en todo lo que le afecta, en lo más grande y en lo más pequeño, en las alegrías y en los sufrimientos, pero también en los trabajos y problemas constituye su don y felicidad. La mujer según Stein, es capaz de penetrar empática y reflexivamente en ámbitos que a ella de suyo le quedan lejos y de los cuales jamás se hubiera preocupado si no hubiese puesto en juego al respecto un interés personal. Cuando como mujer te decides a “poner amor donde no hay amor”(San Juan de la Cruz), estas ejerciendo precisamente tus habilidades únicas de mujer, sigues ese instinto que ha nacido contigo y que te hace la llamada dentro de la llamada, “jamás te rindas, nunca te detengas” y sobre todas las cosas ten presente a Dios en todo lo que decidas y hagas.

Para Jutta Burggraf, una de las pensadoras actuales más brillantes, el amor matrimonial representa un verdadero “desafío”, pues la convivencia matrimonial puede ser muy bonita pero también agotadora y desgastante cuando no es ideal. Pero detrás de esto, exhorta a descubrir la “oportunidad” que hay para la mujer para aprender a madurar e ir ganando en profundidad en el amor. Cada tormenta es una oportunidad de renovación. Cada decepción dentro de tu matrimonio puede servirte para descubrirte, para revolucionarte a ti misma haciéndote una auto-invitación a amar que muchas veces va en contra de lo que la mayoría piensa. En palabras de Burgraff, con los años voy amando más y más porque quiero amar, porque me he decidido por el otro como cónyuge y estoy dispuesta a soportar desilusiones. Sin embargo quiero agregar acá que para soportar esas desilusiones en donde a veces puede parecerte que eres tu sola luchando contra los defectos, neurosis o groserías de tu esposo tengas siempre en cuenta que tu madurez emocional es crítica y tu vida espiritual representará tu comida diaria para que descanses pero no renuncies nunca.

Entonces, ¿qué harás con tu matrimonio difícil? Amiga, te diré lo que también le recomendé a mi amiga Dudas: Esfuérzate por descubrir a través de ese matrimonio tu propia individualidad. Vívete como “más mujer”, decídete a “hacer crecer”. Desarrolla un tipo de creatividad diferente, original, ambiciosa, sobrenatural. No te quedes en lo que se suele hacer en estos casos o en lo que todos piensan. Tu, puedes ir más lejos y responder con un sí a una llamada diferente. Pues es un echo que cada una de nosotras es un “original”. Con sueños, deseos y ganas de ser muy amada. Hay una mujer especial que puede ser tu compañera de batalla, tu gran motivadora, a la Santísima Virgen María le encantara que la tengas como amiga favorita.

El matrimonio es un proceso complicado en el que a veces las cosas no son color de rosa. Aprende cómo superar las crisis con tu esposo y renovar tu amor.

María y la fe de una mamá


Autor: Susana Ratero | Fuente: Catholic.net
María y la fe de una mamá
Cuando hagas oración por alguien, no esperes que esa persona ponga de sí “algo” para alcanzar el milagro.
María y la fe de una mamá

Hoy te encuentro, mujer cananea, en un pasaje del Evangelio… (San Marcos 7, 24-30) Y me quedo pensando en ti, en tu dolor de madre, en tu búsqueda de caminos para tu hija.

Pasan las horas y siento que sigues estando allí, en mi corazón, tratando de hacerme entender, tratando de explicarme algo… Pero no te entiendo.

Y como mi corazón sabe que cuando no entiende debe buscar a su Maestra del alma, entonces te busco, Madre querida, te busco entre las letras de ese pasaje bíblico que leo y releo una y otra vez.

De pronto mi alma comienza a sentir tu perfume y me voy acercando al lugar de los hechos…

Allí te encuentro, Madrecita, mezclada entre la gente que hablaba de Jesús… me haces señas de que tome tu mano. ¡Qué alivio para el alma tomar tu Mano, Señora Mía!!! ¡¡¡Como se abren caminos santos cuando nos dejamos llevar por ti!!!

Así, aferrada a ti, te sigo hasta muy cerquita de una mujer de triste mirada… Esa mirada que tiene una mama cuando un hijo no esta bien, sea cual sea el problema. Es la cananea. Pasa por aquí, quizás va a buscar agua o comida… Ve la gente que habla y se acerca. Su dolor le pesa en el alma.

– Presta atención, hija, – me susurras dulcemente, Madrecita…

Alguien habla de Jesús, de sus palabras, de sus enseñanzas, de sus milagros… Los ojos de la cananea parecen llenarse de luz.

No alcanzo a divisar a quien habla, ni a escuchar lo que dice, pero, en cambio, puedo ver el rostro de la cananea.

– Mira cómo cambia la mirada de ella, Madre- te digo como buscando tu respuesta

 ¿Sabes que es ese brillo que va creciendo en sus ojos? Es la luz de la esperanza. Una esperanza profunda y una fe incipiente que, como lluvia serena en tierra árida, va haciendo florecer su alma. Dime, qué piensas de esto.

– Pues… que me alegro por ella.

 Esta bien hija, que te alegres por ella, pero si te explico esto, es también para que comprendas algo. Te alegras por esa mama, pero nada me has dicho de quien estaba hablando de Jesús.

– No te entiendo, Madre

 Hija ¿Cómo iba a conocer a mi Hijo esa sencilla mujer si esa persona no hubiese hablado de Él? Lee con atención nuevamente el pasaje del Evangelio, “habiendo oído hablar de Él, vino a postrarse a sus pies…” habiendo oído, hija mía, habiendo oído…

Te quedas en silencio, Madre, y abres un espacio para que pueda volver, con mi corazón, a muchos momentos en los que mi hermano tenía necesidad de escuchar acerca de tu Hijo, acerca de ti… y yo les devolví silencio, porque estaba apurada, porque tenía cosas que hacer.

Trato de imaginar, por un momento, como fue aquel “habiendo oído”. Cuáles fueron los gestos y el tono de voz de quien habló, cuáles fueron sus palabras y la fuerza profunda de su propia convicción. Cómo la fe que inundaba su corazón se desbordó hacia otros corazones, llegando hasta uno tan sediento como el de la cananea.

¡Bendito sea quien haya estado hablando de tal manera! los Evangelios no recogen su nombre pero sí recogen su fruto, el fruto de una siembra que alcanzó el milagro.
¡Dame, Madre, una fe que desborde mi alma y así, llegue al corazón de mi hermano!

De pronto, veo que la cananea va corriendo a la casa donde Jesús quería permanecer oculto… Tu mirada, Madre, y la de ella se encuentran. Es un dialogo profundo, de Mamá a mamá…

Entonces, con esa fuerza y ese amor que siente el corazón de una madre, la mujer cananea suplica por su hija. Jesús le pone un obstáculo, pero este no es suficiente para derribar su fe….

Ella implora desde y hasta el fondo de su alma… Todo su ser es una súplica, pero una súplica llena de confianza.

Entonces, María, entonces mi corazón ve el milagro, un milagro que antes no había notado… un milagro que sucede un instante antes de que Jesús pronuncie las esperadas palabras…

El milagro de la fe de una mamá…

Aprieto tu mano, María Santísima y te digo vacilante:

– Madre, estoy viendo algo que antes no había visto…

 ¿Qué ves ahora, hija?

– Pues… que Jesús no le dice a esa mujer que cura a su hija por lo que su hija es, por lo que ha hecho, por los méritos que ha alcanzado, ni nada de eso. Jesús hace el milagro por la fe de la madre.

– Así es, hija, es la fe de la madre la que ha llegado al Corazón de Jesús y ha alcanzado el milagro la fe de la madre. Debes aprender a orar como ella.

– Enséñame, Madre, enséñame

 La oración de la cananea tiene dos partes. La súplica inicial, la súplica que nace por el dolor de su hija, ese pedido de auxilio que nace en su corazón doliente. Pero su oración no termina allí. Jesús le pone una especie de pared delante.

– Así es Madre, si yo hubiese estado en su lugar quizás esa pared hubiera detenido el camino de mi oración…

 No si hubieses venido caminando conmigo. Pero sigamos. Jesús le pone una pared que ella ve y acepta… y así, postrada a los pies del Maestro su fe da un salto tal que le hace decir a Jesús “¡Anda! Por lo que has dicho, el demonio ha salido de tu hija”. Ese salto de su fe es esa oración que persevera confiada a pesar de que las apariencias exteriores la muestren como “inútil” “para qué insistir”… por tanto, hija, te digo que no condiciones tu oración a actitudes de otras personas…

-¿Cómo es esto Madre?

– Cuando hagas oración por alguien, no esperes que esa persona ponga de sí “algo” para alcanzar el milagro. Tú continúa con tu oración, que los milagros se alcanzan por la fe de quien los pide más que por los méritos del destinatario. Suplica para ti esa fe, una fe que salta paredes, una fe que no se deja vencer por las dificultades, una fe como la de la cananea…

Y vienen a mis recuerdos otras personas que han vivido lo mismo… desde Jairo (Mt 9,18; Mc 5,36; Lc 8,50) o ese pobre hombre que pedía por su hijo (Mt 17,15 Mc 9,24) hasta Santa Mónica, suplicando tanto por su Agustín… y alcanzando milagros insospechados, pues ella solo pedía su conversión y terminó su hijo siendo no solo santo sino Doctor de la Iglesia…

Las oraciones de una mamá.

La fe de una mamá.

Te abrazo en silencio, Madre y te suplico abraces a todas las mamás del mundo y les alcances la gracia de una fe como la de la cananea, esa fe que salta paredes y se torna en milagro.

NOTA de la autora: “Estos relatos sobre María Santísima han nacido en mi corazón por el amor que siento por Ella, basados en lo que he leído. Pero no debe pensarse que estos relatos sean consecuencia de revelaciones o visiones o nada que se le parezca. El mismo relato habla de “Cerrar los ojos y verla” o expresiones parecidas que aluden exclusivamente a mi imaginación, sin intervención sobrenatural alguna.

ama de casa por propia desición


Ama de casa por propia decisión

      Publicado en web el 24 de Noviembre, 2011         

34 (1)Querida Lupita: Estuve en un evento de mujeres en donde nos dijeron que somos muy inteligentes y valiosas. Pero algo no me cuadró. Siento una impotencia y frustración muy grande porque, de alguna manera, me sentí retrógrada por querer dedicar mi vida a mi hogar, a mi esposo y a mis hijos. Una amiga me dijo esa frase que todas repiten con amargura: “Ser ama de casa embrutece, envejece y nadie te lo agradece”; y yo, con espíritu cristiano quise encontrar una respuesta para eso. No tenía nada, hasta que una señora que está yendo al Curso “Despierta, mujer dormida”, que impartes tú, encontró unas palabras iluminadoras: “Ser ama de casa fortalece, embellece y Dios te lo agradece”. Me dicen que ésa no es la realidad y que la mega-tendencia del mundo es ver a la mujer en los puestos de poder más importantes como Jefas de Gobierno, Directoras de Empresas, exitosas en todas las áreas del mundo social. ¿Por qué nadie apuesta por el trabajo valiosísimo de la mujer que gusta de ser esposa y madre? Ma. Luisa.

Querida Luisa: Tú eres testigo de la realización personal que experimenta una mujer que no reniega de su feminidad. Somos transmisoras de amor. Por naturaleza, vivimos y transmitimos generosidad, comprensión, ternura, espíritu de donación y muchas otras virtudes, indispensables para la realización humana.

Desafortunadamente, no todas las mujeres de hoy han experimentado esta sensación. Algunas, viniendo de hogares fracturados, han visto los peores ejemplos en casa: padres violentos, madres egoístas, padres que abandonaron, madres a quienes no les gusta serlo, casas que parecen hotel, pues en ellas nadie convive ni se interesa por los demás. Cuando la Familia no cumple su función como célula vital de la Sociedad en donde se aprende a convivir en armonía, suelen endurecerse los corazones y buscarse soluciones prácticas e inmediatas a la más trascendente ansiedad humana.

Buscando respuestas, las mujeres han ido sucumbiendo a un adoctrinamiento bien orquestado por el feminismo radical que les dice: “No te esclavices ante un esposo y unos hijos, libérate de imposiciones sociales, no tienes que ser esposa y madre para ser feliz.

El mundo actual propone valores que en realidad son anti-valores. El llamado “Nuevo Orden Mundial” se ha encargado de descartar los valores trascendentes y universales para presentarnos como el máximo bien post-moderno, su adoctrinamiento hacia el paganismo e inmanentismo en el que este movimiento cree.

Dicho nuevo orden se promociona desde la ONU y descalifica, entre otras cosas: • La familia natural • El deseo natural de un hombre y una mujer de construir familia • El orden moral • La pertenencia a una religión particular • La objetividad de los valores • La necesidad de forjar el carácter practicando virtudes Y presenta como lo más “in” algunos conceptos rebuscados como: • Derechos reproductivos • Derecho a elegir el género (prescindiendo de lo dado por naturaleza) • Calidad de vida • Desarrollo sustentable • Eutanasia, eugenesia y aborto,  como parte de los derechos humanos • Tolerancia (entendida casi sólo como aceptación de sus parámetros de género)

Es importante reivindicar la verdad sobre la naturaleza femenina. Benedicto XVI nos invita a vivir la caridad en la verdad; es decir, a amarnos con el conocimiento básico de lo que somos como personas. La ONU no puede definir los “nuevos” valores en los que “debemos” creer, aunque ha hecho tan buen trabajo, que ya son muchos los que se creen que sólo hemos venido a este mundo a hacer dinero y a pasarla bien, así de forma light, superficial, sin virtudes y sin Dios. Felicidades porque eres mujer valiente, que levantas la voz para decir: ¡Sé lo que soy!

Madres e hijas: Un compromiso de amor


Sheila Morataya-Fleishman
¡Qué hermoso es saberse elegida por la gracia divina para preservar la raza humana! Amiga mía, tú y yo estamos hechas con potencias que naturalmente tienden a acoger, cuidar, custodiar, velar, formar y estar atentas al desarrollo de una nueva vida humana.

Cuando Dios nos concede el gozo de ser madres de una niña, el reto, la misión, la formación, el estado de perfección a plasmar en “ellas” será especialmente mayor, con más atención, concentración y olvido de una misma pues estaremos educando alma y corazón, inteligencia y voluntad para abrirse en su momento a la vida misma, pues como conciencia femenina, esa o esas niñas habrán sido educadas para ser visionarias y seguir sosteniendo y trasmitiendo el concepto de familia, como lo fue en su momento nuestra Santísima Madre cuando dijo “sí, quiero ser la mamá de Jesús”.

Se nos pregunta a través de María, si queremos ser madres, si estamos en disposición de ceder nuestra libertad personal en pos de la instalación del reino de Dios en el mundo. ¡Qué privilegio extraordinario nos ha dado nuestro Padre! El don singular que Dios hizo a la Madre del Señor no sólo testimonia lo que podríamos llamar el respeto de Dios por la mujer: también manifiesta la consideración profunda que hay en los designios divinos por su papel insustituible en la historia de la humanidad. Antes que Jesús naciera se nos pregunta, a través de esta mujer llamada María, ¿cuánto quieres influir en la construcción de mi Reino? ¿Hasta dónde deseas ayudarme? ¿Quieres llevar la cultura de la fe, las tradiciones y valores a los hombres? ¿Quieres ser la sal de la tierra y la luz para las inteligencias?

Nuestra Potencia Biológica

Dentro de la ciencia es extensamente conocido que los aspectos bioquímicos femeninos son increíblemente sofisticados, solemos vivir más, tenemos un sistema inmunológico fuerte, nuestro metabolismo quema pocas calorías; y todo esto nos dice que Dios creó y formó a la mujer, sabía que sería la escogida para portar la vida. Llevamos la maternidad inscrita en nuestro cuerpo, somos la vasija, el ánfora que acoge a cada ser humano que nace y después de dar a luz permanecemos ahí para llevar a su desarrollo pleno a cada criatura. El hecho de estas características biológicas me dice mí que Dios nos concede la gracia de de ayudarle a extender su reino. No es necesario darle demasiadas vueltas: Dios nos ha hecho para ser madres.

Nuestra Potencia Psicológica

Como mujeres nuestra configuración psicológica también es muy especial pues llevamos a la sociedad, a la familia, a la empresa cualidades como agudeza de ingenio, intuición, ternura sin precedentes cuando se trata de consolar, capacidad para sembrar la fe, tradiciones y valores como nadie. La mujer católica según Enrique de Ossó es como el maravilloso conducto por el que el fuego del amor divino se comunicará al mundo. Nosotras somos las que sembramos en el fondo de las conciencias infantiles el amor auténtico a través de nuestra propia entrega. Es importante entonces que si eres madre de una niña, desde su más tierna edad siembres en ella valores como la empatía, la ternura, el espíritu de servicio, y la prudencia. Valores que le servirán para ir configurando una personalidad densa y firme que la destacará entre la masa. Es importante que hagas una revisión profunda de la forma en que tu misma estás viviendo estos valores, ya que con apenas cuatro años una niña ya está en la capacidad de mirar o no con compasión a los demás; de brindar ternura a un recién nacido; salir al paso para ayudarte a sacar las compras y ofrecer algo de tomar a sus amiguitos cuando llegan a visitarla.

Nuestra Potencia Espiritual

Como mujeres también tenemos la tarea de espiritualizar la sociedad. En nuestra época caracterizada por la velocidad y el vértigo hay muy pocas respuestas para el silencio interior. Por esto mismo es importante a que, como diría Santa Teresa de Jesús, nos “determinemos determinadamente” a ser mujeres que tengan una vida interior profunda para llegar a conquistar un corazón recio cuya característica fundamental será la generosidad al amar. Santa Teresa de Jesús, impecable conocedora de la psicología femenina decía que era de “corazón recio” y así quería a sus hijas “nada mujeres” dando a entender que no le gustaban las quejas y los comentarios que se achacan a menudo al mundo femenino.

Cuando somos mujeres orantes, comprometidas apasionadamente a tener ese “nudo” espiritual con Jesucristo nos convertimos en mujeres fuertes, con una fortaleza que va más allá de lo natural porque se apoya en la gracia y el poder de Dios. Esto nos capacitará para educar mejor a nuestras hijas, especialmente en el espíritu de sacrificio, espíritu del cual la sociedad moderna lucha por apartarnos mostrándonos que ser sacrificadas es estar alineadas o ausentes de personalidad. Cuando es todo lo contrario, si les enseñamos a nuestras hijas a sufrir con calma y abandono serán mujeres emocionalmente más fuertes y capaces. Es importante que les enseñemos con prontitud y convencimiento, que el sufrimiento es parte del proceso de la vida, es uno de los protagonistas de nuestro guión biográfico y que ofrecido a Dios por su reino nos ayuda a alcanzar la propia Santidad personal.


Si Dios te da hijas…

Si Dios te confía formar y preparar hijas para preservar nuestra raza humana, anímate, amiga, a darles una educación que las lleve a tener el valor de ir contra la corriente. Fomenta en las mujeres del mundo el querer amar con un Amor grande y radical; que sean valientes y fuertes a la hora del dolor; que imiten a las más grandes santas; que sean sencillas y celosas de su intimidad; que tengan un corazón abierto y generoso.

Pidámosle a Santa María, la Madre por Excelencia, que nos ayude a enseñarle a nuestras hijas a dárselo todo a Dios, y que nos lo enseñe a ti y a mí.

Y a ti… ¿Qué te sostiene?


Sheila Morataya-Fleishman

Hay tanto que escribir sobre las cosas que a las mujeres nos gustan. En lo personal me gusta mucho salir de compras. Puedo pasarme horas de horas comprando los zapatos de última moda, los trajes de dos piezas y las carteras Lauren o Coach. También mi resistencia se viene abajo cuando entro al departamento de joyería. Las perlas ¡ay, como me gustan las perlas! Tengo que controlarme muchísimo para no comprarme la tienda entera…

Hace algunos días fuimos a caminar a un lugar divino, un lugar del que se dice, mucha gente acude para hacer meditación u oración. Mis amigas y yo hablábamos de la liposucción. De los mejores cirujanos que hay en cada país para disminuir el estómago, los brazos, y todas esas partes delatoras de nuestro cuerpo. Otra decía que ya había ido al primer chequeo para hacerse los ojos. Pues la mejor edad para empezar a operarse es al llegar a los cuarenta. -¡No puede ser que ya vaya a cumplir cuarenta años!- expresaba una de ellas con espanto. Pero hermana, -decía otra- hoy no hay que preocuparse por envejecer con tanta crema y cirugía que puedes hacerte…. yo ya le dije a mi marido que vaya reservando los fondos para la primera que me voy hacer yo…

Entre esos miedos también están los kilos de más. -Realmente yo no he nacido para hacer dietas- mencionaba Julia. Eso de los sacrificios con las comidas no es para mí. Es mucho más práctico y fácil pagar una masajista….. ¿Porqué no hacer ejercicios? -decía yo- ¡No! saltaba Dalia, -¡imagínate tanto sacrificio! Además, es un esclavizarse a hacerlo diariamente y yo para esas disciplinas no sirvo.

Y así, se nos fueron las horas. Hablando de los miedos y la vanidad femenina. Mujeres ¿Y esas somos las que hemos nacido para ser la savia de la sociedad, el alimento espiritual? Esas que hablamos de vanidades y superficialidades ¿Somos el fermento del mundo? ¿Esas somos la sal de la tierra?

Las mujeres seguimos los pasos de la moda. Pero hoy en día no es fácil ser católica, porque no es lo que está de moda. Lo que esta de moda es practicar la meditación trascendental, hacer yoga, “curarte con cristales”, “sanar tu auto-estima” y asistir a innumerables cursos de superación personal.

Si hoy el Dalai Lama dice en las noticias “El amor es la llave de la felicidad” millones dicen “ohhh, el Dalai Lama, ese hombre tan perseguido, tan bueno, tan iluminado, él dice que el amor es la llave de la felicidad”. ¡Ah! Pero si el Papa dice “El amor es la llave de la felicidad” parece como si su mensaje pasara desapercibido.

Hay mucha sed y hambre de verdad, y las mujeres somos evidentemente seres con una dirección natural, innata, muy propia de nuestro sexo hacia la espiritualidad. Nosotras intuimos con más precisión que hay un mundo que va más allá de nuestros ojos. Y tampoco es raro que seamos las mujeres las que tomemos con mayor frecuencia (especialmente en este tiempo) los caminos equivocados en busca de la verdad, por medio de la espiritualidad. Tenemos hambre de seguridad, de confianza, de valor, y tenemos una gran desesperación por encontrar eso que llene nuestro vacío.

Además el mundo donde vivimos está sacudido por diferentes crisis, entre ellas, una de las más peligrosas es la pérdida del sentido de la vida. Muchas de nuestras contemporáneas han perdido el verdadero sentido de la vida y lo buscan en sucedáneos, como el desenfrenado consumismo, la droga, el alcohol o el abuso de la sexualidad y el erotismo. Buscan la felicidad, pero el resultado es siempre una profunda tristeza, un vacío del corazón y muchas veces la desesperación. ¿Cómo vivir la propia vida para no perderla? ¿Sobre qué fundamento edificar el propio proyecto de existencia?

Yo creo que a veces nos complicamos la vida innecesariamente, y por otro lado no tenemos la fuerza necesaria para seguir lo que verdaderamente nos hace crecer. Estamos muy mal acostumbradas a un mundo en el que se quiere todo fácil, rápido, sin dolor, sin esfuerzo. Y la fe que nos enseñaron nuestros padres, con la que crecimos puede serlo todo, excepto fácil, rápida o sin esfuerzo.

Ser católica no está de moda. Tampoco está de moda el decir que debemos cuidar nuestro corazón y nuestro cuerpo preservando nuestra intimidad en lugar de lanzarnos con una micro falda y una blusa con escotes que quitan la respiración para embriagarnos en una discoteca. No es fácil darse cuenta de que los hijos son un don de Dios y que no debemos obstruir Su Voluntad utilizando anticonceptivos. No está de moda el sacrificarse por amor a los demás. Vivimos una época de un feroz individualismo. Todo es yo, yo, yo y al final, ese “yo” se queda solo.

Ser católica, amiga mía no es fácil. Pero estoy convencida de que en nuestra fe, en la que nos enseñaron nuestros padres, está la verdad. Nuestros problemas no van a desaparecer por el hecho de ir a misa, o por confesarnos o por comulgar. Los problemas seguirán ahí, pero el corazón de nuestra fe está en la resurrección de Jesucristo, el hijo de Dios que se hizo hombre, al que crucificaron por nuestra culpa pero que resucitó. Él nos enseñó que todas nuestras penas, nuestras ansiedades y nuestros dolores tienen un significado, más que un “por qué” tienen un “para qué”. Para los católicos los problemas, el dolor y la enfermedad son una oportunidad de seguir a Jesucristo en su cruz. Lo que a veces olvidamos es que la cruz tiene su significado de sacrificio pero siempre ante la perspectiva de la Resurrección. Ser católico no es fácil. Comulgar, confesarse o ir a misa no desaparecerán nuestros problemas, pero nos darán la fortaleza interior para poder afrontar esos problemas con una actitud diferente. No son los problemas los que desaparecen, es la Gracia de Dios la que los hace distintos.

Estos sacramentos tienen un valor incalculable en nuestras vidas. Confesarse con frecuencia nos fortalece para luchar contra nuestra debilidad, ir a misa cada domingo es participar de la vida de la Iglesia, de nuestra comunidad (de nuestra común unidad), comulgar es nada menos que comer el pan vivo, estar en la unión más íntima con Jesús mismo. No, estos sacramentos no desaparecen los problemas. Los sacramentos nos dan la fuerza de Dios para que aún en nuestra imposibilidad seamos capaces de lograr grandes cosas, a pesar de las dificultades.

Jesucristo no necesita estar de moda. Él es el mismo ayer, hoy y siempre. Jesús se nos presenta como la respuesta de Dios a nuestra búsqueda, a nuestras angustias. Él dice: “Yo soy el pan de la vida, capaz de saciar toda hambre; Yo soy la luz del mundo, capaz de orientar el camino de todo hombre; Yo soy la resurrección y la vida, capaz de abrir la esperanza del hombre a la eternidad.”(2)

Ciertamente no es fácil seguir a Cristo, en estos días en que la palabra “oración” ha sido substituida por la expresión “meditación trascendental”. Hoy tenemos el mayor peligro de alejarnos de la verdad y convertirnos en mujeres arrancadas por lo superficial, lo egoísta, lo vanidoso, lo falaz, lo falso. Pero las mujeres, a la luz de nuestra fe católica, podemos dar paso a la verdadera naturaleza femenina que es robusta, profunda, inspiradora y sólida. Una naturaleza que es “madre”. ¿No es acaso la Santísima Virgen la más santa? Más que ella, solo Dios. Y era mujer, como tú y como yo.

Amiga mía, no busques la verdad en los libros de astrología, ni en que te lean las cartas, tampoco la busques en la “meditación trascendental”, olvídate de tu aromaterapia, tu “cuarzo de la buena suerte” puedes ir tirándolo a la basura. Este es un tiempo de decisión. Esta es la ocasión para aceptar a Cristo. No como una fanática que se la pase el día entero en la Iglesia, sino como una mujer que verdaderamente necesita acercarse a Jesucristo para aceptar su amistad y su amor, aceptar la verdad de su palabra y creer en sus promesas; reconocer que su enseñanza nos conducirá a la felicidad y finalmente a la vida eterna.(1)

Vamos reconociéndolo, las mujeres de hoy no queremos comprometernos, todo lo queremos fácil. Estamos en la época de la “fast food” y la vida sin sacrificio. Pero también estamos en la época del vacío, del hastío, de la depresión, del abuso sexual, de la violencia, del alcoholismo, de la desunión familiar, de la ansiedad, de la drogadicción, de las relaciones superficiales, de la manipulación. Ese es el precio de nuestra vida “light”, y lo estamos pagando ya mismo.

Pero, ante todo, este es un tiempo de decisión. La decisión de atreverse a no tener miedo a seguir rescatando esos valores de mujer y conocer de verdad lo que puede hacer en nuestro corazón, la comunicación diaria con Jesucristo. La mujer que desarrolla su interioridad y tiene esa comunión amorosa con su creador está mejor preparada para salir al encuentro del amor siendo hija, hermana, amiga, religiosa, esposa, madre, profesional, servidora.

Somos seres de encuentro y como mujeres somos las que debemos tomar la iniciativa. Pero esa iniciativa nunca podrá tomarse o verse con la enorme y trascendental importancia que tiene mientras sigamos siendo superficiales, materialista y egoístas. Estos son los obstáculos que debemos de vencer para poder poner la esencia de lo verdaderamente femenino en el mundo y de esta forma cristianizarlo con profundidad y no a medias. Por eso se requiere mujeres que estén dispuestas a vivir el compromiso.

Ser una católica de pies a cabeza, implica dificultad y sacrificio. ¿Acaso no te sacrificas en tus gustos o decisiones por lo que le gusta a tu pareja? Ese sacrificio significa un cambio, un convertir el “yo” en “tu”.

Cuando hay vida interior hay un cambio en la conducta. Se crece humanamente y se vuelve frondosa la vocación específica de mujer. ¡Hay que acercarse a Jesucristo con la oración! Porque con la práctica diaria de la oración se trabaja directamente sobre el corazón, y se van cayendo las costras del egoísmo y la malicia y pasa a plantarse firmemente la madurez y serenidad de la generosidad y el significado de ser un lazo, un eslabón, un clavo en la cruz. Sujetar, acompañar, solidarizarse con Cristo que pasa, estar atenta. Labor de mujer, misión femenina.

Cuando hay vida interior dispuesta a la revelación de las propias miserias, se puede ver lo que hace el materialismo y la excesiva preocupación por los años y el cuerpo al alma. Se visualiza claramente que todo eso no deja crecer y no permite despojarse del estar pensando solo en una misma. Por eso la oración es el trabajo más exquisito, fino y delicado que el Espíritu Santo descubre al alma de una mujer cuando está entra desnuda con su propia verdad y con la docilidad de ser transformada. La mujer con esa actitud entonces, sale a la calle liberada, fuerte y segura para la batalla y puede ser una influencia poderosísima en todos los ambientes y con las otras mujeres a las que desde esa dimensión ve como hermanas.

La mujer con vida interior es un sistema totalmente abierto, es la que descubre lo inmenso de su propia inteligencia y puede entonces poner el motor de la voluntad en marcha. Se convierte así en esa Mujer Ejemplar que no es fácil de hallar (2). En la que se puede confiar y reposar porque desde el lugar que en la vida le corresponde coloca a Cristo siempre, siempre en la cumbre. De todas sus actividades humanas (3).

¿Querrá todo esto decir que renunciaré a los placeres del mundo, a la moda, a las fiestas, a la aspiración profesional? ¿No será esto enajenación, idealismo? No. No te pierdas. No es renunciar a la moda, ni a las aspiraciones profesionales. No es enajenación ni es idealismo. Es el descubrimiento de tu propia inteligencia, de tu nombre y de tu fuerza. Es encontrar lo denso del valor de lo femenino, vivirse intensamente gozosa de ser una mujer. Es vivir con valentía un tiempo de decisión en el que yo te pregunto: Y a ti, ¿qué te sostiene?

1. Juan Pablo II

2. Proverbios 31,10

3. José María Escriva de Balaguer.

Culto a la figura, sexualidad femenina y moda


Sheila Morataya-Fleishman

Dicen las revistas de moda que dentro de sus páginas se puede encontrar todo lo que se necesita para lograr la figura ideal que cada mujer quiere tener. Los artículos y anuncios nos hablan de cremas que queman la grasa, pastillas para acelerar el metabolismo y, hasta la famosa dieta de repollo. Claro, las revistas promueven el culto a la figura. ¿En qué te hace pensar esto? Yo pienso en mujeres delgadas, mujeres jóvenes, mujeres sin una gota de grasa en sus cuerpos y vestidas a la última moda. Se me vienen también a la cabeza cinturas de avispa a fuerza de mucha ensalada, manos que no envejecen y, mujeres que sacrifican todo por la belleza volviéndose anoréxicas, bulímicas y compulsivas. A la cabeza de esta lista están las modelos y los modelos, pues ellos también padecen y son quizá los dioses de este culto. “De hecho yo fui modelo”.

El culto a la figura inunda rabiosamente todos los medios de comunicación, la prensa, la radio y la televisión. Nadie se ha salvado. El culto a la figura ha llegado a nuestras madres jóvenes y no tan jóvenes y a nuestras hijas de 8 años y un poco más. Créame, le estoy diciendo la verdad. En nuestro tiempo no es la muñeca Barbie el modelo, hoy es la muñeca Bratz que, con la misma delgadez de la Barbie pero con labios carnosos y sensuales, ojos que hechizan a cualquiera y vestimenta que seduce, le dicen a nuestras niñitas: mira, así somos las mujeres hoy, 5 libras de más y olvídate, pues no pasarás la prueba.

Necesidad de despertar y actuar.

¿Hasta cuándo seguiremos durmiendo y apoyando todo esto, nosotras mujeres que hacemos y defendemos la cultura? ¿Le parece amigo lector que son estos modelos la noción de feminidad que queremos transmitir a las niñas? ¿Cómo evitar caer en estas trampas que inclusive muchas de nosotras como mujeres nos hemos creído? ¿Quién se animará a reinventar las muñecas? Supongamos que es cada una de nosotras la que trabaja para proveer a nuestras hijas y nuestras mujercitas una nueva mirada hacia lo que realmente significa ser mujer y estar a la moda.

¿Mujer o género?

La mujer es más que un género. ¿Y qué es el género? Es el vocablo utilizado que no contiene en sí mismo el significado de ser mujer. Este vocablo se queda corto para expresar lo que la mujer es en toda su profundidad. Por su constitución ontológica, la persona es una unidad substancial de cuerpo y espíritu. La naturaleza humana existe de dos modos distintos como varón y como mujer, de aquí que ambos posean la misma dignidad. La mujer es un ser sexuado. Cuando hablamos de sexualidad hablamos de la totalidad de la persona como hombre o mujer. Es por esto que la mujer debe defender esa dignidad propia que radica en ella, siendo muy celosa y cuidadosa a la hora de vestirse.

Cuando la persona nace, nace desnuda y de inmediato se la cubre, pues se quiere proteger su intimidad. Profundizar en torno a esto con nuestras hijas es muy necesario, pues ayudará a la joven a comprender el porqué es importante vestirse y ser cuidadosa en cuanto a la moda que se lleva, pues si la mujer quiere que se la ame por el significado profundo de ser persona-mujer y por su dignidad, será necesaria la educación de una misma como mujer y madre en cuanto a la forma que se mira y se lleva la moda, pues ésta puede ayudar o ser obstáculo para alcanzar el fin que cada una tiene como mujer.

Dicen que en la moda, hoy, todo se vale. Sin embargo, yo no estoy de acuerdo con esto. No se vale caer en el permisivismo y en el acomodamiento de porque esta de moda y porque todo el mundo lo lleva hay que hacerlo. No se vale que permitamos que a nuestras hijas y niñas no se les inculque el celo por lo moral y por la belleza de su dignidad femenina debido a la falta de formación en una misma. ¡Piénsalo!

Misión de mujer: ser madre


Sheila Morataya-Fleishman

“Años se han ido sin ti – ¿cuántos años?…
Sobre tu blanca tumba
¡Oh Madre!, mi amada desaparecida,
Para este hijo lleno de amor,
Una oración: Descansa eternamente.”

Con esta conmovedora poesía a su desaparecida madre Emilia, iniciaba el autor Karol Wojtyla su carrera como escritor. Perdió a su madre cuando tenía ocho años de edad y sólo a través de la escritura pudo expresar propiamente el sentido de su dolor y pérdida. ¡Cuán importante es tener una madre! Y cuando cumple su misión metida en la criatura o criaturas que esta formando, muchas veces sin pensar en ella, como nos marca para siempre el sello de su amor, como le paso a Nuestro Santísimo Padre Juan Pablo II. ¿Estaremos conscientes las madres cristianas de hoy de tan grande trabajo? ¿Se nos escapará en gran medida de que es un trabajo para glorificar a Dios?¿Qué esperará nuestro Creador de nosotras como mujeres-madres en estos tiempos de agitado consumismo y pérdida de valores y tradiciones?

¿Está de moda la generosidad maternal?

Escribir a las mujeres sobre generosidad hoy, es tan pero tan difícil. Es un reto, un desafío, un llamado intenso a observar el propio corazón. Pues para ser generosos hoy, se necesita descubrir primero como anda el mismo. El corazón es considerado como el resumen y la fuente, la expresión y el fondo último de los pensamientos, de las palabras, de las acciones. Un hombre vale lo que su corazón vale decía el Beato Josemaría Escrivá de Balaguer. Una mujer es madre de acuerdo a lo que en su corazón haya permitido dar entrada. Te invito a pensar mucho en tu corazón este día. Tómate unos minutos, unas horas y escribe en un papel todo aquello que te esta impidiendo ser generosa a la hora de educar a tus hijos. Los hijos siempre amarán a los otros de acuerdo a la forma en que hayan observado en nosotros dar el amor. Nuestra sociedad esta tan necesitada de un amor auténtico de mujer, de madre, de apertura a la verdadera sensibilidad femenina. Mujeres que cada vez son más pocas, pues todo lo que se ve y se lee nos orienta a perseguir el individual bien, olvidándonos casi siempre de la necesidad tan enorme que tienen esos pequeños y jóvenes de hoy de vivir y saborear la verdadera generosidad humana.

El resumen y la fuente

Sacrifico, el resumen; amor, la fuente. Sacrificio y amor es lo que necesita la madre de hoy para educar. ¿Cuáles son los sacrificios que la madre moderna de hoy tiene que hacer para tener hijos resplandecientes y equilibrados que amen y prefieran a Dios sobre todas las cosas? ¿En verdad quieres saberlo?.

-Sacrifica tu propia comodidad y cuida tu misma. Tengo amigas que a la hora de tener a sus hijos, tienen una enfermera de planta a su lado. La enfermera se encarga de alimentar al bebé en las horas más pesadas para que la madre descanse y se reponga. Hay otras que no tienen los medios para contratar personal especial para esos días pero si para tener hasta dos muchachas de servicio. La madre amamanta y la muchacha pasea al bebé, lo cambia y pone a dormir. En las visitas al médico es quien lo carga, mientras la madre hace sus llamadas telefónicas por el celular. Hay otras que en el último de los casos nos llevamos a nuestras propias madres a nuestras casas para que nos acompañen en esos primeros y durísimos meses.

¿Se puede con todas estas ayudas interiorizar en el sentido más profundo lo que es el sacrifico y la entrega generosa en medio del dolor físico? ¿No es totalmente imprescindible que el recién nacido mame de nuestra entrega sin quejas y reblandecimientos lo que es la generosidad y el amor que no mira, sino ama el sacrificio? ¿Por qué nos cuesta tanto entenderlo y vivirlo? Es necesario detenerse y descubrir lo que hay en el propio corazón y las exigencias que nos hacemos a nosotras mismas.

-Sacrifica tus propias ambiciones profesionales. Esto si que es doloroso. ¿Cuántas madres modernas se respaldan tras el emblema “calidad de tiempo y no cantidad”.

¿Serás tu una de ellas? Estar con un hijo en la casa las 24 horas del día es tremendamente agobiante y desgastante cuando no se tiene un plan, un proyecto. Entonces la cantidad se vuelve rutina y es preferible, por supuesto, hablar de calidad. Es necesario volver al trabajo profesional, además la vida esta muy cara y yo quiero darles un futuro mejor a mis hijos,-expresan.

¿Será que te sientes incapaz de sacrificar tus sueños individuales para donarte completamente a tus hijos? Es maravilloso y gratificante ser mujer profesional. Se siente muy bien cuando tu nombre suena a algo, a importante, a éxito. Aunque tengas que pasar hasta 18 horas lejos de tus hijos y darles tres horas de calidad de tiempo. ¡Ah, y después de esas tres horas, sentarte frente al computador, y ponerles una película mientras tú tranquilamente sigues desde tu casa trabajando y realizándote. ¿Sabes que por eso mismo hoy la carrera de Psicología es una de las más estudiadas? Hay tantos adolescentes que necesitan orientación, que son los psicólogos los únicos que tienen tiempo para escucharlos. ¿No será tiempo de re-pensar en nuestro profesionalismo como madres? ¿Qué les estamos dando verdaderamente a nuestros hijos? ¿Cómo nos aseguramos de que no se sienten frustrados ante nuestra falta de verdadera entrega, de estar para ellos? ¿Cuánto silencio hay en tu vida para permitirte descubrir las piezas de tu propio egoísmo y así dar paso a la fuente que es el amor? ¿Has dejado que esa fuente se tape con toneladas de egoísmo? ¿Prefieres no pensarlo?

-Sacrifica tu propio temperamento. Y ama con amor dadivoso. Yo no dudo que ames a tus hijos, pero a veces con apenas un añito he visto a madres perder la paciencia. Sus ojos no parecen infundir ternura, sino reclamo, enojo y frustración.

He visto como madres con hijos de sólo tres años destruyen su auto-estima con actitudes de rechazo hacia sus juegos y travesuras. Madres que anteponen lo que sienten, enojos y hasta amarguras a la salud mental y espiritual de sus hijos. Madres, que acogieron sólo los primeros meses pero que a medida crecen los hijos empiezan a gritar, insultar y hasta pellizcar a su pequeños. Todo eso, los rasga, los mutila, los destruye. ¿Cuántos dejamos que domine el temperamento a la hora de formar a nuestros hijos? ¿Cuánto corazón mostramos al aceptarlos como son? ¿Cuánto nos preocupamos más por las opiniones de los otros cuando no se expresan como nosotros queremos? ¿Cómo estamos verdaderamente enseñando lo que es el cariño, auténtico catalizador de las relaciones humanas?

Para una reflexión profunda….

“Humilla tu cara en el polvo, hermana madre, y deja de pensar en nada que sea barro, que sea criatura, que sea mundo, que seas tú. Sueña y piensa y duerme en Él”.*

Para dejar de pensar en nada que no sea yo misma y todo aquello que merezco, se necesita tener un corazón a la semejanza de Aquel que se dio por amor a los hombres. Se necesita también tener un corazón que viva constantemente metido en Él, como vivía la Madre María. Como católica moderna no es fácil dejarse transformar por el poder del Espíritu Santo para ser una madre diferente que es profesional y está a la moda pues el ambiente esta cargado de superficialidad. A veces parece imposible vivir metida en Dios y ser del mundo. Pero cuando se deja de pensar en nada que sea barro, que sea mundo, que sea uno mismo Dios mismo da la gracia y levanta y perfecciona y enseña a amar a los demás con amor de dádiva el cual es la configuración suprema del amor. Que tu corazón hoy se arrodille y piense una vez en la bendita misión de la maternidad.