El Valor de una Madre


A todas las mamis del mundo… Gracias!

no necesitas un día en especial para agradecer a tu mamá todo lo que ha hecho por ti, cada día agradécele, porque ella cada día se levanta para hacerte tu desayuno, te prepara tu comida y tu cena, cada día te espera, cada día te ama… cada día ella pide a Dios por ti, no sólo el 10 de mayo… Emoticón heart Valoremos a nuestras mamis SIEMPRE….

 

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el valor de una madre

Con Cariño de Jesús Para Mi Flor


Con Cariño de Jesús Para Mi Princesa

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Mi Flor

Eres mi flor. Te atendí con ternura desde que eras una pequeña semilla. Te regué y te abone. Estuve a tu lado todos los días de tu vida, cuidándote, proveyendo para tus necesidades y sosteniéndote cuando las cosas se ponían difíciles, cuando el suelo yacía reseco, cuando el sol te abrazaba y cuando los transeúntes pisoteaban tus delicados pétalos y hojas.

Me encanta el color de tus pétalos y la forma en que resplandecen cuando se posa sobre ellos el rocío de mi amor. Me alegra el corazón verte abrirlos para absorber el sol de mi amor y la calidez de mi Espíritu. No dejes de embeberte del agua de mi palabra para que tus hojas conserven su verdor y se mantengan lozanas. Sigue abriéndote a la luz y al calor que irradia mi sol y no dejes de bañarte en mis rayos para que tus colores y fragancia alegren a los demás.

Me lleno de felicidad cuando despides ese dulce  perfume que embriaga de alegría a quienes te rodean, que les levanta la moral y les eleva el espíritu. Tienes mucho que entregar mi pequeña flor.

Aurora Production AG, Suiza, 2010

María y la fe de una mamá


Autor: Susana Ratero | Fuente: Catholic.net
María y la fe de una mamá
Cuando hagas oración por alguien, no esperes que esa persona ponga de sí “algo” para alcanzar el milagro.
María y la fe de una mamá

Hoy te encuentro, mujer cananea, en un pasaje del Evangelio… (San Marcos 7, 24-30) Y me quedo pensando en ti, en tu dolor de madre, en tu búsqueda de caminos para tu hija.

Pasan las horas y siento que sigues estando allí, en mi corazón, tratando de hacerme entender, tratando de explicarme algo… Pero no te entiendo.

Y como mi corazón sabe que cuando no entiende debe buscar a su Maestra del alma, entonces te busco, Madre querida, te busco entre las letras de ese pasaje bíblico que leo y releo una y otra vez.

De pronto mi alma comienza a sentir tu perfume y me voy acercando al lugar de los hechos…

Allí te encuentro, Madrecita, mezclada entre la gente que hablaba de Jesús… me haces señas de que tome tu mano. ¡Qué alivio para el alma tomar tu Mano, Señora Mía!!! ¡¡¡Como se abren caminos santos cuando nos dejamos llevar por ti!!!

Así, aferrada a ti, te sigo hasta muy cerquita de una mujer de triste mirada… Esa mirada que tiene una mama cuando un hijo no esta bien, sea cual sea el problema. Es la cananea. Pasa por aquí, quizás va a buscar agua o comida… Ve la gente que habla y se acerca. Su dolor le pesa en el alma.

– Presta atención, hija, – me susurras dulcemente, Madrecita…

Alguien habla de Jesús, de sus palabras, de sus enseñanzas, de sus milagros… Los ojos de la cananea parecen llenarse de luz.

No alcanzo a divisar a quien habla, ni a escuchar lo que dice, pero, en cambio, puedo ver el rostro de la cananea.

– Mira cómo cambia la mirada de ella, Madre- te digo como buscando tu respuesta

 ¿Sabes que es ese brillo que va creciendo en sus ojos? Es la luz de la esperanza. Una esperanza profunda y una fe incipiente que, como lluvia serena en tierra árida, va haciendo florecer su alma. Dime, qué piensas de esto.

– Pues… que me alegro por ella.

 Esta bien hija, que te alegres por ella, pero si te explico esto, es también para que comprendas algo. Te alegras por esa mama, pero nada me has dicho de quien estaba hablando de Jesús.

– No te entiendo, Madre

 Hija ¿Cómo iba a conocer a mi Hijo esa sencilla mujer si esa persona no hubiese hablado de Él? Lee con atención nuevamente el pasaje del Evangelio, “habiendo oído hablar de Él, vino a postrarse a sus pies…” habiendo oído, hija mía, habiendo oído…

Te quedas en silencio, Madre, y abres un espacio para que pueda volver, con mi corazón, a muchos momentos en los que mi hermano tenía necesidad de escuchar acerca de tu Hijo, acerca de ti… y yo les devolví silencio, porque estaba apurada, porque tenía cosas que hacer.

Trato de imaginar, por un momento, como fue aquel “habiendo oído”. Cuáles fueron los gestos y el tono de voz de quien habló, cuáles fueron sus palabras y la fuerza profunda de su propia convicción. Cómo la fe que inundaba su corazón se desbordó hacia otros corazones, llegando hasta uno tan sediento como el de la cananea.

¡Bendito sea quien haya estado hablando de tal manera! los Evangelios no recogen su nombre pero sí recogen su fruto, el fruto de una siembra que alcanzó el milagro.
¡Dame, Madre, una fe que desborde mi alma y así, llegue al corazón de mi hermano!

De pronto, veo que la cananea va corriendo a la casa donde Jesús quería permanecer oculto… Tu mirada, Madre, y la de ella se encuentran. Es un dialogo profundo, de Mamá a mamá…

Entonces, con esa fuerza y ese amor que siente el corazón de una madre, la mujer cananea suplica por su hija. Jesús le pone un obstáculo, pero este no es suficiente para derribar su fe….

Ella implora desde y hasta el fondo de su alma… Todo su ser es una súplica, pero una súplica llena de confianza.

Entonces, María, entonces mi corazón ve el milagro, un milagro que antes no había notado… un milagro que sucede un instante antes de que Jesús pronuncie las esperadas palabras…

El milagro de la fe de una mamá…

Aprieto tu mano, María Santísima y te digo vacilante:

– Madre, estoy viendo algo que antes no había visto…

 ¿Qué ves ahora, hija?

– Pues… que Jesús no le dice a esa mujer que cura a su hija por lo que su hija es, por lo que ha hecho, por los méritos que ha alcanzado, ni nada de eso. Jesús hace el milagro por la fe de la madre.

– Así es, hija, es la fe de la madre la que ha llegado al Corazón de Jesús y ha alcanzado el milagro la fe de la madre. Debes aprender a orar como ella.

– Enséñame, Madre, enséñame

 La oración de la cananea tiene dos partes. La súplica inicial, la súplica que nace por el dolor de su hija, ese pedido de auxilio que nace en su corazón doliente. Pero su oración no termina allí. Jesús le pone una especie de pared delante.

– Así es Madre, si yo hubiese estado en su lugar quizás esa pared hubiera detenido el camino de mi oración…

 No si hubieses venido caminando conmigo. Pero sigamos. Jesús le pone una pared que ella ve y acepta… y así, postrada a los pies del Maestro su fe da un salto tal que le hace decir a Jesús “¡Anda! Por lo que has dicho, el demonio ha salido de tu hija”. Ese salto de su fe es esa oración que persevera confiada a pesar de que las apariencias exteriores la muestren como “inútil” “para qué insistir”… por tanto, hija, te digo que no condiciones tu oración a actitudes de otras personas…

-¿Cómo es esto Madre?

– Cuando hagas oración por alguien, no esperes que esa persona ponga de sí “algo” para alcanzar el milagro. Tú continúa con tu oración, que los milagros se alcanzan por la fe de quien los pide más que por los méritos del destinatario. Suplica para ti esa fe, una fe que salta paredes, una fe que no se deja vencer por las dificultades, una fe como la de la cananea…

Y vienen a mis recuerdos otras personas que han vivido lo mismo… desde Jairo (Mt 9,18; Mc 5,36; Lc 8,50) o ese pobre hombre que pedía por su hijo (Mt 17,15 Mc 9,24) hasta Santa Mónica, suplicando tanto por su Agustín… y alcanzando milagros insospechados, pues ella solo pedía su conversión y terminó su hijo siendo no solo santo sino Doctor de la Iglesia…

Las oraciones de una mamá.

La fe de una mamá.

Te abrazo en silencio, Madre y te suplico abraces a todas las mamás del mundo y les alcances la gracia de una fe como la de la cananea, esa fe que salta paredes y se torna en milagro.

NOTA de la autora: “Estos relatos sobre María Santísima han nacido en mi corazón por el amor que siento por Ella, basados en lo que he leído. Pero no debe pensarse que estos relatos sean consecuencia de revelaciones o visiones o nada que se le parezca. El mismo relato habla de “Cerrar los ojos y verla” o expresiones parecidas que aluden exclusivamente a mi imaginación, sin intervención sobrenatural alguna.

¿Te ha tocado un matrimonio difícil?


“La vida de misionera es una vida dura con un claro impulso evangelizador y una profunda creencia en la fuerza de acción presidida por la compasión”
Madre Teresa de Calcuta.

¿Te has encontrado alguna vez frente a uno de esos casos en donde aconsejar a las amigas se vuelve extraordinariamente difícil por lo complejo de la situación que algunas veces te exponen? Y cuando aconsejas a tus amigas, ¿lo harás tomando en cuenta tu compromiso como Hija de Dios, tu llamado a crear unión, o más importante, está el amor de Dios presente en medio de tus consejos?

Tal vez te extrañará que te haga estas preguntas, pero a veces cuando aconsejamos a una amiga se nos pasa por alto que tenemos una fe que nos empuja y no pide en cada pasaje de las escrituras perseguir todo lo que es bueno, y que nos invita siempre a ser sabias, misericordiosas y compasivas. También tenemos esos valores de mujer que nos piden profundizar en la forma en que estamos amando, creer en la bondad de las personas y ayudarlas a construir una vida persiguiendo su plenitud humana. Por todo lo anterior es que cuando mi amiga Dudas me visita para pedir me ayuda y consejo procuro tomar todo esto en cuenta. Aconsejar así te lleva a dar respuestas y aliento de una forma diferente.

 

A veces las ilusiones nos sorprenden

Estoy segura de que si eres una mujer casada sabes de primera mano lo difícil que es llevar un matrimonio. Especialmente se te hace extenuante en los primeros años pues es un “aprender” a acoplar tus deseos, metas y opiniones con las de tu esposo. Para algunas mujeres los primeros años de casada son los más hermosos e inolvidables, para otras una verdadera batalla, un reto, la prueba de fuego de sus convicciones y valores. Para muchas, representa la forma en que Dios les llama a descubrir todo el potencial que reside en sus corazones para amar sin condiciones. Mi amiga Dudas es de las últimas. Desde recién casada se encontró con que todo aquello con lo cual soñaba e ilusionaba una vez casada no era. Cuando vino a platicar conmigo se le veía angustiada, confundida, e inmensamente triste. –No sé que hacer- me decía no se cómo manejar esta situación…me siento tan desorientada.

Toma siempre en cuenta tu fe

La vida, decía Viktor Frankl es una tarea. Es un descubrir y encontrar un sentido detrás de todo aquello que nos pasa y realizarlo. Por supuesto, tenemos ese maravilloso regalo de la libertad para llevar a cabo esa tarea o dejarla a un lado. Le di a mi amiga Dudas los siguientes consejos: – Haz una instrospección cuidadosa en torno a tu fe y la forma en que la vives. ¿Es una fe viva? ¿es tu vida interior lo suficientemente sólida como para iluminarte y llenarte de fortaleza cada día?

 

– Piensa que tu problema matrimonial puede ser tu misión, tu único y personal llamado. La tarea para ayudar a ese compañero de tu vida con el especial talento para dar amor que como mujer tienes a crear significado, pues hay un momento en que te decides por medio de la fe que te sostiene a amar sin condiciones, a olvidarte de ti, a donarte. Esto, en esta época tan moderna y confusa en la que vivimos puede parecerte ridículo y hasta loco. Pero para quien tiene la experiencia de vivir “un matrimonio diferente” representa un verdadero sendero hacia el conocimiento de sí misma, pues te lleva a preguntarte ¿porqué quiero luchar por este matrimonio? ,¿qué significado tiene para mí el hacerlo o no hacerlo? , ¿me siento llamada a responderle a la vida y a mi propia fe?

 

La llamada dentro de la llamada

“Muchos matrimonios ya no conversan, no por falta de tiempo, sino por haberle cerrado al otro la puerta del corazón”. Jutta Burggraf

El camino matrimonial es una de las vocaciones a la vida más retadora, apasionante, educadora, fascinante. Pero dentro de la especial vocación a la llamada matrimonial, hay una llamada más para ti como mujer , en palabras de Juan Pablo II es la feminidad realizando lo “humano”, tanto como la masculinidad pero con una modulación directa y complementaria. Tener conciencia de esto ayuda a la hora de trabajar sobre un matrimonio difícil.

Por otro lado Edith Stein, la gran filósofa alemana convertida al catolicismo habla de que compartir la vida de otro ser humano y participar en todo lo que le afecta, en lo más grande y en lo más pequeño, en las alegrías y en los sufrimientos, pero también en los trabajos y problemas constituye su don y felicidad. La mujer según Stein, es capaz de penetrar empática y reflexivamente en ámbitos que a ella de suyo le quedan lejos y de los cuales jamás se hubiera preocupado si no hubiese puesto en juego al respecto un interés personal. Cuando como mujer te decides a “poner amor donde no hay amor”(San Juan de la Cruz), estas ejerciendo precisamente tus habilidades únicas de mujer, sigues ese instinto que ha nacido contigo y que te hace la llamada dentro de la llamada, “jamás te rindas, nunca te detengas” y sobre todas las cosas ten presente a Dios en todo lo que decidas y hagas.

Para Jutta Burggraf, una de las pensadoras actuales más brillantes, el amor matrimonial representa un verdadero “desafío”, pues la convivencia matrimonial puede ser muy bonita pero también agotadora y desgastante cuando no es ideal. Pero detrás de esto, exhorta a descubrir la “oportunidad” que hay para la mujer para aprender a madurar e ir ganando en profundidad en el amor. Cada tormenta es una oportunidad de renovación. Cada decepción dentro de tu matrimonio puede servirte para descubrirte, para revolucionarte a ti misma haciéndote una auto-invitación a amar que muchas veces va en contra de lo que la mayoría piensa. En palabras de Burgraff, con los años voy amando más y más porque quiero amar, porque me he decidido por el otro como cónyuge y estoy dispuesta a soportar desilusiones. Sin embargo quiero agregar acá que para soportar esas desilusiones en donde a veces puede parecerte que eres tu sola luchando contra los defectos, neurosis o groserías de tu esposo tengas siempre en cuenta que tu madurez emocional es crítica y tu vida espiritual representará tu comida diaria para que descanses pero no renuncies nunca.

Entonces, ¿qué harás con tu matrimonio difícil? Amiga, te diré lo que también le recomendé a mi amiga Dudas: Esfuérzate por descubrir a través de ese matrimonio tu propia individualidad. Vívete como “más mujer”, decídete a “hacer crecer”. Desarrolla un tipo de creatividad diferente, original, ambiciosa, sobrenatural. No te quedes en lo que se suele hacer en estos casos o en lo que todos piensan. Tu, puedes ir más lejos y responder con un sí a una llamada diferente. Pues es un echo que cada una de nosotras es un “original”. Con sueños, deseos y ganas de ser muy amada. Hay una mujer especial que puede ser tu compañera de batalla, tu gran motivadora, a la Santísima Virgen María le encantara que la tengas como amiga favorita.

El matrimonio es un proceso complicado en el que a veces las cosas no son color de rosa. Aprende cómo superar las crisis con tu esposo y renovar tu amor.

María y la fe de una mamá


Autor: Susana Ratero | Fuente: Catholic.net
María y la fe de una mamá
Cuando hagas oración por alguien, no esperes que esa persona ponga de sí “algo” para alcanzar el milagro.
María y la fe de una mamá

Hoy te encuentro, mujer cananea, en un pasaje del Evangelio… (San Marcos 7, 24-30) Y me quedo pensando en ti, en tu dolor de madre, en tu búsqueda de caminos para tu hija.

Pasan las horas y siento que sigues estando allí, en mi corazón, tratando de hacerme entender, tratando de explicarme algo… Pero no te entiendo.

Y como mi corazón sabe que cuando no entiende debe buscar a su Maestra del alma, entonces te busco, Madre querida, te busco entre las letras de ese pasaje bíblico que leo y releo una y otra vez.

De pronto mi alma comienza a sentir tu perfume y me voy acercando al lugar de los hechos…

Allí te encuentro, Madrecita, mezclada entre la gente que hablaba de Jesús… me haces señas de que tome tu mano. ¡Qué alivio para el alma tomar tu Mano, Señora Mía!!! ¡¡¡Como se abren caminos santos cuando nos dejamos llevar por ti!!!

Así, aferrada a ti, te sigo hasta muy cerquita de una mujer de triste mirada… Esa mirada que tiene una mama cuando un hijo no esta bien, sea cual sea el problema. Es la cananea. Pasa por aquí, quizás va a buscar agua o comida… Ve la gente que habla y se acerca. Su dolor le pesa en el alma.

– Presta atención, hija, – me susurras dulcemente, Madrecita…

Alguien habla de Jesús, de sus palabras, de sus enseñanzas, de sus milagros… Los ojos de la cananea parecen llenarse de luz.

No alcanzo a divisar a quien habla, ni a escuchar lo que dice, pero, en cambio, puedo ver el rostro de la cananea.

– Mira cómo cambia la mirada de ella, Madre- te digo como buscando tu respuesta

 ¿Sabes que es ese brillo que va creciendo en sus ojos? Es la luz de la esperanza. Una esperanza profunda y una fe incipiente que, como lluvia serena en tierra árida, va haciendo florecer su alma. Dime, qué piensas de esto.

– Pues… que me alegro por ella.

 Esta bien hija, que te alegres por ella, pero si te explico esto, es también para que comprendas algo. Te alegras por esa mama, pero nada me has dicho de quien estaba hablando de Jesús.

– No te entiendo, Madre

 Hija ¿Cómo iba a conocer a mi Hijo esa sencilla mujer si esa persona no hubiese hablado de Él? Lee con atención nuevamente el pasaje del Evangelio, “habiendo oído hablar de Él, vino a postrarse a sus pies…” habiendo oído, hija mía, habiendo oído…

Te quedas en silencio, Madre, y abres un espacio para que pueda volver, con mi corazón, a muchos momentos en los que mi hermano tenía necesidad de escuchar acerca de tu Hijo, acerca de ti… y yo les devolví silencio, porque estaba apurada, porque tenía cosas que hacer.

Trato de imaginar, por un momento, como fue aquel “habiendo oído”. Cuáles fueron los gestos y el tono de voz de quien habló, cuáles fueron sus palabras y la fuerza profunda de su propia convicción. Cómo la fe que inundaba su corazón se desbordó hacia otros corazones, llegando hasta uno tan sediento como el de la cananea.

¡Bendito sea quien haya estado hablando de tal manera! los Evangelios no recogen su nombre pero sí recogen su fruto, el fruto de una siembra que alcanzó el milagro.
¡Dame, Madre, una fe que desborde mi alma y así, llegue al corazón de mi hermano!

De pronto, veo que la cananea va corriendo a la casa donde Jesús quería permanecer oculto… Tu mirada, Madre, y la de ella se encuentran. Es un dialogo profundo, de Mamá a mamá…

Entonces, con esa fuerza y ese amor que siente el corazón de una madre, la mujer cananea suplica por su hija. Jesús le pone un obstáculo, pero este no es suficiente para derribar su fe….

Ella implora desde y hasta el fondo de su alma… Todo su ser es una súplica, pero una súplica llena de confianza.

Entonces, María, entonces mi corazón ve el milagro, un milagro que antes no había notado… un milagro que sucede un instante antes de que Jesús pronuncie las esperadas palabras…

El milagro de la fe de una mamá…

Aprieto tu mano, María Santísima y te digo vacilante:

– Madre, estoy viendo algo que antes no había visto…

 ¿Qué ves ahora, hija?

– Pues… que Jesús no le dice a esa mujer que cura a su hija por lo que su hija es, por lo que ha hecho, por los méritos que ha alcanzado, ni nada de eso. Jesús hace el milagro por la fe de la madre.

– Así es, hija, es la fe de la madre la que ha llegado al Corazón de Jesús y ha alcanzado el milagro la fe de la madre. Debes aprender a orar como ella.

– Enséñame, Madre, enséñame

 La oración de la cananea tiene dos partes. La súplica inicial, la súplica que nace por el dolor de su hija, ese pedido de auxilio que nace en su corazón doliente. Pero su oración no termina allí. Jesús le pone una especie de pared delante.

– Así es Madre, si yo hubiese estado en su lugar quizás esa pared hubiera detenido el camino de mi oración…

 No si hubieses venido caminando conmigo. Pero sigamos. Jesús le pone una pared que ella ve y acepta… y así, postrada a los pies del Maestro su fe da un salto tal que le hace decir a Jesús “¡Anda! Por lo que has dicho, el demonio ha salido de tu hija”. Ese salto de su fe es esa oración que persevera confiada a pesar de que las apariencias exteriores la muestren como “inútil” “para qué insistir”… por tanto, hija, te digo que no condiciones tu oración a actitudes de otras personas…

-¿Cómo es esto Madre?

– Cuando hagas oración por alguien, no esperes que esa persona ponga de sí “algo” para alcanzar el milagro. Tú continúa con tu oración, que los milagros se alcanzan por la fe de quien los pide más que por los méritos del destinatario. Suplica para ti esa fe, una fe que salta paredes, una fe que no se deja vencer por las dificultades, una fe como la de la cananea…

Y vienen a mis recuerdos otras personas que han vivido lo mismo… desde Jairo (Mt 9,18; Mc 5,36; Lc 8,50) o ese pobre hombre que pedía por su hijo (Mt 17,15 Mc 9,24) hasta Santa Mónica, suplicando tanto por su Agustín… y alcanzando milagros insospechados, pues ella solo pedía su conversión y terminó su hijo siendo no solo santo sino Doctor de la Iglesia…

Las oraciones de una mamá.

La fe de una mamá.

Te abrazo en silencio, Madre y te suplico abraces a todas las mamás del mundo y les alcances la gracia de una fe como la de la cananea, esa fe que salta paredes y se torna en milagro.

NOTA de la autora: “Estos relatos sobre María Santísima han nacido en mi corazón por el amor que siento por Ella, basados en lo que he leído. Pero no debe pensarse que estos relatos sean consecuencia de revelaciones o visiones o nada que se le parezca. El mismo relato habla de “Cerrar los ojos y verla” o expresiones parecidas que aluden exclusivamente a mi imaginación, sin intervención sobrenatural alguna.

ama de casa por propia desición


Ama de casa por propia decisión

      Publicado en web el 24 de Noviembre, 2011         

34 (1)Querida Lupita: Estuve en un evento de mujeres en donde nos dijeron que somos muy inteligentes y valiosas. Pero algo no me cuadró. Siento una impotencia y frustración muy grande porque, de alguna manera, me sentí retrógrada por querer dedicar mi vida a mi hogar, a mi esposo y a mis hijos. Una amiga me dijo esa frase que todas repiten con amargura: “Ser ama de casa embrutece, envejece y nadie te lo agradece”; y yo, con espíritu cristiano quise encontrar una respuesta para eso. No tenía nada, hasta que una señora que está yendo al Curso “Despierta, mujer dormida”, que impartes tú, encontró unas palabras iluminadoras: “Ser ama de casa fortalece, embellece y Dios te lo agradece”. Me dicen que ésa no es la realidad y que la mega-tendencia del mundo es ver a la mujer en los puestos de poder más importantes como Jefas de Gobierno, Directoras de Empresas, exitosas en todas las áreas del mundo social. ¿Por qué nadie apuesta por el trabajo valiosísimo de la mujer que gusta de ser esposa y madre? Ma. Luisa.

Querida Luisa: Tú eres testigo de la realización personal que experimenta una mujer que no reniega de su feminidad. Somos transmisoras de amor. Por naturaleza, vivimos y transmitimos generosidad, comprensión, ternura, espíritu de donación y muchas otras virtudes, indispensables para la realización humana.

Desafortunadamente, no todas las mujeres de hoy han experimentado esta sensación. Algunas, viniendo de hogares fracturados, han visto los peores ejemplos en casa: padres violentos, madres egoístas, padres que abandonaron, madres a quienes no les gusta serlo, casas que parecen hotel, pues en ellas nadie convive ni se interesa por los demás. Cuando la Familia no cumple su función como célula vital de la Sociedad en donde se aprende a convivir en armonía, suelen endurecerse los corazones y buscarse soluciones prácticas e inmediatas a la más trascendente ansiedad humana.

Buscando respuestas, las mujeres han ido sucumbiendo a un adoctrinamiento bien orquestado por el feminismo radical que les dice: “No te esclavices ante un esposo y unos hijos, libérate de imposiciones sociales, no tienes que ser esposa y madre para ser feliz.

El mundo actual propone valores que en realidad son anti-valores. El llamado “Nuevo Orden Mundial” se ha encargado de descartar los valores trascendentes y universales para presentarnos como el máximo bien post-moderno, su adoctrinamiento hacia el paganismo e inmanentismo en el que este movimiento cree.

Dicho nuevo orden se promociona desde la ONU y descalifica, entre otras cosas: • La familia natural • El deseo natural de un hombre y una mujer de construir familia • El orden moral • La pertenencia a una religión particular • La objetividad de los valores • La necesidad de forjar el carácter practicando virtudes Y presenta como lo más “in” algunos conceptos rebuscados como: • Derechos reproductivos • Derecho a elegir el género (prescindiendo de lo dado por naturaleza) • Calidad de vida • Desarrollo sustentable • Eutanasia, eugenesia y aborto,  como parte de los derechos humanos • Tolerancia (entendida casi sólo como aceptación de sus parámetros de género)

Es importante reivindicar la verdad sobre la naturaleza femenina. Benedicto XVI nos invita a vivir la caridad en la verdad; es decir, a amarnos con el conocimiento básico de lo que somos como personas. La ONU no puede definir los “nuevos” valores en los que “debemos” creer, aunque ha hecho tan buen trabajo, que ya son muchos los que se creen que sólo hemos venido a este mundo a hacer dinero y a pasarla bien, así de forma light, superficial, sin virtudes y sin Dios. Felicidades porque eres mujer valiente, que levantas la voz para decir: ¡Sé lo que soy!

Madres e hijas: Un compromiso de amor


Sheila Morataya-Fleishman
¡Qué hermoso es saberse elegida por la gracia divina para preservar la raza humana! Amiga mía, tú y yo estamos hechas con potencias que naturalmente tienden a acoger, cuidar, custodiar, velar, formar y estar atentas al desarrollo de una nueva vida humana.

Cuando Dios nos concede el gozo de ser madres de una niña, el reto, la misión, la formación, el estado de perfección a plasmar en “ellas” será especialmente mayor, con más atención, concentración y olvido de una misma pues estaremos educando alma y corazón, inteligencia y voluntad para abrirse en su momento a la vida misma, pues como conciencia femenina, esa o esas niñas habrán sido educadas para ser visionarias y seguir sosteniendo y trasmitiendo el concepto de familia, como lo fue en su momento nuestra Santísima Madre cuando dijo “sí, quiero ser la mamá de Jesús”.

Se nos pregunta a través de María, si queremos ser madres, si estamos en disposición de ceder nuestra libertad personal en pos de la instalación del reino de Dios en el mundo. ¡Qué privilegio extraordinario nos ha dado nuestro Padre! El don singular que Dios hizo a la Madre del Señor no sólo testimonia lo que podríamos llamar el respeto de Dios por la mujer: también manifiesta la consideración profunda que hay en los designios divinos por su papel insustituible en la historia de la humanidad. Antes que Jesús naciera se nos pregunta, a través de esta mujer llamada María, ¿cuánto quieres influir en la construcción de mi Reino? ¿Hasta dónde deseas ayudarme? ¿Quieres llevar la cultura de la fe, las tradiciones y valores a los hombres? ¿Quieres ser la sal de la tierra y la luz para las inteligencias?

Nuestra Potencia Biológica

Dentro de la ciencia es extensamente conocido que los aspectos bioquímicos femeninos son increíblemente sofisticados, solemos vivir más, tenemos un sistema inmunológico fuerte, nuestro metabolismo quema pocas calorías; y todo esto nos dice que Dios creó y formó a la mujer, sabía que sería la escogida para portar la vida. Llevamos la maternidad inscrita en nuestro cuerpo, somos la vasija, el ánfora que acoge a cada ser humano que nace y después de dar a luz permanecemos ahí para llevar a su desarrollo pleno a cada criatura. El hecho de estas características biológicas me dice mí que Dios nos concede la gracia de de ayudarle a extender su reino. No es necesario darle demasiadas vueltas: Dios nos ha hecho para ser madres.

Nuestra Potencia Psicológica

Como mujeres nuestra configuración psicológica también es muy especial pues llevamos a la sociedad, a la familia, a la empresa cualidades como agudeza de ingenio, intuición, ternura sin precedentes cuando se trata de consolar, capacidad para sembrar la fe, tradiciones y valores como nadie. La mujer católica según Enrique de Ossó es como el maravilloso conducto por el que el fuego del amor divino se comunicará al mundo. Nosotras somos las que sembramos en el fondo de las conciencias infantiles el amor auténtico a través de nuestra propia entrega. Es importante entonces que si eres madre de una niña, desde su más tierna edad siembres en ella valores como la empatía, la ternura, el espíritu de servicio, y la prudencia. Valores que le servirán para ir configurando una personalidad densa y firme que la destacará entre la masa. Es importante que hagas una revisión profunda de la forma en que tu misma estás viviendo estos valores, ya que con apenas cuatro años una niña ya está en la capacidad de mirar o no con compasión a los demás; de brindar ternura a un recién nacido; salir al paso para ayudarte a sacar las compras y ofrecer algo de tomar a sus amiguitos cuando llegan a visitarla.

Nuestra Potencia Espiritual

Como mujeres también tenemos la tarea de espiritualizar la sociedad. En nuestra época caracterizada por la velocidad y el vértigo hay muy pocas respuestas para el silencio interior. Por esto mismo es importante a que, como diría Santa Teresa de Jesús, nos “determinemos determinadamente” a ser mujeres que tengan una vida interior profunda para llegar a conquistar un corazón recio cuya característica fundamental será la generosidad al amar. Santa Teresa de Jesús, impecable conocedora de la psicología femenina decía que era de “corazón recio” y así quería a sus hijas “nada mujeres” dando a entender que no le gustaban las quejas y los comentarios que se achacan a menudo al mundo femenino.

Cuando somos mujeres orantes, comprometidas apasionadamente a tener ese “nudo” espiritual con Jesucristo nos convertimos en mujeres fuertes, con una fortaleza que va más allá de lo natural porque se apoya en la gracia y el poder de Dios. Esto nos capacitará para educar mejor a nuestras hijas, especialmente en el espíritu de sacrificio, espíritu del cual la sociedad moderna lucha por apartarnos mostrándonos que ser sacrificadas es estar alineadas o ausentes de personalidad. Cuando es todo lo contrario, si les enseñamos a nuestras hijas a sufrir con calma y abandono serán mujeres emocionalmente más fuertes y capaces. Es importante que les enseñemos con prontitud y convencimiento, que el sufrimiento es parte del proceso de la vida, es uno de los protagonistas de nuestro guión biográfico y que ofrecido a Dios por su reino nos ayuda a alcanzar la propia Santidad personal.


Si Dios te da hijas…

Si Dios te confía formar y preparar hijas para preservar nuestra raza humana, anímate, amiga, a darles una educación que las lleve a tener el valor de ir contra la corriente. Fomenta en las mujeres del mundo el querer amar con un Amor grande y radical; que sean valientes y fuertes a la hora del dolor; que imiten a las más grandes santas; que sean sencillas y celosas de su intimidad; que tengan un corazón abierto y generoso.

Pidámosle a Santa María, la Madre por Excelencia, que nos ayude a enseñarle a nuestras hijas a dárselo todo a Dios, y que nos lo enseñe a ti y a mí.