Lema y escudo del Papa Francisco


Escudo

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”Lo miró con misericordia y lo eligió”

 

Ciudad del Vaticano, 14 de marzo de 2013 (Zenit.orgRedacción | 497 hitos

 

Miserando atque eligendo es el lema del papa Francisco, extraído del pasaje evangélico de la llamada de Jesús al publicano [pecador público] Mateo, recaudador de impuestos, para que dejara todo y le siguiera.

 

“Jesús vio a un hombre, llamado Mateo, sentado ante la mesa de cobro de los impuestos, y le dijo: “Sígueme”. Lo vio más con la mirada interna de su amor que con los ojos corporales. Jesús vio al publicano, y lo vio con misericordia y eligiéndolo, (miserando atque eligendo), y le dijo “Sígueme”, que quiere decir: “Imítame”. Le dijo “Sígueme”, más que con sus pasos, con su modo de obrar. Porque, quien dice que está siempre en Cristo debe andar de continuo como él anduvo”. (San Beda el Venerable, presbítero; Homilía 21)

El lema episcopal de Jorge Mario Bergoglio es la frase latina del Evangelio de Mateo “Miserando atque eligendo”, que describe la postura de Jesús hacia el publicano (considerado un público pecador) que “lo miró con misericordia y lo eligió”.

Quien es Jorge Mario Bergoglio?


Jorge Mario Bergoglio, el primer papa jesuita de la historia

Nacido en Buenos Aires, pero con raíces italianas, estudió y se graduó como ingeniero químico, pero después eligió el sacerdocio y entró en el seminario de Villa Devoto.

El arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio, de 76 años, ha sido elegido el Pontífice número 266 de la Iglesia Católica y se convierte en el primer jesuita de la historia en ocupar este puesto. Según algunos medios internacionales, como la BBC, el nombre elegido -Francisco I- es homenaje a Francisco de Asís.

Bergoglio fue creado cardenal por Juan Pablo II en el consistorio del 21 de febrero de 2001, con el título de San Roberto Belarmino.

Nacido en Buenos Aires, pero con raíces italianas, estudió y se graduó como ingeniero químico, pero después eligió el sacerdocio y entró en el seminario de Villa Devoto. El 11 de marzo de 1958 se unió al noviciado de la Compañía de Jesús y posteriormente estudió humanidades en Chile.

En 1963, regresó a Buenos Aires y cuenta con una licenciatura en filosofía en la Facultad de Filosofía de la máxima colegio “San José San Miguel. Entre 1964 y 1965, fue profesor de literatura y psicología en el Colegio de la Inmaculada Concepción de Santa Fe en 1966 y ha impartido estos temas en el colegio del Salvador de Buenos Aires.

De 1967 a 1970 estudió teología en la Facultad de Teología de la máxima colegio “San José”, en San Miguel, donde se graduó. En 1969 fue ordenado sacerdote. También ha sido maestro de novicios en Villa Barilari, de San Miguel (1972-1973), profesor de la Facultad de Teología y Consultor de la Provincia y Rector del Colegio Arriba.
En la década de los 80 viajó a Alemania para completar su tesis doctoral y posteriormente se trasladó a la iglesia de la Compañía en la ciudad de Córdoba como director espiritual y confesor.

El 20 de mayo de 1992, Juan Pablo II lo nombró Obispo titular de Auca y auxiliar de Buenos Aires. El 27 de junio del mismo año recibió de la Catedral de Buenos Aires la ordenación episcopal del cardenal Antonio Quarracino, el Nuncio Apostólico, Monseñor Ubaldo Calabresi y el obispo de Mercedes-Luján, monseñor Emilio Ogñénovich.

El 3 de junio de 1997 fue nombrado Arzobispo Coadjutor de Buenos Aires y, a la muerte del cardenal Quarracino, el 28 de febrero de 1998 fue nombrado arzobispo de Buenos Aires. Desde noviembre 2005 hasta noviembre 2011 fue presidente de la Conferencia Episcopal Argentina.

Es miembro de las congregaciones para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, para el Clero, para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica; del Pontificio Consejo para la Familia: de la Pontificia Comisión para América Latina.

También es autor de los libros Meditaciones para religiosos de 1982, Reflexiones sobre la vida apostólica en 1986 y Reflexiones de esperanza, de 1992, según señala el Vaticano.

Publicado originalmente por:
eitb.com

Jorge Bergoglio, Francisco I: Papa latinoamericano y jesuita


Gabriel González Nares

 

Luego de 5 escrutinios, los Cardenales han elegido al Sucesor No. 266 de San Pedro. El elegido es el Cardenal Jorge Mario Bergoglio, quien es arzobispo de Buenos Aires.


Jorge María Bergoglio nació nació en Buenos Aires, Argentina el 17 de diciembre de 1936 , hijo de un matrimonio de italianos formado por Mario Bergoglio (empleado ferroviario) y Regina (ama de casa). Egresó de la escuela secundaria  de técnico químico. A los 21 años (en 1957) decidió convertirse en sacerdote. Ingresó en el seminario del barrio Villa Devoto, como novicio de la Compañía de Jesús.

Fue ordenado sacerdote el  13 de diciembre de 1969. A partir de entonces hizo una larga carrera dentro de la orden de la cual llegó a ser «provincial» desde 1973 hasta 1979, ya durante la Dictadura cívico-militar argentina. (Ver Actuación de Bergoglio durante la dictadura argentina).

Obispo y cardenal

Luego de una gran actividad como sacerdote y profesor de teología, fue consagrado obispo titular de Auca  el 20 de mayo de 1992, para ejercer como uno de los cuatro obispos auxiliares de Buenos Aires.

Cuando la salud de su predecesor en la arquidiócesis de Buenos Aires, el arzobispo Antonio Quarracino empezó a flaquear, Bergoglio fue designado obispo coadjutor de la misma el 3 de junio de 1997. Tomó el cargo de arzobispo de Buenos Aires el 28 de febrero de 1998.

Durante el consistorio del 21 de febrero de 2001, el papa Juan Pablo II lo creó cardenal del título de san Roberto Belarmino. Además se constituyó en el primado de la Argentina, resultando así el superior jerárquico de la Iglesia católica de este país.

Forma parte de la CAL (Comisión para América Latina), la Congregación para el Clero, el Pontificio Consejo para la Familia, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, el Consejo Ordinario de la Secretaría General para el Sínodo de los Obispos, la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica.

En virtud de su puesto episcopal, es además miembro de la Conferencia Episcopal Argentina ―de la cual fue presidente en dos ocasiones, hasta 2011― y del CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano).

Tras dos periodos consecutivos como presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, el 8 de noviembre de 2011 los obispos electores de ese organismo designaron para reemplazarlo al arzobispo de Santa Fe, José María Arancedo, primo hermano del fallecido expresidente argentino Raúl Alfonsín y hasta entonces vicepresidente segundo de la Conferencia Episcopal.[

Habemus Papam: Francisco I.


 

El arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio, de 77 años y jesuíta, es el nuevo Papa Francisco I. Pasadas las 8 de la tarde, el cardenal Tauran ha pronunciado el «Habemus Papam» para a continuación revelar el nombre del nuevo Pontífice ante la máxima expectación de millones de personas en el mundo.


El nuevo Pontífice fue el segundo más votado en el cónclave de 2005, en el que fue elegido el alemán Joseph Ratzinger, Benedicto XVI.

A las 20.22, como es tradición, el nuevo Papa se ha asomado al balcón central de la Basílica de San Pedro, donde ha recibido la ovación de la miles de personas que desafían la lluvia y el frío en la Plaza de San Pedro. «Primero de todo, quiero elevar una oración por nuestro Papa emérito», han sido sus primeras palabras. A continuación, ha rezado el Padre Nuestro junto a los fieles de la plaza y ha impartido la bendición «Urbi et Orbi».

La fumata blanca que ha emergido a las 19.06 de este miércoles de la chimenea de la Capilla Sixtina indicaba que al menos dos tercios de los 115 cardenales que participan en el Cónclave se han puesto de acuerdo y ya hay un elegido para suceder a Benedicto XVI en la Cátedra de Pedro. El acuerdo ha llegado en la quinta votación, tras dos fumatas negras.

A pesar del frío y la lluvia, miles de fieles y curiosos congregados en la plaza de San Pedro han vivido con emoción el momento en el que el humo blanco anunciaba al mundo que los más de 1.200 millones de católicos ya tienen un nuevo líder espiritual.

El nombre del sucesor de Pedro se conocerá tras aproximadamente 40 minutos, cuando el cardenal protodiácono, Jean Luis Tauran -si no es él el elegido– pronunciará el esperado «Habemus Papam» y el nombre del Pontífice, el cual saldrá al balcón para saludar a los fieles.

Los 115 cardenales electores del Colegio Cardenalicio, habían vuelto este miércoles por la tarde, hacia las 16.00 horas, a la Capilla Sixtina, por tercera vez después de las dos primera fumatas, que fueron negras, la primera, este martes a las 19.41 horas, y la segunda este mismo miércoles por la mañana, a las 11.38 horas, informa Ep.

En estos 40 minutos que median entre el momento en que sale la fumata blanca y el momento en que se escucha el «Habemus Papam», el nuevo Papa entra en la «habitación de las lágrimas» para vestirse y regresa a la Capilla Sixtina para celebrar una pequeña ceremonia con una oración y un pasaje del Evangelio. En ese momento, todos los cardenales demuestran su obediencia al nuevo Pontífice y después cantan el Te Deum. Además, por primera vez, el nuevo Pontífice irá a la Capilla Paulina a rezar unos minutos.

Los fieles han llenado la plaza de San Pedro del Vaticano para poder ver al nuevo Papa salir al balcón. Tras la fumata blanca y unos minutos de incertidumbre, los congregados en la plaza han comenzado a correr para acercarse lo más posible a la basílica y ser testigos de las primera palabras del nuevo Pontífice.

El humo blanco ha provocado el aplauso de la gente congregada en la plaza de San Pedro y se han producido abrazos y vítores de ‘habemus papam’. Un grupo de hermanas dominicas no ha podido contener las lágrimas que, han asegurado, son «de emoción». También unas jóvenes italianas que esperan la llegada del nuevo Papa han descrito el momento como «la felicidad total», mientras que unos jóvenes seminaristas llegados desde Venezuela y México han explicado que esperan que el nuevo Pontífice «tenga el perfil de Cristo» sin importar «el país del que proceda». «Lo importante es que nos lleve hasta Dios», han señalado.

El ambiente en la plaza es de fiesta, con personas corriendo, cantando y saltando, mientras continúan llegando más fieles. Durante la espera de la fumata había numerosos fieles, pero tras el anuncio de la elección la plaza se ha abarrotado. Los presentes han solicitado que se cierren los paraguas y que la gente baje ya sus pancartas para poder observar bien la llegada del Santo Padre.

Publicado originalmente por:
ABC.es

Benedicto XVI realiza su Cuaresma dolorosa


Publicado en web el 14 de febrero, 2013

semanario.com.mx

El Papa da un paso al costado
A Benedicto XVI no lo mueve el poder

En Rueda de Prensa, ante la dimisión del Santo Padre, el Cardenal Francisco Robles dijo sentirse emocionado por la honestidad y coherencia del Sumo Pontífice: “El Papa no ama el poder; es un trabajador humilde y sencillo de la Viña del Señor”.

Sonia Gabriela Ceja Ramírez

El Cardenal José Francisco Robles Ortega, Arzobispo de Guadalajara, durante una Conferencia de Información se refirió, la mañana del lunes 11 de febrero, a la dimisión al pontificado que el Santo Padre Benedicto XVI diera a conocer durante la celebración del Consistorio para las Causas de Canonización que se verificó en Roma.
El Arzobispo dijo que la noticia “ha causado gran impacto, sorprendiendo a la Iglesia y a la Sociedad, dado que es un acontecimiento que, por siglos, no había vivido la Iglesia”.
Luego invitó a los fieles católicos, y en general a las personas de buena voluntad, a “acoger esta decisión del Papa Benedicto en el espíritu con que él la tomó y nos la participó; es decir, en espíritu de Fe, de un grande amor y lealtad a la Iglesia, en conciencia plena de una decisión madurada en estos ocho años de fructífero pontificado”.

Una determinación de acuerdo a la Fe

semanario 021Si bien la decisión sorprende, “se da en la coherencia y verdad con la que el Papa ha ejercido el servicio petrino. Su pontificado se ha caracterizado por querer servir a la Iglesia con toda transparencia y en toda verdad”.
Nuestro Pastor Diocesano recordó las palabras con las que Benedicto XVI saludó a la multitud congregada en la Plaza de San Pedro el día en que asumió el pontificado, cuando se definió a sí mismo como “un humilde trabajador en la Viña del Señor. En esa conciencia, el Papa ha percibido con toda honestidad que le faltan las fuerzas, ya que su edad es avanzada para seguir trabajando en este encargo de ser el Sucesor de San Pedro”.
Explicó, asimismo, que pese a todo, Benedicto XVI seguirá laborando en su condición de hombre consagrado a la oración, para que la Iglesia siga adelante.
Enseguida, el también Presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, CEM, afirmó que personalmente acoge la noticia “con mucho agradecimiento al Papa por su generosidad en estos años de pontificado. Agradeciéndole a Dios porque lo eligió para este momento crucial de su Iglesia, y le pedimos a Nuestro Señor que le premie como Él lo sabe hacer con los trabajadores de su Viña. Que lo premie con mucha fortaleza y mucha paz interior; con grande alegría de haber servido a su Iglesia en tiempos difíciles”.
El Cardenal Robles Ortega consideró que el hecho de que este acontecimiento se dé en el Año de la Fe, decretado por el propio Papa Benedicto XVI, es muestra de “una Fe profunda y sincera del Santo Padre”.

Nuevo Pontífice, antes de la Semana Santa

semanario 011Rememoró también la visita que el Vicario de Cristo hiciera a México en marzo de 2012, y dijo que seguramente llevará a nuestro país en su recuerdo y en su oración.
Por otra parte, dejó en claro que la Iglesia es guiada por Dios con “la fuerza de su Espíritu, y sólo por la mediación de sus Pastores. La Iglesia no quedará a la deriva. La Iglesia tiene prevista incluso la posibilidad de que el Papa renuncie -según está estipulado en su legislación-, y también está pronosticado que en un corto tiempo se elegirá al nuevo Sumo Pontífice.
De igual modo, está previsto que no pasen 20 días después de que queda la Sede vacante para que, el que está revestido de autoridad, convoque al Colegio Cardenalicio al Cónclave”. El Cardenal Robles prevé que probablemente conoceremos al nuevo Santo Padre antes de la Semana Santa.
Hizo notar que, por su investidura como Cardenal, es su derecho y obligación asistir al Cónclave, aunque no ha sido oficialmente convocado, y adelantó que, seguramente, los Cardenales electores (todos los menores de 80 años) se darán tiempo para “afinar el perfil del nuevo Pontífice de acuerdo al momento que está viviendo la Iglesia Universal, a la que sirve el Papa.
“Si el Cónclave se realiza en marzo, el Cardenal Juan Sandoval Íñiguez, el Cardenal Norberto Rivera y su servidor, los tres mexicanos, podríamos participar”. Una vez que el señor Sandoval cumpla los 80 años, el 28 de marzo, ya no podría concurrir como votante.
El Cardenal Francisco Robles detalló que los Cardenales entran en un período de mayor oración e invocación al Espíritu Santo para elegir a quien Dios, en sus designios, ya tendrá escogido.

Los temas difíciles afrontados

12760Nuestro Arzobispo Metropolitano aseveró que el Papa Benedicto XVI ha actuado a fondo en los problemas o temas cruciales o escabrosos de la Iglesia: “Él ha servido a la Iglesia en un esquema de absoluta claridad, nitidez, verdad y coherencia”.
Dijo que los Obispos mexicanos fueron los primeros en ser recibidos en Visita Ad Limina por el Santo Padre una vez que asumió el pontificado en el año 2005: “Apenas en el presente año cerró el ciclo de haber recibido a todas las Conferencias Episcopales del mundo, con retraso, pues se prevé que el ciclo sea de cinco años, así que había la esperanza de que si él hubiera continuado pudiéramos ser los siguientes; pero, merced a este cambio, esperaremos a que haya nuevo Pontífice y las indicaciones que nos dé”.
El Cónclave será convocado por el Decano del Colegio Cardenalicio, que en este momento es el Cardenal italiano Angelo Sodano. “Para otros asuntos de la conducción de la Iglesia lo hará el Camarlengo, que es el Cardenal Tarcisio Bertone, también Secretario de Estado de la Santa Sede”.
El Cardenal Robles Ortega admitió sentirse emocionado al conocer la grandeza de espíritu del Papa Benedicto XVI, y que esta decisión, en lo personal, le da una lección de vida.

“Benedicto XVI nos da un mensaje: ¡No es el poder! El que ama el poder se aferra a él a como dé lugar. El Papa no ama el poder; es un trabajador humilde y sencillo de la Viña del Señor, y lo está demostrando. Bendigo al Señor porque nos ha dado un Pontífice como él en este momento de la Iglesia”, resumió el Arzobispo de Guadalajara.

Noticia que conmociona y entristece
Un proceso inédito que aún no se ha definido del todo

Ante un acto heroico, como se ha calificado la dimisión del Papa Benedicto XVI, se nos pide, como Iglesia, rezar, ahora más que nunca, por nuestros Sumos Pontífices.

Dulce Natalia Romero Cruz

image content medium 207381 20130211151825El Santo Padre anunció su renuncia, y lo hizo libremente; esto quiere decir que él, cómo Sumo Pontífice, renunció al cargo en plena libertad y en pleno uso de sus facultades mentales. Así lo comunicó recientemente, pero se hará efectivo, según lo dijo, hasta el 28 de febrero a las 20 horas. A partir de ese momento, la Iglesia estará en Sede vacante.
“Esto lo indica el Código de Derecho Canónico; pero el tema de la dimisión también se rige por una Ley particular, que es la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis”, conforme explicó el Presbítero Miguel Ángel Rodríguez Díaz, Vicario Judicial Adjunto del Tribunal Eclesiástico de la Arquidiócesis de Guadalajara.
Y abundó: “En esta Constitución, promulgada por el Papa Juan Pablo II, se estableció en 1996 la dimisión de los Sumos Pontífices, aunque al final del Documento se motiva a que se mantengan lo más sacrificados que sea posible hasta que Dios los llame. Sin embargo, ahora el Papa presenta su dimisión porque considera que sus capacidades físicas le impiden seguir con el pontificado, y no porque no quiera seguir. Y una vez que se cumpla el plazo, a no ser que antes Dios llame al Santo Padre, estaría la Iglesia Universal en Sede vacante”.

¿Qué sigue?

“Pasada la fecha que dio el Obispo de Roma para hacer efectiva su dimisión, el Colegio Cardenalicio tomará el mando (por decirlo de alguna manera) -manifestó el Padre Rodríguez Díaz-, pero sin modificar nada; no pueden emitirse nuevas Leyes ni pueden nombrarse nuevos Obispos; todo eso se queda estacionado. Se respetan las Leyes que existen, aunque esté vacante la Sede”.
Entre el mismo Colegio de Cardenales hay un Decano, y otro es el Camarlengo, quien ahora es el Cardenal Tarsicio Bertone; éste desempeñará el cargo de Jefe de Estado, en funciones, de la Ciudad del Vaticano, mas no como un Pontífice. “Él se hará cargo de la organización del Cónclave, siguiendo con la misma estructura y ejerciendo este nombramiento de forma temporal, solamente para encabezar y llevar a cabo esta encomienda.
“El hecho de que la Iglesia Universal esté, después del 28 de febrero, en Sede vacante, no quiere decir que no tengamos cabeza, porque está al frente el Colegio Cardenalicio; teológicamente hablando, la cabeza eclesial la conforma la comunión de los Obispos.
“Después del 28 de febrero, una vez validada la renuncia del Papa Benedicto XVI, se convocará al Cónclave sin que haya fecha específica en la que se deba tener el nombre del siguiente Papa, aunque la Universi Dominici Gregis señala que esta elección no debe prolongarse demasiado. A este respecto, parece ser que el Papa Benedicto XVI, previó un tiempo prudente (casi toda la Cuaresma) como suficiente para que se elija un nuevo Papa antes de la Pascua de Resurrección”, finalizó diciendo el Vicario Judicial Adjunto.

Colegio Cardenalicio

El Sacro Colegio de Cardenales fue instituido en su forma actual en el año de 1150, y lo encabezan un Decano y un Camarlengo, quienes administran los bienes de la Iglesia cuando la Sede de Pedro está acéfala. El Decano se elige de entre los Cardenales del Orden Episcopal que tienen el Título de una Iglesia Suburbicaria (Canon 352, Párr. 2) -de las siete Diócesis más cercanas de Roma: Albano, Frascati, Ostia, Palestrina, Porto-Santa Ruffina y Velletri-Segni.
Desde 1059, los Cardenales han sido los únicos electores del Papa, a quien eligen en Cónclave secreto, siguiendo hoy las últimas orientaciones de la mencionada Constitución Apostólica de Juan Pablo II, Universi Dominici Gregis.
Durante el período de “Sede vacante”, el Colegio Cardenalicio desempeña una importante función en el Gobierno general de la Iglesia y, tras los Pactos Lateranenses de 1929, también en el Gobierno del Estado de la Ciudad del Vaticano.

Fuente: ACI Prensa

Cartón Benedicto

Inicio del ritual para elegir nuevo Pontífice

Comienza con la destrucción del anillo del Papa, tal como indica la Constitución Apostólica de la Iglesia Católica conocida como Universi Dominici Gregis.
Según el Portal Lainformacion.com, que recoge información de Rome Reports, una vez que el Papa se convierta en el Cardenal Joseph Aloisius Ratzinger, el 28 de febrero, el protagonismo recaerá en el purpurado Tarcisio Bertone, nombrado Cardenal Camarlengo (Funcionario de la Corte Papal), que tiene como primera labor destruir el anillo del Papa con un martillo, así como su sello oficial. Sin embargo, todavía no se resuelve qué se hará con el anillo de Benedicto XVI.
La siguiente tarea del Cardenal con oficio de Camarlengo será cerrar las puertas que dan acceso a los aposentos privados del Papa, ante los Cardenales Prefectos y el Secretario de Estado.
Posteriormente, comunicará la noticia de que ya no hay Papa. A partir de este momento, comienza el período denominado Sede vacante, en que tendrá que definirse la fecha del Cónclave que determinará la elección de una nueva autoridad papal.

Abdicaciones papales

Pbro. Tomás de Híjar Ornelas
Cronista de la Arquidiócesis de Guadalajara

Papa CelestinoEl 16 de abril de 1927 nace Jo-seph Aloisius (José Luis) Ratzinger en la Región de Baviera, Alemania. El 19 de abril de 2005, el Cardenal Joseph Ratzinger se convierte en Benedicto XVI. El 28 de abril de 2009, en la Basílica de Nuestra Señora de Collemaggio, en L’Aquila, el Papa coloca sobre la urna donde se veneran las reliquias de su predecesor San Celestino V (1215-1296) -el único Pontífice Romano de la Historia que ha renunciado-, el palio que recibió junto con su encomienda como Supremo Pastor. El 4 de julio de 2012, de Visita Apostólica en Sulmona, también en los Abruzzos, en el marco de la ceremonia denominada “El perdón de Celestino V”, recuerda este gesto. El 11 de febrero de 2013, Benedicto XVI, en un Consistorio Cardenalicio (donde da a conocer, entre otras cosas, la fecha de la Canonización de la beata María Guadalupe García Zavala, jalisciense), da lectura al breve y claro texto a través del cual renuncia a seguir ciñendo la mitra de Obispo de Roma. Su decisión es irrevocable a partir del 28 de febrero siguiente.

Sobre aviso no hay engaño

Aunque el estupor y el impacto de la medida sean muy grandes, el Código de Derecho Canónico prevé esta posibilidad en el Canon 332 § 2: “Si el Romano Pontífice renunciase a su oficio, se requiere, para la validez, que la renuncia sea libre y se manifieste formalmente, pero no que sea aceptada por nadie”.
En repetidas ocasiones, su Santidad Benedicto XVI ha manifestado su deseo de renunciar o abdicar -según se lea en términos meramente canónicos o estrictamente jurídicos- a su cargo de Sumo Pontífice, Vicario de Cristo, Sucesor de Pedro, Patriarca de Occidente, Obispo de Roma, Siervo de los siervos de Dios…
Otro tanto hizo su antecesor inmediato, Juan Pablo II, pero sin llevarlo a cabo. A consecuencia de ello, los últimos cinco años de vida sostuvo un entramado en el que se cumplió cabalmente lo dicho por el Señor en el Evangelio de San Juan: “Cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras” (21,18).
Si alguien vivió de cerca el doloroso epílogo del largo pontificado del hoy Beato, fue el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Si algún Cardenal tenía indicios de quién sucedería a Juan Pablo II, era Joseph Ratzinger. Si alguien calculaba la trayectoria y el fin de su pontificado, eran sólo Dios y él.
No ha querido el Santo Padre dejar al mero decurso del tiempo que haga en él y en la delicada tarea a su cargo los estragos que suelen sobrevenir en la última parte de gestiones dilatadas. La suya ha sido fecunda y concisa: claridad de pensamiento, firmeza en las medidas disciplinares, humildad para reconocer y poner remedio a las situaciones escabrosas y acumuladas de un período largo, en el que se omitió ventilar, arguyendo ‘razones de Estado’, lo tocante a la aceptación de abominables desórdenes consumados por ministros sagrados, metamorfoseados en lobos. En los últimos meses ha sobrellevado de pie la tormenta desatada por la infidencia de algunos colaboradores estrechos, en el caso Vatileaks.
Se retira cuando, según los cálculos de la Prefectura de la Casa Pontificia, en los ocho años de Pontificado, 20’544,970 personas han participado en encuentros con él: Audiencias generales y particulares, Celebraciones litúrgicas, Ángelus y Regina Coeli en El Vaticano y en Castel Gandolfo, Visitas Apostólicas a Roma, Italia y el mundo.

¿Qué sigue?

En tanto baja la marea que la noticia supone, y llega el 28 de febrero, principio de la Sede vacante, a partir de la cual el Cardenal Camarlengo deberá convocar al Cónclave a los electores, los bautizados tendremos la oportunidad de repasar, a grandes zancadas, el ayer y el hoy de una institución divina a cargo de los humanos.
Para ello disponemos de sobrados ejemplos, comenzando por el del único Papa de la Historia que ha renunciado a la tiara: San Celestino V, quien el 13 de diciembre de 1294, cinco meses después de su elección, volvió a ser lo que originalmente era: un Monje y, sin mengua de ello, un fecundo Pastor, toda vez que, “aun llevando una vida de eremita, no se encerró en sí mismo, sino que estaba cogido por la pasión de aportar la Buena Noticia del Evangelio a sus hermanos”, ha dicho Benedicto XVI. Y ahora él mismo, por lo visto, lo pondrá en práctica.
Una circunstancia peculiar resalta para Guadalajara en la elección del nuevo Papa: nunca en la Historia de dos mil años de la Iglesia se había dado el caso de que dos electores y elegibles provinieran de la misma Sede: de los tres Cardenales mexicanos que podrán participar en el Cónclave -pues el cuarto, don Javier Lozano Barragán, radicado en Roma, acaba de cumplir 80 años, edad que lo excluye–, dos son de esta Sede: el Arzobispo don José Francisco Robles Ortega, y el Emérito don Juan Sandoval Íñiguez, a escasas semanas de alcanzar la edad canónica de 80 años que le impediría ser elector.

CEM reconoce la renuncia de Benedicto XVI

Sergio Estrada González
México, D.F.

En el seno de la Conferencia del Episcopado Mexicano, así como para el Nuncio Apostólico, el Arzobispo Christhope Pierre, la renuncia del Papa Benedicto XVI al ministerio petrino fue una sorpresa, luego de haber reflexionado ante Dios y considerando que los últimos meses ha experimentado una reducción en sus fuerzas, por lo que ha determinado libremente su renuncia, según expresó Mons. Eugenio Lira Rugarcía, Secretario General de la CEM, en Conferencia de Medios de Comunicación.
Ante los representantes de los Medios, el Vocero de los Obispos mexicanos explicó que la renuncia entrará en vigor el 28 de febrero a las 20 horas, tiempo local, “cuando se iniciará lo que se denomina ‘Sede vacante’, para que los Cardenales preparen todo para la elección del nuevo Papa”.
“En el Año de la Fe, es muy significativo este anuncio -sostuvo el Prelado- y esta renuncia viene a confirmarnos en la Fe redescubriendo la belleza y la alegría de la Fe en Dios, que ha venido a nosotros a través de Jesucristo”.
Luego exhortó a todos los católicos, así como a los hombres y mujeres de buena voluntad, a que reciban esta decisión del Papa con un espíritu de Fe, y a que nos pongamos en oración para que Dios ilumine a los Cardenales electores y puedan descubrir al que Dios ha elegido como Sucesor de San Pedro y de Benedicto XVI.

Gracias, Papa Benedicto

Mons. Eugenio Lira agradeció a Dios lo que nos ha regalado en estos ochos años del ministerio de Benedicto XVI a través de su rico y valioso magisterio, de sus viajes pastorales y del testimonio de su propia vida cristiana como testigo de la Fe. Resaltó que uno de sus últimos viajes fue a México, en donde vino a confirmarnos en la Fe, en la Esperanza y la Caridad, y a recordarnos que el poder de la Fe y el Amor son fuerza que necesitamos para mejorar este mundo.
Externó que, luego de consultar al Cardenal Francisco Robles Ortega, Arzobispo de Guadalajara y Presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, y al Nuncio Apostólico, se concluyó que lo que dijo el Papa es lo que ha motivado su renuncia al Supremo Pontificado: sentir que las fuerzas físicas han disminuido con el paso de los años.
Mons. Lira calificó a Benedicto XVI como una persona lúcida espiritual, psicológica, mental e intelectualmente; pero que físicamente ya tiene más dificultades. “Más aún, en su Libro ‘La luz del mundo’, el Papa dejó de manifiesto que si un Pontífice ya no se encontraba en plenitud de su capacidad para ejercer el ministerio, debería renunciar.
“Ante esto, concluyó, el Papa posee la plena potestad universal sobre la Iglesia y él es el legislador y tiene toda la autoridad para renunciar sin requerir la aceptación de nadie, para que la renuncia sea válida, como lo marca el Código de Derecho Canónico”.

Hacia los nuevos tiempos

Pbro. Armando González Escoto
Director de Pensamiento Estratégico de la UNIVA

Santo PadreEl Papa Benedicto XVI ha renunciado a su cargo por motivos de edad. El anuncio fue del todo sorpresivo, pues al parecer nadie había dicho nada ni existían rumores ni se observaban signos evidentes de enfermedad o de incapacidad por parte del Sumo Pontífice.
Como es natural, una noticia de esta magnitud ha causado un enorme impacto mundial, pues desde 1415 no acaecía algo semejante. También, como suele ocurrir en nuestro tiempo, los comentarios e interpretaciones de todo tipo de personas no se hicieron esperar, pero todos éstos pueden resumirse en cuestiones como las siguientes:
“Un Sumo Pontífice no debe renunciar”.
“El Papa renuncia porque no pudo con el cargo”.
“La crisis de la Iglesia es la causa de fondo de esta renuncia”.
En verdad no es lo mismo decir que la Iglesia enfrenta situaciones críticas, serias, a decir que toda ella está en crisis y que por esa misma razón el Pontífice prefirió renunciar. Todas las situaciones críticas que se han dado en la Iglesia actual estaban ya presentes desde el pontificado anterior; el Papa Benedicto XVI las conocía a la perfección, y aceptando su elección a la Sede de Pedro con valor y confianza cristiana, durante ocho años estableció bases muy firmes para ofrecer solución a todos los retos que enfrentó. Adicionalmente, si dividimos la Cristiandad en tres sectores: el mundo católico, el mundo protestante y el mundo de la Iglesia Ortodoxa, resulta que donde hay menos crisis es precisamente en el sector católico.
Por lo mismo, no es que no pudiera con la responsabilidad de gobernar la Iglesia en un tiempo difícil; por el contrario, demostró, a lo largo de estos fructíferos años, que sí podía hacerlo no obstante su avanzada edad, pues recordemos que asumió la sucesión del Apóstol Pedro a los 78 años.
Por ende, su decisión inesperada y sorprendente se constituye en este momento como un extraordinario ejemplo de honestidad, de responsabilidad y humildad, que cuestiona y tiene que obligar a reflexionar a un sinnúmero de líderes políticos y sociales que no siempre desarrollan la capacidad de advertir sus limitaciones a la hora de desempeñar su cargo. Un conocido escritor local dijo que los políticos se dividían en dos clases: los que no saben cuándo renunciar, y los que sí lo saben, pero de todos modos no renuncian.

Cuestión de prudencia y coherencia

escudo papal benedicto 16Los argumentos de la edad avanzada son motivos bastante importantes. Cuando el proceso de envejecimiento amenaza con limitar la movilidad, debilitar la capacidad intelectual, afectar la concentración, reducir la capacidad de comprensión y de respuesta, el hombre sensato y honesto lo reconoce; y si además es responsable, advierte las consecuencias que puede traer para una Institución este tipo de limitantes, y sobre todo, prevé el riesgo de que otras personas, aun con la mejor voluntad, acaben por suplir, de hecho, a quien tiene la autoridad de derecho, pero ya no la capacidad para ejercerla plenamente. Entonces, se requiere de verdadera humildad para poder decir, como lo ha dicho Benedicto XVI: “Renuncio”.
Él ya lo había insinuado en una entrevista que le hizo un periódico alemán en 2010: “Si el Papa llega a reconocer con claridad que física, psíquica y mentalmente no puede ya con el encargo de su oficio, tiene el derecho y, en ciertas circunstancias, también el deber, de renunciar”.
No ha sido costumbre que los Papas dejen el cargo. Muchos Pontífices de los primeros tiempos fueron martirizados o exiliados. Posteriormente, otros efectivamente renunciaron, al menos en dos casos, y fueron raras las veces en que un Santo Padre llegara a una edad en que la decrepitud le privara por completo de ejercer sus funciones, con consecuencias devastadoras para la vida de la Iglesia, y abundante provecho para sus detractores.
El Derecho Canónico (que estatuye la normatividad de la vida de la Iglesia Católica), de por sí, admite la renuncia del Papa en diversos casos, y uno de ellos es justamente el que ha presentado el Obispo de Roma como causa de su dimisión.
Por otra parte, esta previsión permite ahora a la Iglesia prepararse con mayor serenidad para el próximo Cónclave, disponiendo la humana naturaleza de la mejor manera posible, para que la Gracia del Espíritu Santo actúe en quienes serán electores del siguiente Sucesor del Apóstol Pedro.

El cónclave será entre el 15 y el 20 de marzo


Tras una audiencia en la que Benedicto XVI fue ovacionado y en la que dijo “he sentido, casi físicamente en estos días no fáciles, la fuerza de las oraciones y el amor de la Iglesia que me traéis”, el portavoz del Vaticano, padre Federico Lombardi, realizó una rueda en la Sala de Prensa del Vaticano.
“Según la constitución apostólica el cónclave tiene que ser convocado entre el 15 y el 20 del mes de marzo, de acuerdo a lo que dice la Constitución apostólica Universi Dominici Gregi” indicó el padre Lombardi.

Cuál será el título que tendrá Benedicto XVI después de su renuncia, “aún no ha sido decidido” precisó, y “ni siquiera me siento de hacer hipótesis fiables” dijo. Aunque días atrás no descartó la posibilidad que se usara ‘obispo emérito de Roma’, como había sido propuesto por un periodista.

El papa viajará el 28 por la tarde en helicóptero a Castel Gandolfo: “No creo que haya ninguna ceremonia en el momento del decaimiento del mandato –añadió el portavoz– pues la renuncia fue ya hecha, y fijado el momento del final del mandato”.

Sobre lo que percibió entre la gente, el portavoz comentó: “El estado de ánimo fundamental para muchos, veo que es de sorpresa y reflexión sobre esta decisión, y de lo que comporta para la Iglesia”. A mi me suscita un sentimiento de gran admiración por esta decisión humilde, sabia, corajosa y responsable del santo padre”. Y añadió: “Siento admiración por esta decisión del papa que ha vivido su ministerio adecuadamente hasta hoy con sus exigencias, y que utilizó esta posibilidad contemplada por el derecho canónico, con gran espíritu de fe por la Iglesia”.

Sobre la audiencia de esta mañana, recordó que el papa “ha vuelto a proponer lo sustancial de su renuncia, si bien ahora pronunciado en un idioma corriente como es el italiano”, dijo el portavoz, y reiteró que fue “en plena libertad y por el bien de la Iglesia”.

Indicó que la frase “Me sostiene y me ilumina la certeza de que la Iglesia es de Cristo, el cual no hará que falte su guía y su cuidado” significa “que si alguien se siente desorientado, que sepa que su renuncia está fundada en un clima de fe y de certeza por su Iglesia, una fe que da serenidad y confianza al pueblo de Dios”. “Me volvieron a la mente –prosiguió Lombardi- diversas veces que el papa me dijo que sentía el fuerte apoyo de los fieles”.

El portavoz reiteró que el calendario de empeños que tiene el papa, se mantiene casi íntegro, iniciando hoy con la celebración del Miércoles de Ceniza, en la basílica de San Pedro y no en Santa Sabina como de costumbre, debido a la gran cantidad de fieles que se esperan.

Mañana jueves, en el Aula Pablo VI, está confirmado el encuentro de Benedicto XVI con los seminaristas de Roma, y el viernes la audiencia al presidente de Rumanía y con los obispos de la región italiana de Liguria.

El sábado 16, el santo padre recibirá al presidente de Guatemala, y a los obispos de la Región de Lombardía. Y por la tarde tendrá una audiencia personal con el presidente del Consejo de Ministros de Italia, Mario Monti.

El domingo 17, el papa recitará el Ángelus y este día inician los ejercicios espirituales de la Semana Santa, junto con la Curia Romana, dirigidos por el cardenal Gianfranco Ravasi. Por lo tanto esa semana no hay empeños.

El sábado 23, concluirán los ejercicios espirituales, y ese día encontrará al presidente Giorgio Napolitano. El domingo 24, será el Ángelus y el lunes 25 recibirá a cardenales. En cambio, ese día, se anula el encuentro con los obispos de la región italiana de Las Marcas. El martes 26, el papa tendrá un día libre de empeños públicos. El miércoles 27, será la Audiencia General, y si el tiempo lo permite será en la plaza de san Pedro. Al día siguiente, jueves, en la Sala Clementina el papa mantendrá un encuentro con los cardenales. Y el jueves 28 por la tarde, se trasladará a la residencia de descanso pontificia de Castel Gandolfo.

El portavoz indicó también que fue nombrado vicecamarlengo, monseñor Giuseppe Sciacca. E indicó que es posible que en los próximos días sea nombrado el presidente del Instituto de las Obras Religiosas (IOR).

 

Composición del Cónclave para elegir al futuro papa


El futuro cónclave que elegirá al sucesor de Benedicto XVI se regulará por el Ordo Rituum Conclavis, establecido por la Constitución Apostólica de Juan Pablo II Universi Dominici Gregis en su párrafo 27. El cardenal camarlengo, que tiene un papel fundamental en el período de sede vacante, es el cardenal salesiano Tarcisio Bertone, que fue nombrado por Benedicto XVI el 4 de abril del 2007, y antes había sido su mano derecha en la Congregación para la Doctrina de la Fe.

 

Los 117 cardenales electores, según el continente de proveniencia, serán 61 europeos, 19 latinoamericanos, 14 norteamericanos, 11 africanos, 11 asiáticos y 1 procedente de Oceanía. Aunque hay mayoría relativa europea, es el más internacional de los cónclaves, de tal manera que casi hay un equilibrio de cifras entre los que son y no son del viejo continente.

Estas cifras podrían variar según la fecha de inicio del cónclave: el cardenal Walter Kasper, por ejemplo, cumple 80 años el 5 de marzo, que es la línea trazada para pasar a ser cardenal no elector. El país con mayor número de cardenales electores es Italia, con 21. Sesenta y siete electores fueron creados por Benedicto XVI, y los cincuenta restantes por Juan Pablo II.

Una de las innovaciones de Juan Pablo II sobre el período del cónclave fue que los cardenales electores –que serían 117 el 28 de febrero- se alojaran en la residencia vaticana Casa de Santa Marta, un lugar independiente, y más confortable, que aquel en el que votan, el imponente escenario de la Capilla Sixtina.

Los cardenales electores deben permanecer en el Vaticano durante todo el período que dure el cónclave, ninguno puede acercarse a ellos cuando se trasladan desde la Capilla Sixtina a su lugar de residencia y viceversa, y todas las formas de comunicación con el mundo exterior están prohibidas. Como ya se hizo en el pasado, la estufa de la Capilla Sixtina se usará para quemar las papeletas después de cada votación.

San Gregorio Magno, el Papado recupera su esplendor


 

 

San Gregorio Magno da un fuerte impulso a la teología, al culto y a la formación del clero, además de destinar sus propios bienes para aliviar la pobreza que afectaba a todo el pueblo.


San Gregorio I Magno
A mitad de la Edad Media, el poder moral del Papa renace con la figura de San Gregorio, Magno, el primer monje que llegó a ser Papa. En cuestiones políticas, los papas del siglo VI prefirieron mantenerse en la órbita de los ostrogodos antes que someterse a los emperadores de Bizancio. Pero a fines de esa centuria y en los primeros años del siglo VII iba a surgir, independiente y prestigiosa, la figura de Gregorio Magno. Durante su pontificado al menos, el papado recuperaría el brillo y el vigor que había tenido hasta el siglo V.
La noble familia romana en cuyo seno vio la luz hacia el año 540, ya había dado a la Iglesia los papas Félix III y Agapito l. A los treinta años, Gregorio, relevante jurista, era ya el primer magistrado de Roma como prefecto de la ciudad. La muerte de su padre le puso pronto al frente de un patrimonio importante y disperso que llegaba hasta Sicilia. Gregorio realizó sus bienes, fundó en dicha isla seis monasterios benedictinos y transformó su propio palacio en convento, en el que se recluyó en el año 575.
El papa Pelagio II, sin embargo, no le dejaría permanecer allí durante mucho tiempo. En el año 579 confirió a Gregorio el diaconado y le nombró su representante en la corte imperial. Una vez en Bizancio, su rigurosa vida monacal no le impidió desarrollar una eficaz labor como legado del papa. Por eso, llegado el momento, el emperador Mauricio defendió con insistencia y vigor su elección para la silla de Pedro como sucesor de Pelagio.
Gregorio hizo lo imposible por declinar ese honor, llegando incluso a intentar una huida. Al fin lograron hacerle entrar en razón. Se rindió ante la voluntad del emperador y del pueblo y, el 3 de septiembre del 590, fue consagrado obispo de Roma.
Bajo su pontificado la teología, el culto, la formación del clero y la expansión del monaquismo conocieron un período de esplendor. Pero lo más apremiante era aliviar la situación del pueblo italiano, cruelmente azotado por las guerras. Para conseguirlo, el nuevo papa llevó a cabo una explotación original y fructífera del importante patrimonio de la Iglesia romana, organizando así la estructura económica de los futuros Estados Pontificios.
Mas el papa vio con claridad que no lograría erradicar la miseria de la población hasta que no terminaran las guerras que la motivaban. En el año 593 se arriesgó a enemistarse con el emperador, y a pasar incluso por traidor a su patria, negociando un armisticio con los lombardos.
A decir verdad, Gregorio, al revés que sus predecesores, no se dejó deslumbrar por el universo cultural greco-romano. Fue el primero en darse cuenta de la importancia que iba a tener para la Iglesia la aparición en Occidente de los nuevos pueblos germánicos. También fue él quien inauguró una política de decidida apertura hacia el Norte y el Oeste. No dudó en establecer relaciones permanentes con los francos de la ambiciosa y feroz reina Brunequilda. Se interesó mucho por los visigodos de Hispania, adeptos del arrianismo hasta que el año 589, con su rey Recaredo a la cabeza, se convirtieron al catolicismo.

Sus contactos con Teodolinda, la reina franca de los lombardos, favorecieron un movimiento progresivo de conversiones. Su éxito más importante, sin embargo, se lo brindaron los misioneros benedictinos a quienes envió a cristianizar a los anglo-sajones.
«César -diría más tarde el historiador Gibbon (1737-1794)- necesitó seis legiones para conquistar Gran Bretaña. Gregorio lo consiguió con cuarenta monjes.»
Ahora bien, en aquellos años, y con vistas a consolidar los eficaces resultados que iba obteniendo, era decisivo tener en cuenta los posibles golpes que le llegaran de Oriente. El papa tenía conciencia de que, tarde o temprano, Bizancio se alejaría progresivamente de Roma. Por eso, cuando el patriarca de Constantinopla, Juan IV el Ayunador, transgrediendo el derecho eclesiástico, hizo azotar a dos sacerdotes acusados de herejía, Gregorio tomó abiertamente su defensa y les excusó de toda culpa. El mismo Juan IV, a imitación de los predecesores de Gregorio, que se hacían llamar «papas universales», se autoatribuyó el título de «patriarca ecuménico». Gregorio no se lo tomó en serio, se negó a nombrarlo con tan pomposo nombre y, predicando con el ejemplo, exigió que en adelante se llamara al obispo de Roma «siervo de los siervos de Dios».
Gregorio Magno no tenía la cultura ni la agudeza de pensamiento ni la profundidad de un san Agustín. No sabía la lengua griega. No obstante, aunque sus escritos carezcan de galanura literaria, tuvieron una poderosa influencia en la espiritualidad de la Edad Media. Su Liber regulae pastoralis constituiría el fundamento de toda la formación pastoral y ascética de los siglos siguientes, del mismo modo que su Comentario del Libro de Job lo sería de la teología moral. Ningún escritor cristiano fue más leído que él en la Edad Media. Apoyó decididamente la recién creada Orden de San Benito -a la que perteneció- y dio una determinada orientación al canto litúrgico, llamado por ello canto gregopiano.
Gregorio fue, pues, un hombre de fe, un asceta de una piedad honda y sencilla, hasta demasiado simplista en ocasiones, pero fue sobre todo un hombre de acción. Tuvo el genio de prever, ante la barbarie de los invasores, las fuerzas nuevas e irresistibles que serían los cimientos para construir el futuro. Su apertura de la Iglesia romana aseguró el destino de la cristiandad católica.
Cuando falleció, el 12 de marzo del 604, se creyó que con él desaparecía el «último de los romanos». ¿Acaso no había sido, antes que nada, el primer gran papa de Occidente?

Sabiniano
El diácono Sabiniano, consagrado el 13 de septiembre del año 604, había sido legado pontificio en Constantinopla. Llegó a obispo de Roma con la influencia de Bizancio. En contraste con la fulgurante personalidad de su predecesor, dejaría la huella lamentable de un miserable aprovechado que, en los momentos más sombríos de una época de escasez, vendió a los hambrientos el trigo de la Iglesia a precios usurarios. El pueblo, indignado, no se lo perdonaría nunca.
Al morir, el 22 de febrero del 606, no se pudo impedir que la turba ultrajara su cadáver.

Roma: una ciudad sin papa


Historia de los papas, continuación…..
Beato Eugenio III (1145-1153)
Lucio II perdió la vida, luchando en plena calle, el 15 de febrero de 1145. Antes de que se hiciera de noche quedó elegido su sucesor: el abad del monasterio cisterciense de Roma: Bernardo Aganelle de Montemagno. Era antiguo discípulo de Bernardo de Claraval. Ahora bien, como recientemente había combatido las ideas de Arnaldo de Brescia -que en aquellos momentos era quien imponía la ley en Roma-, el nuevo papa habría cometido una temeridad quedándose en la ciudad.
Se marchó al instante y fue consagrado en Farfa el 18 de marzo. Luego, se instaló en Viterbo por dos años. Una breve tregua le permitió, sin embargo, hacia la Navidad de 1145, volver a Roma, donde lanzó la idea de una segunda cruzada. No se pudo quedar en la Urbe y tuvo que regresar a Viterbo, buscando luego refugio en Francia (1147), cerca de Luis VII, donde, ayudado por Bernardo de Claraval, se desvivió por predicar la cruzada. Un empeño que, al fracasar, se volvería contra él tornándole impopular. Aquel desengaño no le impidió, sin embargo, promover la reforma de la Iglesia mediante diversos sínodos importantes: el de París de 1147, de Tréveris en 1148 y los de Reims y Cremona.
En un intento de someter a los romanos se alió con Rogerio II de Sicilia, pero fue en vano. Probó entonces a contemporizar con ellos. Las conversaciones permitieron un cierto acuerdo que incluso hizo posible su regreso a Roma en 1149, mas tampoco en esta ocasión pudo quedarse allí, objetivo que no alcanzaría hasta el año 1152 apoyado por Federico I Barbarroja, sucesor de Conrado III.
El 23 de marzo de 1153, por el tratado de Constanza, Barbarroja se comprometió a restablecer el orden en los Estados de la Iglesia. Para demostrarle su gratitud, el papa le propuso consagrarlo emperador. Pero no hubo lugar. Eugenio murió el 8 de julio de 1153 en Tívoli, antes de que Federico Barbarroja llegara a Roma.
Ocupó la silla de Pedro, mas nunca dejó de ser el monje humilde de Claraval. Pío IX reconoció oficialmente sus virtudes y le declaró beato en el año 1872.
Anastasio IV (1153-1154)
El 12 de julio de 1153, un romano, Conrado della Suburra, cardenal-obispo de Santa-Sabina, sucedió a Eugenio III con el nombre de Anastasio IV. Estuvo en Roma como vicario de Inocencio II durante los nueve años del cisma y tuvo oportunidad de demostrar su habilidad como mediador, su espíritu caritativo y conciliador. Pero al ser elevado al solio pontificio, bien porque ya estuviera muy cansado, bien por los desengaños acumulados a lo largo de su vida, procuró no crearse problemas; durante sus dieciocho meses de pontificado se propuso complacer a todo el mundo.
Falleció en Roma el 3 de diciembre de 1154. Su sucesor sería mucho menos cómodo.
Adriano IV (1154.1159)
El 4 de diciembre de 1154, Roma tenía un nuevo papa, Nicolás Breakspeare, inglés de origen. Acababa de cumplir cuarenta años, lejos pues de la bondadosa senectud de Anastasio IV. Roma, los normandos y el emperador, unos tras otros, iban a poner a prueba su capacidad de decisión.
Su vida no había sido precisamente un camino de rosas: su padre, un clérigo, había tenido el gesto singular de sustraerse a las responsabilidades de la paternidad refugiándose en la paz de un convento.
El pequeño Nicolás, al verse abandonado, no tuvo más remedio que pedir limosna hasta que, ya adolescente, pasó el canal y se colocó como criado en el monasterio de San Rufo, cerca de Arlés. De criado se convirtió en religioso, de religioso en prior y de prior en abad… aunque los que lo eligieron en 1137 para esa función se arrepintieron pronto de haberío hecho.
El antiguo criadito se dispuso a realizar una reforma seria de su comunidad. En varias ocasiones llegaron a Roma cartas que pretendían manchar la reputación del joven abad, pero el papa Inocencio II no se dejó engañar. Efectivamente, mandó llamar al acusado… pero para consagrarlo cardenal-obispo de Ostia y nombrarle legado pontificio, abriendo así a su celo reformador un campo de acción más a su medida: el conjunto de los países escandinavos. No se le podía preparar mejor para dirigir la Iglesia. Al convertirse en Adriano IV, Nicolás Breakspeare hizo suyas las concepciones de san Gregorio Vll y se aplicó por entero a fortalecer y ampliar el poder espiritual y temporal del papado.
Comenzó por Roma y no se anduvo con contemplaciones. Acababa de ser asesinado un cardenal, en plena calle, por un grupo de sediciosos. Adriano lanzó un entredicho sobre la capital del orbe cristiano. Una vez restablecida la calma, consideró llegado el momento de coronar emperador a Federico Barbarroja. La ceremonia, celebrada el 18 e junio de 1155, desencadenó nuevos disturbios: Barbarroja salió de la ciudad llevándose con él al papa y a los cardenales. Poco después, sus hombres lograron apoderarse del instigador de los motines, el ardiente predicador Amaldo de Brescia. El emperador se lo entregó al prefecto de la ciudad y éste le condenó a morir en el cadalso, quemando luego su cadáver y echando sus cenizas al río Tíber.
Sometida Roma, Adriano se ocupó de los normandos. Su reino de Sicilia y del sur de Italia constituía una amenaza para los Estados de la Iglesia. En 1156 el papa concluyó con Guillermo I, hijo de Rogerio Il, el tratado de Benevento, que garantizaba al papado la seguridad de sus fronteras meridionales.
Este acuerdo entre Adriano y los normandos le indispuso con el emperador. En realidad, nunca hubo unas relaciones claras y cordiales entre el monarca alemán y el sucesor de Pedro. Poseía aquél una enorme personalidad y era un hombre de Estado de excepcional categoría que luchaba decididamente por restaurar todos los derechos y privilegios de su corona. Su imperialismo tenía que chocar necesariamente con un papa imbuido de antiguas pretensiones gregorianas por un dominio universal.
La famosa guerra entre el Papado y el Imperio estaba a punto de estallar. El primer chispazo saltó en 1158, cuando, en la dieta de los Campos de Roncaglia, el emperador reivindicó sus derechos sobre las ciudades lombardas y comenzó por apoderarse de Milán. Adriano decidió excomulgar a Barbarroja, pero no le dio tiempo: la muerte le sorprendió en Anagni el 1 de septiembre de 1159.
La desaparición de Adriano IV abría la puerta a un nuevo cisma. Su sucesor, Alejandro III, tendría que enfrentarse durante los veintidós años de su pontificado a cuatro antipapas sucesivos.

Nuevo cisma en Roma


La historia de los papas, continuación….

 

Inocencio II (1130-1143)
 
Anacleto II (1130-1138)
La elección de un papa había provocado, con harta frecuencia, verdaderos dramas. El decreto de 1059 se propuso resolver el problema reservando esa tarea sólo a los cardenales. La sucesión de Honorio II vino a demostrar, sin embargo, que la cuestión no se había arreglado todavía.
Recién fallecido Honorio II, veinte cardenales, todos relativamente jóvenes y todos originarios del norte de Italia y de Francia, se reunieron a toda prisa bajo la presidencia del canciller Aimerico y, mediante formas jurídicas no claras del todo, eligieron papa al cardenal-diácono Gregorio Papareschi, del partido de los Frangipani, que había sido uno de los legados signatarios del concordato de Worms en 1124.
Unas horas más tarde de aquel mismo día -14 de febrero de 1130- otros veintidós cardenales, es decir, la mayoría, designaron al cardenal Pedro Pierleone con la más estricta sujeción a la normativa vigente.
Gregorio tomó el nombre de Inocencio II. Pedro asumió el de Anacleto II. Comenzaba así un nuevo cisma que iba a durar diez años.
Pedro Pierleone procedía de una familia que había prestado un decisivo apoyo a la reforma gregoriana. Había estudiado en París, después de educarse en la corte francesa junto al futuro Luis VI. Siendo monje en Cluny, en 1116 fue nombrado por Pascual II cardenal-diácono de los Santos Cosme y Damián; posteriormente, en 1120, el papa Calixto II le hizo cardenal-presbítero de Santa María en Trastévere. Legado pontificio en Inglaterra en 1121 y en Francia durante los dos años siguientes, aquel hombre, poseedor de una cultura más que notable, prelado inteligente y reflexivo, y de intachables costumbres, era -sin duda- la figura más prestigiosa del colegio cardenalicio. Mas… he aquí que sus lejanos antepasados eran judíos; su bisabuelo, Baruch-Benito Pierleone, apenas hacía un siglo que se había convertido al catolicismo. Y tener ascendientes judíos, en opinión de algunos, constituía una tara que ni la más sincera conversión podría nunca borrar.
Ése fue, en particular, el punto de vista de Bernardo de Claraval, que, en el concilio de Etampes, en 1130, se refirió a Pedro Pierleone como aquel «papa salido del ghetto», aquel «retoño de judío», y se puso de parte de Inocencio II. Su argumento principal fue que casi toda la Iglesia, las órdenes religiosas y los príncipes -salvo Rogerio- estaban a su favor. Inocencio, por su parte, al tener noticias de que Anacleto II había sido elegido por una mayoría de los cardenales, huyó de Roma y se refugió en Francia.
Anacleto, en cambio, se quedó en la Urbe, apoyado por toda la nobleza romana, la Italia del sur, los normandos del rey Rogerio, Aquitania y Escocia, y esperaba también el respaldo del monarca alemán Lotario III al que, según la costumbre, había dado cuenta de su elección. Pero lo mismo había hecho Inocencio II. ¿Por quién se decidiría Lotario III? ¿Por Anacleto, el elegido legítimamente por la mayoría de votos del colegio cardenalicio, o por Inocencio, designado por un grupo minoritario pero del que formaba parte el canciller Aimerico?
Lotario solicitó el arbitraje del sínodo de Wurzburgo. El obispo Norberto de Magdeburgo, amigo de Bernardo de Claraval, hizo que la balanza se venciera a favor del segundo. Este Norberto pertenecía a los nuevos círculos espiritualistas en los que se integraban, junto a Bernardo, personalidades como Pedro el Venerable, Hugo de San Víctor y todos los canónigos regulares. Se trataba de un nuevo movimiento reformador, poderoso y muy extendido ya, gracias al cual fue reconocido Inocencio II por Francia, Inglaterra, Alemania y España.
En marzo de 1131, en Lieja, Lotario III prometió a Inocencio que le reconquistaría Roma. La expedición, que tuvo lugar dos años después sólo fue un éxito a medias. La Ciudad Leonina, el castillo de Santángelo y la iglesia de San Pedro resultaron inexpugnables. Al menos, Inocencio II pudo agradecer la ayuda del rey alemán consagrándole emperador, en Letrán, el 4 de junio de 1133. Pero nada más irse Lotario, Anacleto y los suyos salieron de sus fortalezas, provocando de nuevo la huida de Inocencio II. Decidió éste fijar su residencia en Pisa, desde donde conjuró al emperador, muchísimas veces, para que fuera a ayudarle a reconquistar Roma y el sur de Italia.
En 1136 logró Lotario III vencer a los normandos del rey Rogerio, y entregó la región de Apulia a Rainulfo de Alife. Pero las relaciones entre el emperador e Inocencio II se agriaron a propósito de Monte-casino: el papa quería tenerlo estrechamente sometido a la jurisdicción romana, en tanto que el monarca alemán consiguió imponer como abad a su candidato, Wibaldo de Stablo.
El 25 de enero de 1138 murió Anacleto II en Roma. Su sucesor, Víctor IV se dejó convencer por Bernardo de Claraval y abdicó el 29 de mayo de aquel mismo año. Inocencio II se quedó sólo. En 1139 convocó el II concilio de Letrán -décimo de los ecuménicos- para proclamar el final del cisma, la excomunión póstuma de Anacleto y la condena de Rogerio II. Mas no por eso se acabaron las preocupaciones para el papa.
Rogerio II de Sicilia se había alzado de nuevo: quería recuperar lo que había perdido dos años antes. Inocencio le atacó y cayó prisionero. La cautividad del pontífice, sin embargo, no fue muy larga. El 27 de julio de 1139, por el tratado de Migniano, el rey Rogerio reconoció a Inocencio como papa y aceptó su soberanía.
En 1141 se torcieron las relaciones con Luis Vll. El joven rey de Francia había vetado, para la sede episcopal de Bourges, al candidato del papa, Pedro de la Chátre. Inocencio reaccionó lanzando un entredicho sobre el reino.
Al año siguiente fue Roma la que se sublevó contra el pontífice. Instigado por un discípulo de Abelardo, Arnaldo de Brescia, el Senado romano pretendió que la Urbe se constituyera en Comuna o República, a ejemplo de otras ciudades del norte de Italia. Los disturbios por este motivo duraron cuarenta y cuatro años. En tales circunstancias, la vida de Inocencio II se extinguió en Roma el 24 de septiembre de 1143.
Celestino II (1143-1144)
Un discípulo de Abelardo, Arnaldo de Brescia, estaba incitando al Senado a que proclamara la República romana. No es, pues, casualidad que otro discípulo de Abelardo, el cardenal Guido de Castellis, fuera elegido papa a los dos días de morir Inocencio II. Su pontificado no duraría más de seis meses. Celestino II levantó el entredicho que pesaba sobre las tierras del rey de Francia, Luis VII, y ratificó el tratado de Migniano concluido entre Rogerio 11 e Inocencio. Le faltó tiempo para promover de manera eficaz la re forma de la Iglesia. Murió el 8 de marzo de 1144.
Lucio II (1144-1145)
El cardenal Gerardo de Caccianemici, canciller y bibliotecario de la Iglesia, fue elegido el 12 de marzo del año 1144 para suceder a Celestino II. Tomó el nombre de Lucio II. Su pontificado no llegaría al año, pero iba a ser intenso en preocupaciones.
El rey de Sicilia, Rogerio II, a pesar de la reciente ratificación del tratado de Migniano, se mantenía amenazante; los cardenales se pronunciaron por la reanudación de las hostilidades. Hicieron todo lo posible para obstaculizar los esfuerzos del papa, quien, a pesar de todo, logró imponer la idea de una tregua de siete años.
La situación en Roma era más grave aún. El propio hermano del papa Anacleto II, el infortunado rival de Inocencio II, fue proclamado Patricio de los Romanos y jefe de la República autónoma. El papa, que esperó en vano la ayuda del rey de Alemania Conrado III, sólo encontró apoyo en la nobleza de la Urbe, refractaria a las ideas republicanas. Se combatía en las calles.
El 15 de febrero de 1145, con ocasión de un enfrentamiento particularmente duro con el pueblo de Roma en las inmediaciones del Capitolio, Lucio II cayó mortalmente herido por una pedrada. Aquel mismo día fue elegido su sucesor.