Conmemoración de la Entrada del Señor a Jerusalén


Mejor conocido como el Domingo de Ramos

Es el Domingo de la Pasión del Señor

Hay tres formas de celebrar la entrada de Nuestro Señor Jesucristo a Jerusalén, en la que se bendicen los ramos.

Forma 1: la Procesión

Forma 2: Entrada Solemne

Forma 3: Entrada Simple

Estas tres formas se explican en el siguiente video:

Espero sea de tu agrado y te sirva.

Saludos y Bendiciones

Conmemoracion de la entrada del Señor a Jerusalen

 

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Monición para el Domingo de Ramos Ciclo B


MONICIONES PARA EL DOMINGO DE RAMOS CICLO B

 

Monición en punto de reunión:

Hermanos, nos hemos reunido éste día para recordar aquella entrada de Jesús a Jerusalén.  Hoy, nosotros aclamaremos a Cristo, nuestro Rey y Redentor, igual que los hebreos, con palmas y ramos, símbolo de vida y de victoria; que nuestra alabanza sea una profesión de fe y un compromiso para seguir al Señor en su camino hacia la cruz a través de ella hacia el triunfo definitivo.

Monición antes de la lectura del Evangelio (En el punto de reunión)

Escucharemos ahora la proclamación solemne del hecho histórico de la entrada de Jesús en Jerusalén. En el entusiasmo de la alegría, no olvidemos que el Reino de Cristo no es de este mundo.

Monición a la bendición de Ramos

Ha llegado el momento de la bendición de las palmas y ramos para conmemorar la Entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén. Levantemos nuestras palmas y escuchemos atentamente la oración del sacerdote.

Monición a la procesión:

Iniciaremos nuestra procesión acompañando a Jesús en su caminar, Que esta procesión nos haga comprender lo que debe ser nuestra vida de bautizados; aclamar al Señor nuestro Salvador, por una vida dedicada a su servicio, siguiéndolo fielmente, paso a paso.

MONICION PARA EL DOMINGO DE RAMOS CICLO B

MONICIÓN DE ENTRADA

Bienvenidos a esta celebración con la que iniciamos la semana santa. El Domingo de Ramos, venimos a recordar y a renovar la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén. Expresemos  nuestra sincera adhesión al Rey, que nos da la vida eterna.

MONICION A LAS LECTURAS

Escucharemos el anuncio y cumplimiento de la Pasión y muerte de Jesucristo. Nos hablaran de la entrega total de Jesús, de su padecimiento y su destacada obediencia silenciosa y pacífica.

PRESENTACION DE OFRENDAS

Ofrezcamos al Señor el pan y el vino junto un firme propósito de fidelidad, acompañándolo en cada uno de nuestro prójimo.

MONICIÓN A LA COMUNION

Jesús nos invita a la mesa. Celebremos su llegada triunfal agradecidos por el banquete de salvación que Él  mismo nos prepara.

MONICION DE DESPEDIDA

Hemos comenzado la Semana Santa Dispongámonos a vivir estos días con intensidad. No olvidemos que acompañar a Cristo en su Pasión y vivamos plenamente su resurrección en la celebración de la Vigilia Pascual.

ORACION DE LOS FIELES

29 de Marzo del 2015

1.- Para que el Señor tenga piedad de los fieles que han caído en el pecado, les dé valor para recurrir al sacramento de la penitencia y les conceda el gozo del perdón y de la paz, Roguemos al Señor

2.- Para que la Sangre de Jesús que habla más favorablemente que la de Abel, reconcilie con Dios a los que aún están lejos a causa de la ignorancia, la indiferencia o las propias pasiones, Roguemos al Señor

3.- Para que el Señor, que en la cruz experimentó la amargura de sentirse triste y abandonado se apiada de los enfermos y los oprimidos, a fin que los conforte en su aflicción, Roguemos al Señor

4.- Para que el Señor, que recibió en su Reino al ladrón arrepentido, se apiade de nosotros y nos admita, después de la muerte, en su paraíso, Roguemos al Señor

5.- Por todos los sacerdotes del mundo, especialmente  para que esta Semana Santa que hoy inicia, Dios los llene de fortaleza, amor y sabiduría. Roguemos al Señor

6.- Por todas las familias de Nuestra Comunidad, para Dios nos dé la gracia de vivir con fe las celebraciones de esta semana y sean para nosotros medio de conversión. Roguemos al Señor

Palmas / Martirio


La liturgia de hoy se abre con la procesión de Ramos. Más que la bendición de los ramos mismos, lo importante es la participación de la comunidad agitando los ramos en esta procesión. Se trata de un homenaje a Cristo, que entra en Jerusalén como Rey de los mártires. La procesión expresa de manera sensible lo que ha sido nuestro peregrinar de Cuaresma: es la culminación de subir con Cristo a Jerusalén para vivir con él la Pascua. Por eso la segunda lectura de la misa (Filipenses 2, 6-11) es una llamada a compartir los sentimientos y actitudes de Cristo que actuando como un hombre cualquiera se rebajó hasta someterse incluso a la muerte y una muerte de cruz.

La liturgia del domingo de Ramos incluye los dos polos del Misterio Pascual: rechazo y aceptación, sombra y luz, muerte y vida. De la alegría de la procesión, pasaremos a la contemplación de la Pasión. Estos dos polos encuentran su expresión más completa y perfecta en el altar de la eucaristía que, al mismo tiempo que sacrificio, es banquete festivo de los hijos de Dios. En el Oficio de Lecturas de hoy, la segunda, de san Andrés de Creta, nos propone muy bien los sentimientos espirituales con que debemos participar en la celebración hoy:

“…Ea, pues, corramos a una con quien se apresura a su pasión, e imitemos a quienes salieron a su encuentro. Y no para extender por el suelo, a su paso, ramos de olivo, vestiduras o palmas, sino para prosternarnos nosotros mismos, con la disposición más humillada de que seamos capaces y con el más limpio propósito, de manera que acojamos al Verbo que viene, y así logremos captar a aquel Dios que nunca puede ser totalmente captado por nosotros.

.. Y si antes, teñidos como estábamos de la escarlata del pecado, volvimos a encontrar la blancura de la lana gracias al saludable baño del bautismo, ofrezcamos ahora al vencedor de la muerte no ya ramas de palma, sino trofeos de victoria”.

 

PARA PARTICIPAR MEJOR EN LA LITURGIA DE HOY

Si es preciso, la procesión de Ramos puede hacerse en la Misa vespertina del sábado o del propio domingo por la tarde. Para evitar el desorden, conviene repartir los ramos a la entrada de la Iglesia, pues los fieles deben tenerlos en sus manos cuando se bendicen. Así se evitará también bendecir ramos que no se utilicen por los fieles en la procesión porque sobren. Los ramos que se lleven a lasa casas, son más importantes porque recuerden la procesión que porque estén bendecidos. En esta línea estará muy bien que el párroco haga llegar a las casas de los enfermos de la feligresía algunos ramos que se hayan utilizado en la procesión.

Al elegir los cantos para la procesión, lo mejor es cantar el salmo 23 y el 46 y otros en honor de Cristo Rey. Será muy oportuno ensayarlos mientras se va congregando la asamblea.

 

ÁNGEL GOMEZ

MISA DOMINICAL 1992, 5

http://www.mercaba.org

Lectio Divina: Domingo de la Pasión del Señor


Agradecemos al P. Fidel Oñoro, cjm y al CEBIPAL la publicación diaria de la Lectio Divina de Semana Santa

Por la Cruz hacia la Gloria

Lucas 22-23

“Padre, en tus manos pongo mi espíritu”

El Domingo de Ramos nos introduce en Semana Santa colocándonos ante el gran misterio de la exaltación de Jesús, misterio de gloria que brota de la Cruz, revelación del amor de Dios.  

Llegaremos así al evento central toda la historia de la humanidad: la muerte y resurrección de Jesús. De hecho, la Pascua es el fundamento de la fe cristiana, el corazón de la vida de la Iglesia, la revelación de un Dios que saca del mal bien, vida de la muerte.

 Se podría decir que el Domingo de Ramos es la fiesta del Reino de Dios que comienza a manifestarse, el momento en que comenzamos a ver la respuesta a la oración de Jesús: “Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para tu Hijo de glorifique a ti” (Juan 17,1). 

La entrada en Jerusalén le da impulso a la “hora” de Jesús, la hora hacia la cual tiende toda su vida, la hora que está en el centro de la historia del mundo. Es la “hora de la gloria” que resplandecerá cuando, desde lo alto de la Cruz, Jesús atraiga a todos hacia Él (ver Jn 12,32).

 Las palmas de la victoria…que se consuma en la Cruz

El relato de la entrada de Jesús en Jerusalén, acompañado por el cortejo de los discípulos que “llenos de alegría se pusieron a alabar a Dios a grandes voces por todos los milagros que habían visto” (Lucas 19,37), culmina en una confrontación que tendrá un dramático desenlace. 

 Jesús entra como Rey de paz: “Bendito del Rey que viene en nombre del Señor… Paz en el cielo… Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz” (19,38.42). No lo hace a caballo ni con ningún despliegue militar, como haría cualquier rey de su época, sino en la humildad de un pollino y sobre una alfombra compuesta por los mantos que le tendían en el camino (19,35-36). 

Pero el camino de este caminante que, sin tener donde reclinar la cabeza (9,58), ha atravesado el país para venir a Jerusalén termina en la Cruz. Por esta razón, el entusiasmo de la procesión de ramos termina en un silencio contemplativo del misterio de la Cruz en la celebración Eucarística. 

La contemplación de la Pasión según san Lucas

Dejándonos guiar por el evangelista Lucas, acompañemos el último trecho del camino de Jesús y sumerjámonos en el drama de amor de Dios por la humanidad, drama que también pone a la luz la mezquindad humana. De hecho, Lucas denomina el evento del Calvario “el espectáculo” (23,48), término que en este contexto significa: el evento digno de ser contemplado y absorbido largamente mediante un diálogo de confrontación. 

Como gusta insistir Lucas, este es el camino del Mesías que, pasando por la misteriosa ruta de la pasión, entra en la gloria del Padre (ver 24,26). 

Para una lectura meditativa de Lucas 22,1 a 23,56, invitamos a considerar atentamente –y en oración- los 16 cuadros que van ordenando la narración de este grandioso acontecimiento. Y puesto que cada uno de los relatos de la pasión tiene un énfasis propio, en esta ocasión trataremos de destacar los énfasis particulares del evangelista Lucas. 

(1) El complot contra Jesús (22,1-6) 

El relato de la Pasión comienza con un preludio que nos inserta enseguida en el drama. Satán vuelve al ataque y se activan las fuerzas hostiles que tienen interés en la muerte de Jesús. 

(2) La última pascua (22,7-20)

Después de los preparativos por parte de los discípulos para el banquete (22,7-12), se prosigue con la celebración pascual misma (22,14-38).  Lucas destaca el ritual de la cena pascual judía a lo largo de la cual el cabeza de familia hace circular varias copas. Hace un signo sobre el pan, el cual permanece como “Recuerdo mío” (22,19). En las palabras de Jesús sobre la copa (22,20) se cumple la profecía: “He aquí que vienen días –oráculo de Yahveh’ en que yo pactaré con la casa de Israel y la casa de Judá una nueva alianza… pondré mi Ley en su interior y sobre sus corazones la escribiré, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo… Cuando perdone su culpa, y de su pecado no vuelva a acordarme” (Jeremías 31,31.33.34). 

(3) El Testamento de Jesús (22,21-38)

Lucas enriquece la cena pascual con el discurso final de Jesús a sus discípulos. 

·       Partiendo del gesto de infidelidad de un miembro de la comunidad (22,21-23), Jesús da las consignas para el comportamiento de la comunidad cristiana que permanece fiel a Él. 

·       Desea que el poder no se ejerza a la manera de los paganos. No hay necesidad de títulos rimbombantes. Los reyes paganos se hacen llamar “benefactores”, pero no son el modelo de los discípulos de Jesús. Ellos deben imitar a Cristo quien se hace servidor de todos. Él, quien tiene una dignidad real y quien dispone de un Reino, se pone en medio de los suyos como el que sirve (22,24-27).

·       Desea también que los discípulos compartan su vida futura: la plenitud del Reino. Pero para ello hay que perseverar, como el Maestro, en las pruebas (22,29-30).

·       En medio de la infidelidad del discípulo, Jesús pone en primer lugar su propia fidelidad: “Yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca”. Puesto que Satán no permanece inactivo y conociendo la debilidad de su discípulo, Jesús anuncia las sacudidas que va a sufrir Pedro, antes de su caída. La conversión de Pedro será ganancia: para el fortalecimiento de toda la comunidad (22,31-34).

·       Los discípulos vivirán dentro de poco la misión, allí se encontrarán –así como Jesús en la Pasión- con la hostilidad del mundo y evangelizarán un mundo de violencia.  Al respecto, Jesús le da nuevas consignas a los discípulos. A diferencia de lo que dijo en el primer discurso misionero, ya no los envía con las manos vacías. Llegan tiempos difíciles, el camino será peligroso y, en consecuencia, tendrán que protegerse (22,35-38). 

(4) La angustiosa oración en el monte de los Olivos (22,39-46).

La atmósfera se pone oscura cuando Jesús y sus discípulos se dirigen hacia el monte de los Olivos, donde la angustiosa oración de Jesús le hace contrapunto al momento de violencia que viene con el arresto. Lucas destaca que Jesús ora y hace orar conforme a la enseñanza que le había dado a los discípulos (en Lc 11,2-4). Retoma dos peticiones del Padre Nuestro. Al comienzo y al final del episodio, Jesús pide a sus discípulos que oren de manera que no caigan en la tentación. Al Padre le dice: “que no se haga mi voluntad sino la tuya”.  Dios acoge su oración y le envía un ángel para que lo reconforte. Lo mismo que Dios ya había hecho con el profeta Elías (ver 1ª Reyes 19,4-8). 

(5) El beso del traidor (22,47-53)

No se sabe cómo está compuesta la tropa que viene a capturar a Jesús.  La atención se fija en el traidor, uno de los Doce, y sobre la actitud de Jesús quien pone en práctica lo que ha dicho en el Sermón de la llanura: “Amad a vuestros enemigos”. Al contrario de lo que hacen tanto Judas -quien le entrega a la muerte- como los discípulos –quienes reaccionan con violencia-, el comportamiento de Jesús en este momento es el verdadero modelo de los cristianos. 

(6) La caída de Pedro (22,54-62).

En el patio de la casa del sumo sacerdote, en presencia del mismo Jesús (lo deja entender el v.61), Pedro niega ser discípulo (23,56-57), pertenecer a su comunidad (23,58) y haber hecho camino con Él desde Galilea (23,59-60). Las tres formas concretas de la vinculación con Jesús, Pedro las declara inexistentes: “¡No le conozco!… ¡No lo soy!… ¡No sé de qué hablas!”. Pero la mirada del Señor y el recuerdo de sus palabras producen la conversión de Pedro (23,62). 

 7) El rostro cubierto (22,63-65).

Los captores, golpean a Jesús y se burlan de él. Al contrario de Pedro, ellos no afrontan la mirada de Jesús: cubren su rostro pidiéndole que juegue con ellos el conocido juego de “la gallina ciega”.

 (8) Jesús ante el Sanedrín (22,66-71)

La mañana del viernes comienza con un primer interrogatorio ante la máxima autoridad judía. Hay que notar el tema. En la anunciación, el ángel del Señor le había anunciado a María que Jesús era Hijo de Dios en cuanto Rey-Mesías, pero también de manera particular, en cuanto participaba de la santidad de Dios.  Lo mismo sucede aquí.  La revelación se hace en dos momentos. Jesús, en primer lugar, deja entender que Él es mucho más que un Rey-Mesías temporal. A partir de la misteriosa figura del Hijo del hombre que viene entre las nubes del cielo (anunciada por el profeta Daniel), enseguida hace entender que Él es el Hijo de Dios. Ante el Sanedrín finalmente no se realiza un proceso judicial: no hay testigos ni acusaciones ni sentencia.

 (9) Jesús ante Pilatos (23,1-7).

Esta vez sí hay proceso judicial. La acusación se basa en motivos políticos: “pervierte al pueblo prohibiendo pagar impuestos y diciendo que es el Cristo Rey”.  Pilatos afirma por primera vez que Jesús es inocente: “Ningún delito encuentro en este hombre”.

 (10) De Pilatos a Herodes (23,8-12)

En lugar de tratar a Jesús como uno de su jurisdicción y de hacerle justicia, Herodes se comporta de forma indigna. Al final le rinde –de manera involuntaria- un homenaje revistiéndolo con un manto real.

 (11) De Herodes a Pilatos (23,13-25).

Pilatos afirma por segunda vez que Jesús es inocente, esta vez coincidiendo con la opinión de Herodes. Con todo, hace flagelar a Jesús con intención de soltarlo después. Pero esto no satisface a los jefes ni al pueblo, que interviene aquí por primera vez. Una ironía trágica aparece en el texto: aquellos que habían acusado a Jesús de subversión son los mismos que solicitan la liberación de un verdadero subversivo, pidiendo la muerte del inocente.  Después de afirmar por tercera vez que Jesús es inocente, Pilatos termina cediendo ante la presión popular. Para Lucas, los principales responsables de la muerte de Jesús son los sumos sacerdotes y los jefes del pueblo.  Se destaca la ausencia de los fariseos. Según el testimonio de Lucas, ellos no son enemigos mortales de Jesús.

 (12) Jesús carga la cruz (23,26-32)

La narración alcanza su vértice dramático durante el camino de la Cruz. Llevando la cruz detrás de Jesús, Simón de Cirene se convierte en modelo del discípulo que toma la cruz. El pueblo también sigue a Jesús, contemplándolo a su paso. Se destacan la actitud de las mujeres y las palabras que Jesús les dirige a ellas. En términos proféticos Jesús anuncia la caída de Jerusalén.

 (13) Una muerte ejemplar (23,33-34)

Hasta el fin de su vida, Jesús pone en práctica lo que ha enseñado: el amor a los enemigos y el perdón de las ofensas. Mientras es crucificado dice: “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen”.

 (14) La muerte de un rey (23,35-43).

Los jefes de los judíos, los soldados romanos y uno de los malhechores desafían a Jesús para que se salve a sí mismo (23,35-41).  Jesús no lo hace. Él es “salvador”, pero no ejerce su poder para provecho propio.  Por decisión personal, introduce en el paraíso a un pobre hombre que pone su confianza en Él. La salvación no será solamente al final de los tiempos, cuando vuelva.  Jesús, desde la cruz, anuncia el “hoy” de la salvación (23,42-43).

 (15) La muerte del Hijo (23,44-46).

Las últimas palabras de Jesús en la cruz son una oración expresada en un grito de confianza. Si bien están inspiradas en el Salmo 31,6, ellas evocan sus primeras palabras en el Templo de Jerusalén, cuando cumplió sus doce años. Jesús llama a Dios “Padre” suyo y en sus manos deposita toda su vida, en Él concluye su camino y a Él le entrega su causa.

 (16) Después de la muerte de Jesús (23,47-56)

Comienza una serie de reacciones frente a la muerte heroica de Jesús. Notamos la alusión continua al “ver” al crucificado:

·       El centurión romano “ve” y da su testimonio: la muerte de Jesús es una injusticia (23,47).  Jesús es el inocente ajusticiado profetizado por Isaías como “Siervo de Yahveh” (ver Isaías 53,11-12; Hechos 3,14; 7,52; 22,14).

·       El pueblo “ve” y comienza a convertirse, reconociendo su culpabilidad (23,48). 

·       Los amigos que lo acompañado desde Galilea “ven”, pero de lejos (23,49).

 Viene entonces la sepultura (23,50-54). No todos los miembros del Sanedrín son enemigos de Jesús: José de Arimatea –“persona buena y justa”- le rinde los últimos homenajes a Jesús ofreciéndole una digna sepultura. 

 En este momento final, las mujeres “ven” todo hasta el último instante posible (23,55-56). Su fidelidad las lleva más lejos que al resto de la comunidad. Ellas, las testigos de la sepultura de Jesús, serán igualmente las primeras testigos de la resurrección.

 La “visión” del Resucitado no se puede desconectar de la “visión” del crucificado. Es así como la contemplación de las actitudes de Jesús en su Pasión y Crucifixión en esta narración que se desencadena sin pausa –que se escucha con la respiración contenida por la emoción-  es el preludio de la “conversión” pascual que está a punto de suceder.  Tal como lo hace sentir Lucas, el final es tranquilo y lleno de suspenso: una extraña calma que interroga el corazón. La serenidad orante del final abre las puertas a una gran expectativa… que tendrá respuesta (ver el evangelio de la Vigilia Pascual).

 Para cultivar la semilla de la Palabra en el corazón:

 Cuando tomemos las palmas en este domingo hagámoslo con el deseo sincero de iniciar un camino junto con Jesús:

1. ¿Quieres entrar con Jesús a Jerusalén, incluso hasta el Calvario?

2. ¿Qué implica contemplar con serenidad y amor cada uno de los pasos de Jesús en camino de Pasión, allí donde culminan los pasos de tu Dios?

3. ¿Qué vas a hacer para estar con Él allí donde Él está por ti?

Sólo así la alegría del Domingo de Ramos será una verdadera anticipación de la inmensa alegría del Domingo de Pascua.

 Tiene sentido celebrar el Domingo de Ramos si estamos dispuestos a perseverar con esas mismas palmas hasta el Domingo de la Resurrección, recorriendo la procesión que pasa por el triduo pascual, aprendiendo que la verdadera palma de la victoria es la de la Cruz.

Comenzamos así la Semana Santa, de la cual decía San Juan Crisóstomo:

“En ella se han verificado para nosotros dones inefables:

se ha concluido la guerra, se ha extinguido la muerte,

se ha cancelado la maldición, se ha removido toda barrera,

se ha suprimido la esclavitud del pecado. 

En ella el Dios de la paz ha pacificado toda realidad, sea en el cielo sea en la tierra”.

 Oremos

Tú entras, Amado Señor, en la gran Ciudad, como Rey, pero no como cualquier Rey mundano. Si tú aceptas los hosannas de la multitud de tus seguidores es porque tú tienes compasión de esta gente buena y sencilla, cargada de problemas, de fatigas y de inquietudes, que busca la paz y la gloria que vienen de lo alto. A todos ellos les abres horizontes de esperanza en cada uno de tus pasos.

Tú entras, Jesús, en la gran Ciudad, para sellar la Alianza definitiva entre Dios y la humanidad. Desde la Cruz quieres darnos el gran abrazo del Padre, desde allí nos ves como pequeños que necesitan ser sanados con paciencia y amabilidad de nuestros vacíos, resistencias, temores, violencias, ambigüedades. Subes a ella, no para condenarnos sino para dignificar nuestra vida con tu benevolencia, tu confianza, tu afecto.

Recordar hoy tu entrada en Jerusalén, Señor, significa para nosotros dejar que tu misterio entre en lo más profundo de nuestra vida, para que allí hagas tu obra. Amén.

Monición para el Domingo de Ramos Ciclo A


Actualizado: 05 Abril 2017

 

MONICION DEL DOMINGO DE RAMOS “DE LA PASION DEL SEÑOR” CICLO  A

UNA PROCESIÓN QUE ATRAVIESA LA HISTORIA

Liturgia de este domingo Video

 

M.R. Pág. 100  /Lec I  Pág. 78

MONICIÓN DE ENTRADA
(Saludo) Hoy, recordamos la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén y  le aclamamos, porque creemos en él, porque queremos seguir su  caminar  estos días santos

o bien:

Saludo: Con la celebración del Domingo de Ramos, conmemoramos, con toda la Iglesia, la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, acompáñelos con entusiasmo a nuestro Rey y Mesías en su camino de sufrimiento y entrega total en la Cruz, a fin de que merezcamos tener parte en su gloriosa Resurrección

o

(Saludo) Con la celebración del Domingo de Ramos, conmemoramos, la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Acompañemos con entusiasmo a nuestro Rey y Mesías en esta semana santa que hoy inicia. Participemos con fe en esta eucaristia

.

Procesión de Entrada…..RESPONSORIO

R. Al entrar el Señor en la ciudad santa, los hijos de Israel, anticipándose a la resurrección del Señor de la vida, con palmas en las manos, clamaban: Hosanna en el cielo.

V. Al enterarse de que Jesús llegaba a Jerusalén, el pueblo salió a su encuentro con las palmas en las manos, clamando: Hosanna en el cielo.

El sacerdote dice la oración colecta y prosigue la misa.

Si no hay procesión ni entrada solemne, se hace la entrada sencilla. Después del canto o la antífona, el celebrante saluda al pueblo con las mismas palabras antes propuestas. Para la bendición de ramos dentro de la misa se puede hacer, en este caso, desde el mismo presbiterio, la bendición de los ramos, pero sin leer el evangelio. Después, se puede repetir el mismo canto de aclamación, y se pasa directamente a la oración colecta.

LITURGIA DE LA PALABRA

Primera Lectura: Isaías 50, 4-7

Salmo 21

Segunda Lectura: Fil 2, 6-11

Evangelio: Mt 26, 14-27.66

MONICION A LAS LECTURAS (UNICA)

Escucharemos en las lecturas como desde el antiguo testamento estaba ya anunciada la Pasión y muerte de Jesucristo. Nos hablaran de la entrega total de Jesús, de su padecimiento y su destacada obediencia silenciosa y pacifica.

MONICION A LAS LECTURAS (INDIVIDUAL)

MONICION A LA PRIMERA LECTURA

El Señor está siempre cerca del que sufre con una palabra de aliento, una mano tendida, una ayuda crucial. Este relato del Antiguo Testamento nos ayudara a entender la Pasión de Cristo.

O bien:

La imagen del siervo sufriente que nos presenta Isaias está revestida de los rasgos de un auténtico profeta, que sabe interpretar su misión y su destino a la luz de la Palabra de Dios, y es figura del Mesías esperado

MONICION A LA SEGUNDA LECTURA

San Pablo nos invita a actuar siempre con humildad tomando el ejemplo de Cristo que lo hizo todo siempre desde su condición humana, dejando de lado su condición de hijo de Dios.

O bien

En contraposición a los sentimientos de superioridad y de egoísmo que muy frecuentemente nos dominan, San Pablo nos presenta en un precioso himno a la figura de Jesucristo, que por amor se hace servidor de todos nosotros

MONICION AL EVANGELIO

Contemplemos el camino de Jesús hacia la muerte y agradezcamos ese sacrificio, con fe y con esperanza, porque sabemos que de la cruz de Jesús brota nuestra vida.

O bien

Escuchemos ahora el relato de la Pasión de Jesús, narrada por San Mateo, En él descubriremos que todo se cumple según el plan de Dios, fielmente realizado en la misión de su Hijo Jesucristo

Hoy la homilía debe ser breve. Después se dice la profesión de fe.

ORACIÓN UNIVERSAL

Imploremos, hermanos, a Jesús, el Sumo Sacerdote de la fe que profesamos, que en la cruz presentó, con lágrimas en los ojos, oraciones y súplicas al Padre, y oremos también nosotros por todos los hombres:

A cada invocación responderemos: Por la Pasión de tu Hijo, Escúchanos Señor

1.- Para que el Señor, que en la cruz excusó a los ignorantes y pidió perdón por ellos, tenga piedad de los fieles que han caído en el pecado, le dé valor para recurrir al sacramento de la penitencia y les conceda  el gozo del perdón y de la paz. Roguemos al Señor

2.- Para que la sangre de Jesús, que habla más favorablemente que la de Abel, reconcilie con Dios a los que aún están lejos a causa de la ignorancia, la indiferencia, la maldad o las propias pasiones. Roguemos al Señor

3.- Para que el Señor, que en la cruz experimentó la amargura de sentirse triste y abandonado, se apiade de los enfermos, los afligidos y los oprimidos y les envíe a su ángel para que los conforte. Roguemos al Señor

4.- Para que el Señor, que recibió en su reino al ladrón arrepentido, se apiade de nosotros, nos dé sentimientos de contrición y nos admita, después de la muerte, en su paraíso. Roguemos al Señor

Dios todopoderoso y eterno, que enviaste a tu Hijo al mundo, para que, con su pasión destruyera el pecado y la muerte y, con su resurrección, nos devolviera la vida y la felicidad, escucha las oraciones de tu pueblo y haz que podamos gozar de los frutos de la cruz gloriosa de Jesucristo. El, que vive y reina por los siglos de los siglos.

PRESENTACION DE OFRENDAS

Ofrezcamos al Señor el pan y el vino junto un firme propósito de fidelidad, acompañándolo en cada uno de nuestro prójimo.

O bien

Dispuestos a ser fieles a Dios, aún en medio de dificultados y sufrimientos, manifestemos a nuestro Padre Dios que estamos dispuestos a cumplir siempre su santa voluntad

o

Acercamos al altar estos dones de pan y vino, pidiendo la gracia de seguir el ejemplo de Jesús de estar dispuestos a ser fieles a Dios, aún en medio de dificultades.

MONICION AL PADRE NUESTRO

Sabiendonos hijos del mismo padre, elevemos nuestra voz dirigiéndonos a Él como Cristo nos enseñó

MONICIÓN A LA COMUNION

Jesús nos invita a la mesa. Celebremos su llegada triunfal, unidos por el banquete que Él mismo nos prepara

O bien

Ya que hemos contemplado el itinerario doloroso de nuestro Salvador, acerquémonos ahora a recibirlo devotamente en la santa comunión

o

Al comulgar participamos del misterio de Cristo. Nos acercamos a recibirlo en este banquete celestial que es su Cuerpo y su Sangre, entregada por nuestra salvación.

MONICION DE DESPEDIDA

Hemos comenzado la Semana Santa Dispongámonos a vivir estos días con intensidad.

O bien

Que las palmas y los ramos que llevamos en nuestras manos, nos recuerden nuestro compromiso de unirnos cada día mas a Cristo, y de luchar decididamente contra las fuerzas del pecado y el mal

o

Que las palmas y los ramos que llevamos en nuestras manos, nos recuerden nuestro compromiso de unirnos cada día más a Cristo, vayamos a nuestros hogares a compartir y vivir el mensaje que hoy hemos recibido.

La entrada triunfal en Jesuralen


Francisco Fernandez Carvajal

Entrada solemne y a la vez sencilla, en Jerusalén. Jesús da cumplimiento a las antiguas profecías

I. «Venid, y al mismo tiempo que ascendemos al monte de los Olivos, salgamos al encuentro de Cristo, que vuelve hoy en Betania y, por propia voluntad, se apresura hacia su venerable y dichosa pasión, para llevar a la plenitud del misterio de la salvación de los hombres» [1]

Jesús sale muy temprano de mañana a Betania. Allí desde la tarde anterior, se habían congregado muchos fervientes discípulos suyos; unos era paisanos de Galilea, llegados en peregrinación para celebrar el reciente milagro de la resurrección de Lázaro. Acompañado de esta numerosa comitiva , junto a otros que se le van sumando en el camino, Jesús toma una vez más el viejo camino de Jericó a Jerusalén, hacia al pequeña cumbre del monte de los Olivos.

Las circunstancias se presentaban propicias para un gran recibimiento, pues era de costumbre que las gentes saliesen al encuentro de los más importantes grupos de peregrinos para entrar en la ciudad entre cantos y manifestaciones de alegría. El Señor no manifestó ninguna oposición a los preparativos de esta entrada jubilosa. El mismo elige la cabalgadura; un sencillo asno que manda a traer de Betfagé, aldea muy cercana a Jerusalén. El asno había sido en Palestina la cabalgadura de personajes notables ya desde el tiempo de Balaán [2].

El cortejo se organizó enseguida. Algunos extendieron su manto sobre la grupa del animal y ayudaron a Jesús a subir encima; otros adelantándose, tendían sus mantos en el suelo para el borrico pasase sobre ellos como sobre un tapiz, y muchos otros corrían por el camino a medida que adelantaban el cortejo hacia la ciudad, esparciendo ramas verdes a lo largo del trayecto y agitando ramos de olivo y de palma arrancados de los árboles de las inmediaciones. Y, al acercarse a la ciudad, ya en la bajada del monte de los Olivos, toda la multitud de los que bajaban, llena de alegría, comenzó a alabar a Dios en alta voz por todo los prodigios que había visto, diciendo: ¡Bendito el Rey que viene en nombre del Señor! ¡Paz en el Cielo y gloria en las alturas![3].

Jesús hace su entrada en Jerusalén como Mesías en un borrico, como había sido profetizado muchos siglos antes [4]. Y los cantos del pueblo son claramente mesiánicos . Esta gente llana – y sobre todo los fariseos- conocían bien estas profecías, se manifiesta llena de júbilo. Jesús admite el homenaje, y a los fariseos que intentan apagar aquellas manifestaciones de fe y alegría , el Señor les dice: Os digo que si éstos callan gritarán las piedras [5].

Con todo, el triunfo de Jesús es un triunfo sencillo, «se contenta con un pobre animal por trono. No sé a vosotros; pero a mi me humilla reconocerme, a los ojos del Señor, como un jumento: como un borriquito soy yo delante de ti; pero estaré siempre a tu lado, porque tú me has tomado de tu diestra (Sal 72, 23-24), tu me llevas por el ronzal» [6].

Jesús quiere también entrar hoy triunfante en la vida de los hombres sobre la cabalgadura humilde, quiere que demos testimonio de Él, en la sencilla de nuestro trabajo bien hecho, con nuestra alegría, con nuestra serenidad, con nuestra sincera preocupación por los demás. Quiere hacerse presente en nosotros a través de las circunstancias del vivir humano. También nosotros podemos decirle en el día de hoy: Ut iumentum factus sum apud te… «Como un borriquito estoy delante de Ti. Pero tu estas siempre conmigo, me has tomado por el ronzal, me has hecho cumplir tu voluntad; et cum gloria suscepisti me, y después me darás un abrazo muy fuerte »[7].

Ut iumentum… como borrico soy ante Ti, Señor como un borrico de carga, y siempre estaré contigo. Nos puede servir de jaculatoria para el día de hoy.

El Señor ha entrado triunfante en Jerusalén. Pocos días más tarde, en esa ciudad, será clavado en la cruz.


El Señor llora sobre la ciudad. Correspondencia a la gracia.

II. EL cortejo triunfal de Jesús había rebasado la cima del monte de los Olivos y descendía por la vertiente occidental dirigiéndose al Templo, que desde allí se dominaba. Toda la ciudad aparecía ante la vista de Jesús. La contemplar aquel panorama, Jesús lloró [8].

Aquel llanto entre tantos gritos alegres y en tan solemne entrada, debió de resultar completamente inesperado. Los discípulos estaban desconcertados viendo a Jesús. Tanta alegría se había roto de golpe, en un momento.

Jesús mira como Jerusalén se hunde en el pecado, en su ignorancia y en su ceguera: ¡Ay si conocieras por lo menos en este día que se te ha dado, lo que puede traerte, la paz! Pero ahora todo está oculto a tus ojos [9]. Ve el Señor cómo sobre ellos caerán otros días que ya no serán como este día, día de alegría y de salvación, sino de desdicha y de ruina. Pocos años más tarde, la ciudad sería arrasada. Jesús llora la impenitencia de Jerusalén. ¡Qué elocuentes son estas lágrimas de Cristo! Lleno de misericordia, se compadece de esta ciudad que le rechaza.

Nada quedó por intentar: ni en milagros, ni en obras, ni en palabras; con tono de severidad unas veces, indulgente otras… Jesús lo ha intentado todo con todos: en la ciudad y en el campo, con gentes sencillas y con sabios doctores, en Galilea y en Judea… También ahora, y en cada época, Jesús entrega la riqueza de su gracia a cada hombre, porque su voluntad es siempre salvadora.

En nuestra vida, tampoco ha quedado nada por intentar, ningún remedio por poner. ¡Tantas veces Jesús se ha hecho el encontradizo con nosotros! ¡Tantas gracias ordinarias y extraordinarias ha derramado sobre nuestra vida! «El mismo hijo de Dios se unió, en cierto modo, con cada hombre por su encarnación. Con manos humanas trabajó, con mente humana pensó, con voluntad humana obró, con corazón de hombre amó. Nacido de María Virgen se hizo de verdad uno de nosotros, igual que nosotros en todo menos en el pecado. Cordero inocente, mereció para nosotros en la vida derramando libremente su sangre, y en Él el mismo Dios nos reconcilió consigo y entre nosotros mismos y nos arrancó de la esclavitud del diablo y del pecado, y así cada uno de nosotros puede decir con el Apóstol: el Hijo de Dios me amó y se entregó por mí (Gal 2, 20) » [10].

La historia de cada hombre es la historia de la continua solicitud de Dios sobre él. Cada hombre es objeto de la predilección del Señor. Jesús lo intentó con todo Jerusalén, y la ciudad no quiso abrir la puerta a la misericordia. Es el misterio profundo de la libertad humana, que tiene la triste posibilidad de rechazar al gracia divina. «Hombre libre, sujétate a voluntaria servidumbre para que Jesús no tenga que decir por ti aquello que cuentan que dijo por otros a la Madre Teresa: “Teresa, yo quise… Pero los hombre no han querido” » [11].

¿Cómo estamos respondiendo nosotros a los innumerables requerimientos del Espíritu Santo para que seamos sanos en medio de nuestras tareas, en nuestro ambiento? Cada día, ¿cuántas veces decimos sí a Dios y no al egoísmo, a la pereza, a todo lo que significa desamor, aunque sea pequeño?


Alegría y dolor en este día: coherencia para seguir a Cristo hasta la Cruz.

III. Al entrar el Señor en la cuidad santa los niños y los hebreos profetizaban la resurrección de Cristo, proclamaban con ramos de palmas: «Hosanna en el cielo » [12].

Nosotros conocemos ahora que aquella entrada triunfal fue, para muchos, muy efímera. Los ramos verdes se marchitaron pronto. El hosanna entusiasta se transformó cinco días más tarde en un grito enfurecido: ¡Crucifícale! ¿Por qué tan brusca mudanza, por qué tanta inconsistencia? Para entender algo quizá tengamos que consultar nuestro propio corazón.

«¡Qué diferentes voces eran – comenta San Bernardo-: quita, quita, crucifícale y bendito sea el que viene en el nombre del Señor, hosanna en las alturas! ¡Qué diferentes voces son llamarle ahora Rey de Israel, y de ahí a pocos días: no tenemos más rey que el César! ¡Qué diferentes son los ramos verdes y la cruz, las flores y las espinas! A quien antes tendían por alfombra los vestidos propios, de allí a poco le desnudan de los suyos y echan suerte sobre ellos»[13].

La entrada triunfal de Jesús a Jerusalén pide a cada uno de nosotros coherencia y perseverancia, ahondar en nuestra fidelidad, para que nuestros propósitos no sean luces que brillan momentáneamente y de pronto se apagan. En el fondo de nuestros corazones hay profundo contrastes: somos capaces de lo mejor y de lo peor. Si queremos tener la vida divina, triunfar con Cristo, hemos de ser constantes y hacer morir por la penitencia lo que nos aparta de Dios y nos impide acompañar al Señor hasta la Cruz.

«La liturgia del Domingo de Ramos pone en boca de los cristianos esté cántico: levantad, puertas, vuestros dinteles; levantaos puertas antiguas, para que entre el Rey de la gloria (Antífona de la distribución de los ramos). El que se queda recluido en la ciudadela del propio egoísmo no descenderá al campo de batalla. Sin embargo, si levantas las puertas de la fortaleza y permite que entre el Rey de la paz, saldrá con Él a combatir contra toda esa miseria que empaña los ojos e insensibiliza la conciencia» [14].

María también está en Jerusalén, cerca de su hijo para celebrar al Pascua. La última Pascua judía y la primera Pascua en la que su Hijo es el Sacerdote y la Víctima. No nos separemos de Ella. Nuestra Señora nos enseñará a ser constantes, a luchar en lo pequeño, a crecer continuamente en el amor de Jesús. Contemplemos la Pasión, la Muerte y al Resurrección de su Hijo junto a Ella. No encontraremos un lugar más privilegiado.

[1] San Andrés De Creta, sermón 9 sobre el Domingo de Ramos
[2] Cfr. Num 22, 21 ss.
[3] Lc 19, 37-38.
[4] Zac 9, 9.
[5] Lc 19, 39.
[6] San Josemaría Escrivá De Balaguer, Es Cristo que pasa, 181.
[7] Idem, citado por A. Vázquez De Prada, El Fundador del Opus Dei, Rialp, Madrid, 1983, p. 124.
[8] Lc 19, 41.
[9] Lc 19, 42.
[10] Conc. Vat. II, Const. Gaudium et Spes, 22.
[11] San Josemaría Escrivá De Balaguer, Camino, n. 761.
[12] Himno a Cristo Rey. Liturgia del Domingo de Ramos.
[13] San Bernardo. Sermón el Domingo de Ramos, 2,4.
[14] San Josemaría Escrivá De Balaguer, Es Cristo que pasa, 82.

El Significado del Domingo de Ramos


El Domingo de Ramos abre solemnemente la Semana Santa, con el recuerdo de las Palmas y de la pasión, de la entrada de Jesús en Jerusalén y la liturgia de la palabra que evoca la Pasión del Señor en el Evangelio de San Marcos.

En este día, se entrecruzan las dos tradiciones litúrgicas que han dado origen a esta celebración: la alegre, multitudinaria, festiva liturgia de la iglesia madre de la ciudad santa, que se convierte en mimesis, imitación de los que Jesús hizo en Jerusalén, y la austera memoria – anamnesis – de la pasión que marcaba la liturgia de Roma. Liturgia de Jerusalén y de Roma, juntas en nuestra celebración. Con una evocación que no puede dejar de ser actualizada.

Vamos con el pensamiento a Jerusalén, subimos al Monte de los olivos para recalar en la capilla de Betfagé, que nos recuerda el gesto de Jesús, gesto profético, que entra como Rey pacífico, Mesías aclamado primero y condenado después, para cumplir en todo las profecías. .

Por un momento la gente revivió la esperanza de tener ya consigo, de forma abierta y sin subterfugios aquel que venía en el nombre del Señor. Al menos así lo entendieron los más sencillos, los discípulos y gente que acompañó a Jesús, como un Rey.

San Lucas no habla de olivos ni palmas, sino de gente que iba alfombrando el camino con sus vestidos, como se recibe a un Rey, gente que gritaba: “Bendito el que viene como Rey en nombre del Señor. Paz en el cielo y gloria en lo alto”.

Palabras con una extraña evocación de las mismas que anunciaron el nacimiento del Señor en Belén a los más humildes. Jerusalén, desde el siglo IV, en el esplendor de su vida litúrgica celebraba este momento con una procesión multitudinaria. Y la cosa gustó tanto a los peregrinos que occidente dejó plasmada en esta procesión de ramos una de las más bellas celebraciones de la Semana Santa.

Con la liturgia de Roma, por otro lado, entramos en la Pasión y anticipamos la proclamación del misterio, con un gran contraste entre el camino triunfante del Cristo del Domingo de Ramos y el Viacrucis de los días santos.

Sin embargo, son las últimas palabras de Jesús en el madero la nueva semilla que debe empujar el remo evangelizador de la Iglesia en el mundo.

“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Este es el evangelio, esta la nueva noticia, el contenido de la nueva evangelización. Desde una paradoja este mundo que parece tan autónomo, necesita que se le anuncie el misterio de la debilidad de nuestro Dios en la que se demuestra el culmen de su amor. Como lo anunciaron los primeros cristianos con estas narraciones largas y detallistas de la pasión de Jesús.

Era el anuncio del amor de un Dios que baja con nosotros hasta el abismo de lo que no tiene sentido, del pecado y de la muerte, del absurdo grito de Jesús en su abandono y en su confianza extrema. Era un anuncio al mundo pagano tanto más realista cuanto con él se podía medir la fuerza de la Resurrección.

La liturgia de las palmas anticipa en este domingo, llamado pascua florida, el triunfo de la resurrección; mientras que la lectura de la Pasión nos invita a entrar conscientemente en la Semana Santa de la Pasión gloriosa y amorosa de Cristo el Señor.


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Se entrecruzan dos sentimientos

Siempre que celebramos el Domingo de Ramos, se entrecruzan dos sentimientos bien diferentes; por un lado la alegría de recibir a Jesús en el pórtico de la Semana Santa y, por otro lado, la visión que tenemos de que, la pasión, es lo que al final le espera.

Es como aquel turista que iba felizmente en un viaje pero, en la última etapa, veía que existía un muro ante el cual, tenía que detenerse. Un final de viaje, triste.

Pero la Pasión de Jesús, no será un muro infranqueable. Lo recibimos con palmas los mismos que, en Viernes Santo, gritaremos ¡crucifícale! ¡crucifícale!

La vida está sembrada de contradicciones. Alimentada por adhesiones y deserciones. Probada por fidelidades e infidelidades. Y, nosotros, en el Domingo de Ramos, manifestamos que ciertamente, la Pasión, sólo la puede retar alguien como Jesucristo. Alguien que, como El, esté dispuesto a perdonar, olvidar ofensas, cobardías y falsos juicios.

En un mundo en el que vivimos como reyes (por lo menos parte de él) resulta un desafío (o incluso para algunos algo sin sentido) un Jesús montado en un pollino y aclamado, ¡para más INRI! como rey.

Lo cierto es que, el Domingo de Ramos, es el ascenso hacia la Pascua. Aquel que viene en el nombre del Señor, incita muchos sentimientos en aquellos que le acompañamos con ramos y palmas en esta mañana.

¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!

Y, es verdad. La Semana Santa, si algo tiene, es que sigue cristalizando los deseos de un Dios que en Jesús, quiere acercarse y donarse por los hombres.

¡Pero qué ingenuo! Pensarían algunos de los que contemplaron el auténtico cortejo que se dio en la Jerusalén de entonces. ¿Un rey en pollino? Así es Dios. Nos desconcierta. Habla desde el camino de la sencillez. Nos aturde cuando de, una forma casi provocadora, empuja a Jesús a iniciar un viaje feliz a Jerusalén, con un final triste: con un amigo usurero, de la mano de otro que le niega y, sentándose con algunos más, que le abandonan en las horas de más angustia y de soledad.

Interviene Dios, en el Domingo de Ramos, desde la alegría que nos debe de producir un Jesús que sabe lo que le aguarda, a la vuelta de la esquina, por haber apostado por la salvación del hombre.

Habla Dios, en el Domingo de Ramos, para los que tenemos fragilidad e incoherencia: hoy decimos que sí, pero mañana diremos que no.

Se hace presente Dios, en el Domingo de Ramos, como lo hizo desde el mismo nacimiento de Jesús en Belén: con pobreza y sin miedo al ridículo. Fue adorado por los pobres en la gruta de Belén, y es aclamado por el pueblo sencillo y llano, en su entrada a Jerusalén.

¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!

Y la Iglesia, sigue adentrándose en este tercer milenio, en ciudades y conciencias porque sabe que viene y habla en el nombre del Señor. Su sola presencia a unos dejará indiferentes, en otros acarreará aplausos y en otros más, enojo.

La historia se repite. La sociedad, a veces dominada no precisamente por el bien común, se resiente en sus cimientos cuando alguien le recuerda una instancia superior o un bien supremo; una fuerza poderosa, más definitiva y eterna que otorgue un poco más de orden y de solera a la realidad tan enrevesada que padecemos.

Por ello mismo, en el Domingo de Ramos, la iglesia debe de recuperar la fuerza para seguir caminando con ilusión, convencimiento y fortaleza hacia la mañana de resurrección. Siendo consciente de que, por medio, está la cruz, la persecución, las traiciones desde dentro de casa, la blandura de algunos de sus miembros y la incomprensión de otros tantos que tan pronto le aplauden como la apedrean.

Y es que, la vida cristiana, en algunos momentos puede ser así: un encantador viaje con un triste final. Eso sí, la última Palabra por ser de Dios, pondrá a esa tristeza un choque: la resurrección de Cristo. Y, eso, ya no es final triste. Es una traca con destellos de eternidad y de felicidad eterna.

Javier Leoz

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