Conmemoración de la Entrada del Señor a Jerusalén


Mejor conocido como el Domingo de Ramos

Es el Domingo de la Pasión del Señor

Hay tres formas de celebrar la entrada de Nuestro Señor Jesucristo a Jerusalén, en la que se bendicen los ramos.

Forma 1: la Procesión

Forma 2: Entrada Solemne

Forma 3: Entrada Simple

Estas tres formas se explican en el siguiente video:

Espero sea de tu agrado y te sirva.

Saludos y Bendiciones

Conmemoracion de la entrada del Señor a Jerusalen

 

Monición para el Domingo de Ramos Ciclo B


MONICIONES PARA EL DOMINGO DE RAMOS CICLO B

 

Monición en punto de reunión:

Hermanos, nos hemos reunido éste día para recordar aquella entrada de Jesús a Jerusalén.  Hoy, nosotros aclamaremos a Cristo, nuestro Rey y Redentor, igual que los hebreos, con palmas y ramos, símbolo de vida y de victoria; que nuestra alabanza sea una profesión de fe y un compromiso para seguir al Señor en su camino hacia la cruz a través de ella hacia el triunfo definitivo.

Monición antes de la lectura del Evangelio (En el punto de reunión)

Escucharemos ahora la proclamación solemne del hecho histórico de la entrada de Jesús en Jerusalén. En el entusiasmo de la alegría, no olvidemos que el Reino de Cristo no es de este mundo.

Monición a la bendición de Ramos

Ha llegado el momento de la bendición de las palmas y ramos para conmemorar la Entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén. Levantemos nuestras palmas y escuchemos atentamente la oración del sacerdote.

Monición a la procesión:

Iniciaremos nuestra procesión acompañando a Jesús en su caminar, Que esta procesión nos haga comprender lo que debe ser nuestra vida de bautizados; aclamar al Señor nuestro Salvador, por una vida dedicada a su servicio, siguiéndolo fielmente, paso a paso.

MONICION PARA EL DOMINGO DE RAMOS CICLO B

MONICIÓN DE ENTRADA

Bienvenidos a esta celebración con la que iniciamos la semana santa. El Domingo de Ramos, venimos a recordar y a renovar la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén. Expresemos  nuestra sincera adhesión al Rey, que nos da la vida eterna.

MONICION A LAS LECTURAS

Escucharemos el anuncio y cumplimiento de la Pasión y muerte de Jesucristo. Nos hablaran de la entrega total de Jesús, de su padecimiento y su destacada obediencia silenciosa y pacífica.

PRESENTACION DE OFRENDAS

Ofrezcamos al Señor el pan y el vino junto un firme propósito de fidelidad, acompañándolo en cada uno de nuestro prójimo.

MONICIÓN A LA COMUNION

Jesús nos invita a la mesa. Celebremos su llegada triunfal agradecidos por el banquete de salvación que Él  mismo nos prepara.

MONICION DE DESPEDIDA

Hemos comenzado la Semana Santa Dispongámonos a vivir estos días con intensidad. No olvidemos que acompañar a Cristo en su Pasión y vivamos plenamente su resurrección en la celebración de la Vigilia Pascual.

ORACION DE LOS FIELES

29 de Marzo del 2015

1.- Para que el Señor tenga piedad de los fieles que han caído en el pecado, les dé valor para recurrir al sacramento de la penitencia y les conceda el gozo del perdón y de la paz, Roguemos al Señor

2.- Para que la Sangre de Jesús que habla más favorablemente que la de Abel, reconcilie con Dios a los que aún están lejos a causa de la ignorancia, la indiferencia o las propias pasiones, Roguemos al Señor

3.- Para que el Señor, que en la cruz experimentó la amargura de sentirse triste y abandonado se apiada de los enfermos y los oprimidos, a fin que los conforte en su aflicción, Roguemos al Señor

4.- Para que el Señor, que recibió en su Reino al ladrón arrepentido, se apiade de nosotros y nos admita, después de la muerte, en su paraíso, Roguemos al Señor

5.- Por todos los sacerdotes del mundo, especialmente  para que esta Semana Santa que hoy inicia, Dios los llene de fortaleza, amor y sabiduría. Roguemos al Señor

6.- Por todas las familias de Nuestra Comunidad, para Dios nos dé la gracia de vivir con fe las celebraciones de esta semana y sean para nosotros medio de conversión. Roguemos al Señor

Visita a los siete templos


  Actualización: 13 Marzo 2017 

 Para ver el vídeo de clic en la imagen Visita a los siete templos miniatura

 guia-de-oracion-para-la-visita-de-los-7-templos Descargar

Introducción: Esta tradición consiste en visitar siete templos y hacer un momento de oración en cada uno de ellos. Es un acto de desagravio por la injuria cometida a Nuestro Señor Jesucristo de ser llevado de un lugar a otro para ser juzgado y luego crucificado. Recordemos que Jesús fue trasladado:

  • Del Huerto de los Olivos

  • a la Casa de Anás.

  • a De la Casa de Anás

  • a la Casa de Caifás.

  • a De Caifás a Pilato. a De Pilato a Herodes.

  • a De Herodes a Pilato. a De Pilato al Enlosado.

  • a Del Enlosado al Gólgota.

La visita a los siete templos que hacemos el Jueves Santo tiene como marco histórico el recuerdo de Jesús que fue llevado de una autoridad a otra para ser condenado a muerte. Es por tanto, un acto de desagravio en el que pedimos perdón a Dios por las ofensas que hicimos a Jesús al haberlo traicionado y entregado a las autoridades de aquella época.

Hoy, el Señor, presente en todos los pobres y desposeídos de nuestra sociedad, sigue siendo traicionado y entregado injustamente a la autoridad y también, por qué no decirlo, sigue sufriendo en manos de quienes tienen poder que, sin respeto a la dignidad humana, maltratan a nuestros hermanos injustamente. En esta devoción podemos acompañar a nuestro Señor durante su recorrido ante cada una de las autoridades, reflexionando sobre la injusticia que padeció en todo su juicio, donde fue condenado a muerte.            

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Guía de oración para la visita de los 7 templos

Jueves Santo

 

Acto Penitencial:

En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. R. Amén. El Señor esté con ustedes. R. Y con tu espíritu.

 

Monición: Hermanos, antes de acompañar a Jesús en el proceso que se le siguió para condenarlo a muerte, conviene que cada uno ponga delante de Dios su persona, le agradezca los dones con los que los ha bendecido y confiados en su infinita misericordia le pidamos perdón de nuestros pecados.

 

(Pausa para el examen de conciencia).

 

Yo confieso…

 

Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.

  1. Amén.

 

Caminamos hacia el primer templo…

 

 

1er. templo “Del huerto de Getsemaní a la casa de Anás”. 

Nos persignamos: (+) Por la señal de la santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Oremos: Padre, al recordar las injusticias que padeció Jesús ante las autoridades civiles y religiosas, concédenos identificar a ese mismo Jesús en cada uno de nuestros hermanos que siguen padeciendo injusticias y danos el valor para proclamar su dignidad. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Leemos: “… pasó Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un  huerto, en el que entraron él y sus discípulos… Entonces la cohorte, el tribuno y los guardias de los judíos prendieron a Jesús, le ataron y le llevaron primero a casa de Anás, pues era suegro de Caifás, el Sumo Sacerdote de aquel año.” (Jn. 18, 1.12-13).

 

Rezamos:  Padrenuestro…  Dios te salve María…. Gloria…

 

Caminamos al segundo templo…

 

 

2o. templo “De la casa de Anás a la casa de Caifás”.   
Nos persignamos: (+) Por la señal de la santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

 

Oremos: Padre, al recordar las injusticias que padeció Jesús ante las autoridades civiles y religiosas, concédenos identificar a ese mismo Jesús en cada uno de nuestros hermanos que siguen padeciendo injusticias y danos el valor para proclamar su dignidad. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén…

 

Leemos: “Anás interrogó a Jesús sobre sus discípulos y su doctrina… Entonces le envió atado al Sumo sacerdote Caifás.” (Jn. 18,19.24)

 

Rezamos:  Padrenuestro…  Dios te salve María… Gloria…

 

Caminamos al tercer templo…

 

3er. templo “De la casa de Caifás a Pilato”.
Nos persignamos: (+) Por la señal de la santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

 

Oremos: Padre, al recordar las injusticias que padeció Jesús ante las autoridades civiles y religiosas, concédenos identificar a ese mismo Jesús en cada uno de nuestros hermanos que siguen padeciendo injusticias y danos el valor para proclamar su dignidad. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén

 

Leemos: “De la casa de Caifás llevan a Jesús al pretorio. Era de madrugada… Entonces Pilato entró al pretorio y llamó a Jesús y le dijo:…¿Luego tú eres Rey? Respondió Jesús: Sí, como dices, soy Rey…” (Jn.18, 33.37)

 

Rezamos:  Padrenuestro…  Dios te salve María… Gloria…

 

Caminamos al cuarto templo…

 

 

4o. templo “De Pilato a Herodes”.   
Nos persignamos: (+) Por la señal de la santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

 

Oremos: Padre, al recordar las injusticias que padeció Jesús ante las autoridades civiles y religiosas, concédenos identificar a ese mismo Jesús en cada uno de nuestros hermanos que siguen padeciendo injusticias y danos el valor para proclamar su dignidad. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén

 

Leemos: “Pilato dijo a los Sumos sacerdotes y a la gente: ningún delito encuentro en este Hombre. Pero ellos insistían diciendo: solivianta al pueblo, enseñando por toda Judea, desde Galilea, donde comenzó, hasta aquí. Al oír esto, Pilato preguntó si este hombre era galileo. Y, al saber que era de la jurisdicción de Herodes, le remitió a Herodes, que por aquellos días estaba también en Jerusalén.” (Lc. 23,4-7)

 

Rezamos:  Padrenuestro…  Dios te salve María…  Gloria…

 

Caminamos al quinto templo…

 

 

5o. templo “De Herodes a Pilato”. 
Nos persignamos: (+) Por la señal de la santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

 

Oremos: Padre, al recordar las injusticias que padeció Jesús ante las autoridades civiles y religiosas, concédenos identificar a ese mismo Jesús en cada uno de nuestros hermanos que siguen padeciendo injusticias y danos el valor para proclamar su dignidad. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén

 

Leemos:  “Cuando Herodes vio a Jesús se alegró mucho, pues hacía largo tiempo que deseaba verle, por las cosas que oía de él, y esperaba presenciar alguna señal que él hiciera. Le preguntó con mucha palabrería, pero él no respondió nada. Estaban allí los sumos sacerdotes y los escribas acusándole con insistencia. Pero Herodes, con su guardia, después de despreciarle y burlarse de él, le puso un espléndido vestido y le remitió a Pilato.” (Lc. 23, 8-11).

 

Rezamos:  Padrenuestro…  Dios te salve María…  Gloria…

 

Caminamos al sexto templo…

 

6o. templo “De Pilato al Enlosado para ser condenado a muerte”
Nos persignamos: (+) Por la señal de la santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

 

Oremos: Padre, al recordar las injusticias que padeció Jesús ante las autoridades civiles y religiosas, concédenos identificar a ese mismo Jesús en cada uno de nuestros hermanos que siguen padeciendo injusticias y danos el valor para proclamar su dignidad. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén

 

Leemos: “Cada Fiesta Pilato les concedía la libertad de un preso, el que pidieran. Había uno, llamado Barrabás, que estaba encarcelado con aquellos sediciosos que en el motín habían cometido un asesinato. Subió la gente y se puso a pedir lo que les solía conceder… entonces, queriendo complacer a la gente les soltó a Barrabás y entregó a Jesús, después de azotarle,  para que fuera crucificado.” (Mc.15, 6-8.15)

 

Rezamos:  Padrenuestro…  Dios te salve María…  Gloria…

 

Caminamos al séptimo templo…

 

 

7o. templo “Del Enlosado al Gólgota para ser crucificado”. 
Nos persignamos: (+) Por la señal de la santa Cruz, de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén

 

Oremos: Padre, al recordar las injusticias que padeció Jesús ante las autoridades civiles y religiosas, concédenos identificar a ese mismo Jesús en cada uno de nuestros hermanos que siguen padeciendo injusticias y danos el valor para proclamar su dignidad. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén

 

Leemos:  “Los soldados llevaron a Jesús dentro del palacio, es decir, al pretorio y llaman a toda la cohorte. Le visten de púrpura y, trenzando una corona de espinas, se la ciñen. Y se pusieron a saludarle: ¡Salve, Rey de los judíos! y le golpeaban en la cabeza con una caña, le escupían y, doblando las rodillas se postraban ante él. Cuando se hubieron burlado de él, le quitaron la púrpura, le pusieron sus ropas y le sacan fuera para crucificarle… Le condujeron entonces al lugar del Gólgota, que quiere decir: Calvario.” (Mc. 15, 16-20)

 

Rezamos:  Padrenuestro…  Dios te salve María… Gloria…

 

Oración Final:

Oremos: Padre, al recordar las injusticias…

Señor, tú que por nosotros padeciste el tormento de la cruz y en todo te hiciste obediente para que nosotros alcanzáramos la salvación; te pedimos nos des la fuerza de tu Santo Espíritu para que podamos seguirte obedientes transformando nuestro mundo en la antesala de tu cielo. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.
R. Amén.

 

 

 

Explicar la Semana Santa a niños y adolescentes


Se hace necesario hoy en día explicar el sentido de las fiestas que vivimos más o menos inconscientemente, debido a que las vemos y disfrutamos más como vacaciones que por aquel motivo que ha sido su origen y las da verdadero sentido.

 

Explicar los días fundamentales, a niños y adolescentes, de este momento litúrgico: Domingo de Ramos de la Pasión del Señor, Jueves Santo en la cena del Señor, Viernes Santo de la Pasión del Señor y Domingo de Resurrección, así como su simbología y la centralidad del Jueves Santo (en relación con la Pascua Judía y la luna llena, por ejemplo, centrando la distribución de los días movibles del año litúrgico) quizá no sea suficiente, aunque no sea del todo escaso.

La Semana Santa es uno de esos períodos en los que, si nos descuidamos y no hacemos nada por evitarlo, quizá se acaben convirtiendo para muchos en una especie de “vacaciones de primavera”, como Navidad pudiera decaer en unas meras “vacaciones de invierno”.

Pienso que es previo y preciso, ante todo, hacer un ejercicio de consciencia respecto de cómo estamos pasando, o tenemos previsto pasar, estos días tan importantes para todos los fieles cristianos. Dónde vamos, qué hacemos, cómo vivimos, qué oficios tenemos ocasión de compartir con otros, cómo nos sentimos, qué pensamos,… porque esta última semana de Nuestro Señor en la tierra puede hacernos caer en la cuenta, cada vez más profundamente, acerca de cuál es nuestra misión aquí y la esperanza a la que estamos llamados.

Presentar bien el verdadero significado del fin de este tiempo requiere centrarlo en el Triduo Pascual (“sacratísimo triduo del Crucificado, del Sepultado y del Resucitado”), que va desde la Misa vespertina del Jueves Santo en la cena del Señor hasta las Vísperas del Domingo de Resurrección, celebrando la Iglesia los grandes misterios de la redención humana, en íntima Comunión con Cristo su Esposo.

El Domingo de Ramos marca la actitud de servicio de Nuestro Señor, que proclama su mensaje y es perseguido y muere para liberarnos del pecado. Pide nuestra alabanza personal, nuestro acompañamiento también, por su humildad y amor entregado.

Con la hora intermedia del Jueves Santo termina la Cuaresma y comienza el Triduo Pascual que nos conducirá hasta la Vigilia Pascual. Celebramos que Jesús pasa de este mundo al Padre habiendo amado a los suyos hasta el extremo.

El Viernes Santo, con la narración de la Pasión, volvemos a la idea de Jesús como siervo de Yahvé. Jesús sufre la muerte para salvar a todos. Aunque el ayuno y abstinencia de estas fechas sobre todo es propio de este día, también se recomienda el Sábado Santo, para vivir más intensamente la permanencia de la Iglesia junto al sepulcro del Señor, meditando su Pasión y Muerte.

La Santa Vigilia Pascual tiene lugar en una noche de vela en honor de Señor, conmemorando la Noche Santa en que el Señor resucitó y es la “madre de todas las Santas Vigilias” (san Agustín). Esperamos la Resurrección del Señor y la celebramos con los sacramentos de la iniciación cristiana. Esta Vigilia es figura de la Pascua auténtica de Cristo que celebramos el día siguiente: el Domingo de Pascua, la solemnidad de las solemnidades.

Semana Santa 2013. Pascua es Cristo vivo


Autor: S.S. | Fuente: http://www.aica.org/
Semana Santa 2013. Pascua es Cristo vivo
Carta pastoral del cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, con ocasión de la próxima Semana Santa (25 de febrero de 2013)
Semana Santa 2013. Pascua es Cristo vivo
Semana Santa 2013. Pascua es Cristo vivo

A los párrocos y responsables de comunidades educativas:

Hace años que todos trabajamos por lograr que la iglesia esté en la calle tratando que se manifieste más la presencia de Jesús vivo. Es el esfuerzo de vivir aquello que rezamos tantas veces en la Misa “que todos los miembros de la Iglesia sepamos discernir los signos de los tiempos y crezcamos en la fidelidad al Evangelio; que nos preocupemos de compartir en la caridad las angustias y las tristezas, las alegrías y las esperanzas de los hombres, y así les mostremos el camino de la salvación” (1) En mayor o menor medida muchas comunidades aceptaron ese desafío. Aparecida confirmó el camino y nos mostró que, para que no sea un chispazo, necesitábamos una conversión pastoral. La necesitamos continuamente porque muchas veces tenemos la tentación de volver a las cebollitas de Egipto. Todos sabemos que la realidad de nuestras parroquias resulta acotada en relación a la cantidad de personas que hay y a las que no llegamos. La Iglesia que nos llama constantemente a una nueva evangelización nos pide poner gestos concretos que manifiesten la unción que hemos recibido. La permanencia en la unción se define en el caminar y en el hacer. Un hacer que no sólo son hechos sino un estilo que busca y desea poder participar del estilo de Jesús. El “hacerse todo a todos para ganar a algunos para Cristo” va por este lado. (2)

Salir, compartir y anunciar, sin lugar a dudas, exigen una ascesis de renuncia que es parte de la conversión pastoral. El miedo o el cansancio nos pueden jugar una mala pasada llevándonos a que nos quedemos con lo ya conocido que no ofrece dificultades, nos da una escenografía parcial de la realidad y nos deja tranquilos. Otras veces podemos caer en el encierro perfeccionista que nos aísla de los otros con excusas tales como: “Tengo mucho trabajo”, “no tengo gente”, “si hacemos esto o aquello ¿quién hace las cosas de la parroquia?”, etc.

Igual que en el año 2000 quisiera decirles: [/c]Los tiempos nos urgen. No tenemos derecho a quedarnos acariciándonos el alma. A quedarnos encerrados en nuestra cosita… chiquitita. No tenemos derecho a estar tranquilos y a querernos a nosotros mismos…Tenemos que salir a hablarle a esta gente de la ciudad a quien vimos en los balcones. Tenemos que salir de nuestra cáscara y decirles que Jesús vive, y que Jesús vive para él, para ella, y decírselo con alegría… aunque uno a veces parezca un poco loco.

Cuántos viejitos están con la vida aburrida, que no les alcanza, a veces, el dinero ni para comprar remedios. A cuántos nenes les están metiendo en la cabeza ideas que nosotros recogemos como gran novedad, cuando hace diez años las tiraron a la basura en Europa y en los Estados Unidos, y nosotros se las damos como gran progreso educativo.

Cuántos jóvenes pasan sus vidas aturdiéndose desde las drogas y el ruido, porque no tienen un sentido, porque nadie les contó que había algo grande. Cuántos nostálgicos, también los hay en nuestra ciudad, que necesitan un mostrador de estaño para ir saboreando grapa tras grapa y así ir olvidando.

Cuánta gente buena pero vanidosa que vive de la apariencia, y corre el peligro de caer en la soberbia y en el orgullo.

¿Y nosotros nos vamos a quedar en casa? ¿Nos vamos a quedar en la parroquia, encerrados? ¿Nos vamos a quedar en el chimenterío parroquial, o del colegio, en las internas eclesiales? ¡Cuando toda esta gente nos está esperando! ¡La gente de nuestra ciudad! Una ciudad que tiene reservas religiosas, que tiene reservas culturales, una ciudad preciosa, hermosa, pero que está muy tentada por Satanás. No podemos quedarnos nosotros solos, no podemos quedarnos aislados en la parroquia y en el colegio. [/c] (3)

La Semana Santa se nos presenta como una nueva oportunidad para desinstalar un modelo cerrado de experiencia evangelizadora que se reduce a “más de lo mismo” para instalar la Iglesia que es de “puertas abiertas” no porque sólo las abre para recibir sino que las tiene abiertas para salir y celebrar, ayudando a aquellos que no se acercan.

Con estos pensamientos miro la próxima celebración de Ramos, es la fiesta del andar de Jesús en medio de su pueblo siendo bendición para todos los que se encontraban a su paso. Les ruego que no privaticemos la fiesta que es para todos y no para algunos. La Arquidiócesis ha hecho la opción de celebrarla. misioneramente el sábado por la tarde desde las columnas y puestos misioneros en las distintas Vicarías. Sin embargo la adhesión es todavía muy pobre. Por eso les pido a los Párrocos y a los responsables de los Colegios que convoquen y movilicen sus comunidades para ese momento fuerte de fe y anuncio con la certeza de que la vida de nuestros fieles se renueva cuando experimentan la belleza y alegría de acercarse a los hermanos para compartir la fe: “es imposible que un hombre haya acogido la Palabra y se haya entregado al Reino sin convertirse en alguien que a su vez da testimonio y anuncia”. (4)

Les agradezco desde ya todo lo que hagan en este sentido.

Con paternal afecto

Card. Jorge Mario Bergoglio SJ, arzobispo de Buenos Aires
25 de febrero de 2013.

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(1) P. E. V c
(2) Misa Crismal 2012
(3) EAC 2000
(4) Evangelii nuntiandi 24

Cristo nos ama incluso cuando nos atrevemos a negarlo


Autor: P. Cipriano Sánchez LC | Fuente: Catholic.net
Cristo nos ama incluso cuando nos atrevemos a negarlo
Lunes Santo. La caridad es ser capaz de servir hasta que ya no pueda mas.
Cristo nos ama incluso cuando nos atrevemos a negarlo

El día de hoy vamos a ponernos el cristal de la caridad, y bajo esta óptica contemplaremos la Última Cena.

¿Qué es la caridad? Si alguien quisiese definir la caridad, podría escribir libros enteros. Si alguien quisiese definir la caridad, podría llenar bibliotecas, o simplemente tomar una fuente con agua y lavar los pies a sus discípulos durante la cena: “[…] cuando ya el diablo había puesto en el corazón a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle, sabiendo que el Padre le había puesto todo en sus manos y que había salido de Dios y a Dios volvía, se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó. Luego hecha agua en un lebrillo y se pone a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla con que estaba ceñido”.

La caridad es ser capaz de servir hasta que ya no haya nada más que uno pueda hacer; la caridad es servir hasta la último. “No hay amor más grande que aquél del que da la vida por quien ama”. Cristo, constantemente, va a unir su caridad con su muerte. Tanto es así, que la cruz va a ser la mayor expresión de caridad de Cristo.

Nos impresiona cuando vemos a Cristo rebajarse como un esclavo a lavar los pies, quizá no nos impresiona tanto el hecho de que Cristo no solamente lava como esclavo los pies a sus discípulos, sino que muere esclavo en la cruz por sus discípulos. La caridad, la verificación, el amor, la muerte de Cristo están inseparablemente unidos. La caridad de Cristo es una caridad que se ofrece en la separación de aquellos que ama. “Hijos míos, ya poco tiempo voy a estar con vosotros. Vosotros me buscaréis y a donde yo voy vosotros no podéis venir”.

El amor de Cristo es un amor totalmente desinteresado, no es un amor que se busque a sí mismo. El amor de Cristo no busca la propia felicidad sino la felicidad de aquellos que ama. Cristo incluso va a aceptar la separación de aquellos que ama por amor; pero, al mismo tiempo, como todo auténtico amor, el amor de Cristo va a buscar en todo momento compartir, y por eso Jesucristo les dice a sus discípulos: “Como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros”.

Cristo busca encarnar su amor en los que ama. Cristo busca que aquellos que Él ama también amen como Él: “En esto conocerán que sois mis discípulos: en que os tengáis amor unos a otros como yo os he amado”. La caridad que no se transmite, la caridad que no se manifiesta, la caridad que no se encarna en aquellos que amamos no puede ser una caridad auténtica.

No hay que olvidar que el Maestro se nos presenta como modelo de caridad, como dirá San Juan, “en la glorificación”, es decir, en la muerte, en el don absoluto de sí mismo por amor a los suyos. Éste es el don más grande que un hombre puede dar: el don de sí mismo. ¿Qué otra cosa podemos dar más que nosotros? Aun cuando hubiéramos terminado de dar mucho, todavía quedaríamos nosotros por darnos. ¿Qué más puede ofrecer un soldado a su señor, cuando ya lo ha dado todo? ¿Qué más puede ofrecer Cristo, cuando ya lo ha dado todo? ¿Qué más puedo ofrecer yo, como discípulo, cuando ya lo haya dado todo?

La caridad de Cristo tiene, además, una muy especial característica. En el Evangelio de San Mateo se dice: “aquél que me negare delante de los hombres yo le negaré delante de mi Padre celestial”. Justamente en este contexto de caridad se introduce el misterio de la negación de Pedro. Sin embargo, Pedro no contaba con la última de las delicadezas de la caridad de Cristo. Dice el Evangelio: “Señor, ¿a dónde vas? Jesús le respondió: Adonde yo voy no puedes seguirme ahora; me seguirás más tarde. Pedro le dice: ¿Por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti. Le responde Jesús: ¿Que darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes que tú me hayas negado tres veces.” 

La caridad ama aun cuando el amado nos niega. Así ama Cristo. Cristo no solamente ama cuando nosotros somos grandes apóstoles que entendemos perfectamente los planes del Señor sobre nosotros -¡qué fácil sería amar así!- Cristo ama incluso cuando nosotros nos atrevemos a negarlo. Y nos ama con un amor redentor, nos ama con un amor transformador, nos ama con un amor purificador, nos ama con un amor que es capaz de sacarnos del pozo donde nosotros podríamos vernos encerrados.

El amor de Cristo no es un amor que arrasa; es un amor que reconstruye, cuando el alma se deja reconstruir. Es un amor que hace que aquél que lo ha negado pueda amarlo a Él, como Cristo lo ama. ¿Cómo nos ha amado Cristo? Hasta dar su vida por nosotros. ¿Cómo tenemos que amar nosotros a Cristo? Hasta dar nuestra vida por Él.

San Juan va a unir la caridad con la obediencia y con el sacrificio en la obscuridad: “Si alguno ama, guardará mi palabra y mi Padre le amará y vendremos a él y haremos morada en él”.

Cristo une caridad, obediencia y presencia de Dios. La esencia de toda santidad y de toda virtud cristiana está en la caridad. No hay presencia de Dios donde no hay caridad, no hay presencia de Dios donde no hay obediencia; y donde no hay obediencia, no hay caridad ni presencia de Dios; y donde no hay caridad no hay obediencia ni presencia de Dios.

Tendríamos que darnos cuenta que esta especie de trinidad es el corazón del cristiano. Presencia de Dios es obediencia y es caridad. Quien diga que tiene a Dios y odia a su hermano, es un mentiroso. Y quien quiera obedecer, primero tiene que amar. Y quien regatea con el egoísmo, no obedece ni tiene a Dios en su corazón. La caridad se hace obediencia y se hace presencia. Si no es así, la obediencia es vacía y la presencia ausencia. Solamente cuando hay esta presencia, esta caridad y esta obediencia, el hombre posee luminosidad para poder guiar su vida en la autenticidad.

“El Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os enseñará todo y os recordará todo cuanto os he dicho”. La presencia amorosa de Dios en nosotros es la garantía de la luminosidad interior. No puedes guiar tu vida si estás cegado por el egoísmo. No puedes guiar tu vida si en tu interior no existe luminosidad y la disposición de vivir en la obediencia. No puedes guiar tu vida si en tu interior no existe la verdadera presencia de Dios. La caridad, como obediencia que se hace presencia, es la clave que Jesús mismo nos deja.

Después de hablar del amor, Cristo empieza hablando del Príncipe de este mundo. No hay que olvidar que la auténtica caridad se hace testimonio precisamente ante las persecuciones del Príncipe de este mundo. Y así como la luz expulsa la noche, y la obscuridad se ve alejada por la aurora, la caridad expulsa de nuestra vida al Príncipe de este mundo.

¿Quién no le tiene miedo al contagio del mundo del demonio y de la carne en su propia vida? ¿Alguien puede sentirse inmune a esto? ¿Alguien puede decir que tiene las manos limpias? Y, sin embargo, ¿cómo podemos resistir al Príncipe de este mundo? Sólo quien vive en la caridad tendrá la capacidad suficiente para desencadenarse una y otra vez del Príncipe de este mundo. Sólo el que tenga caridad como ley auténtica de su vida podrá estar liberándose de las ataduras que el Príncipe de este mundo le ponga a su corazón. Solamente quien no es capaz de vivir la caridad acabará por vivir con el demonio dentro del corazón.

La caridad es el testimonio del cristiano. Ante las asechanzas del demonio, que muchas veces podrá buscar encimarse, apoderarse de la vida del hombre, más aún, que muchas veces hará fracasar las obras buenas del hombre, sólo la caridad continuará siendo la coraza con la cual el hombre vence, con la cual el hombre es capaz -a pesar de los errores, a pesar de los fallos propios o de los demás-, de volver a amar y de entregarse.

No hay que tenerle miedo al demonio si en nosotros hay caridad, si en nosotros hay amor verdadero. No hay que tenerle miedo al demonio de las tentaciones y de las dificultades, en el seguimiento de Cristo, si en nosotros verdaderamente existe un corazón lleno de amor a Dios.

Aun cuando el corazón pueda estar en la soledad, en el abandono, en la dificultad y en la prueba, tenemos que saber que la caridad de Cristo se convierte en paz en nuestra alma, consuelo de nuestra soledad. “Os dejo la paz; mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde. Habéis oído que os he dicho: Me voy y volveré a vosotros. Si me amarais, os alegrarías[…]”.

Éste es el rostro de la caridad que Cristo nos presenta. Una caridad que se ofrece, una caridad que se comparte, una caridad que se hace testimonio, una caridad que ama incluso en la negación del amor. Y al mismo tiempo, es una caridad que se convierte en presencia por la obediencia, es una caridad que no se contamina a pesar de las asechanzas del demonio o de la soledad en la que nosotros podamos vivir.

Este amor -lo vemos en Cristo-, no es simplemente un bonito sentimiento interior. Este amor tiene obras que efectivamente manifiestan el amor, obras que realmente realizan el amor, obras que demuestran que estamos auténticamente entregados a Cristo. Porque si no prestamos más que a aquellos de quienes esperamos recibir, ¿qué mérito tendremos que no tengan también los pecadores? Si no saludamos más que a los que nos saludan, ¿en qué nos diferenciamos de los gentiles? Y si no amamos más que a los que nos aman, ¿qué hacemos que no hagan también los publicanos?

También a nosotros se nos exige una caridad que se hace celo apostólico, como el mejor servicio hecho a los hombres. ¿Qué más les puedes dar a los hombres sino la presencia de Dios en sus corazones? No existe la caridad sin celo apostólico, no existe la caridad sin esfuerzo por conquistar a los hombres para Cristo. Y la podremos disfrazar de lo que queramos, pero sin celo apostólico que influya verdaderamente en las sociedades en las que vivimos, en los ambientes en los que nos movemos, no hay caridad. Sin un corazón que arda por sus hermanos los hombres, no hay caridad, porque Cristo, por amor a nosotros, busca introducir la presencia de Dios en nosotros. “En el que me ama moraremos”.

¿Realmente mi amor a los hombres es un amor que busca hacer que la presencia de Dios esté dentro de mis hermanos? ¿O es un amor platónico, o es un amor romántico? ¿O es un amor que arde, y porque arde quema, y porque quema transforma, y transforma en celo apostólico?

Cuando revisemos la caridad, veamos el amor de Cristo por nosotros, veamos nuestro amor por Cristo, veamos nuestro corazón, y veamos si verdaderamente hay caridad que es obediencia y es presencia. Pero nunca olvidemos la tercera dimensión de la caridad: el celo apostólico.

Recordemos que se nos va a exigir. “Tuve hambre y no me diste de comer; tuve sed y no me diste de beber; estuve desnudo y no me vestiste, en la cárcel, enfermo y no me fuiste a ver”. Si a ésos, Cristo los manda lejos de sí, lejos del amor, lejos de la vida eterna, ¿qué será de aquellos que le negaron a sus hermanos los hombres, por falta de caridad, la presencia de Dios en su corazón? ¿Qué será de aquellos que, llevados por la pereza o por la soledad, o por el Príncipe de este mundo, o por el orgullo, se permitieron el lujo de no llenar el corazón de sus hermanos los hombres con la presencia del Señor?

Palmas / Martirio


La liturgia de hoy se abre con la procesión de Ramos. Más que la bendición de los ramos mismos, lo importante es la participación de la comunidad agitando los ramos en esta procesión. Se trata de un homenaje a Cristo, que entra en Jerusalén como Rey de los mártires. La procesión expresa de manera sensible lo que ha sido nuestro peregrinar de Cuaresma: es la culminación de subir con Cristo a Jerusalén para vivir con él la Pascua. Por eso la segunda lectura de la misa (Filipenses 2, 6-11) es una llamada a compartir los sentimientos y actitudes de Cristo que actuando como un hombre cualquiera se rebajó hasta someterse incluso a la muerte y una muerte de cruz.

La liturgia del domingo de Ramos incluye los dos polos del Misterio Pascual: rechazo y aceptación, sombra y luz, muerte y vida. De la alegría de la procesión, pasaremos a la contemplación de la Pasión. Estos dos polos encuentran su expresión más completa y perfecta en el altar de la eucaristía que, al mismo tiempo que sacrificio, es banquete festivo de los hijos de Dios. En el Oficio de Lecturas de hoy, la segunda, de san Andrés de Creta, nos propone muy bien los sentimientos espirituales con que debemos participar en la celebración hoy:

“…Ea, pues, corramos a una con quien se apresura a su pasión, e imitemos a quienes salieron a su encuentro. Y no para extender por el suelo, a su paso, ramos de olivo, vestiduras o palmas, sino para prosternarnos nosotros mismos, con la disposición más humillada de que seamos capaces y con el más limpio propósito, de manera que acojamos al Verbo que viene, y así logremos captar a aquel Dios que nunca puede ser totalmente captado por nosotros.

.. Y si antes, teñidos como estábamos de la escarlata del pecado, volvimos a encontrar la blancura de la lana gracias al saludable baño del bautismo, ofrezcamos ahora al vencedor de la muerte no ya ramas de palma, sino trofeos de victoria”.

 

PARA PARTICIPAR MEJOR EN LA LITURGIA DE HOY

Si es preciso, la procesión de Ramos puede hacerse en la Misa vespertina del sábado o del propio domingo por la tarde. Para evitar el desorden, conviene repartir los ramos a la entrada de la Iglesia, pues los fieles deben tenerlos en sus manos cuando se bendicen. Así se evitará también bendecir ramos que no se utilicen por los fieles en la procesión porque sobren. Los ramos que se lleven a lasa casas, son más importantes porque recuerden la procesión que porque estén bendecidos. En esta línea estará muy bien que el párroco haga llegar a las casas de los enfermos de la feligresía algunos ramos que se hayan utilizado en la procesión.

Al elegir los cantos para la procesión, lo mejor es cantar el salmo 23 y el 46 y otros en honor de Cristo Rey. Será muy oportuno ensayarlos mientras se va congregando la asamblea.

 

ÁNGEL GOMEZ

MISA DOMINICAL 1992, 5

http://www.mercaba.org

Rosario de Pésame


Rosario de Pésame

Autor:

 

Monición inicial
Acompañemos a María, que al pie de la cruz, ha sufrido junto a su Hijo la Pasión y la Muerte. Acudamos a la Santísima Virgen María que en medio del sufrimiento nos ha sido entregada como nuestra piadosa y tierna madre.

Que a través de este Santo Rosario, en el que meditaremos acerca de cada uno de los instrumentos de la pasión, oremos con ella junto al cuerpo yaciente de Jesús, y acompañemos a María en su prolongada noche de dolor y de pena.

La señal de la cruz.

Yo pecador

Romancero de la Vía Dolorosa.
XIII Estación
(Fragmento)

Mi Jesús tiene sueño, por el camino se me durmió tres veces el pobrecillo.
Hijito, duerme, duerme, que en esta noche no habrá quien te despierte.

De mañanita, llorando, por los caminos del cielo
salió mi niño a buscar, su rebaño de corderos.
Todos andaban perdidos entre los barrancos negros…

En un bosque de alaridos y brazos en alto tensos,
entró mi niño temblando de soledad y de miedo…

Las flores eran de sangre, las ramas erán flagelos,
las maldiciones volaban, como pájaros al viento.

Era tan largo el camino, estaba el aire tan negro,
que mi Niño se calló, tres veces en el sendero;
y cuando a los ojos de agua se acercó a beber sediento
le dieron a beber mirra, aquellos crueles veneros.

Por fin se subió mi Niño, sobre las ramas de un cedro,
por ver si de las alturas, divisaba sus corderos.
Su séptuple canto triste, rodó por el universo.

Como un gorrioncillo herido – todo púrpura su pecho –
quedo dormido mi Niño, sobre las ramas del cedro;
las nubes lo acariciaban, con devoción los cabellos.

Dormidito lo encontraron, en el camino del cielo
y dormidito a mis brazos, de noche me lo trajeron.
Tiene en sus pies dos claveles, en sus manos dos luceros,
y en su Corazón un sol, tres veces santo y abierto.

Hijito que entre mis brazos, yaces cansado y desecho,
duérmete sin ansiedades por tus perdidos corderos.
… Hijito que entre mis brazos, yaces desnudo y desecho,
sigue durmiendo en la cuna de mi amor y de mis besos.

Estos besos son los últimos, pero mi amor es eterno.
Sigue durmiendo en mis brazos, aunque sabes que tu sueño,
es espada de dos filos que me traspasa por dentro…
Duerme… que para velarte, esta mi dolor despierto…

Primer Misterio
EL FLAGELO

Pilato les preguntó ¿Quieren que deje en libertad al rey de los judíos? Pero ellos gritaron: ¡No, a ese no! Deja en libertad a Barrabás. Entonces Pilato ordenó que lo azotaran. (Jn 18, 34. 40; 19,1).

María.-Hijito que entre mis brazos, yaces cansado y desecho
Todos.-Duérmete sin ansiedades, por tus perdidos corderos

El pasó haciendo el bien. (Hch. 10, 38).

En toda tu vida Señor, amaste, hoy, en cambio se te odia. Tus manos estuvieron siempre dispuestas a acariciar a los niños y a los pecadores, hoy en cambio haz recibido solo fieros flagelos. Estuviste presto para sanar la carne destruida por la enfermedad y la lepra, pero hoy, te destrozamos la carne que con cariño te tejiera tu madre en su seno.

Hoy ciertamente se te sigue flagelando. Te golpeamos con nuestra indiferencia y apatía, con la falta de solidaridad y unión de los que nos llamamos cristianos. Y dejamos que te golpeen en la miseria de los pobres, en la tristeza de los deprimidos y en la esclavitud de los vicios.

Madre, que dejemos ya los flagelos con que nos golpeamos unos a otros, que tú nos enseñes como a Jesús, a utilizar nuestras manos para levantar, para acariciar, para perdonar.

Guía.-Madre llena de dolores, haced que cuando expiremos
Todos.- Nuestras almas entreguemos, por tu manos al Señor.

Segundo Misterio
LA CORONA DE ESPINAS

Los soldados lo llevaron al interior del palacio, o sea al pretorio y llaman a la tropa. Lo vistieron con un manto rojo y trenzando una corona de espinas, se la pusieron. (Mc. 15, 16-20).

M.-Hijito que entre mis brazos, yaces cansado y desecho
T.-Duérmete sin ansiedades, por tus perdidos corderos

“El Señor me ha dado una lengua de discípulo para que sepa sostener con mi palabra al cansado”. (Is. 50, 4).

Era demasiado. Había ya traspasado por mucho los límites que la lógica humana habían impuesto al corazón del hombre. Y es que tu cabeza, tu corazón y tu boca, íntimamente unidos, hicieron una combinación que hizo que los mismos cimientos del mundo, de sus instituciones y de las personas, se cimbraran hasta lo más profundo. Las bienaventuranzas, el perdón de los pecadores, el amor a los enemigos, un Dios que es Padre, no se podían tolerar. La locura de tus palabras sólo podía recibir una corona magnífica, pero nos equivocamos, una vez más nos equivocamos, tuvimos a bien ceñir tus sienes, no de oro, sólo de espinas.

Así, nuestras palabras, nuestras mentes, ya no hablan ante la injusticia, ante la corrupción, ante el pecado, por temor a ser tratados como locos. Por eso hoy tus palabras nos gustan mucho, sí, pero no nos comprometen. Madre, que a ejemplo tuyo, hagamos vida las palabras de tu Hijo.

G.-Madre llena de dolores, haced que cuando expiremos
T.- Nuestras almas entreguemos, por tu manos al Señor.

Tercer Misterio
JESÚS SE ABRAZA A LA CRUZ

“El amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó primero y envió a su Hijo como víctima por nuestros pecados.” (1Jn, 4, 10)

M.-Hijito que entre mis brazos, yaces cansado y desecho
T.-Duérmete sin ansiedades, por tus perdidos corderos

“El cargó con los pecados de muchos e intercedió por los pecadores.” (Is 53, 1|2)

Así como amaste al Hijo Pródigo, así como buscaste la oveja perdida, así amas la cruz. Que fue difícil, no hay que negarlo, pero bien sabes que en los caminos del amor, siempre habrá senderos de sufrimiento. Porque tu amor “todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1Co.13,7) Y así fue, el amor cegó a Dios y lo hizo cargar una cruz para en ella hacer locuras insospechadas. Por eso, por que amas al pecador, por que me amas, por eso Señor mío, amaste tu cruz.

Y mírame a mí, a mi vida, quejándome diariamente por mi cruz, evadiendo lo más que puedo mis responsabilidades; y así porque no amo mi cruz, se hace más pesada y no me decido caminar y cambiar la situación de mi vida, de mi familia y de mi comunidad.

Madre, enséñame a amar, mi vida, mis dificultades, mis responsabilidades para que una vez amándolas, las tome sobre mis hombros y comience así a caminar detrás de Jesús.

G.-Madre llena de dolores, haced que cuando expiremos
T.- Nuestras almas entreguemos, por tu manos al Señor.

Cuarto Misterio
LOS CLAVOS TRASPASAN EL CUERPO DE JESÚS

“Cuando llegaron la lugar llamado “la calavera” crucificaron allí a Jesús junto con dos malhechores.” (Lc 23, 33)

María.-Hijito que entre mis brazos, yaces cansado y desecho
Todos.-Duérmete sin ansiedades, por tus perdidos corderos

“Eran nuestras rebeldías las que lo traspasaban y nuestras culpas lo que lo trituraban” ( Is. 53,5)

El dolor parecía insoportable. Los golpes del martillo se confundían con el lento desgarrarse de tu cruz y de tu carne. Si el hecho de no haber desfallecido durante este cruel momento nos sorprende, más aún nos conmueve las palabras de perdón y misericordia para quienes somos el motivo de tanto dolor.¡Fuiste tan cruelmente deshumanizado por los “humanos”.! La longitud, la anchura, la altitud y profundidad con la que Dios nos amó desde la cruz supera aquí toda palabra. Callemos, miremos, adoremos. (Un momento breve de silencio)

Madre dolorosa, que con tu presencia en el sacrificio de Cristo, eres verdadera Madre, permite que cuando el sufrimiento toque a las puertas de nuestras vidas, podamos contar con tu maternal compañía.

G.-Madre llena de dolores, haced que cuando expiremos
T.- Nuestras almas entreguemos, por tu manos al Señor.

Quinto Misterio
LA LANZA TRASPASA EL COSTADO DE JESÚS

“Uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y enseguida brotó sangre y agua.” (Jn 19, 34)

María.-Hijito que entre mis brazos, yaces cansado y desecho
Todos.-Duérmete sin ansiedades, por tus perdidos corderos

“Y a ti, una espada te atravesará el corazón” (Lc 2, 35)

Habías muerto ya. Y te quedaste sin nada. Lo diste todo, tu madre, tu vida, la última gota de sangre.

Bendita lanza que traspasó tu costado y que ha dejado para nosotros tu corazón siempre abierto. Bendita lanza que nos abre la posibilidad de retornar siempre a tú corazón que perdona y que abraza. Por eso Señor, cambia este mi corazón de piedra que se niega acoger al que me ha ofendido, que se niega abrirse al que me necesita, que se ha endurecido y que poco le importa lo que le pase al prójimo. Traspasa pues este corazón y haz que se vuelva más generoso y que entregue a ejemplo tuyo, todo lo que tiene.

Madre llena de dolor intercede por tus hijos que a costa de la sangre de tu Hijo han sido redimidos, para que así como tú, al pie de la cruz contemplemos y busquemos a Jesús, quien nos espera con el corazón siempre abierto ya que “habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo”.(Jn 13, 1)

G.-Madre llena de dolores, haced que cuando expiremos
T.- Nuestras almas entreguemos, por tu manos al Señor.

ORACIÓN FINAL
(Oración del Beato Agustín Pro a la Virgen de los Dolores)

Déjame pasar la vida, Madre mía, acompañando tu soledad amarga y tu dolor profundo. Déjame sentir en el alma el triste llanto de tus ojos y el desamparo de tu corazón.

No quiero en el camino de mi vida saborear las alegrías de Belén adorando en tus brazos virginales al Niño Dios. No quiero gozar en la casita de Nazaret de la amable presencia de Jesucristo. No quiero acompañarte en tu Asunción gloriosa entre coros de ángeles. Quiero en mi vida las mofas y culpas del Calvario; quiero la agonía lenta de tu Hijo; el desprecio la ignominia, la infamia de la Cruz, quiero estar a tu lado, Virgen dolorosísima, fortaleciendo mi espíritu con tus lágrimas, consumando mi sacrificio con tu martirio, sosteniendo mi corazón con tu soledad, amando a mi Dios y tu Dios con la inmolación de mi ser. Amén

Fuente: mensajero.org.mx

Fuente: Diócesis de Celaya, México

 

Meditación de las siete palabras de Jesús en la cruz


Oración

Jesús en la Cruz aboga:
da al ladrón: lega su Madre:
quéjase: la sed le ahoga:
cumple: entrega el alma al Padre
Al Calvario hay que llegar
porque Cristo, nuestra Luz,
hoy también nos quiere hablar
desde el ara de la Cruz.

¡Virgen de dolores y Madre mía! Que, como Tú, acompañe yo siempre a tu Hijo en vida, redención y muerte. Y después de glorificado en la tierra, le glorifique por toda la eternidad, junto a Él y junto a Ti. Te lo pido por tu aflicción y martirio, al pie de la Cruz. Asísteme siempre especialmente en este último momento del combate cristiano que abrirá la eternidad feliz, en compañía de tu Hijo. Así sea.

Señor pequé, Ten piedad y misericordia de mí.

Primera Palabra

“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34)

Aunque he sido tu enemigo,
mi Jesús: como confieso,
ruega por mí: que, con eso,
seguro el perdón consigo.

Cuando loco te ofendí,
no supe lo que yo hacía:
sé, Jesús, del alma mía
y ruega al Padre por mí

Señor y Dios mío, que por mi amor agonizaste en la cruz para pagar con tu sacrificio la deuda de mis pecados, y abriste tus divinos labios para alcanzarme el perdón de la divina justicia: ten misericordia de todos los hombres que están agonizando y de mí cuando me halle en igual caso: y por los méritos de tu preciosísima Sangre derramada para mi salvación, dame un dolor tan intenso de mis pecados, que expire con él en el regazo de tu infinita misericordia.

Señor pequé, Ten piedad y misericordia de mí.

Segunda Palabra

“Hoy estarás conmigo en el Paraíso” (Lc 23, 43)

Vuelto hacia Ti el Buen Ladrón
con fe te implora tu piedad:
yo también de mi maldad
te pido, Señor, perdón.
Si al ladrón arrepentido
das un lugar en el Cielo,
yo también, ya sin recelo
la salvación hoy te pido.

Señor y Dios mío, que por mi amor agonizaste en la Cruz y con tanta generosidad correspondiste a la fe del buen ladrón, cuando en medio de tu humillación redentora te reconoció por Hijo de Dios, hasta llegar a asegurarle que aquel mismo día estaría contigo en el Paraíso: ten piedad de todos los hombres que están para morir, y de mí cuando me encuentre en el mismo trance: y por los méritos de tu sangre preciosísima, aviva en mí un espíritu de fe tan firme y tan constante que no vacile ante las sugestiones del enemigo, me entregue a tu empresa redentora del mundo y pueda alcanzar lleno de méritos el premio de tu eterna compañía.

Señor pequé, Ten piedad y misericordia de mí.

Tercera Palabra

“He aquí a tu hijo: he aquí a tu Madre” (Jn 19, 26)

Jesús en su testamento a su Madre Virgen da:
¿y comprender quién podrá de María el sentimiento?

Hijo tuyo quiero ser,
sé Tu mi Madre Señora:
que mi alma desde a ahora
con tu amor va a florecer.

Señor y Dios mío, que por mi amor agonizaste en la Cruz y , olvidándome de tus tormentos, me dejaste con amor y comprensión a tu Madre dolorosa, para que en su compañía acudiera yo siempre a Ti con mayor confianza: ten misericordia de todos los hombres que luchan con las agonías y congojas de la muerte, y de mí cuando me vea en igual momento; y por el eterno martirio de tu madre amantísima, aviva en mi corazón una firme esperanza en los méritos infinitos de tu preciosísima sangre, hasta superar así los riesgos de la eterna condenación, tantas veces merecida por mis pecados.

Señor pequé, Ten piedad y misericordia de mí.

Cuarta Palabra

“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mt 27, 46)

Desamparado se ve
de su Padre el Hijo amado,
maldito siempre el pecado
que de esto la causa fue.

Quién quisiera consolar
a Jesús en su dolor,
diga en el alma: Señor,
me pesa: no mas pecar.

Señor y Dios mío, que por mi amor agonizaste en la Cruz y tormento tras tormento, además de tantos dolores en el cuerpo, sufriste con invencible paciencia la mas profunda aflicción interior, el abandono de tu eterno Padre; ten piedad de todos los hombres que están agonizando, y de mí cuando me haye también el la agonía; y por los méritos de tu preciosísima sangre, concédeme que sufra con paciencia todos los sufrimientos, soledades y contradicciones de una vida en tu servicio, entre mis hermanos de todo el mundo, para que siempre unido a Ti en mi combate hasta el fin, comparta contigo lo mas cerca de Ti tu triunfo eterno.

Señor pequé, Ten piedad y misericordia de mí.

Quinta Palabra

“Tengo sed” (Jn 19, 28)

Sed, dice el Señor, que tiene;
para poder mitigar la sed que así le hace hablar,
darle lágrimas conviene.

Hiel darle, ya se le ha visto: la prueba, mas no la bebe:
¿Cómo quiero yo que pruebe la hiel de mis culpas Cristo?

Señor y Dios mío, que por mi amor agonizaste en la Cruz, y no contento con tantos oprobios y tormentos, deseaste padecer más para que todos los hombres se salven, ya que sólo así quedará saciada en tu divino Corazón la sed de almas; ten piedad de todos los hombres que están agonizando y de mí cuando llegue a esa misma hora; y por los méritos de tu preciosísima sangre, concédeme tal fuego de caridad para contigo y para con tu obra redentora universal, que sólo llegue a desfallecer con el deseo de unirme a Ti por toda la eternidad.

Señor pequé, Ten piedad y misericordia de mí.

Sexta Palabra

“Todo está consumado” (Jn 19,30)

Con firme voz anunció Jesús, ensangrentado,
que del hombre y del pecado
la redención consumó.

Y cumplida su misión,
ya puede Cristo morir,
y abrirme su corazón
para en su pecho vivir.

Señor y Dios mío, que por mi amor agonizaste en la Cruz, y desde su altura de amor y de verdad proclamaste que ya estaba concluida la obra de la redención, para que el hombre, hijo de ira y perdición, venga a ser hijo y heredero de Dios; ten piedad de todos los hombres que están agonizando, y de mí cuando me halle en esos instantes; y por los méritos de tu preciosísima sangre, haz que en mi entrega a la obra salvadora de Dios en el mundo, cumpla mi misión sobre la tierra, y al final de mi vida, pueda hacer realidad en mí el diálogo de esta correspondencia amorosa: Tú no pudiste haber hecho más por mí; yo, aunque a distancia infinita, tampoco puede haber hecho más por Ti.

Señor pequé, Ten piedad y misericordia de mí.

Séptima Palabra

“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc 23, 46)

A su eterno Padre, ya el espíritu encomienda;
si mi vida no se enmienda,
¿en qué manos parará?

En las tuyas desde ahora
mi alma pongo, Jesús mío;
guardaría allí yo confío
para mi última hora.

Señor y Dios mío, que por mi amor agonizaste en la Cruz, y aceptaste la voluntad de tu eterno Padre, resignando en sus manos tu espíritu, para inclinar después la cabeza y morir ; ten piedad de todos los hombres que sufren los dolores de la agonía, y de mí cuando llegue esa tu llamada; y por los méritos de tu preciosísima sangre concédeme que te ofrezca con amor el sacrificio de mi vida en reparación de mis pecados y faltas y una perfecta conformidad con tu divina voluntad para vivir y morir como mejor te agrade, siempre mi alma en tus manos.

Señor pequé, Ten piedad y misericordia de mí.

Oración Final

1 Padre Nuestro, 1 Ave María, 1 Gloria

Fuente: Churchforum.org

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fuente: encuentra.com

Una guía para la meditación personal, basada en las 7 palabras que pronunció Jesús en la Cruz

LAS SIETE PALABRAS DE JESÚS

Proponemos una guía para la meditación personal

 

Oración Inicial

En el nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo….

Señor, qué extraño mensaje el tuyo:

“Cuando ayunes, perfúmate, para que nadie lo note;

y el Padre, que todo lo ve,

te recompensará”.

No es la tristeza,

ni las largas caras lo que a Ti te gusta.

Tú eres Dios de corazones.

Tú estás acostumbrado a leer en secreto.

Tú no quieres apariencias,

a Ti te gusta la conversión verdadera.

Mi corazón quiere repetir sin tardar:

“Aquí estoy, Señor,

para hacer tu voluntad.

Aquí estoy, Señor”.

 

PRIMERA PALABRA

“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34)

 

Somos hombres, Señor, perdónanos: por no saber decirte nada, por ser avaros de nuestro tiempo y no tenerlo para encontrarnos contigo.

Somos hombres, Señor, perdónanos: por esconder la claridad del Evangelio, por nuestras cobardías y nuestros compromisos con el pecado.

Perdónanos, Señor, por nuestras faltas de amor, nuestros arrebatos, nuestros prejuicios,

nuestra indiferencia, y todo lo que mata el amor.

Perdónanos, Señor, por no saber perdonar, por no saber reconciliarnos con nosotros mismos,

y, menos aún, con los otros.

 

¿Cuándo será que sabremos amar como Tú amas?

¿Cuándo será que sabremos amar al otro por él y por Ti?

Perdona la fealdad de nuestra mirada.

Somos hombres, Señor, perdónanos.

 

SEGUNDA PALABRA

“Hoy estarás conmigo en el Paraíso” (Lc 23, 43)

 

Ayúdame, oh Señor, a que mis ojos sean misericordiosos, para que yo jamás recele o juzgue según las apariencias, sino que busque lo bello en el alma de mi prójimo y acuda a ayudarle.

Ayúdame, oh Señor, a que mis oídos sean misericordiosos, para que tome en cuenta las necesidades de mi prójimo y no sea indiferente a sus penas y gemidos.

Ayúdame, oh Señor, a que mi lengua sea misericordiosa, para que jamás hable negativamente de mi prójimo, sino que tenga una palabra de consuelo y de perdón para todos.

Ayúdame, oh Señor, a que mis manos sean misericordiosas y llenas de buenas obras, para que sepa hacer sólo el bien a mi prójimo y cargar sobre mí las tareas más difíciles y penosas.

Ayúdame, oh Señor, a que mis pies sean misericordiosos, para que siempre me apresure a socorrer a mi prójimo, dominando mi propia fatiga y mi cansancio. Mi reposo verdadero está en el servicio a mi prójimo.

Ayúdame, oh Señor, a que mi corazón sea misericordioso, para que yo sienta todos los sufrimientos de mi prójimo. A nadie le rehusaré mi corazón. Seré sincero incluso con aquellos de los cuales sé que abusarán de mi bondad. Y yo mismo me encerraré en el misericordiosísimo Corazón de Jesús. Soportaré mis propios sufrimientos en silencio. Que tu misericordia, oh Señor, repose dentro de mí. Amen.

 

TERCERA PALABRA

“He aquí a tu hijo: he aquí a tu Madre” (Jn 19, 26)

 

Préstame, Madre, tus ojos para con ellos mirar, porque si por ellos miro nunca volveré a pecar

Préstame, Madre, tus labios para con ellos rezar, porque si con ellos rezo Jesús me podrá escuchar

Préstame, Madre, tu lengua para poder comulgar pues es tu lengua patena de amor y de santidad

Préstame, Madre, tus brazos para poder trabajar, que así rendirá el trabajo una y mil veces mas

Préstame, Madre, tu manto para cubrir mi maldad pues cubierto con tu manto al Cielo he de llegar

Préstame, Madre a tu Hijo para poderlo yo amar, si Tu me das a Jesús, ¿Que mas puedo yo desear? Y esa será mi dicha por toda la eternidad.

 

CUARTA PALABRA

“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mt 27, 46)

 

“Tengo mil dificultades: ayúdame.

De los enemigos del alma: sálvame.

En mis desaciertos: ilumíname.

En mis dudas y penas: confórtame.

En mis enfermedades: fortaléceme.

Cuando me desprecien: anímame.

En las tentaciones: defiéndeme.

En horas difíciles: consuélame.

Con tu corazón maternal: ámame.

Con tu inmenso poder: protégeme.

Y en tus brazos al expirar: recíbeme.

 

QUINTA PALABRA

“Tengo sed” (Jn 19, 28)

 

Nos haces falta tú, Señor, pues tenemos sed, Señor, mucha sed, por tantas y tantas necesidades,

que no logramos satisfacer. Nos hacen falta muchas cosas pero más que nada nos hace falta

tu gracia, tu amor y tu paz. Nos haces falta tú, Señor, en nuestra vida; tu ausencia es peor

que la sed inapagable que está quemando nuestro ser. Nos hace falta el agua viva que nos da la certeza de un futuro de vida. Nos hace falta sobre todo sentirnos unidos a Ti, para saber compartir

y saciar nuestra sed. Amén.

 

SEXTA PALABRA

“Todo está consumado” (Jn 19,30)

 

Cuantas veces, Señor, no hemos sido fieles, no hemos sido realistas frente a las cosas!

Cuantas veces hemos creído poco en la inagotable fuerza de vida que deriva de la cruz!

Concédenos Señor, que, al contemplarla, nos sintamos amados por Ti, amados por Dios, hasta el fondo, tal como somos; y creamos que por la fuerza de la cruz existe en nosotros una capacidad nueva de dedicarnos a los hermanos, según aquel estilo y aquel modo que nos enseña y comunica la cruz.

 

Danos, Señor, descubrir que la cruz hace nacer de verdad un hombre nuevo dentro de nosotros,

suscita nuevas formas de vida entre los hombres, conviértete en el preludio, la promesa y la anticipación de aquélla vida plena que explotará en el misterio de la resurrección.

 

Nos arrodillamos ante la Cruz con María y pedimos que comprendamos, como ella comprendió,

el misterio que transforma el corazón del hombre y que transforma al mundo. Jesús cuando seas levantado en tu cruz atráeme hacia Ti. Amén.

 

SÉPTIMA PALABRA

“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc 23, 46)

 

En tus manos Padre Santo y Misericordioso, ponemos nuestra vida, Tú nos la diste, Guíala y llénala de tus dones. Tú estás a nuestro lado, como roca sólida y amigo fiel, aún cuando nos olvidamos de tí. Pero ahora volvemos a tí. Queremos agarrarnos a la guía segura de tus manos, que nos  conducen a la Cruz.

 

Sentimos la necesidad de meditar y de callar mucho, sentimos también la necesidad de hablar para darte gracias. Y para dar a conocer a todos los hombres las maravillas de tu amor. Nos separamos de ti, fuente de la vida, y encontramos la muerte. Tu Hijo sin embargo no se paró

ante el pecado y la muerte, sino que con la fuerza del amor, destruyó el pecado, redimió el dolor, venció la muerte. La Cruz de Cristo nos revela que tu amor, es más fuerte que todo, el don misterioso y fecundo, que mana de la cruz.

 

Es el Espíritu Santo, que nos hace partícipes, de la obediencia filial de Jesús, Nos comunica tu voluntad. de atraer a todo hombre a la alegría de una vida reconciliada y renovada por el AMOR.

Amén. ¡En Tus manos!

 

ORACIÓN FINAL

Oh Jesús, cuánto sufriste en la Cruz al ofrecer tu vida al Padre, para salvarnos!

Nos has trazado así el camino del Amor que nos lleva a la felicidad eterna.

Te ofrezco mi vida como oración, con sus dolores y alegrías y con mi esfuerzo de vivir mejor tu evangelio.

Te lo ofrezco para que todos seamos buenos y encontremos salvación por Ti. Perdona nuestros pecados. Que sepamos seguir sirviéndote y amándote en nuestros hermanos que sufren hoy.

Gracias Señor por querernos tanto! Amén.

 

Pregón Pascual


Exulten por fin los coros de los ángeles, exulten las jerarquías del cielo, y por la victoria de Rey tan poderoso que las trompetas anuncien la salvación.

Goce también la tierra, inundada de tanta claridad, y que, radiante con el fulgor del Rey eterno, se sienta libre de la tiniebla que cubría el orbe entero.

Alégrese también nuestra madre la Iglesia, revestida de luz tan brillante; resuene este templo con las aclamaciones del pueblo.

En verdad es justo y necesario aclamar con nuestras voces y con todo el afecto del corazón a Dios invisible, el Padre todopoderoso, y a su único Hijo, nuestro Señor Jesucristo.

Porque él ha pagado por nosotros al eterno Padre la deuda de Adán y, derramando su sangre, canceló el recibo del antiguo pecado.

Porque éstas son las fiestas de Pascua, en las que se inmola el verdadero Cordero, cuya sangre consagra las puertas de los fieles.

Ésta es la noche en que sacaste de Egipto a los israelitas, nuestros padres, y los hiciste pasar a pie el mar Rojo.

Ésta es la noche en que la columna de fuego esclareció las tinieblas del pecado.

Ésta es la noche en que, por toda la tierra, los que confiesan su fe en Cristo son arrancados de los vicios del mundo y de la oscuridad del pecado, son restituidos a la gracia y son agregados a los santos.

Ésta es la noche en que, rotas las cadenas de la muerte, Cristo asciende victorioso del abismo.
¿De qué nos serviría haber nacido si no hubiéramos sido rescatados?

¡Qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros!
¡Qué incomparable ternura y caridad!
¡Para rescatar al esclavo, entregaste al Hijo!

Necesario fue el pecado de Adán, que ha sido borrado por la muerte de Cristo.
¡Feliz la culpa que mereció tal Redentor!

¡Qué noche tan dichosa!
Sólo ella conoció el momento
en que Cristo resucitó de entre los muertos.

Ésta es la noche de la que estaba escrito: «Será la noche clara como el día, la noche iluminada por mí gozo.»

Y así, esta noche santa ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos.

En esta noche de gracia, acepta, Padre santo, este sacrificio vespertino de alabanza que la santa Iglesia te ofrece por rnedio de sus ministros en la solemne ofrenda de este cirio, hecho con cera de abejas.

Sabernos ya lo que anuncia esta columna de fuego, ardiendo en llama viva para gloria de Dios. Y aunque distribuye su luz, no mengua al repartirla, porque se alimenta de esta cera fundida, que elaboró la abeja fecunda para hacer esta lámpara preciosa.

¡Que noche tan dichosa en que se une el cielo con la tierra, lo humano y lo divino!

Te rogarnos, Señor, que este cirio, consagrado a tu nombre, arda sin apagarse para destruir la oscuridad de esta noche, y, como ofrenda agradable, se asocie a las lumbreras del cielo.

Que el lucero matinal lo encuentre ardiendo, ese lucero que no conoce ocaso y es Cristo, tu Hijo resucitado, que, al salir del sepulcro, brilla sereno para el linaje humano, y vive y reina glorioso por los siglos de los siglos.

Amén.