¿Misas cantadas o cantos en la Misa?


de Blanca Mijares

 

“¡Despiértate, alma mía!
¡Despertare cítara y arpa!
Quiero despertar a la aurora.
Te alabaré ante todos los pueblos,
Señor, te ensalzaré delante de las naciones.
Porque tu amor es grande hasta los cielos;
tu lealtad alcanza las nubes”
Sal 57, 9. 11.

He tenido la oportunidad de asistir a celebraciones eucarísticas de todo tipo:

Por ejemplo, he estado en Misa en países ex socialistas, donde la Iglesia ha sido perseguida por muchos años y donde fue una grata sorpresa ver comunidades cristianas vivas, con celebraciones eucarísticas bellísimas y con una espiritualidad que hasta la fecha me emociona profundamente. Celebraciones con coros bellísimos y una música que aunque no entendía lo que decía era una invitación a la comunicación íntima con Dios y que, además, permitía ir siguiendo el orden de la celebración y por lo tanto, la participación activa en ella. No cabe duda que la música es el lenguaje universal de la belleza, que es capaz de unir a la comunidad cristiana, para que eleve su mirada hacia las alturas y abra su corazón al Bien, a la Belleza y a la Bondad absolutos, es decir, al mismo Dios. Al unir música y oración en la alabanza armoniosa a Dios y de sus obras, estas celebraciones, ayudan a glorificar a su Creador. Y no sólo eso, San Agustín veía en la música un medio estimulante de nuestra flaqueza y un auxilio de la cortedad de nuestros vuelos: “como a través de nuestra escucha atenta (de las melodías), nuestro ánimo se afecta y surgen de él sentimientos piadosos”. Nos enseña sobre la bondad de la música que acerca el alma a Dios: “Dios, a la manera de médico que pone miel en los bordes de los vasos que contienen la amarga pero saludable medicina nos da sus palabras mezcladas con las suaves modulaciones y cantilenas; y, de esta suerte, aun aquellos que apenas son capaces de retener las verdades santas, cantando salmos en casa y en el campo, y en todas partes, se van instruyendo insensiblemente. El canto de los Salmos une los corazones por la concordia de voces, recrea los ánimos, engrandece y decora las solemnidades, causa cierta dulce tristeza, y hasta los corazones más empedernidos arranca lágrimas” (San Agustín Prólogo de las Enarrationes, edición de los Maurinos)

En cambio, he asistido a celebraciones que verdaderamente te ahuyentan y confunden, con música estridente, batería, guitarra eléctrica, y un tipo de música que más que incitar al recogimiento, daban ganas de salir corriendo, por el volumen y el tipo de música rock que adaptaban para la celebración. Este tipo de celebraciones dan más tristeza que gusto, porque aunque estén llenas de jóvenes que cantan y bailan, están muy lejos del sentido profundo que tiene la Eucaristía, la espiritualidad cristiana y la dignidad de un templo cristiano donde habita el mismísimo Dios-Encarnado. Es verdad que tienen una valiosa función y gran importancia la música y el canto para una participación más activa e intensa en las celebraciones litúrgicas, pero hay que destacar también, la necesidad de librarla de impropiedades de estilo, de formas de expresión descuidadas, de músicas y textos desaliñados o vulgares y poco acordes con la grandeza del acto que se celebra y de la dignidad de quienes participan en él. Para mí el rock es la antítesis de la música que proviene del Espíritu Santo, que lleva al encuentro interpersonal con Cristo y que eleva al hombre hasta el Padre para darle gloria y alabarlo con profunda reverencia, ya que embota los sentidos y distrae al corazón amoroso.

Puede ser muy ilustrativo para descubrir el sentido e importancia del canto analizar un ejemplo de su papel dentro de la Biblia, pues es una de las palabras más usadas en ella: en la Biblia encontramos la primera mención del canto del pueblo inmediatamente después del paso del mar Rojo. Israel se ha visto definitivamente libre de la servidumbre, ha experimentado la fuerza salvadora de Dios, ha sido sacado de las aguas, se siente agradecido con el don de la vida proveniente de la mano de Dios. Y en un primer momento “Creyeron en el Señor y en Moisés, su siervo” (Ex 14, 31). Y “Entonces Moisés y los hijos de Israel cantaron este cántico a Yahveh” (Ex 15,1). Este es el mismo canto que los cristianos entonamos en la Vigilia Pascual, con un significado nuevo: tenemos también la certeza de haber sido sacados de las aguas por el poder de Dios que nos libera para que gocemos de la vida verdadera. Como dice Ratzinger en “Introducción al espíritu de la liturgia”: “Y es que cuando el hombre llega a establecer una relación íntima con Dios, no basta el lenguaje hablado. En estos momentos se despierta mecanismos de su ser que por sí mimos desembocan en cántico” (…) el ser del hombre en cuanto tal no es suficiente para expresar aquello que está en él. Él invita a la creación entera a unirse a su voz, a convertirse en cántico de acción de gracias junto a él”

La Iglesia continuando la antigua tradición bíblica, a la que se atuvieron el mismo Jesucristo y los Apóstoles (Mt 26, 30; Ef 5, 19; Col 3, 16), a lo largo de toda su historia ha favorecido el canto en las celebraciones litúrgicas, proporcionando, según la creatividad de cada cultura, estupendos ejemplos melódico de los textos sagrados en los ritos tanto Occidentales como Orientales. Y recientemente, con la renovación llevada a cabo por el Concilio Vaticano II, se produjo un desarrollo del canto popular religioso, del que la Sacrosanctum Concilium dice: “Foméntese con empeño el canto popular religioso, de modo que en los ejercicios piadosos y sagrados y en las propias acciones litúrgicas puedan resonar las voces de los fieles”. Este canto es particularmente apto para la participación de los fieles no sólo en las prácticas de devoción, “según las normas y preceptos de las rúbricas”, sino también en la liturgia misma. El canto popular constituye “un vínculo de unidad y una expresión de alegría de la comunidad en oración, fomenta la proclamación de la única fe y da a las grandes asambleas litúrgicas una solemnidad incomparable y sobria”.

San Agustín decía: “Todos los efectos de nuestro espíritu se ven estimulados por la dulce variedad de las modulaciones propias que se utilizan cotidianamente al hablar y al cantar,…..”. Inspirado en esto, Santo Tomás señalaba:” Y por consiguiente, dice, fue determinado sabiamente que los cantos se emplearan en las divinas alabanzas para que los espíritus enfermos se sintieran inclinados a la devoción”.

Por eso, es importante recordar, a quienes lo han olvidado, el aporte de San Pío X en relación al tema de la finalidad de la Música Sagrada. Ya que él tras una situación lamentable de la música de Iglesia, que tuvo lugar a finales del siglo XIX, en donde el ambiente teatral en el tema de la música, había invadido el ambiente sagrada de la liturgia, tanto en estilo como en forma, San Pío X, con valor hizo frente al desorden y envilecimiento del tesoro musical sagrado y afirmaba: “Según la doctrina de los Padres de la Iglesia, cánones de los Concilios, Bulas de los Papas, Decretos de la Sagrada Congregación y por la misma naturaleza del asunto, la Santa Iglesia sólo admite en la Liturgia el canto y la música que responda plenamente al fin general de la misma Liturgia la gloria de Dios y la salvación de los fieles”. Además, “La música contribuye a aumentar el decoro y esplendor de las solemnidades religiosas, y así como su oficio principal consiste en revestir de adecuadas melodías el texto litúrgico que se propone a la consideración de los fieles, de igual manera su propio fin consiste en añadir mayor eficacia al texto mismo, para que por tal medio se excite más la devoción de los fieles y se preparen mejor a recibir los frutos de la gracia, propia de la celebración de los sagrados ministerios” (Tra le Sollicitudine.art.112). Y para “mantener y procurar el decoro de la casa de Dios”, San Pío X publicó el motu proprio “Tra le sollecitudini”, que tenía como objeto la renovación de la música sagrada en las funciones del culto. Con él daba a la Iglesia indicaciones concretas en la liturgia, presentándolas “como código jurídico de la música sagrada”. La música sagrada, que San Pío X presenta como medio de elevación del espíritu a Dios y como valiosa ayuda para los fieles en la “participación activa en los sacrosantos misterios y en la pública y solemne oración de la Iglesia”, es muy importante rescatarla en este momento que vivimos, en que en aras de la creatividad o de la captación, se cae en la superficialidad y la relativización de los signos y del sentido de la celebración Eucarística.

El Concilio Vaticano II en el capítulo VI de la Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la sagrada liturgia, recuerda la función eclesial de la música sagrada:

a) Expresar con mayor delicadeza la oración.
b) Fomentar la unanimidad.
c) Enriquecer de mayor solemnidad los ritos sagrados.
“La tradición musical de la Iglesia universal constituye un tesoro de valor inestimable que sobresale entre las demás expresiones artísticas, porque el canto sagrado, unido a las palabras, constituye una parte necesaria o integral de la liturgia solemne”.

El Concilio recuerda que los cantos sagrados han sido alabados tanto por la sagrada Escritura como por los Santos Padres y los Romanos Pontífices, quienes en los últimos tiempos han expuesto con mayor precisión la función ministerial de la música sagrada en el servicio divino. Por ejemplo, el Papa Benedicto XIV, con la encíclica Annus qui (19 de febrero de 1749), Pío XII, con las encíclicas Mediator Dei (20 de noviembre de 1947), Musicae sacrae disciplina (25 de diciembre de 1955) y el Papa Pablo VI que tradujo esos principios en normas concretas, sobre todo por medio de la instrucción Musicam sacram.

No hay que olvidar que los padres del Concilio Vaticano II no dejaron de reafirmar esos principios, con vistas a su aplicación a las nuevas condiciones de los tiempos. Y es necesario referirse constantemente a esos principios de inspiración conciliar para promover, en conformidad con las exigencias de la reforma litúrgica, un desarrollo que esté a la altura de la tradición litúrgico-musical de la Iglesia.

El texto de la Constitución Sacrosanctum Concilium, en el que se afirma que la Iglesia “aprueba y admite en el culto divino todas las formas artísticas auténticas dotadas de las debidas cualidades”, encuentra los criterios adecuados de aplicación en la instrucción Musicam sacram. A la luz del magisterio de San Pío X y teniendo en cuenta los pronunciamientos del Concilio Vaticano II, se pueden deducir algunos principios fundamentales, con la intención de hacer que la música litúrgica responda cada vez más a su función específica:

–    Tener como punto de referencia la santidad: de hecho, “la música sagrada será tanto más santa cuanto más estrechamente esté vinculada a la acción litúrgica”.

–    Precisamente por eso, “no todo lo que está fuera del templo (profanum) es apto indistintamente para franquear sus umbrales”:
afirmaba Pablo VI, comentando un decreto del concilio de Trento, que, “si la música —instrumental o vocal—, no posee al mismo tiempo el sentido de la oración, de la dignidad y de la belleza, se impide a sí misma la entrada en la esfera de lo sagrado y de lo religioso”. Por lo tanto, vemos como la categoría de “música sagrada” que ahora padecemos en algunos templos, se ha ampliado a tal punto, que incluye repertorios que no pueden entrar en la celebración sin violar el espíritu y las normas de la liturgia misma.

–    No puede haber música destinada a la celebración de los ritos sagrados que no sea antes “arte verdadero”, capaz de tener la eficacia que se propone la Iglesia al admitir en su liturgia el arte de los sonidos.

–    Y, sin embargo, esa cualidad por sí sola no basta, pues la música litúrgica debe responder a sus requisitos específicos: la plena adhesión a los textos que presenta, la consonancia con el tiempo y el momento litúrgico al que está destinada, y la adecuada correspondencia a los gestos que el rito propone. Los diversos momentos litúrgicos exigen una expresión musical propia, siempre idónea para expresar la naturaleza propia de un rito determinado, ya proclamando las maravillas de Dios, ya manifestando sentimientos de alabanza, de súplica o incluso de tristeza por la experiencia del dolor humano, pero una experiencia que la fe abre a la perspectiva de la esperanza cristiana.

–    El canto y la música requeridos por la reforma litúrgica deben responder también a exigencias legítimas de adaptación e inculturación: toda innovación en esta delicada materia debe respetar criterios peculiares, como la búsqueda de expresiones musicales que respondan a la implicación necesaria de toda la asamblea en la celebración y eviten, al mismo tiempo, cualquier concesión a la ligereza y a la superficialidad. También se han de evitar las formas de “inculturación” elitistas, que introducen en la liturgia composiciones antiguas o contemporáneas que quizá tienen valor artístico, pero que utilizan un lenguaje incomprensible para la mayoría.

–    En este sentido, san Pío X indicó —usando el término universalidad— otro requisito de la música destinada al culto: “Aun concediéndose a toda nación que admita en sus composiciones religiosas aquellas formas particulares que constituyen el carácter específico de su propia música, este debe estar de tal modo subordinado a los caracteres generales de la música sagrada, que ningún fiel procedente de otra nación experimente al oírla una impresión que no sea buena”. En otras palabras, el ámbito sagrado de la celebración litúrgica jamás debe convertirse en un laboratorio de experimentaciones o de prácticas compositivas y ejecutivas introducidas sin una esmerada verificación.

Creo que un buen ejemplo de lo dicho antes, es el que vemos en la parroquia de la Inmaculada Concepción de Tlachichuca, Puebla, donde, con el fin de favorecer un espacio de encuentro y formación litúrgica, mediante dinámicas y temas, de quienes desempeñan el ministerio del canto y la música, especialmente en la Eucaristía, se ofreció un curso de Canto Litúrgico para “Mariachis” en el que participaron los coros parroquiales y más de 120 mariachis. La clausura y entrega de reconocimientos se realizó mediante una celebración Eucarística que presidió el Arzobispo de Puebla, Mons. Víctor Sánchez Espinosa, acompañado del párroco de Tlachichuca, padre Constantino Colín Acata y de las religiosas Siervas de Nuestra Señora de la Soledad, quienes impartieron el curso.

Habiendo reconocido y favorecido siempre la Iglesia el progreso de las artes, no hay que sorprenderse, sino que alegrarse de que, además del canto gregoriano y la polifonía, la Iglesia admita en las celebraciones también la música más moderna, con tal de que respete tanto el espíritu litúrgico como los verdaderos valores del arte. Por eso, se permite a las Iglesias en las diversas naciones valorizar, en las composiciones destinadas al culto, “aquellas formas particulares que constituyen el carácter específico de su propia música”, como en México y en muchos países de América Latina son los “Mariachis”. Santo Tomás de Aquino decía: “la alabanza vocal es necesaria para mover el corazón del hombre y elevarlo a Dios. Todo aquello que sea útil para conseguir este fin tiene cabida en las alabanzas divinas”; es bueno que los mariachis acompañen el canto en la liturgia, siempre que “acompañen”, es decir, que motiven al canto a la asamblea y no utilicen melodías profanas para cantar lo religioso sino que sean músicas realmente creadas para tal fin.

Auxiliares del Canto en la Misa


Auxiliares del canto

El primer paso para cantar bien es cantar. Pero hay que dar también el segundo paso, el llegar a un nivel aceptable de canto, que dignifica la celebración, y, por tanto, favorece la vivencia de la fe.

Es importante promover, en cuanto sea posible, la presencia en la celebración de:

Los instrumentos (órgano, guitarra… )

  • Todo instrumento admitido en el culto se utilizará de forma que responda a las exigencias de la acción litúrgica, sirva a la belleza del culto y a la edificación de los fieles” (MS63)
  • “El sonido de los instrumentos no debe cubrir las voces, ni dificultar la comprensión del texto. Todo instrumento debe callar cuando el sacerdote o un ministro pronuncian en alta voz un texto que les corresponda por su función propia” (MS64)

 

 

Es una realidad, hoy, la carencia de instrumentos musicales en nuestras iglesias, que obliga a realizar las celebraciones litúrgicas, tanto festivas como ordinarias, sin un acompañamiento musical para el canto litúrgico de la comunidad.

Aunque la experiencia nos puede decir que es mejor no acompañar que acompañar mal, también es verdad que el canto adquiere con el acompañamiento instrumental, si se realiza bien, mayor consistencia, seguridad y expresividad.

Desde esta página queremos hacer un llamamiento a tantas personas, jóvenes o no tan jóvenes, que acuden a las misas dominicales, en las que no se dispone de instrumentación alguna, y conocen el arte de la guitarra o del órgano, para que colaboren en sus parroquias, con el canto litúrgico de la asamblea.

No debemos olvidar algunos aspectos generales, además de los reseñados con anterioridad:

  • El sonido de los instrumentos no debe cubrir las voces, ni dificultar la comprensión del texto.
  • Es mejor no acompañar que acompañar mal
  • La utilización de los instrumentos en la liturgia debe favorecer la participación de la asamblea que canta.

El coro parroquial o pequeña coral

Prepara y sostiene el canto, le da mayor belleza y rompe la monotonía. No se debe olvidar que lo principal es que la asamblea participe.

El solista

Tiene una función especial en determinados momentos de la celebración, pero tiene que hacerlo bien, de lo contrario sería mejor ahorrárselo.

Debería ser una persona que supiera tranmitir con música el sentido último del texto que quiere cantar.

El director o animador musical

Se trata de un servicio ministerial muy importante para una asamblea que celebra: elegir los cantos apropiados, ensayarlos, coordinar a los diversos actores musicales, animar a la comunidad a que cante, dar el ritmo justo a la celebración de acuerdo con el presidente, que es el coordinador nato de la misma.

El coro polifónico

Hemos dejado.intencionadamente, nuestro comentario sobre el coro polifónico o las corales en general, para el final, conscientes de la importancia que tienen en la liturgia.

En el Directorio Litúrgico Pastoral se dice: “La Iglesia hoy está abierta no sólo a la polifonía clásica, sino también a la de nuestro tiempo con sus recursos y técnicas que pueden enriquecer, sin duda, ellos también, el tesoro tradicional con obras nuevas y nuevas formas que conjuguen armónica-mente la actuación de la coral, el órgano e instrumentos y la asamblea, sin suplantar nunca al pueblo en lo que corresponde sino ayudándolo a cantar favoreciendo su participación” Antonio Alcalde, en el libro “la asamblea que canta y celebra” dice: “El coro potencia la escucha de la asamblea que, cuando llegue su turno, se sentirá impulsada a una participación más plena”……..”La propia voz del pueblo envuelta en la polifonía, amplía la percepción, expresa plenitud y profundidad, al tiempo que enmarca y realza la vivencia del hombre y mujer creyentes”
Las corales que participan en las celebraciones litúrgicas deberían tener en cuenta los siguientes aspectos:

  1. No olvidar que su actuación tiene la finalidad de dignificar la celebración litúrgica y, por lo tanto, favorecer la vivencia de la fe.
  2. Coordinarse previamente con el sacerdote que preside la celebración, tanto para establecer los momentos en los que pueden cantar como para poner en su conocimiento las obras que se van a interpretar. No es infrecuente, escuchar, sobre todo en las bodas, partituras o canciones que nada tienen que ver con la música sacra, litúrgica ni religiosa, aunque sean de alta calidad técnica y estética. Es habitual escuchar cantos propios de Cuaresma cuando ya estamos en Pascua o en Adviento, por ejemplo.
  3. La coral debe callar cuando el sacerdote o un ministro pronuncian en alta voz un texto que les corresponda por su función propia. La celebración litúrgica exige un decoro especial de todas las personas que participan en ella: en la forma de vestir, en el silencio respetuoso y, por supuesto, en la calidad interpretativa, no tanto en la “educación de las voces” cuanto en el resultado final de afinación musical.
  4. No debería abusarse del repertorio coral, que impida la participación de la asamblea Tener siempre presente que, a partir del Concilio Vaticano II, el canto en las celebraciones litúrgicas, debe ir dirigido principalmente a la participación de la comunidad, lo contrario, por muy artístico que sea, no está en el espíritu de la reforma litúrgica: “el coro no puede usurpar el papel de la asamblea”.

Bibliografía

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  2. DELEGACION DIOCESANA DE LITURGIA DE MADRID, los cantos de la misa 6, en “El domingo y la misa dominical”.
  3. ALCALDE, A., El Canto de la Misa. Sal Terrae, 2002
  4. ALCALDE, A., La asamblea que canta y  celebra. San Pablo, 1994
  5. FELIPE FERNANDEZ, La música litúrgica. Boletín Oficial del Obispado de Tenerife nº 11-12/1995
  6. CENTRE DE PASTORAL LITURGICA DE BARCELONA, Como escoger y dirigir los cantos, en colección “celebrar”, 1995
  7. ALDAZABAL, J., Qué es la plegaria eucarística. Liturgia básica 2. Centre de Pastoral Litúrgica, Barcelona, 2001
  8. ALDAZABAL, J., Qué cantar en la misa. Liturgia básica 3. Centre de Pastoral Litúrgica, Barcelona, 2001
  9. ODORISSIO, M., Celebremos la misa. Claretiana, 2000
  10. SECRETARIADO NACIONAL DE LITURGIA. El equipo de animación litúrgica. Colección documentos y estudios 139. Promoción Popular Cristiana. Madrid, 1989
  11. MATÍAS AUGÉ. Liturgia –Historia.Celebración.Telogía.Espiritualidad.-, en Biblioteca Litúrgica 4. Centre de Pastoral Litúrgica, Barcelona, 1995
  12. SECRETARIADO NACIONAL DE LITURGIA. Libro del Salmista.Coeditores Litúrgicos. Barcelona 1995
  13. ASOCIACION ESPAÑOLA DE PROFESORES DE LITURGIA. la reforma litúrgica. Una mirada hacia el futuro. Grafite Ediciones S.L., Bilbao 2001
  14. ANGEL APARICIO. Salmos. Comentarios didácticos a la Biblia. PPC, Editorial y Distribuidora S.A., Madrid 2004

El Canto en la Misa, Sugerencias y Comentarios


Comentarios y sugerencias

Canto de entrada

  • Nace en Roma, en torno a los siglos IV-V.
  • El fin de este canto es abrir la celebración.
  • Es el primer acto que fomenta la unión de quienes se han reunido.
  • Nos introduce en el tiempo litúrgico o en el tema de las lecturas
  • Debe conocerlo, saberlo, la asamblea.
  • Debe ser suficientemente largo para dar tiempo a que el celebrante llegue a la sede.Si hay incensación, conviene que dure hasta el final de la misma, pero sin que el presidente tenga que esperar un rato hasta que concluya el canto de entrada.
  • La tonalidad del canto ha de ser preferentemente en “Modo mayor”
  • La melodía, alegre, ha de facilitar la marcha, el movimiento.
  • La Conferencia Episcopal Española ha publicado, en el libro “Cantos de Entrada para los Tiempos Litúrgicos” los que recomienda para Adviento, Navidad, Cuaresma y Pascua.

Sugerencias

Alegre la mañana (Espinosa)

Alrededor de tu mesa (Palazón)
Caminaré en presencia del Señor (Manzano)
Cantemos al Señor un canto nuevo (Carismático)
Ciudadanos del cielo (Deiss)
Dios es fiel (Taulé)
Este es el día del Señor (Espinosa)
Este es el día en que actuó el Señor (Manzano)
El Señor nos llama (Taulé)
Iglesia peregrina (Gabarain)
Juntos cantando la alegría (Gabarain)
Juntos como hermanos (Gabarain)
Pueblo de Reyes (Deiss)
Qué alegría (Manzano)
Reunidos en el nombre del Señor (Palazón)
Somos un pueblo que camina (Mateu)
Un solo Señor (Deiss)
Vamos a preparar el camino (Erdozain)
Vamos cantando al Señor (Espinosa)
Ven, Salvador (Popular)
Ven, ven, Señor, no tardes (Gabarain)
Vienen con alegría (Gabarain)

Procesión de Ofrendas

  • La preparación de la mesa del altar y la presentación de los dones no es un momento especialmente intenso de la celebración. Más bien es un momento de serena distensión y reposo, un espacio contemplativo, situado entre la liturgia de la Palabra y la eucaristía.
  • En primer lugar se prepara el altar, centro de toda la liturgia eucarística, y se coloca sobre él el corporal, el purificador, el cáliz y el misal. Será éste un ambiente de silencio o de la música de fondo de manera que la asamblea encuentra un momento contemplativo que pueda prepararla mejor al momento intenso de la Plegaria Eucarística.
  • A continuación se traen las ofrendas. Siempre es conveniente que el pan y el vino lo presenten los fieles de la comunidad. También se puede aprovechar para aportar la “colecta” u otras donaciones para los pobres o para la iglesia. La presentación de las ofrendas se acompaña del canto del ofertorio, que se alarga por lo menos hasta que las ofrendas han sido depositadas sobre el altar.

Sugerencias
Aquí en nuestra mesa (Luis Alberto)
Bendito seas, Señor (Palazón)
Este pan y vino (Erdozain)
Para ti nos hiciste, Señor (J.M.Martínez)
Procesional de ofrendas (A.Alcalde)
Quiero estar en tu presencia (Erdozain)
Te ofrecemos, Señor (Palazón)
Te presentamos el vino y el pan (Espinosa)

Cantos de Comunión

  • Es el procesional de la misa más antiguo y el que durante más tiempo se ha conservado. Comenzó a introducirse en algunas iglesias en el siglo IV, y en la iglesia de Roma aparece definitivamente admitido en el siglo V.
  • En los comienzos se proclamaba siempre el salmo 33, con su antífona “Gustad y ved que bueno es el Señor”. De él nos habla San Jerónimo.
  • Este canto procesional debe expresar, por la unión de voces, la unión espiritual de quienes comulgan, mostrar la alegría del corazón y hacer más fraternal la procesión de quienes avanzan para recibir el cuerpo de Cristo.
  • El canto de comunión ha de ser un canto sencillo y fácil, que no exija tal atención que nos impida el recogimiento y ocasione distracción y desorden.
  • El aire de la melodía puede ser variado, pero el andante le va muy bien, al tratarse de un procesional lento.
  • Tanto en el tono como en el modo, no hay preferencias. Lo importante es que la composición, por su melodía y por su texto, favorezca el clima de comunión con Dios y de fraternidad con los hermanos.
  • En coasiones se alarga bastante la procesión de comunión y echamos mano de varios cantos que enlazamos entre si, sin que tengan una relación lógica entre ellos. Podemos utilizar un solo canto con las distintas estrofas, intercalando silencios o interludios musicales, que pueden provocar una reflexión más reposada sobre los textos que acabamos de cantar.

 

Sugerencias
Acerquémonos todos al altar (Palazón)
Beberemos la copa de Cristo (Halffter)
Cantemos al amor de los amores (Busca de Sagastizábal)
Como el Padre me amó (Kairoi)
Cristo luz de los pueblos
Donde hay caridad (Madurga)
El pan de cada día (Mateu)
El pan que compartimos (Plazón)
Este es el pan de los hijos (Alcalde)
Gustad y ved (Palazón)
Hacia tí morada santa (K.Argüello)
Jesús nos da su pan (L.Elisalde)
Jesús está entre nosotros (Kairoi)
Magestad, adora a su magestad (Jack Hayford)
No podemos caminar (Espinosa)
Quédate, Señor (Erdozain)
Señor, no soy digno (Espinosa)
Señor, tú eres mi vid (F.Fernández)

El canto segun el momento de la misa


El Canto según el momento de la Misa

Algunas comunidades parroquiales asisten a la celebración dominical y no participan de los cantos, bien porque no los conoce, porque no está motivada para cantar ó  porque “le da vergüenza cantar en público”.

Para conseguir que nuestras celebraciones litúrgicas sean cantadas debemos cuidar varios aspectos:

Que la comunidad parroquial cuente con un grupo de animación litúrgica o al menos con alguna persona que tenga unas mínimas condiciones para el canto y “esté convencida de la importancia de lo que hace” para transmitirlo a la asamblea.

Que el sacerdote, encargado de la parroquia, procure la participación de las personas que se congregan para la celebración eucarística. Si no se dispone de persona alguna que “lleve el canto”, sería deseable que el sacerdote que preside la celebración, cantase, al menos, los propios de la misa, según sus posibilidades y las de la asamblea y, sobre todo, el santo y la antífona del salmo responsorial.

Antes de la celebración de la Eucaristía, convendría realizar un breve ensayo de cantos.

El ensayo no debe abordar todos los cantos de la celebración (los que ya se saben no hace falta ensayarlos) sino sólo aquellos que sean menos conocidos o alguno que se vaya a  introducir en la celebración de ese día.

El ensayo debe ser ágil, evitando repeticiones innecesarias, y afable, puesto que se trata, generalmente, del primer saludo que la asamblea recibe.

Cuando se termina el ensayo, conviene dejar una pausa de silencio para crear un clima de recogimiento y expectación ante el comienzo de la celebración.

El canto de la Misa: Sugerencias


Sugerencias

Adviento

A ti, Señor, Levanto mi alma (Comisión Episcopal de Liturgia)
La Virgen sueña caminos (Erdozain)
Oye, Padre (Espiritual)
Santa María de la esperanza (Espinosa)
Tiempo de esperanza (Mateu)
Un pueblo camina (Espinosa)
Un pueblo que camina (Mateu)
Vamos a preparar el camino (Erdozain)
Ven, Salvador (Deiss)
Ven, Salvador (Popular)
Ven, Señor (Fernández)
Ven, ven, Señor (Gabarain)
Vendrá la libertad (Mateu)

Navidad

Hoy la Paz bajó del cielo (Comisión Episcopal de Liturgia)
A medianoche (Gabarain)
Adeste fideles (Gregoriano)
Es Navidad (Mateu)
Ha nacido el Salvador (Luis Manuel)
Noche de Dios (M.Grüber)

Cuaresma

Me invocará y lo escucharé (Comisión Episcopal de Liturgia)
A tí levanto mis ojos (Manzano)
Alma mía, recobra tu calma (Manzano)
Antes de ser llevado a la muerte (Taulé)
Como el Padre me amó
Dolorosa (Andrés y Espinosa)
Donde hay caridad y amor (Madurga)
Dios es fiel (Taulé)
Este es el día del Señor (Espinosa)
Éxodo y liberación (Gabarain)
Gloria, alabanza y honor (Palazón)
Hosanna al Hijo de David (Palazón)
Mi alma espera en el Señor (Manzano)
Nos has llamado al desierto (A.Alcalde)
Os doy un mandato nuevo (Palazón)
Pueblo mío (Cantalapiedra)
Que la lengua humana cante (Palazón)
Sí, me levantaré (Deiss)
Ved la cruz de salvación (Popular)
Victoria, tú reinarás (Malvido y Julien)

Pascua

Cristo resucitó, ¡Aleluya! (Comisión Episcopal de Liturgia)
Acuérdate de Jesucristo (Deiss)
Alegre la mañana (Espinosa)
Aleluya, el Señor resucitó
Cantemos el gozo de la resurrección (Palazón)
Cristo Jesús resucitó (Llubrí)
Este es el día en que actuó el Señor (Manzano)
La fiesta del Señor (Erdozain)
Nuestra Pascua (Deiss)
Resucitó (K.Argüello)
Vive (F. Díez)

El Canto de la Misa: Canto según el tiempo Litúrgico


El Canto según el tiempo litúrgico

El año litúrgico tiene en los actuales libros de la liturgia romana un comienzo (primer domingo de Adviento) y un final (sábado posterior al último domingo del tiempo ordinario o solemnidad de Cristo Rey).

Pero el año litúrgico debe ser considerado como una verdadera liturgia. No puede reducirse a un simple calendario de días y meses a los que están vinculadas las celebraciones religiosas; es la presencia, en un modo sacramental-ritual, del misterio de Cristo en el espacio de un año. La historia de la salvación que continúa en el hoy de la Iglesia constituye, por tanto, el elemento vertebrador del año litúrgico.

La música tiene que estar al servicio de la liturgia y de los tiempos litúrgicos, en primer lugar por sentido común y en segundo porque  todos los documentos de la Iglesia en este sentido así lo indican. No es lógico cantar un villancico en la Pascua de Resurrección ni un Aleluya en la Cuaresma.

Para facilitar su ubicación, hemos realizado una lista de cantos distribuidos por el tiempo litúrgico más apropiado para su uso y, algunos, teniendo en cuenta el momento de la Misa.  No obstante, se trata de sugerencias ya que en ocasiones no existe un patrón objetivo por el que se pueda valorar éste u otros aspectos del canto y, además, algunos de ellos podrían utilizarse en tiempos litúrgicos o momentos de la celebración eucarística diferentes de los señalados como primera opción.

Cantos de la Misa: El Salmo Resposorial


Salmo responsorial

A partir del siglo III comienzan a utilizarse los salmos para el canto de la asamblea.

El salmo, con su respuesta, en estilo poético y lírico, es una meditación comunitaria, de toda la asamblea que ha escuchado la Palabra. Es el canto que centra la Liturgia de la Palabra y debería ser siempre cantado

Durante el salmo responsorial todos oran con las palabras que la misma Escritura nos ha dejado para expresar la diversidad de la fe, por lo que no debe sustituirse el salmo por ningún otro tipo de canto moderno.

Ángel Aparicio, claretiano, profesor de teología, escribe en una de sus publicaciones,: … Los salmos son oración, son la expresión religiosa de toda una gama de sentimientos que se mueven entre el dolor y el gozo, pasando por la gratitud agradecida o por el himno jubiloso –ambos con fronteras tan afines-

Desde hace más de 15 años, disponemos del Libro del Salmista, publicado en España desde noviembre de 1986, que nos ofrece, musicados, los diferentes salmos que se utilizan durante todo el tiempo litúrgico de los 3 ciclos A, B y C y en las festividades. En los últimos años, venimos publicando en nuestra página web las antífonas cantadas que corresponden a cada domingo o festividad

 Sugerencias a los salmos

  


Para destacar el carácter propio del salmo, será conveniente que el salmista no sea el mismo que ha leído la primera lectura.

Existen varios modos de interpretar el Salmo:

La mejor forma: el salmista canta las estrofas del salmo y la asamblea canta la respuesta o antífona prevista en el leccionario.

Si ésto no es posible, se puede recurrir a otras alternativas –ordenadas de más a menos-

  • El lector proclama el salmo y la asamblea canta la respuesta propia intercalada

La antífona conviene que sea la del leccionario. Pero, si las posibilidades de la asamblea no lo permiten, siempre será posible disponer de unas pocas antífonas genéricas (que expresen sentimientos de confianza, arrepentimiento, alabanza, etc) – y que permitan, al menos, utilizar una diferente en cada tiempo litúrgico. (Se recomienda consultar el Cantoral de Misa Dominical y la letra D del Cantoral Litúrgico Nacional).

  • El salmo es cantado o proclamado sin intercalar la respuesta o antífona por parte de la asamblea, que lo hace con la respuesta final común a la palabra.
  • Proclamar el salmo y que la asamblea lo escuche sin responder nada. Ante la imposibilidad real de cantar alguna antífona.
  • El lector lee la antífona y la asamblea la repite a continuación; luego, el lector recita el salmo entero, sin interrupción y vuelve a leer la antífona para repetirla a continuación la asamblea.

Lo menos correcto: el lector proclama el salmo y la asamblea recita la respuesta intercalada. Esta forma, que está muy extendida, destroza el valor del salmo responsorial: “crear un clima de contemplación y de respuesta a la Palabra de Dios”. No es posible que se logre ese objetivo si la asamblea tiene que estar con la mente ocupada en no olvidar la antífona que debe repetir en lugar de atender correctamente al lector.

Con objeto de mejorar la forma de interpretar el salmo responsorial, el salmista comienza entonando él solo la respuesta que será repetida por la asamblea. De esta manera sirve de ensayo y se le da el tono y el carácter de antífona, disponiendo a la asamblea para su intervención.

Cuando el salmo es recitado, se puede acompañar la lectura con una suave música de fondo que, en ningún caso debe tapar la palabra.