Tradiciones de Navidad en Iberoamérica


 

En los diferentes países de latinoamérica existen muchas formas diferentes para una misma celebración: La Navidad. Aquí encontrarás una breve reseña de la celebración de la Navidad según las tradiciones de algunos países de Iberoamérica.

Argentina

 

Es una costumbre pedir a los niños que, con cierta anticipación escriban una carta a Papá Noel, pidiéndole regalos. En Nochebuena, al igual que cada noche del año, los niños acostumbran tomar un baño antes de ir a la cama. Ese momento es el que los padres aprovechan para poner los regalos debajo del árbol de Navidad. No sólo los niños reciben regalos sino también los adultos. Los regalos de Navidad se abren en Argentina a las 12 en punto de la noche, ni un minuto más ni un minuto menos.

Hay una variedad de platos que se sirven en la cena de Nochebuena, sin embargo, el más conocido y exquisito de ellos es el que en el mundo entero se conoce como las parrilladas o asados argentinos.

Bolivia

Los platos de la cena varían de acuerdo a la región, mas hay ciertas comidas que se comen en todo el país como el lomo asado depuerco o de res, papas al horno, ensalada de lechuga, rodajas de tomate y cebolla, locotos o frijoles y abundante bebida. Otro plato delicioso es la sopa hecha con vegetales, choclo fresco, vino, papas, tres clases de carnes y especerías como el clavo de olor.

No es común en Bolivia ver luces o decoraciones por todos lados en esta época. La Navidad es eminentemente la fiesta de la alegría del corazón. El despliegue de luces se reserva para la bienvenida del Año Nuevo.

Chile

Los niños creen en Papá Noel, mas en Chile es llamado Viejo Pascuero. En Nochebuena se prepara una cena completa que se sirve a las 9:00 p.m. En ella se come pavo asado con castañas, ensalada de papa cpn mayonesa, ensalada de apio con palta (aguacate), ensalada de repollo con manzana, arroz con pasas y otra ensalada de betarraga. Como postre se como el Pan de Pascua que se vende en todas las panaderías. Hay una bebida conocida con el nombre de Cola de Mono, que es un ponche hecho de pisco con café con leche, azúcar y canela y es muy suave. Otra bebida popular es el rompón, que se hace con ron, leche, yemas de huevo, vainilla y azúcar, y se sirve frío cuando los amigos vienen de visita por la temporada navideña.

La cena se termina a las 12 de la noche, hora en la que se abren los regalos.

La Temporada navideña termina el 6 de enero con la Epifanía. No hay ningún acto en especial, sin embargo, en Chile, este día es llamado La Pascua de los Negros, en honor a uno de los Reyes Magos que vino del África.

Colombia

La cena de Navidad consiste de pollo, lechona (que es un puerco relleno), ensalada con encurtidos, papa pequeña amarilla y tamales cubiertos de oja de plátano. Los dulces de esta época son las galletas de diferentes sabores, el manjar blanco con dulce en caldo, es decir con dulce desamargado, que se hace con azúcar, clavo de olor, cáscara de limón, mamey y brevas. Otros postres deliciosos son los buñuelos, hojaldres, y natillas, que se hace con leche y azúcar.

El 6 de enero es el día en el cual os ahijados reciben regalos. Siendo el padrnazgo una institución muy arraigada en la cultura, los padrinos o madrinas son personas muy especiales en la vida de los niños, una especie de ángeles guardianes que podrían sustituir a los padres si éstos faltasen.

Costa Rica

Las celebraciones de Navidad en Costa Rica empiezan el primer día de diciembre y terminan el 2 de febrero, cuarenta días después del nacimiento de Jesús. El 2 de febrero se celebran tres festividades. Una de ellas es el Rito de Purificación de la Virgen María y otra, es la conmemoración de la Presentación del Niño en el Templo, que coincide con la primera. La tercera es la celebración del día del Candelero, que es una festividad observada en honor de los primeros cristianos que se regocijaron cuarenta días después del nacimiento de Jesús, haciendo una procesión alrededor de la iglesia en la que llevaban velas como un símbolo de purificación a través de la luz.

La época de Navidad está marcada con muchas tradiciones en la mesa familiar. Se come tamales hechos de masa de maíz y papas aplastadas. A esta masa se agraga pollo y cerdo y esta mezcla se derrama sobre una hoja de plátano verde para hacerla hervir. Ese tamal es muy típico de Navidad.

Cuba

Las tradiciones navideñas de la isla de Cuba se mantuvieron sólo por dos años después de la Revolución de 1959. Al implantarse el sistema marxista se arrancaron todas las raíces de las tradiciones navideñas. Las generaciones que vinieron después tienen que preguntar a sus abuelitas y tías sobre lo que se acostumbra hacer en Navidad, ya que los jóvenes no son testigos de estas vivencias.

República Dominicana

En Nochebuena se prepara la cena que consiste de pavo asado o de puerco asado, con dulces especiales de Navidad como postres, tales como el arroz con dulce y pasteles en hoja de plátano. Algo típico es comer el Pan de Huevo y carnes que se preparan de diferentes maneras de acuerdo a la región. Una vez que la comida está lisa, se comparte con los vecinos y con los más desafortunados, ya que los dominicanos son gente generosa y de muy buen corazón. Finalmente se reúne la familia íntima y se cena antes de asistir a la Misa de Gallo.

Ecuador

Actualmente se cena antes de las doce, aunque por muchos años la costumbre era cenar a las doce de la noche. Una vez en la mesa, como entrada se sirve consomé de pollo y el plato fuerte puede ser uno de estos: pavo o pollo relleno, hornado con agrio o pernil. El postres que “hace la boca agua” con sólo mencionarlo es el pristiños con miel de raspadura, que es el postre que no falra, aun en los hogares más humildes. El canelazo quiteño es una bebida caliente que se brinda en esta época para combatir el frío de la noche. Se hace poniendo a hervir agua, canela, azúcar, clavo de olor y un poco de anizado. Al terminar la cena se procede a abrir regalos y el hogar se llena de algarabía, papeles rotos y abrazos de agradecimiento.

El Salvador

La Nochebuena es muy importante en El Salvador. Los niños rcogen y preparan sus cohetes y esepran con ansia el día siguiente para abrir los regalos. Las familias se reúnen a dar gracias por ser éste el evento más importante del año. Antes del cena, la gente asiste a la Misa de Gallo, donde se cantan villancicos. Las Pastorelas y Posadas también se celbran en Nochebuena. Estos son dramas de Navidad en los que gente de varias edades se viste con bufandas de seda de colores brillantes, blusas decoradas con lentejuelas y encajes, y llevan cayados de pastores y campanas. La música se toca usando instrumentos e percusión. Todos cantan y bailan los más tradicionales cantos de Navidad como “Noche de Paz” y el “Tamborilero.”

La cena de Naidad es un tradición familiar. Las casas huelen a deliciosa comida. Se sirve pavo, jam[on y carne molida que se acompaña con arroz y vegetales. Como postre se come pies, galletas y preparados de manzana. El plato favorito es el tamal, que se hace con ingredientes seleccionados cuidadosamente y horneados a la perfección. Se toman gaseosas, y también vino o cerveza.

Guatemala

Nochebuena es una noche especial en Guatemala. Los guatemaltecos se reúnen con su familia inmediata. Mientras afuera los cuetes empiezan a sonar y reventar con estruendo en todas las calles de las ciudades y pueblos, en la intimidad del hogar se dice una oración de gracias antes de cenar. Posteriormente se abren los regalos y todos empiezan a bailar y cantar, disfrutando de la compañia mutua que crea lazos imborrables de unión que perdurán en los momentos difíciles de la vida.

Las delicias culinarias de la cena son muy tradicionales, pero pueden variar de acuerdo a la región del país. Lo más típico es comer tamales y ponche. Dentro de la masa de los tamales se pone carne de marrano o coche con una deliciosa salsa de tomate. El ponce, en cambio, se hace hirviendo frutas secas, pasas, ciruelas, dátiles, azúcar morena y un poco de licor.

Honduras

La temporada de Navidad se inicia oficialmente el 24 de diciembre con la aparición de Warini , nombre con el que se conoce al precursor o heraldo de la Navidad. Este es un personaje que danza de casa en casa cubierto con una máscara y acompañado de cantantes y dos tamborileros. La próxima vez que se le ve danzar en el 6 de enero, marcando el final de la temporada navideña.

En Nochebuena se preparan platos que se sirven muy elegantemente en la mesa. Los platos principales son pavo relleno y lechoncitos. Mientras dentro de las casas se aspira un ambiente lleno de amor, en las calles de toda ciudad y pueblo hondureño se escucha el ruido de los cohetes reventándose y los juegos pirotécnicos. Cuando éstos terminan de tronar, se intercambian abrazos, se hace el brindis y se empieza a servir la cena.

México

Desde el 16 al 24 de diciembre se realizan cada noche Las Posadas, que son las celebraciones más importantes de esta época. A través de estas celbraciones se recuerda el pereginaje lleno de incertidumbres que José y María tuvieron que realizar al viajar a Belén para los censos. Las Posadas poseen elementos de las tradiciones del pasado y de la historia de las luchas del pueblo de México por mantener su fe.

En Nochebuena se convida a amigos y familiares para la cena. Las comidas típicas incluyen pavo relleno con almendras, filete de res y pescado seco. Otras delicias adicionales son plátanos y verdes, pasas, aceitunas, pan blanco, tamales, romeritos, buñuelos hechos con casa, pozole y ponche mexicano.

Nicaragua

La mañana del 24 de diciembre los hogares nicaragüenses se convierten en lugares de regocijo en donde se prepara la cena de Nochebuena. En Nicaragua se invita a amigos y familiares a los hogares a pasar la celebración del nacimiento del Niño Dios. La cena de Nochebuena se prepara muy laboriosamente con los miembros de la familia. El plato típico es el arroz a la valenciana, que es la versión latina de la paella de España, gallina de patio, nacatamal (un tamal hecho de harina de maíz, pollo o cerdo, papas, cebollas, arroz y menta envuelto en hojas de plátano). Se sirve pan recién salido del horno y hecho en casa. Como postre se come bizcochos y se bebe ponche, que es una bebida hecha de ron.

Panamá

Asistir a la Misa de Gallo es un acontecimiento muy especial para los panameños. Es prácticamente el momento cumbre de las celbraciones navideñas.

Al terminarse la misa todos salen llenos de contento a visitar y abrazar a los amigos. Una cena especial espera en casa al regresar. Panamá dsifruta de una variedad de mariscos gracias a su ubicación geográfica junto al mar: pulpos, lnagostas, cangrejos, camarones gigantes y mucha variedad de pescado. Hay el sabroso sancocho y el plato de todos los días con el arroz con coco o guandu, o arroz con fréjol. Como postres se disfruta de arroz con piña y se sirven piñas coladas sin alcohol.

Paraguay

La Nochebuena se celebra con una cena familiar. Los platos principales que se sirven son pato, ryguazu kae – que es como se llama al pollo-, cordero y pavo. Kiveve es un plato a base de andai (calabaza), idóneo para acompañar el famoso asado. Se sirve un sopa paraguayana, que es muy espesa y se parece al soufflé, también se sirve de ensalada. Los postres y bebidas son ligeras, ya que es verano y hace calor. Se toma un poco de cerveza, empero, la sidra es una bebida común. Después de la cena la familia asista a misa.

Peru

La reunión de Nochebuena es generalmente en la casa de los abuelos, donde se amontonan los regalos que señalan a quien pertenece: “de tal para tal”. Los niños juegan en la calle reventando cohetillos y los adultos se juntan para la charla, los brindis y los preparativos.

Cuando dan las 12 de la medianoche se coloca al Niño Jesús en la cuna, se reparten los abrazos, se hace una mención de agradecimiento y bendición para el hogar y, por fin, se abren los regalos y se inicia la cena.

La cena tradicional es el pavo al horno o el pollo dorado, que lleva los más diversos rellenos según el gusto de cada ama de casa. Como postre se tiene panetón, que es un bizcocho de pasas con frutas glaseadas y se bebe chocolate caliente.

Puerto Rico

 

Las celebraciones de Navidad en esta preciosa isla borinqueña duran varios días. Empiezan en diciembre con las oraciones de Adviento, y concluyen oficialmente en enero con la celebración del Día de los Reyes. Con todo, ésta puede extenderse hasta el rezo de las Octavitas, que vendría a ser ocho días después de Epifanía.

Familiares y amigos participan de las Parrandas o Asaltos en las que la gente se entretiene con alegría. Las Parrandas puertorriqueas son visitas sorpresas de amigos y familia a un hogar en la época de Navidad. Grupos de gente van de casa en casa durante las parrandas.

Nochebuena se celebra con la familia íntima y los amigos más queridos. La típica comida que se prepara es arroz con gandules y plátanos fritos, guineos cocidos, lechón asado o puerco a la varita, morcillas y chicharrones. Los postres favoritos son arroz con leche, tembleque, nueces, avellanas, turrones, dátiles y el conocido coquito, que es una bebida preparada con leche de coco y licor.

Uruguay

Las tradciones navideñas de Uruguay son muy similares a las de Europa debido a la influencia de los inmigrantes europeos que se establecieron en este país. Durante la temporada navideña, Uruguay goza del clima caliente, las comidas típicas de Navidad como el pollo asado y los postres de nueces y fruta seca con cream siguen siendo una tradición.

Anuncios

En la gruta de Belén


El Rey de reyes nace pobre, en un establo… es la primer lección de Jesús a los hombres: desprendimiento de las cosas de la tierra para poder amar a Dios con todo el corazón.

(Lc 2, 11)

I

Noche de paz. En los campos de Belén, tú y yo por un camino. Silencio. El ladrido lejano de un perro. Y de nuevo el silencio. El dulce y tenue tintineo de las esquilas de ovejas que se acomodan en su sueño, sobre majadas cercanas. Y luego el silencio.

El cielo lleno de estrellas que parecen tocarse con la mano, como si se acercaran. Noche clara. Las siluetas oscuras de los montes se recortan en el horizonte. Lucen en ellas puntos luminosos, que son otras tantas hogueras de pastores que hacen guardia sobre su grey. No hablamos al caminar, y no sabemos por qué andamos. Un inmenso silencio reina en todo.

La noche, siguiendo su curso, está llegando a la mitad de su carrera. Hay en la belleza y dulzura de esta noche un presentimiento de milagros, como si Dios nos visitara. Y todo, mientras, duerme en el mundo: los rebaños en los apriscos; los hombres en Jerusalén y en Damasco, en Atenas y en Roma; los países bárbaros entre las selvas duermen; y el mundo desconocido también ignora el misterio de esta noche, allá en su lejanía y en su tardío despertar.

Se presiente la llegada de una nueva vida, de una dulce revolución. Es que Dios va a visitar la tierra: es una noche de amor. ¿Qué harán los hombres? ¿Se empeñarán en vivir en las tinieblas, y, como consecuencia, seguirán manchando este mundo de sangre? Andamos sin rumbo.

De pronto, vemos luces, luminosos chorros de ángeles que suben y bajan sobre un punto de la cercana colina, y oímos un programa en canción:

Gloria a Dios en los cielos, y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad 1.

Es el cielo que descorre sus velos un instante. Y el mundo está dormido. Nos quedamos confusos y no sabemos qué hacer, clavados en el camino: miramos con los ojos muy abiertos, y no vemos nada; intentamos escuchar, pero se ha hecho de nuevo el silencio.

II

El murmullo de unas voces de hombres que vienen corriendo nos llega de pronto: son pastores y zagales que han recibido el aviso de un ángel, y han visto, como nosotros, el cortejo celestial subir y bajar cantando. Nos sumamos a ellos, y mientras corremos juntos, nos cuentan el mensaje.

Ha nacido… el Salvador… hallaréis al niño envuelto en pañales y reclinado en un pesebre 2.

Y corremos. Y todo el mundo duerme. Sólo se oyen los pasos de nuestra carrera hacia el Señor.

Así llegamos a una gruta que sirve de establo. Con los pastores la encontramos sin dudar, aunque todos vamos por primera vez. En su sencillez tienen la ventaja de ir derechos a Jesús, a pesar de que es de noche.

Un Niño hermoso sobre un pesebre. La Virgen junto a Él, mirándole atenta. Al otro lado, una hoguera que arde en el rincón. Y José, el que vimos llegar a Belén, anda activo, trayendo leña. Es una gruta pobre. Todo lo superfluo está ausente. Nos arrodillamos todos. Nadie se atreve a hablar. María no quita los ojos de su hijo, que es su Dios.

Yo comienzo, mientras lo miro, a recordar lo que sabía: el pecado original, los hombres de todos los siglos, el Mesías -Dios hecho hombre, Rey-, el mundo que ahora está dormido.

La aspiración de la Humanidad -tener a Dios muy cerca, al alcance de la mano-, se ha hecho realidad. Dios hecho Niño está ahí, a un paso de mí. Es la sublime respuesta de Dios. El Niño es un diálogo silencioso entre Dios y los hombres.

Una nueva vida ha comenzado… Y todo el mundo duerme. Duerme en las cosas, por las cosas y como cosas. El Niño nace pobre: es el Rey de reyes y nace en el más completo desasimiento. Es ésta su primera lección a los hombres. Es también la primera lección para seguirlo y para continuar la revolución sobrenatural que El ha iniciado.

III

Es necesario el desprendimiento para ser útil. No se puede servir a dos señores a la vez. No le importó a Cristo nacer pobre. Tiene una cuna prestada por una mula y, por colchoncito, las frías y toscas pajas del pienso que ha sobrado.

El Señor puso más empeño en desprenderse de las cosas que los hombres en atesorarlas.

La pobreza es condición imprescindible para tener una visión objetiva de la vida. Y ésta nos es necesaria para no errar el camino. Amar la pobreza es amar sus consecuencias. Por ello no se es pobre cuando se gasta sin razón, o se deja de ganar, aquello que, para un jornalero, supondría un esfuerzo considerable.

El Niño vestirá con decoro y cuidará de las cosas, pues jamás convertirá en instrumento de comodidad lo que es medio de apostolado: Él mismo se quitará sus vestiduras antes de la flagelación. Y no tendrá donde reclinar la cabeza. Los cambios humanos y las apreciaciones de los hombres no alteran nuestra dignidad.

Para convertirse a Cristo es preciso desprenderse de las criaturas, pues el pecado original puso en el corazón del hombre una tremenda capacidad de idolatría; ellas, de suyo buenas, se tornarán malas por la concupiscencia. Ya no se las busca porque llevan a Dios, sino porque dan goce. El hombre se abalanzó sobre las cosas sin medida, quedó su corazón sin paz y sin alegría, esclavo de ellas.

El Niño, que es Rey, nos enseña de manera sensible que nuestro amor, que es todo para Dios, debe ser conservado por la templanza, esa medida en el uso de las cosas. En nuestra vida debe haber también, como en Belén, ausencia de lo superfluo y pobreza en lo necesario, elección constante de lo peor y desnudez completa del corazón.

Nuestros ojos ven las realidades que rodean la cuna del Rey. Por palacio, un establo; por trono, un pesebre; por cortesanos, unos pastores. Y entre los pastores, tú y yo.


1 Le 2,14

2 Lc 2,11-12.

 

Reproducido con permiso del Autor.

“Caminando con Jesús”, J.A. González Lobato, Ediciones RIALP, S.A.

Este libro puede comprarlo en http://www.beityala.com

El Pesebre de Belén


Autor: H. Gustavo Velázquez Lazcano, LC | Fuente: Catholic.net
El pesebre de Belén
Aquel pesebre, pobre y viejo, no había pensado en su vida que acogería al Niño Dios entre sus pajas. Nosotros, en cambio, sabemos que el Niño Jesús llegará el 24 en la noche.
 
El pesebre de Belén

En las faldas de un monte, por encima de Belén, hay una cueva. Es pequeña y algo tosca, pero acogedora; refresca en los días de calor, y abriga, en los de frío. Durante el año, los animales se resguardan en ella.

Los bueyes y las vacas acuden a pastar allí. Sacian su hambre con las frescas pajas que un mozo deposita a diario en un rústico pesebre, formado por resistentes ramas.

– ¡Vaya existencia la mía! -se decía el pesebre-. ¡¿No se podría haber empleado de mejor modo mi madera?!

El ganado acudía a él por necesidad, porque gusto no lo había. La mayoría de los desayunos, cenas y comidas, terminaban en indigestión. Porque, ¿a quién le gusta escuchar quejas mientras come?
Una noche fría de invierno, entre los aullidos del viento y la respiración profunda de los animales que ahí dormían, llegaron dos personas a la cueva. Venían arropados de arriba abajo. El hombre jalaba con cuidado de su borriquillo, mientras la mujer que lo montaba, soportaba con paciencia los dolores del parto.

– Aquí está bien -dijo el hombre apesadumbrado-. Hemos caminado bastante -suspiró-. Me gustaría ofrecerte algo mejor, María, pero tú sabes que hoy no ha sido un buen día…

– No te aflijas, José -le respondió María, consolándole-. Hágase Su voluntad -y señaló con el dedo al cielo-.

Ambos se establecieron lo mejor que pudieron en la cueva, agradeciendo el calor de los animales.
El pesebre, que jamás dormía, se enterneció al ver la situación de aquella agotada pareja.
Y sucedió que, mientras ellos estaban allí, María dio a luz a su hijo primogénito. Los gemidos del recién nacido resonaron en la cueva, rompiendo el silencio. Los animales se despertaron agitados en un primer momento; pero después de desperezarse, lo contemplaron con respeto.

José tenía al niño en sus brazos y lo había envuelto en pañales. Su corazón latía con fuerza: estaba nerviosísimo. Cuando por fin tuvo oportunidad de ver al niño, se topó con unos grandes y preciosos ojos grises que lo miraban con curiosidad; entonces, sintió cómo una gran emoción llenaba su alma.

María permanecía recostada sobre unas gruesas cobijas que habían traído de Nazaret, y no le quitaba la vista a su hijo. Con un notable esfuerzo, cambió de postura y le pidió a José que le mostrase al Niño. Cuando él se lo dio, Ella lo cargó durante un largo rato, estrechando al niño contra su corazón.

Cuando María acabó de contemplarlo, se lo entregó a José, quien lo paseó maravillado. Y tras una larga y silenciosa adoración, lo depositó dormido en el pesebre.

Sonó, entonces, un redoblar de pasos, y a acto seguido entraron unos pastores en la cueva.
– En hora buena -exclamaron al ver al Niño. Y les contaron cuanto les había dicho el ángel-.
Cuando llegaron a la señal que les había dado el ángel: “encontrarán al niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre”, el pesebre estuvo a punto de dar un brinco de asombro, pero recordó que el Niño Jesús aún dormía plácidamente sobre él.

Su nombre había aparecido en los labios de los ángeles. No lo podía creer. Lo ocurrido estaba preestablecido por Dios.

Cuando los pastores terminaron su relato, con gran admiración de los padres de Jesús y del mismo pesebre, sacaron sus humildes regalos y se los ofrecieron al Niño de corazón.
Una vez que los pastores se fueron y que el Niño se hubo vuelto a dormir, María y José también se entregaron al descanso, rendidos de cansancio.

Cuando el silencio llenó de nuevo la cueva con su majestad, el pesebre se quedó pensativo. Aún no acababa de entender lo que habían dicho los pastores.

– ¿Cómo es posible que sea Dios? -pensaba para sus adentros-.

Tras mucho repetir: «Tengo entre mis pajas a Dios», comprendió porqué no le pesaba aquel niño.
Aquel pesebre, pobre y viejo, no había pensado en su vida que acogería al Niño Dios entre sus pajas. Sabía que algún día vendría el Mesías -como todo el mundo-, pero jamás habría imaginado que nacería en aquella tosca cueva de aquel remoto poblado, y precisamente en aquella época del año. Y mucho menos que él sería el primer depositario.

Cuando Dios vino al mundo, no pasó inadvertido sólo para los hombres. También llegó de sorpresa para aquel pesebre de Belén. Ningún ángel le anunció que sobre él se recostaría el Hijo de Dios.

Nosotros, en cambio, sabemos que el Niño Jesús llegará el 24 en la noche. Tenemos tiempo para vivir con entusiasmo este Adviento. Regalémosle un corazón amable, quitando cada día una paja de nuestro áspero carácter. Ofrezcámosle el calor de nuestro corazón.

Al Poner el Nacimiento hoy


de Francisco Varo

Navidad es la fiesta de los niños, de los padres, de los abuelos, de los tíos y los primos, de los amigos. Todos disfrutamos poniendo el viejo Belén, que es siempre nuevo. Allí están los pastores guardando los rebaños en la noche, cuando se les presenta el ángel que anuncia la buena noticia, a la vez que escuchan el canto de los cielos: “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres”. Allí están, también hoy, hombres y mujeres que trabajan duro, o que buscan y rebuscan el puesto de trabajo que les hace falta, con los mismos deseos en su corazón: una ocupación que proporcione estabilidad a sus familias y una vida en paz. Un trabajo digno al servicio de las personas -no sólo fuente de ingresos para unos pocos- y paz en el mundo. Paz justa en Belén y en Tierra Santa, paz para Iraq, paz para Costa de Marfil, paz para Colombia y Venezuela, paz en nuestra tierra. No más guerras, terrorismo ni violencia. Necesitamos que el canto de los ángeles siga siendo actual.

Los pastores se dirigen a Belén, donde ha nacido el Rey de la Paz. Le ofrecen lo que tienen, el fruto de su trabajo. Y allí se encuentran con una familia pobre que los acoge en un portal. No tienen mejor casa donde recibirlos. José, un carpintero. María, con sus tareas de ama de casa. Un niño recién nacido envuelto en pañales y recostado en un pesebre. Un buey y una mula que dan calor. Nada se echa en falta.

El abuelo sigue explicando a los nietos cada una de las figuras y dice dónde hay que ponerlas. Las más vistosas son tres personajes montados en un camello: los Magos. Dice el Evangelio que habían visto una estrella en Oriente y que, dejando allí todas sus cosas, la siguieron. Las gentes de Jerusalén no están acostumbrados a ver hombres así. Uno tiene la piel morena, otro los ojos rasgados. Son extranjeros. Hablan otra lengua y no conocen la cultura ni las tradiciones locales. Su presencia suscita recelos a Herodes y a toda su corte de poderosos. Pero vienen guiados por la estrella de Dios y, con esfuerzo y perseverancia, con valentía, logran dar con la familia de Belén. Allí se encuentran en su casa. Son buena gente, que ofrecen lo que tienen. Por eso, son acogidos con afecto. En la familia de Dios no sobra nadie. Ahí siguen llegando. Unos en patera. Otros agotados por los días de autobús. No faltan los que gastaron todo en un pasaje de avión. Mujeres y hombres que vienen a dar lo que tienen, su trabajo…

Los niños saben que no están soñando cuando ponen el Belén. Por eso sitúan a San José muy cerca de la Virgen, y los dos mirando al Niño. Porque necesitan verse siempre así. Con papá y mamá muy unidos, notando el calor del afecto.

Los pastores, los magos, todos los que llegan al Portal saben el motivo de tanto gozo: “Hoy os ha nacido, en la ciudad de David, el Salvador, que es el Cristo, el Señor”.

El Evangelio no es un simple relato del pasado, sigue siendo actual. La vida cristiana es la vida de Cristo, del bautizado identificado con Cristo, que actúa hoy en la vida ordinaria de los hombres en medio del mundo. La Navidad, los Reyes, la Semana Santa o la Pascua forman parte de nuestras raíces, de nuestras costumbres, del patrimonio cultural de nuestra tierra. La identidad cristiana no es sectaria ni excluyente. ¿Por qué tanto empeño por parte de algunos en eliminarla? Merece ser reconocida. Creyentes y no creyentes, hombres y mujeres de todas las razas, sea cual sea su visión de la vida, estamos invitados a acercarnos al calor de esta familia sencilla y acogedora, la de Jesús, María y José. Es Navidad.

“Que cada familia pueda abrir las puertas al Señor que vendrá en Navidad para traer al mundo la alegría, la paz y el amor”, es el deseo de Juan Pablo II para todos.

Nacimientos, Belenes o pesebres


Como es sabido, estaba tan llena la ciudad de Belén por los visitantes que acudían a cumplir la orden del emperador Augusto de empadronamiento, que las posadas sólo daban albergue a los que tenían dinero. Como María estaba embarazada, se apiadaron de ella y les dejaron quedarse gratis en un establo (hay que recordar que, incluso en el Siglo de Oro, se cobraba por dejar dormir en el establo). Allí nació Jesús.

San Francisco de Asís, fundador de la orden franciscana, fue el iniciador de los nacimientos entre 1200 y 1226. Se cuenta que recorría la campiña cercana a la pequeña población de Rieti en el invierno de 1223. La Navidad de ese año lo sorpendió en la ermita de Greccio y fue allí donde tuvo la inspiración de reproducir en vivo el misterio del nacimiento de Jesús. Construyó una casita de paja a modo de portal, puso un pesebre en su interior, trajo un buey y un asno de los vecinos del lugar e invitó a un pequeño grupo de gente a reproducir la escena de la adoración de los pastores. Dice la tradición, que de manera milagrosa, en la escena aparecieron ángeles y se personificó el niño Jesús, la Santísima Virgen y San José.

La idea de reproducir el nacimiento se popularizó rápidamente en todo el mundo cristiano. De los seres vivos se pasó a la utilización de figuras, en parte porque los primeros misioneros en llegar a América fueron franciscanos y por supuesto siguieron la tradición del “pobrecito de Asís”.

También se cree que el primer nacimiento se contruyó en Nápoles a fines del siglo XV y que estuvo hecho de figuras de barro. Carlos III ordenó que los “Belenes” se extendieran y popularizaran en todo el reino itálico y español. En América, los frailes introdujeron las costumbres navideñas cristianas utilizándolas para la evangelización de los naturales. Entre ellos, los nacimientos toman un papel importante.

Las iglesias contaban con sus “Belenes” que utilizaban los religiosos y los vecinos para sus solemnes precesiones de Navidad. No había familia, por humilde que fuera, que no gozara al “poner el Belén”, junto al cual cantaban unidos los villancicos.

Las figuras de un “belén” pueden ser de distintos tamaños (incluso a tamaño natural) y componen las distinas escenas que recorre el nacimiento del Niño Jesús, desde la búsqueda de la posada, el nacimiento, la anunciación del angel a los pastores, la adoración y las ofrendas al Niño por los lugareños y la escena de los Reyes Magos guiados por una estrella hacia el portal de Belén.

El misterio de la Natividad representado en el pesebre era indispensable en todas las casas. Esta tradición ha pasado de padres a hijos, cómo la labor que realizan los artesanos que, empleando los materiales más sencillos crean una magia que no se pierde a pesar de los años.

———————–

Como nos relata los evangelios, la ciudad de Belén estaba llena de visitantes que acudían a cumplir la orden de empadronamiento dictada por el Emperador Augusto; por ello, las posadas sólo daban albergue a aquellos que tenían dinero. Como María estaba embarazada les permitieron quedarse en un establo donde nació Jesús.

San Francisco de Asís, fundador de la orden franciscana, fue el iniciador de los nacimientos entre 1200 y 1226. Según indica la tradición, el santo recorría la campiña cercana a la pequeña población de Rieti en el invierno de 1223. La Navidad de ese año lo sorpendió en la ermita de Greccio y fue allí donde tuvo la inspiración de reproducir en vivo el misterio del nacimiento de Jesús. Construyó una casita de paja a modo de portal, puso un pesebre en su interior, trajo un buey y un asno de los vecinos del lugar e invitó a un pequeño grupo de gente a reproducir la escena de la adoración de los pastores. La tradición indica, que de manera milagrosa, en la escena aparecieron ángeles y se personificó el niño Jesús, la Santísima Virgen y San José.

La idea de reproducir el nacimiento se popularizó rápidamente en todo el mundo cristiano; y de los seres vivos, se pasó a la utilización de figuras pues los primeros misioneros en llegar a América fueron franciscanos y por supuesto siguieron la tradición de San Francisco de Asís.

Asimismo, la tradición señala que el primer nacimiento se construyó en Nápoles a fines del siglo XV y fue fabricado con figuras de barro. Carlos III ordenó que los “belenes” se extendieran y popularizaran en todo el reino itálico y español; en América, los frailes introdujeron las costumbres navideñas cristianas utilizándolas para la evangelización de los naturales, y entre ellos, los nacimientos toman un papel importante.

Las iglesias contaban con sus “belenes” que utilizaban los religiosos y los vecinos para sus solemnes procesiones de Navidad. No había familia, por humilde que fuera, que no gozara al “poner el Belén”, junto al cual cantaban unidos los villancicos.

Las figuras de un “belén” pueden ser de distintos tamaños (incluso a tamaño natural) y componen las distintas escenas que recorre el nacimiento del Niño Jesús, desde la búsqueda de la posada, el nacimiento, la anunciación del Ángel a los pastores, la adoración y las ofrendas al Niño por los lugareños y la escena de los Reyes Magos guiados por una estrella hacia el portal de Belén.

El misterio de la Natividad representado en el pesebre era indispensable en todas las casas. Esta tradición ha pasado de padres a hijos, cómo la labor que realizan los artesanos que, empleando los materiales más sencillos crean una magia que no se pierde a pesar de los años.