Tradiciones de Navidad en Iberoamérica


 

En los diferentes países de latinoamérica existen muchas formas diferentes para una misma celebración: La Navidad. Aquí encontrarás una breve reseña de la celebración de la Navidad según las tradiciones de algunos países de Iberoamérica.

Argentina

 

Es una costumbre pedir a los niños que, con cierta anticipación escriban una carta a Papá Noel, pidiéndole regalos. En Nochebuena, al igual que cada noche del año, los niños acostumbran tomar un baño antes de ir a la cama. Ese momento es el que los padres aprovechan para poner los regalos debajo del árbol de Navidad. No sólo los niños reciben regalos sino también los adultos. Los regalos de Navidad se abren en Argentina a las 12 en punto de la noche, ni un minuto más ni un minuto menos.

Hay una variedad de platos que se sirven en la cena de Nochebuena, sin embargo, el más conocido y exquisito de ellos es el que en el mundo entero se conoce como las parrilladas o asados argentinos.

Bolivia

Los platos de la cena varían de acuerdo a la región, mas hay ciertas comidas que se comen en todo el país como el lomo asado depuerco o de res, papas al horno, ensalada de lechuga, rodajas de tomate y cebolla, locotos o frijoles y abundante bebida. Otro plato delicioso es la sopa hecha con vegetales, choclo fresco, vino, papas, tres clases de carnes y especerías como el clavo de olor.

No es común en Bolivia ver luces o decoraciones por todos lados en esta época. La Navidad es eminentemente la fiesta de la alegría del corazón. El despliegue de luces se reserva para la bienvenida del Año Nuevo.

Chile

Los niños creen en Papá Noel, mas en Chile es llamado Viejo Pascuero. En Nochebuena se prepara una cena completa que se sirve a las 9:00 p.m. En ella se come pavo asado con castañas, ensalada de papa cpn mayonesa, ensalada de apio con palta (aguacate), ensalada de repollo con manzana, arroz con pasas y otra ensalada de betarraga. Como postre se como el Pan de Pascua que se vende en todas las panaderías. Hay una bebida conocida con el nombre de Cola de Mono, que es un ponche hecho de pisco con café con leche, azúcar y canela y es muy suave. Otra bebida popular es el rompón, que se hace con ron, leche, yemas de huevo, vainilla y azúcar, y se sirve frío cuando los amigos vienen de visita por la temporada navideña.

La cena se termina a las 12 de la noche, hora en la que se abren los regalos.

La Temporada navideña termina el 6 de enero con la Epifanía. No hay ningún acto en especial, sin embargo, en Chile, este día es llamado La Pascua de los Negros, en honor a uno de los Reyes Magos que vino del África.

Colombia

La cena de Navidad consiste de pollo, lechona (que es un puerco relleno), ensalada con encurtidos, papa pequeña amarilla y tamales cubiertos de oja de plátano. Los dulces de esta época son las galletas de diferentes sabores, el manjar blanco con dulce en caldo, es decir con dulce desamargado, que se hace con azúcar, clavo de olor, cáscara de limón, mamey y brevas. Otros postres deliciosos son los buñuelos, hojaldres, y natillas, que se hace con leche y azúcar.

El 6 de enero es el día en el cual os ahijados reciben regalos. Siendo el padrnazgo una institución muy arraigada en la cultura, los padrinos o madrinas son personas muy especiales en la vida de los niños, una especie de ángeles guardianes que podrían sustituir a los padres si éstos faltasen.

Costa Rica

Las celebraciones de Navidad en Costa Rica empiezan el primer día de diciembre y terminan el 2 de febrero, cuarenta días después del nacimiento de Jesús. El 2 de febrero se celebran tres festividades. Una de ellas es el Rito de Purificación de la Virgen María y otra, es la conmemoración de la Presentación del Niño en el Templo, que coincide con la primera. La tercera es la celebración del día del Candelero, que es una festividad observada en honor de los primeros cristianos que se regocijaron cuarenta días después del nacimiento de Jesús, haciendo una procesión alrededor de la iglesia en la que llevaban velas como un símbolo de purificación a través de la luz.

La época de Navidad está marcada con muchas tradiciones en la mesa familiar. Se come tamales hechos de masa de maíz y papas aplastadas. A esta masa se agraga pollo y cerdo y esta mezcla se derrama sobre una hoja de plátano verde para hacerla hervir. Ese tamal es muy típico de Navidad.

Cuba

Las tradiciones navideñas de la isla de Cuba se mantuvieron sólo por dos años después de la Revolución de 1959. Al implantarse el sistema marxista se arrancaron todas las raíces de las tradiciones navideñas. Las generaciones que vinieron después tienen que preguntar a sus abuelitas y tías sobre lo que se acostumbra hacer en Navidad, ya que los jóvenes no son testigos de estas vivencias.

República Dominicana

En Nochebuena se prepara la cena que consiste de pavo asado o de puerco asado, con dulces especiales de Navidad como postres, tales como el arroz con dulce y pasteles en hoja de plátano. Algo típico es comer el Pan de Huevo y carnes que se preparan de diferentes maneras de acuerdo a la región. Una vez que la comida está lisa, se comparte con los vecinos y con los más desafortunados, ya que los dominicanos son gente generosa y de muy buen corazón. Finalmente se reúne la familia íntima y se cena antes de asistir a la Misa de Gallo.

Ecuador

Actualmente se cena antes de las doce, aunque por muchos años la costumbre era cenar a las doce de la noche. Una vez en la mesa, como entrada se sirve consomé de pollo y el plato fuerte puede ser uno de estos: pavo o pollo relleno, hornado con agrio o pernil. El postres que “hace la boca agua” con sólo mencionarlo es el pristiños con miel de raspadura, que es el postre que no falra, aun en los hogares más humildes. El canelazo quiteño es una bebida caliente que se brinda en esta época para combatir el frío de la noche. Se hace poniendo a hervir agua, canela, azúcar, clavo de olor y un poco de anizado. Al terminar la cena se procede a abrir regalos y el hogar se llena de algarabía, papeles rotos y abrazos de agradecimiento.

El Salvador

La Nochebuena es muy importante en El Salvador. Los niños rcogen y preparan sus cohetes y esepran con ansia el día siguiente para abrir los regalos. Las familias se reúnen a dar gracias por ser éste el evento más importante del año. Antes del cena, la gente asiste a la Misa de Gallo, donde se cantan villancicos. Las Pastorelas y Posadas también se celbran en Nochebuena. Estos son dramas de Navidad en los que gente de varias edades se viste con bufandas de seda de colores brillantes, blusas decoradas con lentejuelas y encajes, y llevan cayados de pastores y campanas. La música se toca usando instrumentos e percusión. Todos cantan y bailan los más tradicionales cantos de Navidad como “Noche de Paz” y el “Tamborilero.”

La cena de Naidad es un tradición familiar. Las casas huelen a deliciosa comida. Se sirve pavo, jam[on y carne molida que se acompaña con arroz y vegetales. Como postre se come pies, galletas y preparados de manzana. El plato favorito es el tamal, que se hace con ingredientes seleccionados cuidadosamente y horneados a la perfección. Se toman gaseosas, y también vino o cerveza.

Guatemala

Nochebuena es una noche especial en Guatemala. Los guatemaltecos se reúnen con su familia inmediata. Mientras afuera los cuetes empiezan a sonar y reventar con estruendo en todas las calles de las ciudades y pueblos, en la intimidad del hogar se dice una oración de gracias antes de cenar. Posteriormente se abren los regalos y todos empiezan a bailar y cantar, disfrutando de la compañia mutua que crea lazos imborrables de unión que perdurán en los momentos difíciles de la vida.

Las delicias culinarias de la cena son muy tradicionales, pero pueden variar de acuerdo a la región del país. Lo más típico es comer tamales y ponche. Dentro de la masa de los tamales se pone carne de marrano o coche con una deliciosa salsa de tomate. El ponce, en cambio, se hace hirviendo frutas secas, pasas, ciruelas, dátiles, azúcar morena y un poco de licor.

Honduras

La temporada de Navidad se inicia oficialmente el 24 de diciembre con la aparición de Warini , nombre con el que se conoce al precursor o heraldo de la Navidad. Este es un personaje que danza de casa en casa cubierto con una máscara y acompañado de cantantes y dos tamborileros. La próxima vez que se le ve danzar en el 6 de enero, marcando el final de la temporada navideña.

En Nochebuena se preparan platos que se sirven muy elegantemente en la mesa. Los platos principales son pavo relleno y lechoncitos. Mientras dentro de las casas se aspira un ambiente lleno de amor, en las calles de toda ciudad y pueblo hondureño se escucha el ruido de los cohetes reventándose y los juegos pirotécnicos. Cuando éstos terminan de tronar, se intercambian abrazos, se hace el brindis y se empieza a servir la cena.

México

Desde el 16 al 24 de diciembre se realizan cada noche Las Posadas, que son las celebraciones más importantes de esta época. A través de estas celbraciones se recuerda el pereginaje lleno de incertidumbres que José y María tuvieron que realizar al viajar a Belén para los censos. Las Posadas poseen elementos de las tradiciones del pasado y de la historia de las luchas del pueblo de México por mantener su fe.

En Nochebuena se convida a amigos y familiares para la cena. Las comidas típicas incluyen pavo relleno con almendras, filete de res y pescado seco. Otras delicias adicionales son plátanos y verdes, pasas, aceitunas, pan blanco, tamales, romeritos, buñuelos hechos con casa, pozole y ponche mexicano.

Nicaragua

La mañana del 24 de diciembre los hogares nicaragüenses se convierten en lugares de regocijo en donde se prepara la cena de Nochebuena. En Nicaragua se invita a amigos y familiares a los hogares a pasar la celebración del nacimiento del Niño Dios. La cena de Nochebuena se prepara muy laboriosamente con los miembros de la familia. El plato típico es el arroz a la valenciana, que es la versión latina de la paella de España, gallina de patio, nacatamal (un tamal hecho de harina de maíz, pollo o cerdo, papas, cebollas, arroz y menta envuelto en hojas de plátano). Se sirve pan recién salido del horno y hecho en casa. Como postre se come bizcochos y se bebe ponche, que es una bebida hecha de ron.

Panamá

Asistir a la Misa de Gallo es un acontecimiento muy especial para los panameños. Es prácticamente el momento cumbre de las celbraciones navideñas.

Al terminarse la misa todos salen llenos de contento a visitar y abrazar a los amigos. Una cena especial espera en casa al regresar. Panamá dsifruta de una variedad de mariscos gracias a su ubicación geográfica junto al mar: pulpos, lnagostas, cangrejos, camarones gigantes y mucha variedad de pescado. Hay el sabroso sancocho y el plato de todos los días con el arroz con coco o guandu, o arroz con fréjol. Como postres se disfruta de arroz con piña y se sirven piñas coladas sin alcohol.

Paraguay

La Nochebuena se celebra con una cena familiar. Los platos principales que se sirven son pato, ryguazu kae – que es como se llama al pollo-, cordero y pavo. Kiveve es un plato a base de andai (calabaza), idóneo para acompañar el famoso asado. Se sirve un sopa paraguayana, que es muy espesa y se parece al soufflé, también se sirve de ensalada. Los postres y bebidas son ligeras, ya que es verano y hace calor. Se toma un poco de cerveza, empero, la sidra es una bebida común. Después de la cena la familia asista a misa.

Peru

La reunión de Nochebuena es generalmente en la casa de los abuelos, donde se amontonan los regalos que señalan a quien pertenece: “de tal para tal”. Los niños juegan en la calle reventando cohetillos y los adultos se juntan para la charla, los brindis y los preparativos.

Cuando dan las 12 de la medianoche se coloca al Niño Jesús en la cuna, se reparten los abrazos, se hace una mención de agradecimiento y bendición para el hogar y, por fin, se abren los regalos y se inicia la cena.

La cena tradicional es el pavo al horno o el pollo dorado, que lleva los más diversos rellenos según el gusto de cada ama de casa. Como postre se tiene panetón, que es un bizcocho de pasas con frutas glaseadas y se bebe chocolate caliente.

Puerto Rico

 

Las celebraciones de Navidad en esta preciosa isla borinqueña duran varios días. Empiezan en diciembre con las oraciones de Adviento, y concluyen oficialmente en enero con la celebración del Día de los Reyes. Con todo, ésta puede extenderse hasta el rezo de las Octavitas, que vendría a ser ocho días después de Epifanía.

Familiares y amigos participan de las Parrandas o Asaltos en las que la gente se entretiene con alegría. Las Parrandas puertorriqueas son visitas sorpresas de amigos y familia a un hogar en la época de Navidad. Grupos de gente van de casa en casa durante las parrandas.

Nochebuena se celebra con la familia íntima y los amigos más queridos. La típica comida que se prepara es arroz con gandules y plátanos fritos, guineos cocidos, lechón asado o puerco a la varita, morcillas y chicharrones. Los postres favoritos son arroz con leche, tembleque, nueces, avellanas, turrones, dátiles y el conocido coquito, que es una bebida preparada con leche de coco y licor.

Uruguay

Las tradciones navideñas de Uruguay son muy similares a las de Europa debido a la influencia de los inmigrantes europeos que se establecieron en este país. Durante la temporada navideña, Uruguay goza del clima caliente, las comidas típicas de Navidad como el pollo asado y los postres de nueces y fruta seca con cream siguen siendo una tradición.

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Los soplidos del diablillo, o borreguitos a Belén


Los soplidos del diablillo, o borreguitos a Belén

 

Teresa Valenzuela

 

 

 

Personajes

 

Estrella

Diablillo

Arcángel

Gila:            Madre de Fileno y Lucinda

Bato:           Esposo de Gila

Fileno:        Hijo de los anteriores

Lucinda:     Hermana de Fileno

Abuela:       Madre de Bato

Animales:    Tres borreguitos —cuando menos—, un tigre, una mariposa,

un gallo, una gallina, pollitos, un león, un ratón, un elefante… etcétera.

 

 

 

(El escenario representa un paisaje campirano en donde hay una chocita de dos dimensiones, con dos ventanitas y pintada por ambos lados; de tal modo que por una de sus caras sea la choza y por la otra para el Nacimiento. En el fondo se ven un par de arbolitos y otros dos en primer término, también éstos de dos dimensiones. En el último plano habrá un cerrito también plano, detrás de éste sale la Estrella que puede ser un títere, una actriz o actor, y trae un silbato.)

 

Nota: la música para todas las canciones pueden tomarla de rondas y juegos infantiles (así debe sonar.), pero sería más divertido inventarla.

 

Estrella:                  (Entra, sopla un silbato y canta.)

¡Pastores! ¡Pastores!

les vengo a avisar,

que pronto, muy pronto

¡pronto llegará!

¡Vengan todos!

¡Vengan todos!

¡Vengan ya!

Síganme los pasos,

los voy a llevar

¡a Belén!, ¡a Belén!

 

Borreguitos:          (Entre los árboles.)

¡Beeee! ¡Beeee! ¡Beeee!

 

Estrella:                  Allá va a nacer

el niño precioso

portador del bien (Se repite toda.)

 

Gila:                        (Asomada a una ventana de la choza.)

¡Qué escándalo traen, borregos!

¡Bato! Deja de cenar

y asómate al corral.

 

Bato:                       (Asomándose por la misma ventana y con la boca llena.) ¿Qué quieres, Gila?

¡Qué gritos!

 

Gila:                        (Mirando a todos lados.)

Sal a ver los borreguitos;

algo pasa, están inquietos.

 

Bato:                       (Quitándose de la ventana.)

No, se enfrían mis tamalitos

 

Fileno:                    (Asomándose por la misma, bosteza.)

¿Qué pasa, má?

 

Gila:                        Sal tú, hijo, ve a ver los animalitos.

 

Fileno:                    (Retirándose.) No má, yo estoy recansado.

 

Gila:                        (Gritando hacia el interior.)

¡Hija! ¡Lucinda! Ven tú.

 

Lucinda:                 (Peinándose por la otra ventana.)

Dime, má, ¿pa’ qué me quieres?

 

Gila:                        (Saliendo de la choza.)

Acompáñame acá afuera.

 

Lucinda:                 (Retirándose.) ¡Me estoy haciendo caireles!

 

Gila:                        (Ya afuera.)

¡Qué familia tengo yo!

Un marido retragón,

un hijo siempre cansado

y una hija de pilón

¡qué sólo piensa en peinados!

(Gritando con toda su voz.)

¡Vengan acá! ¡Salgan todos!

¡Qué salgan, digo! ¡O los traigo!

 

(Salen de la choza todos menos la abuela que se asoma por una ventanita.)

 

Abuela:                   ¡Ay, hija! Qué mal carácter,

por cualquier cosa te enciendes.

 

Gila:                        (Buscando temerosa.)

A ver, miren ¡no hay un lobo!

 

Abuela:                   (Mientras todos buscan, ella pregunta a los borreguitos.)

¿Qué traen, chiquitos? ¿Qué tienen?

 

Fileno:                    (Burlón.) ¡Ay, abuela, sino hablan,

¿cómo quieres que contesten?

 

Abuela:                   Pos no hablarán, pero entienden. (Los borreguitos señalan con sus pezuñas

                                al cerro.) ¡Miren! ¡Allá, sobre el cerro!

 

Estrella:                  (Cantando.) ¡Pastores! ¡Pastores!

Por fin salieron,

ya tengo buen rato

detrás de este cerro.

Tenemos que ir juntos,

ustedes a pata

y yo por el cielo.

 

Todos:                    (Cantando.) ¿A dónde nos llevas,

hermoso lucero?

 

Estrella:                  (Cantando.) ¡A Belén!

 

Todos:                    (Cantando.) ¿A Belén?

 

Borreguitos:          ¡Beeee! ¡Beeee! ¡Beeee!

 

Estrella:                  (Cantando.) Allá va a nacer:

de Santa María

también de José

un niño precioso

portador del bien.

 

Borreguitos:          ¡Beeee! ¡Beeee! ¡Beeee!

 

Todos:                    (Cantando.) ¡Vamos, todos, pronto!

vayamos a ver,

ese niño lindo

que allá va a nacer.

 

Estrella:                  (Cantando.) Síganme de cerca

no se han de perder,

que hoy a todo el mundo

¡lo iluminaré!

 

Todos:                    (Cantando y siguiendo a la estrella salen de escena.)

¡Pues vamos contentos

vamos a Belén!

 

(Inmediatamente después que ellos salen entra a escena el diablillo, enfadado y arremedando los cánticos con sorna.)

 

Diablillo:                 ¡Ay, sí! Muy felices. ¡Bah!

¡Fuchi! ¡Qué noche más fea! Todita llena de luz

(Lloriquea.)

¡Ay, qué desgracia la mía!

Hoy nacerá ese Jesús.

Se acabaron travesuras

y tantas lindas diabluras.

¡Ay! De hoy en adelante,

me las he de ver reduras.

                                (Se suena la nariz y va cambiando su actitud.)

¡Pero qué saco con quejas

y con palabras ociosas!

¿Tengo yo delante rejas?

¿Qué no puedo yo hacer cosas?

¡No cejaré en mis intentos!

Para eso soy Lucifer:

¡puedo idear muchos entuertos!

                                (Maquinando sus planes.)

Si bien no puedo impedir

que nazca mi archienemigo,

muy bien puedo conseguir

que no tenga ni un testigo.

 

Arcángel:               (Entra espada en mano.)

¡Alto! ¡Detente, cobarde!

Que imagino ya tus planes.

¡Pro te advierto que es tarde

para que hagas tus desmanes!

 

(El diablillo se ha tirado al suelo tapándose la cara de los destellos que se desprenden del arcángel, éste le pone el pie encima.)

 

Arcángel:               ¡Esta noche nacerá!

el que te tendrá en la raya,

y yo mientras con mi espada,

no te dejaré hacer nada!

 

Diablillo:                 (Se incorpora y saca lentes oscuros, se los pone.)

¡No es justo tu proceder!

¡Ni es gallarda tu conducta!

Abusas de tu poder,

siquiera entremos en justa.

 

Arcángel:               (Muy seguro de sí.) ¡Me retas!

¿Tú?, chamuscado.

¡Pobre diablillo igualado!

 

Diablillo:                 (Muy decidido.)

¡Sí! Te reto. ¡A eso me atrevo!

A menos que…. tengas miedo,

¡grandote güero emplumado!

 

Arcángel:               (Riendo jactancioso.)

¿Yo, a un diablillo tener miedo?

¿Y cuando ya está acabado?

                                (Cuadrándose.)

¡No me hagas reír, que pierdo

la seriedad de mi grado!

 

(Echa vaho sobre sus insignias militar-celestes y las limpia.)

 

Diablillo:                 (Entusiasmado.) Bueno, pues, si tanto fías

de tu fuerza y poderío,

¡hagamos un trato ahora!

No llegue la sangre al río.

                                (Rodeando al otro acariciándole sus barbitas de chivo.)

Según tú, los pastorcitos

van muy contentos y unidos…

 

Arcángel:               (Interrumpiendo muy seguro de sí.)

¡Así es! A Belén van

en santa paz y armonía,

y antes de que sea de día

todos allá llegarán.

 

Diablillo:                 (Salta muy emocionado.)

¡pues ése será mi intento!

 

Arcángel:               (Burlón.) ¿Detenerlos?

 

Diablillo:                 (Fingiendo modestia.) Pues… si puedo.

 

Arcángel:               (Entrando al juego.)

¡Yo digo que no podrás!

 

Diablillo:                 (Presionándolo.) ¿Cuánto apuestas?

 

Arcángel:               (Muy entrado.) ¿Cuánto trais?

 

Diablillo:                 (Saca de su traje un montón de billetes verdes y los muestra.)

¡Esto! ¿Y tú?

 

Arcángel:               (Cohibido.) ¿En efectivo?

 

Diablillo:                 ¡Claro!

 

Arcángel:               (Aparentando dignidad.)

¡Nada! Que me está prohibido.

 

Diablillo:                 (Abanicándose con sus billetes muy orondo.)

¡Pues yo con esto sí hablo!

Tú, para ser celestial,

resultaste un pobre diablo.

 

Arcángel:               (Ofendido.)

¡Yo no apuesto! Que es indigno.

¡Y menos con sucia plata!

 

Diablillo:                 (Para presionarlo, se dirige al público.)

Ya decía yo que era “pico”.

Dice sí, ¡luego se raja!

 

Arcángel:               (Se siente comprometido, y cuadrándose….)

¡Un celeste militar, no tolera las ofensas!

Y mantiene su palabra.

 

Diablillo:                 (Contentísimo.)

¡Muy bien dicho! ¡Así se habla!

Apostaremos, entonces.

Que el plazo sea media noche;

si yo pierdo, me voy lejos

a refundirme al infierno…

 

Arcángel:               (Interrumpe despreciativo.)

¿Y ése sería mi premio?

 

Diablillo:                 (Manos a la cintura.) ¿Quieres más?

 

Arcángel:               (Señalando.) ¡Sí! Esos cuernos.

Y te he de mochar el rabo

¡pa’cerme un cinto de cuero?

 

Diablillo:                 (Socarrón.) ¿No quieres también orejas?

¡Si hasta pareces torero!

Pero acepto, en fin, sin quejas.

                                (Ahora él examina al arcángel de arriba a abajo.)

Bien. Si tú pierdes, yo quiero:

estas alitas lustrosas,

la diademita, las botas,

este traje tan dorado, al espada…

 

Arcángel:               (Con mordacidad.) ¡Yaaa! ¿Tantas cosas?

¡Si no soy palo encebado!

Pero acepto, que seguro,

¡nada lograrás con ellos!

 

Diablillo:                 (Con vehemencia.)

¡Una cosa quede clara:

no has de meter tu cuchara!

 

Arcángel:               (Cuadrándose.)

Yo prometo, por mis alas,

que no he de usar mis poderes

sobre criaturas humanas.

                                (Suspira satisfecho.)

¡Los humanos son sensatos!

 

Diablillo:                 (Con sonrisa maligna.) Tú lo dices…

 

Arcángel:               (Saluda militarmente.) ¡Lo aseguro!

 

Diablillo:                 (Entusiasmadísimo.)

¡pues lo veremos al rato!

 

(Salen ambos. Antes de esto pueden sacar entre los dos la chocita, así quedará el campo abierto a donde llegarán los pastores después de caminar un buen trecho.)

 

Bato:                       (Secándose el sudor de la frente y sentándose.)

¡Aquí hemos de hacer un alto

para agarrar el resuello!

 

Abuela:                   No, sigamos caminando

que Belén to’via está lejos.

 

Fileno:                    (Acostándose.) ¡Abuela, no seas ansiosa!

 

Gila:                        (Dejando su canasta.) Sí, suegra, mire en el cielo

la estrella que es el señuelo;

tras una nube reposa.

 

Bato:                       (Destapando la canasta.) ¡Yo, mientras, me echo un buñuelo!

 

Lucinda:                 (Peinándose como siempre.)

¡Pero, pá, si son la ofrenda

que al Niño Dios le daremos!

 

Bato:                       (Comiendo con deleite.)

Pos yo no creo que se ofenda

si le damos uno menos.

 

Borreguitos:          (Balan con la lengua de fuera.)

¡Beeee! ¡Beeee! ¡Beeee!

 

Gila:                        (Gritando.)

¡Callen esos animales!

Ponen de punta los nervios.

 

Abuela:                   (Viéndolos.)

¡Pos no ven que tienen sed!

Llévalos al río, Fileno.

 

Fileno:                    (Levantándose de mala gana y rascándose la cabeza.)

¿A cuál? Ni he visto ninguno.

 

Abuela:                   ¡Lo acabamos de pasar!

 

Fileno:                    (Buscando pretexto.)

¡Ah! ¿Sí! ¡pero está reoscuro!

 

Gila:                        (Perdiendo la paciencia.)

¡Fileno, eso no es verdad!

Pero pa’ quitar pretextos…

(A la hija que, para variar, se está peinando.)

Hija, velo a acompañar.

 

Lucinda:                 (Rezongoncilla.)

¡Ay, no! al ratito, má.

 

Gila:                        (Con impaciencia.) ¡Ya déjate de peinar!

¡Para qué traen animales,

si no los van a cuidar!

 

Lucinda:                 (Incorporándose para cumplir con la orden.)

Pos sí, bastante tenemos

Con la lata de Fileno.

 

Fileno:                    (Saliendo con la hermana y los borreguitos.)

¡La abuela a fuerzas los trajo!

 

Estrella:                  (Saliendo detrás de la nubecita sopla el silbato, toma su hato y canta.)

¡Pastores! ¡Pastores!

¡Vámonos ya!

Ya estuvo bueno

de tanto descansar.

 

Gila:                        (Grita con enfado.) ¡Ya vamos!

(Por abajo.) ¡Qué lata das!

 

 

(La Estrella la alcanza a oír y muy enfadad ve su reloj de arena y se mete detrás de la nube rezongando: ¡Pos quiénes se creen pa’que una los espere! ¡Ni que yo tuviera su quehacer!, etc. Todos los rezongos entre dientes.)

 

Abuela:                   (Conciliatoria.) No te enfades, lucerito,

nomás regresan los niños

y seguimos el camino.

 

Gila:                        (A Bato, que ya va en el tercer buñuelo.)

¡Bato, deja los buñuelos!

Dijiste uno y ya van tres.

 

Bato:                       (Con la boca llena.)

¡Ay, Gila, es que están rebuenos!

 

Abuela:                   Sí, hijo, pero no está bien.

Mira, mejor ve a traer unos

leños pa’ hacer fuego

que el frío me hace padecer.

 

 

 

(Bato sale, y mientras la abuela se soba sus reumas entra el diablillo disfrazado de pastor.)

 

 

Diablillo:                 (Acercándose.)

¡Buenas noches, sus mercedes!

 

Gila y la Abuela:    Muy buenas las tenga usted.

 

Diablillo:                 ¿Qué hacen por estos caminos?

 

Abuela y Gila:        Vamos de viaje a Belén.

 

Diablillo:                 (Con fingida sorpresa.)

¡Vaya, qué casualidad!

Fíjense que yo también

Si quieren, vamos ahí juntos,

yo conozco esto rebién.

 

Gila:                        (Haciéndole lugar.)

Pues, siéntese, descansemos.

¿Le ofrecemos un café?

                                (Se dispone a servírselo.)

 

Abuela:                   (Disculpándose.)

Nomás que está un poco frío,

al ratito haremos fuego.

 

Diablillo:                 Más vale pronto que luego.

 

Abuela:                   (Sonriendo comprensiva.)

Yo también prefiero

tomar las cosas calientes.

 

 

(El diablillo que está entre las dos, sopla hacia Gila y ella se pone agresiva, casi echando chispas por los ojos.)

 

Gila:                        ¡Por qué ya esta retechocha

y le rechinan los dientes!

 

 

(El demontre sopla ahora hacia la anciana y ella también se pone violenta.)

 

 

Abuela:                   ¡Pero a tu edad trabajaba,

hacía todo mi quehacer!

¡Y no como tú, enojada,

sino con mucho placer!

 

 

(Ahora el ángel caído sopla de nuevo hacia la furiosa Gila.)

 

 

Gila:                        (Alzando más el volumen.)

¡Pues cómo me quiere ver,

si aparte de mi familia,

a usted tengo que atender!

 

 

(El chamuco divertidísimo vuelve a soplar a la viejecita.)

 

 

Abuela:                   (Gritando más que Gila.)

¡¿Te pesa una pobre vieja?!

¡Pero madre soy de aquél!

No sé cómo no te deja,

tú no eres buena para él.

Mi Bato, tan buen muchacho,

¡cómo te fue a conocer!

 

 

(Luzbel inmediatamente sopla sobre la otra, que está a punto de golpear a la anciana. Bato entra sin ser advertido.)

 

 

Gila:                        (Como loca.)

¡Pues para que se lo sepa!

Bien harto que me rogó.

¡Y yo nomás le di el sí,

de peritita compasión!

 

 

(Belcebú rápido sopla hacia la viejita, que está como agua para chocolate.)

 

 

Abuela:                   ¡Sí, cómo no! ¡Vete al diablo!

 

Gila:                        ¡Usted vaya al manicomio!

junto con su hijo panzón

¡que traga como un demonio!

 

 

Diablillo:                 (Por lo bajo.) ¡Sin ofender, por favor!

 

Bato:                       (Acercándose a Gila amenazador y con un leño en la mano.)

¡Así que soy un panzón!

 

Gila:                        (Sorprendida y saliendo del encanto demoniaco.)

¡Bato!

 

Abuela:                   (Acusadora.) ¡Hijo! ¡Me gritó!

 

Bato:                       (Persiguiendo a Gila.) ¡Orita verás, indina!

 

Abuela:                   (Ya fuera del encanto persigue a Bato.)

¡Cálmate, m’ijo! ¡Por Dios!

Yo provoqué sus palabras.

¡No sé lo que me pasó!

 

 

(Gila logra escapar y sale de escena, el diablo sopla hacia Bato.)

 

 

Bato:                       (A su mamá.)

¡Usté no se meta má!

¡Que en mi mujer mando yo!

Ya estoy harto de sus cosas.

¡No sea metiche! ¿Me oyó?

 

 

Abuela:                   (Sorprendida y ofendidísima inicia mutis.)

¡Ya no me vuelvas a hablar,

si no es pa’ pedir perdón! (Sale.)

 

Bato:                       (Ya fuera del infernal encanto se lleva las manos a la cabeza.)

¡Ah, caray! ¿Qué me pasó?

¡Nunca a Gila había reñido!

Y a mi mamacita, ¡menos!

 

Diablillo:                 (Acercándose.) ¡Se lo tenían merecido!

 

Bato:                       (Con intuitiva desconfianza.) ¿Y usté qué?

¿Nos conocemos?

 

Diablillo:                 (Modosito.) Soy un pobre peregrino

que también va hasta Belén.

 

 

(Rápidamente saca de entre sus ropas, como mago, las cosas que va nombrando.)

 

 

Diablillo:                 Y llevo allá estas ofrendas

de frutas, quesos y miel.

 

Bato:                       (Ve las cosas, se relame.)

¡Hummmm! ¡Qué deliciosas se ven!

 

Diablillo:                 ¡Pos éntrele, le convido!

 

Bato:                       (Se lanza, pero se arrepiente.)

Se lo agradezco, mi amigo,

pero primero he de ver

a mi amá y a mi mujer,

pa’ pedirles me disculpen

por mi ingrato proceder. (Inicia mutis.)

 

Diablillo:                 (Poniéndose adelante.)

¡No lo han de querer ni ver!

Déjeme que yo les hable,

conmigo serán prudentes;

usted satisfaga su hambre

y quédese sin pendientes.

                                (Señala afuera del escenario poniendo la comida como cebo.)

Mire, allá tras esas piedras,

he dejado otras cosillas:

frijolitos, quesadillas,

arroz con mole, enchiladas.

                                (Bato ya va en la dirección que le indica como robot goloso.)

Memelas, tortas ahogadas,

¡ándele, hombre, corra! ¡Vaya!

                                (Ya a solas.)

Mi plan resulta certero,

Acabaré por ganar.

                                (Mirando hacia el cielo.)

¡Angelito! ¡Tres a cero!

¡Vete poniendo a rezar!

                                (Refiriéndose a los chamacos.)

Ora me faltan los menos,

¡no se podrán escapar!

                                (Sale.)

 

Arcángel:               (Entrando inmediatamente.)

¡Santo Cielo! ¡Qué desorden! ¡Gila llora por allá,

la abuela hace otro tanto

y aquél nomás tragando!

                                (Desesperado y triste.)

Y prometí no meterme,

porque confié en el buen juicio

de esta simple y débil gente.

                                (Se cuadra y habla para sí.)

¡Pero tente en tus angustias!

¡Ajústate bien las alas!

Que encontrarás algún modo

de contrastar sus diabladas.

                                (Mirando hacia afuera.)

¡Allá viene! ¡Yo me aparto!

Que he de ver sus tarugadas

sin faltar a nuestro trato.

 

 

(Se esconde tras un árbol y entran Lucinda, Fileno, los Borreguitos y el Diablillo; parece como si hablaran desde hace rato.)

 

 

Fileno:                    (Rascándose la cabeza.)

¡Apenas lo puedo creer!

 

Diablillo:                 Pues es verdad, se los juro.

 

Fileno:                    (Aún incrédulo.)

¿Verdad de Dios?

 

(Diablillo se tapa las orejas dolido al escuchar el nombre.)

 

Lucinda:                 (Reprendiéndolo.)

¡Ay, Fileno! Sabes muy bien

que no es bueno jurar en vano por Dios.

 

 

(Lucifer se vuelve a tapar las puntiagudas orejas.)

 

 

Diablillo:                 (Destapándose las orejas.)

Así es que…

 

 

Fileno:                    (Interrumpe y se persigna.)

¡Perdón, Diosito!

 

Diablillo:                 (Harto, le tapa la boca.)

¡Bueno, ya! Pues les decía,

que su familia me dijo

les diera ese recadito.

“Que como tanto tardaban,

luego allá los alcanzaran”.

 

 

(Sopla hacia Fileno que cae como fulminado.)

 

 

Lucinda:                 (Al hermano.) ¡Fileno, vente!

 

Fileno:                    (Cierra los ojos.)            ¡Al ratito!

                                (Bosteza.) Deja que me eche un sueñito.

 

 

(La Estrella ha salido de su nube y se despereza, ve su reloj y alarmada toca el silbato.)

 

 

Estrella:                  (Cantando.)

¡Pastores! ¡Pastores!

Hay que caminar,

vámonos, ¡de prisa!

Se hace tarde ya.

 

Borreguitos:          (Asienten con sus cabecitas y balan.)

¡Beeee! ¡Beeee! ¡Beeee!

 

Estrella:                  Órale, ¡de prisa!

No tengo su quehacer.

 

 

(Como no ve que le hagan caso se enfurruña y se mete a la nube rezongando entre dientes.)

 

 

Lucinda:                 (A Fileno.)

¿Oiste, hermanito= ¡Vamos!

 

Diablillo:                 (Feliz.) ¡Ya se durmió el pobrecito!

¿Para qué lo despertamos?

 

Lucinda:                 (Resignada y paciente se dispone a cargarlo.)

Siempre es lo mismo con él.

                                (Logra levantarlo e inicia mutis.)

¡Ay, eso de tener hermanos

que una tiene que cuidar!

Onde quiera llego tarde

Por tenerlo que cargar.

 

Diablillo:                 (Sopla sobre su cabeza.)

Tú, tan bonita y preciosa,

no lo deberías de hacer;

así tendrías más tiempo

pa’ poderte embellecer.

 

 

 

(Ella pone cara de robot vanidoso y suelta al hermano que cae como costal de papas, peor ni así despierta. Satán la rodea.)

 

 

¿Así vas a ir a Belén?

Piensa, niña, qué de gente

para allá te puede ver.

¡Admirarían tu belleza

si te sabes componer!

 

 

(Saca listones de su traje, como mago; y con ellos la va atrayendo.)

 

 

Diablillo:                 Yo traigo en mi maleta,

muchas cosas como éstas:

moños, vestidos, peinetas,

zapatillas y collares;

enaguas de finas telas

¡con encajes!, ¡con olanes!

¡Coloretes y carmín!

 

 

Arcángel:               (Saliendo de su escondite impulsivamente.)

¡No, Lucinda! ¡No hagas caso!

 

 

(Demasiado tarde, ya salió de escena.)

 

 

Diablillo:                 (Disgustado.) ¡Ora, tú! ¿Qué haces aquí?

 

Arcángel:               (Furioso.) ¡Viendo tus trampas! ¡Traidor!

Con maléficos alientos,

envenenas su candor.

 

Diablillo:                 (Con cinismo.)

Sólo he puesto en movimiento

su peor inclinación.

 

Arcángel:               ¡Yo también podría soplarles

con mi aliento celestial,

y poner en movimiento

su bondad espiritual!

 

Diablillo:                 (Amenazador.) ¡No te me eches para atrás!

Porque quedamos bien claros,

que nada ibas a hacer

con estos mensos humanos.

 

Arcángel:               (Derrotado.)

¡Es cierto, admito mi falla!

 

Diablillo:                 (Saltando de gusto le jala el traje.)

¡Pues caite con lo pactado!

 

Borreguitos:          (Balando.) ¡Beeee! ¡Beeee! ¡Beeee!

 

Arcángel:               (Los ve y se ilumina el rostro.)

¡Aún no ganas, canalla! ¡Y los puedo ver salvados!

 

 

(Sopla con fuerza hacia los borreguitos y ellos muy asombrados de sí mismos empiezan inmediatamente a hablar, corren a todos lados gritando a sus amos. El arcángel y el diablo se esconden tras los árboles. Entra música.)

 

 

Borreguitos:          ¡Beee!….ee! ¡Ve! ¿Eh?

¡Ve a Belén!

¡Fileno, despierta!

¡Lucinda! ¡Abuela!

¡Vengan también!

¡Bato y Gila!

¡Toda la familia!

 

 

(Han entrado todos y tomándose de las manos hacen una rueda y cantan.)

 

 

Todos:                    Olvidemos muinas,

vanidad y afrentas,

los animalitos

dicen cosas ciertas.

                                (Juntan las manos al centro de la rueda.)

Juntemos las manos

en señal de unión,

                                (Se hincan para levantarse enseguida y seguir la rueda.)

y por nuestras fallas

pedimos perdón.

                                (Se repite.)

 

 

(Una poco antes de que terminen la repetición de la ronda, la estrella sale de su nube y los interrumpe con un silbatazo y los obliga a seguirla, salen con prisa aguijonados por los regaños y rezongos de la gruñona luminaria.)

 

Estrella:                  ¡Primera, ahí están de pelioneros,

y una a esperarlos!

Luego se contentan y

¡se ponen a cantar!

¡No vuelvo a hacerla de guía!

¡Estos pastores son peores

que turistas! (Etcétera, etcétera.)

 

 

(La actriz se sabrá rezongos mejores, éstos son sólo sugerencias.)

 

 

Diablillo:                 (Saliendo de su escondite.)

¡Angelucho, has hecho trampa!

 

Arcángel:               (Saliendo del suyo.)

¡Ninguna! Pues convenimos

no haría nada con la gente…

¡Pero no hablé de bobinos!

 

 

(El diablillo se tira al piso haciendo berrinche y el arcángel prosigue su discurso muy emocionado.)

 

 

Arcángel:               ¡Ésa es la salvación!

Esta noche venturosa,

tendrán palabra y acción:

¡El tigre! ¡La mariposa!

 

 

(Entran a escena los susodichos y así irán entrando los demás cuando los vayan nombrando.)

 

 

Arcángel:               ¡El gallo y su esposa!

¡Los pollitos, el ratón!

¡El gato y el elefante!

¡La buena hormiga! ¡El león!

¡En fin, toda bestiecilla

que ha creado nuestro Señor!

 

 

(Los animales pueden ser más de los nombrados y sus vestuarios podrán hacerlos muy sugeridos: alitas de papel colorido, picos de cartón, etc., si no cuentan con muchos actores para esto, pueden animar títeres planos o de guate que se aforen detrás de un cerrito y de los árboles. En cuanto entren los primeros, si es que son actores, ellos mismos pondrán al centro del escenario el portal para el nacimiento. Mientras hacen esto, sucede la siguiente escena.)

 

 

Arcángel:               (Al diablillo, que no deja de hacer berrinche.)

¡Lucifer, vengan los cuernos!

 

Diablillo:                 (Retrocede asustado en cuatro patas.)

¡Nooo!

 

Arcángel:               (Acosándolo.) ¡Y venga también el rabo!

 

Diablillo:                 (Se incorpora horrorizado recogiendo su cola.)

¡¡Noooo!!

 

Arcángel:               (Trata de quitársela.)

¡Sí! Porque yo he ganado.

 

Diablillo:                 (Saliendo a la carrera.)

¡Yo no me quedo parado,

prefiero ser el rajón

y no se el descolado.

 

Arcángel:               (Saliendo de escena tras él.)

¡Detente, diablo panzón!

 

 

(Entra música. Entran los pastores y junto con los animales hacen una rueda alrededor del nacimiento. La Sagrada Familia puede hacerse con actores o pintada. Bailan en círculo y también haciendo pases paralelos, como “Cuadrillas”, cantando.)

 

Animales:               Queridos hermanos,

ya están en Belén,

el Niño precioso

acaba de nacer.

¡Déme, usted, su mano!

 

Pastores:               ¡Y, usted, su pezuña!

 

Todos:                    ¡Seamos las criaturas,

todas juntas, una!

 

Pastores:               Olvidemos muinas,

vanidad y afrentas,

los animalitos

dicen cosas ciertas.

Lo que nos distingue,

es tener razón;

pero la perdemos

al tratarlos sin amor.

 

Animales:               ¡Déme, usted, su mano!

 

Pastores:               ¡Usted, déme su ala!

 

Animales:               ¡Tenga, usted, mi pata!

¡Tome, usted, mi garra!

 

Todos:                    Olvidemos muinas,

vanidad y afrentas

los animalitos

dicen cosas ciertas.

¡A sus quejas mudas

estemos alertas!

 

 

(La música sigue. Todos corren rápidamente para acomodarse en el nacimiento. Se debe ver como nacimiento mexicano; cosas y animales de diversa índole, mezclados graciosamente pueden verse pastorcitos muy mexicanos con elefantes o caballitos más chicos que los borregos, etc.En este momento pueden entrar de nuevo el arcángel y el diablillo.)

 

Todos:                    (Cantando.)

El Niño Precioso

que a mundo llegó

¡ya abrió sus ojitos!

¡Llenitos de amor!

Y al mirarnos juntos…

¡¡También ya sonrío!!

 

 

(Todos se mueren de la risa muy contentos, la música en crescendo y el telón cierra lentamente.)

La caja misteriosa


La caja misteriosa

 

Dante del Castillo

 

 

Personajes

 

Satanás

Pobre Diablo

Celfa

Fileno

Bartolo

Gila

Bato

Espíritu de la Luz

 

En el concurso de pastorelas inéditas y originales, organizado por el PRI, esta obra obtuvo el primer premio.

Estrenada el 27 de diciembre de 1975 en el Jardín de San Fernando en la ciudad de México.

 

 

(Una encrucijada de caminos en la primera nochebuena. Al abrirse el telón, Satanás está parado junto a una gran caja oscura, mientras un pobre diablo está muy cerca de una señal de caminos que indica el rumbo hacia Belén. Se escucha música, los dos comienzan a bailar.)

 

Satanás: (Canta.)

Yo soy el mero rey de las tinieblas

el que todo lo corrompe,

el que busca hacer el mal.

No me conmueve nada

y quemo con el fuego eterno

a quien me quiere y me venera.

Nunca perdono y seré despiadado

hasta el final.

 

(Al terminar la canción dejan de bailar y Pobre Diablo muy cansado se acuesta muy cerca de la señal de caminos. Mientras Satanás se dirige al público.)

 

Satanás:

Esta noche, según todas las profecías…, deberá nacer en Belén, Jesús, el redentor del mundo. El Mesías esperado que habrá de combatirme siempre… Yo, para nada creo en esas cosas, sin embargo, he tomado mis precauciones.

Herodes, uno de mis grandes fieles servidores, ya mandó sacrificar a todos los infantes de esta región, y otros de mis esclavos, pequeños demonios y algunas almas en pena, están creando confusión en los caminos, evitando que alguien se aproxime a Belén…, ahora, que si algún peregrino lograra llegar a esa ciudad, nadie la dará alojamiento, porque yo he dejado soltar rumores de que muchos asaltantes se dirigen hacia allá. (Comienzan a reír.) Y por si todo lo que ya les dije fuera poco, (Se acerca a la caja.) en esta caja tengo encerrado algo que es muy valioso. (Ríe a carcajadas. De pronto se calla al oír los ronquidos del Pobre Diablo.) ¡Flojo! ¡Perezoso! ¿Es así como cumples con tu trabajo?

Pobre Diablo: (Con esfuerzo abre los ojos.)

Estoy muy cansado. He cambiado muchas señales de caminos. Sólo me  falta ésta.

Satanás:

Pues cámbiala inmediatamente, ¡holgazán! Con esa flojera jamás te ascenderé. Nunca dejarás de ser un pobre diablo.

Pobre Diablo: (Bostezando.)

Déjame descansar otro ratito.

Satanás: Nada, nada, ya descansaste mucho cuando vivías.

Pobre Diablo: (Trata de cargar la señal.) ¡Ay! ¡Ay! ¡Cuánto pesa!

Satanás: Mis cuernos pesan más y los cargo.

Pobre Diablo: (Desfallecido.) ¡Ya no puedo!

Satanás: ¡Claro que puedes! ¿O quieres que ahorita mismo te mande a  azotar?

Pobre Diablo:

No, no señor. Trataré de obedecerte. (Con grandes trabajos logra cambiar la dirección de la señal. Después, casi arrastrándose, se dirige a la caja. Se recarga en ella.) Ay! ¡Ay! ¡Qué cansado estoy!

Satanás: (lo aparta con su tridente.) Retírate, no toques esa caja.

Pobre Diablo: Sólo buscaba un lugar donde sentarme.

Satanás: Fuera, fuera de aquí, rufián apestoso.

 

(Con el mismo tridente lo empuja hacia un lado. El Pobre Diablo se sienta muy triste en el suelo.)

 

Satanás: (Va hacia él.) Levántate. Jamás deberás tener descanso.

Pobre Diablo:

Mejor hubiera trabajado cuando vivía… así no estuviera pasando esto.

Satanás: (Furioso.)

No me vayas a salir ahora conque eres un alma en pena arrepentida, porque ahorita mismo te mando a que te den tormentos.

Pobre Diablo: No, no, señor. Dime, ¡qué debo hacer?

Satanás: Vas a cuidar mucho esta caja mientras regreso

Pobre Diablo: ¿A dónde vas?

Satanás: Debo supervisar que estén apagados todos los fuegos de hogueras y chimeneas en toda esta comarca.

Pobre Diablo: ¡qué maldoso eres, señor!

Satanás:

No debe quedar ni una sola luz prendida, para que nadie encuentre el camino a Belén.

Pobre Diablo: Dicen que una estrella está guiando a la gente hacia allá.

Satanás: (Señala hacia el cielo) Sí, mírala, era aquella.

Pobre Diablo: (Esforzándose por ver.) ¿Cuál? No la distingo.

Satanás: (Se ríe.)

Ni tú, ni nadie, porque regué neblina por todas partes y, además, porque a esa estrella le falta brillo, por eso es tan importante que me vigiles muy bien esta caja.

Pobre Diablo: ¿Qué contiene?

Satanás: Nada que te interese. Son cosas personales, íntimas.

Pobre Diablo: (No muy conforme.) ¡Ah!

 

(Entra un grupo de pastores cantando muy animadamente.)

 

Todos:

            A Belén pastores,

vamos a Belén,

a ver a la Virgen

y al Niño también.

A Belén pastores,

vamos a Belén,

a ver a la Virgen

y al Niño también.

Celfa: (Se detiene.)

Esperen. Parece que por fin hemos llegado al cruce de caminos.

Bartolo: ¡Dónde estará la señal?

Celfa: Quien sabe, no se ve nada.

Fileno: ¡Rayos! ¡Centellas! ¡Diablos!

Pobre Diablo: Te llaman, señor.

Satanás: Shhh, cállate y empuja a Celfa hasta la señal.

Celfa: ¡Ay, Fileno! No empujes.

Fileno: ¿Yo? Estás loca, ni siquiera me he movido.

Celfa: (Tocando el letrero.) Pues alguien me aventó hasta la señal de caminos.

Bartolo: ¿Para dónde queda Belén?

Celfa: No sé, no distingo nada.

Bartolo: ¿Alguien trae cerillos?

Fileno: Yo. (Enciende uno. Satanás rápidamente se lo apaga.)

¡Ay, qué viento tan ardiente!

Bartolo: Es el viento del desierto.

Fileno: ¿En invierno y de noche?

Bartolo: Es verdad, debería ser frío y no caliente.

Celfa: ¡Qué extraño! ¿De dónde vendría ese viento?

Pobre Diablo: Del infierno, del infierno.

Satanás: Cállate, estúpido.

Celfa: Ay, ¿quién te habló tan feo?

Bartolo: Estoy temblando de la cabeza a los pies.

Fileno: A lo mejor sólo fue el viento.

Celfa: Eso habrá sido.

Bartolo: Enciende otro cerillo.

 

(Fileno enciende otro cerillo. Pobre Diablo lo apaga muy divertido. Enciende un tercero y Pobre Diablo lo vuelve a apagar.)

 

Satanás:

(Furioso. Se acerca a Pobre Diablo y de una oreja lo retira de los pastores. En voz baja.) ¡Metiche! ¡Tonto! ¿Quién te dijo que les apagaras los cerillos? ¡No ves que necesito que vean el letrero?

Pobre Diablo: Yo sólo quería quedar bien contigo.

Satanás: Silencio, silencio, nadie te pidió explicaciones.

Fileno: (Fileno enciende el cuarto cerillo y se acerca a la señal de caminos.)

Por fin veremos el letrero.

Bartolo: (Indica la dirección.) Por allá queda Belén.

Fileno: Pues en marcha, ¿qué esperamos?

Celfa: Faltan Gila y Bato.

Fileno: Ya nos alcanzarán.

Celfa: Pues a Belén, señores.

Bartolo: Vamos.

Fileno: Vamos.

 

(Los tres reanudan su marcha, cantando.)

A Belén pastores,

vamos a Belén,

a ver a la Virgen

y al Niño también.

A Belén pastores,

vamos a Belén,

a ver a la Virgen

y al Niño también.

 

(Salen. Pobre Diablo se acerca nuevamente a la caja.)

 

Satanás: ¡Quítate de ahí, ya te dije que no te acerques a esa caja!

 

(Aparecen dando traspiés Gila y Bato.)

 

Pobre Diablo: (Apartándose de la caja.) ¡Mira, ahí vienen otros pastores!

Bato: Desde aquí venían sus voces, pero no distingo nada.

Gila: ¡Ay, qué camino tan oscuro!

Bato: ¿Será éste el camino a Belén?

Gila: ¡Quién sabe! ¿Dónde estás?

Bato: Aquí, ven.

Gila: No miro nada.

Bato: (Jugando se tira en el suelo.)

Estoy aquí, muy cerca…, ven, ven. Guíate por mi voz.

Gila: (Camina hacia Bato, pero Satanás se interpone y ella choca con él. ¡Ay!

Bato: Gila, ¿qué te pasa?

Satanás: (A Pobre Diablo.) Tapa los oídos a Bato.

 

(Pobre Diablo obedece. Satanás agarra de una mano a Gila.)

 

Gila: ¡Ay, Bato. Me quemas!

Satanás: (Con voz muy seductora.) No soy Bato, soy Fileno.

Gila: Ay, pues suéltame, no me toques. (Grita.) ¡Bato! ¡Bato!

Satanás: No grites, que ocupado está.

Gila: ¿Haciendo qué?

Satanás: El amor con Celfa.

Gila: ¡Mentira!

Satanás: ¡Verdad!

Gila: (Grita.) ¡Bato! ¡Bato! ¡Bato!

Satanás: Ya ves como él no responde.

Gila: (Gritando más débil.)K ¡Bato! (Pausa.) ¡Ay, qué humillación!

Satanás: Ven, yo te voy a llevar a Belén.

Gila: No.

Satanás: Entonces, ¡te quieres quedar conmigo en este lugar?

Gila: Tampoco. Quiero regresar a mi casa.

Satanás: (La jala de una mano.) Pues allá te llevaré.

Gila: (Grita.) ¡Ay, mi mano! ¡Ay, suéltame! Fileno, me quemas. (Salen.)

Bato: Gila, ¿estás ahí? No sé lo que me pasa, pero no oigo nada.

Satanás: (Entra corriendo. A Pobre Diablo.) Ya, déjalo que oiga. (Pobre Diablo obedece.)

Satanás: (Haciendo de mujer.) ¡Bato! ¡Bato!

Bato: Ay, Gila, que raro hablas.

Satanás: No soy Gila, soy Celfa.

Bato: ¿Y qué haces tú, sola por aquí?

Satanás: Estaba esperándote.

Bato: ¿Esperándome? ¿A mí?

Satanás: A ti, especialmente.

Bato: ¿Para qué?

Satanás: Tienes que saberlo todo.

Bato: ¿De qué tengo que enterarme?

Satanás: De que Gila, aprovechando la oscuridad, se escapó con Fileno.

Bato: ¡Mientes!

Satanás: Ay, ¿cómo crees? Yo siempre digo la verdad.

Gila: (Entra gritando.) ¡Fileno! ¡Fileno!

Satanás: (Muy complacido. A Bato.) ¿Oíste?

Bato: ¿A quién le gritas, infiel mujer?

Gila: A Fileno.

Bato: (Furioso.) ¿A quién?

Gila: A Bato, dije.

Satanás: (Con su propia voz.) No es cierto, dijo a Fileno.

Bato: ¿Eh? ¡Quién está ahí?

Gila: Yo, Gila.

Bato: ¿Y nadie más? (Disminuye la oscuridad.)

Gila: (Mira a su alrededor.) No, sólo nosotros.

Bato: ¿Sólo tú y yo?

Gila: Sí, mira.

Bato: (También observa.) Es verdad, pero, entonces, ¿quién habló?

Gila: No sé, era una voz muy extraña.

Bato:

No sólo esa voz oí. ¿Me crees si te digo que antes, la voz de Celfa escuché?

Gila: Sí. Y yo la voz de Fileno oí.

Bato: ¿Qué te decía?

Gila: Que a Celfa estabas enamorando.

Bato: Y la voz de Celfa me dijo que tú con Fileno huías.

Gila: Todo ha sido una mentira, una ilusión.

Bato: O alguno quiso hacer broma y usarnos de diversión.

Gila: También pudo ser. (Pausa.) ¡Bato, qué bien te distingo, ahora!

Bato: Lo mismo yo puedo ver.

Gila:

Este lugar parece embrujado. Hace rato estaba tan oscuro y ahorita está iluminado.

Bato: (Señala hacia el cielo.) El reflejo viene de ahí.

(Canta.) De aquella linda estrellita

tan bella y tan reluciente

que marcando va el camino

de todos los peregrinos.

Bartolo: (Entra. Grita.) ¡Celfa! ¡Fileno!… Aquí están Bato y Gila.

 

(Entran Celfa y Fileno)

 

Celfa: ¡Qué bueno que los encontramos!

Fileno: No se les ocurra ir por aquel camino.

Bartolo: Los tres estuvimos a punto de caer en un barranco.

Fileno: Algún bromista malvado cambió de dirección la señal.

Celfa: (Señala.) Si no hubiera sido por aquel lucero…

Pobre Diablo: (Mira hacia el cielo. A Satanás.) Señor, señor.

Satanás: ¿Qué cosa quieres?

Pobre Diablo: ¿Ya viste qué bonito lucerito?

Satanás:

Cállate tonto y no veas eso. Ahorita mismo desaparezco esa estrella, con un poco de neblina. (Comienza a accionar un atomizador.)

Pobre Diablo: Ya la volviste a tapar, era muy bonita.

Satanás: ¡Silencio!

Celfa: Otra vez las tinieblas.

Gila: Cuánta oscuridad.

Bartolo: ¿Qué hacemos?

Fileno: Esperaremos que se despeje un poco la niebla.

Celfa: Pero, vámonos de aquí. No me gusta este lugar.

Gila: A mí tampoco. Los cruces de caminos me dan miedo.

Bartolo: Dicen que son lugares de fantasmas, y de hechiceros.

Fileno: ¡Tonterías! Yo no creo en esas cosas.

Satanás:

(A Pobre Diablo.) Voy a divertirme un poco con estos pastores. Les voy a hacer alguna magia. (Se acerca a ellos y les hace un pase mágico.)

Bato: (Se lleva las manos al estómago.) ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay, mi Dios!

Gila: ¿Qué te pasa?

Bato: Tengo mucha hambre.

Fileno: Yo también.

Bartolo: ¡Y yo!, me entró de repente.

Bato: No podré seguir camino si, al instante, yo no como.

Celfa: Villanos, no es ésta la hora de comer.

 

(Satanás hace otro pase mágico.)

 

Gila: Miren aquello.

Celfa: ¿Quién pondría mesa tan bien servida?

Bato: (Saboreándose.) ¡Cuántos manjares!

Fileno: Hay comida para todos.

Bartolo: Pues a comer.

Bato: (Interponiéndose.) Alto, nadie se acerque a esa mesa.

Fileno: ¿Por qué?

Bato: Sólo alcanza para mí.

Fileno: ¿Para ti sólo la quieres?

Bato: Sí.

Fileno: Pero, si yo también tengo hambre.

Bartolo: Y yo.

Bato: Pues se la van a tener que aguantar.

Fileno: Eso no es posible, no.

Bartolo: Compartirás con nosotros.

Bato: Jamás. Nadie tocará mi alimento.

 

(En cuanto Bato se avalanza al sitio en que imaginan ver la comida, Satanás la desaparece.)

 

Bato: ¡Ay, mis manjares!

Gila: ¡Desaparecieron!

 

(Satanás y Pobre Diablo ríen muy divertidos.)

 

Celfa: ¿Oyeron? Alguien se rió.

Gila: (A los demás.) ¿Quién de ustedes fue?

Bartolo: Yo no.

Fileno: Yo tampoco.

Bato: (Muy triste.) Yo menos.

Celfa: Ya les dije que este lugar no me gustaba nada.

Gila: Vámonos pronto de aquí.

Todos: Sí, vámonos.

 

(Ya se disponen a irse, cuando Satanás se acerca a Fileno y le hace un pase mágico.)

 

Satanás: (A Fileno.) Pierde la memoria. Te lo ordeno.

Fileno: Muchachos, ¿a dónde van?

Celfa: A Belén.

Fileno: ¿Para qué?

Celfa: ¡Cómo! ¿No sabes?

Fileno: No. ¿Quién eres?

Celfa: Soy Celfa.

Fileno: No te conozco.

Celfa: ¿Y a los demás?

Fileno: Tampoco.

Celfa: (Les grita a los demás.) Esperen. Fileno ha perdido el juicio.

Gila: ¿Qué dices?

Celfa: No recuerda nada, ni sabe quiénes somos.

Bartolo: ¿No será que embrujado está?

Bato: ¡A lo mejor! ¡Por qué no lo ayudamos?

Celfa: ¿Cómo?

Bato: Cantándole un poco. (Comienzan a tocar panderos, botes y cascabeles.)

Empieza, tú Celfa. (Cantan.)

Celfa: Anunciado está el nacimiento en la Nochebuena del Niño Jesús.

Bartolo: Nacerá en un pobre pesebre, cerca de una aldea que llaman Belén.

Gila: Sus padres serán María.

Bato: Y el carpintero José.

Gila y Bato: Tres magos vendrán de Oriente y ofrendas le van a traer.

Todos: Desde hoy reinará la alegría con el nacimiento del Niño Jesús.

 

(Todos comienzan a bailar entre sí.)

 

Celfa: ¿Ya recordaste todo?

Fileno: Sí.

Celfa: ¿Vienes con nosotros?

Fileno: Por supuesto.

Bato: Vamos.

Todos: Vamos. (Cantan.)

A Belén pastores,

vamos a Belén,

a ver a la Virgen

y al Niño también.

A Belén pastores,

vamos a Belén,

a ver a la Virgen

y al Niño también.

 

(Van saliendo muy alegres y el Pobre Diablo los sigue, hasta que Satanás, hecho una fiera, lo detiene.)

 

Satanás: ¿A dónde vas?

Pobre Diablo: A Belén, con ellos.

Satanás: Tú no vas a ninguna parte. Cuidarás esta caja como habíamos quedado.

Pobre Diablo: Sí, señor.

Satanás: Y por ningún motivo se te vaya a ocurrir abrirla.

Pobre Diablo: No, señor.

Satanás: Aunque oigas lo que oigas, ¿entendido?

Pobre Diablo: Sí, señor.

Satanás: Volveré muy pronto. (Sale muy rápido, accionando su atomizador.)

Pobre Diablo: (Se acerca a la caja.)

¿Qué contendrá esta caja? ¿Por qué tanto misterio?

Voz: (Dentro de la caja.) Déjame salir, déjame y te enseñaré muchas cosas.

Pobre Diablo: (Se aparta, muy asustado.) ¡Quién?… ¿Quién está ahí?

Voz: Abre y lo sabrás.

Pobre Diablo: No, no puedo abrir.

(Al público.) ¿Verdad que me dijeron que no la abriera?

Voz: Ándale, sólo un poquito. Me estoy asfixiando.

Pobre Diablo: No, no.

Voz: ¡Ay, qué malo eres, qué malo!

Pobre Diablo: (Muy curioso da varias vueltas alrededor de la caja. Mientras canta.)

¿Cómo va a ser

que no pueda yo ver

lo que contiene

esta caja?

Yo creo que si la miro un poquitito,

ni cuenta se van a dar.

Por un ladito y ya.

(Al público.)

¿La abro tantito?

 

(Va a destapar la caja. Cuando entra Satanás.)

 

Satanás: (Muy asustado.) No la abras, Pobre Diablo, no la abras.

 

(Pobre Diablo no hace caso. Abre la caja y un fuerte resplandor sale de ella.)

 

Satanás: (Cubriéndose.)

¡Ay, insensato! ¿Qué hiciste? Ya me echaste a perder todos mis planes. (Sale corriendo. Dando grandes alaridos.)

Pobre Diablo: ¿Qué me pasó? No puedo ver. ¡Ay, mis ojos, mis ojos!

Espíritu de la Luz: (Sale de la caja y comienza a estirarse un poco.)

No te preocupes yo no hago mal a nadie, lastimo un poco a veces, pero cuando la gente se acostumbra a mí, no me cambian por nada.

Pobre Diablo: ¿Quién eres?

Espíritu de la Luz: Soy el Espíritu de la Luz.

Pobre Diablo: ¿Y eso qué es?

Espíritu de la Luz: Mírame y lo sabrás.

Pobre Diablo: No puedo abrir mis ojos.

Espíritu de la Luz:

¡Claro que puedes! No tengas miedo. Abre tus ojos lentamente, poco a poco, anda.

Pobre Diablo: (Parpadea.) Me está costando trabajo, pero ya puedo verte.

(Mira a su alrededor.)

¡Parece de día!

Espíritu de la Luz: Sí, ésta es la noche más luminosa de todas.

Pobre Diablo: ¿Por qué?

Espíritu de la Luz: Porque en Belén nacerá Jesús, el salvador del mundo.

Pobre Diablo: ¿Podrá salvarme?

Espíritu de la Luz: Yo creo que sí.

Pobre Diablo: ¿Qué debo hacer?

Espíritu de la Luz: Pedírselo.

Pobre Dablo: Pero, no conozco el camino a Belén.

Espíritu de la Luz: Yo puedo enseñártelo.

 

(Los pastores entran apresuradamente. Pobre Diablo, se esconde.)

 

Gila: ¡Miren, miren esa caja!

Celfa: ¡De ahí sale la luz!

Fileno: ¡Qué maravilla!

Bartolo: ¡Qué resplandor!

Celfa: (Por e Espíritu de la Luz.) ¿Y ése quién es?

Espíritu de la Luz: Soy el Espíritu de la Luz.

Gila: ¿De dónde vienes?

Espíritu de la Luz: De aquella estrella que señala el camino a Belén.

Celfa: ¿Y qué haces aquí?

Espíritu de la Luz:

Bajé a investigar por qué nadie me seguía, y cuando llegué a este cruce de caminos, supe cuál era la causa.

Bato: ¿Cuál era?

Espíritu de la Luz:

Satanás había regado neblina espesa por todas partes, tanto que no vi esta caja y caí dentro de ella.

Fileno: ¿Y qué pasó después?

Espíritu de la Luz: Satanás cerró muy bien la caja. Era una trampa.

Celfa: Con razón todo estaba tan oscuro.

Espíritu de la Luz:

Sólo fue un rato. Satanás no puede conmigo, porque todo el que quiere saber, conocer o ser libre, me busca y me encuentra.

Gila: ¡Quién te sacó de la caja?

Espíritu de la Luz: La curiosidad de una pobre alma en pena.

Bartolo: (Muy ausustado.) ¿Y dónde está?

Espíritu de la Luz: Por aquí andaba. (Buscándolo.) ¿Dónde te metiste?

Pobre Diablo: (Sale de su escondite.) Aquí estoy.

 

(Bartolo y los demás retroceden un poco asustados.)

 

Espíritu de la Luz: No teman. (A Pobre Diablo.) ¿No querías ir a Belén?

Pobre Diablo: Sí.

Espíritu de la Luz: Pues, vámonos.

Fileno: ¿A nosotros también nos puedes guiar hacia allá?

Espíritu de la Luz: A todo el que quiera. Vengan.

Celfa: Por fin llegaremos a Belén.

Espíritu de la Luz: ¿Listos?

Todos: Listos.

 

(Comienzan a bailar y a cantar. Excepto Gila y Bato que se empezarán a vestir como San José y la Virgen María.)

 

Todos: (Cantan.) Vamos pastores a Belén

Donde estará Jesús

para traernos el bien,

vendrá, vendrá, Jesús.

Vamos todos con luz

al camino, al camino del amor.

Canten, brinquen y aplaudan

porque ya viene Jesús.

(Dan una o varias vueltas al escenario. Se detienen.)

Paróse la estrella aquí

sin duda esto es Belén

donde nació nuestro Rey

Jesús, el redentor.

 

(Rodean a Gila y Bato que arrullan a un niño pequeño.)

Despierta Niño Jesús

trae paz y libertad.

Nunca abandones tu grey

sé nuestro gran pastor.

(Invitan al público.)

Vengan todos con luz

al camino, al camino del amor.

Hagan ruido, brinquen, canten.

Porque ha nacido Jesús.

 

 

El árbol de Navidad


EL ARBOL DE NAVIDAD

 

Por Sergio González

Maestro de Biblia

 

Cuando los primeros cristianos llegaron al norte de Europa, descubrieron que sus habitantes celebraban el nacimiento de Frey, dios de Sol y de la fertilidad, adornando un árbol perenne, (son los que conservan sus hojas todo el año) en la fecha próxima a la Navidad cristiano. Este árbol simbolizaba el árbol del Universo, llamado Yggdrasil, en cuya copa se hallaba Asgard (la morada de los dioses) y el Valhalla (el palacio de Odín) Posteriormente con la evangelización de esos pueblos, los cristianos tomaron la idea del árbol, para celebrar el nacimiento de Cristo, pero cambiándole totalmente el significado.

 

Se dice que San Bonifacio (680-754), evangelizador de Alemania, tomó un hacha y cortó el árbol que representaba al Yggdrasi. Y en su lugar plantó un pino, que por ser perenne, simbolizó el amor de Dios, adornándolo con manzanas y velas. Las manzanas simbolizaban el pecado original y las tentaciones, mientras que las velas representaban la luz de Jesucristo como luz del mundo.  Conforme pasó el tiempo, las manzanas y las luces, se transformaron en esferas y otros adornos.

 

El árbol de Navidad recuerda al árbol del Paraíso de cuyos frutos comieron Adán y Eva, y donde vino el pecado original; y por lo tanto recuerda que Jesucristo ha venido a ser Mesías prometido para la reconciliación. Pero también representa al árbol de la Vida o la vida eterna, por ser de tipo perenne. La forma triangular del árbol, representa a la Santísima Trinidad. Las oraciones que se realizan durante el Adviento se diferencian por un color determinado, y cada uno simboliza un tipo:

 

  • El azul las oraciones de reconciliación
  • El plata las de agradecimiento
  • El oro las de alabanza
  • El rojo las de petición

 

¿Por qué celebramos la Navidad el 25 de diciembre?


Antecedentes históricos sobre por qué celebramos la Navidad este día de invierno en el hemismerio norte y verano en el hemisferio sur

Los Evangelios

 

 

Los Evangelios no proporcionan ayuda alguna acerca de la fecha del nacimiento de Cristo; según sus datos, nos encontramos con argumentos contradictorios. Parece imposible que el censo se haya realizado en invierno: toda una población no podría haberse puesto en camino. Por otra parte, sí pudo haberse realizado en invierno; pues sólo durante esta época del año el trabajo en el campo era suspendido. Pero, Roma no era tan considerada. Además, las autoridades difieren acerca de si los pastores solían cuidar sus rebaños y dejarlos pastear durante las noches de la estación de las lluvias.

El servicio en el templo de Zacarías

Los argumentos que se basan en el ministerio en el templo de Zacarías, no son de fiar, aunque, los cálculos sobre su antigüedad (ver más arriba) han sido reavivados de una manera más complicada, por ejemplo por Friedlieb (Leben J. Christi des Erlösers, Münster, 1887, pág. 312). Se dice que, las veinticuatro clases de sacerdotes judíos servían en el Templo, cada una, durante una semana; Zacarías pertenecía a la octava clase, los Abia. El Templo fue destruido en el año 9 Ab, 70 d. C.; la tradición rabínica tardía dice que la primera clase, los Jojarib, estaban sirviendo entonces. De estos datos poco fiables, asumiendo que Cristo nació el año 79 A.U.C., y que en ningún momento, de esos setenta turbulentos años, la sucesión semanal falló, se calcula que la octava clase sirvió durante la semana del 2 al 9 de octubre del año 748 A.U.C., por lo que se deduce que la concepción de Cristo fue en marzo, y su nacimiento en diciembre. Kellner (op. cit., pp. 106, 107) declara que es muy poco serio calcular la semana que Zacarías estuvo sirviendo en el Templo partiendo de cualquier referencia anterior o posterior.

Analogía con las fiestas del Antiguo Testamento

Parece imposible poder relacionar la analogía que existe entre la Pascua y Pentecostés judías, con la Pascua y Pentecostés cristianas, con la Navidad y la fiesta de los Tabernáculos, como lo hizo, por ejemplo, Lightfoot (Horæ Hebr, et Talm., II, 32), argumentando desde las profecías del Antiguo Testamento, por ejemplo la de Zacarías 14, 16 ss,; combinando, además, la muerte de Cristo ocurrida en Nisan, con la profecía de Daniel de un ministerio de tres años y medio de duración (9, 27), declara que el nacimiento se realizó en Tisri, —septiembre. Esto es tan poco feliz como relacionar el 25 de diciembre con la fiesta Oriental (Diciembre) de la Dedicación (Jos. Ant. Jud., XII, VII, 6).

Natalis Invicti

La conocida fiesta solar del Natalis Invicti, celebrada el 25 de diciembre, ejerció una fuerte influencia sobre nuestra fecha Navideña. Para conocer la historia del culto solar, su importancia en el Imperio romano, y su sincretismo con el Mitraísmo, véase la obra de Cumont “Textes et Monuments” etc., I, ii, 4, 6, pág. 355. Mommsen (Corpus Inscriptionum Latinarum, 1², pág., 338), en la que ha recogido datos sobre esta fiesta, la cual llegó a su punto máximo de popularidad bajo Aureliano, el 274. Filippo del Torre, en 1700, advirtió su importancia; habría que subrayar que, como ya se ha dicho, sin la adición en el Calendario de Filocalo. Nos sería imposible aquí, el poder perfilar la historia e idioma del simbolismo solar aplicado a Dios, el Mesías y a Cristo, tanto en los canónicos judíos o cristianos, en la patrística, o obras de devoción. Los himnos y oficios de Navidad abundan en esto; Cumont ha delineado bien los textos (op. cit., addit. Nota C, pág. 355).

El primer texto conocido que une o relaciona el nacimiento de Cristo y el del sol, lo tenemos en Cipriano, “De pasch. Comp”., xix, “O quam præclare providentia ut illo die quo natus est Sol… nasceretur Christus”. — “¡Oh, qué maravillosamente actuó la Providencia, que en el día en el que nació el Sol… Cristo debía nacer”. —En el siglo cuarto, Crisóstomo, en su obra “del Solst. Et Æquin”. (II, pág., 118, ed. 1588), dice: “Sed et dominus noster nascitur mense decembris… VIII KAL. Ian… Sed et Invicti Natalem appelant. Quis utique tam invictus nisi dominus noster?… Vel quod dicant Solis esse natalem, ipse est Sol iustitiæ”. — “No obstante, Nuestro Señor, también nace en el mes de diciembre… en la octava antes de las calendas de enero [25 diciembre]…, Pero ellos lo llaman el “Nacimiento del Invencible”. ¿Quién hay que sea tan invencible como Nuestro Señor…? O, si ellos dicen que es el día del nacimiento del Sol, Él es el Sol de Justicia”. Ya Tertuliano (Apol., 16; cf. Ad. Nat., I, 13; Orig. c. Cels., VIII, 67, etc.) tuvo que afirmar que el Sol no era el Dios de los cristianos; Agustín (Tract. XXXIV, in Joan. En P. L., XXXV, 1652) denuncia la identificación herética entre Cristo y el Sol. El Papa León I (Serm. XXXVII in nat. dom., VII, 4; XXII, II, 6 en P. L., LIV, 218 y 198) reprocha duramente los remanentes del culto solar —los cristianos, en la misma puerta de la basílica de los Apóstoles, se voltean para adorar al naciente sol. El culto al sol ha legado rasgos en el culto popular moderno en Armenia, en donde los cristianos dieron en la antigüedad, de manera temporal y externa, culto al sol material (Cumont, op. cit., pág. 356).

Debemos considerar aquí, que incluso al “bautizar” de manera deliberada y legítima una fiesta pagana, no tuvo otro significado que el de la necesidad de transferir la supuesta fecha. El “nacimiento en la montaña” de Mitra y el de Cristo en una “gruta” no tienen nada en común: la adoración de Mitra por los pastores (Cumont, op. cit., I, II, 4, pág., 304 ss.) fue tomada prestada de las fuentes cristianas, y no viceversa.

Otras teorías de origen pagano

El origen de la Navidad no debe buscarse en los Saturnales (1-23 de diciembre), ni tampoco en el santo nacimiento a media noche de Eleusis (véase J.E. Harrison, Prolegom., pág. 549) con su probable conexión a través de Frigia, con los herejes nasenos, o con la ceremonia alejandrina citada anteriormente; ni tampoco con los ritos análogos al culto del solsticio de invierno en Delphi, cuna de Dionisio, con su revocación desde el mar a un nuevo nacimiento (Harrison, op. cit., 402 ss.).

La teoría astronómica

Duchesne (Les origines du culte chrétien, París, 1902, 262 ss.) nos presenta la teoría “astronómica”, en la que, tomando el día 25 de marzo como el de la muerte de Cristo [históricamente imposible, pero tan antigua como Tertuliano (Adv. Jud., 8)], el instinto popular, el cual quiere conocer con exactitud el número de años de una vida Divina, pone Su concepción en esa misma fecha, siendo Su nacimiento el 25 de diciembre. Esta teoría se apoya en el hecho que algunos montanistas (Sozomeno, Hist. Eccl., VII, 18) celebraban la Pascua el 6 de abril; así, tanto el 25 de diciembre y el 6 de enero son simultáneamente explicados. Es más, el cálculo sigue en su totalidad los argumentos basados en el número y en la “conveniencia” de la astronomía, en aquella época muy popular. Desgraciadamente, no existe evidencia contemporánea alguna sobre la celebración en el siglo cuarto de la Concepción de Cristo, en el día 25 de marzo.

Conclusión

El presente escritor se inclina a pensar que, estando el origen de esta fiesta en Oriente o Occidente, y a pesar de la abundancia de fiestas análogas celebrando el solsticio de invierno, éstas pueden haber ayudado, aunque de manera imprecisa, en la elección de la fecha de diciembre, de la misma manera que cuando se fijó la fecha del Natalis Invicti en el solsticio de invierno, aparte de la adaptación deliberada o de curiosos cálculos, para fijar en ese mismo día la fiesta cristiana.

En la gruta de Belén


El Rey de reyes nace pobre, en un establo… es la primer lección de Jesús a los hombres: desprendimiento de las cosas de la tierra para poder amar a Dios con todo el corazón.

(Lc 2, 11)

I

Noche de paz. En los campos de Belén, tú y yo por un camino. Silencio. El ladrido lejano de un perro. Y de nuevo el silencio. El dulce y tenue tintineo de las esquilas de ovejas que se acomodan en su sueño, sobre majadas cercanas. Y luego el silencio.

El cielo lleno de estrellas que parecen tocarse con la mano, como si se acercaran. Noche clara. Las siluetas oscuras de los montes se recortan en el horizonte. Lucen en ellas puntos luminosos, que son otras tantas hogueras de pastores que hacen guardia sobre su grey. No hablamos al caminar, y no sabemos por qué andamos. Un inmenso silencio reina en todo.

La noche, siguiendo su curso, está llegando a la mitad de su carrera. Hay en la belleza y dulzura de esta noche un presentimiento de milagros, como si Dios nos visitara. Y todo, mientras, duerme en el mundo: los rebaños en los apriscos; los hombres en Jerusalén y en Damasco, en Atenas y en Roma; los países bárbaros entre las selvas duermen; y el mundo desconocido también ignora el misterio de esta noche, allá en su lejanía y en su tardío despertar.

Se presiente la llegada de una nueva vida, de una dulce revolución. Es que Dios va a visitar la tierra: es una noche de amor. ¿Qué harán los hombres? ¿Se empeñarán en vivir en las tinieblas, y, como consecuencia, seguirán manchando este mundo de sangre? Andamos sin rumbo.

De pronto, vemos luces, luminosos chorros de ángeles que suben y bajan sobre un punto de la cercana colina, y oímos un programa en canción:

Gloria a Dios en los cielos, y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad 1.

Es el cielo que descorre sus velos un instante. Y el mundo está dormido. Nos quedamos confusos y no sabemos qué hacer, clavados en el camino: miramos con los ojos muy abiertos, y no vemos nada; intentamos escuchar, pero se ha hecho de nuevo el silencio.

II

El murmullo de unas voces de hombres que vienen corriendo nos llega de pronto: son pastores y zagales que han recibido el aviso de un ángel, y han visto, como nosotros, el cortejo celestial subir y bajar cantando. Nos sumamos a ellos, y mientras corremos juntos, nos cuentan el mensaje.

Ha nacido… el Salvador… hallaréis al niño envuelto en pañales y reclinado en un pesebre 2.

Y corremos. Y todo el mundo duerme. Sólo se oyen los pasos de nuestra carrera hacia el Señor.

Así llegamos a una gruta que sirve de establo. Con los pastores la encontramos sin dudar, aunque todos vamos por primera vez. En su sencillez tienen la ventaja de ir derechos a Jesús, a pesar de que es de noche.

Un Niño hermoso sobre un pesebre. La Virgen junto a Él, mirándole atenta. Al otro lado, una hoguera que arde en el rincón. Y José, el que vimos llegar a Belén, anda activo, trayendo leña. Es una gruta pobre. Todo lo superfluo está ausente. Nos arrodillamos todos. Nadie se atreve a hablar. María no quita los ojos de su hijo, que es su Dios.

Yo comienzo, mientras lo miro, a recordar lo que sabía: el pecado original, los hombres de todos los siglos, el Mesías -Dios hecho hombre, Rey-, el mundo que ahora está dormido.

La aspiración de la Humanidad -tener a Dios muy cerca, al alcance de la mano-, se ha hecho realidad. Dios hecho Niño está ahí, a un paso de mí. Es la sublime respuesta de Dios. El Niño es un diálogo silencioso entre Dios y los hombres.

Una nueva vida ha comenzado… Y todo el mundo duerme. Duerme en las cosas, por las cosas y como cosas. El Niño nace pobre: es el Rey de reyes y nace en el más completo desasimiento. Es ésta su primera lección a los hombres. Es también la primera lección para seguirlo y para continuar la revolución sobrenatural que El ha iniciado.

III

Es necesario el desprendimiento para ser útil. No se puede servir a dos señores a la vez. No le importó a Cristo nacer pobre. Tiene una cuna prestada por una mula y, por colchoncito, las frías y toscas pajas del pienso que ha sobrado.

El Señor puso más empeño en desprenderse de las cosas que los hombres en atesorarlas.

La pobreza es condición imprescindible para tener una visión objetiva de la vida. Y ésta nos es necesaria para no errar el camino. Amar la pobreza es amar sus consecuencias. Por ello no se es pobre cuando se gasta sin razón, o se deja de ganar, aquello que, para un jornalero, supondría un esfuerzo considerable.

El Niño vestirá con decoro y cuidará de las cosas, pues jamás convertirá en instrumento de comodidad lo que es medio de apostolado: Él mismo se quitará sus vestiduras antes de la flagelación. Y no tendrá donde reclinar la cabeza. Los cambios humanos y las apreciaciones de los hombres no alteran nuestra dignidad.

Para convertirse a Cristo es preciso desprenderse de las criaturas, pues el pecado original puso en el corazón del hombre una tremenda capacidad de idolatría; ellas, de suyo buenas, se tornarán malas por la concupiscencia. Ya no se las busca porque llevan a Dios, sino porque dan goce. El hombre se abalanzó sobre las cosas sin medida, quedó su corazón sin paz y sin alegría, esclavo de ellas.

El Niño, que es Rey, nos enseña de manera sensible que nuestro amor, que es todo para Dios, debe ser conservado por la templanza, esa medida en el uso de las cosas. En nuestra vida debe haber también, como en Belén, ausencia de lo superfluo y pobreza en lo necesario, elección constante de lo peor y desnudez completa del corazón.

Nuestros ojos ven las realidades que rodean la cuna del Rey. Por palacio, un establo; por trono, un pesebre; por cortesanos, unos pastores. Y entre los pastores, tú y yo.


1 Le 2,14

2 Lc 2,11-12.

 

Reproducido con permiso del Autor.

“Caminando con Jesús”, J.A. González Lobato, Ediciones RIALP, S.A.

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El Arbol de Navidad


“En las próximas semanas el árbol de Navidad será motivo de alegría […] Su forma en punta, su color verde y las luces de sus ramas son símbolos de vida. Además, nos remiten al misterio de la Nochebuena. Cristo, el Hijo de Dios, trae al mundo oscuro, frío y no redimido, al que viene a nacer, una nueva esperanza y un nuevo esplendor. Si el hombre se deja tocar e iluminar por el esplendor de la verdad viva que es Cristo, experimentará una paz interior en su corazón y será constructor de paz en una sociedad que tiene mucha nostalgia de reconciliación y redención” (Benedicto XVI, Audiencia, 12 de diciembre de 2008).


EL ÁRBOL DE LA VIDA, EL AMOR Y LA PAZ

Muchas de las leyendas y antiguas tradiciones que hacen referencia al árbol de Navidad se remontan a tiempos muy antiguos, pero la documentación histórica acerca del árbol tal y como lo conocemos y decoramos hoy en día, sólo apareció en los últimos siglos.

No hay duda, sin embargo, que estas leyendas y tradiciones muestran la convergencia de muchas costumbres, algunas de ellas nacidas fuera de la cultura cristiana y otras de origen estrictamente cristiano.

Vamos a considerar aquí algunas que podrían ser precursoras del árbol de Navidad.


ORIGEN HISTÓRICO

Desde tiempos muy antiguos, los pueblos primitivos introducían en sus chozas las plantas de hojas perennes y flores, viendo en ellas un significado mágico o religioso.

Los griegos y los romanos decoraban sus casas con hiedra. Los celtas y los escandinavos preferían el muérdago y muchas otras plantas de hoja perenne (como el acebo, el rusco, el laurel y las ramas de pino o de abeto) pues pensaban que tenían poderes mágicos o medicinales para las enfermedades.

En la cultura de los celtas, el árbol era considerado un elemento sagrado. Se sabe de árboles adornados y venerados por los druidas de centro-Europa, cuyas creencias giraban en torno a la sacralización de diversos elementos y fuerzas de la naturaleza.

Se celebraba el cumpleaños de Frey (dios del Sol y la fertilidad) adornando un árbol perenne, cerca de la fecha de la Navidad cristiana. El árbol tenía el nombre de Divino Idrasil (Árbol del Universo): en cuya copa se hallaba el cielo, Asgard (la morada de los dioses) y el Valhalla (el palacio de Odín), mientras que en las raíces profundas se encontraba el Helheim (reino de los muertos).

Cuando se evangelizó el centro y norte de Europa, los primeros cristianos de esos pueblos tomaron la idea del árbol para celebrar el nacimiento de Cristo, cambiando su significado pagano.


SAN BONIFACIO, OBISPO DEL SIGLO VIII

Una interesante tradición -en parte historia, en parte leyenda-, popular en Alemania, afirma que el árbol de Navidad se remonta al siglo VIII.

San Bonifacio (675-754) era un obispo inglés que marchó a la Germania en el siglo VIII (concretamente a Hesse), para predicar la fe cristiana.

Después de un duro período de predicación del Evangelio, aparentemente con cierto éxito, Bonifacio fue a Roma para entrevistarse con el papa Gregorio II (715-731).

A su regreso a Alemania, en la Navidad del año 723, se sintió profundamente dolido al comprobar que los alemanes habían vuelto a su antigua idolatría y se preparaban para celebrar el solsticio de invierno sacrificando a un hombre joven en el sagrado roble de Odín.

Encendido por una ira santa, como Moisés ante el becerro de oro, el obispo Bonifacio tomó un hacha y se atrevió a cortar el roble sagrado. Hasta aquí lo que está documentado históricamente.

El resto pertenece a la leyenda que cuenta cómo, en el primer golpe del hacha, una fuerte ráfaga de viento derribó al instante el árbol. El pueblo sorprendido, reconoció con temor la mano de Dios en este evento y preguntó humildemente a Bonifacio cómo debían celebrar la Navidad.

El Obispo, continúa la leyenda, se fijó en un pequeño abeto que milagrosamente había permanecido intacto junto a los restos y ramas rotas del roble caído. Lo vio como símbolo perenne del amor perenne de Dios, y lo adornó con manzanas (que simbolizaban las tentaciones) y velas (que representaban la luz de Cristo que viene a iluminar el mundo).

Como estaba familiarizado con la costumbre popular de meter en las casas una planta de hoja perenne en invierno, pidió a todos que llevaran a casa un abeto. Este árbol representa la paz, y por permanecer verde simboliza también la inmortalidad; con su cima apuntando hacia arriba, se indica, además, el cielo, la morada de Dios.


OBRAS TEATRALES RELIGIOSAS MEDIEVALES

También ofrecen pistas importante sobre el origen del árbol de Navidad, tal como lo conocemos, las obras de teatro medievales que representaban los misterios y pasajes de la Biblia.

En concreto el árbol del Bien y del Mal en el Paraíso Terrenal. Su propósito era enseñar la religión a los feligreses, que en su mayoría eran analfabetos.

Para difundir y mantener viva la fe y dar a conocer las Sagradas Escrituras, la predicación era esencial, pero no suficiente.

Se pensó que las obras teatrales completaran esa predicación y pronto se hicieron populares en toda Europa.

En la Nochebuena, el 24 de diciembre, se representaba -con grandísimo éxito popular- el episodio del pecado original de Adán y Eva. El árbol del Paraíso terrenal era el centro del escenario.

El árbol debería haber sido un manzano, pero no habría sido adecuado en invierno. Se ponía un abeto en el escenario con algunas manzanas en sus ramas, y obleas preparadas con galletas trituradas en moldes especiales, así como dulces y regalos para los niños. Incluso cuando se abandonaron estas obras teatrales religiosas, el árbol del Paraíso siguió estando asociado a la Navidad.

LOS ORÍGENES MÁS RECIENTES DEL ÁRBOL DE NAVIDAD

La opinión más generalizada entre los expertos es que el árbol de Navidad, tal como lo conocemos hoy, decorado e iluminado con luces, deriva de este árbol del Paraíso. Como su lugar de nacimiento se sugiere la orilla izquierda del Rhin, y concretamente la Alsacia.

Uno de los primeros testimonios de esto son los registros de la ciudad de Schlettstadt (1521), en los que fue establecida una especial protección para los bosques en los días previos a la Navidad; los guardabosques eran los responsables de castigar a cualquiera que cortara un árbol para decorar su casa .

Otro documento nos informa de que, en Estrasburgo, la capital de Alsacia, los abetos se vendían en el mercado, para llevar a casa y decorarlos. De Alsacia, la tradición de los árboles de Navidad se propaga a toda Alemania y al conjunto de Europa, y pronto, al resto del mundo cristiano.

ASPECTOS SIMBÓLICOS DEL ÁRBOL

Los árboles han tenido a lo largo de la historia un significado muy especial: en todas las culturas poseen aspectos simbólicos de carácter antropológico, místico o poético.

La idea extendida de los aspectos benéficos de los árboles para el hombre ha dado lugar a distintas leyendas y lo ha relacionado con sentidos mágicos y rituales.

En varias culturas el árbol representa el medio y la unión del cielo y la tierra: ahonda sus raíces en la tierra y se levanta hacia el cielo; por ello en ciertas religiones, sobre todo orientales, el árbol es signo de encuentro con lo sagrado, punto de encuentro entre el ser humano y la divinidad.

Otros significados ampliamente extendidos sobre los atributos mágicos del árbol concernían a la fecundidad, al crecimiento, a la sabiduría y a la longevidad.


SENTIDO CRISTIANO

El árbol de Navidad recuerda, como hemos visto, al árbol del Paraíso de cuyos frutos comieron Adán y Eva, y de donde vino el pecado original; y por lo tanto recuerda a Jesucristo que ha venido a ser el Mesías prometido para la reconciliación. Pero también representa el árbol de la Vida o la vida eterna, por ser de hoja perenne.

En palabras de Juan Pablo II: “En invierno, el abeto siempre verde se convierte en signo de la vida que no muere […] El mensaje del árbol de Navidad es, por tanto, que la vida es ‘siempre verde’ si se hace don, no tanto de cosas materiales, sino de sí mismo: en la amistad y en el afecto sincero, en la ayuda fraterna y en el perdón, en el tiempo compartido y en la escucha recíproca” (Juan Pablo II, Audiencia, 19 de diciembre de 2004).

La forma triangular del árbol (por ser generalmente una conífera), simboliza a la Santísima Trinidad. A las oraciones que se realizan durante el Adviento se les atribuye por un color determinado, y cada uno simboliza un tipo:
Árbol de Navidad con los tradicionales adornos
Árbol de Navidad con los tradicionales adornos

• El azul, para las oraciones de reconciliación.
• El plateado, para las de agradecimiento.
• El dorado, para las de alabanza.
• El rojo, para las de petición.
• Estos colores, junto con el verde del árbol mismo, tal vez sean los más tradicionales para los adornos navideños.

El árbol de Navidad y los regalos propios de estas fechas, son un modo de recordar que del árbol de la Cruz proceden todos los bienes

Por eso tiene un sentido cristiano la tradición de poner bajo el árbol los regalos de Navidad para los niños:

“Generalmente, en el árbol decorado y a sus pies se colocan los regalos de Navidad. El símbolo se hace elocuente también desde el punto de vista típicamente cristiano: recuerda al ‘árbol de la vida’ (Cf. Génesis 2, 9), representación de Cristo, supremo don de Dios a la humanidad” (Juan Pablo II, Ídem).

LOS ADORNOS NAVIDEÑOS

Los adornos más tradicionales del árbol de Navidad son:

Estrella: colocada generalmente en la punta del árbol, representa la fe que debe guiar la vida del cristiano, recordando a la estrella que guió a los Magos hasta Belén.
Bolas: en un principio San Bonifacio adornó el árbol con manzanas, representando con ellas las tentaciones. Hoy día, se acostumbra a colocar bolas o esferas, que simbolizan los dones de Dios a los hombres.
Lazos: Tradicionalmente los lazos representan la unión de las familias y personas queridas alrededor de dones que se desea dar y recibir.
Luces: en un principio velas, representan la luz de Cristo.

Como nos dice Benedicto XVI “al encender las luces del Nacimiento y del árbol de Navidad en nuestras casas, ¡que nuestro ánimo se abra a la verdadera luz espiritual traída a todos los hombres y mujeres de buena voluntad! … Frente a una cultura consumista que tiende a ignorar los símbolos cristianos de las fiestas navideñas, preparémonos para celebrar con alegría el nacimiento del Salvador, transmitiendo a las nuevas generaciones los valores de las tradiciones que forman parte del patrimonio de nuestra fe y cultura”. (Benedicto XVI, 21 de diciembre de 2005)

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El árbol de Navidad, un abeto frondoso y cargado de adornos, según los investigadores, tiene su origen en el paganismo centroeuropeo, pues rendían culto a sus dioses en los bosques o en determinados sitios donde se alzaba algún árbol significativo. San Bonifacio, uno de los grandes misioneros de la evangelización de Europa, se dedico a destruir estos hitos paganos y entre sus historias se cuenta que derribaba árboles cultuales.

No obstante, el árbol que recuerda el nacimiento de Jesús, entre los pueblos germanos cristianizados, simbolizaba el árbol del Edén, pero no ya aquel del fruto prohibido que fue el comienzo del pecado en el hombre sino el que conmemora el Fruto de la salvación, de allí el carácter de sus adornos y decoraciones.

El uso del árbol de Navidad, proveniente de la tradición germánica, se comenzó a utilizar mas propiamente en el siglo XVII en la ciudad de Estrasburgo (Francia), difundiéndose hacia el norte de Europa, sobre todo en países protestantes. Es mas que comprensible que, al rechazar en su doctrina todo uso de imágenes, hayan recurrido y adoptado un símbolo que recordara el nacimiento del Redentor.

En 1841, el príncipe Alberto (+1862) lo introduce en Gran Bretaña y luego pasará a los Estados Unidos por medio de los inmigrantes protestantes que también lo llevan al resto de los lugares a donde emigraran.

Con el correr de los años, el árbol de Navidad, como símbolo del nacimiento del Señor, pasara también al orbe católico, y desde hace ya mucho tiempo, en la Plaza de San Pedro en Roma, junto al Pesebre se alza un enorme abeto decorado profusamente que es regalado todos los años al Papa por diversas comunidades católicas de los países centroeuropeos.