De Jesús Para Ti


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¿Por qué te confundes y te agitas ante las situaciones de la vida?

Déjame al cuidado de tus cosas y todo te irá mejor, cuando te abandones a mi, todo se resolverá con tranquilidad según mis designios.

No te desesperes, no me dirijas una oración agitada, como si quisieras exigirme el cumplimiento de tus deseos.

Cierra los ojos del corazón y dime con calma; Señor, yo confío en Ti.

Evita las preocupaciones angustiosas y los pensamientos sobre lo que puede suceder después, no estropees mis planes queriéndome imponer tus ideas. Déjame ser Dios y actuar con libertad.
Abandónate confiadamente, reposa en mi y deja en mis manos tu futuro. Dime frecuentemente, “Señor yo confío en Ti”.

Lo que más daño te hace es tu razonamiento, tus propias ideas y querer resolver las cosas a tu manera.

Cuando me dices, “Señor yo confío en Ti”, no seas como el paciente que pide al médico que lo cure, pero le sugiere el modo de hacerlo. Déjate llevar en mis brazos divinos, no tengas miedo. Yo te amo.

Si crees que las cosas empeoran o se complican a pesar de tu oración sigue confiando. Cierra los ojos del corazón y confía. Continua diciéndome a toda hora “Señor, yo confío en Ti”.

Necesito las manos libres para poder obrar. No me ates a tus preocupaciones inútiles. Las fuerzas del mal quieren sólo eso; agitarte, angustiarte, quitarte la paz. Confía sólo en Mi. Yo hago los milagros en la proporción del abandono y la confianza que tienes en Mi. Así que no te preocupes deja en mi todas tus angustias y duerme tranquilo.

Dime siempre “Señor, yo confío en Ti” y verás grandes milagros. Te lo prometo por mi amor

¡Dejemos que el Señor nos guíe en este nuevo día!

Monición para la fiesta de la Sagrada Familia Ciclo B


MONICION PARA LA FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA

CICLO B

MR Pag 165  /  Lec I Pag 141

MONICION DE ENTRADA

(Saludo) En este tiempo de Navidad, ponemos nuestra mirada en la Sagrada Familia.  Jesús, María y José son un claro ejemplo de vida y obediencia a Dios, ellos son modelo a seguir para todas nuestras familias. Nos disponemos a participar dignamente de ésta celebración.

 

MONICION A LAS LECTURAS

Escucharemos en las lecturas que el Señor siempre cumple sus promesas. Solo basta tener fe en Él. Jesús, José y María son guía para  toda familia cristiana. Escuchemos con atención lo que El Señor nos pide en su mensaje.

LITURGIA DE LA PALABRA 

Primera Lectura: Gen 15, 1-6; 21, 1-3

Salmo: 104

Segunda Lectura: Heb 11, 8.11-12.17-19

Evangelio: Lc 2, 22. 39-40

MONICION A LAS LECTURAS (Individual)

Primera Lectura: Abraham es presentado como el gran antepasado del pueblo de Israel y como el padre y modelo de todos los creyentes. Su confianza firme en las promesas de Dios va más allá de todas las envidias

Segunda Lectura: El pasaje de la Carta a los hebreos nos habla de la importancia de la fe en la vida de los creyentes. Un ejemplo acabado de esta virtud lo encontramos en la actuación de Abraham y de su esposa Sara.

Evangelio: nos dice Lucas que Jesus niño iba creciendo  y se llenaba de sabiduria.

MONICION DE OFERTORIO

Ofrecemos al Padre celestial el pan y el vino para que por el sacrificio de Cristo, nuestras familias se edifiquen siempre en las virtudes del amor y de la mutua comprensión.

O

Al presentar los dones de pan y vino pongamos en manos del Señor nuestra familia unida a nuestras intenciones para que Dios nos transforme y fortalezca

O

Ofrezcamos al Padre Celestial nuestras humildes ofrendas. Que por intercesión de María y José, nuestras familias se edifiquen siempre en la mutua comprensión.

MONICION DE COMUNION

Unidos por el amor de Jesús, María y José, recibamos el alimento para nuestra alma, pidiéndole a Dios que llene a todas las familias cristianas de su amor y su paz.

O

Llenos de alegría, nos preparamos ahora para recibir a Cristo. Vayamos a su encuentro en verdadero recogimiento, fe y amor.

MONICION DE DESPEDIDA

Volvamos a nuestros hogares a llevar una verdadera  vida de familia,  bajo la mirada amorosa de nuestro Padre del cielo. Vayamos a cumplir nuestros deberes y ayudarnos unos a otros.

ORACION DE LOS FIELES

Oremos a Jesucristo, el Señor que, para santificar la familia, quiso compartir la vida de un hogar humano:

1.- Para que el Señor que quiso participar de la vida de familia en el hogar de María y José  mantenga en paz y armonía a todas las familias cristianas, roguemos al Señor.

2.- Para que los novios sientan la presencia de Dios en la vivencia de su amor mutuo y se preparen santamente para su matrimonio, roguemos al Señor

3.- Para que Dios ilumine a las familias desunidas, a los esposos que han de vivir separados por causa del trabajo, a los hijos de los divorciados, a los hogares sin hijos, roguemos al Señor

4.- Para que  nos esforcemos por vivir en paz y armonía con los miembros de nuestra comunidad, superando con caridad  fraterna nuestras mutuas desavenencias, roguemos al Señor

Señor, Dios nuestro, que has querido que tu Hijo engendrado antes de todos los siglos, fuer miembro de una familia humana, haz que los padres y madres de familia participen de la fecundidad de tu amor, y que sus hijos crezcan en sabiduría y gracia ante ti y ante los hombres. Por Jesucristo Nuestro Señor.

”La perfección del cristiano está en amar”


Con motivo de la festividad de Corpus Christi, Día de la Caridad, que se celebra el próximo 2 de junio, la Comisión Episcopal de Pastoral Social ha hecho público un Mensaje cuyo texto ofrecemos a continuación.

 

*****

1.- Dios es Amor

“Dios es amor” nos dice S. Juan (1 Jn 4, 8). Como el ser y el obrar son inseparables en Dios, todas sus obras son fruto de su amor infinito. Entre todas las criaturas, el hombre, creado a su imagen y semejanza, es el objeto principal de su amor: “Mis delicias están con los hijos de los hombres” (Prov 8, 31). Por eso, habiendo perdido el hombre la relación con Dios a causa del pecado original, y sufriendo por ello, como consecuencia,  la muerte del alma, Dios, por amor, se comprometió  a salvarle a toda costa. S. Juan nos lo dice así: “Porque tanto amó Dios al mundo,  que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3, 16). Este amor incondicional y generoso ha de ser, pues, la norma de comportamiento para todo cristiano.

2.- La perfección del cristiano está en amar

A los que hemos sido bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y  manifestamos la voluntad de seguir a Jesucristo, nos  ha dicho el Señor: “Sed perfectos, como vuestro  Padre celestial es perfecto” (Mt5, 48). La perfección de Dios se manifiesta en su amor: por eso, después de lavar los pies a sus discípulos, dice: “os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis” (Jn13, 15). Y en la reflexión que les ofrece después que Judas había salido para entregarle, añade: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros” (Jn13, 34). Enseñándoles cómo debía ser ese amor, añade: “como yo os he amado, amaos también unos a otros. En esto conocerán que sois discípulos míos” (Jn13, 34-35).

3.-  La ley del amor es la ley de la Iglesia

La ley del amor es la ley de la Iglesia fundada por Jesucristo. Cuando el Señor envía a sus Apóstoles, fundamento de su Iglesia, para que anunciaran el  Reino de Dios, les dice: “El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado” (Mt 10,  40). La Iglesia ha de predicar siempre a Jesucristo en quien y por quien se hace presente el Reino de Dios. Y Jesucristo es la expresión plena del amor de Dios. Por tanto, la Iglesia, que es el Cuerpo de Jesucristo y le tiene como Cabeza, no puede realizarse como tal si no vive y predica el amor a Dios y el amor de Dios que no hace distinción de personas. Por eso  “toda la actividad de la Iglesia es una expresión de un amor que busca el bien integral del ser humano: busca su evangelización mediante la palabra y los sacramentos…y busca su promoción en los diversos ámbitos de la actividad humana. Por tanto, el amor es el servicio que presta la Iglesia para atender constantemente los sufrimientos y las necesidades, incluso materiales, de los hombres”[1]. En consecuencia, la Iglesia no puede descuidar el servicio de la caridad, como no puede omitir los Sacramentos y la Palabra”[2]. “Para la Iglesia, la caridad no es una especie de actividad de asistencia social que también se podría dejar a otros, sino que pertenece a su naturaleza y es manifestación irrenunciable de su propia esencia”[3].

4.- La Iglesia es el sujeto de la caridad

La caridad no es un ejercicio de la Iglesia reservado a algunos especialmente capacitados y dedicados a este servicio. Es un deber de todos y cada uno de los bautizados. El amor a Dios y al prójimo son inseparables. Quien ama a Dios no puede olvidar el amor al prójimo; ambos tienen su origen en Dios que nos ha amado primero y que nos ama siempre. Por tanto, nuestro amor no es una imposición de Dios o un precepto para mayor perfección. Es, sencillamente, una respuesta o una  correspondencia lógica y necesaria a Dios que nos ha amado primero[4].

En razón de ello, podemos entender que en el reciente Motu proprio sobre el servicio de la caridad[5], insista sobre lo que ya dijo Benedicto XVI en la Encíclica “Deus Caritas est”: “todos los fieles tienen el derecho y el deber de implicarse personalmente para vivir el mandamiento nuevo que Cristo nos dejó, brindando al hombre contemporáneo no sólo sustento material, sino también sosiego y cuidado del alma”[6] .

5.- La dimensión caritativa en la responsabilidad de los pastores

Por todo ello, la promoción y orientación del ejercicio de la caridad es responsabilidad del Obispo como Pastor de la Iglesia particular. Y, “en la medida en que dichas actividades las promueva la propia Jerarquía, o cuenten explícitamente con el apoyo de la autoridad de los Pastores, es preciso garantizar que su gestión se lleve a cabo de acuerdo con las exigencias de las enseñanzas de la Iglesia y con las intenciones de los fieles”[7].

6.- Eucaristía y caridad

La Eucaristía, “sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de caridad”[8], “nos adentra en el acto oblativo de Jesús. No recibimos solamente de modo pasivo el Logos, sino que nos implicamos en la dinámica de su entrega. Él nos atrae hacia sí”[9]. Por ello,  la Eucaristía es la fuente de la verdadera caridad. “En la Eucaristía Jesús nos hace testigos de la compasión de Dios por cada hermano y hermana. Nace así, en torno al Misterio eucarístico, el servicio de la caridad para con el prójimo, que consiste justamente en que, en Dios y con Dios, amo también a la persona que no me agrada y ni siquiera conozco”[10].

Así como el amor a Dios, especialmente cultivado en la Eucaristía, es el motor del amor al prójimo, también es cierto que “el amor al prójimo es un camino para encontrar a Dios. Cerrar los ojos ante el prójimo nos convierte también en ciegos ante Dios[11].

La Eucaristía, signo de unidad, es el fundamento y el alimento de la comunidad eclesial. Por tanto, la caridad, que brota de la Eucaristía, debe tener una dimensión eclesial, comunitaria; de tal modo que no quede como un ejercicio particular sino como la colaboración de cada uno en la obra de la Iglesia, sea a través de la parroquia, o de otra comunidad cristiana. El espíritu de caridad alimentado en la Eucaristía nos capacita para atender al prójimo (“cualquiera que tenga necesidad de mí y que yo pueda ayudar”)[12], mirándole con los ojos de Cristo. Entonces podemos descubrir sus necesidades reales y ofrecerle mucho más que cosas externas necesarias. Podremos ofrecerle la mirada de amor que él necesita[13]; la mirada de amor que merece Jesucristo. “En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis”[14].

7.- La íntima relación entre la fe y la caridad

En el Año de la Fe, es muy oportuna la reflexión acerca del mandato del amor fraterno, porque este no resulta plenamente lógico desde perspectivas simplemente humanas. Sin fe no es posible descubrir en el hermano doliente y necesitado, sea conocido o desconocido, amigo o enemigo, agradable o desagradable, su esencial condición de imagen y semejanza de Dios y, por tanto, el rostro de Jesucristo, varón de dolores que se refleja en él y que merece toda nuestra atención.

La caridad exige de nosotros una constante conversión que nos permita vencer todo egoísmo  y olvido de los demás, y asumir la entrega generosa de lo que somos y tenemos. Pero este cambio sincero y profundo no es posible si no es movido por la fe. Así nos lo enseña Benedicto XVI: “La fe que actúa por el amor se convierte en un nuevo criterio de pensamiento y de acción que cambia toda la vida del hombre”[15].  Y, al mismo tiempo, “la fe crece cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y gozo”[16]. La fe está en el origen de la vida eclesial; los fieles cristianos movidos por la enseñanza de los Apóstoles, la oración y la celebración de la Eucaristía ponían en común todos los bienes para atender las necesidades de los hermanos[17]. Todo ello nos lleva a concluir que “la fe sin la caridad no da fruto, y la caridad sin fe sería un sentimiento constantemente a merced de la duda. La fe y el amor se necesitan mutuamente. De modo que una permite a la otra seguir su camino”[18].

Debemos aprovechar, pues, el Año de la Fe como una oportunidad providencial para intensificar el testimonio de la caridad.

8.- Tres incentivos para el ejercicio de la caridad

El Año de la Fe, la celebración de la Eucaristía en la fiesta del Corpus Christi, y el aniversario del Concilio Vaticano II, especialmente explícito en la Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el mundo, han de constituir un motivo especial de reflexión, de conversión y de proyectos personales y comunitarios ordenados al mejor ejercicio de la caridad con los necesitados.

9.- Una llamada a servir a los pobres

Jesús se ciñó la toalla, con humildad asumió el oficio de los esclavos y lavó los pies de los apóstoles. Precioso icono que nos invita a acercarnos a los hermanos más pobres, a los que sufren, a los más necesitados despojándonos de toda riqueza, de toda actitud de suficiencia, compartiendo con ellos lo que somos y tenemos. Sólo la solidaridad nos ayudará a avanzar por caminos que den vida y esperanza a los hermanos más pobres.Vivir sencillamente ayudará a que otros, sencillamente, puedan vivir,  nos dice la campaña institucional de Caritas para este Año de la Fe.

Aprovechemos la llamada de Dios a través de la Iglesia y la gracia que el Señor nos ofrece constantemente para que avancemos en nuestra conversión rompiendo con individualismos egoístas y abriendo el alma a la generosidad del amor según el ejemplo de Jesucristo.

Escuchemos el clamor de los que mueren de hambre en el Tercer Mundo, de los que están en paro, de los mayores solos y de los enfermos, de los desahuciados y víctimas de violencia, que sientan el amor y la cercanía de todos nosotros a través de nuestro compromiso solidario.

5 de mayo de 2013

NOTAS

[1] BENEDICTO XVI, Deus caritas est, n. 19.

[2] BENEDICTO XVI, Deus caritas est, n. 22.

[3] BENEDICTO XVI, Deus caritas est, n. 25.

[4] Cf. BENEDICTO XVI, Deus caritas est, nn.1y 17.

[5] BENEDICTO XVI, Motu Proprio “Intima ecclesiae natura”, 11 de noviembre de 2012.

[6] Cf. BENEDICTO XVI, Deus caritas est, n.28.

[7] BENEDICTO XVI, Motu Proprio “Intima ecclesiae natura”. Proemio.

[8] BENEDICTO XVI, Sacramentum caritatis, 47.

[9] BENEDICTO XVI, Sacramentum caritatis, 11.

[10] BENEDICTO XVI, Sacramentum caritatis, 88.

[11] BENEDICTO XVI, Deus caritas est, n. 16.

[12] BENEDICTO XVI, Deus caritas est, n. 15.

[13] Cf. BENEDICTO XVI, Deus caritas est, n. 18.

[14] Mt 25, 40.

[15] BENEDICTO XVI, Porta fidei, n.6.

[16] BENEDICTO XVI, Porta fidei, n.7.

[17] Cf. Hch 4, 18-19.

[18] BENEDICTO XVI, Deus caritas est, n. 14.

¡Cristo está vivo! No lo dejes en el sepulcro


Autor: P. José Luis Richard | Fuente: Catholic.net
¡Cristo está vivo! No lo dejes en el sepulcro
Igual que Pedro exclamemos jubilosos: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.
¡Cristo está vivo! No lo dejes en el sepulcro

La memoria del hombre no es infalible. Existe la famosa curva del olvido: después de aprender algo, poco a poco el tiempo lo oscurece y confunde y quizá hasta lo borra.

Algo así parece que ha pasado con la imagen de Cristo. Ha sufrido esa misma curva del olvido. Muchos hombres aún distinguen una imagen más o menos clara de Cristo aunque algo desfigurada. Otros la ven ya un poco borrosa. Algunos la han perdido. Hoy Cristo nos pregunta la opinión que de Él tiene el mundo como aquel día preguntó a sus discípulos en Cesarea de Filipo: ¿Quién dice la muchedumbre que soy yo?

También nosotros tendríamos que responderle: “los hombres dicen que eres Elías o uno de los antiguos profetas”. Hablan de Cristo como si se tratara de un monumento histórico o de un personaje legendario. Para muchos hombres Cristo ha perdido su actualidad. No ejerce atractivo en el mundo. Su doctrina ha pasado de moda. No tiene nada que enseñar a los hombres tan avanzados de hoy.

Otros comparan a Cristo con Juan el Bautista. Lo creen demasiado sobrio y difícil, demasiado austero. Les parece demasiado exigente y su doctrina muy pesada para los hombres de hoy. O quizá ellos son demasiado cómodos y buscan llegar a la cima sin moverse ni sudar. Ciertamente reconocen la validez de su doctrina pero no se animan a hacerla propia.

Preferirían alcanzar a Cristo más fácilmente. Ser virtuosos, pero sin esfuerzo. Desearían que Cristo no hubiera hablado de cruz, que se hubiera limitado a contarles esas cosas tan bonitas del cielo, del banquete, de los lirios del campo…

En cambio, Pedro exclama, jubiloso, su experiencia de Cristo: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.

No sabe bien todavía cómo ha llegado a esa conclusión pero su corazón asiente a lo que acaba de decir. Al inicio él había seguido a Cristo atraído por su liderazgo, su personalidad. El rostro de Cristo irradiaba alegría y atractivo. Nadie como Él de íntegro: buscaban prenderlo pero no encontraban falta alguna en él. Ninguno tan recio y varonil y, al mismo tiempo, tan cariñoso con los niños y bondadoso con los enfermos y pecadores. Sabía apreciar mejor que nadie la belleza de una flor, del lago, del cielo…

Después Jesús había confirmado su fe incipiente con imponentes milagros, le había enseñado, orientado… incluso le había corregido varias veces. También le había puesto a prueba alguna vez, pero su amistad se había mantenido firme: “Señor, ¿a quién iremos? Sólo Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6, 68).

Y ahora que Jesús se enfrenta con la hostilidad y el rechazo y ha tenido que abandonar Jerusalén, él le vuelve a reiterar su fe y su adhesión. Pero en esta ocasión, sus palabras denotan ya mayor profundidad y emoción: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.

Tres experiencias de Cristo. Tres fotos. Pero válida sólo la que sacó Pedro. Los otros se la sacaron a un fantasma, no al Cristo auténtico.

Cristo está vivo. No luchamos por una figura histórica solamente. Como hace veinte siglos, Él es motivo de amor y de odio. Contra Él chocan las olas de la humanidad y en Él se dividen las vidas de los hombres.

La Encarnación del Verbo


Autor: Padre Jesús Martí Ballester | Fuente: http://www.mariologia.org
La Encarnación del Verbo
María es Madre de Dios, y no sólo Madre de Jesús
La Encarnación del Verbo
La Encarnación del Verbo

Esta fiesta hunde sus raíces en los primeros siglos del cristianismo. Los Padres de la Iglesia creían, demostraban y predicaban que la Madre de Jesús era Madre de Dios. La herejía de Nestorio divulgaba que María sólo era madre de la naturaleza humana de Jesús. Contra este error herético los escritores cristianos escribieron y predicaron la verdad con el objeto de probar en sus escritos y en sus múltiples homilías que en Cristo subsistía la humanidad con la divinidad. María es Madre de Dios, y no sólo Madre de Jesús. El Concilio de Éfeso definirá la verdad de María Madre de Dios, Theotokos, aclamada por los fieles alborozados, que acompañaron a los Padres Conciliares con antorchas en la noche, a la salida del aula conciliar. La literatura aramea había desarrollado el concepto de María como segunda Eva. La virginidad y concepción virginal de María, además, era una verdad que constituía un tema importante de la doctrina cristiana, como lo testimonian Orígenes en “Contra Celsum”; Arístides en su “Apología” dirigida al emperador Adriano en 117, subrayando que Jesús “de una virgen judía tomó y se revistió de carne, y habitó en la hija del hombre”. Y la cuestión era tan importante hasta el punto de creer, según sostiene Ignacio de Antioquia en su Carta a los Efesios 19, 1 que: “Al príncipe de este mundo permaneció oculta la virginidad de María, su parto y la muerte del Señor. Son estos los tres misterios, que se cumplieron en el silencio de Dios”

En el Símbolo de la Fe la Iglesia confiesa que “Jesucristo descendió del cielo y se encarnó por obra del Espíritu Santo en María Virgen” según el Concilio Niceno-Constantinopolitano en 381, que se ha convertido en el carné de identidad y de ortodoxia para todas las iglesias orientales y occidentales. Si bien para llegar a esta formulación costó, pues cada iglesia tenia un formulario o Símbolo donde se expresaba brevemente, las principales verdades de la fe, pero todos hacían explícita fe en la Encarnación y la mayoría nombraban a María en su concepción virginal, algunos no nombraban al Espíritu Santo o primero se nombraba a María y después al Espíritu Santo hasta que cuajó en el actual Símbolo “por obra del Espíritu Santo en María la Virgen”. Estos testimonios reflejan la complejidad de las controversias dogmáticas de los primeros siglos.

JUAN PABLO II

«Una sola fuente y una sola raíz, una sola forma resplandece en el triple esplendor. ¡Allí donde brilla la profundidad del Padre, irrumpe la potencia del Hijo, sabiduría artífice del universo entero, fruto generado por el corazón paterno! Y allí relumbra la luz unificadora del Espíritu Santo». Así cantaba en el siglo V Sinesio de Cirene, celebrando, en la aurora de un nuevo día, la Trinidad divina, única en la fuente y triple en su esplendor. Esta verdad del único Dios en tres personas iguales y distintas no está relegada en los cielos; no puede ser interpretada como una especie de «teorema aritmético celeste» sin ninguna repercusión para la vida del hombre, como suponía el filósofo Kant.

La gloria de la Trinidad se hace presente en el tiempo y en el espacio y encuentra su epifanía en Jesús, en su encarnación y en su historia. Lucas escribe la concepción de Cristo a la luz de la Trinidad, según las palabras del ángel dirigidas a María en Nazaret de Galilea. En el anuncio de Gabriel, se manifiesta la presencia divina: Dios, a través de María, entrega al mundo a su Hijo: «Vas a concebir en tu seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre» (Luc 1,31).

EL LAZO CON LA TRINIDAD 

En Cristo se unen el lazo filial con el Padre de los Cielos y el lazo con la madre terrena. Pero, en la Encarnación participa también el Espíritu Santo, cuya intervención produce esa generación única: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios» (Lc 1,35). Estas palabras iluminan la identidad de Cristo en relación con las Personas de la Trinidad. Es la fe de la Iglesia, que Lucas presenta ya en el tiempo de la plenitud salvífica: Cristo es el Hijo del Dios Altísimo, el Grande, el Santo, el Rey, el Eterno, cuya generación en la carne se realizó por obra del Espíritu Santo. Por eso: «Todo el que niega al Hijo tampoco posee al Padre. Quien confiesa al Hijo posee también al Padre» (1 Jn 2,23).

La Encarnación se encuentra en el centro de nuestra fe, en la que se revela la gloria de la Trinidad y su amor por los hombres: «La Palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria» (Jn 1,14). «Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único» (Jn 3,16). «En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene; en que Dios envió al mundo a su Hijo único para que vivamos por medio de él» (1 Jn 4,9). A través de estas palabras comprendemos cómo la revelación de la gloria trinitaria de la Encarnación no es una simple iluminación que rompe la tiniebla por un instante, sino una semilla de vida divina en el corazón de los hombres: «Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibiéramos la filiación adoptiva. La prueba de que sois hijos es que Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: ¡Abbá, Padre! De modo que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero por voluntad de Dios» (Gál 4,4; Rom 8,15). El Padre, el Hijo y el Espíritu están presentes y actúan en la Encarnación para que participemos en su misma vida. «Todos los hombres son llamados a esta unión con Cristo, luz del mundo, de quien procedemos, por quien vivimos y hacia quien caminamos» (LG). Y dice san Cipriano, la comunidad de los hijos de Dios es «un pueblo de la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo».

Y la Evangelium vitae, 37 dirá: “Conocer a Dios y a su Hijo es acoger el misterio de la comunión de amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo en la propia vida, que ya desde ahora se abre a la vida eterna por la participación en la vida divina. Por tanto, la vida eterna es la vida misma de Dios y a la vez la vida de los hijos de Dios. Un nuevo estupor y una gratitud sin límites se apoderan necesariamente del creyente ante esta inesperada e inefable verdad que nos viene de Dios en Cristo”. “En este estupor y en esta acogida vital tenemos que adorar el misterio de la Santísima Trinidad, que es «el misterio central de la fe y de la vida cristiana. Es el misterio de Dios en sí mismo. Y por tanto el manantial de todos los demás misterios de la fe; es la luz que los ilumina” (CIC, 234).

En la Encarnación contemplamos el amor trinitario que se manifiesta en Jesús; un amor que no se queda cerrado en un círculo perfecto de luz y de gloria, sino que se irradia en la carne de los hombres, en su historia; penetra en el hombre regenerándolo y haciéndole hijo en el Hijo. San Ireneo decía, la gloria de Dios es el hombre viviente: «Gloria enim Dei vivens homo, vita autem hominis visio Dei»; no sólo para su vida física, sino sobre todo porque «la vida del hombre consiste en la visión de Dios» («Adv Haer» IV, 20,7). Y ver a Dios es quedar transfigurados en él: «seremos semejantes a él, porque le veremos tal cual es» (1 Jn 3,2). (Andrés de Creta y Theofhanes de Creta. 1546. Monte Athos).

EL CULTO DE LA ANUNCIACIÓN EN LA PATRISTICA 

“Hoy ha llegado la alegría de todos, que absuelve de la primitiva condena. Hoy ha llegado Aquel que está en todas partes, para llenar de júbilo todas las cosas”. “Este es el día de una buena nueva de alegría, es la fiesta de la Virgen; el mundo de aquí abajo se toca con el de ahí arriba; Adán se renueva y Eva se libra de la primitiva aflicción; el tabernáculo de nuestra naturaleza humana se convierte en templo de Dios gracias a la divinización de nuestra condición por El asumida. ¡Oh misterio! El modo del advenimiento de Dios nos es desconocido, el modo de la concepción queda inexpresable. El Angel se hace ministro del milagro; el seno de la Virgen recibe un Hijo; el Espíritu Santo es enviado; desde lo alto el Padre expresa su beneplácito, la unión se realiza por voluntad común; en Él y por medio de Él, henos aquí salvos; unimos nuestro canto al de Gabriel y cantamos a la Virgen: Ave llena de gracia, a través de ti llega la salvación, el Cristo nuestro Dios; la ha tomado nuestra naturaleza y nos ha elevado hasta él. Ruégale por la salvación de nuestras almas.” (Doxasticon)

“Hoy se inicia nuestra salvación y la manifestación del eterno misterio: el Hijo de Dios se hace Hijo de la Virgen y Gabriel anuncia la gracia. Con él decimos a la Madre de Dios: Salve llena de gracia, el Señor es contigo. A ti capitana que por nosotros combates, nosotros, tus siervos, salvados de los peligros, dedicamos el himno de victoria, como canto de agradecimiento, oh Madre de Dios. Pero tú que posees una fuerza invencible, líbranos de todos los peligros, para que podamos cantarte: Alégrate, oh esposa inviolada” (Apolytikion y Kontakion). En la Anunciación es donde “se ha realizado el misterio que sobrepasa todos los limites de la razón humana, la Encarnación de Dios” (Monje Gregorio). Esta fiesta es “el canto proemial de una alegría indecible” (Andrés de Creta).

FIESTA LITÚRGICA

Los primeros testimonios de esta solemnidad litúrgica aparecen en la época del emperador Justiniano, en el siglo VI. En la Iglesia antigua la fiesta de la Anunciación iba asociada a la Navidad. Al aumentar la importancia de la Natividad del Señor, se formó un pequeño ciclo navideño y la Anunciación cobró más autonomía respecto al núcleo primitivo hasta constituirse en fiesta mariana autónoma. El papa Sergio I (687), introdujo esta fiesta en la Iglesia Romana. Se celebraba una solemne procesión a Santa María la Mayor, basílica con mosaicos referidos a la divina maternidad de María, establecida por el Concilio de Éfeso (431). Desde el principio la fiesta se estableció el 25 de marzo, porque Jesús se había encarnado coincidiendo con el equinoccio de primavera, tiempo en el que según los antiguos, fue creado el mundo y el primer hombre, como lo comenta Anastasio Antioqueño (599) en su Homilía sobre la Anunciación.

Ulteriores precisiones de naturaleza teológica son hechas por Máximo el Confesor (662) en la Vida de María, 19. En ambos resuena la concepción de Cristo segundo Adán y la recreación del mundo por parte de Dios en la Encarnación con vistas a la Resurrección, plenitud de todo lo creado. Lo que más llama la atención de esta fiesta es el sentido de alegría profunda de los himnos, oraciones y homilías, en conflicto con la austeridad de la Cuaresma. En la iglesia bizantina se celebra esta solemnidad anticipada al 24 de marzo, con un oficio, himnos y el Canon de Maitines de Teófanes Graptos (845), defensor de los iconos en la época iconoclasta.

LA ICONOGRAFÍA

El icono de la Anunciación es colocado en el Iconostasio. Leyendo a Ez. 44, 1-4, se comprende el sentido que alude a la virginidad de María y la gloria del Señor que es ella. Pedro de Argos (922) comenta en una homilía: “Es ella, la Virgen, la puerta que mira a Oriente que llevará en su seno a Aquel que avanza en Oriente sobre el cielo de los cielos y permanecerá inaccesible a nosotros”. El esquema es muy simple: el ángel da su anuncio a una joven muchacha que está hilando la púrpura de pie o sentada. En algún caso tiene entre las manos un aguamanil y está junto a una fuente, esta variante es muy antigua o lee con actitud devota.

La Virgen en los iconos es representada joven pues el monje Epifanio (S. IX), en su Discurso sobre la vida de la Madre de Dios, le calcula años, altura, rostro, color de ojos, piel etc. A menudo la cabeza de la Virgen está inclinada ligeramente para dar cumplimiento al salmo: “Escucha, hija, mira, presta tus oídos, olvida a tu pueblo y la casa de tu padre: al Rey le agrada tu belleza” (Sal. 46,11). Desde lo alto un rayo viene a posarse sobre ella. Representa al Espíritu, en forma de paloma, pero no es un rayo de luz sino de sombra: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra”. En este icono se combinan en el Angel y la Virgen el color verde, azul, rojo, púrpura y oro, todos de gran simbolismo. La Virgen lleva un manto (maforion) rojo – marrón bordado en oro y túnica verde-azulada. El ángel lleva la misma túnica pero manto púrpura, colores que se repiten en las alas del ángel y los cojines donde esta sentada María. El color rojo del manto virginal simboliza la sangre, el principio de la vida, belleza, juventud, amor. Es el color del Espíritu Santo, fuego. Es símbolo del sacrificio y del amor. El color marrón del manto de la Virgen indica la humildad, la tierra arada que se presta a recibir la semilla. Así lo canta el Akathistos. El manto del ángel es púrpura, de igual color es la lana que María hila y representa a Cristo tejiéndose en su seno. El color púrpura esta reservado a las más altas dignidades y simboliza el mas alto poder. El oro simboliza la divinidad, por ello lleva un brazalete oro en el brazo. La vestidura púrpura es a la vez real y sacerdotal. En el Angel, Dios mismo actúa en María. En algunos iconos el color de las ropas del ángel es blanco, que es el que precede a la luz del alba, que anuncia el nacimiento, la vida. Tiene una banda azul en la manga que se difumina en el blanco y da vivacidad a sus alas. El azul es el color de la inmaterialidad y de la pureza, de algo que viene de un mundo superior, de un mundo espiritual.

Las túnicas de la Virgen y del Angel son verdes, color complementario del rojo, como lo es el agua del fuego. Es el color del mundo vegetal, de la primavera y por tanto de la renovación. Verde y vida son dos palabras conexionadas. Situado entre el azul (frío) y el rojo (caliente), el verde representa el equilibrio perfecto y simboliza la regeneración espiritual. El azul simboliza el despego de los valores de este mundo y el ascenso del alma hacia lo divino, que se encuentra con el blanco virginal. El oro símbolo de la divinidad y la perfección ilumina toda la escena desde arriba, es la vida eterna que con Cristo Luz se hace presente en esta vida caduca. El oro espiritualiza las figuras, las libera de toda limitación terrestre con lo que toda la composición se llena de bella armonía.

Las tres estrellas en el manto en la frente y en los hombros, corresponden al gesto trinitario de la mano derecha del ángel y representan la señal de la santificación de la Trinidad, como Madre de Dios. Ella era virgen antes, en y después del parto, la única siempre Virgen en el Espíritu, en el alma y en el cuerpo. “El Señor era Aquel que de ella nació, por tanto la naturaleza su curso mudó,” según el Akathistos, oda 7ª.

María está sentada sobre un trono y sus pies se apoyan en un pedestal, porque ha sido colocada por encima de la naturaleza angélica. Calza zapatos de color púrpura, el mismo color del manto del ángel, del cojín y del velo que está encima de los edificios. Este color rojo púrpura subraya su carácter regio. Es la Madre del Emperador y Señor del universo. “Salve Reina, Paraíso animado, en cuyo centro brota el Árbol de la Vida: el Señor cuya dulzura alienta a aquellos que tienen fe y que ya estaban sujetos a la corrupción”. Akathistos, oda 5 ª. En la antigüedad el oro y la púrpura estaban reservados al emperador y familiares. Se quiere evidenciar la realeza divina que rodea a la Virgen.

SIMBOLISMO DE LOS COLORES 

La simbología de los colores quiere manifestar el misterio de la Encarnación. La Virgen hila la púrpura. Teje místicamente la vestidura purpúrea del cuerpo del Salvador en su interior, que es el Rey Dios y Hombre. Efrem de Siria (373), en su Primer discurso sobre la Madre de Dios pone en boca del ángel estas bellísimas palabras: “La fuerza del Altísimo habitará en ti y uno de los Tres morará en ti conforme a cuanto te he dicho. Del hilo por la trama de la tela que es tu corporeidad, El se tejerá una prenda y la llevará”, refiriéndose al cuerpo de Jesús formándose en María. Según Efrem, el Señor teje la nueva prenda para quitar al hombre y a la mujer las túnicas de piel con las que los había vestido al expulsarlos del Paraíso (Gen 3, 21). “Hoy María se ha hecho cielo y ha traído a Dios, porque en ella ha descendido la excelsa divinidad y ha hecho morada. La divinidad se hizo en ella pequeña para hacernos grandes, dado que por su naturaleza no es pequeña. En ella, la divinidad nos ha traído una prenda para alcanzar la salvación”. Efrén de Siria, en su Segundo discurso sobre la Madre de Dios, expresa: “El Señor ante el que tiemblan los ángeles, seres de fuego y espíritu, está en el pecho de la Virgen y lo ciñe acariciándolo como un niño… ¿Quién vio nunca que el fango se hiciera vestimenta del alfarero? ¿Quién ha visto al fuego envuelto a si mismo en pañales?” De la literatura apócrifa vienen varias referencias que se plasmarán en representaciones iconográficas como hilar la púrpura. Lucas no habla de la púrpura, mencionada en la literatura apócrifa cuando se le encarga a María hilar con púrpura y carmesí un toldo para el Templo del Señor. Hilando recibe el anuncio de su maternidad. La Virgen al ver “al Luminoso, nada segura, agachó la cabeza y calló” (Romano el Meloda).

El ángel empuña con la mano izquierda un largo bastón, símbolo de autoridad y dignidad del individuo, del mensajero, del peregrino. Pues el ángel responde a estas características. La mano derecha se extiende cual si quisiera poner el anuncio, señal visible de una palabra que pasa de un individuo a otro. Acompaña a la mirada dirigida a María: “Un día la serpiente fue para Eva fuente de luto, y yo ahora te anuncio la gloria”. Himno Akathistos.

Sus dedos se colocan a menudo, no en el típico gesto alocutorio, sino en el gesto de la bendición bizantina y cargada de simbología. Los tres dedos abiertos recuerdan a la Trinidad y que Cristo es una de las tres personas divinas. Los dos dedos replegados recuerdan que en Cristo subsisten dos naturalezas, la humana y la divina, aunque en las representaciones no están visibles, porque el misterio de la Encarnación aun no había comenzado. La figura angélica emana sensación de vitalidad, de movimiento, pero su rostro trasluce una expresión de perplejidad. A veces hay dos ángeles en la escena. Una que representa la reflexión del ángel que “llegado a Nazaret ante la casa de José, se detiene perplejo pensando que el Altísimo quisiera descender entre los humildes y piensa: “El cielo entero no es suficiente para contener a mi Señor ¿y podrá ser acogido por esta pobre joven? ¿Se haría visible en la tierra el Todopoderoso desde ahí arriba? Pero ciertamente será como Él quiere. Luego, ¿por qué me paro y no vuelo y le digo a la Virgen: Salve, Virgen y Esposa?” (Romano el Meloda).

MARÍA NARRA LÍRICAMENTE A JOSÉ EL MISTERIO 

El mismo Romano (S. VI) narra como la Virgen refirió a José el encuentro con el ángel: “Se presentó un ser alado y me entregó un regalo de bodas, perlas para mis orejas; puso sus palabras como pendientes (Prov 25,12)…Ese saludo, dicho a mis oídos, me hizo resplandecer, me hizo madre, sin haber perdido mi virginidad…”. Para los sabios antiguos, la vida entra en nosotros a través de los oídos. Los escritores cristianos siguieron esta manera de entender la concepción. Tertuliano en “La Carne de Cristo” habla de la concepción de Eva a través del oído en analogía con la de María: “Como la palabra del demonio, creadora de muerte, había entrado en Eva aún virgen, de modo análogo debía entrar en una virgen el Verbo de Dios, edificador de vida, para que lo que cayó en perdición fuese reconducido a la salvación; Eva había creído en la serpiente; María creyó en Gabriel: el pecado que Eva cometió creyendo, fue borrado por María creyendo… ”La palabra del demonio se entiende como semilla de muerte. La palabra de Dios, Jesús, semilla de vida se sembró en María por las palabras del ángel.

Efrén el Sirio en 373, comenta en el Diatessaron: “La muerte hizo su entrada por el oído de Eva, por tanto la vida entró a través del oído de María”. El oído como símbolo de obediencia a la palabra y aceptación libre de la maternidad mesiánica. Son muchos los escritores orientales y occidentales los que han entendido la concepción virginal de esta forma: Teodoro de Ancira (446) “… María la Profetisa, a través del oído concibió al Dios viviente: pues el paso físico de las palabras es el oído…” Homilía IV sobre la Madre de Dios y Simeón; Pseudo Crisóstomo (446) este sigue con la idea de Teodoro de Ancira en su Homilía sobre la Anunciación de la Madre de Dios. Proclo de Constantinopla (446) “El Emmanuel abrió las puertas de la naturaleza como hombre, pero como Dios no rompió el sello virginal, de esta forma salió del útero como por el oído había entrado; así fue alumbrado, como concebido; sin pasión entró, sin corrupción salió.” Dicen el Pseudo Atanasio y Atanasio Antioqueño (599) “El ángel entonces se alejó, mientras ella concibió a través del oído” (Homilía contra Arrio sobre la Virgen Madre de Dios” del Pseudo Atanasio. Atanasio el Antioqueño sigue con este argumento en su Homilía II sobre la Anunciación.

De igual manera Sofronio de Jerusalén (638) en su Homilía sobre la Anunciación. Andrés de Creta (740), expresa: “Ella acogió en vez del semen, la voz de Gabriel y quedó en cinta” Homilía de la Anunciación. Juan Damasceno (749) “La concepción tuvo lugar a través del oído, mientras el nacimiento ocurrió por la salida usual. No era en efecto imposible salir por la puerta regular sin dañar los sellos de esta”, dice Zenón de Verona (380) “El diablo, insinuándose en el oído con la seducción, había herido y destruido a Eva, Cristo también, a través del oído ha penetrado en María y naciendo de la Virgen ha eliminado todos los vicios del corazón…”. “Dios hablaba por boca del ángel y la Virgen se sentía impregnada en los oídos” dice Fabio Fulgencio (S.V); el mismo concepto en Bloso Emilio Draconcio (S. V). Ambos insisten en la imagen “La concepción tiene lugar a través del casto oído… mediante la palabra fecundante… Dios entra en el seno virginal”. Y Enodio (521) “La Virgen viviendo sola, concibe al Hijo a través de la escucha… lo que la lengua profirió, se hace semen”. Y Alcuino (804) “El Arcángel infundió la palabra en sus oídos y Dios unió íntimamente a sí los miembros humanos; la fe acogió al que la castidad engendró, mientras la antigua maldición fue destruida por la nueva bendición”.

El misal de Estrasburgo: “Alégrate, Virgen Madre de Cristo, que has concebido a través del oído”. El breviario maronita: “El Verbo del Padre entró en el oído de la Bienaventurada” La escena tiene lugar en el exterior de unos edificios. El velo púrpura que a veces cubre a la Virgen y que esta situado sobre los edificios, es una alusión al velo del templo y símbolo del velo del cuerpo del Salvador que estaba sobre ella antes de entrar en ella. Así lo expresa Efrem el Sirio. Ninguna religión antigua puede comprender ni abarcar el misterio de la Encarnación, es algo nuevo. Dios es distinto a todas las concepciones captadas por el hombre hasta ahora. Es Dios y Hombre, el Todopoderoso se despoja de todo poder. El Incorruptible se hace corrupción. Al que el universo entero no puede contener ni abarcar se esconde en el seno de una Virgen. La razón humana nada puede entender, hasta que este misterio sea revelado por Cristo.

El pozo, que en iconos de la Anunciación, situado delante de María y lugar donde esta recibe el saludo del ángel, aparece detrás del estrado donde está sentada la Virgen. El pozo es cuadrado, símbolo de la tierra, de lo creado en general y por tanto puesto en plano distinto respecto al ángel, señalando la superioridad de la naturaleza angélica. El pozo subraya la disponibilidad de lo creado a recibir el agua de la vida: Cristo en María. El pozo en culturas antiguas y en la hebrea, tiene atributos sagrados, pues sintetiza los tres ordenes cósmicos: cielo, tierra, infierno y los tres elementos: agua, tierra, aire. Realiza una escala de salvación que une entre sí los tres planos de lo creado. En hebreo el pozo reviste también el significado de mujer y esposa.

En algunas representaciones, junto a los dos protagonistas, Angel y Virgen, aparece una joven. Puede ser una transposición iconográfica del anuncio a Ana. A veces aparece hilando la púrpura con la Virgen. A veces hay un jarrón de flores, que puede ser el aguamanil que llevaba la Virgen al hombro o un jarrón ornamental con flores. O la imagen del elogio Akatistos “Flor de Incorruptibilidad”, difundido en Occidente por Bernardo de Claraval como “Lirio de castidad inviolada”. Los textos de esta fiesta están influenciados por la tradición bíblica y patrística desde los apócrifos, en especial del Protoevangelio de Santiago. También de tradición apócrifa es el estado viudo y de edad de José, así como la vara florecida de éste, como signo de elección para esposo de María, con la variante de la paloma que sale del bastón de José y se posa sobre su cabeza como elegido. La iconografía parece haber sintetizado las aportaciones de estas tradiciones que tienen una raíz común en el evangelio de Lc 1, 26, en el que está contenida la esencia del Credo de los primeros cristianos sobre la Encarnación: Jesús ha sido concebido por obra del Espíritu Santo y ha nacido de una Virgen.

Sobre el texto de Lucas 1, 26, Santos Padres y escritores espirituales, comentan: por qué el anuncio fue dado a una virgen prometida y por qué la virgen quedó turbada por el saludo del ángel. Orígenes, Ignacio de Antioquia, Sofronio de Jerusalén, Agustín de Hipona defienden que la Virgen había hecho voto de castidad. Beda el Venerable sigue esta línea que es también de Orígenes sobre la meditación que María hacía, representada con un libro entre sus manos. La misma idea remarca Epifanio: “María se dedicaba intensamente al estudio de la Sagrada Escritura, trabajaba la lana, la seda…” María aparece con un libro entre las manos o en el atril con el significado teológico de que ha concebido al Verbo, la Palabra, el Libro de nuestras almas,” afirma el Doxasticon.

Dia del Seminario


DIA DEL SEMINARIO

Publicado en web el 1 de marzo, 2013

El Seminario de Guadalajara a través de La Historia
La necesidad de formar buenos Sacerdotes

El 9 de septiembre de 1696, el Obispo de Guadalajara, Fray Felipe Galindo y Chávez, O. P., fundó el Seminario de esta ciudad. Empezó con pocos alumnos, pero poco a poco fue creciendo en prestigio y como institución.

Pbro. Lic. José Guadalupe Miranda Martínez,
Vicerrector del Seminario

6890215127 e5540c769e bA mediados del siglo XVI, la Iglesia inició una profunda renovación mediante el Concilio de Trento. Una de las preocupaciones más acuciantes del Concilio era la sólida formación de buenos Pastores, por lo que en su sesión XXIII, en 1563, se dio el Decreto de Erección de Seminarios. Pero esta disposición no se hizo efectiva en Guadalajara sino hasta 1696, casi siglo y medio después, por diversas situaciones, y porque la Iglesia novohispana estaba tutelada por la monarquía española, bajo lo que se llamaba el “Patronato Regio”.
En aquel entonces, la mayoría de los Sacerdotes venía de España, ya que, en general, en Europa había una sobrepoblación de Sacerdotes tanto Diocesanos como Religiosos, con lo cual se pudo hacer frente a los retos pastorales de la Nueva España y lo que ahora es América Latina. Posteriormente, poco a poco empezaron a surgir Sacerdotes de estas latitudes, formados en Seminarios propios, que estaban directamente bajo la vigilancia del Obispo y de las Autoridades Civiles; Roma los seguía también, a distancia.

La fundación

El 9 de septiembre de 1696, el Obispo de Guadalajara, Fray Felipe Galindo y Chávez, O. P., fundó el Seminario de esta ciudad. Empezó con pocos alumnos, pero poco a poco fue creciendo en prestigio y como institución. Al Seminario recurrían no solamente los que pensaban ser Sacerdotes, sino también aquéllos que querían hacer estudios de calidad, porque durante mucho tiempo se cuidó que la formación humanística fuera muy esmerada. Después venía lo que era propiamente la formación filosófica y teológica para que los candidatos accedieran a las Órdenes Sagradas.

Más de un siglo de dificultades

A partir de 1810, el Seminario sufre vicisitudes por los conflictos armados. La primera vez que se suspendieron labores fue cuando el señor Cura Miguel Hidalgo entró en Guadalajara en noviembre de 1810, y cosa curiosa, buena parte de las tropas de Hidalgo se alojaron en el Seminario, en el edificio que actualmente ocupa el Museo Regional, frente a La Rotonda.
A partir de entonces, el Seminario ya no volverá a respirar la misma paz y tranquilidad del Virreinato. Los enfrentamientos entre Conservadores y Liberales fueron muy comunes. La Guerra de Reforma fue la que más daño hizo al Seminario; su edificio fue expropiado, y de la institución se quiso borrar hasta el nombre, tanto que se puso el nombre de la actual Calle Liceo, a la que antes se llamaba Calle del Seminario.
Así, el Seminario comienza un período de mucha dificultad, de andar de un lado para otro. Se obtuvo una paz relativa en la época de Porfirio Díaz, y fue entonces cuando el Seminario estuvo en condiciones de hacerse de una nueva planta muy digna, a principios del Siglo XX, en ese edificio que la XV Zona Militar ocupó mucho tiempo y que hoy también es un Museo. Pero el gusto de esta nueva casa duró muy poco, pues el 8 de julio de 1914, con la llegada de las tropas de Obregón a la ciudad, fueron expropiados los edificios más importantes de la Iglesia, y ya no los soltaron.
A partir de esa fecha, el Seminario volvió a conocer tiempos de dificultad, dispersión y persecución; los seminaristas andaban de un lado para otro, en casas improvisadas para la formación, escondiéndose continuamente y ocultando sus libros; incluso algunos trataron de esconderse en las barrancas, pero no pudieron perseverar y se interrumpió su proceso formativo.
Gracias a los esfuerzos del señor Cura San Cristóbal Magallanes, el único bastión del Seminario que no dejó de funcionar fue la Casa de Totatiche, que incluso sigue haciéndolo hasta la actualidad.
De esta época surgió el fruto más preciado del Seminario, el de santos Sacerdotes que optaron por quedarse al servicio de sus fieles en medio de las adversidades y la persecución; muchos de ellos fueron martirizados y canonizados. Ellos son nuestros principales intercesores y modelos a seguir.

El Seminario hoy: nuevos desafíos

P1010780A partir de 1940, el Seminario entró en una nueva fase, gracias al liderazgo de Pastores entregados y visionarios, impregnados de Evangelio; primero, Monseñor José Garibi Rivera, quien fuera el primer Cardenal mexicano; y luego, el Padre José Salazar López, Maestro y Rector de esta institución, y quien llegaría a ser Arzobispo y también Cardenal de Guadalajara. Ellos abrieron el Seminario a las necesidades del Nuevo Mundo y a sus nuevas exigencias; y eso sigue siendo hoy un reto, que el Seminario responda a un mundo cada vez más exigente y más crítico del Sacerdote.
Ahora, el seminarista y futuro Sacerdote ha de saber adaptarse al mundo hostil que le toca vivir; sí, hostil, pero ávido y deseoso de ser evangelizado, sobre todo a través de un testimonio vivo y bien encarnado. El Seminario ha de preparar a los jóvenes para que surja este nuevo modelo de Pastores insertados en una Sociedad que ya no es practicante y que poco cree, pero en medio de su agresividad y su crítica siente la necesidad de creer y de ver el testimonio evangélico. Los retos que el mundo nos presenta nos sacuden y cuestionan, y exigen de nosotros una renovación y una respuesta más generosa.

El Seminario, continuidad fructífera

El Seminario ha formado muchos santos Sacerdotes, pero incluso a grandes hombres que no llegaron a ordenarse, los cuales han sido Laicos connotados que ocuparon puestos relevantes, hombres de letras, empresarios, maestros, médicos y benefactores sociales. Esta institución seguirá funcionando porque en ella trabaja el Señor. Ciertamente tendrá dificultades y confrontaciones, pero saldrá siempre renovada y acrisolada de la prueba y la persecución, como sucedió en otros tiempos.

El Seminario, sus distintas Casas y etapas de formación
Formadores y alumnos viven en comunión y fraternidad

El Seminario Diocesano de Guadalajara, en su tarea de formar a los futuros Pastores, cuenta con ocho Casas donde alberga a los seminaristas de distintas edades y regiones del territorio diocesano. Presentaremos aquí una breve semblanza histórica de cada una de ellas, y qué etapas de la formación tienen a su cargo.

José Antonio Larios Suárez, 3º de Teología

En los Seminarios Auxiliares se reciben las vocaciones tempranas de alumnos que cursan la Secundaria y, en algunos casos, también la Preparatoria.

Seminario Auxiliar de Ahualulco

Se inició el 15 de agosto de 2000 en una casa prestada. El señor Cardenal, hoy Arzobispo Emérito, Juan Sandoval Íñiguez, llevó a cabo la solemne fundación canónica el 18 de septiembre de ese mismo año. En marzo de 2006, este Seminario pasó a ocupar sus actuales instalaciones.
Cabe recordar con profundo agradecimiento al Presbítero Ismael Rosales Jiménez, quien prestó su servicio ministerial como Formador en esa Casa del Seminario hasta el 9 de febrero de 2013, cuando fue llamado a la Casa del Padre, después de un breve pero fecundo ministerio.

Seminario Auxiliar de Cuquío

CuquíoEl proyecto de esta Casa de formación fue iniciativa del Padre José Rosario Ramírez, el cual recibió la anuencia y apoyo del Cardenal Juan Sandoval y el entonces Rector del Seminario, el Presbítero Alfredo Dávalos. Se inició con el curso 1999, y en el año 2002 ocupó su actual edificio.

Seminario Auxiliar de La Barca

Fue el señor Cardenal José Salazar López quien apoyó la fundación de esta Casa, aunque fue su sucesor, el Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, quien aprobó su fundación y lo bendijo el 22 de septiembre de 1987. En 1998 se adquirió el terreno donde se fue edificando con la generosidad del pueblo santo de Dios.

Seminario Auxiliar de Totatiche

Cuenta con 96 años de existencia; fue fundado por el señor Cura Cristóbal Magallanes, Santo Mártir mexicano que encabeza la lista de los 25 canonizados el 21 de Mayo de 2000 por el papa Juan Pablo II. Su fundación fue el 1º de Julio de 1915; para el año siguiente ya se tenían 16 alumnos. El entonces Arzobispo de Guadalajara, Francisco Orozco y Jiménez, lo visitó y le concedió el reconocimiento oficial, nombrando como responsable al Padre José Garibi Rivera, quien después sería el Arzobispo de Guadalajara y primer Cardenal mexicano.

Seminario Auxiliar Anacleto González Flores

GraficaAbrió sus puertas el 22 de Agosto de 2005, y el 13 de diciembre de ese mismo año se instaló en Atemajac del Valle. Actualmente es el más prometedor de los Seminarios Auxiliares; el reto que tiene es concluir su Casa para que cada día sea más funcional y apta para recibir una mayor cantidad de alumnos.

Seminario Menor

El Señor Cardenal Garibi Rivera promovió esta obra. El 1º de enero de 1959 se adquirió el terreno, y el 15 de agosto de 1964 se trasladaron los seminaristas que estaban en la Casa de San Martín (donde actualmente está la Sección Seminaristas en Familia y Promoción Vocacional) al actual edificio.
Aquí viven los alumnos que cursan la Preparatoria. Esta casa alberga también a los alumnos del Instituto de Vocaciones de Adultos; aquí los alumnos que han llegado a los 18 años y aún no han cursado la Preparatoria pueden estudiar esta etapa de la formación escolar. Además, en este Instituto se imparte el Curso de Nivelación, dirigido a los jóvenes que, con Preparatoria concluida, e incluso con carrera profesional o técnica terminada, ingresan al Seminario.

Seminario de Tapalpa

Seminario TapalpaTapalpa fue el primer lugar de “Vacaciones de comunidad” para los seminaristas, los cuales se alojaban en el Curato o en el Colegio Parroquial. Con el tiempo, se consiguió un terreno a orillas de la población y se construyó la Casa, que fue inaugurada el 11 de noviembre de 1961, y por tres años fue sede de alumnos de Primero de Humanidades. Luego albergó a los seminaristas de Primero de Filosofía. En 1972, esta Casa vio nacer el Curso Introductorio, que hasta la fecha se imparte ahí. Este Curso fue petición del Concilio Vaticano II, que indicó que los estudios eclesiásticos se iniciaran con un Curso Introductorio.

“En este ciclo escolar sumamos 1,343 seminaristas, repartidos en estas ocho Casas de Formación, todos los cuales deseamos configurarnos con Cristo Buen Pastor. A Dios le agradecemos el llamado que nos ha hecho; a nuestro Seminario la formación integral que nos ofrece, y al Pueblo de Dios su generosa oración y apoyo económico, con lo cual hacen posible que se labre en nosotros un corazón sacerdotal”.

Seminario Mayor

Por impulso del Arzobispo José Garibi Rivera, en 1947 se adquirió el terreno; y aún no concluidas totalmente las instalaciones, el Seminario Mayor abrió sus puertas el 1º de noviembre de 1950, día de la Declaración Dogmática del Misterio de la Asunción de María. El día 20 del mismo mes fue bendecido por el Delegado Apostólico, Monseñor Guillermo Piani, acompañado de Monseñor Garibi Rivera y el Rector del Seminario, que era el Padre José Salazar López.
En esta Casa es donde se lleva a cabo la formación más próxima al ministerio sacerdotal de los candidatos; aquí se encuentran las Facultades de Filosofía y de Teología que preparan a los aspirantes al sacerdocio a un mejor servicio en favor del Pueblo de Dios.

Sem

Día del Seminario
Doblemente bendecidos con la vocación de nuestros hijos

En nuestra Diócesis, Dios sigue llamando no sólo a un miembro de la familia, sino que en ocasiones llama a la vida consagrada hasta dos hijos y, en algunos casos, a varios de ellos; tanto para que sean Sacerdotes, como para consagrarse a la Vida Religiosa.

Armando Antonio Suárez Díaz,
4º de Teología

Conversando con algunos familiares de seminaristas que son hermanos de sangre, expresaban la sorpresa de la vocación y la manera cómo Dios les había pedido compartir a sus hijos: “Es una elección que le compete únicamente a Jesucristo; a nosotros sólo nos resta apoyar a nuestros hijos y brindarles todo lo necesario para que se entreguen en cuerpo y alma en su preparación al Sacerdocio”.

¿Por qué dos hijos en el Seminario?

“Es muy difícil entender este acontecimiento. Dios mira e invita, y eso no es cuestión de tradición y obligación; es designio de la voluntad de Dios, que se tiene qué respetar. Mas, el saber que se encuentran en tan buen camino, nos alegra, nos llena de vida diariamente, porque Dios nos ha pedido también una misión: ayudar en todas las necesidades del Seminario; sobre todo, ayudar en la cuestión espiritual, orando por la vocación de nuestros hijos y la de los jóvenes que caminan juntos en el camino de la Santidad”.
Las familias de los seminaristas comentan que, parte de la decisión al ingreso al Seminario, nació del gusto del servicio en el Altar como monaguillos, de las visitas al Santísimo Sacramento, de la Misa dominical, del buen ejemplo de Sacerdotes y familiares dentro de la Iglesia, de la alegría de tener algún familiar formándose en el Seminario, de las ganas de vivir algo con mayor radicalidad, de la entrega total de la vida, entre otros motivos.

Testigos de la fe

Hermanos Plascencia González
(4º de Teología, y 2º de Teología):

Hnos Plascencia González

“Teníamos mucho gusto de ir a la Iglesia, sobre todo para participar de la Adoración al Santísimo Sacramento”.

Hermanos Barajas Ruedas
(Sacerdote, y 3º de Teología):

Hnos Barajas Ruedas

“El aprendizaje del Sacerdocio es constante, y qué mejor si tengo a alguien quien me enseñe y me oriente el camino seguro de Cristo”.

Hermanos Flores De la Torre
(2º de Filosofía, y Curso Introductorio):

Hnos Flores De la Torre

“La familia está muy orgullosa por tener dos hijos seminaristas; nosotros tenemos mucho apoyo de ella. Resulta de gran admiracion y aprecio también en nuestra Parroquia”.

Hermanos López Bañales
(2º Filosofía, y 2º de Preparatoria):

Hnos López Bañales

“Nuestra familia nos ha apoyado mucho desde el inicio hasta hoy, aunque al principio les causó un poco de miedo a nuestros papás por la decisión que tomábamos a temprana edad”.

Hermanos Morales Enríquez
(Sacerdote, y Diácono):

Hnos Morales Enriquez

“Mi hermano siempre me ha causado gran admiración”.

Hermanos Álvarez Ruiz
(Sacerdote, y 3º de Filosofía):

Hnos Alvarez Ruiz

“Ver a mi hermano Sacerdote siempre alegre trabajando con los jóvenes, ha sido para mí un motivo para seguir a Cristo”.

Hermanos Olvera Leal
(2º de Teología, y 1º de Teología):

Hnos Olvera Leal

“Ha sido una bendición para nuestra familia y una gran sorpresa para todos nuestros amigos y familiares”.

El Lema del Día del Seminario
En sintonía con el Año de la Fe

La Familia del Seminario de Guadalajara está de fiesta, pues este 3 de marzo celebra el Día del Seminario. Para ello, los seminaristas nos disponemos a ir a manifestar nuestra Fe al pueblo santo de Dios en todas las Parroquias de la Arquidiócesis de Guadalajara.

Oscar Iván Rivas Pérez,
3° de Teología

“Feliz porque has creído”, es el Lema con el que nos hemos vestido de gala en esta ocasión, pues la misma expresión manifiesta la alegría y gozo por dicha celebración. Ésta es la afirmación que hacen los hombres que creen en las promesas de Dios. Es la misma expresión utilizada por Isabel ante María: “Dichosa la que ha creído que se cumpliría lo que le fue dicho de parte del Señor” (Lc 1,45). María es un signo de la Gracia de Dios y de la actitud responsorial a la iniciativa libre y benevolente de Dios. La Fe es la fuerza integradora de la vida de María Santísima.
Por eso, el Seminario ha adoptado este Lema haciendo referencia al llamado que cada uno de nosotros tenemos de parte de Dios, y al cual hemos respondido, y lo queremos seguir haciendo siempre con profunda generosidad y entrega en nuestros actos cotidianos de piedad, de estudio, de convivencia, de disciplina, de apostolado; en fin, en todos y cada uno de los momentos de nuestra formación.
Pese a la rapidez con la que el hombre vive en la actualidad, Dios sigue saliendo a su encuentro, pues Él nos ha creado para ser felices, y esa felicidad se encuentra en la medida en que estamos unidos a Cristo. Por eso, el hombre que aprende a decir Sí a Dios, a ejemplo de la Virgen María, se convierte en dichoso por hacer ese acto de Fe.
La Fe de María es un acto de amor y de docilidad, suscitado por el amor de Dios, que está con Ella y la llena de Gracia. Como acto de amor, es un acto totalmente libre. En María se da plenamente el Misterio del encuentro entre la Gracia y la Libertad.

Pistas de solidaridad
Siete formas de ayudar al Seminario Diocesano

Pbro. Adrián Ramos Ruelas
Ecónomo del Seminario

6885239609 c7f5efe32e bPracticar la caridad en este santo tiempo de Cuaresma no te será difícil, apoyando grandes obras. En esta ocasión te propongo colaborar con el llamado “Coraqzón de la Diócesis”, que está invitando a toda la comunidad católica a festejar elDÍA DEL SEMINARIO, con el lema: “Feliz porque has creído… Ven y Sígueme”.
Nuestro Seminario tiene más de 1,300 alumnos internos, repartidos en 10 Casas de la Zona Metropolitana y de otras poblaciones del Estado de Jalisco: Ahualulco de Mercado, La Barca, Cuquío, Totatiche y Tapalpa. El Seminario es sostenido, en gran parte, por el Pueblo de Dios, que ha sido hacia él siempre generoso y desprendido. El cariño que experimenta la comunidad del Seminario durante todo el año se ve reflejado en este gran acontecimiento, que es la fiesta de todos los que nos sentimos parte de esta Institución que prepara y da Sacerdotes a la Iglesia.
Ciertamente, la mejor manera de ayudar al Seminario es orando por los seminaristas y brindando vocaciones al sacerdocio ministerial. Sin embargo, las necesidades de orden material son muchas, si bien es mucho mayor la caridad de los fieles, que velan por esta gran obra de Dios y buscan apoyarle de múltiples formas. He aquí unas sugerencias que están muy a tu alcance para hacer llegar tus donativos.

1.El día de la Colecta, domingo 3 de marzo (en realidad, desde las Misas vespertinas del sábado anterior) puedes depositar tu aportación en el sobre que un seminarista va a entregarte. Sé generoso.

2.Si quieres ser bienhechor mensual del Seminario, al reverso del sobre que se entrega el día de la Colecta puedes anotar tus datos: nombre, domicilio, teléfono, importe de tu ayuda mensual. Un colector pasará mes a mes a recoger la aportación en tu propia casa.

3.Puedes llevar tu donativo directamente al Seminario Mayor, a la Oficina de Ingresos. Está ubicado en: Calle Santo Domingo No. 1120, de la Colonia Chapalita. Puedes pasar, de lunes a viernes, entre las 9 de la mañana y las 6 de la tarde.

4.También puedes hacer donativos en especie (arroz, aceite, azúcar, frijol, café, etc.), o bien, ayudarnos con el pago de algún servicio (gas, energía eléctrica, telefonía, etc.) Si no puedes hacerlo directamente, puedes ponernos en contacto con quien sí esté en posibilidad de brindar estas contribuciones.

5.Puedes apoyar a un seminarista con una beca anual o con media beca. En el Seminario Mayor, la beca anual es de $ 15,600.00. La media beca es de $ 7,800.00

6.Puedes hacer tu donativo depositándolo en una de estas dos Cuentas del Seminario, a nombre deARQUIDIÓCESIS DE GUADALAJARA, A.R.:

SANTANDER, Cuenta No. 65502024139
SCOTIABANK, Cuenta No. 01001903500

7.Puedes comprar una alcancía para tus niños y pedirles que depositen un peso diario para el Seminario, y procurar que sean constantes y recen diariamente por los seminaristas.

Como puedes ver, éstas son formas muy prácticas para coadyuvar a subsanar la economía del Seminario, que ha sufrido el incremento del gasto en los últimos meses y una ligera disminución en sus ingresos. Es considerado, nuestro Seminario de Guadalajara el mayor en el mundo en cuanto a número de vocaciones. De ti depende lograr mucho bien. Que ninguna vocación se pierda por falta de recursos, es nuestra consigna. Para mayores informes, comunícate al teléfono 36 47 92 50, en el Seminario Mayor Diocesano.

Gracias, de antemano, por tu colaboración.

Cartones de Hocio 057[1]

Noventa Diáconos sirviendo a la Iglesia de Dios
Los frutos maduros del Seminario de Guadalajara

Por primera vez en la Historia de la Arquidiócesis de Guadalajara, hay noventa Diáconos que se preparan con la oración, el estudio y la actividad pastoral para recibir la Ordenación Presbiteral.

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José Antonio Larios Suárez, 3º de Teología

Este acontecimiento nos llena de alegría, al mismo tiempo que nos compromete a seguir orando y trabajando en favor de las vocaciones sacerdotales: “El hecho de que haya tan abundante cantidad de Diáconos nos motiva a agradecer a Dios este don tan valioso y nos compromete a corresponder a Él, apoyando a todos estos jóvenes para que sean fieles a su vocación. Quienes integramos esta comunidad diocesana hemos de orar para que estos Diáconos quieran ser santos y trabajen cada día por serlo, con la ayuda del Señor y del pueblo cristiano. Un solo Sacerdote realmente, santo y entregado, hace mucho más bien a la Iglesia, que una gran cantidad que no lo sean”, apuntó el Presbítero Francisco García Velarde, Prefecto del Grupo de los Diáconos.
Por su parte, el Padre José Guadalupe Miranda, Vicerrector del Seminario, se encuentra muy alentado al inicio de su tarea pastoral en esta Institución al ver los frutos de este año: “En mi primer año como Vicerrector del Seminario, me encuentro con la agradable y estimulante sorpresa de contar con noventa Diáconos, muchos de ellos ejerciendo ya su labor pastoral; esto es una Gracia de Dios y el reflejo de un trabajo conjunto del Seminario. Estos jóvenes están en la antesala de la Ordenación Presbiteral, lo cual significará el rejuvenecimiento de nuestro Presbiterio, al que pronto se integrarán”, subrayó el Vicerrector, notablemente emocionado.

Diáconos, un signo de Dios

La cantidad de Diáconos de este Curso, respecto a los años anteriores, nos muestra un incremento considerable. Hemos señalado aquí, a partir de 2005, el número creciente de ordenaciones diaconales por año, recordando que cada año hay dos celebraciones de Ordenación, una en la Solemnidad de Pentecostés, y otra en la Víspera de la Solemnidad de la Navidad.
En el año 2012 se ordenaron ochenta y siete Diáconos, más tres ordenados en otros ciclos, sumando así, para este 2013, noventa en total; treinta y seis de ellos que siguen formándose dentro del Seminario, y el resto (cincuenta y cuatro) que prestan su servicio en distintas comunidades; algunos, incluso, están destinados a colaborar en la formación de los futuros Sacerdotes en las distintas Casas Auxiliares que tiene el Seminario; otros están laborando en diversas comunidades pertenecientes a nuestra Arquidiócesis, y algunos más sirven al Pueblo de Dios en comunidades de Hidalgo y Oaxaca.
Esta abundante cantidad de Diáconos entusiastas que le entregan al Señor lo mejor de su vida, sus fuerzas y su juventud, son un signo de Dios en medio de su Pueblo; son un signo de vida en medio de la “cultura de la muerte” y una prueba de que aun en medio de las dificultades que enfrentan la Iglesia y la Sociedad, sigue habiendo personas que, abiertas al Plan de Dios y con una disposición magnánima del corazón, son capaces de decirle: “Aquí estoy, Señor, envíame”.

Año Diáconos ordenados
2005 33
2006 38
2007 27
2008 35
2009 34
2010 56
2011 27
2012 87

Testimonios de varios Diáconos al servicio de la Iglesia

José de Jesús Parada Tovar

DSC01736[1]Abordamos a David Benjamín Martín del Campo Ceballos, ordenado Diácono el 24 de diciembre de 2009, y especializado en la Pastoral Litúrgica, pues ha sido Maestro de la Escuela de Ministros Extraordinarios de la Comunión.

El ejercicio litúrgico actual, ¿requiere simplemente apego a la normatividad o amerita una revisión y reformas?
La Reforma Litúrgica y la Eclesiología (LG, 29) del Concilio Vaticano II revaloran el Diaconado devolviéndole su verdadero lugar como un ministerio que edifica la Iglesia. En ese sentido, es necesario profundizar más lo que ha enseñado el Concilio para redescubrir toda la riqueza de dicho ministerio. Aunque lo litúrgico aparece como una de las funciones más ‘visibles’ del Diácono, es mucho más amplio el ministerio diaconal.
¿Qué nos dice el hecho de que haya 90 Diáconos en la Iglesia de Guadalajara?
Es un suceso a interpretar de diversas maneras. En primer lugar, podemos constatar en ello una manifestación de la Gracia de Dios, que no cesa de proveer a su Iglesia con toda clase de dones y carismas para la extensión de su Reino. También, esta abundancia de ministros sagrados es prueba de que, a pesar del secularismo, de la indiferencia religiosa o la ignorancia de la Fe, en nuestra Arquidiócesis hay todavía un considerable fermento de vida cristiana; un tesoro que hemos recibido y debemos conservar y acrecentar.
¿Cuáles son las principales exigencias para un Consagrado en la Iglesia de hoy?
La más grande para todo consagrado, como para cualquier creyente, es la coherencia, que se traduce en testimonio de vida, lo cual es el anuncio más efectivo del Evangelio. No es sólo un ‘buen comportamiento’, sino, sobre todo, íntima relación entre la vida y la Fe.

Tu experiencia de servicio diaconal en la Iglesia

DSC 0284[1]La Providencia Divina me ha permitido ejercer el ministerio en muy distintas y enriquecedoras realidades: como Maestro de Ceremonias en la Catedral; en dos Campos Misión; en la formación de seminaristas de Secundaria. En cuanto a Pastoral Parroquial, primero en la comunidad de La Purísima Co9ncepción, en Tetlán, y ahora en María Madre del Redentor, de Paraísos del Colli. De todo lo que se me ha encomendado, la predicación es lo que más me agrada; pero todo tiene un común denominador: la Evangelización, única tarea de la Iglesia para la cual se recibe la Ordenación.

Diácono Diego Armando Villanueva Guzmán, 5º de Teología

Penúltimo de 10 hermanos (cuatro varones y seis mujeres) recibió el Orden del Diaconado el 24 de diciembre de 2011.
¿Qué ha representado esto en tu vida?
Es una Gracia y un Don especial. El que Dios se haya fijado en mí para encomendarme su Proyecto de Salvación es algo sobrenatural. También, una meta alcanzada, por la que he luchado con constancia y perseverancia, de la mano de Dios. Es algo que me ha ayudado a realizarme y a sentirme feliz, igualmente gracias al acompañamiento de mis familiares y amistades, del Seminario, del Presbiterio y de las personas que oran por mí.
¿Tu actual servicio diaconal?
Concluidos mis estudios de Teología en junio de 2012, el Seminario tuvo a bien destinarme a SEM FAM (Seminaristas en Familia) para este Año de Servicio, atendiendo a muchachos de 1º, 2º y 3º de Secundaria que tienen inquietudes vocacionales, y a quienes se les imparten clases de Biblia, Liturgia, Catecismo e Historia de la Salvación, y se les da un acompañamiento frecuente para que lleguen a descubrir su vocación al sacerdocio. Nos toca atender los Módulos de San José Obrero y Familia de Nazareth, en el Área Metropolitana; Foráneos: Chapala, Ocotlán, Poncitlán y Jocotepec.
¡Campeones en el Torneo de Santo Tomás!
Después de jugarlo once años, nos tocó ganarlo en el último año de la Carrera, gracias al esfuerzo, tenacidad, y al espíritu de unidad y de grupo. Metí varios goles, incluso el del triunfo; pero fue labor de todo el equipo. De hecho, me agrada y practico más el basquetbol.
¿El Santo de tu devoción?
Le he dedicado mi vocación a la Virgen de Guadalupe, y mi Santo preferido es San Ignacio de Loyola, porque lo admiro y porque siempre pertenecí a esa Capellanía, aunque desde hace tiempo, por jurisdicción, pertenezco a la Parroquia de San Bernardo… Ya le dije a Dios que estoy listo para ser Sacerdote, y sólo espero la determinación de mis Superiores.

Diácono Ángel Gabriel Valdivia Hernández, 4º de Teología
La influencia de tu contexto familiar
DSC 0249[1]Soy el cuarto de cinco hermanos. Mi familia siempre ha sido una motivación; veo cómo0 mis padres y hermanos agradecen a Dios el regalarle un hijo para su servicio. También a mi Párroco, el Padre Miguel Fausto Horta Cisneros, lo considero parte de mi familia por su amistad y apoyo en mi formación, y me alegra que en un futuro, si Dios tiene a bien, seremos hermanos en el sacerdocio ministerial.
A estas alturas de la Carrera, ¿cómo percibes la Formación que ofrece el Seminario a los futuros Sacerdotes?
Sin lugar a dudas, integral, con miras a una verdadera entrega de amor al ministerio sacerdotal, para lograr, en el candidato, un hombre de verdadero humanismo, con educación y formación que desarrolle su voluntad y virtudes. Sólo de nosotros depende aprovechar lo que el Seminario nos ofrece.
Algunas actividades como Diácono
Sigo estudiando el último año de formación en el Seminario Mayor. Dentro del ministerio diaconal, desempeño apostolado sabatino en la Parroquia de Nuestra Señora de las Victorias, ayudando con Bautismos al Sr. Cura Pedro Rodríguez González, y los domingos en mi Parroquia: San Gabriel de la Dolorosa.
¿Qué te representa estar en la antesala del Sacerdocio Ministerial?
No obstante que me restan un año y meses, si Dios quiere, para recibir la Ordenación Sacerdotal, no dejo de admirarme y emocionarme porque me doy cuenta de que el Evangelio está siempre presente en aquellos que Él llama. Lo que nos toca es responder al llamado con una entrega generosa y un testimonio auténtico.
¿Qué espera la Iglesia de las nuevas Generaciones de Presbíteros?
Pide que sean humildes, sacrificados, llenos de caridad; que en realidad sean hombres de Dios, consagrados totalmente a Él como verdaderos discípulos, siempre dispuestos a seguir fielmente a quien los ha llamado, y correr la misma suerte que su Maestro: la entrega total.

fuente: semanario.com.mx

María presenta a su hijo


Autor: Catholic.net | Fuente: Catholic.net
María presenta a su Hijo
La fiesta de hoy debe recordarnos la decisión de cumplir la voluntad de Dios con Espíritu de humildad.
María presenta a su Hijo

Hoy celebramos una fiesta muy hermosa: la purificación de María y la presentación del Niño en el templo. En esta fiesta se dan la mano la humildad de María y el amor a la misión de Cristo. Ni María necesitaba ofrecerse al Padre, pues toda su vida no tenía otro sentido, otra finalidad distinta de la de hacer la voluntad de Dios. Ojalá aprendamos en este día estos dos aspectos tan bellos: la humildad y el sentido de la consagración, como ofrecimiento permanente a Dios … Humildad que es actitud filial en manos de Dios, reconocimiento de nuestra pequeñez y miseria. Humildad que es mansedumbre en nuestras relaciones con el prójimo, que es servicialidad, que es desprendimiento propio.

María, como Cristo, quiso cumplir hasta la última tilde de la ley; por eso se acerca al templo para cumplir con todos las obligaciones que exigía la ley a la mujer que había dado a luz su primogénito.

Este misterio, como los demás de la vida de Cristo, entraña un significado salvífico y espiritual.

Desde los primeros siglos, la Iglesia ha enseñado que en el ofrecimiento de Cristo en el templo también estaba incluido el ofrecimiento de María. En esta fiesta de la purificación de María se confirma de nuevo su sí incondicional dado en la Anunciación: “fiat” y la aceptación del querer de Dios, así como la participación a la obra redentora de su hijo. Se puede, pues, afirmar que María ofreciendo al Hijo, se ofrece también a sí misma.

María hace este ofrecimiento con el mismo Espíritu de humildad con el que había prometido a Dios, desde el primer momento, cumplir su voluntad: “he aquí la esclava el Señor”.

Aunque la Iglesia, al recoger este ejemplo de María, lo refiere fundamentalmente a la donación de las almas consagradas, sin embargo, tiene también su aplicación para todo cristiano. El cristiano es, por el bautismo, un consagrado, un ofrecido a Dios. “Sois linaje escogido, sacerdocio regio y nación santa” (1Pe 2, 9). Más aún, la presencia de Dios por la gracia nos convierte en templos de la Trinidad: pertenecemos a Dios.

La festividad debe recordarnos la decisión de cumplir la voluntad de Dios con Espíritu de humildad: somos creaturas de Dios y nuestra santificación depende de la perfección con que cumplamos su santa voluntad. (Cfr 1Ts 4, 3).

Conforme al mandato de la ley y a la narración del evangelio, pasados cuarenta días del nacimiento de Jesús, el Señor es presentado en el templo por sus padres. Están presentes en el templo una virgen y una madre, pero no de cualquier criatura, sino de Dios. Se presenta a un niño, lo establecido por la ley, pero no para purificarlo de una culpa, sino para anunciar abiertamente el misterio.

Todos los fieles saben que la madre del Redentor desde su nacimiento no había contraído mancha alguna por la que debiera de purificarse. No había concebido de modo carnal, sino de forma virginal….

El evangelista, al narrarnos el hecho, presenta a la Virgen como Madre obediente a la ley. Era comprensible y no nos debe de maravillar que la madre observara la ley, porque su hijo había venido no para abolir la ley, sino darle cumplimiento. Ella sabía muy bien cómo lo había engendrado y cómo lo había dado a luz y quien era el que lo había engendrado. Pero, observando la ley común, esperó el día de la purificación y así ocultó la dignidad del hijo.

¿Quién crees, oh Madre, que pueda describir tu particular sujeción? ¿Quién podrá describir tus sentimientos? Por una parte, contemplas a un niño pequeño que tu has engendrado y por otra descubres la inmensidad de Dios. Por una parte, contemplamos una criatura, por otra al Creador. (Ambrosio Autperto, siglo VIII, homilía en la purificación de Santa María).

¡Oh tú, Virgen María, que has subido al cielo y has entrado en lo más profundo del templo divino! Dígnate bendecir, oh Madre de Dios, toda la tierra. Concédenos, por tu intercesión un tiempo que sea saludable y pacífico y tranquilidad a tu Iglesia; concédenos pureza y firmeza en la fe; aparta a nuestros enemigos y protege a todo el pueblo cristiano. Amén. (Teodoro Estudita, siglo VIII)