El Santo Triduo Pascual y la Indulgencia Plenaria


Autor: S.E. Mons. Rodrigo Aguilar Martínez | Fuente: Zenit.org
El Santo Triduo Pascual y la Indulgencia Plenaria
Cómo alcanzar la indulgencia plenaria en el Triduo Pascual. Monseñor Rodrigo Aguilar Martínez, obispo de Tehuacán. 20 marzo 2008
El Santo Triduo Pascual y la Indulgencia Plenaria
El Santo Triduo Pascual y la Indulgencia Plenaria

El Triduo Pascual, que comienza el Jueves Santo con la celebración de la Última Cena y la instauración de la Eucaristía por Jesucristo Nuestro Señor, tiene como promesa para los fieles la posibilidad de ganar indulgencia plenaria, para cada cual o para los enfermos que lo requieran y que no puedan asistir a las celebraciones de culto.

A continuación, el obispo de Tehuacán y encargado de la Conferencia del Episcopado Mexicano de la Dimensión de la Familia, monseñor Rodrigo Aguilar Martínez, explica cómo ganar la indulgencia plenaria en estos días santos.

El Santo Triduo Pascual y la Indulgencia Plenaria

Durante la Semana Santa podemos ganar para nosotros o para los difuntos el don de la Indulgencia Plenaria si realizamos algunas de las siguientes obras establecidas por la Santa Sede.

Obras que gozan del don de la Indulgencia Plenaria en Semana Santa:

  • Jueves Santo

    1. Si durante la solemne reserva del Santísimo Sacramento, que sigue a la Misa de la Cena del Señor, recitamos o cantamos el himno eucarístico del “Tantum Ergo” (“Adorad Postrados”).

    2. Si visitamos por espacio de media hora el Santísimo Sacramento reservado en el Monumento para adorarlo.

  • Viernes Santo

    1. Si el Viernes Santo asistimos piadosamente a la Adoración de la Cruz en la solemne celebración de la Pasión del Señor.

  • Sábado Santo

    1. Si rezamos juntos el rezo del Santo Rosario.

  • Vigilia Pascual

    1. Si asistimos a la celebración de la Vigilia Pascual (Sábado Santo por la noche) y en ella renovamos las promesas de nuestro Santo Bautismo.

    Condiciones:

    Para ganar la Indulgencia Plenaria además de haber realizado la obra enriquecida se requiere el cumplimiento de las siguientes condiciones:

    a. Exclusión de todo afecto hacia cualquier pecado, incluso venial. 

    b. Confesión sacramental, Comunión eucarística y Oración por las intenciones del Sumo Pontífice.

    Estas tres condiciones pueden cumplirse unos días antes o después de la ejecución de la obra enriquecida con la Indulgencia Plenaria; pero conviene que la comunión y la oración por las intenciones del Sumo Pontífice se realicen el mismo día en que se cumple la obra.

    Es oportuno señalar que con una sola confesión sacramental pueden ganarse varias indulgencias. Conviene, no obstante, que se reciba frecuentemente la gracia del sacramento de la Penitencia, para ahondar en la conversión y en la pureza de corazón. En cambio, con una sola comunión eucarística y una sola oración por las intenciones del Santo Padre sólo se gana una Indulgencia Plenaria.

    La condición de orar por las intenciones del Sumo Pontífice se cumple si se reza a su intención un solo Padrenuestro y Avemaría; pero se concede a cada fiel cristiano la facultad de rezar cualquier otra fórmula, según su piedad y devoción.

Indulgencia plenaria para muchos en el Año de la fe


Por José Antonio Varela Vidal
ROMA, sábado 13 octubre 2012 (ZENIT.org).- Como es sabido por todos, el santo padre Benedicto XVI inauguró ya el Año de la fe, el cual será un tiempo excepcional para estudiar, celebrar y hacer nuevos propósitos pastorales-misioneros. El calendario de actividades es amplio y el papa mismo se encontrará con los diversos sectores de la sociedad, del diálogo ecuménico y de la Iglesia católica que peregrina en el mundo.

Durante este periodo –que va del 11 de octubre de 2012 al 24 de noviembre de 2013–, los creyentes podrán adquirir una “Indulgencia plenaria” de la pena temporal que permanece de sus propios pecados, o hacerlo también a favor de los difuntos. Los enfermos pueden acceder a ella según disposiciones precisas dadas en el Decreto ad hoc de la Penitenciaría Apostólica, que es el ente vaticano encargado de regular la concesión y uso de las indulgencias en la Iglesia.

Dado que el objetivo es estimular en los creyentes un auténtico deseo de obtenerla, la Penitenciaría ha establecido disposiciones claras a este respecto (ver al final). A fin de explicar algunos conceptos de lo que es una indulgencia y los beneficios para quien esté en capacidad de lucrar de ella, ZENIT conversó con el padre Edward McNamara, LC, experto liturgista y catedrático de su especialidad en el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum de Roma.

¿En qué le ayuda al católico ganar una indulgencia? ¿Todos necesitamos ganar una?  – Padre McNamara: Es de gran ayuda a todos ganar indulgencias, sea para uno mismo en vista del progreso en la amistad con Dios, sea como acto de caridad sobrenatural hacia las almas en el purgatorio.

¿Cuántas veces se pueden ganar las indulgencias durante el Año de la fe?                – Padre McNamara: La regla general para toda indulgencia plenaria es máximo una al día. El Decreto sobre las indulgencias para el Año de la fe prevé diversas posibilidades. Algunas están relacionadas a la visita de determinados lugares, otros a fechas específicas. La posibilidad de lucrar la indulgencia dependerá de condiciones locales. Por ejemplo, quien vive cerca de un templo designado por el obispo para beneficiarse de la indulgencia, podría ganarlo todos los días. Los que viven más lejos algunas veces al año.

¿Desde qué edad se puede ganar la indulgencia?
– Padre McNamara: Dado que la indulgencia implica la confesión, se puede obtener desde que el niño pueda confesarse, es decir la edad de la razón o alrededor de los siete años de edad.

¿Cómo pueden ganar la indulgencia los enfermos o discapacitados?
-Padre McNamara: El texto del Decreto indica que pueden ganar la indulgencia los fieles verdaderamente arrepentidos, que por graves motivos no puedan participar en las solemnes celebraciones ni acudir a los lugares designados. Esto incluye a los enfermos, ancianos, encarcelados y otros, quienes pueden participar de alguna celebración del santo padre o del obispo diocesano a través de los medios de comunicación. A esto debe añadirse el rezo del Padre Nuestro o el Credo, y ofrecer los sufrimientos de la propia vida a Dios.

Si se vuelve a caer en pecado mortal, ¿se pierde la indulgencia ganada?
-Padre McNamara: : No, Dios no retira sus dones a pesar de nuestra debilidad. Pero no se puede ganar otra indulgencia hasta que no se haya vuelto al estado de gracia.

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¿Cómo obtener –o lucrar, la Indulgencia Plenaria por el Año de la fe? 
(Tomado del Decreto de la Penitenciaría Apostólica)

A) Cada vez que participen al menos en tres momentos de predicación durante las sagradas Misiones, o al menos, en tres lecciones sobre los actos del Concilio Vaticano II y sobre los artículos del Catecismo de la Iglesia en cualquier iglesia o lugar idóneo;

B) Cada vez que visiten en peregrinación una basílica papal, una catacumba cristiana o un lugar sagrado designado por el Ordinario del lugar para el Año de la fe (por ejemplo basílicas menores, santuarios marianos o de los apóstoles y patronos) y participen allí en una ceremonia sacra o, al menos, se recojan durante un tiempo en meditación y concluyan con el rezo del Padre nuestro, la Profesión de fe en cualquier forma legítima, las invocaciones a la Virgen María y, según el caso, a los santos apóstoles o patronos.

C) Cada vez, en los días determinados por el Ordinario del lugar para el Año de la fe, que participen en cualquier lugar sagrado en una solemne celebración eucarística o en la liturgia de las horas, añadiendo la Profesión de fe en cualquier forma legítima.

D) Un día, elegido libremente, durante el Año de la fe, para visitar el baptisterio o cualquier otro lugar donde recibieron el sacramento del Bautismo, si renuevan las promesas bautismales de cualquier forma legítima.

Los obispos diocesanos o eparquiales y los que están equiparados a ellos por derecho, en los días oportunos o con ocasión de las celebraciones principales, podrán impartir la Bendición Papal con la Indulgencia plenaria a los fieles que la reciban devotamente.

(Traducción del latín por el Vatican Information Service)

 

Las Almas del Purgatorio


Las Almas del Purgatorio


Las Almas del Purgatorio, lejos de ser esos fantasmas horribles y vengativos que durante mucho tiempo nos vendió la televisión y la creencia popular, son muy por el contrario, el fruto de la Misericordia infinita que nuestro Dios tiene hacia nosotros, su creación, muchas veces ingratos y malos para con nuestro Dios.

La muerte siempre fue un misterio enraizado en la existencia del hombre, un tema oscuro, doloroso y muchas veces evitado por nuestra cultura, ya que comprendemos la muerte como sinónimo de final.

Numerosas creencias hablan de distintos destinos del alma, luego de que esta deja el cuerpo de la persona fallecida, pero para nosotros cristianos, la muerte simplemente es el paso a la “verdadera vida”, la “vida eterna”.

Es por eso que nuestra Fe, si conoce el destino del alma después de la muerte, que lejos de quedar vagando en un espacio indefinido o simplemente morir con el cuerpo, es reclamada por nuestro Señor, al precio que pagó en la Cruz, para participar con Él, de la felicidad verdadera que presupone el compartir la vida eterna en el paraíso, contemplando para siempre el Rostro de Dios.

El alma del cristiano esta invitada desde el bautismo a participar del Cielo, a convertirse en un “Santo de Dios”, a gozar, degustar, amar, sentir y experimentar el verdadero amor que es Dios mismo con todo su séquito celestial. Pero es aquí que, Dios nuestro Señor, respetando nuestra libertad no forzará a nuestra alma a seguirlo al Cielo, si no que nos dará a elegir el destino para nuestra eternidad. Y en esta elección solo hay dos caminos: Cielo o Infierno.

Pensando ligeramente nos preguntamos, ¿a quien se le ocurriría elegir el Infierno?, pero aunque parezca mentira son muchos los que eligen este camino. Es que el Odio, la envidia, el desenfreno, la falta de amor al prójimo, la vida tibia y desinteresada de las cosas de Dios hacen que ya en vida hagamos un pleno rechazo de Dios, sumidos en el pecado y sin que esto nos importe demasiado estamos haciendo una aceptación implícita de lo que Satanás ofrece. Es por eso que llegado el momento luego de la muerte, nuestro propio estado de iniquidad y pecado nos puede llevar a elegir como en vida un camino equivocado…

Sin embargo, allí es donde comienza a jugar mas plenamente la Misericordia de Dios, como respuesta a un arrepentimiento sincero y un deseo total de estar con Él. El Purgatorio, nos ayudará a quemar, todos los vestigios de pecado que nuestra alma carga en su viaje al cielo, para así presentarnos ante nuestro Señor, limpios, puros, totalmente libres de toda atadura.

DOCTRINA CATÓLICA


EL PURGATORIO

ES un estado transitorio de purificación necesaria para aquellos que, habiendo muerto en gracia de Dios y teniendo segura su salvación, necesitan mayor purificación para llegar a la santidad necesaria para entrar en el cielo. Esta purificación es totalmente distinta al castigo del infierno.

El purgatorio es doctrina de fe formulada en los Concilios de Florencia (cf. DS 1304) y de Trento (cf. DS 1820; 1580).

Dios creó los seres humanos para que disfruten de su Creador viéndole en la Gloria. Sin embargo todos hemos pecado y en esa condición no se puede entrar en el cielo, pues nada manchado puede entrar en el Cielo; por lo cual, todos necesitamos la redención de Jesucristo para poder ir al Cielo. Jesús nos purifica con el poder de su Sangre para poder ser admitidos al cielo. La salvación es posible solo por medio de Jesucristo. Si morimos en gracia de Dios es porque hemos recibido esa gracia por los meritos de Jesucristo que murió por nosotros en la cruz. La purificación del purgatorio también es gracias a Jesucristo.

El purgatorio es necesario porque pocas personas se abren tan perfectamente a la gracia de Dios aquí en la tierra como para morir limpios y poder ir directamente al cielo. Por eso muchos van al purgatorio donde los mismos méritos de Jesús completan la purificación.

Según esto, el alma que está en el purgatorio ha sido ya liberada de sus culpas, pero como de ellas no hizo en la tierra una penitencia suficiente, debe padecer ahora la pena del purgatorio, que elimine en su ser «toda herrumbre o mancha de pecado», disponiéndole así para la perfecta y beatífica unión con Dios.

Santa Catalina de Génova en su tratado del Purgatorio, nos da un ejemplo claro con el fin de entender el propósito del paso por el Purgatorio y su efecto en el alma:

“Imaginemos un enamorado, que aunque desea de todo corazón unirse con su amada, viéndose a sí mismo lleno de miserias en el alma y en el cuerpo, en forma alguna quiere realizar su unión conyugal en tanto no recupere una salud perfecta que le haga digno de ella. La misma fuerza del amor le lleva, pues, sin vacilar, a someterse en una clínica a tratamientos muy severos y dolorosos, psíquicos y somáticos, con tal de librarse cuanto antes de todas las miserias personales que hacen la unión indigna e imposible. Pues bien, después de la muerte, el alma enamorada de Dios, que todavía ve en sí muchas miserias no purificadas, siente la necesidad del purificatorio, y a él se somete, agradecida a la misericordia divina, para disponerse cuanto antes a la perfecta unión con el Señor”

Fundamento Bíblico sobre la existencia del Purgatorio


La doctrina de la Iglesia sobre el Purgatorio encuentra fundamento en la Biblia, cuando esta se sabe interpretar correctamente:

El texto del 2 Macabeos 12, 43-46 da por supuesto que existe una purificación después de la muerte.
(Judas Macabeo) “efectuó entre sus soldados una colecta… a fin de que allí se ofreciera un sacrificio por el pecado… Pues… creían firmemente en una valiosa recompensa para los que mueren en gracia de Dios… Ofreció este sacrificio por los muertos; para que fuesen perdonados de su pecado”.

Asimismo las palabras de nuestro Señor:
“El que insulte al Hijo del Hombre podrá ser perdonado; en cambio, el que insulte al Espíritu Santo no será perdonado, ni en este mundo, ni en el otro”. Mt 12,32.

“Cuando vayas con tu adversario al magistrado, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al alguacil y el alguacil te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo”. Lucas 12,58-59

En estos pasajes Jesús habla de un castigo temporal que no puede ser el infierno ni tampoco el cielo.

Se llega a semejante conclusión en la carta de San Pablo, 1 Corintios 3, 12-13:
“Pues la base nadie la puede cambiar; ya está puesta y es Cristo Jesús. Pero, con estos cimientos, si uno construye con oro, otro con plata o piedras preciosas, o con madera, caña o paja, la obra de cada uno vendrá a descubrirse. El día del Juicio la dará a conocer porque en el fuego todo se descubrirá. El fuego probará la obra de cada cual: si su obra resiste el fuego, será premiado; pero, si es obra que se convierte en cenizas, él mismo tendrá que pagar. El se salvará, pero como quien pasa por el fuego”.

De manera que hay un fuego después de la muerte que, diferente al del infierno, es temporal. El alma que por allí pasa se salvará. A ese estado de purgación le llamamos el “purgatorio”.

1 Cor 15,29: “De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué pues se bautizan por los muertos?”

La palabra “bautismo” es utilizada aquí como una metáfora para expresar sufrimiento o penitencia (Mc 10,38-39; Lc 3,16; 12,50). Pablo escribe sobre una práctica entre los cristianos de “bautizarse” por los difuntos. El no la condena, si no que la exalta como válida porque demuestra fe en la resurreción.

Compare 1 Cor 15,29 con 2 Macabeos 12,44 y verá la similitud.

Mensaje N° 23 – 8/12/99,17:00 Hs.

(Veo a la Virgen llorar sangre y me muestra una imagen del mundo al tiempo que me dice:) “Éste es el mundo en donde mis hijos se matan”

Las penas del purgatorio


Aunque no sea doctrina-definida, se mantiene como doctrina común que el sufrimiento mayor del purgatorio consiste en la “pena de ausencia”, porque las almas están temporalmente privadas de la visión beatífica. Sin embargo, no hay comparación entre este sufrimiento y las penas del infierno. El purgatorio es temporal y por eso lleva consigo la esperanza de ver a Dios algún día cara a cara. Las almas lo llevan con paciencia, pues comprenden que la purificación es necesaria. Lo aceptan generosamente por amor de Dios y con perfecta sumisión a su voluntad.

Las penas del purgatorio son proporcionales al grado de pecado de cada persona. Es probable que las penas del purgatorio van disminuyendo gradualmente y aumente en ellas la alegría de la cercana entrada en el cielo. Estas almas tienen total certeza de la salvación y poseen fe, esperanza y caridad. Saben que ellas mismas están en amistad con Dios, confirmadas en gracia.

Respecto de las penas, nos dice Santa Catalina de Génova en su libro “Tratado del Purgatorio”, que se experimenta a la vez, gran gozo y gran dolor:
“Verdad es que el amor de Dios, que redunda en el alma, según entiendo, le da un gozo tan grande que no se puede expresar; pero este contentamiento, al menos a las almas que están en el purgatorio, no les quita su parte de pena. Y es aquel amor, que está como retardado, el que causa esa pena; una pena que es tanto más cruel cuanto es más perfecto el amor de que Dios la hace capaz. Así pues, gozan las almas del purgatorio de un contento grandísimo, y sufren al mismo tiempo una grandísima pena; y una cosa no impide la otra”

“Cuando el alma, por visión interior, se ve así atraída por Dios con tanto fuego de amor, que redunda en su mente, se siente toda derretir en el calor de aquel amor fogoso de su dulce Dios. Y ve que Dios, solamente por puro amor, nunca deja de atraerla y llevarla a su total perfección”.

“Cuando el alma ve esto, mostrándoselo Dios con su luz; cuando encuentra en sí misma aquel impedimento que no le deja seguir aquella atracción, aquella mirada unitiva que Dios le ha dirigido para atraerla; y cuando, con aquella luz que le hace ver lo que importa, se ve retardada para poder seguir la fuerza atractiva de aquella mirada unitiva, se genera en ella la pena que sufren los que están en el purgatorio”.

María Simma, humilde campesina del Norte de Austria, fallecida hace 2 años, quien tenía el Don de ver y hablar con las almas del purgatorio nos refería lo siguiente acerca del Purgatorio:

“Diría que es una invención genial por parte de Dios. Y aquí quisiera proponerles una imagen toda mía. Supongan que un día se abre una puerta y aparece un ser extraordinariamente bello, de una belleza tal, nunca vista sobre la tierra. Aquí quedan fascinados, trastornados por este SER de luz y de belleza, tanto más que él demuestra estar locamente enamorado de ustedes (lo que nunca se hubiesen imaginado); se dan cuenta que también él tiene un gran deseo de atraerlos a sí, de abrazarlos; y el fuego del amor que quema ya en sus corazones los empuja seguramente a precipitarse entre sus brazos. Pero ustedes, se dan cuenta, en ese preciso instante, de que hace meses que no se lavan, que huelen mal, que se sienten horriblemente feos; tienen la nariz que chorrea, los cabellos grasosos y pegoteados, horribles manchas de suciedad sobre la ropa, etc., etc. Entonces se dicen a sí mismos: “¡No, no es posible que yo me presente en este estado!. Es preciso que antes me lave, me duche, y luego, rápidamente, regrese a verlo…”. Pero he aquí que el amor nacido en sus corazones es tan intenso, tan fuerte, tan abrasador, que este atraso debido a la ducha es absolutamente insoportable. Y el dolor mismo de la ausencia, aunque dure sólo pocos minutos, causa un ardor atroz en el corazón. Y, ciertamente, este ardor es proporcional a la intensidad de la revelación del amor: es una Llama de amor.

Pues bien, el Purgatorio es exactamente esto. Es un atraso impuesto por nuestra impureza, un atraso antes del abrazo de Dios, una Llama de amor que hace sufrir terriblemente; una espera, o si quieren, una nostalgia, del Amor. Es precisamente esta Llama, esta ardorosa nostalgia la que nos purifica de todo lo que aún es impuro en nosotros. Me atrevería a decir que el Purgatorio es un lugar de deseo, del deseo loco de Dios, de Dios que ya ha sido reconocido y visto, pero al cual el alma todavía no se ha unido.

Las almas del Purgatorio hablan con frecuencia con María sobre ese gran deseo, de esa sed que tienen de Dios, y cómo ese deseo es para ellas profundamente doloroso; es, sin duda, una verdadera agonía. En la práctica el Purgatorio es una gran crisis, una crisis que nace de la falta de Dios.

¿Es Dios quien envía las almas al Purgatorio?


Es el alma misma quien quiere ir al Purgatorio para purificarse, antes de entrar en el Paraíso. Pero aquí es preciso decir también que el alma, cuando está en el Purgatorio, adhiere perfectamente a la voluntad de Dios; por ejemplo, se complace del bien y desea nuestro bien; experimenta tanto amor por Dios, y también por quienes aún estamos en la tierra. Estas almas están perfectamente unidas al Espíritu de Dios o, si se quiere, a la Luz de Dios.

Por eso el alma que experimenta este amor de Dios y por Dios, si hallase otro purgatorio mayor que el purgatorio, para poder quitarse más pronto aquel impedimento de estar contemplando el Rostro de Dios, allí se lanzaría dentro, en forma totalmente voluntaria, por el ímpetu de aquel amor que hace conformes a Dios y al alma.

¿Cuales son los pecados que con más frecuencia conducen al Purgatorio?

Son los pecados contra la caridad, contra el amor hacia el prójimo, la dureza del corazón, la hostilidad, la calumnia. La maldición y la calumnia se cuentan entre las culpas más graves que necesitan una larga purificación.

He aquí un relato bastante esclarecedor, basado en la experiencia de una mística de nuestro tiempo: “Se le pidió a la mística, informase si un hombre y una mujer; estaban en el Purgatorio. Con gran asombro de quienes se lo habían pedido, la mujer ya estaba en el Paraíso y el hombre en el Purgatorio. Pero en realidad esa mujer había muerto después de un aborto, mientras que el hombre iba con frecuencia a la iglesia y llevaba una vida, aparentemente, bastante digna y piadosa. La vidente (Maria Simma) se informa nuevamente, pensando que podría haberse equivocado. Pero no, era tal cual: en realidad los dos murieron contemporáneamente, pero la mujer se había arrepentido sinceramente de lo que había hecho, y había sido muy humilde; en cambio el hombre, aunque religioso, juzgaba todo y a todos, siempre se lamentaba, hablaba mal de la gente, y criticaba. Por eso su purgatorio era muy largo. Conclusión: “Nunca se debe juzgar según las apariencias”.

Otros pecados contra la caridad son, por cierto, todos nuestros repudios hacia algunas personas que no amamos, nuestro rechazo en hacer las paces, en perdonar, y todos los rencores que encerramos en el corazón. Es por eso que al momento de dejar este mundo, nos halle la muerte sin deudas de ningún tipo hacia nadie, en paz con todo el mundo, libres de rencor y resentimiento. Por eso debemos tratar de no llevarnos mal con la gente y sobre todo si tenemos diferencias o entredichos, saber pedir perdón y perdonar. El alma no debe quedar atada a ningún resentimiento de la tierra.

Un alma visitó a la mística, quien le preguntó el porqué de su estadía en el purgatorio; y esta contó que tenía una amiga, con la cual surgió una enemistad muy grande; y esa enemistad había sido causada por ella misma y, a pesar de todo, había conservado su rencor por años y años; y cuando su amiga, en varias circunstancias, había venido a pedirle de hacer las paces, de reconciliarse, ella la rechazaba; y cuando cayó gravemente enferma, había mantenido cerrado su corazón, a rechazar la paz que se le proponía; y hasta en el lecho de muerte, aquella amiga había venido a suplicarle de hacer las paces; pero aún en su lecho de muerte ella había rechazado reconciliarse. Por ese motivo se encontraba aún en un purgatorio muy doloroso, y por eso había venido a pedir ayuda a la mística.

Este testimonio sobre la gravedad de conservar el rencor es muy significativo. Por lo que se refiere a las palabras, nunca se dirá bastante acerca de cómo una palabra de crítica, una palabra malévola pueda realmente matar, y también cómo una buena palabra pueda curar.

El Purgatorio y su relación con el Cuerpo Místico de Cristo

Hay tres estados en la Iglesia:
1- La iglesia peregrina en la tierra, estos somos nosotros hasta el día de nuestra muerte.

2- La iglesia purgante (en el purgatorio), son los difuntos que aun no han ido al cielo. Por estos oramos el día de los difuntos, el 2 de noviembre.

3- la iglesia triunfante, ya glorificada en el cielo, estos son los santos que celebramos el 1 de Noviembre.

Los miembros del Cuerpo Místico pueden ayudarse unos a otros, mientras estén en la tierra y después de la muerte. Toda persona en estado de gracia puede orar con provecho por las benditas almas; es necesario, al menos, hallarse en estado de gracia santificante para ganar las indulgencias por los difuntos.

¿Cómo podemos ayudar a las almas del Purgatorio?

Nuestra oración por las almas de los difuntos solo puede ayudar a los que están en el purgatorio ya que la condición del infierno es irreversible y los que están en el cielo no necesitan oración, pero, como no tenemos la certeza si un alma está en el purgatorio o no (excepto en el caso de los que han sido llevado a los altares), es recomendable orar por todos los difuntos. Nuestras oraciones por las almas del purgatorio pueden reducir sus penas en intensidad y duración. Cuando estas almas lleguen al cielo (antes no pueden) sin duda rezarán por sus benefactores.

La preocupación de sufragar por las almas del Purgatorio no es sólo un deber de justicia y de caridad, es también un gran beneficio, porque las almas del Purgatorio están muy agradecidas por los alivios que les damos y nos protegen. Si nosotros con el sufragio rogamos por ellas, ellas ciertamente responden rezando por nosotros. Sus plegarias son muy eficaces, porque son santas y nos procuran beneficios inmensos, tanto para nuestra vida corporal como espiritual.

Entre las obras de sufragio por las almas del Purgatorio, hay tres que tienen un efecto maravilloso: La oración, la Santa Misa y las Indulgencias.

En las oraciones litúrgicas de la Iglesia, se invoca con frecuencia a los ángeles y a los santos en favor de la Iglesia sufriente, es decir, por las almas del purgatorio.

Nuestra Madre, nos revela por medio de su mensaje a Marcia, la necesidad de la oración y la Santa Misa por las Benditas almas del Purgatorio y en concordancia con lo que la doctrina y la tradición de nuestra Iglesia Católica marca, nos indica e incentiva a ofrecer por ellas:

Mensaje N° 34 – 22/12/99, 17:00 Hs.

(Le pregunté a la Santa Madre cómo puedo ayudar a las almas del purgatorio a aliviar su sufrimiento y dijo:)
“Debéis orar mucho por ellas, sobre todo el Rosario y ofrecer Misas en su nombre”

Mensaje N° 192 – 25/10/00, 17.30 hs.
PARROQUIA NUESTRA SEÑORA DE LOURDES

“Hijitos, hoy os pido especialmente que oréis por las Benditas Almas del Purgatorio; pues están muy necesitadas de vuestra oración, ya que por ellas mismas no pueden orar.
¡Hijos, una vez que entran al cielo, no sabéis cuánto oran por vosotros!
Os doy Mi bendición Maternal.
Amén, Amén”.

Mensaje N° 328 – 09/06/01, 16.30 hs.

“Queridos hijos:
Hoy os invito nuevamente a orar por las Benditas almas del Purgatorio. Necesitan vuestra oración, pequeños Míos. Ellas oran por vosotros, pero no pueden orar por ellas mismas, por eso, ¡Cuánto necesitan de vuestra oración!…”

Oración:
Es como un refrigerio que de nuestra alma sube hacia el cielo. También una simple invocación, una jaculatoria, un sacrificio, un acto breve de amor a Dios, tienen una eficacia extraordinaria de sufragio. Entre las oraciones que podemos rezar prevalecen: el Oficio de los Difuntos, el Salmo 50, el Vía Crucis, y el Santo Rosario. A todas estas u otras oraciones hay que agregar la santa Confesión y Comunión;

Es necesario que en ocasión de la muerte de una persona querida,
todos los parientes se confiesen y comulguen por ese alma.

Todos los medios de oración por las almas son válidos. En algunos
Lugares, especialmente en el interior de nuestro país, se sigue
Haciendo como una muy sana costumbre, el rezar una novena por
El alma del difunto. Generalmente la misma se inicia lo mas
Inmediato posible al entierro, rezando con devoción el Santo
Rosario y oraciones de Réquiem por el descanso eterno del alma, Durante los nueve días.

La Santa Misa:

Una sola Misa es para ellas de infinito valor. Los teólogos dividen en tres partes el fruto de la misa:
– Una parte va en beneficio de todos los miembros.
– Otra parte va en ventaja del Sacerdote que la celebra.
– La tercera parte va en provecho de por quien se celebra, y esta parte es aplicable a las almas purgantes.

La Misa no se divide en tres partes, estrictamente hablando, pero, lleva en sí tres formas del infinito tesoro de Jesús: La Iglesia, el Sacerdote y los Fieles Vivos o Difuntos.

No basta celebrar una sola misa por los difuntos, es necesario hacer celebrar muchas.

Las Indulgencia:

La indulgencia es una remisión de una pena temporal, adeudada por los pecados, que la Iglesia concede bajo ciertas condiciones al alma en gracia, aplicándole los méritos y las satisfacciones abundantes de Jesucristo, de la Virgen y de los Santos, los cuales constituyen su tesoro y por lo cual anulan sobre la tierra en todo o en parte la deuda de un alma anulándola también en el cielo. Hay indulgencia Plenaria y Parcial.

Para ganar la indulgencia es necesario estar en estado de gracia y tener la intención de ganarla. Por la Comunión de los Santos podemos socorrer a los difuntos, la Iglesia nos da la facultad de aplicarles este inmenso tesoro de misericordia, reduciendo así sus penas que son la satisfacción de las culpas cometidas durante la vida presente.

Las indulgencias son tesoros espirituales con los cuales se perdona la pena temporal merecida por los pecados ya perdonados. Las indulgencias pueden aplicarse a nosotros o a las almas del purgatorio. El Papa Pablo VI, en 1967, dictó normas sobre las indulgencias. Cada día se puede ganar una sola indulgencia plenaria y sin límite las parciales.

Todo lo referente a las Indulgencias lo trataremos con más detalle en nuestro próximo número del mes de Septiembre de este Boletín.

Otros Sufragios:

La Iglesia ofrece el sacrificio eucarístico por los difuntos con ocasión, no sólo de la celebración de los funerales, sino también en los días tercero, séptimo y trigésimo, así como en el aniversario de la muerte; la celebración de la Misa en sufragio de las almas de los propios difuntos es el modo cristiano de recordar y prolongar, en el Señor, la comunión con cuantos han cruzado ya el umbral de la muerte. El 2 de Noviembre, además, la Iglesia ofrece repetidamente el santo sacrificio por todos los fieles difuntos, por los que celebra también la Liturgia de las Horas.

Cada día, tanto en la celebración de la Eucaristía como en las Vísperas, la Iglesia no deja de implorar al Señor con súplicas, para que dé a “los fieles que nos han precedido con el signo de la fe… y a todos los que descansan en Cristo, el lugar del consuelo, de la luz y de la paz”.

Es importante, pues, educar a los fieles a la luz de la celebración eucarística, en la que la Iglesia ruega para que sean asociados a la gloria del Señor resucitado todos los fieles difuntos, de cualquier tiempo y lugar, evitando el peligro de una visión posesiva y particularista de la Misa por el “propio” difunto. La celebración de la Misa en sufragio por los difuntos es además una ocasión para una catequesis sobre los novísimos.
Nuestro Angel de la Guarda y el Purgatorio

Un detalle muy importante que debemos tener en cuenta es que nuestro Angel
De la Guarda también nos acompaña en el Purgatorio, puesto que el estará a
Nuestro lado en todo momento, hasta nuestra entrada definitiva al Paraíso, ya
Que esa es la misión que Dios le encomendó.
También estará presente en el momento de nuestro juicio personal como testigo Presencial de los actos de nuestra vida, tanto meritorios como de los pecados
Cometidos. Un motivo más para pensar dos veces antes de caer en el pecado.

El Mito de los Fantasmas

Muchos son los testimonios de personas que comentan por experiencia propia o por experiencia de conocidos, haberse topado con visiones o manifestaciones evidentemente no de “este mundo” o de haber escuchado ruidos, ver moverse objetos o simplemente sentir la sensación de no estar solo en una habitación.

Nuestra cultura ha dado un nombre a estas manifestaciones y ha deformado el sentido y hasta los mismos hechos relacionados con estos fenómenos. Tenemos que tener en cuenta que si bien suceden, también pueden ser confundidas con infinidad de otras cosas, hasta puede tratarse, de una mala pasada de nuestra propia mente, sometida muchas veces a una imaginación muy volátil, algún trastorno determinado o por el simple miedo que el tema despierta.

Desde nuestra Fe, podemos decir que “Los fantasmas no existen” tal como los concebimos, que en todo caso, son las benditas almas del Purgatorio quienes rondan y se nos manifiestan, por Gracia y permiso de Dios, con la intención de oración por ellas y a través de creer en ellas aumentar nuestra Fe cristiana.

Si en algún momento de nuestra vida terrena nos topamos con la experiencia de ver o tener un contacto directo con almas del purgatorio, tenemos que tomarlo como un gran privilegio para nosotros el ser buscado y llamado por las almas para una tarea de tamaña responsabilidad: el ofrecer oración y otros sufragios para el descanso eterno de esas almas, quien tal vez necesita solamente de algunas oraciones o pocas misas para llegar a la presencia eterna de Dios. Como lo hemos dicho en otro capítulo, habremos ganado para nosotros intercesores eficaces ante Dios.

Hay una gran diferencia entre: “invocar o evocar (llamar) a los muertos” (práctica de adivinación utilizadas por el espiritismo, la ouija, y otras prácticas ligadas al satanismo) y muy otra cosa es “permitir que Dios soberanamente disponga las cosas del mejor modo”. Dios puede permitir, en Su inmensa Bondad y Misericordia, que algunas almas purgantes recurran a sus hermanos de la Iglesia Militante.

Son las almas del purgatorio (no nosotros en la tierra) las que procuran de auxilios, sufragios, oraciones cuando visitan. Nosotros en la tierra no podemos evocar esas visitas, tan solo las respetamos y respondemos para ayudarles (especialmente ofreciendo la Santa Misa).

Si una visita particular de un alma del purgatorio ocurrió o no, no cambia nuestra fe. Pero sería una gran falta despreciar las manifestaciones del cielo o el purgatorio sin razón.

Las Benditas Almas, con sus apariciones, siempre buscan el bien: promoción de la catequesis, mas fervor, mas devoción, incrementar el amor a la Santa Eucaristía, fomentar la Vida de Oración, la Práctica de la Caridad, vigilancia sobre sí en sus defectos y vicios a destruir por via de la Confesión y la Conversión, etc.

Lo principal es no temer y mostrarse presto a ayudarlas en su pedido.

Con el fin de incentivar mas en nosotros el conocimiento de todo
Lo referente a las almas del purgatorio, ponemos a vuestra mano
Un pequeño listado de aquellos Santos y místicos, que dedicaron
Parte de su vida a las almas del Purgatorio, que tuvieron y tienen
Contacto directo con ellas y por consiguiente son un ejemplo a
Seguir e imitar. Recomendamos cualquier bibliografía de buena
Imprenta que se refiera a ellos y su relación con este lado muchas
Veces desconocido de nuestra fe.

Santa Gemma Galgani
San Gregorio Magno (Papa)
Santa Brígida de Suecia.
Santa Catalina de Génova (Tratado del Purgatorio).
Santa Faustina Kowalska (vidente de Jesús Misericordioso).
Santa Margarita María Alacoque (vidente del Sagrado
Corazón de Jesús)
Santa Verónica Giulianni.
Santa Geltrude de Helfta.
María Simma (fallecida en 2004), reconocida por la Iglesia Católica, cuyos relatos fueron recopilado en gran medida por una monja llamada Sor Emmanuel y plasmados en un libro con el título de “El Maravilloso secreto de las Almas del Purgatorio” y “Las Almas me han dicho”.

Marcia y Su experiencia con las Almas del Purgatorio

…Aquella vez, habiendo ingresado recientemente al Cenáculo, en casa de la vidente, fue cuando escuché hablar por primera vez de “las almas del purgatorio”, pero mi sorpresa fue mayor cuando en otra oportunidad, charlando con Marcia, noté que su mirada se desviaba por encima de mi hombro derecho, evidentemente distraída por algo, inmediatamente mirándome con esos ojos tan particulares dijo: “Hay un alma, parada detrás tuyo”…

Al igual que los místicos y Santos mencionados arriba, Marcia no solo tiene apariciones de nuestra Madre, del Señor Jesús y de los Ángeles, también, y con una frecuencia bastante regular, es visitada por almas del Purgatorio, en todo momento y lugar del dia. En base a estas apariciones ella ha tenido muchisimas experiencias con las almas, ha mantenido charlas con ellas y ha aprendido mucho de esa parte del mundo espiritual, tan inquietante, del que muy poco se habla.

De esa experiencia, se desprende la necesidad de las almas de que se conozca sobre el tema del purgatorio, de que todo el mundo sepa que en algún momento, al final de su existencia, con la Gracia y la Misericordia de Dios, pasará por este último peldaño de sufrimiento amoroso antes de entrar en la Gloria de Dios y sobre todo, saber que podemos hacer algo por ellas para acortar su estadía en el Purgatorio y por nosotros, como hemos visto, a fin de hacer méritos que nos ayuden a abreviar el tiempo de estancia en el Purgatorio.

Marcia cuenta que las almas que ve son muchas veces de distintos lugares del mundo, por su modo de vestir o porque se lo han hecho saber, así como de distintas épocas. Los hay adultos, jóvenes y también niños.

Si bien es muy largo de contar todas las experiencias de Marcia con las almas, hay que referir un dato que llama la atención, en la actualidad, de acuerdo a lo que ella nos refiere, se ha incrementado la cantidad de almas que se manifiestan, y la conclusión a esto nos toca de cerca a todos nosotros, miembros del cuerpo místico de la Iglesia que peregrina en la tierra: Ahora mas que nunca, se han incrementado los muertos en el mundo por distintos motivos, nuevas enfermedades, catástrofes naturales, crímenes y asesinatos, la guerra… Y ante esto se suma el estado espiritual del mundo, donde la oración tiende a mermar y la Fe a decaer en muchos.

Las almas, en gran cantidad, tienen mucha necesidad de oración, pero son muy pocos los que se acuerdan de ellas y dedican sufragios para acortar su paso por el Purgatorio. Es por eso, que por medio de Marcia, esta experiencia se transforma en un pedido de ayuda para todos nosotros, un pedido desde el cielo, por esas almas que en definitiva somos nosotros mismos en un futuro no demasiado lejos.

Un alma del Purgatorio ve muy bien el día de sus funerales: si se reza verdaderamente por él o si, simplemente, se hace acto de presencia para mostrar que está allí. Ellas dicen que las Lágrimas no sirven para nada para ayudarlas. En cambio sirve mucho la oración. Con frecuencia esas almas lamentan el hecho de que las personas asisten a su sepultura, pero no elevan una sola plegaria a Dios; derraman muchas lágrimas, pero eso es inútil.

La Santísima Virgen visita el Purgatorio


La Santísima Virgen, también visita el Purgatorio con la finalidad de reconfortar a las almas y alentarlas en su estado de enmienda.

Se sabe por revelación que cuando Ella llega al Purgatorio las almas dejan de sufrir el lapso que Ella se encuentra allí. También, gracias a su presencia muchas almas son liberadas por Ella misma del sufrimiento del Purgatorio, especialmente en el día de Navidad, Fiesta de todos los Santos, Viernes Santo, Asunción de María a los Cielos y la Ascensión de nuestro Señor Jesús.

También María ha de tener una especial atención hacia aquellos sus hijos que se han consagrado a Su Inmaculado Corazón, con devoción y han sabido llevar lo mejor posible una vida acorde a lo que se propone en la Consagración.

Como sabemos existe una promesa especial, hecha por la misma Virgen María, en Su advocación de Nuestra señora del Monte Carmelo o Nuestra Señora del Carmen, hacia todos aquellos que con verdadera devoción lleven el Escapulario el resto de su vida. En esta promesa, María nos dice que todos aquellos que con devoción lleven el Escapulario, Ella misma irá a el alma al Purgatorio y lo llevará al Cielo, el siguiente viernes mas próximo a la fecha de fallecimiento. Vale decir que como mucho, esa bendita alma pasará en el Purgatorio no mas de 7 dias, que al lado de la eternidad no significa nada.

Espiritismo

En principio el espiritismo es una farsa ya que el hombre no puede manejar a voluntad “llamando” a las almas y hacerlas venir. En esta práctica se evoca la presencia de un espíritu por medio de rituales paganos, pidiendo a ese espíritu que se manifieste de alguna manera. En esas manifestaciones son los demonios y el mismo diablo quienes fingen ser el alma de quien se llama.

Por lo tanto el espiritismo es una práctica satanista con consecuencias nefastas sobre el alma y la vida de quien lo practica y lo promueve, por lo que hay que mantenerse lejos de estas cosas.

Son las almas del Purgatorio las que se manifiestan sin que nadie las llame, solo por la Voluntad de Dios y con la finalidad de pedir ayuda de nosotros para aliviar o abreviar su estadía en el purgatorio.

“… Marcia como en cada clase, había llevado su grabador con la finalidad de grabar lo dicho por el profesor, para evitar tomar nota y prestar mas atención al tema que se estaba dando. Era tarde y en el edificio de la Escuela, que durante la noche funcionaba como escuela Terciaria, se escuchaba en el silencio, solamente la cadente voz del profesor en pleno dictado de su clase. Sin embargo, al escuchar el casete en casa, la sorpresa nos invadió a todos los escuchas ya que algo extraño aparecía en la cinta: era un sonido increíblemente definido de fondo a la voz del docente, un bullicio fuera de lo común, como si se tratara de una cantidad enorme de niños en pleno recreo. Prestando atención se podían escuchar lamentos y sollozos escalofriantes, gritos y sonidos etéreos. Pero lo que mas nos impactó por su claridad, fue el suplicante y lastimero pedido de un niño por su mama… Eran niños, almas de niños en el Purgatorio”

Pequeño Devocionario de oración por las benditas almas del Purgatorio


Ahora que sabemos como ayudarlas, queremos compartir contigo algunas oraciones y coronillas que son recibidas de buen grado por las almas y eficaces para aliviarles su paso por el Purgatorio.
Si bien existen muchas oraciones mas, queremos a partir de estas pocas, incentivarlos a la búsqueda de otras oraciones y al ofrecimiento de sufragios por nuestras benditas almas del purgatorio.

Devoción Carmelita de los cien Réquiem

Esta práctica consiste en diez Padre Nuestros, Ave Marías y Gloria. Para esto, puede ayudarse del Rosario común.
Después de la señal de la santa cruz, se hace la invocación del Espíritu Santo para hacer con fruto esta oración, se empieza con esta oración:

“ Animas santas, almas que estáis purgando, rogad a Dios por mí; que yo rogaré por vosotras; a fin de que cuanto antes se os conceda la gloria del Paraíso celestial”.
Enseguida se dice un Padre Nuestro, Ave María y Gloria y luego diez veces, en cada perla del Rosario: “ Dadles, Señor el eterno descanso y haced lucir sobre ellas vuestra eterna luz”.

Concluida la primera decena se repite el Padre Nuestro, Ave María y Gloria y se dice la segunda así sucesivamente hasta que se completen los diez, Padre Nuestros, Ave María, Gloria y los cien Réquiem añadiendo en el último el siguiente salmo:

De Profundis clamavis:
Desde los abismos oí voces clamando a vos oh Señor, oíd pues Señor, mi voz.
Atended, Señor, al clamor de mis súplicas.
Pues si examináis mucho mis culpas, ¿quién aguardará buen suceso?
Porque en sólo Vos se halla la piedad y la misericordia,
y por causa de vuestra ley, he esperado en vos, oh Señor.
Mi alma está muy segura en sus palabras, y ha esperado en el Señor.
Desde la centinela de la madrugada hasta la noche, espere Israel en el Señor.
Porque en sólo Dios se halla la misericordia, y la copiosa redención de los pecados.
Como que Él mismo ha de redimir a Israel, de todos los pecados.
Gloria al Padre, al Hijo, etc.

Oración Final:
Dales, Señor el descanso eterno,
Ilumínelas la eterna luz.
De las puertas del infierno
Libra, Señor, sus almas,
Descansen en paz. Amén.

Súplicas a la Santísima Virgen En Alivio De Las Benditas Almas Mas Abandonadas Del PURGATORIO

¡Oh Madre de misericordia! tan grande es vuestra bondad, que no podéis descubrir miserias sin compadecemos. Mirad, os suplicamos, con caritativos ojos las afligidas almas que sufren en el Purgatorio, sin poderse procurar alivio alguno en sus tremendas penas, y moveros a compasión. Por vuestra piedad y por el amor que tenéis a Jesús, os pedimos mitiguéis sus sufrimientos, y les procuréis eterno descanso. Pero ¡ah! cuán doloroso debe ser para vuestro maternal corazón, la conducta de innumerables cristianos, que dejan en el olvido las pobres almas del Purgatorio! ¡Esperan nuestros sufragios, y apenas hay quien se acuerde de ellas! ¡Oh María! dignaos inspirar a todos los fieles una tierna y viva compasión por nuestros hermanos difuntos: comunicadles un ardiente deseo de ofrecer por ellas obras satisfactorias, y ganar, en su favor, cuantas indulgencias les sean aplicables a fin de que pronto vayáis a gozar de Dios. Oíd ahora las súplicas que por ellas os hacemos.

Después de cada súplica decir: “Imploramos tu socorro ¡oh! Madre de Bondad”.

Para que salgan de aquella tenebrosa cárcel,
Para que Dios les perdone la pena de sus pecados,
Para que se abrevie el tiempo de su sufrimiento,
Para que se apaguen sus llamas abrasadoras,
Para que un rayo de luz celestial ilumine sus horrendas tinieblas,
Para que sean consoladas en su triste abandono,
Para que alcancen alivio en sus penas y amargas angustias,
Para que la tristeza se cambie en perpetua alegría,
Para que mitiguen la ardiente sed de los bienes eternos,
Para que se llenen pronto sus deseos vivísimos de entrar en la gloria,
Por las almas de nuestros padres e hijos,
Por las almas de nuestros hermanos,
Por las almas de nuestros parientes,
Por las almas de nuestros amigos,
Por las almas de nuestros bienhechores,
Por las almas que sufren en aquellas llamas por culpa nuestra,
Por las almas de aquellos que en su vida nos hicieron sufrir,
Por las almas más desamparadas,
Por las almas que sufren mayores tormentos,
Por las almas que están más cerca de entrar en el cielo,
Por las almas que durante su vida te han amado más a ti y a tu divino Hijo,
Por las almas de aquellos que sufren hace más tiempo,
Por todas las benditos almas del Purgatorio,
Por tu inefable misericordia,
Por tu inmenso poder,
Por tu maternal bondad,
Por tu incomparable maternidad,
Por tus preciosas lágrimas,
Por tus acerbos dolores;
Por tu santa muerte,
Por las cinco llagas de tu amado hijo,
Por su sangre divina derramada por nosotros,
Por su dolorosísima muerte en el árbol de la Cruz,
Para que se apliquen con abundancia a los difuntos las súplicas de los vivos,
Para que la gloriosa legión de los santos las socorra sin cesar,
Para que los nueve coros de los ángeles las reciban con regocijo,
Para que tus ojos maternales les echen una mirada de compasión,
Para que las haga felices la vista de tu divino Hijo,
Para que por la contemplación de la Santísima Trinidad sean bienaventuradas,
Para que se haga cada día más fervorosa nuestra devoción a las almas,
Para que se ofrezcan siempre más oraciones, indulgencias Y obras satisfactorias por ellas,
Para que las almas, que hayamos librado del purgatorio, hagan un día lo mismo con nosotros.

Para finalizar, rezar un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria, por la salud, las intenciones y la Santidad del Papa.
Oración

Dígnate, adorable Salvador mío, por tu preciosa Sangre,
por tu dolorosa Pasión y cruelísima muerte;
por los tormentos que tu augusta Madre sufrió al pie de la cruz cuando te vio exhalar el último aliento;
dígnate dirigir una mirada de piedad al seno profundo del Purgatorio y sacar de allí las almas que gimen privadas temporalmente de tu vista, y que suspiran por el instante de reunirse contigo en el paraíso celestial.
Principalmente te pido por el alma de N…………….., y de aquellos por quienes más particularmente debo pedir.
No desoigas, Señor mis ruegos, que uno a los que por todos los fieles difuntos te dirige nuestra santa madre la Iglesia Católica, a fin de que tu misericordia las lleve allá donde con el Padre y el Espíritu Santo vives y reinas por todos los siglos de los siglos.
Amén, Jesús. 

Jesustebusca.com

Indulgencias


Felix Velasco Santandreu

¿Qué es una indulgencia?

La doctrina y la práctica de las indulgencias en la Iglesia están estrechamente ligadas a los efectos del sacramento de la penitencia: “La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la Redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos”(1).

La indulgencia puede ser parcial o plenaria, según que libre en parte o en todo de la pena temporal debida por los pecados.

Nadie que gane indulgencias puede aplicarlas a otras personas que aún viven, pero las indulgencias pueden aplicarse a los difuntos a manera de sufragio.

“Puesto que los fieles difuntos en vía de purificación son también miembros de la misma comunión de los santos, podemos ayudarles, entre otras formas, obteniendo para ellos indulgencias, de manera que se vean libres de las penas temporales debidas por sus pecados”(2).

Al fiel cristiano que, por lo menos arrepentido interiormente, realiza una obra enriquecida con indulgencia parcial, se le concede, por medio de la Iglesia, una remisión de la pena temporal del mismo valor que la que él mismo con su acción ya recibe. No se pueden separan las indulgencias del resto de la vida cristiana. La indulgencia no es un procedimiento fácil para que sean perdonados los pecados evitando la penitencia, sino una asistencia que presta toda la Iglesia a los fieles para que su conversión, invitándoles a que realicen buenas obras y ayudándoles a expiar la pena debida por los pecados. Es conveniente recordar que el medio ordinario para que el individuo se reconcilio con Dios y con la Iglesia es la confesión individual y completa de los pecados graves, seguida de la absolución.

“Las indulgencias se obtienen por la Iglesia que, en virtud del poder de atar y desatar que le fue concedido por Cristo Jesús, interviene en favor de un cristiano y le abre el tesoro de los méritos de Cristo y de los santos para obtener del Padre de la misericordia la remisión de las penas temporales debidas por sus pecados. Por eso la Iglesia no quiere solamente acudir en ayuda de este cristiano, sino también impulsarlo a hacer obras de piedad, de penitencia y de caridad”(3).

“Para entender esta doctrina y esta práctica de la Iglesia es preciso recordar que el pecado tiene una doble consecuencia. El pecado grave nos priva de la comunión con Dios y por ello nos hace incapaces de la vida eterna, cuya privación se llama la “pena eterna” del pecado. Por otra parte, todo pecado, incluso venial, entraña apego desordenado a las creaturas que tienen necesidad de purificación, sea aquí abajo, sea después de la muerte, en el estado que se llama Purgatorio. Esta purificación libera de la que se llama la “pena temporal” del pecado. Estas dos penas no deben ser concebidas como una especie de venganza, infligida por Dios desde el exterior, sino como algo que brota de la naturaleza misma del pecado. Una conversión que procede de una ferviente caridad puede llegar a la total purificación del pecado, de modo que no subsistirá ninguna pena”(4).

“El perdón del pecado y la restauración de la comunión con Dios entrañan la remisión de las penas eternas del pecado. Pero las penas temporales del pecado permanecen. El cristiano debe esforzarse, soportando pacientemente los sufrimientos y las pruebas de toda clase y, llegando el día, enfrentándose serenamente con la muerte, por aceptar como una gracia estas penas temporales del pecado; debe aplicarse, tanto mediante las obras de misericordia y de caridad, como mediante la oración y las distintas prácticas de penitencia, a despojarse completamente del hombre viejo y a revestirse del hombre nuevo”(5).

El cristiano que quiere purificarse de su pecado y santificarse con ayuda de la gracia de Dios no se encuentra solo, tiene la ventaja y la ayuda de ser miembro de la Iglesia. “La vida de cada uno de los hijos de Dios está ligada de una manera admirable, en Cristo y por Cristo, con la vida de todos los otros hermanos cristianos, en la unidad sobrenatural del Cuerpo místico de Cristo, como en una persona mística”(6).

Un poco de historia

Sed. Jubileo que cada treinta años celebraban los reyes del antiguo Egipto, y que consistía en una repetición de los ritos de la coronación, los cuales servían para afirmar la soberanía real, ya que así quedaba consagrado el poder divino del faraón. La primera mención de estos ritos parece en el reinado del rey Udimu (quinto soberano de la I dinastía: c. 3100 a C.), el pueblo era favorecido con festejos y perdones.

Jubileo. Entre los judíos, nombre del año consagrado a Dios y al descanso que, según la ley, debía celebrarse cada cincuenta años. Este nombre ha pasado también a los cristianos.

Año Santo o jubilar. Entre los católicos, año privilegiado en que los peregrinos que acuden a Roma se benefician de una indulgencia plenaria. El primer año santo se celebró en 1300, proclamado por Bonifacio VIII (Anagni, c. 1235-Roma, 1303) Papa (1294-1303), el 2 de febrero de ese mismo año. El Papa puede promulgar otros por motivos especiales. Desde entonces se han celebrado 125 jubileos 25 ordinarios y 100 extraordinarios, que pueden ser universales, particulares o locales. Tienen lugar a intervalos regulares (cada 100 años bajo Bonifacio VIII, cada 50 años bajo Clemente VI y Nicolás V, cada 25 años desde Pablo II). Su duración es de un año, de una Navidad a otra. Comienzas en Roma con la apertura de la puerta Santa. Los fieles deben visitar las basílicas de San Pedro y San Pablo desde Bonifacio VIII, también la de Letrán a partir de Clemente VI, y Santa María la Mayor desde Gregorio IX; deben arrepentirse y confesarse y rezar por las intenciones del Papa. Las visitas debían hacerse durante treinta días continuos o intercalados por los romanos y quince días por los no romanos. León XIII redujo esos días a veinte y diez respectivamente. Pio XII estableció una sola visita. Pablo VI ordenó que al Jubileo de 1975 le precediera un año de preparación. Juan Pablo II ha dispuesto para el 2000 una fase antepreparatoria (1994-96) y otra preparatoria (1997-99) y ha establecido que el mismo tenga lugar simultáneamente en Tierra Santa, en Roma y en las demás Iglesias locales.

Bula de la Santa Cruzada. Creada en la Alta Edad Media por la cual se obtenían numerosos privilegios e indulgencias que se adquiría mediante la limosna. La recaudación servía para ayudar a la Reconquista y a las cruzadas. Abolida mediante la constitución apostólica Paenitemini, publicada por Pablo VI el 17 de febrero de 1966.

Disputa sobre las indulgencias. Conflicto religioso, preludio de la ruptura de Lutero con la Iglesia romana. El Papa León X promulgó el 31 de mayo de 1515 una indulgencia en favor de quienes diesen limosna para terminar las obras de la basílica de San Pedro en Roma. Johannes Tetzel, dominico español, fue delegado por el arzobispo de Maguncia para predicar las indulgencias en esa diócesis. Los abusos que se cometieron con tal motivo indignaron a muchos. El monje agustino Martín Lutero también ambicionaba esta predicación y fue más lejos, atacó las bases mismas de las indulgencias. El 31 de octubre de 1517, la víspera del día de Todos los Santos, a la llegada de Tetzel, colocó, en la puerta de la Iglesia de Wittenberg, 95 tesis redactadas en latín, en las que atacaba el sistema de contribuciones y afirmaba que las indulgencias pontificias no podían ser otra cosa que la remisión de la pena infligida por el mismo Papa, este hecho marcó el comienzo de la reforma protestante. Estas tesis, fueron condenadas por el Papa en 1519, invitándole a retractarse mediante la bula Exurge, Domine (1520), pero Lutero rehusó y quemó en una plaza pública de Wittenberg la bula pontificia, por lo que condenado de forma definitiva. El cisma se consumó tras la Dieta de Worms (1521), en la que nuevamente se negó a retractarse.

El camino de Santiago. Durante la Edad Media fue utilizado por los peregrinos que se dirigían a venerar el sepulcro del apóstol Santiago, el Mayor. Según la tradición, esta vía surgió tras el hallazgo del sepulcro, durante el reinado de Alfonso II. Ello dio lugar a la edificación de un templo, renovado por Alfonso III en 874, y a la llegada de peregrinos de toda Europa. El camino de Santiago mantuvo su esplendor hasta la introducción de las doctrinas de Lutero; en el siglo XVIII decayó su importancia. Los peregrinos, tras hacer testamento, salían de sus poblaciones provistos de saya, bordón y escarcela, viajaban en grupos y en varias etapas. Gozaban de protección en los reinos por los que pasaban, y eran acogidos en los monasterios y hospitales fundado a lo largo del camino. Las órdenes militares, especialmente los templarios, se encargaban de la protección de los viajeros. Se cree que la actual Francia era atravesada por cinco rutas hacia la península Ibérica: una llegaba a Somport y las demás a Roncasvalles. Todas ellas convergían en Puente la Reina, y desde allí hacia Logroño, Nájera, Burgos, Sahagún, León, Astorga y Ponteferrada, como ciudades principales. Los peregrinos, después de cumplir con las ceremonias rituales en la catedral de Compostela, recibían un documento, llamado Compostela que acreditaban su peregrinación. La importancia del camino de Santiago fue decisiva tanto en sentido económico, como cultural y artístico. Actualmente, se celebra el año Santo de Santiago, cuando el 25 de julio fiesta del Apóstol, cae en domingo. La indulgencia plenaria que se gana en Santiago, según el derecho común, puede ser: visitando la Catedral en la fiesta del Apóstol el 25 de julio; el día de la dedicación de la Catedral, el 21 de abril, el día 30 de diciembre fiesta de la Traslación del Apóstol. La Indulgencia parcial, se gana siempre por el hecho de visitar la catedral en las debidas condiciones e intención de conseguirla.

Decreto sobre las Indulgencias del Concilio de Trento. “Habiendo Jesucristo concedido a su Iglesia la potestad de conceder indulgencias, y usando la Iglesia de esta facultad que Dios le ha concedido, aun desde los tiempos más remotos; enseña y manda el sacrosanto Concilio que el uso de las indulgencias sumamente provechoso al pueblo cristiano y aprobado por la autoridad de los sagrados concilios, debe conservarse en la Iglesia, y fulmina anatema contra los que, o afirman ser inútiles, o niegan que la Iglesia tenga potestad de concederlas. No obstante, desea que se proceda con moderación en la concesión de ellas, según la antigua y aprovechada costumbre de la Iglesia; para que por la suma facilidad de concederlas no decaiga la disciplina eclesiástica. Y anhelando a que se enmienden, y corrijan los abusos que se han introducido en ellas, por cuyo motivo blasfeman los herejes de este glorioso nombre de indulgencias; establece en general por el presente decreto que, absolutamente se exterminen todos los lucros ilícitos que se sacan porque los fieles las consigan; pues se han originado de esto muchísimos abusos en el pueblo cristiano. Y no pudiéndose prohibir fácil ni individualmente los demás abusos que se han originado de la superstición, ignorancia, irreverencia, o de otra cualquiera causa, por las muchas corruptelas de los lugares y provincias en que se cometen; manda a todos los Obispos que cada uno note todos estos abusos en su Iglesia, y los haga presentes en el primer concilio provincial, para que conocidos y calificados por los otros obispos, se delaten inmediatamente al Sumo Pontífice Romano, por cuya autoridad y prudencia se establecerá lo conveniente a la Iglesia universal: y de este modo se reparta a todos los fieles piadosa, santa e íntegramente el tesoro de las santas indulgencias”. No era ésta la primera vez que un concilio ecuménico discutía el tema de las indulgencias -la primera vez fue en 1415, cuando el Concilio de Constanza afirmó la práctica- pero en Trento la doctrina fue proclamada infaliblemente por primera vez.


Errores más frecuentes sobre las indulgencias

Una persona puede comprar su salida del infierno mediante las indulgencias. Este es un error habitual, debido a la ignorancia. Las indulgencias sólo remitan penas temporales, no pueden remitir la pena eterna del infierno. Una vez que alguien está en el infierno, ninguna cantidad de indulgencias cambiará jamás ese hecho. La única manera de evitar el infierno es apelando a la misericordia eterna de Dios mientras todavía estamos en vida. Luego de la muerte, el destino eterno queda fijado: Hebreos 9,27.

Una persona puede “comprar el perdón” con indulgencias: La definición de indulgencias presupone que el perdón ya ha tenido lugar: “Una indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa”(7). Las indulgencias no perdonan pecados en absoluto. Sólo conciernen a las penas que permanecen luego de que los pecados han sido perdonados.

Si la Iglesia tiene los recursos y el poder para borrar todas las penas temporales de todas las personas, ¿por qué no lo hace? Porque Dios no desea que se haga. Dios mismo instituyó el hecho de que las penas temporales permanecieran. Estas penas temporales llevan a cabo funciones válidas, una de ellas disciplinaria, al igual que hacen los padres con los hijos. La Iglesia no puede borrar todas las penas temporales porque su remisión depende de las disposiciones de las personas que sufren esas penas temporales. Así como el arrepentimiento y la fe se requieren para la remisión de las penas eternas, también son necesarios para la remisión de las penas temporales.

Una persona puede comprar indulgencias. El Concilio de Trento instituyó severas reformas en la práctica reformas en la práctica de conceder indulgencias y, a causa de anteriores abusos, en 1567 el Papa Pio V canceló todas las concesiones de indulgencias que tuvieran que ver con estipendios u otras transacciones financieras. Las indulgencias se desarrollaron a partir de una reflexión profunda sobre el sacramento de la reconciliación. Son una manera de acortar la penitencia de la disciplina sacramental y estaban en uso siglos antes de que aparecieran problemas relaciones con el dinero y con Lutero.

Una indulgencia acortará el tiempo en el purgatorio en un número fijo de días. El número de días que solía asociarse con las indulgencias era una referencia al período de penitencia que uno podría realizar durante la vida terrena. Se desconoce lo duradero que puede ser el purgatorio para cada persona concreta. Hasta el Concilio Vaticano II se decía que cada indulgencia remitía un cierto número de “días” de la disciplina de una persona -por ejemplo, un acto podía ganar “300 días de indulgencia”- pero el uso del término “días” confundía a la gente, dándoles la impresión errónea de que en el purgatorio sigue existiendo el tiempo y de que podemos calcular nuestro “tiempo de descuento” en una manera matemática. El número de días asociado con las indulgencias realmente nunca significó que esa cantidad de “tiempo” fuera descontada de la estancia que le correspondiera a alguien en el purgatorio. En lugar de ello, significaba que se concedería un monto de remisión indefinido pero parcial, proporcionado a lo que los antiguos cristianos hubieran recibido llevando a cabo obras piadosas durante esa cantidad de días. Para solucionan esta confusión, Pablo VI emitió una revisión del Enchiridion o manual de indulgencias. Hoy ya no se asocian cantidades de días con las indulgencias, que pueden ser plenarias o parciales. Sólo Dios sabe exactamente lo eficaz que es una indulgencia parcial o si se ha recibido de hecho una indulgencia plenaria.

Una persona puede comprar indulgencias para que se le perdonen pecados futuros. La Iglesia siempre ha enseñado que las indulgencias no se aplican a pecados aún cometidos. Una indulgencia no es un permiso para pecar, ni un perdón del pecado, ni un perdón del pecado futuro. Su beneficio recae únicamente sobre faltas realizadas con anterioridad.


Condiciones para ganar la Indulgencia

Para poder beneficiarse de las indulgencias es necesario estar bautizado, no excomulgado y en estado de gracia por lo menos al final de las obras prescritas para ganar la indulgencia. Esto es fundamental para no caer en la superstición o pensar que se trata de algo mágico.

Para que el sujeto que reúne estas condiciones se beneficio debe tener intención aunque sea general, de ganarlas y de cumplir las obras prescritas dentro del tiempo establecido y en la forma debida.


Indulgencia plenaria

Las siguientes oraciones y acciones, entro otras, tienen indulgencia plenaria, si se cumplen las condiciones requeridas:

– “A tí, oh Dios, te alabamos…” (Te Deum): 1 de enero y en la Solemnidad de Pentecostés.

– “Adorad postrados…” (Tantum ergo): Jueves Santo después de la Misa en Coena Domini y en la acción litúrgica del Corpus Christi.

– “Jesús dulcísimo…” (Acto de reparación): rezado públicamente el día del Sagrado Corazón.

– “Miradme, oh mi amado y buen Jesús…”: Los viernes de Cuaresma.

– “Ven Espíritu Creador…” (Veni Creator): rezado públicamente el 1 de enero y en la solemnidad de Pentecostés.

– Rezar el Vía Crucis: ante las estaciones, pasando de una a otra por lo menos quien lo dirige, meditando las escenas si se desea, con alguna oración vocal.

– Rezo del Santo Rosario: rezándolo en una iglesia, en un oratorio, en familia, o en comunidad. Es suficiente con rezar sólo cinco de los quince misterios, con la meditación de los misterios que se rezan.

– Adoración al Santísimo durante al menos media hora.

– Adoración de la Cruz: en la acción litúrgica del Viernes Santo.

– Realizar Ejercicios Espirituales o retiros similares, al menos de tres días de duración.

– Recibir la Bendición Papa Urbi el Orbi, también es válida por radio o televisión.

– Asistir al rito con que se clausura un Congreso Eucarístico.

– Al sacerdote que celebra los 25, 50, 60 años como aniversario de su ordenación, es extensiva a quienes le acompañen en la Santa Misa.

– Lectura de la Sagrada Escritura: al menos media hora.

– Visitar la iglesia parroquial en la fiesta titular y el 2 de agosto (indulgencia de la Porciúncula). Lo mismo vale para la Iglesia catedral o concatedral o para las iglesias cuasiparroquiales.

– Recibir la bendición apostólica en peligro de muerte inminente. En el caso de que no haya sacerdote, la Iglesia concede esta misma indulgencia con tal que se haya rezado habitualmente algunas oraciones (se suplen las tres condiciones habituales para ganar la indulgencia plenaria).

– Asistir a la predicación de algunos sermones, participando en la clausura de una Santa Misión.

– Visitar una iglesia u oratorio el día de su santo Fundador, rezando un Padrenuestro y un credo.

– Visitar las Basílicas Patriarcales o Mayores de Roma el día de la fiesta titular, en cualquier día de precepto o en día cualquiera del año elegido por el mismo fiel: ha de rezarse el Padrenuestro y el Credo.

– Visitar una iglesia u oratorio el día de Todos los difuntos (o con consentimiento del obispo, el domingo anterior o el posterior). Esta indulgencia sólo es aplicable a las almas del purgatorio.

– Visitar una iglesia o altar en el día de su dedicación, rezando un Padrenuestro y un Credo.

– Usar el día de los Santos Pedro y Pablo (29 de junio) algún objeto piadoso bendecido por el Papa o un obispo, rezando un Credo.

– Al nuevo sacerdote en su Primera Misa Solemne, y a quienes asistan a ella.

– Renovación de las promesas del bautismo: en la Vigilia pascual o en el aniversario del bautismo.

– Visitar la iglesia en que se celebra el Sínodo diocesano mientras éste dura, rezando el Padrenuestro y el Credo.

– Visitar las iglesias estacionales en su día propio, asistiendo a las funciones de la mañana o de la tarde.

– Al fiel que hace la Primera Comunión, y a quienes le acompañan.

– Visita al cementerio en los primeros ochos días del mes de noviembre, orando (basta mentalmente) por los fieles difuntos.

– En la visita pastoral, pueden beneficiarse de la indulgencia una vez si se asiste a una función sagrada presidida por el visitador.

Condiciones para la indulgencia plenaria

Para ganar una indulgencia plenaria, además de querer evitar cualquier pecado mortal o venial, hace falta rezar o hacer la obra que incorpora la indulgencia cumpliendo tres condiciones:

Confesión sacramental

Comunión Eucarística

Oración por las intenciones del Papa.

Con una sola confesión sacramental puede ganarse varias indulgencias plenarias; en cambio con una solo comunión eucarística y una sola oración por las intenciones del Papa sólo se gana una indulgencia plenaria. Las tres condiciones pueden cumplirse unos días antes o después de rezar o hacer la obra que incorpora la indulgencia, pero es conveniente que la comunión y la oración por las intenciones del Papa se realicen el mismo día.

La condición de orar por las intenciones del Papa se cumple si se reza a su intención un solo Padrenuestro y un Avemaría; pero se concede a cada fiel la facultad de orar con cualquier fórmula, según su piedad y devoción.

La indulgencia plenaria únicamente puede ganarse una vez al día, pero el fiel cristiano puede alcanzar indulgencia plenaria in artículo mortis, aunque el mismo día haya ganado otra indulgencia plenaria.

La indulgencia parcial puede ganarse varias veces al día, a no ser que expresamente se establezca lo contrario.

La obra indicada para obtener la indulgencia plenaria aneja a una iglesia y oratorio consiste en la visita piadosa de este lugar, rezando el Padrenuestro y el Credo, a no ser que en algún caso especial se establezcan otras condiciones.

Indulgencia parcial

Las siguientes oraciones y acciones tienen indulgencia parcial, todas las que van señalizan con (*) pueden alcanzar la indulgencia plenaria si se cumplen los requisitos de la misma:

– “A tí, bienaventurado José…”.

– “A ti, oh Dios, te alabamos…”(Te Deum)*.

– “Acordaos, oh piadosísima Virgen María…”.

– “Ángel de Dios, tú que eres mi custodio…”.

– “Aquí estamos, Señor, Espíritu Santo…”

– “Santos Apóstoles Pedro y Pablo…”.

– “Misericordia, Dios mío…” (Salmo 50).

– “María, Madre de gracia y de clemencia…”

– “Adorad postrados…” (Tantum ergo)*.

– “Oh, sagrado banquete”.

– Miradme, oh mi amado y buen Jesús…”*.

– “Señor, a todos lo que por amor…” (Oración por nuestros benefactores).

– “Señor, Dios Todopoderoso que nos has hecho llegar al comienzo de este día…”

– “Bajo tu protección…” (Sub tuum praesidium).

– “Señor, dales el descanso eterno…” Esta indulgencia se aplica sólo a los difuntos.

– “Adorote devotamente…” (Adoro te devote).

– “Alma de Cristo…”.

– “Proclama mi alma…” (Magnificat).

– “Oremos por nuestro Pontífice…”.

– “Jesús dulcísimo, cuya caridad…”.

– “Desde lo hondo…”

– “Ven, Espíritu Creador…” (Veni Creator).

– “Ven, Espíritu Santo…” (Veni, Spiritus Sanctus).

– “Jesús dulcísimo, Redentor del género humano…” (Consagración a Cristo Rey).

– “Te damos gracias…”

– “Señor… dígnate enviar a su santo ángel…”.

– “Señor, que tu gracia inspire…”.

– “Visita, Señor esta habitación…”.

– Rezar la Salve.

– Rezar el Santo Rosario.

– Rezar el Ángelus durante el tiempo ordinario.

– Rezar el Credo, ya sea el apostólico o el niceno-constantinopolitano*.

– Rezar Regina Coeli durante el tiempo pascual.

– Rezar Laudes o Vísperas del Oficio de difuntos.

– Rezo de cualquiera de las Letanías aprobadas por la Iglesia, entre otras: del Santísimo Nombre de Jesús, del Sagrado Corazón de Jesús, de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, de Santa María Virgen, de San José y de los Santos.

– Rezar las oraciones para pedir por las vocaciones.

– Rezar por la unidad de los cristianos.

– Rezo de cualquiera de los oficios parvos.

– Rezar una oración en honor de un santo en el día de su celebración litúrgica.

– Adoración del Santísimo Sacramento (Visita al Santísimo)*.

– Hacer un acto de contrición.

– Leer la Sagrada Escritura como lectura espiritual*.

– La comunión espiritual.

– Asistir a las Novenas con motivo de Navidad, Pentecostés o de la Inmaculada Concepción.

– Cualquier acto de fe, esperanza o caridad.

– Hacer un raro de oración mental.

– Renovar las promesas del bautismo*.

– Impartir o aprender la doctrina cristiana.

– Realizar la Señal de la cruz, pronunciando las palabras de costumbre.

– Visitar las catacumbas.

– Asistir a la predicación de la palabra de Dios*.

– Visitar una iglesia u oratorio en los días en que se realiza la visita pastoral*.

– Usar los objetos piadosos con la bendición debida*.

– Visitar las iglesias estacionales en su día propio.

Condiciones generales para la indulgencia parcial

La indulgencia parcial se concede a los fieles cristianos que, en el cumplimiento de sus obligaciones y en el sufrimiento de las dificultades de la vida, eleva su alma a Dios con humilde confianza, añadiendo, aunque sólo sea mentalmente, alguna piadosa invocación.

La indulgencia parcial se concede al fiel cristiano que, movido por el Espíritu de fe, se entrega a si mismo o sus bienes, con sentimientos de misericordia, al servicio de los hermanos necesitados.

Se concede indulgencia parcial al fiel cristiano que, con espíritu de penitencia, se priva voluntariamente de alguna cosa lícita y agradable.


NOTAS

1.Catecismo de la Iglesia Católica, [1471].

2. Catecismo de la Iglesia Católica, [1479].

3. Catecismo de la Iglesia Católica, [1478].

4. Catecismo de la Iglesia Católica, [1472].

5. Catecismo de la Iglesia Católica, [1473].

6. Pablo VI, const ap. Indulgentarium doctrina, nº 5.

7. Indulgentarium doctrina Nº 1.

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¿Qué son las indulgencias?

La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados —en cuanto a la culpa— que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos.

La indulgencia es parcial o plenaria según libere de la pena temporal debida por los pecados en parte o totalmente.

Todo fiel puede lucrar para sí mismo o aplicar por los difuntos, a manera de sufragio, las indulgencias tanto parciales como plenarias.

Remisión temporal de las penas del pecado

Para entender esta doctrina y esta práctica de la Iglesia es preciso recordar que el pecado tiene una doble consecuencia:

El pecado grave nos priva de la comunión con Dios y por ello nos hace incapaces de la vida eterna, cuya privación se llama la “pena eterna” del pecado.

Por otra parte, todo pecado, incluso venial, entraña apego desordenado a las criaturas que tienen necesidad de purificación, sea aquí abajo, sea después de la muerte, en el estado que se llama Purgatorio.

Esta purificación libera de lo que se llama la “pena temporal” del pecado.

Estas dos penas no deben ser concebidas como una especie de venganza, infligida por Dios desde el exterior, sino como algo que brota de la naturaleza misma del pecado. Una conversión que procede de una ferviente caridad puede llegar a la total purificación del pecador, de modo que no subsistiría ninguna pena.

Condiciones para ganar indulgencias

Las indulgencias se obtienen por la Iglesia que, en virtud del poder de atar y desatar que le fue concedido por Cristo, interviene en favor de un cristiano y le abre el tesoro de los méritos de Cristo y de los santos para obtener del Padre de la misericordia, la remisión de las penas temporales debidas por sus pecados.

La Iglesia no quiere solamente acudir en ayuda de este cristiano, sino también impulsarlo a hacer obras de piedad, de penitencia y de caridad:

Para ser capaz de lucrar indulgencias es necesario estar bautizado, no excomulgado y hallarse en estado de gracia por lo menos al final de las obras prescritas.

Sin embargo, para que el sujeto capaz las lucre debe tener al menos intención de conseguirlas, cumplir las obras prescritas dentro del tiempo determinado y de la manera debida, según el tenor de la concesión.

Requisitos para la indulgencia plenaria

Ejecución de la obra enriquecida con la indulgencia.

— Excepto en caso de muerte sólo se puede ganar una indulgencia plenaria al día.

Confesión sacramental, comunión eucarística y rezar por las intenciones del Papa (Padrenuestro y Avemaría).

— Aunque pueden cumplirse algunos días antes o después de la ejecución de la obra prescrita, es conveniente que la comunión y la oración por las intenciones del Papa (que puede ser también otra distinta del Padrenuestro y Avemaría), se realicen el mismo día en que se haga la obra.

— Con una sola confesión se pueden ganar muchas indulgencias plenarias. Con una sola comunión solamente se puede ganar una indulgencia plenaria.

Exclusión de todo afecto al pecado, incluso venial.

Algunas concesiones de indulgencia plenaria

Adoración al Santísimo Sacramento, al menos durante media hora.

Bendición apostólica para el momento de la muerte.

Hacer la Primera Comunión o asistir a ella recibiendo piadosamente la Sagrada Eucaristía.

Rezo del Santo Rosario en una iglesia, en un oratorio o en familia.

Lectura espiritual de la Sagrada Escritura al menos durante media hora.

Ejercicio del Vía Crucis, recorriendo las 14 estaciones (erigidas) y meditando la pasión y muerte del Señor. Los enfermos o impedidos pueden simplemente leer y meditar cada una de las estaciones.

Visita a cualquier iglesia u oratorio el día 2 de noviembre (aplicable solamente en favor de los difuntos).

— En la visita debe recitarse el Padrenuestro y el Credo.

Visita a la iglesia parroquial el día de la fiesta del titular o el 2 de agosto, que se celebra la indulgencia de la “Porciúncula”, o en otro día más oportuno que establezca el Ordinario. Ambas indulgencias —con permiso del Ordinario —pueden ganarse el domingo anterior o posterior.

— En la visita debe recitarse el Padrenuestro y el Credo.

Días de retiro espiritual (al menos tres días enteros).

Algunas concesiones de indulgencia parcial

El empleo con devoción un objeto de piedad (crucifijo, cruz, rosario, escapularios o medallas), bendecido debidamente por cualquier sacerdote, gana una indulgencia parcial. Si fue bendecido por el Sumo Pontífice o por cualquier obispo se puede ganar una indulgencia plenaria en la fiesta de los Apóstoles Pedro y Pablo (29 de junio) si se añade el rezo de un Credo.

El rezo de oraciones vocales como por ejemplo:

— Adoro te Devote — Oraciones jaculatorias

— Angelus o Regina Cæli — Comuniones espirituales

— Acordaos — Oración mental

— Símbolo de los Apóstoles — Una letanía aprobada


[1] Cf. CEC, 992-994; 996; 1471-1473; 1478; cf. CIC 1135-1136 .