El Escapulario (historia)


El escapulario es signo de la Maternidad Espiritual de María y debemos recordar que ella es madre de todos.

Los carmelitas tienen, entre otros, el mérito de haber llevado esta advocación mariana a todos los estratos del pueblo cristiano.

En el siglo XII algunos eremitas se retiraron al Monte Carmelo, con San Simón Stock.

La Virgen Santísima prometió a este santo un auxilio especial en la hora de la muerte a los miembros de la orden carmelitana y a cuantos participaran de su patrocinio llevando su santo escapulario.

Los Carmelitas han sido conocidos por su profunda devoción a la Santísima Virgen. Ellos interpretaron la nube de la visión de Elías (1 Reyes 18, 44) como un símbolo de la Virgen María Inmaculada. Ya en el siglo XIII, cinco siglos antes de la proclamación del dogma, el misal Carmelita contenía una Misa para la Inmaculada Concepción.

La estrella del Mar y los Carmelitas

Los marineros, antes de la edad de la electrónica, dependían de las estrellas para marcar su rumbo en el inmenso océano. De aquí la analogía con La Virgen María quien como, estrella del mar, nos guía por las aguas difíciles de la vida hacia el puerto seguro que es Cristo.

Por la invasión de los sarracenos, los Carmelitas se vieron obligados a abandonar el Monte Carmelo. Una antigua tradición nos dice que antes de partir se les apareció la Virgen mientras cantaban el Salve Regina y ella prometió ser para ellos su Estrella del Mar. Por ese bello nombre conocían también a la Virgen porque el Monte Carmelo se alza como una estrella junto al mar.

Los Carmelitas y la Virgen del Carmen se difunden por Europa

La Virgen Inmaculada, Estrella del Mar, es la Virgen del Carmen, es decir a la que desde tiempos remotos allí se venera. Ella acompañó a los Carmelitas a medida que la orden se propagó por el mundo. A los Carmelitas se les conoce por su devoción a la Madre de Dios, ya que en ella ven el cumplimiento del ideal de Elías. Incluso se le llamó: “Los hermanos de Nuestra Señora del Monte Carmelo”. En su profesión religiosa se consagraban a Dios y a María, y tomaban el hábito en honor ella, como un recordatorio de que sus vidas le pertenecían a ella, y por ella, a Cristo.

¿Qué es el Escapulario carmelita?

Los seres humanos nos comunicamos por símbolos. Así como tenemos banderas, escudos y también uniformes que nos identifican. Las comunidades religiosas llevan su hábito como signo de su consagración a Dios.

Los laicos no pueden llevar hábito, pero los que desean asociarse a los religiosos en su búsqueda de la santidad pueden usar el escapulario. La Virgen dio a los Carmelitas el escapulario como un hábito miniatura que todos los devotos pueden llevar para significar su consagración a ella. Consiste en un cordón que se lleva al cuello con dos piezas pequeñas de tela color café, una sobre el pecho y la otra sobre la espalda. Se usa bajo la ropa. Junto con el rosario y la medalla milagrosa, el escapulario es uno de los mas importantes sacramentales marianos.

Dice San Alfonso Ligorio, doctor de la Iglesia: “Así como los hombres se enorgullecen de que otros usen su uniforme, así Nuestra Señora Madre María está satisfecha cuando sus servidores usan su escapulario como prueba de que se han dedicado a su servicio, y son miembros de la familia de la Madre de Dios.”

El escapulario es un sacramental

Un sacramental es un objeto religioso que la Iglesia haya aprobado como signo que nos ayuda a vivir santamente y a aumentar nuestra devoción. Los sacramentales deben mover nuestros corazones a renunciar a todo pecado, incluso al venial.

El escapulario, al ser un sacramental, no nos comunica gracias como hacen los sacramentos. Las gracias nos vienen por nuestra respuesta de amor a Dios y de verdadera contrición del pecado, lo cual el sacramental debe motivar.

¿Cómo surgió el escapulario?

La palabra escapulario viene del Latín “scapulae” que significa “hombros”. Originalmente era un vestido superpuesto que cae de los hombros y lo llevaban los monjes durante su trabajo. Con el tiempo se le dio el sentido de ser la cruz de cada día que, como discípulos de Cristo llevamos sobre nuestros hombros. Para los Carmelitas particularmente, pasó a expresar la dedicación especial a la Virgen Santísima y el deseo de imitar su vida de entrega a Cristo y a los demás.

La Virgen María entrega el escapulario el 16 de julio de 1251.

En el año 1246 nombraron a San Simón Stock general de la Orden Carmelita. Este comprendió que, sin una intervención de la Virgen, a la orden le quedaba poco tiempo. Simón recurrió a María poniendo la orden bajo su amparo, ya que ellos le pertenecían. En su oración la llamó “La flor del Carmelo” y la “Estrella del Mar” y le suplicó la protección para toda la comunidad.

En respuesta a esta ferviente oración, el 16 de julio de 1251 se le aparece la Virgen a San Simón Stock y le da el escapulario para la orden con la siguiente promesa:

“Este debe ser un signo y privilegio para ti y para todos los Carmelitas: quien muera usando el escapulario no sufrirá el fuego eterno”

Aunque el escapulario fue dado a los Carmelitas, muchos laicos con el tiempo fueron sintiendo el llamado de vivir una vida mas comprometida con la espiritualidad carmelita y así se comenzó la cofradía del escapulario, donde se agregaban muchos laicos por medio de la devoción a la Virgen y al uso del escapulario. La Iglesia ha extendido el privilegio del escapulario a los laicos.

Explicación de la Promesa:

Muchos Papas, santos como San Alfonso Ligorio, San Juan Bosco, San Claudio de la Colombiere, y San Pedro Poveda, tenían una especial devoción a la Virgen del Carmen y llevaban el escapulario. Santos y teólogos católicos han explicado que, según esta promesa, quien tenga la devoción al escapulario y lo use, recibirá de María Santísima a la hora de la muerte, la gracia de la perseverancia en el estado de gracia (sin pecado mortal) o la gracia de la contrición (arrepentimiento). Por parte del devoto, el escapulario es una señal de su compromiso a vivir la vida cristiana siguiendo el ejemplo perfecto de la Virgen Santísima.

El escapulario tiene 3 significados:

El amor y la protección maternal de María: El signo es una tela o manto pequeño. Vemos como María cuando nace Jesús lo envuelve en un manto. La Madre siempre trata de cobijar a sus hijos.

Envolver en su manto es una señal muy maternal de protección y cuidado. Señal de que nos envuelve en su amor maternal. Nos hace suyos. Nos cubre de la ignominia de nuestra desnudes espiritual.

Vemos en la Biblia:

– Dios cubrió con un manto a Adán y Eva después de que pecaron. (manto – signo de perdón)

– Jonás le dio su manto a David: símbolo de amistad -Elías dio su manto a Eliseo y lo llenó de su espíritu en su partida.

– S. Pablo: revístanse de Cristo: vestirnos con el manto de sus virtudes.

Pertenencia a María: Llevamos una marca que nos distingue como sus hijos escogidos. El escapulario se convierte en el símbolo de nuestra consagración a María.

Consagración: “pertenecer a María” es reconocer su misión maternal sobre nosotros y entregarnos a ella para dejarnos guiar, enseñar, moldear por Ella y en su corazón. Así podremos ser usados por Ella para la extensión del Reino de su Hijo.

– En 1950 Papa Pío XII escribió acerca del escapulario: “que el escapulario sea tu signo de consagración al Inmaculado Corazón de María, lo cual estamos particularmente necesitando en estos tiempos tan peligrosos”. Quien usa el escapulario debe ser consciente de su consagración a Dios y a la Virgen y ser consecuente en sus pensamientos, palabras y obras. Dice Jesús: “Cargad con mi yugo y aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera”. (Mt 11:29). El escapulario simboliza ese yugo que Jesús nos invita a cargar, pero que María nos ayuda a llevar. El escapulario es un signo de nuestra identidad como cristianos, vinculados íntimamente a la Virgen María con el propósito de vivir plenamente nuestro bautismo. Representa nuestra decisión de seguir a Jesús por María en el espíritu de los religiosos pero adaptado a la propia vocación, lo que exige que seamos pobres, castos y obedientes por amor.

Al usar el escapulario constantemente estamos haciendo silenciosa petición de asistencia a la Madre, y ella nos enseña e intercede para conseguirnos las gracias para vivir como ella, abiertos de corazón al Señor, escuchando su Palabra, orando, descubriendo a Dios en la vida diaria y cercanos a las necesidades de nuestros hermanos, y nos está recordando que nuestra meta es el cielo y que todo lo de este mundo pasa. En la tentación, tomamos el escapulario en nuestras manos e invocamos la asistencia de la Madre. Kilian Lynch, antiguo general de la Orden dice: “No lleguemos a la conclusión de que el escapulario está dotado de alguna clase de poder sobrenatural que nos salvará a pesar a pesar de lo que hagamos o de cuanto pequemos…Una voluntad pecadora y perversa puede derrotar la omnipotencia suplicante de la Madre de la Misericordia.”

El suave yugo de Cristo: “Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mi, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana”. (Mt 11:29-30)

– El escapulario simboliza ese yugo que Jesús nos invita a cargar pero que María nos ayuda a llevar.

Quién lleva el escapulario debe identificarse como católico sin temor a los rechazos y dificultades que ese yugo le traiga.

Se debe vivir lo que significa

El escapulario es un signo de nuestra identidad como católicos, vinculados de íntimamente a la Virgen María con el propósito de vivir plenamente según nuestro bautismo. Representa nuestra decisión de seguir a Jesús por María en el espíritu de los religiosos pero adaptado a la propia vocación. Esto requiere que seamos pobres (un estilo de vida sencillo sin apegos materiales), castos y obedientes por amor a Dios.

En momentos de tentación, tomamos el escapulario en nuestras manos e invocamos la asistencia de la Madre, resueltos a ser fieles al Señor.

Ella nos dirige hacia el Sagrado Corazón de su Hijo Divino y el demonio es forzado a retroceder vencido.

Imposición del Escapulario:

El primer escapulario debe ser bendecido por un sacerdote e impuesto por él mientras dice:

“Recibe este escapulario bendito y pide a la Virgen Santísima que por sus méritos, lo lleves sin ninguna mancha de pecado y que te proteja de todo mal y te lleve a la vida eterna”

¿Puede darse el escapulario a quien no es católico?

Sí. El escapulario es signo de la Maternidad Espiritual de María y debemos recordar que ella es madre de todos. Muchos milagros de conversión se han realizado en favor de buenos no-católicos que se han decidido a practicar la devoción al escapulario.

Conversiones

Un anciano fue llevado al Hospital de San Simón Stock en la ciudad de Nueva York, inconsciente y moribundo. La enfermera al ver al paciente con el Escapulario Carmelita llamó a un sacerdote. Mientras rezada las oraciones por el moribundo, éste recobró el conocimiento y dijo: “Padre, yo no soy católico”. “¿Entonces, ¿por qué está usando el Escapulario Carmelita?”, preguntó el sacerdote. “He prometido a mis amigos usarlo”, explicó el paciente. “Además rezo un Ave María diariamente.” “Usted se está muriendo” replicó el sacerdote. “¿Quiere hacerse católico?” ´Toda mi vida lo he deseado”, contestó el moribundo. Fue bautizado, recibió la Unción de los Enfermos antes de fallecer en paz.

Alerta contra abusos:

El escapulario NO salva por sí solo como si fuera algo mágico o de buena suerte, ni es una excusa para evadir las exigencias de la vida cristiana. Mons. Kilian Lynch, antiguo general de la Orden Carmelita nos dice: “No lleguemos a la conclusión que el escapulario está dotado de alguna clase de poder sobrenatural que nos salvará a pesar a pesar de lo que hagamos o de cuanto pequemos… Una voluntad pecadora y perversa puede derrotar la “omnipotencia suplicante” de la madre de la misericordia.”

Los Papas y Santos han muchas veces alertado acerca de no abusar de la promesa de nuestra madre como si nos pudiéramos salvar llevando el escapulario sin conversión. El Papa Pío XI nos advierte: “aunque es cierto que la Virgen María ama de manera especial a quienes son devotos de ella, aquellos que desean tenerla como auxilio a la hora de la muerte, deben en vida ganarse dicho privilegio con una vida de rechazo al pecado y viviendo para darle honor.”

Vivir en pecado y usar el escapulario como ancla de salvación es cometer pecado de presunción ya que la fe y la fidelidad a los mandamientos es necesaria para todos los que buscan el amor y la protección de Nuestra Señora.

San Claude de la Colombiere advierte: “Tu preguntas: ¿y si yo quisiera morir con mis pecados?, yo te respondo, entonces morirás en pecado, pero no morirás con tu escapulario.”

Novena a las almas del purgatorio


INICIO CADA DÍA:

Por la señal, etc.

Señor mío Jesucristo, etc.

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS

Oh María, Madre de misericordia: acuérdate de los hijos que tienes en el purgatorio y, presentando nuestros sufragios y tus méritos a tu Hijo, intercede para que les perdone sus deudas y los saque de aquellas tinieblas a la admirable luz de su gloria, donde gocen de tu vista dulcísima y de la de tu Hijo bendito.

Oh glorioso Patriarca San José, intercede juntamente con tu Esposa ante tu Hijo por las almas del purgatorio.

V. No te acuerdes, Señor, de mis pecados.

R. Cuando vengas a purificar al mundo en fuego.

V. Dirige, Señor Dios mío, a tu presencia mis pasos.

R. Cuando vengas a purificar al mundo en fuego.

V. Dales, Señor, el descanso eterno y luzca para ellos la luz eterna.

R. Cuando vengas a purificar al mundo en fuego.

Padrenuestro.

V. De la puerta del infierno

R. Saca, Señor, sus almas.

V. Descansen en paz.

R. Amén.

V. Señor, oye mi oración.

R. Y llegue a ti mi clamor.

Oremos. Oh Dios mío, de quien es propio compadecerse y perdonar: te rogamos suplicantes por las almas de tus siervos que has mandado emigrar de este mundo, para que no las dejes en el purgatorio, sino que mandes que tus santos ángeles las tomen y las lleven a la patria del paraíso, para que, pues esperaron y creyeron en ti, no padezcan las penas del purgatorio, sino que posean los gozos eternos. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

V. Dales, Señor, el descanso eterno.

R. Y luzca para ellos la luz perpetua.

V. Descansen en paz.

R. Amén.

DÍA PRIMERO

Por la señal, etc.

Señor mío Jesucristo, etc.

Señor mío Jesucristo, que quieres que tengamos suma delicadeza de conciencia y santidad perfecta: te rogamos nos la concedas a nosotros; y a los que por no haberla tenido se están purificando en el purgatorio, te dignes aplicar nuestros sufragios y llevarlos pronto de aquellas penas al cielo. Te lo pedimos por la intercesión de tu Madre purísima y de San José.

Terminar con la oración final y el responso.

DÍA SEGUNDO

Por la señal, etc.

Señor mío Jesucristo, etc.

Señor mío Jesucristo, que eres cabeza de todos tus fieles cristianos que en ti nos unimos como miembros de un mismo cuerpo que es la Iglesia: te suplicamos nos unas más y más contigo y que nuestras oraciones y sufragios de buenas obras aprovechen a las ánimas de nuestros hermanos del purgatorio, para que lleguen pronto a unirse a sus hermanos del cielo.

Terminar con la oración final y el responso.

DÍA TERCERO

Por la señal, etc.

Señor mío Jesucristo, etc.

Señor mío Jesucristo, que a los que pecan castigas con justicia en esta vida o en la otra: concédenos la gracia de nunca pecar y ten misericordia de los que, habiendo pecado, no pudieron, por falta de tiempo, o no quisieron, por falta de voluntad y por amor del regalo, satisfacer en esta vida y están padeciendo ahora sus penas en el purgatorio; y a ellos y a todos llévalos pronto a su descanso.

Terminar con la oración final y el responso.

DÍA CUARTO

Por la señal, etc.

Señor mío Jesucristo, etc.

Señor mío Jesucristo, que exiges la penitencia aun de los pecados veniales en este mundo o en el otro: danos temor santo de los pecados veniales y en misericordia de los que, por haberlos cometido, están ahora purificándose en el purgatorio y líbralos a ellos y a todos los pecadores de sus penas, llevándoles a la gloria eterna.

Terminar con la oración final y el responso.

DÍA QUINTO

Por la señal, etc.

Señor mío Jesucristo, etc.

Señor mío Jesucristo, que a los regalados en esta vida, que no pagaron por su culpa o no tuvieron bastante caridad con el pobre, castigas en la otra con la penitencia que aquí no hicieron: concédenos las virtudes de la mortificación y de la caridad y acepta misericordioso nuestra caridad y sufragios, para que por ellos lleguen pronto a su descanso eterno.

Terminar con la oración final y el responso.

DÍA SEXTO

Por la señal, etc.

Señor mío Jesucristo, etc.

Señor mío Jesucristo, que quisiste que honrásemos a nuestros padres y parientes y distinguiésemos a nuestros amigos: te rogamos por todas las ánimas del purgatorio, pero especialmente por los padres, parientes y amigos de cuantos hacemos está novena, para que logren el descanso eterno.

Terminar con la oración final y el responso.

DÍA SÉPTIMO

Por la señal, etc.

Señor mío Jesucristo, etc.

Señor mío Jesucristo, que a los que no se preparan a tiempo para la muerte, recibiendo bien los últimos sacramentos y purificándose de los residuos de la mala vida pasada, los purificas en el purgatorio con terribles tormentos: te suplicamos, Señor, por los que murieron sin prepararse y por todos los demás, rogándote que les concedas a todos ellos la gloria y a nosotros recibir bien los últimos sacramentos.

Terminar con la oración final y el responso.

DÍA OCTAVO

Por la señal, etc.

Señor mío Jesucristo, etc.

Señor mío Jesucristo, que a los que vivieron en este mundo demasiado aficionados a los bienes terrenales y olvidados de la gloria, los retienes apartados del premio, para que se purifiquen de su negligencia en desearlo: calma, Señor misericordioso, sus ansias y colma sus deseos, para que gocen pronto de tu presencia, y a nosotros concédenos amar de tal manera los bienes celestiales, que no deseemos desordenadamente los

terrenos.

Terminar con la oración final y el responso.

DÍA NOVENO

Por la señal, etc.

Señor mío Jesucristo, etc.

Señor mío Jesucristo, cuyos méritos son infinitos y cuya bondad es inmensa: mira propicio a tus hijos que gimen en el purgatorio anhelando la hora de ver tu faz, de recibir tu abrazo, de descansar a tu lado y; mirándolos, compadécete de sus penas y perdona lo que les falta para pagar por sus culpas. Nosotros te ofrecemos nuestras obras y sufragios, los de tus Santos y Santas; los de tu Madre y tus méritos; haz que pronto salgan de su cárcel y reciban de tus manos su libertad y la gloria eterna.

Terminar con la oración final y el responso.

ORANDO POR LOS DIFUNTOS


Se devoto de las almas del Purgatorio. Si no ruegas por ellas, Dios permitirá que los demás se olviden después de ti.

Reza por lo menos, tres Padrenuestros por las siguientes intenciones:

1. Por el alma más abandonada del Purgatorio.

2. Por el alma que más padece en el Purgatorio.

3. Por el alma que más tiempo ha de estar en el Purgatorio.

Reza ahora alguna de las oraciones que siguen:

– Por los padres

Oh Dios, que nos mandasteis honrar a nuestro padre y a nuestra madre, sed clemente y misericordioso con sus almas; perdonadles sus pecados y haced que un día pueda verlos en el gozo de la luz eterna. Amén.

– Por los parientes y amigos

Oh Dios que concedéis el perdón de los pecados y queréis la salvación de los hombres, imploramos vuestra clemencia en favor de todos nuestros hermanos, parientes y bienhechores que partieron de este mundo, para que, mediante la intercesión de la bienaventurada Virgen María y de todos los Santos, hagáis que lleguen a participar de la bienaventuranza eterna; por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

 

– Por un difunto

Haced, oh Dios omnipotente, que el alma de vuestro siervo (o sierva) N. que ha pasado de este siglo al otro, purificada con estos sacrificios y libre de pecados, consiga el perdón y el descanso eterno. Amén.

– Por todos los difuntos

Oh Dios, Creador y Redentor de todos los fieles, conceded a las almas de vuestros siervos y siervas la remisión de todos sus pecados, para que por las humildes súplicas de la Iglesia, alcancen el perdón que siempre desearon; por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

 

Antiguo recordatorio de defunción de principios del siglo XX. En el reverso del mismo figura la oración, llamada del santo sudario, y que explica la imagen.


ORACIÓN DEL SANTO SUDARIO

Señor Dios que nos dejaste las señales de tu Pasión en la sábana santa, en la cual fue envuelto tu cuerpo santísimo cuando por José fuiste bajado de la cruz: concédenos, piadosísimo Señor, que por tu muerte y sepultura seamos llevados a la gloria de la resurrección, donde vives y reinas con Dios Padre en unidad del Espíritu Santo Dios por todos los siglos.

 


VISITA AL CEMENTERIO

Yo me postro sobre esta tierra donde reposan los restos mortales de mis queridos padres, parientes, amigos, y todos mis hermanos en la fe que me han precedido en el camino de la eternidad. Mas ¿que puedo hacer yo por ellos? ¡Oh divino Jesús, que padeciendo y muriendo por nuestro amor nos comprasteis con el precio de vuestra sangre la eterna vida; yo se que vivís y escuhais mis plegarias y que es copiosísima la gracia de vuestra redención. Perdonad, pues oh Dios misericordioso, a las almas de estos mis amados difuntos, libradlas de todas las penas y de todas las tribulaciones, y acogedlas en el seno de vuestra Bondad y en la alegre compañía de vuestros Ángeles y Santos para que, libres de todo dolor y de toda angustia, os alaben, gocen y reinen con Vos en el Paraíso de vuestra gloria por todos los siglos de los siglos. Amén


ORACIÓN AL FALLECIMIENTO DE UN SER QUERIDO

¡Oh Jesús, único consuelo en las horas eternas del dolor, único consuelo sostén en el vacío inmenso que la muerte causa entre los seres queridos! Tú, Señor, a quién los cielos, la tierra y los hombres vieron llorar en días tristísimos; Tú, Señor, que has llorado a impulsos del más tierno de los cariños sobre el sepulcro de un amigo predilecto; Tú, ¡oh Jesús! que te compadeciste del luto de un hogar deshecho y de corazones que en él gemían sin consuelo; Tú, Padre amantísimo, compadécete también de nuestras lágrimas. Míralas, Señor, cómo sangre del alma dolorida, por la perdida de aquel que fue deudo queridísimo, amigo fiel, cristiano fervoroso. ¡Míralas, Señor, como tributo sentido que te ofrecemos por su alma, para que la purifiques en tu sangre preciosísima y la lleves cuanto antes al cielo, si aún no te goza en él! ¡Míralas, Señor, para que nos des fortaleza, paciencia, conformidad con tu divino querer en esta tremenda prueba que tortura el alma! ¡Míralas, oh dulce, oh pidadosísimo Jesús! y por ellas concédenos que los que aquí en la tierra hemos vivido atados con los fortísimos lazos de cariño, y ahora lloramos la ausencia momentánea del ser querido, nos reunamos de nuevo junto a Ti en el Cielo, para vivir eternamente unidos en tu Corazón. Amén.


ORACIÓN POR NUESTROS SERES QUERIDOS

Oh buen Jesús, que durante toda tu vida te compadeciste de los dolores ajenos, mira con misericordia las almas de nuestros seres queridos que están en el Purgatorio. Oh Jesús, que amaste a los tuyos con gran predilección, escucha la súplica que te hacemos, y por tu misericordia concede a aquellos que Tú te has llevado de nuestro hogar el gozar del eterno descanso en el seno de tu infinito amor. Amén.

Concédeles, Señor, el descanso eterno y que les ilumine tu luz perpetua.

Que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz. Amén.


ORACIÓN DE RECOMENDACIÓN DEL ALMA A CRISTO

Señor, te encomendamos el alma de tu siervo(a) … (mencione su nombre) y te suplicamos, Cristo Jesús, Salvador del mundo, que no le niegues la entrada en el regazo de tus patriarcas, ya que por ella bajaste misericordiosamente del cielo a la tierra.

Reconócela, Señor, como criatura tuya; no creada por dioses extraños, sino por ti, único Dios vivo y verdadero, porque no hay otro Dios fuera de Ti ni nadie que produzca tus obras.

Llena, Señor, de alegría su alma en tu presencia y no te acuerdes de sus pecados pasados ni de los excesos a que la llevó el ímpetu o ardor de la concupiscencia.

Porque, aunque haya pecado, jamás negó al Padre, ni al Hijo, ni al Espíritu Santo; antes bien, creyó, fue celoso de la honra de Dios y adoró fielmente al Dios que lo hizo todo.

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Las Almas del Purgatorio


Las Almas del Purgatorio


Las Almas del Purgatorio, lejos de ser esos fantasmas horribles y vengativos que durante mucho tiempo nos vendió la televisión y la creencia popular, son muy por el contrario, el fruto de la Misericordia infinita que nuestro Dios tiene hacia nosotros, su creación, muchas veces ingratos y malos para con nuestro Dios.

La muerte siempre fue un misterio enraizado en la existencia del hombre, un tema oscuro, doloroso y muchas veces evitado por nuestra cultura, ya que comprendemos la muerte como sinónimo de final.

Numerosas creencias hablan de distintos destinos del alma, luego de que esta deja el cuerpo de la persona fallecida, pero para nosotros cristianos, la muerte simplemente es el paso a la “verdadera vida”, la “vida eterna”.

Es por eso que nuestra Fe, si conoce el destino del alma después de la muerte, que lejos de quedar vagando en un espacio indefinido o simplemente morir con el cuerpo, es reclamada por nuestro Señor, al precio que pagó en la Cruz, para participar con Él, de la felicidad verdadera que presupone el compartir la vida eterna en el paraíso, contemplando para siempre el Rostro de Dios.

El alma del cristiano esta invitada desde el bautismo a participar del Cielo, a convertirse en un “Santo de Dios”, a gozar, degustar, amar, sentir y experimentar el verdadero amor que es Dios mismo con todo su séquito celestial. Pero es aquí que, Dios nuestro Señor, respetando nuestra libertad no forzará a nuestra alma a seguirlo al Cielo, si no que nos dará a elegir el destino para nuestra eternidad. Y en esta elección solo hay dos caminos: Cielo o Infierno.

Pensando ligeramente nos preguntamos, ¿a quien se le ocurriría elegir el Infierno?, pero aunque parezca mentira son muchos los que eligen este camino. Es que el Odio, la envidia, el desenfreno, la falta de amor al prójimo, la vida tibia y desinteresada de las cosas de Dios hacen que ya en vida hagamos un pleno rechazo de Dios, sumidos en el pecado y sin que esto nos importe demasiado estamos haciendo una aceptación implícita de lo que Satanás ofrece. Es por eso que llegado el momento luego de la muerte, nuestro propio estado de iniquidad y pecado nos puede llevar a elegir como en vida un camino equivocado…

Sin embargo, allí es donde comienza a jugar mas plenamente la Misericordia de Dios, como respuesta a un arrepentimiento sincero y un deseo total de estar con Él. El Purgatorio, nos ayudará a quemar, todos los vestigios de pecado que nuestra alma carga en su viaje al cielo, para así presentarnos ante nuestro Señor, limpios, puros, totalmente libres de toda atadura.

DOCTRINA CATÓLICA


EL PURGATORIO

ES un estado transitorio de purificación necesaria para aquellos que, habiendo muerto en gracia de Dios y teniendo segura su salvación, necesitan mayor purificación para llegar a la santidad necesaria para entrar en el cielo. Esta purificación es totalmente distinta al castigo del infierno.

El purgatorio es doctrina de fe formulada en los Concilios de Florencia (cf. DS 1304) y de Trento (cf. DS 1820; 1580).

Dios creó los seres humanos para que disfruten de su Creador viéndole en la Gloria. Sin embargo todos hemos pecado y en esa condición no se puede entrar en el cielo, pues nada manchado puede entrar en el Cielo; por lo cual, todos necesitamos la redención de Jesucristo para poder ir al Cielo. Jesús nos purifica con el poder de su Sangre para poder ser admitidos al cielo. La salvación es posible solo por medio de Jesucristo. Si morimos en gracia de Dios es porque hemos recibido esa gracia por los meritos de Jesucristo que murió por nosotros en la cruz. La purificación del purgatorio también es gracias a Jesucristo.

El purgatorio es necesario porque pocas personas se abren tan perfectamente a la gracia de Dios aquí en la tierra como para morir limpios y poder ir directamente al cielo. Por eso muchos van al purgatorio donde los mismos méritos de Jesús completan la purificación.

Según esto, el alma que está en el purgatorio ha sido ya liberada de sus culpas, pero como de ellas no hizo en la tierra una penitencia suficiente, debe padecer ahora la pena del purgatorio, que elimine en su ser «toda herrumbre o mancha de pecado», disponiéndole así para la perfecta y beatífica unión con Dios.

Santa Catalina de Génova en su tratado del Purgatorio, nos da un ejemplo claro con el fin de entender el propósito del paso por el Purgatorio y su efecto en el alma:

“Imaginemos un enamorado, que aunque desea de todo corazón unirse con su amada, viéndose a sí mismo lleno de miserias en el alma y en el cuerpo, en forma alguna quiere realizar su unión conyugal en tanto no recupere una salud perfecta que le haga digno de ella. La misma fuerza del amor le lleva, pues, sin vacilar, a someterse en una clínica a tratamientos muy severos y dolorosos, psíquicos y somáticos, con tal de librarse cuanto antes de todas las miserias personales que hacen la unión indigna e imposible. Pues bien, después de la muerte, el alma enamorada de Dios, que todavía ve en sí muchas miserias no purificadas, siente la necesidad del purificatorio, y a él se somete, agradecida a la misericordia divina, para disponerse cuanto antes a la perfecta unión con el Señor”

Fundamento Bíblico sobre la existencia del Purgatorio


La doctrina de la Iglesia sobre el Purgatorio encuentra fundamento en la Biblia, cuando esta se sabe interpretar correctamente:

El texto del 2 Macabeos 12, 43-46 da por supuesto que existe una purificación después de la muerte.
(Judas Macabeo) “efectuó entre sus soldados una colecta… a fin de que allí se ofreciera un sacrificio por el pecado… Pues… creían firmemente en una valiosa recompensa para los que mueren en gracia de Dios… Ofreció este sacrificio por los muertos; para que fuesen perdonados de su pecado”.

Asimismo las palabras de nuestro Señor:
“El que insulte al Hijo del Hombre podrá ser perdonado; en cambio, el que insulte al Espíritu Santo no será perdonado, ni en este mundo, ni en el otro”. Mt 12,32.

“Cuando vayas con tu adversario al magistrado, procura en el camino arreglarte con él, no sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al alguacil y el alguacil te meta en la cárcel. Te digo que no saldrás de allí hasta que no hayas pagado el último céntimo”. Lucas 12,58-59

En estos pasajes Jesús habla de un castigo temporal que no puede ser el infierno ni tampoco el cielo.

Se llega a semejante conclusión en la carta de San Pablo, 1 Corintios 3, 12-13:
“Pues la base nadie la puede cambiar; ya está puesta y es Cristo Jesús. Pero, con estos cimientos, si uno construye con oro, otro con plata o piedras preciosas, o con madera, caña o paja, la obra de cada uno vendrá a descubrirse. El día del Juicio la dará a conocer porque en el fuego todo se descubrirá. El fuego probará la obra de cada cual: si su obra resiste el fuego, será premiado; pero, si es obra que se convierte en cenizas, él mismo tendrá que pagar. El se salvará, pero como quien pasa por el fuego”.

De manera que hay un fuego después de la muerte que, diferente al del infierno, es temporal. El alma que por allí pasa se salvará. A ese estado de purgación le llamamos el “purgatorio”.

1 Cor 15,29: “De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué pues se bautizan por los muertos?”

La palabra “bautismo” es utilizada aquí como una metáfora para expresar sufrimiento o penitencia (Mc 10,38-39; Lc 3,16; 12,50). Pablo escribe sobre una práctica entre los cristianos de “bautizarse” por los difuntos. El no la condena, si no que la exalta como válida porque demuestra fe en la resurreción.

Compare 1 Cor 15,29 con 2 Macabeos 12,44 y verá la similitud.

Mensaje N° 23 – 8/12/99,17:00 Hs.

(Veo a la Virgen llorar sangre y me muestra una imagen del mundo al tiempo que me dice:) “Éste es el mundo en donde mis hijos se matan”

Las penas del purgatorio


Aunque no sea doctrina-definida, se mantiene como doctrina común que el sufrimiento mayor del purgatorio consiste en la “pena de ausencia”, porque las almas están temporalmente privadas de la visión beatífica. Sin embargo, no hay comparación entre este sufrimiento y las penas del infierno. El purgatorio es temporal y por eso lleva consigo la esperanza de ver a Dios algún día cara a cara. Las almas lo llevan con paciencia, pues comprenden que la purificación es necesaria. Lo aceptan generosamente por amor de Dios y con perfecta sumisión a su voluntad.

Las penas del purgatorio son proporcionales al grado de pecado de cada persona. Es probable que las penas del purgatorio van disminuyendo gradualmente y aumente en ellas la alegría de la cercana entrada en el cielo. Estas almas tienen total certeza de la salvación y poseen fe, esperanza y caridad. Saben que ellas mismas están en amistad con Dios, confirmadas en gracia.

Respecto de las penas, nos dice Santa Catalina de Génova en su libro “Tratado del Purgatorio”, que se experimenta a la vez, gran gozo y gran dolor:
“Verdad es que el amor de Dios, que redunda en el alma, según entiendo, le da un gozo tan grande que no se puede expresar; pero este contentamiento, al menos a las almas que están en el purgatorio, no les quita su parte de pena. Y es aquel amor, que está como retardado, el que causa esa pena; una pena que es tanto más cruel cuanto es más perfecto el amor de que Dios la hace capaz. Así pues, gozan las almas del purgatorio de un contento grandísimo, y sufren al mismo tiempo una grandísima pena; y una cosa no impide la otra”

“Cuando el alma, por visión interior, se ve así atraída por Dios con tanto fuego de amor, que redunda en su mente, se siente toda derretir en el calor de aquel amor fogoso de su dulce Dios. Y ve que Dios, solamente por puro amor, nunca deja de atraerla y llevarla a su total perfección”.

“Cuando el alma ve esto, mostrándoselo Dios con su luz; cuando encuentra en sí misma aquel impedimento que no le deja seguir aquella atracción, aquella mirada unitiva que Dios le ha dirigido para atraerla; y cuando, con aquella luz que le hace ver lo que importa, se ve retardada para poder seguir la fuerza atractiva de aquella mirada unitiva, se genera en ella la pena que sufren los que están en el purgatorio”.

María Simma, humilde campesina del Norte de Austria, fallecida hace 2 años, quien tenía el Don de ver y hablar con las almas del purgatorio nos refería lo siguiente acerca del Purgatorio:

“Diría que es una invención genial por parte de Dios. Y aquí quisiera proponerles una imagen toda mía. Supongan que un día se abre una puerta y aparece un ser extraordinariamente bello, de una belleza tal, nunca vista sobre la tierra. Aquí quedan fascinados, trastornados por este SER de luz y de belleza, tanto más que él demuestra estar locamente enamorado de ustedes (lo que nunca se hubiesen imaginado); se dan cuenta que también él tiene un gran deseo de atraerlos a sí, de abrazarlos; y el fuego del amor que quema ya en sus corazones los empuja seguramente a precipitarse entre sus brazos. Pero ustedes, se dan cuenta, en ese preciso instante, de que hace meses que no se lavan, que huelen mal, que se sienten horriblemente feos; tienen la nariz que chorrea, los cabellos grasosos y pegoteados, horribles manchas de suciedad sobre la ropa, etc., etc. Entonces se dicen a sí mismos: “¡No, no es posible que yo me presente en este estado!. Es preciso que antes me lave, me duche, y luego, rápidamente, regrese a verlo…”. Pero he aquí que el amor nacido en sus corazones es tan intenso, tan fuerte, tan abrasador, que este atraso debido a la ducha es absolutamente insoportable. Y el dolor mismo de la ausencia, aunque dure sólo pocos minutos, causa un ardor atroz en el corazón. Y, ciertamente, este ardor es proporcional a la intensidad de la revelación del amor: es una Llama de amor.

Pues bien, el Purgatorio es exactamente esto. Es un atraso impuesto por nuestra impureza, un atraso antes del abrazo de Dios, una Llama de amor que hace sufrir terriblemente; una espera, o si quieren, una nostalgia, del Amor. Es precisamente esta Llama, esta ardorosa nostalgia la que nos purifica de todo lo que aún es impuro en nosotros. Me atrevería a decir que el Purgatorio es un lugar de deseo, del deseo loco de Dios, de Dios que ya ha sido reconocido y visto, pero al cual el alma todavía no se ha unido.

Las almas del Purgatorio hablan con frecuencia con María sobre ese gran deseo, de esa sed que tienen de Dios, y cómo ese deseo es para ellas profundamente doloroso; es, sin duda, una verdadera agonía. En la práctica el Purgatorio es una gran crisis, una crisis que nace de la falta de Dios.

¿Es Dios quien envía las almas al Purgatorio?


Es el alma misma quien quiere ir al Purgatorio para purificarse, antes de entrar en el Paraíso. Pero aquí es preciso decir también que el alma, cuando está en el Purgatorio, adhiere perfectamente a la voluntad de Dios; por ejemplo, se complace del bien y desea nuestro bien; experimenta tanto amor por Dios, y también por quienes aún estamos en la tierra. Estas almas están perfectamente unidas al Espíritu de Dios o, si se quiere, a la Luz de Dios.

Por eso el alma que experimenta este amor de Dios y por Dios, si hallase otro purgatorio mayor que el purgatorio, para poder quitarse más pronto aquel impedimento de estar contemplando el Rostro de Dios, allí se lanzaría dentro, en forma totalmente voluntaria, por el ímpetu de aquel amor que hace conformes a Dios y al alma.

¿Cuales son los pecados que con más frecuencia conducen al Purgatorio?

Son los pecados contra la caridad, contra el amor hacia el prójimo, la dureza del corazón, la hostilidad, la calumnia. La maldición y la calumnia se cuentan entre las culpas más graves que necesitan una larga purificación.

He aquí un relato bastante esclarecedor, basado en la experiencia de una mística de nuestro tiempo: “Se le pidió a la mística, informase si un hombre y una mujer; estaban en el Purgatorio. Con gran asombro de quienes se lo habían pedido, la mujer ya estaba en el Paraíso y el hombre en el Purgatorio. Pero en realidad esa mujer había muerto después de un aborto, mientras que el hombre iba con frecuencia a la iglesia y llevaba una vida, aparentemente, bastante digna y piadosa. La vidente (Maria Simma) se informa nuevamente, pensando que podría haberse equivocado. Pero no, era tal cual: en realidad los dos murieron contemporáneamente, pero la mujer se había arrepentido sinceramente de lo que había hecho, y había sido muy humilde; en cambio el hombre, aunque religioso, juzgaba todo y a todos, siempre se lamentaba, hablaba mal de la gente, y criticaba. Por eso su purgatorio era muy largo. Conclusión: “Nunca se debe juzgar según las apariencias”.

Otros pecados contra la caridad son, por cierto, todos nuestros repudios hacia algunas personas que no amamos, nuestro rechazo en hacer las paces, en perdonar, y todos los rencores que encerramos en el corazón. Es por eso que al momento de dejar este mundo, nos halle la muerte sin deudas de ningún tipo hacia nadie, en paz con todo el mundo, libres de rencor y resentimiento. Por eso debemos tratar de no llevarnos mal con la gente y sobre todo si tenemos diferencias o entredichos, saber pedir perdón y perdonar. El alma no debe quedar atada a ningún resentimiento de la tierra.

Un alma visitó a la mística, quien le preguntó el porqué de su estadía en el purgatorio; y esta contó que tenía una amiga, con la cual surgió una enemistad muy grande; y esa enemistad había sido causada por ella misma y, a pesar de todo, había conservado su rencor por años y años; y cuando su amiga, en varias circunstancias, había venido a pedirle de hacer las paces, de reconciliarse, ella la rechazaba; y cuando cayó gravemente enferma, había mantenido cerrado su corazón, a rechazar la paz que se le proponía; y hasta en el lecho de muerte, aquella amiga había venido a suplicarle de hacer las paces; pero aún en su lecho de muerte ella había rechazado reconciliarse. Por ese motivo se encontraba aún en un purgatorio muy doloroso, y por eso había venido a pedir ayuda a la mística.

Este testimonio sobre la gravedad de conservar el rencor es muy significativo. Por lo que se refiere a las palabras, nunca se dirá bastante acerca de cómo una palabra de crítica, una palabra malévola pueda realmente matar, y también cómo una buena palabra pueda curar.

El Purgatorio y su relación con el Cuerpo Místico de Cristo

Hay tres estados en la Iglesia:
1- La iglesia peregrina en la tierra, estos somos nosotros hasta el día de nuestra muerte.

2- La iglesia purgante (en el purgatorio), son los difuntos que aun no han ido al cielo. Por estos oramos el día de los difuntos, el 2 de noviembre.

3- la iglesia triunfante, ya glorificada en el cielo, estos son los santos que celebramos el 1 de Noviembre.

Los miembros del Cuerpo Místico pueden ayudarse unos a otros, mientras estén en la tierra y después de la muerte. Toda persona en estado de gracia puede orar con provecho por las benditas almas; es necesario, al menos, hallarse en estado de gracia santificante para ganar las indulgencias por los difuntos.

¿Cómo podemos ayudar a las almas del Purgatorio?

Nuestra oración por las almas de los difuntos solo puede ayudar a los que están en el purgatorio ya que la condición del infierno es irreversible y los que están en el cielo no necesitan oración, pero, como no tenemos la certeza si un alma está en el purgatorio o no (excepto en el caso de los que han sido llevado a los altares), es recomendable orar por todos los difuntos. Nuestras oraciones por las almas del purgatorio pueden reducir sus penas en intensidad y duración. Cuando estas almas lleguen al cielo (antes no pueden) sin duda rezarán por sus benefactores.

La preocupación de sufragar por las almas del Purgatorio no es sólo un deber de justicia y de caridad, es también un gran beneficio, porque las almas del Purgatorio están muy agradecidas por los alivios que les damos y nos protegen. Si nosotros con el sufragio rogamos por ellas, ellas ciertamente responden rezando por nosotros. Sus plegarias son muy eficaces, porque son santas y nos procuran beneficios inmensos, tanto para nuestra vida corporal como espiritual.

Entre las obras de sufragio por las almas del Purgatorio, hay tres que tienen un efecto maravilloso: La oración, la Santa Misa y las Indulgencias.

En las oraciones litúrgicas de la Iglesia, se invoca con frecuencia a los ángeles y a los santos en favor de la Iglesia sufriente, es decir, por las almas del purgatorio.

Nuestra Madre, nos revela por medio de su mensaje a Marcia, la necesidad de la oración y la Santa Misa por las Benditas almas del Purgatorio y en concordancia con lo que la doctrina y la tradición de nuestra Iglesia Católica marca, nos indica e incentiva a ofrecer por ellas:

Mensaje N° 34 – 22/12/99, 17:00 Hs.

(Le pregunté a la Santa Madre cómo puedo ayudar a las almas del purgatorio a aliviar su sufrimiento y dijo:)
“Debéis orar mucho por ellas, sobre todo el Rosario y ofrecer Misas en su nombre”

Mensaje N° 192 – 25/10/00, 17.30 hs.
PARROQUIA NUESTRA SEÑORA DE LOURDES

“Hijitos, hoy os pido especialmente que oréis por las Benditas Almas del Purgatorio; pues están muy necesitadas de vuestra oración, ya que por ellas mismas no pueden orar.
¡Hijos, una vez que entran al cielo, no sabéis cuánto oran por vosotros!
Os doy Mi bendición Maternal.
Amén, Amén”.

Mensaje N° 328 – 09/06/01, 16.30 hs.

“Queridos hijos:
Hoy os invito nuevamente a orar por las Benditas almas del Purgatorio. Necesitan vuestra oración, pequeños Míos. Ellas oran por vosotros, pero no pueden orar por ellas mismas, por eso, ¡Cuánto necesitan de vuestra oración!…”

Oración:
Es como un refrigerio que de nuestra alma sube hacia el cielo. También una simple invocación, una jaculatoria, un sacrificio, un acto breve de amor a Dios, tienen una eficacia extraordinaria de sufragio. Entre las oraciones que podemos rezar prevalecen: el Oficio de los Difuntos, el Salmo 50, el Vía Crucis, y el Santo Rosario. A todas estas u otras oraciones hay que agregar la santa Confesión y Comunión;

Es necesario que en ocasión de la muerte de una persona querida,
todos los parientes se confiesen y comulguen por ese alma.

Todos los medios de oración por las almas son válidos. En algunos
Lugares, especialmente en el interior de nuestro país, se sigue
Haciendo como una muy sana costumbre, el rezar una novena por
El alma del difunto. Generalmente la misma se inicia lo mas
Inmediato posible al entierro, rezando con devoción el Santo
Rosario y oraciones de Réquiem por el descanso eterno del alma, Durante los nueve días.

La Santa Misa:

Una sola Misa es para ellas de infinito valor. Los teólogos dividen en tres partes el fruto de la misa:
– Una parte va en beneficio de todos los miembros.
– Otra parte va en ventaja del Sacerdote que la celebra.
– La tercera parte va en provecho de por quien se celebra, y esta parte es aplicable a las almas purgantes.

La Misa no se divide en tres partes, estrictamente hablando, pero, lleva en sí tres formas del infinito tesoro de Jesús: La Iglesia, el Sacerdote y los Fieles Vivos o Difuntos.

No basta celebrar una sola misa por los difuntos, es necesario hacer celebrar muchas.

Las Indulgencia:

La indulgencia es una remisión de una pena temporal, adeudada por los pecados, que la Iglesia concede bajo ciertas condiciones al alma en gracia, aplicándole los méritos y las satisfacciones abundantes de Jesucristo, de la Virgen y de los Santos, los cuales constituyen su tesoro y por lo cual anulan sobre la tierra en todo o en parte la deuda de un alma anulándola también en el cielo. Hay indulgencia Plenaria y Parcial.

Para ganar la indulgencia es necesario estar en estado de gracia y tener la intención de ganarla. Por la Comunión de los Santos podemos socorrer a los difuntos, la Iglesia nos da la facultad de aplicarles este inmenso tesoro de misericordia, reduciendo así sus penas que son la satisfacción de las culpas cometidas durante la vida presente.

Las indulgencias son tesoros espirituales con los cuales se perdona la pena temporal merecida por los pecados ya perdonados. Las indulgencias pueden aplicarse a nosotros o a las almas del purgatorio. El Papa Pablo VI, en 1967, dictó normas sobre las indulgencias. Cada día se puede ganar una sola indulgencia plenaria y sin límite las parciales.

Todo lo referente a las Indulgencias lo trataremos con más detalle en nuestro próximo número del mes de Septiembre de este Boletín.

Otros Sufragios:

La Iglesia ofrece el sacrificio eucarístico por los difuntos con ocasión, no sólo de la celebración de los funerales, sino también en los días tercero, séptimo y trigésimo, así como en el aniversario de la muerte; la celebración de la Misa en sufragio de las almas de los propios difuntos es el modo cristiano de recordar y prolongar, en el Señor, la comunión con cuantos han cruzado ya el umbral de la muerte. El 2 de Noviembre, además, la Iglesia ofrece repetidamente el santo sacrificio por todos los fieles difuntos, por los que celebra también la Liturgia de las Horas.

Cada día, tanto en la celebración de la Eucaristía como en las Vísperas, la Iglesia no deja de implorar al Señor con súplicas, para que dé a “los fieles que nos han precedido con el signo de la fe… y a todos los que descansan en Cristo, el lugar del consuelo, de la luz y de la paz”.

Es importante, pues, educar a los fieles a la luz de la celebración eucarística, en la que la Iglesia ruega para que sean asociados a la gloria del Señor resucitado todos los fieles difuntos, de cualquier tiempo y lugar, evitando el peligro de una visión posesiva y particularista de la Misa por el “propio” difunto. La celebración de la Misa en sufragio por los difuntos es además una ocasión para una catequesis sobre los novísimos.
Nuestro Angel de la Guarda y el Purgatorio

Un detalle muy importante que debemos tener en cuenta es que nuestro Angel
De la Guarda también nos acompaña en el Purgatorio, puesto que el estará a
Nuestro lado en todo momento, hasta nuestra entrada definitiva al Paraíso, ya
Que esa es la misión que Dios le encomendó.
También estará presente en el momento de nuestro juicio personal como testigo Presencial de los actos de nuestra vida, tanto meritorios como de los pecados
Cometidos. Un motivo más para pensar dos veces antes de caer en el pecado.

El Mito de los Fantasmas

Muchos son los testimonios de personas que comentan por experiencia propia o por experiencia de conocidos, haberse topado con visiones o manifestaciones evidentemente no de “este mundo” o de haber escuchado ruidos, ver moverse objetos o simplemente sentir la sensación de no estar solo en una habitación.

Nuestra cultura ha dado un nombre a estas manifestaciones y ha deformado el sentido y hasta los mismos hechos relacionados con estos fenómenos. Tenemos que tener en cuenta que si bien suceden, también pueden ser confundidas con infinidad de otras cosas, hasta puede tratarse, de una mala pasada de nuestra propia mente, sometida muchas veces a una imaginación muy volátil, algún trastorno determinado o por el simple miedo que el tema despierta.

Desde nuestra Fe, podemos decir que “Los fantasmas no existen” tal como los concebimos, que en todo caso, son las benditas almas del Purgatorio quienes rondan y se nos manifiestan, por Gracia y permiso de Dios, con la intención de oración por ellas y a través de creer en ellas aumentar nuestra Fe cristiana.

Si en algún momento de nuestra vida terrena nos topamos con la experiencia de ver o tener un contacto directo con almas del purgatorio, tenemos que tomarlo como un gran privilegio para nosotros el ser buscado y llamado por las almas para una tarea de tamaña responsabilidad: el ofrecer oración y otros sufragios para el descanso eterno de esas almas, quien tal vez necesita solamente de algunas oraciones o pocas misas para llegar a la presencia eterna de Dios. Como lo hemos dicho en otro capítulo, habremos ganado para nosotros intercesores eficaces ante Dios.

Hay una gran diferencia entre: “invocar o evocar (llamar) a los muertos” (práctica de adivinación utilizadas por el espiritismo, la ouija, y otras prácticas ligadas al satanismo) y muy otra cosa es “permitir que Dios soberanamente disponga las cosas del mejor modo”. Dios puede permitir, en Su inmensa Bondad y Misericordia, que algunas almas purgantes recurran a sus hermanos de la Iglesia Militante.

Son las almas del purgatorio (no nosotros en la tierra) las que procuran de auxilios, sufragios, oraciones cuando visitan. Nosotros en la tierra no podemos evocar esas visitas, tan solo las respetamos y respondemos para ayudarles (especialmente ofreciendo la Santa Misa).

Si una visita particular de un alma del purgatorio ocurrió o no, no cambia nuestra fe. Pero sería una gran falta despreciar las manifestaciones del cielo o el purgatorio sin razón.

Las Benditas Almas, con sus apariciones, siempre buscan el bien: promoción de la catequesis, mas fervor, mas devoción, incrementar el amor a la Santa Eucaristía, fomentar la Vida de Oración, la Práctica de la Caridad, vigilancia sobre sí en sus defectos y vicios a destruir por via de la Confesión y la Conversión, etc.

Lo principal es no temer y mostrarse presto a ayudarlas en su pedido.

Con el fin de incentivar mas en nosotros el conocimiento de todo
Lo referente a las almas del purgatorio, ponemos a vuestra mano
Un pequeño listado de aquellos Santos y místicos, que dedicaron
Parte de su vida a las almas del Purgatorio, que tuvieron y tienen
Contacto directo con ellas y por consiguiente son un ejemplo a
Seguir e imitar. Recomendamos cualquier bibliografía de buena
Imprenta que se refiera a ellos y su relación con este lado muchas
Veces desconocido de nuestra fe.

Santa Gemma Galgani
San Gregorio Magno (Papa)
Santa Brígida de Suecia.
Santa Catalina de Génova (Tratado del Purgatorio).
Santa Faustina Kowalska (vidente de Jesús Misericordioso).
Santa Margarita María Alacoque (vidente del Sagrado
Corazón de Jesús)
Santa Verónica Giulianni.
Santa Geltrude de Helfta.
María Simma (fallecida en 2004), reconocida por la Iglesia Católica, cuyos relatos fueron recopilado en gran medida por una monja llamada Sor Emmanuel y plasmados en un libro con el título de “El Maravilloso secreto de las Almas del Purgatorio” y “Las Almas me han dicho”.

Marcia y Su experiencia con las Almas del Purgatorio

…Aquella vez, habiendo ingresado recientemente al Cenáculo, en casa de la vidente, fue cuando escuché hablar por primera vez de “las almas del purgatorio”, pero mi sorpresa fue mayor cuando en otra oportunidad, charlando con Marcia, noté que su mirada se desviaba por encima de mi hombro derecho, evidentemente distraída por algo, inmediatamente mirándome con esos ojos tan particulares dijo: “Hay un alma, parada detrás tuyo”…

Al igual que los místicos y Santos mencionados arriba, Marcia no solo tiene apariciones de nuestra Madre, del Señor Jesús y de los Ángeles, también, y con una frecuencia bastante regular, es visitada por almas del Purgatorio, en todo momento y lugar del dia. En base a estas apariciones ella ha tenido muchisimas experiencias con las almas, ha mantenido charlas con ellas y ha aprendido mucho de esa parte del mundo espiritual, tan inquietante, del que muy poco se habla.

De esa experiencia, se desprende la necesidad de las almas de que se conozca sobre el tema del purgatorio, de que todo el mundo sepa que en algún momento, al final de su existencia, con la Gracia y la Misericordia de Dios, pasará por este último peldaño de sufrimiento amoroso antes de entrar en la Gloria de Dios y sobre todo, saber que podemos hacer algo por ellas para acortar su estadía en el Purgatorio y por nosotros, como hemos visto, a fin de hacer méritos que nos ayuden a abreviar el tiempo de estancia en el Purgatorio.

Marcia cuenta que las almas que ve son muchas veces de distintos lugares del mundo, por su modo de vestir o porque se lo han hecho saber, así como de distintas épocas. Los hay adultos, jóvenes y también niños.

Si bien es muy largo de contar todas las experiencias de Marcia con las almas, hay que referir un dato que llama la atención, en la actualidad, de acuerdo a lo que ella nos refiere, se ha incrementado la cantidad de almas que se manifiestan, y la conclusión a esto nos toca de cerca a todos nosotros, miembros del cuerpo místico de la Iglesia que peregrina en la tierra: Ahora mas que nunca, se han incrementado los muertos en el mundo por distintos motivos, nuevas enfermedades, catástrofes naturales, crímenes y asesinatos, la guerra… Y ante esto se suma el estado espiritual del mundo, donde la oración tiende a mermar y la Fe a decaer en muchos.

Las almas, en gran cantidad, tienen mucha necesidad de oración, pero son muy pocos los que se acuerdan de ellas y dedican sufragios para acortar su paso por el Purgatorio. Es por eso, que por medio de Marcia, esta experiencia se transforma en un pedido de ayuda para todos nosotros, un pedido desde el cielo, por esas almas que en definitiva somos nosotros mismos en un futuro no demasiado lejos.

Un alma del Purgatorio ve muy bien el día de sus funerales: si se reza verdaderamente por él o si, simplemente, se hace acto de presencia para mostrar que está allí. Ellas dicen que las Lágrimas no sirven para nada para ayudarlas. En cambio sirve mucho la oración. Con frecuencia esas almas lamentan el hecho de que las personas asisten a su sepultura, pero no elevan una sola plegaria a Dios; derraman muchas lágrimas, pero eso es inútil.

La Santísima Virgen visita el Purgatorio


La Santísima Virgen, también visita el Purgatorio con la finalidad de reconfortar a las almas y alentarlas en su estado de enmienda.

Se sabe por revelación que cuando Ella llega al Purgatorio las almas dejan de sufrir el lapso que Ella se encuentra allí. También, gracias a su presencia muchas almas son liberadas por Ella misma del sufrimiento del Purgatorio, especialmente en el día de Navidad, Fiesta de todos los Santos, Viernes Santo, Asunción de María a los Cielos y la Ascensión de nuestro Señor Jesús.

También María ha de tener una especial atención hacia aquellos sus hijos que se han consagrado a Su Inmaculado Corazón, con devoción y han sabido llevar lo mejor posible una vida acorde a lo que se propone en la Consagración.

Como sabemos existe una promesa especial, hecha por la misma Virgen María, en Su advocación de Nuestra señora del Monte Carmelo o Nuestra Señora del Carmen, hacia todos aquellos que con verdadera devoción lleven el Escapulario el resto de su vida. En esta promesa, María nos dice que todos aquellos que con devoción lleven el Escapulario, Ella misma irá a el alma al Purgatorio y lo llevará al Cielo, el siguiente viernes mas próximo a la fecha de fallecimiento. Vale decir que como mucho, esa bendita alma pasará en el Purgatorio no mas de 7 dias, que al lado de la eternidad no significa nada.

Espiritismo

En principio el espiritismo es una farsa ya que el hombre no puede manejar a voluntad “llamando” a las almas y hacerlas venir. En esta práctica se evoca la presencia de un espíritu por medio de rituales paganos, pidiendo a ese espíritu que se manifieste de alguna manera. En esas manifestaciones son los demonios y el mismo diablo quienes fingen ser el alma de quien se llama.

Por lo tanto el espiritismo es una práctica satanista con consecuencias nefastas sobre el alma y la vida de quien lo practica y lo promueve, por lo que hay que mantenerse lejos de estas cosas.

Son las almas del Purgatorio las que se manifiestan sin que nadie las llame, solo por la Voluntad de Dios y con la finalidad de pedir ayuda de nosotros para aliviar o abreviar su estadía en el purgatorio.

“… Marcia como en cada clase, había llevado su grabador con la finalidad de grabar lo dicho por el profesor, para evitar tomar nota y prestar mas atención al tema que se estaba dando. Era tarde y en el edificio de la Escuela, que durante la noche funcionaba como escuela Terciaria, se escuchaba en el silencio, solamente la cadente voz del profesor en pleno dictado de su clase. Sin embargo, al escuchar el casete en casa, la sorpresa nos invadió a todos los escuchas ya que algo extraño aparecía en la cinta: era un sonido increíblemente definido de fondo a la voz del docente, un bullicio fuera de lo común, como si se tratara de una cantidad enorme de niños en pleno recreo. Prestando atención se podían escuchar lamentos y sollozos escalofriantes, gritos y sonidos etéreos. Pero lo que mas nos impactó por su claridad, fue el suplicante y lastimero pedido de un niño por su mama… Eran niños, almas de niños en el Purgatorio”

Pequeño Devocionario de oración por las benditas almas del Purgatorio


Ahora que sabemos como ayudarlas, queremos compartir contigo algunas oraciones y coronillas que son recibidas de buen grado por las almas y eficaces para aliviarles su paso por el Purgatorio.
Si bien existen muchas oraciones mas, queremos a partir de estas pocas, incentivarlos a la búsqueda de otras oraciones y al ofrecimiento de sufragios por nuestras benditas almas del purgatorio.

Devoción Carmelita de los cien Réquiem

Esta práctica consiste en diez Padre Nuestros, Ave Marías y Gloria. Para esto, puede ayudarse del Rosario común.
Después de la señal de la santa cruz, se hace la invocación del Espíritu Santo para hacer con fruto esta oración, se empieza con esta oración:

“ Animas santas, almas que estáis purgando, rogad a Dios por mí; que yo rogaré por vosotras; a fin de que cuanto antes se os conceda la gloria del Paraíso celestial”.
Enseguida se dice un Padre Nuestro, Ave María y Gloria y luego diez veces, en cada perla del Rosario: “ Dadles, Señor el eterno descanso y haced lucir sobre ellas vuestra eterna luz”.

Concluida la primera decena se repite el Padre Nuestro, Ave María y Gloria y se dice la segunda así sucesivamente hasta que se completen los diez, Padre Nuestros, Ave María, Gloria y los cien Réquiem añadiendo en el último el siguiente salmo:

De Profundis clamavis:
Desde los abismos oí voces clamando a vos oh Señor, oíd pues Señor, mi voz.
Atended, Señor, al clamor de mis súplicas.
Pues si examináis mucho mis culpas, ¿quién aguardará buen suceso?
Porque en sólo Vos se halla la piedad y la misericordia,
y por causa de vuestra ley, he esperado en vos, oh Señor.
Mi alma está muy segura en sus palabras, y ha esperado en el Señor.
Desde la centinela de la madrugada hasta la noche, espere Israel en el Señor.
Porque en sólo Dios se halla la misericordia, y la copiosa redención de los pecados.
Como que Él mismo ha de redimir a Israel, de todos los pecados.
Gloria al Padre, al Hijo, etc.

Oración Final:
Dales, Señor el descanso eterno,
Ilumínelas la eterna luz.
De las puertas del infierno
Libra, Señor, sus almas,
Descansen en paz. Amén.

Súplicas a la Santísima Virgen En Alivio De Las Benditas Almas Mas Abandonadas Del PURGATORIO

¡Oh Madre de misericordia! tan grande es vuestra bondad, que no podéis descubrir miserias sin compadecemos. Mirad, os suplicamos, con caritativos ojos las afligidas almas que sufren en el Purgatorio, sin poderse procurar alivio alguno en sus tremendas penas, y moveros a compasión. Por vuestra piedad y por el amor que tenéis a Jesús, os pedimos mitiguéis sus sufrimientos, y les procuréis eterno descanso. Pero ¡ah! cuán doloroso debe ser para vuestro maternal corazón, la conducta de innumerables cristianos, que dejan en el olvido las pobres almas del Purgatorio! ¡Esperan nuestros sufragios, y apenas hay quien se acuerde de ellas! ¡Oh María! dignaos inspirar a todos los fieles una tierna y viva compasión por nuestros hermanos difuntos: comunicadles un ardiente deseo de ofrecer por ellas obras satisfactorias, y ganar, en su favor, cuantas indulgencias les sean aplicables a fin de que pronto vayáis a gozar de Dios. Oíd ahora las súplicas que por ellas os hacemos.

Después de cada súplica decir: “Imploramos tu socorro ¡oh! Madre de Bondad”.

Para que salgan de aquella tenebrosa cárcel,
Para que Dios les perdone la pena de sus pecados,
Para que se abrevie el tiempo de su sufrimiento,
Para que se apaguen sus llamas abrasadoras,
Para que un rayo de luz celestial ilumine sus horrendas tinieblas,
Para que sean consoladas en su triste abandono,
Para que alcancen alivio en sus penas y amargas angustias,
Para que la tristeza se cambie en perpetua alegría,
Para que mitiguen la ardiente sed de los bienes eternos,
Para que se llenen pronto sus deseos vivísimos de entrar en la gloria,
Por las almas de nuestros padres e hijos,
Por las almas de nuestros hermanos,
Por las almas de nuestros parientes,
Por las almas de nuestros amigos,
Por las almas de nuestros bienhechores,
Por las almas que sufren en aquellas llamas por culpa nuestra,
Por las almas de aquellos que en su vida nos hicieron sufrir,
Por las almas más desamparadas,
Por las almas que sufren mayores tormentos,
Por las almas que están más cerca de entrar en el cielo,
Por las almas que durante su vida te han amado más a ti y a tu divino Hijo,
Por las almas de aquellos que sufren hace más tiempo,
Por todas las benditos almas del Purgatorio,
Por tu inefable misericordia,
Por tu inmenso poder,
Por tu maternal bondad,
Por tu incomparable maternidad,
Por tus preciosas lágrimas,
Por tus acerbos dolores;
Por tu santa muerte,
Por las cinco llagas de tu amado hijo,
Por su sangre divina derramada por nosotros,
Por su dolorosísima muerte en el árbol de la Cruz,
Para que se apliquen con abundancia a los difuntos las súplicas de los vivos,
Para que la gloriosa legión de los santos las socorra sin cesar,
Para que los nueve coros de los ángeles las reciban con regocijo,
Para que tus ojos maternales les echen una mirada de compasión,
Para que las haga felices la vista de tu divino Hijo,
Para que por la contemplación de la Santísima Trinidad sean bienaventuradas,
Para que se haga cada día más fervorosa nuestra devoción a las almas,
Para que se ofrezcan siempre más oraciones, indulgencias Y obras satisfactorias por ellas,
Para que las almas, que hayamos librado del purgatorio, hagan un día lo mismo con nosotros.

Para finalizar, rezar un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria, por la salud, las intenciones y la Santidad del Papa.
Oración

Dígnate, adorable Salvador mío, por tu preciosa Sangre,
por tu dolorosa Pasión y cruelísima muerte;
por los tormentos que tu augusta Madre sufrió al pie de la cruz cuando te vio exhalar el último aliento;
dígnate dirigir una mirada de piedad al seno profundo del Purgatorio y sacar de allí las almas que gimen privadas temporalmente de tu vista, y que suspiran por el instante de reunirse contigo en el paraíso celestial.
Principalmente te pido por el alma de N…………….., y de aquellos por quienes más particularmente debo pedir.
No desoigas, Señor mis ruegos, que uno a los que por todos los fieles difuntos te dirige nuestra santa madre la Iglesia Católica, a fin de que tu misericordia las lleve allá donde con el Padre y el Espíritu Santo vives y reinas por todos los siglos de los siglos.
Amén, Jesús. 

Jesustebusca.com

El Purgatorio


OBJETIVO CATEQUÉTICO

1. Presentar la eventual purificación del justo después de su muerte, situación relacionada con la imperfección e inmadurez presente del hombre.
 

2. Presentarle el purgatorio, no como un infierno en pequeño, sino como un proceso necesario para que el justo manchado, inmaduro, pueda entrar en el gozo de la plena comunión de vida con su Dios y, así, acceder al misterio de la plenitud humana.

Inmadurez permanente

Tenemos ansias de ser mejores. Lo necesitamos. Es como una sed de dignidad y de plenitud personal. Sin embargo, la vida diaria nos muestra que esa profunda aspiración difícilmente queda satisfecha. Nuestras debilidades, nuestros límites, nuestros defectos, nos hacen experimentar la inmadurez que todavía tenemos y que no hemos logrado superar.
Tensión inquietante

Para el creyente, deseoso de encontrarse con Dios en una conversión cada vez más plena, la experiencia de su pecado le provoca una tensión, que le inquieta y le hace exclamar como a Pablo: “Realmente, mi proceder no lo comprendo, pues no hago lo que quiero, sino que hago lo que aborrezco… En efecto, querer el bien lo tengo a mi alcance, mas no el realizarlo… ¡Pobre de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo que me lleva a la muerte?” (Rm 7, 15.18.24).

“Sed perfectos como vuestro Padre celestial”

A pesar de su inmadurez, el creyente no deja de escuchar las palabras de Jesús: “Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios” (Mt 5, 8). Y también: “Sed perfectos, como vuestro Padre Celestial es perfecto” (Mt 5, 48). Esta llamada a la perfección y a la limpieza de corazón contrasta con la impureza y la inmadurez del hombre.

Isaías reconoce su condición pecadora y es purificado

Todos estamos llamados a encontrarnos con Dios, a contemplar su rostro: “Ahora vemos confusamente en un espejo; entonces veremos cara a cara. – Mi conocer es por ahora limitado, entonces podré conocer como Dios me conoce” (1 Co 13, 12). Sin embargo, ¿cómo llegar a contemplar el rostro de Dios, cómo verle cara a cara, desde nuestra debilidad? “¿Quién subirá al monte del Señor…?” (Sal 23, 3).

Isaías reconoce su condición pecadora y es purificado

El profeta Isaías, ante la presencia de la santidad de Dios, experimenta su perdición por su condición pecadora: “¡Ay de mí, estoy perdido! Yo hombre de labios impuros, que habito en medio de un pueblo de labios impuros, he visto con mis ojos al Rey y Señor de los Ejércitos” (Is 6, 5). No obstante, por la acción de Dios, el profeta es transformado y purificado, como el oro por el fuego en el crisol: “Voló hacia mí uno de los serafines, con un ascua en la mano, que había cogido del altar con unas tenazas; la aplicó a mi boca y me dijo: Mira: esto ha tocado tus labios, ha desaparecido tu culpa, está perdonado tu pecado” (Is 6, 6-7).

El justo, sorprendido por la muerte sin la madurez y limpieza requeridas, necesita de una purificación

Puede ocurrir que al justo lo sorprenda la muerte sin la madurez y limpieza de corazón requerida para entrar inmediatamente en la vida eterna. Sabemos por la Biblia que sólo los sin mancha, los limpios de corazón, verán a Dios (Is 35, 8; 52, 1; Mt 5, 8; Ap 21, 27). La Iglesia cree que, en este caso, el justo habrá de pasar, después de su muerte, por una purificación definitiva que lo prepare para poder vivir en la inmediata cercanía de Dios. La Iglesia, siguiendo la práctica anterior de los tiempos del Antiguo Testa-mento, ha orado siempre por los difuntos: esta oración estuvo siempre animada por su fe en la purificación de los justos necesitados de ella después de su muerte y su doctrina de la purificación ratificó esa costante práctica de la oración.

“¿Quién subirá al monte del Señor?”…

El texto del segundo libro de los Macabeos (12, 40-46) constituye uno de los pasajes clásicos de la Escritura en este tema. En los cadáveres de los soldados israelitas, muertos en defensa de su patria, se encuentran objetos del culto idolátrico, cuya posesión estaba severamente prohibida por la Ley. No obstante, Judas hace una colecta con cuyo producto manda ofrecer un sacrificio por el pecado en el templo de Jerusalén. Estamos aquí ante la práctica de una oración por los difuntos, en la que se supone la posibilidad de una purificación posterior a la muerte.

En la Iglesia apostólica

La segunda carta a Timoteo (1, 16-18) contiene una oración de Pablo en favor de un cristiano, Onesíforo, que le ayudó en momentos difíciles y que ha muerto: “Concédale el Señor encontrar misericordia ante el Señor aquel Día.” La legitimidad de los sufragios por los difuntos está garantiza-da por un uso que se remonta al judaísmo precristiano (2 M 12) y que la Iglesia apostólica conoció y practicó. La tradición más antigua contiene abundantes testimonios de oraciones litúrgicas o privadas por los difuntos: indicaciones en este sentido se encuentran en las catacumbas y cementerios cristianos. El ejemplo más conocido es el célebre epitafio de Abercio, al final del cual se lee: “quien comprende y está de acuerdo con estas cosas, ruegue por Abercio”. Tertuliano en el siglo III comenta la costumbre de celebrar el aniversario de los difuntos con “oblaciones”, esto es, con una acción litúrgica. San Efrén recomienda a los hermanos que recuerden su memoria el trigésimo día de su muerte: “pues los muertos son auxiliados por la oblación que hacen los vivos” (RJ 741).

Solidaridad eclesial con los difuntos

Esta oración de los cristianos vivos por los difuntos supone una solidaridad eclesial entre los miembros de Cristo que peregrinan en la tierra y los que ya han muerto en gracia de Dios. El Concilio Vaticano II dice: “La Iglesia de los peregrinos, desde los primeros tiempos, tuvo perfecto conocimiento de esta comunión de todo el cuerpo místico de Cristo y por eso veneró con gran piedad el recuerdo de los difuntos y ofreció también sufragios por ellos, porque santo y saludable es el pensamiento de orar por los difuntos para que queden libres de sus pecados (2 M 12, 46)” (LG 50)


Todos unidos en la comunión de los santos

Dice también el Concilio: “Así, pues, hasta que el Señor venga re-vestido de su majestad y acompañado de todos sus Angeles (Cfr. Mt 25, 31), y, destruida la muerte, sean sometidas a El todas las cosas (Cfr. 1 Co 15, 26-27), algunos de entre sus discípulos peregrinan en la tierra; otros ya difuntos se purifican; otros son ya glorificados contemplando “claramente al mismo Dios, Trino y Uno, tal cual es”; mas todos, aunque en grados y formas distintas, estamos unidos en el mismo amor de Dios y del prójimo y cantamos el mismo himno de gloria a nuestro Dios. Porque todos los que son de Cristo, por tener su Espíritu, se funden formando una sola Iglesia y en El se unen entre sí (Cfr. Ef 4, 16). La unión, pues, de los peregrinos con los hermanos que durmieron en la paz de Cristo, de ninguna manera se interrumpe; antes al contrario, según la fe perenne de la Iglesia, se fortalece con la comunicación de bienes espirituales. Por estar los bienaventurados más íntimamente unidos con Cristo, consolidan más eficazmente a toda la Iglesia en santidad, ennoblecen el culto que Ella misma da a Dios en la tierra y contribuyen de múltiples maneras a su más dilatada edificación (Cfr. 1 Co 12, 12-27). Porque recibidos ya en la patria y gozando de la presencia del Señor (Cfr. 2 Co 5, 8), por El, con El y en El no cesan de interceder por nosotros ante el Padre… Su fraterna solicitud ayuda, pues, mucho a nuestra debilidad” (LG 49).

Oración de San Agustín por su madre (muerta)

San Agustín tiene en Las Confesiones (IX, 13) esta bella oración por su madre, Santa Mónica: “Sanado ya mi corazón de aquella herida (la muerte de su madre), derramo ante ti, Dios nuestro, otro género de lágrimas muy distintas por aquella tu sierva: las que brotan del espíritu conmovido a vista de los peligros que rodean a todo el que muere. Porque aun cuando mi madre, vivificada en Cristo, vivió de tal modo que tu nombre es alabado por su fe y sus costumbres, no me atrevo a decir que no saliese de su boca palabra alguna contra tus mandamientos. Así, pues, dejando a un lado sus buenas acciones, por las que te doy gracias, te pido ahora perdón por los pecados de mi madre. Oyeme por la “Medicina” de nuestras heridas (Cristo), que pendió del leño de la cruz y sentado ahora a tu diestra, intercede contigo por nosotros. Yo sé que ella obró misericordia y que perdonó de corazón las ofensas a quienes le ofendieron; perdónale tú sus deudas, si algunas contrajo durante tantos años después de ser bautizada. Perdónala, Señor, perdónala. Descanse en paz, pues, con su marido. E inspira, Señor y Dios mío, a cuantos leyeren estas cosas, que se acuerden ante tu altar de Mónica, tu sierva, y de Patricio, en otro tiempo su esposo, por cuya carne me introdujiste en esta vida. Acuérdense con piadoso afecto de los que fueron mis padres en esta luz transitoria, mis hermanos ante ti, Padre, en el seno de la madre Católica y mis conciudadanos en la Jerusalén eterna, por la que suspira tu pueblo peregrinante.”


El dogma católico sobre la purificación

105. El dogma católico sobre la purificación de quienes se durmieron en el Señor fue definido en los Concilios unionistas de Lyon (en 1274; DS 856) y Florentino (en 1439; DS 1304). La Iglesia enseña como doctrina de fe: a) la existencia de un estado en el que los difuntos son enteramente purificados; b) el carácter penal (expiatorio) de ese estado; c) la ayuda que los sufragios de los vivos prestan a los difuntos. El Concilio de Trento alude también al dogma del purgatorio al hablar de la justificación (DS 1580) y sale al paso de los rasgos “curiosos o supersticiosos” en los que, por desgracia, abundan las representaciones populares (DS 1820).

No es un infierno en pequeño. “Duermen el sueño de la paz”

106. Un modo tan corriente como equivocado de entender el estado de purificación o purgatorio es imaginárselo como un infierno en pequeño. La liturgia afirma, por lo contrario, que quienes se encuentran en ese estado de purificación “duermen el sueño de la paz”. Ellos son hijos de Dios, están en gracia, esperan con absoluta certeza la vida eterna. Si algún término de comparación puede utilizarse para entender el purgatorio, el más próximo es, sin duda, la experiencia de los místicos. Estos, por su inmadurez y sus manchas, sienten como causa de sufrimiento la misma cercanía, asegurada y beatificante, de Dios.

Integración de las diversas dimensiones del hombre en la única decisión fundamental

El dogma católico de la purificación de quienes durmieron en el Señor parece suponer que la libre decisión de la persona en esta vida señala fundamentalmente su destino final, pero no tiene por qué alcanzar necesariamente todos los estados del ser, como si la rica complejidad del hombre se asumiese indefectiblemente, de una vez y durante la existencia temporal, en aquella decisión. Esto supuesto, el purgatorio puede entonces ser pensado como la integración de las diversas dimensiones del hombre en la única de-cisión fundamental.

La purificación, dimensión del juicio

 La reflexión cristiana sobre el purgatorio ha de considerar más que la extensión temporal de ese estado de purificación, su condición de experiencia reconciliadora en la intimidad de la persona de quien se encuentra con el rostro de llamas y los pies de fuego (Ap 1, 14-15) de Cristo juez: la purificación del justo, más allá de las fronteras de la muerte, es una consecuencia en dimensión del juicio escatológico y está en estrecha conexión con él. El juicio, criba y discernimiento de la vida humana en su tiempo de peregrinación, alcanza su punto culminante, sometiendo todo lo inmaduro de la existencia temporal a un proceso por el que se logra plenamente el hombre nuevo en Cristo.

Pablo parece referirse a ese proceso en un pasaje de la primera epístola a los Corintios, referido a los evangelizadores que edifican la Iglesia. Se trata de quienes quedarán a salvo aquel Día, pero pasanto a través del fuego: “Mire cada uno cómo construye. Nadie puede poner otro cimiento fuera del ya puesto, que es Jesucristo. Encima de ese cimiento edifican con oro, plata, piedras o con madera, heno o paja. Lo que ha hecho cada uno, saldrá a la luz; el día del juicio lo manifestará; porque ese día despuntará con fuego y el fuego pondrá a prueba la calidad de cada construcción: si la obra de uno resiste, recibirá su paga; si se quema, la perderá; él sí saldrá con vida, pero como quien escapa de un incendio.” (1 Co 3, 10-15).

Por la purificación al premio de los santos: Un nombre nuevo, una identidad que nadie conoce

109. Por la purificación, si fuera preciso, el creyente es definitivamente transformado y renovado hasta llegar a la pureza de corazón necesaria para gozar de la vida divina. Con ello el hombre accede a su plenitud personal. Se le devuelve a cada uno su verdadero rostro y a cada uno se le da una identidad nueva, un nombre nuevo que sólo él conoce. Es el premio dado a los santos. Como dice el libro del Apocalipsis: “Le daré también una piedrecita blanca, y grabado en la piedrecita un nombre nuevo, que nadie conoce, sino el que lo recibe” (Ap 2, 17).