El último día del papa


28-feb-2013

Hoy a las 20 horas Benedicto XVI deja de ser papa. El programa que le espera es intenso. Por la mañana saludará a los cardenales, uno por uno, en la Sala Clementina del Vaticano. “Solamente en ese momento sabremos cuántos cardenales han llegado a Roma”, dijo ayer el portavoz del Vaticano, padre Federico Lombardi. Y precisó que en la audiencia general en la plaza de San Pedro estaban al menos unos 70 purpurados. Indicó que hoy en esta despedida no se espera un discurso del papa sino algunas pocas palabras improvisadas que serán transmitidas junto al besamanos, todo en televisión en directo.
Siempre hoy será sellados el apartamento pontificio, como indica la constitución Universi Dominici Gregis, la ley sobre el final de un pontificado.

Dicho documento fue actualizado por el papa el lunes pasado, con algunas precisiones, entre ellas que la comisión de cardenales que se reúne durante la sede vacante puede adelantar el cónclave. Antes de la modificación los cardenales podían interpretar la ley y adelantar la elección, ahora en cambio es la misma constitución la que lo permite sin necesidad de interpretación alguna.

Por la tarde, a las 16,45 Benedicto XVI bajará al patio de San Damián en El Vaticano. Allí saludará a algunas otras autoridades y a sus estrechos colaboradores que trabajan en la Secretaría de Estado. Un piquete de la Guardia Suiza le rendirá los honores.

En automóvil le llevarán al helipuerto, situado a unos 800 metros de distancia, en la parte alta de la colina vaticana –una de las elevaciones que forman la ciudad de Roma- amurallada en la que se sitúa esta Ciudad, corazón de la catolicidad.

Últimos saludos y de allí volará aproximadamente a las 17 horas locales, en helicóptero a Castel Gandolfo, la residencia pontificia de verano situada a 20 kilómetros de Roma, o sea a unos 15 minutos de vuelo. Benedicto XVI se quedará allí un par de meses, pues no quiere con su presencia en el Vaticano influenciar a los cardenales que participarán en el cónclave.

Solamente pasado este tiempo, regresará al monasterio Mater Ecclesiae, situado en el interior de las murallas. (El lugar del retiro del papa en el Vaticano).

Siempre hoy por la tarde, a su llegada a Castel Gandolfo, el papa será recibido por la autoridades locales de la ciudad y por el obispo de la díocesis, Marcello Semeraro. Poco después saldrá al balcón de Castel Gandolfo –aproximadamente a las 17,30- para saludar a la población local.

A las 20 horas, en la tranquilidad de Castel Gandolfo, Benedicto XVI dejará de ser papa. Desde este momento se llamará “santidad Benedicto XVI” y usará habito talar blanco, o sea sotana blanca, sin la esclavina o pequeña capa que cubre los hombros y que caracteriza al pontífice que pastorea la Diócesis de Roma y es “primus inter paris” de la Iglesia católica.

Benedicto XVI será papa emérito, el cardenal camarlengo Tarcisio Bertone romperá el anillo del Pescador y el sello de plomo. La Guardia Suiza –la guardia personal del pontífice- cerrará las puertas del castillo de Castel Gandolfo y dejará de ejercer sus funciones en este tiempo en la residencia temporal de Benedicto XVI, pues ya no hay papa a quien custodiar. Entrará en función la Gendarmería del Vaticano, su servicio de vigilancia.

La Iglesia habrá entrado en sede vacante.

 

¿Qué cuenta de verdad en mi vida?


Autor: SS Benedicto XVI | Fuente: Catholic.net
¿Qué cuenta de verdad en mi vida?
Superar la tendencia a cerrarnos en nosotros mismos y para, en cambio, hacer espacio a Dios. Cuaresma. SS Benedicto XVI.
¿Qué cuenta de verdad en mi vida?

Fragmento de la Catequésis del Papa Benedicto XVI el Miércoles de Ceniza 2013

(…)

Reflexionar sobre las tentaciones a las que es sometido Jesús en el desierto es una invitación a cada uno de nosotros para responder a una pregunta fundamental:

¿Qué cuenta de verdad en mi vida? 

En la primera tentación el diablo propone a Jesús que cambie una piedra en pan para satisfacer el hambre. Jesús rebate que el hombre vive también de pan, pero no sólo de pan: sin una respuesta al hambre de verdad, al hambre de Dios, el hombre no se puede salvar (cf. vv. 3-4).

En la segunda tentación, el diablo propone a Jesús el camino del poder: le conduce a lo alto y le ofrece el dominio del mundo; pero no es éste el camino de Dios: Jesús tiene bien claro que no es el poder mundano lo que salva al mundo, sino el poder de la cruz, de la humildad, del amor (cf. vv. 5-8).

En la tercera tentación, el diablo propone a Jesús que se arroje del alero del templo de Jerusalén y que haga que le salve Dios mediante sus ángeles, o sea, que realice algo sensacional para poner a prueba a Dios mismo; pero la respuesta es que Dios no es un objeto al que imponer nuestras condiciones: es el Señor de todo (cf. vv. 9-12).

¿Cuál es el núcleo de las tres tentaciones que sufre Jesús? Es la propuesta de instrumentalizar a Dios, de utilizarle para los propios intereses, para la propia gloria y el propio éxito. Y por lo tanto, en sustancia, de ponerse uno mismo en el lugar de Dios, suprimiéndole de la propia existencia y haciéndole parecer superfluo.

Cada uno debería preguntarse: ¿qué puesto tiene Dios en mi vida? ¿Es Él el Señor o lo soy yo?

Superar la tentación de someter a Dios a uno mismo y a los propios intereses, o de ponerle en un rincón, y convertirse al orden justo de prioridades, dar a Dios el primer lugar, es un camino que cada cristiano debe recorrer siempre de nuevo.

Convertirse, una invitación que escucharemos muchas veces en Cuaresma,

– significa seguir a Jesús de manera que su Evangelio sea guía concreta de la vida;

– significa dejar que Dios nos transforme, dejar de pensar que somos nosotros los únicos constructores de nuestra existencia;

– significa reconocer que somos creaturas, que dependemos de Dios, de su amor, y sólo «perdiendo» nuestra vida en Él podemos ganarla.

Esto exige tomar nuestras decisiones a la luz de la Palabra de Dios. Actualmente ya no se puede ser cristiano como simple consecuencia del hecho de vivir en una sociedad que tiene raíces cristianas: también quien nace en una familia cristiana y es formado religiosamente debe, cada día, renovar la opción de ser cristiano, dar a Dios el primer lugar, frente a las tentaciones que una cultura secularizada le propone continuamente, frente al juicio crítico de muchos contemporáneos.

Las pruebas a las que la sociedad actual somete al cristiano, en efecto, son muchas y tocan la vida personal y social. No es fácil ser fieles al matrimonio cristiano, practicar la misericordia en la vida cotidiana, dejar espacio a la oración y al silencio interior; no es fácil oponerse públicamente a opciones que muchos consideran obvias, como el aborto en caso de embarazo indeseado, la eutanasia en caso de enfermedades graves, o la selección de embriones para prevenir enfermedades hereditarias. La tentación de dejar de lado la propia fe está siempre presente y la conversión es una respuesta a Dios que debe ser confirmada varias veces en la vida.

(…)

En este tiempo de Cuaresma, en el Año de la fe, renovemos nuestro empeño en el camino de conversión para superar la tendencia a cerrarnos en nosotros mismos y para, en cambio, hacer espacio a Dios, mirando con sus ojos la realidad cotidiana.

La alternativa entre el cierre en nuestro egoísmo y la apertura al amor de Dios y de los demás podríamos decir que se corresponde con la alternativa de las tentaciones de Jesús: o sea, alternativa entre poder humano y amor a la Cruz, entre una redención vista en el bienestar material sólo y una redención como obra de Dios, a quien damos la primacía en la existencia.

Convertirse significa no encerrarse en la búsqueda del propio éxito, del propio prestigio, de la propia posición, sino hacer que cada día, en las pequeñas cosas, la verdad, la fe en Dios y el amor se transformen en la cosa más importante.

¡Gracias, Papa Benedicto!


Publicado en web el 21 de febrero, 2013

Lupita:

Estoy consternada por la noticia de la renuncia del Papa Benedicto XVI. Hay muchos que dicen que los escándalos lo desmoronaron y que tiene numerosos enemigos dentro de la Iglesia. Se oyen tantas cosas… y luego, con esto, pues uno empieza a creerse de lo que dicen.
¿Cómo podemos responder a los comentarios?

Ana María.

Muy estimada en Cristo, Anita:

roxana laos1Dice un dicho popular que “el león cree que todos son de su condición”. Ante el anuncio del Papa, hay quienes interpretarán todo en clave política o de poder, y esto no es novedad. Desde siempre se han generado intrigas e historias alrededor de la vida de los Papas y de la Iglesia. Con elementos entresacados, se fabrica todo tipo de historias, que podrán contener verdades y mentiras; pero, aun cuando hubiera elementos reales en todo ello, lo que importa ahora para los católicos es que confiamos en las palabras de Cristo (Dios hecho hombre):
“Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt.28,19). El Arzobispo de Granada, Javier Martínez, declaró con sabiduría:
“El futuro de la Iglesia está en manos de Dios (que son las mejores manos), y no depende de los cálculos y estrategias de los hombres, y ni siquiera de nuestras cualidades, medidas con medidas humanas. Las voces del mundo alzarán ahora sus especulaciones, en claves políticas, que son las que entienden. Pero, para los cristianos, es momento de centrarnos en la oración, y de cuidar, suplicando la ayuda de Dios, la Comunión, la Esperanza y la Fe”.
L’Osservatore Romano, en su Editorial del lunes 11 de febrero, aludió a la decisión papal y la comentó así:
“Benedicto XVI demuestra una lucidez y humildad que es, sobre todo, adherencia a la realidad. Así, no sintiéndose ya en grado de ’administrar bien’ el ministerio que se le ha confiado, ha anunciado su renuncia, con una decisión humanamente y espiritualmente ejemplar, en la plena madurez de un pontificado que, desde su inicio y durante escasos ocho años, día a día, no ha dejado de asombrar, y que, por cierto, dejará una huella profunda en la Historia. Aquella Historia que el papa lee con confianza en el signo del futuro de Dios”.
Y yo, desde mi humilde trinchera, como mujer de Fe, te digo que me ha conmovido mucho la noticia. He visto en nuestro Pastor a un digno Representante de Cristo, con cualidades humanas exactas para nuestros tiempos; un cerebro preclaro que supo darnos, en menos de ocho años, grandes directrices para conducirnos a la Salvación. ¡Agradezco tanto sus enseñanzas, su deseo ardiente de que nos relacionemos con Cristo vivo; qué legado inconmensurable nos deja!… “Dios es amor”; “La Caridad en la Verdad”; “Jesús de Nazareth” (sus tres Libros); la Proclamación del Año Sacerdotal y la llamada a vivir el Año de la Fe. Discursos, entrevistas, encuentros, congresos, acuerdos y declaraciones brillantes.
Humilde y valiente servidor de Cristo y de su Iglesia. Sólo puedo agradecerle y bendecirlo por tanta luz arrojada desde su mente y corazón. Alguna vez lo llamaron con dulzura “El abuelo del mundo”, y yo lo siento ahora como un abuelo al que amo y admiro muchísimo, y del cual me enternece saber que se siente cansado. Quiero acompañarlo en su vida de oración y hacerle sentir mi cariño y apoyo incondicional. Oraré junto con Él por la Iglesia, a la que amamos tanto, con la confianza puesta en las promesas del Señor.

Escondido en Dios. Suprema lección de un pontífice


Escondido en Dios. Suprema lección de un pontífice

El aserto de que todo aquello que se posee termina por no valorarse, o al menos por recibir la estima que conviene, es una realidad que, en lo que concierne al pontífice Benedicto XVI, se constata día tras día. El pulso de los medios de comunicación que se apresuran a dar cualquier noticia relacionada con este hecho histórico, así lo confirman. El sentir de una gran mayoría respecto a su pérdida, recibida con abierto pesar, es unánime. Y ahora, cuando falta poco más de una semana para que se aleje físicamente, que no espiritualmente, de la silla de Pedro, los ojos del mundo están clavados en él y parece que repentinamente su figura se ha agigantado, como ya presupuse hace unos días en este mismo espacio. Se escudriña hasta la saciedad lo que hace y lo que dice buscando la explicación de esta renuncia –que ha sacudido a todos como una tempestad–, en cualquier documento, declaración y gestos de su pasado reciente y remoto. Los sencillos de corazón, aquellos que simplemente vieron en él al hombre que el Espíritu Santo ponía al frente de la Iglesia, rebosantes de ternura dejan traslucir su emoción. Otros que seguramente no repararon antes en su grandeza, ahora calibran de un modo distinto lo que supone su pérdida precisamente porque dentro de poco ya no estará a la cabeza de la Iglesia. Y esto no ha hecho más que empezar.
Puede que nunca llegue a conocerse el trasfondo en el que ha estado envuelta su decisión. O tal vez es más simple de lo que muchos pretenden. Eran previsibles tantos análisis e interpretaciones que pretenden extraer razones que expliquen una determinación de esta envergadura, porque lo habitual es que ante la ignorancia se desaten las cábalas. Lo que ha acontecido en la Iglesia históricamente ha dado mucho juego a todos los niveles. La literatura y la cinematografía, entre otras, siguen bebiendo de su anales para configurar hipótesis de distinto calado. Ahora bien, cualquier hipótesis sin hechos que la corroboren no tiene valor, aunque los oportunistas siempre están al acecho y no tendrían inconveniente en modificar las reglas que convienen a sus intereses. Si algo es noticia, y la decisión del pontífice continúa siéndolo y de primera magnitud, aquellos serían capaces de vender su alma para obtener una primicia que justifique el hecho, búsqueda infructuosa, por cierto, que no encontrarán jamás. La aflicción de un pontífice únicamente queda al descubierto con toda su desnudez a los pies de Cristo. Además, no se trata de indagar para entender solamente, sino para vivir. El papa es el vicario de Cristo en la tierra. Por tanto, punto de referencia indiscutible para los católicos, y eso significa que, por fuerza, conviene meditar en este gesto premeditado porque algo –o mucho, diría yo–, nos quiere decir Dios con él. Si los pliegues de esta determinación pontifical se buscan por caminos erróneos, se pierde lo esencial: el extraordinario trasfondo místico que encierra.

Los hombres de Dios, como es Benedicto XVI, no juegan al despiste. Nítidos en su pensar y actuar, hablan con meridiana claridad. El papa no se ha caracterizado nunca por ocultar ni maquillar nada, aún los hechos más hirientes que ha debido afrontar. Y ahora ha expuesto claramente su deseo de permanecer escondido, dedicado a la oración. Con ello da una suprema lección ya que este anhelo es el rasgo que ha caracterizado la vida de los místicos. Aquí está la llave maestra para interpretar los sucesos. Lo dijo él mismo el 18 de abril de 2012: «La oración nos ayuda a leer la historia personal y colectiva en la perspectiva más adecuada y fiel, la de Dios». De este modo ratifica la autenticidad de una vocación que se remonta en el tiempo y mira hacia una eternidad que, aunque solo fuera por mor de la edad, él cada vez tiene más cerca. Además, la raíz espiritual de este sentimiento contiene matices de gran calado dignos de someter a consideración aunque sea de forma sucinta. Poder dedicarse a la contemplación es una gracia, un privilegio añorado por incontables hombres y mujeres de todos los tiempos. Una necesidad imperiosa, condición sine qua non para todo aquel que aspire a la perfección. Cristo se alejaba y se retiraba a orar. En ese espacio íntimo dialogaba con su Padre, añorante de su voz, sin otro afán que cumplir su voluntad. El pontífice que abandona la notoriedad, los focos y los dictados a los que el mundo quiso someterle con sus peculiares razones, pone de manifiesto el vigor del patrimonio de la fe que cabalga muy por encima de ellos, y da una indiscutible lección sobre la vida mística aún sin pretenderlo, ya que, quien se oculta en Dios se convierte en potente luminaria.

No olvidemos que estamos ante un papa orante que ha dedicado a la oración numerosas catequesis poniendo de manifiesto desde un principio que ésta ha de ser el eje vertebral de la vida de una persona. El sesgo antropológico de su reflexión, sin duda alguna fruto de su experiencia, revela profundos sentimientos que merece la pena recordar, máxime cuando es a lo que quiere dedicar exclusivamente el resto de su vida. Ha apuntado la línea que ha de seguir la oración: «Creer, abandonarse al Señor, entrar en su voluntad: esta es la dirección esencial». Ha puesto énfasis en algunos aspectos cruciales que subrayan, junto al abandono y la confianza, el cumplimiento de la voluntad divina, garante de la plena felicidad. Cuando llega la adversidad, el creyente sencillamente ora, «se pone en contacto con Dios»; no instrumentaliza la oración para bien personal. Así lo ha dicho explícitamente poniendo como ejemplo la conducta de los primeros cristianos que no hicieron de sus reuniones colegiales un ámbito de análisis que les permitiera hallar fórmulas mágicas para resistir en la persecución. En esta oración genuina existe la concordia, la unidad que Benedicto XVI denomina «prodigio» puesto que fortalece los lazos fraternos y brilla de manera esplendorosa justamente cuando mayor alcance tienen las pruebas.

Una comunidad que ora con este prisma es indestructible. Además, la persona orante jamás pretendería manipular la voluntad divina, no persigue el éxito, no suplica quedar libre de las pruebas ni de los sufrimientos. Su máxima aspiración es «poder proclamar con ‘parresia’, es decir, con franqueza, con libertad, con valentía, la Palabra de Dios (cf. Hch 4, 29)». Estos son los testigos suyos. Con su forma de proceder visibilizan la bondad de Dios. Convencidos de que de ella emana la fuerza transformadora de la realidad, la que modifica sustancialmente «el corazón, la mente, la vida de los hombres» van por el mundo predicando «la novedad radical del Evangelio». Ese, y no otro, «es el fruto de la oración coral». Con meridiana claridad el papa ha reconocido que ahí estaba su corazón: «También nosotros queremos renovar la petición del don del Espíritu Santo, para que caliente el corazón e ilumine la mente, a fin de reconocer que el Señor realiza nuestras invocaciones según su voluntad de amor y no según nuestras ideas». Este es el abandono genuino y cualquier lectura que se haga sobre su decisión debería girar en torno a él porque ese gesto está clavado en la cruz que rubrica su entrega. Los signos de autenticidad, las hebras de apertura y cambio que ésta determinación lleva consigo no los intuimos; los estamos viendo. Los grandes hombres y mujeres que se han dejado conducir por la voluntad divina siempre han sacudido con su ejemplar conducta los cimientos de la Iglesia. Sus reflexiones sobre la oración nos incumben a todos. Es uno de los imponentes legados que deja. Él nos pide nuestras oraciones con la inocencia evangélica que le caracteriza. Por fortuna, nosotros sabemos que seguiremos viviendo en el hálito de las suyas que nos sostendrán como lo han hecho hasta ahora.

De una decisión como la que ha tomado se desprenden no solo la humildad, sencillez y valentía, que se han glosado suficientemente estas últimas jornadas. También se aprecia la finura de un espíritu selecto que sabe elegir el néctar de la consagración. Por la senda espiritual, que culmina con el último aliento, únicamente se transita con la oración y la entrega pespunteada por constantes sacrificios. El Santo Padre que reconoce sus fuerzas físicas mermadas se abre paso ante la muchedumbre y se sitúa en el alto pedestal de la historia, simplemente porque no tiene otro ánimo que concluir su periplo vital dedicado únicamente a sostener ese diálogo con Dios, fuente inigualable de salud. En todos los tiempos han existido personas anónimas que han hecho de su vida un holocausto permanente. Ante la escasa, cuando no nula notoriedad que tuvieron, Dios actuó ocupándose de que ciertas existencias ocultas salieran a la luz. Benedicto XVI tiene tras de sí un enjambre de escrutadores de su vida en todos los rincones del planeta y no podrá impedir que ese anhelado retiro al que tiende sus brazos le mantenga recluido en la sombra. Ésta murió para siempre el día que reconoció ante el mundo la gran elección que en realidad ha marcado toda su biografía: su exclusiva pertenencia a Cristo, despertando así el corazón dormido de una multitud que no le entendió.

Benedicto XVI realiza su Cuaresma dolorosa


Publicado en web el 14 de febrero, 2013

semanario.com.mx

El Papa da un paso al costado
A Benedicto XVI no lo mueve el poder

En Rueda de Prensa, ante la dimisión del Santo Padre, el Cardenal Francisco Robles dijo sentirse emocionado por la honestidad y coherencia del Sumo Pontífice: “El Papa no ama el poder; es un trabajador humilde y sencillo de la Viña del Señor”.

Sonia Gabriela Ceja Ramírez

El Cardenal José Francisco Robles Ortega, Arzobispo de Guadalajara, durante una Conferencia de Información se refirió, la mañana del lunes 11 de febrero, a la dimisión al pontificado que el Santo Padre Benedicto XVI diera a conocer durante la celebración del Consistorio para las Causas de Canonización que se verificó en Roma.
El Arzobispo dijo que la noticia “ha causado gran impacto, sorprendiendo a la Iglesia y a la Sociedad, dado que es un acontecimiento que, por siglos, no había vivido la Iglesia”.
Luego invitó a los fieles católicos, y en general a las personas de buena voluntad, a “acoger esta decisión del Papa Benedicto en el espíritu con que él la tomó y nos la participó; es decir, en espíritu de Fe, de un grande amor y lealtad a la Iglesia, en conciencia plena de una decisión madurada en estos ocho años de fructífero pontificado”.

Una determinación de acuerdo a la Fe

semanario 021Si bien la decisión sorprende, “se da en la coherencia y verdad con la que el Papa ha ejercido el servicio petrino. Su pontificado se ha caracterizado por querer servir a la Iglesia con toda transparencia y en toda verdad”.
Nuestro Pastor Diocesano recordó las palabras con las que Benedicto XVI saludó a la multitud congregada en la Plaza de San Pedro el día en que asumió el pontificado, cuando se definió a sí mismo como “un humilde trabajador en la Viña del Señor. En esa conciencia, el Papa ha percibido con toda honestidad que le faltan las fuerzas, ya que su edad es avanzada para seguir trabajando en este encargo de ser el Sucesor de San Pedro”.
Explicó, asimismo, que pese a todo, Benedicto XVI seguirá laborando en su condición de hombre consagrado a la oración, para que la Iglesia siga adelante.
Enseguida, el también Presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, CEM, afirmó que personalmente acoge la noticia “con mucho agradecimiento al Papa por su generosidad en estos años de pontificado. Agradeciéndole a Dios porque lo eligió para este momento crucial de su Iglesia, y le pedimos a Nuestro Señor que le premie como Él lo sabe hacer con los trabajadores de su Viña. Que lo premie con mucha fortaleza y mucha paz interior; con grande alegría de haber servido a su Iglesia en tiempos difíciles”.
El Cardenal Robles Ortega consideró que el hecho de que este acontecimiento se dé en el Año de la Fe, decretado por el propio Papa Benedicto XVI, es muestra de “una Fe profunda y sincera del Santo Padre”.

Nuevo Pontífice, antes de la Semana Santa

semanario 011Rememoró también la visita que el Vicario de Cristo hiciera a México en marzo de 2012, y dijo que seguramente llevará a nuestro país en su recuerdo y en su oración.
Por otra parte, dejó en claro que la Iglesia es guiada por Dios con “la fuerza de su Espíritu, y sólo por la mediación de sus Pastores. La Iglesia no quedará a la deriva. La Iglesia tiene prevista incluso la posibilidad de que el Papa renuncie -según está estipulado en su legislación-, y también está pronosticado que en un corto tiempo se elegirá al nuevo Sumo Pontífice.
De igual modo, está previsto que no pasen 20 días después de que queda la Sede vacante para que, el que está revestido de autoridad, convoque al Colegio Cardenalicio al Cónclave”. El Cardenal Robles prevé que probablemente conoceremos al nuevo Santo Padre antes de la Semana Santa.
Hizo notar que, por su investidura como Cardenal, es su derecho y obligación asistir al Cónclave, aunque no ha sido oficialmente convocado, y adelantó que, seguramente, los Cardenales electores (todos los menores de 80 años) se darán tiempo para “afinar el perfil del nuevo Pontífice de acuerdo al momento que está viviendo la Iglesia Universal, a la que sirve el Papa.
“Si el Cónclave se realiza en marzo, el Cardenal Juan Sandoval Íñiguez, el Cardenal Norberto Rivera y su servidor, los tres mexicanos, podríamos participar”. Una vez que el señor Sandoval cumpla los 80 años, el 28 de marzo, ya no podría concurrir como votante.
El Cardenal Francisco Robles detalló que los Cardenales entran en un período de mayor oración e invocación al Espíritu Santo para elegir a quien Dios, en sus designios, ya tendrá escogido.

Los temas difíciles afrontados

12760Nuestro Arzobispo Metropolitano aseveró que el Papa Benedicto XVI ha actuado a fondo en los problemas o temas cruciales o escabrosos de la Iglesia: “Él ha servido a la Iglesia en un esquema de absoluta claridad, nitidez, verdad y coherencia”.
Dijo que los Obispos mexicanos fueron los primeros en ser recibidos en Visita Ad Limina por el Santo Padre una vez que asumió el pontificado en el año 2005: “Apenas en el presente año cerró el ciclo de haber recibido a todas las Conferencias Episcopales del mundo, con retraso, pues se prevé que el ciclo sea de cinco años, así que había la esperanza de que si él hubiera continuado pudiéramos ser los siguientes; pero, merced a este cambio, esperaremos a que haya nuevo Pontífice y las indicaciones que nos dé”.
El Cónclave será convocado por el Decano del Colegio Cardenalicio, que en este momento es el Cardenal italiano Angelo Sodano. “Para otros asuntos de la conducción de la Iglesia lo hará el Camarlengo, que es el Cardenal Tarcisio Bertone, también Secretario de Estado de la Santa Sede”.
El Cardenal Robles Ortega admitió sentirse emocionado al conocer la grandeza de espíritu del Papa Benedicto XVI, y que esta decisión, en lo personal, le da una lección de vida.

“Benedicto XVI nos da un mensaje: ¡No es el poder! El que ama el poder se aferra a él a como dé lugar. El Papa no ama el poder; es un trabajador humilde y sencillo de la Viña del Señor, y lo está demostrando. Bendigo al Señor porque nos ha dado un Pontífice como él en este momento de la Iglesia”, resumió el Arzobispo de Guadalajara.

Noticia que conmociona y entristece
Un proceso inédito que aún no se ha definido del todo

Ante un acto heroico, como se ha calificado la dimisión del Papa Benedicto XVI, se nos pide, como Iglesia, rezar, ahora más que nunca, por nuestros Sumos Pontífices.

Dulce Natalia Romero Cruz

image content medium 207381 20130211151825El Santo Padre anunció su renuncia, y lo hizo libremente; esto quiere decir que él, cómo Sumo Pontífice, renunció al cargo en plena libertad y en pleno uso de sus facultades mentales. Así lo comunicó recientemente, pero se hará efectivo, según lo dijo, hasta el 28 de febrero a las 20 horas. A partir de ese momento, la Iglesia estará en Sede vacante.
“Esto lo indica el Código de Derecho Canónico; pero el tema de la dimisión también se rige por una Ley particular, que es la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis”, conforme explicó el Presbítero Miguel Ángel Rodríguez Díaz, Vicario Judicial Adjunto del Tribunal Eclesiástico de la Arquidiócesis de Guadalajara.
Y abundó: “En esta Constitución, promulgada por el Papa Juan Pablo II, se estableció en 1996 la dimisión de los Sumos Pontífices, aunque al final del Documento se motiva a que se mantengan lo más sacrificados que sea posible hasta que Dios los llame. Sin embargo, ahora el Papa presenta su dimisión porque considera que sus capacidades físicas le impiden seguir con el pontificado, y no porque no quiera seguir. Y una vez que se cumpla el plazo, a no ser que antes Dios llame al Santo Padre, estaría la Iglesia Universal en Sede vacante”.

¿Qué sigue?

“Pasada la fecha que dio el Obispo de Roma para hacer efectiva su dimisión, el Colegio Cardenalicio tomará el mando (por decirlo de alguna manera) -manifestó el Padre Rodríguez Díaz-, pero sin modificar nada; no pueden emitirse nuevas Leyes ni pueden nombrarse nuevos Obispos; todo eso se queda estacionado. Se respetan las Leyes que existen, aunque esté vacante la Sede”.
Entre el mismo Colegio de Cardenales hay un Decano, y otro es el Camarlengo, quien ahora es el Cardenal Tarsicio Bertone; éste desempeñará el cargo de Jefe de Estado, en funciones, de la Ciudad del Vaticano, mas no como un Pontífice. “Él se hará cargo de la organización del Cónclave, siguiendo con la misma estructura y ejerciendo este nombramiento de forma temporal, solamente para encabezar y llevar a cabo esta encomienda.
“El hecho de que la Iglesia Universal esté, después del 28 de febrero, en Sede vacante, no quiere decir que no tengamos cabeza, porque está al frente el Colegio Cardenalicio; teológicamente hablando, la cabeza eclesial la conforma la comunión de los Obispos.
“Después del 28 de febrero, una vez validada la renuncia del Papa Benedicto XVI, se convocará al Cónclave sin que haya fecha específica en la que se deba tener el nombre del siguiente Papa, aunque la Universi Dominici Gregis señala que esta elección no debe prolongarse demasiado. A este respecto, parece ser que el Papa Benedicto XVI, previó un tiempo prudente (casi toda la Cuaresma) como suficiente para que se elija un nuevo Papa antes de la Pascua de Resurrección”, finalizó diciendo el Vicario Judicial Adjunto.

Colegio Cardenalicio

El Sacro Colegio de Cardenales fue instituido en su forma actual en el año de 1150, y lo encabezan un Decano y un Camarlengo, quienes administran los bienes de la Iglesia cuando la Sede de Pedro está acéfala. El Decano se elige de entre los Cardenales del Orden Episcopal que tienen el Título de una Iglesia Suburbicaria (Canon 352, Párr. 2) -de las siete Diócesis más cercanas de Roma: Albano, Frascati, Ostia, Palestrina, Porto-Santa Ruffina y Velletri-Segni.
Desde 1059, los Cardenales han sido los únicos electores del Papa, a quien eligen en Cónclave secreto, siguiendo hoy las últimas orientaciones de la mencionada Constitución Apostólica de Juan Pablo II, Universi Dominici Gregis.
Durante el período de “Sede vacante”, el Colegio Cardenalicio desempeña una importante función en el Gobierno general de la Iglesia y, tras los Pactos Lateranenses de 1929, también en el Gobierno del Estado de la Ciudad del Vaticano.

Fuente: ACI Prensa

Cartón Benedicto

Inicio del ritual para elegir nuevo Pontífice

Comienza con la destrucción del anillo del Papa, tal como indica la Constitución Apostólica de la Iglesia Católica conocida como Universi Dominici Gregis.
Según el Portal Lainformacion.com, que recoge información de Rome Reports, una vez que el Papa se convierta en el Cardenal Joseph Aloisius Ratzinger, el 28 de febrero, el protagonismo recaerá en el purpurado Tarcisio Bertone, nombrado Cardenal Camarlengo (Funcionario de la Corte Papal), que tiene como primera labor destruir el anillo del Papa con un martillo, así como su sello oficial. Sin embargo, todavía no se resuelve qué se hará con el anillo de Benedicto XVI.
La siguiente tarea del Cardenal con oficio de Camarlengo será cerrar las puertas que dan acceso a los aposentos privados del Papa, ante los Cardenales Prefectos y el Secretario de Estado.
Posteriormente, comunicará la noticia de que ya no hay Papa. A partir de este momento, comienza el período denominado Sede vacante, en que tendrá que definirse la fecha del Cónclave que determinará la elección de una nueva autoridad papal.

Abdicaciones papales

Pbro. Tomás de Híjar Ornelas
Cronista de la Arquidiócesis de Guadalajara

Papa CelestinoEl 16 de abril de 1927 nace Jo-seph Aloisius (José Luis) Ratzinger en la Región de Baviera, Alemania. El 19 de abril de 2005, el Cardenal Joseph Ratzinger se convierte en Benedicto XVI. El 28 de abril de 2009, en la Basílica de Nuestra Señora de Collemaggio, en L’Aquila, el Papa coloca sobre la urna donde se veneran las reliquias de su predecesor San Celestino V (1215-1296) -el único Pontífice Romano de la Historia que ha renunciado-, el palio que recibió junto con su encomienda como Supremo Pastor. El 4 de julio de 2012, de Visita Apostólica en Sulmona, también en los Abruzzos, en el marco de la ceremonia denominada “El perdón de Celestino V”, recuerda este gesto. El 11 de febrero de 2013, Benedicto XVI, en un Consistorio Cardenalicio (donde da a conocer, entre otras cosas, la fecha de la Canonización de la beata María Guadalupe García Zavala, jalisciense), da lectura al breve y claro texto a través del cual renuncia a seguir ciñendo la mitra de Obispo de Roma. Su decisión es irrevocable a partir del 28 de febrero siguiente.

Sobre aviso no hay engaño

Aunque el estupor y el impacto de la medida sean muy grandes, el Código de Derecho Canónico prevé esta posibilidad en el Canon 332 § 2: “Si el Romano Pontífice renunciase a su oficio, se requiere, para la validez, que la renuncia sea libre y se manifieste formalmente, pero no que sea aceptada por nadie”.
En repetidas ocasiones, su Santidad Benedicto XVI ha manifestado su deseo de renunciar o abdicar -según se lea en términos meramente canónicos o estrictamente jurídicos- a su cargo de Sumo Pontífice, Vicario de Cristo, Sucesor de Pedro, Patriarca de Occidente, Obispo de Roma, Siervo de los siervos de Dios…
Otro tanto hizo su antecesor inmediato, Juan Pablo II, pero sin llevarlo a cabo. A consecuencia de ello, los últimos cinco años de vida sostuvo un entramado en el que se cumplió cabalmente lo dicho por el Señor en el Evangelio de San Juan: “Cuando eras joven, tú mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras” (21,18).
Si alguien vivió de cerca el doloroso epílogo del largo pontificado del hoy Beato, fue el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Si algún Cardenal tenía indicios de quién sucedería a Juan Pablo II, era Joseph Ratzinger. Si alguien calculaba la trayectoria y el fin de su pontificado, eran sólo Dios y él.
No ha querido el Santo Padre dejar al mero decurso del tiempo que haga en él y en la delicada tarea a su cargo los estragos que suelen sobrevenir en la última parte de gestiones dilatadas. La suya ha sido fecunda y concisa: claridad de pensamiento, firmeza en las medidas disciplinares, humildad para reconocer y poner remedio a las situaciones escabrosas y acumuladas de un período largo, en el que se omitió ventilar, arguyendo ‘razones de Estado’, lo tocante a la aceptación de abominables desórdenes consumados por ministros sagrados, metamorfoseados en lobos. En los últimos meses ha sobrellevado de pie la tormenta desatada por la infidencia de algunos colaboradores estrechos, en el caso Vatileaks.
Se retira cuando, según los cálculos de la Prefectura de la Casa Pontificia, en los ocho años de Pontificado, 20’544,970 personas han participado en encuentros con él: Audiencias generales y particulares, Celebraciones litúrgicas, Ángelus y Regina Coeli en El Vaticano y en Castel Gandolfo, Visitas Apostólicas a Roma, Italia y el mundo.

¿Qué sigue?

En tanto baja la marea que la noticia supone, y llega el 28 de febrero, principio de la Sede vacante, a partir de la cual el Cardenal Camarlengo deberá convocar al Cónclave a los electores, los bautizados tendremos la oportunidad de repasar, a grandes zancadas, el ayer y el hoy de una institución divina a cargo de los humanos.
Para ello disponemos de sobrados ejemplos, comenzando por el del único Papa de la Historia que ha renunciado a la tiara: San Celestino V, quien el 13 de diciembre de 1294, cinco meses después de su elección, volvió a ser lo que originalmente era: un Monje y, sin mengua de ello, un fecundo Pastor, toda vez que, “aun llevando una vida de eremita, no se encerró en sí mismo, sino que estaba cogido por la pasión de aportar la Buena Noticia del Evangelio a sus hermanos”, ha dicho Benedicto XVI. Y ahora él mismo, por lo visto, lo pondrá en práctica.
Una circunstancia peculiar resalta para Guadalajara en la elección del nuevo Papa: nunca en la Historia de dos mil años de la Iglesia se había dado el caso de que dos electores y elegibles provinieran de la misma Sede: de los tres Cardenales mexicanos que podrán participar en el Cónclave -pues el cuarto, don Javier Lozano Barragán, radicado en Roma, acaba de cumplir 80 años, edad que lo excluye–, dos son de esta Sede: el Arzobispo don José Francisco Robles Ortega, y el Emérito don Juan Sandoval Íñiguez, a escasas semanas de alcanzar la edad canónica de 80 años que le impediría ser elector.

CEM reconoce la renuncia de Benedicto XVI

Sergio Estrada González
México, D.F.

En el seno de la Conferencia del Episcopado Mexicano, así como para el Nuncio Apostólico, el Arzobispo Christhope Pierre, la renuncia del Papa Benedicto XVI al ministerio petrino fue una sorpresa, luego de haber reflexionado ante Dios y considerando que los últimos meses ha experimentado una reducción en sus fuerzas, por lo que ha determinado libremente su renuncia, según expresó Mons. Eugenio Lira Rugarcía, Secretario General de la CEM, en Conferencia de Medios de Comunicación.
Ante los representantes de los Medios, el Vocero de los Obispos mexicanos explicó que la renuncia entrará en vigor el 28 de febrero a las 20 horas, tiempo local, “cuando se iniciará lo que se denomina ‘Sede vacante’, para que los Cardenales preparen todo para la elección del nuevo Papa”.
“En el Año de la Fe, es muy significativo este anuncio -sostuvo el Prelado- y esta renuncia viene a confirmarnos en la Fe redescubriendo la belleza y la alegría de la Fe en Dios, que ha venido a nosotros a través de Jesucristo”.
Luego exhortó a todos los católicos, así como a los hombres y mujeres de buena voluntad, a que reciban esta decisión del Papa con un espíritu de Fe, y a que nos pongamos en oración para que Dios ilumine a los Cardenales electores y puedan descubrir al que Dios ha elegido como Sucesor de San Pedro y de Benedicto XVI.

Gracias, Papa Benedicto

Mons. Eugenio Lira agradeció a Dios lo que nos ha regalado en estos ochos años del ministerio de Benedicto XVI a través de su rico y valioso magisterio, de sus viajes pastorales y del testimonio de su propia vida cristiana como testigo de la Fe. Resaltó que uno de sus últimos viajes fue a México, en donde vino a confirmarnos en la Fe, en la Esperanza y la Caridad, y a recordarnos que el poder de la Fe y el Amor son fuerza que necesitamos para mejorar este mundo.
Externó que, luego de consultar al Cardenal Francisco Robles Ortega, Arzobispo de Guadalajara y Presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, y al Nuncio Apostólico, se concluyó que lo que dijo el Papa es lo que ha motivado su renuncia al Supremo Pontificado: sentir que las fuerzas físicas han disminuido con el paso de los años.
Mons. Lira calificó a Benedicto XVI como una persona lúcida espiritual, psicológica, mental e intelectualmente; pero que físicamente ya tiene más dificultades. “Más aún, en su Libro ‘La luz del mundo’, el Papa dejó de manifiesto que si un Pontífice ya no se encontraba en plenitud de su capacidad para ejercer el ministerio, debería renunciar.
“Ante esto, concluyó, el Papa posee la plena potestad universal sobre la Iglesia y él es el legislador y tiene toda la autoridad para renunciar sin requerir la aceptación de nadie, para que la renuncia sea válida, como lo marca el Código de Derecho Canónico”.

Hacia los nuevos tiempos

Pbro. Armando González Escoto
Director de Pensamiento Estratégico de la UNIVA

Santo PadreEl Papa Benedicto XVI ha renunciado a su cargo por motivos de edad. El anuncio fue del todo sorpresivo, pues al parecer nadie había dicho nada ni existían rumores ni se observaban signos evidentes de enfermedad o de incapacidad por parte del Sumo Pontífice.
Como es natural, una noticia de esta magnitud ha causado un enorme impacto mundial, pues desde 1415 no acaecía algo semejante. También, como suele ocurrir en nuestro tiempo, los comentarios e interpretaciones de todo tipo de personas no se hicieron esperar, pero todos éstos pueden resumirse en cuestiones como las siguientes:
“Un Sumo Pontífice no debe renunciar”.
“El Papa renuncia porque no pudo con el cargo”.
“La crisis de la Iglesia es la causa de fondo de esta renuncia”.
En verdad no es lo mismo decir que la Iglesia enfrenta situaciones críticas, serias, a decir que toda ella está en crisis y que por esa misma razón el Pontífice prefirió renunciar. Todas las situaciones críticas que se han dado en la Iglesia actual estaban ya presentes desde el pontificado anterior; el Papa Benedicto XVI las conocía a la perfección, y aceptando su elección a la Sede de Pedro con valor y confianza cristiana, durante ocho años estableció bases muy firmes para ofrecer solución a todos los retos que enfrentó. Adicionalmente, si dividimos la Cristiandad en tres sectores: el mundo católico, el mundo protestante y el mundo de la Iglesia Ortodoxa, resulta que donde hay menos crisis es precisamente en el sector católico.
Por lo mismo, no es que no pudiera con la responsabilidad de gobernar la Iglesia en un tiempo difícil; por el contrario, demostró, a lo largo de estos fructíferos años, que sí podía hacerlo no obstante su avanzada edad, pues recordemos que asumió la sucesión del Apóstol Pedro a los 78 años.
Por ende, su decisión inesperada y sorprendente se constituye en este momento como un extraordinario ejemplo de honestidad, de responsabilidad y humildad, que cuestiona y tiene que obligar a reflexionar a un sinnúmero de líderes políticos y sociales que no siempre desarrollan la capacidad de advertir sus limitaciones a la hora de desempeñar su cargo. Un conocido escritor local dijo que los políticos se dividían en dos clases: los que no saben cuándo renunciar, y los que sí lo saben, pero de todos modos no renuncian.

Cuestión de prudencia y coherencia

escudo papal benedicto 16Los argumentos de la edad avanzada son motivos bastante importantes. Cuando el proceso de envejecimiento amenaza con limitar la movilidad, debilitar la capacidad intelectual, afectar la concentración, reducir la capacidad de comprensión y de respuesta, el hombre sensato y honesto lo reconoce; y si además es responsable, advierte las consecuencias que puede traer para una Institución este tipo de limitantes, y sobre todo, prevé el riesgo de que otras personas, aun con la mejor voluntad, acaben por suplir, de hecho, a quien tiene la autoridad de derecho, pero ya no la capacidad para ejercerla plenamente. Entonces, se requiere de verdadera humildad para poder decir, como lo ha dicho Benedicto XVI: “Renuncio”.
Él ya lo había insinuado en una entrevista que le hizo un periódico alemán en 2010: “Si el Papa llega a reconocer con claridad que física, psíquica y mentalmente no puede ya con el encargo de su oficio, tiene el derecho y, en ciertas circunstancias, también el deber, de renunciar”.
No ha sido costumbre que los Papas dejen el cargo. Muchos Pontífices de los primeros tiempos fueron martirizados o exiliados. Posteriormente, otros efectivamente renunciaron, al menos en dos casos, y fueron raras las veces en que un Santo Padre llegara a una edad en que la decrepitud le privara por completo de ejercer sus funciones, con consecuencias devastadoras para la vida de la Iglesia, y abundante provecho para sus detractores.
El Derecho Canónico (que estatuye la normatividad de la vida de la Iglesia Católica), de por sí, admite la renuncia del Papa en diversos casos, y uno de ellos es justamente el que ha presentado el Obispo de Roma como causa de su dimisión.
Por otra parte, esta previsión permite ahora a la Iglesia prepararse con mayor serenidad para el próximo Cónclave, disponiendo la humana naturaleza de la mejor manera posible, para que la Gracia del Espíritu Santo actúe en quienes serán electores del siguiente Sucesor del Apóstol Pedro.

”No pensé que al oírle me iba a emocionar de esa manera”……


”No pensé que al oírle me iba a emocionar de esa manera”. ”No era fácil hacerse un hueco en el corazón de la gente tras Juan Pablo II, y lo ha conseguido”

La celebración del Miércoles de Ceniza con el Santo Padre cobró ayer un matiz especial, la última vez que Benedicto XVI celebró una Eucaristía pública con los fieles. En esta ocasión reunidos en la Basílica de San Pedro, ya que como se esperaba, multitud de fieles acudirían a acompañar al papa y la tradicional basílica de Santa Sabina se podía quedar pequeña.
Fueron muchas las personas que no pudieron contener las lágrimas durante la misa y la emoción se veía tanto en los rostros de los fieles como en los obispos y cardenales. Al final del mensaje del cardenal Bertone, todos los presentes rompieron en un fuerte y prolongado aplauso de agradecimiento al santo padre. Familias, religiosos y religiosas, jóvenes y mayores, todos en pie despidiéndose del papa que ha sido Pastor de la Iglesia durante estos últimos ocho años.

Con todo el corazón

Al comienzo de la homilía, el papa quiso agradecer de nuevo y pedir oración a los presentes: “Esta tarde somos numerosos en torno a la Tumba del Apóstol Pedro también para pedir su intercesión para el camino de la Iglesia en este particular momento, renovando nuestra fe en el Pastor Supremo, Cristo Señor. Para mí es una ocasión propicia para dar las gracias a todos, especialmente a los fieles de la Diócesis de Roma, mientas me dispongo a concluir el ministerio petrino, y para pedir un especial recuerdo en la oración”.

A continuación explicó las lectura destacando algunos aspectos sobre la misericordia de Dios: “Hay que subrayar la expresión ‘con todo el corazón’, que significa desde el centro de nuestros pensamientos y sentimientos, de las raíces de nuestras decisiones, opciones y acciones, con un gesto de total y radical libertad. ¿Pero es posible esto retorno a Dios? Sí, porque hay una fuerza que no reside en nuestro corazón sino que mana del mismo corazón de Dios. Es la fuerza de su misericordia”.

El verdadero discípulo

Sobre la actitud del verdadero discípulo dijo: “el verdadero discípulo no se sirve a sí mismo o al ‘público’, sino a su Señor, en la sencillez y en la generosidad: ‘Y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará’ (Mt 6,4.6.18). Nuestro testimonio, entonces, será más incisivo cuando menos busquemos nuestra gloria y seremos conscientes de que la recompensa del justo es Dios mismo, el estar unidos a Él, aquí abajo, en el camino de la fe, y al final de la vida, en la paz y en la luz del encuentro cara a cara con Él para siempre”.

Unidad en la Iglesia

Otro aspecto que el papa quiso destacar fue la importancia de la unidad de la Iglesia: “Pienso, en particular, en las culpas contra la unidad de la Iglesia, en las divisiones en el cuerpo eclesial. Vivir la Cuaresma en una comunión eclesial más intensa y evidente, superando individualismos y rivalidades, es un signo humilde y precioso para los que están alejados de la fe o los indiferentes”.

Al finalizar la comunión, el secretario de Estado, el cardenal Tarsciso Bertone, en un mensaje sentido y emocionante se dirigió al papa reconociendo que “esta tarde hay un velo de tristeza en nuestro corazón”, y hablando sobre su Magisterio afirmó que “ha sido una ventana abierta hacia la Iglesia y el mundo, que ha dejado pasar los rayos de la verdad y del amor de Dios, para dar luz y calor a nuestro camino, también y, sobre todo, en los momentos en que las nubes se adensaban en el cielo”.

Minutos después de haber finalizado la Celebración Eucarística, los fieles salían de la Basílica aún emocionados.

ZENIT habló con algunos de los asistentes y nos comentaron cómo fue la experiencia.

Ha sido conmovedor

Un grupo de tres mujeres suizas afirman: “Benedicto XVI ha sido un gran papa y era bonito venir hoy a saludarlo. Ha sido muy emocionante y conmovedor cuando el cardenal Bertone se ha dirigido al papa para decirle cómo se sentía por su decisión”.

El padre Jesús Parreño de Castellón también ha explicado qué ha significado la misa del Miércoles de Ceniza: “vivo en Roma como formador de religiosos y ha sido una experiencia maravillosa acompañar al santo padre en esta misa tan especial, sentirnos Iglesia y decirle aquí estamos, le encomendamos, rezamos mucho por usted y sepa que cuenta con nuestro apoyo y nuestra entrega. Benedicto XVI ha significado para mí un crecer en la fe, crecer en el amor a la Iglesia, además de ser el papa de mi sacerdocio porque cuando me ordené él era papa y por eso para mí significa mucho”.

Una oportunidad muy chévere

También hemos hablado con un grupo de tres jóvenes colombianos. Una de las chicas comenta: “soy católica y hoy por ser Miércoles de Ceniza quería venir a esta misa ya que va a ser de las últimas oportunidades de ver al papa. Siempre he oído hablar del papa, pero nunca había tenido oportunidad de verlo y verle hoy ha sido muy emocionante y ver a tanta gente emocionada”.

Y el chico reconoce: “ha sido la primera vez que venía a una misa con el papa y más que todo lo hice primero por mi tradición católica y reconozco que me daba pereza hacer la cola de hora y media para entrar, pero me dije que el papa renunció y quiero ir a su última misa. Y me dio mucha emoción, al principio pensaba, sí qué chévere verle, pero no pensaba que al oírle hablar me iba a emocionar de esa manera.

Por último la otra joven añade: “hoy es miércoles de ceniza y tenía que venir y más sabiendo que el papa se va ir. Además la Basílica, el edificio, es increíble y agrega emoción a la experiencia, y como cantaban y todo lo que dijo el papa, aunque no entendía todo lo que decía, lloré y todo, porque ha sido una oportunidad muy chévere.

Supo abrirse un hueco en el corazón de la gente

También una madre italiana, acompañada por sus dos hijas nos ha compartido su experiencia y lo que ha supuesto Benedicto XVI: “esta mañana hemos ido a la audiencia y ahora hemos participado de la Eucaristía. Ha sido precioso porque ha sido realmente particular, es como haber podido despedir y aplaudir al papa todavía vivo. Ha sido un papa muy especial, porque no era fácil hacerse un hueco en el corazón de la gente después de Juan Pablo II, y él lo ha conseguido”.

 

no se quien es el autor

 

”Lo he hecho con plena libertad por el bien de la Iglesia”


Benedicto XVI ha comparecido hoy ante los fieles en Audiencia General. Lo que había dicho en latín –su fórmula de renuncia–, ante los cardenales del consistorio, lo ha querido repetir hoy ante los fieles del Aula Pablo VI y ante todos los que le acompañaban en directo por la televisión e internet, o quienes accedería a sus palabras a través de los medios posteriormente. Es precisamente uno de los requisitos del Código de Derecho Canónico sobre la renuncia: que lo haga públicamente y declare que es libre al hacerlo. Ofrecemos esas palabras introductorias a la catequesis de esta mañana, que pronunció esta vez en italiano.

 

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Queridos hermanos y hermanas:

Como sabéis he decidido [ante los aplausos que interrumpen su discurso dice: gracias por vuestra simpatía], he decidido renunciar al ministerio que el Señor me confió el 19 de abril de 2005. Lo he hecho con plena libertad por el bien de la Iglesia, tras haber orado durante mucho tiempo y haber examinado mi conciencia ante Dios, muy consciente de la importancia de este acto, pero consciente al mismo tiempo de no estar ya en condiciones de desempeñar el ministerio petrino con la fuerza que éste requiere. Me sostiene y me ilumina la certeza de que la Iglesia es de Cristo, que no dejará de guiarla y cuidarla. Agradezco a todos el amor y la plegaria con que me habéis acompañado. Gracias. En estos días nada fáciles para mí, he sentido casi físicamente la fuerza que me da la oración, el amor de la Iglesia, vuestra oración. Seguid rezando por mí, por la Iglesia, por el próximo Papa. El Señor nos guiará.