Oración de principio y Fin de Año


 

Oración de fin y principio de año

Señor Dios, dueño del tiempo y de la eternidad, tuyo es el hoy y el mañana, el pasado y el futuro.

Al terminar este año quiero darte gracias por todo aquello que recibí de TI.

Gracias por la vida y el amor, por las flores, el aire y el sol, por la alegría y el dolor, por cuanto fue posible y por lo que no pudo ser.

Te ofrezco cuanto hice en este año, el trabajo que pude realizar y las cosas que pasaron por mis manos y lo que con ellas pude construir.

Te presento a las personas que a lo largo de estos meses amé, las amistades nuevas y los antiguos amores, los más cercanos a mí y los que estén más lejos, los que me dieron su mano y aquellos a los que pude ayudar, con los que compartí la vida, el trabajo, el dolor y la alegría.

Pero también, Señor hoy quiero pedirte perdón, perdón por el tiempo perdido, por el dinero mal gastado, por la palabra inútil y el amor desperdiciado.

Perdón por las obras vacías y por el trabajo mal hecho, y perdón por vivir sin entusiasmo.

También por la oración que poco a poco fui aplazando y que hasta ahora vengo a presentarte.

Por todos mis olvidos, descuidos y silencios nuevamente te pido perdón.

Mañana iniciaremos un nuevo año y detengo mi vida ante el nuevo calendario aún sin estrenar y te presento estos días que sólo TÚ sabes si llegaré a vivirlos.

Hoy te pido para mí y los míos la paz y la alegría, la fuerza y la prudencia, la claridad y la sabiduría.

Quiero vivir cada día con optimismo y bondad llevando a todas partes un corazón lleno de comprensión y paz.

Cierra Tú mis oídos a toda falsedad y mis labios a palabras mentirosas, egoístas, mordaces o hirientes.

Abre en cambio mi ser a todo lo que es bueno, que mi espíritu se llene sólo de bendiciones y las derrame a mi paso. Amén.

 

Una nueva etapa, de la mano de Jesús


Una nueva etapa, de la mano de Jesús

Publicado en web el 29 de Diciembre, 2011

Año Nuevo

Dispongámonos, en este inicio de año, a hacer un verdadero cambio interno, individual, y comencemos cada uno por nosotros mismos. Hagamos un análisis del año que concluye y, en base a ello, propongamos cómo será el año que comienza, siempre en compañía de Dios, pues sólo así lograremos la felicidad que tanto anhelamos.

31Fuente: autorescatolicos.org

Llegamos al término de un año y al inicio de otro, y como todos los seres humanos, que somos cíclicos por naturaleza, esta etapa significa muchas cosas. Para algunos es la nostalgia de un año que se va; las personas que no volveremos a ver; el trabajo o el estudio que dejamos atrás; quizás un amor perdido, o tal vez, un año más en que no hicimos algo productivo con nuestras vidas.

Para otros, sin embargo, puede ser la recapitulación de un año de logros; del nacimiento de nuevas amistades y consolidación de otras; de renovación con la familia; de crecimiento intelectual, espiritual, físico o emocional. Incluso puede ser el año en que encontramos al verdadero amor, el año en que superamos enfermedades, crisis económicas, conflictos familiares, problemas emocionales, situaciones de estudio, de trabajo o de apostolado.

Depositemos la confianza en Dios

Extrañamente, no todos nos damos cuenta de ello, y creemos que nuestros logros son por mérito propio, o incluso, que pudimos lograrlo por supercherías o amuletos Conozco a cierta familia (y abundan, ciertamente) que, año con año, en la víspera del Año Nuevo, saca las maletas y le da vueltas a su casa para “garantizar” que salgan de vacaciones en el año. ¿De qué sirve tanta parafernalia? ¿Cómo esperan experimentar el amor y la paz, si depositan su confianza en supersticiones?

Otra cosa que también acostumbramos, erróneamente, es hacer propósitos de Año Nuevo que no solamente no cumpliremos, sino que, al final de año, ni siquiera recordaremos. El clásico “tengo que bajar de peso”, o “tengo que conseguir un mejor trabajo”, o “me haré de un carro o de una casa nueva”. Pero, ¿qué hay de la parte familiar, espiritual y emocional? ¿Por qué no prometemos cosas tangibles, como compartir tiempo de calidad con la familia, o tal vez orar juntos?

Por tanto, ¿por qué no?, como parte de nuestros propósitos de Año Nuevo nos propondremos los siguientes doce puntos, y al final del calendario revisaremos qué tanto cumplimos con ellos, para saber dónde fallamos y dónde tenemos que trabajar más, así como para ver qué puntos no contemplados en esta lista tampoco pudimos satisfacer:

1.Conocer a Dios a través de la oración
2.Agradecer por todo lo bueno de nuestra vida y consagrarlo a Dios (familia, amigos, trabajo, estudio, noviazgo, etc.).
3.Ofrecer todo lo malo de nuestra vida (enfermedades, problemas económicos, legales, etc.) y buscar un acompañante espiritual que nos guíe hacia Dios.
4.Orar junto con la familia todos los días, para agradecer, alabar o pedir algo a Dios.
5.Acercarse más a la Eucaristía y a la Confesión, pero no por obligación, sino por convicción.
6.Unirse más a María Santísima en la oración, para que Ella nos lleve a su Hijo Jesús.
7.Conocer un poco más sobre nuestra fe a través de algún Curso, Taller o Plática en alguna Parroquia o Centro de Evangelización.
8.Anunciar a un Dios vivo y maravilloso en todos lados con nuestras actitudes de servicio y apoyo (familia, trabajo, amistad, noviazgo, etc.).
9.Iniciarnos en algún apostolado, grupo, comunidad o movimiento, para servir por medio de éste a Dios y a nuestros hermanos.
10.Orar por las necesidades de los demás; de los jóvenes, para que conozcan a Jesús, y en especial, pedir por nuestros Sacerdotes y Religiosos, que tanto lo necesitan.
11.Hacer alguna obra de caridad; contribuir con la Cooperación Diocesana; apoyar a algún orfanato, asilo o misión, pero no por deber, sino por amor.
12.Y el más importante con todo esto y con nuestro testimonio de vida: amar a Dios sobre todas las cosas.
Dice el dicho: “Año Nuevo, vida nueva”, pero sólo Jesús ha venido para darnos vida y vida en abundancia. Es Él quien puede liberarnos del pecado y de la muerte. ¿De qué sirve un nuevo año, con los mismos pecados? Propongámonos, en este inicio de año, hacer un cambio, un verdadero cambio interno, individual. Comencemos cada uno por nosotros mismos. Hagamos un análisis y, en base a ello, propongamos cómo será el año venidero, pues sólo así lograremos la felicidad que tanto anhelamos. ¡Feliz 2012!

 

semanario.com.mx

Examen de Conciencia en Año Nuevo


Publicado en web el 30 de Diciembre, 2010

Lupita:

Llevo dos años separada de mi esposo. Yo sé que mis hijos están pagando lo que ellos no deben, sino nosotros, y creo que no es justo. Estoy tratando de regresar sólo por ellos. Los veo sufrir y se me parte el corazón. Pero yo… la verdad es que no puedo perdonar. Son muchos los malos recuerdos, las palabras hirientes, las veces que él me ha dejado completamente sola, me ha corrido de la casa, argumentando que ya no puede con mi carácter, ante lo cual yo me pregunto si él creerá que tiene muy buen carácter, cuando en realidad ¡se enoja horrible! Así pues, ¿qué esperaba? ¿que yo me pusiera a llorar? Yo aprendí a responderle y a no dejarme, porque él me obligó.

Mi pregunta es: ¿Cómo regresar y olvidar? Él sí está dispuesto a volver también, por nuestros hijos.
Rebeca

Querida Rebeca:
Eres una mujer extraordinaria. Estás dispuesta a renunciar a tu propio gusto por amor a tus hijos; estás buscando más el bien del otro que el propio. Pero no te equivoques, el desafío es amar. No se trata de “regresar por los hijos”, sino de volver a amar de forma auténtica; si no es por esta razón, nada los beneficiará realmente.
Amar no significa estar al lado de quien te hace feliz o de aquél que te hace sentir bien. Amar es el compromiso de buscar el bien del ser amado, especialmente cuando eso te resulta difícil. No permaneces al lado del otro porque se te ha olvidado el pasado, sino porque, aun recordándolo, actúas como si lo hubieses olvidado.

Los seres humanos fallamos. Encontrar a quien nunca nos defraudará sólo puede suceder con Cristo. Es muy importante tomar esta realidad en cuenta dentro del matrimonio. Los esposos se conocen bien, y es sabio aceptar las sugerencias, peticiones o correcciones que pide el cónyuge. Abrirse al diálogo, ceder un poco y tomarse de la mano caminando y mirando en la misma dirección, eso es mantener vivo el amor; es decir, madurar en el amor.

Haz un examen de conciencia. Más que mirar los defectos de carácter de tu esposo, mírate a ti misma. ¿Eres la esposa ideal? ¿Te esmeras en hacer que tu marido disfrute su hogar? ¿Eres respetuosa tú con él? ¿Te has dado cuenta de que vives en el pasado, recordando todas las ofensas recibidas?

El reciente tiempo de Adviento preparó nuestras almas para la segunda venida de Cristo. Hoy nos hace falta pensar en la vida eterna y aprender a vivir nuestros días procurando ganarnos el Cielo. Nace un año nuevo y algunos solemos decir: Año nuevo, vida nueva.

Sé que es difícil, pero creo sinceramente que tu esposo cambiará si tú cambias para bien. Los malos modos, el resentimiento y los deseos de venganza no aportan sino amargura y desesperación.

El escritor Francisco Fernández Carvajal nos hace meditar sobre estos temas: “Cada día nuestro está lleno de posibilidades de hacer el bien, en cualquier circunstancia en la que nos encontremos. Sería triste que nuestra vida fuera como una gran avenida de oportunidades desperdiciadas; y todo por haber dejado que penetraran en nosotros la negligencia, la pereza, la comodidad, el egoísmo, la falta de amor”.
Hacer familia es tu misión. Que los primeros pasos sean buscando tu crecimiento personal a través de un Taller de manejo de emociones, además de un encuentro con Cristo vivo.

¡Feliz año nuevo!
Lupita Venegas/Psicóloga

http://www.valora-ac.org

Hoy es noche vieja


Autor: P Mariano de Blas | Fuente: Catholic.net
Hoy es Noche vieja
Deseo dormir en paz la última noche del año y despertar con el alma renovada para emprender la nueva jornada de este año que comienza.
 
Hoy es Noche vieja

Se fue un año más.

Al final del año es conveniente hacer un balance de los 365 días, para ver qué se hizo con ese año de vida. Conviene también saldar todas las deudas que se tienen con Dios y con los demás.

Quiero asomarme a la ventana de mi casa y mirar hacia atrás, hacia ese largo camino que he recorrido durante todo el año.

Si algo puedo ver, es que cada día de ese año transcurrido estuvo lleno del amor de Dios. Estoy en deuda con Él; por eso mi primera palabra al final del año es: ¡Gracias!.

Pero, al lado de tantas bondades de ese Dios, está la triste historia de la ingratitud y la mediocridad para con ese gran amigo. Por eso la segunda palabra tiene que ser: “¡Perdóname todos los errores, todas las mediocridades!. ¡Yo sé que me perdonas!”

Pero hay una tercera palabra que quiero decir: “Te pido un gran año para hacer con el una gran tarea, ayúdame a que este año que empieza sea mejor, que valga la pena vivir. Conviértelo en un gran año. Que aquello de “próspero año nuevo” no se quede en una ironía, sino en una verdad.

También quiero, al final del año, saldar cuentas con mi prójimo, quiero sacar de mi espíritu, arrancar, tirar todos los rencores, odios, resentimientos hacia mis hermanos. Quiero terminar el año bien con todos. Quiero poder decir que no tengo malos sentimientos hacia ningún ser humano.

Es hora de pedir perdón a todos los que en el camino he herido, molestado, desairado. A los que tenían derecho a esperar una respuesta y no se la di, a los que necesitaban una palabra de aliento y me quedé con ella. A los que encontré tirados en el camino de la vida, desesperados, tristes, vacíos de Dios y de ilusión, y pasé de largo porque tenía mucha prisa. Quiero pedirles perdón.

Deseo dormir en paz la última noche del año y despertar con el alma renovada para emprender la nueva jornada de este año que comienza.

Es importante recordar que este año será lo que cada uno haga con él. ¿Será el mejor o será el peor? ¿Será uno de tantos, ni bueno ni malo, sino todo lo contrario? De cada uno de nosotros depende.

Dios que te da ese año nuevo es el que más ardientemente te dice: ¡FELIZ AÑO!

Al Dios que me dio la vida, ¡gracias!.
Al Dios de mis días felices, ¡gracias!.
Al Amor de mis amores, ¡gracias!.
Puesto que al final de la vida me examinarán del amor, perdóname por no haber amado lo suficiente, y concédeme morir de amor.

Se Termina el año 2010


Autor: P. Jorge Loring SJ | Fuente: Catholic.net
Se termina el año 2010
Han pasado ya las penas y las alegrías. De ellas sólo quedan el mérito de haber sufrido con espíritu sobrenatural, y de haber agradecido a Dios.
 
Se termina el año 2010

El tiempo pasa volando. Han pasado ya las penas y las alegrías. De ellas sólo quedan el mérito de haber sufrido con espíritu sobrenatural, y de haber agradecido a Dios las satisfacciones. El pasado deja huella en la biografía que Dios tiene de mí.

El día de hoy podríamos considerar tres cosas:
a) El tiempo pasa.
b) La muerte se acerca.
c) La eternidad nos espera.

El tiempo pasa volando. Han pasado ya las penas y las alegrías. De ellas sólo quedan el mérito de haber sufrido con espíritu sobrenatural, y de haber agradecido a Dios las satisfacciones. El pasado deja huella en la biografía que Dios tiene de mí.

La muerte se acerca. Cada día que pasa estoy más cerca de ella. Es necio no querer pensar esto. Muchos de los que murieron el año pasado se creían que iban a seguir vivos en éste, pero se equivocaron. Puede que este año sea el último de nuestra vida. No es probable, pero sí posible. Debo tenerlo en cuenta. En ese momento trascendental, ¿qué querré haber hecho? ¿Qué NO querré haber hecho? Conviene hacer ahora lo que entonces me alegraré de haber hecho, y no lo que me pesará haber hecho.

La eternidad nos espera. Nos preocupamos mucho de lo terrenal que va durar muy poco. Nos preocupamos de la salud, del dinero, del éxito, de nuestra imagen, etc. Todo esto es transitorio. Lo único que va a perdurar es lo espiritual. El cuerpo se lo van a comer los gusanos. Lo único que va a quedar de nosotros es el alma espiritual e inmortal.

Con la muerte no termina la vida del hombre: se transforma, como dice el Prefacio de Difuntos. Palabras de Santo Tomás Moro sobre la morada en el cambio de destino.

Los que niegan la vida eterna es porque no les conviene. Pero negarla no es destruirla. La verdad es lo que Dios nos ha revelado.

Hoy es el momento de hacer balance. No sólo económico, sino también espiritual y moral.

Hagamos examen del año que termina.

Sin duda que habrá páginas maravillosas, que besaremos con alegría.

Pero también puede haber páginas negras que desearíamos arrancar. Pero eso ya no es posible. Lo escrito, escrito está.

Hoy abrimos un libro nuevo que tiene todas las páginas en blanco. ¿Qué vamos a escribir en él?

Que al finalizar este año que hoy comienza, podamos besar con alegría cada una de sus páginas.

Que no haya páginas negras que deseemos arrancar.

Puede que en ese libro haya cosas desagradables que no dependen de nosotros.

Lo importante es que todo lo que dependa de nosotros sea bueno.

Pidamos a Dios que dirija nuestra mano para que a fin de año podamos besar con alegría todo lo que hemos escrito.

También es el momento de examinar todas las ocasiones perdidas de hacer el bien.

Ocasiones irrecuperables. Pueden venir otras; pero las perdidas, no se recuperarán.

Finalmente, demos gracias a Dios de todo lo bueno recibido en el año que termina.

De la paciencia que Dios a tenido con nosotros.

Y de su gran misericordia.

¿Qué Deseo en un Año Nuevo?


Autor: P. Fernando Pascual LC | Fuente: Catholic.net
¿Qué deseo en un año nuevo?
Este año será distinto si te abres a Dios, si rompes con tu egoísmo, si empiezas a vivir no para ti mismo, sino para tantos corazones que te encontrarás este año.
 
¿Qué deseo en un año nuevo?

La pregunta me deja un poco inquieto. Porque sé que el “año nuevo” es simplemente una hoja de calendario, un cambio en los números, una simple tradición humana. Porque el tiempo escapa a nuestro control, y fluye sin cesar.

Pero casi todos, al llegar el año nuevo, damos una mirada al año que termina y soñamos en el año que comienza.

Lo pasado queda allí: fijo, inmodificable, casi pétreo. Con sus momentos buenos y sus fracasos, con sus sueños realizados y con los sueños que se evaporaron en el vacío, con las ayudas que me ofrecieron y con las ayudas que pude ofrecer a otros, con mis omisiones y mis cobardías.

Lo futuro inicia, como inició ayer, como inició hace un mes, como iniciará mañana.

Cada instante se presenta como una oportunidad que en parte depende de mi prudencia y de mis decisiones. En otra buena parte, depende de las decisiones de otros. En los dos casos, y aunque no siempre nos demos cuenta, depende de Dios.

De nuevo, ¿qué deseo en un año nuevo? Desearía la paz en Tierra Santa. Para que nadie privase a nadie de su tierra, de su casa, de su familia. Para que las religiones fueran vividas como lo que son: un camino para unir a los hombres bajo la luz de Dios. Para que la tierra donde vivió, murió y resucitó Cristo testimoniase con un estilo de vida nuevo la gran belleza del Evangelio.

Luego, desearía la paz en tantos lugares del planeta. Especialmente en África, donde todavía unos poderosos venden armas para la muerte pero no ofrecen comida para los hambrientos.

Querría, además, que desapareciese el aborto en todos los países del mundo. Lo cual no es ningún sueño imposible: basta con aprender a vivir responsablemente la vocación al amor para que ningún hijo sea visto como un “enemigo” o un obstáculo en el camino de la propia vida. Porque lo mejor que podemos hacer es vivir para los demás. Porque cada niño pide un poquito de amor y de respeto. Porque cada madre que ha empezado a serlo merece ayuda y apoyo, para que no le falten las cosas que más necesite durante los meses de embarazo y los primeros años de su hijo.

En este nuevo año me gustaría dialogar con quien piensa de modo distinto en un clima de respeto, sin insultos, sin desprecios, sin zancadillas. Porque si él y si yo somos humanos, porque si él y si yo queremos encontrar la verdad, podemos ayudarnos precisamente con una palabra nacida desde los corazones que saben escucharse y, más a fondo, que saben amarse…

El año que inicia querría tener más energías, más entusiasmo, más convicción, para enseñar a los otros lo que para mí es el tesoro verdadero: mi fe católica. Enseñarla, sobre todo, con mi vida. Querría ser, en ese sentido, más coherente, más bueno, más abierto, más disponible, más cercano. Especialmente cuando me encuentre con un pobre, con un enfermo, con una persona triste o desesperada, con quien llora porque sabe lo que muchos no se atreven a reconocer: que ha pecado. Porque sólo cuando me pongo ante mis faltas con honestidad clara y completa, descubro mi miseria y comprendo la de los otros. Y porque cuando reconozco mi miseria y la ajena puedo entender que necesitamos al único que puede limpiarnos con su palabra llena de perdón y de esperanza: Dios.

¿Qué deseo en un año nuevo? Quizá deseo demasiado. Quizá he soñado despierto. Quizá me he dejado llevar por una emoción inconsistente. Mientras, el reloj sigue su marcha, y, sin saberlo, me dice: este año será un poco distinto si te abres a Dios, si rompes con tu egoísmo, si empiezas a vivir no para ti mismo, sino para tantos corazones que encontrarás en los mil cruces de camino de este año que está iniciando…

Empieza el Año Señor, y Vuelvo a Buscar tu Compañia


Autor: Ma Esther De Ariño | Fuente: Catholic.net
Empieza el nuevo año, Señor, y vuelvo a buscar tu compañía
Tenemos las alforjas vacías y las vamos a ir llenando de cosas buenas, de cosas santas, de perdones y mucho amor.
Empieza el nuevo año, Señor, y vuelvo a buscar tu compañía

Ya estamos en el mes de enero.

Empieza el nuevo año, Señor, y vuelvo a buscar tu compañía. Hoy es jueves y de nuevo ante Ti, todavía un poco agitada de tanto correr, de tanto ajetreo, de tantos abrazos y felicitaciones,… unos alegres, otros… con las mismas penas y preocupaciones. Ya pasó todo y ahora vamos a empezar la “cuesta de enero”.

Ya se fueron las fiestas. Ya se fueron los abrazos, los bailes, el chocar de las copas, los convivios y el jolgorio. Supimos tener la excelancia en esos momentos de gozo. Ahora la excelancia nos tiene que acompañar en el trabajo y en el esfuerzo.

Pero ahora las caras son serias, el entrecejo fruncido, los labios apretados y el andar cansino para subir “la cuesta de enero”.
El dinero se gastó y el bolsillo está vacío. Los buenos propósitos…¡cómo cuesta poderlos cumplir! levantarse temprano, no fumar, no comer golosinas, no extralimitarse en la bebida, ser amable, no irritarse por cualquier cosa, estar en paz, no criticar, hacer ejercicio, saludar con una sonrisa al vecino, ser generosos, trabajar con honestidad y buen ánimo, pagar deudas, etcétera, etcétera, y así este mes de enero, serio y formal, se nos antoja un Everest cuya cima es casi inalcanzable. Visto así es normal que esto nos desanime y nos desaliente pero hay que buscarle un truco, algo que nos de ánimo en el desaliento, algo que nos de fuerza para poder alcanzar la meta que nos propusimos.

Al mirar el horizonte y juntar estos doce meses que nos esperan, si Tu nos das vida, nos sentimos abrumados, es demasiado.

Es muy dificil, es verdad. Pero si pensamos: Solo por hoy…va a ser más fácil. El hoy, el ahora que es el presente nos da la fuerza que necesitamos. El plazo breve para vencer las tentaciones es más efectivo que la cadena de días en el mismo esfuerzo. Solo por hoy. Solo por este momento, solo en este momento si puedo hacerlo y lo voy a hacer. Así momento tras momento, día tras día.

Y al llegar la noche, en la hora íntima de estar a solas con uno mismo, cuando realmente somos auténticos, repasar nuestro día que termina y hacer un buen balance.

Si en el día caímos, si no tuvimos voluntad suficiente, pedirte Señor perdón y fuerzas para el nuevo día. Y así con el -SOLO POR HOY, el camino se allana, el sendero se endulza y pierde su aridez, nuestros pasos son más seguros y firmes en ese Hoy que será el mañana de días y meses que nos darán la victoria al cabo del año andado.

Empezamos el año con las alforjas vacías y las vamos a ir llenando de cosas buenas, de cosas santas, de perdones, de sonrisas, de ternura, de generosidad, de alegría, de buenos modos, de fe, de ilusiones, de esperanza, de trabajo y de mucho amor.

Con todo esto iremos caminando por el nuevo año y seguro que siempre, en los días de sol y en los días grises, tal vez de llanto, buscaremos en nuestra alforja y vamos a encontrar todo aquello que será vital para esos momentos y que nos darán la fuerza para ser felices con Tu bendición.

Invítanos todos los dias a visitarte en la Eucaristía, frente a Ti, de rodillas ante en el Santísimo Sacramento, nuestro camino este año será lleno de alegría y paz.