Oración de principio y Fin de Año


 

Oración de fin y principio de año

Señor Dios, dueño del tiempo y de la eternidad, tuyo es el hoy y el mañana, el pasado y el futuro.

Al terminar este año quiero darte gracias por todo aquello que recibí de TI.

Gracias por la vida y el amor, por las flores, el aire y el sol, por la alegría y el dolor, por cuanto fue posible y por lo que no pudo ser.

Te ofrezco cuanto hice en este año, el trabajo que pude realizar y las cosas que pasaron por mis manos y lo que con ellas pude construir.

Te presento a las personas que a lo largo de estos meses amé, las amistades nuevas y los antiguos amores, los más cercanos a mí y los que estén más lejos, los que me dieron su mano y aquellos a los que pude ayudar, con los que compartí la vida, el trabajo, el dolor y la alegría.

Pero también, Señor hoy quiero pedirte perdón, perdón por el tiempo perdido, por el dinero mal gastado, por la palabra inútil y el amor desperdiciado.

Perdón por las obras vacías y por el trabajo mal hecho, y perdón por vivir sin entusiasmo.

También por la oración que poco a poco fui aplazando y que hasta ahora vengo a presentarte.

Por todos mis olvidos, descuidos y silencios nuevamente te pido perdón.

Mañana iniciaremos un nuevo año y detengo mi vida ante el nuevo calendario aún sin estrenar y te presento estos días que sólo TÚ sabes si llegaré a vivirlos.

Hoy te pido para mí y los míos la paz y la alegría, la fuerza y la prudencia, la claridad y la sabiduría.

Quiero vivir cada día con optimismo y bondad llevando a todas partes un corazón lleno de comprensión y paz.

Cierra Tú mis oídos a toda falsedad y mis labios a palabras mentirosas, egoístas, mordaces o hirientes.

Abre en cambio mi ser a todo lo que es bueno, que mi espíritu se llene sólo de bendiciones y las derrame a mi paso. Amén.

 

Una nueva etapa, de la mano de Jesús


Una nueva etapa, de la mano de Jesús

Publicado en web el 29 de Diciembre, 2011

Año Nuevo

Dispongámonos, en este inicio de año, a hacer un verdadero cambio interno, individual, y comencemos cada uno por nosotros mismos. Hagamos un análisis del año que concluye y, en base a ello, propongamos cómo será el año que comienza, siempre en compañía de Dios, pues sólo así lograremos la felicidad que tanto anhelamos.

31Fuente: autorescatolicos.org

Llegamos al término de un año y al inicio de otro, y como todos los seres humanos, que somos cíclicos por naturaleza, esta etapa significa muchas cosas. Para algunos es la nostalgia de un año que se va; las personas que no volveremos a ver; el trabajo o el estudio que dejamos atrás; quizás un amor perdido, o tal vez, un año más en que no hicimos algo productivo con nuestras vidas.

Para otros, sin embargo, puede ser la recapitulación de un año de logros; del nacimiento de nuevas amistades y consolidación de otras; de renovación con la familia; de crecimiento intelectual, espiritual, físico o emocional. Incluso puede ser el año en que encontramos al verdadero amor, el año en que superamos enfermedades, crisis económicas, conflictos familiares, problemas emocionales, situaciones de estudio, de trabajo o de apostolado.

Depositemos la confianza en Dios

Extrañamente, no todos nos damos cuenta de ello, y creemos que nuestros logros son por mérito propio, o incluso, que pudimos lograrlo por supercherías o amuletos Conozco a cierta familia (y abundan, ciertamente) que, año con año, en la víspera del Año Nuevo, saca las maletas y le da vueltas a su casa para “garantizar” que salgan de vacaciones en el año. ¿De qué sirve tanta parafernalia? ¿Cómo esperan experimentar el amor y la paz, si depositan su confianza en supersticiones?

Otra cosa que también acostumbramos, erróneamente, es hacer propósitos de Año Nuevo que no solamente no cumpliremos, sino que, al final de año, ni siquiera recordaremos. El clásico “tengo que bajar de peso”, o “tengo que conseguir un mejor trabajo”, o “me haré de un carro o de una casa nueva”. Pero, ¿qué hay de la parte familiar, espiritual y emocional? ¿Por qué no prometemos cosas tangibles, como compartir tiempo de calidad con la familia, o tal vez orar juntos?

Por tanto, ¿por qué no?, como parte de nuestros propósitos de Año Nuevo nos propondremos los siguientes doce puntos, y al final del calendario revisaremos qué tanto cumplimos con ellos, para saber dónde fallamos y dónde tenemos que trabajar más, así como para ver qué puntos no contemplados en esta lista tampoco pudimos satisfacer:

1.Conocer a Dios a través de la oración
2.Agradecer por todo lo bueno de nuestra vida y consagrarlo a Dios (familia, amigos, trabajo, estudio, noviazgo, etc.).
3.Ofrecer todo lo malo de nuestra vida (enfermedades, problemas económicos, legales, etc.) y buscar un acompañante espiritual que nos guíe hacia Dios.
4.Orar junto con la familia todos los días, para agradecer, alabar o pedir algo a Dios.
5.Acercarse más a la Eucaristía y a la Confesión, pero no por obligación, sino por convicción.
6.Unirse más a María Santísima en la oración, para que Ella nos lleve a su Hijo Jesús.
7.Conocer un poco más sobre nuestra fe a través de algún Curso, Taller o Plática en alguna Parroquia o Centro de Evangelización.
8.Anunciar a un Dios vivo y maravilloso en todos lados con nuestras actitudes de servicio y apoyo (familia, trabajo, amistad, noviazgo, etc.).
9.Iniciarnos en algún apostolado, grupo, comunidad o movimiento, para servir por medio de éste a Dios y a nuestros hermanos.
10.Orar por las necesidades de los demás; de los jóvenes, para que conozcan a Jesús, y en especial, pedir por nuestros Sacerdotes y Religiosos, que tanto lo necesitan.
11.Hacer alguna obra de caridad; contribuir con la Cooperación Diocesana; apoyar a algún orfanato, asilo o misión, pero no por deber, sino por amor.
12.Y el más importante con todo esto y con nuestro testimonio de vida: amar a Dios sobre todas las cosas.
Dice el dicho: “Año Nuevo, vida nueva”, pero sólo Jesús ha venido para darnos vida y vida en abundancia. Es Él quien puede liberarnos del pecado y de la muerte. ¿De qué sirve un nuevo año, con los mismos pecados? Propongámonos, en este inicio de año, hacer un cambio, un verdadero cambio interno, individual. Comencemos cada uno por nosotros mismos. Hagamos un análisis y, en base a ello, propongamos cómo será el año venidero, pues sólo así lograremos la felicidad que tanto anhelamos. ¡Feliz 2012!

 

semanario.com.mx

Examen de Conciencia en Año Nuevo


Publicado en web el 30 de Diciembre, 2010

Lupita:

Llevo dos años separada de mi esposo. Yo sé que mis hijos están pagando lo que ellos no deben, sino nosotros, y creo que no es justo. Estoy tratando de regresar sólo por ellos. Los veo sufrir y se me parte el corazón. Pero yo… la verdad es que no puedo perdonar. Son muchos los malos recuerdos, las palabras hirientes, las veces que él me ha dejado completamente sola, me ha corrido de la casa, argumentando que ya no puede con mi carácter, ante lo cual yo me pregunto si él creerá que tiene muy buen carácter, cuando en realidad ¡se enoja horrible! Así pues, ¿qué esperaba? ¿que yo me pusiera a llorar? Yo aprendí a responderle y a no dejarme, porque él me obligó.

Mi pregunta es: ¿Cómo regresar y olvidar? Él sí está dispuesto a volver también, por nuestros hijos.
Rebeca

Querida Rebeca:
Eres una mujer extraordinaria. Estás dispuesta a renunciar a tu propio gusto por amor a tus hijos; estás buscando más el bien del otro que el propio. Pero no te equivoques, el desafío es amar. No se trata de “regresar por los hijos”, sino de volver a amar de forma auténtica; si no es por esta razón, nada los beneficiará realmente.
Amar no significa estar al lado de quien te hace feliz o de aquél que te hace sentir bien. Amar es el compromiso de buscar el bien del ser amado, especialmente cuando eso te resulta difícil. No permaneces al lado del otro porque se te ha olvidado el pasado, sino porque, aun recordándolo, actúas como si lo hubieses olvidado.

Los seres humanos fallamos. Encontrar a quien nunca nos defraudará sólo puede suceder con Cristo. Es muy importante tomar esta realidad en cuenta dentro del matrimonio. Los esposos se conocen bien, y es sabio aceptar las sugerencias, peticiones o correcciones que pide el cónyuge. Abrirse al diálogo, ceder un poco y tomarse de la mano caminando y mirando en la misma dirección, eso es mantener vivo el amor; es decir, madurar en el amor.

Haz un examen de conciencia. Más que mirar los defectos de carácter de tu esposo, mírate a ti misma. ¿Eres la esposa ideal? ¿Te esmeras en hacer que tu marido disfrute su hogar? ¿Eres respetuosa tú con él? ¿Te has dado cuenta de que vives en el pasado, recordando todas las ofensas recibidas?

El reciente tiempo de Adviento preparó nuestras almas para la segunda venida de Cristo. Hoy nos hace falta pensar en la vida eterna y aprender a vivir nuestros días procurando ganarnos el Cielo. Nace un año nuevo y algunos solemos decir: Año nuevo, vida nueva.

Sé que es difícil, pero creo sinceramente que tu esposo cambiará si tú cambias para bien. Los malos modos, el resentimiento y los deseos de venganza no aportan sino amargura y desesperación.

El escritor Francisco Fernández Carvajal nos hace meditar sobre estos temas: “Cada día nuestro está lleno de posibilidades de hacer el bien, en cualquier circunstancia en la que nos encontremos. Sería triste que nuestra vida fuera como una gran avenida de oportunidades desperdiciadas; y todo por haber dejado que penetraran en nosotros la negligencia, la pereza, la comodidad, el egoísmo, la falta de amor”.
Hacer familia es tu misión. Que los primeros pasos sean buscando tu crecimiento personal a través de un Taller de manejo de emociones, además de un encuentro con Cristo vivo.

¡Feliz año nuevo!
Lupita Venegas/Psicóloga

http://www.valora-ac.org

Hoy es noche vieja


Autor: P Mariano de Blas | Fuente: Catholic.net
Hoy es Noche vieja
Deseo dormir en paz la última noche del año y despertar con el alma renovada para emprender la nueva jornada de este año que comienza.
 
Hoy es Noche vieja

Se fue un año más.

Al final del año es conveniente hacer un balance de los 365 días, para ver qué se hizo con ese año de vida. Conviene también saldar todas las deudas que se tienen con Dios y con los demás.

Quiero asomarme a la ventana de mi casa y mirar hacia atrás, hacia ese largo camino que he recorrido durante todo el año.

Si algo puedo ver, es que cada día de ese año transcurrido estuvo lleno del amor de Dios. Estoy en deuda con Él; por eso mi primera palabra al final del año es: ¡Gracias!.

Pero, al lado de tantas bondades de ese Dios, está la triste historia de la ingratitud y la mediocridad para con ese gran amigo. Por eso la segunda palabra tiene que ser: “¡Perdóname todos los errores, todas las mediocridades!. ¡Yo sé que me perdonas!”

Pero hay una tercera palabra que quiero decir: “Te pido un gran año para hacer con el una gran tarea, ayúdame a que este año que empieza sea mejor, que valga la pena vivir. Conviértelo en un gran año. Que aquello de “próspero año nuevo” no se quede en una ironía, sino en una verdad.

También quiero, al final del año, saldar cuentas con mi prójimo, quiero sacar de mi espíritu, arrancar, tirar todos los rencores, odios, resentimientos hacia mis hermanos. Quiero terminar el año bien con todos. Quiero poder decir que no tengo malos sentimientos hacia ningún ser humano.

Es hora de pedir perdón a todos los que en el camino he herido, molestado, desairado. A los que tenían derecho a esperar una respuesta y no se la di, a los que necesitaban una palabra de aliento y me quedé con ella. A los que encontré tirados en el camino de la vida, desesperados, tristes, vacíos de Dios y de ilusión, y pasé de largo porque tenía mucha prisa. Quiero pedirles perdón.

Deseo dormir en paz la última noche del año y despertar con el alma renovada para emprender la nueva jornada de este año que comienza.

Es importante recordar que este año será lo que cada uno haga con él. ¿Será el mejor o será el peor? ¿Será uno de tantos, ni bueno ni malo, sino todo lo contrario? De cada uno de nosotros depende.

Dios que te da ese año nuevo es el que más ardientemente te dice: ¡FELIZ AÑO!

Al Dios que me dio la vida, ¡gracias!.
Al Dios de mis días felices, ¡gracias!.
Al Amor de mis amores, ¡gracias!.
Puesto que al final de la vida me examinarán del amor, perdóname por no haber amado lo suficiente, y concédeme morir de amor.

Se Termina el año 2010


Autor: P. Jorge Loring SJ | Fuente: Catholic.net
Se termina el año 2010
Han pasado ya las penas y las alegrías. De ellas sólo quedan el mérito de haber sufrido con espíritu sobrenatural, y de haber agradecido a Dios.
 
Se termina el año 2010

El tiempo pasa volando. Han pasado ya las penas y las alegrías. De ellas sólo quedan el mérito de haber sufrido con espíritu sobrenatural, y de haber agradecido a Dios las satisfacciones. El pasado deja huella en la biografía que Dios tiene de mí.

El día de hoy podríamos considerar tres cosas:
a) El tiempo pasa.
b) La muerte se acerca.
c) La eternidad nos espera.

El tiempo pasa volando. Han pasado ya las penas y las alegrías. De ellas sólo quedan el mérito de haber sufrido con espíritu sobrenatural, y de haber agradecido a Dios las satisfacciones. El pasado deja huella en la biografía que Dios tiene de mí.

La muerte se acerca. Cada día que pasa estoy más cerca de ella. Es necio no querer pensar esto. Muchos de los que murieron el año pasado se creían que iban a seguir vivos en éste, pero se equivocaron. Puede que este año sea el último de nuestra vida. No es probable, pero sí posible. Debo tenerlo en cuenta. En ese momento trascendental, ¿qué querré haber hecho? ¿Qué NO querré haber hecho? Conviene hacer ahora lo que entonces me alegraré de haber hecho, y no lo que me pesará haber hecho.

La eternidad nos espera. Nos preocupamos mucho de lo terrenal que va durar muy poco. Nos preocupamos de la salud, del dinero, del éxito, de nuestra imagen, etc. Todo esto es transitorio. Lo único que va a perdurar es lo espiritual. El cuerpo se lo van a comer los gusanos. Lo único que va a quedar de nosotros es el alma espiritual e inmortal.

Con la muerte no termina la vida del hombre: se transforma, como dice el Prefacio de Difuntos. Palabras de Santo Tomás Moro sobre la morada en el cambio de destino.

Los que niegan la vida eterna es porque no les conviene. Pero negarla no es destruirla. La verdad es lo que Dios nos ha revelado.

Hoy es el momento de hacer balance. No sólo económico, sino también espiritual y moral.

Hagamos examen del año que termina.

Sin duda que habrá páginas maravillosas, que besaremos con alegría.

Pero también puede haber páginas negras que desearíamos arrancar. Pero eso ya no es posible. Lo escrito, escrito está.

Hoy abrimos un libro nuevo que tiene todas las páginas en blanco. ¿Qué vamos a escribir en él?

Que al finalizar este año que hoy comienza, podamos besar con alegría cada una de sus páginas.

Que no haya páginas negras que deseemos arrancar.

Puede que en ese libro haya cosas desagradables que no dependen de nosotros.

Lo importante es que todo lo que dependa de nosotros sea bueno.

Pidamos a Dios que dirija nuestra mano para que a fin de año podamos besar con alegría todo lo que hemos escrito.

También es el momento de examinar todas las ocasiones perdidas de hacer el bien.

Ocasiones irrecuperables. Pueden venir otras; pero las perdidas, no se recuperarán.

Finalmente, demos gracias a Dios de todo lo bueno recibido en el año que termina.

De la paciencia que Dios a tenido con nosotros.

Y de su gran misericordia.

¿Qué Deseo en un Año Nuevo?


Autor: P. Fernando Pascual LC | Fuente: Catholic.net
¿Qué deseo en un año nuevo?
Este año será distinto si te abres a Dios, si rompes con tu egoísmo, si empiezas a vivir no para ti mismo, sino para tantos corazones que te encontrarás este año.
 
¿Qué deseo en un año nuevo?

La pregunta me deja un poco inquieto. Porque sé que el “año nuevo” es simplemente una hoja de calendario, un cambio en los números, una simple tradición humana. Porque el tiempo escapa a nuestro control, y fluye sin cesar.

Pero casi todos, al llegar el año nuevo, damos una mirada al año que termina y soñamos en el año que comienza.

Lo pasado queda allí: fijo, inmodificable, casi pétreo. Con sus momentos buenos y sus fracasos, con sus sueños realizados y con los sueños que se evaporaron en el vacío, con las ayudas que me ofrecieron y con las ayudas que pude ofrecer a otros, con mis omisiones y mis cobardías.

Lo futuro inicia, como inició ayer, como inició hace un mes, como iniciará mañana.

Cada instante se presenta como una oportunidad que en parte depende de mi prudencia y de mis decisiones. En otra buena parte, depende de las decisiones de otros. En los dos casos, y aunque no siempre nos demos cuenta, depende de Dios.

De nuevo, ¿qué deseo en un año nuevo? Desearía la paz en Tierra Santa. Para que nadie privase a nadie de su tierra, de su casa, de su familia. Para que las religiones fueran vividas como lo que son: un camino para unir a los hombres bajo la luz de Dios. Para que la tierra donde vivió, murió y resucitó Cristo testimoniase con un estilo de vida nuevo la gran belleza del Evangelio.

Luego, desearía la paz en tantos lugares del planeta. Especialmente en África, donde todavía unos poderosos venden armas para la muerte pero no ofrecen comida para los hambrientos.

Querría, además, que desapareciese el aborto en todos los países del mundo. Lo cual no es ningún sueño imposible: basta con aprender a vivir responsablemente la vocación al amor para que ningún hijo sea visto como un “enemigo” o un obstáculo en el camino de la propia vida. Porque lo mejor que podemos hacer es vivir para los demás. Porque cada niño pide un poquito de amor y de respeto. Porque cada madre que ha empezado a serlo merece ayuda y apoyo, para que no le falten las cosas que más necesite durante los meses de embarazo y los primeros años de su hijo.

En este nuevo año me gustaría dialogar con quien piensa de modo distinto en un clima de respeto, sin insultos, sin desprecios, sin zancadillas. Porque si él y si yo somos humanos, porque si él y si yo queremos encontrar la verdad, podemos ayudarnos precisamente con una palabra nacida desde los corazones que saben escucharse y, más a fondo, que saben amarse…

El año que inicia querría tener más energías, más entusiasmo, más convicción, para enseñar a los otros lo que para mí es el tesoro verdadero: mi fe católica. Enseñarla, sobre todo, con mi vida. Querría ser, en ese sentido, más coherente, más bueno, más abierto, más disponible, más cercano. Especialmente cuando me encuentre con un pobre, con un enfermo, con una persona triste o desesperada, con quien llora porque sabe lo que muchos no se atreven a reconocer: que ha pecado. Porque sólo cuando me pongo ante mis faltas con honestidad clara y completa, descubro mi miseria y comprendo la de los otros. Y porque cuando reconozco mi miseria y la ajena puedo entender que necesitamos al único que puede limpiarnos con su palabra llena de perdón y de esperanza: Dios.

¿Qué deseo en un año nuevo? Quizá deseo demasiado. Quizá he soñado despierto. Quizá me he dejado llevar por una emoción inconsistente. Mientras, el reloj sigue su marcha, y, sin saberlo, me dice: este año será un poco distinto si te abres a Dios, si rompes con tu egoísmo, si empiezas a vivir no para ti mismo, sino para tantos corazones que encontrarás en los mil cruces de camino de este año que está iniciando…

Empieza el Año Señor, y Vuelvo a Buscar tu Compañia


Autor: Ma Esther De Ariño | Fuente: Catholic.net
Empieza el nuevo año, Señor, y vuelvo a buscar tu compañía
Tenemos las alforjas vacías y las vamos a ir llenando de cosas buenas, de cosas santas, de perdones y mucho amor.
Empieza el nuevo año, Señor, y vuelvo a buscar tu compañía

Ya estamos en el mes de enero.

Empieza el nuevo año, Señor, y vuelvo a buscar tu compañía. Hoy es jueves y de nuevo ante Ti, todavía un poco agitada de tanto correr, de tanto ajetreo, de tantos abrazos y felicitaciones,… unos alegres, otros… con las mismas penas y preocupaciones. Ya pasó todo y ahora vamos a empezar la “cuesta de enero”.

Ya se fueron las fiestas. Ya se fueron los abrazos, los bailes, el chocar de las copas, los convivios y el jolgorio. Supimos tener la excelancia en esos momentos de gozo. Ahora la excelancia nos tiene que acompañar en el trabajo y en el esfuerzo.

Pero ahora las caras son serias, el entrecejo fruncido, los labios apretados y el andar cansino para subir “la cuesta de enero”.
El dinero se gastó y el bolsillo está vacío. Los buenos propósitos…¡cómo cuesta poderlos cumplir! levantarse temprano, no fumar, no comer golosinas, no extralimitarse en la bebida, ser amable, no irritarse por cualquier cosa, estar en paz, no criticar, hacer ejercicio, saludar con una sonrisa al vecino, ser generosos, trabajar con honestidad y buen ánimo, pagar deudas, etcétera, etcétera, y así este mes de enero, serio y formal, se nos antoja un Everest cuya cima es casi inalcanzable. Visto así es normal que esto nos desanime y nos desaliente pero hay que buscarle un truco, algo que nos de ánimo en el desaliento, algo que nos de fuerza para poder alcanzar la meta que nos propusimos.

Al mirar el horizonte y juntar estos doce meses que nos esperan, si Tu nos das vida, nos sentimos abrumados, es demasiado.

Es muy dificil, es verdad. Pero si pensamos: Solo por hoy…va a ser más fácil. El hoy, el ahora que es el presente nos da la fuerza que necesitamos. El plazo breve para vencer las tentaciones es más efectivo que la cadena de días en el mismo esfuerzo. Solo por hoy. Solo por este momento, solo en este momento si puedo hacerlo y lo voy a hacer. Así momento tras momento, día tras día.

Y al llegar la noche, en la hora íntima de estar a solas con uno mismo, cuando realmente somos auténticos, repasar nuestro día que termina y hacer un buen balance.

Si en el día caímos, si no tuvimos voluntad suficiente, pedirte Señor perdón y fuerzas para el nuevo día. Y así con el -SOLO POR HOY, el camino se allana, el sendero se endulza y pierde su aridez, nuestros pasos son más seguros y firmes en ese Hoy que será el mañana de días y meses que nos darán la victoria al cabo del año andado.

Empezamos el año con las alforjas vacías y las vamos a ir llenando de cosas buenas, de cosas santas, de perdones, de sonrisas, de ternura, de generosidad, de alegría, de buenos modos, de fe, de ilusiones, de esperanza, de trabajo y de mucho amor.

Con todo esto iremos caminando por el nuevo año y seguro que siempre, en los días de sol y en los días grises, tal vez de llanto, buscaremos en nuestra alforja y vamos a encontrar todo aquello que será vital para esos momentos y que nos darán la fuerza para ser felices con Tu bendición.

Invítanos todos los dias a visitarte en la Eucaristía, frente a Ti, de rodillas ante en el Santísimo Sacramento, nuestro camino este año será lleno de alegría y paz.

Año Nuevo, Vida Nueva


El dinero o la vida
Profesionales que renuncian al éxito y al dinero seducidos por los placeres de la sencillez

Joe Domínguez se subió al tren de alta velocidad en el Harlem hispano y no se bajó hasta llegar a Wall Street, convertido en flamante asesor de inversión en Bolsa: ejemplo modélico de «self-made man», triunfador nato, encarnación perfecta del sueño americano…

«Y te voy a decir una cosa: miraba a mi alrededor, me fijaba en las caras de esos “gringos” que sólo pensaban en amasar dólares y me decía para mis adentros: “Pues si resulta que éramos más felices en el barrio, con todas nuestras miserias”».

A la chita callando, Joe fue albergando una secreta ambición: renunciar a todas sus ambiciones.

Siguió trabajando como el que más, unas doce horas al día, pero se fijó una meta temprana para la «jubilación»: 31 años. A esa edad, calculaba, habría ganado lo suficiente como para vivir de las rentas y hacer un corte de mangas a la vorágine capitalista: «¡Ahí te quedas, Wall Street!».

Veinticinco años después, Joe Domínguez se ha convertido sin quererlo en el gurú de un movimiento que está haciendo temblar los cimientos de la sociedad americana: el «downshifting» o la simplicidad voluntaria. Según el Trends Research Institute de Nueva York, la vuelta a la simplicidad será una de las tendencias más evidentes de fin de siglo (de aquí a cinco años caerán en sus redes más de cuatro millones de profesionales americanos).

Joe Domínguez, pionero del «downshifting», presume de vivir sin privaciones con 7.000 dólares al año (¡850.000 pesetas!). Comparte gastos y fatigas con su mujer, Vicki Robin, que renunció a hacer carrera como directora teatral para dedicarse a la simplicidad. Juntos firmaron un libro de espectacular éxito, El dinero o la vida, que se ha convertido con el tiempo en la Biblia del nuevo modelo de vida.

«La gente comienza a darse cuenta de que no podemos seguir a este ritmo, que esta carrera de ratas nos lleva de cabeza al abismo», afirma Joe. «Cuando empezamos en los ochenta, eran pocos los que nos comprendían. Ahora que se ha pasado la cosa “yuppy”, el fenómeno ha estallado de pronto. Por fin comienzan a darse cuenta de que la calidad de vida no consiste en tener más dinero de lo que puedas gastar, sino en ser dueño de tu energía vital y de tu propio tiempo».

Nunca es tarde

«Haz lo que te gusta y el dinero irá detrás», dice una de las máximas del «downshifting», y Vicki Robin lo ratifica con 50 años de experiencia, propia y ajena: «Podría hablarte de decenas de casos de gente que ha dejado un trabajo que le esclavizaba y ha emprendido una nueva vida, a los treinta, a los cuarenta. ¡Nunca es tarde!».

Joe y Vicki viven en las afueras de Seattle, en un modesto chalé de clase media. En la casa no sobra nada, pero tampoco falta. Tienen televisión, dicen, porque un amigo se la prestó hace tiempo y se le olvidó reclamarla. En el patio trasero está aparcado el viejo Toyota, impecable pese a sus once años.

En el sótano han instalado el cuartel general de la New Road Map Foundation, una asociación de voluntarios consagrada al proselitismo de la vida simple… «No nos conformamos con ayudar a la gente a alcanzar la independencia financiera y a disfrutar del bajo consumo. Nuestra intención va más allá: reivindicamos el derecho a que se nos vuelva a tratar como ciudadanos, y no como meros consumidores».

Domínguez y Robin han creado escuela en el noroeste americano. Seattle y Portland se perfilan ya como las mecas de los «downshifters», ciudades vivibles y a la medida del hombre, en las antípodas de Nueva York o Los Angeles.

En Portland, precisamente, vive otro de los grandes de la vida simple: Dick Roy, cotizadísimo abogado hasta hace dos años, cuando decidió renunciar a sus envidiables emolumentos (dos millones de pesetas al mes) y predicar la austeridad con el ejemplo.

Ahora conduce un Honda de ocho años y tiene sólo un par de pantalones en el armario, se hace el pan en casa y presume de no desperdiciar nada: una bolsa de basura le vale para todo el año.

«No fue un cambio de la noche a la mañana», asegura Roy. «Lo llevaba meditando desde hacía tiempo. Me ayudó mucho mi mujer, Jeanne, que nunca sintió la más mínima pasión por el dinero. En cuanto a mí, el sueño americano se estaba convirtiendo en una auténtica pesadilla».

Roy se bajó del tren de alta velocidad a los 54 años, pero no fue ni mucho menos una jubilación anticipada. El secreto de su contagiosa juventud, dice, es mantenerse siempre activo: a las ocho de la mañana está ya al pie del cañón en el Northwest Earth Institute, la asociación ambientalista que fundó para dar sentido a su nueva vida.

La apacible ciudad de Portland acaba de reconocerle como «hijo honorífico», y es que Dick Roy tiene las puertas abiertas allá donde vaya: escuelas, oficinas,… Sus seminarios van desde «La Ecología en Casa» hasta «La Simplicidad Voluntaria». Sus «alumnos» son médicos, abogados y ejecutivos que por primera vez se preguntan: «¿Cuánto es demasiado?».

«Hace dos años éramos mi mujer y yo; ahora hay más de 30.000 “voluntarios” en el estado de Oregón nadando contra la corriente».

De vuelta en Seattle, atravesando el imperio tecnológico de Bill Gates, aterrizamos en el bucólico barrio de Green Lake, donde están creciendo como hongos los «Círculos de la Vida Simple». El punto de encuentro es un pequeño café con sabor a pueblo, el Honey Bear Bakery, y la impulsora se llama Cecile Andrews, ex administradora en una escuela pública.

A Cecile le apasiona hablar y le revienta que los americanos no hablen: «Nos hemos acostumbrado a sentarnos delante del televisor y a no pensar. Nos dejamos programar automáticamente y hemos convertido el salir de compras en nuestra principal diversión».

Desde su columna semanal en el Seattle Times, Cecile pone sobre la mesa datos alarmantes como éste: «Los padres norteamericanos pasan una media de seis horas a la semana comprando y sólo cuarenta minutos jugando con sus hijos». O como este otro, en boca de Juliet Schor, economista de Harvard: «En Norteamérica se trabaja como media un mes al año más que hace dos décadas. Somos un país de adictos al trabajo: buscamos el éxito profesional y el estatus por encima de todo, y dejamos casi siempre de lado nuestra vida personal».

Desde hace dos meses, sus columnas en el Seattle Times están sirviendo de auténtico revulsivo, pero ella confía sobre todo en el poder del «boca a boca»: «A mi primera tertulia, a principios de los ochenta, vinieron dos personas. Cuando lo intenté por segunda vez, en 1992, aparecieron 175».

A Janet Luhrs, 45 años, la llamada de la simplicidad le llegó a las dos semanas de ser madre: «Me licencié en Derecho un mes antes de tener a Jessica. Entonces pensaba en lo que alguna vez pensamos todos: el éxito profesional, la realización personal y todas esas cosas. Me incorporé a un despacho de abogados y no duré ni dos semanas en el trabajo. Salí por pies de aquel infierno: me di cuenta de que era una estupidez dejarse la piel de aquella manera para poder pagar la guardería».

Janet volvió al hogar, dulce hogar, para disfrutar de la maternidad por partida doble (después llegaría Patric). Descubrió las ventajas de trabajar en casa y volvió con mucha calma a su ocupación original, periodista.

Hace tres años, cubierta ya con creces su vocación maternal, decidió complicarse la vida con el lanzamiento de una revista trimestral, Simple Living, que hoy por hoy cuenta con suscriptores de las partes más remotas del planeta.

«Mucha gente piensa equivocadamente que vivir de una manera simple equivale a la pobreza», se rebela Janet, custodiada por sus gatos Snowball y Midnight. «Mira a tu alrededor y verás que no nos privamos de nada, de nada que nos haga falta. Este año, como mis hijos apenas han visto la televisión, no sabían qué pedirme por Navidades…».

«Simples» españoles

En España no se han fundado revistas ni se han abierto cafés que cumplan el papel de «cuarteles generales» ni nada que se pueda identificar todavía con algo parecido a un movimiento, pero cada vez son menos extraños los profesionales que renuncian a vivir con la lengua fuera y se desenganchan de un pretendido éxito que en realidad les maltrata.

Como el ex abogado Dick Roy al otro lado del Atlántico, Lola Fonseca, 51 años, se encuentra entre quienes piensan que nunca es tarde para optar por uno mismo. «Cuando vi que corría el peligro de jubilarme como un “broker” que perdía cada día el aliento por seguir, decidí que había llegado el momento de renunciar a todo aquello. Lo vi tan claro, que ni siquiera sopesé ni los pros ni los contras, simplemente me largué». Fue en el 92.

Fonseca se lanzó sin red: 46 años, tres hijos, dos de ellos todavía dependientes, dos años de paro, ningún ahorro y apenas una leve idea de qué es lo que en adelante podría hacer. «Aquello no lo entendió nadie, ni compañeros, ni jefes ni amigos. Sobre todo, porque la mía era una profesión mitificada, de prestigio social y con la que se ganaba bastante dinero. Pero me apoyaron».

Empezó a pintar cojines. «Siempre me habían dado envidia los artesanos, porque me los imaginaba tranquilos en su tallercito, haciendo objetos que les gustaban, un trabajo muy humano. ¡Eso es lo que yo quiero hacer!, me dije». Y no paró hasta contar con su puesto de artesanía en una feria de Madrid. Hoy pinta y vende pañuelos de seda en una tienda que es, a la vez, taller. «Este era mi sueño y acabo de alcanzarlo. El dinero en sí no me interesa. Sólo quiero lo justo que me permita hacer lo que quiero, que es seguir ideando cosas nuevas con seda pintada».

Alfonso Anabitarte tenía 31 años cuando le ofrecieron poner el pie en una escalera ascendente: jefe de administración de varias oficinas financieras ligadas al entonces Banco Hispanoamericano, en Madrid. Y dijo que no. «Estaba harto de trabajar con papeles, de las comidas de trabajo, de las reuniones, de estar siempre a disposición de la empresa, toda tu vida en función de la empresa y la empresa que te atrapa. Hasta acabas por restringir el círculo de amistades».

Aprovechó sus dos años de paro para aprender a trabajar la madera en un curso de Formación Profesional, rodeado de adolescentes que le miraban como a un sapo de otro pozo. Se trasladó a vivir a Alpedrete, a las afueras de Madrid, y comenzó a ganarse la vida como ebanista: «¿El dinero? Sólo pretendo que no se transforme en una preocupación. No quiero ser rico ni que me falte. Mi nivel de gasto en la ciudad era muy superior al necesario. Ahora tengo un coche de segunda mano que me lleva, con un radio-cassette que me costó 3.000 pesetas y tengo el mismo equipo de música desde hace 15 años».

Persigue cada día su propia fórmula para alcanzar el éxito, y asegura que no siempre resulta fácil: trabajar las horas justas que te permitan ganar lo que necesitas para vivir. Ni una más.

Anabitarte no se conformó con hacer muebles: junto a otros amigos decidió poner en marcha una asociación cultural -La Kalle-, que, entre otras cosas, pone en marcha proyectos de integración laboral para jóvenes marginados o con problemas de drogadicción a quienes enseñan a trabajar la madera.

«Me di cuenta de que el trabajo me imponía un estilo de vida y una forma de ver las cosas con las que no tenía demasiado que ver y que me hacían entrar en una eterna contradicción cotidiana. Ahora aquí estoy, pasé de todo aquello y no me ha pasado nada. Estoy muy a gusto y muy satisfecho con mi vida».

Doce meses para desactivarse

Janet Luhrs, editora del boletín Simple Living, aconseja a todos un programa de «desintoxicación» consumista para 1996 en doce fases, a una por mes.

Enero.- Nunca vuelva a salir de compras por diversión, sino porque verdaderamente le haga falta algo. Antes de comprar nada, pregúntese: ¿Lo necesito realmente o no es más que otro capricho innecesario? ¿Acabará guardado en un cajón? ¿Merece la pena pagar lo que me piden?

Febrero.- Tener varias tarjetas de crédito no supone a veces más que gastos innecesarios y preocupaciones inútiles. Cancele todas menos una, y utilícela sólo en casos de emergencia. Pague siempre que pueda en metálico.

Marzo.-
Mejor un coche de segunda mano al contado que uno de primera que nos tenga dos o tres años hipotecados. Sea realista y no se deje seducir por la publicidad. Compre un automóvil a su justa medida, que cubra sus necesidades más importantes.

Abril.- Ponga la casa patas arriba y despréndase de todo lo que no le sirva: muebles, ropa, discos, libros… Todo lo que no haya utilizado en el último año probablemente no le servirá nunca más. Venda lo que pueda en tiendas de segunda mano o done sus pertenencias a una institución benéfica.

Mayo.- Permítase todos los días al menos diez minutos para reflexionar. Tómese su tiempo y rompa de una vez por todas el ritmo vertiginoso de vida. En resumen, recupere la facultad de pensar.

Junio.- ¿Por qué esa costumbre de coger el coche para ir a la vuelta de la esquina? ¿Se ha parado a pensar cuántas horas se pasa al año al volante? Utilice el transporte público y camine siempre que le sea posible.

Julio.- Llévese la comida de casa al trabajo si es posible. Evite salir a comer a una de las innumerables cadenas de «comida rápida». Se lo agradecerá su bolsillo y, lo que es más importante, su salud.

Agosto.- Nunca haga dos cosas al mismo tiempo: conducir y hablar por teléfono, cocinar y ver la televisión… Disfrute de cada cosa a su tiempo y reduzca sensiblemente el tren de vida.

Septiembre.- Comience el mes haciendo un cheque a su nombre. Invierta en sí mismo. Estrene cuenta de ahorros.

Octubre.- Recupere el placer de la lectura, dé un paseo, contemple una puesta de sol, haga excursiones al campo, disfrute de la conversación con los amigos y, por favor, apague de una vez por todas la televisión. Hay que aprender a saborear las cosas simples.

Noviembre.-
Acabe con las sesiones maratonianas de trabajo. Nunca se lleve trabajo de la oficina y haga lo imposible por regresar antes a casa y cenar siempre que pueda en familia. Organice por lo menos una cena especial a la semana: saboree los alimentos, converse relajadamente con los suyos y desconecte el teléfono.

Diciembre.- Diga no a la actividad constante y canalice su energía vital hacia otras cosas que no sean el trabajo. Practique un «hobby», participe en actividades solidarias y reciba las múltiples gratificaciones que le pueda dar la vida misma. Ha llegado el momento de desactivarse.


Carlos Fresneda / Flora Saez
El Mundo. Domingo, 7 de enero de 1996

Año Nuevo: Poner las Ultimas Piedras


En este año nuevo, revisamos el valor que nos enseña la importancia de terminar lo que emprendemos.
Comenzar algo siempre nos llena de entusiasmo. Un nuevo trabajo, un nuevo proyecto, una nueva relación trae consigo esperanzas y expectativas. En realidad poner “la primera piedra” de un edificio es relativamente sencillo. Pero poner “la última piedra” no es tan fácil.

El poner la última piedra es un valor que nos enseña la importancia de terminar lo que emprendemos y no dejarlo a medias.

Cuando termina un año, se da un doble fenómeno: el de la alegría de comenzar un nuevo ciclo, pero en cierta forma también un poco la tristeza de ver que no terminamos todo lo que nos propusimos.

No podemos permitir que el desánimo o la tristeza nos impidan actuar. Los grandes proyectos requieren de un trabajo constante. Las grandes obras se componen de pequeños esfuerzos que se realizan todos los días. Pero también es importante sentarse a meditar en qué queremos lograr y hacia donde esperamos ir. Si no tenemos la constancia y la lucha diaria de construir las cosas grandes con pequeños detalles, nos quedaremos colocando primeras piedras, pero no acabaremos nuestras obras.

Poner la última piedra es la culminación que nos brinda paz y una conciencia serena. Quienes siempre emprenden pero nunca terminan acaban desanimándose y llegando a un conformismo mediocre que no es sano.

Para poner últimas piedras, debemos conocer nuestras capacidades y nuestros defectos. Pero nuestros proyectos siempre deben exigirnos un poco más de lo que podemos hacer. Todos los seres humanos tenemos limitaciones que vamos conociendo con el paso del tiempo. Un joven es mucho más soñador que un adulto. Los jóvenes con frecuencia se establecen metas demasiado altas, poco acordes a sus posibilidades reales. Por el contrario, a veces las personas mayores tienden a ser más pesimistas, pues se han dado cuenta de que la vida no es tan sencilla y que los sueños son difíciles de materializar.

Pero ninguna de las dos actitudes es sana: ni la del joven que no mide sus posibilidades, ni la del adulto que deja de soñar. Tener una actitud equilibrada significa plantearnos metas un poco mayores de lo que sabemos que podemos hacer, y asegurarnos de poner la última piedra. Y una vez que lo logremos, volver a empezar haciendo planes, proyectos y fijándonos nuevas metas, cada vez más altas.

Podemos sentir desánimo porque nosotros no pudimos hacer lo que queríamos, y es lógico. Sin embargo nunca debemos olvidar que si lo que emprendemos no lo hacemos solo para nosotros, ni solo nosotros, sino haciéndolo para la Gloria de Dios y contando con Su ayuda, lo lograremos.

Siempre conviene recordar el Episodio de las Bodas de Caná que nos narra San Juan en su Evangelio, cuando Nuestro Señor Jesucristo hizo su primer milagro: Convirtió el agua en vino, pero hay una nota muy importante que debemos resaltar: antes de convertir el agua en vino, pidió que se llenaran seis tinajas que tenían para las purificaciones de los judíos. El evangelista nos narra que “las llenaron hasta arriba”. Este pasaje debe recordarnos que el Señor podría haber creado el vino por un solo acto de Su voluntad, sin embargo quiso que los hombres llenaran las tinajas. Dios está dispuesto a ayudarnos, y hará lo que nosotros no podemos, pero cuenta con nuestro esfuerzo. Y nosotros debemos “llenar las tinajas hasta arriba”, no hasta la mitad, ni a tres cuartos de su capacidad, sino “hasta arriba”. Esto significa que cuando tengamos un proyecto, un trabajo, o pongamos una “primera piedra”, debemos hacer nuestro mejor esfuerzo, y confiar en que Dios suplirá lo que nosotros no podemos hacer.

Es fácil poner primeras piedras, pero no es tan fácil poner últimas piedras. Quien pone últimas piedras se convierte en un elemento fundamental en su familia, en el trabajo, en la comunidad, porque todo el mundo sabe lo difícil que es concluir una tarea y lo fácil que es empezarlas. El secreto de la última piedra está en que si nosotros hacemos nuestro mejor esfuerzo y se lo ofrecemos a Dios, él se encargará de ayudarnos a concluirlo.

Dentro de lo que nos corresponde a nosotros, para vivir el valor de poner últimas piedras podemos:

– Establecer una fecha clara para terminar un proyecto.

– Saber que todo cuanto emprendamos tarde o temprano tendrá obstáculos, y estar preparado para ello.

– Crear un calendario en el que establezcamos acciones concretas para terminar nuestros proyectos.

– Todo gran edificio está construido con partes más pequeñas. Debemos acostumbrarnos a hacer pequeñas acciones, pero muy constantes.

– No poner una sola “última piedra” sino muchísimas, que el culminar nuestras actividades o proyectos se convierta en un hábito, y no en una excepción.

Concluye un año y empieza otro. Y es el momento no solo de hacer propósitos, sino de hacer nuestro esfuerzo humano para “llenar las tinajas”, pero nunca olvidar que si realmente queremos poner la última piedra, debemos pedir la ayuda de Dios y él no nos la negará.

Pidámosle a la Santísima Virgen María que interceda ante nuestro Señor para que este año que comienza tenga muchos y muy buenos propósitos, pero que sobre todo tenga muchas “últimas piedras” y que la mejor “última piedra” sea la de vivir al final de este año que comienza como buenos cristianos que amemos a Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con todas nuestras fuerzas, y que amemos al prójimo como a nosotros mismos.

En El Alba de un Nuevo Año


EN EL ALBA DE UN NUEVO AÑO

J. RATZINGER


En la liturgia de la iglesia, el año nuevo es simplemente el día octavo después de la navidad, después del nacimiento del Señor. En esta subordinación del comienzo del año civil bajo el misterio de la fe y de su nuevo inicio, se advierte a las claras la transformación del tiempo que se opera mediante la fe. Sin la fe, nuestro calendario no es otra cosa que la medida de las rotaciones de la tierra: en veinticuatro horas gira la tierra en torno a sí misma, y en trescientos sesenta y cinco días, en torno al sol. Día y año son dimensiones puramente mecánicas, expresión de una marcha circular que siempre se repite de nuevo. El tiempo es un círculo; no tiene ningún de dónde y adónde. La tierra realiza su carrera, prescindiendo del sufrimiento y de las esperanzas de los hombres que sobre ella viven.

La fe transforma el tiempo. Su unidad de medida no son los movimientos de los astros, sino las acciones de Dios, en las cuales él nos aplica su corazón. Los dos grandes acontecimientos que proporcionan al tiempo un nuevo eje son el nacimiento y la resurrección del Señor. A partir de estos hechos de Dios, surge la festividad cristiana, que no tiene nada que ver con las órbitas descritas por los astros. La repetición de las fiestas es algo totalmente distinto del discurrir de los días desde el principio del año al final del mismo. No es un circular eterno, sino la expresión de lo inagotable del amor, del corazón que apunta hacia nosotros en la acción del recuerdo. Así el comienzo cristiano, que significan las navidades, posee también un nuevo contenido frente al inicio del año civil: es, ni más ni menos, que la posibilidad siempre nueva de retornar a la bondad de Dios encarnada, y de convertirnos en hijos y de vivir de nuevo a partir de ello.

Pero se hace, asimismo, patente algo nuevo: el octavo día después de la navidad tiene, en la liturgia y en el derecho de Israel, un significado bien determinado: es el día de la circuncisión y de la imposición del nombre, esto es, el día de la aceptación legal en la comunidad de Israel, en su promesa y de la recepción responsable de la carga que supone la ley. Un hombre no nace propiamente con su nacimiento biológico. Porque no consta sólo de lo biológico, sino de espíritu, de lenguaje, de historia, de comunidad. Pero, para ello, necesita de los otros, que le otorgan el lenguaje, la comunidad, la historia y el derecho. El día octavo en la vida de Jesús significa que él se naturalizó legalmente con su pueblo. Dios se naturalizó en ese mundo y recibió su nombre, que le muestra como ciudadano de nuestra historia y que hace que se le pueda denominar o nombrar como hombre. Y sólo por su naturalización en nuestra historia llega a plenitud y se completa, a la inversa, el oscuro misterio de nuestro propio nacimiento: el comienzo humano, que se halla indeciso entre la bendición y la maldición, entró en el signo de la bendición. Nuestro signo estelar es, a partir de ahí, él, el Niño nacido y naturalizado entre nosotros, el cual lleva nuestra historia humana hacia Dios.

Finalmente, se puede también afirmar esto: el octavo día es asimismo el día de su resurrección y, al mismo tiempo, el día de la creación; la creación no queda establecida estéticamente, sino que se orienta hacia la resurrección. Así el día octavo se convierte en el símbolo del bautismo, en el símbolo de la esperanza cristiana en fin de cuentas: la resurrección, la vida del Niño es más fuerte que la muerte. Nuestro camino es esperanza: en medio del tiempo que pasa se halla el nuevo comienzo, que ha entrado en la marcha del amor eterno.