14 de Febrero


 

14 de Febrero

“Día del amor y la amistad y San Valentín”

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Existen diversas teorías que otorgan a esta fecha el origen del Día de los Enamorados. En los países nórdicos (Dinamarca, Finlandia, Noruega, Suecia) es durante estas fechas cuando se emparejan y aparean los pájaros, de ahí que este periodo se vea como un símbolo de amor, fertilidad y de creación.

Algunos creen que es una fiesta cristianizada del paganismo, ya que en la antigua Roma se realizaba la adoración al dios del amor, cuyo nombre griego era Eros y a quien los romanos llamaban Cupido. En esta celebración se pedían los favores del dios a través de regalos u ofrendas para conseguir así encontrar de una vez por todas a la pareja ideal.

Eros: (Griego) Amor, Deseo. Erótica (el sufijo ika relacionado con” ósea relacionado con el amor o deseo).

Cupidus: (Latín) Deseoso, ansioso, apasionado, el que ama y desea con pasión.

Muchos piensan que San Valentín se celebra desde hace poco y que surgió por el interés de los grandes centros comerciales, pero su origen se remonta a la época del Imperio Romano.

Hacia 1840, la artista y empresaria Esther A. Howland (1828-1904) fue la responsable de la popularización de San Valentín en tarjetas de felicitación conocidas como “valentines”, con símbolos como la forma del corazón o de Cupido. Los estudiantes en los Estados Unidos en secreto intercambiaban poemas en hojas de papel, inspirada en estos actos simplemente lo formalizo con sus tarjetas tan conocidas al día de hoy. También en este día es común la tradición de regalar rosas o chocolates a aquellas personas a las que se tiene un especial afecto.

San Valentín

Era un sacerdote que hacia el siglo III ejercía en Roma. Gobernaba el emperador Claudio II, quien decidió prohibir la celebración de matrimonios para los jóvenes, porque en su opinión los solteros sin familia eran mejores soldados, ya que tenían menos ataduras.

El sacerdote consideró que el decreto era injusto y desafió al emperador. Celebraba en secreto matrimonios para jóvenes enamorados (de ahí se ha popularizado que San Valentín sea el patrón de los enamorados). El emperador Claudio se enteró y como San Valentín gozaba de un gran prestigio en Roma, el emperador lo llamó al Palacio.

San Valentín aprovechó aquella ocasión para hacer proselitismo del cristianismo. No dejaba de interceder en favor de su fe católica y contra el estado de persecución en que a menudo se encontraba sumida la Iglesia.

El soberano, que estaba interesado en granjearse la amistad y la colaboración del inteligente sacerdote cristiano, escuchó con agrado sus razones. Por eso intentó disuadirle del que él creía exagerado fanatismo; a lo que replicó Valentín evangélicamente:

“Si conocierais, señor, el don de Dios, y quién es Aquel a quien yo adoro, os tendríais por feliz en reconocer a tan soberano dueño, y abjurando del culto de los falsos dioses adoraríais conmigo al solo Dios verdadero”.

Aunque en un principio Claudio II mostró interés, el ejército y el Gobernador de Roma, llamado Calpurnio, le persuadieron para quitárselo de la cabeza.

Protestaron enérgicamente de las atrevidas palabras dirigidas contra los dioses romanos, calificándolas de blasfemas. Temeroso Claudio II de que el Gobernador levantara al pueblo y se produjeran tumultos, ordenó que Valentín fuese juzgado con arreglo a las leyes, algo parecido con lo sucedido con Jesús y el temor de Pilato.

Interrogado por Asterio, teniente del Gobernador, San Valentín continuó haciendo profesión de su fe sin ningún temor, afirmando que es Jesucristo:

“La única luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo”.

El teniente, que tenía una hija ciega, al oír estas palabras, pretendiendo confundirle, le desafió:

“Pues si es cierto que Cristo es la luz verdadera, te ofrezco ocasión de que lo pruebes; devuelve en su nombre la luz a los ojos de mi hija, que desde hace dos años están sumidos en las tinieblas, y entonces seré también cristiano”.

Valentín hizo llamar a la joven a su presencia, y elevando a Dios su corazón lleno de fe, hizo sobre sus ojos la señal de la cruz, exclamando:

“Tú que eres, Señor, la luz verdadera, no se la niegues a ésta tu sierva”.

Al pronunciar estas palabras, la muchacha recobró milagrosamente la vista.

Asterio y su esposa, conmovidos, se arrojaron a los pies del Santo, pidiéndole el Bautismo, que recibieron, juntamente con todos los suyos, después de instruidos perfectamente en la por siempre Santa fe católica.
La joven Julia, agradecida al santo, plantó un almendro de flores rosadas junto a su tumba. De ahí que el almendro sea símbolo de amor y amistad duraderos.

El emperador se admiró del prodigio realizado y de la conversión obrada en la familia de Asterio; y aunque deseara salvar de la muerte al presbítero romano, tuvo miedo de aparecer, ante el pueblo, sospechoso de cristianismo.

Y San Valentín, después de ser encarcelado, cargado de cadenas, y apaleado con varas nudosas hasta quebrantarle los huesos, se unió íntima y definitivamente con Cristo, a través de la tortura de su degollación. Lo martirizaron y ejecutaron el 14 de febrero del año 270.

Reflexión

Amor: (Latín) a = de o desde; mori = morir.

Amistad: (Latín) micus = amigo; sufijo dad = cualidad; ¿cual es la cualidad del amigo? = Morir por ti.

Podemos concluir entonces que la celebración del 14 de Febrero es el recordar que el amor se demuestra muriendo por el ser amado y por todos los demás  y solamente así se puede demostrar.

Las tarjetas, rosas y chocolates nunca suplantaran el acto de la entrega mutua, como lo hizo San Valentín que prefirió morir él a que muriera el amor, como murió Jesús por nosotros; él no nos dio tarjetas, rosas o chocolates nos dio su sangre, su vida entera, ¿Por qué?:

“Porque no hay amor más grande que dar la vida por sus amigos y amigo es el que te ama y muere por ti”.

Este es mi mandamiento:

Ámense los unos a los otros,
como yo los he amado.

No hay amor más grande
que dar la vida por los amigos.

Ustedes son mis amigos
si hacen lo que yo les mando.

Ya no los llamo servidores,
porque el servidor ignora lo que hace su señor;
yo los llamo amigos,
porque les he dado a conocer
todo lo que oí de mi Padre.

No son ustedes los que me eligieron a mí,
sino yo el que los elegí a ustedes,
y los destiné para que vayan y den fruto,
y ese fruto sea duradero.

Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre,
él se lo concederá.

Lo que yo les mando
es que se amen los unos a los otros.

(Jn. 15, 12-17)

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Autor: Sergio González

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