Viva la Virgen de la Asunción


998443_10201786439170490_2094869333_n

 

Hoy 15 de Agosto, una vez más se nos presenta ante la comunidad cristiana la figura de esa gran mujer llamada María, la Madre de Jesús (Lc.1,31) y madre nuestra, por gracia de Jesús (Jn.19,26-27).

En verdad que María es la “bienaventurada”, “la bendita entre todas las mujeres”, como le llamó su prima Isabel (Lc.1,42), “la llena de gracia,” “la que tiene a Dios de su parte”, como le saludaría el ángel (Lc.1,28). María, para todos aquellos que creemos en Jesús, es y seguirá siendo ese imán que siempre nos atrae y nos llena de gozo.

María creyó en un Dios que siempre llama al corazón (Lc.1,28-37) y sabía que ese Dios buscaba también una respuesta y ella siempre se la dio: “Aquí está la esclava del Señor” (Lc.1,38). El Dios de María es el Dios siempre cercano a los más pequeños (Lc.1,48), a los humildes (Lc.1,52), a los pobres (Lc.1,53). Por eso, en su canto del Magnificat, María, “estalló de alegría.”

La fe de María no fue una fe de dogmas, ni de teorías, fue una fe arraigada hasta lo último en su vida terrena. En todo momento y en toda circunstancia buscó la voluntad de Dios para hacerla realidad en su vida. Su fe tenia siempre un objetivo: cumplir con la voluntad de Dios: “He aquí la esclava del Señor; Hágase en mí según tu palabra.” (Lc.1,38).

Sólo su fe explica su forma de afrontar la vida: No fue una fe ciega; quiere siempre esa luz a través de la cual pueda sentir, en verdad, la voluntad de Dios; por eso, le pide al ángel que le explique la razón de su propuesta (Lc.1,35). Y, una vez que el ángel se la explica, ella dice: “Aquí está la esclava del Señor” (Lc.1,38).

La fe de María, fue como la fe de su Hijo, una fe probada en las duras y en las maduras, en los momentos fáciles de la vida y en las pruebas en las que se hace difícil hasta creer. Necesariamente el ángel no podía sino decirle: “Dios está de tu parte” (Lc.1,28). Y su prima Isabel, al ver a María, no podía sino decirle también aquella bella alabanza: “Feliz tú porque has creído” (Lc.145).

En verdad, María siempre se fió y se abandonó a Dios y siempre confió en él. El Papa Pio IX decía: “La Virgen es como un milagro de Dios, mejor dicho, el vértice de todos los milagros”. Su gran fe mantenía a María siempre, en las duras y en las maduras, con esa alegría de la que siempre gozan quienes han descubierto al Dios de los pobres y los sencillos: “Alaba mi alma la grandeza del Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador porque ha puesto los ojos en la pequeñez de su esclava” (Lc.1,46-47). Su prima Isabel, por ello, le dice: “Feliz tú” (Lc.1,45).

En la fiesta de la Asunción de María, todos tenemos que confesar que María no sólo vivió siempre junto a Dios sino que sigue y seguirá viviendo junto a Dios y su Hijo por toda la eternidad. Amén

P. Óscar

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s