Una clave para obtener el perdón de tu familia


Publicado en web el 6 de junio, 2013

Querida Lupita:

Sólo quiero dar testimonio de lo que puede conseguir el perdón en la vida de un hombre que ha cometido los errores más garrafales. Cuando me sentía totalmente perdido tuve un encuentro con Dios en una Cruzada Matrimonial y me decidí a renovarme por completo. Pedí perdón a mi mujer y mis hijos. Ellos no me aceptaron al principio porque yo los había lastimado mucho. Pero después ellos hicieron la misma experiencia que yo en una Cruzada para jóvenes y decidieron perdonarme. Fueron tres años de mucho dolor para mí, tres años en que vivía fuera de casa pero añorando estar dentro. El día en que me abrazaron y me bendijeron, fue el día más feliz de mi existencia. Quiero agradecerte y agradecer a todos los que están luchando por defender el matrimonio; sin ustedes yo habría perdido a mi esposa y a toda mi familia.

Alberto

Muy estimado Alberto:

IMG 7958Agradezco infinitamente el que nos compartas tu testimonio. Son muchos los casos de matrimonios que han enfrentado crisis de forma acertada y se han convertido en servidores de Cristo. Ellos han llegado a bendecir los momentos de dificultad pues gracias a estos se han encontrado con un sentido de vida más pleno y gratificante. Salieron del mundo superficial al que pertenecían para entrar al convencimiento del verdadero sentido de la vida: amar y ser amados.
Permíteme ponerte como ejemplo. Tú eres aquel que se arrepiente sinceramente por sus faltas y es capaz de reconocer con humildad que necesita un cambio. Eres el hombre que se decide a “empezar de nuevo” dejando vicios atrás sustituyéndolos por virtudes, eres quien gana el perdón total del mismo Dios y has sido renovado por Él volviendo a nacer.
Pediste perdón sabiendo que no lo merecías pero suplicando misericordia. Sabías que Dios perdona siempre y con su ayuda pudiste mantenerte en pie para perseverar en la lucha por la unidad de tu familia.
Tú cumpliste estos requisitos y tras dos años de perseverante disposición, el Señor compensó tus esfuerzos moviendo el corazón de quienes amas.
Hay quienes desean el perdón para seguir igual, no se arrepienten, no se acercan a Dios y no experimentan cambios para bien propio.
En la Parábola del Hijo Pródigo, también conocida como parábola del Padre Misericordioso, el joven no regresa por más dinero para seguir malgastándolo sino que llega arrepentido pidiendo que se le trate como a un jornalero, el padre le perdona y lo reviste como hijo de rey para que él proceda conforme a su dignidad. La mujer sorprendida en adulterio escucha a Jesús decirle: “Nadie te ha condenado, yo tampoco te condeno, vete y no peques más”. La Samaritana se encuentra con Cristo y al recibir su comprensión y perdón renueva su vida para convertirse en anunciadora de la Buena Nueva. Cada encuentro de Jesús narrado en los evangelios nos habla de una transformación personal hacia la luz, un hombre viejo que es dejado atrás para permanecer en el hombre nuevo.
Si quieres ser perdonado, arrepiéntete. El verdadero dolor de haber pecado consigue el milagro de la unidad familiar, aunque esto lleve tiempo, oración perseverante, sacrificio y renovación total.

Lupita Venegas

Fuente:Semanario.com.mx

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