Vigésima hora de la pasión del Señor


Preparación Antes de la Meditación

Oh Señor mío Jesucristo, postrada ante tu divina presencia, suplico a tu amorosísimo corazón que quieras admitirme a la dolorosa meditación de las veinticuatro horas en las que por nuestro amor quisiste padecer, tanto en tu cuerpo adorable como en tu alma santísima, hasta la muerte de cruz. Ah, dame tu ayuda, gracia, amor, profunda compasión y entendimiento de tus padecimientos mientras medito ahora la hora… Y por las que no puedo meditar te ofrezco la voluntad que tengo de meditarlas, y quiero en mi intención meditarlas durante todas las horas en que estoy obligada a dedicarme a mis deberes, o a dormir. Acepta, oh misericordioso Señor, mi amorosa intención y haz que sea de provecho para mí y para muchos, como si en efecto hiciera santamente todo lo que deseo practicar.

 

VIGÉSIMA HORA

De las 12 a la 1 de la tarde

Primera hora de agonía en la Cruz La Primera Palabra

Gracias te doy, oh Jesús, por llamarme a la unión contigo por medio de la oración, y tomando tus pensamientos, tu lengua, tu corazón y fundiéndome toda en tu Voluntad y en tu amor, extiendo mis brazos para abrazarte y apoyando mi cabeza sobre tu corazón empiezo:

Crucificado bien mío, te veo sobre esta cruz, sobre tu trono de triunfo, en acto de conquistar todo y a todos los corazones, y de atraerlos tanto a Ti, que todos sientan tu sobrehumano poder. La naturaleza horrorizada de tanto delito se postra ante Ti y en silencio espera una palabra tuya para rendirte homenaje y hacer reconocer tu dominio; el sol lloroso retira su luz, no pudiendo soportar tu vista demasiado dolorosa. El infierno siente terror y silencioso espera; los mismos enemigos pierden el ánimo, y si algún insulto te lanzan, este muere en los labios, así que todo es silencio. La traspasada Mamá, tus fieles, están todos mudos y tan petrificados ante la vista, ay, demasiado dolorosa de tu destrozada y dislocada Humanidad, y silenciosos esperan también una palabra tuya. Tu misma Humanidad que yace en un mar de dolores entre los espasmos atroces de la agonía, está silenciosa, tanto, que temo que de un respiro a otro Tú mueras. Pero penetrando en tu interior veo que el amor desborda, te sofoca y no puedes contenerlo, y obligado por tu amor que te atormenta más que las mismas penas, con voz fuerte y conmovedora hablas como el Dios que eres, y dices:

“Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.”

Y de nuevo quedas en silencio, inmerso en penas inauditas. Crucificado Jesús, ¿será posible tanto amor? ¡Ah! después de tantas penas e insultos, la primera palabra es el perdón, y nos excusas ante el Padre por tantos pecados; esta palabra la haces descender en cada corazón después de la culpa, y eres Tú el primero en ofrecerles el perdón. Pero cuantos te rechazan y no lo aceptan, y tu amor da en delirio y quieres dar a todos el perdón y el beso de paz.

A esta palabra tuya el infierno tiembla y te reconoce por Dios. La naturaleza y todos quedan atónitos y reconocen tu Divinidad, tu inextinguible amor, y silenciosos esperan para ver hasta dónde llega tu amor. Pero no es sólo tu voz, sino también tu sangre y tus llagas que gritan a cada corazón después del pecado: “Ven a mis brazos, que te perdono, y el sello del perdón es el precio de mi sangre.”

Oh mi amable Jesús, repite esta palabra a cuantos pecadores hay en el mundo. Para todos implora misericordia, a todos aplica los méritos infinitos de tu preciosísima sangre, por todos, oh buen Jesús, continúa aplacando a la Divina Justicia y concede gracia a quien encontrándose en acto de tener que perdonar, no siente la fuerza. Mi Jesús, crucificado adorado, en estas tres horas de amarguísima agonía Tú quieres dar cumplimiento a todo, y mientras silencioso te estás sobre esta cruz, veo que en tu interior quieres satisfacer en todo al Padre. Por todos le agradeces, satisfaces por todos y por todos pides perdón, y a todos impetras la gracia de que nunca más te ofendan. Y para obtener esto del Padre resumes toda tu Vida, desde el primer instante de tu concepción hasta tu último respiro. Mi Jesús, amor interminable, deja que también yo recapitule toda tu Vida junto contigo, con la inconsolable Mamá, con san Juan y con las pías mujeres.

Mi dulce Jesús, te agradezco por las tantas espinas que han traspasado tu adorable cabeza, por las gotas de sangre que de esta has derramado, por los golpes que en ella has recibido y por los cabellos que te han arrancado. Te agradezco por el bien que has hecho e impetrado a todos, por las luces y las buenas inspiraciones que nos has dado, y por cuantas veces has perdonado todos nuestros pecados de pensamiento, de soberbia, de orgullo y de estima propia.

Te pido perdón a nombre de todos, oh mi Jesús, por cuantas veces te hemos coronado de espinas, por cuantas gotas de sangre te hemos hecho derramar de tu sacratísima cabeza, por cuantas veces no hemos correspondido a tus inspiraciones. Por todos esos dolores sufridos por Ti te pido, oh buen Jesús, impetrarnos la gracia de no cometer jamás pecados de pensamientos. Quiero también ofrecerte todo lo que sufriste en tu santísima cabeza, para darte toda la gloria que todas las criaturas te habrían dado si hubieran hecho buen uso de su inteligencia.

Adoro, oh Jesús mío, tus santísimos ojos y te agradezco por cuantas lágrimas y sangre han derramado, por las espinas que los han traspasado, por los insultos, escarnios y menosprecios soportados en toda tu Pasión. Te pido perdón por todos aquellos que se sirven de la vista para ofenderte y ultrajarte, rogándote por los dolores sufridos en tus santísimos ojos, que nos consigas la gracia de que nadie más te ofenda con malas miradas. Quiero también ofrecerte todo lo que sufriste en tus santísimos ojos, para darte toda la gloria que las criaturas te habrían dado si sus miradas hubieran estado fijas solamente en el Cielo, en la Divinidad y en Ti, oh mi Jesús.

Adoro tus santísimos oídos. Te agradezco por todo lo que sufriste mientras los canallas sobre el calvario te los aturdían con gritos e injurias. Te pido perdón a nombre de todos, por cuantas malas conversaciones hemos hecho, y te ruego que se abran nuestros oídos a las verdades eternas, a las voces de la Gracia, y que ninguno más te ofenda con el sentido del oído. Quiero también ofrecerte todo lo que sufriste en tus santísimos oídos, para darte toda la gloria que las criaturas te habrían dado si de este sentido siempre hubieran hecho uso según tu Voluntad.

Adoro y beso, oh Jesús mío, tu santísimo rostro, y te agradezco por cuanto sufriste por los salivazos, por las bofetadas y las burlas recibidas, y por cuantas veces te has dejado pisotear por tus enemigos. Te pido perdón a nombre de todos por cuantas veces hemos tenido la osadía de ofenderte, suplicándote por estas bofetadas y por estos salivazos recibidos, que hagas que tu Divinidad sea por todos reconocida, alabada y glorificada. Es más, oh mi Jesús, quiero ir yo misma por todo el mundo, de oriente a occidente, de sur a norte, para unir todas las voces de las criaturas y cambiarlas en otros tantos actos de alabanza, de amor y de adoración. Quiero también, oh mi Jesús, traer a Ti todos los corazones de las criaturas, a fin de que en todos Tú pongas luz, verdad, amor y compasión a tu Divina Persona; y mientras perdonarás a todos, yo te ruego que no permitas que ninguno más te ofenda, y si fuese posible, aun a costa de mi sangre. En fin, quiero ofrecerte todo lo que sufriste en tu santísimo rostro, para darte toda la gloria que las criaturas te habrían dado si ninguna hubiera osado ofenderte.

Adoro tu santísima boca y te doy las gracias por tus primeros gemidos, por cuanta leche mamaste, por cuantas palabras dijiste, por los besos encendidos que diste a tu santísima Madre, por el alimento que tomaste, por la amargura de la hiel y por la sed ardiente que sufriste sobre la cruz, por las plegarias que elevaste al Padre, y te pido perdón por cuantas murmuraciones y conversaciones malas y mundanas se hacen, y por cuantas blasfemias pronuncian las criaturas; quiero ofrecer tus santas conversaciones en reparación de sus conversaciones no buenas; la mortificación de tu gusto para reparar sus gulas y todas las ofensas que te hacen con el mal uso de la lengua. Quiero ofrecerte todo lo que sufriste en tu santísima boca, para darte toda la gloria que las criaturas te habrían dado si ninguna hubiera osado ofenderte con el sentido del gusto y con el abuso de la lengua.

Oh Jesús, te doy las gracias por todo y a nombre de todos. A Ti elevo un himno de agradecimiento eterno, infinito. Quiero, oh mi Jesús, ofrecerte todo lo que has sufrido en tu santísima persona, para darte toda la gloria que te habrían dado todas las criaturas si hubiesen uniformado su vida a la tuya.

Te agradezco oh Jesús, por cuanto has sufrido en tus santísimos hombros, por cuantos golpes has recibido, por cuantas llagas te has dejado abrir en tu sacratísimo cuerpo y por cuantas gotas de sangre has derramado. Te pido perdón a nombre de todos, por cuantas veces, por amor a las comodidades, te hemos ofendido con placeres ilícitos y no buenos. Te ofrezco tu dolorosa flagelación para reparar todos los pecados cometidos con todos los sentidos, por el amor a los propios gustos, a los placeres sensibles, al propio yo, a todas las satisfacciones naturales, y quiero ofrecerte también todo lo que has sufrido en tus hombros, para darte toda la gloria que las criaturas te habrían dado si en todo hubiesen buscado agradarte sólo a Ti y de refugiarse a la sombra de tu divina protección.

Jesús mío, beso tu pie izquierdo, te doy las gracias por todos los pasos que diste en tu vida mortal, y por cuantas veces cansaste tus pobres miembros para ir en busca de almas para conducirlas a tu corazón. Te ofrezco, oh mi Jesús, todas mis acciones, pasos y movimientos, con la intención de darte reparación por todo y por todos. Te pido perdón por aquellos que no obran con recta intención. Uno mis acciones a las tuyas para divinizarlas, y las ofrezco unidas a todas las obras que hiciste con tu santísima Humanidad, para darte toda la gloria que te habrían dado las criaturas si hubiesen obrado santamente y con fines rectos.

Te beso, oh Jesús mío, el pie derecho y te agradezco por cuanto has sufrido y sufres por mí, especialmente en esta hora en que estás suspendido en la cruz. Te agradezco por el desgarrador trabajo que hacen los clavos en tus llagas, las cuales se abren siempre más al peso de tu sacratísimo cuerpo. Te pido perdón por todas las rebeliones y desobediencias que cometen las criaturas, ofreciéndote los dolores de tus santísimos pies en reparación de estas ofensas, para darte toda la gloria que las criaturas te habrían dado si en todo hubiesen estado sujetas a Ti.

Oh mi Jesús, beso tu santísima mano izquierda, te agradezco por cuanto has sufrido por mí, por cuantas veces has aplacado a la Divina Justicia satisfaciendo por todo. Beso tu mano derecha y te doy las gracias por todo el bien que has obrado y que obras por todos, especialmente te agradezco por las obras de la Creación, de la Redención y de la Santificación. Te pido perdón a nombre de todos por cuantas veces hemos sido ingratos a tus beneficios, y por tantas obras nuestras hechas sin recta intención. En reparación de todas estas ofensas quiero ofrecerte toda la perfección y santidad de tus obras, para darte toda la gloria que las criaturas te habrían dado si hubiesen correspondido a todos estos beneficios.

Oh Jesús mío, beso tu sacratísimo corazón y te agradezco por todo lo que has sufrido, deseado y anhelado por amor de todos y por cada uno en particular. Te pido perdón por tantos malos deseos, afectos y tendencias no buenas. Perdón, oh Jesús, por tantos que posponen tu amor al amor de las criaturas, y para darte toda la gloria que estos te han negado, te ofrezco todo lo que ha hecho y continúa haciendo tu adorabilísimo corazón.

para meditar con el video da click aqui

o aqui

 

Ofrecimiento Después de Cada Hora

Amable Jesús mío, Tú me has llamado en esta hora de tu Pasión para hacerte compañía, y yo he venido. Me parecía oírte angustiado y doliente que oras, reparas y sufres, y con las palabras más conmovedoras y elocuentes suplicas la salvación de las almas. He tratado de seguirte en todo; ahora, debiéndote dejar por mis acostumbradas ocupaciones, siento el deber de decirte “gracias” y un “te bendigo”. Sí, oh Jesús, gracias te repito mil y mil veces y te bendigo por todo lo que has hecho y padecido por mí y por todos; gracias y te bendigo por cada gota de sangre que has derramado, por cada respiro, por cada latido, por cada paso, palabra, mirada, amargura, ofensa que has soportado. En todo, oh mi Jesús, quiero ponerte un “gracias” y un “te bendigo.” Ah mi Jesús, haz que todo mi ser te envíe un flujo continuo de agradecimientos y bendiciones, de manera que atraiga sobre mí y sobre todos el flujo de tus gracias y bendiciones. Ah Jesús, estréchame a tu corazón y con tus santísimas manos márcame todas las partículas de mi ser con tu “te bendigo”, para hacer que no pueda salir de mí otra cosa que un himno continuo de agradecimiento hacia Ti. Nuestros latidos se tocarán continuamente, de manera que me darás vida, amor, y una estrecha e inseparable unión contigo. Ah, te ruego mi dulce Jesús, que si ves que alguna vez estoy por dejarte, tu latido se acelere más fuerte en el mío, tus manos me estrechen más fuerte a tu corazón, tus ojos me miren y me lancen saetas de fuego, a fin de que sintiéndote, rápidamente me deje atraer a la unión contigo.

Ah mi Jesús, mantente en guardia para que no me aleje de Ti, y te suplico que estés siempre junto a mí y que me des tus santísimas manos para hacer junto conmigo lo que me conviene hacer. Mi Jesús, ah, dame el beso del Divino Amor, abrázame y bendíceme; yo te beso en tu dulcísimo corazón y me quedo en Ti.

 

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