Santoral del 10 de Marzo


Autor: . | Fuente: Archidiócesis de Madird || Catholic.net
Simplicio, San
XLVII Papa, 10 de marzo
Simplicio, San
Simplicio, San

XLVII Papa

Martirologio Romano: En Roma, en la basílica de San Pedro, san Simplicio, papa, el cual, mientras los bárbaros devastaban Italia y la Urbe, confortó a los afligidos y fortaleció la unidad y la fe de la Iglesia. ( 483)

Fuente: Archidiócesis de Madird

Natural de Tívoli, en el campo de Roma. Es hijo de Castino. Le vemos formando parte del clero romano y sucediendo al papa san Hilario en la Sede de Roma, en marzo del año 467.

Le toca vivir y ser Supremo Pastor en un tiempo difícil por la herejía y la calamidad dentro de la Iglesia que aparece como inundada por el error. En Occidente, Odaco se ha hecho dueño de Italia y es arriano como los godos en las Galias, los de España y los vándalos en África; el panorama no es muy consolador, no. Los ingleses aún están en el paganismo. Para Oriente no van mejor las cosas, aunque con otros tonos, en cuanto a la vida de fe: el emperador Zenón y el tirano Basílico favorecen la herejía de Eutiques; los Patriarcas han resultado ambiciosos de poder y las sedes patriarcales son una deseada presa más que un centro de irradiación cristiana. ¡Lamentable estado general de la Iglesia que está necesitando un buen timonel!

El nuevo papa adopta en su pontificado una actitud fundamental: atiende preferente al clero. Procura su reforma, detectando el error y proponiendo el remedio con la verdad sin condescendencias que lo acaricien; muestra perseverancia firme y tesón férreo cuando debe reprimir la ambición de los altos eclesiásticos.

Modera la Iglesia que está en Oriente siendo un muro de contención frente a las ambiciones de poder y dominio que muestra Acacio, Patriarca de Constantinopla, cuando pretendía los derechos de Alejandría y Antioquía. No cedió a las pretensiones del usurpador Timoteo Eluro, ni a las del intruso Pedro el Tintorero. Defendió la elección canónica de Juan Tabenas como Patriarca de Alejandría frente a las presiones de Pedro Mingo protegido por el emperador Zenón.

Gobierna la Iglesia que está en Occidente mandando cartas a otro Zenón -obispo de Sevilla-, encargándole rectitud y alabando su dedicación permanente a la familia cristiana que tiene encomendada. También escribe a Juan, Obispo de Rávena, en el 482, con motivo de ordenaciones ilícitas: «Quien abusa de su poder -le dice- merece perderle». En el año 475 manda a los obispos galos Florencio y Severo corregir a Gaudencio y privar del ejercicio episcopal a los que ordenó ilícitamente al tiempo que da orientaciones para distribuir los bienes de la Iglesia y evitar abusos.

En su diócesis de Roma se comporta como modelo episcopal, entregándose al cuidado de sus fieles como si no tuviera en sus hombros a la Iglesia Universal. Aquí cuida especialmente la instrucción religiosa de los fieles, facilita la distribución de limosnas entre los más pobres y dicta normas para atender primordialmente la administración del bautismo. Aún tuvo tiempo para dedicar el primer templo en el occidente a San Andrés, el hermano del apóstol Pedro, iuxta sanctam Mariam o iuxta Praesepe, sobre el monte Esquilino.

También convocó un concilio para explicitar la fe ante los errores que había difundido Eutiques, equivocándose en la inteligencia de la verdad, pues, en su monofisismo, sólo admitía en Cristo la naturaleza divina con lo que se llegaba a negar la Redención.

Los datos exactos de su óbito no están aún perfectamente esclarecidos, si bien se conoce que fue en el mes de Febrero del año 483. Sus reliquias se conservan en Tívoli.

Los contemporáneos del santo conocieron bien la austeridad de su vida y su constante oración hasta el punto de afirmar que rezó como un monje y se mortificó como un solitario del desierto. Sin esos medios su labor de servicio a la Iglesia hubiera resultado imposible.

Autor: P. Ángel Amo | Fuente: Catholic.net

San Simplicio nació en Tívoli (Italia) y ejerció su ministerio pontificio del 468 al 483, un período de graves dificultades para la vida de la Iglesia y del Estado. En el 476, Odoacro, después de haber eliminado a Orestes, deportó al hijo Rómulo, último representante imperial. Lo confinó en una villa cerca de Nápoles y le asignó una renta anual de 6.000 libras de oro, y las insignias imperiales se las envió al emperador de Oriente, Zenón.

Tampoco éste se encontraba viviendo sus mejores días, porque precisamente en el 475-476 tuvo que hacer frente a la rebelión de Basilisco. Logró vencerlo sólo con la ayuda de Teodorico, rey de los ostrogodos, que después destronó a Odoacro. Esta serie de acontecimientos perjudicaba también la vida de la Iglesia en Occidente y en Oriente, pues Odoacro y Teodorico eran seguidores de la herejía arriana, y Basilisco era monofisita.

El monofisismo había sido suscitado por Dióscoro, patriarca de Alejandría de Egipto, y sobre todo por el monje Eutiquio. Su tesis central, y que le da el nombre, era que en Cristo no hay sino una sola naturaleza, la divina. A pesar de la importante y enérgica intervención de san León Magno, la herejía triunfó en el llamado “latrocinio de Éfeso” del 449; pero a los dos años la doctrina ortodoxa quedó confirmada con claridad en el concilio de Calcedonia, que asumió como artículo de fe el documento de san León Magno.

Este concilio emanó también el famoso canon 28, que reconocía una cierta preeminencia al patriarcado de Constantinopla. Los enviados del Papa la juzgaron como una innovación peligrosa, y fue combatida también por san Simplicio. La controversia sobre el monofisismo duró por algún tiempo: responsable de ello fue el emperador Zenón que en el 482 intentó un imposible compromiso con su Henoticon, contra el cual el Papa Simplicio tomó una clara posición.

Además de esta defensa a la doctrina cristiana genuina, san Simplicio tiene el mérito de haber restaurado y dedicado algunas iglesias romanas como la de san Esteban Rotondo y santa Bibiana. También salvó de la destrucción algunos mosaicos paganos que se encontraban en la iglesia de san Andrés. Las reliquias de san Simplicio reposan en su ciudad natal, Tívoli.

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Autor: P. Ángel Amo | Fuente: Catholic.net
Juan Ogilvie, Santo
Sacerdote y Mártir. 10 de marzo
Juan Ogilvie, Santo
Juan Ogilvie, Santo

Sacerdote y Mártir

Martirologio Romano: En Glasgow, Escocia, san Juan Olgivie, presbítero de la Orden de la Compañía de Jesús y mártir, que, desterrado en diversos países de Europa, después de estudiar teología durante muchos años fue ordenado sacerdote y volvió ocultamente a su patria, donde se entregó diligentemente al cuidado pastoral de sus conciudadanos, hasta que, encarcelado y condenado a muerte bajo el rey Jacobo VI, alcanzó en el patíbulo la gloriosa palma del martirio. ( 1615)

Fecha de canonización: 17 de octubre de 1976 por el Papa Pablo VI
El padre Juan Ogilvie procedía de una familia noble. Nació en Drum-na-Kelth (Escocia), en el año 1579 y fue educado en el calvinismo. A los trece años su padre lo envió a Francia, Italia y Alemania para darle una educación más completa.

Allí tuvo los primeros contactos con el catolicismo dado que las controversias religiosas eran muy populares en esos lugares. Se convirtió al catolicismo y fue recibido en la iglesia del colegio escocés de Lovaina en 1596, a los diecisiete años. Abrazar la fe católica significaba para Juan la ruptura con la familia y la pérdida del apoyo que de ella recibía, la renuncia a una carrera brillante y la persecución reservada a los traidores. El 15 de noviembre de 1599 ingresó al noviciado de los jesuitas en Brno, estudió filosofía en Gratz, fue profesor del colegio de los jesuitas en Viena y finalmente estudió la teología en Olmutz, siendo ordenado sacerdote en

Juan Ogilvie, Santo
Juan Ogilvie, Santo

París el año 1610. Después de tres años de vida pastoral en la ciudad de Ruán consiguió permiso para ir a Inglaterra.

Llegó a Escocia, bajo la guía de un exoficial, dedicado al comercio de caballos, con el seudónimo de Juan Watson y fingiéndose tratante de caballos, pues las leyes contra los sacerdotes que ingresaban en la Gran Bretaña eran muy severas. Desembarcó en noviembre de 1613 en el puerto de Leith.

Concentró su actividad en Renfrewshire, Edimburgo y Glasgow, afrontando mil peligros. La comunidad católica del padre Ogilvie comenzó a crecer en la clandestinidad y se hizo famoso por la insistencia con que predicaba el fervor en la vida católica; con grandes peligros, visitaba a los católicos: sir James MacDonald recordaba con satisfacción las visitas en la prisión del padre Ogilvie, quien fue traicionado y arrestado en Glasgow el 14 de octubre de 1614.

Fue sometido a torturas e interrogatorios prolongados para que denunciara a los católicos, llegando a privarle del sueño por ocho días consecutivos. Siendo interrogado sobre si la jurisdicción del Papa se extendía a la autoridad del rey en materia espiritual, lo afirmó constantemente declarando que estaba dispuesto a morir para defenderlo. En todos los juicios que se prolongaron durante meses, ya en Glasgow, ya en Edimburgo, el padre no retrocedió porque no podía, ni quería traicionar a Dios. La noticia de su heroísmo corrió por toda Escocia, de tal manera que los perseguidores y especialmente el arzobispo anglicano hubieran dado cualquier cosa para que renegara de su fe y aceptara la supremacía del rey. Aunque los guardias comenzaron a tratarlo con mayor rigor, el padre Ogilvie pudo escribir en latín un relato sobre su prisión; cuando lo terminó, consiguió deslizarlo por debajo de la puerta a algunos católicos que habían entrado en la cárcel. Al fin declaró: Salvaré mi vida solamente si puedo salvarla sin ser forzado a perder a Dios. No pudiendo conservar ambas cosas, pierdo voluntariamente el bien menor, por conservar el mayor. Fue sentenciado a morir como traidor. Los verdugos le ofrecieron la libertad si renegaba de la fe. Murió ahorcado el 10 de marzo de 1615, en Glasgow.

Fue beatificado en 1929 por el papa Pío XI y canonizado en 1976 por el papa Pablo VI.

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Autor: Albam Butler | Fuente: La Vida de los Santos
Juan de Vallombrosa, Beato
Monje, 10 de marzo
Juan de Vallombrosa, Beato
Juan de Vallombrosa, Beato

Monje
Beato Tradicional, no incluido en el actual Martirologio Romano

Etimológicamente significa “Dios es misericordia”. Viene de la lengua hebrea.

Juan de Vallombrosa, natural de Florencia, entró en el monasterio de la Santísima Trinidad en su ciudad natal. Era un hombre muy inteligente y pasaba estudiando muchas horas del día y de la noche. En el curso de sus estudios se interesó en la magia y empezó a practicarla en secreto, cosa que le precipitó a una vida de vicio y depravación. Enterado el abad de Vallombrosa, le obligó a comparecer ante una comisión de monjes y le acusó formalmente. Juan empezó por mentir, negando que hubiera practicado la magia; pero, ante las pruebas irrecusables, no tuvo más remedio que declararse culpable. En castigo fue condenado a varios años de prisión.

Cuando salió de la cárcel, apenas podía caminar, pero estaba sinceramente arrepentido. El abad y los monjes se mostraron dispuestos a recibirle con los brazos abiertos, pero Juan prefirió abrazar la vida de soledad que había llevado en la prisión. “En mi larga y oscura vida de prisión, dijo, he aprendido que nada hay mejor ni más santo que la soledad; en ella quiero continuar aprendiendo las cosas divinas y perfeccionándome. Ahora que estoy libre de las cadenas, quiero aprovechar bien el tiempo, con la ayuda del Señor”. Autorizado por su abad, abrazó la vida eremítica. Pronto corrió la fama de que era el más destacado de los solitarios de su patria, tanto por su santidad, como por su ciencia. Sus cartas y tratados, escritos unos en latín y otros en su idioma natal, corrían de mano en mano y eran tan apreciados por su contenido, como por la elegancia de su lenguaje. Parecía que el beato tenía un don de Dios para tocar los corazones más endurecidos y explicar los puntos más oscuros de la Sagrada Escritura.

El “ermitaño de las celdas”, como le llamaba el pueblo, vivió hasta edad muy avanzada y gozó de la amistad y estima de Santa Catalina de Siena. Escribiendo a Barduccio de Florencia después de la muerte de la santa, el Beato Juan afirmaba que Catalina se le había aparecido cuando él se hallaba llorando su fallecimiento y que le había consolado con la visión de la gloria de que disfrutaba en el cielo.

VIDAS DE LOS SANTOS Edición 1965
Autor: Alban Butler (†)
Traductor: Wilfredo Guinea, S.J.
Editorial: COLLIER´S INTERNATIONAL – JOHN W. CLUTE, S. A.

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Autor: . | Fuente: Vatican.va
María Eugenia de Jesús Milleret Brou, Santa
Fundadora, 10 de marzo
María Eugenia de Jesús Milleret Brou, Santa
María Eugenia de Jesús Milleret Brou, Santa

Fundadora de la Congregación
de Hermanas de la Asunción

Martirologio Romano: En París, en Francia, beata María Eugenia Milleret de Brou, virgen, fundadora de la Congregación de Hermanas de la Asunción, para la educación cristiana de niñas.

Fecha de canonización: 3 de junio de 2007 por el Papa Benedicto XVI

Etimología: Eugenia = aquella que es bien nacida, es de origen griego Nacida en una familia burguesa, en 1817 en Metz (Francia), tras la derrota definitiva de Napoleón y la Restauración de la Monarquía, Ana-Eugenia Milleret no parecía estar destinada a trazar un camino espiritual en la Iglesia de Francia.

Su padre, liberal y seguidor de las ideas de Voltaire, desarrolla su actividad como banquero y en la vida política. Ana-Eugenia, dotada de una gran sensibilidad, recibe de su madre una educación que le da un carácter fuerte y el sentido del deber. La vida familiar desarrolla en ella una curiosidad intelectual y el espíritu romántico, un interés por las cuestiones sociales y una amplitud de mirada.

Esta educación, lejos de la Iglesia, de Cristo, de la escuela, está marcada por una gran libertad unida a un gran sentido de la responsabilidad. La bondad, la generosidad, la rectitud y la sencillez aprendidas junto a su madre, le llevará a decir más tarde que su educación era más cristiana que la de muchos católicos piadosos de su tiempo. Según la costumbre, como su contemporánea George Sand, Ana-Eugenia asistía a la Misa los días de fiesta y había recibido los sacramentos de la iniciación cristiana sin comprometerse a nada. Su primera comunión fue, con todo, una gran experiencia mística para Ana–Eugenia en la que ya se encontraba todo el secreto del futuro. Solo más tarde, captará el sentido profético de esta experiencia y reconocerá en ella el fundamento de su camino hacia una pertenencia total a Cristo y a la Iglesia.

Vivió una juventud feliz, aunque no faltó el sufrimiento. La muerte de un hermano mayor que ella, la de una hermana pequeña, una salud frágil y una caída que le dejará sus secuelas, marcaron su infancia. Ana-Eugenia mostrará una madurez superior a la de su edad, sabrá esconder sus sentimientos y hacer frente a lo que va viniendo. Más tarde, tras un periodo de gloria, tendrá que enfrentarse al fracaso de los bancos de su padre, a la incomprensión y separación de sus padres, a la pérdida de toda seguridad. Ana-Eugenia tiene que abandonar la casa de su infancia e ir a París con su madre, mientras que su hermano Luis, su gran compañero de juegos, se marchará con su padre.

En París, junto a su madre a la que adoraba, la verá afectada terriblemente por el cólera que se la llevó en unas horas, dejando a su hija de 15 años sola en el mundo, en una sociedad mundana y superficial. En esta situación y a través de una búsqueda angustiosa y casi desesperada de la verdad, Ana-Eugenia llegará a su conversión sedienta del Absoluto y abierta a lo transcendente.

A los 19 años, Ana–Eugenia asiste a las Conferencias cuaresmales en la Catedral de Nuestra Señora, en París, predicadas por el Padre Lacordaire, joven pero ya conocido por su talento como orador. Antiguo discípulo de Lamennais —habitado como él por la visión de una Iglesia renovada jugando un papel nuevo en el mundo— Lacordaire comprende su tiempo y quiere cambiarlo. Conoce los interrogantes y las aspiraciones de los jóvenes, su idealismo y su ignorancia sobre Cristo y la Iglesia. Su palabra llega al corazón de Ana-Eugenia, responde a sus propios interrogantes y despierta en ella una gran generosidad. Ana Eugenia ve a Cristo como Liberador universal y su Reino en la tierra a través una sociedad fraterna y justa. Me sentía realmente convertida, escribe, y sentía el deseo de entregar todas mis fuerzas, o mas bien toda mi debilidad, a esta Iglesia que desde entonces me parecía que era la única que poseía aquí abajo el secreto y el poder del bien.

En este momento, conoce a otro predicador, también antiguo discípulo de Lammenais, el Padre Combalot, que escogerá como confesor. El Padre Combalot se da cuenta que tiene ante a él a un alma privilegiada y designa a Ana-Eugenia como fundadora de la Congregación que él soñaba desde hacía tiempo. Insistiendo en que esta fundación es la voluntad de Dios y que Dios la había escogido para realizar esta obra, el Padre Combalot convence a Ana-Eugenia para que asuma este proyecto: una obra de educación. El P. Combalot está convencido de que solamente a través de la educación, se podrá evangelizar las inteligencias, hacer que las familias sean verdaderamente cristianas y así transformar la sociedad de su tiempo. Ana-Eugenia acepta este proyecto como un deseo de Dios y se deja guiar por el P. Combalot.

A los 22 años, María Eugenia se convierte en Fundadora de las Religiosas de la Asunción, entregadas a consagrar toda su vida y todas sus fuerzas para extender el Reino de Cristo en el mundo. En 1839, con otras dos jóvenes, Ana-Eugenia Milleret empieza una vida comunitaria de oración y de estudio en un apartamento de la calle Férou, muy cerca de la Iglesia de San Sulpicio en París. En 1841, abren la primera escuela con el apoyo de Mme de Chateaubriand, Lacordaire, Montalembert y sus amigos. Años más tarde la comunidad contará con 16 hermanas de cuatro nacionalidades.

Maria Eugenia y las primeras hermanas de la Asunción quisieron unir lo antiguo y lo nuevo: unir los antiguos tesoros de la espiritualidad y de la sabiduría de la Iglesia con una nueva forma de vida religiosa y de educación que respondieran a las necesidades de las mentalidades modernas. Se trata de asumir los valores de su tiempo, y a la vez, transmitir valores evangélicos a la cultura naciente de una nueva era industrial y científica. La Congregación desarrollará una espiritualidad centrada en Cristo y en el misterio de la Encarnación, a la vez profundamente contemplativa y profundamente apostólica. Será una vida vivida en la búsqueda de Dios y en un fuerte compromiso apostólico.

La vida de María Eugenia de Jesús fue larga, una vida que atravesó casi todo el siglo XIX. Amaba profundamente su tiempo y quería participar activamente en su historia. Progresivamente todas sus energías se fueron unificando, de una u otra manera, en el desarrollo y la extensión de la Congregación, la obra de su vida. Dios le iba enviando hermanas y amigos. Una de las primeras fue una irlandesa, mística y amiga íntima a la que María Eugenia, al final de su vida, la llama “la mitad de mi ser”. Kate O’Neill, en religión Madre Thérèse Emmanuel, se considera como co-fundadora. El P. Emmanuel d’Alzon, que llegó a ser el director espiritual de María Eugenia poco después de la fundación, será para ella padre, hermano, amigo según las etapas de la vida. En 1845, el P. d’Alzon fundó los Agustinos de la Asunción y los dos fundadores se ayudaron mutuamente a lo largo de 40 años. Los dos tenía un don para la amistad y trabajaron en la Iglesia con numerosos laicos. Juntos, en seguimiento de Jesús, religiosas, religiosos y laicos han trazado el camino de la Asunción y forman parte de la inmensa nube de testigos.

En los últimos años de su vida, M. María Eugenia de Jesús experimentará poco a poco el debilitamiento físico, vivido en la humildad y en el silencio, en una vida totalmente centrada en Jesucristo. El 9 de marzo de 1898 recibe por última vez la comunión y en la noche del 10 de marzo se duerme dulcemente en el Señor. Fue beatificada por Pablo VI, en Roma, el 9 de febrero de 1975 y canonizada por Benedicto XVI el 3 de junio del 2007.

La rama laica –Asunción Juntos– formada por Amigos de la Asunción y Comunidades o Fraternidades de la Asunción, es numerosa: unos miles de Amigos y algunos centenares de Laicos comprometidos según el Camino de Vida.

Reproducido con autorización de Vatican.va

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Autor: Fernando Rojo, o.s.a. | Fuente: http://www.OSANET.org
Elías del Socorro, Beato
Mártir, 10 de marzo
Elías del Socorro, Beato
Elías del Socorro, Beato

Sacerdote y Mártir

Martirologio Romano: Cerca de la ciudad de Cortázar, en México, beato Elías del Socorro (Mateo Elías) Nieves del Castillo, presbítero de la Orden de San Agustín y mártir, que en el furor de la persecución contra la fe de Cristo, hecho prisionero por desempeñar ocultamente el ministerio, fue fusilado por odio al sacerdocio. ( 1928)

Fecha de beatificación: 12 de octubre de 1997 por el Papa Juan Pablo IIMateo Elías Nieves nace en Yuriria (Guanajuato – México). Hijo de modestos agricultores, muy pronto manifestó el deseo de ser sacerdote, pero a los doce años su padre era asesinado por unos salteadores, y le resultó necesario dejar los estudios para poder ganar algún dinero con el que contribuir al sustentamiento de la familia.

En 1904, no obstante su escasa preparación y a su edad adulta, consiguió ser admitido en el seminario agustiniano de Yuriria. Las dificultades por causa de los estudios iniciados por quien a los veintiún años abandonaba las faenas del campo fueron superadas con tesón y esfuerzo. En las provenientes de la carencia de recursos económicos y la débil constitución física – estuvo a punto de perder la vista – nunca faltó quien le echara una mano. En reconocimiento a la ayuda de lo alto en tantos momentos de su vida y movido de su filial devoción a María, al profesar en 1911 cambió el nombre de Mateo Elías por el de Elías del Socorro.

Ordenado sacerdote en 1916, ejerce su ministerio en diversas localidades del Bajío, hasta que en 1921 es nombrado vicario parroquial de La Cañada de Caracheo (Gto.), un poblado en las estribaciones del “Culiacán”. En este centro de escasos recursos económicos, desprovisto de servicios sanitarios y de escuela pública no se limitó a la asistencia espiritual de su grey. Habiendo conocido el trabajo manual y la indigencia, no le pesaron ni las privaciones ni la pobreza, que compartió con ánimo generoso, jovial disponibilidad y confianza en la Providencia.

Fue precisamente durante estos años cuando nace el movimiento popular de los “cristeros”. El P. Nieves, que se mantuvo al margen de esta revolución armada, cuando a finales del 1926 se llegó a la efectiva persecución de la Iglesia, a pesar de su carácter tímido, en vez de obedecer la orden del gobierno de pasar a vivir en las ciudades, se estableció en la cueva de un cerro cercano, asegurando así a sus fieles la asistencia religiosa.

Esta clandestinidad forzada, llevada adelante durante catorce meses finalizará la mañana en que se tropezó con un destacamento de soldados, a los que llamó la atención que bajo el vestido blanco de campesino se entreviera el oscuro que empleaba en su ministerio pastoral nocturno. Interrogado, declaró su condición de sacerdote, siendo arrestado inmediatamente junto con un par de rancheros que se ofrecieron a acompañarlo. Al amanecer del 10 de marzo de 1928 militares y prisioneros se pusieron en camino en dirección al pequeño centro urbano de Cortazar. En el primer alto el capitán al frente del destacamento dio la orden de pasar por las armas a los dos acompañantes del Padre, testigos incómodos, quienes después de confesarse murieron victoreando a Cristo Rey. En la siguiente parada, ya próximos al poblado, el capitán se dirige al Padre diciéndole: “Ahora le toca a Vd., vamos a ver si morir es como decir misa”. El P. Nieves pidió unos momentos para recogerse, después dió la bendición a los soldados y comenzó a recitar el credo mientras estos preparaban las armas para fusilarlo. Sus últimas palabras fueron un sonoro “Viva Cristo Rey”.

Sus restos descansan en la iglesia parroquial de la Cañada.

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Autor: . | Fuente: ACIprensa.com
Macario de Jerusalén, Santo
Obispo, 10 de marzo
Macario de Jerusalén, Santo
Macario de Jerusalén, Santo

Obispo de Jerusalén (312-34).

Martirologio Romano: Conmemoración de san Macario, obispo de Jerusalén, que con sus exhortaciones logró que los Santos Lugares fueran restaurados y enriquecidos con basílicas por el emperador Constantino el Grande y por su madre, santa Elena. ( c.335)La fecha en la que Macario fue consagrado Obispo se encuentra en la versión de San Jerónimo de las “Crónicas” de Eusebio.

Su muerte debe haber acaecido antes del Concilio de Tiro, en el año 335, en el que su sucesor, Máximo, fue aparentemente uno de los obispos participantes.

Macario fue uno de los obispos a quienes San Alejandro de Alejandría escribiera previniéndolos contra Ario.

El vigor de su oposición a la nueva herejía se evidencia en la manera abusiva en la que Ario se refiere a él en su carta a Eusebio de Nicomedia.

Asistió al Concilio de Nicea, y vale mencionar aquí dos conjeturas relacionadas con el papel que desempeñó en dicho concilio. La primera es que hubo un forcejeo entre él y su obispo metropolitano Eusebio de Cesarea, en cuanto a los derechos de sus respectivas sedes. El séptimo canon del concilio (“Debido a que la costumbre y la tradición antigua muestran que el obispo de Elia [Jerusalén] debe ser honrado y debe tener precedencia; sin que esto perjudique, sin embargo, la dignidad que corresponde al obispo de la Metrópolis”), por su vaguedad sugiere que fue el resultado de una prolongada batalla.

La segunda conjetura es que Macario, junto con Eustaquio de Antioquía, tuvo mucho que ver con la redacción del Credo adoptado finalmente por el Concilio de Nicea.

Para mayores datos sobre la base de esta conjetura (expresiones que aparecen en el Credo y que recuerdan las de Jerusalén y Antioquía) el lector puede consultar a Hort, “Two Dissertations”, etc., 58 sqq.; Harnack, “Dogmengesch.”, II (3a edición), 231; Kattenbusch, “Das Apost. Symbol.” (Ver el índice del volumen II.).

De las conjeturas podemos pasar a la ficción. En la “Historia del Concilio de Nicea” atribuida a Gelasio de Cícico hay varias discusiones imaginarias entre los Padres del Concilio y los filósofos al servicio de Ario.

En una de esas discusiones, en donde Macario actúa como vocero de los obispos, éste defiende el Descendimiento a los infiernos.

Este hecho, consecuencia de la incertidumbre de si el Descenso a los infiernos se encontraba en el Credo de Jerusalén, es interesante, sobre todo si se tiene en cuenta que, en otros aspectos, el lenguaje de Macario aparece más conforme al del Credo.

El nombre de Macario ocupa el primer lugar los de los obispos de Palestina que suscribieron el Concilio de Nicea; el de Eusebio aparece en quinto lugar. San Atanasio, en su encíclica a los obispos de Egipto y Libia, incluye el nombre de Macario (quien había muerto ya hacía mucho tiempo) entre los de los obispos reconocidos por su ortodoxia.

San Teofano en su “Cronografía” indica que Constantino, al finalizar el concilio de Nicea, ordenó a Macario buscar los sitios de la Resurrección y de la Pasión y la Verdadera Cruz.

Es muy probable que esto haya sido así, ya que las excavaciones comenzaron muy poco tiempo después del concilio y se realizaron, aparentemente, bajo la superintendencia de Macario.

El gran montículo y las bases de piedra coronadas por el templo de Venus, que se habían construido sobre el Santo Sepulcro en la época de Adriano, se demolieron y “cuando de inmediato apareció la superficie original del suelo, contrario a todas las expectativas, se descubrió el Santo Monumento de la Resurrección de nuestro Salvador”.

Al oír la noticia, Constantino escribió a Macario dándole órdenes y detalladas para la construcción de una Iglesia en ese lugar.

Más tarde escribió otra carta “A Macario y a los demás Obispos de Palestina” ordenando la construcción de una Iglesia en Mambré, que también había sido profanada por un templo pagano. Eusebio, tal vez pensando en su dignidad como Obispo Metropolitano, aunque relata lo antes descrito, se refiere a la carta como “dirigida a mí”.

También se construyeron iglesias en los lugares e la Natividad y la Ascensión

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Autor: . | Fuente: dominicainesdebethanie.org || http://www.dominicosca.org
Jean-Joseph Lataste, Beato
Fundador, 10 de marzo
Jean-Joseph Lataste, Beato
Jean-Joseph Lataste, Beato

Sacerdote y Fundador
de las Religiosas de la Tercera Orden de Santo Domingo en Betania

Martirologio Romano: En Frasne-le-Chateau (Francia), Beato Jean-Joseph Lataste (en el siglo Alcide Vital), sacerdote profeso de la Orden de los Frailes Predicadores y fundador de las Religiosas de la Tercera Orden de Santo Domingo en Betania. ( 1969)

Fecha de beatificación: 3 de junio de 2012, durante el pontificado de S. S. Benedicto XVI
El Padre Lataste nació en Cadillac-sur-Garonne (Gironda, Francia), el 5 de septiembre de 1832. Fue el último de los siete hijos de Joan y Vital Lataste, su padre no era creyente pero no se opuso a que su mujer criara a sus hijos como buenos cristianos. Fue bautizado al siguiente día de su nacimiento, recibiendo del nombre de Alcide, su hermana mayor, Rosy, fue su madrina. De niño, fue curado milagrosamente de una seria enfermedad y él atribuía esa curación al patrocinio de la Santísima Virgen.

Desde muy joven, se sintió llamado al sacerdocio. Después de muchas dudas, y una profunda batalla personal, en 1857 ingresó en la orden de los dominicos, hizo profesión en presencia de su padre y dos hermanos y fue enviado a Toulouse para terminar los estudios. Vivió en los conventos de Chalais, Grenoble y St Maximin-la-Sainte-Baume, donde se familiarizó con María Magdalena a través de una profunda contemplación. El 10 de Mayo de 1862 hizo profesión solemne y el 8 de Febrero de 1963 fue ordenado sacerdote en Marseille a manos del Obispo Petagna. Continuó estudiando y fue finalmente asignado al convento de Bordeaux. Su ministerio sacerdotal se caracterizó por sermones inspirados, retiros, confesiones, mortificación y adoración del Santísimo Sacramento.

En 1864, fue enviado a predicar un retiro llevado a cabo en la prisión de mujeres de Cadillac, donde descubrió en ellas los maravillosos efectos de la gracia, y, en algunas, una llamada real a entregarse a Dios en una vida consagrada. Es en esta prisión, antes de la Eucaristía, que recibió la inspiración de fundar una nueva familia religiosa, donde todas las hermanas, cualquiera que sea su pasado, pueden unirse en un mismo amor y una misma consagración.

Así nace en 1866 -con la ayuda de la Madre Dominique-Henri de las Hermanas de la Presentación de Tours- la orden de las Hermanas Dominicanas de Betania cuyo propósito es dar la bienvenida a las mujeres liberadas de prisión para que puedan convertirse en religiosas, sin distinción entre ellas y las otras hermanas.

“Hay una verdad… las más grandes pecadoras tienen dentro de sí mismas a aquel que hace a los grandes santos. ¿Quién sabe si no lo llegarán a ser algún día?”

Era la primera comunidad de Dominicas de Betania, bajo la protección de Santa María Magdalena.

“Sea cual sea su pasado no las consideréis más como prisioneras, sino como almas consagradas a Dios, que, al igual que ustedes, son almas religiosas”.

Fray Lataste volvió a enfermarse en 1868. En esa ocasión, su enfermedad era tan seria que tuvo que dictar de manera oral las Constituciones de las Hermanas de Betania a la Madre Dominique-Henri, las cuales fueron completadas más tarde, después de su muerte, por fray Baker. Murió el 10 de Marzo de 1869 con un gran amor por sus hermanas y una gran gratitud a Dios. Fue inicialmente sepultado en el convento de las Hermanas en Frasne-le-Chateau. Su cuerpo fue trasladado posteriormente, cuando las hermanas se movieron a un nuevo convento en Montferrand-le-Chateau y fue trasladado de nuevo, esta vez a la capilla de las hermanas, cuando fue abierta la causa de beatificación. En su tumba dice: “Habiendo llegado a la perfección en poco tiempo, logró la plenitud de una larga vida”.

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Autor: Albam Butler | Fuente: La Vida de los Santos
Atalo, Santo
Abad, 10 de marzo
Atalo, Santo
Atalo, Santo

Abad

Martirologio Romano: En el monasterio de Bobbio, en la Emilia-Romaña, san Atalo, abad, quien, cultivador de la vida cenobítica, se retiró primero al monasterio de Lérins y después al de Luxeuil, donde fue sucesor de san Columbano, brillando sobremanera por su celo y por su virtud de discernimiento. ( 626)San Atalo, originario de Borgoña, pasó su juventud con Aregio, obispo de Gap, a quien sus padres le habían confiado. Sintiendo que sus progresos en la virtud no correspondían a sus éxitos en el estudio de las letras profanas, Atalo ingresó en el monasterio de Lérins. Sin embargo, más tarde decidió buscar una comunidad aún más estricta. En el célebre monasterio de Luxeuil, fundado por San Columbano en el antiguo pueblo romano de Luxovium (en la Borgoña), Atalo encontró toda la austeridad que pudiera desear y pronto llegó a ser el discípulo predilecto de San Columbano, quien vio en él a un alma gemela y se esforzó por guiarle a la más alta perfección. Cuando Teodorico, rey de Austrasia, desterró de Francia a San Columbano y a todos los monjes irlandeses, Atalo partió con el santo abad. En Lombardía, el rey Aguilulfo les asignó un solitario rincón de los Apeninos para que fundasen el monasterio de Bobbio (en Piacenza). Para entonces, San Columbano tenía ya setenta años de edad. Como sólo vivió un año más, hay que atribuir gran parte de la gloria de haber fundado el famoso monasterio a San Atalo, quien le sucedió en el cargo de abad, el año 615. El nuevo superior tuvo que enfrentarse con muchas dificultades, particularmente con la deslealtad de sus monjes, quienes, inmediatamente después de la muerte de San Columbano, empezaron a murmurar contra la severidad de la regla y se rebelaron.

San Atalo, como San Columbano, luchó largo tiempo contra el arrianismo, que había invadido los alrededores de Milán. Dios le había concedido el don de curar a los enfermos; su biógrafo, Jonás el Escocés, presenció algunas de las curaciones milagrosas que hizo. Cincuenta días antes de su muerte, San Atalo recibió aviso del cielo de prepararse para un largo viaje. No sabiendo si se trataba de una expedición al extranjero o del paso a la eternidad, el abad puso en orden los asuntos del monasterio y se preparó como si fuese a partir. Cuando la fiebre empezó a dejarse sentir, San Atalo comprendió que el aviso del cielo se refería a su muerte. La enfermedad se agravó y el santo pidió que le colocasen fuera de su celda, junto a la cruz que se levantaba ante la puerta y que él había tocado siempre al entrar y al salir. Como quisiese estar solo unos momentos, todos se alejaron, excepto San Bliomondo (más tarde abad de Saint-Valéry), quien solamente se retiró un poco, por si el santo necesitaba de su ayuda. San Atalo dio gracias a Dios con muchas lágrimas; después vio el cielo abierto y se quedó contemplándolo varias horas. Más tarde, los monjes le introdujeron de nuevo en la celda. El santo murió al día siguiente y fue sepultado en Bobbio, junto a su maestro San Columbano. Posteriormente, se colocó en la misma tumba el cuerpo de San Bertulfo y los tres varones de Dios fueron venerados conjuntamente.

VIDAS DE LOS SANTOS Edición 1965
Autor: Alban Butler (†)
Traductor: Wilfredo Guinea, S.J.
Editorial: COLLIER´S INTERNATIONAL – JOHN W. CLUTE, S. A.

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Autor: Fabio Arduino | Fuente: santiebeati.it
Víctor, Santo
Mártir, 10 de marzo
Vícor, Santo
Vícor, Santo

Mártir

Martirologio Romano: En África, conmemoración de san Víctor, mártir, sobre el cual en el día de su fiesta, San Agustín dio a la gente un sermón.Son varios los santos llamados Víctor que son venerados por la Iglesia, pero, con excepción de los “corposantos”, éste es sin duda del que tenemos menos información. De hecho, en honor a la verdad, de él tan sólo sabemos su nombre. Posidio, biógrafo de San Agustín, en su Indiculus -lista de obras de San Agustín- menciona un sermón dedicado a San Víctor mártir, pero es imposible saber a cual de todos los santos mártires homónimos del África septentrional pudo referirse. Lo que si sabemos con toda certeza es que el cardenal Baronio lo insertó en el Martyrologium Romanum del 10 de marzo.

responsable de la traducción: Xavier Villalta

NOTA: Este término se le aplica aquellos cuerpos de santos desconocidos extraídos de las catacumbas o también de otros sitios, pero siempre a santos desconocidos.

 

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