Santoral del 25 de Febrero


Autor: . | Fuente: Archidiócesis de Madrid
Valerio, Santo
Eremita, 25 de febrero
Valerio, Santo
Valerio, Santo

Eremita

Santo Tradicional, no incluido en el Martirologio Romano actualSanto de heroicas virtudes y de invicta paciencia en la adversidad.

Nacido en Astorga y cristiano desde pequeño. La región del Bierzo es el escenario de sus virtudes y de su vida. Quiso entrar en el monasterio que fundó san Fructuoso en Compludo, pero por razones todavía hoy desconocidas no pudo entrar.

Fallido el intento monacal, comienza una vida de oración y penitencia viviendo al estilo de los antiguos eremitas. Su modo de vivir, poco frecuente en la época, hace que de boca en boca vaya pasando la noticia de su existencia entre los habitantes del lugar que empiezan a visitarle en la ermita que hay junto al castillo llamado de la Piedra, en Astorga. Allá concurren con deseos de escucharle y de ser confortados en sus penas. El clérigo el cuidador de la ermita sólo comienza a interesarse por ella cuando advierte el sonar de las monedas y huele los pingües beneficios de las ofrendas; como se posesiona de ellas de mala manera, el santo se marcha para no facilitar su codicia extrema; pero hasta los pocos libros que tenía hubo de dejarlos en la ermita por considerar el clérigo chupón que fueron de ella.

La gente del lugar le echa de menos y le sugieren un nuevo sitio para vivir, rezar y predicar. En Ebronato le edifican los fieles un oratorio donde se instala y recomienza. Como la gente se arremolina en torno a él, el obispo nombra un presbítero para que atienda la pequeña iglesia construida; Justo se llama el pastor y su justicia en el nombre se queda. De nuevo queda Valerio sin techo y reducido a la miseria. La gente sigue queriéndole y sufre la mala envidia de Justo que en alguna ocasión llegó a emplear la violencia física contra Valerio.

En el mismo Bierzo, allí donde Fructuoso fundó el monasterio de san Pedro, encuentra un lugar tranquilo y puede reanudar una vez más su vida penitente y orante de eremita. El obispo de Astorga, Isidoro, le llama y pide su compañía para asistir al concilio de Toledo, al que no llegan por la muerte del prelado.

También escribió dejando por escrito testimonio de la época. Esta literatura se conservó en el monasterio de Carracedo y la mantuvo como tesoro la iglesia de Oviedo. Su pluma dejó a la posteridad la vida de san Fructuoso, un abundante grupo de máximas y consejos a los religiosos del Bierzo, las revelaciones de los monjes Máximo y Bonelo y la historia del abad Donadeo.

Terminó su vida a finales del siglo VII y sus reliquias se conservaron en el Altar Mayor de la iglesia del monasterio de san Pedro de los Montes, de la orden benedictina, cerca de Ponferrada.

A quien se interna en su vida le da la sensación de que Dios lo preparó para la contrariedad. Y lo muy curioso del caso es que sus enfrentados siempre fueron clérigos. ¿Tan feo les pareció Valerio? Muchos de los buenos afirman, con pueril benevolencia, que es muy difícil convivir en esta tierra con un santo verdadero; pero quizás no caen en la cuenta de que a quien seriamente le cuesta convivir con los demás es al que lleva vida recta.

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Autor: Juan Escobar, o.f.m. | Fuente: Franciscanos.org
Sebastián de Aparicio, Beato
Religioso Franciscano, 25 de febrero
Sebastián de Aparicio, Beato
Sebastián de Aparicio, Beato

Religioso Franciscano

Martirologio Romano: En Puebla de los Ángeles, en México, beato Sebastián Aparicio, que, siendo pastor de ovejas, pasó de España a México, donde reunió con su trabajo una notable fortuna con la que ayudó a los pobres y, habiendo enviudado dos veces, fue recibido como hermano en la Orden de los Hermanos Menores, en la cual falleció casi centenario (1600).

Etimológicamente: Sebastián = Aquel que es digno de respeto, es de origen griego,

Fecha de beatificación: 17 de mayo de 1789 por el Papa Pío VI.El año de 1533 llegaba a las playas mexicanas, confundido entre los numerosos viajeros, un joven, de nombre Sebastián, que había nacido el 20 de enero de 1502 en el pueblo de Gudiña, de la provincia de Orense (España). Su niñez transcurrió junto a sus padres, Juan de Aparicio y Teresa del Prado, ambos cristianos de vieja cepa, caritativos y de nobles costumbres; su mocedad y parte de su juventud pasó en medio del campo, entregado a las labores agrícolas para ganar el sustento diario y reunir la dote suficiente para sus dos hermanas. Salamanca, Zafra de Extremadura y Sanlúcar de Barrameda vieron a Sebastián trabajar afanosamente y pudieron admirar sus grandes virtudes –pese a sus años mozos–, entre las que sobresalían su simplicidad, rectitud de corazón y su amor por la castidad.

De la antigua Veracruz donde desembarcó Sebastián, se dirigió a la ciudad de La Puebla, recién fundada por el franciscano fray Toribio de Benavente, conocido más bien con el sobrenombre de Motolinía. Las grandes extensiones de terreno baldío y la seguridad que daba la Audiencia Real a todos los españoles que quisieran residir en la dicha ciudad, atrajeron a Sebastián y lo indujeron a dedicarse a la labranza. Dotado, empero, de un ingenio natural poco común y de una mirada de vastos horizontes, Sebastián concibió la idea de adaptar el camino de México a Veracruz para que por él pasasen las carretas que muy pronto construyó con un amigo suyo español. Esas carretas fueron las primeras que, tiradas por toros o novillos amansados por el mismo Sebastián, hollaron el suelo de México. Con esa obra resolvía dos problemas fundamentales: primero, el difícil transporte de mercancías, y el segundo, aliviar a los indios de la fatiga que padecían al tener que transportar todo sobre sus requemadas espaldas.

Pasados algunos años, Sebastián se dirigió nuevamente a la Real Audiencia de México para pedir permiso de abrir un nuevo camino que traería prosperidad y progreso para todos. Se propuso nada menos que abrir un camino que fuese de la capital mejicana hasta Zacatecas, que empezaba a manar plata de sus entrañas. Hoy en día admira aún la obra titánica de Sebastián por sus vastas y grandiosas proporciones: tuvo que allanar hondonadas, rodear montes, construir puentes de madera, llevar provisiones para sus trabajadores y, sobre todo, lograr la amistad con las tribus chichimecas, tristemente célebres por su ferocidad y canibalismo. Ante esta obra de gigantes y de santos, Sebastián no se arredró. Su mente y su corazón aspiraban a mayores cosas y en pocos años vio terminada la obra que lo inmortalizaría para siempre. Sus cuadrillas de carretas recorrieron aquellas larguísimas distancias sin ser molestadas por los chichimecas, quienes al ver la mansedumbre y caridad con que los trataba Sebastián le amaron, le protegieron y nunca le hicieron mal alguno. Esas mismas cuadrillas se convirtieron también en seguro refugio para los pasajeros y gracias también a los esfuerzos de Sebastián los pequeños poblados aumentaron considerablemente, como la ciudad de Querétaro.

Durante unos dieciocho años Sebastián había entregado lo mejor de sus fuerzas para abrir caminos y fomentar el comercio en México; pero ya en 1552 decidió dejar su oficio, que pingües ganancias le había acarreado, y compró unas tierras por las afueras de la capital mexicana, entre Atzcapotzalco y Tlanepantla. Sus nuevos proyectos fueron provechosos para todos, ya que sus campos eran una escuela práctica donde aprendían los indios la labranza; su hogar se convirtió en asilo seguro donde no sólo encontraban los pobres y menesterosos refugio, sino el pan diario y consejos para volver a amar la vida y el trabajo, y donde podían aprender las virtudes cristianas que Sebastián no dejaba nunca de ejercitar. Entre estas virtudes sobresalía su amor ardiente al Santísimo Sacramento y a la Virgen María, cuyo rosario no omitió en todos los días de su vida.

Las riquezas que honrada y justamente había adquirido Sebastián atrajeron las miradas codiciosas de varios vecinos suyos para persuadirle a contraer matrimonio. Las proposiciones no podían ser sino ventajosas; y con todo, Sebastián las rechazó constantemente, hasta que un día él mismo resolvió casarse con una joven pobre, pero de muy nobles virtudes. Era el año 1562. Sebastián se comportó con su esposa en público como marido que era de ella, mas en privado la persuadió a guardar la virginidad. A la hora del descanso, ella dormía en el lecho y él tendía una estera en el suelo, donde se acostaba. Un año había apenas transcurrido y Sebastián se encontró viudo. Dos años después, movido de su caridad en favorecer a otra pobre joven, de nombre María Esteban, contrajo con ella matrimonio, sin cambiar por ello su antiguo modo de dormir en el suelo y de mortificarse en todo lo que podía. A pesar del tenor de vida que Sebastián llevaba, no le faltaron dificultades y pruebas que soportó cristianamente. Una enfermedad que lo puso a un pie del sepulcro y la muerte inesperada de su segunda mujer fueron los vendavales que sacudieron hasta sus raíces aquel fuerte árbol, que, desprendiéndose más y más de los bienes terrenales, empezó a meditar consigo mismo de qué modo serviría más perfectamente al Señor y alcanzaría con menores peligros su salvación eterna.

Pasó todavía algún tiempo trabajando en sus campos, hasta que, guiado por los consejos de su confesor, resolvió dejarlo todo. Vendió sus bienes, entregó el precio a las religiosas de Santa Clara de México, tomó el hábito de donado franciscano y pasó a servir a las mismas religiosas en calidad de mozo. Contaba ya en aquella sazón setenta y un años de edad. La gracia divina siguió moviendo suavemente aquel corazón que desde pequeño le pertenecía y lo envió al convento de San Francisco de México, donde tomó el hábito y, a pesar de las inmensas dificultades que encontró en su resolución, profesó el 13 de junio de 1575.

Durante aquel año de recogimiento, oración y mortificación, Fr. Sebastián meditó sobre las virtudes de San Francisco: su obediencia, su pobreza, su amor a la Pasión del Señor, su amor hacia todas las cosas por ser criaturas de Dios, y con mejores alas remontó su alma a una entrega cada vez más perfecta en las manos de la Madre de Dios, cuyo rosario traía siempre consigo y devotamente recitaba varias veces al día. Apenas habían pasado unos dos meses de su profesión, la obediencia le mandó al convento de Tecali, donde había necesidad de un hermano que cuidase de la cocina, portería y huerta pequeña. Los religiosos admiraron la virtud del humilde hermano lego, que atendía todos los menesteres del convento con alegría y prontitud; mas poco tiempo estuvo en aquel lugar, pues recibió nuevas órdenes de trasladarse al convento de Las Llagas de Nuestro Seráfico Padre San Francisco de Puebla de los Angeles. Partió al punto con la misma alegría y contento que había manifestado y, llegado que hubo, le encargaron de un oficio por lo demás penoso y duro, tenida cuenta de su avanzada edad: el de limosnero. Con su acostumbrada alegre obediencia tomó sobre sí el nuevo cargo. Tenía que recorrer la extensa campiña de Puebla en busca de alimentos y demás provisiones, que serían el sustento de más de cien religiosos que moraban en ese convento.

Pidió de limosna algunos toros y construyó carretas, que fueron sus inseparables compañeros hasta los últimos días de su vida. Los labradores de los pueblos circunvecinos tuvieron oportunidad de admirar su paciencia, mortificación, caridad y desprendimiento de todas las cosas. Tiraba su viejo manto sobre el suelo y dormía debajo de las carretas sin interesarle que lloviera, hiciera frío o cayera nieve. Además de esto añadía dolorosas penitencias para tener sujeto y a raya al «hermano asno», que pronto y sujeto le obedecía en el servicio del Señor. En la ciudad de Puebla repartía sigilosa y caritativamente limosnas a familias vergonzantes y jamás el convento notó la falta de lo necesario. La simplicidad de Fr. Sebastián pasó a ser proverbial. Ésta no era más que el fruto precioso de su amor a Dios y de su obediencia inmediata a las órdenes de sus superiores. Tal simplicidad de corazón le abrió un camino nuevo en la vía de la santidad. Todo lo veía a través de su «fe de acero», como solía repetir, y su preocupación era «no perder a Dios de vista». Por amor a Dios llevó a cabo hasta los mínimos actos de su vida religiosa y Dios le premió con favores inauditos. En cierta ocasión el padre guardián le ordenó ir a traer madera al monte de La Malinche, distante unos 25 kilómetros de la ciudad de Puebla. Al tener ya cargada la carreta se le rompió el eje de una rueda. Fray Sebastián no dudó en emprender el camino en esas condiciones desastrosas. Apenas había llegado al convento y se disponía a componer la carreta, el padre Guardián le ordenó que fuera a Tepeaca, distante unos 36 kilómetros, a traer unas limosnas. El fraile obedeció al punto. Tomó su carreta, que de hecho no tenía más que una sola rueda, y así fue y regresó sin lamentar cosa alguna. Por cumplir la obediencia Dios obró el prodigio de que la carreta cargada de leña y el mismo Fr. Sebastián volaran sobre la barranca de Quautzazaloyan (hoy en día: Barranca de los Pilares), obstruida en aquellos momentos por otras carretas descompuestas.

Tuvo un gran dominio sobre los toros y animales indómitos. Cierto día, el superior le ordenó acarrear piedra del río –que pasa cerca del convento– sobre un mulo que nadie había podido domar, pero ni siquiera acercarse a él. Fray Sebastián fue al bruto animal y le dijo que era menester trabajar. El antes salvaje y rudo mulo a las palabras del fraile dócilmente se sujetó. Otra vez venía de Atlixco a Puebla y pernoctó en un lugar donde había enjambres de hormigas. Sucedió que durante la noche se llevaron el trigo que traía. Al día siguiente, al notar Fr. Sebastián la merma del trigo, ordenó a las hormigas que lo devolviesen, cosa que ellas cumplieron al punto.

Los labradores le buscaban para que conjurara las tempestades o acabara con las plagas que azotaban sus sementeras, lo que siempre hacía llevado de su gran caridad. Su cuerda se hizo famosa en muchísimas partes. Al contacto de ella sanaban enfermos y las mujeres en difíciles partos daban a luz felizmente. Uno de los más antiguos biógrafos del beato Sebastián, la llama el «sánalotodo» o medicamento universal. No podemos menos de citar el milagro que Dios obró por medio de su siervo. Aconteció que un niño de catorce meses de edad, hijo de unos bienhechores del convento, radicados en Huejotzingo, se metió debajo de una carreta tirada por bravos toros. Asustados éstos arrancaron y la pesada rueda pasó sobre el niño, enterrándolo en la tierra. Poco después llegó Fr. Sebastián y los padres del niño se lo presentaron muerto, rogándole hiciese algo por ellos. El fraile rogó a Dios y el niño resucitó por sus súplicas.

Después de veinticuatro años que sirvió al convento como limosnero, Fr. Sebastián oyó la voz de Dios que lo invitaba a descansar en su reino. Llegó el 20 de febrero de 1600 atacado por fuertes dolores de la hernia que por muchos años le martirizó. Cinco días después, tirado en el suelo sobre una cobija, esperó a la «hermana muerte corporal» con toda la alegría de su espíritu. A las ocho de la noche del día 25 entregó su espíritu en las manos del Señor.

Apenas muerto, los prodigios se multiplicaron y es fama constante que hoy en día aún no cesan. Su cuerpo quedó incorrupto y despidiendo un aroma exquisito, que todavía en nuestros tiempos se percibe.

La fama de sus virtudes y milagros llegó a Roma y el papa Pío VI lo declaró Beato el 17 de mayo de 1789, concediendo al mismo tiempo oficio y misa a la Orden franciscana.

Los años han volado, pero la fama del taumaturgo poblano sigue aumentando y su culto propagándose por toda la República mejicana y fuera de ella. Los conductores de toda clase de vehículos consideran al Beato Sebastián como a celestial patrón. Esperamos que no esté lejano el día en que la inmortal Roma inscriba en el catálogo de los santos al «fraile carretero», que trabajó como pocos en Méjico, y dio pruebas de acrisoladas virtudes y lustre a la Orden de San Francisco de Asís.

fuente:Año Cristiano, Tomo I
Beato Sebastián de Aparicio
Autor: Juan Escobar, OFM
Madrid, Ed. Católica
(BAC 182), 1959, pp. 433-438

URNA DEL BEATOSi deseas conocer la historia sobre el lugar en el que está expuesto el cuerpo incorrupto del Beato Sebastián de Aparicio, sugerimos descargar y leer el siguiente archivo en Word: “URNA, platícame la historia del Beato Sebastián”

Urna del Beato Sebastián de Aparicio
Capilla de la Virgen María la Conquistadora
Iglesia de San Francisco
Puebla de los Ángeles, Puebla
México

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Autor: . | Fuente: Carmelnet.org
Avertano de Lucca, Beato
Religioso Carmelita, 25 de febrero
Avertano de Lucca, Beato
Avertano de Lucca, Beato

Religioso Carmelita

Martirologio Romano: En Luca, de la Toscana, beato Avertano, peregrino, religioso de la Orden de los Carmelitas (c. 1386).

Fecha de beatificación: Su culto fue confirmado en 1672 por el Papa Clemente XNo son muchas las noticias que poseemos de la vida de este ilustre carmelita.

Buena fuente de estas noticias, aunque muy parca, es el Catálogo de los Santos, escrito a finales del siglo XIV.

Según él, nuestro Avertano nació en la diócesis de Limoges (Francia) a finales del siglo XII.

Con deseos de alcanzar la santidad y atraído por los buenos ejemplos de los carmelitas que venidos de Oriente acababan de llegar a su patria, abrazó la vida del Carmelo como hermano de obediencia.

Pronto llamó la atención por sus muchas virtudes, que ejerció en todos los conventos donde le tocó vivir

Fue a Italia y, con gran fama de santidad, visitó varios santuarios y obró el Señor por su medio muchos prodigios.

Murió en Lucca en el siglo XIII donde fue enterrado.

Pronto acudieron a venerar su sepulcro de toda Italia y de otras naciones porque el Señor obraba muchos milagros en favor de cuantos acudían a él.

Hay pinturas muy antiguas alusivas a su entierro y a sus milagros.

En el misal carmelita de 1514 ya se introdujo su nombre como beato de la Orden.

La Santa Sede aprobó su oficio de misa y brevario el 1672. Su vida va unida con la del Bto. Romeo porque parece ser que el cuerpo de este último fue enterrado en el mismo sepulcro que el del Beato Avertano.

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Autor: Xavier Villalta
Cesáreo de Nazianzo, Santo
Médico, 25 de febrero
Cesáreo de Nazianzo, Santo
Cesáreo de Nazianzo, Santo

Médico

Martirologio Romano: En Nazianzo, de la región de Capadocia, san Cesáreo, médico, hermano de san Gregorio Nazianceno (369).

Etimológicamente: Cesáreo = Aquel con larga cabellera, es de origen latino.El hijo menor de Gregorio el Viejo, obispo de Nacianzo, y su esposa Nonna, Cesáreo nació en la villa familiar de Nacianzo. Su madre, su hermano Gregorio -el famoso teólogo-, y su hermana Gorgona, son venerados como santos.

Cesáreo probablemente estudió en Cesarea Mazaca en Capadocia preparándose para las escuelas de élite de Alejandría en Egipto; allí sus estudios favoritos fueron geometría, astronomía y especialmente medicina. En esta última ciencia destacó respecto a todo el resto de estudiantes.

Alrededor de 355 llegó a la capital imperial, Constantinopla y ya había ganado gran reputación por su habilidad médica, cuando su hermano Gregorio, en dirección al hogar desde Atenas, apareció allí, alrededor del año 358. Cesáreo sacrificó un puesto bien remunerado y honorable para regresar con Gregorio junto a sus padres. Pronto se demostró que la capital lo atraía profundamente, y con el tiempo se convirtió en un eminente doctor en la corte bizantina de Constancio II y, con gran pesar por parte de su familia, de Juliano. Juliano fracasó en sus esfuerzos por ganárselo para el brevemente restaurado paganismo. Cesáreo, que apreciaba más su fe que el favor imperial, acabó abandonando la corte, pero regresó a Constantinopla después de la muerte de Juliano en 363.

Con el emperador Valente, Cesáreo fue cuestor de Bitinia, un cargo que incluía tesorería y recolección de impuestos. Después de escapar de un terremoto que sacudió Nicea (11 de octubre de 368), San Basilio le escribió, rogándole que dejara su posición política y la abandonara para seguir una vida religiosa. Sin embargo, Cesáreo resultó muerto repentinamente por la extensión de la plaga que siguió al terremoto, poco después de haber recibido el bautismo, que él, como muchos otros de la época, había demorado hasta el final de su vida. Después de su muerte, su gran patrimonio fue rápidamente saqueado por sirvientes y acreedores. Su hermano Gregorio insistió en que lo que quedara de la finca se distribuyera entre los pobres y los parientes que quedaban vivos. Sus restos fueron enterrados en Nacianzo, donde su hermano pronunció la oración fúnebre en presencia de sus padres. En la oración «Oh, su hermano: san Cesáreo», Gregorio retrata a su hermano como un modelo cristiano y asceta, proporcionando la principal fuente de detalles de su vida y estableciendo las bases para su eventual canonización.

Su moderno biógrafo, John McGuckin sostiene que mientras Cesáreo y su hermano Gregorio estaban muy próximos, tenían caracteres muy diferentes. Mientras Gregorio perseguía una vida religiosa, su hermano, más vivaz y sociable, estaba muy cómodo en el mundo de la política bizantina. Los dos eran figuras complementarias; Gregorio se fiaba de su hermano para que le guiase a través de las tribulaciones, mientras que Cesáreo animó los intereses literarios y retóricos de su hermano.

La afirmación de que este Cesáreo era el mismo que Cesáreo, Prefecto de Constantinopla, que en 365 fue enviado a prisión por Procopio, se basa en una suposición que hizo Jacques Godefroy (1587-1652), el editor del Código Teodosiano (Lyon, 1665), y no en ningún fundamento histórico sólido.

Los cuatro Diálogos de 197 preguntas y respuestas que tradicionalmente se atribuyen a Cesáreo y que pueden encontrarse en Migne, Patrologia Graeca, XXXVIII, 851-1190, difícilmente pueden provenir de su pluma, debido a su naturaleza, contenidos y anacronismos. En general se supone que son espurias.

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Autor: Xavier Villalta
Calixto Caravario, Santo
Presbítero y Mártir, 25 de febrero
Calixto Caravario, Santo
Calixto Caravario, Santo

Presbítero y Mártir

Martirologio Romano: Junto al río Beijiang, cerca de la ciudad de Shiuchow, en la provincia china de Guanddong, santos mártires Luis Versiglia, obispo, y Calixto Caravario, presbítero, de la Sociedad Salesiana, que sufrieron el martirio por causa de su acción pastoral en favor de las personas que les estaban confiadas (1930).

Etimológicamente: Calixto = Aquel de gran belleza, es de origen griego.

Fecha de canonización: 1 de octubre de 2000 por el Papa Juan Pablo II.Calixto nació en Cuorgné, cerca de Turín, el 8 de junio de 1903. Fue alumno del oratorio de Valdocco.

Al encontrarse en Turín, en 1921, con Monseñor Luis Versiglia, misionero, prometió alcanzarlo en China, y cumplió con su palabra dos años después.

Todavía se encontraba en período de formación inicial, cuando marchó a China como misionero salesiano.

Ordenado de sacerdote en 1929 por monseñor Luis Versiglia, se destinó al vicariato de Shiu Chou.

Ordenado sacerdote, siempre muy fiel a su consagración religiosa y animado por una caridad cada vez más ardiente, acompañaba a Monseñor Versiglia en una visita pastoral en el distrito de Lin Chow, junto con dos maestros, dos catequistas y una alumna cuando el 25 de febrero de 1930, en un lugar aislado del río, fueron asaltados por piratas comunistas. Por defender la incolumidad y la virginidad de las tres mujeres, ambos misioneros fueron asesinados en Li Tau Tseu, a orillas del río Lin Chou.

La autenticidad de su martirio fue reconocida por la Congregación de Causas de los Santos el 13 de Noviembre de 1976.

El Papa Juan Pablo II los beatificó como mártires salesianos, el 15 de mayo de 1983, reconociendo en ellos el ideal del pastor que da la vida por sus ovejas, por causa de la verdad y de la justicia, defensores de los pobres, triunfadores sobre el mal del pecado y de la muerte.

El mismo Juan Pablo II, en el año 2000 proclamó oficialmente su santidad junto a otros 119 de mártires chinos.

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Autor: Luis Alfonso Orozco | Fuente: libro “Madera de Héroes” || http://www.santotoribioromo.com
Toribio Romo González, Santo.
El santo protector de los “mojados”, 25 de febrero
Toribio Romo González, Santo.
Toribio Romo González, Santo.

Presbítero y Mártir

Martirologio Romano: En la aldea de Tequila, en el territorio de Guadalajara, en México, santo Toribio Romo, presbítero y mártir, que a causa de su condición sacerdotal fue asesinado en tiempo de persecución religiosa (1928).

Etimología: Toribio = “Ruidoso” o “Movido”, es de origen griego.

Fecha de canonización: 21 de mayo de 2000 por el Papa Juan Pablo II.

Nació en Santa Ana de Guadalupe, ranchería (actualmente, con 390 habitantes) que pertenece al municipio de Jalostotitlán, en la zona de Los Altos de Jalisco, el 16 de abril de 1900. Fue hijo de Patricio Romo Pérez y de Juana González Romo, quienes lo llevaron a bautizar al día siguiente de su nacimiento a la parroquia de la Virgen de la Asunción.

Como todos los niños, acudió a la escuela parroquial de su pueblo y a la edad de doce años, por consejo de su hermana y con el apoyo de sus padres, ingresó al Seminario auxiliar de San Juan de los Lagos. María, además de hermana, fue una celosa promotora de la educación de Toribio. Sus padres oponían resistencia a que estudiara, pues era un apoyo en las faenas propias del campo. “Quica”, como era llamada familiarmente María por sus parientes más cercanos, incluso contribuyó a infundir en él su vocación y fue quien lo acompañó en todos sus destinos para auxiliarlo.

SACERDOCIO

Después de ocho años pasó al Seminario de Guadalajara. a los 21 años de edad debió solicitar dispensa de edad a la Santa Sede antes de proceder a la recepción del orden presbiteral. El señor arzobispo Francisco Orozco y Jiménez le confirió el diaconado el 22 de septiembre de 1922, y el 23 de diciembre del mismo año administró la ordenación sacerdotal. Prestó su servicios ministeriales en Sayula, Tuxpan, Yahualica y Cuquío. En la parroquia de este último destino se encontró con el señor cura Justino Orona, padre bondadoso que le brindó su amistad.

La persecución callista contra la Iglesia Católica enardeció los ánimos de los habitantes de Cuquío y el 9 de noviembre de 1926 se levantaron en armas más de trescientos hombres para repeler la opresión del Gobierno, que perseguía a muerte al párroco y a los sacerdotes, quienes anduvieron a salto de mata huyendo de un lugar a otro, esperando de un momento a otro la muerte. El padre Toribio escribió en su diario: …”Pido a Dios verdadero mande que cambie este tiempo de persecución. Mira que ni la Misa podemos celebrar tus Cristos; sácanos de esta dura prueba, vivir los sacerdotes sin celebrar la Santa Misa… Sin embargo, qué dulce es ser perseguido por la justicia. Tormenta de duras persecuciones ha dejado Dios venir sobre mi alma pecadora. Bendito sea El. A la fecha, 24 de junio, diez veces he tenido que huir escondiéndome de los perseguidores, unas salidas han durado quince días otras ocho… unas me han tenido sepultado hasta cuatro largos días en estrecha y hedionda cueva; otras me han hecho pasar ocho días en la cumbre de los montes a toda la voluntad de la intemperie; a sol, agua y sereno. La tormenta que nos ha mojado, ha tenido el gusto de ver otra que viene a no dejarnos secar, y así hasta pasar mojados los diez días…”

Su gran amor a la Eucaristía le hacía repetir con frecuencia esta oración: Señor, perdóname si soy atrevido, pero te ruego me concedas este favor: no me dejes ni un día de mi vida sin decir la Misa, sin abrazarte en la Comunión… dame mucha hambre de Ti, una sed de recibirte que me atormente todo el día hasta que no haya bebido de esa agua que brota hasta la Vida Eterna, de la roca bendita de tu costado herido. ¡Mi Buen Jesús!, yo te ruego me concedas morir sin dejar de decir Misa ni un solo día.

En septiembre de 1927, el padre Toribio tuvo que retirarse y desde el cerro de Cristo Rey lloró afligido porque tenía que dejar el pueblo, decir adiós a su querido párroco; porque los superiores le ordenaban que se hiciera cargo de la parroquia de Tequila, Jalisco, lo cual no era una misión apetecible ya que el municipio era entonces uno de los lugares donde las autoridades civiles y militares más perseguían a los sacerdotes.

No se intimidó por ello y localizó una antigua fábrica de tequila que se encontraba abandonada cerca del rancho Agua Caliente, la utilizó como refugio y lugar para seguir celebrando misas.; presintió que allí sería su muerte inevitable, y lo dijo: “Tequila, tú me brindas una tumba, yo te doy mi corazón”.

Por los graves peligros el padre Toribio no podía vivir en el curato de Tequila, y se hospedó en la barranca de Agua Caliete en la casa del señor León Aguirre. En diciembre de 1927, el hermano menor de Toribio fue ordenado sacerdote y enviado también a Tequila como vicario cooperador; a los pocos días llegó también su hermana María para atenderlos y ayudarlos.

MARTIRIO

El padre Toribio había ofrecido su sangre por la paz de la Iglesia y pronto el Señor aceptó el ofrecimiento. El Miércoles de Ceniza, 22 de febrero, el padre Toribio pidió al padre Román (su hermano) que le oyera en confesión sacramental y le diera una larga bendición; antes de irse le entregó una carta con el encargo de que no la abriera sin orden expresa. También pasó jueves y viernes arreglando los asuntos parroquiales para dejar todo al corriente. A las 4 de la mañana del sábado 25 acabó de escribir, se recostó en su pobre cama de otates y se quedó dormido.

De pronto una tropa compuesta por soldados federales y agraristas, avisados por un delator, sitió el lugar, brincaron las bardas y tomaron las habitaciones del señor León Aguirre, encargado de la finca y unagrarista grita: “¡Este es el cura, mátenlo!” Al grito despertaron el padre y su hermana y él contestó asustado: “Sí soy… pero no me maten”… No le dejaron decir más y dispararon contra él; con pasos vacilantes y chorreando sangre se dirigió hacia la puerta de la habitación, pero una nueva descarga lo derribó. Su hermana María lo tomó en sus brazos y le gritó al oído: “Valor, padre Toribio… ¡Jesús misericordioso, recíbelo! y ¡Viva Cristo Rey!” El padre Toribio le dirigió una mirada con sus ojos claros y murió.

Estando muerto ya su hermano, la amarraron espalda con espalda con el cadáver, en tanto armaban una camilla de ramajes para transportar el cuerpo del Padre Toribio.

Los verdugos lo despojaron de sus vestiduras y saquearon la casa para después llevarse presa a su hermana María a pie hasta el poblado de “La Quemada”, sin permitirle que sepultara a su hermano, pero antes habían pasado frente a la presidencia municipal con el cadáver del Mártir Toribio sobre la camilla improvisada con palos que transportaban unos vecinos, pero ahí, los soldados que, además, iban silbando y cantando obscenidades al tiempo que los demás rezaban.

María, ya liberada de su breve aprisionamiento, descalza, así como estaba, viajó a pie hasta Guadalajara, a casa de sus padres, para aislarse del odio, cobijarse en el amor paterno y llorar con los suyos la pérdida de su «querido niño».

La familia Plascencia consiguió permiso de velarlo en su casa y al día siguiente, domingo 26 de febrero, con mucha gente que rezaba y lloraba, lo sepultaron en el panteón municipal.

Pasados algunos días su hermano el Padre Román, obediente, abrió la carta en Guadalajara, encontrándose con que era el testamento del Padre Toribio y leyó su contenido: “Padre Román, te encargo mucho a nuestros ancianitos padres, haz cuanto puedas por evitarles sufrimientos. También te encargo a nuestra hermana Quica que ha sido para nosotros una verdadera madre… a todos, a todos te los encargo. Aplica dos misas que debo por las Almas del Purgatorio, y pagas tres pesos cincuenta centavos que le quedé debiendo al señor cura de Yahualica…”

RELIQUIAS

El padre Toribio murió como mártir de la fe cristiana el 25 de febrero de 1928. Veinte años después de su sacrificio, los restos del mártir Toribio Romo regresaron a su lugar de origen, y fueron depositados en la capilla construida por él, en Jalostotitlán.. El 22 de noviembre de 1992 fue beatificado, y el 21 de mayo de 2000 fue canonizado junto con 24 compañeros.

RELATO DE MARGARITA ROMO
sobrina de Santo Toribio

Aún es posible rescatar la memoria histórica de nuestros Santos Mártires, pues sobreviven testigos, familiares y personas que tuvieron contacto personal con ellos o con algún familiar directo. Tal es el caso de Margarita Romo Enríquez, sobrina carnal de Santo Toribio. Hija de Francisco Romo, hermano del santo y vecina del tradicional barrio de Santa Teresita, -lugar entrañablemente relacionado con la vida de los Romo-, ella tiene mucho qué decir de Santo Toribio. A sus 73 años su figura es erguida; de tez blanca y ojos azules, como los de mucha gente bella de Los Altos, su rostro amable, sereno y la gran lucidez en el discurso de su charla, descubren en ella la envidiable madurez y la satisfacción que deja el deber cumplido.

De su padre, Francisco, y de su tía María, «Quica» para la gente más cercana a ella, conserva frescas en su memoria las palabras, expresiones y anécdotas que les oyó decir.

Relata Margarita que desde pequeño, Toribio empezó a evidenciar rasgos de su vocación:

«En una ocasión, allá en Santa Ana de Guadalupe, Jalisco, lugar donde nació el santo, `Quica´ y su hermana Hipólita, a quien cariñosamente decían `Pola´, se encontraban haciendo una alba debajo de un mezquite, para el Cantamisa del Padre Juan Pérez, quien iba a celebrar ahí.

El pequeño Toribio, de cuatro o cinco años de edad, rondaba el lugar; llegándose a ellas tocó el alba y preguntó a Quica: -¿Qué están haciendo?… -Una alba para el padre. -`¿Algún día me pondré una de éstas?… Pola se volteó y le dijo: `No se hizo la miel para el hocico de los burros´. Quica, como reprendiendo a su hermana, respondió a Toribio: `Sí, no se hizo la miel para el hocico de los burros pero tú te pondrás una de éstas´, ante la admiración del pequeño y la misma `Pola´»… Estas palabras resultaron proféticas.

Doña Margarita sonríe al recordar las travesuras de su tío, hoy santo: «Tanto Toribio como su hermano Román eran muy traviesos cuando pequeños. En una ocasión, Toribio pidió a su cuñado Luis prestarse a una travesura; este último se haría pasar por muerto y Toribio sería quien diera el anuncio. Por supuesto que la broma era pesada; causó alboroto, duelo y conmoción en los que ahí estaban. La farsa duró hasta que le pegaron un cigarro encendido en la boca al «difunto». Se comprende que ahí terminó todo, no sin graves reclamos para los dos bromistas.

«Era un niño particularmente devoto y trabajador -abunda-. Además de asistir a la escuela en Jalostotitlán, empleaba su tiempo en hacer mandados: repartía tortillas en las casas, entregaba la ropa que hilaban, pero también iba temprano a la parroquia a cumplir sus deberes de acólito. Se le veía con frecuencia hacer la visita al Santísimo y sorprendía verlo desde pequeño muy dedicado a la oración. Él mismo invitaba a otros jovencitos, chiquillos, al rezo del Rosario a la orilla del río». Muchos recuerdos se agolpan de pronto en la mente y corazón de Margarita, y sus ojos se rasan de emoción.

Su preparación al sacerdocio la completó en Guadalajara, en el Seminario de San José, a donde pasó el mes de octubre de 1920. Ahí se distinguió no sólo por ser buen estudiante, sino por otros méritos así como por ser muy juguetón y alegre. Por ello sus compañeros le pusieron el alias de “El Chirlo”. Hay una anécdota muy especial en la vida del Padre Toribio:

Desde que era seminarista, se había empeñado en la construcción de una capillita en su rancho natal, siendo cosa notable que, el día 5 de enero de 1923, prácticamente unas horas antes de su Cantamisa, se cerró la última bóveda que faltaba en dicha edificación, lo cual le permitió decir su primera misa con gran devoción, en compañía de sus familiares y amigos.

Su inicial destino fue Sayula, Jal., pero ahí la gente, en general, no lo comprendió, ocasionándole ello muchas dificultades, al punto de que la jerarquía eclesiástica tuvo que mudarlo a la parroquia de Tuxpan, Jal., pueblo que está situado prácticamente al pie del Volcán de Colima y cuyos habitantes lo trataron con verdadero cariño.

A poco lo volvieron a cambiar, pero ahora a Yahualica, Jal., región totalmente distinta a la anterior, pero de “aires alteños” y muy cercana a su lugar de nacimiento. Quizá eso le infundió muchos bríos para trabajar en su apostolado pero, como paradoja, ahí lo frenaron prohibiéndole hasta que rezara el rosario en público y celebrara misa, lo cual lo llevó rumbo al arzobispado para poner las cosas en claro.

El resultado fue un nuevo cambio, ahora a Cuquío, Jal., que tenía como párroco al señor cura Justino Orona Madrigal (ahora Santo Mártir). En el encontró a un padre bondadoso que supo comprenderlo y apoyarlo en su entusiasmo para llevar a cabo los trabajos pastorales. La persecución callista llegó a Cuquío enardeciendo los ánimos de los habitantes, de quienes se dice que “anochecían cristianos y amanecían cristeros”.

En diciembre de 1927 fue ordenado sacerdote el diácono Román Romo González, hermano menor del Padre Toribio, siendo destinado también a Tequila, Jal., como vicario cooperador y entre los dos hermanos se repartieron el trabajo ministerial, a los pocos días también llegó su hermana María, para atenderlos en los trabajos de casa y ayudar en el catecismo.

Francisco y Toribio fueron siempre muy hermanables, -explica Margarita-; prácticamente estuvieron cercanos durante toda la vida.

«En las proximidades de Tequila, andaban mi tío Toribio y mi padre escondiéndose, a `salto de mata´. Los iban siguiendo los `guachos´, como les decían a los federales, y no hallaban dónde meterse, pues ahí el terreno era más o menos parejo. Entonces descubrieron una noria y se metieron al agua. Ahí, entre la maleza y carrizos que crecían con abundancia en los bordes interiores, lograron burlar la revisión; permanecieron escondidos ahí toda la noche y el día siguiente. Se cuidaban uno al otro, pues cabeceaban de sueño y debilidad por la fatiga excesiva».

TESTIMONIOS

El séptimo día de la semana es el más socorrido por los fieles para visitar el templo donde se veneran los restos de Santo Toribio. Vienen de diversos puntos de Jalisco, Zacatecas y Aguascalientes, aunque también han llegado algunos de Tabasco, Sinaloa y Michoacán.

1.-En el improvisado estacionamiento se observan carros con placas estadounidenses, pero de dueños mexicanos. En uno de ellos viaja Otilio, un joven moreno que viste botas vaqueras y sombrero tejano. Viene desde Nevada para ver al santo, quien hace poco más de un año lo ayudó a cruzar la frontera.

“Un amigo y yo nos fuimos de Jalos con la intención de trabajar en el otro lado, pero estando cerca de la frontera nos asaltaron y nos golpearon. Se llevaron todo nuestro dinero y estábamos desconsolados”, cuenta Otilio mientras abre los ojos como si pudiera ver de nueva cuenta lo que sucedió aquella noche. “No teníamos para pagarle al “pollero” ni para regresar a la casa. De repente, un carro se detuvo a nuestro lado y un sacerdote nos invitó a subir. Le platicamos nuestra situación y nos dijo que no nos preocupáramos, que él nos ayudaría a cruzar la frontera. Y eso hizo. No sabemos cómo, pero nos pasó por una vereda solitaria. Cuando nos dimos cuenta, ya estábamos en Estados Unidos. Al bajar nos dio dinero y nos dijo que buscáramos trabajo en una fábrica cercana, que ahí nos iban a contratar”.

La voz de Otilio todavía se quiebra de emoción al narrar que, sumamente agradecidos, le preguntaron al cura su dirección para pagarle el préstamo con su primer sueldo.

“Nos dijo: `Ustedes son de Jalisco, ¿verdad? Cuando ganen lo suficiente, vayan a Santa Ana y pregunten por Toribio Romo. Ése es mi nombre´. Con el dinero pagamos el hospedaje y, efectivamente, conseguimos trabajo en el lugar que nos mencionó. Unos meses después venimos a Santa Ana. Cuando entramos a la iglesia y vimos el retrato del altar, luego luego lo identificamos como el padre que nos ayudó. Al preguntar por él nos dijeron que había muerto hacía 70 años. Nos pusimos a llorar y dimos nuestro testimonio”. Desde entonces, visita por lo menos una vez al año el templo de quien se ha convertido en su protector.

2.- El zacatecano Jesús Buendía Gaytán, un campesino de 45 años de edad, cuenta que hace 2 décadas decidió irse de indocumentado a California para buscar empleo en alguna plantación. Se puso en contacto con un “pollero” en Mexicali pero, apenas cruzaron la frontera, fueron descubiertos por la patrulla fronteriza y para escapar Jesús se internó en el desierto.

Después de caminar varios días por veredas desoladas y más muerto que vivo de calor y sed, vio acercarse una camioneta. De ella bajó un individuo de apariencia juvenil, delgado, tez blanca y ojos azules, quien en perfecto español le ofreció agua y alimentos. Le dijo que no se preocupara porque le indicaría dónde solicitaban peones. También le prestó unos dólares para imprevistos. A manera de despedida el buen samaritano le dijo: “Cuando tengas dinero y trabajo búscame en Jalostotitlán, Jalisco, pregunta por Toribio Romo”.

Luego de una temporada en California, Jesús regresó y quiso visitar a Toribio. En Jalostotitlán lo mandaron a la ranchería de Santa Ana, a unos 10 kilómetros del pueblo. “Ahí pregunté por Toribio Romo y me dijeron que estaba en el templo. Casi me da un infarto cuando vi la fotografía de mi amigo en el altar mayor. Se trataba del sacerdote Toribio Romo, asesinado durante la guerra cristera. Desde entonces me encomiendo a él cada vez que voy a Estados Unidos a trabajar”.

PROCESO DE CANONIZACIÓN

Poco a poco, los fieles fueron llevando las reliquias que habían guardado con celo y aquellas que permanecían en el ataúd cuando lo exhumaron: la ropa que portaba Toribio cuando lo mataron, su escapulario, su Biblia y gotas de su sangre cuidadosamente guardadas en borlas de algodón.

A partir de ese momento comenzó a rendírsele culto en su iglesia y en la de Tequila. Casi de inmediato empezaron a endilgarle milagros. El hermano del Padre Toribio, Ramón Romo, también sacerdote, y otros familiares se encargaron de recopilar testimonios en unos cuadernitos que atesoraron por décadas con la esperanza de que sirvieran para canonizarlo.

A pesar de los numerosos milagros, el proceso de canonización duró años, debido a la complejidad del trámite.

Según el Concilio Vaticano II, “los discípulos de Cristo que pueden ser santificados han sido llamados no según sus obras, sino según el designio y la gracia de Dios”. Por lo mismo, las indagaciones tienen que ser muy precisas. Cada proceso de averiguación o de recogida de pruebas debe estar a cargo del obispo, previo permiso de la Santa Sede. A ellos compete el derecho de investigar sobre la vida, virtudes, martirio, fama de santidad y milagros.

Para ello, primero se recaban documentos o escritos inéditos y se interroga a los testigos. Luego se elabora el examen de los milagros atribuidos y el de las virtudes y el martirio. Las investigaciones se envían por duplicado a la Comisión, junto con un ejemplar de los libros de cada Siervo de Dios, para que se lleve a cabo una relación del juicio y se envíe al Vaticano, donde proceden a la misma investigación de nueva cuenta.

Encuestas efectuadas en meses pasados por la Conferencia del Episcopado Mexicano revelaron que Toribio es uno de los santos más populares, de los 29 mexicanos canonizados hasta ahora, gracias a los favores que concede a quienes emigran legal o ilegalmente a Estados Unidos.

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Autor: Luis Alfonso Orozco
Fuente:Libro “Madera de Héroes”

Uno de los santos mexicanos actualmente más conocidos en el país y también en los Estados Unidos. Se le conoce popularmente como el Patrono de los Mojados.

El Padre Toribio Romo González es uno de los santos mexicanos actualmente más conocidos en el país y también en los Estados Unidos. Se le conoce popularmente como el Patrono de los Mojados, es decir, de los obreros mexicanos que pasan temporadas en los Estados Unidos en busca del sustento familiar. Muchos de ellos, en la actualidad, se encomiendan a su protección y no quedan defraudados.

Algunos fines de semana, la población de Santa Ana Guadalupe, que cuenta con 300 habitantes, en la región de Los Altos de Jalisco, contempla la llegada de más de 50 autobuses repletos de peregrinos de diversas partes del país, quienes van a rezar ante la tumba de santo Toribio Romo, a pedirle favores o también a agradecerle su protección durante algún momento difícil mientras se encontraban de jornaleros en el vecino país norteño. A la entrada de la población se levanta un arco monumental de cantera rosa, erigido en el 2000, el año de su canonización, por un grupo de agradecidos braceros de Zacatecas que le reconocen como su protector.

Se cuentan algunos casos singulares. Entre ellos el del señor Jesús Buendía, un campesino zacatecano de 45 años, quien en la década de los ochenta decidió pasarse como indocumentado a California en busca de empleo en alguna plantación agrícola. Un “pollero” en Mexicali le hizo cru¬zar la frontera, pero fueron descubiertos por la patrulla de vigilancia y aquel hombre lo abandonó a su suerte. Buendía se internó en el desierto para escapar de la guardia.

Después de caminar varios días por veredas desoladas, y desfalleciendo de calor y sed, vio acercarse una camioneta. De ella bajó un joven delgado, de tez blanca y ojos azules, quien en perfecto español le ofreció agua y alimento. Le dijo que no se preocupara porque le indicaría dónde solicitaban peones. También le dejó unos dólares como ayuda.
A manera de despedida, aquel buen samaritano salido del desierto le dijo:
– Cuando tengas dinero y trabajo, si vuelves a México búscame en Jalostotitlán, Jalisco. Pregunta por Toribio Romo.
Pasados unos años en California, Jesús Buendía regresó a México y quiso agradecer a Toribio su ayuda tan importante en aquella ocasión dramática. Se dirigió a Jalostotitlán y de allí lo mandaron a Santa Ana Guadalupe, a unos 10 kilómetros del pueblo.
“Ahí pregunté por Toribio Romo y me dijeron que estaba en el templo. Casi me da un infarto cuando vi la fotografía de mi amigo y protector en el altar mayor. Supe que se trataba del sacerdote Toribio Romo, asesinado durante la Guerra Cristera. Desde entonces me encomiendo a él cada vez que me voy a los Estados Unidos a trabajar.”

Sacerdote a los 23 años

Despierta el interés conocer por qué este santo jalisciense, muerto a los 27 años, se ha constituido en el protector de los trabajadores que emigran al gran país del norte en busca de mejores medios de subsistencia. Dios lo sabe, seguramente. Hay algunos datos de su biografía que hacen entrever su preocupación, desde muy joven, por mejorar la situación de los obreros y su progreso social y moral. Tal vez por haber experimentado en su propia carne desde pequeño las duras condiciones de la pobreza y el trabajo, pues Toribio siendo niño ayudó como pastor para colaborar en el sustento familiar. Además, está el hecho de haber nacido en una tierra de emigrantes, que saben las penurias que se pasan lejos de los seres queridos.
Los datos principales de la vida y martirio de este santo sacerdote son bastante conocidos31. El P. Toribio no había cumplido aún 27 años cuando fue asesinado por un grupo de soldados del gobierno y campesinos agraristas, contrarios a los cristeros, en el lugar donde había una fábrica de tequila en Agua Caliente, Jalisco. Llevaba apenas cuatro como sacerdote, pues había sido ordenado muy joven, poco antes de cumplir los 23 años.

De los altos de Jalisco

Toribio era hijo de Patricio Romo y Juana González, dos sencillos campesinos del rancho de Santa Ana de Guadalupe, perteneciente a la parroquia de Jalostotitlán, donde nació el 16 de abril de 1900. Al día siguiente de su naci¬miento fue bautizado por el párroco D. Miguel Romo. A los siete años recibió la Primera Comunión. Toribio creció y se educó en una familia cristiana, en un pueblo sencillo y fervoroso que acostumbraba realizar la Adoración nocturna al Santísimo y vivía una filial devoción a la Santísima Virgen de Guadalupe; era costumbre arraigada en todos los hogares rezar el rosario en honor de la Santísima Virgen, todas las noches al volver de las jornadas del campo, generalmente después de cenar y antes de entregarse al sueño reparador.

Desde niño estuvo muy unido de modo especial a su hermana mayor María, “Quica”, quien hizo las veces de segunda madre y le inculcó un gran amor por la Santísima Virgen. También estuvo muy unido a Román, su hermano menor, quien también llegó al sacerdocio y vivió como él las penurias de la persecución contra la Iglesia y sus ministros. Desde pequeño, el P. Toribio expresó su deseo de ir al cielo, y hablaba con frecuencia de él con alegría y esperanza. Una noche, contemplando el cielo tachonado de estrellas brillantes, le dijo a su hermana:
—Quica, yo creo que en la cumbre de la “Mesita” está el cielo. ¡Cómo deseo ir allá! (En esa pequeña cumbre se construyó años más tarde una capilla).

sensible a las Necesidades de los pobres

Toribio pasó su niñez como pastor. Fue un muchacho sencillo, jovial, acostumbrado a la austeridad, y muy perceptivo de las necesidades de los demás. Desde pequeño también mostró su inclinación por el sacerdocio, ya que fungió como acólito o monaguillo de su parroquia y se distinguió por su piedad y atención en el momento de ayudar al sacerdote en la Santa Misa.
A los 13 años se hizo realidad su sueño de comenzar la carrera sacerdotal. Entró primero en el Seminario de San Juan de los Lagos, ciudad en donde también ingresó en la Acción Católica, y desde entonces mostró una sensibilidad especial por los problemas sociales y sindicales de los obreros y sus familias, cuya existencia transcurría entre la marginación y la pobreza.
Le interesaba mucho la educación de los niños. Como seminarista, el joven Toribio era muy dedicado a la oración, asistía a la santa misa, comulgaba diariamente y durante el día hacía frecuentes visitas al Santísimo Sacramento. Todos los días rezaba el rosario en honor de la Madre de Dios. Al cumplir los 20 años, pasó al seminario de Guadalajara para continuar y concluir sus estudios sacerdotales.

Finalmente, llegó el año de su ordenación, en que pudo culminar todos sus esfuerzos y privaciones que le parecieron muy poca cosa delante del magno don que Dios le otorgaba: ser sacerdote de Jesucristo. Tenía muy presentes aquellas palabras de Jesús: “No me habéis elegido vosotros a Mí, sino que Yo os elegí a vosotros”. El P. Toribio recibió el diaconado el 3 de septiembre de 1922, y el 23 de diciembre del mismo año fue ordenado sacerdote. En su diario dejó escrito sus propósitos y resoluciones al recibir las órdenes sagradas. Allí se encuentra la consagración que hizo de su compromiso sacerdotal al Corazón de Jesús:
“A ti, Corazón divino de Jesús, a ti Azucena del Tepeyac, mi adorada Madre y mi única soberana, a ti castísimo San José, consagro de hoy y para siempre el voto de mi perpetua castidad. Ayudadme y llevadme de la mano por este camino.”

Cantó su Primera Misa de un modo solemne en Santa Ana, el 5 de enero de 1923, en el templo dedicado a la Virgen de Guadalupe, cuyos cimientos había iniciado él mismo, siendo todavía seminarista, y donde un día descansarían sus restos mortales. Sus cuatro años de sacerdote los pasó en varias parroquias rurales, donde destacó por el celo con que trabajó en su ministerio sacerdotal durante los años de persecución, atendiendo especialmente a los niños y a los obreros, quienes vivían en duras condiciones de pobreza y marginación.
El P. Toribio mostró un gran amor a la Eucaristía, consciente de que en Ella se contiene toda la gracia y toda la fortaleza del sacerdote para su ministerio y para afrontar las más duras pruebas como el martirio. Solía rezar delante de Jesucristo Sacramentado:
“Señor, perdóname si soy atrevido, pero te ruego me concedas este favor: no me dejes ni un día de mi vida sin decir la misa, sin abrazarte en la comunión… dame mucha hambre de ti, una sed de recibirte que me atormente todo el día hasta no haya bebido de esa agua que brota hasta la vida eterna, de la roca bendita de tu costado herido.”

Vocaciónal martirio

En septiembre de 1927, cuando la guerra cristera estaba en su apogeo, el Sr. Arzobispo de Guadalajara, Francisco Orozco y Jiménez, le dio la orden de encargarse de la parroquia de Tequila, que era entonces uno de los lugares donde las autoridades civiles y militares odiaban más a los sacerdotes. Otro sacerdote había rechazado ir a la población de Tequila por este motivo. El P. Toribio, obedeciendo dócilmente a su prelado y venciendo el miedo natural que la nueva misión le inspiraba, se dispuso a marchar allá después de recibir la bendición de su obispo para cumplir con un mandato que también le llevaría al martirio.

En los planes de Dios no hay casualidades. Se trata más bien de su santa Providencia, que permite las cosas y los acontecimientos para nuestro bien espiritual, aunque tardemos en darnos cuenta. Al P. Toribio Dios lo había elegido también para la vocación martirial. Quería que su sangre sacerdotal sirviera para la reconciliación y para el bien de la Iglesia perseguida en México, para derramar abundantes frutos de perdón y de conversión en muchas almas.

Durante sus años de seminarista, Toribio había sufrido muchas limitaciones materiales, como carecer de la ropa necesaria, de alimentos, de libros para completar sus estudios; su familia era tan pobre que no podía costearle apenas nada. Sin embargo, nunca se le oyó quejarse, sino que confió plenamente en la providencia divina. Practicó con sencillez la virtud de la fortaleza cristiana y la resignación en medio de las dificultades. Sufrió con paciencia las burlas y bromas pesadas de algunos compañeros en el seminario, pero eso nunca le hizo apartarse lo más mínimo de su camino, pues él tenía muy claro que Dios lo llamaba al sacerdocio.
Después, en Tequila, con el nombramiento de encargado de la parroquia, ejerció su ministerio especialmente en la administración de los sacramentos, pero sin abandonar la catequesis y la preparación de los niños a la Primera Comunión. Llevó adelante su ministerio en Tequila de un modo heroico, puesto que el P. Toribio sabía que lo podían asesinar, y sin embargo afrontaba el peligro con tal de asistir a los enfermos que lo solicitaban. En las poblaciones donde san Toribio Romo cumplió su ministerio sacerdotal, los fieles siempre vieron en él un sacerdote abnegado y apostólico; un pastor que amaba a las personas del lugar y trataba de conducirlas hacia Cristo.

Anteriormente, en los primeros años de su ministerio estuvo en diversas poblaciones de su estado natal: Sayula, después en Tuxpan y poco más adelante en Yahualica, donde se le ordenó recluirse en su casa y le prohibieron rezar públicamente el rosario y celebrar la misa. Fue una prueba dolorosa que Dios permitió y que el padre Toribio llevó con resignación y paciencia. Así se iba templando su ánimo para el sacrificio supremo que le esperaba.
Después lo destinaron a Cuquío, otra población de Jalisco, en donde encontró un párroco santo, el futuro mártir P. Justino Orona. En lo más duro de la persecución contra la Iglesia y sus ministros, los dos buenos sacerdotes pasaron meses por demás azarosos, siempre a salto de mata y espe¬rando de un momento a otro la muerte de mano de los perseguidores. La jovialidad del Padre Toribio le permitía estar siempre alegre y procurando cada día una mayor intensidad de espíritu y constante oración por la Iglesia y la patria.

A la carne de chivo

El P. Justino Orona, párroco de Cuquío, era sacerdote desde 1904 y fue sacrificado por sus enemigos el 1 de julio de 1928 en una ranchería cercana a Cuquío35. Era la madrugada de aquel inicio de julio cuando los soldados llegaron al rancho “Las Cruces” y rompieron a culatazos la puerta del cuarto donde se encontraba el P. Orona, con su vicario el P. Atilano Cruz, también mártir.
– Miren quiénes estaban por aquí… ¡dos curas, dos pe¬ces gordos! ¡Qué calladitos estaban! ¡P’a fuera, desgraciados. Ora verán lo que es bueno!..
Con fuertes risotadas e insultándoles, los soldados echaron una soga al cuello del P. Orona y a la cabeza de la silla de montar: con los caballos lo arrastraron fuera del rancho. Su cuerpo quedó materialmente despedazado contra los pedruscos, arbustos y espinas del camino. Metieron en un costal los despojos sangrantes del Padre Orona y a continuación fusilaron al padre vicario Atilano Cruz, en un sitio apartado del poblado. Todo esto ocurrió de madrugada para ocultar sus fechorías al amparo de las sombras.
Después se dirigieron a Cuquío llevando en sendos bu¬rros los cadáveres de ambos sacerdotes martirizados. Arreando los animales, los soldados llegaron hasta la plaza del pueblo. Desmontaron los cadáveres sangrantes de las cabalgaduras y los arrojaron como sacos al duro empedrado. Mientras la gente salía de sus casas para hacer las compras o dirigirse a sus trabajos, los soldados comenzaron a gritar como endemoniados: “A la carne de chivo”, burlándose así de los sacerdotes que acaban de asesinar.

Con gran consternación, con lágrimas e impotencia en sus corazones creyentes, los buenos vecinos de Cuquío contemplaron aquel terrible holocausto de sus pastores y la mofa satánica de los verdugos. Por fin, éstos se retiraron y entonces pudieron recuperar ambos cuerpos para darles cristiana sepultura en el cementerio.

En la barranca de Tequila

Pero unos meses antes de estos tristes sucesos, en septiembre de 1927 el P. Toribio se había ido ya a la población de Tequila, donde al poco tiempo se vio obligado a esconderse en una fábrica destiladora de este famoso licor que había en un rancho de las cercanías, acogido por sus propietarios. La casa cural de Tequila había sido convertida en caballeriza por los soldados de guarnición. Por lo demás, el pueblo no era lugar seguro para él ni para ningún sacerdote.
Desde su escondite en la barranca, el buen sacerdote no se dio descanso; fundó varios centros clandestinos de catequesis para los niños, visitaba a los católicos en sus ranchos interesándose por su situación, y por las noches entraba en el pueblo, visitaba a los enfermos de su parroquia y celebraba la Eucaristía de modo oculto en las casas. En todas estas aventuras le asistía y cuidaba con amor de madre su hermana mayor, María, que en todo compartía las privaciones y sacrificios de su hermano sacerdote.
Aquella barranca, escenario de su martirio, también pre¬senció la acción pastoral de santo Toribio Romo, pues ahí bautizó a centenares de niños, unió en matrimonio a muchas parejas y dio pláticas de instrucción religiosa y moral a los habitantes del lugar, quienes le cuidaban y protegían cuando merodeaban los soldados federales.

En las diversas poblaciones donde estuvo santo Toribio, los fieles vieron en él un sacerdote abnegado y apostólico, que se interesaba por sus problemas y trataba por acercarlos a Cristo. Como le tocó vivir su sacerdocio durante la dura prueba de la persecución, por amor a sus almas encomendadas, aceptó los mayores sacrificios y nunca dejó de atenderlos espiritualmente.
Cuenta un testigo de aquellos años heroicos:
“El día de Cristo Rey del año 1927 se concentraron en el pueblo unos quince mil fieles que asistieron a Misa en un cerro abierto y juraron ante el Santísimo expuesto de defender la fe, aun a costa de la propia vida. La montaña se estremeció con los gritos de ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva la Virgen Santísima de Guadalupe!”

Los testigos que le conocieron hablan de él dando una lista de cualidades y de virtudes que lo igualan a los demás mártires que la Iglesia ha engendrado en sus veinte siglos de historia: fuerte espíritu de caridad, pasión por la Iglesia, amor a la Eucaristía (sobre todo se le veía esto en su ma¬nera de celebrar la Misa) y a la Virgen de Guadalupe, celo apostólico, amor a obreros y a los niños. Así mismo, destacó por su pobreza de vida y austeridad. Vivía en una zona plenamente cristera y sin embargo, aun comprendiendo sus motivaciones y su dolor, se mantuvo al margen de toda lucha armada. Él era un sacerdote y se consagró a ejercer su ministerio espiritual en bien de todos.
El gobierno federal, viendo que no podía doblegar la re¬sistencia de los católicos, empleó la técnica de las “reconcentraciones” de la población rural con el fin de cortar los suministros a los cristeros. Con ello no hizo sino aumentar los sufrimientos y padecimientos de la pobre gente en Los Altos, que se vieron obligados a abandonar sus pobres ranchos y aldeas para reconcentrarse en las poblaciones grandes o en las ciudades como León, en condiciones de extrema pobreza. El P. Toribio sufría entrañablemente al conocer todo lo que padecían los pacíficos pobladores de manos del ejército federal y de los agraristas. Tal vez por ello se ha constituido en especial protector, desde el cielo, de los migrantes y trabajadores que sufren la pobreza y el alejamiento forzoso de sus hogares.

La emigraciónforzada

Todas las guerras han arrastrado los fantasmas del hambre, de las enfermedades y de los desplazamientos forzosos de población para salvar la vida. En esos duros años en que fue probado el temple del heroico pueblo católico, la emigración de miles de mexicanos hacia las grandes ciudades o hacia los Estados Unidos creció en grandes proporciones, constituyendo un serio problema social. La gente salía de sus pueblos o aldeas cargando sus pocas posesiones materiales, y muchas veces tenía que esperar varios días y noches en las estaciones para abordar un tren o el autobús con destino a las ciudades grandes donde podrían reconstruir su vida.

Fue la época en que ciudades como León y Guadalajara registraron un aumento considerable de población, procedente sobre todo de la región de los Altos de Jalisco, que fue la zona más castigada por las reconcentraciones forzosas planeadas por el ejército federal, al mando de Joaquín Amaro, en su intento por estrechar el cerco contra los cristeros.

Los vehículos de motor o de tracción animal dejaban atrás los pobres ranchos y los pueblos repletos de gente con sus humildes enseres domésticos, su animalitos de granja y lo que pudieran llevar consigo; muchas mujeres con sus niños en brazos no tenían otro remedio que viajar de pie hasta doce o catorce horas en los camiones. Se calcula que el éxodo hacia el interior del país llegó a contar más de 200 mil personas, mientras que otras 400 mil cruzaron las fron¬teras norteamericanas.

Llegó el día de su martirio

En Tequila, el P. Toribio estuvo acompañado de su hermana mayor María, Quica; después por temporadas de su hermano menor Román, también sacerdote, quien llegó para ayudarle. Varias veces ambos hermanos sacerdotes tuvieron que esconderse, porque los perseguidores buscaban continuamente víctimas, y sus predilectos eran precisamente los párrocos y sacerdotes de las zonas rurales, a quienes el gobierno federal calumniaba con la mentira de ser los instigadores de los cristeros. Del propio diario del P. Toribio se puede leer este testimonio:
“He tenido que esconderme por días enteros, a veces en hediondas cuevas, a veces en la cumbre de alguna montaña.”
Sus enemigos lo buscaban con rabia y odio criminal. El viernes 24 de febrero de 1928 pasó el día retirado y el sábado 25 quiso celebrar la Misa a las cuatro de la mañana, pero se caía de sueño. Se fue a descansar un rato, vestido como estaba y se quedó dormido. Los soldados lo descubrieron en su escondite el 25 de enero de 1928, pero para esto no faltó un judas que ya lo había delatado a cambio de unas cuantas monedas.
A las cinco de la mañana, siguiendo las indicaciones del judas traidor que lo denunció, bajaron sigilosamente la barranca y penetraron en la habitación del señor León Aguirre, encargado de cuidar la finca39. Pero al abrir la puerta, uno de los agraristas exclamó: “Este no es el cura”. A continuación dieron con la puerta del cuarto donde dormía el Padre Toribio, y uno de los esbirros le quitó el brazo que le cubría la cara y gritó:
– Este es el cura. ¡Mátenlo!
Sorprendidísimo se despertó el padre Toribio, quien apenas tuvo tiempo para darse cuenta de lo que ocurría y decir:
– Sí, soy, pero no me maten…
No pudo concluir la frase. Los soldados y agraristas lo acribillaron a balazos inmediatamente al grito de “¡Muera el cura!” Con pasos vacilantes, el Padre Toribio caminó hacia la puerta y una segunda descarga lo hizo caer en brazos de su hermana María que en aquellos momentos se encontraba con él en la casa.
“¡Valor, padre Toribio…! ¡Jesús misericordioso, recíbelo…! ¡Viva Cristo Rey!”
Fueron las palabras que su heroica hermana gritó ante los asesinos. Los soldados sacaron el cadáver del sacerdote mártir, mientras entre burlas y con palabras gruesas mortiticaban a la pobre María, que en esos momentos también vivía un martirio moral en su propia alma. Los vecinos del rancho, mortificados por la pena tan grande de ver asesina¬do a su santo pastor, improvisaron con palos y ramas una humilde camilla y así subieron la barranca, con el cuerpo del sacerdote mártir hacia la población de Tequila, en medio de la tropa de soldados que cantaban canciones vulgares y silbaban.
El cadáver fue regando con su sangre el suelo pedregoso de la barranca, el camino y la entrada a Tequila. Detrás de él iba su hermana María rezando el rosario, descalza.

Presentía su martirio

El P. Lauro L. Beltrán es del parecer que santo Toribio tenía el presentimiento de su muerte:
“El viernes 24 celebró su última misa, con una devoción tan grande como si fuera la primera, cuando fue ungido sacerdote, y como la última, de quien ya está con un pie en el sepulcro. Todo este día lo pasó como el anterior, en su agonía de Getsemaní. Por la noche, abrumado de presentimientos, quiso dormir, pero no conciliaba el sueño. A eso de las tres de la mañana del sábado 25, el día de su martirio, le dijo a su hermana que preparara todo para la celebración de la santa misa. Ya encendidas las velas, como a las cuatro de la mañana, se puso la sotana y entró en el Oratorio. Pero le dijo a su hermana que el sueño lo dominaba. Se quitó la sotana y así vestido se tendió en la cama, donde pasó los últimos minutos de su vida, pues los federales habían llegado a la barranca y lo buscaban con odio implacable y necio para victimarlo. Si lo hubieran encontrado oficiando la santa misa podría haber habido una profanación, un sacrilegio. ¿Lo presintió? Ofreció tan sólo su propio sacrificio… Se durmió en la tierra y despertó en el cielo.”40

¡No debemos llorar… ya está en el cielo!

Dignísima, hermana del sacerdote mártir, en todo fue María, Quica, quien hizo de segunda madre para él y también Román, su hermano menor sacerdote. Al llegar a la po¬blación de Tequila, los soldados y agraristas, armando gran alboroto, tiraron el cadáver en la plaza, frente a la presidencia municipal, como si se tratara de un animal cazado en el monte. Y a la hermana la llevaron detenida, a pie, al cuartel de los soldados en La Quemada. Para despedirse de su hermano mártir, María se arrodilló junto a su cadáver y rezó una oración. Empapó su rebozo de la sangre y en la frente le dio el último beso.
Mientras tanto, la gente del pueblo reclamaba su cuerpo, pero los militares y los clerófobos se lo impedían; finalmente por la tarde, con mucha dificultad, un vecino del pueblo, tras violenta discusión, logró el permiso de retirar el cadáver y llevarlo a su casa, donde lo amortajaron para velarlo y disponerlo para el sepelio. La gente empezó a llegar. Los rosarios se sucedían uno tras otro; la gente rezaba de rodillas, velando el cuerpo del mártir. Muchos tomaban algodones y los mojaban en la sangre, que aún manaba de sus heridas, para guardarlos como reliquia. Durante dos días aquella sangre permaneció fresca y sin mal olor.
El domingo 26 de febrero, en imponente procesión por la tarde, todo el pueblo condujo el cadáver del sacerdote mártir al cementerio, llevándolo triunfante en hombros. Era su canonización popular.
Finalmente, después de tres días de hambre, sed, burlas e insomnio y con el dolor de no haber podido acompañar a su hermano en el entierro, María fue liberada por aquellos hombres indignos que no merecen el título de soldados. Llevaba la pobre sus humildes vestidos, aún manchados con la sangre de su hermano, y en al alma las huellas del martirio moral a que también la sometieron los verdugos. Ella se trasladó a Guadalajara, donde sus familiares la recibieron con un gran abrazo, entre abundantes lágrimas y con todo el amor que ameritaba. Aunque demacrada y débil, María supo consolar a su familia, con estas palabras admirables de una mujer de fe:
“¡No debemos llorar: el Padre Toribio ya está en el cielo! Démosle gracias a Dios porque le concedió la palma del martirio, que él quiso sufrir por el triunfo de la Iglesia.”

Santa Ana de Guadalupe

Sobre las ruinas de la humilde casa donde nació santo Toribio Romo se levanta hoy una ermita consagrada a la Sagrada Familia. En la cumbre de La Mesita también se levanta una capilla, para mirar más de cerca el cielo y para recordar a los fieles que hasta allá se llega después de cumplir la voluntad de Dios en esta tierra y de amar al prójimo por amor a Cristo.
Por el fervor guadalupano del Padre Toribio y de sus habitantes, la población se llama hoy Santa Ana de Guadalupe, Jalisco.

El heroísmo de los sacerdotes

Los sacerdotes por su parte imitaron maravillosamente e hicieron propia la constancia de los obispos en medio de las mayores calamidades; los ejemplos egregios de virtudes que ellos nos han dado y de los cuales hemos recibido nosotros grande consuelo los proponemos y los alabamos ante todo el universo católico, porque son dignos de ello. Y en este asunto, pensamos que a pesar de que en México se han utilizado todos los artificios, y que todo el esfuerzo y todas las vejaciones de los adversarios se han dirigido principalmente a este punto, es decir, a que el Clero y el pueblo se aparten de la jerarquía sagrada y de la Seda Apostólica, y que sin embargo de todos los sacerdotes, que pasan de cuatro mil, solamente uno que otro ha faltado a su obligación, no hay nada que no podamos esperar del Clero mexicano.
Pues estos ministros sagrados unidos estrechamente entre sí obedecieron reverente y libremente a los mandatos de sus obis¬pos, aunque esto las más de las veces no podría hacerse sin grave perjuicio para ellos… debieron sobrellevar con paciencia y fortaleza la pobreza y la necesidad; debían celebrar Misa en privado; mirar por las necesidades espirituales de los fieles en la medida de sus fuerzas y fomentar y mantener el fuego de la piedad en todos; y además, con su ejemplo, con sus consejos y exhortaciones procuraban levantar la mente de los fieles hacia lo alto, y confirmar los ánimos para perseverar pacientemente.
¿Quién se admirará de que la ira y la rabia de los enemigos se haya dirigido principalmente contra los sacerdotes? Pero ellos, siempre que fue necesario, no dudaron en sobrellevar con rostro sereno y con fortaleza de ánimo la cárcel y la misma muerte.

(Papa Pío XI, “Sobre la durísima situación del catolicismo en México”, en la carta Iniquis afflictisque, 18 de noviembre de 1926).

Este artículo es parte del libro “Madera de Héroes” Semblanza de algunos
héroes mexicanos de nuestro tiempo, de Luis Alfonso Orozco.

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Autor: _ | Fuente: Carmelnet.org
Romeo de Lucca, Beato
Religioso Carmelita, 25 de febrero
Romeo de Lucca, Beato
Romeo de Lucca, Beato

Religioso Carmelita

Su nombre no consta en el Martirologio Romano pero sí en el Santoral Carmelita
Fecha de beatificación: Culto confirmado el 29 de abril de 1842 por el Papa Gregorio XVI.No son muy seguras la noticias que de él han llegado hasta nosotros.

Parece que nació en Italia, en la segunda mitad del siglo XIII, de padres muy cristianos.

Desde pequeño sintió una inclinación muy profunda hacia las peregrinaciones a santuarios famosos, devoción en boga en su tiempo.

Deseoso de mayor perfección y de una vida estable en el servicio del Señor pidió ser admitido en la Orden del Carmen en calidad de hermano de obediencia.

Como ya era granado en edad, se entregó de lleno a vivir su vocación.

Pasaba el día entre los trabajos que le mandaba la obediencia, la oración y la maceración de su cuerpo.

Era el ejemplo de cuantos le contemplaban, sobre todo por su gran humildad.

Con permiso de sus superiores, y en compañía de otro carmelita -San Avertano, hoy santo canonizado, cuya fiesta celebraba la Orden el 25 de febrero- hizo grandes romerías a todos los santuanos más famosos de su tiempo.

Parece ser que su nombre de bautismo y de religioso carmelita era Enrique, pero que muy pronto, por las muchas romerías en las que participó, el pueblo empezó a llamarle Romeo, con cuyo nombre sería ya siempre conocido.

El Catálogo de los Santos, escrito a finales del siglo XIV, habla del Bto. Romeo y lo coloca en relación estrecha con San Avertano durante la vida y después de muerto porque Iue colocado su cuerpo en el mismo sepulcro que el de San Avertano.

A finales del siglo XIV, el obispo de Lucca, Juan III, mandó colocar su cuerpo dentro del sepulcro de San Avertano. carmelita. Siempre ya correrían la misma suerte.

El papa Gregorio XVI, el 29 de abril de 1842, ratificaba el decreto de culto inmemorial otorgado a nuestro Bto. Romeo.

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Autor: Enzo Bianco | Fuente: sdb.org
Luis Versiglia, Santo
Obispo y Mártir, 25 de febrero
Luis Versiglia, Santo
Luis Versiglia, Santo

Obispo y Mártir

Martirologio Romano: Junto al río Beijiang, cerca de la ciudad de Shiuchow, en la provincia china de Guanddong, santos mártires Luis Versiglia, obispo, y Calixto Caravario, presbítero, de la Sociedad Salesiana, que sufrieron el martirio por causa de su acción pastoral en favor de las personas que les estaban confiadas (1930).

Etimológicamente: Luis = Aquel que es un guerrero ilustre, es de origen germánico.

Fecha de beatificación: 1 de octubre de 2000 por el Papa Juan Pablo II.Nacido en Oliva Gessi (Pavía), el 5 de junio de 1873 murió en Linchow, China, el 25 de febrero de 1930), fue un prelado salesiano italiano, martirizado en China.

Marcha de su pueblo, Oliva Gessi el 16 de septiembre de 1885 a Turín para estudiar con los salesianos de Don Bosco con la intención de ingresar en la universidad en un futuro para ser veterinario. Permanece junto a Don Bosco por dos años y medio, se confiesa con él y tiene el honor de leerle un discurso de su felicitación el día de su útima onomástica.

Pocos días después de la muerte de Juan Bosco, el 11 de marzo de 1888, Luis asiste en la Basílica de María Auxiliadora la imposición del crucifijo a los siete misioneros que partían a las misiones. Es aquí cuando decide renunciar a su carrera de veterinario y convertirse en salesiano para ser misionero en un futuro. Entra en el noviciado de Foglizzo ese mismo año, es enviado poco después a la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma a estudiar filosofía, también realiza una intensa actividad pastoral en el oratorio del Sagrado Corazón. Se licencia en 1893 y regresa a Foglizzo como asistente y profesor de novicios. El 21 de diciembre de 1895 recibe la ordenación sacerdotal.

Miguel Rua, primer sucesor de Don Bosco, decide abrir un noviciado en Genzano, cerca de Roma y decide que Luis Versiglia sea el director y maestro del nuevo noviciado. A pesar de no estar muy conforme con su nuevo cargo, Luis aceptó y permaneció nueve años en Genzano.

Las misiones

En 1905, Luis estudia idiomas para poder ir de misionero. El 19 de enero de 1906, sale de Italia la primera expedición de misioneros salesianos a China capitaneada por él. El obispo de Macao los acoge calurosamente y los pone al frente de un orfanato que albergará un máximo de 55 muchachos. En 1910, cuando el obispo los traslada a una residencia mayot como agradecimiento a su trabajo, estalla una revolución que provoca la imposición de una dictadura anticlerical en Portugal y sus territorios de ultramar. Las autoridades de Macao no comprenden, porque deben expulsar a los salesiano, pero el 29 de noviembre llega la orden de expulsión y los salesianos se trasladan a Hong Kong.

La diócesis de Macao, no solo comprendía la colonia portuguesa sino también una extensa región del interior de China. El obispo de Macao confía de nuevo a los salesianos un orfanato den el distrito de Heung Shan. Los salesianos llegana a la capital, Heung Chow el 8 de mayo de 1911 donde son recibidos por una gran muchedumbre y con fiestas. El 10 de octubre, el monzón destruye la residencia de Heung Chow y los salesianos de Luis Versiglia se dirigen esta vez a Shek Ki.

En 1912, de Europa llegan nuevos refuerzos y Luis Versiglia decide distribuir a sus hombres en cuatro residencias misioneras. Luis divide su tiempo ente Macao y la misión del Rio de Perlas. En 1915, Luis construye en Macao una obra de mayor dimensión, talleres modernos y una escuela de comercio. En 1918 los salesianos empiezan a trabajar en los ditritos más septentrionales de Kwan Tung, por lo que el padre Luis ve triplicado su trabajo.

En 1920 el territorio misionero salesiano es elevado a Vicariato Apostólico, del que Luis Versigglia es elevado a primer obispo el 9 de enero de 1921. En 1922, monseñor Versiglia hace una visita a Italia, donde Calixto Caravario se le ofrece para ayudarle en su labor misionera en China.

En el verano 1926, empiezan quejas en contra del cristianismo y los extranjeros en Shiw Chow. Al año sigueinte cuelgan en la escuela Don Bosco dos manifiestos en tela en los que se invita a los alumnos a dejar la escuela cristiana y con insultos hacia los extranjeros. El 13 de diciembre de 1927, las protestas se radicalizan con el incendio de todas las iglesias y misiones de Shiw Chow. En los años siguientes el ambiente es cada vez más hóstil y complicado.

Muerte

El 24 de febrero de 1930 parte con el padre Calixto Caravario y tres alumnas de las salesianas, a Linchow, para hacer obras misioneras en la misión salesiana de dicho pueblo. Al día siguiente durante el viaje son apresados por unos piratas que exigen el pago de un peaje. El padre Caravario y monseñor Versiglia intentan proteger a las jóvenes que viajan con ellos para que los piratas no se aprovechen de ellas. Los piratas fusilan a los dos salesianos y capturan a las chicas.

Los restos mortales de monseñor Versiglia de igual forma que los del Padre Caravario, fueron repatriados a Italia.

Proceso de canonización

En 1976, el papa Pablo VI decreta a Luis Versiglia y a Calixto Caravario mártires de la Iglesia. Fueron beatificados el 15 de mayo de 1983 por el Papa Juan Pablo II y canonizados el 1 de octubre de 2000.

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Autor: . | Fuente: Vatican.va
Domingo (Doménico) Lentini, Beato
Presbítero, 25 de febrero
Domingo (Doménico) Lentini, Beato
Domingo (Doménico) Lentini, Beato

Presbítero

Martirologio Romano: En Lauria, en la Lucania, beato Domingo Lentini, presbítero, que en su lugar de origen y hasta su muerte ejerció un fructuoso y vario ministerio, cimentado en una vida de humildad, oración y penitencia (1828).

Fecha de beatificación: 12 de octubre de 1997 por el Papa Juan Pablo II.El Beato Doménico Lentini, nació el día 20 de noviembre del año de 1770 en Lauria (Potenza, Italia), dentro de una familia humilde y piadosa.

A los catorce años aceptó el llamado del Señor y comenzó su formación cultural y espiritual, primero en su parroquia natal y luego en el Seminario de Policastro.

En 1794 fue ordenado Sacerdote y ejerció su ministerio en la parroquia de Lauria, dedicándose especialmente a la confesión de los fieles y a pregonar el Evangelio, siendo siempre obediente a su Obispo y rechazando cualquier cargo honorífico. Era ministro de la Cruz, amaba la Cruz, viviéndola a la luz de la resurrección, siguiendo a Cristo en el camino de la pobreza ininterrumpida y dura penitencia. Tenían una gran devoción a la Virgen de los Dolores, cuyo culto él ayudó a difundir.

Dotado de muchos carismas y talentos, se manifestó como un sacerdote de vasta cultura, dedicándose heroicamente a la Iglesia y a su pueblo, en momentos de graves conflictos socio-políticos, sembrando serenidad y paz.

Descansó en paz yendo a los brazos del Señor el día 25 de febrero del año de 1824 en Lauria (Potenza, Italia).

Si usted tiene información relevante para la canonización del Beato Domingo, escriba a:
Fondazione “B. Domenico Lentini”
Via Domenico Lentini, 9
85045 Lauria (PZ), ITALIA

 

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Autor: . | Fuente: Vatican.va
María Adeodata Pisani, Beata
Abadesa Benidictina, 25 de febrero
María Adeodata Pisani, Beata
María Adeodata Pisani, Beata

Abadesa

Martirologio Romano: En el pueblo de Mdina, en la isla de Malta, beata María Adeodata (María Teresa) Pisani, virgen de la Orden de San Benito y abadesa del monasterio de San Pedro, que, administrando sabiamente su tiempo, a la vez que cumplía su propia misión mostraba su interés por los pobres y abandonados, contribuyendo así al bien de la comunidad (1855).

Fecha de beatificación: 9 de mayo de 2001 por el Papa Juan Pablo II.Nació en Nápoles el 29 de diciembre de 1806. Era hija del noble Benedetto Pisani, barón de Frigenuini. En el bautismo recibió el nombre de María Teresa. A causa de conflictos familiares -sus padres se separaron- fue educada por su abuela paterna, la baronesa Elisabetta Mamo, que habitaba en Pizzofalcone (Nápoles). A la edad de diez años, cuando la abuela murió, fue internada en un colegio, donde le impartieron una buena formación humana y cristiana. Allí recibió la primera comunión y la confirmación.

En 1820-1821 su padre, implicado en el movimiento liberal partenopeo, fue arrestado y condenado a muerte. Habiéndosele conmutado la pena por el exilio, volvió para siempre a Malta. María Teresa, también se trasladó a la isla, pero para vivir con su madre, en la ciudad de Rabat.

A pesar de que su madre se interesaba sobre todo por insertarla en la vida social, queriendo que se casara, María Teresa prefería una vida alejada del mundo, entregada totalmente a una profunda piedad e intensa oración, casi como si fuera monja. Sólo salía de casa para ir, diariamente, a la santa misa.

Su vocación religiosa se despertó con la predicación de un fraile franciscano que habló del juicio final. Ese sermón la sacudió profundamente y mientras oraba ante la Virgen del Buen Consejo percibió con certeza que estaba llamada a la vida religiosa.

El 16 de julio de 1828, tras superar la oposición de sus padres, ingresó en el monasterio benedictino de San Pedro, en Mdina, tomando el nombre de María Adeodata. El 8 de marzo de 1830 hizo la profesión religiosa solemne.

De religiosa siguió viviendo la misma vida de humildad y sacrificio que la caracterizó durante su noviciado.

No buscó nunca cargos, aunque los ejerció prácticamente todos. Fue tres veces sacristana y enfermera, oficios que le gustaban, porque el primero le permitía estar en contacto continuo con el Señor, y el segundo porque podía servir mejor a sus hermanas. También fue portera, aunque le costaba puesto que le dificultaba el silencio y el recogimiento. Aprovechaba esa oportunidad para ayudar a los pobres, a los cuales, con permiso de la superiora, reunía y catequizaba.

En 1847 fue nombrada maestra de novicias, oficio que desempeñó hasta 1851, día en que fue elegida abadesa.

Como superiora destacó sobre todo por su ejemplo de fidelidad a la Regla y por su empeño en ayudar a las hermanas a progresar en el camino de la perfección. Corregía con prudencia, y era más severa consigo misma que con las hermanas.

Por su debilidad física y especialmente por las fuertes penitencias que practicaba, su salud fue debilitándose.

Murió el 25 de febrero de 1855. A las cinco de la mañana bajó al coro para recibir la comunión. A la hermana enfermera, que la disuadía de bajar, le respondió: “Bajaré porque es mi última comunión y hoy mismo moriré”. Recibida la comunión, tuvo un infarto y fue llevada a la cama. Pidió y obtuvo la unción de los enfermos. Luego, a las ocho de la mañana, expiró.

El milagro para su beatificación ocurrió el 24 de noviembre de 1897 cuando la abadesa Giuseppina Damiani del Monasterio de San Juan Bautista en Subiaco, Italia, tuvo una repentina curación de de un tumor estomacal, después de que orara pidiendo la intercesión de María. Pisani. La Causa de beatificación se vio retrasada durante años debido a la carencia de fondos, y problemas políticos entre Malta y Italia.

Si usted tiene información relevante para la canonización de la Beata María, contacte a:
Monasteru San Pietru
Triq Villegaignon
Mdina RBT 12, MALTA

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Autor: . | Fuente: Vatican.va
María Ludovica de Angelis, Beata
Religiosa Misionera, 25 de febrero
María Ludovica de Angelis, Beata
María Ludovica de Angelis, Beata

Misionera

Fecha de beatificación: 3 de octubre de 2004 por el Papa Juan Pablo II.Nacida el 24 de octubre de 1880 en Italia (en San Gregorio, pueblito de los Abruzzos, no lejano de la ciudad de L´Aquila), Sor María Ludovica De Angelis, con su llegada, primera de ocho, había colmado de alegría a sus padres quienes en la misma tarde del día del nacimiento, en la fuente bautismal, habían elegido, para su primogénita, el nombre de Antonina.

Con el correr de los años, en contacto con la naturaleza y la dura vida del campo, la niña, crecida límpida, abierta, trabajadora y ricamente sensible, se había transformado en una joven fuerte y al mismo tiempo, delicada, activa y reservada, como toda la gente de aquella espléndida tierra.

El 7 de diciembre del mismo año del nacimiento de Antonina, fallecía en Savona una hermana, que había optado dar plenitud a la propia vida siguiendo las huellas de Aquel que dijo: «Sean misericordiosos como es misericordioso el Padre… Todo cuanto hagan a uno solo de estos hermanos míos, a Mí lo hacen…», era Santa María Josefa Rossello la cual dio vida, en Savona, en 1837, al Instituto de las Hijas de Nuestra Señora de la Misericordia: una Familia Religiosa que caminaba por los senderos del mundo, proponiendo con la fuerza del ejemplo el mismo ideal a muchas jóvenes.

Antonina sentía en su corazón que sus sueños encontraban eco en los sueños que habían sido los de la Madre Rossello.

Ingresó con las Hijas de la Misericordia el 14 de noviembre de 1904; en la Vestición Religiosa toma el nombre de Sor María Ludovica y tres años después de su ingreso, el 14 de noviembre de 1907, zarpa hacia Buenos Aires, donde arriba el 4 de diciembre sucesivo. Desde este momento se da en ella un florecer ininterrumpido de humildes gestos silenciosos en una entrega discreta y emprendedora.

Sor Ludovica no posee una gran cultura, al contrario. Sin embargo, es increíble cuánto logra realizar ante los ojos asombrados de quiénes la circundan. Y, si su castellano es simpáticamente italianizado, con algún toque pintoresco de “abruzzese”, no le cuesta entender ni hacerse entender.

No formula programas ni estrategias, pero se dona con toda el alma.

El Hospital de Niños, al cual es enviada, y que inmediatamente adopta como familia suya, la ve, primero, solícita cocinera, luego, convertida en responsable de la Comunidad, infatigable ángel custodio de la obra que, en torno a ella, se transforma gradualmente en familia unida por un único fin: el bien de los niños.

Serena, activa, decidida, audaz en las iniciativas, fuerte en las pruebas y enfermedades, con la inseparable corona del Rosario entre las manos, la mirada y el corazón en Dios y la infaltable sonrisa en los ojos, Sor Ludovica llega a ser, sin saberlo ella misma, a través de su ilimitada bondad, incansable instrumento de misericordia, para que a todos llegue claro el mensaje del amor de Dios hacia cada uno de sus hijos.

Único programa expresamente formulado, es la frase recurrente: «Hacer el bien a todos, no importa a quién». Y se

María Ludovica de Angelis, Beata
María Ludovica de Angelis, Beata

realizan así, con subvenciones que solo el cielo sabe cómo Sor M. Ludovica consigue obtener, salas de cirugía, salas para los pequeños yacentes, nuevas maquinarias, un edificio en Mar del Plata destinado a la convalecencia de los niños, una capilla hoy parroquia, y una floreciente chacra para que sus protegidos tuviesen siempre alimento genuino.

Durante 54 años Sor M. Ludovica será amiga y confidente, consejera y madre, guía y consuelo, de cientos y cientos de personas in City Bell de toda condición social.

El 25 de febrero de 1962 concluye su camino, pero quienes permanecen todo el personal médico en particular no olvidan, y el Hospital de Niños asume el nombre de «Hospital Superiora Ludovica».

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Autor: Xavier Villalta
Waldburgis de Heidenheim, Santa
Abadesa, 25 de febrero
Waldburgis de Heidenheim, Santa
Waldburgis de Heidenheim, Santa

Abadesa

Martirologio Romano: En el monasterio de Heidenheim, en la región alemana de Franconia, santa Waldburgis, abadesa, cuyos hermanos, los santos Bonifacio, Willibaldo y Winebaldo, la convencieron para que pasase de Inglaterra a Germania, donde rigió aquel monasterio, doble de monjas y monjes (779).

Fecha de canonización: El papa Adriano II alrededor del año 870.Nació en Wessex (Inglaterra) cerca del 710. La leyenda dice que era hija del mítico rey san Ricardo el Sajón —un reyezuelo de los sajones occidentales— y de Winna, hermana de san Bonifacio, apóstol de Germania.

Cuando su padre partió en peregrinación hacia Roma junto con sus dos hijos —los también legendarios san Wilibaldo y san Winibaldo—, Waldburgis (entonces de once años de edad) quedó bajo el cuidado de la abadesa de Wimborne. Pasó 26 años encerrada en el convento inglés, preparándose para las hazañas que llevaría a cabo en Alemania. Gracias a la educación que recibió en Winborne, Walpurga pudo más tarde escribir en latín la Vida de san Winibaldo y los viajes de san Willibaldo por Palestina. Eso la convertiría en la primera escritora de Inglaterra y Alemania. Apenas un año después de su arribo, recibió noticias de la muerte de su padre el rey Ricardo en Lucca (Italia).

Durante este periodo, san Bonifacio estaba sentando los cimientos de la iglesia en Germania. Walpurga viajó a Württemberg para asistir a san Bonifacio. Se convirtió en monja y vivió en el convento Heidenheim, que había sido fundado por su hermano san Wilibaldo. Se encontraba en el actual distrito Weißenburg-Gunzenhausen, vecino al distrito de Eichstätt, en Baviera, que en esa época formaba parte del imperio franco.

Bonifacio fue el primer misionero que pidió ayuda a las mujeres. En el año 748, en respuesta a su pedido, la abadesa Tetta envió a Germania a santa Lioba y santa Waldburgis, junto con muchas otras monjas. Partieron del puerto británico con buen clima, pero se desató en el viaje una terrible tempestad. Waldburgis se arrodilló en el puente de la nave y oró, y rápidamente el mar se calmó. Al arribar al puerto en el continente, los marineros proclameron el milagro que habían presenciado, por lo que Waldburgis era recibida en todas partes con veneración.

En la iglesia de Amberes hay una tradición que dice que la santa pasó algún tiempo allí, en su viaje hacia Alemania. En la iglesia más antigua de la ciudad (que ahora recibe el título de santa Waldburgis), se encuentra una gruta donde se dice que la santa rezaba. Esta misma iglesia, antes de adoptar el Oficio Romano, acostumbraba a celebrar la fiesta de la santa Waldburgis cuatro veces al año.

En Mainz la santa fue recibida por su hermano san Willibald y por su tío san Bonifacio. Después de vivir algún tiempo bajo la tutela de santa Lioba en Bischofsheim, fue nombrada abadesa de Heidenheim, y así quedó cerca de su hermano favorito, san Winibaldo, que gobernaba un monasterio allí.

Después de la muerte de Winibaldo, ella quedó a cargo también de su monasterio. El 23 de septiembre del 776, ella asistió a su hermano Willibaldo a trasladar los restos de su otro hermano Winibaldo. Descubrieron que no había trazas de putrefacción en las reliquias. Un par de años después Walpurga cayó enferma y —confortada por san Willibald— falleció en Heidenheim el 25 de febrero del 779, y ese día lleva su nombre en el calendario católico; pero en algunos sitios —como Finlandia, Suecia y Bavaria (sur de Alemania)— su fiesta conmemora el tralado de sus reliquias, el 1 de mayo.

San Wilibaldo puso su tumba al lado de la de san Winibaldo. Wilibaldo sobrevivió hasta 786. Después de su muerte, la devoción hacia santa Waldburgis declinó gradualmente y su tumba se fue arruinando

Cerca de 870, Otkar, el obispo de Eichstadt, determinó que había que restaurar la iglesia y el monasterio de Heidenheim, que se encontraba casi en ruinas. Declaró que la santa se le había aparecido y lo había amenazado debido a que su tumba había sido profanada por los trabajadores. Entonces se realizó el traslado ritual de sus restos hasta Eichstadt el 21 de septiembre de 870. Fueron instalados en la Iglesia de la Santa Cruz (ahora llamada Iglesia de Sta. Waldburgis. En el año 893 el obispo Erchanbold, sucesor de Otkar, abrió la tumba para arrancar un trozo de su cuerpo para regalarle a Liubula, la abadesa de Monheim. Dijo que el cuerpo estaba inmerso en un precioso óleo que —excepto en la época en que Eichstadt quedó en interdicto y en una ocasión en que unos ladrones lastimaron al encargado de retirar el aceite, continuó fluyendo de su cuerpo (especialmente de sus pechos).

Estas declaraciones hicieron que la santa fuera contada entre los elaephori (santos generadores de aceite). Partes de su cuerpo fueron repartidos a muchas ciudades, como Colonia, Amberes, Furnes y otros, mientras que su óleo ha sido repartido a todos los rincones del globo.

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Autor: . | Fuente: ACIprensa.com
Néstor de Magido, Santo
Obispo y Mártir, 25 de febrero
Néstor de Magido, Santo
Néstor de Magido, Santo

Obispo y Mártir

Martirologio Romano: En Perge, en Pamfilia, pasión de san Néstor, obispo de Magido y mártir, que en tiempo de la persecución bajo el emperador Decio fue condenado por el prefecto de la provincia a ser clavado en una cruz, para que sufriese la misma pena que el Crucificado a quien confesaba (c. 250).

Etimológicamente: Néstor = Aquel que es recordado, es de origen griego.Polio, gobernador de Panfilia y Frigia durante el reinado de Decio, trató de ganarse el favor del emperador, aplicando cruelmente su edito de persecución contra los cristianos. Néstor, obispo de Magido, gozaba de gran estima entre los cristianos y los paganos, y comprendió que era necesario buscar sitios de refugio para sus fieles. Rehusando a ser oculto, el Obispo esperó tranquilamente su hora de martirio, y cuando se encontraba en oración, oficiales de la justicia fueron en su búsqueda.

Luego de un extenso interrogatorio y amenazas de tortura, el Obispo fue enviado ante el gobernador, en Perga. El gobernador trató de convencer al santo –primero con halagos y luego con amenazas- de que renegara de la religión cristiana, pero Néstor se mantuvo firme en el Señor, siendo enviado al potro, donde el verdugo le desgarraba la piel de los costados con el garfio. Ante la firme negativa del santo de adorar a los paganos, el gobernador lo condenó a morir en la cruz, donde el santo todavía tuvo fuerzas para alentar y exhortar a los cristianos que le rodeaban. Su muerte fue un verdadero triunfo porque cuando el Obispo expiró sus últimas palabras, tanto cristianos como paganos se arrodillaron a orar y alabar a Jesús.

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Autor: Xavier Villalta
Roberto de Arbrissel, Beato
Presbítero y Fundador, 25 de febrero
Roberto de Arbrissel, Beato
Roberto de Arbrissel, Beato

Presbítero y Fundador
de la Orden de Fontevrault

Martirologio Romano: En el priorato de Ursano, en la región de Bourges, en Aquitania, tránsito del beato Roberto de Arbrisel, presbítero, que, predicando públicamente la conversión de las costumbres, reunió mujeres y hombres en el monasterio doble de Fontevrault, que fue gobernado por una abadesa (1116).

Etimológicamente: Roberto = Aquel que brilla por su fama, es de origen germánico.Roberto de Arbrissel, apellidado así por la villa de Arbrissel (Francia), en la diócesis de Rennes en Bretaña, donde nació en el año 1047 aproximadamente. Es un religioso bretón fundador de la Orden de Fontevraud y de la Abadía de Fontevraud.

Estudió en París durante el pontificado de Gregorio VII. Se desconoce el día y lugar de su ordenación. En 1089 fue llamado a la diócesis de Rennes, por el obispo Silvestre de la Guerche. Como arcipreste se dedicó sobre todo a la supresión de la simonía auqnue intentó hacer otras muchas reformas, razón por la cual consiguió la enemistad de muchos miembros de la Iglesia, hasta el punto de que, al morir Silvestre en 1093, le obligaron a marcharse de la diócesis. Entonces Roberto se fue a Angers y comenzó a vivir de una manera ascética, costumbre que siguió el resto de su vida. En el año 1095 se convirtió en ermitaño en el bosque de Craon, en Anjou, cerca de Bretaña y del lugar donde nació. Allí vivió en compañía de Bernard, más tarde fundador de la Congregación de Tiron. Su piedad, elocuencia y fuerte personalidad atrajeron a muchos seguidores, para quienes en 1096 fundó la Abadía de la Roë. Aquellos que desearan tomar hábitos bajo su liderazgo iban a La Roë, pero los Canónigos de allí decidían el número y diversidad de quienes entraban, así que entre 1097 y 1100 Roberto renunció a su abadía formalmente y fundó [Orden de Fontevraud|Fontevraud]]. Sus discípulos eran de cualquier edad, sexo y condición. Se dijo que había convertido a prostitutas, rumor que surgió seguramente al haber dedicado una casa en la Abadía de Fontevraud a María Magadalena.

Roberto pasó así el resto de su vida predicando en su país y murió en Orsan, otro priorato de Fontevrault, en el año 1117 aproximadamente.

La Orden de Fontevrault se propagó extraordinariamente por Francia —no así en el extranjero— y llegó a tener la Abadesa bajo su gobierno más de 60 Monasterios; entró en franca decadencia a fines de la Edad Media y desapareció con la Revolución Francesa.

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Autor: . | Fuente: Architoledo.org
Ciriaco María Sancha y Hervás, Beato
Cardenal, 25 de febrero
Ciriaco María Sancha y Hervás, Beato
Ciriaco María Sancha y Hervás, Beato

Obispo, Cardenal y Fundador
de la Congregación de Hermanas de la Caridad del Cardenal Sancha

Fecha de beatificación: 18 de octubre de 2009 en la Catedral de Toledo, España. Durante el pontificado de S.S. Benedicto XVICiriaco María Sancha y Hervás nació en Quintana del Pidio (Burgos) el 18 de junio de 1833 en el seno de una familia humilde.

Ingresó en el Seminario de Osma en 1852. Se ordenó sacerdote el 27 de febrero en 1858. Completa sus estudios en la universidad Pontificia de Salamanca.

En 1862 se trasladó a Cuba, como secretario del arzobispo Primo Calvo y Lope, un burgalés, que había sido nombrado arzobispo de Santiago de Cuba. Con ancianos desprotegidos, niños y niñas abandonados llevó a cabo una labor asistencial y de cuidado por la que se ganó el apodo de “padre de los pobres”.

En 1869 cumplió su sueño de fundar una congregación de religiosas para el cuidado de huérfanos inválidos y desamparados: la Congregación de Hermanas de la Caridad del Cardenal Sancha.

En 1876 fue nombrado obispo auxiliar de Toledo (en el tiempo en el que los obispos residían en Madrid). En 1882 fue nombrado obispo residencial de Ávila y en 1886 elegido para la sede episcopal de Madrid-Alcalá. Siendo obispo de esta diócesis, en 1888 convoca el primer Congreso Católico Nacional. León XIII le nombró arzobispo de Valencia el 10 de octubre de 1892. Dicha diócesis estaba vacante porque Antolín Monescillo había sido promovido a Arzobispo de Toledo. Tomó posesión de la misma el 14 de noviembre del citado año y el 20 de noviembre hizo la entrada en la Catedral. Del 19 al 26 de noviembre de 1893 celebró el Congreso Eucarístico Nacional en Valencia.

El 18 de julio de 1894 el Papa lo creó cardenal del título de San Pietro in Montorio. En 1898 fue nombrado Arzobispo Primado de Toledo y Patriarca de las Indias.

Cuidó especialmente la formación de los sacerdotes. Impulsó y creo asociaciones e instituciones religiosas produciendo una gran renovación. Llevó a cabo una intensa labor pastoral y social entre los más necesitados, en tiempos de especial dificultad política. A él se le atribuye también los primeros movimientos encaminados a la unidad de los católicos. Fue Senador en las legislaturas 1887-88 (por derecho como arzobispo de Toledo) y 1893-94 (por derecho propio).

Falleció en Toledo el 25 de febrero de 1909, y el 28 de febrero fue enterrado en la catedral de la ciudad. En su tumba de bronce, que recibe flores a diario, figura el siguiente epitafio: “vivió pobre y pobrísimamente murió”. En 2006 el Papa Benedicto XVI lo declaró Siervo de Dios, como primer paso en su proceso de canonización.

En 2009 se cumplió el centenario de su muerte, para lo que se organizaron distintos actos en su memoria, con la celebración de un “año sanchino”.

Si usted tiene información relevante para la canonización del Beato Ciriaco, contacte a:

Rev. Romualdo Rodrigo Lozano, OAR
Hermanas de la Caridad del Cardenal Sancha
Aptdo. 1182, calle Las Damas, 4,
Sto. Domingo, REPÚBLICA DOMINICANA
– o –
Hermanas de la Caridad del Cardenal Sancha
C/ San Dimas, 14,
28015 Madrid, ESPAÑA
– o –
Hermanas de la Caridad del Cardenal Sancha
C/ Madrid, 23
28380 Colmenar de Oreja (Madrid), ESPAÑA

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Autor: . | Fuente: saints.sqpn.com
Aldetrudis, Santa
Abadesa, 25 de febrero
Aldetrudis, Santa
Aldetrudis, Santa

Abadesa

Martirologio Romano: En Maubeuge, en la Galia Bélgica, hoy en Francia, santa Aldetrudis (o Adeltrudis), virgen y abadesa (696).Hija de San Vicente Madelgario y Santa Valdetrudis; hermana de Santa Madalberta; sobrina de Santa Aldegunda de Maubeuge. Monja y luego abadesa en el convento conducido por su tía Aldegunda.

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Autor: . | Fuente: Martirologio Romano
Otros Santos y Beatos
Completando el santoral de este día, 25 de febrero
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San Gerlando, obispo
En Agrigento, en Sicilia, san Gerlando, obispo, que organizó su Iglesia tras ser recuperada de manos de los sarracenos (1100).

San Lorenzo Bai Xiaoman, mártir
En la ciudad de Xilianxian, en la provincia china de Guangxi, san Lorenzo Bai Xiaoman, mártir, artesano y neófito, que prefirió ser azotado y degollado antes que negar a Cristo (1856).

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