Santoral del 21 de Febrero


Autor: _ | Fuente: ACI Prensa
Pedro Damiani, Santo
Obispo, Cardenal y Doctor de la Iglesia, 21 de febrero
Pedro Damiani, Santo
Pedro Damiani, Santo

Cardenal y Doctor de la Iglesia

Martirologio Romano:Memoria de san Pedro Damiani, cardenal obispo de Ostia y doctor de la Iglesia. Habiendo entrado en el eremo de Fonte Avellana, promovió denodadamente la vida religiosa y en los tiempos difíciles de la reforma de la Iglesia trabajó para que los monjes se dedicasen a la santidad de la contemplación, los clérigos a la integridad de vida y para que el pueblo mantuviese la comunión con la Sede Apostólica. Falleció el día veintidós de febrero en Favencia, de la Romagna (1072).

Fecha de canonización: En el año 1823 por el Papa León XII.
Nació en Ravena y fue una de esas figuras severas que, como San Juan Bautista, surgen en las épocas de relajamiento para apartar a los hombres del error y traerles de nuevo al estrecho sendero de la virtud.

Debido a la prematura muerte de sus padres, el santo fue criado por su hermano, convirtiéndose en un excelente discípulo, y más tarde en un profundo servidor de Cristo.

Pedro Damiani, Santo
Pedro Damiani, Santo

Pedro decidió abandonar el mundo exterior y abrazar la vida religiosa en otra región, entrando al convento de Fonte Avellana, comunidad de ermitaños que gozaba de gran reputación.

Allí se dedicó a la oración, lectura espiritual y estudios sagrados, viviendo con gran austeridad.

Pese a su negativa, Pedro asumió la dirección de la abadía en 1043 gobernando con gran prudencia y piedad.

Fundó otras cinco comunidades de ermitaños, donde fomentó entre los monjes el espíritu de retiro, caridad y humildad y además estuvo al servicio de la Iglesia, siendo nombrado Cardenal y Obispo de Ostia en 1057.

San Pedro escribió varios documentos que ayudaron a mantener la observancia de la moral y de la disciplina, particularmente en lo que se refiere a los deberes de los clérigos y monjes.

A pesar de su severidad, el santo sabía tratar a los pecadores con bondad e indulgencia, cuando la caridad y la prudencia lo pedían. Murió el 21 de febrero de 1072. Inmediatamente la gente empezó a considerarlo como un gran santo y a conseguir favores de Dios por su intercesión.

El Papa León XII lo canonizó (1823) y, por los elocuentes sermones que compuso y por los libros tan sabios que escribió, lo declaró Doctor de la Iglesia (1828) .

San Pedro Damiani: consíguenos de Dios la gracia de que nuestros sacerdotes y obispos sean verdaderamente santos y sepan cumplir fielmente su celibato.

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Autor: . | Fuente: Oremosjuntos.com
Noël (Natal) Pinot, Beato
Presbítero y Mártir, 21 de febrero
Noël (Natal) Pinot, Beato
Noël (Natal) Pinot, Beato

Presbítero y Mártir

Martirologio Romamo: En Anjou, en Francia, beato Natal Pinot, presbítero y mártir, el cual, durante la Revolución Francesa, siendo párroco, mientras se preparaba para celebrar misa fue detenido y, revestido con los ornamentos litúrgicos a modo de burla, llevado al patíbulo como al altar del sacrificio (1794).

Fecha de beatificación: 21 de octubre de 1926 por el Papa Pío XI.El último de 16 hijos, que había nacido en el hogar de piadosos padre en Angers (Francia Occidental) el 19 de diciembre de 1747, en vísperas de la Navidad, recibió en el bautismo un nombre que debiera recordar la Navidad: “Noël” (En latín sería “Natalis” y en italiano “Natale”).

Este niño trajo no sólo alegría navideña a su numerosa familia, sino también a la Iglesia el honor de un nuevo mártir de la Santísima Eucaristía.

Con los oratorianos en Angers recibió el muchacho una buena educación; en diciembre de 1770 la ordenación sacerdotal hizo de él un devoto y bondadoso sacerdote diocesano que desarrolló en su lugar una preciosa labor.

Los primeros 10 años trabajó como capellán en Bousse (Sarthe) y en Corze. En junio de 1781 regresó a la ciudad obispal de Angers para terminar sus estudios de teología, que culminarían con un grado académico. Durante este lapso, Noel era capellán en el Hospital de los incurables en Angers. El 6 de febrero de 1788 recibió el título de “Magister Artium”.

Poco después fue nombrado párroco de Saint – Aubin en Lauroux – Béconnais, una parroquia relativamente grande, que contaba con 3,000 almas. Aquí obro como buen pastor, pero solamente durante dos años, pues él entró pronto en la tormenta de la Revolución Francesa que apenas estalló. El 12 de julio de 1791 se acordó en París la Constitución civil. El padre Pinot se negó, con otros valientes sacerdotes, a prestar juramento a esta constitución anticlerical. En su sermón del 27 de febrero de 1791 la criticó fuertemente y de inmediato fue denunciado a las autoridades. El 5 de marzo se le tomó preso y llevado a Angers, donde siete días después recibió la prohibición de ejercer su profesión de sacerdote.

Bajo estas circunstancias no le quedaba otra posibilidad que esconderse. Primero en el Hospital de los incurables en Angers. Después de buscarle allá, llevó durante dos años la vida de un sacerdote perseguido, libre como pájaro y huyendo de un lugar a otro. Aunque siempre preparado para huir, seguía ofreciendo clandestinamente la Santa Misa y administrando los sacramentos.

Cuando los católicos de la Vendée se levantaron durante corto tiempo con éxito contra el régimen del terror, pudo el padre Pinot regresar a su parroquia; pero sólo por corto tiempo pudo gozar de su libertad, puesto que el levantamiento de los católicos fue derribado desde París. El padre tuvo que esconderse nuevamente, y no sólo esto: se ofreció una suma de dinero a quién lo entregara – vivo o muerto – a los tiranos de la revolución.

En la noche del 9 de febrero de 1794 el padre Pinot se preparaba en una lejana hacienda nombrada Milanderie para celebrar la Santa Misa. Ya estaban hechos todos los preparativos y el padre se iba a poner el alba cuando irrumpió la guardia y se dispuso a hacer una revisión exhaustiva del lugar. El padre Pinot se escondió lo más rápido posible en una caja, puesta todavía su alba; allí fue descubierto y llevado preso.

Su vocación sacerdotal, junto con el hecho de haber celebrado la Santa Misa, era suficiente para dictar sobre el padre Pinot la pena de muerte y ejecutarlo el mismo día.

El candidato a muerte fue irónicamente preguntado si quería morir con el alba puesta, proposición que aceptó con entusiasmo porque así pudo vivir todavía la más bella satisfacción: hasta el último momento ser sacerdote.

El suplicio sería como la celebración de su última Misa, su ofrenda final.

Así subió el padre Pinot al patíbulo, vestido con alba y casulla. Momentos antes de su decapitación tuvo que quitarse la casulla, pero los fieles le pusieron más tarde el ornamento después de la consumación del sacrificio.

El 21 de octubre de 1926, el Papa Pío XI beatificó a este valiente sacerdote diciendo: “Noel Pinot atestiguó, llevando hasta el momento de su ejecución la casulla, demostrando que la tarea primordial, más importante y más sagrada del sacerdote es la celebración de la Santa Eucaristía según el encargo del Señor: “Haced esto en memoria mía”“.

Si usted tiene información relevante para la canonización del Beato Noel Pinot, por favor contacte a:
Diocèse d’Angers
8, Place Monseigneur-Rumeau
B.P. 246
49002 Angers CEDEX 01, FRANCIA
– o –
Bénédictines de Notre-Dame du Calvaire
8, rue Vauvert
49100 Angers, FRANCIA

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Autor: . | Fuente: Oremosjuntos.com
Eleonora o Leonor de Inglaterra
Reina y religiosa, 21 de febrero
Eleonora o Leonor de Inglaterra
Eleonora o Leonor de Inglaterra

Etimológicamente: Leonor = Eleonor = Eleonor = Aquella que es audaz, es de origen gálico.

Nacida en el año 1222, muerta en Amesbury, el veinticinco de junio del año mil doscientos noventa y uno.

Esta joven vino al mundo en Francia. Sus padres eran Berengario IV, conde de Provenza y de Beatriz de Saboya.

La madre era una ferviente cristiana y muy dada a las letras.

En 1236 contrajo matrimonio en Canterbury con el rey Enrique III de Inglaterra. Con ella se marcharon muchos familiares y conocidos en busca de una mayor fortuna.

Muchos llegaron a ocupar puestos importantes en la administración pública. Sin embargo, el favoritismo de Eleonora suscitó en seguida las envidias y una impopularidad grande contra la reina.

La cosa se hizo tan tensa que tuvieron que encerrarla en la torre de Londres. La mala suerte no sólo caía sobre sus espaldas, sino que su marido fue hecho prisionero durante la de Lewes. El soplo de Dios atravesó su alma. Por eso se fue a una abadía benedictina y se hizo religiosa en el 1276.

Murió santamente en 1291. Es fácil comprender que la devoción hacia ella haya nacido de modo particular dentro de la orden religiosa de la que ella formó parte, y luego su fama de santidad creció a pasos agicantados.

Su fama de santidad es enorme, aunque nunca haya sido canonizada oficialmente. Muchos, sin embargo, le han tributado culto hasta nuestros días.

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Autor: . | Fuente: misa_tridentina.t35.com
Eustaquio (Eustacio) de Antioquía, Santo
Obispo, 21 de febrero
Eustaquio (Eustacio) de Antioquía, Santo
Eustaquio (Eustacio) de Antioquía, Santo

Obispo

Martirologio Romano: Conmemoración de san Eustacio, obispo de Antioquía, el cual, célebre por su doctrina, fue desterrado a Trajanópolis, en Tracia, en tiempo del emperador arriano Constancio, a causa de su fe católica, y allí descansó en el Señor (c. 338).San Eustaquio nació en Side, en Panfilia. Según afirma San Atanasio, confeso ante los perseguidores la fe de Cristo.

Era un hombre sabio, elocuente y virtuoso. Elegido obispo de Beroea, en Siria, atrajo sobre sí las miradas de la Iglesia. Más tarde, fue trasladado a la sede de Antioquía, que sólo cedía en dignidad a las de Roma y Alejandría y era la tercera del mundo. Poco después de ocuparla, asistió al Concilio de Nicea, donde fue acogido con grandes honores y se distinguió por su oposición al arrianismo.

En medio de sus trabajos por los otros, no olvidó que la verdadera caridad empieza por sí mismo y trabajó ante todo por su propia santificación.

Pero no por cuidar de su jardín guardaba para él toda el agua de la gracia, sino que la dejaba correr también por los huertos de sus prójimos a fin de que llevase la fecundidad por doquier.

En las diócesis que estaba encargado de gobernar, distribuyó hombres capaces de instruir y sostener a los fieles.

El santo se alarmó al enterarse de que Eusebio, el obispo de Cesárea, favorecía la nueva herejía (se trataba del Eusebio conocido como “el padre de la historia eclesiástica”).

La desconfianza que mostró San Eustaquio por la doctrina de ése y otros obispos, así como su acusación en el sentido de que habían alterado el Credo de Nicea, provocaron contra él las iras de los arríanos, quienes consiguieron deponerlo hacia el año 330.

Antes de salir de Antioquía el pastor congregó a su grey y la exhortó a mantenerse fiel a la verdadera doctrina. La exhortación fue tan eficaz que se formó un grupo de “eustacianos” para preservar la pureza de la fe y negar el reconocimiento a todos los obispos que enviasen los arríanos. Desgraciadamente, esta lealtad degeneró más tarde en sectarismo contra los prelados ortodoxos.

San Eustaquio fue desterrado con algunos sacerdotes y diáconos a Trajanópolis de Tracia. No sabemos con exactitud el sitio ni la fecha de su muerte. La mayoría de sus copiosos escritos se perdió.

Entre las obras suyas que se conservan, la principal es una disquisición contra Orígenes, en la que critica los poderes de la pitonisa de Endor (1 Re. 28:7-23). Sozomeno recomienda las obras de San Eustaquio por su estilo y contenido. Pero nada muestra mejor la virtud del santo que la paciencia con que sobrellevó las acusaciones calumniosas que se le hicieron en cosas de importancia y, después, la deposición y el destierro.

San Eustaquio fue más grande en la desgracia de lo que había sido cuando sus virtudes brillaban pacíficamente en el gobierno de su sede.

Su nombre aparece en el canon de las misas siria y maronita.

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Autor: . | Fuente: Santopedia.com
María Enriqueta (Ana Catalina) Dominici, Beata
Religiosa, 21 de enero
María Enriqueta (Ana Catalina) Dominici, Beata
María Enriqueta (Ana Catalina) Dominici, Beata

Religiosa

Martirologio Romano: En Turín, del Piamonte, beata María Enriqueta (Ana Catalina) Dominici, de las hermanas de Santa Ana y de la Providencia, que gobernó sabiamente y engrandeció su Instituto durante treinta años hasta su muerte (1894).

Fecha de beatificación: 7 de mayo de 1968 por Pablo VI.La Beata María Enriqueta Dominici nació el día diez de octubre de 1829 en Borgo Salsasio, Camagnola (Turín, Italia) ingreso a la Congregación de Religiosas Hermanas de Santa Ana, ya hechos sus votos perpetuos, murió en olor de santidad el día 21 de febrero del año de 1838 en la ciudad de Turín, en Italia.

Su proceso de beatificación fue iniciado el día 4 de abril de 1943, la Congregación para las Causas de los Santos, su Santidad el Papa Pablo VI aprobó la heroicidad de sus virtudes y la declaró digna de veneración -“Venerable”- el día 1 de febrero del año de 1975, finalmente, aprobó el milagro atribuido por su intercesión y la declaró beata el 7 de mayo de 1978.

Si se obtiene un favor o gracia especial atribuida por la intercesión de la Beata Hermana María Enriqueta Dominici, por favor hacer comunicar a su Causa de beatificación: Suore di Sant´Anna, Via degli Aldobrandeschi, 100, 00163 Roma, Italia.

Para tomar en cuenta: El fundador de la Congregación de las Religiosas Hermanas de Santa Ana fue Carlos Tancredo Falleti de Barolo, esposo de Julia Victorina Colbert Falleti de Barolo, ambos fundadores de la Congregación de las Hermanas Religiosas de Santa Ana.

Homilía completa del Papa Pablo VI
en la Misa de beatificación,
el domingo 7 de mayo de 1978

fuente: Vatican.va

Venerados hermanos e hijos queridísimos:
La Iglesia entera está hoy de fiesta. porque puede presentar a la veneración y a la imitación de sus hijos y de sus hijas a una nueva beata, María Enriqueta Dominici, de las Hermanas de Santa Ana y de la Providencia.

A primera vista, la vicisitud terrena de la Beata María Enriqueta -cuya biografía acabamos de escuchar- parece la ordinaria de una religiosa que vivió en la segunda mitad del siglo XIX, y consiguientemente vinculada y condicionada por una mentalidad que actualmente podría dar la impresión de superada.

Pero apenas nos adentramos en la profundización y en la contemplación de esta alma, descubrimos una riqueza, una fecundidad y una modernidad que nos fascinan y nos arrastran. En este sondeo espiritual nos sirven de ayuda tanto los testimonios de las personas que la conocieron y vivieron durante años a su lado, como la Autobiografía y el Diario, escritos por orden del director espiritual, y las numerosas Cartas que de ella se conservan.

María Enriqueta Dominici fue ante todo una mujer, una religiosa, que tuvo y experimentó de manera fuerte y viva el sentimiento de la fragilidad esencial del ser humano y el sentido de la absoluta grandeza y transcendencia de Dios. Es el mensaje fundamental que, ya en el Antiguo Testamento, encontró en el libro del Profeta Isaías una de sus más altas expresiones teológicas y poéticas: “Toda carne es hierba, y su belleza como flor campestre… Se agosta la hierba, se marchita la flor, pero la palabra de nuestro Dios permanece por siempre… El Señor es un Dios eterno y creó los confines del orbe” (Is 40, 6. 8. 28; cf. 1 Pe 1, 24). La grandeza de Dios pone de manifiesto, por contraste, la pobreza esencial del hombre; éste, por tanto, sólo llega a ser algo en la medida en que reconoce su dependencia de Dios, y vale en la medida en que conscientemente actúa a la luz de la voluntad del Altísimo.

Un mensaje claro que afecta profundamente en particular al hombre contemporáneo, el cual escucha, a todos los niveles, el eco de las contestaciones originadas por el fenómeno de la secularización.

María Enriqueta Dominici comprende desde muy joven que vale la pena consagrar por entero la propia vida a Dios, y -como ella misma nos confiesa- se deleitaba “en el deseo siempre creciente de ser buena y de servir al Señor de todo corazón”; y, haciéndose eco de las célebres palabras de San Agustín (cf. Confesiones; I, 1), reconoce: “Solamente mi Dios podía llenar y saciar mi pobre corazón; todo lo demás no me importa”.

Pero Dios, a quien desde niña buscó y encontró y al que quiere servir durante toda la vida, se le presenta como el Padre de amor infinito. Discípula de Cristo, María Enriqueta, en sus escritos, en sus cartas, en sus conversaciones, llamará a Dios con el nombre familiar de “Papá mío”, y con una sencillez y seguridad que sólo las almas llenas de fe pueden tener, escribía: “Me parecía reposar toda en el regazo de Dios como una niña que duerme tranquilamente en el regazo de su madre: yo amaba a Dios, y casi diría, si no temiese exagerar, que saboreaba su bondad”.

La entrega a Dios en la vida religiosa lleva consigo un abandono absoluto a su voluntad (cf. Mt 7, 21). María Enriqueta decidió cumplir siempre, a toda costa, la voluntad de Dios: “Soy toda de mi Dios y El es todo mío. ¿Qué puedo temer?, -escribe-. Y, ¿qué no podré hacer y padecer por su amor, siendo toda suya?… Dios mío, quiero hacer vuestra voluntad y nada más”.

Este, nos parece, es el primer aspecto saliente de la figura espiritual de la nueva beata; aspecto esencialmente religioso, que supone un doble reconocimiento simultáneo: el de la infinita transcendencia del Dios inefable, y el no menos inefable de la intimidad que Dios mismo concede, por la misteriosa mediación de Cristo, a quien no la rehúsa autorizando a dirigirse a El con el nombre supremo y confidencial de Padre, que infunde en nosotros el espíritu y el lenguaje de hijos privilegiados de la adopción (cf. Rom. 8, 15; 9, 4; Gál 4, 5; Ef 1, 5).

Además de este primer aspecto, que podríamos llamar teológico, de la Beata María Enriqueta Dominici, nos parece que debemos poner de relieve otro aspecto suyo característico (si bien compartido por no pocas figuras religiosas de su tiempo), a saber, el ascético, propio también de la vida religiosa.

La consagración religiosa implica asimismo despojo, abnegación de sí, renuncia, sufrimiento, porque la religiosa ha de ser la esposa fiel que sigue a Cristo en su camino hacia la cruz (cf. Mt 16, 24; Lc 9, 23). Ya en los propósitos de su profesión religiosa, María Enriqueta, convencida del valor incomparable de la “sabiduría de la cruz”, escribía: “Haré a menudo mi morada en el Huerto de los Olivos y en el Monte Calvario, donde se reciben lecciones importantísimas y muy útiles”.

Siendo jovencísima había soñado con el claustro. Pero Dios tenía otro planes. A los 21 años ingresó en el instituto de las Religiosas de Santa Ana y de la Providencia, obra que había surgido en Turín el año 1834 por iniciativa del piadoso matrimonio piamontés Carlo Tancredi y Giulia Colbert, marqueses Falletti di Barolo, con la finalidad de ofrecer un educación adecuada a las muchachas de familias menos pudientes.

A esta congregación, cuyas finalidades espirituales sintonizaban con las exigencias de los tiempos, madre María Enriqueta dio, en sus 33 años de generalato, un impulso y un ardor extraordinarios, con excepcional apertura y lúcida visión de los problemas urgentes de Italia y de la Iglesia en aquel período complejo e intrincado que va del 1861 -año en que la beata fue elegida por primera vez superiora general- al 1894, año de su piadoso fallecimiento.

En su vida religiosa, primero como novicia, luego como profesa y más tarde como superiora general, la beata vivió con gozosa generosidad la plenitud del mensaje evangélico: la pobreza, la castidad y la obediencia, demostrando que la vida consagrada, lejos de encerrar al alma en una especie de fortaleza individualista, le abre horizontes insospechados e inexplorados, y le da misteriosas capacidades de fecundidad interior.

El tercer aspecto, que nos parece muy digno de relieve en la nueva beata, es el social: María Enriqueta confirmó asimismo, una vez más, la gran verdad evangélica de que el auténtico amor a Dios es también verdadero amor al prójimo, especialmente a los pobres en el cuerpo y en el espíritu (cf. Mt 25, 34 ss.; Jn 15, 12 ss.; 1 Jn 2, 10 ss.; 3, 16. 23). Su gran modelo es siempre Cristo: “Vivir para Jesús, padecer por Jesús, sacrificarse por Jesús”.

La beata María Enriqueta amó inmensa y tiernamente a su congregación, a la que -bajo su guía- vio crecer y dilatarse de modo admirable hasta las misiones en la India; amó a sus “queridísimas hijas”; amó a los niños, a las muchachas mediante las variadas y geniales iniciativas del instituto; amó a la Iglesia y al Papa; amó y oró por su patria, en un período en que las relaciones entre Piamonte y la Sede Apostólica se hacían cada vez más difíciles y complejas.

Sus últimas palabras, dirigidas a sus hermanas antes de dejar esta tierra, fueron: “Recomiendo la humildad… y la humildad”.

Creemos que en esta frase suya, sencilla y suprema, se sintetiza el gran mensaje que la nueva beata dirige a los contemporáneos.

Humildad que, con relación a Dios, se convierta en adoración. El hombre aprenda de nuevo el gesto fundamental de la fe religiosa, que no lo humilla, antes lo engrandece, porque le hace reconocer su dimensión esencial de creatura. “La fe es oscura -escribía la beata-, pero nos deja siempre luz suficiente para caminar hacia Dios”.

Humildad que, con relación a los demás, se convierta en caridad, servicio, solidaridad, convivencia armoniosa y paz, con la consiguiente repulsa, a nivel personal y social, del abuso y de la violencia.

Humildad que, con relación a la Iglesia, se convierta en amor y docilidad, con el convencimiento de que ella es “en Cristo como un sacramento o signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano” (Lumen gentium, 1).
Humildad que, con relación a nosotros mismos, se convierta en conciencia serena de que nuestra existencia humana sólo puede adquirir su significado global y auténtico si nos incorporamos al designio amoroso de la voluntad de Dios: “Querer lo que Dios quiere, como Dios lo quiere y hasta que El lo quiera”. Son palabras de la Beata María Enriqueta que confiamos a vuestra reflexión.

¡Así sea!

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Autor: Xavier Villalta
Roberto Southwell, Santo
Mártir Jesuita, 21 de febrero
Roberto Southwell, Santo
Roberto Southwell, Santo

Presbítero y Mártir

Martirologio Romano: También en Londres, san Roberto Southwell, presbítero de la Compañía de Jesús y mártir, que durante varios años ejerció su ministerio en la ciudad y sus alrededores y compuso escritos espirituales. Detenido por ser sacerdote, por orden de la misma reina fue duramente torturado, terminando su martirio al ser colgado en Tyburn (1595).Fue el menor de ocho hijos. Educado en Douai.Viajó a París donde estuvo bajo la tutela del jesuita Thomas Darbyshire. En 1580 se unió a la Compañía de Jesús después de dos años de estudios en el Noviciado de Tournee.Se trasladó a Roma, donde pese a su juventud fue Prefecto de estudios en el Colegio Inglés de Roma de los jesuitas.2 Se ordenó de sacerdote en 1584. Fue enviado a Inglaterra en 1586 como misionero junto a Henry Garnett pese a estar en vigencia el decreto de la Reina Isabel que prohibía a a los sacerdotes católicos permanecer más de 40 días en Inglaterra bajo pena de muerte. Hizo trabajo misionero clandestino, fue capellán de la Condesa de Arundel. Fue delatado en 1595 y acusado de traición, fue ejecutado el 20 de febrero de 1595 en Tyburn.

Su obra literaria está publicada. En 1872 se publicó la colección completa de “Poemas” por Reprint Services Corp y en 1970 en la colección “The Fuller Worthies Library” por AMS Press.

Beatificado en 1929 y canonizado por Pablo VI el 25 de octubre de 1970 junto con los Cuarenta Mártires de Inglaterra y Gales.

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Autor: . | Fuente: Martirologio Romano
Otros Santos y Beatos
Completando santoral de este día, 21 de febrero
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San Germán, abad
En el monasterio de Granfeld, en la región de los helvecios, san Germán, abad, que al tratar de defender con pacíficas palabras a los vecinos del monasterio del asalto de un grupo de salteadores, fue desnudado y atravesado con lanzas, junto con el monje Randoaldo (c. 667).

Beato Tomás Portmort, presbítero y mártir
En Londres, en Inglaterra, beato Tomás Portmort, presbítero y mártir, que en tiempo de la reina Isabel I fue encarcelado por ser sacerdote y después colgado cerca de la catedral de San Pablo, consumando así su martirio (1592).

Beatos Baltasar, Antonio e Ignacio Uchibori, mártires
En el monte Unzen, Nagasaki, Baltasar Uchibori, Antonio Uchibori, e Ignacio Uchibori, hermanos, mártires (1627).

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