Cargar la Cruz no es quietud, ¡es acción!


Cargar la Cruz no es quietud, ¡es acción!

Publicado en web el 7 de febrero, 2013

Hola, Lupita:

Mis papás tienen 35 años de casados, pero mi mamá ha sufrido mucho con mi papá. Toda la vida la ha engañado y está sucediendo también en estos momentos.
¿Qué le aconsejo?; ¿que siga esperando a ver si cambia, o mejor que se separe? Estoy acercándome a Dios, y quiero influir en forma responsable.

María V.

Muy estimada María:

Lupita 2Si Cristo no hubiera venido, te contestaría sin dudar: “Que se separe”. Pero esta respuesta, que es la más lógica en un mundo pagano, no es la respuesta que recibimos a la luz de la Verdad.
Ante las situaciones complejas, tendemos a considerar sólo dos opciones, que con frecuencia son extremos opuestos entre sí. Tú lo expones así: “O que siga esperando o que se separe”. Y la respuesta es: ni una ni otra opción son cristianas.
Una mujer no tiene por qué admitir la infidelidad. Dios ha planeado la relación humana para el auténtico amor, vivido en plenitud cuando se es fiel, y eso se manifiesta de modo exclusivo al ser con el que se compartirá toda la vida.
Si alguien llega a los 35 años de matrimonio en medio de infidelidades y amarguras es, tal vez, porque “está esperando que algo pase, que el otro cambie, que las cosas se den”.
Hemos sido creados para la virtud, para crecer como seres humanos, para ganar el Cielo amando a Dios y a nuestro prójimo. Nos realizamos y gozamos de plena felicidad cuando respondemos a este llamado universal. Cuando un problema se presenta, no está ahí para que esperemos sino para que actuemos. Las dificultades son oportunidades para crecer, para luchar por lo correcto, para entregar nuestra vida a un ideal. Desde el primer momento en que surgió la infidelidad, hay una exigencia divina de trabajar denodadamente por conquistar la virtud contraria.
Tus padres no han respondido así. No han “cargado la cruz”, sino que se han quedado debajo de ella. Los dos, atrapados en sus debilidades, no han salido del problema; sólo lo han alimentado.
35 años más tarde, no es momento para separaciones. Estás en el umbral que te exige elegir entre Cristo y el mundo; que obliga a no esperar más y actuar, prepararse, valorarse, buscar una conversión del corazón para hacer la voluntad divina. En este panorama veo a dos seres a quienes Dios llama otra vez: un hombre al que le pide que deje su pecado atrás, que prepare sus cuentas para entregar al Creador un poco de amor; una mujer a la que le pide que valore su dignidad y que, con genio femenino, emprenda un camino de superación tomando la mano de María Santísima, modelo de virtud y ejemplo de lo que es permanecer de pie, al pie de la Cruz.
Ni separación ni resignación sin esfuerzo. Más bien, acción amorosa, compromiso inteligente, perdón que olvida todo, pero que exige, a la vez, lo mejor del ser amado. Lucha de dos que están destinados a ser salvados por el amor infinito de Dios.
Nos advierte el Padre Shrivers: “El egoísmo se va posesionando nuevamente del mundo. Ya tiene inficionada a la Sociedad entera con su veneno, va penetrando en la vida de familia y trata de infiltrarse hasta en la Iglesia”.
Ahoguemos el egoísmo de los otros, en mares de amor.

Lupita Venegas Leiva/Psicóloga www.valoraradio.org Twitter: @lupitavenegasdc Face: Lupita Venegas Oficial

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