¡Es Navidad!… ¿Ganará el odio o el amor?


Publicado en web el 20 de Diciembre, 2012

Lupita:

Mis hijos quieren que vuelva a casa en esta Navidad, y lloro por dentro porque eso es lo que más deseo. Desde mi corazón te digo, nunca le he sido infiel físicamente a mi esposa, pero sí he platicado con mujeres en conversaciones muy atrevidas, y lo que me da mucha tristeza es que desde chico nunca tuve alguna persona que me dijera no hacer eso. Estoy muy arrepentido; pero de qué sirve, si ella me odia. Me desprecia tanto, que estoy cansado de rogarle. Soporté muchas humillaciones, y a veces siento que también crece en mí el odio.

Alberto P.

Muy estimado Alberto:

HOMBRE SOLOEl verdadero arrepentimiento exige una reparación. No sólo nos enfrentamos a las consecuencias naturales de nuestros actos; por eso se dice que “en el pecado llevamos la penitencia”, sino que, además, deberemos enfrentar con gallardía las dificultades que se nos presenten por el dolor que causamos.
Pide perdón sin miedo. Acude a tu familia y reconoce que te equivocaste. Puedes expresar sin justificarte, pero invitándolos a comprenderte, que hiciste algo malo pensando que no lo era tanto.
Muchos nos equivocamos por la misma razón: ignorancia. No se nos ha enseñado la Ley de Dios con todas las letras, ni se nos ha inculcado la diferencia entre el Bien y el Mal. Todo lo contrario, hoy existe una terrible confusión y nos presentan los males disfrazados de bienes.
Habla a los tuyos de tu arrepentimiento y tu deseo sincero de cambiar. Platícales que has aprendido tu lección del modo más doloroso que existe. Exprésales, desde el fondo de tu alma, que no quieres perderlos. Arriésgate a amarlos, porque es poniendo amor en donde no lo hay, como podemos cosecharlo.
Tal vez ahora tu mujer te odia. Así lo ha expresado porque se siente lastimada, humillada, engañada. A ti te corresponde ahora amarla.
¿Cómo es que triunfa el odio? Osvaldo Cuadro, en su Libro “Puedo ser feliz”, nos invita a seguir esta lógica:
“Si yo odio a quien me odia, me rebajo a ser como eso que desprecio: también yo odio. Si yo odio a quien me odia, merezco la misma mala suerte y desgracia que él. Si lo odio, no tengo nada mejor que él; soy como él.
“Si lo odio, en esta disputa ganó el odio, no el amor, porque el odio se salió con la suya: me obligó a no amar, me indujo a odiar. Y si yo odio, no amo. Si no amo, no soy feliz. Así es como triunfa el odio: consigue que yo no sea feliz”.
Conserva la actitud de un hombre feliz para recuperar a tu familia; persevera en el amor. Ama a pesar de todo; piensa en lo que tus hijos necesitan, y dales lo mejor de ti; comprende el dolor moral de tu mujer y mantente firme en la conquista de su amor. La mayoría de aquellos que no son felices, no lo son porque no se sienten amados, y la mayoría de aquellos que no se sienten amados, no lo son porque no aman.
Cristo vino a modelar el amor sin límites. ¡Para eso nació entre nosotros! Y llegó humilde, pequeñito, dependiente. Así es como quiere que todos empecemos a reinar. No hay verdadera Navidad sin perdón. ¡Vuelve a casa!

Lupita Venegas Leiva/Psicóloga www.valoraradio.org Twitter: @lupitavenegasdc Face: Lupita Venegas Oficial

fuente:semanario.com.mx

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