La Fe es un desafío a la muerte


Publicado en web el 25 de Octubre, 2012

Día de los Fieles Difuntos
Siempre es necesario prepararse para la muerte

Mónica Livier Alcalá Gómez

andrea1Enterrar a los difuntos ha sido considerado siempre un acto de caridad y civilidad humana. Con el paso del tiempo, el hombre dedicó espacios concretos para sepultar a sus muertos.
Con la llegada del Cristianismo, en los pueblos y ciudades se acondicionaron los panteones en el atrio de los templos. En aquella época se tenía la costumbre de enterrar a los muertos en un lugar “santo”; estos sitios eran los atrios e incluso el interior de las iglesias. Tras varias centurias, las Autoridades Eclesiásticas consideraron que sepultar los cadáveres en el interior del templo no era digno, por ser un lugar sagrado y reservado al culto, así como impropio, debido al proceso natural de descomposición.
Fue así que se crearon los primeros cementerios fuera de las poblaciones, aunque hoy en día son prácticamente insuficientes; por esta situación, curiosamente, se ha regresado a los templos como lugar de última morada para muchos difuntos, ya que en algunas comunidades, han venido adaptándose nichos para el alojamiento de restos áridos y cenizas.
Con todo, no es una situación sencilla, pues se trata de todo un procedimiento legal para que un templo logre los permisos correspondientes, aseguró el Padre Daniel Hernández Rosales, Auxiliar de Economía de la Curia Diocesana y Capellán de Santa María de Gracia: “El nombre legal de esos espacios es: ‘Columbarios para Nichos para Depósitos de Huesos Áridos y Cenizas’, aunque en la realidad, en los templos sólo se admiten las cenizas de los fieles difuntos”.
El Sacerdote aclaró que, por ser muchos de los templos Propiedad Federal, se otorga un “Derecho de uso” a quien adquiera un nicho, aunque no es como tal el dueño de la propiedad, pues ésta pertenece al Gobierno: “El mismo caso es en los templos que no son Propiedad Federal, sino de la Iglesia Diocesana. Como tal, la Iglesia no puede vender parte de su propia estructura, así que también proporciona Derechos de Uso, aunque pueden ser a perpetuidad”.

No entorpecer la dignidad del templo

CIMG1083Si bien no se dispone del dato exacto de las comunidades que cuentan con nichos, cada vez son más, por la necesidad de sitios para sepultar a sus difuntos: “Sin embargo, es importante mencionar que todo templo que quiera construir nichos en su espacio, debe tener el aval de la Comisión Diocesana de Arte Sacro, la cual da la garantía de la construcción, pues también se busca la estética del lugar”.
Ante el hecho de que dentro de muchos espacios consagrados se edifican los columbarios, el Padre Daniel dejó en claro que debe buscarse siempre que sea un lugar que no interrumpa ni distraiga la atención de lo central, es decir el Altar: “Los templos están hechos para la celebración litúrgica, no para llenarlos de restos humanos; por ello es importante buscar un espacio que no entorpezca la celebración digna de la Eucaristía”.
Al momento se trabaja ya en un proyecto de reglamentación para estas construcciones desde la Comisión de Arte Sacro y la Curia Diocesana: “Las razones que aduce la gente para desear estos lugares en los templos son, específicamente, para tener más cerca al familiar y porque los panteones ya están saturados o resultan lejanos”.

Preparación a bien morir

Los servicios funerarios son cada vez más caros, y si se adquieren en el último momento, el importe se eleva. El costo aproximado oscila entre los 15 mil pesos y los 25 mil pesos o más. Por tanto, en algunas Parroquias se ha implementado una obra social llamada Mutual Parroquial de Difuntos, que pretende ofrecer estos servicios con calidad y a bajo costo: “En la Arquidiócesis este proyecto tiene ya bastantes años. Conozco, por ejemplo, una Parroquia que tiene más de 60 años proporcionando este servicio”.
El Padre Ecónomo recomendó, finalmente, que la mejor preparación a la muerte es llevar una vida recta en el amor a Dios y al prójimo, y esperar un final digno, lleno de esperanza: “Sabemos que la muerte nos llevará a la vida eterna en paz y tranquilidad con Dios. Una vida de Gracia es una buena preparación para la muerte”.
Por su parte, el Vicario General de la Arquidiócesis, Monseñor José Guadalupe Ramiro Valdés Sánchez, opinó que debe tenerse cuidado con las estructuras propias de los templos a la hora de construir nichos: “En el templo se da culto a la vida, no a la muerte. Hay incluso algunas Parroquias de gran belleza arquitectónica que han desmerecido por la construcción de los columbarios; debemos tener mucho cuidado con eso”.

Un ejemplo para otras mutuales

Estamos viviendo tiempos económicos difíciles y, ante esto, la Iglesia ha tratado de despertar conciencia en el aspecto social; en este caso, promoviendo una acción de caridad que cada día crece y se consolida en algunas comunidades de la Arquidiócesis de Guadalajara: las mencionadas Mutuales de Difuntos.
“Al comenzar el proyecto de la Mutual, quisimos basarnos en experiencias de otras Parroquias, por lo que revisamos muchos proyectos y estructuras. Con todo, nos dimos cuenta de que la mayoría son muy restringidas, tienen muchos ‘peros’. Por lo tanto, planeamos que por 500 pesos al año podríamos cubrir el funeral de una familia. Para ello logramos hacer un convenio con una empresa funeraria que tiene muy buena voluntad de servir, y que nos proporciona los servicios; de hecho, podríamos decir que la ganancia para esa empresa es poca, pero lo hace de todo corazón, como una manera de ayudar”, aseguró para Semanario, el señor Cura Ramón Gutiérrez Flores, Párroco de San Alfonso María de Ligorio, en San Pedro Tlaquepaque, quien a pesar de que apenas comienza este proyecto, ha obtenido buena respuesta y pretende ampliar la cobertura del servicio.
“La Iglesia ha promovido siempre las Mutuales de Difuntos; es una de sus obras sociales, y ojalá todas las Parroquias pudiéramos promoverla”.

Una oportunidad para la caridad

Para lograr un buen servicio, el Párroco ha sugerido algunos requisitos básicos; por ejemplo, que la familia sea católica, formada por personas con buena actitud y buena voluntad; que tenga presente que ellos también, por medio de la Mutual, están haciendo una obra de caridad: “Un aspecto importante es que nos hemos ampliado a toda la ciudad. Habíamos pensado que sólo fuera en el territorio parroquial, pero vemos que la funeraria que nos hace el servicio está abierta a extenderlo. Obviamente, para esto vamos a tener reuniones anuales, y por supuesto, cuentas claras con quienes se asocien”.
El Padre Gutiérrez expresó que desearía que la Mutual de Difuntos de San Alfonso fuera un modelo de cómo promover la acción social en la comunidad, ayudando, sobre todo, a los más pobres:“Incluso en el espacio de columbarios tenemos algunos reservados para difuntos que no tienen quién se haga cargo de ellos. Desde la Mutual, también diseñamos su estructura para que sea una obra de caridad, por lo que dentro de la reglamentación se menciona que a las personas desamparadas que mueran en territorio de la Parroquia, se les proporcionará todo el servicio funerario gratuito”.

La última morada, cerca del templo

“Que los panteones están repletos es una realidad. Desde que yo llegué a San Alfonso, la gente me preguntaba si no haríamos nosotros nichos, ya que los templos de los alrededores los tenían. Además de la insistencia de la gente, vi que era también una necesidad. Y así, con el Equipo Básico, decidimos el mejor lugar para hacer los columbarios.
“Creo que es importante tener este servicio en la Parroquia, y nosotros lo manejamos de una forma sencilla: la familia tiene el derecho sobre ese lugar, pero la administración está a cargo de la Parroquia. Para muchos parroquianos es una oportunidad de venir más seguido a visitar a sus difuntos y, además, tener la gracia de ‘quedar’ en un espacio cerca del templo, donde continuamente se está ofreciendo el Santo Sacrificio del Altar”.

Es mejor prevenir

Finalmente, el Párroco hizo hincapié en la importancia de la prevención: “Quizás los ricos no necesitan de una Mutual de Difuntos ni tienen que preocuparse por los gastos funerarios que sufragará su familia -aunque muchos lo hacen-, pero los pobres o los que no tenemos tanto dinero debemos prever, no dejar estas cargas a la familia tras nuestro fallecimiento.
“Además, quiero invitar a toda la comunidad cristiana a no tener miedo de tratar el tema de la muerte; finalmente, es algo por lo que todos vamos a pasar; estemos, pues, preparados, sobre todo espiritualmente. En mi comunidad siempre insisto en que lo primero es estar en todo momento en gracia de Dios, porque no sabemos si el día de mañana viviremos. Segundo, debemos prevenir algunas cosas terrenales para no dejar problemas en la familia; por ejemplo, el testamento y, por supuesto, el servicio funerario y el lugar de nuestra última morada terrenal”.

El respeto a los muertos
(Catecismo de la Iglesia Católica)

2299 A los moribundos se han de prestar todas las atenciones necesarias para ayudarles a vivir sus últimos momentos en la dignidad y la paz. Serán ayudados por la oración de sus parientes, los cuales velarán para que los enfermos reciban a tiempo los Sacramentos que preparan para el encuentro con el Dios vivo.

2300 Los cuerpos de los difuntos deben ser tratados con respeto y caridad en la fe y la esperanza de la resurrección. Enterrar a los muertos es una obra de misericordia corporal (Cf Tb 1,16-18) que honra a los hijos de Dios, templos del Espíritu Santo.

2301 La autopsia de los cadáveres es admisible moralmente cuando hay razones de orden legal o de investigación científica. El don gratuito de órganos después de la muerte es legítimo y puede ser meritorio.
La Iglesia permite la incineración cuando con ella no se cuestiona la fe en la resurrección del cuerpo (Cf CIC, Can. 1176,3).

Si en Cristo la vida humana es un paso “de este mundo al Padre”, la hora de la muerte es el momento en el que este paso tiene lugar de manera concreta y definitiva… No hay que tener miedo de la muerte del cuerpo, pues es un sueño del que nos despertaremos un día… La auténtica muerte, de la que hay que tener miedo, es la del alma, llamada por el Apocalipsis “segunda muerte”. Quien muere en pecado mortal, sin arrepentimiento, cerrado en el orgulloso rechazo del amor de Dios, se autoexcluye del reino de la vida». -Benedicto XVI, 5 Noviembre, 2006

La dignidad del cuerpo del fallecido

cripta“El cuerpo es sagrado porque es templo del Espíritu Santo, y como tal, se le debe respeto, aun en el momento de su muerte”, afirmó Monseñor Ramiro Valdés Sánchez, Vicario General de la Arquidiócesis.
La Iglesia cree en la resurrección de los muertos y en la santidad del cuerpo humano, y lo demuestra en el cuidado que pone en preparar el cuerpo del fallecido para enterrarlo.
Es recomendación de la Iglesia que, si el cuerpo del difunto va a ser cremado, esto ocurra después de la Misa de Difunto, aunque también admite que, si por alguna causa especial el cuerpo del fenecido fue cremado justamente después de su fallecimiento, sus cenizas puedan ser llevadas al templo para la celebración de la liturgia del funeral.

Disposición final del cuerpo y las cenizas

Seguido de la Misa de Difunto, los restos mortales del fallecido tienen que ser reverentemente enterrados en una tumba o puestos en un mausoleo. La Iglesia enfatiza que lo que queda del cadáver cremado debe ser tratado con el mismo respeto dado al cuerpo; por tanto, las cenizas también tienen que ser enterradas o puestas en un nicho.
Si bien en México no existe una normativa particular sobre el esparcir las cenizas, por ejemplo en el mar, o incluirlas en joyería, pinturas, etc., sí hay recomendaciones al respecto, señalando como uso inapropiado de los restos mortales de un fiel católico esta práctica que podría considerarse más bien pagana, por lo que debe exhortarse a los fieles a no conservar en su casa las cenizas de los familiares, sino darles la sepultura acostumbrada, hasta que Dios haga resurgir de la tierra a aquellos que reposan allí y el mar restituya a los muertos” (Cfr. Ap 20, 13).

Tradición y convicción
Respeto a los restos humanos, en honor a lo que fueron

Cuerpos y cenizas deben ser tratados con dignidad y reposar en un lugar decoroso. Para recordarlos no necesitamos tener las cenizas a nuestro lado. Lo mejor que podemos hacer por nuestros fieles difuntos es orar por ellos.

Sonia Gabriela Ceja Ramírez

3106imagen-6494488-1“Cuando una persona fallece, sus restos mortales deben ser tratados con dignidad, señaló el Padre José Carmen Toriz Rentería, Moralista y Formador del Seminario de Guadalajara, porque, a nivel terrenal, el cuerpo es la manifestación de la persona, y el Concilio Vaticano II nos dice que la persona es una unidad de cuerpo y alma; cuando la persona muere, viene la separación total del alma y el cuerpo. En la tierra queda lo material y el alma se va al Cielo. En el Juicio Final, aun cuando uno haya sido juzgado particularmente, se va a ver claramente que los que ya están salvados van a quedar a la derecha, y los que no, a la izquierda. Así lo señala el Evangelio de San Mateo, en el que Jesús nos ilumina sobre cómo será el día del Juicio Final”.

Vivos y muertos, merecemos respeto

Respecto a la en ocasiones necesaria exhumación de cadáveres, el Padre Toriz señaló que cuando esto se requiere para alguna investigación o estudio, debe hacerse de manera respetuosa: “De igual manera, los cuerpos que no son reclamados, cuya identidad se desconoce y van a parar a la fosa común, también deben ser respetados porque todos somos dignos de ello”.
Una vez que los restos son exhumados, bien sea para un estudio o para colocar los restos áridos o cenizas en una urna, la Iglesia Católica no contempla que se lleve a cabo algún rito específico, pues éste “ya se realizó en el momento en que la persona fue sepultada”.
Incluso hombres y mujeres de Iglesia y que murieron en fama de santidad han tenido que ser exhumados, y en muchos casos, los cuerpos han sido encontrados incorruptos. “Cuando la Iglesia realiza una exhumación, existe todo un rito ante Autoridades Civiles y Eclesiásticas; cuando se encuentra un cuerpo que ha permanecido incorrupto por mucho tiempo y que va a ser exhibido para su veneración, se le debe dar un tratamiento científico especial a fin de que el aire y el medio ambiente no lo descompongan”.

¿Sepultar o incinerar?

IMG 8275“En una época se pensó que era mejor inhumar el cuerpo; es decir, enterrarlo, pero con el tiempo y a través de la reflexión teológica, se ha concluido que no existe un porqué, ya que nosotros mismos, en el Miércoles de Ceniza, cuando se inicia la Cuaresma, afirmamos que polvo somos y en polvo nos convertiremos, y la incineración es precisamente eso, convertir un cuerpo en polvo. Por otra parte, las cenizas ocupan un espacio menor al ser depositadas en columbarios o criptas; sin embargo, también hay que darles el debido cuidado; esto es, darles ‘cristiana sepultura’ y no arrojarlas al mar o esparcirlas sobre la tierra, sino depositarlas en un lugar especial. Tampoco deben permanecer en casa, porque el espíritu no ocupa un espacio y los restos merecen un lugar decoroso.
“En los templos, abundó el Padre Toriz, también Director Espiritual en el Seminario Mayor, se han construido criptas para darles a los difuntos ese lugar digno, y una vez que se depositan, ahí deben permanecer. No deben sacarse, y menos trasladar de un lugar a otro”.
Esto puede ser distinto cuando se trata de un Beato o Santo: “Una vez que se inicia el Proceso de Canonización, los restos son extraídos y colocados en un lugar accesible en el que cada quien, de manera privada, pueda ir a rezarles mientras son Siervos de Dios, y una vez que alcancen el reconocimiento de la santidad, podrán ser venerados públicamente”.
Cabe señalar que mediante la veneración de las reliquias se hace un reconocimiento de la santidad de vida, de la entrega de estos hombres y mujeres al ejercicio de las virtudes: “Esa pequeña parte del cuerpo de la persona debe recordarnos las virtudes, la sinceridad, la honestidad, la congruencia con que esa persona vivió entregada de manera total a Dios”.
Obviamente, no significa que como cristianos “adoremos” a los muertos, pues la Iglesia lo que conmemora el 2 de noviembre es a los Fieles Difuntos; es decir, a los cristianos que ya han fallecido.

El sentido cristiano del Altar de Muertos

Respecto a nuestras tradiciones sobre el culto a los muertos, el Padre Toriz Rentería explicó que es una costumbre prehispánica, pues para los pueblos indígenas, en la Luna Llena de noviembre concluía el ciclo de la cosecha del maíz; por tanto, ellos creían que en esa fecha los difuntos tenían permiso de volver a la Tierra, y por eso se les preparaba un recibimiento “con sus comidas favoritas y las cosas que a ellos les gustaban”.
Pese a ser una costumbre de origen pagano, los primeros evangelizadores en América buscaron darle un sentido cristiano. “Por ejemplo, las velas forman el camino que conduce hacia el encuentro con Dios y lo iluminan para que no se pierda. El agua nos recuerda el Bautismo y la Fe; la sal, es purificación y preservación del mal. Se pueden revisar los signos a la luz de la Fe. No debemos quedarnos con la idea de que vienen los difuntos, sino que debemos orar por su purificación. Podemos ir a Misa, ofrecer Rosarios, oraciones, para pedir que lleguen más pronto a Dios”.

Conmemoración de los Fieles Difuntos
Los elementos constitutivos de su Liturgia

Dr. Alberto Gutiérrez T. Formoso

Misa Exequial“En este día, dos de noviembre (dice el Martirologio Romano), la Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos (nótense las mayúsculas), en la cual nuestra común y piadosa Madre, la Iglesia, después de haber honrado, con dignos loores, a todos los hijos suyos que tiene ya gozando en el Cielo, se esfuerza hoy por ayudar, con poderosos Sufragios, cerca de Cristo, su Esposo y Señor, a todos los que gimen en el Purgatorio, a fin de que cuanto antes se sumen a la sociedad de los moradores en la Ciudad Celestial” (Cfr. Dom Gaspar Lefebvre, O.S. B., ‘Misal Diario y Vesperal’, Pág. 1847)
Con motivo de la invitación especial para consignar la Conmemoración de los Fieles Difuntos, fecha que tan a pecho vive nuestro Pueblo de Dios en su piedad y actos cultuales, y con la información litúrgica específica que el Misal Diario y Vesperal del Padre Gaspar Lefebvre, Religioso Benedictino de insigne memoria como liturgista, y su acendrada piedad inmersa en la liturgia eclesial, nos permitimos redactar algunas ideas.
Dividiremos nuestras indicaciones en siete breves apartados que, espero, nutran, por su contenido bíblico y su estructura litúrgica, nuestra celebración.

Secuencia de los apartados

 Misas del Día de Difuntos, 2 de Noviembre: la Primera Misa cita el clásico: ‘Dales, Señor, el eterno descanso, alúmbreles la Luz eterna…’ Y cita al Salmo 64. / Sigue la Primera Epístola de San Pablo a los Corintios (V. 51-57) “Voy a proponeros un Misterio…” sobre la resurrección de los muertos. / Continúa el Evangelio de San Juan, Cap. V., 25-29.
La Segunda Misa se inspira en el Segundo Libro de los Macabeos, Cap. 12, y en el Evangelio de San Juan, en su Cap. VI, sobre el Pan de Vida.
La Tercera Misa nos presenta el texto del Apocalipsis y su visión 24, 13. Y cita también el Cap. VI de San Juan. ¡Luminoso!

 Los Salmos del Oficio de Entierro: Muy aleccionadores y de fuerte hondura teológica y aun lírica: ‘De profundis clamavi ad te, Domine…’ (Desde lo profundo clamé a Ti, Señor). Y el Salmo 50: ‘Miserere mei, Deus…’ (Ten misericordia de mí, Dios), más el Cántico del ‘Benedictus’ en boca de Zacarías, papá de San Juan Bautista.

 La Vigilia por los Difuntos: Se centra en los Salmos de los Nocturnos: el Quinto, el alma suspira por ver a Dios. El Sexto, el alma, turbada, pide perdón. El Séptimo, el alma espera en Dios porque Él es Justo… Las Lecturas son tomadas del Libro de Job: Cap. VII, 16-21 y Cap. X, 1-12.

 La Misa de Entierro: Toma la Primera Lectura de la Primera Epístola de San Pablo a los Tesalonicenses, Cap. IV, 13-18: ‘Respecto a los difuntos, no queremos dejarlos en ignorancia…’ E incluye la fuerte Secuencia del ‘Dies irae, dies illa…’, (Día de ira, día tremendo aquel), que convendría reflexionar con fe, esperanza y santo temor de Dios, don del Espíritu Santo. Y toma el Evangelio de San Juan, Cap. XI, cuando la resurrección de Lázaro. V. 21-27.

 La Misa ‘de Aniversario’: Retoma el Cap. 12 del Segundo Libro de los Macabeos: ‘pues si no esperase que los muertos habían de resucitar…” (Texto primordial en el Antiguo Testamento). Y el Evangelio de San Juan, Cap. VI, 37-40: ‘Todo lo que el Padre me da, vendrá a Mí. Y el que viene a Mí, no lo desecharé…’

 Misa cotidiana sobre difuntos especiales: Papas, Obispos, Sacerdotes; hermanos, parientes y bienhechores difuntos. Por los papás y mamás ya difuntos. Por un difunto citado.

 Los funerales de niños, infantes. (Con ornamento significativamente blanco): Escoge los Salmos 118, 149; el 23 y el 148. Llenos de alegría y esperanza. Se celebra la Misa de los Santos Ángeles, con Gloria.

—–Esperamos haber cumplido nuestra comisión, que se nutre e ilumina con los textos litúrgicos. Ojalá este espíritu de oración impregne nuestras manifestaciones, tan sentidas.

Cartón Exequias

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