«TESTIMONIO DE CATALINA SOBRE LA SANTA MISA»


Extractos del libro “LA SANTA MISA”.

Catalina Rivas: Este es el testimonio que debo y quiero dar al mundo entero, para mayor Gloria de Dios y para la salvación de todo aquel que quiera abrir su corazón al Señor. Para que muchas almas consagradas a Dios, reaviven el fuego del amor a Cristo, unas que son dueñas de las manos que tienen el poder de traerl

o a la tierra para que sea nuestro alimento, las otras, para que pierdan la “costumbre rutinaria” de recibirlo y revivan el asombro del encuentro cotidiano con el amor. Para que mis hermanos y hermanas laicos del mundo entero vivan el mayor de los Milagros con el corazón: LA CELEBRACIÓN DE LA SANTA EUCARISTÍA.

SANTÍSIMA VIRGEN: “¿POR QUÉ TIENEN QUE LLEGAR EN EL ÚLTIMO MOMENTO? Ustedes deberían estar antes para poder hacer una oración y pedir al Señor que envíe Su Santo Espíritu, que les otorgue un espíritu de paz que eche fuera el espíritu del mundo, las preocupaciones, los problemas y las distracciones para ser capaces de vivir este momento tan sagrado. Pero llegan casi al comenzar la celebración, y participan como si participaran de un evento cualquiera, sin ninguna preparación espiritual. ¿Por qué? ES EL MILAGRO MÁS GRANDE, VAN A VIVIR EL MOMENTO DE REGALO MÁS GRANDE DE PARTE DEL ALTÍSIMO Y NO LO SABEN APRECIAR.”

Era día de Fiesta y debía recitarse el Gloria. DIJO NUESTRA SEÑORA: “GLORIFICA Y BENDICE CON TODO TU AMOR A LA SANTÍSIMA TRINIDAD EN TU RECONOCIMIENTO COMO CRIATURA SUYA”.

QUÉ DISTINTO FUE AQUEL GLORIA. De pronto me veía en un lugar lejano, lleno de luz ante la Presencia Majestuosa del Trono de Dios, y con cuánto amor fui agradeciendo al repetir: “…Por tu inmensa Gloria Te alabamos, Te bendecimos, Te adoramos, Te glorificamos, Te damos gracias, Señor, Dios Rey celestial, Dios Padre Todopoderoso y evoqué el rostro paternal del Padre lleno de bondad… Señor, Hijo único Jesucristo, Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre, Tú que quitas el pecado del mundo…” Y JESÚS ESTABA DELANTE DE MÍ, CON ESE ROSTRO LLENO DE TERNURA Y MISERICORDIA: “…porque sólo Tú eres Dios, sólo Tú, Altísimo Jesucristo, con el Espíritu Santo…”

LLEGÓ EL MOMENTO DE LA LITURGIA DE LA PALABRA Y LA VIRGEN DIJO: “Quiero que estés atenta a las lecturas y a toda la homilía del sacerdote. Recuerda que la Biblia dice que la Palabra de Dios no vuelve sin haber dado fruto. Si tú estás atenta, va a quedar algo en ti de todo lo que escuches. Debes tratar de recordar todo el día esas Palabras que dejaron huella en ti. Serán dos frases unas veces, luego será la lectura del Evangelio entera, tal vez solo una palabra, paladear el resto del día y eso hará carne en ti porque esa es la forma de transformar la vida, haciendo que la Palabra de Dios lo transforme a uno”.

“Y ahora, dile al Señor que estás aquí para escuchar lo que quieres que Él diga hoy a tu corazón”.

LLEGÓ EL OFERTORIO Y LA SANTÍSIMA VIRGEN DIJO: “Reza así: (y yo la seguía) Señor, te ofrezco todo lo que soy, lo que tengo, lo que puedo, todo lo pongo en Tus manos. Edifica Tú, Señor con lo poco que soy. Por los méritos de Tu Hijo, transfórmame, Dios Altísimo. Te pido por mi familia, por mis bienhechores, por cada miembro de nuestro Apostolado, por todas las personas que nos combaten, por aquellos que se encomiendan a mis pobres oraciones… Enséñame a poner mi corazón en el suelo para que su caminar sea menos duro. Así oraban los santos, así quiero que lo hagan”.

De pronto empezaron a ponerse de pie unas figuras que no había visto antes. Era como si del lado de cada persona que estaba en la Catedral, saliera otra persona y aquello se llenó de unos personajes jóvenes, hermosos. Iban vestidos con túnicas muy blancas y fueron saliendo hasta el pasillo central dirigiéndose hacia el Altar.

DIJO NUESTRA MADRE: “Observa, son los Ángeles de la Guarda de cada una de las personas que está aquí. Es el momento en que su Ángel de la Guarda lleva sus ofrendas y peticiones ante el Altar del Señor.”

ALGUNOS DE ELLOS TENÍAN COMO UNA FUENTE DE ORO CON ALGO QUE BRILLABA MUCHO CON UNA LUZ BLANCA-DORADA, dijo la Virgen: “Son los Ángeles de la Guarda de las personas que están ofreciendo esta Santa Misa por muchas intenciones, aquellas personas que están conscientes de lo que significa esta celebración, aquellas que tienen algo que ofrecer al Señor…”

“Ofrezcan en este momento…, ofrezcan sus penas, sus dolores, sus ilusiones, sus tristezas, sus alegrías, sus peticiones. Recuerden que la Misa tiene un valor infinito por lo tanto, sean generosos en ofrecer y en pedir.”

DETRÁS DE LOS PRIMEROS ÁNGELES VENÍAN OTROS QUE NO TENÍAN NADA EN LAS MANOS, LAS LLEVABAN VACÍAS. Dijo la Virgen: “Son los Ángeles de las personas que estando aquí, no ofrecen nunca nada, que no tienen interés en vivir cada momento litúrgico de la Misa y no tienen ofrecimientos que llevar ante el Altar del Señor.”

EN ÚLTIMO LUGAR IBAN OTROS ÁNGELES QUE ESTABAN MEDIO TRISTONES, CON LAS MANOS JUNTAS EN ORACIÓN PERO CON LA MIRADA BAJA. -“Son los Ángeles de la Guarda de las personas que estando aquí, no están, es decir de las personas que han venido forzadas, que han venido por compromiso, pero sin ningún deseo de participar de la Santa Misa y los Ángeles van tristes porque no tienen qué llevar ante el Altar, salvo sus propias oraciones.”

“No entristezcan a su Ángel de la Guarda… Pidan mucho, pidan por la conversión de los pecadores, por la paz del mundo, por sus familiares, sus vecinos, por quienes se encomiendan a sus oraciones. Pidan, pidan mucho, pero no sólo por ustedes, sino por los demás.”

“Recuerden que el ofrecimiento que más agrada al Señor es cuando se ofrecen ustedes mismos como holocausto, para que Jesús, al bajar, los transforme por Sus propios méritos. ¿Qué tienen que ofrecer al Padre por sí mismos? La nada y el pecado, pero al ofrecerse unidos a los méritos de Jesús, aquel ofrecimiento es grato al Padre.”

LLEGÓ EL MOMENTO FINAL DEL PREFACIO y cuando la asamblea decía: “Santo, Santo, Santo” de pronto, todo lo que estaba detrás de los celebrantes desapareció. Del lado izquierdo del señor Arzobispo hacia atrás en forma diagonal aparecieron miles de Ángeles, pequeños, Ángeles grandes, Ángeles con alas inmensas, Ángeles con alas pequeñas, Ángeles sin alas, como los anteriores; todos vestidos con unas túnicas como las albas blancas de los sacerdotes o los monaguillos.

Todos se arrodillaban con las manos unidas en oración y en reverencia inclinaban la cabeza. Se escuchaba una música preciosa, como si fueran muchísimos coros con distintas voces y todos decían al unísono junto con el pueblo: Santo, Santo, Santo…

HABÍA LLEGADO EL MOMENTO DE LA CONSAGRACIÓN, EL MOMENTO DEL MÁS MARAVILLOSO DE LOS MILAGROS… DEL LADO DERECHO DEL ARZOBISPO hacia atrás en forma también diagonal, UNA MULTITUD DE PERSONAS, iban vestidas con la misma túnica pero en colores pastel: rosa, verde, celeste, lila, amarillo; en fin, de distintos colores muy suaves. Sus ROSTROS también eran BRILLANTES, LLENOS DE GOZO, parecían tener todos la misma edad. Se podía apreciar (y no puedo decirlo por qué) que había gente de distintas edades, pero todos parecían igual en las caras, sin arrugas, felices. Todos se arrodillaban también ante el canto de “Santo, Santo, Santo, es el Señor…”

DIJO NUESTRA SEÑORA: “SON TODOS LOS SANTOS Y BIENAVENTURADOS DEL CIELO Y ENTRE ELLOS, TAMBIÉN ESTÁN LAS ALMAS DE LOS FAMILIARES DE USTEDES QUE GOZAN YA DE LA PRESENCIA DE DIOS” Entonces la vi. Allá justamente a la derecha del señor Arzobispo… un paso detrás del celebrante, estaba un poco suspendida del suelo, arrodillada sobre unas telas muy finas, transparentes pero a la vez luminosas, como agua cristalina, LA SANTÍSIMA VIRGEN, CON LAS MANOS UNIDAS, MIRANDO ATENTA Y RESPETUOSAMENTE AL CELEBRANTE. ME HABLABA desde allá, pero silenciosamente, DIRECTAMENTE AL CORAZÓN, SIN MIRARME.

-“¿Te llama la atención verme un poco más atrás de Monseñor, verdad? Así debe ser… CON TODO LO QUE ME AMA MI HIJO, NO ME HA DADO LA DIGNIDAD QUE DA A UN SACERDOTE DE PODER TRAERLO ENTRE MIS MANOS DIARIAMENTE, COMO LO HACEN LAS MANOS SACERDOTALES.
Por ello siento tan profundo respeto por un sacerdote y por todo el milagro que Dios realiza a través suyo, que me obliga a arrodillarme aquí.”

DELANTE DEL ALTAR, EMPEZARON A SALIR UNAS SOMBRAS DE PERSONAS EN COLOR GRIS QUE LEVANTABAN LAS MANOS HACIA ARRIBA. DIJO LA VIRGEN SANTÍSIMA: -“Son las almas benditas del Purgatorio que están a la espera de las oraciones de ustedes para refrescarse. No dejen de rezar por ellas. Piden por ustedes, pero no pueden pedir por ellas mismas, son ustedes quienes tienen que pedir por ellas para ayudarlas a salir para encontrarse con Dios y gozar de Él eternamente.”

-“Ya lo ves, aquí Estoy todo el tiempo… La gente hace peregrinaciones y busca los lugares de Mis apariciones, y está bien por todas las gracias que allá se reciben, pero en ninguna aparición, en ninguna parte Estoy más tiempo presente que en la Santa Misa. Al pie del Altar donde se celebra la Eucaristía, siempre Me van a encontrar; al pie del Sagrario permanezco Yo con los Ángeles, porque Estoy siempre con Él.”

DIJO LA VIRGEN: “DILE AL SER HUMANO, QUE NUNCA UN HOMBRE ES MÁS HOMBRE QUE CUANDO DOBLA LAS RODILLAS ANTE DIOS”.

El celebrante dijo las palabras de LA “CONSAGRACIÓN”. Era una persona de estatura normal, pero de pronto empezó a crecer, a volverse lleno de luz, una luz sobrenatural entre blanca y dorada lo envolvía y se hacía muy fuerte en la parte del rostro, de modo que no podía ver sus rasgos. CUANDO LEVANTABA LA FORMA VI SUS MANOS Y TENÍAN UNAS MARCAS EN EL DORSO DE LAS CUALES SALÍA MUCHA LUZ. ¡ERA JESÚS!… ERA ÉL QUE CON SU CUERPO ENVOLVÍA EL DEL CELEBRANTE COMO SI RODEARA AMOROSAMENTE LAS MANOS DEL SEÑOR ARZOBISPO. EN ESE MOMENTO LA HOSTIA COMENZÓ A CRECER Y CRECER ENORME Y EN ELLA, EL ROSTRO MARAVILLOSO DE JESÚS MIRANDO HACIA SU PUEBLO.

Por instinto quise bajar la cabeza y dijo nuestra Señora: “No agaches la mirada, levanta la vista, contémplalo, cruza tu mirada con la Suya y repite la oración de Fátima: Señor, yo creo, adoro, espero y Te amo, Te pido perdón por aquellos que no creen, no adoran, no esperan y no Te aman. Perdón y Misericordia… Ahora dile cuánto lo amas, rinde tu homenaje al Rey de Reyes”

Se lo dije, PARECÍA QUE SÓLO A MÍ ME MIRABA DESDE LA ENORME HOSTIA, PERO SUPE QUE ASÍ CONTEMPLABA A CADA PERSONA, LLENO DE AMOR… Luego bajé la cabeza hasta tener la frente en el suelo, como hacían todos los Ángeles y bienaventurados del Cielo.

Inmediatamente MONSEÑOR DIJO LAS PALABRAS CONSAGRATORIAS DEL VINO y junto a sus palabras, empezaron unos relámpagos en el cielo y en el fondo. No había techo de la Iglesia ni paredes, estaba todo oscuro solamente aquella luz brillante en el Altar.

De pronto SUSPENDIDO EN EL AIRE, vi a JESÚS, CRUCIFICADO, de la cabeza a la parte baja del pecho. EL TRONCO TRANSVERSAL DE LA CRUZ ESTABA SOSTENIDO POR UNAS MANOS GRANDES, FUERTES. DE EN MEDIO DE AQUEL RESPLANDOR SE DESPRENDIÓ UNA LUCECITA COMO DE UNA PALOMA MUY PEQUEÑA MUY BRILLANTE, dio una vuelta velozmente toda la Iglesia y SE FUE A POSAR EN EL HOMBRO IZQUIERDO DEL SEÑOR ARZOBISPO QUE SEGUÍA SIENDO JESÚS, porque podía distinguir Su melena y Sus llagas luminosas, Su cuerpo grande, pero no veía Su Rostro.

Arriba, Jesús crucificado, estaba con el rostro caído sobre el lado derecho del hombro Podía contemplar el rostro y los brazos golpeados y descarnados. En el costado derecho tenía una herida en el pecho y salía a borbotones, hacia la izquierda sangre y hacia la derecha, pienso que agua pero muy brillante; más bien eran chorros de luz que iban dirigiéndose hacia los fieles moviéndose a derecha e izquierda. ¡Me asombraba la cantidad de sangre que fluía hacia del Cáliz. Pensé que iba a rebalsar y manchar todo el Altar, pero no cayó una sola gota!

DIJO LA VIRGEN en ese momento: “-ESTE ES EL MILAGRO DE LOS MILAGROS, te lo He repetido, PARA EL SEÑOR NO EXISTE NI TIEMPO NI DISTANCIA Y EN EL MOMENTO DE LA CONSAGRACIÓN, TODA LA ASAMBLEA ES TRASLADADA AL PIE DEL CALVARIO EN EL INSTANTE DE LA CRUCIFIXIÓN DE JESÚS.

CUANDO ÍBAMOS A REZAR EL PADRENUESTRO, HABLÓ EL SEÑOR POR PRIMERA VEZ durante la celebración y dijo: “Aguarda, quiero que ores con la mayor profundidad que seas capaz y que en este momento, traigas a tu memoria a la persona o a las personas que más dañote hayan ocasionado durante tu vida, para que las abraces junto a tu pecho y les digas de todo corazón: “En el Nombre de Jesús yo te perdono y te deseo la paz. En el Nombre de Jesús te pido perdón y deseo mi paz. Si esa persona merece la paz, la va a recibir y le hará mucho bien; si esa persona no es capaz de abrirse a la paz, esa paz volverá a tu corazón. Pero no quiero que recibas y des la paz a otras personas cuando no eres capaz de perdonar y sentir esa paz primero en tu corazón.”

“Cuidado con lo que hacen” – continuó el Señor – “USTEDES REPITEN EN EL PADRENUESTRO: PERDÓNANOS ASÍ COMO NOSOTROS PERDONAMOS A LOS QUE NOS OFENDEN. SI USTEDES SON CAPACES DE PERDONAR Y NO OLVIDAR, COMO DICEN ALGUNOS, ESTÁN CONDICIONANDO EL PERDÓN DE DIOS. ESTÁN DICIENDO PERDÓNAME ÚNICAMENTE COMO YO SOY CAPAZ DE PERDONAR, NO MÁS ALLÁ.”

El celebrante decía: “….concédenos la paz y la unidad… y luego: “la paz del Señor esté con todos ustedes…”

De pronto vi que en medio de algunas personas que se abrazaban (no todos), se colocaba en medio una luz muy intensa, supe que era Jesús y me abalancé prácticamente a abrazar a la persona que estaba a mi lado. Pude sentir verdaderamente el abrazo del Señor en esa luz, era Él que me abrazaba para darme Su paz, porque en ese momento había sido yo capaz de perdonar y de sacar de mi corazón todo dolor contra otras personas. Eso es lo que Jesús quiere, compartir ese momento de alegría abrazándonos para desearnos Su Paz.

LLEGÓ EL MOMENTO DE LA COMUNIÓN DE LOS CELEBRANTES, ahí volví a notar la presencia de todos los sacerdotes junto a Monseñor. Cuando él comulgaba, DIJO LA VIRGEN:

“Este es el momento de pedir por el celebrante y los sacerdotes que lo acompañan, repite junto a Mí: Señor, bendícelos, santifícalos, ayúdalos, purifícalos, ámalos, cuídalos, sostenlos con Tu Amor… Recuerden a todos los sacerdotes del mundo, oren por todas las almas consagradas…”

EL SEÑOR QUIERE QUE LA GENTE DEL REBAÑO QUE LE HA ENCOMENDADO DIOS ORE Y AYUDE EN LA SANTIFICACIÓN DE SU PASTOR. Algún día, cuando estemos al otro lado, comprenderemos la maravilla que el Señor ha hecho al darnos sacerdotes que nos ayuden a salvar nuestra alma.

Empezó la gente a salir de sus bancas para ir a comulgar. HABÍA LLEGADO EL GRAN MOMENTO DEL ENCUENTRO, DE LA “COMUNIÓN”, EL SEÑOR ME DIJO: -“ESPERA UN MOMENTO, QUIERO QUE OBSERVES ALGO…” por un impulso interior levanté la vista hacia la persona que iba a recibir la comunión en la lengua de manos del sacerdote.

Debo aclarar que esta persona era una de las señoras de nuestro grupo que la noche anterior no había alcanzado a confesarse, y lo hizo recién esa mañana, antes de la Santa Misa. Cuando el sacerdote colocaba la Sagrada Forma sobre su lengua, como un flash de luz, aquella luz muy dorada-blanca atravesó a esta persona por la espalda primero y luego fue bordeándola en la espalda, los hombros y la cabeza. Dijo el Señor:

“¡Así es como Yo Me complazco en abrazar a un alma que viene con el corazón limpio a recibirme!”
Cuando me dirigía a recibir la comunión JESÚS REPETÍA: – “LA ÚLTIMA CENA FUE EL MOMENTO DE MAYOR INTIMIDAD CON LOS MÍOS. EN ESA HORA DEL AMOR, INSTAURÉ LO QUE ANTE LOS OJOS DE LOS HOMBRES PODRÍA SER LA MAYOR LOCURA, HACERME PRISIONERO DEL AMOR. INSTAURÉ LA EUCARISTÍA. QUISE PERMANECER CON USTEDES HASTA LA CONSUMACIÓN DE LOS SIGLOS, PORQUE MI AMOR NO PODÍA SOPORTAR QUE QUEDARAN HUÉRFANOS AQUELLOS A QUIENES AMABA MÁS QUE A MI VIDA…”

CUANDO LLEGUÉ A MI ASIENTO, AL ARRODILLARME DIJO EL SEÑOR: -“ESCUCHA…”Y en un momento comencé a escuchar dentro de mí las oraciones de una señora que estaba sentada delante de mí y que acababa de comulgar.

Lo que ella decía sin abrir la boca era más o menos así: “Señor, acuérdate que estamos a fin de mes y que no tengo el dinero para pagarla renta, la cuota del auto, los colegios de los chicos, tienes que hacer algo para ayudarme… Por favor, haz que mi marido deje de beber tanto, no puedo soportar más sus borracheras y mi hijo menor, va a perder el año otra vez si no lo ayudas, tiene exámenes esta semana……. Y no te olvides de la vecina que debe mudarse de casa, que lo haga de una vez porque ya no la puedo aguantar… etc., etc.

Jesús dijo con un tono triste: -“¿TE HAS DADO CUENTA? NI UNA SOLA VEZ ME HA DICHO QUE ME AMA, NI UNA SOLA VEZ HA AGRADECIDO EL DON QUE YO LE HE HECHO DE BAJAR MI DIVINIDAD HASTA SU POBRE HUMANIDAD, PARA ELEVARLA HACIA MÍ. NI UNA SOLA VEZ HA DICHO: GRACIAS, SEÑOR. HA SIDO UNA LETANÍA DE PEDIDOS… Y ASÍ SON CASI TODOS LOS QUE VIENEN A RECIBIRME.”

“Yo He muerto por amor y Estoy resucitado. Por amor espero a cada uno de ustedes y por amor permanezco con ustedes…, pero ustedes no se dan cuenta que necesito de su amor. Recuerda que Soy el Mendigo del Amor en esta hora sublime para el alma.”

CUANDO EL CELEBRANTE IBA A IMPARTIR LA BENDICIÓN, LA SANTÍSIMA VIRGEN DIJO: “Atenta, cuidado… Ustedes hacen un garabato en lugar de la señal de la Cruz. RECUERDA QUE ESTA BENDICIÓN PUEDE SER LA ÚLTIMA QUE RECIBAS EN TU VIDA, DE MANOS DE UN SACERDOTE. TÚ NO SABES SI SALIENDO DE AQUÍ VAS A MORIR O NO Y NO SABES SI VAS A TENER LA OPORTUNIDAD DE QUE OTRO SACERDOTE TE DE UNA BENDICIÓN.
Esas manos consagradas te están dando la bendición en el Nombre de la Santísima Trinidad, por lo tanto, haz la señal de la Cruz con respeto y como si fuera la última de tu vida.”

JESÚS me pidió que me quedara con Él unos minutos más luego determinada la Misa. DIJO: “NO SALGAN A LA CARRERA TERMINADA LA MISA, QUÉDENSE UN MOMENTO EN MI COMPAÑÍA, DISFRUTEN DE ELLA Y DÉJENME DISFRUTAR DE LA DE USTEDES…”

– Señor, verdaderamente, ¿cuánto tiempo te quedas luego de la comunión con nosotros? “Todo el tiempo que tú quieras tenerme contigo. Si me hablas todo el día, dedicándome unas palabras durante tus quehaceres, te escucharé. Yo estoy siempre con ustedes, son ustedes los que Me dejan a Mí. Salen de la Misa y se acabó el día de guardar, cumplieron con el día del Señor y se acabó, no piensan que Me gustaría compartir su vida familiar con ustedes, al menos ese día.”

“Ustedes en sus casas tienen un lugar para todo y una habitación para cada actividad: un cuarto para dormir, otro para cocinar, otro para comer, etc. etc. ¿Cuál es el lugar que han hecho para Mí? Debe ser un lugar no solamente donde tengan una imagen que está empolvada todo el tiempo, sino un lugar donde al menos 5 minutos al día la familia se reúna para agradecer por el día, por el don de la vida, para pedir por sus necesidades del día, pedir bendiciones, protección, salud… Todo tiene un lugar en sus casas, menos Yo”.

“¿Cuántas familias dicen una vez al mes al menos: “Este es el día en que nos toca ir a visitar a Jesús en el Sagrario” y viene toda la familia a conversar Conmigo, a sentarse frente a Mí y conversarme, contarme cómo les fue durante el último tiempo, contarme los problemas, las dificultades que tienen, pedirme lo que necesitan… ¡Hacerme partícipe de sus cosas!? ¿Cuántas veces?”

“YO LO SÉ TODO, LEO HASTA EN LO MÁS PROFUNDO DE SUS CORAZONES Y SUS MENTES, PERO ME GUSTA QUE ME CUENTEN USTEDES SUS COSAS, QUE ME HAGAN PARTÍCIPE COMO A UN FAMILIAR, COMO AL MÁS ÍNTIMO AMIGO” ¡CUÁNTAS GRACIAS SE PIERDE EL HOMBRE POR NO DARME UN LUGAR EN SU VIDA!”
____________________________
Cuando me quedé aquel día con Él y en muchos otros días, fue dándonos enseñanzas y hoy quiero compartir con ustedes en esta misión que me han encomendado. Dice Jesús:

“Quise salvar a mi criatura, porque el momento de abrirles la puerta del cielo ha sido preñado con demasiado dolor…” “Recuerda que ninguna madre ha alimentado a su hijo con su carne, Yo He llegado a ese extremo de Amor para comunicarles mis méritos.”

“LA SANTA MISA SOY YO MISMO PROLONGANDO MI VIDA Y MI SACRIFICIO EN LA CRUZ ENTRE USTEDES. SIN LOS MÉRITOS DE MI VIDA Y DE MI SANGRE, ¿QUÉ TIENEN PARA PRESENTARSE ANTE EL PADRE? LA NADA, LA MISERIA Y EL PECADO…”

“USTEDES DEBERÍAN EXCEDER EN VIRTUD A LOS ÁNGELES Y ARCÁNGELES, PORQUE ELLOS NO TIENEN LA DICHA DE RECIBIRME COMO ALIMENTO, USTEDES SÍ. ELLOS BEBEN UNA GOTA DEL MANANTIAL, PERO USTEDES QUE TIENEN LA GRACIA DE RECIBIRME, TIENEN TODO EL OCÉANO PARA BEBERLO.”

La otra cosa de la que habló con dolor el Señor fue de las personas que hacen un hábito de su encuentro con Él. De aquellas que han perdido el asombro de cada encuentro con Él. Que la rutina vuelve a ciertas personas tan tibias que no tienen nada nuevo que decirle a Jesús al recibirlo. De no pocas almas consagradas que pierden el entusiasmo de enamorarse del Señor y hacen de su vocación un oficio, una profesión a la que no se le entrega más que lo que exige de uno, pero sin sentimiento…

Luego el Señor me habló de los frutos que debe dar cada comunión en nosotros. Es que sucede que hay gente que recibe al Señor a diario y que no cambia su vida. Que tienen muchas horas de oración y que hace muchas obras, etc. etc. Pero su vida no se va transformando y una vida que no se va transformando, no puede dar frutos verdaderos para el Señor. LOS MÉRITOS QUE RECIBIMOS EN LA EUCARISTÍA DEBEN DAR FRUTOS DE CONVERSIÓN EN NOSOTROS Y FRUTOS DE CARIDAD PARA CON NUESTROS HERMANOS.

Los laicos tenemos un papel muy importante dentro de nuestra Iglesia, Los laicos tenemos un papel muy importante dentro de nuestra Iglesia, no tenemos ningún derecho a callarnos ante el envío que nos hace el Señor como a todo bautizado, de ir a anunciar la Buena Nueva. No tenemos ningún derecho de absorber todos estos conocimientos y no darlos a los demás y permitir que nuestros hermanos se mueran de hambre teniendo nosotros tanto pan en nuestras manos.

No podemos mirar que se esté desmoronando nuestra Iglesia, porque estamos cómodos en nuestras Parroquias, en nuestras casas, recibiendo y recibiendo tanto del Señor: Su Palabra, las homilías del sacerdote, las peregrinaciones, la Misericordia de Dios en el Sacramento de la confesión, la unión maravillosa con el alimento de la comunión, las charlas de tales o cuales predicadores.

En otras palabras, estamos recibiendo tanto y no tenemos el valor de salir de nuestra comodidad, de ir a una cárcel, a un instituto correccional, hablarle al más necesitado, decirle que no se entregue, que ha nacido católico y que su Iglesia lo necesita, ahí, sufriente, porque ese su dolor va a servir para redimir a otros, porque ese sacrificio le va a ganar la vida eterna.

No somos capaces de ir donde los enfermos terminales en los hospitales y rezando la coronilla a la Divina Misericordia, ayudarlos con nuestra oración en ese momento de lucha entre el bien y el mal, para librarlos de las trampas y tentaciones del demonio. Todo moribundo tiene temor y el solo tomar la mano de uno de ellos y hablarle del amor de Dios y de la maravilla que lo espera en el Cielo junto a Jesús y María, junto a sus seres que partieron, los reconforta.

La hora que estamos viviendo, no admite filiaciones con la indiferencia. Tenemos que ser la mano larga de nuestros sacerdotes para ir donde ellos no pueden llegar. Pero para ello, para tener el valor, debemos recibir a Jesús, vivir con Jesús, alimentarnos de Jesús.

Tenemos miedo a comprometernos un poco más y cuando el Señor dice: “Busca primero el Reino de Dios y lo demás se te dará por añadidura”, es el todo hermanos. Es el buscar el Reino de Dios por todos los medios y con todos los medios y… ¡abrir las manos para recibir TODO por añadidura; porque es el Patrón que mejor paga, el único que está atento a tus menores necesidades!
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«IMPRIMATUR»
He leído atentamente el folleto “La Santa Misa”, Testimonio de Catalina, Misionera laica del Corazón Eucarístico de Jesús, y no encuentro en él nada contrario a la Sagrada Escritura ni a la doctrina de la Iglesia; por el contrario, creo sinceramente que es un testimonio de sublime enseñanza sobre el misterio de la Santa Misa. RECOMIENDO VIVAMENTE SU LECTURA Y MEDITACIÓN A SACERDOTES Y LAICOS PARA UNA MEJOR COMPRENSIÓN Y VIVENCIA DEL SANTO SACRIFICIO DEL ALTAR.

San Vicente, 2 de marzo de 2004.
Mons. José Barahona C.
Obispo de San Vicente
El Salvador, C.A.

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