Espíritu de benevolencia


Autor: María Cruz | Fuente: Catholic.net
Espíritu de benevolencia
Lucas 6, 39-42. Tiempo Ordinario. A veces lo que nos molesta de los otros son nuestras propias deficiencias.
Espíritu de benevolencia

Del santo Evangelio según san Lucas 6, 39-42

En aquel tiempo Jesús les añadió una parábola: «¿Podrá un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo? No está el discípulo por encima del maestro. Todo el que esté bien formado, será como su maestro. ¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu propio ojo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: “Hermano, deja que saque la brizna que hay en tu ojo”, no viendo tú mismo la viga que hay en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna que hay en el ojo de tu hermano.

Oración introductoria

Señor Jesús, sólo transformando mi vida en Ti, podré vivir el Evangelio y ayudar humildemente a otros a experimentar tu amor. Creo y confío en que esta oración me ayude a profundizar en esta verdad y me llene de tu amor para poder darte a los demás, con mi testimonio de vida.

Petición

Jesús, ayúdame a revertir mi tendencia a juzgar a los demás, en vez de ver esas faltas que me alejan de tu amor.

Meditación del Papa

Creer fuertemente en la presencia y en la acción del Espíritu Santo, invocarlo y acogerlo en vosotros, mediante la oración y los sacramentos. Es Él de hecho el que ilumina la mente, caldea el corazón del educador para que sepa transmitir el conocimiento y el amor de Jesús. La oración es la primera condición para educar, porque orando nos ponemos en disposición de dejar a Dios la iniciativa, de confiarle los hijos, a los que conoce antes y mejor que nosotros, y sabe perfectamente cuál es su verdadero bien. Y, al mismo tiempo, cuando oramos nos ponemos a la escucha de las inspiraciones de Dios para hacer bien nuestra parte, que de todos modos nos corresponde y debemos realizar. Los sacramentos, especialmente la eucaristía y la penitencia, nos permiten realizar la acción educativa en unión con Cristo, en comunión con Él y continuamente renovados por su perdón. La oración y los sacramentos nos obtienen aquella luz de verdad, gracias a la cual podemos ser al mismo tiempo tiernos y fuertes, usar dulzura y firmeza, callar y hablar en el momento adecuado, reprender y corregir en modo justo. Benedicto XVI, 8 de enero de 2012.

Reflexión

Somos muy dados a mirar lo que pasa afuera y como hay cosas mal hechas, no falta ocasión de convertirnos en “listillos” queriendo enmendar la plana a los otros.

Con frecuencia lo que nos molesta de los otros son nuestras propias deficiencias que vistas en los demás despiertan nuestras conciencia; es que los otros hacen de espejo y así sus limitaciones ponen al descubierto nuestros propios límites. Por eso será mejor tratar de curar nuestras heridas – sacar la viga de nuestro ojo -, para poder ayudar a los demás -quitando la mota de sus ojos -.

No nos dejemos llevar por celos indiscretos queriendo hacer buena a la gente; más bien miremos a nuestro interior y seamos consecuentes con nuestras obras no sea que tengamos que oír el reproche que Jesús les dirigió a ellos: ¡Hipócritas!

Propósito

Revisar y cuidar mi actitud al reprender a un familiar, compañero de trabajo o amigo, para que sea siempre una corrección fraterna, basada en el amor.

Diálogo con Cristo 

Señor que conoces el corazón del hombre y ves la miseria de nuestras obras, te pedimos nos trates con tu infinita misericordia para que aprendiendo de tu bondad seamos compasivos los unos con los otros.

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