Apariciones religiosas y señales de fe


fuente: semanario.com.mx

Publicado en web el 2 de Agosto, 2012

La Revelación pública es una sola
Prudencia y discernimiento, en caso

Imágenes de la Virgen de Guadalupe en árboles; rostros de Santos en panecillos; mensajes, locuciones, apariciones y otros fenómenos, llaman la atención de mucha gente que, dado el ritmo acelerado de vida y los problemas de la Sociedad, buscan algo “espiritual” en qué creer.

 

Mónica Livier Alcalá Gómez

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Es importante señalar, antes que nada, que la Revelación, con mayúscula, es una sola, y está contenida en las Sagradas Escrituras. Comprende todo el período en que Dios se manifestó a su Pueblo de Israel hasta la venida de Jesús y la muerte del último de los Apóstoles. Fue la Iglesia la que, por inspiración del Espíritu Santo, compiló los Libros bajo el criterio de su propia Tradición y de algunas reglas que después dieron origen a la Biblia.
Con todo, en el transcurso de la Historia, Dios, la Virgen María o algunos Santos se han revelado (así, con minúscula) a diferentes personas, en un contexto social específico, bajo circunstancias determinadas, para dar un mensaje no que complete la Revelación pública hecha por Dios, sino que ayude a los hombres a volver a Dios, sobre todo en momentos históricos de grandes crisis.
Esto lo refiere el propio Catecismo de la Iglesia Católica en su Número 67:
“Ayudar a los fieles a distinguir bien la Palabra de Dios, de las revelaciones privadas, cuya función no es la de ‘completar’ la Revelación definitiva de Cristo, sino la de ayudar a vivirla más plenamente en una cierta época de la Historia”.
El criterio de verdad de una revelación privada, como señalaba el Cardenal William Levada, anterior Prefectode la Congregación para la Doctrina de la Fe, será su orientación con respecto a Cristo: “Cuando nos aleja de Él, entonces no procede, ciertamente, del Espíritu Santo”.

Sólo una Revelación para nuestra salvación

“En la Iglesia, la palabra ‘revelación’, significa ‘recorrer un velo’; esto es, descubrir algo oculto. La Iglesia Católica, por tanto, se guía siempre por la Revelación pública que ha hecho Dios a través de la Biblia, la Tradición y el Magisterio”, afirmó Monseñor José Guadalupe Ramiro Valdés Sánchez, Vicario General de la Arquidiócesis de Guadalajara, en entrevista para Semanario.
“La fuente de la Revelación es la Palabra de Dios, manifestada por escrito en autores inspirados o en el Magisterio de la Iglesia, que ratifica los Libros que pertenecen a esta Revelación pública. Así pues, los Libros de la Biblia están autorizados por el reconocimiento que la Iglesia, en su Magisterio, ha expresado”, asentó el también Canónigo y Párroco del Sagrario Metropolitano.
De hecho, la Revelación, en un principio, se transmitió de forma verbal; la predicación de Cristo fue de viva voz a las multitudes, y algunos Apóstoles que la escucharon, transcribieron las palabras de Jesús en el Evangelio: “La Revelación pública de Dios en la Iglesia termina con el Libro del Apocalipsis, escrito por el Apóstol y Evangelista San Juan”.

Las verdaderas revelaciones privadas

Con todo, prosiguió el Vicario General, existen las revelaciones privadas de algunas personas que dicen haber recibido un mensaje o inspiración de Dios para que sea transmitido: “La Revelación pública merece nuestra completa adhesión; las revelaciones privadas, por el contrario, no son necesarias para nuestra salvación, pero pueden aprovechar para nuestra salud espiritual”.
El Vaticano, por medio de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ha emitido un Documento para normar criterios acerca de estas revelaciones privadas que, hoy en día, parecen ser tan constantes: “Estas revelaciones pueden atenderse y recibirse si son acordes y congruentes con la Revelación, pues Dios ya habló lo que era necesario para nuestra salvación. Ya no hay necesidad de preguntarle más a Él, pues contestaría que ya nos ha revelado todo en su Hijo, que es la Palabra Eterna del Padre”.
También resulta obligado y conveniente analizar si las personas que se dicen inspiradas realmente lo son o tienen alguna mala condición de salud mental o física, pues es fácil que alguien se ilusione y comience a expresar cosas que no son reales: “Puede la persona sentir que son verdaderas, pero en realidad no son objetivas”.
Las revelaciones o apariciones de la Santísima Virgen que ya están sancionadas y aprobadas por la Iglesia, como en el caso de Santa María de Guadalupe en El Tepeyac, las de Lourdes en Francia o de Fátima en Portugal, pueden ayudar al cristiano a mejorar su vida de fe, mas no tienen el valor de aquello que está expresado en la Biblia, en la Tradición Apostólica y en el Magisterio de la Iglesia, dejó en claro el entrevistado.

Dios sigue hablando

Monseñor Ramiro Valdés aseguró que Dios sigue hablando hoy en día a cada persona: “Si yo, escuchando o leyendo un pasaje de la Escritura, o meditando lecturas de correcta doctrina, siento que Dios me da un mensaje para mi vida, es una revelación de Dios para mí, para mejorar mi entorno o mi persona. Muchos Santos, de hecho, al escuchar la lectura del Evangelio, han sentido que aquello va dirigido a ellos, pues podría responder a una preocupación o pensamiento que tuvieran en ese momento”.
Admitió que no es fácil la investigación ni la autorización de revelaciones o apariciones privadas como tales: “Hemos llegado a una situación de duda, de inseguridad, que tenemos la necesidad de creer. A veces se le da más importancia a que en el puente de cierto camino ‘se dibujó’ una Virgen de Guadalupe, que a la Palabra de Dios. Eso es lo que demerita estas supuestas apariciones”.

Lo confiable y lo no tan confiable

Actualmente, en la Arquidiócesis de Guadalajara, apariciones, revelaciones, mensajes, que merezcan una aprobación segura y cierta, no existen; no hay ningún hecho que sea comprobable como una auténtica revelación privada o aparición de la Virgen o de algún Santo: “A veces, hay personas que se hacen la ilusión de que un día la Virgen les platica algo; otro día, es la Santísima Trinidad; otro, San Judas Tadeo, etc.; las hay, pero ello no es confiable”.
Con todo, el Canónigo Valdés Sánchez no duda de que determinadas devociones y escritos que pueden los fieles tener en sus manos sean honestos, aunque algunos se encuentran todavía pendientes de aprobación completa por parte del Vaticano; verbigracia, los escritos y mensajes de Luisa Picarreta y los Grupos de la Divina Voluntad o los de María Valtorta, que se han extendido por muchos Grupos y Asociaciones eclesiales.
No obstante, Semanario ha comprobado, por su cuenta, que ninguno de estos documentos ha sido totalmente aprobado por la Iglesia. De hecho, en el año 2003, la Arquidiócesis de Trani, lugar donde Luisa Picarreta vivió y murió, y a cuyo Arzobispo encomendó sus escritos la Congregación para la Doctrina de la Fe, concluyó, después de exhaustiva investigación, que tales escritos contienen material difícil, y que muchos de ellos incluso han sido mal interpretados por sus propios seguidores, lo que ha creado escándalo entre muchos fieles católicos, que atribuyen estos errores a la hoy Sierva de Dios.
Aun así, para algunos doctos teólogos, sus escritos sí contienen material que podría considerarse erróneo en la Doctrina, por lo que, aunque su Causa de Beatificación sigue abierta y está permitido pedir su intercesión y reconocer sus virtudes, los grupos de oración y promoción de sus escritos deben estar regulados siempre por el Ordinario (Obispo) del lugar, el cual proveerá un Asesor Diocesano para tales efectos, como de hecho ocurre en nuestra Arquidiócesis.
En cuanto a otras devociones más populares, como las supuestas apariciones de Medjugorje, todavía no tienen la aprobación de los Obispos de esa región ni del Papa. Tampoco se consideran válidas ni auténticas otras, como la de Nuestra Señora del Rosario del Pozo, alertó el señor Cura Valdés.

El discernimiento corresponde al fiel cristiano

Dado que la Iglesia Diocesana no puede, por prudencia y cantidad de casos, pronunciarse acerca de todas las revelaciones, apariciones, locuciones y mensajes, un fiel cristiano está moralmente obligado a allegarse una herramienta básica para discernir si aquello tiene o no origen divino. Monseñor Ramiro sugirió que, cuando una persona reciba información de alguien que asegure haber experimentado alguno de estos fenómenos sobrenaturales, se cerciore primero de si aquello tiene ya, al menos, la revisión de la Iglesia y, en caso de algún mensaje, si éste cuenta con un Imprimatur, una censura que afirme que aquello no está en contra de la fe: “Mientras no tenga de su Iglesia Diocesana o de la Iglesia Universal un visto bueno aprobatorio, no hay que darle más confianza de la que se merece”.
Además, claramente en algunos casos, puede notarse que esto ha sido provocado para obtener algún beneficio, incluso económico, por lo que dicho aspecto podría ser otra clave de discernimiento.
También, muchas personas pueden defender que aquella aparición o supuesta revelación ha acercado muchas almas a Dios, por más que vaya en franca desobediencia a la Iglesia. Al respecto, resulta obvio que, si están rechazando lo que Cristo estableció, ya van por mal camino: “No hay que emplear medios malos para fines buenos.
“Nuestro Señor Jesucristo, en su Evangelio, es la máxima Revelación de la Verdad, del Amor de Dios y de nuestra Salvación. Si ya tenemos los medios seguros para encaminarnos a Dios, entonces no tenemos por qué buscar nada fuera de este camino señalado por Cristo, pues Él aseguró que, quien lo sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”. (Cfr. Jn 8,12).

No todo el que dice recibir revelaciones sobrenaturales las recibe realmente, ni todos los mensajes que se anuncian vienen necesariamente de Dios; muchos son producto de la imaginación de tales personas. Por eso hay que “discernir”; es decir, distinguir entre las que son auténticas y las que no lo son.

La tarea de discernir correctamente le corresponde a los fieles (guiados por el Magisterio de la Iglesia). Por lo tanto, no debe esperarse que sobre cada mensaje que circula se pronuncie oficialmente la Jerarquía de la Iglesia, sino que son los laicos quienes deben aprender a diferenciar lo verdadero de lo falso.

Una revelación privada nunca puede contradecir a la Biblia; es decir, a la Revelación pública.

Si algún mensaje de la Virgen, de los Santos o de quien fuere, contradice lo que enseña la Biblia, no puede jamás venir de Dios, porque Dios no puede contradecirse.

 

Normas sobre el modo de proceder en el discernimiento de presuntas apariciones y revelaciones

Hoy, más que en épocas anteriores, debido al auge de los Medios de Comunicación, sobre todo de la Internet, las noticias sobre apariciones se difunden con mayor facilidad y rapidez entre los fieles. Además, la oportunidad de viajar de un sitio a otro favorece que las peregrinaciones a lugares considerados “santos” sean más frecuentes. Así, la Autoridad Eclesiástica se ve precisada a discernir con mayor prontitud estos supuestos hechos sobrenaturales.
Por otra parte, la mentalidad actual exige un mayor rigor científico en estas investigaciones, por lo que es muy difícil emitir con celeridad los juicios con los que en el pasado se concluían las investigaciones sobre estas cuestiones.
Por tales razones, los Padres de la Congregación para la Doctrina de la Fe estimaron que debe ser seguida en esta materia la siguiente práctica: Cuando se tenga certeza de los hechos relativos a una presunta aparición o revelación, le corresponde, por oficio, a la Autoridad eclesiástica:
*Juzgar sobre el hecho según criterios positivos y negativos (que se enuncian a continuación).
*En caso de resultar favorable, permitir algunas manifestaciones públicas de culto o devoción y seguir vigilándolas con toda prudencia.
*Finalmente, a la luz del tiempo transcurrido y de la experiencia adquirida, si fuera el caso, emitir un juicio sobre la verdad y sobre el carácter sobrenatural del hecho.

Los criterios para juzgar, al menos con probabilidad, el carácter de presuntas apariciones o revelaciones, son:

Criterios Positivos:
*La certeza moral o siquiera una gran probabilidad acerca de la existencia del hecho, adquirida gracias a una investigación rigurosa.
*Circunstancias particulares relacionadas con la existencia y la naturaleza del hecho; es decir: Cualidades personales del o de los sujetos. Principalmente, equilibrio psíquico, honestidad, rectitud de vida, sinceridad y docilidad hacia la Autoridad Eclesiástica; capacidad para retornar a un régimen normal de fe, etc.
*Por lo que se refiere a la revelación, doctrina teológica y espiritual libre de error.
*Sana devoción y frutos espirituales abundantes y constantes (espíritu de oración, conversiones, testimonios de caridad, etc.).

Criterios negativos:
*Error manifiesto acerca del hecho.
*Errores doctrinales que se atribuyen al mismo Dios, a la Santísima Virgen María o a algún Santo, teniendo en cuenta, sin embargo, que el sujeto haya añadido -aun de modo inconsciente- elementos meramente humanos e incluso algún error de orden natural, a una verdadera revelación sobrenatural.
*Afán evidente de lucro, vinculado al mismo hecho.
*Actos gravemente inmorales cometidos por el sujeto o sus seguidores durante el hecho o con ocasión del mismo.
*Enfermedades psíquicas o tendencias psicópatas presentes en el sujeto, que hayan influido ciertamente en el presunto hecho sobrenatural; psicosis o histeria colectiva, u otras cosas de este género.

 

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Documentos iluminadores:

 

– Exhortación Apostólica Postsinodal Verbum Domini.
– Documento sobre la Divina Revelación, del Concilio Vaticano II.
– Normas sobre el modo de proceder en el discernimiento de presuntas apariciones y revelaciones, de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

 

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Niñas españolas de la región de Garabandal quienes aseguraron que, tanto San Miguel Arcángel como la Virgen María, les revelaron algunos mensajes a partir del 18 de junio de 1961. Dichas apariciones no han sido sancionadas ni aceptadas por la Iglesia Católica.

 

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Para la Salvación basta con la Revelación, tal como lo propone Nuestra Santa Madre Iglesia. No hay obligación alguna de creer u observar nada que en ella no esté contenido. Sin embargo, hay cosas pertenecientes a la religión que, sin ser esenciales, son útiles y recomendables para la vida espiritual, aunque no pertenezcan al ámbito de la Revelación pública y oficial, y es bueno difundirlas. Entre ellas, figuran las revelaciones privadas, que constituyen el género al que pertenecen las apariciones.

 

Sobre el modo de conducirse, de la Autoridad Eclesiástica

 

virgen-2El mismo Documento emitido por la Congregación para la Doctrina de la Fe da luces sobre el modo de proceder de la Autoridad en los casos de revelaciones y apariciones:
Con ocasión del presunto hecho sobrenatural, incumbe a la Autoridad Eclesiástica el grave deber de informarse y de vigilar con diligencia.
Teniendo en cuenta los criterios mencionados (Normas sobre el modo de proceder en el discernimiento de presuntas apariciones y revelaciones), la Autoridad Eclesiástica competente puede permitir o promover algunas formas de culto o devoción cuando los fieles lo soliciten legítimamente (encontrándose con los Pastores, y no movidos por un espíritu sectario).
027En razón de su oficio doctrinal y pastoral, la Autoridad puede intervenir motu proprio e incluso debe hacerlo en circunstancias graves; por ejemplo, corregir o prevenir abusos en el ejercicio del culto, para condenar doctrinar erróneas, evitar el peligro del falso misticismo o inconvenientes…
En los casos dudosos, que no amenacen en modo alguno el bien de la Iglesia, la Autoridad debe abstenerse de todo juicio o actuación directa (puede suceder que, pasado un tiempo, se olvide el hecho presuntamente sobrenatural); sin embargo, no abstenerse de vigilar que, si fuera necesario, pueda intervenirse pronto y prudentemente.

Sobre la Autoridad competente para intervenir:

*El deber de vigilar o intervenir compete, en primer lugar, al Ordinario del lugar.
*La Conferencia Episcopal, Regional o Nacional, puede intervenir en los siguientes casos:
*Cuando el Ordinario de la Diócesis, después de haber realizado lo que le compete, recurre a ella para discernir con mayor seguridad sobre la cuestión.
*Cuando la cuestión ha trascendido ya el ámbito nacional o regional, contando siempre con el consenso del Ordinario del lugar.
*La Sede Apostólica puede intervenir a petición del mismo Ordinario o de un grupo cualificado de fieles, o también directamente, en razón de la jurisdicción universal del Sumo Pontífice

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