La pobreza de Cristo


fragmento del libro Meditaciones sobre la fe

del Padre Tadeusz Dajczer.

La fe, en la forma de pobreza de espíritu, tiene su modelo en la vida y figura de Jesús. Ser pobre significa ser dependiente. En la vida de Jesús vemos tres momentos en los que su pobreza llega al colmo, cuando él, Dios, se convierte en un ser totalmente dependiente, y se muestra, por su impotencia, en un aparente fracaso: en Belén, en el Calvario y en el Santísimo Sacramento.

Si ser pobre significa ser dependiente, Jesús era totalmente dependiente desde Belén, donde hubo impotencia, y se puede decir que incluso hubo fracaso; porque Jesús no fue recibido por los suyos, y tuvo que nacer en condiciones infrahumanas. Todas tus experiencias de impotencia, todas las cosas para las que resultas incapaz, son tu participación en la impotencia de Jesús.
El Calvario fue la segunda situación en la que Jesús estuvo sumido en un terrible despojamiento. Allí tampoco puede ayudarse con nada, porque sus manos, las manos que dieron la bendición a la muchedumbre, están clavadas en la cruz y sangran. Tampoco puede ayudarse con los pies, porque aquellos pies que llevaban el amor y la buena nueva a todas partes, ahora están clavados. En el Calvario Jesús se vio despojado de todo. La cruz es la expresión de la locura del amor de Dios. El despojamiento a que se vio sometido Jesús llegó aquí al colmo.

La otra expresión del despojamiento de Jesús es el Santísimo Sacramento. En él también hay impotencia y fracaso, aunque, naturalmente, se trata de una impotencia y de un fracaso aparentes, como ocurrió en el Calvario. En el Santísimo Sacramento, Jesús guarda silencio, también cuando la gente se dirige a él. En el tabernáculo se ve despojado de todo, de tal manera, que cualquiera puede sacarlo y trasladarlo a su antojo, puede recibirlo, pero también puede profanarlo. Puede, pues, hacer con él lo que se le antoje, exactamente eso, lo que le dé la gana. Y ese es el estremecedor misterio del despojamiento de Cristo, de su kénosis y de su pobreza, de su entrega total al hombre.
Esas tres situaciones: Belén, el Calvario y el Santísimo Sacramento, son momentos en los que el amor de Jesús llega hasta la locura, hasta los límites de la pobreza. Pero es precisamente gracias a esa locura y a esa pobreza como Jesús te trae la redención, te trae la fe. El silencio de Dios, su impotencia y su «fracaso, son para el mundo, que desearía un Dios pleno de poder visible, un escándalo. La cruz fue y sigue siendo un escándalo para aquellos que no creen; pero para aquellos que creen, es el poder supremo. TU cruz, que son las privaciones y la pobreza que sufres, crea en ti el sitio necesario para la gracia; para la gracia de la fe.

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