¿Por qué Dios, siendo tan Bueno, permite el sufrimiento?


Publicado en web el 24 de Mayo, 2012

Lic. Lupita:

Soy estudiante de Psicología y realicé mis prácticas en zonas muy pobres de nuestra ciudad. Me siento impotente ante tanto sufrimiento. He conocido problemáticas para las que no se ve solución alguna. He sentido en el estómago un dolor inexplicable cuando constato que existe tanto mal en el mundo. Vi niños de ocho años perdidos ya en las drogas, con una madre que no sabe cómo orientarlos, un padre o padrastro que está buscándolos para abusarlos, rodeados de pobreza, hedor, ignorancia y maltrato. ¿Cómo es que hablamos de un Dios bueno si permite que estos niños sufran tantas injusticias?
Quisiera poder cambiar todo eso, pero, ¿qué puedo hacer yo?

Ana Gloria M.


Muy estimada Gloria:

Ciertamente la cuestión del Mal en el mundo es una de las más difíciles de responder en forma contundente. Compartiré contigo un extracto de lo que responde el Catecismo de la Iglesia Católica en sus Puntos 309 al 311, 314, 324 y 400.
“Al interrogante, tan doloroso como misterioso, sobre la existencia del Mal, solamente puede darse respuesta desde el conjunto de la fe cristiana. Dios no es, en modo alguno, ni directa ni indirectamente, la causa del Mal. Él ilumina el Misterio del Mal en su Hijo Jesucristo, que ha muerto y ha resucitado para vencer el gran mal moral, que es el pecado de los hombres, y que es la raíz de los restantes males.
“La fe nos da la certeza de que Dios no permitiría el Mal si no hiciera salir el Bien del Mal mismo. Esto Dios lo ha realizado ya admirablemente con ocasión de la Muerte y Resurrección de Cristo. En efecto, del mayor mal moral, la Muerte de su Hijo, Dios ha sacado el mayor de los bienes: la glorificación de Cristo y nuestra Redención”.
Cristo no vino a abolir el sufrimiento, sino a darle sentido. La cosmo-visión cristiana es la única que nos permite encontrar luces en medio de las sombras.
Esta impotencia que experimentas puede ser una fuerte motivación para que hagas algo. Encontrarás el sentido de tu vida al buscar soluciones o ayudas para estos pequeños que sufren.
Tú estás en el punto en que puedes elegir si te resientes con Dios y con el mundo para mantenerte en la amargura y el rencor eternos, o te decides a “ser las manos de Dios” y amas a esos niños dándoles tu tiempo, tu sonrisa, tu orientación, y todos los medios a los que puedas recurrir en su beneficio. Existen historias inspiradoras en las que se muestra un grupo vulnerable de la población, que pudo sobresalir gracias a un buen maestro o a alguna persona que los inició en un arte, un deporte, una actividad de servicio.
No es tiempo de reclamarle a Dios sino de fortalecerse en El y presentarlo a los que sufren, para transformarlos con SU poder.
El gran maestro cubano José de la Luz y Caballero, decía esta verdad lapidaria: “Una persona no muere cuando deja de existir, sino cuando deja de amar”.

Lupita Venegas

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