Si no existieran las mamás


Si no existieran las Mamás…

Publicado en web el 10 de Mayo, 2012

Querida Lupita:
En estos días de mayo me da una depresión muy especial porque yo no tuve una madre. Bueno, claro que sí, una mujer me parió, pero me dejó al cuidado de una hermana de ella, que luego me entregó en una casa-hogar. Ahí viví muchos momentos amargos. Después me superé y ahora soy Contadora. No sabes las ganas que tengo de haber tenido una madre que me cuidara y guiara. No supe lo que era el amor; fui llenando mis vacíos de cariño con relaciones a veces lésbicas, y otras muy enfermas. Hubo un momento en que Dios se apiadó de mí y, a través de un Grupo de Oración, me sentí perdonada y fui descubriendo un nuevo mundo. Hoy sirvo a Dios y ayudo en todo lo que puedo, pero en estos días no quiero saber de nada. ¿Cómo puedo superar este pasado que me atormenta?
Leticia H.

Querida Leticia:
En tus letras encuentro un resentimiento muy marcado con la vida, un rencor fuerte hacia tu mamá y hacia aquellos que vieron por ti durante tu niñez.
Pero puedo advertir también que, afortunadamente, sabes agradecer y actúas en consecuencia: hoy haces el bien, y la oración es tu fortaleza.
Tu sentimiento es perfectamente normal. Aprenderás a sobrellevarlo, de modo que, aunque lo sientas y te des la oportunidad de vivirlo, llegará pronto el momento en que lo sueltes, para seguir adelante creciendo tan alto como Dios quiere. Tal vez sigas experimentando todo esto cada mayo. Un curso para “sanar tu niño interior” es excelente  recomendación para ti.
Tú sabes cuánta falta hace una madre. Si ellas no existieran, no habría vida en el mundo. Una madre enseña virtudes, viviéndolas; nos transmite el maravilloso mundo en el que contactamos con Dios; nos empuja a servir, a ceder, a comprender y compartir. Nuestra mamá modela para nosotros el espíritu de lucha, y está ahí cuando nos sentimos devastados o desconcertados. Una madre es un faro de luz que nos llena de certezas.
María es ejemplo de Madre. Sin su SÍ, no habríamos conocido a Dios mismo. Sin Ella, no conoceríamos el amor.
¿Qué pasaría si las madres no dieran, como María, ese SÍ? Los hijos crecerían sin amor propio, se entregarían a los vicios con facilidad, encontrarían en el sexo una salida a su desazón, en el materialismo y consumismo una llave de escape, en la cultura de la muerte una solución…
Nos llenaríamos de delincuentes; no habría paz en los corazones; el sinsentido estaría en la mente de cada joven; nadie soñaría con casarse y formar una familia; a nadie le interesaría desarrollar un proyecto de vida. Se agotaría la fuente del amor y del perdón. Son las madres las que desarrollan un corazón cristiano con facilidad.
Es una pena que a algunas madres modernas, víctimas de la ausencia de Dios en todos los espacios, ya no les seduce el oro divino, sino el oropel efímero: prefieren ganar un sueldo a ganarse el Cielo; modelar su cuerpo a modelar su alma; tener tiempo para sí mismas, a tener tiempo para sus hijos…
Pero no podemos juzgar a ninguna de ellas, porque es muy probable que una mujer que no pudo decir SÍ a su maternidad, fue porque, a su vez, Ella no tuvo quién le enseñara a amar.
Comprensión, consideración y misericordia para todas las madres que no han sabido llevar adelante su papel como maestras de amor.
Fortaleza, perseverancia y fe para aquellas que conocemos nuestra trascendente labor y queremos llevarla a cabo, aunque implique sacrificio, renuncia y dolor; precio que pagamos con amor y nos reporta, finalmente, gozo y plenitud.

Lupita Venegas

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