Cuando el corazón de un hijo se cierra


Publicado en web el 4 de Mayo, 2012

Licenciada Lupita:

Mi ex esposa y yo estamos totalmente desorientados. Después de nuestro divorcio hemos querido hacer bien las cosas, asegurándonos de que nuestros hijos sepan que nuestros problemas son entre nosotros y no con ellos. Yo he procurado estar al pendiente, cumplir con mis días de dedicarme a ellos y darles lo mejor de mí. Sin embargo, mis hijos están cerrados,  no quieren mi cariño ni mis abrazos ni mi compañía. No sé si ella les está  hablando mal de mí.
¿Cómo puedo orientar a mis hijos, que están cerrados y no quieren escucharme?


Salvador.

Muy estimado en Cristo, Chava:

Suele decirse que el divorcio no es tan dañino y que nuestros hijos “ni son los primeros ni serán los últimos” en tener padres divorciados, y también se nos convence, a través de numerosos artículos y libros, de que, si “la llevamos bien” contribuiremos a un óptimo desarrollo de los mismos.
La verdad es que nunca será fácil enfrentar un divorcio y sus consecuencias. Aquí estás tú como testigo de la verdad. Todo divorcio deja serias cicatrices. Debemos aceptar que lo mejor para toda familia es su unidad, y por eso es necesario, hoy más que nunca, el fortalecerla, ofreciendo mejores contenidos en los medios que apuesten por edificar esta Institución Natural que es el matrimonio, conformador de los pilares de cada hogar.
Pero no miremos al pasado, sino al futuro. Dios-Amor siempre nos da oportunidad de ser nuevos y de que elijamos hacer las cosas a su manera, en cualquier punto del camino en el que nos encontremos.
Cuando el corazón de un hijo se ha cerrado, es que tiene heridas que deben sanar, antes de que queramos abrirlo a nosotros otra vez. Dos son las causas que más provocan esta cerrazón:
a)      La aspereza en el trato hacia nuestros hijos.
b)      Las exigencias sin amor.
Los grados de cerrazón pueden medirse:
Si tu hijo se niega a escucharte, te dice abiertamente que lo dejes en paz, que no le interesa lo que tengas qué decir, podemos diagnosticar: corazón cerrado en un 40%.
Pero, si además de lo anterior, te grita que te odia: Corazón cerrado en un 80%.
Con esto quiero decirte que de nosotros depende el grado de cerrazón que nos muestran nuestros hijos.
Saberlo nos permite conocer de dónde partir para alcanzar dicha meta, que es re-abrir  esa alma que tanto se ama, a la posibilidad de que se deje amar por nosotros. El camino propuesto por algunos autores cuenta con cuatro pasos:
1.- Ternura. Procura cambiar el tono de voz al hablarle; la suavidad y amabilidad deben acompañar tu comunicación.
2.- Comprensión. Piensa en el dolor que el otro experimenta ante la situación que está pasando. Nosotros somos propensos a considerar sólo nuestro dolor, y esto nubla nuestra mirada. Somos injustos y tendemos a regañar, sin tener la versión completa de nuestros hijos. Debes conocer no sólo los hechos, sino cómo se sienten, qué piensan, cuáles son sus reflexiones o lecciones después de lo vivido.
3.- Reconoce que eres co-responsable. Cualquiera que sea la situación, los padres tenemos algo qué ver en ello. Nosotros aceptemos y pidamos perdón por la parte que hicimos mal. Tengamos la humildad y el valor suficiente para hacerlo. Daremos ejemplo inolvidable a nuestros hijos.
4.- Contacto físico. Se ha demostrado que los abrazos son necesarios  para el desarrollo emocional saludable de toda persona. Al menos cuatro abrazos al día deberíamos recibir para sentirnos valorados. En la vida nos vamos haciendo fríos, dejando de lado una herramienta elemental que debe ser usada en el seno de toda familia.
Perseverar sin desfallecer, es la clave del éxito cuando pretendemos solucionar aquello que ante el mundo ya no tiene posibilidades de cambiar. Seguir adelante, conocedores de que Dios cumple sus promesas y nos toca sólo hacer nuestra parte, mientras Él actúa en el interior de nuestros hijos.

Lupita Venegas

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