No es éste el hijo del carpintero?


Autor: Catholic.net | Fuente: Catholic.net
¿No es éste el hijo del carpintero?
Mateo 13, 54-58. San José obrero. Todo lo que hizo José, lo hizo “para el Señor”, y lo hizo “de corazón”.
¿No es éste el hijo del carpintero?

Del santo Evangelio según san Mateo 13, 54-58

En aquel tiempo viniendo Jesús a su patria, les enseñaba en su sinagoga, de tal manera que decían maravillados: «¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos milagros? ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? Y sus hermanas, ¿no están todas entre nosotros? Entonces, ¿de dónde le viene todo esto?» Y se escandalizaban a causa de Él. Mas Jesús les dijo: «Un profeta sólo en su patria y en su casa carece de prestigio». Y no hizo allí muchos milagros, a causa de su falta de fe.

Oración introductoria

Padre, hoy que celebramos a San José obrero, te pedimos que agradezcamos nuestro trabajo diario en el hogar, oficina, campo, donde Tu nos llamaste.

Meditación del Papa

San José, “hombre justo”, pasó gran parte de su vida trabajando junto al banco de carpintero, en un humilde pueblo de Palestina. Una existencia aparentemente igual que la de muchos otros hombres de su tiempo, comprometidos, como él, en el mismo duro trabajo. Y, sin embargo, una existencia tan singular y digna de admiración, que llevó a la Iglesia a proponerla como modelo ejemplar para todos los trabajadores del mundo.

¿Cuál es la razón de esta distinción? No resulta difícil reconocerla. Está en la orientación a Cristo, que sostuvo toda la fatiga de San José. La presencia en la casa de Nazaret del Verbo Encarnado, Hijo de Dios e Hijo de su esposa María, ofrecía a José el cotidiano por qué de volver a inclinarse sobre el banco de trabajo, a fin de sacar de su fatiga el sustento necesario para la familia. Realmente “todo lo que hizo”, José lo hizo “para el Señor”, y lo hizo “de corazón”.

Todos los trabajadores están invitados hoy a mirar el ejemplo de este “hombre justo”. La experiencia singular de San José se refleja, de algún modo, en la vida de cada uno de ellos. Efectivamente, por muy diverso que sea el trabajo a que se dedican, su actividad tiende siempre a satisfacer alguna necesidad humana, está orientada a servir al hombre. Por otra parte, el creyente sabe bien que Cristo ha querido ocultarse en todo ser humano, afirmando explícitamente que “todo lo que se hace por un hermano, incluso pequeño, es como si se le hiciese a Él mismo” (cf. Mt 25, 40). Por lo tanto, en todo trabajo es posible servir a Cristo, cumpliendo la recomendación de San Pablo e imitando el ejemplo de San José, custodio y servidor del Hijo de Dios. Beato Juan Pablo II

Reflexión

Jesús, volviendo a su patria, recordaría a José, su padre terreno, aquél a quien Dios había designado como custodio fiel y silencioso del misterio de la encarnación. Recordaría también los arados y yugos que José había construido para los aldeanos de Nazareth. Y recordaría las tardes que pasaba bajo la dulce mirada del carpintero aprendiendo el oficio. Quizá se acordó también de su muerte… En un instante, Jesús pudo haber revivido la memoria de aquel buen padre, trabajador sincero, que le amó entregándole todos los días el pan y el vestido para vivir.

Por esto, la Iglesia ha querido recordar en este día al hombre santo que enseñó al mismo Dios a trabajar con sus manos. Más tarde, más que Jesús, se acordarían todos sus conocidos de los trabajos que ése buen carpintero, José, realizó en su pueblo. Y cuando Jesús ha marchado a predicar, los nazaretanos no dudan en llamar a Cristo como el hijo de José, dando por supuesta su fama y conocidísima sencillez.

Jesús Nazareno aprendió de José el oficio de carpintero en el taller. Habrán trabajado juntos muchos días uno con la sierra, el otro con el martillo. Con el cabello y la túnica cubiertos de serrín, terminando sus jornadas, cansados, al caer la tarde. Así, el mismo Dios fue pasando su> vida desde sus tiernos 12 hasta la plenitud de su vida humana, a los 30 años. Jesús compartía la vida de tantos y tantos hombres sencillos que, para vivir, tienen que trabajar. Así, nos revela un nuevo rostro del trabajo, el que aprendió de José, lleno de dignidad, porque trabajar, fue una de las mayores ocupaciones del Señor durante su vida terrena.

El trabajo es una invitación a cooperar en la transformación del mundo al servicio del hombre, de todo hombre y de todo el hombre, según el bien y la justicia. Para todos los cristianos, no sólo es hermoso considerar que tenemos un Salvador grande y misericordioso, sino que constatamos también, la presencia de un Dios que redescubre el valor de las cosas pequeñas que llenan nuestra vida, las ilumina con su ejemplo y les da un nuevo significado que se abre al amor de una familia y, la construcción de un mundo más justo y solidario.

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