Rosario Biblico y Rosario Biblico Meditado


En este modo de rezar el Rosario, al anunciar cada Misterio, se lee el pasaje de la Biblia alusivo, y entonces se prosigue con el Padre Nuestro y las Ave María. Se concluye con las oraciones finales y la letanía.

MISTERIOS GOZOSOS

Primer Misterio
LA ENCARNACIÓN DEL HIJO DE DIOS

«El ángel Gabriel fue enviado por Dios a una joven virgen llamada María, que vivía en Nazaret, una ciudad de Galilea. Entrando le dijo: “Alégrate tú, la amada y favorecida; el Señor está contigo”.

«A estas palabras, María se turbó y se preguntaba qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: “No temas, María, porque has encontrado el favor de Dios. Vas a quedar embarazada y darás a luz a un hijo, al que pondrás el nombre de Jesús”.

«Contestó María: “He aquí la esclava del Señor; hágase en mi según tu palabra”» (Lc 1,26-31.38).

Segundo Misterio
LA VISITA DE MARIA SANTISIMA A SANTA ISABEL

«En aquellos días, María se puso en camino y se fue de prisa a una ciudad ubicada en los cerros de Judá. Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Esta exclamó en alta voz: “Bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre. Dichosa por haber creído que de cualquier manera se cumplirán las promesas del Señor”» (Lc 1,39-40.42.45).

Tercer Misterio
EL NACIMIENTO DEL NIÑO DIOS EN EL PORTAL DE BELEN

«Por aquellos días, salió un edicto de César Augusto para que se empadronara todo el mundo. Todos iban a inscribirse cada uno a su ciudad. Subió José desde la ciudad de Nazaret con María, su esposa, a Belén. Y mientras estaban ahí, se cumplió el tiempo del parto y María dio a luz a su hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en una pesebrera, porque no habían hallado lugar en la posada» (Lc 2,1-7).

Cuarto Misterio
LA PRESENTACIÓN DEL NIÑO JESÚS AL TEMPLO

«Llevaron al niño a Jerusalén y lo consagraron al Señor, tal como está escrito en la Ley: “Todo varón primogénito será consagrado al Señor”.

«Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón. Este dijo a María: “Mira, este niño será causa tanto de caída como de resurrección para la gente Israel. Será puesto como una señal que muchos rechazarán”» (Lc 2,22-23.25.34).

Quinto Misterio
EL NIÑO JESÚS, PERDIDO Y HALLADO EN EL TEMPLO

«Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén para las fiestas de la Pascua. Cuando tuvo doce años, Jesús fue también con ellos para cumplir con este precepto. Al terminar los días de la Fiesta, mientras ellos regresaban, el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres lo notaran. «Creyendo que se hallaba en el grupo de los que partían, caminaron todo el día y después se pusieron a buscarlo entre todos sus parientes y conocidos.

Pero como no lo hallaron, prosiguiendo su búsqueda, volvieron a Jerusalén. «Después de tres días lo hallaron en el templo, sentado en medio de los Maestros de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que lo oían quedaban asombrados de su inteligencia y de sus respuestas.

Al encontrarlo, se emocionaron mucho y su madre le dijo: “Hijo, ¿por qué te has portado así? Tu padre y yo te buscábamos muy preocupados”. Él les contestó: “¿Y por qué me buscaban? ¿No saben que tengo que ocuparme en los asuntos de mi Padre?”. Pero ellos no comprendieron lo que les decía. Volvió con ellos a Nazaret, donde vivió obedeciéndoles. Su madre guardaba en su corazón todas estas cosas» (Lc 2,41-51).

MISTERIOS DOLOROSOS

Primer Misterio
LA ORACIÓN DE JESÚS EN EL HUERTO

«Llegaron a una propiedad llamada Getsemaní, y Jesús dijo a sus discípulos: “Siéntense aquí mientras voy a orar”.

«Y llevó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan; y comenzó a sentir temor y angustia. Entonces les dijo: “Siento en mi alma una tristeza mortal. Quédense aquí y permanezcan despiertos”.

«Jesús se adelantó un poco y cayó en tierra, suplicando que si era posible no tuviera que pasar aquella hora. Decía: “Abbá, o sea, Padre; para ti todo es posible; aparta de mí esta copa. Pero no, no se haga lo que yo quiero, sino lo que quieras tú”.

«Volvió y los encontró dormidos. Y dijo a Pedro: “Simón, ¿duermes? No pudiste estar despierto ni una hora. Estén despiertos y oren, para que no caigan en tentación; ya que el espíritu es animoso, pero la carne es débil”» (Mc 14,32-38).

Segundo Misterio
LA FLAGELACIÓN DE JESÚS, ATADO A LA COLUMNA

«Pilato quería dejar contenta a la gente. Por eso dejó libre a Barrabás y, después de haber hecho azotara a Jesús, lo entregó para que fuera crucificado» (Mc 15,15).


Tercer Misterio
LA CORONACIÓN DE ESPINAS DEL HIJO DE DIOS

«Los soldados lo llevaron al patio interior, llamado pretorio, y llamaron a todos sus compañeros. Lo vistieron con una capa roja y colocaron sobre su cabeza una corona trenzada con espinas. Después se pusieron a saludarlo: “¡Viva el rey de los judíos!”. Y le golpeaban la cabeza con una caña, lo escupían y luego, arrodillándose, le hacían reverencias» (Mc 15,16-19).


Cuarto Misterio
JESÚS CAMINO DEL CALVARIO CON LA CRUZ A CUESTAS

«Entonces los soldado sacaron fuera a Jesús para crucificarlo. Al salir, se encontraron con Simón de Cirene, que volvía del campo, y lo obligaron a llevar la cruz de Jesús. Llevaron a Jesús al lugar llamado Gólgota o Calvario, lo que significa: “sitio de la calavera”» (Mc 15,21-22).

Quinto Misterio
CRUCIFIXIÓN Y MUERTE DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

«Crucificaron a Jesús con otros dos, uno a cada lado. Junto a la cruz de Jesús estaba su madre y la hermana de su madre y también María, esposa de Cleofás, y María de Magdala. Jesús, al ver a la Madre y junto a ella a su discípulo más querido, dijo a la Madre: “Mujer, ahí tienes a tu hijo”. Después dijo al discípulo: “Ahí tienes a tu madre”. Desde ese momento, el discípulo se la llevó a su casa.

«Después de eso, como Jesús sabía que ya todo estaba cumplido, y para que se cumpliera la escritura, dijo: “Tengo sed”. Había allí un jarro lleno de vino agridulce. Pusieron en una caña una esponja llena de esta bebida y la acercaron a sus labios.

«Cuando hubo probado el vino, Jesús dijo: “Todo está cumplido”. Inclinó su cabeza y entregó su espíritu» (Jn 19,18.25-30).


MISTERIOS GLORIOSOS

Primer Misterio
LA RESURRECCIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

«Pasado el sábado, al despertar el alba del primer día de la semana, fueron María Magdalena y la otra María a visitar al sepulcro. De repente se produjo un gran temblor. El Ángel del Señor bajó del cielo y, llegando al sepulcro, hizo rodar la piedra que lo tapaba y se sentó encima. Su aspecto era como el relámpago y sus ropas blancas como la nieve. Al verlo, los guardias temblaron de miedo y quedaron como muertos. El Ángel dijo a las mujeres: “No teman, porque yo sé que buscan a Jesús crucificado. No está aquí. Ha resucitado tal como lo había anunciado”» (Mt 28,1-6).


Segundo Misterio
LA ASCENCIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

«El Señor Jesús, después de haber hablado con ellos, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios. Ellos se fueron de allí a predicar por todas partes, confirmando su doctrina con milagros que la acompañaban» (Mc 16,19-20).


Tercer Misterio
LA VENIDA DEL ESPÍRITU SANTO EL DÍA DE PENTECOSTÉS

«Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. De pronto vino del cielo un ruido, como el de una violenta ráfaga de viento, que llenó toda la casa donde estaban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego, las que, separándose, se fueron posando sobre cada uno de ellos; y quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar idiomas distintos, en los cuales el Espíritu les concedía expresarse» (Hch 2,1-4).

Cuarto Misterio
LA ASUNCIÓN DE MARÍA EN CUERPO Y ALMA A LOS CIELOS

«¿Quién es ésta que surge cual la aurora, bella como la luna, refulgente como el sol, imponente como un ejército» (Cantar 6,10).


Quinto Misterio
LA CORONACIÓN DE MARÍA SANTÍSIMA COMO REINA DE LOS CIELOS Y DE LA TIERRA

«Una gran señal apareció en el cielo: Una mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza» (Ap 12,1).

1- Su bautismo en el Jordán
(Mt 3, 13, 16-17)
“Entonces aparece Jesús, que viene de Galilea al Jordán donde Juan, para ser bautizado por él (…). Salió luego del agua; y en esto se abrieron los cielos y vio al Espíritu de Dios que bajaba en forma de paloma y venía sobre él. Y una voz que salía de los cielos decía: Este es mi Hijo amado, en quien yo me complazco.”
2- Su autorrevelación en las bodas del Caná
(Jn 2,1-5)
“Se celebraba una boda en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús. Fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos. Y, como faltara vino, porque se había acabado el vino de la boda, le dice a Jesús su madre: No tienen vino. Jesús le responde: ¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora. Dice su madre a los sirvientes: Haced lo que él os diga.”

3- Su Anuncio del Reino de Dios, invitando a la conversión
(Mc 1, 15, 21; 2,3-11; Lc 7, 47-48)
“Marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva (…). [Luego] llegan a Cafarnaúm (…) y le vienen a traer a un paralítico. (…) Al no poder presentárselo a causa de la multitud, abrieron el techo (…) y a través de la abertura que hicieron, descolgaron la camilla donde yacía el paralítico. Viendo Jesús la fe de ellos, dice al paralítico: Hijo, tus pecados
te son perdonados (…), a ti te digo, levántate, toma tu camilla y vete a tu  casa.”

(Lc 7, 47-48)
Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra.»  Y le dijo a ella: «Tus pecados quedan perdonados.»

4- Su Transfiguración
(Mt 17, 1-3, 5)
“Seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los lleva aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. En esto, se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con él. (…) [Y] una nube luminosa los cubrió con su sombra y de la nube salía una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle.”

5- Institución de la Eucaristía, expresión sacramental del misterio pascual.
(Jn, 13, 1; Mt 26, 26-29)
“Sabiendo Jesús, que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo”. Y “mientras estaban comiendo, tomó Jesús pan y lo bendijo, lo partió y, dándoselo a sus discípulos, dijo: Tomad, comed,  éste es mi cuerpo. Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio  diciendo: bebed de ella todos, porque ésta es mi sangre de la Alianza,  que es derramada por muchos para perdón de los pecados” .
 

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El Rosario Bíblico también es una colección de pasajes de la Biblia que acompaña a cada uno de los misterios, pero en este caso, se incluye un comentario para meditar aún más profundamente el pasaje de la Escritura que se leyó. . En este modo de rezar el Rosario, al anunciar cada Misterio, se lee el pasaje de la Biblia alusivo así como la meditación; durante el tiempo que se quiera se reflexiona en lo leído, y entonces se prosigue con el Padre Nuestro y las Ave María. Se concluye con las oraciones finales y la letanía.

Misterios:
Gozosos (Lun, Jue) Dolorosos (Mar, Vie) Goloriosos (Mie, Sab, Dom)MISTERIOS GOZOSOS

Primer Misterio
LA ANUNCIACIÓN DEL ANGEL A MARÍA SANTÍSIMA

Evangelio según San Lucas (Lc 1,26-38).

«Al cabo de seis meses, Dios envió al ángel Gabriel donde una joven virgen, que vivía en una ciudad de Galilea llamada Nazaret, y que era prometida de José, de la familia de David. Y el nombre de la virgen era María.

«Entró el ángel a su casa y le dijo: “Alégrate tú, la amada y favorecida; el Señor está contigo”. Estas palabras la impresionaron muchísimo y se preguntaba que querría decir este saludo.

«Pero el ángel le dijo: “No temas, María, porque has encontrado el favor de Dios. Vas a quedar embarazada y darás a luz a un hijo, al que pondrás el nombre de Jesús. Será grande, y con razón lo llamarán Hijo del Altísimo. Dios le dará el trono de David, su antepasado. Gobernará por siempre el pueblo de Jacob y su reinado no terminará jamás”. (…)

Contestó el ángel: “El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso tu hijo será santo y con razón lo llamarán Hijo de Dios. Ahí tienes a tu parienta Isabel: en su vejez ha quedado esperando un hijo, y la que no podía tener familia, se encuentra ya en el sexto mes del embarazo; por que para Dios nada es imposible”.

Dijo María: “Yo soy la servidora del Señor; hágase en mí lo que has dicho”. Después de estas palabras, el ángel se retiró».

— Palabra del Señor.

— Gloria a ti, Señor.

(Textos complementarios: Jn 1,16-18; Gén 3,14-15; Is 7,4-15;40,1-11).


Comentario al Primer Misterio Gozoso

María santísima es la más grande de las criaturas, porque fue elegida por Dios para ser la Madre de Jesús.

La divina maternidad de María es grande porque aceptó con plena libertad esta enorme responsabilidad.

En efecto, en los planes de Dios no existe grandeza sin compromiso y responsabilidad.

Ojalá que cada uno de nosotros trate de imitar a María, logrando esta misma actitud de servicio y completa aceptación de la voluntad de Dios. Que nadie diga: «Esto es un compromiso muy grande. No puedo aceptarlo». En realidad, no hay salvación sin compromiso.

Si queremos hacer algo por la gloria de Dios y la salvación de nuestros hermanos, tenemos que estar dispuestos a aceptar cada día los planes de Dios según se nos vayan presentando, sin miedos y temores injustificados.

En realidad, nada es imposible para el que confía en el poder de Dios.

Segundo Misterio Gozoso
LA VISITA DE MARIA SANTISIMA A SANTA ISABEL

Evangelio según San Lucas (Lc 1,39-56).

«Por esos días, María partió apresuradamente a una ciudad ubicada en los cerros de Judá. Entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.

«Al oír su saludo, el niño dio saltos en su vientre. Isabel se llenó del Espíritu Santo y exclamó en alta voz: “Bendita eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre”.

«¿Cómo he merecido yo que venga a mí la madre de mis Señor? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de alegría en mis entrañas. “¡Dichosa por haber creído que de cualquier manera se cumplirán las promesas del Señor!”

«María dijo entonces:

“Celebra todo mi ser

la grandeza del Señor

y mi espíritu se alegra

en el Dios que me salva:

porque quiso mirar la condición

humilde de su esclava,

en adelante, pues todos los hombres

dirán que soy feliz.

En verdad el Todopoderoso

hizo grandes cosas por mi;

reconozcan que Santo es su nombre,

que sus favores alcanzan

a todos los que le temen

y prosiguen a sus hijos.

Su brazo llevó a cabo hechos heroicos,

arruinó a los soberbios

con sus maquinaciones.

Sacó a los poderosos de sus tronos

y puso en su lugar a los humildes;

repletó a los hambrientos

de todo lo que es bueno

y despidió vacíos a los ricos;

de la mano tomó a Israel, su siervo

demostrándole así su misericordia.

Esta fue la promesa,

que ofreció a nuestros padres

y que reservaba a Abraham

y a sus descendientes para siempre”.

María se quedó cerca de tres meses con Isabel, y después volvió a su casa».

— Palabra del Señor.

— Gloria a ti, Señor.

(Textos complementarios: Cant 2,8-14; Mt 11,2-10; Is 11,1-10).

Comentario al Segundo Misterio Gozoso

María, una vez que concibió a Jesús por obra del Espíritu Santo, sintió un gran deseo de llevarlo a otros. De inmediato fue a visitar a su prima Isabel. La sola presencia de Jesús en el seno de María, purificó y santificó a Juan el Bautista, antes de que naciera.

Así Jesús, por mediación de maría, pudo empezar a realizar su misión salvadora. «Dichosa por haber creído» (Lc 1,45), dijo santa Isabel a María. La fe en el poder de Dios, que siempre cumple sus promesas, es la base para una vida auténticamente cristiana.

Si tuviéramos la misma fe de María en los planes de Dios, ¡cuán distinta sería nuestra vida espiritual!

En efecto, la Biblia está llena de promesas para el que cree. Si todavía nos quedamos pobres en el campo espiritual, es porque nos falta fe.

Pidamos a la Virgen María una grande fe en las promesas de Dios y en sus planes de Amor.

Tercer Misterio Gozoso
EL NACIMIENTO DE JESÚS EN EL PORTAL DE BELÉN

Evangelio según San Lucas (Lc 2,1-20).

«En esos días, el emperador dictó una ley que ordenaba hacer un censo en todo el imperio. Ese primer censo se hizo cuando Quirino era gobernador de Siria. Todos iban a inscribirse a sus respectivas ciudades.

«También José, como era descendiente de David, salió de la ciudad de Nazaret de Galilea y subió a Judea, a la ciudad de David, llamada Belén, para inscribirse con María, que estaba embarazada.

«Cuando estaban en Belén, le llegó el día en que debía tener a su hijo.

«Y dio a luz a su primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en una pesebrera, porque no habían hallado lugar en la posada.

«En la región había pastores que vivían en el campo y que por la noche se turnaban para cuidar sus rebaños. El ángel del Señor se les apareció, y los rodeó de claridad la gloria del Señor, y todo esto les produjo un miedo enorme.

«Pero el ángel les dijo: “No teman, porque yo vengo a comunicarles una buena nueva que será motivo de mucha alegría para todo el pueblo.

«Hoy nació para ustedes en la ciudad de David un Salvador, que es Cristo Señor. En esto lo reconocerán: hallarán a un niño recién nacido, envuelto en pañales y acostado en una pesebrera”.

«De pronto aparecieron otros ángeles y todos alababan a Dios, diciendo: “Gloria a Dios en lo más alto del cielo, y en la tierra, gracia y paz a los hombres”.

«Después que los ángeles volvieron al cielo, los pastores comenzaron a decirse unos a otros: “Vamos, pues, hasta Belén y veamos lo que ha sucedido y que el Señor nos dio a conocer”.

«Fueron apresuradamente y hallaron a María, a José y al recién nacido acostado en la pesebrera. Entonces contaron lo que los ángeles les habían dicho de este niño y todos se maravillaron de lo que decían los pastores. María por su parte, observaba cuidadosamente todos estos acontecimientos y los guardaba en su corazón.

«Después los pastores se fueron glorificando y alabando a Dios, porque todo lo que habían visto y oído era tal como se lo habían anunciado».

— Palabra del Señor.

— Gloria a ti, Señor.

(Textos complementarios: Is 9,1-7; Ti 2, 1-15).


Comentario al Tercer Misterio Gozoso

Bendito seas, Virgen Madre, cuyo seno albergó a Aquel que no cabe en el cielo ni en la tierra y que quiso alimentarse con tu sangre purísima.

Que tu nombre sea glorificado y tu maternal protección nos ampare siempre. Enséñanos a ser humildes, a preferir siempre a los más pobres y a no ambicionar nunca las grandezas de este mundo.

Que toda nuestra vida sea un himno a la gloria de Dios y un signo de esperanza para los hombres de buena voluntad, los pobres y los necesitados.

Cuarto Misterio Gozoso
LA PRESENTACIÓN DE JESÚS AL TEMPLO
Evangelio según San Lucas (Lc 2,22-35).

«Asimismo, cuando llegó el día en que, de acuerdo a la Ley de Moisés, debían cumplir el rito de la purificación de la madre, llevaron al niño a Jerusalén. Ahí lo consagraron al Señor. Además ofrecieron el sacrificio que ordena la Ley: una pareja de tórtolas o dos pichones. Había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era muy bueno y piadoso y el Espíritu Santo estaba en él. Esperaba los tiempos en que Dios atendiera a Israel y sabía por una revelación del Espíritu santo que no moriría antes de haber visto al Cristo del Señor.

«Vino, pues, al Templo, inspirado por el Espíritu, cuando sus padres traían al niñito Jesús para cumplir con él los mandatos de la Ley. Simeón lo tomó en brazos, y bendijo a Dios con estas palabras:

“Señor, ahora ya puedes dejar

que tu siervo muera en paz,

como lo has dicho.

Porque mis ojos han visto a tu Salvador,

que tu preparaste

para presentarlo a todas las naciones.

Luz para alumbrar a todos los pueblos,

y gloria de tu pueblo, Israel”.

Su padre y su madre estaban maravillados por todo lo que decía Simeón del niño. Simeón los felicitó y después dijo a María, su madre: “Mira, este niño debe ser causa tanto de caída como de resurrección para la gente de Israel. Será puesto como una señal que muchos rechazarán ya ti misma una espada te atravesará el alma. Pero en eso los hombres mostrarán claramente lo que sienten en sus corazones».

— Palabra del Señor.

— Gloria a ti, Señor.

(Textos complementarios: Mal 3,4; Heb 10,1-10).

Comentario al Cuarto Misterio Gozoso

Jesús, al entrar a este mundo, dijo al Padre celestial: «Tu no quisiste sacrificios, ni ofrendas, sino que me formaste un cuerpo. Aquí vengo para cumplir tu voluntad» (Heb 10,5.9).

Ahora Jesús viene a ratificar aquella ofrenda, que hizo en el primer instante de su concepción virginal. Y todo esto lo hace por medio de María.

Que la Virgen María se digne presentarnos al Padre celestial como ofrenda agradable, con nuestros sacrificios diarios, nuestras alegrías, nuestros trabajos y nuestras angustias.

Nos enseñe a ser siempre fieles en el cumplimiento de nuestros deberes religiosos, como lo fue ella que llevó a Jesús al templo para cumplir con la Ley de Moisés.

Quinto Misterio Gozoso
JESÚS, PERDIDO Y HALLADO EN EL TEMPLO

Evangelio según San Lucas (Lc 2,41-52).

«Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua y, cuando cumplió doce años fue también con ellos para cumplir con este precepto. Al terminar los días de la fiesta, mientras ellos regresaban, el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que sus padres lo notaran. Creyendo que se hallaba en el grupo de los que partían, caminaron todo un día, y después se pusieron a buscarlo entre todos sus parientes y conocidos. Pero, como no lo hallaron, prosiguiendo su búsqueda, volvieron a Jerusalén.

«Después de tres días lo hallaron en el templo, sentado en medio de los Maestros de la Ley, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que lo oían quedaban asombrados de su inteligencia y de sus respuestas. Al encontrarlo, se emocionaron mucho y su madre le dijo: “Hijo, ¿por qué te has portado así? Tu padre y yo te buscábamos muy preocupados”. Él les contestó: “¿Y por qué me buscaban? ¿No saben que tengo que ocuparme en los asuntos de mi Padre?”. Pero ellos no comprendieron lo que les decía. Volvió con ellos a Nazaret, donde vivió obedeciéndoles. Su madre guardaba en su corazón todas estas cosas.

Mientras tanto, Jesús crecía y se iba haciendo hombre hecho y derecho, tanto para Dios como para los hombres».

— Palabra del Señor.

— Gloria a ti, Señor.

(Textos complementarios: Lc 19,41-46; Jn 7.14-18.25-29).

Comentario al Quinto Misterio Gozoso

María y José perdieron a Jesús y su corazón se llenó de un grande dolor. Lo mismo tenemos que sentir nosotros al apartarnos de Jesús a causa del pecado. Pidamos a la Virgen María y a San José que nos ayuden a buscar continuamente a Jesús, mediante la oración, el estudio de la Biblia y la práctica de los sacramentos.

MISTERIOS DOLOROSOS

Primer Misterio Doloroso
LA ORACIÓN DE JESÚS EN EL HUERTO

Evangelio según San Lucas (Lc 22,39-48).

«Entonces Jesús salió y se fue, como era su costumbre, al cerro de los Olivos; y lo siguieron también sus discípulos. Cuando llegaron al lugar, les dijo: “Oren para no caer en la tentación”.

«Después se alejó de ellos como a la distancia que uno tira una piedra, y doblando las rodillas, oraba diciendo: “Padre, si quieres aparta de mi esta prueba. Sin embargo, que no se haga mi voluntad sino la tuya”.

«Entonces se le apareció un ángel del cielo que venía a animarlo, y empezó a luchar contra la muerte. Oraba con más insistencia y su sudor se convirtió en grandes gotas de sangre, que caían hasta el suelo.

Después de orar se levantó y fue hacia donde estaban los discípulos y los halló durmiendo, vencidos por la tristeza. Les dijo: “¿Cómo pueden estar durmiendo? Levántense y oren para que no los venza la prueba”.

«Estaba todavía hablando, cuando llegó un grupo numeroso de gentes. Judas, uno de los Doce, iba a la cabeza, y se acercó a Jesús para darle un beso. Jesús le dijo: “Judas, ¿con un beso traicionas al Hijo del Hombre?”».

— Palabra del Señor.

— Gloria a ti, Señor.

(Textos complementarios: Mt 26,36-46; Rom 5,12-21).


Comentario

Después de la última Cena, Jesús se dirigió al huerto de los Olivos y se puso en oración. Delante de sus ojos desfilaron los pecados de toda la humanidad, desde Adán hasta el último hombre que vivirá en este mundo. Su corazón no resistió frente a tanto horror y tanta rebeldía en contra de Dios. Sus venas estallaron y su cuerpo se cubrió de un sudor de sangre.

En este momento tan doloroso, lo que más lo hizo sufrir fue darse cuanta que para muchos su sangre sería inútil, puesto que no iban a querer convertirse, dejando el pecado.

«Padre mío —gimió Jesús—, si es posible aleja de mi este cáliz… ¡Pero que se cumpla tu voluntad y no la mía!».

Señor Jesús, ten misericordia de nosotros. Todos hemos desfilado delante de ti durante aquella tremenda agonía. Perdón, Señor, por la sangre preciosa que derramaste en aquella hora tan triste.

Enséñanos a orar para no volver a caer en el pecado. Danos la fuerza para estar siempre despiertos en los momentos más importantes de nuestra vida y de la vida de la Iglesia y la sociedad. Que no nos dejemos vencer por el sueño, dejando a tus enemigos campo libre para hacer el mal.

Señor Jesús, no permitas que el amor a las cosas materiales nos aleje de Ti, como sucedió a Judas.

Que nunca lleguemos a traicionarte por ninguna razón.

Segundo Misterio Doloroso
LA FLAGELACIÓN DE JESÚS
Evangelio según San Marcos (Mc 15,6-15).

«En cada fiesta de Pascua, Pilato ponía en libertad al preso que la gente quisiera. Uno, llamado Barrabás, había sido encarcelado con otros revoltosos que en un motín habían asesinado a alguien. La gente, pues, subió y empezó a pedir la libertad de algún preso, como era la costumbre.

«Pilato preguntó: “Quieren que ponga en libertad al rey de los judíos?” (porque se daba cuenta que los jefes de los sacerdotes habían entregado a Jesús por envidia). Pero ellos incitaron a la gente para que pidiera la libertad de Barrabás. Pilato les dijo: “¿Qué hago con el que ustedes llaman rey de los judíos?”. La gente gritó de nuevo: “¡Crucifícalo!”

Pilato contestó: “¿Qué mal ha hecho?”. Pero los gritos fueron cada vez más fuertes: “¡Crucifícalo!”

Pilato quería dejar contenta a la gente. Por eso dejó libre a Barrabás; y, después de haber hecho azotar a Jesús, lo entregó para que fuera crucificado».

— Palabra del Señor.

— Gloria a ti, Señor.

(Textos complementarios: Mt 27, 20-26; Is 50,6-7).

Comentario

Por temor a quedar mal con el pueblo, Pilato mandó flagelar a Jesús, no obstante que lo reconociera inocente. Lo mismo hacemos nosotros, cuando cometemos algún pecado por miedo a los que dirá la gente. Preferimos la gloria que viene de los hombres a la que viene de Dios.

Señor, apiádate de nosotros. Por intercesión de tu santísima Madre, perdona la impureza de nuestras miradas, de nuestros pensamientos y deseos.

Tú sabes que somos polvo. Danos fuerza para resistir a las tentaciones y valor para hacer penitencia por los pecados cometidos.

Tercer Misterio Doloroso
LA CORONACIÓN DE ESPINAS

Evangelio según San Mateo (Mt 27,27-31).

«Los soldados romanos llevaron a Jesús al palacio del gobernador y reunieron a toda la tropa en torno a él. Le quitaron sus vestidos y le pusieron una capa de soldado de color rojo. Después le colocaron en la cabeza una corona que habían trenzado con espinas y en la mano derecha una caña. Doblaban la rodilla ante Jesús y se burlaban de él, diciendo: “¡Viva el rey de los judíos!”. Le escupían la cara y, quitándole la caña, le pegaban en la cabeza.

Después se burlaron de él, le quitaron la capa de soldado, le pusieron su ropa y lo llevaron a crucificar».

— Palabra del Señor. — Gloria a ti, Señor. (Textos complementarios: Jn 18,33-37; Is 51,9-12; Flp 2,5-11).

Comentario

Jesús, el verdadero Rey del cielo y de la tierra, fue coronado como rey de burla. Aquella escena triste y vergonzosa sigue repitiéndose continuamente. Gobiernos, autoridades y pueblo en general siguen burlándose de Jesús, hablando mal de la religión, de los sacerdotes, de la Virgen, de los catequistas… Muchos siguen prefiriendo más a Barrabás que a Jesús. Para ellos vale más el dinero, el sexo y el poder que Jesús con su enseñanza y su amor. Confían más en los hombres que en Cristo. Quisieran ver a Cristo desterrado de la política, la escuela, el trabajo, el hogar y hasta el mismo corazón del hombre.

Señor Jesús, perdónales porque no saben lo que hacen. Nosotros queremos que Tú sigas siendo nuestro rey. Estamos dispuestos a dar la vida por tí y por tu Reino.


Cuarto Misterio Doloroso
LA SUBIDA DE JESÚS AL CALVARIO
Evangelio según San Lucas (Lc 23,26-31).

«Cuando lo llevaban, tomaron a un tal Simón de Cirene, que volvía del campo, y le cargaron la cruz de Jesús para que la llevara detrás de él. Lo seguía muchísima gente, especialmente mujeres que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él.

«Jesús, volviéndose hacia ellas, les dijo: “Hijas de Jerusalén, no lloren por mí. Lloren más bien por ustedes mismas y por sus hijos, porque va a llegar el día en que se dirá: Felices las madres sin hijos; felices las mujeres que no dieron a luz ni amamantaron. Entonces se dirá: ¡Ojalá que los cerros caigan sobre nosotros! ¡Ojalá que las lomas nos ocultaran! Porque si así tratan al árbol verde, ¡qué no harán con el seco?».

— Palabra del Señor. — Gloria a ti, Señor. (Textos complementarios: Jn 19,14-24; 1Pe 2,20-25; Is 53).

«Si alguien quiere ser mi discípulo —dijo Jesús en cierta ocasión—, que se niegue a sí mismo, tome su cruz y sígame» (Mc 8,34). Por lo tanto, negarse a sí mismo, tomar la cruz y seguir a Jesús, es fundamental para cada cristiano.

Señor Jesús, ayúdanos a entender nuestra obligación como discípulos tuyos. Enséñanos a renunciar a la flojera y a las comodidades, para tomar nuestra cruz diaria y seguirte.

Que cada uno de nosotros pueda ser un verdadero cirineo, que te ayude a llevar la grande cruz de la humanidad.

En efecto, mediante nuestros sufrimientos, aceptados con gozo, nos transformamos en colaboradores de Cristo, en la grande obra de la salvación. Por eso estamos meditando sobre la Pasión de Jesús: no tanto para llorar por él, que ya no sufre, sino para tomar conciencia del grave problema de nuestra salvación y la salvación de nuestros hermanos.

«No lloren por mí —dijo Jesús—; más bien lloren por ustedes y por sus hijos». Señor Jesús, ayúdanos a tener un verdadero arrepentimiento de nuestros pecados y a luchar cada día más para tener una vida nueva.

Danos fuerza también para luchar por la salvación de nuestros hermanos.


Quinto Misterio Doloroso
CRUCIFIXIÓN Y MUERTE DE JESÚS

Evangelio según San Lucas (Lc 23,32-46).

«Junto a Jesús llevaban también a dos malhechores para ejecutarlos. Cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, lo crucificaron a él y a los malhechores, uno a su derecha y el otro a su izquierda. Mientras tanto Jesús decía: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Después se repartieron sus ropas, sorteándolas.

La gente estaba ahí mirando; los jefes, por su parte, se burlaban diciendo: “Ya que salvó a otros, que se salve a sí mismo, para ver si es el Cristo de Dios, el Elegido”.

Los soldados también se burlaban de él. Cuando le ofrecieron de su vino agridulce para que lo tomara, le dijeron: “Si tú eres el rey de los judíos, sálvate a ti mismo”. Porque había en lo alto de la cruz un letrero que decía: “Este es el rey de los judíos”.

Uno de los malhechores crucificado, insultándolo, le dijo: “¡Así que tu eres el cristo? Entonces, sálvate tú y sálvanos también a nosotros”. Pero el otro lo reprendió diciéndole: “No temes a Dios, tú que estás en el mismo suplicio? Nosotros lo tenemos merecido, por eso pagamos nuestros crímenes. Pero él no ha hecho nada malo.” Y añadió: “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino.” Respondió Jesús: “En verdad te digo que hoy mismo estarás conmigo en el paraíso.”

Como al mediodía, se ocultó el sol y todo el país quedó en tinieblas hasta las tres de la tarde. En ese momento, la cortina del Templo se rasgó por la mitad, y Jesús gritó muy fuerte: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”; y al decir estas palabras, expiró.

— Palabra del Señor.

— Gloria a ti, Señor.

(Textos complementarios: Jn 19,25-37; 3,13-21; 12,32-36).

«Para los que se pierden, la predicación de la cruz no deja de ser locura. En cambio para los que somos salvados es poder de Dios» (1Cor 1,18).

Sí, Señor Jesús, en tu muerte gloriosa el Padre celestial manifestó su sabiduría y su poder salvador. En tu sangre hemos sido salvados.

Te alabamos y te adoramos, oh Cristo, pues por tu Cruz redimiste al mundo. Tú eres el Cordero de Dios, que mediante su muerte, borró nuestros pecados. Gracias por tu grande amor. Que cada día podamos descubrir siempre más la gravedad de nuestro pecado y la inmensidad de tu amor por nosotros.

MISTERIOS GLORIOSOS

Primer Misterio Glorioso
LA RESURRECCIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO

Evangelio según San Marcos (Mc 16,1-18).

«Cuando pasó el sábado, María Magdalena, María, madre de Santiago, y Salomé compraron aromas para embalsamar el cuerpo. Y muy temprano, en ese primer día de la semana, llegaron al sepulcro apenas salido el sol. Se decían unas a otras: “¿Quién nos removerá la piedra del sepulcro? Pero, cuando miraron, vieron que la piedra había sido echada a un lado, y eso que era una piedra muy grande.

Al entrar en el sepulcro vieron a un joven sentado al lado derecho, vestido enteramente de blanco, y se asustaron. Pero él les dijo: “No se asusten. Ustedes buscan a Jesús Nazareno, el que fue crucificado, ¿no es cierto? Ahora bien, vayan a decir a Pedro y a los otros discípulos que Jesús irá delante de ustedes a Galilea. Allí lo verán tal como él se los dijo”.

Entonces las mujeres salieron corriendo del sepulcro. Estaban asustadas y asombradas y no dijeron nada a nadie, de tanto miedo que tenían. Jesús, que resucitó en la madrugada del primer día de la semana, se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete espíritus malos. Ella fue a anunciárselo a los que habían sido compañeros de Jesús y que estaban tristes y lo lloraban. Pero al oírle decir que vivía y que lo habían visto, no le creyeron.

Después se apareció bajo otra figura a dos de ellos, cuando iban al campo. Estos volvieron a contárselo a los demás, pero tampoco les creyeron.

Por último, Jesús se apareció a los Once discípulos cuando estaban comiendo. Jesús les reprendió por su falta de fe y su porfía en no creer a los que habían visto resucitado.

Y les dijo: “Vayan por todo el mundo y anuncien a la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará. El que se resista a creer se condenará. Y estas señales acompañarán a los que crean: en mi Nombre echarán los espíritus malos, hablarán en nuevas lenguas, tomarán con sus manos las serpientes, y si beben algún veneno no les hará ningún daño. Pondrán las manos sobre los enfermos y los sanarán”».

— Palabra de Dios.

— Te alabamos, Señor.

(Textos complementarios: Mt 28,1-15; Lc 24,1-53; Jn 20,1-29; 1 Cor 15,12-19; Rom 6,6-10).


Comentario

Al tercer día después de la muerte, Jesús resucitó glorioso.

Después de la duda, el sufrimiento, la agonía, la muerte y el entierro, llegó el día de la gloria, la felicidad y la paz. Mediante su muerte, Cristo nos liberó del pecado y mediante su resurrección nos dio una nueva vida.

También nosotros, si queremos resucitar y vivir con Cristo, primero tenemos que morir al pecado. En efecto, no podemos llegar al domingo de resurrección sin pasar por el viernes santo, hecho de renuncia y sufrimiento.

Y la señal de que hemos pasado de la muerte a la vida es el amor hacia los hermanos (1 Jn 3,14), si amamos de veras a nuestros hermanos, podemos estar seguros de que hemos resucitado con Cristo.


Segundo Misterio Glorioso
LA ASCENCIÓN DE JESÚS AL CIELO

Hechos de los Apóstoles (Hech 1,3-11).

«Ellos fueron a los que se presentó después de su pasión dándoles muchas pruebas de que vivía, y durante cuarenta días les habló acerca del Reino de Dios. Mientras comía con ellos, les mandó: “No se alejen de Jerusalén, sino que esperen lo que prometió el Padre, de lo que yo les he hablado: Que Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo dentro de pocos días”.

«Y, como estaban reunidos, le preguntaron: “Señor, ¡es ahora cuando vas a restablecer el reino de Israel?”. Él les respondió: “A ustedes no les corresponde saber el tiempo y el momento que el Padre ha fijado con su propia autoridad, sino que van a recibir una fuerza, la del Espíritu Santo, que vendrá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria y hasta los límites de la tierra”.

«Al decir esto, en presencia de ellos, Jesús fue levantado y una nube lo ocultó a sus miradas.

«Mientras miraban fijamente al cielo hacia donde iba Jesús, de repente tuvieron a su lado dos hombres vestidos de blanco que les dijeron: “Hombres de Galilea, ¿qué hacen ahí mirando al cielo? Este que ha sido llevado, este mismo Jesús, vendrá como lo han visto subir al cielo”».

— Palabra de Dios.

— Te alabamos, Señor.

(Textos complementarios: Lc 24,44-53; Mc 16,19-20; Ef 2,4-6).


Comentario

Cuarenta días después de la resurrección, Jesús subió al cielo, donde está sentado a la diestra del Padre.

«Si han resucitado con Cristo —nos advierte San Pablo—, busquen las cosas de arriba, donde se encuentra Cristo, sentado a la diestra de Dios. Piensen en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Pues ustedes han muerto y su vida está ahora escondida con Cristo, en Dios. Cuando se manifieste Cristo, que es nuestra vida, ustedes también vendrán a la luz con él, y les tocará una parte de su gloria» (Col 3,1-4).

La Resurrección y la Ascención de Jesús al cielo marcan el destino final de cada hombre que sigue el camino de Cristo.

Que nadie ni nada nos distraigan de este camino precioso, que nos lleva a la felicidad eterna.

Tercer Misterio Glorioso
LA VENIDA DEL ESPÍRITU SANTO
Hechos de los Apóstoles (Hech 2,1-13).

«Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en un mismo lugar. De pronto vino del cielo un ruido, como el de una violenta ráfaga de viento, que llenó toda la casa donde estaban. Se les aparecieron unas lenguas como de fuego, las que, separándose, se fueron posando sobre cada uno de ellos; y quedaron llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar idiomas distintos, en los cuales el Espíritu les concedía expresarse. «Había en Jerusalén judíos piadosos venidos de todas las naciones de la tierra. Al producirse aquel ruido, la gente se juntó y quedó desconcertada al oír a los apóstoles hablar cada uno en su lengua propia.

Asombrados y admirados decían: “¿No son galileos todos éstos que están hablando? Entonces, ¿cómo cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestro propio idioma? Entre nosotros hay partos, medos y elamitas; habitantes de Mesopotamia, Judea, Capadocia y del Ponto; hay hombres provenientes de Asia, Frigia, Panfilia y Egipto y de la parte de Libia que limita con Cirene; hay forasteros, romanos, judíos y hombres no judíos que aceptaron sus creencias; cretenses y árabes, y sin embargo, todos los oímos hablar en nuestros idiomas las maravillas de Dios.” No se lo creían, y se decían unos a otros: “¿Qué significa esto?” Otros en cambio decían riéndose: “Están borrachos”.

— Palabra de Dios.

— Te alabamos, Señor.

(Textos complementarios: Jn 4,10-14, 7,37-39; 14,15-17; 15,26-27 16,7-15).

Comentario

Al recibir el espíritu Santo, los Apóstoles cambiaron profundamente dejando a un lado el miedo y la cobardía, se lanzaron a proclamar a Cristo con valentía y entusiasmo.

Lo mismo pasará con nosotros, cuando quedemos llenos del Espíritu Santo. Nos volveremos en auténticos “testigos de Cristo”, con una fe viva y comunicativa. Por lo tanto, no nos olvidemos nunca de pedir al padre celestial el grande don del Espíritu Santo, que es la base y el fundamento de una vida cristiana auténtica.

Cuarto Misterio Glorioso
LA ASUNCIÓN DE MARÍA AL CIELO

Libro de Judit (Jdt 13,18-20).

«Ozías, por su parte, dijo a Judit: “Hija mía, que Dios Altísimo te bendiga más que a todas las mujeres de la tierra.

Y ¡bendito sea el Señor Dios, Creador del cielo y de la tierra, que te condujo para que cortaras la cabeza del jefe de nuestros enemigos!

Jamás los hombres olvidarán la confianza que has demostrado. Siempre recordarán el poder de Dios.

Que Dios te colme de bienes y que los hombres te glorifiquen , pues no vacilaste en exponer tu vida al ver la humillación de nuestra raza.

Por tu perfecta sumisión a Dios has alejado la ruina que nos esperaba”.

Todo el pueblo respondió: Amén. Amén».

— Palabra de Dios.

— Te alabamos, Señor.

Comentario

Judit es una figura de María. Como Judit cortó la cabeza de Holofernes, el general que quería destruir al pueblo de Dios, así María aplastó
la cabeza del demonio, el principal enemigo de la humanidad. Por eso atribuimos a María las mismas alabanzas que el pueblo judío tributó a Judit.

¿Cómo sabemos que María Santísima, después de haber vivido en este mundo, fue llevada al cielo en el cuerpo y alma?

Lo sabemos estudiando la Biblia y la Tradición, que representan las dos formas como la Revelación ha llegado hasta nosotros.

En la Biblia encontramos solamente algún indicio acerca de esta verdad, al presentarnos a María como la «llena de gracia», la «bendita entre todas las mujeres» y la «Madre del Señor». Es en la Tradición donde, desde el principio, encontramos claramente este dogma, hasta que el Papa Pío XII lo declaró solemnemente el año 1950.

Era justo que María, que nunca había sido sometida a la esclavitud del pecado, quedara libre de la corrupción de la muerte.

Gracias sean dadas al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo por todos los dones y privilegios, que concedió a María, nuestra Madre. Y que algún día, todos juntos, podemos tener la dicha de alcanzarla en la patria celestial, para bendecirla y alabarla por toda la eternidad.


Quinto Misterio Glorioso
LA CORONACIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

Apocalipsis de San Juan y Cantar de los Cantares (Ap 12,1; Cant 6,10).

«Apareció en el cielo una señal grandiosa: una Mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies y en su cabeza una corona de doce estrellas».

«¿Quién es ésta que surge como la aurora, bella como la luna, brillante como el sol, temible como un ejército?».

— Palabra de Dios.

— Te alabamos, Señor.


Comentario

Por ser elegida como Madre de Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, María fue elevada por encima de todas las criaturas como verdadera reina del cielo y de la tierra.

Por eso amamos y honramos tanto a la Virgen María. Porque sabemos que es la criatura más grande que existe, la «escogida» de Dios.

Por eso acudimos tanto a su maternal intercesión. Porque sabemos que Dios escucha siempre su oración en nuestro favor.

Oh María, madre de Jesús y madre nuestra, acepta la ofrenda de nuestro corazón como señal de que te reconocemos como nuestra verdadera Reina. Ampáranos, protégenos, defiéndenos de todos los peligros. Y concédenos, el día de nuestra muerte, abrir los ojos a la feliz eternidad contemplando tu santo nombre.

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