Miercoles de Ceniza


 

LECTURAS DE LA MISA DEL MIERCOLES DE CENIZA

https://www.youtube.com/watch?v=YG0Y_hpXzmw&feature=youtu.be

Mensaje del Santo Padre para la Cuaresma 2016


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MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA CUARESMA 2016

 

“Misericordia quiero y no sacrificio” (Mt 9,13).
Las obras de misericordia en el camino jubilar

 

1. María, icono de una Iglesia que evangeliza porque es evangelizada

En la Bula de convocación del Jubileo invité a que «la Cuaresma de este Año Jubilar sea vivida con mayor intensidad, como momento fuerte para celebrar y experimentar la misericordia de Dios» (Misericordiae vultus, 17). Con la invitación a escuchar la Palabra de Dios y a participar en la iniciativa «24 horas para el Señor» quise hacer hincapié en la primacía de la escucha orante de la Palabra, especialmente de la palabra profética. La misericordia de Dios, en efecto, es un anuncio al mundo: pero cada cristiano está llamado a experimentar en primera persona ese anuncio. Por eso, en el tiempo de la Cuaresma enviaré a los Misioneros de la Misericordia, a fin de que sean para todos un signo concreto de la cercanía y del perdón de Dios.

María, después de haber acogido la Buena Noticia que le dirige el arcángel Gabriel, canta proféticamente en el Magnificat la misericordia con la que Dios la ha elegido. La Virgen de Nazaret, prometida con José, se convierte así en el icono perfecto de la Iglesia que evangeliza, porque fue y sigue siendo evangelizada por obra del Espíritu Santo, que hizo fecundo su vientre virginal. En la tradición profética, en su etimología, la misericordia está estrechamente vinculada, precisamente con las entrañas maternas (rahamim) y con una bondad generosa, fiel y compasiva (hesed) que se tiene en el seno de las relaciones conyugales y parentales.

2. La alianza de Dios con los hombres: una historia de misericordia

El misterio de la misericordia divina se revela a lo largo de la historia de la alianza entre Dios y su pueblo Israel. Dios, en efecto, se muestra siempre rico en misericordia, dispuesto a derramar en su pueblo, en cada circunstancia, una ternura y una compasión visceral, especialmente en los momentos más dramáticos, cuando la infidelidad rompe el vínculo del Pacto y es preciso ratificar la alianza de modo más estable en la justicia y la verdad. Aquí estamos frente a un auténtico drama de amor, en el cual Dios desempeña el papel de padre y de marido traicionado, mientras que Israel el de hijo/hija y el de esposa infiel. Son justamente las imágenes familiares —como en el caso de Oseas (cf. Os 1-2)— las que expresan hasta qué punto Dios desea unirse a su pueblo.

Este drama de amor alcanza su culmen en el Hijo hecho hombre. En él Dios derrama su ilimitada misericordia hasta tal punto que hace de él la «Misericordia encarnada» (Misericordiae vultus, 8). En efecto, como hombre, Jesús de Nazaret es hijo de Israel a todos los efectos. Y lo es hasta tal punto que encarna la escucha perfecta de Dios que el Shemà requiere a todo judío, y que todavía hoy es el corazón de la alianza de Dios con Israel: «Escucha, Israel: El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás, pues, al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas» (Dt 6,4-5). El Hijo de Dios es el Esposo que hace cualquier cosa por ganarse el amor de su Esposa, con quien está unido con un amor incondicional, que se hace visible en las nupcias eternas con ella.

Es éste el corazón del kerygma apostólico, en el cual la misericordia divina ocupa un lugar central y fundamental. Es «la belleza del amor salvífico de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado» (Exh. ap. Evangelii gaudium, 36), el primer anuncio que «siempre hay que volver a escuchar de diversas maneras y siempre hay que volver a anunciar de una forma o de otra a lo largo de la catequesis» (ibíd., 164). La Misericordia entonces «expresa el comportamiento de Dios hacia el pecador, ofreciéndole una ulterior posibilidad para examinarse, convertirse y creer» (Misericordiae vultus, 21), restableciendo de ese modo la relación con él. Y, en Jesús crucificado, Dios quiere alcanzar al pecador incluso en su lejanía más extrema, justamente allí donde se perdió y se alejó de Él. Y esto lo hace con la esperanza de poder así, finalmente, enternecer el corazón endurecido de su Esposa.

3. Las obras de misericordia

La misericordia de Dios transforma el corazón del hombre haciéndole experimentar un amor fiel, y lo hace a su vez capaz de misericordia. Es siempre un milagro el que la misericordia divina se irradie en la vida de cada uno de nosotros, impulsándonos a amar al prójimo y animándonos a vivir lo que la tradición de la Iglesia llama las obras de misericordia corporales y espirituales. Ellas nos recuerdan que nuestra fe se traduce en gestos concretos y cotidianos, destinados a ayudar a nuestro prójimo en el cuerpo y en el espíritu, y sobre los que seremos juzgados: nutrirlo, visitarlo, consolarlo y educarlo. Por eso, expresé mi deseo de que «el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Será un modo para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina» (ibíd., 15). En el pobre, en efecto, la carne de Cristo «se hace de nuevo visible como cuerpo martirizado, llagado, flagelado, desnutrido, en fuga… para que nosotros lo reconozcamos, lo toquemos y lo asistamos con cuidado» (ibíd.). Misterio inaudito y escandaloso la continuación en la historia del sufrimiento del Cordero Inocente, zarza ardiente de amor gratuito ante el cual, como Moisés, sólo podemos quitarnos las sandalias (cf. Ex 3,5); más aún cuando el pobre es el hermano o la hermana en Cristo que sufren a causa de su fe.

Ante este amor fuerte como la muerte (cf. Ct 8,6), el pobre más miserable es quien no acepta reconocerse como tal. Cree que es rico, pero en realidad es el más pobre de los pobres. Esto es así porque es esclavo del pecado, que lo empuja a utilizar la riqueza y el poder no para servir a Dios y a los demás, sino parar sofocar dentro de sí la íntima convicción de que tampoco él es más que un pobre mendigo. Y cuanto mayor es el poder y la riqueza a su disposición, tanto mayor puede llegar a ser este engañoso ofuscamiento. Llega hasta tal punto que ni siquiera ve al pobre Lázaro, que mendiga a la puerta de su casa (cf. Lc 16,20-21), y que es figura de Cristo que en los pobres mendiga nuestra conversión. Lázaro es la posibilidad de conversión que Dios nos ofrece y que quizá no vemos. Y este ofuscamiento va acompañado de un soberbio delirio de omnipotencia, en el cual resuena siniestramente el demoníaco «seréis como Dios» (Gn 3,5) que es la raíz de todo pecado. Ese delirio también puede asumir formas sociales y políticas, como han mostrado los totalitarismos del siglo XX, y como muestran hoy las ideologías del pensamiento único y de la tecnociencia, que pretenden hacer que Dios sea irrelevante y que el hombre se reduzca a una masa para utilizar. Y actualmente también pueden mostrarlo las estructuras de pecado vinculadas a un modelo falso de desarrollo, basado en la idolatría del dinero, como consecuencia del cual las personas y las sociedades más ricas se vuelven indiferentes al destino de los pobres, a quienes cierran sus puertas, negándose incluso a mirarlos.

La Cuaresma de este Año Jubilar, pues, es para todos un tiempo favorable para salir por fin de nuestra alienación existencial gracias a la escucha de la Palabra y a las obras de misericordia. Mediante las corporales tocamos la carne de Cristo en los hermanos y hermanas que necesitan ser nutridos, vestidos, alojados, visitados, mientras que las espirituales tocan más directamente nuestra condición de pecadores: aconsejar, enseñar, perdonar, amonestar, rezar. Por tanto, nunca hay que separar las obras corporales de las espirituales. Precisamente tocando en el mísero la carne de Jesús crucificado el pecador podrá recibir como don la conciencia de que él mismo es un pobre mendigo. A través de este camino también los «soberbios», los «poderosos» y los «ricos», de los que habla el Magnificat, tienen la posibilidad de darse cuenta de que son inmerecidamente amados por Cristo crucificado, muerto y resucitado por ellos. Sólo en este amor está la respuesta a la sed de felicidad y de amor infinitos que el hombre —engañándose— cree poder colmar con los ídolos del saber, del poder y del poseer. Sin embargo, siempre queda el peligro de que, a causa de un cerrarse cada vez más herméticamente a Cristo, que en el pobre sigue llamando a la puerta de su corazón, los soberbios, los ricos y los poderosos acaben por condenarse a sí mismos a caer en el eterno abismo de soledad que es el infierno. He aquí, pues, que resuenan de nuevo para ellos, al igual que para todos nosotros, las lacerantes palabras de Abrahán: «Tienen a Moisés y los Profetas; que los escuchen» (Lc 16,29). Esta escucha activa nos preparará del mejor modo posible para celebrar la victoria definitiva sobre el pecado y sobre la muerte del Esposo ya resucitado, que desea purificar a su Esposa prometida, a la espera de su venida.

No perdamos este tiempo de Cuaresma favorable para la conversión. Lo pedimos por la intercesión materna de la Virgen María, que fue la primera que, frente a la grandeza de la misericordia divina que recibió gratuitamente, confesó su propia pequeñez (cf.Lc 1,48), reconociéndose como la humilde esclava del Señor (cf. Lc 1,38).

Vaticano, 4 de octubre de 2015
Fiesta de San Francisco de Assis

Francisco

 


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Moniciones, ¿Qué son?


 

Objetivo de las Moniciones Liturgicas

Las moniciones en la Misa son una motivación a participar y vivir el Misterio de Cristo celebrado en la Eucaristía.

No se trata de una introducción, ni resumen de las lecturas o de impartir una profunda catequesis. Simplemente su finalidad es ambientar e invitar, con comentarios breves, concisos y claros.

Momentos de Monición

Entrada –Es una invitación a la Asamblea a participar de manera consciente, activa y fructuosa de la Santa Misa. Se puede hacer mención particular del momento litúrgico, fiesta o solemnidad en referencia al mensaje central del mensaje evangélico.

Eje: Hoy celebramos la Resurrección del Señor. Cristo es nuestra Pascua, pues ha muerto y resucitado, dando ese paso para darnos vida y vida en abundancia. Nos disponemos a Participar llenos de gozo de esta Santa Eucaristía.

(La Monición de entrada puede hacerse antes de la Antífona o Canto de Entrada o después del Saludo del Celebrante).

Antes de las Lecturas y del Evangelio –Se hace un breve comentario del mensaje central de cada lectura y del Evangelio, instando a escuchar atentamente la Palabra de Dios.

Eje: El apóstol Pablo exhorta a la comunidad cristiana de Efeso a desarraigar el hombre viejo y revestirse del hombre nuevo, según Dios.

Eje: En el Evangelio Jesús se muestra como el Buen Pastor que da la vida por sus ovejas.

(Se puede hacer una Monicion antes de cada lectura y del Evangelio, todo de acuerdo con el sacerdote de la Parroquia).

Liturgia Eucarística –Se realiza en el momento de la Presentación de Ofrendas invitando al pueblo a entregarse totalmente junto a la ofrenda del pan y del vino.

Ejem: En cada Misa se realiza el Milagro de la Eucaristía: el pan y el vino se convierten en el cuerpo y la sangre de Cristo. Presentémonos como ofrenda viva junto a estos dones, para ser también transformados en el Señor.

Antes de la Comunión –Es una invitación a participar del Banquete Eucarístico con la debida preparación y disposición.

Eje: Los discípulos de Emaus reconocieron a Jesús en la Fracción del Pan. Al participar de este Banquete Eucarístico podemos también reconocerle, porque El aquí esta.

Despedida –Es una breve exhortación a hacer vida lo que hemos celebrado.

Ejem: Vayamos a anunciarles a todos, que Cristo vive ¡Ha resucitado!

(Se puede hacer antes o después de la Bendicion)

Criterios para monitar

-Redacción de Moniciones. Muchos equipos de Liturgia toman las moniciones de organismos de la Iglesia de Pastoral Litúrgica. Sin embargo también pueden hacerse y ese es el motivo de este pequeño tratado: el de orientar para la redacción de las moniciones bajo el asesoramiento de un sacerdote o de alguna persona experta que ha sido puesta para asesorar la Animación Litúrgica Parroquial.
Las moniciones hechas por el coordinador de Liturgia, o en equipo o por una persona designada, siempre antes de hacerse en Misa deben presentarse al sacerdote para que el las autorice e indique como hacerse.

-Moniciones en tiempos Especiales o Fiestas. Por ejemplo en la Celebración de Sacramentos dentro o fuera de Misa, en tiempos fuertes de la Liturgia como la Semana Santa donde puede haber monicion antes del Gloria el Jueves Santo, en el momento de la Cruz el Viernes Santo o para el Pregón Pascual en la Vigilia del Sábado…

-El Monitor.

Cualidades humanas: Capacidad de animar, que sensibilice lo que esta diciendo de manera equilibrada y de excelente presentación física (bien vestido).

Cualidades técnicas: Arte de tomar el micrófono, saber como estar de pie, que sepa modular la voz.

Cualidades espirituales: Persona que sea enamorada de la Eucaristía, de vida orante capaz de transmitir esa presencia de Dios a los demás y que esté en proceso de conversión (testimonio de vida).
_________________
Fiat mihi secundum verbum tuum LUCAM I.XXXVIII

 

De Jesús Para Ti


¿Por qué te confundes y te agitas ante las situaciones de la vida?

Déjame al cuidado de tus cosas y todo te irá mejor, cuando te abandones a mi, todo se resolverá con tranquilidad según mis designios.

No te desesperes, no me dirijas una oración agitada, como si quisieras exigirme el cumplimiento de tus deseos.

Cierra los ojos del corazón y dime con calma; Señor, yo confío en Ti.

Evita las preocupaciones angustiosas y los pensamientos sobre lo que puede suceder después, no estropees mis planes queriéndome imponer tus ideas. Déjame ser Dios y actuar con libertad.
Abandónate confiadamente, reposa en mi y deja en mis manos tu futuro. Dime frecuentemente, “Señor yo confío en Ti”.

Lo que más daño te hace es tu razonamiento, tus propias ideas y querer resolver las cosas a tu manera.

Cuando me dices, “Señor yo confío en Ti”, no seas como el paciente que pide al médico que lo cure, pero le sugiere el modo de hacerlo. Déjate llevar en mis brazos divinos, no tengas miedo. Yo te amo.

Si crees que las cosas empeoran o se complican a pesar de tu oración sigue confiando. Cierra los ojos del corazón y confía. Continua diciéndome a toda hora “Señor, yo confío en Ti”.

Necesito las manos libres para poder obrar. No me ates a tus preocupaciones inútiles. Las fuerzas del mal quieren sólo eso; agitarte, angustiarte, quitarte la paz. Confía sólo en Mi. Yo hago los milagros en la proporción del abandono y la confianza que tienes en Mi. Así que no te preocupes deja en mi todas tus angustias y duerme tranquilo.

Dime siempre “Señor, yo confío en Ti” y verás grandes milagros. Te lo prometo por mi amor

¡Dejemos que el Señor nos guíe en este nuevo día!

Oración de principio y Fin de Año


 

Oración de fin y principio de año

Señor Dios, dueño del tiempo y de la eternidad, tuyo es el hoy y el mañana, el pasado y el futuro.

Al terminar este año quiero darte gracias por todo aquello que recibí de TI.

Gracias por la vida y el amor, por las flores, el aire y el sol, por la alegría y el dolor, por cuanto fue posible y por lo que no pudo ser.

Te ofrezco cuanto hice en este año, el trabajo que pude realizar y las cosas que pasaron por mis manos y lo que con ellas pude construir.

Te presento a las personas que a lo largo de estos meses amé, las amistades nuevas y los antiguos amores, los más cercanos a mí y los que estén más lejos, los que me dieron su mano y aquellos a los que pude ayudar, con los que compartí la vida, el trabajo, el dolor y la alegría.

Pero también, Señor hoy quiero pedirte perdón, perdón por el tiempo perdido, por el dinero mal gastado, por la palabra inútil y el amor desperdiciado.

Perdón por las obras vacías y por el trabajo mal hecho, y perdón por vivir sin entusiasmo.

También por la oración que poco a poco fui aplazando y que hasta ahora vengo a presentarte.

Por todos mis olvidos, descuidos y silencios nuevamente te pido perdón.

Mañana iniciaremos un nuevo año y detengo mi vida ante el nuevo calendario aún sin estrenar y te presento estos días que sólo TÚ sabes si llegaré a vivirlos.

Hoy te pido para mí y los míos la paz y la alegría, la fuerza y la prudencia, la claridad y la sabiduría.

Quiero vivir cada día con optimismo y bondad llevando a todas partes un corazón lleno de comprensión y paz.

Cierra Tú mis oídos a toda falsedad y mis labios a palabras mentirosas, egoístas, mordaces o hirientes.

Abre en cambio mi ser a todo lo que es bueno, que mi espíritu se llene sólo de bendiciones y las derrame a mi paso. Amén.

 

Oración del Jubileo Santo del Año de la Misericordia


Oración

Señor Jesucristo,
tú nos has enseñado a ser misericordiosos como el Padre del cielo y nos has dicho que quien te ve, lo ve también a Él. Muéstranos tu rostro y obtendremos la salvación.

Tu mirada llena de amor liberó a Zaqueo y a Mateo de la esclavitud del dinero; a la adúltera y a la Magdalena de buscar la felicidad solamente en una creatura; hizo llorar a Pedro luego de la traición, y aseguró el Paraíso al ladrón arrepentido. Haz que cada uno de nosotros escuche como propia la palabra que dijiste a la samaritana: ¡Si conocieras el don de Dios!

Tú eres el rostro visible del Padre invisible, del Dios que manifiesta su omnipotencia sobre todo con el perdón y la misericordia: haz que, en el mundo, la Iglesia sea el rostro visible de Ti, su Señor, resucitado y glorioso.

Tú has querido que también tus ministros fueran revestidos de debilidad para que sientan sincera compasión por los que se encuentran en la ignorancia o en el error: haz que quien se acerque a uno de ellos se sienta esperado, amado y perdonado por Dios.

Manda tu Espíritu y conságranos a todos con su unción para que el Jubileo de la Misericordia sea un año de gracia del Señor y tu Iglesia pueda, con renovado entusiasmo, llevar la Buena Nueva a los pobres proclamar la libertad a los prisioneros y oprimidos y restituir la vista a los ciegos.

Te lo pedimos por intercesión de María, Madre de la Misericordia, a ti que vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos.
Amén.

 

¿Quién es el anticristo?


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¿Entonces quién es el anticristo?

Se han escrito muchos libros sobre este tema y ha habido mucha especulación sobre quien es realmente esta misteriosa persona. Algunos dicen que nació en los 50′, que vive entre nosotros en alguna parte y que se revelará pronto. ¿Cómo puede ser esto verdad a la luz de lo que San Juan dijo en su tiempo, de que el anticristo “ya estaba en el mundo”, 1Juan 4,3?

ANTI-

1. Una persona que se opone a algo.

2. Opuesto, que se opone, en contra, que contrarresta, o que neutraliza. Así que, o bien tenemos a una persona que se opone a Cristo, o a alguien o algo que cumple con la definición # 2, una entidad que se opone a, o que está en contra de Cristo.

¿Cuántos acusan falsamente al Papa de ser el Anticristo?

¿Sabia Ud. que la Sagrada Escritura es muy precisa al revelar QUIEN es en realidad el Anticristo?

“Hijitos, es la última hora, y han oído que va a venir un Anticristo. Pero ya han venido varios anticristos; por lo cual conocemos que es la última hora.”
1 Juan 2,18

. “¿Y quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Ese es el anticristo, el que niega al Padre y al Hijo.”
1Juan 2,22

. “En cambio, si un espíritu divide a Jesús, ese espíritu no es de DIOS. Han oído que vendrá un anticristo, pues bien ya esta en el mundo.
1Juan 4,3.

. “En este mundo se han presentado muchos seductores, que no reconoce a Jesús como el Cristo venido en la carne. En eso mismo se reconoce al impostor y al anticristo.”
2Juan 1,7.

Así que ahí lo tiene, al Anticristo se lo menciona solo cuatro veces en las Escrituras, y solo en las dos Cartas de San Juan. Al Anticristo no se lo menciona en absoluto en el Apocalipsis, tal y como creen algunos.

En esos cuatro versículos San Juan nos dice quien es el Anticristo, y también, quien no puede ser.

Explicación:
En los tiempos en que se escribieron las Cartas de San Juan, ya existían muchos anticristos, 1Juan 2,18.

Las herejías existieron desde el mismo comienzo y con ellas los herejes que mentían, engañaban y dividían, a Jesús. Dos de las más importantes herejías del primer siglo fueron los Simonianos, que negaban la humanidad de Cristo, y los Cerentinianos que negaban la divinidad de Cristo.

En el segundo siglo surgieron más de 14 nuevas herejías, fragmentando aún más el Cuerpo de Cristo. A medida que pasaron los siglos, las herejías viejas murieron y otras nuevas surgieron para tomar su lugar. Han habido herejías en todos los siglos, y algunas han sido recicladas, tal y como la de los Testigos de Jehova, quienes de nuevo niegan la divinidad de Cristo.

El Anticristo es un mentiroso y niega que Jesús es el Cristo, él también niega al Padre y al Hijo, 1Juan 2,22.

Si, y tal y como he señalado, en el primer siglo, hubo negación de Jesús en Su divinidad y en Su humanidad. Además, a través de los siglos, han habido algunas negaciones de ambas en una misma herejía.

El Anticristo es uno que divide a Jesús, 1Juan 4,3.
Tal y como se discutió anteriormente, pero la división de Jesús hoy es peor que nunca, tal y como veremos en pocos momentos.

El Anticristo es un impostor que niega que Jesús es el Cristo y que ha venido en la carne.
2 Juan 1,7

Esto esta pasando hoy en una forma extraordinaria.
En resumen:

Hay muchos anticristos, desde tiempos de San Juan, y son mentirosos que niegan que Jesús es el Cristo, y Lo fraccionan, además que tergiversan y niegan que El vino en la carne.
Hay otra palabra que se ajusta perfectamente a estos parámetros, es la de Hereje, que es el fomentador de Herejías.

En Conclusión:
El Anticristo no podría ser el Papa ya que él no se ajusta a ninguna de estos requisitos. El Papa nunca ha negado que Jesús fuera el Cristo, nunca ha negado al Padre y al Hijo, y nunca ha dividido a Jesús.
Para aquellos que dicen que el Papa es el anticristo, la responsabilidad es de ustedes en probar lo que dicen, y además, deben presentar documentos históricamente genuinos para refrendar lo que dicen. Por lo tanto, ¿quién es el que NO puede ser el anticristo, tal y como lo muestra la Sagrada Escritura?

Ahora bien, cualquiera que llama a Jesucristo un mentiroso, Lo ha negado, 1Juan 5,10.
Cualquiera que no crea lo que El dijo, entonces, Lo niega, ya que lo han llamado mentiroso. Lo que Él dijo está escrito en la Sagrada Escritura como todos sabemos. Vea aquí y encontrara muchos versículos que están en la Escritura que son negados por los no Católicos de hoy. Ahí están las evidencias estadísticas, y eso no puede ser negado. Por lo tanto, Ud. dígame, ¿ Entonces Quién es el anticristo?

. ¿Quién fragmenta a Jesús? El mandó que hubiera un solo rebaño y un solo pastor,
Juan 10,16.

¿Cuántos niegan estas palabras de El y fracturan Su Cuerpo en pedacitos cada vez más pequeños?

En 1981, habían aproximadamente 20.780 divisiones en el Cuerpo de Cristo, entre los no-Católicos. Hoy en día hay más de 33.800 comunidades eclesiales no-Católicas, tal y como lo documenta la Enciclopedia Mundial Cristiana, edición Abril 2001. Ello significa un aumento del 65% en la fragmentación del cuerpo de Cristo en solo 20 años. Con el índice actual de divisiones, esto resulta en un incremento mayor del 125% cada 40 años.

¿”Se ha dividido Cristo”?
1Corintios 1,13.

Entonces, dígame Ud., ¿quién es el que esta haciendo la fragmentación?

Es el Protestantismo con su interminable creación, de nuevas sectas; fraccionando a Jesús en pedacitos cada vez más y más pequeños. Entonces, verdaderamente, ¿quién debe ser el anticristo

. ¿Quién es el que engaña y niega que Jesús viene en la carne?

El que engaña es todo aquel que no dice la verdad, tal y como Satanás engañó a Eva en el Génesis 3,5. Aquellos que tergiversan, tal y como ya lo he dicho, son aquellos que no creen las palabras de Jesucristo.

Nota Final:
Por lo tanto de acuerdo con lo que la Sagrada Escritura nos ha dicho, ¿Quién Es El anticristo?

©
Escrita por Bob Stanley, Abril 9, 2001
Actualizado el día 30 de Mayo del 2002
Traducida por la Lic. Mayra C. Vega V.

Bendiciones!!!

 

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