Santoral del 12 de Enero


Autor: P. Ángel Amo. | Fuente: Catholic.net
Benito Biscop, Santo
Abad, Enero 12
Benito Biscop, Santo
Benito Biscop, Santo

Abad

Martirologio Romano: En el monasterio de Wearmouth, en Northumbria (hoy Inglaterra), san Benito Biscop, abad, que peregrinó cinco veces a Roma, de donde trajo muchos maestros y libros para que los monjes reunidos en la clausura del monasterio bajo la Regla de san Benito progresaran en la ciencia del amor de Cristo, en bien de la Iglesia (c. 690).

Etimología: Benito = Aquel que Dios bendice, es de origen latino.

Tal vez las palabras más apropiadas para alabar a San Benito Biscop son las que se encuentran en la Vita quinque sanctorum abbatum del venerable san Beda: “Fue confiado por sus padres a los siete años para que lo educara, y se convirtió así en mi más ilustre discípulo y en una de mis mayores glorias”. A los 25 años, Benito renunció a los favores del rey Oswiu para ponerse al servicio del verdadero Rey, Jesucristo, para recibir no un corruptible don terrenal, sino un reino eterno en la ciudad celestial; abandonó su casa, sus familiares y la patria por Cristo y por el Evangelio, para recibir el céntuplo y poseer la vida eterna. En el año 653, después de haber hecho su elección, Benito hizo el primero de sus seis viajes a Roma para manifestar su devoción a los Santos Pedro y Pablo y al Papa, como también para buscar modelos de vida y de instituciones monásticas, tanto en Roma como en los varios lugares por donde pasaba.

Con razón pudo decir en su lecho de muerte: “Hijitos míos, no crean que me inventé la constitución que les he dado. Después de haber visitado diecisiete monasterios, de los que traté de conocer perfectamente las leyes y las costumbres, reuní las reglas que me parecieron mejores y esta selección es la que les he dado”. En Lerino, por ejemplo, durante el segundo viaje a Roma, en el 665, permaneció casi dos años. No sólo se contentaba con buscar modelos de vida, sino también numerosos libros, documentales iconográficos, reliquias de santos, ornamentos sagrados y otros objetos que sirvieran para el culto en perfecta sintonía con la Iglesia de Roma.

Incluso, una vez le pidió al Papa Agatón que le enviara al cantor de la Basílica de San Pedro, el abad Juan, para que les enseñara el canto romano a sus monjes de los monasterios de Wearmouth y de Yarrow, dedicados naturalmente uno a San Pedro y el otro a San Pablo. Cuando regresó del sexto viaje a Roma, tuvo la desagradable sorpresa de encontrar casi destruidas sus instituciones a causa de una epidemia. San Benito Biscop murió el 12 de enero del año 690 a la edad de 62 años

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Autor: P. Ángel Amo. | Fuente: Catholic.net
Margarita Bourgeoys, Santa
Virgen Fundadora, Enero 12
Margarita Bourgeoys, Santa
Margarita Bourgeoys, Santa

Fundadora de la Congregación
de las Hermanas de Nuestra Señora

Martirologio Romano: En Montreal, en la provincia de Quebec, en Canadá, santa Margarita Bourgeoys, virgen, que prestó gran ayuda a los colonos y a los soldados, y trabajó para asegurar la formación cristiana de las jóvenes, fundando para ello la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora (1700).

Etimología: Margarita = Aquella de belleza poco común, es de origen latino.

Margarita era la sexta hija de los doce del matrimonio de Abraham Bourgeoys y Guillermina Garnier. Nació en Troyes (Francia), el 17 de abril de 1620. A los veinte años quiso ingresar con las carmelitas y las clarisas, sin ser aceptada. El padre Gendret, al ver que los dos conventos la rechazaron, vio la señal para fundar una congregación sin clausura, pero dicha fundación también fracasó.

En 1652 el gobernador de la pequeña colonia francesa Villa María, en Canadá, la invitó como maestra. Troyes, París, Orléans, Nantes fueron las primeras etapas de su viaje a Canadá. Salió del puerto de San Nazario y, después de cuatro meses, el 16 de noviembre de 1653, llegó a Canadá y, al mes, a Villa María, la pequeña colonia que luego se convertiría en la ciudad de Montreal, y que en ese momento se reducía a un fuerte en el que habitaban unas dos mil personas, con un pequeño hospital y una capilla atendida ocasionalmente por algún misionero. Ahí Margarita enseñaba el catecismo, curaba enfermos, socorría a los soldados heridos y ayudaba a los necesitados. Hizo restaurar la gran cruz de Montreal que había sido destruida por los indios iroqueses y se las arregló para construir una nueva capilla dedicada a Nuestra Señora en 1667. Al año siguiente inauguró la primer escuela de Montreal en un antiguo establo con una docena de alumnos. Los años siguientes fueron agitados y difíciles a causa de la guerra contra los iroqueses. Al terminar la guerra, Montreal se convirtió en una verdadera ciudad. En su escuela Margarita acogió también a los hijos de los indios.

Viajó ocho veces a Francia para buscar a jóvenes que quisieran ayudarle en la tarea de la educación. En esas ocasiones llevaba consigo a muchachas huérfanas campesinas que deseaban educarse en el Nuevo Mundo y formar más tarde su hogar, pues había muchos soldados y comerciantes pero las hijas de los colonos eran pocas y no se podían formar hogares cristianos. Cuando estuvo en Francia de 1670 a 1672 consiguió la aprobación del rey Luis XIV para sus planes de fundación de la Congregación de Nuestra Señora, el año 1676.
En 1683 el convento se incendió y dos hermanas murieron, entre ellas su sobrina. Fue entonces cuando monseñor Laval quiso fusionarlas con las ursulinas ya que era difícil aceptar la idea de una comunidad religiosa misionera sin clausura…

Finalmente el año 1698 las veinticuatro hermanas pudieron hacer la profesión religiosa. Desde el momento en que Margarita renunció al cargo de superiora a los setenta y tres años, su salud comenzó a declinar. Pero el fin llegó de una manera inesperada. El último día del año 1699 la fundadora ofreció su vida para salvar la de una religiosa que estaba gravemente enferma. Habiendo recobrado ella la salud, la madre murió el 12 de enero de 1700. Algunos años más tarde, en 1768, en un nuevo incendio se quemó la capilla donde se conservaba el corazón de la madre Margarita y, al rescatarlo de las llamas, notaron que salía sangre. Fue beatificada por el papa Pío XII el 12 de noviembre de 1950 y canonizada por el papa Juan Pablo II el 31 de octubre de 1982.

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Autor: P. Ángel Amo. | Fuente: Catholic.net
Margarita Bourgeoys, Santa
Virgen Fundadora, Enero 12
Margarita Bourgeoys, Santa
Margarita Bourgeoys, Santa

Fundadora de la Congregación
de las Hermanas de Nuestra Señora

Martirologio Romano: En Montreal, en la provincia de Quebec, en Canadá, santa Margarita Bourgeoys, virgen, que prestó gran ayuda a los colonos y a los soldados, y trabajó para asegurar la formación cristiana de las jóvenes, fundando para ello la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora (1700).

Etimología: Margarita = Aquella de belleza poco común, es de origen latino.

Margarita era la sexta hija de los doce del matrimonio de Abraham Bourgeoys y Guillermina Garnier. Nació en Troyes (Francia), el 17 de abril de 1620. A los veinte años quiso ingresar con las carmelitas y las clarisas, sin ser aceptada. El padre Gendret, al ver que los dos conventos la rechazaron, vio la señal para fundar una congregación sin clausura, pero dicha fundación también fracasó.

En 1652 el gobernador de la pequeña colonia francesa Villa María, en Canadá, la invitó como maestra. Troyes, París, Orléans, Nantes fueron las primeras etapas de su viaje a Canadá. Salió del puerto de San Nazario y, después de cuatro meses, el 16 de noviembre de 1653, llegó a Canadá y, al mes, a Villa María, la pequeña colonia que luego se convertiría en la ciudad de Montreal, y que en ese momento se reducía a un fuerte en el que habitaban unas dos mil personas, con un pequeño hospital y una capilla atendida ocasionalmente por algún misionero. Ahí Margarita enseñaba el catecismo, curaba enfermos, socorría a los soldados heridos y ayudaba a los necesitados. Hizo restaurar la gran cruz de Montreal que había sido destruida por los indios iroqueses y se las arregló para construir una nueva capilla dedicada a Nuestra Señora en 1667. Al año siguiente inauguró la primer escuela de Montreal en un antiguo establo con una docena de alumnos. Los años siguientes fueron agitados y difíciles a causa de la guerra contra los iroqueses. Al terminar la guerra, Montreal se convirtió en una verdadera ciudad. En su escuela Margarita acogió también a los hijos de los indios.

Viajó ocho veces a Francia para buscar a jóvenes que quisieran ayudarle en la tarea de la educación. En esas ocasiones llevaba consigo a muchachas huérfanas campesinas que deseaban educarse en el Nuevo Mundo y formar más tarde su hogar, pues había muchos soldados y comerciantes pero las hijas de los colonos eran pocas y no se podían formar hogares cristianos. Cuando estuvo en Francia de 1670 a 1672 consiguió la aprobación del rey Luis XIV para sus planes de fundación de la Congregación de Nuestra Señora, el año 1676.
En 1683 el convento se incendió y dos hermanas murieron, entre ellas su sobrina. Fue entonces cuando monseñor Laval quiso fusionarlas con las ursulinas ya que era difícil aceptar la idea de una comunidad religiosa misionera sin clausura…

Finalmente el año 1698 las veinticuatro hermanas pudieron hacer la profesión religiosa. Desde el momento en que Margarita renunció al cargo de superiora a los setenta y tres años, su salud comenzó a declinar. Pero el fin llegó de una manera inesperada. El último día del año 1699 la fundadora ofreció su vida para salvar la de una religiosa que estaba gravemente enferma. Habiendo recobrado ella la salud, la madre murió el 12 de enero de 1700. Algunos años más tarde, en 1768, en un nuevo incendio se quemó la capilla donde se conservaba el corazón de la madre Margarita y, al rescatarlo de las llamas, notaron que salía sangre. Fue beatificada por el papa Pío XII el 12 de noviembre de 1950 y canonizada por el papa Juan Pablo II el 31 de octubre de 1982.

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Autor: . | Fuente: ACI Prensa
Arcadio de Mauritania, Santo
Mártir, Enero 12
Arcadio de Mauritania, Santo
Arcadio de Mauritania, Santo

Mártir

Martirologio Romano: En Cesarea de Mauritania (hoy Argelia), san Arcadio, mártir, que se escondió en tiempo de persecución, pero, al ser detenido un familiar suyo se presentó espontáneamente al juez y, por negarse a sacrificar a los dioses, sufrió dolorosos tormentos hasta consumar su martirio (c. 304).

Etimología: Arcadio = Aquel que es venturoso, es de origen griego.

Se desconoce la fecha exacta de su martirio, pero parece que tuvo lugar en alguna ciudad de Mauritania, probablemente en Cesarea, la capital.

Las persecuciones estaban en todo su furor y miles de cristianos eran torturados por los soldados romanos sin esperar la sentencia

Arcadio de Mauritania, Santo
Arcadio de Mauritania, Santo

del juez.

En tan terribles circunstancias, San Arcadio se retiró a la soledad.

Sin embargo, el gobernador de la ciudad al saber que no se había presentado a los sacrificios públicos, capturó a un pariente y lo mantuvo como rehén hasta que el prófugo se presentara. Al saberlo, el mártir volvió a la ciudad y se entregó al juez quien lo obligó a que se sacrificase a los dioses.

Ante su negativa, el juez lo condenó a muerte, cortando cada uno de sus miembros de manera lenta.

Al encontrarse totalmente mutilado, el mártir se dirigió a la comunidad pagana, exhortándolos a abandonar a sus dioses falsos y a adorar al único Dios verdadero, el Señor Jesús.

Los paganos se quedaron maravillados de tanto valor y los cristianos recogieron su cadaver y empezaron a honrarlo como a un gran santo.

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Autor: . | Fuente: ACI Prensa
Elredo de Rievaulx, Santo
Abad, Enero 12
Elredo de Rievaulx, Santo
Elredo de Rievaulx, Santo

Abad

Martirologio Romano: En el monasterio de Rievaulx, también en Northumbria (hoy Inglaterra), san Elredo, abad, el cual, educado en la corte del rey de Escocia, ingresó en la Orden Cisterciense, siendo maestro eximio de la vida monástica y promoviendo constante y suavemente, con su ejemplo y sus escritos, la vida espiritual y la amistad en Cristo (c. 1166).

Abad de Rievaulx, escritor de homilías e historiador (1109-66).

San Elredo, cuyo nombre también ha sido escrito como Aelred, Ailred, Æthelred y Ethelred, fue hijo de uno de aquellos sacerdotes casados de los cuales muchos se pueden encontrar en Inglaterra en los siglos once y doce.

Nació en Hexham, pero a temprana edad conoció a David, el hijo menor de Santa Margarita, quien poco después fue Rey de Escocia, en cuya corte aparentemente actuó por algunos años como un tipo de paje, o acompañante para el joven Príncipe Enrique.

El Rey David amaba al pío joven inglés, le promovió a su hogar, y deseaba hacerle obispo, pero Elredo decidió convertirse en monje cisterciense, en la recientemente fundada abadía de Rievaulx en Yorkshire.

Pronto fue nombrado maestro de novicios, y por mucho tiempo fue recordado por su extraordinaria paciencia y ternura hacia aquellos a su cargo.

En 1143 mientras Guillermo, Earl de Lincoln, fundó una nueva abadía cisterciense en sus tierras en Revesby en Lincolnshire, San Elredo fue enviado con doce monjes a tomar posesión de la nueva fundación.

Su estadía en Revesby, donde parece haber conocido a San Gilberto de Sempringham, no fue larga, pues en 1146 fue elegido abad de Rievaulx.

En este puesto el santo no sólo fue superior de una comunidad de 300 monjes, sino que estuvo a la cabeza de todos los abades cistercienses en Inglaterra.

Las causas le eran referidas, y con frecuencia tenía que hacer largos viajes para visitar los monasterios de su orden.

Un viaje tal le llevó en 1153 a Escocia, donde se encontró con el Rey David por última vez y a su regreso a Rievaulx poco después le llegó la noticia de la muerte de David, por lo que trazó un bosquejo sobre el personaje del fallecido rey, a manera de pésame.

Parece haber ejercido influencia considerable sobre Enrique II en los primeros años de su reinado, y haberle persuadido de unirse a Luis VII de Francia para encontrarse con el Papa Alejandro III, en Touci en 1162.

Aunque sufría de una complicación de males muy dolorosos, viajó a Francia para asistir a la reunión general de su Orden.

Estuvo presente en la Abadía de Westminster, en la traslación de San Eduardo el Confesor, en 1163, y en vista de este evento, escribió la biografía del santo rey y dio una homilía dedicada a él.

Al año siguiente Elredo efectuó una misión a las tribus bárbaras Pictish de Galloway, donde se dice que su jefe se conmovió tan profundamente por sus exhortaciones que se convirtió en monje. A través de sus últimos años Elredo dio extraordinario ejemplo de paciencia heroica al sufrir una serie de enfermedades.

Lo que es más, era tan abstemio que se le describía “más como un fantasma que como un hombre.” Se supone en general que su muerte ocurrió el 12 de enero de 1166, aunque hay razones para pensar que el año realmente fue 1167.

San Elredo dejó una considerable colección de sermones, cuya elocuencia le ha ganado el título de “el San Bernardo Inglés”. Fue autor de varios tratados ascéticos, de los cuales sobresale “Speculum Charitatis,” también un compendio del mismo (realmente un borrador a partir del cual se desarrolló el trabajo completo), un tratado “De Spirituali Amicitiâ” y una cierta carta a una ermitaña.

Todo esto, junto con un fragmento de su obra histórica, fue coleccionado y publicado por Richard Gibbons, S.J., en Douai, en 1631. Una edición más completa y mejor está contenida en el quinto volumen de la “Biblioteca Cisterciensis” de Tissier, 1662, de la cual ha sido impresa en P.L., vol. CXCV. Las obras históricas incluyen una “Vida de San Eduardo,” un recuento importante de la “Batalla del Estándar”, (1138), obra incompleta sobre la genealogía de los reyes de Inglaterra, un tratado “De Sanctimoniali de Watton” (sobre la Monja de Watton), una “Vida de Santa Ninian”, una obra sobre los “Milagros de la Iglesia de Hexham”, un recuento de las fundaciones de la Abadía de Santa María de York y Fuentes, así como otras que están perdidas. Nunca se ha publicado una edición completa de la opuscula histórica de Aelred. Unas pocas fueron impresas por Twysden en su “Decem Scriptores”, otros deben ser buscados en la Serie Rolls o en “Prior de Hexham” de Raine (Surtees Society, Durham, 1864).

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Autor: . | Fuente: ar.geocities.com/misa_tridentina01
Antonio María Pucci, Santo
Presbítero Servita, Enero 12
Antonio María Pucci, Santo
Antonio María Pucci, Santo

Presbítero Servita

Martirologio Romano: En Viareggio, ciudad de Italia, san Antonio María Pucci, presbítero de la Orden de los Siervos de María, el cual, párroco durante casi cincuenta años, se dedicó sobre todo a atender a los niños pobres y enfermos (1892).

San Antonio María Pucci, aunque miembro de la Congregación de los Siervos de María (Servita), pasó casi toda su vida y se santificó como sacerdote de una parroquia. Nació en Poggiole, cerca de Pistoia, en 1810. Fue uno de los siete hermanos de la humilde familia de Agustín y María Pucci.

No obstante la heroicidad de sus virtudes, los trazos elementales de su biografía traen al recuerdo tantas vidas paralelas de seminaristas y sacerdotes, compañeros de estudios unos, conocidos otros tal vez en la propia parroquia. Ya durante su vida el padre Pucci se hizo tan familiar e intimo a sus feligreses, que cariñosamente le llamaban, “el Curatino”. Una de estas figuras de párroco, que ha visto nacer y morir casi toda una generación y ahonda en el corazón del pueblo, como una institución patriarcal.

Su nombre bautismal era Eustaquio. Monaguillo servicial y piados, ganó la confianza de don Luigí, su párroco. En cambio de los servicios prestados recibía clase de latín y cultura general. No conoció el Liceo del Renacimiento italiano. Y no lo echaría de menos después; su vida sacerdotal transcurrió ajena a la lucha de políticas y de culturas; y eso que su tiempo fue el de la unidad italiana y en parte pertenecía al de la “Kulturkampf”. En último término, su padre no pretendía hacer de Eustaquio más que un buen labrador; y se opuso cuando el párroco de Poggiole fue a hablarle de que Eustaquio, joven ya de dieciocho años, aspiraba a “hacerse cura”. Considerando su piedad mariana, don Luigi le había propuesto ingresar en la Orden de los Siervos de la Madre de Dios, de Florencia, con quienes cultivaba una sincera amistad y estima.

Al fin, el hombre del arado y de la esteva cedió al hombre de iglesia, y consintió; el padre de Eustaquio no era de los peores parroquianos de don Luigi. Y el “curato” se hace respetar mucho también en Italia, hoy todavía, entre las buenas familias de las parroquias rurales.

Conseguido el permiso paterno, Eustaquio ingresaba el 10 de julio de 1837 en el convento de la Anunciación. La primera etapa de su vida aldeana se cierra con un certificado protocolario de buena conducta, presentado por el párroco al superior de Florencia. ¡Habría hecho tantos otros para sus feligreses! Y, sin embargo, aquel del hijo de la familia Pucci sería un eslabón más del proceso de canonización de un santo.

Su inclinación al sacerdocio, observada por don Luigi y alguno de sus familiares que le habían visto jugar “a decir misa”, se convirtió en realidad. Eustaquio, ahora fray Antonio María, fue ordenado sacerdote el 24 de septiembre de 1843.

Fue destinado a ejercer su ministerio en Viareggío, pequeña ciudad junto al Tirreno, hoy famosa playa internacional. Tres años de coadjutor y después… siempre párroco de San Andrés. Sus feligreses eran casi todos pescadores, que se fueron encariñando poco a poco con el párroco de pequeña estatura y ojos serenos. Los más íntimos se sentirían orgullosos de tener un párroco apreciado en la curia de Lucca, de la que había sido nombrado, tan joven como era todavía, examinador prosinodal. Los primeros años de actividad pastoral no le habían impedido preparar el examen de “maestro en Sagrada Teología”, título que concedía el capitulo de la Orden. En otro ambiente, el padre Pucci hubiera sido tal vez un hombre de estudios; pero si la Orden ha perdido un científico, ha ganado, en cambio, un santo.

Los que le conocieron, confiesan que no era simpático; su voz nasal y de tono monótono, la cabeza siempre inclinada, sus ligeros gestos nerviosos, no hacían de su persona una figura estética. Se diría que era un hombre con complejo de inferioridad. Algunos contemporáneos, al saber que se introducía su proceso de canonización, desconfiaban del éxito, porque consideraban que era una personalidad ordinaria. No es un caso aislado. También el alcalde de Viareggio, de aquella época liberal, respondía al superior de San Andrés, que solicitaba la dedicación de una calle en recuerdo del padre Pucci, minimizando su actuación y justificando su negativa. “Al fin y al cabo, es un cura que no ha hecho más que cumplir con su deber.”

Es bella esta heroicidad humilde de un párroco que cumple durante cuarenta y cinco años con su deber. Heroicidad perseverante y desapercibida en su actividad apostólica y en su vida de religioso. Como el cardenal Laurenti, prefecto de la Congregación de Ritos, decía, de broma y de veras, al padre Ferrini, postulador general de la Orden: “Si el padre Pucci ha sido siempre buen párroco y buen religioso a la vez, es sin duda un santo de verdad.”

Objetivo central de sus preocupaciones pastorales fue la organización parroquial: la enseñanza del catecismo y la beneficencia, grupos de seglares y fundación de religiosas, acción social y apostolado del mar.

Para desarrollar más eficazmente sus tareas de catequista, organizó la Congregación de la Doctrina Cristiana. Con sorprendente espíritu de dinamismo apostólico utilizaba todos los resortes para atraer los niños a la parroquia; ayudado de sus fieles militantes de la congregación, daba especial relieve, religioso y espectacular a la vez, a las fiestas de las primeras comuniones, del reparto de premios, de la “Befana” (o “´hada – buena”), manifestación italiana de la tradición española de los Reyes Magos, llevando él mismo los juguetes a casa de los niños.

Con una concepción orgánica de las obras parroquiales, instituyó para la formación integral de los jóvenes y en función también de la enseñanza del catecismo, la “Compañía de San Luis”. Sin conocerse, el padre Pucci realizaba con los jóvenes una labor paralela a la que contemporáneamente San Juan Bosco lleva a cabo en Turín. Humano y perspicaz psicólogo, no olvidaba prescribir a sus muchachos en el reglamento de la asociación que “buscaran un buen amigo y huyeran de los tristes”. Posteriormente, esta asociación fue la base en Viareggio de uno de los primeros centros interparroquiales de la Acción Católica, promovida poco después de la muerte del padre Pucci con las directrices pontificias.

Incrementó la devoción eucarística con la Cofradía del Santísimo Sacramento y organizó los grupos apostólicos femeninos, cuya dirección encomendó a una joven piadosa, Giuliana Luccí; más tarde, con otro grupo de jóvenes de la parroquia, ingresó en las Siervas de María de Viareggio, cuyo fundación se atribuye fundidamente al Beato Pucci.pa, en frase de Chateaubriand, “León de la libertad italiana”.

Contra tal previsión ilusionada, la unidad de Italia, sin intervención pontificia, fue proclamada por Cavour en Turín, en 1861. En 1870 las tropas italianas eran saludadas en Roma, como libertadoras y Pío IX se refugiaba en el Vaticano. Cairoli, Crispí, Zanardellí, De Pretiis son nombres de notables republicanos, antipontificios, conmemorados ahora como gloria nacional en las calles de la que en otros tiempos fue la Roma papal. Cavour resumía su ideología política en pocas palabras: “La Iglesia libre en Estado libre”. El espíritu laico tomó auge en Italia después de la constitución del Reino; en 1873 era abolida la Facultad de Teología de las Universidades y suprimida la enseñanza religiosa en las escuelas.

El ambiente cargado de incertidumbre religiosa se hacia sentir también en Viareggio. Para el párroco de San Andrés la 8ituación ofrecía un aspecto eminentemente pastoral. Frente al problema de la descristianización pública que se planteaba en Viareggio, cuyas autoridades civiles eran todas republicanas y hacían profesión de incredulidad, el “Curatino” pensó en una asociación de hombres católicos; así organizó “La Pía Unión de los hijos de San José para mantener incólume la fe católica en la familia y en la sociedad cristiana”.

Podría pensarse con motivo, que el párroco de Viareggio habría sido criticado de “hacer política”; sobre todo, cuando los biógrafos aseguran que “defendía con todas las armas de la ciencia y de la historia los sacrosantos derechos de la Iglesia, incluido el poder temporal de los Papas”. Pero el “Curatino” no fue tildado de clericalismo político, campaña preferida de los grupos de oposición desde que en Italia comenzó a desarrollarse la democracia cristiana. Ni siquiera los republicanos de Viareggio quisieron mezclar el recuerdo del padre Pucci con la política; porque el “Curatino” ¡había sido tan bueno! Había socorrido heroicamente a los enfermos en los días de la epidemia. 1854-55; había dado tantas veces su manteo y su colchón a los pobres ateridos de frío, no excluidos los anticlericales; había instituido para la beneficencia la Cofradía de la Misericordia y la Conferencia de San Vicente; su vida había sido una cadena de heroica caridad.

La venerable figura del párroco. recorriendo las calles a socorrer a los pobres o a asistir a los enfermos, se había grabado hondamente en los miembros del Consejo Comunal y en atención a su obra asistencial, declaraban en sesión plenaria, después de su muerte: “Que el padre Pucci, no ocupándose nunca de política, dejó esta misión a quien pertenecía, siendo así ejemplo de cómo se debería comportar el clero en la convivencia social”.

El “Curatino” había conquistado de veras el amor de su pueblo. Los hechos de celo y de caridad se sucedían día a día. De sus obras asistenciales merece destacarse la Colonia Marina, que organizó para hijos de obreros, la primera en Italia, superando así con su acción su ideología social, enmarcada en el “paternalismo” propio de la época y paralela al título que el pueblo le dio de “Padre de los pobres”.

Su temple de santo se acendraba en la vida religiosa. Elegido superior de la casa de Viareggio en 1859, fue reelegido, contra toda costumbre, continuamente, llegando a ser en 1883 Superior Provincial en toda la Toscana. Pero su personalidad de párroco modelo absorbe la de religioso observante.

San Antonio Pucci murió el 14 de enero de 1892, a los setenta y tres años de edad. Su muerte causó gran consternación den Viareggio. Su tumba fue honrada por Dios con algunas curaciones. Fue beatificado sesenta años después de su muerte por Pío XII, en 1952 y canonizado el 9 de Diciembre de 1962 por Juan XXIII.

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Autor: . | Fuente: Vatican.va
Bernardo de Corleone (Filippo Latini), Santo
Laico Capuchino, Enero 12
Bernardo de Corleone (Filippo Latini), Santo
Bernardo de Corleone (Filippo Latini), Santo

Laico Capuchino

Martirologio Romano: En Palermo, ciudad de Sicilia (hoy Italia), san Bernardo de Corileone, de la Orden de los Hermanos Menores Capuchinos, admirable por su caridad y eximio por su penitencia (1667).

Filippo Latini, que así se llamaba de seglar nuestro santo, nació en Corleone (Sicilia, Italia), el 6 de febrero de 1605. De joven ejerció el oficio de zapatero. Su casa era conocida como «la casa de los santos», porque tanto su padre como sus hermanos eran muy caritativos y virtuosos. Por ello, recibió una buena formación religiosa y moral. Era muy devoto de Cristo crucificado y de la santísima Virgen. Sin embargo, tenía un carácter muy fuerte. En cierta ocasión, tuvo un enfrentamiento con otro joven; después de las palabras pasaron a las manos: ambos desenfundaron la espada y, tras un breve duelo, el otro quedó gravemente herido. Al huir de la justicia humana, buscó refugio en una iglesia, invocando el derecho de asilo, pero, aunque se libró de la justicia humana, no pudo escapar de su conciencia.

En la soledad y en la meditación reflexionó largamente sobre el delito cometido y sobre toda su vida, desperdiciada, inútil y disipada, odiosa a los demás y dañina para su alma, lo más precioso que el hombre posee. Se arrepintió, invocó el perdón de Dios y de los hombres e hizo áspera penitencia. Para reparar sus pecados, con vestidos de penitente decidió tomar el sayal de los Hermanos Menores Capuchinos. Abandonó Corleone, que le recordaba su pasado, y llamó a la puerta del convento de Caltanissetta, en Sicilia, donde fue admitido y tomó el nombre de Bernardo.

Como laico profeso de la orden de los Frailes Menores Capuchinos, fue en verdad un hombre nuevo, decidido a alcanzar una perfección cada vez más alta, con humildad, obediencia y austeridad. En el convento ejerció casi siempre el oficio de cocinero o ayudante de cocina. Además, atendía a los enfermos y realizaba una gran cantidad de trabajos complementarios, con el deseo de ser útil a todos, a los hermanos sobrecargados de trabajo y a los sacerdotes, a los que lavaba la ropa y prestaba otros servicios. Dormía en el suelo, no más de tres horas diarias, y multiplicaba sus ayunos.

Aunque inculto e iletrado, alcanzó las alturas de la contemplación, conoció los más profundos misterios, curó enfermos, distribuyó consuelos y consejos, intercedió con su oración para alcanzar de Dios abundantes gracias para los demás. Esto lo realizó durante treinta y cinco años, hasta su muerte. Su oración asidua, su caridad ferviente, su filial devoción a la Virgen Inmaculada y su acendrada devoción a la Eucaristía -a pesar de las costumbres de aquellos tiempos, recibía la comunión diariamente-, fueron el secreto de su santidad. Se preocupó por conformarse a Cristo crucificado. Tomó en serio el Evangelio y trató siempre de vivirlo con todas sus consecuencias.

Murió el 12 de enero de 1667 en Palermo. Tenía 62 años. El papa Clemente XIII lo beatificó el 15 de mayo de 1768, y Juan Pablo II lo canonizó el 10 de junio del 2001.

Reproducido con autorización de Vatican.va

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Autor: Xavier Villalta
Pedro Francisco Jamet, Beato
Presbítero, Enero 12
Pedro Francisco Jamet, Beato
Pedro Francisco Jamet, Beato

Segundo Fundador del Instituto de
Hijas del Buen Pastor

Martirologio Romano: En la ciudad de Caen, en Francia, beato Pedro Francisco Jamet, presbítero, que se distinguió por su ayuda a la religiosas Hijas del Buen Pastor y por su trabajo para la restitución de la paz a la Iglesia, después de un tiempo de inestabilidad (1845).

Se lo consideró y se lo llamó el “Segundo Fundador” del Instituto de las Hijas del Buen Pastor. Pedro Francisco Jamet, nació el 12 de septiembre de 1762 en Fresnes, Francia, sus padres, ricos agricultores, tuvieron ocho hijos, de los que dos fueron sacerdotes y una fue religiosa.

Pedro Francisco Jamet Estudió en el Colegio de Vire y a los 20 años se sintió llamado al sacerdocio, por lo que se matriculó en la renombrada Universidad de Caen, en la que siguió los cinco años de estudio en filosofía y teología.

En 1784 entró en el seminario y 22 de septiembre de 1787 fue ordenado sacerdote, obtuvo el título de licenciado en teología y el título de “Master of Arts”, pero no pudo continuar su especialización por el estallido de la Revolución Francesa.

Existía en Caen una comunidad de las Hijas del Buen Pastor, instituto fundado en 1720 por la Madre de Anna Leroy, en 1790 el P. Jamet fue nombrado capellán y confesor del Instituto, del que llegó a ser superior religioso en 1819.

En 1798 se negó realizar el juramento impuesto por las autoridades de la Revolución Francesa, por lo que fue detenido y recibió amenazas de muerte. Milagrosamente recuperó la libertad y se dedicó con todos los medios a ayudar a las Hijas del Buen Pastor, celebrando la Misa en secreto, apoyanbdo a los hermanos vacilantes y alentando a los fieles perseguidos.

Después de la Revolución, pudo dedicarse abiertamente a la restauración y al crecimiento de la Congregación del Buen Pastor. Inició la asistencia educativa a los sordomudos, para lo cual realizó estudios específicos sobre su educación, introduciendo nuevos métodos de enseñanza específica.

Durante ocho años, desde 1822 a 1830, fue rector de la Universidad de Caen, logrando entre los docentes y los estudiantes una nueva atmósfera de fe cristiana, posterior a la gran tormenta de la Revolución y la propagación de ideas “ilustradas y racionalistas”.

Todo lo hacía para la gloria de Dios, porque interiormente era todo de Dios. A los 83 años, a consecuencia del agotamiento y la edad, Pedro Francisco Jamet murió el 12 de enero de 1845.

Los acontecimientos políticos hicieron, que pese al reconocimiento público de su fama de santidad, el necesario proceso canónico se iniciara recién en 1930, completado con la aprobación del milagro atribuido a su intercesión, el 11 de diciembre de 1985.

El Papa Juan Pablo II lo beatificó el 10 de mayo de 1987.

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Autor: Xavier Villalta
Nicolás Bunkerd, Beato
Sacerdote y Mártir, Enero 12
Nicolás Bunkerd, Beato
Nicolás Bunkerd, Beato

Sacerdote Tailandés, Mártir

Martirologio Romnano: En el lugar llamado Tomhom, cerca de Bangkok, en Tailandia, beato Nicolás Bunkerd Kitbamrung, presbítero y mártir, predicador eximio del Evangelio, que fue encarcelado en tiempo de persecución contra la Iglesia y a causa de la tisis, que contrajo ayudando a los enfermos, falleció de modo ejemplar (1944).

Nació el 28 de febrero de 1895 en Sam Phran, Nakhon Pathom, Tailandia.

Fue uno de seis hijos. Sus padres se convitieron al cristianismo y educaron a sus hijos en la fe.

Ingresó en el Seminario Menor de Hang Xan a la edad de 13 años, y en 1920 al Seminario Mayor en Penang, Malasia. Ordenado sacerdote en la Arquidiócesis de Bangkok, Tailandia en 1926.

Fue pastor en Bang Nok Khneuk y Phitsanulok. Misionero en el norte de Vietnam de 1930 a 1937, trabajando para recuperar a los católicos que habían decaído en su práctica debido a la pobreza.

Durante la guerra entre Francia e Indochina, Nicholas fue acusado de espiar para los franceses. En 1941 fue detenido y condenado a 10 años de prisión. Allí contrajo la tuberculosis que, sumado a las penurias de la cárcel, finalmente le causó la muerte (el 12 de enero de 1944). Pero antes de eso, durante los dos años que vivió en prisión, convirtió a sus compañeros, bautizando al menos a 68 de ellos.

Es el primer sacerdote mártir de Tailandia.

Fue beatificado por S.S. Juan Pablo II el 5 de marzo de 2000.

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Autor: . | Fuente: Martirologio Romano
Otros Santos y Beatos
Completando el santoral de este día, Enero 12
Otros Santos y Beatos
Otros Santos y Beatos

Santos Tigrio, presbítero, y Eutropio,, mártires

En Constantinopla (Estambul, hoy en Turquía), santos mártires Tigrio, presbítero, y Eutropio, lector, a los cuales, en tiempo del emperador Arcadio, se les acusó falsamente de haber incendiado la iglesia principal y el palacio senatorial como reacción al destierro del obispo san Juan Crisóstomo, y fueron sometidos al martirio bajo Optato, prefecto de la ciudad, partidario del culto a los falsos dioses y contrario a la religión cristiana (406).

Santa Cesárea, abadesa

En Arlés, ciudad de la Provenza, en la Galia (hoy Francia), santa Cesárea, abadesa, hermana del obispo san Cesáreo, quien, para ella y para sus hermanas, escribió una Regla destinada a santas vírgenes (c. 529).

San Ferreol, obispo y mártir

En Grenoble, en Burgundia (hoy Francia), san Ferreol, obispo y mártir, que fue herido de muerte por un sicario mientras exhortaba a la multitud (c. 659).

San Martín de la Santa Cruz, religioso presbítero

En la ciudad de León, en España, san Martín de la Santa Cruz, presbítero y canónigo regular, que fue varón experto en Sagrada Escritura (1203).

Beato Antonio Fournier, mártir

En Preuilly, del Anjou, en Francia, beato Antonio Fournier, mártir, el cual, artesano de oficio, fue fusilado durante la Revolución Francesa por su fidelidad a la Iglesia (1794).

San Victoriano, abad

En el monasterio de Asán, en la región de Barbastro, del Reino de Aragón, san Victoriano, que, habiendo nacido en Italia, abrazó la vida monástica, y estando dedicado a la oración en la soledad de las montañas pirenaicas, aceptó la responsabilidad de dirigir el monasterio que después llevó su nombre (c. 561).S

 

 

 

 

Santoral del 04 de Enero


Autor: . | Fuente: Archidiócesis de Madrid
Dafrosa de Roma, Santa
Viuda y Mártir, 4 de enero
Dafrosa de Roma, Santa

Viuda y Mártir

Mujer fuerte, cristiana de cuerpo entero. Esposa y madre de familia que tiene bien grabado en su alma el principio y fin de su estado y su función: ganar el cielo para ella y para los suyos. Sí, es como si la vida consistiera en un desbaratarse en el ámbito del Amor.

Primero a su marido y a sus hijos, luego al prójimo restante y al mundo, todo en el amplio ámbito de Dios que da sentido a los amores, sanos y nobles, pero con minúscula.

Y como el amor lleva a darse en búsqueda del bien de quien se ama, ahí la vemos dejando su casa en Sevilla y emigrando a la cabeza del Imperio con toda su familia a la búsqueda de un bienestar mejor. Porque era española y sevillana, de los de siempre, aún antes de que se llamaran andaluces o existiera la Giralda y antes de que fueran sus señales el toro, el albero, los palillos, el faralai y el ´`ozú ¡que caló!.

Su marido Flaviano, muere mártir en Roma. Por estar casada con un cristiano irreductible ella es condenada al destierro. A su vuelta el prefecto Aproniano la encarcela porque sigue aferrada a su principio de no sacrificar y casi enferma de hambre. El prefecto prepara las cosas para recasarla con un tal Fausto con la esperanza de que la obligue a cambiar; pero resulta el cazador casado, porque Dafrosa lo instruye en la fe cristiana, lo bautiza el presbítero Juan y acaba muriendo mártir. Como su cuerpo fue expuesto a los perros, por la noche lo recoge Dafrosa y le da sepultura cristiana. Esto la llevó definitivamente al martirio, el 4 de Enero del 362, cuando era ya único emperador Juliano.

Encantador relato que realza la entereza y la actuación, desde la feminidad, de esta mujer cristiana cabal ¿verdad? Se conocen los hechos -posiblemente agrandados en los siglos y en la distancia- por el historiador hagiógrafo hispalense Antonio Quintana quien a su vez los retoma de Pedro Julián. Cuando se narra la vida y muerte de Dafrosa se habla de toda una familia mártir – también se afirma que sus hijas Demetria y Bibiana murieron mártires en Roma, en el 362- cuya fuente impulsora es la madre, firme, fuerte y muy capaz.

Es curioso ver en la historia el papel de los aduladores del que manda. No fue precisamente el tiempo de Juliano uno de los que se caractericen por violenta persecución. El Apóstata sólo estuvo preocupado por la restauración en el Imperio del paganismo como religión oficial, al tiempo que mejoraba la administración e impulsaba la economía. Juliano no quiso mártires, sólo paganos. Pero, bien fuera por adulación, bien por odio a la fe, dicen que el prefecto Aproniano llevó esta familia a la muerte porque eran seguidores cabales del judío Cristo, el Señor.

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Autor: Isaac Vásquez Janeiro, OFM | Fuente: Corazones.org
Ángela de Foligno, Beata
Terciaria Franciscana, 4 de enero
Ángela de Foligno, Beata
Ángela de Foligno, Beata

Terciaria Franciscana

Martirologio Romano: En la ciudad de Foligno, en la Umbría (hoy Italia), beata Ángela, la cual, después de la muerte de su esposo y de sus hijos, siguió las huellas de san Francisco, entregándose totalmente a Dios, y escribió un libro, en donde cuenta las experiencias de su vida mística (1309).

Fecha de beatificación: El papa Clemente XI aprobó el culto el 30 de abril de 1707.Le toca vivir una época en que Federico II estaba en guerra con el papado, el cual tenía poder temporal. Su ciudad, Foligno, favorecía al emperador y era anticlerical.

Muy probablemente este espíritu se respiraba en el hogar de Angela quien dirá después que en su madre encontraba gran obstáculo para la conversión. Era también tiempo de cruzadas. Pero ya comienza a vislumbrarse el Renacimiento con sus buenas y malas características. El hombre siente ser centro de todo y se aleja de Dios.

Ella conoció esta tirantez muy de cerca. Fue pecadora en un principio pero terminó su vida santa. Nace muy acomodada y se apega a las riquezas no solo de niña sino también ya como mujer casada y con varios hijos. Mas tarde lo confesará muy arrepentida.

Sin embargo, hacia el año 1285, Foligno está bajo el Papa. Ángela esta en sus treinta y por fin, los pecados de su juventud comienzan a producirle dolor en el corazón.

Es entonces que pierde a su madre, a su marido y a sus hijos. Busca entonces a Dios, pero al principio sin apartarse del todo del pecado. Hace comuniones sacrílegas ya que no está dispuesta aun a confesar sinceramente sus pecados. Pero entra en lucha interior.

Vive cerca de Asís y el ejemplo de Francisco le reta. Un día en que se encontraba atormentada por remordimientos de conciencia, pidió a san Francisco que le sacara de aquellas torturas. Poco después entró en la iglesia de San Feliciano mientras predicaba un franciscano. Se sintió tan conmovida que, al bajar el predicador, se postró ante su confesionario, y, con gran compunción, hizo confesión general de toda su vida, quedando muy consolada. Era el año 1285.

Del fraile, llamado Arnaldo, poco se conoce pero sabemos que pasó a ser su confesor, su director y su confidente espiritual. Gracias a sus cartas conocemos a la beata Ángela. Se trata del “Memorial de fray Arnaldo”, tesoro de teología espiritual que nos lleva hasta el año 1296, en que se consuman sus admirables ascensiones hasta la contemplación del misterio de la Santísima Trinidad. Tiene muchas visiones místicas las cuales ella confiesa que no se pueden explicar adecuadamente con nuestros conceptos humanos.

Ella enseña que todos los cristianos deben intentar subir la cuesta de la montaña espiritual; todos están llamados a ejercitarse en la vida ascética, mediante la posesión de las virtudes cristianas y la práctica de la perfección.

Hay entrar en la ascética y la mística siendo las dos mitades, inicial y terminal respectivamente, de una misma vida espiritual. «Y que nadie se excuse con que no tiene ni puede hallar la divina gracia, pues Dios, que es liberalísimo, con mano igualmente pródiga la da a todos cuantos la buscan y desean».

Escribió sobre el laborioso proceso de su conversión, desde que comenzó a sentir la gravedad de sus pecados y el miedo de condenarse hasta el momento en que al oír hablar de Dios se sentía presa de tal estremecimiento de amor, que aun cuando alguien suspendiera sobre su cabeza una espada, no podía evitar los movimientos.

Además de la Autobiografía tomada por fray Arnaldo, se le atribuyen a la beata unas exhortaciones, algunas epístolas y un testamento espiritual.

Espiritualidad de la Cruz
La espiritualidad de Angela ofrece modalidades nuevas, dentro de lo franciscano; pues mientras el cristocentrismo de la escuela franciscana, en general, se orienta hacia la Encarnación, para la beata Ángela todo gira en torno a la cruz. La pasión y muerte de Cristo es la demostración más grande de amor que el Hijo de Dios ha podido dar a los hombres. Cristo desde la cruz es el Libro de la Vida, como lo llama ella, en el cual debe leer todo aquel que quiera encontrar a Dios.

Sobre la cruz escribe «En esta contemplación de la cruz ardía en tal fuego de amor y de compasión que, estando junto a la cruz, tomé el propósito de despojarme de todas las cosas, y me consagré enteramente a Cristo.»

La estricta pobreza de espíritu era la señal en que ella descubre los verdaderos discípulos de Cristo. Muchos se profesan de palabra seguidores de Cristo; pero en realidad y de hecho abominan de Cristo y de su pobreza.

El Corazón de Jesús
Junto a la cruz, la beata Ángela aprendió a ser la gran confidente del Sagrado Corazón de Jesús, siglos antes que santa Margarita María recibiera los divinos mensajes. «Un día en que yo contemplaba un crucifijo, fui de repente penetrada de un amor tan ardiente hacia el Sagrado Corazón de Jesús, que lo sentía en todos mis miembros. Produjo en mí ese sentimiento delicioso el ver que el Salvador abrazaba mi alma con sus dos brazos desclavados de la cruz. Parecióme también en la dulzura indecible de aquel abrazo divino que mi alma entraba en el Corazón de Jesús.» Otras veces se le aparecía el Sagrado Corazón para invitarla a que acercase los labios a su costado y bebiese de la sangre que de él manaba. Abrasada en este amor, experimentaba deseos de padecer martirio por Cristo.

La Eucaristía
Ella comprendió que el amor que Cristo crucificado se perpetúa en la Santa Misa. Era pues devotísima a la Eucaristía. Tuvo muchas visiones en el momento de la consagración, o durante la adoración de la sagrada Hostia.

Siete consideraciones dedica a la ponderación de los beneficios que en este sacramento se encierran. El cristiano debe acercarse con frecuencia a este sacramento, seguro de que, si medita en el grande amor que en él se contiene, sentirá inmediatamente transformada su alma en ese mismo divino amor. Exhorta a que nos hagamos, como preparación, las siguientes consideraciones: ¿A quién se acerca? ¿Quién es el que se acerca? ¿En qué condiciones y por qué motivos se acerca?

Muere en las últimas horas del 4 de enero de 1309, rodeada de sus hijos espirituales. Su cuerpo fue sepultado en la iglesia del convento franciscano de Foligno y pronto desde allí se manifestaron muchos milagros. El papa Clemente XI aprobó el culto el 30 de abril de 1707.

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Autor: . | Fuente: ACI Prensa
Isabel Ana Bayley Seton, Santa
Fundadora, 4 de enero
Isabel Ana Bayley Seton, Santa
Isabel Ana Bayley Seton, Santa

Fundadora de la Congregación
de la Hermanas de la Caridad de San José

Martirologio Romano: En la ciudad de Emmitsburg, del estado de Maryland, en los Estados Unidos de Norteamérica, santa Isabel Ana Seton (Elisabeth Ann Bayley Seton), que al quedar viuda abrazó la fe católica y trabajó denodadamente para fundar la Congregación de la Hermanas de la Caridad de San José, con el fin de educar a niñas y atender a niños pobres (1821).

Fecha de canonización: 14 de septiembre de 1975 por el Papa Pablo VINace Isabel Ana en Nueva York el 28 de agosto de 1774. Crece en el seno de la iglesia episcopaliana.

Contrae matrimonio con William Seton a la edad de veinte años y llega a tener cinco hijos. El 27 de diciembre de 1803 enviuda.

Años más tarde, el 14 de marzo de 1805 abraza el catolicismo, lo cual supone para ella múltiples pruebas, tanto interiores como exteriores, venidas de los parientes y amigos. Todas las supera con fe, amor y valentía.

Se aplica asiduamente a la vida espiritual. Educa con solicitud a sus hijos y, deseosa de entregarse a la actividad caritativa y educadora.

En 1809 en la diócesis de Baltimore funda el Instituto de Hermanas de la Caridad de San José, renovando la gesta de San Vicente de Paúl y Santa Luisa de Marillac. Dicho Instituto tiene por finalidad la formación de muchachas. Es la primera Congregación religiosa femenina en norteamérica.

Después de su muerte las Hermanas se unen a la Compañía de las Hijas de la Caridad de París, tal como fue su deseo desde los comienzos.

También funda la primera escuela parroquial católica en Estados Unidos.

Muere piadosamente en Emmitsburg, Maryland, el 4 de enero de 1821. Su beatificación tiene lugar el 17 de marzo de 1963, bajo el pontificado de Juan XXIII. El 14 de septiembre de 1975 es canonizada por el papa Pablo VI.

Dos grandes temas marcaron su vida espiritual: la fidelidad a la Iglesia y la eternidad de la gloria.

Es la primera santa de Estados Unidos de América. Su fiesta se celebra en el calendario de la iglesia el 4 de enero.

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Autor: . | Fuente: Martirologio Romano
Otros Santos y Beatos
Completando el santoral de este día, 4 de enero
Otros Santos y Beatos
Otros Santos y Beatos

Santos Hermes y Cayo, mártires
En Mesia (hoy en Rumania), santos Hermes y Cayo, mártires, originarios de Reciaria y de Bononia, respectivamente (s. IV).

San Gregorio de Langres, obispo
En Dijon, de Borgoña (hoy Francia), san Gregorio, que, después de haber regido la región de Autun, fue ordenado obispo de Langres (539).

San Ferreol, obispo
En la ciudad de Uses, en la Galia Narbonense (hoy Francia), san Ferreol, obispo, que escribió una Regla para monjes, fue exiliado por envidia y al regresar junto a su grey al cabo de tres años, le recibieron con alegría, como un verdadero hombre de Dios (581).

San Rigomerio, obispo
En Meaux, ciudad de Neustria (hoy Francia), san Rigomerio, obispo (s. VI).

Beato Tomás Plumtree, presbítero y mártir
En Durham, ciudad de Inglaterra, beato Tomás (Thomas) Plumtree, presbítero y mártir, que en tiempo de la reina Isabel I fue condenado a muerte por su fidelidad a la Iglesia católica y, llevado ante el patíbulo, prefirió ser colgado antes que vivir en la apostasía (1570).

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Autor: Fernando Rojo, o.s.a. | Fuente: Osanet.org
Cristina de Santa Croce (Oringa Menabuoi), Beata
Agustina, 4 de enero
Cristina de Santa Croce (Oringa Menabuoi), Beata
Cristina de Santa Croce (Oringa Menabuoi), Beata

Agustina

Martirologio Romano: En Santa Cruz de Valdarno, en Etruria, beata Cristiana (Oringa, Origo) Menabuoi, virgen, que fundó un monasterio bajo la Regla de san Agustín (1310).

Fecha de beatificación: Su culto fue confirmado por Pío VI el 15 de junio de 1776.Oringa Menabuoi, de humilde familia, nació en Santa Croce sull’Arno (Pistoya, Italia) entre 1237 y 1240. Amante de la pureza ya desde la infancia, trató de conservar mente y corazón siempre limpios, y darse a la práctica de pequeñas obras de misericordia. La oración mantenía a la pastorcita distante del mundo, sobre todo cuando sola en el campo, mientras cuidaba el ganado, sentía en torno a sí “el hálito de Dios”. Huérfana de madre aún niña, fue incomprendida y maltratada por sus hermanos, quienes, llegada la edad del matrimonio, querían obligarla a casarse. Para terminar con esta situación no vio otro remedio que el de abandonar la casa paterna y trasladarse a la vecina ciudad de Lucca, donde durante siete años se procuró lo necesario para vivir trabajando como empleada doméstica. Allí, recogida frecuentemente en oración en la oscura soledad del desván en que habitaba, cada día más enamorada de Cristo, transcurrieron los mejores momentos de su juventud.

En torno a 1265, de regreso de una peregrinación al santuario de San Miguel Arcángel en el monte Gargano, se quedó en Roma al servicio de una noble y piadosa viuda de nombre Margarita, quien muy pronto quedó prendada de sus virtudes y valía espiritual. Fue precisamente en este período cuando, por los ejemplos de caridad dados en todo momento, comenzó a ser conocida con el sobrenombre de Cristiana.

Encontrándose en Asís, adonde había llegado con Margarita para venerar la tumba del “Poverello”, “el Señor le mostró en visión una casa edificada en un lugar y una determinada forma que después ella eligió para construir el monasterio de Santa Croce”. Vuelta a su tierra de origen, dispuesta a poner en práctica el ideal de vida religiosa que había madurado en su corazón, superando obstáculos de todo tipo, en 1279 obtuvo del ayuntamiento una casa “que se le concedía para que viviera ella y quienes se le añadiesen para el servicio del Señor”. Dio así inicio al monasterio de Santa María y de San Miguel Arcángel, primero como reclusorio de tipo franciscano, y en un segundo momento bajo la regla de San Agustín, y en 1296 obtuvo el definitivo reconocimiento canónico. El año precedente el Capítulo general agustiniano celebrado en Siena ya le había hecho partícipe de todos los bienes espirituales de la Orden “en consideración al afecto que las religiosas mostraban hacia ella”.

Favorecida con dones extraordinarios y carismas, como el discernimiento de espíritus, e insigne por su humildad, pureza de vida y caridad con todos, devota de la Inmaculada Concepción de María, en 1310, después de tres años de indecibles sufrimientos, Cristiana se durmió sonriente en brazos del Señor. Fue sepultada en la pequeña iglesia del monasterio que ella consiguió convertir en prestigioso centro de espiritualidad.

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Autor: . | Fuente: Vatican.va
Manuel González García, Beato
Obispo y Fundador, 4 de enero
Manuel González García, Beato
Manuel González García, Beato

Obispo y Fundador de la Congregación
de las Hermanas Misioneras de Nazaret

Martirologio Romano: En Madrid, capital de España, beato Manuel González García, obispo sucesivamente de Málaga y de Palencia, que fue un pastor eximio según el corazón del Señor. Promovió el culto a la Sagrada Eucaristía y fundó la Congregación de las Hermanas Misioneras de Nazaret (1940).

Fecha de beatificación: 29 de abril de 2001 por el Papa Juan Pablo IIManuel González García, obispo de Málaga y de Palencia, fue una figura significativa y relevante de la Iglesia española durante la primera mitad del siglo XX.

El cuarto de cinco hermanos, nació en Sevilla el 25 de febrero de 1877, en el seno de una familia humilde y profundamente religiosa. Su padre, Martín González Lara, era carpintero, mientras su madre Antonia se ocupaba del hogar. En este ambiente Manuel creció serenamente y con ilusiones, que no siempre pudo ver realizadas. Sin embargo, hubo una que sí alcanzó, y que dejaría huella en su corazón: formar parte de los famosos «seises» de la catedral de Sevilla, grupo de niños de coro que bailaban en las solemnidades del Corpus Christi y de la Inmaculada. Ya entonces su amor a la Eucaristía y a María Santísima se consolidaron.

La vivencia cristiana de su familia y el buen ejemplo de sacerdotes le llevaron a descubrir su vocación. Sin previo aviso a sus padres, se presentó al examen de ingreso al seminario. Ellos acogieron esta sorpresa del hijo con aceptación de los caminos de Dios. Manuel, consciente de la situación económica en su casa, pagó la estancia de sus años de formación trabajando como fámulo.

Finalmente llegó el esperado 21 de septiembre de 1901, fecha en la que recibió la ordenación sacerdotal de manos del beato cardenal Marcelo Spinola. En 1902 fue enviado a dar una misión en Palomares del Río, pueblo donde Dios le marcó con la gracia que determinaría su vida sacerdotal. Él mismo nos describe esta experiencia. Después de escuchar las desalentadoras perspectivas que para la misión le presentó el sacristán, nos dice: «Fuime derecho al Sagrario… y ¡qué Sagrario, Dios mío! ¡Qué esfuerzos tuvieron que hacer allí mi fe y mi valor para no salir corriendo para mi casa! Pero, no huí. Allí de rodillas… mi fe veía a un Jesús tan callado, tan paciente, tan bueno, que me miraba… que me decía mucho y me pedía más, una mirada en la que se reflejaba todo lo triste del Evangelio… La mirada de Jesucristo en esos Sagrarios es una mirada que se clava en el alma y no se olvida nunca. Vino a ser para mí como punto de partida para ver, entender y sentir todo mi ministerio sacerdotal». Esta gracia irá madurando en su corazón.

En 1905 es destinado a Huelva. Se encontró con una situación de notable indiferencia religiosa, pero su amor e ingenio abrieron caminos para reavivar pacientemente la vida cristiana. Siendo párroco de la parroquia de San Pedro y arcipreste de Huelva, se preocupó también de la situación de las familias necesitadas y de los niños, para los que fundó escuelas. Por entonces publicó el primero de sus numerosos libros: Lo que puede un cura hoy, que se convirtió en punto de referencia para los sacerdotes.

El 4 de marzo de 1910, ante un grupo de fieles colaboradoras en su actividad apostólica, derramó el gran anhelo de su corazón. Así nos lo narra: «Permitidme que, yo que invoco muchas veces la solicitud de vuestra caridad en favor de los niños pobres y de todos los pobres abandonados, invoque hoy vuestra atención y vuestra cooperación en favor del más abandonado de todos los pobres: el Santísimo Sacramento. Os pido una limosna de cariño para Jesucristo Sacramentado… os pido por el amor de María Inmaculada y por el amor de ese Corazón tan mal correspondido, que os hagáis las Marías de esos Sagrarios abandonados».

Así, con la sencillez del Evangelio, nació la «Obra para los Sagrarios-Calvarios». Obra para dar una respuesta de amor reparador al amor de Cristo en la Eucaristía, a ejemplo de María Inmaculada, el apóstol san Juan y las Marías que permanecieron fieles junto a Jesús en el Calvario.

La gran familia de la Unión Eucarística Reparadora, que se inició con la rama de laicos denominada Marías de los Sagrarios y Discípulos de san Juan, se extendió rápidamente y don Manuel abrió camino, sucesivamente a la Reparación Infantil Eucarística en el mismo año; los sacerdotes Misioneros Eucarísticos en 1918; la congregación religiosa de Misioneras Eucarísticas de Nazaret en 1921, en colaboración con su hermana María Antonia; la institución de Misioneras Auxiliares Nazarenas en 1932; y la Juventud Eucarística Reparadora en 1939.

La rápida propagación de la Obra en otras diócesis de España y América, a través de la revista «El Granito de Arena», que había fundado años atrás, le impulsó a solicitar la aprobación del Papa. Don Manuel llegó a Roma a finales de 1912, y el 28 de noviembre fue recibido en audiencia por Su Santidad Pío X, a quien fue presentado como «el apóstol de la Eucaristía». San Pío X se interesó por toda su actividad apostólica y bendijo la Obra.

Su entrega generosa y la vivencia auténtica del sacerdocio son, sin duda, el motivo de la confianza que el Papa Benedicto XV deposita en él, nombrándolo obispo auxiliar de Málaga; recibe la ordenación episcopal el 16 de enero de 1916. En 1920 fue nombrado obispo residencial de esa sede, acontecimiento que decidió celebrar dando un banquete a los niños pobres, en vez de a las autoridades; estas, junto con los sacerdotes y seminaristas, sirvieron la comida a los tres mil niños.

Como pastor de la diócesis malagueña, inició su misión tomando contacto con la grey que se le había encomendado para conocer sus necesidades. Al igual que en Huelva, potenció las escuelas y catequesis parroquiales, practicó la predicación callejera conversando con todo el que se encontraba de camino… y descubrió que la necesidad más urgente era la de sacerdotes. Este problema debía afrontarse desde la situación del seminario, la cual era lamentable. Con una confianza sin límites en la mano providente del Corazón de Jesús, emprendió la construcción de un nuevo seminario que reuniese las condiciones necesarias para formar sacerdotes sanos humana, espiritual, pastoral e intelectualmente. Sueña y proyecta «un seminario sustancialmente eucarístico. En el que la Eucaristía fuera: en el orden pedagógico, el más eficaz estímulo; en el científico, el primer maestro y la primera asignatura; en el disciplinar el más vigilante inspector; en el ascético el modelo más vivo; en el económico la gran providencia; y en el arquitectónico la piedra angular».

A sus sacerdotes, al igual que a los miembros de las diversas fundaciones que realizó, les propondrá como camino de santidad «llegar a ser hostia en unión de la Hostia consagrada», que significa «dar y darse a Dios y en favor del prójimo del modo más absoluto e irrevocable».

Manuel González no escatima esfuerzos para mejorar la situación humana y espiritual de su diócesis. Su ingente actividad hace que no pase desapercibido, y con la llegada de la República a España su situación se hace delicada. El 11 de mayo de 1931 el ataque es directo, le incendian el palacio episcopal y ha de trasladarse a Gibraltar para no poner en peligro la vida de quienes lo acogen. Desde 1932 rige su diócesis desde Madrid, y el 5 de agosto de 1935 el Papa Pío XI lo nombra obispo de Palencia, donde entregó los últimos años de su ministerio episcopal.

También hay que destacar, durante todos los años de su actividad pastoral, la fecundidad de su pluma. Con estilo ágil, lleno de gracia andaluza y de unción, transmitió el amor a la Eucaristía, introdujo en la oración, formó catequistas, guió a los sacerdotes. Entre sus libros, destacamos: El abandono de los Sagrarios acompañados, Oremos en el Sagrario como se oraba en el Evangelio, Artes para ser apóstol, La gracia en la educación, Arte y liturgia, etc. Escritos que por su gran difusión se han recopilado en la reciente edición de sus Obras Completas.

Los últimos años su salud empeora notablemente, prueba que vive de modo heroico, sin perder la sonrisa de su rostro siempre amable y acogedor, y la aceptación de los designios del Padre. El 4 de enero de 1940 entregó su alma al Señor y fue enterrado en la catedral de Palencia, donde podemos leer el epitafio que él mismo escribió: «Pido ser enterrado junto a un Sagrario, para que mis huesos, después de muerto, como mi lengua y mi pluma en vida, estén siempre diciendo a los que pasen: ¡Ahí está Jesús! ¡Ahí está! ¡No lo dejéis abandonado!».

Su Santidad Juan Pablo II declaró sus virtudes heroicas el 6 de abril de 1998, y aprobó el milagro atribuido a su intercesión el 20 de diciembre de 1999.

Reproducido con autorización de Vatican.va

Autor: Jesús Martí Ballester | Fuente: http://www.jmarti.ciberia.es
José Manuel González García, Beato
Vivencias de alguien que lo conoció, 4 de enero
José Manuel González García, Beato
José Manuel González García, Beato

MIS RECUERDOS DE DON MANUEL

Era yo muy jovencito cuando conocí a Don Manuel. Os cuento: De los 36 niños que habíamos ingresado en el seminario en el curso 1932-33, regresamos al seminario 2, al terminar la guerra civil de España. La biblioteca del seminario se había salvado por haberla trasladado al Colegio del Patriarca, que fue totalmente respetado. Me encargaron la organización de aquel enorme volumen de libros. Y allí me encontré una pila de revistas de EL GRANITO DE ARENA. Me encantó. Devoraba cada número. La facilidad y encanto con que escribía Don Manuel, el ARCIPRESTE DE HUELVA, me enganchó. Y me suscribí a esa revista mensual. Y fui siguiendo sus andanzas.

LO QUE PUEDE UN CURA HOY

Su libro LO QUE PUEDE UN CURA HOY, resultó un punto de referencia para los sacerdotes de la primera mitad del siglo XX. Ya sacerdote, lo leí de cabo a rabo y muchas de mis actuaciones primerizas venían inspiradas en dicho libro. Aquel consejo de que la iglesia parroquial abriera sus puertas antes que las otras casas de la parroquia, lo cumplía con el consiguiente madrugón y el asombro de los feligreses.

FIGURA SEÑERA

Don Manuel nació en Sevilla en 1877, en una familia humilde y profundamente religiosa. Su padre, Martín González Lara, era carpintero, su madre, Antonia, se ocupaba del hogar. En este ambiente Manuel creció serenamente. Dejó huella en su corazón haber formado parte de los famosos «seises» de la catedral de Sevilla, que bailaban y cantaban en las solemnidades del Corpus y de la Inmaculada. Como seise consolidó su amor a la Eucaristía y a la Virgen.

AL SEMINARIO

Sin avisar a sus padres se presentó al examen de ingreso al seminario. Sus buenos padres acogieron la sorpresa considerando como manifestación de los caminos de Dios y aceptándolos como tales. Costeó sus estudios trabajando como fámulo. El 21 de septiembre de 1901, le confirió el sagrado presbiterado el hoy beato cardenal Marcelo Spínola.

PALOMARES DEL RIO, SU PRIMER DESTINO

En 1902 fue enviado a dar una misión en Palomares del Río. Él mismo nos describe esta experiencia. Escuchó las desalentadoras perspectivas que le presentó el sacristán, y dice: «Fuime derecho al Sagrario… y ¡qué Sagrario, Dios mío! ¡Qué esfuerzos tuvieron que hacer allí mi fe y mi valor para no salir corriendo para mi casa! Pero, no huí. Allí de rodillas… mi fe veía a un Jesús tan callado, tan paciente, tan bueno, que me miraba… que me decía mucho y me pedía más, una mirada en la que se reflejaba todo lo triste del Evangelio… La mirada de Jesucristo en esos Sagrarios es una mirada que se clava en el alma y no se olvida nunca. Vino a ser para mí como punto de partida para ver, entender y sentir todo mi ministerio sacerdotal». Esta gracia irá madurando en su corazón.

LA OBEDIENCIA, MOTOR DE LA COSECHA 

El arzobispo de Sevilla, Marcelo Spínola y Maestre, había vivido en sus años jóvenes en Huelva, ejerciendo de abogado, y seguía, como arzobispo, con gran preocupación, su vida eclesial, que ofrecía, en sus pastores y en sus fieles, un panorama poco esperanzador. Y tomó una decisión arriesgada. D. Manuel González, recién ordenado, había ya dado muestras de extraordinarias dotes intelectuales y apostólicas, pero todavía no había cumplido 28 años. El sacerdote, que consideraba como fundamental la virtud de la obediencia, nos relata la entrevista: «Llamado una mañana- cuenta – por mi santo Arzobispo, Pastor a lo Buen Pastor y, a fue de tal, de una delicadeza suma en todos sus procederes, me dice sonriente: -¿Quiere Vd. ir a Huelva? – Yo voy volando a donde me mande mi prelado. – No; yo no le mando ir a Huelva; aquello está tan mal, y, lo que es peor, tan dividido entre los pocos buenos… Estoy tan harto de probar procedimientos para mejorarlo sin obtenerlo, que me he acordado de Vd. como última tentativa; al fin y al cabo Vd. es joven y, si se estrella en Huelva, como lo temo, el mismo que lo lleva lo puede traer. Pero, repito, esto no es un mandato sino un deseo. -Señor, los deseos de mi prelado son para mí órdenes, ¿cuando quiere que me vaya? -No, no; ahora se va Vd. a su casa y, durante tres días y con completa reserva de esta conversación, madure este deseo mío delante de su Sagrario y vuelva después con su decisión. -Espero, con la gracia de Dios, que dentro de tres días vendré aquí a decir a V. E. lo mismo que ahora le digo. Me despedí y ¡qué tres días pasé! ¡Sin apenas dormir ni comer y con esfuerzos sobrehumanos para conservar la buena cara y el buen humor! ¡Había oído hablar en todos los años de mis estudios tan mal de la situación religiosa en Huelva…! Llegado el tercer día, me presenté de nuevo al señor Arzobispo. -Sr., aquí me tiene para repetirle lo que le dije el otro día; ¿Cuando quiere que me vaya a Huelva? -Pero, ¿así? ¿tan decidido? -Sí, señor; completamente decidido. Ahora, que, como a mi Prelado debo hablar como al Jesús de mí Sagrario, debo decirle que me voy a Huelva tan decidido en mi voluntad como contrariado en mi gusto. -Me lo explico y no me extraña; espero que ese desprecio de su gusto, para abrazarse a la voluntad del Prelado le ayudará mucho en su misión en Huelva. Sé que es Vd. muy joven para un Arciprestazgo tan importante y para lo malo que está aquello; yo he vivido allí y lo conozco, pero ¡no importa! Vaya, pruebe y si no le va bien, se viene. La puertas de este palacio siempre estarán abiertas para Vd.; y en mí siempre tiene un Padre a quien le puede contar todo, que lo recibirá con los brazos abiertos ».

ARCIPRESTE DE HUELVA

«El 1 de marzo de 1905, fui nombrado Cura Ecónomo de san Pedro de Huelva; tomé posesión el día 9. El 16 de junio fui nombrado arcipreste». Fue nombrado Cura ecónomo o regente porque el Cura propio, D. Manuel García Viejo, vivía aún, aunque ya muy anciano y achacoso. Al dar cuenta el Arzobispo a unos católicos onubenses del nombramiento que acababa de hacer, les dijo: «Envío a Vds. una alhajita».

SU PROGRAMA

Lo decisivo para él, al llegar a Huelva no era hacerse presente en la sociedad onubense de cualquier manera, sino hacerse presente con la fuerza salvadora de Jesús, que brota de la Eucaristía. ¿Por dónde empezar? Se propuso hacer de la Eucaristía celebrada y adorada, la cumbre y la fuente de toda su actividad. Así se anticipó al Concilio Vaticano II: «La sagrada liturgia no agota toda la actividad de la Iglesia, pues para que los hombres puedan llegar a la liturgia es necesario que antes sean llamados a la fe y a la conversión… No obstante, la liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza. Pues los trabajos apostólicos se ordenan a que, una vez hechos hijos de Dios por la fe y el bautismo, todos se reúnan, alaben a Dios en medio de la Iglesia, participen en el sacrificio y coman la cena del Señor.

FAMILIAS Y ESCUELAS

Se preocupó también de la situación de las familias necesitadas y de los niños, para los que fundó escuelas. Tanto la biología como la experiencia nos demuestran la existencia de gemelos biológicos lo que podemos comprobar en la vida, en la sociedad familiar y en la relación de cada día. También la historia nos demuestra la existencia de personas gemelas no biológicas, unas veces de carácter y trayectoria, ya sean estadistas, como Kennedy y Lincoln; educadores, como D. Manuel González García, Arcipreste de Huelva y Obispo de Málaga y D. Manuel Siurot, a quien don Manuel llamaba su alter ego y que colaboró en la educación creando y dirigiendo escuelas, tanto en Huelva como en Málaga.

MARIAS DE LOS SAGRARIOS ABANDONADOS

El 4 de marzo de 1910, ante un grupo de colaboradoras, derramó el gran anhelo de su corazón. Así nos lo narra: «Permitidme que, yo que invoco muchas veces la solicitud de vuestra caridad en favor de los niños pobres y de todos los pobres abandonados, invoque hoy vuestra atención y vuestra cooperación en favor del más abandonado de todos los pobres: el Santísimo Sacramento. Os pido una limosna de cariño para Jesucristo Sacramentado… os pido por el amor de María Inmaculada y por el amor de ese Corazón tan mal correspondido, que os hagáis las Marías de esos Sagrarios abandonados». Así nació la «Obra para los Sagrarios-Calvarios». Obra para dar una respuesta de amor reparador al amor de Cristo en la Eucaristía, a ejemplo de María Inmaculada, el apóstol san Juan y las Marías, fieles en el Calvario. La Unión Eucarística Reparadora, iniciada con las Marías de los Sagrarios y Discípulos de san Juan, se extendió rápidamente y abrió camino a la Reparación Infantil Eucarística en el mismo año;

MISIONEROS EUCARISTICOS

Funda los sacerdotes Misioneros Eucarísticos en 1918; la congregación religiosa de Misioneras Eucarísticas de Nazaret en 1921, en colaboración con su hermana María Antonia, la institución de Misioneras Auxiliares Nazarenas en 1932, y la Juventud Eucarística Reparadora en 1939.

RÁPIDA PROPAGACIÓN

La rápida propagación de la Obra en otras diócesis de España y América, a través de la revista «El Granito de Arena», le impulsó a solicitar la aprobación del Papa. Don Manuel llegó a Roma en 1912, y el 28 de noviembre fue recibido por el Papa San Pío X, a quien fue presentado como «el apóstol de la Eucaristía». San Pío X se interesó por toda su actividad apostólica y bendijo la Obra.

OBISPO AUXILIAR DE MALAGA

El Papa Benedicto XV le nombra obispo auxiliar de Málaga y recibe la ordenación episcopal en 1916 y en 1920 fue nombrado obispo residencial, acontecimiento que decidió celebrar dando un banquete a los niños pobres, en vez de a las autoridades; que, junto con los sacerdotes y seminaristas, sirvieron la comida a los tres mil niños. COMO EN HUELVA Como pastor de la diócesis malagueña, inició su misión tomando contacto con su grey para conocer sus necesidades. Como en Huelva, potenció las escuelas y catequesis parroquiales, practicó la predicación callejera conversando con todo el que se encontraba de camino… y descubrió que la necesidad más urgente era la de sacerdotes. Este problema debía afrontarse desde la situación del seminario, la cual era lamentable.

UN NUEVO SEMINARIO

Con una confianza sin límites en la mano providente del Corazón de Jesús, emprendió la construcción de un nuevo seminario que reuniese las condiciones necesarias para formar sacerdotes sanos humanos, espiritual, pastoral e intelectualmente. Sueña y proyecta «un seminario sustancialmente eucarístico. En el que la Eucaristía fuera: en el orden pedagógico, el más eficaz estímulo; en el científico, el primer maestro y la primera asignatura; en el disciplinar el más vigilante inspector; en el ascético el modelo más vivo; en el económico la gran providencia; y en el arquitectónico la piedra angular».

SACERDOTE HOSTIA

A sus sacerdotes, y a los miembros de las diversas fundaciones que realizó, les propondrá como camino de santidad «llegar a ser hostia en unión de la Hostia consagrada», que significa «dar y darse a Dios y en favor del prójimo del modo más absoluto e irrevocable». Manuel González no escatima esfuerzos para mejorar la situación humana y espiritual de su diócesis. Su ingente actividad hace que no pase desapercibido, y con la llegada de la República a España su situación se hace delicada.

LLAMAS EN EL PALACIO EPISCOPAL

El 11 de mayo de 1931 el ataque es directo, le incendian el palacio episcopal y ha de trasladarse a Gibraltar para no poner en peligro la vida de quienes lo acogen. Al salir de su palacio incendiado, le preguntarán los milicianos, a dónde quiere que lo lleven y contestó. ¿Ustedes creen que me dedico por las noches a dormir fuera de mi casa? Y cuando ya encuentra refugio les dice a las monjitas que con él habían sumido las hostias consagradas del sagrario: “Hermanas, ya tienes ustedes cosas que contar para cuando sean viejas”. Desde 1932 rige su diócesis desde Madrid, y el 5 de agosto de 1935 el Papa Pío XI lo nombra obispo de Palencia. En el discurso de entrada se emocionó mucho y dijo: “Necesitaba llorar de alegría después de haber llorado tantos años de amargura”. “Me duele el corazón de tanto amar”.

LA FECUNDIDAD DE SU PLUMA

Con estilo ágil, lleno de gracia andaluza y de unción, transmitió el amor a la Eucaristía, introdujo en la oración, formó catequistas, guió a los sacerdotes. Entre sus libros, destacamos: “El abandono de los Sagrarios acompañados”, “Oremos en el Sagrario como se oraba en el Evangelio”, “Artes para ser apóstol”, “La gracia en la educación”, “Arte y liturgia”, etc. Escritos que por su gran difusión se han recopilado en la edición de sus Obras Completas.

ENFERMO

Los últimos años su salud empeora notablemente, prueba que vive de modo heroico, sin perder la sonrisa de su rostro siempre amable y acogedor, y la aceptación de los designios del Padre. Al salir de Palencia para Madrid, desde la camilla ante el sagrario de su capilla, le dijo al Señor: “Si quieres que vuelva, bendito seas, si no quieres que vuelva, bendito seas”. En la clínica pide que le situen cerca de la ventana para ver la luz: “Hermana, le dice a la religiosa enfermera, soy andaluz”. El 4 de enero de 1940 entregó su alma al Señor. Fue enterrado en la catedral de Palencia, donde podemos leer el epitafio que él mismo escribió: «Pido ser enterrado junto a un Sagrario, para que mis huesos, después de muerto, como mi lengua y mi pluma en vida, estén siempre diciendo a los que pasen: ¡Ahí está Jesús! ¡Ahí está! ¡No lo dejéis abandonado!». He tenido el regalo de poder orar en esa capilla de la Catedral de Palencia ante su lápida a los pies del sagrario. Juan Pablo II declaró sus virtudes heroicas el 6 de abril de 1998, y aprobó el milagro atribuido a su intercesión el 20 de diciembre de 1999. Manuel González García, obispo de Málaga y de Palencia, fue una figura significativa y relevante de la Iglesia española durante la primera mitad del siglo XX.

PALABRAS DE JUAN PABLO II EN LA BEATIFICACION

“Esa fue la gran pasión del nuevo beato Manuel González García, obispo de Málaga y después de Palencia. La experiencia vivida en Palomares del Río ante un sagrario abandonado le marcó para toda su vida, dedicándose desde entonces a propagar la devoción a la Eucaristía, y proclamando la frase que después quiso que fuera su epitafio: “¡Ahí está Jesús! ¡Ahí está! ¡No lo dejéis abandonado!”. Fundador de las Misioneras Eucarísticas de Nazaret, el beato Manuel González es un modelo de fe eucarística, cuyo ejemplo sigue hablando a la Iglesia de hoy”.

JESUS MARTI BALLESTER
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Pedro Sergio Antonio Donoso Brant
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Autor: . | Fuente: misa_tridentina.t35.com
Faraildis (Farailda) de Gante, Santa
Viuda, 4 de enero
Faraildis (Farailda) de Gante, Santa
Faraildis (Farailda) de Gante, Santa

Viuda

Martirologio Romano: En Brouay-sur-l’Escaut, ciudad del Artois, en Neustria (hoy Francia), santa Faraildis (Pharahildis, Veerle), viuda, que, obligada a casarse con un hombre violento, abrazó hasta la ancianidad una vida de oración y austeridad (745).

Fecha de canonización: Información no disponible, la antigüedad de los documentos y de las técnicas usadas para archivarlos, la acción del clima, y en muchas ocasiones del mismo ser humano, han impedido que tengamos esta concreta información el día de hoy. Si sabemos que fue canonizado antes de la creación de la Congregación para la causa de los Santos, y que su culto fue aprobado por el Obispo de Roma, el Papa.Hay muchos detalles extremadamente confusos e improbables en los relatos que han llegado hasta nosotros de la vida de esta santa belga, y es difícil determinar hasta qué punto la leyenda se basa en hechos históricos.

El rasgo principal parece ser que, si bien había consagrado secretamente su virginidad a Dios, sus padres la casaron, sin pedirle su consentimiento, con un rico pretendiente.

Decidida a guardar su voto, se negó a vivir maritalmente con él, lo cual incitó a su esposo a tratarla con brutalidad. Pero Dios velaba por ella y la protegió, hasta la muerte de su marido.

Apenas conocemos otros datos de su vida, fuera de los milagros y de las numerosas traslaciones de su cuerpo.

Sin embargo, está fuera de duda que adquirió gran fama en Flandes y que su culto ofrece abundante material a los especialistas del folklore. En Flandes es conocida generalmente bajo los nombres de Varelde o Verilde.

Las imágenes la representan frecuentemente con un ganso, con un gato, o llevando unas piezas de pan. El ganso se refiere probablemente al nombre de la ciudad en que reposan los restos de la santa, ya que Gante, en flamenco, significa ganso.

Las piezas de pan hacen alusión al milagro acontecido junto a su tumba: según cuenta la leyenda, una mujer que había rehusado compartir su pan con un mendigo, diciéndole que no tenía, vio sus panes convertirse en piedras. También se cuenta que Santa Ferailda hizo brotar una fuente en Bruay, cerca de Valenciennes, para calmar la sed de los que cosechaban su campo.

El pueblo afirma que el agua de esa fuente es muy eficaz contra las enfermedades de los niños, y las madres encomiendan la salud de sus hijos a nuestra santa.

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Autor: Xavier Villalta
Rigoberto de Reims, Santo
Obispo, 4 de enero
Rigoberto de Reims, Santo
Rigoberto de Reims, Santo

Obispo

Martirologio Romano: En la ciudad de Reims, en Neustria (hoy Francia), san Rigoberto, obispo, que habiendo sido expulsado de su sede por Carlos Martel, en contra de lo dispuesto por los cánones, llevó una vida humilde (743).

Etimológicamente: Rigoberto = Aquel que es atractivo por su poder

Fecha de canonización: Información no disponible, la antigüedad de los documentos y de las técnicas usadas para archivarlos, la acción del clima, y en muchas ocasiones del mismo ser humano, han impedido que tengamos esta concreta información el día de hoy. Si sabemos que fue canonizado antes de la creación de la Congregación para la causa de los Santos, y que su culto fue aprobado por el Obispo de Roma, el Papa.San Rigoberto fue un monje benedictino, y más tarde abad del monasterio de San Pedro de Orbais. En el año 698 sucedió a san Rieul como obispo de Reims.

Los padres de san Rigoberto se llamaban Constantino y Francine. Desde muy joven se dio a la disciplina y oración. Fue un gran amante de la castidad, que alcanzó con trabajos, oraciones, y la asidua meditación de la Palabra de Dios. Muy joven fue elegido abad del monasterio benedictino de San Pedro de Orbais. Por su humildad, sabiduría, justicia y prudencia fue elegido arzobispo de Reims en el 698. En sus sermones hablaba insistentemente de la importancia de la penitencia y las buenas obras. Escribió varias obras por las que muchos se convirtieron y, alentados por sus ejemplos, se congregaban junto a él para alcanzar la santidad, como un maestro.

Durante su obispado, san Rigoberto facilitó los materiales para que se pudiera construir la catedral de Reims, una de las mejores de la época, muchas de cuyas piedras provenían de la muralla de la antigua ciudad. Asimismo restableció la vida canónica entre sus sacerdotes (antiguamente se llamaba canónico a la iglesia o la casa donde residían los canónigos reglares), facilitándoles viandas y acomodamiento, así como un fondo común para la diócesis.

San Rigoberto vivió los tiempos difíciles del paso de la dinastía merovingia a la carolingia, de Dagoberto II y Childerico III a Carlos Martel, el padre de Pipino el Breve, tiempo en el que San Rigoberto se ciñió estrictamente a su labor espiritual, trabajando con su clero y su pueblo por la fidelidad al Evangelio y al Papa de Roma, el griego San Zacarías y sus predecesores. Bautizó al mayordomo de palacio del reino de Austrasia Carlos Martel, pero hacia 717, parece ser que San Rigoberto ofendió a Carlos Martel porque no se alió con él contra Raganfredo, mayordomo de Neustria. Debido a ello, Carlos Martel le desterró a Gascuña y entregó su archidiócesis a su favorito, el sacerdote militar Milón (o Milo) de Trèves, que disfrutaba ya de las rentas de la sede de Tréves.

Carlos Martel le rehabilitó más tarde, pero Rigoberto no quiso volver a su puesto para evitar el escándalo entre los fieles, por lo que Martel le regaló una residencia en Gernicourt (en la diócesis de Soissons, en el departamento de Aisne), donde Rigoberto se retiró y murió por causas naturales en 743 (o c. 750).

Su cuerpo se encuentra enterrado en la iglesia San Thierry (en Reims). En 864, el arzobispo Hincmar de Reims trasladó sus restos a la iglesia en donde actualmente se le venera. Su primera “vitae” ensanzando sus virtudes fue escrita en el año 890 por un canónigo de Reims.

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