No tener confianza es no tener paz


Autor: Ma. Esther De Ariño | Fuente: Catholic.net
No tener confianza es no tener paz
No queremos hablar con nadie ni contarle a nadie nuestra pena, ¡nos han engañado! y hemos perdido la confianza.
No tener confianza es no tener paz

No tener confianza, desconfiar, es perder la calma, es no tener paz. Hoy en día los hombres y las mujeres desconfiamos de todo y por lo tanto no tenemos paz. Vivimos recelando, pensando en que todos nos pueden engañar.

Tal vez sea porque tampoco nosotros somos auténticos, tal vez sea por eso. Lo cierto es que vivimos en un mundo de engaño. Engaño en los negocios, engaño en los artículos que consumimos, comida, cremas, accesorios, contratos, etcétera; engaño en el amor y en la amistad. Y cuando somos sinceros, honestos, ¡cuánto nos duele que alguien nos traicione!

Creer en nuestros semejantes, en nuestros seres queridos, es necesidad vital para poder vivir. Creer plenamente, sin sombra de duda en el ser amado es condición necesaria para sublimarnos en toda nuestra integridad moral como el que alguien nos diga: – ¡Creo en ti!. Pero los seres humanos nos fallamos unos a otros y es ahí cuando aparece el dolor, los celos, la desconfianza.

Tal vez hoy tengamos eso, dolor, decepción, estamos heridos, nos han engañado… Tal vez aquel puesto de trabajo que nos prometieron fue un engaño, tal vez aquel juramento de amor no fue sincero, tal vez aquella amistad nos clavó un puñal por la espalda… Traición, mentira, desilusión, elementos y sensaciones que nos hacen estar tristes, muy tristes. No queremos hablar con nadie, no queremos contarle a nadie nuestra pena, ¡nos han engañado! y hemos perdido la confianza.

Por ese dolor, de la índole que sea, no nos dejemos aniquilar. Dios es nuestro Padre y nos está cuidando, un Padre todo amor y en El si podemos confiar. Fijémonos en los niños cuando juegan en el Parque. Andan corriendo un poco lejos de su madre, pero si tropiezan y caen, o algo los asusta, corren a refugiarse en los brazos de ella que los acoge solícita y el niño con un suspiro de llanto apoya su cabecita en el regazo materno porque allí se siente seguro y CONFIADO. Eso es lo que necesitamos cuando las cosas nos hacen sufrir, tener confianza en nuestro PADRE Dios pero también en los hombres. El niño no solo cuando cae o tiene miedo, sino cuando encuentra una florerilla corre gozoso a mostrársela al ser querido. Así nosotros en nuestras penas, pero también en nuestros acontecimientos gratos, en nuestros triunfos y alegrías vayamos a Él para mostrarle y agradecerle todo aquello que nos llena de dicha.

La falsedad, aunque en estos tiempos parece acosarnos para donde miremos, no es un mal de hoy. Ya lo podemos ver en el texto de (Jeremías, IX, 3 y 55) “Nada de fidelidad, solo el fraude predomina en la tierra. Amontonan iniquidad sobre iniquidad… recelan uno del otro, nadie confía en nadie todos engañan, todos difaman… no hay en ellos palabras de verdad. Tan avezadas están sus lenguas a la mentira, que ya no pueden sino mentir”.

Nos engañamos, nos mentimos unos a otros porque no somos auténticos. Hemos de vivir nuestra existencia con autenticidad para poder confiar y dar confianza a nuestros semejantes.

Estamos llamados a hacer un mundo nuevo. Un mundo mejor. Un mundo verdad. Y LA VERDAD NOS HARÁ LIBRES. Para eso tenemos que vivir nuestra propia vida con auténtica verdad. Una auténtica renovación en nuestras vidas, empezando por confiar en la Humanidad.

Confío en Ti, porque nos preparas una morada en casa del Padre


Autor: P. Mariano de Blas LC | Fuente: Catholic.net
Confío en Ti, porque nos preparas una morada en casa del Padre
Un lugar en el cielo, ha ido a prepararnos un lugar, mi lugar, tu lugar por toda la eternidad.
Confío en Ti, porque nos preparas una morada en casa del Padre

Confío en Ti, porque has entregado tu vida por nosotros.

Si una persona ha dado la vida por mí, es porque me quiere muchísimo. Y puedo confiar en ella totalmente. Puedo confiar totalmente en Jesús: dejar en sus manos mi vida y mi muerte, mis problemas y dificultades, mis retos y mis metas, mis alegrías.
Puedo caminar seguro en medio de la tormenta. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque Tú vas conmigo.
Nadie nos pide que caminemos solos por la vida. Jesús quiere acompañarnos siempre, lo ha prometido, y Jesús cumple.

Un Dios que da la vida por sus creaturas, cuanto las ha de querer. De mis múltiples certezas ésta es la primera, la mejor, la que llena de alegría y esperanza mi vida entera. Si Dios conmigo, ¿quién contra mí? Dios ha dado su vida por mí: esta certeza nada ni nadie la podrá borrar.
Mi confianza infinita como respuesta al amor infinito. Es la única respuesta. Respuesta de absoluta y total seguridad, de rechazo de todo temor y tristeza. Dios está conmigo, Él me consuela, Él me sanará, Él es mi Padre, Él es mi amor y mi todo.

Confío en Ti, porque eres la vid que me permite llevar fruto

Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. Algo que es diferente y algo que es lo mismo. Una vid sin sarmientos no da fruto y unos sarmientos sin vid tampoco. Tú necesitas de nosotros los sarmientos y nosotros, sobre todo, necesitamos de Ti como la vid.

Unidos a Ti producimos abundante fruto. Separados nos secamos y acabamos en el fuego. Tú eres la vid eterna, que nunca se seca, ni se muere, pero nosotros somos los sarmientos que, para tener vida, debemos necesariamente estar unidos a Ti. La poda se requiere, aunque duela, para dar más fruto. Podar soberbias, egoísmos, sensualidades, pues son ramas parásitas.

Dar fruto es la consigna. El máximo posible. No se toleran la mediocridad ni las medias tintas. Quisieras que todos los cristianos y, sobre todo, sacerdotes sacáramos siempre A y obtuviéramos el cien por cien en el apostolado. Quieres que todos seamos santos y no te cansas de invitarnos a serlo.

La savia de tu gracia alimenta mi alma y la enriquece para fructificar. Sin Mí no podéis hacer nada. Pero conmigo lo podéis todo. Tened fe en Dios…Todo lo que orando pidiereis…
El que confía en Mí es el hombre más feliz del mundo, porque yo me encargo de sus cosas.
Tú lo prometiste.

Confío en Ti, porque eres la luz que ilumina nuestro peregrinar hacia el Padre

No vamos caminando en tinieblas, ignorando a dónde poner el pie. Hay luz, Tú eres nuestra luz y caminamos con seguridad, sabiendo a dónde nos llevas. Pero los que no te aceptan son guías de ciegos que caminan en la oscuridad y no saben a dónde van y van cayendo en los hoyos del camino.
No te quieren, Señor y eso equivale a odiarse a sí mismos. ¡Quién les hiciera entender y aceptar que están en el error, que sí hay camino, sí hay luz, pero tiene un solo nombre, Jesús.

Vamos en peregrinación hacia el Padre celestial y Tú nos guías para presentarnos a Él. Hemos sido salvados por ti, llevamos el carácter de cristianos, de hijos en el Hijo, por tanto Él nos aceptará con mucho gusto, Pues Tú le dirás: Estos son mis hermanos muy amados a quienes enseñé a rezar el padre nuestro y a amarte, Padre amantísimo.

Confío en Ti porque has ido a prepararnos una morada en la casa del Padre.

Con qué contenida emoción les dijiste a los apóstoles: En la casa de mi Padre hay muchas moradas. Y voy a preparos un lugar. Un lugar en el cielo. El lugar donde ahora están y estarán con El toda la eternidad.

Pero no solo ha ido a preparar un lugar en el cielo a sus queridos apóstoles, pues son pocos para las muchas moradas, sino que ha ido a prepararnos un lugar, mi lugar, tu lugar por toda la eternidad.

Esto lo deberíamos pensar con emoción incontenible cada día, sobre todo en los momentos de dificultad. Y el cielo consiste, según definición del mismo Jesús, en esto: en que te conozcan a ti único Dios verdadero y al que enviaste, Jesucristo.

Cuando Jesús, en compañía de María me muestre mi lugar, comprenderé sus palabras: Alegraos más bien de que vuestros nombres están escritos en el cielo.

Comprenderé el valor de la cruz y de la sangre, comprenderé, en una palabra, cuánto me amaba y me ama Jesús.

Comprenderé también las palabras de Pablo: Todo lo que se sufre en este mundo es nada en comparación del cielo. Pensamos demasiado poco en el cielo y demasiado poco en el infierno, ni el uno nos emociona mucho ni el otro nos atemoriza.

Vivimos inmersos en lo de aquí, en el hoy vivido materialmente y no levantamos la mirada ni el corazón hacia el cielo. Y, sin embargo lo que vamos a vivir aquí es un puntito comparado con la eternidad.

Meditaciones anteriores:
1. Confío en Ti 
2. Confio en Ti porque tu Padre te ha enviado 
3. Confío en Ti, porque eres rico en misericordia

Confío en Ti, porque eres rico en misericordia


Autor: P. Mariano de Blas LC | Fuente: Catholic.net
Confío en Ti, porque eres rico en misericordia
Seguir a Jesús es triunfar, es gozar de su paz, no sólo de su cruz. Su yugo es suave y su carga ligera.
Confío en Ti, porque eres rico en misericordia

Confío en Ti porque eres el amigo que da la vida por sus amigos

Nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos…Nadie me ama como Tú. Nadie me ama más que Tú.

Amor demostrado con grandes hechos, real, indudable. Me diste tu sangre y tu vida, me diste el cielo, me diste a tu Madre. ¿Qué más podías haberme dado? Amor infinito. Amor eterno. Amor personal. Demasiado hermoso para ser verdad, o demasiado hermoso y cierto.

Si Dios nos ama tanto ¿por qué preocuparnos? Preocupación y amor no van juntos, porque si me ama confío y si lo amo confío. Eres el amigo, el mejor, siempre fiel, el que busca siempre nuestro bien. Yo he sido muy infiel: Contigo, con la Iglesia, con las almas.
La Santísima Virgen también fue siempre fiel: Virgo fidelis. De tal palo tal astilla y de tal astilla tal palo. Hazme a mí, tu hermano y su hijo, fiel a Ti, fiel a Ella, fiel a mi vocación.
He meditado tal vez muchas veces en que has dado la vida por todos los hombres, pero he meditado poco en que has dado la vida por mí. Pablo sí lo meditó muchas veces y se le clavó en el alma esta verdad: Me amó y se entregó a la muerte por mí.
Si lo creo no puedo menos de amarte con locura. Si no lo creo, de poco me servirá. Creerlo o no creerlo. ¿Verdad o mentira? Los santos han creído, los mediocres han dudado. Yo seré un santo o un eterno mediocre según crea en el amor de Cristo o no lo crea.

Confío en ti, porque Tú solo tienes palabras de vida eterna.

Palabras dichas por Pedro en un contexto doloroso, de deserción general. ¿También vosotros queréis marcharos?
Porque es dura la doctrina de Jesús. La excusa de los malos discípulos. Porque nos cuesta aceptarla, por falta de amor y generosidad. Porque muchos lo abandonan. ¡Qué tristeza para Jesús! ¡Qué desgracia para ellos!
¿Qué le respondemos? Marcharse de la Iglesia, de los sacramentos e irse a otras religiones más fáciles donde no se aceptan todas las enseñanzas de Jesús es lo que algunos hacen. Tristes equivocados, aunque ellos se consideran ganadores. En realidad ganan algo, sí, pero pierden lo fundamental.

Tú solo tienes palabras de vida eterna. Es decir algo muy profundo: Tú nos llevas a la vida eterna, al cielo. Los demás nos enseñan cosas pasajeras, de este mundo, que morirán con nosotros. Tú tienes doctrina segura, doctrina eterna, doctrina divina.

Tú tienes una eternidad para darnos, una felicidad completa y para siempre. Tú tienes paz: La paz os dejo, mi paz os doy. Tú tienes luz para alumbrarnos: Yo soy la luz del mundo. Tú tienes pan para alimentarnos: Yo soy el pan de la vida. Tú tienes vida para vivificarnos: Yo soy la vida.
Tú lo tienes todo. Tienes todas las cosas porque eres dueño de todas las cosas.

Entonces, yo me quedo definitivamente contigo. ¿A dónde iré, si no? Al vacío, a la muerte, a la desesperación. ¿Dónde encontraré la paz, la alegría de vivir, la fuerza para caminar, lejos de Ti?

Con fío en Ti porque eres el buen Pastor que me llama por mi nombre

Buen Pastor hace indicar que no todos los pastores son buenos. Los malos pastores, descuidan a las ovejas, no cuidan a las enfermas, las descarriadas que se pierdan, maltratan a las que están fuertes. Huyen del lobo y dejan que éste destruya el rebaño.

Yo soy el Buen Pastor. El mejor. Un buen pastor es el que:

  • El que las conoce por su nombre
  • El que las lleva a buenos pastos
  • El que las cuida
  • El que las defiende del lobo, del demonio
  • El que da la vida por ellas
  • Por tanto, el que las ama de verdad.Pastor que con tus silbos amorosos me despertaste del profundo sueño.
    Tú que hiciste cayado de ese leño en que tiendes tus brazos poderosos,
    vuelve mis ojos a tu fe piadosos,
    pues te confieso por mi amor y dueño y la palabra de seguir te empeño tus dulces silbos y tus pies hermosos.

    Oye, Pastor, pues por amores mueres, no te espante el rigor de mis pecados, pues tan amigo de rendidos eres.

    Espera, pues, y escucha mis cuidados.
    Pero, ¿cómo te digo que me esperes,
    si estás para esperar los pies clavados?

    Pastor crucificado por defender a sus ovejas. Dio permiso. Doy la vida, no me la quitan. Pastor que alimenta con su cuerpo y sangre a sus ovejas.

    Salmo 23

    El Señor es mi pastor, nada me falta

    ¡Qué seguridad, qué alegría!, qué gusto tenerlo como pastor de nuestras almas. Venid a Mí…

    Nada me falta: Tengo su palabra, su Eucaristía, su perdón en la confesión, su Madre. Tengo el pan de cada día: No os preocupéis qué comeréis.

    En verdes praderas me hace recostar.

    Mi yugo es suave y mi carga ligera.

    Él nos quiere decir que seguirle es fácil, somos nosotros los que hacemos pesada la cruz con nuestras reticencias y egoísmos.

    Venid a Mí todos…La vida con Cristo es muy hermosa, aunque tengamos que cargar la cruz. La vida sin Cristo es muy triste aunque nos la pinten de colores. La vida sin Él no me gusta, no me interesa, no la quiero.

    Me conduce a hacia fuentes tranquila y repara mis fuerzas
    La Eucaristía es una fuente de aguas vivas y un alimento que repara nuestras fuerzas. “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna”.

    Venid a Mí, todos los que andáis fatigados y abrumados por la carga y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y hallaréis descanso para vuestras almas. Pues mi yugo les suave y mi carga ligera.

    Me guía por el sedero justo por el honor de su nombre, puesto que Él es el Camino. Sendero estrecho y con piedras pero que lleva a la verdadera vida y en última instancia, al cielo. El camino que lleva a la felicidad eterna, aunque sea difícil, es bendito.
    Por contraste, los caminos de los hombres se presentan atractivos, llenos de flores, amplios, pero llevan a la perdición. Díganlo, si no, todos los hijos pródigos que los han recorrido.

    Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque Tú vas conmigo. Tu vara y tu cayado ame dan seguridad.
    Tú vas conmigo todos los días de mi vida, aunque no te vea, aunque no te sienta, aunque te hagas el dormido, pero la fe me asegura de manera firmísima que Tú nunca me dejarás solo.
    No temas, Yo estoy contigo. Esta frase la dijo Dios a tantos siervos suyos e incluso a la Santísima Virgen: El Señor está contigo. Ella, a su vez, siempre está con sus hijos, como Jesús. Y lo dice: ¿No estoy yo aquí que soy tu madre?
    Preparas una mesa ante en mí enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume y mi copa rebosa.
    Si es verdad que Dios prueba a sus hijos como el oro en el crisol, también es verdad que les hace gustar de su amor y su bondad más que a los demás. Los santos son los que más han sufrido y los que han sido más felices en la tierra.

    Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida. Y habitaré en la casa del Señor por años sin término .(para siempre)
    Seguir a Jesús es triunfar, es gozar de su paz, no sólo de su cruz. Su yugo es suave y su carga ligera. Así opina nuestro Señor. Somos nosotros los que nos hacemos pesada la carga con nuestro desamor y nuestro egoísmo.

    Confío en Ti, porque eres rico en misericordia.

    Tus parábolas lo dicen, en particular las de la dracma perdida, la oveja perdida y la del Hijo pródigo. Tu comportamiento con los pecadores lo grita: ¿Qué es sino pura misericordia el Yo tampoco te condenodicho a la adúltera, el Hoy ha llegado la salvación a esa casa que le dijiste a Zaqueo, el Dame de beber a la Samaritana, el Hoy estarás conmigo en el Paraíso con que te dirigiste al ladrón?

    Tu venida al mundo, el tomar nuestra naturaleza es una gran misericordia. Tu naturaleza de hombre grita tu bondad, tu amor y tu misericordia de manera permanente y muy sincera. Pero tu naturaleza flagelada, coronada de espinas, crucificada es el culmen de tu misericordia, porque fue el amor y ninguna otra la motivación que te llevó a este grado de heroísmo por nosotros.

    En nuestros tiempos ejerces más que nunca tu misericordia. Lo sabemos porque Tú lo has dicho y prometido por medio de Santa Faustina y porque lo palpamos todos los días. Tiempo de misericordia, como si en otros tiempos no lo hubieras sido. ¡Qué triste para Ti y qué arriesgado para nosotros el despreciar el tribunal de la misericordia y tener que presentarnos ante el tribunal de la justicia. Porque también eres justicia infinita.

    Tener misericordia es perdonar, perdonar todo, perdonar siempre. Perdonar incluso en el último instante. Perdonaste a Pedro con infinita ternura, preguntándole simplemente si te amaba. ¿Cómo no amarte, Señor? Perdonaste a María Magdalena, y la convertiste en santa. Ella fue la mensajera de tu resurrección para los apóstoles. María, ¿nos podrías decir si Jesús es misericordioso? Perdonaste al buen ladrón con las palabras de un amigo entrañable. Te invitaste a comer en casa de un pecador, Zaqueo, para decirle palabras sublimes: Hoy ha llegado la salvación a esta casa.

    Por eso, confío en Ti con todas mis fuerzas.

    Mañana martes 12 de febrero terminamos con nuestras meditaciónes de “Confianza en Dios”. Con esta confianza en el amor de Dios, empecemos el miércoles la Cuaresma. 

    Meditaciones anteriores:
    1. Confío en Ti 
    2. Confio en Ti porque tu Padre te ha enviado 

     

P. Mariano de Blas LC

Confío en Ti porque tu Padre te ha enviado


Autor: P. Mariano de Blas LC | Fuente: Catholic.net
Confio en Ti porque tu Padre te ha enviado
He venido para que tengan vida, calidad de vida en ese mundo y la vida eterna feliz en el otro.
Confio en Ti porque tu Padre te ha enviado

El Padre no envió a su Hijo al mundo para condenarlo… No envió a Jesús al mundo para condenarte, para condenarme, sino para salvarlo, para salvarte, para salvarme.
Dios no condena a nadie. Se condena uno, después de despreciar todos los esfuerzos de Dios para salvarlo. Dios quiere que todos se salven, que tú te salves… Ésta es una decisión firmísima. Pero no puede obligar a nadie.

Para ello te ofrece: el sacramento del bautismo, la confesión, la Eucaristía, la gracia, el Espíritu Santo, la Iglesia, su Palabra, la Santísima Virgen. Todos esos elementos juntos son más suficientes para que un día estés en el cielo.

He venido para que tengan vida, calidad de vida en ese mundo y la vida eterna feliz en el otro.

He sido enviado como el Buen Pastor…Un buen pastor es la alegría y la seguridad del rebaño. Jesús, buen Pastor es la alegría y la seguridad de todos nosotros, sus ovejas.

No he venido a ser servido sino a servir y a dar la vida. Vino a eso y a eso se dedicó. Un Dios servidor de los hombres es algo increíble, maravilloso. ¿Qué más queremos? ¿Qué más necesitamos?: Un Dios a nuestro servicio, un Dios que da la vida por mí. Ciertamente que nadie me ama como Él. He venido… Lo sabía demasiado bien. Era la misión, su misión. Pasó haciendo el bien y sigue pasando haciendo el bien.

No he venido a hacer mi voluntad, sino la de mi Padre. La voluntad de Jesús coincidía con la voluntad del Padre y esa voluntad era: Hijo mío, predilecto, sálvalos, rescátalos, tráelos aquí con nosotros al cielo. La voluntad de mi Padre es que nada de lo que me ha dado perezca, sino que lo resucite en el último día.

He venido como Luz del mundo para que todo el que me siga no ande en tinieblas. La luz se necesita y se agradece sobre todo cuando hay oscuridad. El mundo como tal está en tinieblas, pero Cristo es la luz del mundo. Todo el que quiera vivir en la luz, que se acerque a Jesucristo.

He venido como Pan de vida. Así como la luz se agradece, se agradece también el pan y la comida, cuando aprieta el hambre. Los hombres estamos muertos de hambre, pero hay un Pan que sacia el hambre, el Pan de la Vida.

He venido como camino, verdad y vida. Los caminos nos llevan a los destinos deseados, Jesús es camino que lleva al cielo, el lugar más deseado de mundo. La mentira y el error nos conducen a serios problemas. Pero Jesús es la Verdad que ahuyenta los errores. Los hombres muertos o moribundos pueden resucitar o llevar calidad de vida con Jesús Vida.

He venido como resurrección. Las cosas humanas todas se mueren, se deterioran, se acaban, incluidos los hombres. Pero Jesús resucita todas las cosas, principalmente a los hombres. La muerte será por un rato, la resurrección, eterna.
He venido a buscarte, a perdonarte, a entregarte la llave del cielo. He venido para darte una vida mejor aquí y para llevarte al cielo. He bajado para que tú subas.

Confío en Ti, porque eres fiel a tus promesas.

Siempre cumples. Tú no eres de los que dicen: claro que sí…pero siempre no. En contraste con lo que yo prometo. ¿Qué porcentaje de mis promesas a Dios y a los hombres he cumplido?

  • Prometiste: Yo estaré con vosotros…y lo has cumplido hasta hoy y sé que lo cumplirás hasta el fin. La fe me asegura tu presencia aunque te hagas el dormido o parezca que estoy solo. Tú cumples las promesas.
  • Prometiste el ciento por uno y la vida eterna… Todos los que han dejado padres, madres, hijos, hermanos o hermanas, campos… han recibido y siguen recibiendo el ciento por uno y están esperando lo de la vida eterna, ¿Quién da más que Jesús?
    Prometiste el Espíritu Santo y lo enviaste. Cumpliste de forma ruidosa y luminosa (viento huracanado y lenguas de fuego) a los apóstoles la promesa del Consolador y comprendieron por qué les habías dicho: Os conviene que yo me vaya.
  • Prometiste que vendrás de nuevo, y lo cumplirás. Vendrás. Creo que vendrás a jugar a vivos y muertos. Espero ese día estar a tu derecha y escuchar que me dices: Ven, bendito de mi Padre, a tomar posesión del Reino de los cielos.
  • Prometiste dar el cielo al buen ladrón y se lo diste. Estamos seguros de que está contigo en el Paraíso. Prometiste resucitarnos en el último día y sabemos que lo cumplirás. Esta promesa anima nuestra esperanza. Resucitaremos como Tú y con un cuerpo semejante al tuyo. Y, a partir de entonces, no moriremos jamás.
  • Prometiste resucitar el tercer día y resucitaste. A pesar de que tus apóstoles no querían tu muerte, tuvieron que aceptarla, y aunque no creían en la resurrección, no tuvieron más remedio que aceptarla. Lo habías prometido.
  • Prometiste darnos a María como Madre y lo cumpliste. ¡Qué promesa y qué cumplimiento! No sólo cuidó de san Juan y de los apóstoles, sino de todos y cada uno de los hombres. Ha cuidado de mí. Yo sé que es mi Madre, me ayuda, me anima, me guía como la mejor de las madres.
  • Preguntas o comentarios al autor
P. Mariano de Blas LCSeguiremos con esta reflexión el lunes 11 de febrero 2013 

reflexion anterior

Confío en ti


Autor: P. Mariano de Blas LC | Fuente: Catholic.net
Confío en Ti
La fe no constata, se fía de un ser omnipotente e infinitamente misericordioso y elige confiar a pesar de todas las evidencias.
Confío en Ti

Confío en Ti, porque eres completamente de fiar. Eres la misericordia sin orillas ni fronteras. Misericordia que ha perdonado, perdona y seguirá perdonando.

Cuanto necesito de esa misericordia y bondad, yo que soy tan pecador. Espero en Ti porque eres la misericordia infinita. Si yo supiera, si yo creyera que tu bondad y misericordia no tienen medida, me sentiría para siempre seguro y tranquilo. Si eres la misericordia infinita, haz que sea también infinita mi confianza.

Todo lo perdonas, aun los más horrendos pecados, si hay un poco de arrepentimiento y humildad. No cabe desesperanza en el corazón de los más grandes pecadores. El perdón de Dios siempre es mayor.

Espero en Ti porque eres fiel a tus promesas. Tú cumples siempre. El hombre casi nunca. Por eso tengo la certeza de tus promesas. Un día las disfrutaré de seguro. Mientras alimento mi esperanza.

La confianza tan necesaria…Las penas son grandes a veces y la esperanza no alcanza. Él nos ha dicho: Confiad totalmente en Mí. Nuestra mente nos dice: No saldrás del hoyo. Así piensan los que se suicidan.
Jesús dice: No os preocupéis… Nuestro refrigerador vacío, la tarjeta vencida, los pagos de la casa sin hacer, la falta de trabajo, no tienes remedio…
La mente y los ojos ven, constatan y deciden en consecuencia. No hay remedio. La fe no constata, se fía de un ser omnipotente e infinitamente misericordioso y elige confiar a pesar de todas las evidencias.

Realmente para Dios el resolver mis problemas es de risa. No le cuesta nada, nada. Y pensar que sólo depende de que yo haga un acto de fe y confianza. Jesús en Ti confío.
Todo lo obtendréis… Reto a cada uno de mis lectores a que tengan esta clase de fe que mueve montañas. La fe mueve montañas, sí, pero solo las que uno se atreve a mover.
Les decía que para los que no tienen trabajo, y sí muchas deudas empiecen a dar algo de lo que todavía tienen, que pidan por los más necesitados que ellos. Y se llevarán la gran sorpresa, Pero esto sólo lo harán los que tienen confianza en Dios.

Problemas de un esposo, hijo o hija que está tercamente alejado de Dios…Oren con confianza inquebrantable de que Dios les concederá la gracia pedida. Pero deben superar la gran prueba: el no ver resultados durante un tiempo o incluso el ver que la situación empeora. Confiar significa continuar orando con la misma seguridad. Y el milagro llegará. Ha llegado ya para muchos y muchas que han orado con esa confianza.

En el evangelio no hay ni un caso de enfermedad o necesidad que no haya sido atendido cuando Cristo encontró una fe como ésa. La siro fenicia, el Centurión y su siervo, la hemorroísa, el leproso…

Problemas duros: Mi hijo está en la cárcel, estoy en quiebra económica, mi matrimonio anda naufragando…alguien de mi familia se fue a otra religión, o anda muy alejado de Dios… Esas personas tienen un reto magnífico, valiente:La confianza mayor que el problema.

La misma confianza que tienes en Dios, tenla en María Santísima. “Si vosotros que sois malos dais buenas cosas a vuestros hijos.. cuanto más vuestro padre celestial…”
¿Crees que Ella no puede, crees que Ella no quiere? El amor que Ella te tiene es como para darte todas las cosas del mundo, con más razón la pequeña cosa que le pides. Problema de confianza, siempre es problema de confianza.

¿Cómo se adquiere la confianza?
Pidiéndosela a Dios y a María Santísima y ejercitándola en pequeños y repetidos actos de confianza. Confío en que me ayudarás a tener hoy qué comer, cómo pagar mis deudas, como conseguir trabajo, cómo lograr que mi hijo o hija regrese al buen camino…

Hay, además, una fórmula secreta para obtener cosas que uno necesita: y consiste en dar. Parece contradictoria pues, si no tengo, qué voy a dar. Siempre el más pobre puede dar algo de lo que tiene. Al dar algo parece empobrecerse de momento, pero hay una ley que se cumple siempre: el que da, recibe. Claro, al que no está acostumbrado a ese modo de proceder o no lo ha experimentado, le cuesta creerlo. Pero yo le reto a que haga la prueba.

Muchos y muchas de ustedes han dado un ejemplo de esto: comprometerse con una ofrenda de amor mensual sin saber si van tener. Pueden estar seguros que se cumplirá lo del profeta Elías con la viuda de Sarepta: No faltará la harina ni el aceite en tu casa hasta que Dios mande la lluvia del cielo…Y así sucedió. Los que han hecho anteriormente la experiencia, lo saben.

Dejo en tus manos, Señor, mi vida entera: Mi pasado, mi presente y mi futuro. También el día de mi muerte. Yo no sé cuándo será ni cómo pero no importa. Me importa que lo sepan las dos personas que más me aman en este mundo, Tú y tu Madre santísima que es también mía. Por eso no tengo miedo a la muerte.

Seguiremos con esta reflexión mañana martes 6 de febrero 2013 

siguiente reflexion

Quiero volver a confiar


Autor: P. Dennis Doren L.C. | Fuente: Catholic.net
Quiero volver a confiar
Adoro mi mundo simple y común. Tener el amor, la caridad, la solidaridad como base. La indignación delante de la falta de ética, moral, respeto, prepotencia e injusticia.
Quiero volver a confiar

Se quiere construir una sociedad sin Dios, y sin Dios, el hombre no tiene futuro, y las consecuencias ya las estamos sufriendo y experimentando. Dios es el futuro de nuestra vida, a nivel personal y a nivel social. Si quitamos a Dios de la existencia humana, el hombre se queda sin horizonte, efectivamente, pierde el piso. El hombre sin Dios queda amputado en una de sus principales dimensiones, la dimensión religiosa. Esta dimensión religiosa del hombre no se reduce a la esfera privada de la conciencia, sino que por la propia naturaleza humana, tiende a expresarse y a vivirse en sociedad.

Dios no es enemigo del hombre. Dios no estorba para el progreso y para la felicidad del hombre. Dios ha sido y seguirá siendo el principal factor de transformación de la sociedad, de respeto al ser humano, de promoción de sus derechos, de fomento de la convivencia. Fui criado con principios morales comunes cuando era niño: madres, padres, profesores, abuelos, tíos, vecinos eran autoridades dignas de respeto y consideración. Cuanto más próximos o más viejos, más afecto. Inimaginable responder maleducadamente a los más ancianos, ni a maestros o autoridades. Confiábamos en los adultos porque todos eran padres, madres o familiares de todos los chicos de la cuadra, del barrio, de la ciudad. Teníamos miedo apenas de lo oscuro, de los ratones, de películas de terror.

Hoy tengo una tristeza infinita por todo lo que hemos perdido, por todo lo que los niños un día temerán, por el miedo en la mirada de los niños, jóvenes, viejos y adultos. Derechos humanos para criminales, deberes ilimitados para ciudadanos honestos. Pagar las deudas es ser tonto… amnistía para los estafadores; no tomar ventaja es ser necio. ¿Qué pasó con nosotros? Profesores maltratados en las aulas, comerciantes amenazados, e incluso, asesinados por traficantes, rejas en nuestras ventanas y puertas, miedo por no saber cuándo va a llegar una balacera o un secuestro. ¿Qué valores son éstos? Autos que valen más que abrazos, hijos queriendo regalos por pasar de curso, celulares en las mochilas de los recién salidos de los pañales, ¿qué vas a querer a cambio de un abrazo?, más vale una pantalla gigante que una conversación; más vale un caro maquillaje que un helado; más vale parecer que ser. ¿Cuándo fue que todo desapareció o se hizo ridículo?

Quiero sacar las rejas de mi ventana para tocar las flores.

Quiero sentarme en la vereda y tener la puerta abierta en las noches de verano.

Quiero la honestidad como motivo de orgullo.

Quiero la rectitud de carácter, la cara limpia y la mirada a los ojos.

Quiero la vergüenza y la solidaridad.

Quiero la esperanza, la alegría, la confianza, la fe.

Quiero callarle la boca a quien dice “a nivel de”, al hablar de una persona. ¿Qué bien trae el “tener”, si se pierde el ser”? ¡Y viva, sí, viva el retorno de la verdadera vida, simple como la lluvia, limpia como un cielo de abril, leve como la brisa de la mañana! Y definitivamente, común, como yo.

Adoro mi mundo simple y común. Tener el amor, la caridad, la solidaridad como base. La indignación delante de la falta de ética, de moral, de respeto, de prepotencia e injusticia.

¿Vamos a volver a ser “gente”? Tenemos una misión, única en nuestra sociedad actual: construir un mundo mejor, más justo, donde las personas respeten a las personas. ¿Utopía? No…, ¿sí?, ¿quién sabe?… Hoy es día para hacer el intento, es el día para marcar la diferencia.

¡Ten confianza, tu fe te ha salvado!


Autor: Jonathan Montoya | Fuente: Catholic.net
¡Ten confianza, tu fe te ha salvado!
Mateo 9, 18-26. Tiempo Ordinario. En medio de las dificultades Dios se nos presenta como la solución y no duda en manifestarnos su amor.
¡Ten confianza, tu fe te ha salvado!

Evangelio

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 9, 18-26

Mientras Jesús les estaba diciendo estas cosas, se presentó un alto jefe y, postrándose ante él, le dijo: «Señor, mi hija acaba de morir, pero ven a imponerle tu mano y vivirá». Jesús se levantó y lo siguió con sus discípulos. Entonces se le acercó por detrás una mujer que padecía de hemorragias desde hacía doce años, y le tocó los flecos de su manto, pensando: «Con sólo tocar su manto, quedaré curada». Jesús se dio vuelta, y al verla, le dijo: «Ten confianza, hija, tu fe te ha salvado». Y desde ese instante la mujer quedó curada. Al llegar a la casa del jefe, Jesús vio a los que tocaban música fúnebre y a la gente que gritaba, y dijo: «Retírense, la niña no está muerta, sino que duerme». Y se reían de él. Cuando hicieron salir a la gente, él entró, la tomó de la mano, y ella se levantó. Y esta noticia se divulgó por aquella región.

Oración introductoria

Señor, en este pasaje me presentas dos personajes dignos de imitar por su fe. ¡Ayúdame, Jesús, para que pueda prestar oídos a tu voz y descubrirte, experimentarte, tocarte con la fe! Quiero aprender la lección que me das en este evangelio: no se trata de saberlo todo, racionalizarlo todo, sino más bien de creer, de esperar, de amar. Madre del cielo, intercede por mí para que haga con provecho esta meditación.

Petición

Señor, ayúdame a caminar hoy por la senda de una fe viva, operante y luminosa que me permita a iluminar todos los acontecimientos de este día con la luz de Dios.

Meditación

El defecto de creer con una fe inoperante y muerta es lo que ha forjado el estado espiritual de muchos cristianos. Ahora bien, mientras tengas más fe, mayor será tu alegría en este valle de lágrimas. El testimonio más evidente nos lo da el primer personaje de este evangelio que va y se arrodilla ante Jesús y le pide la resurrección de su hija. En medio de las dificultades Dios se nos presenta como la solución y no duda en manifestarnos su amor.

¿Y qué decir de aquella otra mujer que padecía flujos de sangre? ¡Se curó por la fe que tenía! Y es que en el campo de la fe el riesgo no está en la posibilidad de perder, sino en el riesgo de no arriesgarse del todo. ¡Quien se arriesga sin condiciones, gana!

Finalmente, Jesús llegó a la casa donde le necesitaban: La niña no está muerta, sino que duerme. Y se reían de él. Se burlaban de Jesús porque no tenían fe teologal. No es sólo saber algo: que Dios existe, que Cristo es Dios… no sólo es eso. También es hacer la experiencia de Dios en mi vida, en el mundo que me rodea, en la historia que vivo.

Reflexión apostólica

Mientras no hay dificultades todo marcha muy bien, pero llega un momento, una circunstancia que nos molesta, un obstáculo imprevisto que se atraviesa en nuestro camino, y surgen las dudas, los problemas, las crisis. ¡Si tuviéramos más de fe veríamos que Dios permite todo esto para probarnos un poquito en la fe, en el amor que le tenemos!

Hay dificultades, hay tentaciones contra la fe. ¡Claro que sí! Pero mil dudas no podrán resquebrajar una convicción de fe.

Ejercitémonos en la fe buscando a Dios, buscando poseerlo en nuestro corazón reconociendo la fugacidad de la vida, de las cosas, y aceptando nuestra pequeñez y miseria.

Propósito

Hacer un acto de fe viva y operante; por ejemplo, hacer una buena confesión.

Diálogo con Cristo

Señor, te doy gracias por haberte encarnado, por hacerte hombre, por ser mi amigo inseparable, por ser Señor de mi “mundito” y de mi historia. Ahora puedo tener la certeza de que existes más allá de cuanto alcanza a ver mi mente y mis sentidos como un abismo de ternura y de perdón. ¡Gracias, Señor, por el don de la fe!

“La fe, antes que creer en Dios, es creer a Dios”

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