Bendita tú entre las mujeres


Autor: Rodrigo Fernández de Castro De León, L.C. | Fuente: Catholic.net
Bendita tú entre las mujeres
Lucas 1, 39-48. Solemnidad de la Virgen de Guadalupe. Un amor fiel, un amor fresco, un amor de Madre, en el tiempo y en la eternidad.
Bendita tú entre las mujeres

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 1, 39-48

En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea, y entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la creatura saltó en su seno. Entonces, Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y levantando la voz, exclamó: ¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor. Entonces dijo María: Mi alma glorifica al Señor y mi espíritu se llena de júbilo en Dios mi salvador, porque puso sus ojos en la humildad de su esclava.

Oración introductoria

Señor Jesús, Tú sabes que llevo mucho tiempo buscándote; aquí estoy. Creo en Ti. Creo que estás realmente presente en la Eucaristía. Creo que estás presente en mi prójimo.

Petición

«María, háblanos de Jesús, para que el frescor de nuestra fe brille en nuestros ojos y caliente el corazón de aquellos con quienes nos encontremos, como tú hiciste al visitar a Isabel que en su vejez se alegró contigo por el don de la vida». (Benedicto XVI, Oración a la Virgen de Loreto, 14 de febrero de 2007).

Meditación del Papa

María, llevando en su seno a Jesús recién concebido, va a casa de su anciana prima Isabel, a la que todos consideraban estéril y que, en cambio, había llegado al sexto mes de una gestación donada por Dios (cf. Lc 1,36). Es una muchacha joven, pero no tiene miedo, porque Dios está con ella, dentro de ella. En cierto modo, podemos decir que su viaje fue la primera «procesión eucarística» de la historia. María, sagrario vivo del Dios encarnado, es el Arca de la Alianza, en la que el Señor visitó y redimió a su pueblo. La presencia de Jesús la colma del Espíritu Santo. Cuando entra en la casa de Isabel, su saludo rebosa de gracia: Juan salta de alegría en el seno de su madre, como percibiendo la llegada de Aquel a quien un día deberá anunciar a Israel. Exultan los hijos, exultan las madres. Este encuentro, impregnado de la alegría del Espíritu, encuentra su expresión en el cántico del Magníficat. (Benedicto XVI, Alocución, 31 de mayo de 2005).

Reflexión 

Es una realidad que todo ser humano busca la felicidad. Pero, si todos queremos ser felices, ¿por qué hay tantos problemas?, ¿por qué existen tantos males como las guerras, las injusticias y los odios? La respuesta es muy sencilla: porque no todos sabemos en qué consiste la felicidad. María nos enseña que la clave de la felicidad está en dos cosas: amar y ser amado.

Estas realidades no van contrapuestas, sino que están tan unidas como nuestra alma a nuestro cuerpo. María nos muestra el por qué. Ella ha experimentado el amor de Dios a tal grado que se ha convertido en el pilar que sostiene su vida. Sabe que pase lo que pase Dios no dejará de amarla. Con su actitud, nos invita a estar conscientes de que todo en nuestra vida es pasajero, excepto el amor de Dios. Podemos perder todo: casa, trabajo, familia… pero nunca perderemos el amor de Dios.

Es precisamente esto lo que lleva a María a la segunda parte de la felicidad: amar. Cuando un cristiano experimenta el amor de Dios, surge en su interior un sincero deseo de corresponder. María lo demuestra cuando, con alegría y sencillez, va en busca de su prima Isabel, para llevarle a Jesús.

Éste es el reto de los cristianos: amar y ser amados. La segunda parte ya la tenemos: Dios nunca dejará de amarnos. ¿Estamos dispuestos a vivir la primera?

La Iglesia en México, en América, en el mundo entero, celebra la Virgen de Guadalupe, y tendrá siempre presente un cerro en el que la Virgen nos alentó con su cariño: “¿No estoy yo aquí, que soy tu madre?” Son palabras que nos unen directamente al Calvario, cuando Cristo, el crucificado, le dijo a María: “He ahí a tu hijo”. Son palabras que nos alivian en las mil aventuras de la vida, en los peligros, en las pruebas, en los fracasos.

María nos espera a todos, como a hijos. México estará muy cerca de Dios si sabe conservar, en la fe de cada mexicano, su amor a la Virgen, Nuestra Señora del Tepeyac. Cuando rompamos las fronteras de la muerte y encontremos al Dios de la justicia y del perdón, sentiremos en lo más profundo del corazón el cariño de María de Guadalupe. Un amor fiel, un amor fresco, un amor de Madre, en el tiempo y en la eternidad.

Propósito

El día de hoy voy a rezar un misterio del rosario, agradeciendo a María la ayuda silenciosa que me ha dado durante toda mi vida, encomendando a mis familiares y seres queridos.

Diálogo con Cristo

Jesús, en este día dedicado a la Virgen de Guadalupe, te doy gracias por haberme dado a María como Madre. Ayúdame a imitar a la Virgen en sus virtudes, especialmente la generosidad y la servicialidad. Dame la gracia de tener un alma profundamente eucarística, para que toda mi vida pueda transformarse en un Magníficat.

“Si se levantan las tempestades de tus pasiones, mira a la Estrella, invoca a María.
Si la sensualidad de tus sentidos quiere hundir la barca de tu espíritu, levanta los ojos de la fe, mira a la Estrella invoca a María.
Si el recuerdo de tus muchos pecados quiere lanzarte al abismo de la desesperación, lánzale una mirada a la Estrella del cielo y rézale a la Madre de Dios.
Siguiéndola, no te perderás en el camino. Invocándola no te desesperarás. Y guiado por Ella llegarás seguramente al Puerto Celestial”.
 (San Bernardo de Claraval)

Monicion para la Solemnidad de Nuestra Señora de Guadalupe


Solemnidad de Nuestra Señora de Guadalupe

M.R. Pág. 596  /  Lec. I Pág. 978

Monición de Entrada

(Saludo) Celebramos con gozo  a Nuestra Señora de Guadalupe, pidámosle que interceda por  nosotros ante Dios, para que nos de la paz, el amor y el perdón que necesitamos de Él.

o

Con goza hoy venimos a celebrar a Nuestra Señora de Guadalupe. Ella nos guía al encuentro de su Hijo Jesucristo. Pidámosle que inteceda por nosotros ante Dios para que la paz, el amor y el perdón habiten en cada uno de nosotros.

LITURGIA DE LA PALABRA

Primera Lectura: Eclo 24, 23-31

Salmo 66

Segunda Lectura: Gal 4, 4-7

Evangelio: Lc 1, 39-48

Monición a las Lecturas (Única)

Estas lecturas llenas de sabiduría, amor y esperanza alegran nuestros corazones, escuchemos atentamente la Palabra de Dios.

o

María la pureza encarnada, tiene una misión muy importante: ser madre de Dios. En su humildad nos muestra un gran ejemplo de entrega y servicio desinteresado hacia el necesitado.

Monición a las Lecturas (Individual)

Primera Lectura

Un himno a la sabiduría es lo que escucharemos en esta primera lectura, que también nos figura la importancia de María madre de Jesucristo y madre nuestra. Escuchemos

Segunda Lectura

Cristo vino a rescatarnos,  nos envía al Espíritu Santo que con confianza nos hace llamar “Padre” a Dios.

Evangelio

Así como María sale presurosa a visitar a su prima Isabel, nos enseña a estar siempre disponibles al servicio de nuestros hermanos

Oración de los Fieles

Pongamos hermanos, nuestros ojos en Jesús que, para salvar al mundo, quiso nacer de santa María Virgen, y oremos por nuestra nación, por los pueblos de América Latina y por el bien de todos los hombres:

1.- Para que el Señor, que quiso que la santidad de la Iglesia se prefigurara y culminara en la perfección de María, conceda a los cristianos de México y a sus pastores ser vivo reflejo de aquella santidad que resplandece en la santa Madre de Dios, roguemos al Señor

2.- Para que nuestra nación, que hoy venera con  solemnidad a María Virgen bajo la advocación de Guadalupe, alcance una paz verdadera y estable y vea alejada de sus ciudadano las injusticias y los egoísmos mutuos, roguemos al Señor

3.- Para que el ejemplo de la fortaleza de María, que sufrió crueles dolores al pie de la cruz, sea consuelo para los que sufren y esperanza para quienes se sienten decaídos, roguemos al Señor

4.- Para que los cristianos que hoy celebramos la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, demos a los ciudadanos de nuestra nación un claro testimonio de fe cristiana y una colaboración eficaz a la prosperidad de nuestro pueblo, roguemos al Señor

Dios nuestro, que has querido que santa María de Guadalupe fuera ayuda y patrona del pueblo mexicano, escucha nuestras plegarias y haz que, confiando en su ayuda poderosa, obtengamos los bienes que te hemos pedido. Por Jesucristo nuestro Señor.

Monición al Ofertorio

Con el mismo gozo con que María nuestra madre, nos entregó a su divino Hijo, presentemos al Señor nuestro esfuerzo por seguirle en todo momento.

Monición a la Comunión

Con gran devoción, acerquémonos ahora a recibir a Cristo en su cuerpo y su sangre, fortaleza para nuestra alma y compañía para nuestra vida.

Para después de Comulgar

La madre de Cristo se apareció a un hombre sencillo, un indio llamado Juan Diego. Lo escogió como representante de todos sus amados hijos e hijas, para anunciar que la divina Providencia llama a la salvación a los hombres de todas las razas y culturas.

Pidámosle a Dios cada uno en nuestro interior que nos de la humildad de Juan Diego para ser dignos mensajeros de amor y paz.

Monición de Despedida

La fiesta de nuestra señora de Guadalupe, debe comprometernos a mejorar nuestras vidas y a seguir preparando con entusiasmo nuestro caminar hacia el Señor, que desea renovar su amistad con nosotros en esta Navidad.

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