Monición Jornada Mundial de las Misiones 19/oct/2014 ciclo A


MONICION PARA EL DOMINGO XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A

Construir la comunión eclesial, clave de la misión…

JORNADA MUNDIAL DE LAS MISIONES

M.R. Pág. 1073 [751] 

 

MONICION DE ENTRADA

(Saludo) Este Domingo celebramos la Jornada Mundial de las Misiones. En esta celebración encomendamos
especialmente a todos los misioneros, que trabajan para el Señor dando a conocer su evangelio en los lugares más apartados. Dispongámonos a participar con gozo de esta Santa Eucaristía.

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Hoy estamos invitados a pedir por las misiones.Esta es una tarea trascendental para el presente y para el futuro de nuestra Iglesia. Pidamos con fe al Señor que la luz de su Hijo Jesucristo ilumine a toda la humanidad.

LITURGIA DE LA PALABRA

Primera Lectura: Is 56, 1. 6-7

Salmo  66

Segunda Lectura: Tim 2, 1-8

Evangelio: Mt 28, 16-20

MONICION A LAS LECTURAS

 

PRIMERA LECTURA

La promesa de salvación alcanza también a todos los extranjeros que lleguen a poner su confianza en Dios

SEGUNDA LECTURA

San Pablo nos pide orar por todos los hombres. Esta oración debe estar en sintonía con la salvación que en Él se ha ofrecido a todos los hombres.

EVANGELIO

En este evangelio escucharemos como queda descrita la misión universal que Jesús llama a cumplir  sus discípulos.

MONICION A LAS LECTURAS (UNICA)

Somos una Iglesia misionera enviada por Cristo a llevar su mensaje de Salvación a todos las naciones; todos los pueblos alabemos a Dios por su gran bondad y misericordia.

MONICION A LAS OFRENDAS

Estos dones de pan y vino al ser transformados en cuerpo y sangre de Cristo, sean prenda de salvación para todos lo que queremos poner el mensaje de Cristo al centro de nuestras vidas.

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Los dones que como su familia presentamos en el altar, se transformarán en una continua alabanza al Padre. Él quiere estar siempre con nosotros, dándonos la fuerza transformadora de su Espíritu

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Estos dones de pan y vino transformados en el Cuerpo y  Sangre de Cristo, son salvación para todos lo que queremos seguirle y dejar  que su palabra sea guía de nuestras vidas.

MONICION A LA COMUNION

Más fuerte que nuestras debilidades y desánimos, es la gracia que el Señor desea comunicarnos en esta santa Comunión. Que alimentados con este divino manjar, podamos serle siempre fieles.

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Agradezcamos al Señor el don de ser sus discípulos. Al participar de la mesa eucarística, tengamos presentes en nuestras oraciones a todos los que no lo conocen y a los misioneros que les predican el Evangelio.

MONICION DE SALIDA

A la luz de la fe, esforcémonos seriamente en la transformación de las realidades temporales… Que, por nuestro compromiso cristiano, sea mejor cada día ese mundo concreto en donde nos ha tocado vivir.

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Como miembros de una Iglesia Misionera vayamos a dar testimonio de Cristo en todas partes. Que con nuestro empeño apostólico la fuerza del Evangelio pueda transformar a fondo nuestro mundo.

ORACION DE LOS FIELES  /  ORACION UNIVERSAL

Oremos a Dios Padre, por medio de Jesucristo, su Hijo, que se entregó por la salvación de todos:

1.- Para que los pastores y los fieles sean para el mundo anuncio claro y Sacramento eficaz de la salvación que Dios prepara a todos los pueblos, roguemos al Señor.

2.- Para que los hombres de todos los pueblos, religiones y culturas, en su esfuerzo por encontrar a Dios, descubran con gozo que el Señor no está lejos de cada uno de ellos, roguemos al Señor.

3.- Para que los pueblos que sufren por la pobreza, el hambre o las guerras obtengan un mayor desarrollo y gocen de la paz, y así puedan recibir con mayor facilidad el anuncio del Evangelio, roguemos al Señor.

4.- Para que nosotros y los fieles de nuestra comunidad seamos luz del mundo y sal de la tierra, y así la gente que nos rodea al ver nuestras buenas obras dé gloria también al Padre del Cielo, roguemos al Señor.

Señor Dios, que amas a todos los hombres y quieres que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, escucha nuestra oración y haz que el Evangelio de tu Hijo sea proclamado por todos los cristianos y recibido, con gozo, por todos los hombres de buena voluntad. Por Jesucristo nuestro Señor.

Monicion a la Soleminidad de San Pedro y San Pablo


MONICION PARA EL DOMINGO XIII DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A

SAN PEDRO Y SAN PABLO APOSTOLES

La firmeza de dos Testigos insignes

M.R. Pág. 740 [500]  /  Lecc II Pág. 1088

 

MONICION DE ENTRADA

(Saludo) Este año celebramos en domingo la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, ésta muy antigua fiesta nos brinda la oportunidad de afirmar nuestra comunión en y con la Iglesia y de fortalecer nuestro compromiso cristiano. ¡Que el Señor  aumente nuestra fe para que a ejemplo de los santos que hoy celebramos nos haga ser entusiastas anunciadores de la buena nueva de Cristo!

 

LITURGIA

Primera Lectura: Hechos 12, 1-11

Salmo 33

Segunda Lectura: 2 Tim 4, 6-8 . 17-18

Evangelio: Mt 16,13-19

MONICION A LAS LECTURAS

Hoy Jesús en su palabra nos dice que debemos estar siempre atentos y trabajar en lo que Dios nos dio como misión para como Pablo un día recibir el premio de estar con Él y como Pedro saberlo reconocer como nuestro Mesías y Salvador

 

MONICION AL OFERTORIO

Los dones que presentamos al altar en unos momentos serán Cuerpo y Sangre del Señor. ¡Presentémosle gozosos todo nuestro ser para que en Cristo seamos todos transformados y santificados.

 

MONICION A LA COMUNION

Cristo a quien los apóstoles y los mártires, no dudaron en sacrificar su propia vida, desea alimentarnos con su Cuerpo y Sangre. Que sostenidos por ésta fuerza divina crezcamos en fidelidad a su mensaje de salvación.

 

MONICION DE DESPEDIDA

La apostolicidad es una de las notas esenciales de la verdadera Iglesia de Jesucristo. Que cimentados en la fe de los apóstoles vayamos a cumplir la misión que el Señor nos ha encomendado.

 

Mensaje del Papa Francisco para esta Cuaresma 2014


MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA CUARESMA 2014

Se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza (cfr. 2 Cor 8, 9)

 

Queridos hermanos y hermanas:

Con ocasión de la Cuaresma os propongo algunas reflexiones, a fin de que os sirvan para el camino personal y comunitario de conversión. Comienzo recordando las palabras de san Pablo: «Pues conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su pobreza» (2 Cor 8, 9). El Apóstol se dirige a los cristianos de Corinto para alentarlos a ser generosos y ayudar a los fieles de Jerusalén que pasan necesidad. ¿Qué nos dicen, a los cristianos de hoy, estas palabras de san Pablo? ¿Qué nos dice hoy, a nosotros, la invitación a la pobreza, a una vida pobre en sentido evangélico?

La gracia de Cristo

Ante todo, nos dicen cuál es el estilo de Dios. Dios no se revela mediante el poder y la riqueza del mundo, sino mediante la debilidad y la pobreza: «Siendo rico, se hizo pobre por vosotros…». Cristo, el Hijo eterno de Dios, igual al Padre en poder y gloria, se hizo pobre; descendió en medio de nosotros, se acercó a cada uno de nosotros; se desnudó, se “vació”, para ser en todo semejante a nosotros (cfr. Flp 2, 7; Heb 4, 15). ¡Qué gran misterio la encarnación de Dios! La razón de todo esto es el amor divino, un amor que es gracia, generosidad, deseo de proximidad, y que no duda en darse y sacrificarse por las criaturas a las que ama. La caridad, el amor es compartir en todo la suerte del amado. El amor nos hace semejantes, crea igualdad, derriba los muros y las distancias. Y Dios hizo esto con nosotros. Jesús, en efecto, «trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre. Nacido de la Virgen María, se hizo verdaderamente uno de nosotros, en todo semejante a nosotros excepto en el pecado» (Conc. Ecum. Vat. II, Const. past. Gaudium et spes, 22).

La finalidad de Jesús al hacerse pobre no es la pobreza en sí misma, sino —dice san Pablo— «…para enriqueceros con su pobreza». No se trata de un juego de palabras ni de una expresión para causar sensación. Al contrario, es una síntesis de la lógica de Dios, la lógica del amor, la lógica de la Encarnación y la Cruz. Dios no hizo caer sobre nosotros la salvación desde lo alto, como la limosna de quien da parte de lo que para él es superfluo con aparente piedad filantrópica. ¡El amor de Cristo no es esto! Cuando Jesús entra en las aguas del Jordán y se hace bautizar por Juan el Bautista, no lo hace porque necesita penitencia, conversión; lo hace para estar en medio de la gente, necesitada de perdón, entre nosotros, pecadores, y cargar con el peso de nuestros pecados. Este es el camino que ha elegido para consolarnos, salvarnos, liberarnos de nuestra miseria. Nos sorprende que el Apóstol diga que fuimos liberados no por medio de la riqueza de Cristo, sino por medio de su pobreza. Y, sin embargo, san Pablo conoce bien la «riqueza insondable de Cristo» (Ef 3, 8), «heredero de todo» (Heb 1, 2).

¿Qué es, pues, esta pobreza con la que Jesús nos libera y nos enriquece? Es precisamente su modo de amarnos, de estar cerca de nosotros, como el buen samaritano que se acerca a ese hombre que todos habían abandonado medio muerto al borde del camino (cfr. Lc 10, 25ss). Lo que nos da verdadera libertad, verdadera salvación y verdadera felicidad es su amor lleno de compasión, de ternura, que quiere compartir con nosotros. La pobreza de Cristo que nos enriquece consiste en el hecho que se hizo carne, cargó con nuestras debilidades y nuestros pecados, comunicándonos la misericordia infinita de Dios. La pobreza de Cristo es la mayor riqueza: la riqueza de Jesús es su confianza ilimitada en Dios Padre, es encomendarse a Él en todo momento, buscando siempre y solamente su voluntad y su gloria. Es rico como lo es un niño que se siente amado por sus padres y los ama, sin dudar ni un instante de su amor y su ternura. La riqueza de Jesús radica en el hecho de ser el Hijo, su relación única con el Padre es la prerrogativa soberana de este Mesías pobre. Cuando Jesús nos invita a tomar su “yugo llevadero”, nos invita a enriquecernos con esta “rica pobreza” y “pobre riqueza” suyas, a compartir con Él su espíritu filial y fraterno, a convertirnos en hijos en el Hijo, hermanos en el Hermano Primogénito (cfr Rom 8, 29).

Se ha dicho que la única verdadera tristeza es no ser santos (L. Bloy); podríamos decir también que hay una única verdadera miseria: no vivir como hijos de Dios y hermanos de Cristo.

Nuestro testimonio

Podríamos pensar que este “camino” de la pobreza fue el de Jesús, mientras que nosotros, que venimos después de Él, podemos salvar el mundo con los medios humanos adecuados. No es así. En toda época y en todo lugar, Dios sigue salvando a los hombres y salvando el mundo mediante la pobreza de Cristo, el cual se hace pobre en los Sacramentos, en la Palabra y en su Iglesia, que es un pueblo de pobres. La riqueza de Dios no puede pasar a través de nuestra riqueza, sino siempre y solamente a través de nuestra pobreza, personal y comunitaria, animada por el Espíritu de Cristo.

A imitación de nuestro Maestro, los cristianos estamos llamados a mirar las miserias de los hermanos, a tocarlas, a hacernos cargo de ellas y a realizar obras concretas a fin de aliviarlas. La miseria no coincide con la pobreza; la miseria es la pobreza sin confianza, sin solidaridad, sin esperanza. Podemos distinguir tres tipos de miseria: la miseria material, la miseria moral y la miseria espiritual. La miseria material es la que habitualmente llamamos pobreza y toca a cuantos viven en una condición que no es digna de la persona humana: privados de sus derechos fundamentales y de los bienes de primera necesidad como la comida, el agua, las condiciones higiénicas, el trabajo, la posibilidad de desarrollo y de crecimiento cultural. Frente a esta miseria la Iglesia ofrece su servicio, su diakonia, para responder a las necesidades y curar estas heridas que desfiguran el rostro de la humanidad. En los pobres y en los últimos vemos el rostro de Cristo; amando y ayudando a los pobres amamos y servimos a Cristo. Nuestros esfuerzos se orientan asimismo a encontrar el modo de que cesen en el mundo las violaciones de la dignidad humana, las discriminaciones y los abusos, que, en tantos casos, son el origen de la miseria. Cuando el poder, el lujo y el dinero se convierten en ídolos, se anteponen a la exigencia de una distribución justa de las riquezas. Por tanto, es necesario que las conciencias se conviertan a la justicia, a la igualdad, a la sobriedad y al compartir.

No es menos preocupante la miseria moral, que consiste en convertirse en esclavos del vicio y del pecado. ¡Cuántas familias viven angustiadas porque alguno de sus miembros —a menudo joven— tiene dependencia del alcohol, las drogas, el juego o la pornografía! ¡Cuántas personas han perdido el sentido de la vida, están privadas de perspectivas para el futuro y han perdido la esperanza! Y cuántas personas se ven obligadas a vivir esta miseria por condiciones sociales injustas, por falta de un trabajo, lo cual les priva de la dignidad que da llevar el pan a casa, por falta de igualdad respecto de los derechos a la educación y la salud. En estos casos la miseria moral bien podría llamarse casi suicidio incipiente. Esta forma de miseria, que también es causa de ruina económica, siempre va unida a la miseria espiritual, que nos golpea cuando nos alejamos de Dios y rechazamos su amor. Si consideramos que no necesitamos a Dios, que en Cristo nos tiende la mano, porque pensamos que nos bastamos a nosotros mismos, nos encaminamos por un camino de fracaso. Dios es el único que verdaderamente salva y libera.

El Evangelio es el verdadero antídoto contra la miseria espiritual: en cada ambiente el cristiano está llamado a llevar el anuncio liberador de que existe el perdón del mal cometido, que Dios es más grande que nuestro pecado y nos ama gratuitamente, siempre, y que estamos hechos para la comunión y para la vida eterna. ¡El Señor nos invita a anunciar con gozo este mensaje de misericordia y de esperanza! Es hermoso experimentar la alegría de extender esta buena nueva, de compartir el tesoro que se nos ha confiado, para consolar los corazones afligidos y dar esperanza a tantos hermanos y hermanas sumidos en el vacío. Se trata de seguir e imitar a Jesús, que fue en busca de los pobres y los pecadores como el pastor con la oveja perdida, y lo hizo lleno de amor. Unidos a Él, podemos abrir con valentía nuevos caminos de evangelización y promoción humana.

Queridos hermanos y hermanas, que este tiempo de Cuaresma encuentre a toda la Iglesia dispuesta y solícita a la hora de testimoniar a cuantos viven en la miseria material, moral y espiritual el mensaje evangélico, que se resume en el anuncio del amor del Padre misericordioso, listo para abrazar en Cristo a cada persona. Podremos hacerlo en la medida en que nos conformemos a Cristo, que se hizo pobre y nos enriqueció con su pobreza. La Cuaresma es un tiempo adecuado para despojarse; y nos hará bien preguntarnos de qué podemos privarnos a fin de ayudar y enriquecer a otros con nuestra pobreza. No olvidemos que la verdadera pobreza duele: no sería válido un despojo sin esta dimensión penitencial. Desconfío de la limosna que no cuesta y no duele.

Que el Espíritu Santo, gracias al cual «[somos] como pobres, pero que enriquecen a muchos; como necesitados, pero poseyéndolo todo» (2 Cor 6, 10), sostenga nuestros propósitos y fortalezca en nosotros la atención y la responsabilidad ante la miseria humana, para que seamos misericordiosos y agentes de misericordia. Con este deseo, aseguro mi oración por todos los creyentes. Que cada comunidad eclesial recorra provechosamente el camino cuaresmal. Os pido que recéis por mí. Que el Señor os bendiga y la Virgen os guarde.

Vaticano, 26 de diciembre de 2013

Fiesta de San Esteban, diácono y protomártir

 

FRANCISCO

Fuente: vatican.va

Moniciones Dominicales Ciclo A


Hola amigos. Espero que todos estén bien. Esta entrada es para poner a su disposición todas las moniciones dominicales del ciclo A. Ya están todas en la página solo es cuestión de saberlas encontrar. Pero para mayor facilidad y comodidad para todos aquí les dejo la lista y así tengan mejor acceso a ellas….

Las voy a ir actualizado conforme vayan pasando los días, pero por lo pronto aquí están:

TIEMPO DE ADVIENTO

Primer Domingo 

Segundo Domingo

Tercer Domingo

Cuarto Domingo

TIEMPO DE NAVIDAD

Misa de Noche Buena

Misa del 25 de Diciembre

Fiesta de la Sagrada Familia

Solemnidad de Santa María Madre de Dios

Misa de Acción de Gracias de Fin de Año

La Epifanía del Señor

Fiesta del Bautismo del Señor

TIEMPO ORDINARIO

Domingo II

Domingo III

La Presentación del Señor 02 de Febrero

Domingo IV

Domingo V

Domingo VI

Domingo VII

Domingo VIII

Domingo IX

Domingo X

Domingo XI

Domingo XII

Domingo XIII

Solemnidad de San Pedro y San Pablo

Domingo XIV

Domingo XV

Domingo XVI

Domingo XVII

Domingo XVIII

Domingo XIX

Domingo XX

Domingo XXI

Domingo XXII

Domingo XXIII

Domingo XXIV

Domingo XXV

Domingo XXVI

Domingo XXVII

Domingo XXVIII

Domingo XXIX

Jornada Mundial de las Misiones (19/Oct/2014)

Domingo XXX

Domingo XXXI

Domingo XXXII

Domingo XXXIII

TIEMPO DE CUARESMA

Primer Domingo

Segundo Domingo

Tercer Domingo

Cuarto Domingo

Quinto Domingo

SEMANA SANTA

Domingo de Ramos Ciclo A

Celebración Jueves Santo (institución de la Eucaristía)

Celebración Viernes Santo (La Pasión del Señor)

Celebración de la Vigilia Pascual (Sabado Santo)

PASCUA

Domingo de La Resurrección del Señor (Primer Domingo)

Segundo Domingo

Tercer Domingo

Cuarto Domingo

Quinto Domingo

Sexto Domingo

FIESTAS

Solemnidad de la Ascención del Señor

Vispera de Pentecostés

Solemnidad de Pentecostés

Solemnidad de la Santisima Trinidad

Solemnidad de Corpus Christi

 Solemnidad de Cristo Rey del Universo

Monición para el Domingo XX del Tiempo Ordinario Ciclo C


MONICION DEL DOMINGO XX DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO C

Un compromiso libre y gozoso

M.R. Pág. 248  /  Lecc II Pág. 257

 

MONICION DE ENTRADA

(Saludo) Que la participación en esta santa eucaristía nos llene de entusiasmo para correr con perseverancia la carrera de nuestra propia vocación, fijando siempre la mirada en Jesús, el autor y el consumador de nuestra fe.

 

LITURGIA DE LA PALABRA

Primera Lectura: Jer 38, 4-6 . 8-10

Salmo: 39

Segunda Lectura: Heb 12, 1-4

Evangelio: Lc 12, 49-53

 

MONICION A LAS LECTURAS

El seguir a Jesús es una constante lucha con el mundo, es un combate espiritual que se vive día a día haciendo frente al rechazo. La invitación es perseverar en la fe y en el seguimiento de Cristo que nos da la fuerza para seguir adelante sin desfallecer.

 

 

MONICION A LAS LECTURAS (Individual)

 

Primera Lectura

Jeremías es rechazado por su propia gente así como pasa con los demás profetas.

 

Segunda Lectura

San Pablo nos invita a asumir con gran libertad de espíritu y sin temores el combate de la fe. De esta forma podremos seguir el ejemplo de Cristo, el que derramó su sangre por nosotros

 

Evangelio

El seguimiento de Jesús implica estar dispuestos a abrazar la cruz de la renuncia, del sufrimiento y del conflicto. Como Cristo, el cristiano seguirá siendo siempre “signo de contradicción”

 

MONICION AL OFERTORIO

Al llevar nuestras ofrendas al altar, pidámosle al Señor que nos purifique con el fuego de su Espíritu. Que podamos librarnos de nuestras propias pasiones y logremos seguir así los criterios del Evangelio.

 

MONICION A LA COMUNION

Nos disponemos a entrar en comunión con Jesucristo. Démosle gracias porque nos permite estar de nuevo en su presencia para ofrecerle el regalo de nuestra fe.

 

MONICION DE DESPEDIDA

Dios nos invita a ser dignos discípulos de  Cristo, Vayamos a seguirlo por el camino del amor generoso y de la fidelidad cotidiana

 

 

ORACION DE LOS FIELES / ORACION UNIVERSAL

 

Presentemos nuestras súplicas al Señor y pidámosle que atienda las necesidades de cada uno de sus hijos:

 

1.- Roguemos al Señor por quienes, a causa de su enfermedad, porque están al servicio de sus hermanos o por cualquier otro motivo, no han podido venir a celebrar con nosotros el día del Señor. Oremos

 

2.- Roguemos por los que hacen obras de misericordia en favor de sus hermanos, para que Dios premie abundantemente el bien que hacen, y les dé en premio la vida eterna. Oremos

 

3.- Roguemos por los que tienen que vivir alejados de sus familiares y amigos, para que Dios los ayude en sus dificultades y les conceda retornar, sanos y salvos a sus hogares. Oremos

 

4.- Roguemos por nosotros mismos, para que el Señor nos ayude a conocer más y más el Evangelio de Cristo, y nos guarde de todo mal. Oremos

 

Dios nuestro, que en la cruz de Cristo nos lo revelas como signo de contradicción, escucha nuestras plegarias y no permitas que por negligencia o por cobardía rechacemos el proyecto de verdad y de gracia que sólo unidos a tu Hijo podemos alcanzar. Por Jesucristo, nuestro Señor.

 

Monición para el Domingo IX del tiempo ordinario Ciclo C


MONICION PARA EL NOVENO DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO C

Fe y Humildad: Virtudes Inseparables

M.R. Pág. 237  /  Lec II Pág. 220

 

MONICION DE ENTRADA

(Saludos) Retomamos hoy el tiempo ordinario de la liturgia. En el cual recordamos las obras de   Jesús entre nosotros. Él nos ama y nos convoca en torno al altar para alimentarnos con su Palabra, con su Cuerpo y con su Sangre.

 

LITURGIA DE LA PALABRA

Primera Lectura: Re 8, 41-43

Salmo: 116

Segunda Lectura: Gal 1-2 . 6-10

Evangelio: Lc 7, 1-10

 

MONICION A LAS LECTURAS (UNICA)

El amor de Dios es tan grande que es para toda la humanidad, todo el que lo acepte como Señor y Salvador y tenga Fe en Él verá sus prodigios

 

 

MONICION A LAS LECTURAS (INDIVIDUAL)

 

Primera Lectura:

Escucharemos la Oración que Salomón dedica al Templo de Jerusalén Casa de Oración a la que podrán acceder los gentiles si reconocen como Señor al Dios de Israel

 

Segunda Lectura:

San Pablo nos habla de la presencia de algunos perturbadores en el seno de la comunidad. A ellos se enfrenta con firmeza, defendiendo el verdadero Evangelio de Jesucristo

 

Evangelio

Escucharemos la narración de un milagro que muestra a Jesús como salvador universal. La curación a distancia del criado del centurión es tan portentosa como la fe de aquel extranjero que sombra a Jesús

 

 

MONICION DE OFERTORIO

La oración y la vida cristiana son inseparables porque proceden del mismo amor. Que la entrega generosa de nuestras ofrendas acreciente en nosotros la actitud filial, siempre en conformidad con los designios del Padre

 

MONICION A LA COMUNION

El pan consagrado en nuestros altares, en cada Eucaristía, es realmente el Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo. Acerquémonos a recibirlo con devoción en este día en que hacemos memoria gozosa de su sacrificio redentor

 

MONICION DE DESPEDIDA

La Eucaristía nos ha unido, nos ha fortalecido, pero además nos debe comprometer. Imitando la fe del Centurión hagamos de nuestra vida una continua acción de gracias

ORACION DE LOS FIELES/ORACION UNIVERSAL

 

Oremos a Jesucristo, el Señor y pidámosle que recordando su promesa, escuche la oración de este pueblo reunido en su nombre

 

1.- Para que el Señor se acuerde del Santo Padre, el Papa Francisco, de todos los obispos que predican la Palabra de Dios, d los presbíteros y diáconos y de todos los que en el mundo aman a Jesucristo, Roguemos al Señor

 

2.- Para que el Señor se acuerde de los responsables de las naciones, los asista en su misión y dé fortaleza a quienes trabajan por la paz y el bien común, roguemos al Señor

 

3.- Para que el Señor se acuerde de los ancianos y minusválidos, de los enfermos y de los que sufren, de los necesitados que esperan su ayuda y de los que son perseguidos por su nombre, roguemos al Señor

 

4.- Para que el Señor, en su infinita misericordia, se acuerde de todos  nosotros, nos conceda un tiempo favorable, nos otorgue el trabajo que necesitamos, abra su mano y nos sacie con sus bienes, roguemos al Señor

 

Dios todopoderoso y eterno, que en tu palabra has manifestado el poder y la fuerza que nos salva, haz que tu palabra se anuncie en todas lenguas y en toda las culturas, que todos los hombres la acojan y que en ella encuentren su salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor

 

 

Monicion para el Segundo Domingo de Pascua Ciclo C


MONICION PARA EL SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA CICLO C

DOMINGO DE LA DIVINA MISERICORDIA

M.R. Pág. 180  /  Lecc. I Pág. 329

 

MONICION DE ENTRADA

(Saludo) La Iglesia surge renovada de la resurrección del Señor, ella vive unida por un amor lleno de misericordia especialmente con los pobres, los débiles y los pecadores.  Llenos de gratitud por el don de la fe y de la misericordia, participemos unidos en esta santa Eucaristía.

 

LITURGIA DE LA PALABRA

Primera Lectura: Hc 5, 12-16

Salmo: 117

Segunda Lectura: Ap 1, 9-11 . 12-13 . 17-19

Evangelio: Jn 20, 19-31

 

MONICION A LAS LECTURAS (Única)

Escucharemos en estas lecturas el mensaje de Cristo resucitado que nos invita a vivir en el amor fraterno, a preocuparnos por nuestro prójimo y nos recuerda que la fe es un gran don de amor que se ha de manifestar en cada uno de nuestros actos.

 

MONICION A LAS LECTURAS (Individual)

 

Primera Lectura

El testimonio de Pedro y de los demás testigos de la resurrección es decidido y convincente. Por ello la primitiva comunidad va creciendo en número y la estima y el aprecio entre sus miembros es cada día mayor.

 

Segunda Lectura

Juan recibe la instrucción de transmitir a sus hermanos en la fe el mensaje de aquel que murió pero que hoy vive por los siglos de los siglos

 

Evangelio

Escucharemos una doble escena de las apariciones del Resucitado a sus discípulos. Tomás que cambia su actitud es un ejemplo sorprendente de la fuerza transformadora de la fe en Cristo.

 

MONICION AL OFERTORIO

Los dones del pan y del vino son signos de la Pascua victoriosa de Cristo. Ellos serán muy pronto el Cuerpo y la Sangre del Señor, Entregados como memorial del sacrificio que nos libera de nuestras dudas y temores.

 

MONICION A LA COMUNION

Como pueblo rescatado por Dios, acerquémonos a recibir a Cristo en la comunión. Y en un momento de oración alabémoslo y démosle gracias por su divina misericordia.

 

MONICION DE DESPEDIDA

En cualquier lugar en donde nos encontremos, nuestra celebración debe continuar. Vayamos a proclamar con actos nuestra fe en Jesucristo vivo y presente entre nosotros.

 

ORACION DE LOS FIELES  /  ORACION UNIVERSAL

 

 

 

Llenos de goso por la santa resurrección del Señor –purificados nuestros sentimientos y renovado nuestro espíritu-, supliquemos al Señor, diciendo: R. Rey vencedor, escúchanos

 

1.- A Cristo, que ha vencido la muerte y ha destruido el pecado, pidámosle que todos los cristianos sean siempre fieles a las promesas del Bautismo que renovaron en la noche santa de Pascua.

2.- A Cristo, que ha otorgado el perdón y la paz a los pecadores, supliquémosle que quienes han regresado al camino de la vida, conserven los dones que la misericordia del Padre les ha restituido

3.- A Cristo, que ha dado al mundo la vida verdadera y ha renovado toda la creación, pidámosle por los que, por no creer en su triunfo, viven sin esperanza.

4.- A Cristo, que ha colmado de alegría a los pueblos y los ha enriquecido con sus dones, pidámosle que renueve la esperanza de los que sufren y lloran.

5.- A Cristo,  que anunció la alegría a las mujeres, y por medio de las mujeres a los apóstoles, pidámosle por los que nos hemos reunido para celebrar su triunfo.

 

Dios nuestro, que cada domingo reúnes a tu pueblo para que celebre el triunfo de tu Hijo –el primero y el último, el que estaba muerto y ahora vive por los siglos de los siglos-, danos la fuerza de tu Espíritu, para que, destruidas las fuerzas del mal, te ofrezcamos el obsequio de nuestra obediencia libre. Por Jesucristo, nuestro Señor, que vive y reina por los siglos de los siglos.

 

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