¿Qué son los mártires?


 

Los mártires son los cristianos que dan testimonio de la verdad en las enseñanzas de Cristo, prefiriendo la muerte y el sufrimiento a la renuncia de la fe.

 


A menudo, cuando se esta en medio de una tarea desagradable, la gente suele decir: “Esto es un martirio”. Pareciera que las imágenes de los primeros cristianos que son decapitados o colgados por prevalecer en su fe muestran el martirio como sólo sufrimiento. Sin embargo, martirio no sólo implica sufrimiento, sino virtud y alegría, pues es un testimonio de fidelidad en la vida y acciones de Cristo.

El sentido substancial de la palabra “mártir” se aclara si lo analizamos desde una postura etimológica. En lengua griega, “mártyras” significa testigo. Es así que quien muere martirizado es un testigo de la fe puesta en las enseñanzas de Cristo. El mártir da testimonio de Cristo, de su vida, de sus acciones y del valor del seguimiento de sus enseñanzas, pues ha preferido la muerte a renunciar a ellas. Podríamos decir que el mártir sella su testimonio con su sangre, tal como lo hizo Cristo. En este sentido, el mártir está unido con Cristo en la caridad.

El Catecismo de la Iglesia Católica ( No. 2473) indica que el martirio es el supremo testimonio de la verdad en la fe; designa un testimonio que llega hasta la muerte. El mártir da testimonio de la verdad de la fe y de la doctrina cristiana.

¿Qué finalidad persigue el mártir?

Los mártires pretenden mostrar que las enseñanzas de Cristo son verdaderas y valiosas, para lo cual testifican con su vida. También pretenden unirse, en caridad, a la verdad de Cristo.

Testigos de la verdad

Los mártires prefieren dar su vida que renegar de la fe. Con esto, muestran su compromiso de fe con la verdad. Ante el hecho de que los mártires den su vida por permanecer firmes en su fe, puede surgir la siguiente pregunta: ¿dando la vida se demuestra suficientemente la verdad de las creencias?

Podríamos pensar que aceptar la muerte a cambio de no abandonar una creencia es un acto heroico, pero no necesariamente una prueba de la verdad. Sin embargo, los mártires no sólo prueban el gran valor de sus creencias, sino también su verdad a través de la conservación de la fe. Pues difícilmente se daría la vida por mantenerse en una creencia falsa. Los mártires conservan firme su fe, la cual sólo se preserva como tal si se fundamenta en la verdad.

Es evidente que los mártires mueren con una firme certeza en Cristo. Pero antes debemos considerar que el estado subjetivo de la certeza adquiere su máxima firmeza en la verdad misma. Es así que los mártires mueren con una máxima certeza, por lo tanto, son testigos de la verdad. Pero debemos señalar que no de cualquier verdad, como la propia de las matemáticas o las ciencias, sino la verdad de la fe que ha sido tomada de la autoridad de Cristo. Santo Tomás de Aquino (Summa Theologiae II-II q. 124, a. 5) puntualiza que los mártires son testigos de la verdad que se ajusta a la piedad (Tit 1,1), que se nos manifiesta por Cristo. De ahí que los mártires de Cristo son como testigos de su verdad. Pero a la verdad de la fe pertenece no sólo la creencia del corazón, sino también la confesión externa, la cual se manifiesta no sólo con palabras por las que se confiesa la fe, sino también con obras por las que se demuestra la posesión de esa fe.

Unidos a Cristo en la caridad

Los mártires desean estar en comunión con la verdad, esto lo han mostrado con su sacrificio. Con su muerte, los mártires se unen a Cristo, quien también dio la vida como testimonio de la verdad. Antes de su muerte, Jesús anticipó que muchos de sus discípulos perderían la vida por dar testimonio de Él. Sin embargo, los instó a tener valentía para defender dignamente la verdad, diciéndoles que encontrarían el sentido de su muerte en el hallazgo de una vida renovada y plenificada. Incluso les dio fortaleza al declarar que, quien perdiera la vida por Él, no la perdería del todo, sino que la salvaría y la haría plena: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí, ése la salvará.” (Lc 9, 23-24)

Los cristianos saben que la vida óptima sólo se da permaneciendo en Cristo. El martirio implica un seguimiento de las enseñanzas cristianas hasta el punto de la muerte. Por lo que el mártir participa de la vida y de la muerte de Cristo. Así como Cristo se entregó como testimonio del amor del Padre, el mártir imita a Cristo y se entrega, en caridad, como testigo de Cristo. En esta participación del testimonio y del sufrimiento, el cristiano se une de una manera óptima a Cristo. Naturalmente, todos los hombres están llamados a ser óptimos en Cristo, sin embargo, el mártir goza más directamente de esta participación.

Vemos, entonces, que el mártir está unido a Cristo en la caridad. Pues, como Jesús dio su vida por voluntad libre y por amor de los hombres, el mártir da la vida por amor de Él y para confirmar la fe de sus hermanos.

El mártir da testimonio de Cristo, muerto y resucitado, al cual está unido por la caridad. Da testimonio de la verdad de la fe y de la doctrina cristiana. Soporta la muerte mediante un acto de fortaleza. “Dejadme ser pasto de las fieras. Por ellas me será dado llegar a Dios” (San Ignacio de Antioquía, Epistula ad Romanos, 4, 1). (CEC 2473)

El martirio se obtiene por la virtud de la fortaleza

Podemos pensar que el martirio es un don e incluso un privilegio, pues es unión íntima con Cristo en la imitación de su muerte. Pero el martirio no es sólo un don, sino un acto de la voluntad conseguido por la virtud de la fortaleza. El mártir muere libre, pues ha tenido la opción de elegir entre la muerte y la renuncia a la fe. Una vez que ha elegido guardar la fe y dar testimonio de ella como verdad, necesita de una virtud que haga óptima a su voluntad, a fin de perseverar firme en su decisión hasta la muerte. La virtud de la que hablamos es la fortaleza. Ella nos insta a perseverar para obtener un bien, y por lo tanto, es una virtud ya que las virtudes perfeccionan al hombre.

El martirio no sólo da gloria a Dios y une al mártir a la verdad y vida inmortal de Cristo, sino que tiene un amplio sentido de proselitismo. Los mártires reafirman a sus hermanos en la fe, pues con su testimonio dan muestra de que las enseñanzas recibidas son verdaderas y valiosas. En breve, digamos que los mártires invitan a sus hermanos a conservar sus creencias, y llegada la ocasión, a dar la vida por ellas. Tertuliano, un padre de la Iglesia decía: “la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos”. El martirio es un medio de expansión de la fe, pues es ejemplo de fortaleza y compromiso.

 

El día que el cielo se tiñó de sangre


Publicado en web el 17 de Noviembre, 2011

VI Aniversario de la Beatificación de los Mártires Mexicanos

A seis años de este acontecimiento, que cimbró de alegría a la Arquidiócesis de Guadalajara por la Beatificación de Anacleto González Flores y Compañeros, rememoramos este evento único.

4bMónica Livier Alcalá Gómez

El Monumental Estadio Jalisco estaba repleto el domingo 20 de noviembre de 2005. Fieles de Guadalajara y de Diócesis vecinas abarrotaron este recinto, pero no para disfrutar de un evento deportivo, sino de un acontecimiento de fe: la Beatificación de diez laicos y tres sacerdotes, la mayor parte de ellos martirizados por odio al catolicismo durante la llamada “Guerra Cristera”.

Cabe mencionar que las visitas del Papa Juan Pablo II a México fueron momentos ideales para promover a los que, en aras de la libertad religiosa y sin intervenir en el conflicto armado, fueron asesinados por su fidelidad a la Iglesia. Fue así como Cristóbal Magallanes Jara y Sacerdotes Compañeros Mártires fueron canonizados por este inolvidable Pontífice en Roma, en mayo de 2000.

Pero también los laicos

La mayor parte de los canonizados fueron sacerdotes que entregaron su vida por sus comunidades y no quisieron abandonarlas, a pesar del peligro. Con todo, también existieron numerosos laicos que, desde sus trincheras profesionales y pastorales, defendieron la fe católica.

Por ello, Guadalajara recibió con gozo la noticia de la Beatificación de Anacleto González Flores y Compañeros Mártires, siendo mayor su alegría por la noticia de realizarla en esta ciudad, con la presencia del Cardenal José Saraiva Martins, Delegado del Papa Benedicto XVI, y entonces Titular de la Congregación para las Causas de los Santos.

Esa inolvidable tarde, en que el cielo se tiñó de rojo, preparado para el evento que se estaba celebrando, fue un momento de aplausos, lágrimas, emoción, y también de oración, para pedir desde ese día la intercesión de los nuevos Beatos.

4aSigue avanzando la causa de canonización

Tras once años de investigación y trabajo, comenzado desde 1994, a cargo del Postulador de esta Causa, Monseñor José Guadalupe Ramiro Valdés Sánchez, Vicario General de la Arquidiócesis de Guadalajara, tuvo finalmente sus frutos, precisamente en ese magno acontecimiento.

Con todo, la Causa para lograr que estos valientes Mártires sean reconocidos por la Iglesia Universal como Santos se encuentra aún estancada: “En estos momentos se están revisando varios casos, pero ninguno se ha aprobado todavía como milagro fehaciente para lograr la Canonización de estos Mártires”, confirmó Monseñor Ramiro Valdés, también Canónigo de la Iglesia Catedral.

El Vicario General exhortó, por lo tanto, a los fieles, a encomendarse a estos Beatos con confianza y devoción: “Pueden invocar a Anacleto González y Compañeros Mártires, o a cualquier otro Beato de ese grupo, pero siempre haciendo mención ´y Compañeros´, para así lograr la Canonización de todos”.

Cabe resaltar que en la Arquidiócesis se estudian, además, las Causas de otros candidatos a la Canonización que no pertenecen a este grupo beatificado el 20 de noviembre de 2005, por lo que es importante señalar, según el Padre Valdés, que se tiene que hacer una clara distinción entre los que tienen Causas aparte y los que están en grupo: “Con el fin de lograr la Canonización de todos, se les debe invocar en grupo. Los que no pertenecen a este grupo beatificado el mismo día, tendrán sus propias oraciones de petición de favores”.

¿Dónde se veneran sus restos?

Anacleto González y Miguel Gómez Loza,
en el Santuario de Guadalupe.
Ezequiel y Salvador Huerta, en la Parroquia del Dulce Nombre de Jesús.
Jorge y Ramón Vargas, en el Templo Parroquial de Ahualulco, su tierra natal.
Luis Padilla, en San José de Analco.
Luis Magaña, en Arandas.
El niño José Sánchez del Río, en Sahuayo,
Michoacán.
Otros más, están en Veracruz y Guanajuato.

¿Qué es un Beato?

El término Beato significa, literalmente, feliz (del latín beatus), o Bienaventurado, en un sentido más amplio, aludiendo a la creencia de que esa persona está ya gozando del Paraíso. La consideración de Beato constituye el tercer paso en el camino de la Canonización. El primero, es Siervo de Dios; el segundo, Venerable; el tercero, Beato, y el cuarto, Santo.
En la Causa de Canonización de un fiel, se desarrollan varios Procesos:
En primer lugar, se debe proceder a la Beatificación, que, a su vez -normalmente-, requiere dos Procesos: uno, de comprobación de virtudes heroicas, y otro por el que se declara probado que Dios ha obrado un milagro por intercesión del fiel que se pretende beatificar.
Una vez beatificado, para proceder a la Canonización ha de declararse probado un nuevo milagro por intercesión del Beato.

(Fuente: http://www.iuscanonicum.org).

Beatos Mártires Mexicanos
Hombres sencillos y de vida difícil

Anacleto GonzJosé Anacleto González Flores, Laico

Nació en Tepatitlán, Jalisco, el 13 de julio de 1888, en un ambiente de extrema pobreza. Hijo de un tejedor de rebozos, Valentín González Sánchez, y de María Flores Navarro. Fue el segundo de doce hermanos. Gracias a su madre, tuvo una buena educación religiosa.

En 1908 ingresó al Seminario Menor Auxiliar de San Juan de los Lagos, y en varias ocasiones suplió las ausencias del catedrático, ganándose el apodo de “Maistro Cleto”. Cuando comprendió que su vocación no era el Sacerdocio Ministerial, ingresó en la Escuela Libre de Leyes. Notable pedagogo, orador, catequista y líder social cristiano, se convirtió en paladín laico de los católicos de Guadalajara.

Escribió algunos libros, así como centenares de artículos periodísticos. En octubre de 1922 contrajo matrimonio con María Concepción Guerrero.

Muy fiel a su Prelado, el Arzobispo Francisco Orozco y Jiménez, propuso a los católicos la resistencia pacífica y civilizada a los ataques del Estado contra la Iglesia, por lo que constituyó la Unión Popular.

Alimentado con la oración y la comunión diaria, fortaleció su espíritu. En la madrugada del 1º de abril de 1927 fue aprehendido; lo trasladaron al Cuartel Colorado, donde le aplicaron torturas; le exigían revelar el paradero del Arzobispo de Guadalajara. Los verdugos, bajo las órdenes del General de División Jesús María Ferreira, descoyuntaron sus extremidades, le levantaron las plantas de los pies y, a golpes, le desencajaron un brazo. Antes de morir, perdonó al General y le aseguró que tendría un intercesor en su juicio ante Dios. El militar ordenó que lo traspasaran con el filo de una bayoneta calada.

Beato Luis Padilla 1José Dionisio Luis Padilla Gómez, Laico

Nació en Guadalajara el 9 de diciembre de 1899. Recibió una esmerada educación cristiana. En 1917 ingresó al Seminario Conciliar de Guadalajara, donde destacó por su conducta intachable; abandonó la institución en 1921.
Se dedicó a impartir clases a los pobres, sin retribución. Fue socio fundador y miembro activo de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana, ACJM.

Al estallar la persecución del Estado contra la Iglesia Católica, Luis se afilió a la Unión Popular.
El día 1º de abril de 1927 fue acordonado su domicilio por el Ejército Federal, bajo las órdenes del General Ferreira, quien con lujo de fuerza ordenó el saqueo de la morada y la aprehensión de sus habitantes: además de Luis, su anciana madre y una hermana.

Luis fue remitido al Cuartel Colorado, soportando en el trayecto golpes y vejaciones. Más tarde, expresó su deseo de confesarse sacramentalmente; su compañero, Anacleto González Flores, lo confortó diciéndole: “Ya no es hora de confesarse, sino de pedir perdón y de perdonar. Es un Padre y no un Juez el que te espera. Tu misma sangre te purificará”. Ya en el paredón, mientras Luis, arrodillado, ofrecía su vida a Dios con ferviente oración, los verdugos descargaron sus armas sobre él.

Jorge Vargas Gonzalez7 327x410Jorge Ramón Vargas González, Laico

Nació en Ahualulco de Mercado, Jalisco, el 28 de septiembre de 1899. Fue el quinto de once hermanos. Siendo niño, su familia se trasladó a Guadalajara.

En 1926, ya empleado de la Compañía Hidroeléctrica, su hogar sirvió de refugio a sacerdotes perseguidos, como el Padre Lino Aguirre García, Párroco de Mexicaltzingo y después Obispo de Culiacán, Sinaloa. A finales de marzo de 1927, Anacleto González Flores llegó al hogar de los Vargas González.

En ese lugar los sorprendió la celada del 1º de abril. Todos fueron aprehendidos. Un mismo calabozo sirvió para alojar a tres de los Vargas González: Jorge, Ramón y Florentino, quien, por una orden de último momento, quedó libre.

Jorge se lamentó luego de no poder recibir la Comunión, siendo ese día viernes primero, pero su hermano Ramón le reconvino: “No temas, si morimos, nuestra sangre lavará nuestras culpas”.

Recibió la descarga del pelotón de fusilamiento con un Crucifijo en la mano, y ésta sobre su pecho. Durante el sepelio, cuando la madre de las víctimas estrechó en sus brazos a Florentino, le dijo: “¡Ay, hijo, qué cerca estuvo de ti la corona del martirio!; debes ser más bueno para merecerla”, mientras el papá exclamó: “Ahora sé que no es el pésame lo que deben darme, sino felicitarme porque tengo la dicha de tener dos hijos mártires”.

RamonVargasGonzalez1Ramón Vicente Vargas González, Laico

Nació también en Ahualulco el 22 de enero de 1905. Fue el séptimo de once hermanos. Tres notas lo distinguieron de ellos: el color rojo de su pelo, su elevada estatura y su jovialidad. Siguió los pasos de su padre al ingresar a la Escuela de Medicina, donde destacó por su camaradería y su clara identidad católica.

En cuanto pudo hacerlo, atendió gratuitamente la salud de los pobres. A los 22 años, recibió en su hogar, con responsabilidad subsidiaria, a Anacleto González Flores, quien advirtió sus cualidades.

La madrugada del 1º de abril de 1927, alguien azotó la puerta, y al entreabrirla, un nutrido grupo de policías se apoderó de la casa, la catearon y aprehendieron a sus ocupantes. Ramón mantuvo la calma, pese a su indignación.

Cuando supo que iba a morir, su hombría de bien y su esperanza cristiana le bastaron para unir su sacrificio al de Cristo. Para atenuar la cruel sentencia, el General Jesús María Ferreira ofreció dejar en libertad al menor de los hermanos Vargas González. El indulto correspondía a Ramón, pero cedió su lugar a Florentino. Antes de ser fusilado, flexionó los dedos de su mano diestra formando la señal de la Cruz.

Ezequiel-huerta-gutierrezJosé Luciano Ezequiel Huerta Gutiérrez, Laico

Nació en Magdalena, Jalisco, el 7 de enero de 1876. Esposo y padre ejemplar de numerosa familia; fue poseedor de una bien cultivada voz de tenor dramático. Muy devoto de la Sagrada Eucaristía, comulgaba con frecuencia. Muy caritativo.
Fue aprehendido la mañana del 2 de abril de 1927. Tenía dos hermanos Presbíteros: Eduardo y José Refugio. Cuando fue hecho prisionero, acababa de visitar la capilla ardiente donde era velado el cadáver del líder católico Anacleto González Flores. En los calabozos de la Inspección de Policía lo torturaron hasta hacerle perder el conocimiento.

Cuando volvió en sí, expresó sus lamentos cantando el Himno Eucarístico: “¡Que viva mi Cristo, que viva mi Rey!”
La madrugada del 3 de abril, fue trasladado, junto con su hermano Salvador, al cementerio municipal. Ezequiel dijo a su hermano: “Los perdonamos, ¿verdad?” “Sí, y que nuestra sangre sirva para la salvación de muchos”, repuso el interpelado. Muy cerca de ese lugar, la esposa de Ezequiel escuchó los disparos; ignoraba quiénes eran las víctimas; reunió a su familia y les dijo: “Hijitos, vamos rezando el Rosario, por esos pobres que acaban de fusilar”.

Salvador HuertaJ. Salvador Huerta Gutiérrez, Laico

Nació el 17 de marzo de 1880. Mecánico por vocación. Devoto de Jesús Sacramentado, participaba todos los días de la Eucaristía y adoraba al Santísimo en el sagrario. Su conducta como hijo, esposo y padre fue siempre ejemplar.

El 2 de abril, después de ir al cementerio a despedir los restos de Anacleto González y sus tres compañeros, y de regreso a su taller, lo esperaban agentes de la Policía, quienes, valiéndose de un ardid, lo arrestaron. En la Inspección General comenzó un crudelísimo tormento: lo colgaron de los dedos pulgares, pues querían los verdugos conocer el paradero de los Padres Eduardo y José Refugio, sus hermanos. Exánime ya, lo tiraron en un calabozo.

En las primeras horas del 3 de abril, lo condujeron, junto con su hermano Ezequiel, al Panteón de Mezquitán. Ante el pelotón de fusilamiento, pidió una vela encendida, e iluminando su pecho descubierto, dijo: “¡Viva Cristo Rey y la Virgen de Guadalupe!; disparen; muero por Dios, que lo amo mucho”.

MiguelGomezLoza2Miguel Gómez Loza, Laico

Nació en Tepatitlán de Morelos, Jalisco, el 11 de agosto de 1888. Hijo de campesinos, desde su niñez hasta su juventud cuidó de su madre, viuda, en la aldea de Paredones; sin embargo, nunca abandonó el deseo de superarse en ciencia y en virtud. Desde su juventud fue promotor incansable de la Doctrina Social de la Iglesia. Junto con su amigo Anacleto González, en las filas de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana, encontró escuela y cátedra para su formación religiosa y moral.

Con dificultades, ingresó a la Escuela Libre de Derecho, donde concluyó la Carrera. Hombre intrépido, de convicciones, nada le arredraba en sus propósitos. Por defender los derechos de los necesitados, cincuenta y nueve veces fue encarcelado y golpeado.

En 1922 contrajo matrimonio con María Guadalupe Sánchez Barragán, con quien tuvo tres hijas. En 1927, Miguel se unió a la Liga Defensora de la Libertad Religiosa. Para defender la libertad y la justicia, aceptó el nombramiento honorífico de Gobernador de Jalisco, conferido por los católicos de la resistencia. Perseguido por las Fuerzas Federales, fue acribillado por el Ejército, cerca de Atotonilco el Alto, el 21 de marzo de 1928.

LuisMaganaServin4Luis Magaña Servín, Laico

Nació en Arandas, Jalisco, el 24 de agosto de 1902. Fue un cristiano íntegro, esposo responsable y solícito. Fue miembro de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana y de la Archicofradía de la Adoración Nocturna.

Contrajo matrimonio con Elvira Camarena Méndez; tuvo dos hijos, que no conoció. El 9 de febrero de 1928, un grupo de soldados del Ejército Federal, capitaneado por el General Miguel Zenón Martínez, tomó Arandas. De inmediato, dispuso fueran capturados los católicos simpatizantes con la resistencia, y uno de ellos fue Luis. Cuando llegaron a su domicilio, no pudieron aprehenderlo, por haberse ocultado, y se llevaron a su hermano menor.

Al enterarse del acto, Luis se presentó ante el mismo General Martínez, solicitando la libertad de su hermano a cambio de la suya. Estas fueron sus palabras: “Yo nunca he sido rebelde cristero como ustedes me titulan, pero si de cristiano se me acusa, sí lo soy, y si por eso debo ser ejecutado, en hora buena. ¡Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe!” Sin mayores preámbulos, el militar decretó la muerte de Luis. Momentos antes de ejecutarlo, dijo a los integrantes del pelotón que los perdonaba y que pediría por ellos. Eran las tres de la tarde del 9 de febrero de 1928.

Beato José Sánchez del RíoJosé Sánchez del Río, Laico

Nació el 28 de marzo de 1913 en Sahuayo, Michoacán. Al decretarse la suspensión del culto público, su hermano Miguel decidió tomar las armas para defender la Causa de Cristo y de su Iglesia, y él, con la misma intención, pidió permiso a sus padres para alistarse como soldado. Ingresó al campamento cristero y se ganó el cariño de sus compañeros, que lo apodaron “Tarcisio”, por su corta edad.

En combate fue hecho prisionero, y el General callista lo mandó encerrar en la cárcel de Cotija. José escribió una carta a su madre, en la que le decía que lo habían hecho prisionero y que iba a morir. Le pidió su bendición y que se resignara a la voluntad de Dios.

El 10 de febrero de 1928, como a las 6 de la tarde, lo llevaron al Cuartel del Refugio. A las 11 de la noche le desollaron los pies con un cuchillo, lo sacaron del mesón y lo hicieron caminar a golpes hasta el cementerio. En el panteón, preguntó cuál era su sepultura y se puso de pie al borde de la propia fosa, para evitar a los verdugos el trabajo de transportar su cuerpo. Acto seguido, comenzaron a apuñalarlo. A cada puñalada gritaba: “¡Viva Cristo Rey!, ¡Viva la Virgen de Guadalupe!” Mientras salían de su boca estas exclamaciones, el Capitán le disparó a la cabeza.

Beato Ángel Dario Acosta ZuritaÁngel Darío Acosta Zurita, Presbítero

Nació el 13 de diciembre de 1908 en Naolinco, Veracruz. Su padre murió joven, por lo que Ángel Darío ayudó a su madre en el sostén de sus hermanos.

Con el apoyo del Señor Cura Miguel Mesa, ingresó al Seminario del Obispo de Xalapa, Rafael Guízar y Valencia. Recibió la ordenación sacerdotal el 25 de abril de 1931. Su primer destino, como Vicario, fue la Parroquia de La Asunción, en Veracruz. El vendaval de la persecución rugía con gran violencia; sin embargo, los sacerdotes continuaron sus labores.
Pronto entraría en vigor la Ley Tejeda, que hacía referencia a la reducción de los clérigos en todo Veracruz. De parte del Gobernador, fue enviada a cada sacerdote una carta exigiéndole el cumplimiento de esa Ley.

El 25 de julio de 1931, las naves del Templo Parroquial de La Asunción estaban repletas de niños que habían llegado del Catecismo, y también de un gran número de adultos que esperaban confesarse. Eran las 18.10 horas, cuando varios hombres con vestimentas militares entraron al templo y, sin previo aviso, comenzaron a disparar contra los sacerdotes. El Padre Darío, que acababa de salir del bautisterio, cayó acribillado por las balas asesinas, alcanzando a exclamar: “¡Jesús!”

PJosé Trinidad Rangel Montaño, Presbítero

Nació en el Rancho “El Durazno”, cercano a la Ciudad de Dolores Hidalgo, Guanajuato, el sábado 4 de junio de 1887. Siendo muy joven, sintió la vocación al sacerdocio, pero debido a la escasez de recursos económicos, tuvo qué posponer su entrada al Seminario. Ingresó como alumno gratuito y externo en 1909. El 13 de abril de 1919 recibió la Ordenación Sacerdotal.

Su primer destino fue como Adscrito a la Parroquia del Sagrario, de León, como miembro del Centro Catequístico de Lasalle. Se refugió en León, por no cumplir con la Ley de inscribirse como sacerdote en el registro del Gobierno. En esa ciudad, viviendo como asilado en casa de las hermanas Josefina y Jovita Alba, entabló amistad con el Padre Andrés Solá, escondido también. Sabedor de su vocación y opción, rechazó el ofrecimiento de su hermano Agustín de refugiarse en Estados Unidos, prefiriendo ir a celebrar clandestinamente los Oficios de la Semana Santa con las Hermanas Mínimas de San Francisco del Rincón, donde fue detenido y trasladado a la Comandancia antes de sufrir el martirio.

Como sacerdote, destacó por su modestia, humildad, sencillez y celo por la salvación de las almas. Fue fusilado el 25 de abril de 1927.

Leonardo-Pérez-LariosLeonardo Pérez Larios, Laico

Nació el 28 de noviembre de 1883 en Lagos de Moreno, Jalisco. Fue el tercer hijo de los once que tuvieron sus padres. A la muerte de su padre, se trasladó la familia a vivir a León.

Quiso contraer matrimonio, aunque se desistió de hacerlo por la oposición de la familia de la novia. Quiso ser Religioso, pero le resultó imposible, por tener a su cargo a dos hermanas que no poseían medios de subsistencia.

Fue una persona que vivió intensamente su vida cristiana, con una profunda devoción al Santísimo Sacramento y a la Virgen María. Fue detenido en la casa de las hermanas Alba, tras participar en la Eucaristía y en la Hora Santa que el Padre Andrés Solá había organizado. Los soldados, al verlo vestido de negro y con una actitud muy devota, lo confundieron con un sacerdote. Cuando le preguntaron sobre su condición clerical, él la negó, pero afirmó ser católico, apostólico y romano. Fue conducido al cuartel, y de ahí ,con sus dos compañeros, al martirio. Se le fusiló el 25 de abril de 1927.

andres sola molistAndrés Solá y Molist, Presbítero

Nació el 7 de octubre de 1895 en Can Vilarrasa, situada en Taradell, Provincia de Barcelona, España. Fue el tercer hijo, de once.

Al escuchar la predicación de un Misionero Claretiano, él y su hermano Santiago sintieron la vocación religiosa y entraron en el Seminario. Recibió la Ordenación Sacerdotal el 23 de septiembre de 1922.

Terminado el Curso de Preparación para el Ministerio de Predicación, recibió su destino, México, llegando junto con otros cinco Religiosos Claretianos a Veracruz el 20 de agosto de 1923. Ocho días más tarde, arribó a la Capital y visitó el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe. Fue enviado a León, Guanajuato. En diciembre de 1924, recibió la noticia de las leyes anticatólicas y anticlericales del Presidente Calles, optando por refugiarse en la casa de las hermanas Alba.
El 23 de abril de 1927, su Superior le entregó una carta en la que le comunicaba la orden de detención contra él y le invitaba a suspender toda actividad, a huír o a esconderse. No le dio importancia. Al día siguiente, fue detenido en la casa de las Alba. Al principio no fue reconocido, pero confesó su nombre y condición, y lo detuvieron junto con Leonardo Pérez.

Fue asesinado el 25 de abril de 1927. Su Santidad Juan Pablo II aprobó su Beatificación, ocurrida el 20 de noviembre de 2005, en Guadalajara.

Beato Mateo Elías Nieves CastiloMateo Elías del Socorro Nieves del Castillo, Presbítero

Nació el 21 de septiembre de 1882 en Yuriria, Guanajuato. Su infancia y juventud fueron difíciles. Perdió a sus padres. No tuvo oportunidad de estudiar. Maduró su vocación religiosa en una intensa vida cristiana en su Parroquia.

Después de haber ingresado al Seminario Agustino, fue ordenado sacerdote el 9 de abril de 1916, a los 33 años de edad. Ejerció el Ministerio Sacerdotal en Yuriria, en Aguascalientes, Maravatío, Pinícuaro y Cañada de Caracheo, Michoacán, siendo éste su último destino.

El Padre Nieves no quiso acatar la orden del Gobierno, de concentrarse en la capital, por lo que vivió 14 meses refugiado en una cueva, protegido por sus fieles. Fue aprehendido por los federales el 7 de marzo de 1928. El Capitán Márquez lo llevó hacia Cortázar, Guanajuato, junto con dos de sus fieles, José Dolores y José de Jesús Sierra, que decidieron correr la misma suerte.

Al llegar al lugar llamado “El Llano”, los federales se detuvieron y pusieron al Padre Nieves frente a un mezquite. El Padre Elías oró, entregó a su verdugo sus escasos bienes y bendijo y perdonó a los soldados.

El Padre Nieves fue asesinado el 10 de marzo de 1928. El momento de su muerte fue de una extraordinaria grandeza. Durante su ministerio se distinguió por su fidelidad a lo sencillo.

El 12 de octubre de 1997, el Papa Juan Pablo II celebró la Ceremonia de su Beatificación, en Roma.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.

Únete a otros 1.843 seguidores