Ratones tiernos


“Los ratones tiernos”
Publicado en web el 24 de Julio, 2008

Pbro. Adalberto González González

Era una ratita joven, a la que le decían “la ratoncita” por su porte elegante y andar ligero. Tuvo sus ratoncitos, y se llegó el día en que salieran al mundo, por lo que su mamá creyó conveniente darles unos sencillos consejos. El más importante fue que tuvieran mucho cuidado y que todo lo que mirasen raro se lo contasen a ella.

Apenas la oyeron, partieron carrera los ratones, deseosos de aventuras y de conocer mundo. Hasta eso, “la ratoncita” se quedó tranquila. Pasado un tiempo, llegó el primero de los tiernos ratoncitos, muy asustado.

-¡Mamá, mamá!, vengo a decirte que he visto un animal muy grande, grande, prieto y con unos cuernos así sobre la cabeza (le hizo la figura con los dedos), y unas hornillas así, en las narices, muy amplias, por donde le salía el vaho, y unos ojotes casi como dos espejos, de esos que traían los norteños. Mugía muy fuerte, muu, muu, y el eco se iba hasta chocar allá en la franja azul de los montes. Me vine corriendo, como enazogado, a contarte.

-Ah, mijo, dijo “la ratoncita”, ese animal es un buey y no le temas nada; puedes comer de su comida; puedes subirte a su lomo y no te hace nada; es un buey manso.

-Ah, exclamó el pequeño ratón, pues como lo vi muy grande, prieto y pesado, pensé que era una cosa de cuidado.

-No, hijo, es aun animal grande, pero trabajador y muy bueno. Con decirte que estuvo junto al pesebre del Niño Dios calentándolo con su enorme nariz…

A poquito llegó el otro ratoncito, muy agitado y, con la voz entrecortada y a trompicones, le dijo a su madre:

-Mamá, mamá, me acabo de hallar un animal muy grande, muy peludo, y con unas orejas muy grandes, nomás puntiagudas. Y en vez del chillido que nosotros echamos, él rebuznaba muy solemne y se revolcaba en la tierra.

-Ay, mijo, ése es un burro, un animal muy bueno y noble. Lo mismo puedes comer junto a él la comida, y aunque mueva su cola para quitarse las moscas de sus pasmadas, no hace nada; es muy bueno.

Enseguida llegó muy contento el tercer ratón.

-Fíjate, mamá, que me encontré un animal con unos ojos grandes, verdes y muy bonitos. En la noche se le miraban como luz cautiva. Y tenía un pelo suave, largo y sedoso. Y al mirarme, muy risueño él, me llamaba con sus manos: ven, ven, mi ratoncito. Se veía muy bueno. A cada rato se veía ronroneando, como si estuviera rezando muy devoto.

-¡Ay!, interrumpió la mamá ratona. De esos animales que parece que rezan, debes cuidarte. Ése es un gato, y es el animal que se tragó a tu padre y a tu abuelo. Debes tener mucho cuidado con ésos que en apariencia rezan y aparentan tener buena presencia. ¡Mucho cuidado, hijo, con el gato!…

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