La promesa el Espíritu Santo

Autor: P. José Rodrigo Escorza | Fuente: Catholic.net
La promesa del Espíritu Santo
Juan 16, 5-11. Pascua. Él está con nosotros siempre, aunque no lo veamos físicamente.
 La promesa del Espíritu Santo

Del santo Evangelio según san Juan 16, 5-11

Pero ahora me voy a Aquel que me ha enviado, y ninguno de vosotros me pregunta: “¿Dónde vas?” Sino que por haberos dicho esto vuestros corazones se han llenado de tristeza. Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy, os lo enviaré: y cuando él venga, convencerá al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio; en lo referente al pecado, porque no creen en mí; en lo referente a la justicia porque me voy al Padre, y ya no me veréis; en lo referente al juicio, porque el Príncipe de este mundo está juzgado.

Oración introductoria

¡Ven, Espíritu Santo! Ayúdame a estar abierto a tus inspiraciones, a conservar en mi corazón la alegría de saberme amado por Ti para que, con gran confianza, siga con prontitud y docilidad lo que hoy quieras pedirme.

Petición

¡Ven Espíritu creador, visita las almas de tus fieles y enciende en ellas el fuego de tu amor!

Meditación del Papa

La historia de la salvación, que culmina en la encarnación de Jesús y tiene su pleno cumplimiento en el misterio pascual, es una revelación conmovedora de la misericordia de Dios. En el Hijo se hace visible el “Padre de las misericordias” que, siempre fiel a su paternidad, “es capaz de inclinarse hacia todo hijo pródigo, toda miseria humana y singularmente hacia toda miseria moral o pecado”. La misericordia divina no consiste sólo en la remisión de nuestros pecados; consiste también en que Dios, nuestro Padre, a veces con dolor, tristeza o miedo por nuestra parte, nos devuelve al camino de la verdad y de la luz, porque no quiere que nos perdamos. Esta doble manifestación de la misericordia de Dios muestra lo fiel que es Dios a la alianza sellada con todo cristiano en el bautismo. Al releer la historia personal de cada uno y la de la evangelización de nuestros países, podemos decir con el salmista: “Cantaré eternamente las misericordias del Señor” Benedicto XVI, 18 de noviembre de 2011.

Reflexión

Siempre las horas más tristes tienen que ser las de la despedida, no de aquellas en las que se dice sencillamente “hasta luego”, sino las que comprenden en su totalidad el significado del “adiós”. En esos momentos nos asaltan las lágrimas de los ojos y no sabemos qué decir. La tristeza nos invade, y todo queda cubierto por la niebla.

Así era como se sentían los discípulos en las horas del adiós al Maestro. Para ellos parecía el adiós definitivo, mientras que para Él sólo era un hasta pronto. Además sabe que la tristeza de los discípulos se volverá en alegría, cuando Él regrese. También nos promete un Consolador, aquél que nos ayudará a entender lo que nuestra pobre inteligencia no alcanza en esta vida.

Por eso no desesperemos en la tristeza de ver que Cristo no está entre nosotros. Él está, aunque no físicamente, pero sí espiritualmente. Él vendrá en el tiempo señalado, y quiere encontrarnos en vela para entrar con Él en su Reino.

Pidamos a Dios que nos dé la gracia de vivir siempre esperando a Cristo, no con cara llena de tristeza, sino con rostros de resucitados.

Propósito

Programar mi siguiente confesión para celebrar plenamente la fiesta de Pentecostés.

Diálogo con Cristo

Espíritu Santo, Tú eres el guía y el artífice de la santidad, por eso te ofrezco en esta oración todo mi ser, ven hacer en mí tu morada, dame la gracia para acoger tus inspiraciones, sin límite ni reserva alguna, con humildad y celo por hacerlas fructificar, por el bien de los demás.

Si no existieran las mamás

Si no existieran las Mamás…

Publicado en web el 10 de Mayo, 2012

Querida Lupita:
En estos días de mayo me da una depresión muy especial porque yo no tuve una madre. Bueno, claro que sí, una mujer me parió, pero me dejó al cuidado de una hermana de ella, que luego me entregó en una casa-hogar. Ahí viví muchos momentos amargos. Después me superé y ahora soy Contadora. No sabes las ganas que tengo de haber tenido una madre que me cuidara y guiara. No supe lo que era el amor; fui llenando mis vacíos de cariño con relaciones a veces lésbicas, y otras muy enfermas. Hubo un momento en que Dios se apiadó de mí y, a través de un Grupo de Oración, me sentí perdonada y fui descubriendo un nuevo mundo. Hoy sirvo a Dios y ayudo en todo lo que puedo, pero en estos días no quiero saber de nada. ¿Cómo puedo superar este pasado que me atormenta?
Leticia H.

Querida Leticia:
En tus letras encuentro un resentimiento muy marcado con la vida, un rencor fuerte hacia tu mamá y hacia aquellos que vieron por ti durante tu niñez.
Pero puedo advertir también que, afortunadamente, sabes agradecer y actúas en consecuencia: hoy haces el bien, y la oración es tu fortaleza.
Tu sentimiento es perfectamente normal. Aprenderás a sobrellevarlo, de modo que, aunque lo sientas y te des la oportunidad de vivirlo, llegará pronto el momento en que lo sueltes, para seguir adelante creciendo tan alto como Dios quiere. Tal vez sigas experimentando todo esto cada mayo. Un curso para “sanar tu niño interior” es excelente  recomendación para ti.
Tú sabes cuánta falta hace una madre. Si ellas no existieran, no habría vida en el mundo. Una madre enseña virtudes, viviéndolas; nos transmite el maravilloso mundo en el que contactamos con Dios; nos empuja a servir, a ceder, a comprender y compartir. Nuestra mamá modela para nosotros el espíritu de lucha, y está ahí cuando nos sentimos devastados o desconcertados. Una madre es un faro de luz que nos llena de certezas.
María es ejemplo de Madre. Sin su SÍ, no habríamos conocido a Dios mismo. Sin Ella, no conoceríamos el amor.
¿Qué pasaría si las madres no dieran, como María, ese SÍ? Los hijos crecerían sin amor propio, se entregarían a los vicios con facilidad, encontrarían en el sexo una salida a su desazón, en el materialismo y consumismo una llave de escape, en la cultura de la muerte una solución…
Nos llenaríamos de delincuentes; no habría paz en los corazones; el sinsentido estaría en la mente de cada joven; nadie soñaría con casarse y formar una familia; a nadie le interesaría desarrollar un proyecto de vida. Se agotaría la fuente del amor y del perdón. Son las madres las que desarrollan un corazón cristiano con facilidad.
Es una pena que a algunas madres modernas, víctimas de la ausencia de Dios en todos los espacios, ya no les seduce el oro divino, sino el oropel efímero: prefieren ganar un sueldo a ganarse el Cielo; modelar su cuerpo a modelar su alma; tener tiempo para sí mismas, a tener tiempo para sus hijos…
Pero no podemos juzgar a ninguna de ellas, porque es muy probable que una mujer que no pudo decir SÍ a su maternidad, fue porque, a su vez, Ella no tuvo quién le enseñara a amar.
Comprensión, consideración y misericordia para todas las madres que no han sabido llevar adelante su papel como maestras de amor.
Fortaleza, perseverancia y fe para aquellas que conocemos nuestra trascendente labor y queremos llevarla a cabo, aunque implique sacrificio, renuncia y dolor; precio que pagamos con amor y nos reporta, finalmente, gozo y plenitud.

Lupita Venegas

Jesús y los suyos no son de este mundo

Autor: Rafael Santos Varela | Fuente: Catholic.net
Jesús y los suyos no son de este mundo
Juan 15, 18-21. Pascua. No temamos, Dios siempre está con nosotros. Debemos orar y confiar. Él ha vencido al mundo.
Jesús y los suyos no son de este mundo

Del santo Evangelio según san Juan 15, 18-21

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Si el mundo os odia, sabed que a mí me ha odiado antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero, como no sois del mundo, porque yo al elegiros os he sacado del mundo, por eso os odia el mundo. Acordaos de la palabra que os he dicho: El siervo no es más que su señor. Si a mí me han perseguido, también os perseguirán a vosotros; si han guardado mi Palabra, también la vuestra guardarán. Pero todo esto os lo harán por causa de mi nombre, porque no conocen al que me ha enviado. 

Oración introductoria

Ser un elegido de Cristo, ¿tiene alguna influencia en mi vida? Permite, Señor, que esta oración taladre la dura costra de mi indiferencia. No puedo seguir absorto en la rutina, inmerso en el conformismo, ciego ante las injusticas del mundo. Ayúdame a descubrir en las dificultades una oportunidad para afianzar mi vida en Ti.

Petición

Señor, enséñame a recorrer el camino de la cruz, que es el camino del amor.

Meditación del Papa

Hay una razón más para pensar que sea de nuevo el momento de abandonar con audacia lo que hay de mundano en la Iglesia. Lo que no quiere decir retirarse del mundo. Una Iglesia aligerada de los elementos mundanos es capaz de comunicar a los hombres -tanto a los que sufren como a los que los ayudan- precisamente en el ámbito social y caritativo, la fuerza vital especial de la fe cristiana. (…) Sólo la profunda relación con Dios hace posible una plena atención al hombre, del mismo modo que sin una atención al prójimo se empobrece la relación con Dios. Estar abiertos a las vicisitudes del mundo significa por tanto para la Iglesia “desmundanizada” testimoniar, según el Evangelio, con palabras y obras, aquí y ahora, la señoría del amor de Dios. Esta tarea, además, nos remite más allá del mundo presente: la vida presente, en efecto, incluye la relación con la vida eterna. Vivamos como individuos y como comunidad de la Iglesia la sencillez de un gran amor que, en el mundo, es al mismo tiempo lo más fácil y lo más difícil, porque exige nada más y nada menos que el darse a sí mismo. Benedicto XVI, 25 de septiembre de 2011.

Reflexión

Muchos de nosotros tenemos algunos caracteres que nos identifican como hijos del señor “Y” y la señora “X”. Son los rasgos heredados de nuestros padres. Lo que los científicos llaman el patrimonio genético. De ellos heredamos unos ojos oscuros o claros, el color de nuestro cabello, nuestra estatura, y también algo de lo que será nuestro temperamento.

Como cristianos, también heredamos rasgos espirituales de nuestra madre la Iglesia. Lo dice claramente Jesucristo: pertenecemos a algo que va más allá de nuestros pobres horizontes materiales. No somos de este mundo. La gracia nos eleva a un orden superior.

Pero debemos ser conscientes de que también muchos de nuestros hermanos en Cristo sufren el desafío continuo de la fe, ya sea con la persecución, las calumnias, o hasta con la misma vida.

Pensaríamos que dentro de las cosas heredadas, esta sería una de esas enfermedades mortales que se tienen sin ser deseadas. Pero la realidad es que Dios en su infinita sabiduría, lo ha puesto como el vínculo más estrecho entre su Reino que espera. Y nosotros peregrinos buscamos siempre la forma de acercarnos más a Él. No temamos, pues, su brazo siempre está con nosotros. Debemos orar y confiar. Él ha vencido al mundo.

Propósito

Colaborar en un proyecto apostólico en mi parroquia o en algún movimiento o asociación.

Diálogo con Cristo

Jesús, tu Evangelio me recuerda que para seguirte tengo que recorrer el camino de la cruz, que no es otra cosa que el desprenderme de todo obstáculo que me impida amarte más y mejor. Ayúdame a seguirte el día de hoy, ofreciéndote mi cumplimiento esmerado y fiel a mi deber, el control de mis reacciones y la renuncia a todo lo que me impida donarme a los demás.

Monicion para el sexto domingo de Pascua Ciclo B

MONICION PARA EL VI DOMINGO DE PASCUA CICLO B

Amor, Obediencia y alegría

M.R. Pág. 208  /  Lecc I Pág. 223

 

MONICION DE ENTRADA

(Saludo)Hoy Jesús nos invita a vivir plenamente el mandamiento del amor. Él quiere que permanezcamos siempre unidos y hacernos uno con Él. Con un corazón dispuesto a celebrar dignamente este divino encuentro, demos inicio a la santa misa.

 

LITURGIA DE LA PALABRA

Primera Lectura: Hc 10, 25-26 . 34-35 . 44-48

Salmo 97

Segunda Lectura: 1 Jn 4, 7-10

Evangelio: Jn 15, 9-17

 

MONICION A LAS LECTURAS

 

Primera Lectura:

Con una especie de “nuevo pentecostés” , se nos describe la conversión del pagano Cornelio. La salvación que Dios nos ofrece en Cristo no conoce fronteras

 

Segunda Lectura:

San Juan nos lleva a lo que podríamos llamar el corazón del mensaje de todo el nuevo testamento. En su Hijo Dios ha tomado la iniciativa de acercarse a la humanidad y de ofrecerle gratuitamente una nueva vida.

 

Evangelio:

Jesús invita a sus discípulos a permanecer en su amor, practicando el amor a los demás a ejemplo suyo. Ellos han de amar porque se saben amados, con un amor ilimitado y gratuito

 

MONICION AL OFERTORIO

Deseosos de vivir en paz con Dios y en armonía fraternal con nuestro prójimo, llevemos nuestros dones al altar. Que el Espíritu de amor nos  los devuelva convertidos en frutos duraderos de gracia y de salvación.

 

MONICION A LA COMUNION

Llegando al extremo de dar su vida por nosotros, Jesús nos ha enseñado lo que significa el verdadero amor. Que acercándonos frecuentemente a Él en la santa comunión logremos dejar de ser siervo y aprendamos a ser sus amigos.

 

MONICION DE DESPEDIDA

Si de veras hemos renacido a una vida nueva en Cristo, lo debemos manifestar con nuestras obras. Vayamos ahora a amar a Dios, sirviendo generosamente a nuestros semejantes.

 

ORACION UNIVERSAL

 

Unidos a Cristo, que intercede siempre por nosotros, elevemos, llenos de confianza, nuestras súplicas al Padre:

1.- Para que el que estaba muerto y ahora vive por los siglos de los siglos, conceda a la Iglesia ser testimonio perseverante de su Resurrección, roguemos al Señor

 

2.- Para que el resucitado, que dio a los apóstoles su paz, quiere concederla también en abundancia a todos los pueblos, roguemos al Señor

 

3.- Para que el vencedor de la muerte transforme los sufrimientos de todos los que sufren, en aquella alergia que nadie les podrá quitar, roguemos al Señor

 

4.- Para que el que tiene las llaves de la muerte nos conceda celebrar un día su Resurrección con los ángeles y los santos en su reino, roguemos al Señor

 

Dios nuestro, que has sido el primero en amarnos, enviándonos a tu Hijo, para que vivamos por medio de Él, haz que, llenos del Espíritu Santo, aprendamos a amarnos los unos a los otros como Cristo nos ha amado. Por Jesucristo tu Hijo, que vive y reina por los siglos de los siglos.

 

Los discípulos amigos de Jesús

Autor: Carlos Llaca | Fuente: Catholic.net
Los discípulos amigos de Jesús
Juan 15, 12-17. Pascua. Al final de nuestra vida lo único que contará será lo que hayamos hecho por Dios y por nuestros hermanos.
Los discípulos amigos de Jesús

Del santo Evangelio según san Juan 15, 12-17

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros. 

Oración introductoria

Gracias, Jesús, por darme tu amor y amistad. Me pongo hoy ante tu presencia suplicándote humildemente que abras mi mente, mi voluntad y mi corazón, para dejar que la luz de tu Espíritu Santo ilumine mi oración.

Petición

Señor, hazme capaz de salir de mí mismo para crecer en el amor a Ti y a los demás.

Meditación del Papa

La amistad es una comunión en el pensamiento y el deseo. El Señor nos dice lo mismo con gran insistencia: “Conozco a los míos y los míos me conocen”. El Pastor llama a los suyos por su nombre. Él me conoce por mi nombre. No soy un ser anónimo cualquiera en la inmensidad del universo. Me conoce de manera totalmente personal. Y yo, ¿le conozco a Él? La amistad que Él me ofrece sólo puede significar que también yo trate siempre de conocerle mejor; que yo, en la Escritura, en los Sacramentos, en el encuentro de la oración, en la comunión de los Santos, en las personas que se acercan a mí y que Él me envía, me esfuerce siempre en conocerle cada vez más. La amistad no es solamente conocimiento, es sobre todo comunión del deseo. Significa que mi voluntad crece hacia el “sí” de la adhesión a la suya. En efecto, su voluntad no es para mí una voluntad externa y extraña, a la que me doblego más o menos de buena gana. No, en la amistad mi voluntad se une a la suya a medida que va creciendo; su voluntad se convierte en la mía, y justo así llego a ser yo mismo. Además de la comunión de pensamiento y voluntad, el Señor menciona un tercer elemento nuevo: Él da su vida por nosotros. Benedicto XVI, 29 de junio de 2011.

Reflexión

De este Evangelio se pueden sacar muchas enseñanzas. Una es el verdadero amor. Otra, lo que es el verdadero amigo. Pero nos centraremos en lo que es la tarjeta de presentación de todo seguidor de Jesucristo, que somos todos los que creemos en él, y es el mandamiento de Jesús de amarnos los unos a los otros.

¿Qué implica esto? No es solamente una simple frase piadosa que se escucha cada domingo desde los púlpitos de las iglesias. Es el compromiso de todo cristiano. Implica salir de nuestro pequeño mundo, llámese trabajo, estudios, cosas personales, placeres, gustos, para fijarnos en las necesidades de nuestro prójimo. ¿Y quién es nuestro prójimo? Es el trabajador enfermo de nuestra compañía, es la humilde muchacha que hace la limpieza de la casa todos los días, es el cocinero que prepara nuestra comida, es la viejecita sentada fuera de la Iglesia que lo único que tiene para taparse del frío de la noche es su roído chal, son nuestros familiares y demás personas con quien tratamos. Y Cristo nos llama a amarlos desinteresadamente, no para ser vistos por las personas que nos rodean y que digan “Ah, qué bueno es fulano o fulana…” sino para cumplir con nuestro deber aquí en la tierra. ¿Y qué es amarlos? Es ayudarles en sus necesidades básicas, darles educación, casa, alimento, vestido, paciencia, cariño, comprensión.

Recordemos que al final de nuestra vida lo único que contará será lo que hayamos hecho por Dios y por nuestros hermanos los hombres.

Propósito

Dar prioridad a mi amistad con Cristo para, con su gracia, poder vivir para los demás.

Diálogo con Cristo

Señor, ayúdame siempre a conocerte mejor. Ayúdame a estar cada vez más unido a tu voluntad. Ayúdame a vivir mi vida, no para mí mismo, sino junto a Ti, para los otros. Ayúdame a ser cada vez más tu amigo, al pensar como Tú, al hablar como Tú y, sobre todo, al amar como Tú.

Dia de la madre

El día de la madre no es solamente ofrecer, como muchos hacen, un regalo o un detalle de cariño; sino fundamentalmente reconocer nosotros, como Iglesia, lo importante que es la madre para la sociedad.

Jesús escucha ese piropo que le dicen de María: «Bendita la madre que te trajo al mundo». Homilía del Cardenal Juan Luis Cipriani, Arzobispo de Lima, Perú.

Estamos hoy celebrando el día de la madre. Vengo de Roma de estar con el Santo Padre, con Juan Pablo II, y para mi éstas dos noticias tan importantes, la de celebrar el día de la madre y la de recordar el amor que el Papa tiene a la Iglesia, a las mujeres, a las madres y a todas las familias, me conmueven.

Hoy quisiera decirles en sus hogares como Pastor de la Arquidiócesis: ¡Feliz Día de las Madres! y también reflexionar con ustedes, pues el día de la madre no es solamente ofrecer, como muchos hacen, un regalo o un detalle de cariño – que creo está muy bien -; sino fundamentalmente reconocer nosotros, como Iglesia, lo importante que es la madre para la sociedad.

Tengamos a María como ejemplo de madre

Antiguamente se decía: «madre sólo hay una», y pienso que es verdad. Recordemos a la madre ejemplar de todos nosotros, la Virgen María, quien llevó en su vientre purísimo durante nueve meses al Hijo de Dios. En ese tiempo surge en Ella un amor sin límite a ese Niño, Jesús, que será infante, joven, y finalmente Hijo suyo en la cruz. Por eso, mamás, todas ustedes deben ser el ejemplo y el recuerdo de esa Madre de Dios.

Mamás, ustedes nos han llevado en su vientre durante nueve meses en que ya su amor, nos acompañaba. Por todo ese cariño, levanto mi voz haciendo eco a la voz del Papa, y les digo: ¡mamás, cuiden a sus hijos no concebidos todavía, cuiden a esos hijos que acaban de ser fecundados, que están en su vientre, y que hoy lamentablemente los exponen al miedo del aborto!

Mamás, vean a María, vean en Ella el ejemplo. Hoy en su casa, en su hogar, algunas lejos de sus hijos, algunas cerca de ellos, algunas en el lecho del dolor de un hospital, otras privadas de su libertad. Siempre vean a María como su ejemplo.

Hace pocos días me decían en la cárcel de Santa Mónica: recuérdenos, señor Cardenal. Va mi saludo para ustedes, y a todas las mujeres madres, hoy les digo ¡cuiden de esos niños que están en su vientre y asuman esa responsabilidad de ser madres!

«¡Bendita la madre que te trajo al mundo!»

El ser madre es de tal categoría, es de tal clase, es de tal maravilla, que es también tan hermoso cuando las mujeres lo asumen con responsabilidad. Por eso Jesús escucha ese piropo que le dicen de María: «bendita la madre que te trajo al mundo».

Esos piropos de amor en la época de Jesús son los mismos que hoy también les decimos a nuestras madres, ¡benditas mamás!, que han sabido cumplir el rol a veces difícil, a veces sacrificado, de ser madres, ese rol de educar a sus hijos. Una educación que supone cariño y ternura.

Dicen los médicos que los bebés ya reconocen la voz de su madre cuando están en el vientre. Ya empieza un cariño. Por eso cuando hoy celebramos este día de la madre no queremos solamente hablar de regalos, queremos hablar de María, de la Virgen, queremos hablar de las mamás a ejemplo de María; queremos hablar de los hijos, para que sepan querer mejor a sus madres, no sólo de palabra, sino con actos.

El amor de madre ilumina el mundo

Qué daría una madre por ver una sonrisa de sus hijos. Cuantas veces las madres mendigan una palabra de cariño, de agradecimiento, de perdón. El encuentro de las madres y sus hijos es algo que ilumina el mundo.

Por eso el Papa con tanta preocupación nos dice al mundo de hoy: la familia, la maternidad, los hijos, son realmente grandes valores. Y yo quiero que en este mes de mayo, que recién empezamos, hagamos una gran cruzada del santo rosario, porque la familia que reza unida permanece unida.

Madre mía, a ti me dirijo, a través de estas palabras, te pido María que te acerques a todas estas madres que hoy te buscan, para que tú, Madre Santa, las bendigas, las abraces con cariño y las llenes de fortaleza.

 

Es el mejor momento para la reconciliación

Y a ustedes, padres, papás, les digo que si tienen algún rencor o alguna dificultad – que siempre puede haberlos – éste es el día de decir: esposa, te quiero tanto… Hay tantos modos de ser cariñoso entre el hombre y la mujer en el matrimonio.

Busca las palabras y háblale con cariño, dale un abrazo, dale un beso, dile que le pides perdón, que la quieres más que nadie. Pero que no sean sólo palabras. Cuántas veces el marido sin querer hace sufrir a su esposa, cuántas veces los hijos no saben devolverle a su madre con cariño, con obediencia, y con oración, todo su sacrificio.

Por eso el evangelio de hoy según San Juan, nos recuerda lo que Jesús nos dijo: «hijos míos me queda poco para estar con ustedes y les quiero decir que les doy un mandamiento nuevo, el que se amen unos a otros como yo los he amado».

Piensen en el amor de María a Jesús, el amor de Jesús a María, el amor de José a María y a Jesús. Este es el mandamiento que Jesús nos deja, el que haya amor entre nosotros, entre cada miembro del hogar.

 

El orgullo de ser mujer es la maternidad

Por eso en esta Gran Misión “Remar Mar Adentro” que hemos puesto en marcha aquí en Lima, le dedicamos a nuestra Madre esta cruzada de oración del rosario. Madre mía bendice los hogares, haz de las mujeres como lo han sido siempre, hermosas criaturas que dan cariño, ternura y comprensión.

La mujer es más fuerte que el hombre. Tiene los mismos derechos, los mismos deberes, la misma dignidad, pero además tiene un toque especial, la feminidad, la ternura, el cariño, la agudeza, ese ser mujer, que las hace ser diferentes -ni mejores ni peores- algo que las hace que estén orgullosas de ser mujeres, el ser madres.

Les digo unas palabras del Papa Juan Pablo II, quien es un ferviente defensor de la maternidad, del papel de María y del papel de la mujer y de la esposa; nos dice el Papa: afirmamos que la mujer es la que recibe amor para amar a su vez.

Mamás, Dios las ha hecho para ser amadas, pero no para que se queden con ese amor, sino para dárselo a los demás, y por eso tengan la fortaleza de saber levantar esos hogares, cuando el hogar se tambalee, cuando se encuentra débil, ahí esta la Virgen con ustedes para decirte a ti mujer y madre, ama a tus hijos.

La mujer, dice el Papa, no puede encontrarse a sí misma si no es dando amor a los demás. Mamá, la mía esta en el cielo, a ti joven o anciana, estés donde estés, serás cada día más alegre y mejor cuando sepas amar más.

Que el Señor Jesús bendiga todos sus hogares, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Así sea.

Mons. Juan Luis Cipriani

Cardenal de Lima, Perú.

María y la fe de una mamá

Autor: Susana Ratero | Fuente: Catholic.net
María y la fe de una mamá
Cuando hagas oración por alguien, no esperes que esa persona ponga de sí “algo” para alcanzar el milagro.
María y la fe de una mamá

Hoy te encuentro, mujer cananea, en un pasaje del Evangelio… (San Marcos 7, 24-30) Y me quedo pensando en ti, en tu dolor de madre, en tu búsqueda de caminos para tu hija.

Pasan las horas y siento que sigues estando allí, en mi corazón, tratando de hacerme entender, tratando de explicarme algo… Pero no te entiendo.

Y como mi corazón sabe que cuando no entiende debe buscar a su Maestra del alma, entonces te busco, Madre querida, te busco entre las letras de ese pasaje bíblico que leo y releo una y otra vez.

De pronto mi alma comienza a sentir tu perfume y me voy acercando al lugar de los hechos…

Allí te encuentro, Madrecita, mezclada entre la gente que hablaba de Jesús… me haces señas de que tome tu mano. ¡Qué alivio para el alma tomar tu Mano, Señora Mía!!! ¡¡¡Como se abren caminos santos cuando nos dejamos llevar por ti!!!

Así, aferrada a ti, te sigo hasta muy cerquita de una mujer de triste mirada… Esa mirada que tiene una mama cuando un hijo no esta bien, sea cual sea el problema. Es la cananea. Pasa por aquí, quizás va a buscar agua o comida… Ve la gente que habla y se acerca. Su dolor le pesa en el alma.

- Presta atención, hija, - me susurras dulcemente, Madrecita…

Alguien habla de Jesús, de sus palabras, de sus enseñanzas, de sus milagros… Los ojos de la cananea parecen llenarse de luz.

No alcanzo a divisar a quien habla, ni a escuchar lo que dice, pero, en cambio, puedo ver el rostro de la cananea.

- Mira cómo cambia la mirada de ella, Madre- te digo como buscando tu respuesta

- ¿Sabes que es ese brillo que va creciendo en sus ojos? Es la luz de la esperanza. Una esperanza profunda y una fe incipiente que, como lluvia serena en tierra árida, va haciendo florecer su alma. Dime, qué piensas de esto.

- Pues… que me alegro por ella.

- Esta bien hija, que te alegres por ella, pero si te explico esto, es también para que comprendas algo. Te alegras por esa mama, pero nada me has dicho de quien estaba hablando de Jesús.

- No te entiendo, Madre

- Hija ¿Cómo iba a conocer a mi Hijo esa sencilla mujer si esa persona no hubiese hablado de Él? Lee con atención nuevamente el pasaje del Evangelio, “habiendo oído hablar de Él, vino a postrarse a sus pies…” habiendo oído, hija mía, habiendo oído…

Te quedas en silencio, Madre, y abres un espacio para que pueda volver, con mi corazón, a muchos momentos en los que mi hermano tenía necesidad de escuchar acerca de tu Hijo, acerca de ti… y yo les devolví silencio, porque estaba apurada, porque tenía cosas que hacer.

Trato de imaginar, por un momento, como fue aquel “habiendo oído”. Cuáles fueron los gestos y el tono de voz de quien habló, cuáles fueron sus palabras y la fuerza profunda de su propia convicción. Cómo la fe que inundaba su corazón se desbordó hacia otros corazones, llegando hasta uno tan sediento como el de la cananea.

¡Bendito sea quien haya estado hablando de tal manera! los Evangelios no recogen su nombre pero sí recogen su fruto, el fruto de una siembra que alcanzó el milagro.
¡Dame, Madre, una fe que desborde mi alma y así, llegue al corazón de mi hermano!

De pronto, veo que la cananea va corriendo a la casa donde Jesús quería permanecer oculto… Tu mirada, Madre, y la de ella se encuentran. Es un dialogo profundo, de Mamá a mamá…

Entonces, con esa fuerza y ese amor que siente el corazón de una madre, la mujer cananea suplica por su hija. Jesús le pone un obstáculo, pero este no es suficiente para derribar su fe….

Ella implora desde y hasta el fondo de su alma… Todo su ser es una súplica, pero una súplica llena de confianza.

Entonces, María, entonces mi corazón ve el milagro, un milagro que antes no había notado… un milagro que sucede un instante antes de que Jesús pronuncie las esperadas palabras…

El milagro de la fe de una mamá…

Aprieto tu mano, María Santísima y te digo vacilante:

- Madre, estoy viendo algo que antes no había visto…

- ¿Qué ves ahora, hija?

- Pues… que Jesús no le dice a esa mujer que cura a su hija por lo que su hija es, por lo que ha hecho, por los méritos que ha alcanzado, ni nada de eso. Jesús hace el milagro por la fe de la madre.

Así es, hija, es la fe de la madre la que ha llegado al Corazón de Jesús y ha alcanzado el milagro la fe de la madre. Debes aprender a orar como ella.

- Enséñame, Madre, enséñame

- La oración de la cananea tiene dos partes. La súplica inicial, la súplica que nace por el dolor de su hija, ese pedido de auxilio que nace en su corazón doliente. Pero su oración no termina allí. Jesús le pone una especie de pared delante.

- Así es Madre, si yo hubiese estado en su lugar quizás esa pared hubiera detenido el camino de mi oración…

- No si hubieses venido caminando conmigo. Pero sigamos. Jesús le pone una pared que ella ve y acepta… y así, postrada a los pies del Maestro su fe da un salto tal que le hace decir a Jesús “¡Anda! Por lo que has dicho, el demonio ha salido de tu hija”. Ese salto de su fe es esa oración que persevera confiada a pesar de que las apariencias exteriores la muestren como “inútil” “para qué insistir”… por tanto, hija, te digo que no condiciones tu oración a actitudes de otras personas…

-¿Cómo es esto Madre?

Cuando hagas oración por alguien, no esperes que esa persona ponga de sí “algo” para alcanzar el milagro. Tú continúa con tu oración, que los milagros se alcanzan por la fe de quien los pide más que por los méritos del destinatario. Suplica para ti esa fe, una fe que salta paredes, una fe que no se deja vencer por las dificultades, una fe como la de la cananea…

Y vienen a mis recuerdos otras personas que han vivido lo mismo… desde Jairo (Mt 9,18; Mc 5,36; Lc 8,50) o ese pobre hombre que pedía por su hijo (Mt 17,15 Mc 9,24) hasta Santa Mónica, suplicando tanto por su Agustín… y alcanzando milagros insospechados, pues ella solo pedía su conversión y terminó su hijo siendo no solo santo sino Doctor de la Iglesia…

Las oraciones de una mamá.

La fe de una mamá.

Te abrazo en silencio, Madre y te suplico abraces a todas las mamás del mundo y les alcances la gracia de una fe como la de la cananea, esa fe que salta paredes y se torna en milagro.

NOTA de la autora: ”Estos relatos sobre María Santísima han nacido en mi corazón por el amor que siento por Ella, basados en lo que he leído. Pero no debe pensarse que estos relatos sean consecuencia de revelaciones o visiones o nada que se le parezca. El mismo relato habla de “Cerrar los ojos y verla” o expresiones parecidas que aluden exclusivamente a mi imaginación, sin intervención sobrenatural alguna.

El gozo de Jesús

Autor: Óscar Santana | Fuente: Catholic.net
El gozo de Jesús
Juan 15, 9-11. Pascua. En todo momento Jesús quiere estar conmigo, la realidad más grande de la fe.
El gozo de Jesús

Del santo Evangelio según san Juan 15, 9-11

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado. 

Oración introductoria

Señor, ¿cómo corresponder a tanto amor? ¿Cómo conservar en el corazón la alegría con la que colmas mi vida? ¡Ven, Espíritu Santo, lléname de tu amor para que pueda cumplir en todo tu voluntad, viviendo el mandamiento supremo de la caridad.

Petición

Señor, ayúdame a seguir el camino de mi felicidad, que es el de vivir la caridad.

Meditación del Papa

En cualquier necesidad y aridez, Él es la fuente de agua viva, que nos nutre y fortalece. Él en persona carga sobre sí el pecado, el miedo y el sufrimiento y, en definitiva, nos purifica y transforma misteriosamente en vino bueno. En esos momentos de necesidad nos sentimos a veces aplastados bajo una prensa, como los racimos de uvas que son exprimidos completamente. Pero sabemos que, unidos a Cristo, nos convertimos en vino de solera. Dios sabe transformar en amor incluso las cosas difíciles y agobiantes de nuestra vida. Lo importante es que “permanezcamos” en la vid, en Cristo. En esta breve perícopa, el evangelista usa la palabra “permanecer” una docena de veces. Este “permanecer-en-Cristo” caracteriza todo el discurso. En nuestro tiempo de inquietudes e indiferencia, en el que tanta gente pierde el rumbo y el fundamento; en el que la fidelidad del amor en el matrimonio y en la amistad es frágil y efímera; en el que desearíamos gritar, en medio de nuestras necesidades, como los discípulos de Emaús: “Señor, quédate con nosotros, porque anochece, porque las tinieblas nos rodean”; el Señor resucitado nos ofrece aquí un refugio, un lugar de luz, de esperanza y confianza, de paz y seguridad.Benedicto XVI, 22 de septiembre de 2011.

Reflexión

Permaneced en mí y yo en vosotros

Jesucristo en este pasaje nos hace viva una realidad que posiblemente nos es difícil recordar. Puede ser porque parece a simple vista algo complicado. “Permaneced en mí y yo en vosotros”.

¿Qué significa esta frase de Cristo en nuestras vidas? Quiere decir la realidad más grande de nuestra Fe. ¡Dios está con nosotros!

Es una presencia que se hace real no sólo en el Sacramento de la Eucaristía, donde Dios mismo, bajo las apariencias de pan y vino, se queda junto a nosotros. Es también real en la vida diaria, en mis dificultades y en mis alegrías, en mis altas y en mis bajas. En todo momento Jesús quiere estar conmigo.

Mas Cristo quiere que yo también me una a Él. Quiere que junto a Él yo viva los afanes del día. Que mis estudios, mi trabajo, los asuntos de la familia y demás ocupaciones las viva junto a Él. Que mi día no corra sin ningún sentido. ¿Cuántas veces no he llegado al final del día y al mirar atrás no me he sentido vacío, como si sólo hubiese ido y venido sin ningún fruto? Pues si eso ha sucedido es la prueba más contundente de que esa jornada Dios no ha estado presente en lo más mínimo. Jesús ya nos lo había dicho. “Como el sarmiento no puede dar fruto sin estar unido a la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis unidos a mí… Yo soy la vid, vosotros los sarmientos.”

El cristiano no debería pasar por la vida como quien sólo busca “matar el tiempo”, “divertirme lo más posible para no aburrirme”. El cristiano debe ir por esta vida sufriendo, disfrutando; mas no como un animal sino como un hombre que vive unido a la vid. Hagamos la prueba. Vivamos un día, tan sólo un día unido a la vid, ofreciendo a Dios nuestras alegrías, nuestras penas, nuestras venturas y desventuras. Y al final, cuando llegue la noche, preguntémonos: ¿He tenido frutos hoy? ¿Ha valido la pena que yo haya vivido hoy? Si la respuesta es un sí, no tengas miedo a darle sentido a tu vida y a las de tus semejantes. “Quien permanece en mí y yo en Él tendrá mucho fruto, porque sin mí no podéis hacer nada.”

Propósito

Con esperanza y confianza rezar hoy un rosario, fuente de paz y alegría.

Diálogo con Cristo

Gracias, Dios mío, por tanto amor. No puedo dejar de agradecerte por darme a tu santísima Madre. Por su intercesión quiero pedirte que sepa cambiar o eliminar todo aquello que me impida vivir el mandamiento de la caridad.

Yo soy la vid y mi Padre el viñador

Autor: Cristian González | Fuente: Catholic.net
Yo soy la vid y mi Padre el viñador
Juan 15, 1 -8. Pascua. Para poder dar fruto necesitamos pernanecer cerca del viñador, del Padre que está en los cielos.
Yo soy la vid y mi Padre  el viñador

Del santo Evangelio según san Juan 15, 1-8

Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta, y todo el que da fruto, lo limpia, para que dé más fruto. Vosotros estáis ya limpios gracias a la Palabra que os he anunciado. Permaneced en mí, como yo en vosotros. Lo mismo que el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid; así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid; vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto; porque separados de mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí, es arrojado fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen, los echan al fuego y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y lo conseguiréis. La gloria de mi Padre está en que deis mucho fruto, y seáis mis discípulos.

Oración introductoria

Padre, mi gran y buen viñador. Que esta oración me ayude a descubrir todo lo que tenga que «podar» en mi vida, para poder unirme plenamente a tu amada vid, Cristo, que me da la gracia para vivir en plenitud, como discípulo y misionero de su amor.

Petición

Señor, dame la gracia de ser un sarmiento que viva siempre unido a Ti, para poder dar fruto.

Meditación del Papa

Él está con nosotros, y nosotros con Él. “¿Por qué me persigues?” Por tanto, es Jesús quien sufre las persecuciones contra su Iglesia. Y, al mismo tiempo, no estamos solos cuando nos oprimen a causa de nuestra fe. Jesús está con nosotros. En la parábola, Jesús continúa diciendo: “Yo soy la vid verdadera, y el Padre es el labrador”, y explica que el viñador toma la podadera, corta los sarmientos secos y poda aquellos que dan fruto para que den más fruto. Usando la imagen del profeta Ezequiel, como hemos escuchado en la primera lectura, Dios quiere arrancar de nuestro pecho el corazón muerto, de piedra, para darnos un corazón vivo, de carne. Quiere darnos vida nueva y llena de fuerza. Cristo ha venido a llamar a los pecadores. Son ellos los que necesitan el médico, y no los sanos. Y así, como dice el Concilio Vaticano II, la Iglesia es el “sacramento universal de salvación” que existe para los pecadores, para abrirles el camino de la conversión, de la curación y de la vida. Ésta es la verdadera y gran misión de la Iglesia, que le ha sido confiada por Cristo. Benedicto XVI, 22 de septiembre de 2011.

Reflexión

Recuerdo una vez se me ocurrió la loquera de entrevistar a todos los sacerdotes ya avanzados en años que me encontrara, y entre las preguntas que les hacía, les planteaba la siguiente hipótesis: “Si usted tuviera la oportunidad de decir algo a todos los católicos del mundo, ¿qué les diría?

La respuesta ha pasado a ser en mi corazón una de esas frases lapidarias que se guardan para toda la vida, tanto es así que te la transcribo aquí de memoria: “Que amen a Cristo, que amen a Cristo, porque sin él nada podemos hacer”.

A lo mejor estás pensando que estoy cambiando un poquito el evangelio, o que estoy mezclando citas diversas, pero cuando Cristo dice: “permaneced en mí” está queriendo decir que lo amemos, es así como nos unimos a él, y es así como permanecemos en él. Es así como damos fruto. Un manzano da frutos dando manzanas y un limón dando limones, pero un cristiano, ¿cómo da frutos? Amando y haciendo que otros amen.

Dios nunca se deja ganar en generosidad. Tiene un defecto, no sabe medirse, cuando ama, se da totalmente. Y si su amor no tiene límites, que no lo tenga tampoco el nuestro. Para ilustrar esta generosidad el evangelio nos ayuda mucho, si lo amamos: – Permanecemos en él, es decir, vivimos el cielo por adelantado. – Damos fruto, es decir si amamos, nos realizamos porque es para esto para lo que fuimos creados y para hace que otros amen.

- Podemos pedir lo que queramos porque lo conseguiremos.
- Y además damos gloria a Dios porque su gloria es que nosotros demos mucho fruto y que permanezcamos en Cristo, que seamos sus discípulos.

Propósito

Confirmamos día tras día en cada actividad de nuestra vida, el amor a Cristo y a su Iglesia.

Diálogo con Cristo

La Palabra de Dios es la verdad. «Pidan lo que quieran y se les concederá». Señor, ¿por qué conociendo tu Palabra no la hago vida? ¿Por qué mi meditación frecuentemente no es auténtica oración? Sin Ti, mi vida es incompleta, sin Ti, la vida no tiene un sentido pleno, sin Ti, no puedo dar fruto, por eso hoy te pido tu gracia para que mi oración me lleve a compartir con los demás la alegría de haberte encontrado.

Cuando el corazón de un hijo se cierra

Publicado en web el 4 de Mayo, 2012

Licenciada Lupita:

Mi ex esposa y yo estamos totalmente desorientados. Después de nuestro divorcio hemos querido hacer bien las cosas, asegurándonos de que nuestros hijos sepan que nuestros problemas son entre nosotros y no con ellos. Yo he procurado estar al pendiente, cumplir con mis días de dedicarme a ellos y darles lo mejor de mí. Sin embargo, mis hijos están cerrados,  no quieren mi cariño ni mis abrazos ni mi compañía. No sé si ella les está  hablando mal de mí.
¿Cómo puedo orientar a mis hijos, que están cerrados y no quieren escucharme?


Salvador.

Muy estimado en Cristo, Chava:

Suele decirse que el divorcio no es tan dañino y que nuestros hijos “ni son los primeros ni serán los últimos” en tener padres divorciados, y también se nos convence, a través de numerosos artículos y libros, de que, si “la llevamos bien” contribuiremos a un óptimo desarrollo de los mismos.
La verdad es que nunca será fácil enfrentar un divorcio y sus consecuencias. Aquí estás tú como testigo de la verdad. Todo divorcio deja serias cicatrices. Debemos aceptar que lo mejor para toda familia es su unidad, y por eso es necesario, hoy más que nunca, el fortalecerla, ofreciendo mejores contenidos en los medios que apuesten por edificar esta Institución Natural que es el matrimonio, conformador de los pilares de cada hogar.
Pero no miremos al pasado, sino al futuro. Dios-Amor siempre nos da oportunidad de ser nuevos y de que elijamos hacer las cosas a su manera, en cualquier punto del camino en el que nos encontremos.
Cuando el corazón de un hijo se ha cerrado, es que tiene heridas que deben sanar, antes de que queramos abrirlo a nosotros otra vez. Dos son las causas que más provocan esta cerrazón:
a)      La aspereza en el trato hacia nuestros hijos.
b)      Las exigencias sin amor.
Los grados de cerrazón pueden medirse:
Si tu hijo se niega a escucharte, te dice abiertamente que lo dejes en paz, que no le interesa lo que tengas qué decir, podemos diagnosticar: corazón cerrado en un 40%.
Pero, si además de lo anterior, te grita que te odia: Corazón cerrado en un 80%.
Con esto quiero decirte que de nosotros depende el grado de cerrazón que nos muestran nuestros hijos.
Saberlo nos permite conocer de dónde partir para alcanzar dicha meta, que es re-abrir  esa alma que tanto se ama, a la posibilidad de que se deje amar por nosotros. El camino propuesto por algunos autores cuenta con cuatro pasos:
1.- Ternura. Procura cambiar el tono de voz al hablarle; la suavidad y amabilidad deben acompañar tu comunicación.
2.- Comprensión. Piensa en el dolor que el otro experimenta ante la situación que está pasando. Nosotros somos propensos a considerar sólo nuestro dolor, y esto nubla nuestra mirada. Somos injustos y tendemos a regañar, sin tener la versión completa de nuestros hijos. Debes conocer no sólo los hechos, sino cómo se sienten, qué piensan, cuáles son sus reflexiones o lecciones después de lo vivido.
3.- Reconoce que eres co-responsable. Cualquiera que sea la situación, los padres tenemos algo qué ver en ello. Nosotros aceptemos y pidamos perdón por la parte que hicimos mal. Tengamos la humildad y el valor suficiente para hacerlo. Daremos ejemplo inolvidable a nuestros hijos.
4.- Contacto físico. Se ha demostrado que los abrazos son necesarios  para el desarrollo emocional saludable de toda persona. Al menos cuatro abrazos al día deberíamos recibir para sentirnos valorados. En la vida nos vamos haciendo fríos, dejando de lado una herramienta elemental que debe ser usada en el seno de toda familia.
Perseverar sin desfallecer, es la clave del éxito cuando pretendemos solucionar aquello que ante el mundo ya no tiene posibilidades de cambiar. Seguir adelante, conocedores de que Dios cumple sus promesas y nos toca sólo hacer nuestra parte, mientras Él actúa en el interior de nuestros hijos.

Lupita Venegas

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 228 seguidores