Monición Jornada Mundial de las Misiones 19/oct/2014 ciclo A


MONICION PARA EL DOMINGO XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A

Construir la comunión eclesial, clave de la misión…

JORNADA MUNDIAL DE LAS MISIONES

M.R. Pág. 1073 [751] 

 

MONICION DE ENTRADA

(Saludo) Este Domingo celebramos la Jornada Mundial de las Misiones. En esta celebración encomendamos
especialmente a todos los misioneros, que trabajan para el Señor dando a conocer su evangelio en los lugares más apartados. Dispongámonos a participar con gozo de esta Santa Eucaristía.

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Hoy estamos invitados a pedir por las misiones.Esta es una tarea trascendental para el presente y para el futuro de nuestra Iglesia. Pidamos con fe al Señor que la luz de su Hijo Jesucristo ilumine a toda la humanidad.

LITURGIA DE LA PALABRA

Primera Lectura: Is 56, 1. 6-7

Salmo  66

Segunda Lectura: Tim 2, 1-8

Evangelio: Mt 28, 16-20

MONICION A LAS LECTURAS

 

PRIMERA LECTURA

La promesa de salvación alcanza también a todos los extranjeros que lleguen a poner su confianza en Dios

SEGUNDA LECTURA

San Pablo nos pide orar por todos los hombres. Esta oración debe estar en sintonía con la salvación que en Él se ha ofrecido a todos los hombres.

EVANGELIO

En este evangelio escucharemos como queda descrita la misión universal que Jesús llama a cumplir  sus discípulos.

MONICION A LAS LECTURAS (UNICA)

Somos una Iglesia misionera enviada por Cristo a llevar su mensaje de Salvación a todos las naciones; todos los pueblos alabemos a Dios por su gran bondad y misericordia.

MONICION A LAS OFRENDAS

Estos dones de pan y vino al ser transformados en cuerpo y sangre de Cristo, sean prenda de salvación para todos lo que queremos poner el mensaje de Cristo al centro de nuestras vidas.

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Los dones que como su familia presentamos en el altar, se transformarán en una continua alabanza al Padre. Él quiere estar siempre con nosotros, dándonos la fuerza transformadora de su Espíritu

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Estos dones de pan y vino transformados en el Cuerpo y  Sangre de Cristo, son salvación para todos lo que queremos seguirle y dejar  que su palabra sea guía de nuestras vidas.

MONICION A LA COMUNION

Más fuerte que nuestras debilidades y desánimos, es la gracia que el Señor desea comunicarnos en esta santa Comunión. Que alimentados con este divino manjar, podamos serle siempre fieles.

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Agradezcamos al Señor el don de ser sus discípulos. Al participar de la mesa eucarística, tengamos presentes en nuestras oraciones a todos los que no lo conocen y a los misioneros que les predican el Evangelio.

MONICION DE SALIDA

A la luz de la fe, esforcémonos seriamente en la transformación de las realidades temporales… Que, por nuestro compromiso cristiano, sea mejor cada día ese mundo concreto en donde nos ha tocado vivir.

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Como miembros de una Iglesia Misionera vayamos a dar testimonio de Cristo en todas partes. Que con nuestro empeño apostólico la fuerza del Evangelio pueda transformar a fondo nuestro mundo.

ORACION DE LOS FIELES  /  ORACION UNIVERSAL

Oremos a Dios Padre, por medio de Jesucristo, su Hijo, que se entregó por la salvación de todos:

1.- Para que los pastores y los fieles sean para el mundo anuncio claro y Sacramento eficaz de la salvación que Dios prepara a todos los pueblos, roguemos al Señor.

2.- Para que los hombres de todos los pueblos, religiones y culturas, en su esfuerzo por encontrar a Dios, descubran con gozo que el Señor no está lejos de cada uno de ellos, roguemos al Señor.

3.- Para que los pueblos que sufren por la pobreza, el hambre o las guerras obtengan un mayor desarrollo y gocen de la paz, y así puedan recibir con mayor facilidad el anuncio del Evangelio, roguemos al Señor.

4.- Para que nosotros y los fieles de nuestra comunidad seamos luz del mundo y sal de la tierra, y así la gente que nos rodea al ver nuestras buenas obras dé gloria también al Padre del Cielo, roguemos al Señor.

Señor Dios, que amas a todos los hombres y quieres que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, escucha nuestra oración y haz que el Evangelio de tu Hijo sea proclamado por todos los cristianos y recibido, con gozo, por todos los hombres de buena voluntad. Por Jesucristo nuestro Señor.

Monicion a la Soleminidad de San Pedro y San Pablo


MONICION PARA EL DOMINGO XIII DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A

SAN PEDRO Y SAN PABLO APOSTOLES

La firmeza de dos Testigos insignes

M.R. Pág. 740 [500]  /  Lecc II Pág. 1088

 

MONICION DE ENTRADA

(Saludo) Este año celebramos en domingo la solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo, ésta muy antigua fiesta nos brinda la oportunidad de afirmar nuestra comunión en y con la Iglesia y de fortalecer nuestro compromiso cristiano. ¡Que el Señor  aumente nuestra fe para que a ejemplo de los santos que hoy celebramos nos haga ser entusiastas anunciadores de la buena nueva de Cristo!

 

LITURGIA

Primera Lectura: Hechos 12, 1-11

Salmo 33

Segunda Lectura: 2 Tim 4, 6-8 . 17-18

Evangelio: Mt 16,13-19

MONICION A LAS LECTURAS

Hoy Jesús en su palabra nos dice que debemos estar siempre atentos y trabajar en lo que Dios nos dio como misión para como Pablo un día recibir el premio de estar con Él y como Pedro saberlo reconocer como nuestro Mesías y Salvador

 

MONICION AL OFERTORIO

Los dones que presentamos al altar en unos momentos serán Cuerpo y Sangre del Señor. ¡Presentémosle gozosos todo nuestro ser para que en Cristo seamos todos transformados y santificados.

 

MONICION A LA COMUNION

Cristo a quien los apóstoles y los mártires, no dudaron en sacrificar su propia vida, desea alimentarnos con su Cuerpo y Sangre. Que sostenidos por ésta fuerza divina crezcamos en fidelidad a su mensaje de salvación.

 

MONICION DE DESPEDIDA

La apostolicidad es una de las notas esenciales de la verdadera Iglesia de Jesucristo. Que cimentados en la fe de los apóstoles vayamos a cumplir la misión que el Señor nos ha encomendado.

 

Papa Francisco:Sacramento del Orden


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PAPA FRANCISCOAUDIENCIA GENERAL

Plaza de San Pedro
Miércoles 26 de marzo de 2014

Vídeo

Queridos hermanos y hermanas:

La catequesis de hoy está centrada en el sacramento del Orden, que comprende el episcopado, el presbiterado y el diaconado.

¿Qué significa esto concretamente en las vidas de los que son ordenados? Quienes son ordenados son puestos a la cabeza de la comunidad como servidores, como lo hizo y lo enseñó Jesús. El obispo, el sacerdote y el diácono están al servicio de la comunidad, si no lo hacen no está bien. El sacramento les ayuda también a amar apasionadamente a la Iglesia, dedicando todo su ser y amor a la comunidad, que no la han de considerar de su propiedad: ni el obispo es el propietario de su diócesis, ni el sacerdote es el propietario de su parroquia, ni el diácono de su diaconía; es propiedad del Señor, al que tienen que servir.

Y, por último, han de procurar reavivar el don recibido en el sacramento por la oración. Cuando no se alimenta el ministerio ordenado con la oración, la escucha de la Palabra, la celebración cotidiana de la Eucaristía y la recepción frecuente del sacramento de la Penitencia se termina perdiendo el sentido auténtico del propio servicio y la alegría que deriva de una profunda comunión con el Señor.

 

Saludos

Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, México, Argentina y otros países latinoamericanos. Invito a todos a rezar al Señor por los ministros ordenados de su Iglesia, en particular por aquellos que se encuentran en dificultad o que necesitan recuperar el valor y la frescura de su vocación. Pidamos también para que nunca falten en nuestras comunidades pastores auténticos, según el Corazón de Cristo. Muchas gracias.

 

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Fuente: Vatican.va

Papa Francisco: Cuaresma


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PAPA FRANCISCO

AUDIENCIA GENERAL

Plaza de San Pedro
Miércoles de Ceniza, 5 de marzo de 2014

Vídeo

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Comienza hoy, miércoles de Ceniza, el itinerario cuaresmal de cuarenta días que nos conducirá al Triduo pascual, memoria de la pasión, muerte y resurrección del Señor, corazón del misterio de nuestra salvación. La Cuaresma nos prepara para este momento tan importante, por ello es un tiempo «fuerte», un momento decisivo que puede favorecer en cada uno de nosotros el cambio, la conversión. Todos nosotros necesitamos mejorar, cambiar para mejor. La Cuaresma nos ayuda y así salimos de las costumbres cansadas y de la negligente adicción al mal que nos acecha. En el tiempo cuaresmal la Iglesia nos dirige dos importantes invitaciones: tomar más viva conciencia de la obra redentora de Cristo y vivir con mayor compromiso el propio Bautismo.

La consciencia de las maravillas que el Señor actuó para nuestra salvación dispone nuestra mente y nuestro corazón a una actitud de gratitud hacia Dios, por lo que Él nos ha donado, por todo lo que realiza en favor de su pueblo y de toda la humanidad. De aquí parte nuestra conversión: ella es la respuesta agradecida al misterio estupendo del amor de Dios. Cuando vemos este amor que Dios tiene por nosotros, sentimos ganas de acercarnos a Él: esto es la conversión.

Vivir en profundidad el Bautismo —he aquí la segunda invitación— significa también no acostumbrarnos a las situaciones de degradación y de miseria que encontramos caminando por las calles de nuestras ciudades y de nuestros países. Existe el riesgo de aceptar pasivamente ciertos comportamientos y no asombrarnos ante las tristes realidades que nos rodean. Nos acostumbramos a la violencia, como si fuese una noticia cotidiana descontada; nos acostumbramos a los hermanos y hermanas que duermen en la calle, que no tienen un techo para cobijarse. Nos acostumbramos a los refugiados en busca de libertad y dignidad, que no son acogidos como se debiera. Nos acostumbramos a vivir en una sociedad que pretende dejar de lado a Dios, donde los padres ya no enseñan a los hijos a rezar ni a santiguarse. Yo os pregunto: vuestros hijos, vuestros niños, ¿saben hacer la señal de la cruz? Pensadlo. Vuestros nietos, ¿saben hacer la señal de la cruz? ¿Se lo habéis enseñado? Pensad y responded en vuestro corazón. ¿Saben rezar el Padrenuestro? ¿Saben rezar a la Virgen con el Ave María? Pensad y respondeos. Este habituarse a comportamientos no cristianos y de comodidad nos narcotiza el corazón.

La Cuaresma llega a nosotros como tiempo providencial para cambiar de rumbo, para recuperar la capacidad de reaccionar ante la realidad del mal que siempre nos desafía. La Cuaresma es para vivirla como tiempo de conversión, de renovación personal y comunitaria mediante el acercamiento a Dios y la adhesión confiada al Evangelio. De este modo nos permite también mirar con ojos nuevos a los hermanos y sus necesidades. Por ello la Cuaresma es un momento favorable para convertirse al amor a Dios y al prójimo; un amor que sepa hacer propia la actitud de gratuidad y de misericordia del Señor, que «se hizo pobre para enriquecernos con su pobreza» (cf. 2 Cor 8, 9). Al meditar los misterios centrales de la fe, la pasión, la cruz y la resurrección de Cristo, nos daremos cuenta de que el don sin medida de la Redención se nos ha dado por iniciativa gratuita de Dios.

Acción de gracias a Dios por el misterio de su amor crucificado; fe auténtica, conversión y apertura del corazón a los hermanos: son elementos esenciales para vivir el tiempo de Cuaresma. En este camino, queremos invocar con especial confianza la protección y la ayuda de la Virgen María: que sea Ella, la primera creyente en Cristo, quien nos acompañe en los días de oración intensa y de penitencia, para llegar a celebrar, purificados y renovados en el espíritu, el gran misterio de la Pascua de su Hijo.


Saludos

Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, México, Argentina y otros países latinoamericanos. En este tiempo de Cuaresma, invito a todos a invocar con confianza la ayuda de la Virgen María, para que nos acompañe en estos días de oración y de penitencia, para llegar a celebrar, renovados en el espíritu, el gran misterio de la Pascua de su Hijo. Muchas gracias.


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Capsula Liturgica: Cuaresma


CAPSULA  LITURGICA

 

 

La Cuaresma dura cuarenta días. Comienza con el miércoles de ceniza y termina el jueves santo por la tarde-noche, antes de la Misa “de la Cena del Señor”.

Cápsula Litúrgica: Cuaresma


Capsula Litúrgica

 

La Cuaresma

Es el tiempo litúrgico de reflexión, de penitencia, de conversión espiritual; es un tiempo de preparación a la Pascua.

 

 

El color para la cuaresma es el morado

Que significa: luto y penitencia.

 

Catequesis sobre los Sacramentos: Unción de Enfermos


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PAPA FRANCISCO

AUDIENCIA GENERAL

Plaza de San Pedro
Miércoles 26 de febrero de 2014

Vídeo

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

Hoy quisiera hablaros del sacramento de la Unción de los enfermos, que nos permite tocar con la mano la compasión de Dios por el hombre. Antiguamente se le llamaba «Extrema unción», porque se entendía como un consuelo espiritual en la inminencia de la muerte. Hablar, en cambio, de «Unción de los enfermos» nos ayuda a ampliar la mirada a la experiencia de la enfermedad y del sufrimiento, en el horizonte de la misericordia de Dios.

Hay una imagen bíblica que expresa en toda su profundidad el misterio que trasluce en la Unción de los enfermos: es la parábola del «buen samaritano», en el Evangelio de Lucas (10, 30-35). Cada vez que celebramos ese sacramento, el Señor Jesús, en la persona del sacerdote, se hace cercano a quien sufre y está gravemente enfermo, o es anciano. Dice la parábola que el buen samaritano se hace cargo del hombre que sufre, derramando sobre sus heridas aceite y vino. El aceite nos hace pensar en el que bendice el obispo cada año, en la misa crismal del Jueves Santo, precisamente en vista de la Unción de los enfermos. El vino, en cambio, es signo del amor y de la gracia de Cristo que brotan del don de su vida por nosotros y se expresan en toda su riqueza en la vida sacramental de la Iglesia. Por último, se confía a la persona que sufre a un hotelero, a fin de que pueda seguir cuidando de ella, sin preocuparse por los gastos. Bien, ¿quién es este hotelero? Es la Iglesia, la comunidad cristiana, somos nosotros, a quienes el Señor Jesús, cada día, confía a quienes tienen aflicciones, en el cuerpo y en el espíritu, para que podamos seguir derramando sobre ellos, sin medida, toda su misericordia y la salvación.

Este mandato se recalca de manera explícita y precisa en la Carta de Santiago, donde se dice: «¿Está enfermo alguno de vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que recen por él y lo unjan con el óleo en el nombre del Señor. La oración hecha con fe salvará al enfermo y el Señor lo restablecerá; y si hubiera cometido algún pecado, le será perdonado» (5, 14-15). Se trata, por lo tanto, de una praxis ya en uso en el tiempo de los Apóstoles. Jesús, en efecto, enseñó a sus discípulos a tener su misma predilección por los enfermos y por quienes sufren y les transmitió la capacidad y la tarea de seguir dispensando en su nombre y según su corazón alivio y paz, a través de la gracia especial de ese sacramento. Esto, sin embargo, no nos debe hacer caer en la búsqueda obsesiva del milagro o en la presunción de poder obtener siempre y de todos modos la curación. Sino que es la seguridad de la cercanía de Jesús al enfermo y también al anciano, porque cada anciano, cada persona de más de 65 años, puede recibir este sacramento, mediante el cual es Jesús mismo quien se acerca a nosotros.

Pero cuando hay un enfermo muchas veces se piensa: «llamemos al sacerdote para que venga». «No, después trae mala suerte, no le llamemos», o bien «luego se asusta el enfermo». ¿Por qué se piensa esto? Porque existe un poco la idea de que después del sacerdote llega el servicio fúnebre. Y esto no es verdad. El sacerdote viene para ayudar al enfermo o al anciano; por ello es tan importante la visita de los sacerdotes a los enfermos. Es necesario llamar al sacerdote junto al enfermo y decir: «vaya, le dé la unción, bendígale». Es Jesús mismo quien llega para aliviar al enfermo, para darle fuerza, para darle esperanza, para ayudarle; también para perdonarle los pecados. Y esto es hermoso. No hay que pensar que esto es un tabú, porque es siempre hermoso saber que en el momento del dolor y de la enfermedad no estamos solos: el sacerdote y quienes están presentes durante la Unción de los enfermos representan, en efecto, a toda la comunidad cristiana que, como un único cuerpo nos reúne alrededor de quien sufre y de los familiares, alimentando en ellos la fe y la esperanza, y sosteniéndolos con la oración y el calor fraterno. Pero el consuelo más grande deriva del hecho de que quien se hace presente en el sacramento es el Señor Jesús mismo, que nos toma de la mano, nos acaricia como hacía con los enfermos y nos recuerda que le pertenecemos y que nada —ni siquiera el mal y la muerte— podrá jamás separarnos de Él. ¿Tenemos esta costumbre de llamar al sacerdote para que venga a nuestros enfermos —no digo enfermos de gripe, de tres-cuatro días, sino cuando es una enfermedad seria— y también a nuestros ancianos, y les dé este sacramento, este consuelo, esta fuerza de Jesús para seguir adelante? ¡Hagámoslo!

 


Saludos

Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de las Diócesis de Mérida-Badajoz, Plasencia y Córdoba, así como a los Paracaidistas del Ejército de Tierra, de Madrid, y los demás fieles provenientes de España, Nicaragua, México, Argentina y otros países latinoamericanos. Saludo de manera especial al Cuerpo de Bomberos que ha venido aquí. Gracias. Invito a todos a valorar la paz y el ánimo que Cristo nos comunica en el sacramento de la Unción de los enfermos para sobrellevar cristianamente los sufrimientos. Muchas gracias.

 

Llamamiento

Sigo con especial inquietud lo que está sucediendo en estos días en Venezuela. Deseo vivamente que cesen cuanto antes las violencias y las hostilidades, y que todo el pueblo venezolano, a partir de los responsables políticos e institucionales, trabaje para favorecer la reconciliación, a través del perdón recíproco y un diálogo sincero, respetuoso de la verdad y de la justicia, capaz de afrontar temas concretos para el bien común. Mientras aseguro mi constante oración, en especial por quienes perdieron la vida en los enfrentamientos y por sus familias, invito a todos los creyentes a elevar súplicas a Dios, por la maternal intercesión de Nuestra Señora de Coromoto, para que el país vuelva a encontrar prontamente paz y concordia.

 


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fuente:vatican.va

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